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Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
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Azul y Verde.

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Azul y Verde.

Mensaje por Drazzle el Vie Mar 21, 2014 9:36 pm

Las llamas bailaban intensamente alrededor de aquel bosque, el fuego consumía todo a su paso con una sed insaciable, convirtiendo todo en nada más que cenizas, dejando que su humo suba incesantemente por entre las copas ya ennegrecidas de los árboles. Las flores dejaron de existir, sus colores desaparecieron y sus aromas se volatilizaron, siendo asfixiadas por ese intenso rio gris que nacían de las entrañas de aquel gran árbol que alguna vez había sido el refugio de la comunidad.

Los cuerpos de los animales yacían tirados sobre el ahora estéril suelo, algunos habían muerto por la ausencia del aire, por haber quedado atrapados en ese mar de llamas que rodeaban toda salida posible, por haber presenciado ese mismo caos que inició todo minutos antes. Otros  habían sido asesinados por la gente que creó el gran incendio, sin ningún objetivo en particular, tan solo porque molestaban a su paso. Y otros, los más desagradables de ver, habían sido consumidos por el fuego, y se podía ver claramente como el fuego se abría paso entre los pelos y el cuero de estos seres.
Y entre todo el humo, las llamas, los gritos de aquellas criaturas que parecían tener algunos segundos más de vida y los desagradables olores de la carne muerta y calcinada, se abría paso el gran árbol. Quien no había sufrido destino diferente de los demás.

Drazzle no podía arrancar los ojos de aquel árbol. Es que éste representaba absolutamente todo para su comunidad, tanto feérica como élfica. Le rendían culto, lo cuidaban y lo protegían, y era su principal resguardo cuando las fuertes tormentas amenazaban el lugar. Pero ahora mismo había sido su perdición.
El fuego no daba tiempo para pensamientos, las llamas avanzaban como un tsunami emergiendo del mar, arrastrando todo a su paso, eliminando la magia y la vida del lugar. Y Drazzle no podía esperar, había estado allí desde el momento en que todo pasó, expectante por algún otro sobreviviente, tratando de escuchar gritos, llantos, presencias, tratando de no ser el único que cargue con el regalo de la vida. Pues ese regalo no era el mejor cuando solo uno lo había recibido y no era capaz de compartirlo con nadie.

Tuvo que moverse, el humo lo asfixiaba de sobremanera y su cuerpo no aguantaba más el calor del lugar. Se lanzó de la copa del árbol en el que se situaba, algo lejos del incendio principal, y desde allí planeó hacia fuera del bosque, esquivando los árboles y troncos caídos que se encontraban. Pisó tierra firme una vez más, dándole la espalda a su árbol, a su hogar, a sus compañeros… a toda su vida. Las lágrimas nacieron de sus cansados y alterados ojos, y se deslizaron por su rostro hasta caer al suelo.
A partir de allí Drazzle caminó. Caminó y caminó sin parar, alejándose cada vez más del corazón del bosque. De aquel corazón que ahora no eran más que cenizas y que alimentaban a todo el círculo de fuego que lo rodeaba, pues este comenzaba a expandirse por todo el terreno, más y más. Drazzle tenía la sensación de que el fuego lo perseguía, que lo seguiría toda su vida hasta que éste pierda las ganas de vivir y se deje consumir por las llamas.

Drazzle se vio forzado a continuar. Debía vivir, pues el destino así lo había querido, debía de ser capaz de encontrar sobrevivientes, dragones que como él había escapado y ahora estaban subsistiendo por su cuenta.
Pasaron tres días desde el gran incendio, tres días en que Drazzle se vio obligado a alimentar de pequeños animales, cosa que particularmente no le gustaba, pero las vayas comestibles se encontraban en el centro del bosque, y a medida que se alejaba de éste eran más difíciles de conseguir. Tres días donde sus sueños le recordaron una y otra vez todo lo que había sufrido él y su comuna. Donde podía aún escuchar los gritos, sentir el olor y el calor de las llamas consumiéndolo todo a su paso, donde podía sentir la angustia de estar solo, del haber perdido a sus seres queridos. Donde los más hermosos recuerdos se clavaban como un puñal en su pecho, sabiendo que nunca más podría revivirlos. Y donde había cargado con una eterna culpa que no lo dejaría descansar en paz.

Era de día y faltaban algunas horas para que el sol se esconda en el horizonte. Drazzle estaba reposando bajo la copa de un árbol, pensando cual sería el mejor recorrido para continuar con su viaje, alguno con donde cuente con el nacimiento de un río, o donde haya más especies silvestres comestibles.  Por un momento pensó que debía de abandonar el bosque, pues era inevitable que el incendio se extendiera si nadie hacía algo por evitarlo, pero esa idea lo aterró desde el primer segundo, y nunca más volvió a pensarla.
Fue en ese momento cuando un pequeño zorro apareció a su lado. El diminuto dragón estaba tan concentrado en sus ideas que no había sido capaz de percibirlo, pero allí estaba. El zorro se posó junto a él, quedando prácticamente su hocico a la altura de Drazzle.

Drazzle lo miró y le sonrió mostrándose aún apenado por lo ocurrido, con sus ojos tristes y una sonrisa cansada. El zorro sacó la lengua y lamió a Drazzle fuertemente, algo que para un humano sería insignificante, pero a Drazzle lo bañó en saliva y lo tiró al suelo.
-¡Ya! ¡Ya! ¡Detente!- gritó mientras se defendía con sus manos. El zorro se detuvo y lo miró fijamente, parecía querer transmitirle algo. Cuando Drazzle respondió a su mirada, el zorro siguió camino hacia las afueras del bosque, volteaba para ver al pequeño dragón y corroborarse de que lo estuviera siguiendo, y así continuaba su paso.

No muy lejos de ahí, el zorro corrió hacia una gran piedra de tonos pardos, parecía vieja, pues el viento la había acariciado cientos de veces ya, y se notaba erosionada, además de que tenía una gran grieta en el medio. El animal se quedó allí, y metió el hocico dentro de la grieta. Para ese entonces Drazzle ya había llegado a su posición. Suavemente tomó la pata del zorro y la tiró hacia atrás, para que este retrocediera, y así lo hizo.
-Veamos qué es lo que quieres, compañero.- Susurró mientras sus alas lo llevaban por encima de la roca.
En ese momento Drazzle casi pierde su concentración y cae de bruces al suelo. Sus ojos se contrajeron y su piel se volvió fría, su cuerpo comenzó a temblar mientras se acercaba a lo que parecía ser una gema azul, del mismo tipo que sus compañeros tenían. Era evidente que era lo único que quedaba de alguno de sus amigos, ya fallecido.
En el momento en que el dragón se acercó, ambas piedras brillaron intensamente, tanto la suya como la que estaba escondida en la grieta. Drazzle sintió una fuerte punzada en su cabeza, y cayó.

 -¡Vamos Drazz! ¡Tenemos que llegar antes de medianoche si queremos escuchar el cantar de los elfos!- Dijo aquel feérico. Era un amigo de Drazzle, su nombre era Flitch, lo podía reconocer tranquilamente por su voz. Era menor que él, su cuerpo era rojizo y tenía un gran par de alas violetas sobre su lomo. Flitch y Drazzle se habían convertido en grandes compañeros, mantenían la guardia juntos siempre que podían, y se escapaban cuando las cosas estaban tranquilas para poder escuchar los cantos élficos y apreciar sus bailes. La gema que había encontrado en la grieta era de Flitch, y ahora Drazzle estaba reviviendo sus recuerdos.

Se vio a él mismo desde los ojos de su amigo, moviendo la boca, respondiéndole a éste, aunque en aquel momento no podía escucharse. Vio como siguió por el medio del bosque, como ambos se mimetizaban para pasar desapercibidos y como llegaban a la ciudad élfica. Donde los elfos danzaban y reían a la par de su música. Drazzle percibía todo esto como un espectador, como un alma atrapado en el cuerpo de su amigo, y en aquel momento sentía la felicidad de estar disfrutando aquella noche, sin ningún tipo de preocupación. Sintió que era feliz.

De repente el telón bajó, y al abrirse una nueva escena tenía lugar. Flitch se encontraba cazando un pequeño escarabajo, lo había agarrado al vuelo y con sus uñas había penetrado sobre su caparazón para luego abrirlo al medio. Drazzle podía sentir como el cuerpo avanzaba a través de los árboles hasta llegar al hueco del gran árbol, donde unos feéricos recién nacidos lo esperaban hambrientos. Podía sentir la brisa, podía sentir el bienestar que le generaba a Flitch el poder ser útil para esos pequeños dragones, podía sentir el amor que éstos tenían para con él, y podía sentir la reciprocidad de ese mismo sentimiento.

En ese instante el telón se cubrió de llamas, los llantos de los feéricos y los gritos de los animales mutilados y prendidos por el fuego inundaron el escenario. Y la noche de hace tres días tuvo lugar nuevamente en primera persona. En ese momento Flitch corría por las afueras del bosque, escapando de los humanos que habían dado caza a su raza. Podía sentir la respiración agitada de su amigo, la desesperación en sus ojos y el temblar en su aleteo constante. Las lágrimas bañaban el rostro de Flitch, quien apenas podía conectar su cerebro a su cuerpo, pues se movía torpemente.

Fue allí cuando sorpresivamente una red cayó del cielo, atrapando a Flitch, quien no pudo evitar que su cuerpo se enredadera entre la tela, y su cuerpo cansado y débil fue a dar de lleno contra una piedra.  Desde aquellos ojos, los ojos de su amigo, Drazzle pudo ver al hombre que le había dado caza. Su figura comenzaba a tomar forma desde la lejanía del bosque, hasta que sus pasos lo llevaron a centímetros del dragón.

-¡POR FAVOR, BASTA POR FAVOR! .- Gritaba Flitch, desconsolado, se podía ver el terror en sus ojos, el verdadero miedo a la muerte, ese que se tenía cuando ella tocaba a tu puerta, y cuando sabías que tan solo faltaban segundos para que fuera invitada a tu hogar.

-Vaya vaya, nos has dado demasiado trabajo, insecto.- dijo el hombre, el cual ahora se podía ver perfectamente. Era un humano de alrededor de unos treinta o cuarenta años, era de contextura delgada, más bien atlética, tenía una larga túnica negra que tapaba todo su cuerpo y una gran capucha que se quitó para dejar ver un largo cabello color plata y aquellos ojos que creía que nunca volvería a ver. Era el hombre de los ojos de colores.

-NO, POR FAVOR, SE LO SUPLICO.- siguió gritando Flitch, Drazzle podía sentir el ardor en su garganta, podía sentir el dolor en el lomo producto del golpe con la roca, podía sentir también el fuego avanzando lentamente, y los sonidos… los sonidos que nunca desaparecían, los gritos, los llantos, absolutamente todo. Como si aquella noche se repitiera realmente.
El hombre se acercó al dragón y extendió su espada hacia el suelo, donde éste se encontraba. El filo de su arma tocó suavemente la gema azulada de Flitch, y allí se reposo, estudiándola con el frío acero.

-Lamento decirte que necesito este pequeño artefacto.- Dijo, sin quitar sus ojos de la gema. –Sabes bien que la única forma de extraerlo es matándote… pero eso no me impide que lo tome en absoluto, ¿verdad?.- Sonrió. Flitch se quedó mudo, no podía siquiera moverse, su cuerpo transpiraba y sus sentidos se habían alborotado de tal forma que quedó en una especie de estado catatónico, de shock.

-La magia proveniente de estas piedras es la que yo necesito si quiero retomar mi trono.- Dijo más serio. -No podré ser Lord Valthion de nuevo sin la ayuda de ustedes, insectos.-
-NO.. POR FAVOR.. ¡NO!- Gritó Flitch desaforado, un sonido ahogado con el último de sus alientos. Pero en ese instante, Drazzle pudo ver desde aquellos ojos, como la espada daba fin con su vida. Pudo sentir un dolor desgarrador recorrer por todo su cuerpo, y el telón se cerró nuevamente.

Drazzle despertó sobresaltado de su visión, con una respiración entrecortada y con el rostro cubierto de lágrimas, sus patas temblaban y sus alas aleteaban fuertemente sin la intención de volar. Había vivido los últimos tres días de su amigo, y había experimentado todo lo que él había sentido, hasta su propia muerte.

El zorro se acercó a Drazzle y volvió a asomar su hocico en la grieta. Mordió ligeramente una de las alas del dragón y lo sacó de allí, dejándolo reposar sobre el suelo, y dándole unas pequeñas lamidas, mucho más moderadas que las primeras. Drazzle volvió la vista a la piedra de su amigo, pero esta ya había perdido todo el color y todo su brillo. El último ápice de vida de Flitch se había ido, y lo más curioso es que parecía ser que estaba esperando a Drazzle para poder irse completamente.
Drazzle no daba con su vida, sus sentimientos se encontraban en todas las direcciones posibles. Sentía odio, miedo, ira. Pero también se sentía nostálgico y esperanzado. Tal vez…sólo tal vez, alguien pudo haber corrido mejor destino que Flitch, y si eso había sido así, ellos podrían estar buscándolo también. Tomó la gema con ambas manos y la retuvo consigo.
Tenía el aspecto de aquel hombre en la mente, tenía sus ojos azul y verde impregnados en su cabeza como un cuadro pintado al óleo. Y tenía su nombre. “Valthion”.

Desde ese momento Drazzle se juró a si mismo encontrar  a sus hermanos por toda Gaia, recrear su comuna, y hacer que los ojos de Valthion se apagaran de una vez por todas.
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Re: Azul y Verde.

Mensaje por Alice Lydell el Sáb Mar 22, 2014 7:30 am

Usted ha llevado este hijra a un nivel superior; demostrando su enorme calidad narrativa.

Le felicito profundamente por esta historia.

Bienvenido a Noreth.

en cuanto tenga oportunidad, le pediré a un administrador que le de color a su cuenta.

saludos!


That´s what I said!


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