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"Probando" vivir fuera del Foso

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"Probando" vivir fuera del Foso Empty Re: "Probando" vivir fuera del Foso

Mensaje por Mister Orange el Sáb Mar 22, 2014 3:16 am

Todo correcto. Me hubiera gustado ver mas castigo fisico al esclavo, como es natural, algo mas de tortura pro parte de vuestra demonia, pero el hijra es aceptable.

Eso seria si no hubiera hecho su hijra con la cuenta de colaboradora.
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"Probando" vivir fuera del Foso Empty Re: "Probando" vivir fuera del Foso

Mensaje por Aym Azidahaka el Sáb Mar 22, 2014 5:56 am

Tomamos el camino del sur, a través de una empinada y pedregosa cordillera de piedras del color de la arena y grises. Poca era la vegetación que nos circundaba, y el camino era tan incómodo para el andar, aun en fila y desmontados que no me preocupe por encontrarme con algún enemigo. Si hubiera ido sola este camino no representaría ningún problema para mi, y podría recorrerlo a gran velocidad, pero la maldita necesidad de llevar un esclavo conmigo me mostraba mi desventaja. Por culpa del desgraciado debilucho avanzábamos poco cada hora. Era un enclenque, era poco más que un gusano. A estas alturas del viaje, tuve que ser yo quien cargara mi propio escudo para no arriesgarme que el insecto que tengo como esclavo lo dejara caer. Gruñi con fuerza sólo de pensarlo.

Volví la mirada a atrás, a unos siete metros detrás de mí, tratando de hacerse a la pared de roca para no resbalar y caer al vacío se encontraba Bastian. Era una vergüenza, y le despreciaba, pero pronto me mostraría su utilidad o moriría.

-Te esperaré ahí.- Le dije al humano señalando una roca saliente unos metros más alto en la colina. Me colgué la alabarda a la espalda y usando las garras de manos y pies comencé a trepar con más velocidad.

Bastian tardó toda una hora en llegar hasta dónde yo estaba; me encontró sentada con la vista firme en el horizonte con un gesto pensativo, a la sombra del cadáver del único árbol que se levantaba en derredor. El humano me saludó torpe y tímidamente, con la cabeza entre los hombros y el cuerpo agachado, totalmente carente de orgullo y temeroso. Me llevé la mano a la cintura, y el humano de inmediato se puso de rodillas y me dio la espalda. Eso me hizo un poco de gracia.

-Levántate maldito ridículo de mierda.- Le dije mientras lo levantaba a la fuerza sujetándolo del cuello. –Tanta es la desesperación que sientes que me enseguida te dispones a recibir mis azotes. No es el látigo lo que necesito. Lo que quiero es comida. Comida que tú me vas a conseguir. Mira hacía allá.-
Levanté la mano y le señale a lo lejos una pequeña villa de granjeros. El humano se llevó la mano a la frente y entre cerró los ojos para poder sin que se lo impidiera la luz del sol.

Bajo la colina, siguiendo una estrecha y dura vereda rocosa que tenía la forma tallada como si en época de lluvia el agua hiciera un canal por el camino, a unos 5 kilómetros se encontraba la villa. Desde mi posición no pude ver más que un puñado de casas y grandes campos de cultivo. Bastian abrió los ojos como platos, sorprendido por la vista, era la primera vez para él que veía una ciudad humana. Por mi parte también lo era, pero los anteriores expedicionarios nos habían hablado de estás, nos habían dicho que las había enormes y otras apenas con unos cientos de habitantes.

-Mis padres en el foso me hablaron de estas. Son villas de campesinos. Agricultores. Trabajan la tierra sembrando comida. Sus casas, son las construcciones pequeñas, y esa grande del centro, debe ser un centro urbano, quizás un granero, o la casona del terrateniente.-

-¿Siembran comida?- Pregunte divertida. ¿Qué comen, forraje?- Ese comentario lo dije sarcásticamente, me causó gracia, pero no sonreí ni una vez.

-No lo sé señora.- Me respondió el humano. –Pero ahí debe hacer comida.-

-Bueno pues, si tanto sabes de las cucarachas humanas, ve ahí y tráeme comida, te estaré esperando aquí; no tardes.- dicho esto, me sumí en silencio y me ensimismé en mis pensamientos.

-//-

Sebastián.

Bastían tardo casi dos horas en llegar a los límites pueblo. Es verdad que la distancia no era mucha, pero sus lánguidas piernas y su condición de gusano le hacían imposible bajar con más velocidad por el duro y áspero terreno. Se encontraba caminando por entre los campos de trigo, extasiado por el paisaje dorado tan ajeno a él y tan maravilloso. Por un momento, pensó en lo afortunado que había sido su vida por ponerlo en la situación en la que estaba ahora, rodeado por la más simple de las bellezas.

Maravillado, avanzó con lentitud tímida, temeroso de que lo vieran otras personas, pero a su vez, gozoso de sentir el aire y escuchar el susurro del mismo entre las plantas. Era un golpe contundente a cada uno de sus sentidos y por primera el olor a muerte y sangre del foso abandonó su nariz y esta se llenó con los olores del campo, del cielo y de la ciudad.

Llegó a la zona urbana sin contratiempo, a un lado del camino, se erguía una gruesa atalaya de unos o 7 metros de alto. Comenzaba a oscurecer, y la noche y la torre con sus siniestros relieves contra el cielo sin color le recordaron un estilo de vida que él conocía mejor. Le recordaron al Foso.

-¡¿Quién vive?!- Pregunto una voz ronca pero limpia desde lo alto de la torre.

Bastian, sin saber qué hacer, corrió frenético al interior de la ciudad. Asustado y nervioso, se vio en su mente masacrado por los hombres; que lo reconocerían como un esclavo de los demonios, un sirviente del caos. Desde la atalaya, el guardia le gritó que se detuviera e inmediatamente hizo sonar un cuerno de alarma. El estruendo del cuerno, asustó aún más a Bastian, que al estar tan nervioso y tembloroso sus pasos perdieron fuerza y se desplomó en una crisis nerviosa que casi lo mata antes de que el primer guardia de la villa se acercará si quiera a veinte metros de él.

Tres guardias corrieron hacía el hombre que yacía tumbado en el suelo, con las piernas recogidas contra el pecho, temblando de miedo, se acercaron a él desconcertados. Uno de ellos lo pico con una con el palo de su alabarda a lo que Bastian sólo pudo exhalar un gemido agudo de miedo. Pronto, los ciudadanos de la villa comenzaron a cercarse con precaución.

-¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?- Le pregunto uno de los guardias al hombre en el suelo.
-… me… me… me llamo… Seb… . ..me llamo Sebastián; señor.- Dijo por fin el esclavo con un acento que nadie pudo identificar.
-¿De dónde vienes?-
-…del… del norte; señor…. Sólo busco comida… … señor….- Dicho esto volvió a cubrirse el rostro con la manos lleno de vergüenza y temor.-

La gente y los guardias, al echarle un mirada más profunda al desconocido, notaron su pésimo estado físico, su temor y su voz casi suplicante, les ablandaron un poco el corazón; aunque los guardias continuaron con su marcialidad.

-Te daremos de comer hoy y ocuparás una celda en la atalaya, te tendremos vigilado, en estos días no se puede confiar en nadie.-

La gente se dispersó con miradas interrogantes al extraño forastero; los guardias le dieron una celda y le dieron un plato de la misma cena que tenían para ellos. Un plato de caldo de cerdo con verduras y poca carne. Bastian la probó y estaba seguro que había muerto. Jamás en la vida probo nada que no supiera a gusanos, a cosas descompuestas o a ceniza. Acostumbrado a lamer del suelo los restos de la casi insalubre comida del Foso, sin duda ese simple platillo le sabía al manjar más delicioso en Noreth. -¿Qué es? - Preguntó, casi con lágrimas en los ojos. Los guardias lo miraron con extrañeza, lo ignoraron y se fueron a sus deberes dejándolo sólo.

La mañana siguiente el deterioro en el rostro de Bastian era notable. No había podido dormir casi nada durante la noche debido al terror que le daba no haber regresado a su señora cuanto antes, sin embargo pensaba que si podía hacerse de tal manjar y llevárselo, seguro ella lo perdonaría por haberle llevado una comida tan exquisita. Durante la mañana el hombre fue llevado al centro del pueblo en dónde se encontraba una pequeña explanada. En el centro de esta, había una especie de escenario, tres escalones más alto que el resto del suelo, Llevaron a Bastian al centro, escoltado por dos guardias. Pronto, la gente se empezó a reunir torno a él.

El juicio fue breve. Al verlo en tan malas condiciones, tan nervioso, tan temeroso y sucio, sintieron más pena por él que aberración; tampoco fue encontrado culpable de ningún delito; sus respuestas en cuanto a su procedencia no eran claras, pero la gente le atribuyo su falta de cordura a su escases de alimento y ejercicio. La solución fue sencilla; Lo dejarían marcharse, pero si quería comida, debía ganársela.

Así pues, le asignaron una única tarea a cambio de comida, agua y una bolsa dónde transportarla. Debía lavar el piso de la atalaya. Así pues, Bastian hizo lo que sabía, limpiar y fregar, trabajar con el pecho pegado al suelo y denigrantemente, o al menos así sabía hacerlo él. No es que lo hubiera aprendido por que los demonios son muy aseados u ordenados en sus viviendas, pero si les gustan sus armas bien pulidas y sus cráneos brillantes, así como sus anillos y trofeos.

A media mañana, los soldados compartieron con el hombre un trozo de pan y agua. Bastian extasiado comió como un loco. Disfruto con inmenso placer y prisa su comida y luego volvió a la tarea. Por fin, después del mediodía, antes del atardecer, Bastian terminó su labor. Los guardias complacidos por el trabajo, le dieron lo que le habían prometido. Le dieron una barra de pan, una bota de agua, algunos trozos de cecina seca, un par de manzanas, un pedazo de col y una cebolla.

Se desanimó totalmente al ver que no le habían dado nada del caldo de cerdo, pero en su naturaleza, pedir es imposible, y aunque el terror de su ama no tiene comparación, ni siquiera pensó en pedirle a los guardias tal manjar. Le dieron una bolsa de lana raída y lo dejaron ir. Desde la atalaya, curioso miraba uno de los guardias el torpe y presuroso andar de Bastian hacia un camino por donde no había camino.

-//-

-Señora. ¡Señora!- Grito Bastian al llegar cerca del anochecer al árbol muerto dónde me viera por última vez. Lo miré con desdén desde arriba, oculta. Estiré el látigo y lo hice sonar agitándolo en el aire; a mi esta plaga no me iba hacer esperar como lo hizo, nunca más. Descargué el látigo contra su espalda, haciendo girones su camisa y llenándole de zanjas la espalda. Bastian cayó al suelo arrepentido. Llorando como un perro regañado entre gemidos y sollozos. Me lancé contra él y le puse el pie en la cara.

-¿Te queda claro?- Pregunté.

-Sin mi señora.- Me dijo el humano con la voz entrecortada evitando siempre llamarme por mi nombre. –Pero traje comida… - Finalizó señalando la bolsa y la bota en el piso.

Lo primero que probé fue una cosa blanca con forma esférica; tenía un olor penetrante y extraño, muy fuerte, eso llamó mi atención; le di una gran mordida y el sabor me inundó la boca, era picoso, en el sentido de las especias, con un sabor muy fuerte que se quedó pegado a mi lengua de inmediato.
-¡¿Que mierda?!- Le recriminé a Bastian.
-Cebolla, señora, los hombres la comen con la carne.- Contestó antes que le asestará un revés.

Metí la mano a la bolsa y saqué la cecina ceca, esto si me era más familiar, le di un mordico grande, y aunque odiaba la carne deshidratada, era mejor que nada. Luego eché mano a la barra de pan; le di un gran mordisco, pero la sensación seca y esponjosa de la barra me desagradaron por completo, escupí al suelo el bocado y arroje el resto al piso; Bastian se arrastró de inmediato hacía este.
Tomé la bota de agua para quitarme la sensación seca de mi boca. Agua común; luego, vi algo que me llamó la atención, dos esferas rojas; frutas del color de la sangre. Le di una olisqueada a una de ellas, el olor dulzón no me agradaba tanto, pero parecía apetitosa; le di una leve mordida a esta y el sabor se me hizo exquisito. Dulce, fresca y jugosa; era un hallazgo notable del humano inútil en este mundo. Rápido tomé la otra manzana y la guardé para después, y mientras alternaba las mordidas entre la manzana y la cecina terminé de comer. Sólo después de eso, vi la col. Curiosa planta, hojas sobre hojas formacon un circulo; mordí una hoja sin ganas, sólo por curiosidad para no perderme de nada. Era como comer pasto.

Tiré la col al suelo junto al pan. Sólo después de que yo terminé de comer, batian probó bocado.

-Salvaste la vida hoy.- Le dije recordando el sabor de la manzana. –Pero ustedes humanos, si son unos come forraje.
Aym Azidahaka
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