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Un recuerdo entre los arboles

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Mensaje por Beleriand Tri'mond el Dom Mar 23, 2014 3:54 am

Estos son los ultimos momentos con mis hermanos. Una semana despues de este dia en el bosque, me encontraba atravezando las puertas de la ciudad, sin saber si los volveria a ver de nuevo. Aun recuerdo muy bien ese dia...



Kaladin iba delante. Oh si, el siempre tenia que ir delante. Espalda derecha, frente bien alta, sacando pecho para que su armadura dorada resplandeciera mas de lo que hiciera, su montura blanca, "Pegaso", inmaculado. Conozco lo que dicen de los elfos, altaneros y orgullosos, pero Kaladin le daba un nuevo sentido a esa palabra.
Siempre había querido demostrarse capaz, mostrarse como un verdadero hombre honorable y por encima de cualquiera. Mas o menos, quería ser igual a mi padre. Un brillo de prepotencia brillaba en sus dorados ojos, y si le hubieras puesto unos años mas encima a mi buen hermano mayor, hubiera sido la vivida imagen de mi señor padre.
De todas formas, siempre albergue un cariño hacia el muy idiota de mi hermano. Cada vez que se le escapaba una sonrisa me acordaba del niño alegre que había sido, de como me había ayudado tantas veces y como nos habíamos cubrido el uno al otro cuando padre buscaba alguien a quien regañar.  

En cambio, Shallan siempre había sido otra cosa. ¿Alguna vez tuviste alguien con quien terminar cada frase que decías? ¿Alguien que sentías que verdaderamente estaban conectados? Eso nos pasaba con Shallan. Menuda, hermosa, con una gran cascada de cabello escarlata y esa sonrisa amable de mi madre. Shallan era de esas personas que solo con sonreírme me subía el animo, verdaderamente adorable.
Ella, sin embargo, le fascinaba el estirado de Kaladin, siempre iba a su lado y trataba de imitar todo lo que hacia, ella quería ser igual a el. Y yo rezaba a los dioses para que eso no sucediera nunca.

Marchábamos cada uno en su montura en una formación de linea. Kaladin adelante sobre Pegaso, Shallan en el medio con Luna y yo mismo iba atrás con Oro. Mi hermanita había insistido hasta el cansancio para ir adelante de nosotros y explorar mejor el terreno, solo cundo Kaladin dijo que padre se lo había prohibido la joven dejo de insistir y se dedico a mirar el paisaje con una sonrisa de satisfacción en le rostro. Era una bella mañana, húmeda ya que durante la noche habían caído torrenciales lluvias sobre el bosque y ahora este rebozaba de vida. Los pájaros cantaban, algún que otro ciervo levantaba la cabeza para mirarnos cautelosos entre los arbustos, muy a lo lejos se llegaba a escuchar el aullido de un lobo.
La expedición que emprendíamos había surgido a partir del ocio. No estaba en mis planes que Kaladin viniera, pero Shallan insistió en invitar a nuestro hermano mayor, que ahora que estaba mas ocupado preparándose para las tareas venideras que le caerían encima, no nos prestaba tanta atención como antes. Luego de la insistencia y de perder la paciencia, nuestro flamante heredero accedió a venir con nosotros. ¿Que buscábamos? Nada precisamente, solo pasar un rato los tres juntos, lo cual hasta ese momento no estaba sentando nada mal.

Pero algo paso y la primera que lo noto fue Shallan. De pronto se puso rígida y paro su caballo en seco, por lo que tuve que hacer lo mismo rápido. Un escalofrío le recorrió la espalda y se volteo hacia mi con ojos inquisitivos.
-¿Lo notas? -pregunto
-¿De que estas... ? -y lo note. Una sensación extraña paso por mi cuerpo y se me erizaron los cabellos de la nuca. Magia. Y cerca -Oh... ya veo.
Kaladin hacia seguido adelante sin darse cuenta que nosotros dos nos habíamos parado
-¡Espera, Kaladin! Ven un momento -le pidió Shallan, volteándose hacia el y luego mirando alrededor. Sus ojos denotaban emoción.
-¿Que sucede? -pregunto nuestro hermano mayor.
-¡Por aquí, muchachos! -exclamo de pronto Shallan, dirigiéndose hacia el oeste. Kaladin hizo el gesto de detenerla, pero yo lo frene a tiempo y le hice seña para que la sigamos. Desconcertado y encogiéndose de hombros accedió, aunque se notaba que estaba contrariado.

La seguimos a Shallan unos pocos metros hasta que los tres descubrimos lo que había atraído a nuestra hermana.
En la tierra se abría una grieta de una profundidad escalofriante y de una gran anchura, en la noche, si uno iba descuidado, podría ser una trampa mortal para cualquiera que no haya tenido ese extraño presentimiento que sentimos junto con mi hermana pequeña.
Ella se bajo de su caballo con movimientos rápidos y gráciles, se acerco con cautela al borde mismo de la gran grieta.
-¡Oh no! ¡Vengan, ustedes! ¡No se queden ahí con cara de tontos! -exclamo
Compartimos una mirada con Kaladin. El soltó un suspiro y se bajo del caballo, lo imite mientras se me escapaba una sonrisa entre dientes.
Ambos nos acercamos a ese inusual agujero en la tierra y miramos hacia abajo. No hubiera sido fácil que se nos haya pasado por alto lo que había llamado la atención de mi hermana hasta este lugar. Una gran ave, de color plata con pinceladas azules brillantes en el pecho y pico largo negro batallaba dentro de una red para poder conseguir la libertad. La red estaba atrapada en una larga raíz que sobresalía desde el borde de la grieta y que amenazaba con caer debido a los movimientos bruscos del animal.
-Supongo que eso no es un pájaro normal -dijo Kaladin
-¡Debemos ayudarla! ¡Si no hacemos algo, caerá! -dijo Shallan con la desesperación plasmada en su voz melodiosa.
Al parecer esa extraña energía mágica había manado del ave, aunque desconocía por completo como y porque. No podíamos abandonarla ahí.
-Debieron de ser cazadores, quizá la dieron por muerta cuando cayo por la grieta -dedujo Kaladin. Al parecer la idea de que los cazadores furtivos estuviesen merodeando por nuestros bosques era mas preocupante que la vida del ave.

-De acuerdo, cazadores o no, tenemos que sacarla de esa estúpida red -dije mirando a mi alrededor. Debía de haber algo que podamos usar.
Estábamos en medio de un bosque, bastante espeso a decir verdad, tenia algo que podamos usar para poder llegar al otro lado. Evidentemente, lo primero que me vino a la mente seria el tronco de un árbol, lo suficientemente largo como para poder cruzar, pero donde...
-Beleriand, mira -Kaladin me señalo lo que a unos pocos parecía ser el tronco de un gran árbol muerto hacia algunos días probablemente. Me asombre de haber coincidido con el.
-Ayúdame a moverlo hacia la grieta, debería de llegar al otro lado -le dije mientras nos poníamos en marcha. Moverlo fue un infierno, ya que el tronco era condenadamente pesado pero entre los tres pudimos a duras penas colocarlo de forma tal que la mitad de lo que antaño fue un árbol quedara suspendido sobre el vació de la grieta, a pesar de que era bastante largo, era imposible que alcanzase el otro extremo de la grieta. Mientras lo sosteníamos desde el extremo en tierra, comencé a decirles mi improvisado y quizá algo estúpido plan.
-Esto es lo que haremos. Kaladin necesito esa cuerda que llevas, ¿Tienes idea de cuanto mide?
-Diez metros -constesto este, con el sudor perlandole la pálida frente.
-Bien. Shallan, ve a traérmela. Kal, atare la cuerda al otro extremo de este tronco y bajare hasta quedar a la misma altura que el ave. Me balanceare y cortare esa maldita red.
-¿Acaso crees que Shallan y yo podemos sostener el tronco mientras tu estas ahí colgando? -respondió con el ceño fruncido
-Claro que no, genio. Ata a los caballos a este extremo y ustedes dos también sosténganlo.  

Shallan vino con la cuerda y también se encargo de que nuestras tres monturas quedaran bien atadas al tronco. Cuando estuvieron en su lugar me subí a la madera y comencé a caminar sobre el haciendo equilibrio hacia el otro extremo. Me concentre en que mi cuerpo estuviera balanceado manteniendo los brazos extendidos con la larga cuerda de diez metros en la mano y no apartar la vista de mis pies. Llegue al otro lado e hice un nudo alrededor de la punta, con el otro extremo me ate firmemente la cintura. Una vez que comprobe que los nudos estuvieran en su lugar y que mis hermanos y nuestros caballos me aseguraban le tronco para no caer en el vacio, comencé el descenso. Tome toda la cuerda que pude y coloque debajo del tronco, el mundo se puso de cabeza y de a poco fui soltando pequeñas cantidades para ir descendiendo.
Fue costoso y debido a que mis manos sudaban, temía que la cuerda se me resbalase de las manos, pero luego de unos minutos pude llegar hasta donde estaba el ave que milagrosamente aun no se había precipitado hacia el fondo.
"Ahora viene lo difícil" pensé, con una sonrisa nerviosa. Comencé a tomar embion lentamente y de a poco empece a balancearme. Desfunde mi daga y luego me balancee con toda la fuerza que pude.

Los segundos parecieron pasar con lentitud. De pronto me encontré lo suficientemente cerca del ave, estire mi brazo derecho empuñando la daga mientras mi izquierdo sostenía la cuerda. Pude ver los ojos del animal: plateados, brillantes, suplicantes. Tenia que cortar la red y solo la red, un movimiento mal hecho y cortaría la raíz o le cortaría el ala a la pobre criatura. Las dos cosas significaban su muerte.
La cuerda se me resbalo de las manos por un momento y me precipite un poco mas abajo de lo que hubiera querido, por poco pierdo la daga. Volví a ponerme a la altura de la red, siento el amargo sabor del miedo en la boca.
Fue un movimiento rápido, varias secciones de la cuerda cedieron y el animal cayo al vacío. Un metro... dos metros... tres metros...
El sonido de un fuerte aleteo se hizo escuchar y el ave paso volando con una velocidad que pocas veces había visto en mi vida justo a mi lado, soltando un graznido poderoso y orgulloso. Sonreí. Desde ahí abajo escuchaba los vítores de Shallan.

Una vez sobre tierra firme mi hermana me abrazo y Kaladin sonreía. Le sentaba bien la sonrisa, su rostro se relajaba y me hacia recordar al niño que me enseñaba a dar estocadas. No había ni rastro de su cotidiana seriedad.
-Estas loco, Bel -dijo sacudiendo la cabeza.
-¡Fue asombroso! ¡No dude ni por un segundo que lo harías! -dijo Shallan, emocionada.
El graznido del ave se hizo escuchar por todo el bosque. No era como el de un águila, ni tampoco como el de un pájaro ordinario. En realidad creo que nunca había escuchado nada como aquello.
El ave se nos acerco y se poso en el suelo, nos miro con aquellos curiosos ojos, de uno en uno. Pasados unos segundos, desplegó las alas y agacho la cabeza, en un movimiento que me resulto demasiado similar a una reverencia. Acto seguido, emprendió vuelo.

-Los hijos del Ruiseñor te saludan -murmure mientras la veía alejarse.
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Mensaje por Alice Lydell el Dom Mar 23, 2014 5:03 pm

El ave se encendió en llamas y desapareció de su vista volando en el horizonte.


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Buen Hijra; está aprobado.

En cuanto tenga oportunidad, le pediré a algún administrador que le ponga color a su cuenta.

Saludos!


That´s what I said!
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