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Día del niño: Recuerdos de un pasado que no volverá.

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Día del niño: Recuerdos de un pasado que no volverá.

Mensaje por Necross Belmont el Mar Abr 29, 2014 12:55 am

Abandonado a su suerte cuando aún era un bebé, el pequeño Necross creció sin conocer el cariño de un padre o una madre. No había nadie a quien llamar bajo esos nombres, pero siempre hubo alguien que velo por él, que lo regaño cuando hacia travesuras, y limpiaba sus heridas cuando el niño se lastimaba. Su familia eran los demás niños del orfanato, su madre fue la anciana que lo acogió, a quien a veces odiaba profundamente, otras la amaba con el cariño que un niño puede tener por su madre.

Él creció en Shading, una tierra perdida en un mundo infinito, donde la amenaza de guerra era latente, donde el sueño de todo niño, era ir a combatir contra la ciudad vecina, y defender el honor de su nación.

Con sus hermanos de diferente sangre, el pequeño Necross (de diez años) luchaba cada día, con palos se dejaban los brazos marcados, con puños se hacían moretones en el cuerpo. A veces lo juegos se salían de control, y terminaban luchando con odio, solo para terminar el día riendo, con las narices sangrientas por los golpes, y las orejas rojas y calientes, por los regaños de la matriarca del orfanato.

Pero hubo un día, en que el cielo estaba más claro de lo normal, y la gente por alguna razón se veía más alegre. No había nubes en el cielo, la guerra parecía estar muy lejos, y el sol brillaba como pocas veces lo hacía. El joven Necross, esperando disfrutar el maravilloso día que recién comenzaba, el problema fue que el pequeño niño se alejó más de lo que debía, paso medio día caminando, disfrutando del sol. Un prado, verde, lleno de vida, se apareció ante los ojos del niño; este solo pensó en enseñárselo a sus hermanos.

El niño entro en la casa, esta estaba sucia, con polvo; se sabía a ciencia cierta que había sido abandonada hace mucho ¿pero quién quiere dejar un lugar así? ¿Quién es tan tonto para abandonar su hogar? Al vivir solo, pero a la vez acompañado, el joven Necross aseguraba que en su futuro tendría una esposa, un par de hijos, y un hogar, al cual regresar cada día.

Después de ese día, el joven Necross volvió muchas veces a ese lugar, era el sitio de reunión para él y sus hermanos; Pero no todos los días pueden ser perfectos. Las tareas del joven Necross eran simples, lavarse todas las mañanas, desayunar, ir a limosnear, estudiar su lectura, y volver a limosnear; después de terminar sus labores, los niños tenían el resto del día para ellos. Pero una tarde nublada, las tropas enemigas lograron pasar las murallas de la ciudad, y esta se tornó inmediatamente en un caos, con miedo, el joven Necross corrió a su casa, al orfanato, al entrar noto que no había nadie, ¿quizás ellos escaparon? ¿Pero dónde estaban? ¡Quizás en el centro de reuniones!

Pero para un niño que a nadie le importa, no sería fácil llegar a su destino. La gente escapaba, lo empujaban, más de uno lo piso, pero de entre todas las personas que escapaban, una le tendió una mano; al joven tirado en el piso, una gentil alma se le acerco. Necross había aprendido a no confiar en nadie fuera del orfanato, hay mucha gente peligrosa, pero con el caos desbordado, no tenía otra opción más que sujetarse de la mano, y levantarse.

El infante levanto la vista, quería ver quien lo había ayudado, antes de dar las gracias y salir corriendo. Ella estaba cubierta con una capucha, pero su cara aun podía verse. Cuando su vista llego al rostro salvador, el joven Necross no pudo quitar la mirada. De cabello café, pelos ondulados y algo desordenados, ojos tiernos, de color azul claro, casi transparentes. Con solo verla, pudo notar la suavidad de su piel, sus facciones perfectas, lo lindo que eran sus ojos, y lo calmado que se sentía al mirar la pacifica sonrisa de ella.

Ella hablaba, pero el joven no parecía reaccionar, nunca antes había visto a una mujer tan linda. Junto a la mujer, había varios hombres, todos encapuchados igual que la dama. La dama tomo al niño de la mano, y juntos corrieron lejos de la batalla, bajo las pesadas miradas de los acompañantes de la dama, estos parecían no estar cómodos junto al pequeño Necross.

–¡Por los callejones! ¡Fuera de la ciudad hay un bosque, y en el bosque hay una casa abandonada!- El joven Necross rebelo su lugar de reuniones, su lugar secreto, y es que a ella, el joven humano debía protegerla.

El pequeño Necross dejo de correr detrás de la dama, se situó delante de ella, y corriendo más rápido la guio hasta su escondite. No parecía haber peligro, pero aún se escuchaba el caos en la ciudad. - Pasemos la noche aquí, en la mañana podrán escapar al oeste y salir de esta región, ¿son bandidos?- Lo último lo preguntó con temor el pequeño niño, la dama negó con la cabeza y le sonrió amablemente. Y allí se quedó el pequeño niño, durmiendo en el regazo de la dama. Cuando la mañana llego, el niño se encontró durmiendo solo, cubierto por una cobija que no era suya, pero en esta, estaba bordado el nombre de la dama desconocida –Ithilwen.-

El niño volvió a la ciudad, llego al orfanato hambriento, y al entrar, la matriarca le dio un golpe en la cabeza. -¿¡Dónde estabas niño!?- A lo que Necross respondió. ¿¡Están todos bien!? ¿Nadie murió?- La señora nuevamente le dio un golpe en la cabeza. –Lo de ayer fue un simulacro sorpresivo, no nos atacaban en realidad. Niño tonto, ve a desayunar.-



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Necross Belmont
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