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[día del niño] infancia de un monje

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[día del niño] infancia de un monje

Mensaje por Feng Roshi el Miér Abr 30, 2014 10:37 pm

Un día como otro cualquiera, siempre la misma rutina, siempre el mismo castigo. Me levantaban temprano, antes del alba, y no había posibilidad de permanecer ni 5 minutos más entre las sábanas. Sabanas de las cuales tenía que estar agradecido de tener y pagarlas con mi trabajo diario.
Una vez en pie, y antes de comer, debía ir a por las gallinas y recolectar los huevos frescos, no podía romper ni uno, o no este faltaría en mi comida. Habían otros chicos cerca de mi edad, teníamos todos entre 6 y 8 años, y éramos los eternos sirvientes de nuestros hospedadores.

Luego a la hora del desayuno eramos los últimos, las sobras siempre eran nuestras, el pan más duro, los huevos más pequeños, a veces teníamos un vaso de leche, otras solo un vaso de agua.

Después teníamos un par de horas de clases, aquí nos enseñaron a leer, y a escribir, a pesar de que sus dotes de enseñanza no eran las mejores, sus filosofías eran interesantes, y entretenidas. Acababan las lecciones y en seguida tocaba limpieza, todos los cuartos y pasillos del enorme templo tenían que ser limpiados todos los días, sin excepciones, pasaba toda la mañana limpiando, sin descanso, no podíamos descansar pues había que acabar antes del almuerzo, o no almorzábamos y apenas y teníamos tiempo para acabar a la hora.

Luego el almuerzo, otra comida de sobras, no recuerdo haber comido carne vacuna y con suerte veíamos porcina algún día al mes. Para nosotros solo pescado, queso rancio, y conejo. Alguna vez cabra y alguna mas difícil, cerdo. Pero por lo general las carnes duras o animales pequeños eran para los chicos, al menos hortalizas eran las mismas que para todo el mundo.

El resto del día dependía, pero variaba, o tenía trabajo de campo, de agricultor, quitando las malas hierbas con las manos, o sembrando, no teníamos que arar la tierra, por la poca fuerza, pero el resto de cosas en la agricultura era muy posible. También podría ser un día en el que tuviéramos que buscar suficiente leña como para hacer 100 hogueras que durase toda la noche, aunque esto no era todos los días, solo cuando había poca leña.

Lo mejor para mi era cuando tocaba ayudar en la cocina, por lo general había que pelar papas, zanahorias, cebollas y demás hortalizas, y lavar toda la comida, era simple, sin mucho esfuerzo, y con suerte podías comer algo.

A la hora de la cena, lo mismo que el almuerzo. Al menos siempre había pan de sobra y podías llevarte un trozo al acabar, para más tarde.

Y luego la noche, éramos los chicos los que iluminábamos gran parte del monasterio, todas las velas las encendíamos, y las antorchas interiores también.

Por las noches veíamos a los mayores entrenarse, pues por las mañanas no podíamos, algunos chicos entre los que me incluyo, nos poníamos a imitarlos, de entrenamiento poco hacíamos, algunos días nos ponían a hacer prácticas pasivas de movimiento, ellos lo llamaban tai chi, nosotros no entendimos muy bien este arte, simplemente imitamos.

Y luego a dormir temprano. Aunque no tuvieras sueño, insomnio enorme, o simplemente se te olvido ir al baño antes, no podíamos levantarnos de la cama, no hasta el día siguiente, temprano, antes del sol, y comenzaba un nuevo día…. igual al anterior e igual al próximo,al menos durante unos años, Luego tocaron trabajos peores.
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Feng Roshi

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