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Llueve.

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Llueve.

Mensaje por Lessien Lúinwë el Dom Jun 15, 2014 2:07 pm

- ¡Espérame, Alpha! – le grité al perro que se había adelantado demasiado – Venga, que llevamos todo el día caminando, baja el ritmo.

  El perro se giró y se sentó a esperarme, con la lengua fuera y los ojos llenos de emoción, con esa chispa de vitalidad que él siempre tenía. Habíamos cazado un conejo y necesitaba despellejarlo para poder cocinarlo, por lo que al llegar junto a Alpha me senté en una roca y comencé a quitarle la piel al animal.

- Esta  es la  parte menos bonita de la caza, ¿verdad? – le dije al perro con las manos llenas de sangre - ¿Quién va a limpiar esto ahora?

 Alpha ladeó la cabeza y de pronto cayó una gota sobre mis manos, seguida de otra, y de otra, y de millares más. “Supongo que eso responde a mi pregunta”, pensé. Guardé como pude nuestra presa y comencé a caminar rápido al lado de Alpha. Parecía que nadie vivía por allí… Me puse a pensar y recordé que desde hacía varias horas no veía ninguna granja ni ningún lugar donde el perro y yo pudiéramos cobijarnos, así que pensé que lo mejor sería continuar hacia delante.

  Odiaba la lluvia, y lo sigo haciendo. El agua acumulada aumenta el peso de mis vestimentas, embarra el suelo, se nubla la visión y me hace tener frío, y todo ello dificultaba aún más nuestra búsqueda.

- Si ves algo me lo dices, Alpha – le dije al perro suponiendo que él vería mejor que yo. Pensé que lo mejor sería tomarse aquello como una nueva aventura y no dejar de sonreír – ¿Una carrera hasta aquel árbol de allí?

- Ladrido, ladrido – dijo Alpha antes de empezar a correr.

- ¡Eh! ¡Eso es trampa! ¡Avisa antes de empezar! – y comencé a seguirle a la vez que escuchaba un ladrido en la lejanía. Quizá así  lograríamos encontrar un lugar en el que esperar a que pasase la tormenta.

  De repente noté como la tierra bajo mis pies era menos blanda y miré al suelo: un camino. Parecía que Alpha también se había dado cuenta, pues había dejado de lado el árbol para seguir dicho camino y poco más adelante se paraba a esperarme victorioso, con el pecho hinchado de orgullo.

- Esta victoria no te la cuento, eres un tramposo – le dije al llegar a él sacándole la lengua –. Adelántate si quieres y busca luz.

  Escruté el cielo en busca del humo de una chimenea pero con la densa lluvia no se veía nada. El frío estaba comenzando a llegarme a los huesos así que comencé a trotar para ver si podía calentarme un poco.

  Alpha disminuyó la marcha y lanzó un ladrido alegre. Aumenté el ritmo de mi trote y vi que se trataba de una pequeña casa acompañada de un establo y unos cuantos cultivos.

- ¡Sí, Alpha! ¡Lo hemos logrado! – dije saltando de alegría, quizá cantando victoria demasiado pronto, pues aún no sabía si quien viviese en esa casa me iba a dejar entrar. Toqué a la puerta con la esperanza de que nos abriesen y dejasen entrar.

  Al cabo de un par de minutos y de mucho insistir escuché pasos hasta la puerta.

- ¡Lárguese! No queremos nada de usted – dijo la voz de una mujer desde el otro lado.

- Señora, ¡por favor! Llueve y mi perro y yo no tenemos donde refugiarnos – repliqué con mi mejor voz de súplica –. Llevamos algo de comida y nos iremos en cuanto deje de llover. Podríamos incluso pasar el tiempo en el establo, solo queremos un techo.

  La mujer abrió la puerta ante mis súplicas y todo lo que pudo ver fue a una mujer empapada y llena de barro al borde del llanto y a un perro embarrado sentado a sus pies. Los escrutó con la mirada de la cabeza a los pies desde una rendija de la puerta.

- Mi nombre es Lessien Lúinwë y este es Alpha. Llevamos todo el día de viaje y esta lluvia no la esperábamos – continué.

- Está bien, adelante – dijo la mujer y terminó de abrir la puerta para que pasáramos –. Colocaos ahí, delante de la chimenea hasta que os sequéis.

- Tome, es todo lo que le puedo ofrecer – dije dándole el conejo que habíamos cazado.

- Haré un guisado de verduras para los tres – salió de la habitación y volvió al cabo de dos minutos con una manta gruesa –. Quítate esos ropajes llenos de barro que pueda lavarlos.

  Hice caso a aquella mujer. Su pelo era rubio y parecía bastante más mayor que yo. Además sus manos estaban curtidas, supuse que por el trabajo en la tierra, pero me di cuenta de que había una gran cantidad de cestas y decoraciones de mimbre preciosas.

  Trajo al cabo de diez minutos una cazuela rebosante de asado y la puso al fuego.

- Muchas gracias por su hospitalidad, señora – le dije.

- Me llamo Azahara, por cierto – dijo mientras cogía mi ropa –. Vigila que eso no se queme.

  Asentí con la cabeza y me puse a acariciar al perro, que comenzaba a tener el pelo acartonado a causa del barro seco. El calor del fuego me devolvía la chispa de vitalidad que me había quitado la lluvia y el color de mis mejillas volvía a ser sonrosado. El guiso olía de maravilla y recordé que mi “familia” solía hacer ese tipo de guisos también, lo que me trajo nostalgia… La mujer llegó con mis ropas limpias y las puso a secar.

- No puedo hacer nada por el perro, pero no muy lejos de aquí hay un río, hacia el este, allí podrás lavarlo – dio un par de vueltas a la cena y sirvió tres cuencos. Se lo agradecí infinitas veces.

  El sabor de aquella comida era espléndido. Estaba en su punto de cocción y las verduras eran muy buenas. Llené mi tripa todo lo que pude, al igual que Alpha.

- No quiero veros mañana aquí – dijo Azahara al terminar y se retiró.

Azahara:


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Re: Llueve.

Mensaje por Crash Bandicoot el Dom Jun 15, 2014 6:12 pm

Bien, no veo error alguno más allá del "Ladrido, ladrido", que parece que esté hablando el perro jajaja, fuera de eso, sin duda buena redacción y buen escrito. ¡Bienvenida a Noreth! Y suerte con la oscuridad que lo puebla...


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