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La fortaleza del nigromante

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La fortaleza del nigromante

Mensaje por Managarm el Lun Jun 16, 2014 7:53 am

El sol empezó a asomarse por encima de las montañas del aquel valle, las calles de Völdun estaban casi desiertas, salvo por algunas almas en pena que buscaban a algún familiar desaparecido esa noche, no era un pueblo muy grande, pero tras el ataque de la noche anterior había cadáveres repartidos por aquel pueblo, unos calcinados por las llamas y otros simplemente degollados. Las personas del poblado se movían arrastrando los pies por el pavimento, apenas habían podido dormir. Algunas de las brasas que hasta esa noche habían sido casas de madera, todavía estaban al rojo vivo. Las labores de reconstrucción debían empezar cuanto antes, pero la carga por las muertes de familiares y amigos todavía era muy pesada, todavía había recuerdos de la noche anterior, de cómo las casas empezaron a arder, de cómo unos hombres mataban a todo aquel que se interpusiese en su camino y violaban a las mujeres que se encontraban.

Un hombre recorría aquellas calles apoyado en una muleta improvisada cuando se encontró en un rincón de la calle a una niña agazapada en un rincón y se acercó. Tenía la cara roja de llorar,pero parecía que ya se le había pasado. -¿Dónde están tus padres?- La niña se encogió de hombros y empezó a llorar de nuevo. Aquel hombre la cogió en brazos y a duras penas se la llevo hacia el centro de la aldea donde habían improvisado un centro de ayuda. –¡Carol!- llamó a una de sus ayudantes –Cuida de esta niña e intenta encontrar a sus padres-
-Si, señor alcalde.-

La plaza estaba repleta de gente, muchos de ellos habían sido heridos, y otros tantos se habían quedado sin hogar. Pero todos ellos habían perdido a alguien en aquella fatídica noche. El alcalde avanzó por entre los distintos puestos de la plaza donde se repartía comida para aquellos que habían perdido todo. Llegó hasta done se encontraba el jefe de la guardia mientras este le cerraba los ojos a un joven mientras su madre y sus dos hermanas lloraban desconsoladas. Sin girarse el viejo guerrero se dirigió al alcalde. –Tendría que haber sido yo, era demasiado joven, no tenía ni dieciséis inviernos-
-No te tortures, de no ser por ti toda la familia habría muerto- El alcalde intentó animar a su amigo, pero apenas lo logró
-Nos conocemos desde hace mucho Ahern, no podemos dejar este ataque sin represalias, conseguimos capturar a uno de los asaltantes, en cuanto le saquemos información debemos actuar- Se le notaba un tono frio, propio de alguien que había visto morir a demasiada gente a su servicio
-¿Y quiénes actuaremos?, ¿yo que apenas me puedo mover con este palo?- Ahern le puso la mano en el hombro al viejo guarda –Pero tienes razón Caél, no podemos no hacer nada. Reúne al consejo, y busca a alguien que ocupe el lugar del herrero-

Apenas habían pasado un rato cuando ya estaban todos los miembros del consejo en aquella casa que hacía las veces de ayuntamiento. Estaban Brandom, un hombre mayor, era el que más edad tenía; Brjön, hijo mayor del herrero el cual fue una de las víctimas del ataque; Carol, la propia ayudante del alcalde y el propio Cáel. Ahern fue quien habló primero –Bueno, no hace falta decir porque he decidido reunir al consejo, pensábamos que los bandidos no iban a atacar un pueblo tan grande como el nuestro, pues nos equivocamos. Tenemos que hacer algo, pero no contamos casi con guerreros, y no podemos obligar a que madres y esposas manden a sus hijos o esposos a lo que sería una muerte casi segura.-
-¡Entonces propones que nos quedemos sin hacer nada!- el hijo del herrero se levantó dando un golpe en la mesa, Ahern pensó que igual no había sido buena idea elegirle a él.
-Yo no he dicho eso- Ahern intentó responder en un tono calmado. –Tenemos que pedir ayuda a los pueblos de la zona, muchos de ellos han recibido ataques igual que nosotros y han perdido gente igual que nosotros, tendrán también las mismas ganas de venganza.-
-A pesar de eso no serían suficientes para luchar contra ellos- Quien hablo ahora fue Brandom –He oído que están instalados en la antigua fortaleza, será complicado vencerles allí.-
-Tienes razón anciano, sería una masacre, debemos enviar cuervos a todos los pueblos y ciudades de la zona, no sé si alguien vendrá en nuestra ayuda, pero hay que intentarlo, y deprisa. Daremos un plazo de tres días, esperemos que sea suficiente tiempo.-

Ahern esperó a que todos hubiesen salido para salir de aquella sala, había estado dándole vueltas a una idea, y se había decidido a hacerla. Fue de camino a su casa, una de las pocas que había resultado intacta tras el ataque, algo que le había dejado un regusto un tanto amargo. Cuando llegó cogió pluma y un pergamino y se puso a escribir una carta, cuando al fin la termino ya era casi medio día. Salió a un pequeño jardín trasero donde tenía una pequeña jaula con un único cuervo, le ajusto el pequeño pergamino a la pata y le dejo volar. –Espero que recibas este mensaje viejo amigo-


A dos días de camino de allí, un grupo de asaltantes celebraba su victoria con cerveza e hidromel. Muchos discutían sobre quien había matado mas pueblerinos mientras su líder se sentaba en un rincón observando la escena cn una leve sonrisa dibujada en la cara. Lo que ninguno sospechaba era que entre ellos se movía una sombra, una sombra que llevaba siglos dormida.
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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Sáharä Ahnjë el Mar Jun 17, 2014 5:01 am

-¡Auxilio! !Saqueador¡- gritó el tabernero tan pronto como la silueta del roedor salió por la puerta. Tomé la arbalesta y casi por instinto puse una saeta en ella y miré por la ventana. El segundo piso, donde estaba, pude ver claramente la forma pequeña y agazapada que se ocultaba con una capucha corriendo calle abajo a toda velocidad arrastrando su larga cola por detrás.

Lo seguí con la mirada unos metros. Con este tipo de arma, el problema, después de lograr poner el virote en su lugar, era apuntar, pues el peso del arma lo hacía un poco más complicado que tirar con un arco. La pequeña ciudadela no poseía murallas externas, por lo que una vez que la rata salió del perímetro de la ciudad, en dirección a la arboleda, tenía un disparo despejado.

Solté el virote, y éste voló en un momento los más de doscientos metros que me separaban del blanco, acertando con golpe seco en su espalda. Un quejido ahogado y luego el rátido se desplomó sobre el pasto sin llegar al límite del bosque. Tan pronto el ladrón cayó, los ojos entrometidos de unas pocas personas en la calle se volvieron hacía mi ventana, entre ellos, los ojos del posadero que casi logró un gesto de agradecimiento. No les di mayor importancia, me colgué la ballesta en la espalda y echando un último vistazo a la habitación, me dispuse a salir.

Con ágil giro, me colgué del marco de la ventana por el lado de afuer y me dejé caer. Ya en la calle, me dirigí a mi caballo aun bajo los murmullos y la mirada interrogante de ahora más personas que se arremolinaban en derrerdor. Calle abajo, el tabernero se adelantaba hasta la rata para recuperar su dinero. Desaté al frisón rápidamente y con un salto lo monté, ofuscándolo para que avanzara a galope.

De inmediato, superé al viejo tabernero dejándolo atrás unos metros, la gente, comenzaba a acercarse al cuerpo del caído y empezaban de dibujar un medio círculo a su alrededor, armados con palos y herramientas de cultivo, la gente se disponía a castigar al bandido, aun cuando este poco podía ya defenderse. El círculo se abrió para dejarme pasar. El rátido se había podido arrastrar tal vez unos 10 ó 15 metros desde el lugar en el que cayó, dejando tras de sí un camino con su sangre aun tibia.

Me puse a su lado y desmonté el frisón. Me incliné hacía el cuerpo y con un tirón desencajé el virote de su espalda, ante lo que la rata dio una violenta sacudida y ahogó un quejido. Era inútil ahora, pues la punta metálica se había quedado dentro. Voltee el cuerpo con el pie, desenfundé la cuchilla larga y la encajé en el cuello del antropomorfo, cegándole la vida rápidamente.

Le revisé las ropas rápidamente ante las miradas de cada vez más y más personas que se acercaban. Cuando por fin el tabernero llegó hasta ahí, yo ya tenía en la mano el saco con las monedas que la rata le había robado. Al verme ahí, de pie, con el saco en la mano, el tabernero me dedicó una confiada sonrisa y se acercó con seguridad confiada. Sin hacerle mucho caso, enfundé la cuchilla larga y caminé hasta él, tendiéndole el saco. Antes de que él lo sujetara, le pregunté con seguridad.

-¿Dijo que en “Voldum,” no es cierto?-
El tabernero se detuvo de inmediato confundido.
-¿Eh? ¡Ah! Sí, en Voldum es donde hay trabajo.- Respondió tendiendo la mano y acercándose.

Extendí la mano hasta él para ponerle el saco con las monedas sobre la suya, pero antes de que pudiera siquiera rozar la tela desgastada, sonreí con frialdad y levanté el saco por sobre mi cabeza.

-No. Creo que éste es mi motín.-

Di un giro completo y corrí al frisón, montándolo nuevamente dando un salto desde atrás y apoyándome en su parte trasera con la mano para caer sobre la silla. Lo espolee con fuerza, a lo que el caballo hizo un fuerte reparo para luego salir disparado, dejando al tabernero ahí, con la mano extendida hacía la nada. Lancé un silbido al aire, y desde el tejado de la posada, iahsser lanzó un fuerte graznido y despegó en vuelo siguiéndome.

-//-

El viaje de dos días transcurrió sin problemas; cosa extraña pues las ratas casi nunca andan solas. Casi siento pena por el viejo tabernero, pero así son las cosas, y este pequeño trabajo me había sido bien remunerado, o al menos lo suficiente para lograr el camino con comodidad.


Llegué a Voldum y travesé la palizada. El lugar estaba hecho una mierda, los rumores no habían exagerado, más bien, se habían quedado cortos pues la pequeña ciudad parecía más ensimismada y destruida de lo que se decía. Pero peor era el gesto de la gente. Parecía en sus ojos que habían perdido más que cosas materiales. Se veían conquistados, desganados. Débiles y asustados. A mi paso, la gente se abría desconfiada. Sí. Sería más fácil terminar de quitarle a ésta gente sin voluntad lo poco que le queda y largarme, pero, ¿qué de valor les puede quedar?

“A la mierda.” Pensé. Le quitaré lo que tenga a quien le haya quedado algo y luego me largaré.

Seguí avanzando por la calle principal hasta una pequeña plaza. Me sorprendió ver que la le gente se encontraba reunida, como expectante en éste lugar.

Decidí quedarme en la plaza, aun montada en el caballo para ver desde la distancia.

“Bien, veamos qué es lo que pasará…”




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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Snarl el Miér Jun 18, 2014 12:05 am

No existe diferencia entre las razas, todas son iguales, egoístas, perezosas y ególatras. Ni el llanto de las mujeres se diferencia, ahogado por el tiempo y la vejez.

Filosofo desconocido.

El cielo estaba nublado, los truenos se escuchaban a  la distancia y los rayos iluminaban la oscuridad celestial. EL pueblo parecía en calma, las lluvias de temporada habían dejado las calles cubiertas de barro, los tejados húmedos y las ventanas empañadas. Luces de velas danzaban tras los cristales, mientras rostros observaban a través de ellos. Un rayo atravesó la alta cúpula, como un destello momentáneo, preludio de la tormenta que caía. El agua, tan común en la zona en esa época, azoto, fue como si rocas cayeran desde las alturas y las inmensas montañas, a la distancia, desaparecieron de la vista por el agua.

Las noticias no eran gratas, ataques, saqueos, bandidos y asaltantes. Eran comunes en esa zona, salteadores de caminos que robaban a viajeros y que únicamente dejaban cadáveres desnudos o a veces ni eso, pero aquello… era una mayor. Los rumores hablaban de pueblos incendiados, pequeños era verdad, pero no dejaban de ser pueblos. La puerta de esa pequeña casa se abrió, la figura se sacudió el abrigo, el cual goteaba abundantemente y cerro tras de él. Un agradable fuego ardía en la chimenea, el lugar parecía limpio pero pobre, no era para estar mucho tiempo. En una silla de buena fabricación, un hombre miraba preocupado el fuego, su mente vagaba entre las preocupaciones y el miedo, mas no por él, sino por aquellos que amaba. Frente a él, otro se encontraba, sus ropas no eran tan simples como su contrario, si no que tenían infinidad de cortes y trozos, armas colgaban de su cinto y una vieja armadura, pero aun útil, cubría su pecho, un mercenario.  Aquellos hombres se giraron hacia el recién llegado y el mercenario sonrió, dejando ver que le faltaban algunos dientes, batallas perdidas o ganadas del pasado.

-Bien, ya estamos todos… como te prometí Brhan, no hay muchos que ahora deseen recorrer estos caminos sin protección, pero este tipo… te aseguro que la mirada que tiene… - No siguió, ya que el contrario le miro cansado, agotado realmente, la preocupación le carcomía lentamente y no dejaba de sobar sus manos, como si deseara partir lo antes posible. La figura se acercó, sin quitarse la capucha, no le era necesario, sus pisadas hacían un curioso sonido al pisar, muy diferente al de otros, y cuando aquel hombre miro el reflejo del fuego en la oscuridad de la capucha, comprendió que no era un “hombre” común. –Como ya lo hablamos –Volvió a hablar aquel mercenario- Bien, todo está en orden, cincuenta monedas de plata porque te escolten hasta Völdun, de ellas treinta para el mercenario y veinte para mí por el contacto, ¿conforme?- El encapuchado afirmo, no era necesario pelear por unas pocas monedas y realmente, era más que suficiente por un viaje de un par de días, por su parte, el mercader, afirmo también, solo deseaba partir.

Tras los acuerdos y pagos acordados, el mercader monto una pequeña carreta, coloco un manto sobre su cabeza y un manto sobre sus hombro, azotando a la mula, que comenzaba a mover el carro lentamente, a pesar del barro y la lluvia, a su lado, a pie, el encapuchado caminaba a paso constante, en silencio, aunque levemente quejándose por el agua y el leve frio que se colaba por sus ropas. Durante todo aquel día recorrieron el camino y no pararon hasta entrada la noche, el sueño fue ligero y cuando los rayos del sol atravesaron las densas nubes, el paraje era desolador y francamente gris. Las ruedas se trababan en el lodo y el mercenario debía de empujar la carga, liberándola de su prisión, en pos de seguir el viaje.

No fue hasta que la tarde se aproximaba, que el pueblo fue visto, un lugar claramente extraño a la vista. Lo que en un tiempo debió de ser frondoso, ahora estaba marchito y roto, el mercader no espero nada y azotando a la mula con fuerza, avanzo rápidamente, como si de ello dependiera la salvación de su vida u alma. Quien le vio pasar por la plaza central le reconoció, algunos eran amigos, otros compañeros, familiares quizás, más el hombre no se preocupó y el mercenario le seguía desde atrás, corriendo lo más rápido que podía, sin prestarle atención los hombres y mujeres que se apartaban del camino de la carreta.

Únicamente, el armatoste se detuvo frente la fachada de una pequeña casa, parecía intacta, a excepción de las flores pisoteadas. EL mercader bajo de la carreta y con una sonrisa y lágrimas en los ojos, corrió hacia la puerta, abriéndola de golpe, gritando “Sasha, Franz”, pero lo que le esperaba era diferente. Únicamente el exterior parecía intacto, el interior había sido reducido a  cenizas, no quedaba nada, únicamente restos carbonizados de lo que antes había sido su hogar. El mercader, preso de una locura y desesperación, comenzó a gritar el nombre de su esposa y su pequeño hijo, recorriendo lo que quedaba de los restos carbonizados. Algunos lugareños se acercaron, sabiendo la verdad, varios entraron, amigos y familiares, tratando de hablar con el mercader. ¿El mercenario? Esperaba en la carreta, había sacado una bolsa de monedas de esta y terminaba de contar, treinta monedas de plata, exactas. Un grito se escuchó, mescla de dolor, desesperación y locura. Sobre los restos de la mesa, los restos de una mujer, abrazando a un pequeño se encontraban. El mercader cayó al piso, gritando, llorando, balbuceando palabras irreconocibles, a excepción de los dos o tres, que repetía una y otra vez, sin detenerse, sin dejar de llorar.

El mercenario dejo la carreta y camino hasta la taberna más cercana, a sus ojos, el lugar estaba destruido, saqueado, mas no era el daño material lo que más se notaba, si no el de los ojos de hombres y mujeres. El interior de la taberna no era diferente, hombres llorando, ahogando sus lágrimas en mala cerveza, el mercenario dejo algunas monedas de cobra y pidió cerveza negra, la cual bebió con tranquilidad. Los pueblos caían, las ciudades caían y pronto, incluso los reinos caerían y todos necesitarían una espada por un par de monedas, así era su vida, así era su existencia, un mercenario, aunque libre, lejos de aquello que el había criado y visto nacer. Las arenas le eran ya tan lejanas, como también las caravanas del desierto.  Es curioso como los recuerdos hacen que los hombres divaguen muchas veces en sus memorias, y aunque aquel mercenario no era de los que remontaba el pasado con frecuencia, ira y furia muchas veces teñían sus garras y fauces… no era un hombre, era verdad y en todo el tiempo que había luchado, solamente furia había sentido, era su modo de vivir, mas entre tanta miseria, podría decirse que sentía… ¿tranquilidad? Una idiotez realmente. Sus pensamientos y memorias fueron cortados de golpe, alguien gritaba fuera de la taberna, en la calle, más no era un grito de ira o llanto, era un llamado.

-¡MERCENARIO! ¡MERCENARIO!- Era gritado una y otra vez, el encapuchado salió de la taberna, mirando quien gritaba, era el mercader, en sus manos tenía una bolsa, sus ropas estaban manchadas de fango y ceniza y su rostro, cubierto de lágrimas. Los ojos del mercenario vieron los del hombre, esos ojos, ya los había visto con anterioridad, ojos de quien ha perdido las esperanzas, de quien está roto por dentro y que ya no tiene a nada a que aferrarse más que una idea fugaz. El mercader corrió hacia el mercenario y le tomo de los hombros, sonreía, mas no era una sonrisa cuerda, sus labios se movían, pero su voz apenas se escuchaba. –Tu … tu puedes … tómalo, tómalo todo- grito, mientras le daba la bolsa, el mercenario la observo, pesada, metálica, brillante, monedas de oro relucientes, suficientes como para pasar una temporada viviendo cómodamente, sin preocuparse del techo o el alimento. –Ellos me quitaron todo…. Me quitaron a Sasha… me quitaron a Franz… todo…. Tu puedes hacerlo… tu eres fuerte, tu puedes… por favor… véngalos…. Te lo suplico… véngalos…. Te daré todo lo que tengo … todo … pero por favor … que ellos no vivan … que ellos no vivan habiéndole quitado la vida a mi Sasha y Franz- El mercader cayo de rodillas, llorando, sosteniendo las piernas de aquel mercenario.

Desde las altas montañas, un viento helado soplo, recorrió largas millas, recorriendo bosques y lagos, llegando a la  Völdun, viento que movió aquella capa y movió la capucha, descubriendo un rostro no humano, un rostro que no demostraba piedad ni humanidad, una sonrisa o una mueca semejante se dibujó en aquellos labios, dejando a la vista los dientes amarillos. De entre la miseria y las lágrimas, el chackal obtenía su sustento y  del dolor, el llenaba sus bolsillos. Un fuerte brazo levanto al hombre, sin mucho cuidado y lo dejo de lado, al parecer, el mercenario no había estado mucho tiempo sin trabajo.

Miradas de asombro y miedo surgieron, rostros que nuevamente recordaban el horror, las bestias no eran bien recibidas y aquel rostro, casi lupino, traia recuerdos de inviernos crudos y sangrientos. Volviendo a cubrir el rostro, el mercenario camino, buscaba un lugar adecuado para buscar información y al parecer, las palabras del tabernero le serian útiles "Los viejos se reunirán en la plaza", quizás les haría una ligera visita.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Kaïleen el Miér Jun 18, 2014 12:49 am

Recapitulemos. Habían pasado unos tres meses (más o menos) desde que habíamos dejado la casa junto con mi padre. Un número bastante pequeño a decir verdad, comparado con la cantidad de dificultades que habíamos tenido que atravesar. Supongo que gracias a la experiencia ya estoy más que acostumbrada a esto, pero eso no quita que después de varios días sin comer el estómago comienza a clamar por algo para procesar. Puto cuerpo ¿No se puede estar sin hacer nada y ya? Nos simplificaría las cosas a ambos. Y cuando tienes tanto tiempo de caminar y caminar, así, apuntando a la nada, comienzas a preguntar cuál es el motivo del emprendimiento. En este caso en particular, yo no estoy muy al tanto de la situación, solo estoy siguiendo a papá por donde el nos lleva. Vale, he venido porque he querido, lo admito, así que no tengo más opción que abstenerme a las consecuencias de mi decisión.

Tuve dos motivos para decidir seguir al viejo, que por cierto podría ser un poco más comunicativo (para alivianar el aburrimiento durante el trayecto). El primero de ellos, es que quiero saber qué es lo que va a hacer. Sí, en muchos casos la curiosidad me puede, y este es uno de ellos. Además, creo que esta travesía está íntimamente relacionada con su nueva habilidad para ejecutar conjuros y hacer magia. Demasiado serio va el tipo, y se esfuerza tanto por caminar a un ritmo apresurado que me voy oliendo la importancia de lo que estamos haciendo. La verdad es que no lo conozco demasiado, ni siquiera sé si su actitud es común, pero algo se trae entre manos. Me lo puedo oler aunque mi nariz no sea precisamente prominente, ni tenga poderes mágicos para meterme en su mente. Es sencillamente el sentimiento que se ha colado dentro mío, por su culpa.

Mi segundo motivo, y tal vez el más importante, es que el viaje nos ha permitido escapar de los contornos del Imperio, y con ello mis prácticas para realizar hechizos se han visto incrementadas en cuanto nos encontrábamos en algún paraje deshabitado. Y se siente muy bien estar lejos de mi hogar, y de esa ciudad que me deja más un gusto amargo, que un sabor dulce en mis memorias. Claro que extraño a mis hermanos, y me pregunto cómo estarán ellos, pero también disfruto mucho del silencio o a lo sumo el suave murmullo de los animales que habitan los bosques (no es que sean precisamente un paraíso, pero son buenos lugares para despejar un poco la mente). Como paga, lamentablemente, mis piernas se han visto mermadas por tanta exigencia física, aún a pesar de que suelo caminar bastante. Sino fuera por la infancia que tuve, creo que ya habría muerto por el agotamiento.

Lo peor había pasado ya: el territorio que el viejo me definió como "Zhakesh", y otro sitio denominado "Pantano de Swash". Y luego el viaje en barco, claro. Cómo odié el puto barco... El agua me encanta, ver el mar era realmente fascinante; pero los vómitos que me venían cada dos por tres sumados a los constantes dolores de cabeza fueron una verdadera putada. Incluso creo que prefería estar sumergida hasta las caderas en lodo dentro del pantano. Un verdadero suplicio todo, pero supongo que es el precio a pagar por la aventura que tanto llama mi atención. Putos sueños idilios que me pintaron la realidad de una forma tan distinta, cuando siempre tuve un contacto duro y frío con ella. Que por cierto, me ha resultado extraño que el viejo tenga un mapa ¿De dónde carajos había obtenido el dinero para poder comprar semejante cosa? Ojalá tuviese la gallina de huevos de oro... Porque a él suelen faltarle cuando de su familia se trata.

Se supone que tenemos que llegar hasta Jyurman, o algo así y la verdad es que tengo ni la más mínima idea de cuánto falta ni nada de eso. Es un fastidio no estar al tanto de la situación, pero no me he quejado con nadie más que conmigo misma en mi vida, y hoy no será la excepción. Después de pisar pura hierba y suelo blando, no me parece demasiado divertido tener que caminar ahora sobre la roca, de una cadena montañosa (de la cual ya me he olvidado el nombre), pero es bastante energizante y especialmente estimulante el tener que ir moviendonos a través de la superficie que va en subida. Agradezco el hecho de que por ahora no nos haya salido al encuentro ningún animal salvaje de tamaño considerable, porque estoy un tanto cansada como para hacerle frente a nada. Y supongo que el viejo debe estar casi igual o peor que yo.

Debemos ser un interesante par, con los peinados desacomodados, y las ojeras bien marcadas bajo nuestros ojos. Más fantasmas que humanos, diría yo. Ya se va cerniendo la tarde sobre nuestras cabezas, y a lo lejos notamos luz. A pesar de lo escasas de mis fuerzas, sé que lo mejor es avanzar para obtener algo de buen descanso; la pregunta que me interesa es si el viejo va a querer o no. Lo he notado un tanto esquivo al contacto humano, pero supongo que su cuerpo clamará por hacerme caso. Lo necesitamos los dos... Aunque sea podremos colarnos en algún establo con los animales. Con el calor de otro ser me basta. Desde que nos hemos propuesto atravesar las cumbres, el clima se ha tornado mucho más frío, y aunque durante el día es un alivio no tener que soportar demasiado calor, a la noche mi piel se eriza debido a las bajas temperaturas. Mejor morirme por suicidio antes que por culpa del frío.

Parece que al menos por esta vez terminamos por estar de acuerdo, algo un tanto extraño a decir verdad. Pero no podemos ni discutir, solo sabemos que tenemos la maldita esperanza de alcanzar ese poblado, o lo que sea. Ni siquiera tenemos la certeza de si allí habitan humanos, pero ahora mismo, la idea de que me cocinen en un olla gigante y ser devorada por algún trol o similar no me parece tan fea. Al menos se me calentaran un poco los músculos que siento demasiado agarrotados, como si cada uno de ellos cargase una bolsa con piedras dentro suyo. En mi puta y muy perra vida me vuelvo a mover de mi casa, pequeña, poco acogedora, pero siempre con las puertas abiertas al menos (porque sí, no hay dinero como para ponerle una). Y así, entre insultos y pensamientos erráticos, es como llegamos al pueblo.

En su entrada se nota ya que algo no marcha bien aquí ¡Genial! Caminamos como unos estúpidos por nada. Es obvio que aquí se desató algún tipo de guerra, o asalto por el cual el sitio ha quedado desolado. Cadáveres y casas quemadas conformaban un bonito panorama, que mis ojos se pusieron a inspeccionar de inmediato ¿Sería muy exagerado meterme en la primer construcción derrumbada que encontrase y ver qué me podía sacar de allí dentro? Robar no va conmigo, incluso aunque esté desesperada. Si he podido salir de situaciones peores que esta, no tengo que rendirme aún. Y además tenía a alguien más que me ayudaría en el cometido de sobrevivir.

O eso creí, hasta que al viejo sugirió que saliésemos bien temprano al amanecer. En un tono que no admitía ni la más mínima queja. Mi mente se cerró de inmediato. Ni estando ebria aceptaría lo que él proponía en tono de orden. Ambos necesitamos descansar, a pesar de su terquedad que no lo llevará demasiado lejos. Ser intrépido no significa ser estúpido,  y hacía por lo menos dos semanas que no cruzábamos ningún pueblo, y esta es una oportunidad que no podemos dejar pasar. Yo me quedo aquí he dicho, tú vete a cagar por donde se te apetezca. Mi cuerpo me ha dicho que es suficiente, y eso que ha sido maltratado durante una buena parte de mi juventud. Estás a punto de amenazarme con el bastón, montando un numerito sin espectadores, pero el hechizo sale mal y para colmo te deja sin fuerzas siquiera para sostenerte en pie. Nunca me has sido útil para nada, y aún así no puedo dejarte tirado ahí solo, eres mi padre. Y haces que me odie a mí misma. Pero no voy a dejarte tirado, tú tranquilo.

Me acerco para ver si todavía respiras y siento que mi cuerpo se vuelve más liviano en cuanto lo compruebo, dejo escapar el aire aliviada. Por un segundo la tensión dentro mío había sido bastante intensa. El problema es, mi querido padre, que no puedo cargarte ahora mismo y necesito la ayuda de alguien. El sentido común me dice que me acerque hasta la puerta más cercana, pero la verguenza me lo hace pensar algunos segundos ¿Qué coño? ¡Por todos los cielos! De verdad que me afecta el cansacio; yo no conozco la verguenza. Me paro y voy hasta la primer casa que encuentro. Joder, que no quiero caminar más, a pesar de que solo sean unos tres metros. Me acomodo el pelo antes de llamar a la puerta, y ahí va mi mano, contra la madera.

A pesar de todo, pinto una sonrisa un tanto forzada, intentando ser agradable. Que no es divertido que te llamen a la puerta a estas horas. Y cuando viene a abrir, es casi como estar frente a un espejo, con una versión masculina de lo que soy yo ahora mismo. Solo dolor y lágrimas por sus ojos, apariencia desgarbada, el corazón probablemente roto-Noches-Saludo alzando ligeramente la cabeza como para hacer algún gesto. Creo que el "buenas" está de sobra para esta ocasión. Me obligo a mí misma a hablar, porque tengo el presentimiento de que me cerrará la puerta en la cara-Haré lo que sea si cuidas al viejo hasta que despierte-Tono ensayado, dedos enredándose en mi cabello, postura relajada y mirada divertida a pesar de la apariencia desgastada. Es lo que sé hacer, es lo que pienso aprovechar a mi favor. Primero me echa una mirada desconfiada, cómo analizando si soy alguien de peligro, pero supongo que debo dar tanta lástima que finalmente se resigna a ayudarme

No, no parece tener intenciones sexuales conmigo sino da la sensación de que es otra cosa lo que lo mueve a misericordia. No dice nada, pero en silencio, supongo que por el dolor, se acerca y le ayudo a levantar a mi padre que se ha desmayado-Gracias-Musito, esforzándome por caminar-Volveré mañana, con la paga-Prometo, mirando a aquel hombre con el resto sucio por las cenizas que niega pero no puede articular palabra aún. Me obligo a mirar al frente, porque no quiero quebrarme ahora mismo, y necesito mantenerme centrada para lo que se viene ahora. Lo mismo de hace algunos años, encontrar a algún tío medio idiota, pasado de copas, que tenga ganas de "divertirse", como dicen ellos. Doy asco. Pero pretendo mostrar otra apariencia. Así que ahí voy, saliendo de aquel hogar mortuario, con la cabeza alta y oculta tras la maraña que es mi pelo, apoyándome en el bastón que había quedado tirado en la calle en cuanto ayudé a que papá quedara en la casa. Sí, directamente a la taberna, a dar consuelo a las pobres almas, aunque sea solo físico.

Cuando llevo al menos dos minutos arrastrando los pies, un grito llama poderosamente mi atención. Los sonidos fuertes siempre logran que desvíe mi mirada hasta su fuente emisora. Y veo a un hombre, clamando por un mercenario ¿De qué va todo esto? No es mi asunto, reconozco, pero me gustaría saber qué es lo que pasa. De todos modos no pienso entrometerme entre las dos figuras. No estoy buscando problemas, ahora mismo busco soluciones. Pero los sigo observando a medida que me acerco. El uno se cae de rodillas, el otro tiene un porte bastante impresionante. Porque no es humano. Se me escapa una sonrisa sin querer ¿Qué clase de criatura es esta? Pero de nuevo, no es asunto mío aunque los sollozos del tipo se escuchen a unos cuantos metros de distancia. Pero entonces lo veo: una bolsa y el metal que brilla entre mis pupilas. Tal vez desde hoy me empezaría a cuestionar mi rechazo a practicar la zoofilia, y creo que la imagen mental que acabo de tener nunca se terminará de borrar de mi mente. Estoy enferma, pero no me preocupa. Es un mercenario, lo sé, pero aún así me parece tentadora la idea de intentar cargármelo con magia. Y así es como terminaré junto con el viejo...

En mi actual estado soy capaz de decir cualquiera cosa, y sabiéndolo estoy sospesando la idea de ir directo hacia el mercader y ofrecerme de mercenaria yo también, a ver si le apetece pagarme aunque sea una mísera moneda. Cuando estoy a punto de ir a hablarle, noto que estoy frente a la puerta de la taberna. Ah, pues que es lo mismo, de una u otra forma conseguiré dinero, así que finalmente decido por entrar a ese lugar. Que recinto más lúgubre... Terminarán matándome con esos ánimos que llevan estos tipos. Pero quiero enterarme de qué es lo que ha pasado-¿Te importa, guapo?-No claro que no te importa, si llevas más alcohol que sangre en las venas y lo único que quieres hacer ahora es perder la vida, y te comprendo, así que por eso me siento en la mesa frente a ti. Se me escapa un suspiro de alivio, debido al momentáneo descansa, e involuntariamente cierro los párpados y me humedezco los labios-¿Qué es lo que ha pasado en la ciudad?-Me da gracia que no puedas contestarme, pero tengo la garganta demasiado seca como para poder reírme. Alguien mira hacia mi y yo devuelvo la mirada, pensando en qué problema hay conmigo-¿Es que no te enteras mocosa?-Le perdono lo de mocosa al desconocido, que parece demasiado afectado por las pérdidas-Nos han dejado sin nada-Ni siquiera una mirada, tiene los ojos vacíos, carentes de vida. Y ya no me da más información, se vuelve a lo suyo-A saber si no será una espía queriendo saber cómo será el contragolpe...-Sí, aunque no sé de cuenta, y crea que no le presto más atención, veo que le farfulla eso a otro que lo acompaña ¿Un ejército o algo así? Tal vez pueda enlistarme o algo parecido, y luego desaparecerme cuando se me de la gana con uniforme y alguna ración gratuita. Suena bien ¿No? Pues ahora tengo que saber por dónde seguir con esto.

Estoy a punto de llamar al cantinero, en cuanto noto un aviso apenas fijado contra la pared y entrecierro los párpados para enfocar mejor y así poder leer que allí dice. Están reclutando gente para emboscar a los bandidos... Uhm, me resulta interesante tentar a mi suerte y ver qué puedo sacar de esto. Lo malo es que aún no estoy en condiciones de participar en una batalla. Joder, me muerdo la lengua molesta conmigo misma, pero la suelto en cuanto sigo leyendo y deduzco que la partida es en tres días. Sí, allí estaré en la plaza, para cuando las tropas salgan. Nunca se sabe qué beneficio se puede sacar de situaciones como estas. Mientras tanto me ocupo de sacar al borracho de ese lugar y dejo que me guíe hasta su casa. Al menos, podré probar bocado en cuanto se quede dormido después de satisfacer su apetito sexual. Y sí, una vez más en mi vida tengo ganas de morirme, pero no me dejo.

Yo voy a estar en esa plaza. Y así se cumple al tercer día de haber llegado. Pero no como esperaba.

EDIT: no había leído el off, así que por eso edité el post.


Última edición por Kaïleen el Miér Jun 18, 2014 2:30 pm, editado 1 vez
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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Tarisa Unami el Miér Jun 18, 2014 1:15 am

-¡Hanar, detrás de usted!- El enano reaccionó y golpeó al mal viviente que se abalanzaba sobre él, golpeándolo con el hacha. El hombre cayó, muerto. Mi puño se encontró golpeando la sucia cara de un asesino que, naturalmente, intentaba atravesar mi corazón con una espada oxidada. A duras penas, no lo logró.
Las casas ardían y el cielo nocturno será golpeado por el resplandor de las llamas avivadas, como si del mismísimo infierno se tratase. La blanca nieve estaba manchada con sangre, cual lienzo salpicado de tinta roja. El calor y el frio golpeaban mi cuerpo y mi respiración era agitada. Me dolían las manos. Estaba cansada, el cualquier momento podía desfallecer.

-¡Tarisa, céntrate! – El enano estaba tan agotado como yo, quizás más. – ¡Los hombres se están lanzando al combate, las mujeres son violadas y los niños quemados. Tenemos que hacer que los bastardos que nos atacan se retiren!- Era horrible; en la mañana, El señor enano, Hanar, y yo llegamos a este pueblo de visita para la posadera local, Ymir, la hermana del señor enano. Todavía no lo entiendo, pero, como si hubiesen sido invocados por algún poder maligno, una horda de bandidos, asesinos y malvivientes se lanzaron sobre el pueblo en un asalto visceral.

-¡TARISA!- La advertencia del enano no llegó a tiempo: un hombre con un garrote me golpeó en la cabeza, lanzándome al suelo. Hanar corrió a mi auxilio y cortó en dos al malviviente. Me puse de pie, auxiliada por el señor enano, cortando el aire, una flecha maldita recorrió la distancia y se insertó en su espalda.  No pude hacer nada, el golpe me había dejado aturdida (y, posiblemente, un enorme chichón en la cabeza). El enano cayó en sus rodillas, hice lo mismo. No dejaba de ver sus ojos, no quería que la luz los abandonara. No quería que muriera.
Con un grito estridente, alguien anunció la retirada de los bárbaros y todos, como cucarachas ahuyentadas por la luz, se replegaron. Yo seguía viendo al enano, a quien le caían lágrimas por las mejillas.
-Hace frio- Musitó el enano.
-Hanar, por favor…- Mi voz era rasgada, apenas podía contener el llanto. –Todo esto, es por mi culpa. Si me hubiera conocido en aquel barco, si no se hubiera ofrecido a ayudarme. Usted estaría ahora con su hermana, y noY no hubiera conocido a una amiga- El enano me interrumpió- Tarisa, estas semanas que pasé con usted fueron realmente mágicas, pocas personas se harían amigas de un engendro. Y, ninguna, se ofrecería a mostrarle el mundo.- -Pero… - - Nada. Ahora, debo dormir, que Ymir me espera para que la ayude con la taberna…- El enano cerró sus ojos. Lo moví junto al cadáver de su hermana. Ambos parecían tan tranquilos. Ymir tenía la garganta rajada. Yo me quedé junto a ellos, hasta que el alba hizo presencia.

Los habitantes del pueblo habían terminado de apagar las llamas y juntar los cadáveres, incluidos los de Ynir y Hanar. Se les hacía difícil acercarse a mí para recoger los cadáveres. Ellos exigían justicia, exigían sangre. Los pocos sobrevivientes se consagraron en la plaza, para responder a un cuervo que había llegado. No escuché lo que decían, tampoco me interesaban. –
-Marchamos a Völdun.- Gritó un hombre.-Tú, engendro, con nosotros.- Obedecí la orden sin chistar. ¿Qué más me quedaba?.

Caminamos durante medio día. Durante todo el trayecto, el ambiente estaba lleno de sollozos, bostezos e insultos hacia mi Pero no me inmutaba, me daba igual. El paisaje montañoso era tan monótono. Finalmente, arribamos a nuestro destino; un pueblo más devastado que el anterior. La gente comenzaba a consagrarse en la plaza principal. Hicimos lo mismo.



FICHA

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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Seor Grusberk el Lun Jun 23, 2014 7:03 pm

Las llamas iluminaban intensamente la noche mientras devoraban con violencia las casas y edificios del pueblo, reduciéndolos a un simple montón de cenizas y escombros inútiles. Mientras tanto el mago corría por las calles para salvar su vida. ¿Cómo había llegado a esa situación?


Hace unas cuantas horas que había llegado a ese pueblo, llamado Voldum, siguiendo un rumor de una fortaleza supuestamente abandonada, que como después descubriría no estaba tan deshabita. Pero no le interesaba la fortaleza en sí, sino algo que podría haber en ella como libros antiguos, pergaminos, escrituras y demás parafernalia por el estilo, a Seor le interesaba expandir su conocimiento y nunca desaprovechaba una oportunidad como esta.


Esa misma noche, cuando el mago estaba en la taberna bebiendo aguamiel para quitarse el frio,  escuchó  unos gritos fuera y fue a mirar, y ahí empezó todo esto, la gente corría mientras unos maleantes empezaban a saquear y a quemar el pueblo, a la vez que masacraban a cualquiera que se cruzara con ellos, y Seor estaba atrapado en ello por el maldito rumor que había escuchado de la fortaleza, si no lo hubiera oído, no estaría en Voldum ese día, y no estaría en medio de una incursión entre casas ardiendo y cadáveres de pueblerinos, pero qué se le iba a hacer, el destino es caprichoso, y en ese momento la suerte no estaba de su favor.


Estuvo  corriendo entre los callejones del pueblo intentando evitar a los bandidos para no acabar muerto, no es el a él le  costara mucho acabar con alguno de ellos, pero eran demasiados, y si se enfrentara a  ellos acabaría como cadáver,  opción que le desagradaba un poco.
Fue a cruzar una calle cuando de repente uno de los asaltantes salto sobre Seor.
-Me voy a divertir mucho destripándote- Dijo bandido, el cual era el hombre menos agraciado que había visto en la vida, mientras forcejeaba para clavarle un cuchillo en el vientre.
Seor se desembarazo de el con una patada, se levantó rápidamente y levanto su bastón apuntando al bandido mientras canalizaba su hechizo a la vez que el bandido cargaba contra él. Una bola de fuego azulado salió disparada para dar impactar en el hombro del bandido explotando y esparciendo fuego sobre el pobre desdichado que empezó a gritar mientras veía como su hombro empezaba a congelarse gracias al gélido fuego que ardía sobre él. Con un rápido movimiento el mago le dio un bastonazo en el brazo congelado haciendo que este estallara decenas de pequeños fragmentos de carne y sangre congelada del hombro mientras caía al suelo el resto del brazo del hombre.
-Me las pagaras- dijo el bandido que huía mientras se agarraba donde antes había estado su brazo.
-Pufffff-Suspiro- Ha faltado poco, tengo que encontrar un lugar seguro.


Seor siguió andando por las calles con los suelos ensangrentados y las casas ardiendo, perdiéndose en el pueblo, hasta llegar a lo que parecía un callejón sin salida, donde se escondió detrás de un muro, para pasar desapercibido hasta que los bandidos se fuesen.


A la mañana siguiente, cuando decidió que era seguro, salió de su escondite, para ver la escena que habían dejado los bandidos, y que ya había vito la noche anterior, cansado por estar de insomnio, deambulo por el pueblo para acabar en el centro donde los supervivientes se estaban reuniendo.
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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Feng Roshi el Mar Jun 24, 2014 6:32 am

Era otro día de esos completamente comunes que tenia, de esos días que echaba de menos cuando todo se torcía, uno de esos días en él que el camino era tranquilo. Un día despejado, donde el murmullo de la naturaleza se escuchaba por encima del ruido del camino.

Uno de esos días en el que caminaba tranquilo sin miedo a que me robaran, por que no habían muchos escondites cerca del recorrido, sin miedo a encontronazos con carretas, pues casi no habían en el camino, y el mismo camino, y a pesar de ser poco transitado, era ancho como para que pasaran dos carretas y dejar un poco de espacio para uno o dos personas de a pie.

El mayor ruido que se escuchaba era a lo lejos los cascos de un caballo contra el suelo, de un viajante que iba totalmente cubierto por una capa de viaje que tenia capucha.

Del resto, en todo el camino había un hombre caminando junto a una mula, bueno junto a la mula no, mas bien arrastrando la mula testaruda hacia delante, iban mas lentos que yo y enseguida los rebase, pude escuchar que el hombre maldecía a la mula, como si esta pudiera escucharle, pero no le preste mayor atención. También teníamos a una pareja, ya mayor, con un niño agarrado a los brazos de sus padres, y por ultimo otro viajero solitario, con capa, pero sin capucha, que viajaba disfrutando del paseo pues respiraba con cada paso, y parecía que disfrutaba con el viaje al aire libre.

Ese hombre era igual que yo, en muchos aspectos, yo también disfrutaba enormemente de este viaje tranquilo, y con poca gente. Y así fue el viaje durante este día, tranquilo, incluso aburrido, pero aun así realmente satisfactorio. Me dirigía a ningún lado en especial sin ninguna preocupación en especial, y disfrutando de un ambiente tranquilo.

Pero el destino quiso que mi paseo no fuera tranquilo todo el día, ya acercándose la noche, durante los últimos rayos del sol, el camino cambio, de frente venían unos 6 carromatos, totalmente cargados, y mucha mas gente alrededor y detrás. La paz dio lugar al caos, el silencio, a un constante golpe de las ruedas con el suelo al atravesar el terreno y toparse con las constantes piedras.
Pero no solo eso, cuando las personas estuvieron mas cerca, se escuchaban lamentos, ruidos de conversaciones, discusiones entre gente, un barbullo grande, y de vez en cuando una mujer llorando y gritando, era imposible no preguntarse que pasaba, por lo que me detuve a preguntarles.

Y la respuesta fue una ducha fría, un despertar de un sueño idílico del que estaba durante todo el día, volví a extrañar un día común y corriente en el que nada pasaba.

Un ataque, horrible y terrible, la gente huía, y según decían no eran ni los primeros ni serán los últimos, un poblado en peligro, y mas gente en dificultades. Mi honor de monje y mi preocupación estaban muy presentes, y apresure el paso, debía ir en la dirección de donde provenía la gente, aun estaba lejos pero tarde varias horas, llegando a altas horas en la madrugada. Demasiado tarde para entrar, así que acampe a las afueras y dormí un par de horas, al resguardo de un gran árbol, y apartado del camino para que no se me viera, tenia el sueño ligero en esas situaciones, por eso no temía nada.

Al día siguiente, temprano, me levante, comí algo de mis provisiones, y entre en el poblado.

Caos, así podría resumir lo que veía, el pueblo estaba fatal, la gente movía escombros de un lado a otro con desgana, e intentaban arreglar lo que pudieran, me ofrecí voluntario para ayudar en cuanto pudiera.

Me entere bien de lo ocurrido, por lo visto hace 3 días vinieron bandidos y se lo llevaron todo, violaron a todas, y mataron a casi todos, los supervivientes intentaban hacer cuanto podían, pero ya antes había visto un grupo grande irse, y ahora veía algún otro grupo que tal vez quisiera irse.

La cuestión es que entre encargos y cosas, acabe en una plaza, con bastante gente reunida, supongo que la gran mayoría de lo que queda de pueblo, por lo visto se estaban reuniendo para algo, me quedaría a escuchar, quería echar una mano.
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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Managarm el Mar Jun 24, 2014 9:06 pm

El ruido de la multitud apretada en aquella plaza era cada vez más fuerte. Los lametos y gritos de la gente se podrían oír a una lengua de distancia, pero todo se calmó en cuanto el viejo alcalde subió al estrado junto con varias personas. Una de ellas era el propio Cáel, que traía a rastras y en deplorable estado a un hombre joven. Junto a ellos subieron también dos hombres más; uno de ellos tenía melena rubia y barba del mismo color. El otro hombre tenía el pelo canoso, pero tenía el porte de una persona veinte años menor.

Cuando por fin se calló todo el mundo Ahern empezó a hablar. –Como ya sabéis todos, este pueblo fue victima de un asalto hace tres días, no ha sido el primero ni será el último. Por eso estos tres últimos días nos hemos dedicado a reunir tanto información como recursos para poder atacar la base de estos saqueadores. Cáel.-
-Este hombre que veis aquí- El viejo guardia tiro de la cadena que ataba al preso –es uno de los bandidos que atacaron la otra noche, tras una… exhaustiva recopilación de información hemos conseguido saber que los bandidos se hallan en la fortaleza de Toldar, y son cerca de veinte hombres bien armados.- El murmullo ascendió hasta hacerse casi imposible estar atento a ninguna conversación.  -¡Silencio!- de un grito Cáel consiguió que la multitud se callase.
Ahern tomó la palabra –sabemos que la situación no nos favorece, pero tenemos que actuar, la fortaleza se encuentra a un día y medio de camino, la expedición saldrá hoy, cuando el sol esté  en su cenit. Hall dirigirá la misión desde aquí junto con su…  socio Managarm.- Hall asintió con la cabeza y el alcalde prosiguió. –haremos listas de reclutamiento, no es obligatorio apuntarse, pero aquel que se apunte tendrá su recompensa y en caso de que muera, nos aseguraremos de que su familia reciba lo suficiente para poder alimentarse, quien no quiera apuntarse está en su derecho.- Ahern se hizo un mal movimiento y estuvo a punto de caerse. Hall le sujetó a tiempo.
-Descansa un rato viejo amigo.- Alzó la voz para que todos le oyeran -se que la situación es dura, pero si colaboramos podemos hacer frente a esos bandidos.- se volvieron a oír murmullos –Managarm y yo dirigiremos la operación desde aquí y ayudaremos a reconstruir el pueblo, nuestra compañera Almeer acompañará a aquellos que se presenten voluntarios y nos comunicará las noticias que haya.-

Poco a poco la multitud se fue dispersando,  la plaza empezó a quedarse vacía, salvo por algunas personas que no dudaron lo más mínimo en apuntarse, había gente que no tenía nada, otros que simplemente sentían la obligación de vengar a los que habían sido sus vecinos toda su vida. Otros, sin embargo se fueron a sus respectivos hogares, para hacer preparativos o simplemente para esconderse hasta que todo pasara. Los voluntarios de los distintos pueblos e quedaron en un rincón de la plaza esperando a que se abriesen las mesas de reclutamiento. Estos, en su mayoría campesinos, venían armados principalmente con hoces y orcas lo cual iba a servir de poco en el “asedio” de la fortaleza.

Managarm y Almeer supervisaban las inscripciones, mientras Hall, Cáel y Ahern se apartaron a un lado para tratar otros temas como la reconstrucción del pueblo, y como podían afrontar los ciudadanos el siguiente invierno en caso de que no recuperasen los viveros perdidos. Por fin habían terminado de inscribirse aquellos interesados, algunas personas no habían querido hacerlo, especialmente mercenarios venidos de las ciudades, los cuales cobrarían su recompensa de una manera u otra. En total había treinta y dos personas aptas para el combate, esperaban que fuesen suficientes. Habrían sido uno más de no ser porque el alcalde le prohibió a un niño de unos diez años ir con el grupo, a pesar de que había perdido a sus padres y su hermana se moría.

Cuando ya todos estaban armados y listos se dispuso la marcha. Cáel junto con Almeer abrían la marcha, mujeres y niños despedían a aquellos hombres que se iban a luchar, hijos, maridos, hermanos, les despedían como si de un ejército antes de una gran batalla se tratase, aunque la mitad tenían de soldados lo que de nobles. Poco a poco la comitiva se fue alejando del pueblo, adentrándose en el bosque que marcaba los límites de la localidad.

El comandante avanzaba con paso rápido por los túneles de aquella fortaleza. Los túneles formaban un laberinto casi interminable pero sus hombres habían marcado el camino correcto mediante antorchas lo que facilitaba el tránsito. Tardó poco en llegar a una sala ovalada, la cual tenía un altar en el centro. Al lado de este estaba un hombre encapuchado. –¿qué es lo que has hecho? Ya me han desaparecido tres hombres, no sé lo que pretendes “mago”- dijo esto último con asco mal disimulado. –pero como la cosa siga así no respondo por mis hombres.-
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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Snarl el Miér Jun 25, 2014 11:42 pm

Los humanos son como ratas, cuando están asustadas se reúnen, esperando no ser devoradas por las bestias.

Caudillo Orco.

Como un grupo de asustados roedores, de alimañas que temblaban, los hombres y mujeres se reunieron cerca de aquello que les gobernaban. El lodo parecía no importunarles, ya que en sus mentes solamente había dolor y tristeza. El mercenario se mantuvo alejado, lo suficiente como para no tener que aspirar el aroma que impregnaba aquellos seres, pero no tanto como para no escuchar las palabras que profesaban esos hombres en su desesperación. Los hombres hablaron, uno tras otro, mostrando un simple prisionero… vivo … y aun por lo que podía ver el antropomorfo, demasiado “sano” para haber dicho todo lo que realmente sabia ¿acaso le habían torturado?, si era así, lo habían hecho de una forma bastante burda y suave. La información que siguieron relatando parecía más útil que la verborrea que parecía decir con rapidez. Una fortaleza, un punto interesante, si el antropomorfo estaba en lo correcto, sería un lugar que les daría ventaja a los defensores, y claramente no sería fácil asaltar si eran un grupo numeroso. El número tampoco parecía ser un problema, a diferencia de lo que decía el humano, el mayor problema sería entrar sin ser vistos y no terminar con una docena de flechas o virotes en el cuerpo.

Los murmullos de los aldeanos parecieron hacer eco contra los muros a medio derrumbar, tal fue la molestia que causo para el inhumano, que una mueca de desagrado se mostró, una mueca mostrando los dientes en forma amenazante, fue una fortuna que los lideres les hicieran callar, o el schakal hubiera tenido que intervenir para que se hiciera el silencio.  Después de algunas palabras que no le interesaban al mercenario, los aldeanos comenzaron a dispersarse y alejarse, en ese momento, los que se habían quedado, pudieron ser mejor observados por el encapuchado. Algunos parecían claramente guerreros, un enano y varios humanos, algunos demostraban que eran fuertes y estaban armados con diversas armas, algunas bastantes peculiares, quizás le serian de utilidad más adelante, si no era como herramientas, lo serían como cebo. Tras unos minutos aguardando, el mercenario dejo aquel muro que le había servido de apoyo y camino hasta donde estaba uno de los que habían hablado a la muchedumbre asustada. ¿Su nombre? No lo sabía, no era que le importase mucho, pero en esos momentos, era mejor no dejar ver los colmillos y las garras, hasta que estuvieran lo suficientemente cerca del cuello como para no poderse evitar.

-Tu eres uno de los que hablo a los… aldeanos- Aquella pausa había sido inconsciente, por naturaleza el mercenario no se refería a los individuos como tales, sino como una raza, una forma simple y a la vez despectiva de mencionarlos. –Hay un humano que me ha pagado por la cabeza de los responsables de la muerte de su familia… y por lo que han dicho, son los mismos que han causado esto. –El schakal hablaba con tranquilidad, algo que no le era demasiado familiar por naturaleza, pero necesario en esos momentos si quería información. –Han mencionado una fortaleza y si es… el agujero donde se han refugiado esos saqueadores, me seria de utilidad saber lo que sepa de ella… no es bueno viajar a las fauces del lobo sin saber cuántos dientes tiene-

La mirada de aquel humano no le era desconocida a Snarl, habiéndola visto infinidad de veces en incontables razas, mas sus palabras hicieron que una sonrisa burlona saliera de los labios caninos del antropomorfo. “No puedo decirte mucho de esta fortaleza” Comenzó a decir, aunque el schakal dudaba de ello, los humanos jamás decían la verdad completamente y únicamente después de un par de huesos rotos, el nudo de sus lenguas era desatado. “Todo lo que se dice de ella son rumores, historias de miedo para niños. En lo que todos los rumores están de acuerdo es que lleva años deshabitada, algunos dicen que varios siglos, otros que incluso milenios. Está situada en peñasco y para nuestro pesar sólo tiene dos puntos de acceso y uno es casi inviable”  Aunque parecía que no había dicho mucho, el antropomorfo había sacado algunas conclusiones. El lugar había estado deshabitado, por lo que alimañas y bestias de seguro habían invadido los pisos inferiores y catacumbas si las poseía … el único camino que existía para llegar, estaría protegido y vigilado, aun cuando fueran idiotas, aquellos saqueadores deberían de tener alguna pisca de sentido común, lo que le podría jugar en contra.

Unos instantes pasaron, instantes de silencio en que solo se escuchó el alboroto común del pueblo, fue la voz del hombre, lo que rompió aquel silencio, el mercenario no se había movido de su lugar y con una sonrisa giro su rostro, hacia aquel hombre. Ahora que estaba más cerca de él, podía ver algunas heridas, más ninguna de importancia, que desperdicio realmente. Como un brillo maligno, una idea cruzo su mente, algo que le podría ser útil, muy útil realmente para más adelante. –Supongo que ya no lo necesitaras- Pronuncio, los hombres miraron extrañados, antes de poder reaccionar y ver como el brazo del mercenario agarraba la cadena del prisionero y tiraba de ella con fuerza animal, arrastrándolo con violencia por las escaleras. Los hombres gritaron e intentaron detenerlo, llamando la atención de más de un aldeano que observaba desde los restos de su casa o las ventanas sucias. Ellos hubieran detenido al mercenario, si no hubieran escuchado sus palabras, simples… y a la vez carentes de humanidad –El pueblo requiere una compensación-.

Aquel prisionero gritaba, atrayendo más y más miradas, mientras era arrastrado, hasta el centro de la plaza, donde todos podían verle con facilidad, el mercenario sonrió, mientras soltaba la cadena, casi como si le liberara… nada más lejos de la realidad, con violencia y furia comenzó a pisar una de las rodillas de aquel hombre, una y otra vez, sus gritos resonaban con el dolor que cargaba. Más de uno de los aldeanos sonrió al ver ello y aún más cuando la pierna quedo en un ángulo completamente anormal, la rodilla se había roto tras tantos golpes, el bandido se quejaba de dolor, maldecía y lloraba, mientras Snarl miraba a los humanos que se habían acercado. –Un obsequio… para que los muertos dejen de gritar- Y camino, camino alejándose lentamente, mientras solamente escuchaba… y sonreía, escuchaba gritos… escuchaba puertas abrirse, escuchaba hombres y mujeres, escuchaba violencia y locura, olía sangre, dolor y lágrimas… olía salvajismo y desesperación, venganza y retribución. El schakal no necesito girarse para saber lo que sucedía tras de él, solamente debió de recordar el pasado y volver a evocar la mirada de aquellos que iban a  ser asesinados por la desesperación.  

Dejando la plaza para aquellos que lo necesitaban, se encamino por una callejuela, el aroma a quemado y cadáveres se mezclaba con el de lágrimas y lodo, pero junto a ello, el de carbón y metal, algo que el antropomorfo reconocía. Una construcción de roca parecía haber sobrevivido al fuego que había azotado a las demás casas, un letrero roto colgaba de una cadena, la herrería, el Schakal entro, encontrándose con dos hombres, un cliente y alguien que parecía ser el herrero o no tanto, ya que no parecía como tal. El lugar, que en el exterior parecía casi intacto, por dentro estaba destrozado, armas rotas, muebles quebrados y apilados en un rincón, se había luchado en aquel lugar, el aroma a sangre lo delataba. El joven miro al mercenario y pregunto que deseaba, si en un momento la idea de reformar su espada había cruzado por su cabeza al schakal, ahora esta había desaparecido al ver el estado del lugar. –Deseo una espada curva- Pronuncio, el vendedor le miro con una mueca de molestia al mercenario y mascullo algo de que “Su padre no había hecho espadas para mercenarios”, aun así, dejo sobre la mesa que servía como mostrador, una espada común, no era de la mejor calidad y parecía haber sido sacada de abajo del hollín por la mugre en la empuñadura “Cinco monedas de plata”, fue el precio, bastante más caro que una espada de buena calidad, pero en esos momentos, el mercenario lo pago, sin mencionar otra palabra y la coloco en su cinto, tomando su vieja espada y arrojándola a los escombros, le había servido bien, pero ahora le era inútil.  

Después de obtener un arma nueva, volvió hasta donde había dejado al mercader, al cual encontró entre las ruinas de su casa, como buscando algo entre los restos calcinados de madera. El mercenario no le tomo mucha importancia, ya que tomando un agarrando un saco de tela, empezó a buscar en la carreta, encontrando lo que deseaba, las provisiones que traía el humano. De estas tomo una hogaza de pan, un odre de vino, medio queso añejo y algo de carne seca, lo suficiente como para estar de viaje un par de días, confiaba que si requería de más alimento, algún enemigo ofrecería su carne amablemente.

Las horas pasaron y los que partirían hacia la fortaleza se reunieron, a vista del mercenarios, la mayoría moriría antes de llegar, eran simples campesinos y aldeanos, valerosos y estúpidos en esos momentos de tranquilidad, pero cuando se vieran cara a cara con un verdadero enemigo, se volverían cobardes y defecarían sus ropas del miedo. El grupo comenzó a moverse, guiados por algunos que parecían más aptos, por su parte, el antropomorfo se mantuvo cerca, no necesariamente apilado con ellos, sino más bien a su lado, a uno o dos metros de estos, caminando en silencio y escuchando con atención lo que decían, por si había algo de utilidad, pero en su mayoría, hablaban de venganza y de nombres de muertos.  Mientras el día avanzaba, y el sol seguía su curso, cada vez se notaba más que la mayoría moriría, ya que se podían escuchar algunas quejas, pero Snarl guardaba silencio de ellas. Tan solo después de internarse en el bosque, algo que claramente no fue del agrado del Schakal, ya que al no tener un lugar despejado y estar por caer la noche, era idóneo para una emboscada, el grupo se detuvo en un campo, al otro lado del bosque, ya era de noche… y aun no había un campamento marcado, el mercenario tenía un mal presentimiento, por lo que llevo su mano a su espada, esperando no tenerla que usar.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Kaïleen el Jue Jun 26, 2014 10:48 pm

Estoy jodida, aunque predeciblemente sola. Bueno, si me tengo que poner exquisita y exacta, no estoy lo que precisamente se dice sola, pero no tengo a nadie conocido a mi alrededor. Al borracho de hace dos días solo conseguí quitarle unas pocas monedas de plata que encontré bajo su cama y que no echará de menos, lo tengo por seguro. Eso y unos trozos bondadosos de pan, que mundo generoso este que le da a quienes no saben invertir sus bienes para sacar provecho de los mismos. Por mi parte, el dilema se me presentó a la mañana siguiente al intentar pagar a quien había alojado al viejo. Puto viejo de mierda, si lo tuviera cerca ya le habría tomado el cuello hasta volverlo de color azul. Le odio, de una forma cansina y resignada como solo yo sé hacerlo ¿Por qué mierda no se pudo estar quieto? Yo, preocupándome como una estúpida por su salud, y él perdiendose por donde se le da la gana. Le cortaré los cojones, a ver si se le pasa la locura; si es que lo vuelvo a ver, claro. Por lo menos ya se me habían pasado las ganas de llorar del primer momento en que hablé con el aldeano. Ahora solo había lugar para el rencor, y para pensar qué hacer conmigo misma.

Las horas me las había pasado metida en la taberna, ya que mi presencia parecía ser bien recibida, pero evitando a toda costa al tío con el cual me había acostado. No es como si tuviese nada de especial que me hiciese volver a él. Y ya no necesitaba mucho más: los panes  habían sido más que suficientes para alimentarme y el tabernero me hizo un hueco en lo que quedaba de su casa, a cambio de cantar algunas canciones. Al parecer, el reciente ataque había fomentado algún tipo de solidaridad entre los habitantes, quienes no se mostraban reticentes a ofrecerme una mano, a mí, la pobre chica condenada a fracasar en todo. Nada nuevo en mi vida. Así que ahora esperaba esquivarle a la desfortuna, o entregarme totalmente a mi final, en la misión a la que estaba a punto de embarcarme.

En un primer momento mi estómago se había anudado de forma alocada, haciendo que un dolor de cabeza me subiese como si la gravedad en realidad no existiera. Repito, puto viejo (aunque sea monotemática y cansina). Pero luego empecé a restarle importancia, como siempre lo hago cuando algo me preocupa. Es mi forma de alivianar las cargas de mi diario vivir. Y allí comencé a analizar las opciones: con el tipejo lejos, no tenía ni la más mínima idea de cómo volver a mi hogar, de volver con el resto de mi familia. Por otro lado, en este pueblo las esperanzas de vida tampoco eran demasiado altas, y guardaba mis serias dudas acerca de la cantidad de dinero que podía quedar en el mismo. Como conclusión, mi cerebro me ordenó que me saliese de allí como fuese. Y la expedición para atacar a los bandidos, para saciar la sed de venganza, cumplía a la perfección la orden. A partir de ahí, tragué y encerré en lo más oscuro de mi mente los pensamientos acerca de mi progenitor, y me dediqué a descansar como es debido para encontrarme en mi mejor forma el día de la partida.

Y hoy la plaza está prácticamente llena, una tarea no muy complicada considerando la reducida área que la misma cubre. A mí no me interesa el honor, pero sí la cuestión de la recompensa ¿Qué nos darán para comer? Mi estómago vibra de emoción de tan solo imaginar lo que podré probar, pensando en carne. Tengo que relajarme... Las ilusiones son inútiles, te alimentan la imaginación, pero la imaginación no es sinónimo de realidad. Mejor prepararme para las peores condiciones, y luego recibir algo mejor de lo que esperaba. Sentada, sobre la tierra, espero hasta que uno de los tipos empieza a hablar. Me dan igual los detalles a decir verdad, no soy una persona que piense demasiado las cosas, sino que prefiero la acción. Porque cuanto más lo piensas, menos querrás hacerlo; te vas fijando en aquellos detalles traen a flote el miedo y empiezas a caminar en reverso, alejándote del objetivo inicial. No es que me de igual morir... Solo que no quiero pensar en ello, aunque lo contemplo como una posibilidad más que posible.

Tengo las uñas sucias, y solo despego mi verdosa mirada en cuanto escucho que la gente comienza a hablar a mi alrededor, un sonido bastante molesto a decir verdad ¿Qué? ¿No pueden cerrar la puta boca? ¿No saben respetar el silencio? Siempre me ha molestado estar rodeado de mucha gente, porque no puedo centrar toda mi atención en ninguno de los sujetos y es molesto, tener que atender primero luego a alguien y luego a otro. Al menos los callan más rápido de lo que esperaba, pero el malhumor ya es visible en mi rostro, y hasta me atrevo a decir que se puede palpar, sentir en el aire. Listas y recompensa, son las únicas palabras que se quedan grabadas en mi memoria y en las que trato de enfocarme ¿No hay alguna rama pequeña como para limpiarme las uñas? Porque se me canta en el coño que ahora mismo es lo más importante a hacer.

De nuevo me voy quedando sola. Oh, es como siempre he estado y como me quedaré. No me estoy quejando, solo presento los hechos. Me pongo en pie, tomando el bastón y cuando estoy a punto de apuntarme, escucho el sonido lúgubre de las cadenas, acompañado de un coro de gritos desesperados. Mi ceño fruncido demuestra que no entiendo qué es lo que va a pasar con el que va encadenado... Lo cierto es que no sé si merece la muerte o no, no soy quién para juzgar a nadie. Pero lo observo fijamente, no puedo despegar mis ojos de él, es como contemplar a la muerte misma. El clamor de dolor, patente en el aire es lo único que me impide seguir observando. Por más cabrón que haya sido el tío, no lo soporto, me deja muy poco sabor en la boca. Somos todos iguales, y esperamos que los demás se comporten diferente. Somos humanos, unos putos cabrones. Y yo tengo que hacerme la idea de que tendré que cargarme a sus compañeros. No soy fanática de robar vidas, con la propia ya me alcanza, pero ahora mismo necesito comer, y el hambre tira bastante fuerte a mi voluntad.

La segunda en la lista, espero no estar en el mismo orden para la alineación porque me volverán carne triturada en cuestión de segundos. Lo cierto es que ahora no queda mucho por hacer, hasta que los jefes no den la orden de marchar. Mm, tal vez debería intentar hablar con alguien... Pero no se me da bien forzar las cosas, prefiero que todo se de naturalmente y que fluya como el agua. Así que voy a sentarme en uno de los escalones del improvisado escenario donde momentos antes habían estado los humildes caballeros, dando las explicaciones necesarias para la empresa. Me evalúo unos instantes, en silencio. Los músculos todavía presentan molestias, y sigo apestando a bosque, a lodo, a piedra y a vientos helados. Pero al menos ya estoy más descansada, y no me invade el intenso sopor causado por la falta de sueño. Estoy alerta, y atento a lo que pasa a mi alrededor, aunque no hay nada demasiado interesante. Ya han dejado al bandido. Cierro los párpados al contemplar ese engendro, difícilmente reconocible ahora. Algún día yo también estaré así, espero que varios metros bajo tierra.

Se me volvió aburrido el momento, pero finalmente pasó, y hasta tengo que correr en cuanto veo que la pintovariada comitiva comienza a alejarse del triste pueblo. Me gusta ir al final siempre, pudiendo observar al resto de las personas, sin tener a nadie que me pise los talones, y lo más importante de todo, sin tener que forzarme a hablar con quienes van a la par. La soledad no es algo que me haya afectado, hasta disfruto de mi gran cuota de independencia. No quiero estrechar lazos, ni formar alianzas; atarme a alguien que probablemente vaya a morir no es una idea que precisamente seduzca mi mente. Cuando necesite algo de alguien lo haré patente y ya, y no me molestaré por recibir el mismo trato. Aquí somos unos interesados por mantenernos vivos y eso lo tengo en claro. La ley es vivir o matar, y espero poder cumplir lo segundo aunque no sé si tengo el derecho de hacerlo realmente. Yo tan solo aspiro a lo primero, y como consecuencia, debo hacer lo segundo. No me culpeis, no me queda otra salida.

Demasiados machos a mi alrededor; por mí mejor. Las tías somos un partidero de cabeza, y solo traemos problemas. A decir verdad, me aburre mucho caminar, aún a pesar del paisaje natural que se despliega a mi alrededor, así que me pongo a patear una roca a ver si esto se torna un tanto más interesante. Pero no tardo mucho en perderla, porque se escapa por un costado y de nuevo vuelvo la vista al frente, tratando de no chocar ninguna rama. Es un bosque más bien seco, al menos comparado con los que tuve que atravesar con el viejo, y hay espacio como para poder caminar con comodidad, sin llenarte de lodo por todo el cuerpo, lo cual es un obvio alivio.

Acostumbrada a ello, mis temores iniciales de que con qué nos podríamos encontrar se han pasado por completo ya, y camino hasta con desgana. No, no soy un ejemplo a seguir, y lo admito; un total fracaso en el ámbito militar. Ya me imagino sirviendo de escudo humano, convertida en un bonito cadáver, y se me estremece la piel, pero logro desviar mis pensamientos con una velocidad que me sorprende. Así soy siempre, pensando tanto, que al final sufro un atasco y me quedo en blanco. Entre idas y venidas, cosas que se cruzan como flashes en mi mundo onírico pero consciente, se pasan las horas. Y la noche comienza a cernirse sobre nosotros ¿Mera suerte o casualidad que lleguemos a un descampado? Un suave suspiro contra la gema me basta para encender mi bastón para iluminar los metros que avanzamos con una espesa oscuridad colgada a nuestras espaldas. Y pierdo la cuenta de cuántas veces se gira alguna cabeza, para observar la suave fuente de luz que no esperaban tener. No chicos, yo no comparto, bastante tengo con compartirme a mí misma.
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