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La fortaleza del nigromante

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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Tarisa Unami el Lun Jun 30, 2014 8:57 pm

El discurso de quien parecía ser el alcalde del devastado pueblo había terminado y todos acudieron para anotarse en la partida que daría caza a los salvajes, a los asesinos del señor enano.  Me uní a ellos. Había varios hombres con listas, anotando los nombres de los… valientes campesinos. Me acerqué a uno de ellos, o por lo menos lo intenté antes de que dos hombres se interpusieran entre mi objetivo y yo.
-¿Qué hace un engendro aquí?- Preguntó uno. Ton
-Seguro que es la causante de tanta tragedia- Dijo el otro. Son
-Caballeros, por favor. Yo no tengo ni la más mínima idea de las motivaciones o de la identidad de la vil persona que comete estos actos de malicia.- Tenía miedo, más que del usual. –Quiero ayudaros a acabar con esta amenaza, pues también he llorado la muerte de un ser querido.-
Ton miró a Son, luego, depositaron sus inquisitivas miradas en mi rostro.
-Los tuyos no son bienvenidos aquí, sugiero que tengas cuidado, engendro.- Dijo Ton.
-Los caminos de estos montes son peligrosos. Y, la mala ventura tiende a caer sobre cualquiera que camine por ellos.- Agregó Son, Era claramente una amenaza..
Los dos hombres me dejaron proseguir mi camino y me enlisté en la empresa que se llevaría a cabo con fervor. De eso estaba segura.

No hubo intercambio de palabras entre el enlistador y yo.
Los campesinos comenzaban a armarse, sentí que con mi vieja espada no haría mucho, pero no poseía el dinero para permitirme otro filo.
La compañía comenzó a adentrarse en el bosque, a cada paso, el corazón me daba un vuelco.

([Lamento mucho la poca longitud del post, pero me han surgido varios imprevistos dejándome con poco tiempo para pasarme por el foro, confío en que los solucionaré lo más rápido posible. Pido al master que deje pasar esto por esta vez. Gracias de antemano.])



FICHA

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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Sáharä Ahnjë el Mar Jul 01, 2014 5:10 am

II

La información que me diera antes el tabernero en otra villa resultó no sólo ser verdadera, sino escasa. No sólo había ocurrido en Volum un ataque, no. Había sido una masacre. Para esta miserable gente tan ajena a las costumbres bélicas del mundo, este asalto era mucho más devastador. Los ojos perdidos y extraviados de la gente que miraban el horizonte sin vida, esperando que de entre los escombros apareciera ese ser amado, que en paisaje pintando con sangre se dibujara la silueta de aquel perdido. Muchas bajas, pocas respuestas. Toda impotencia.

El que parecía ser el regente del pueblo habló entonces con firmeza, y aunque su voz no vacilaba y no se quebraba, no me costó mucho trabajo distinguir la sombra del dolor en sus palabras. Palabras que daban a esta pobre gente algo de esperanza. Esperanza por demás, sin fundamentos sólidos y sí, mucha viscera.

Partiríamos ese mismo día más tarde, y lo que me preocupaba era en realidad las personas que no eran del poblado, habían respondido mercenarios, como yo; pero ¿Quiénes eran estas personas? ¿por qué pondrían su suerte en los hombros de estos desconocidos? ¿Acaso no podrían ser estos mercenarios que la ciudad pagaría los mismos bandidos que los atacaron?

Me acerqué a la mesa dónde un hombre anotaba con una desgastada pluma los nombres de aquellos que se registraban; con calma y fingiendo amabilidad pero demostrando interés, pregunté por aquellos cuyos nombres estaban en la lista eran del pueblo. La respuesta no me sorprendió, pero si me preocupó. Eran los menos. Yo misma pedí al hombre que anotara mi nombre, pues quería ser recompensada al final; sin embargo, no fue mi verdadero nombre el que se escribió en aquella lista.

-Catrina del desierto.-

Fue el nombre que registré. Para usos prácticos, eso bastaba. No vi necesidad de más y me fui a buscar una posada por el pueblo.
De camino, encontré a un triste bardo rasgar una lira desganadamente; ahogado de borracho y con olor orina. Sin desmontar del caballo, me dirigí a la triste silueta en el suelo.

-Ey; puede usted señor, decirme algo acerca de la fortaleza, dónde se supone se refugian los bandidos.-

-Los bandidos…- Respondió con aire ausente en una dulce voz apagada. Desvió la mirada del suelo para clavarla en mi rosto, y luego, en un brusco y torpe movimiento se puso en pié, trastabillando pero sin car. Hizo una ridícula reverencia extendiendo los brazos y luego se irguió.
-Déjeme decirle algo de los “bandidos” mi dama… - exclamó con aire teatral, sin gracia a causa de la borrachera. Más enfadado que artístico. Se acomodo la lira en el pecho y rasgando fuerte unas notas con perfecto tiempo y armonía comenzó a cantar.

-“Llegaron con la lluvia, en la oscuridad,
escondieron sus pasos en los truenos
con antorchas espadas y fuego
A cenizas redujeron la ciudad.
“No pudimos defendernos,
Fueron rápidos como saetas
las niñas capturadas huyendo
sus cuerpos desnudos en la tierra.

“Los mataron a todos, todo se llevaron; ira fuego, sangre… las violaron… las niñas… suyo era el mundo… ni la inocencio perdonaron…
Las violaron… muertas están… en la ciudad muerta… muertas…-”

El bardo dejó caer la lira y se llevó las manos al rostro que se deformaba un terrible mueca de llanto y dolor, luego sin volver a tomar la lira sólo se despidió con lágrimas en la voz.

-Eso es todo lo que sé, señora. De la fortaleza, ni los viejos han oído historias… ahora… deje a un bardo morir en paz…-

El hombre me dio la espalda y comenzó a andar a trastabillones por la calle, desecho de dolor.
Hice lo mismo y me avancé hasta llegar a la única posada del pueblo. Desmonté y até al caballo; al entrar, algunas miradas perdidas me siguieron unos pasos, hasta que se volvieron a perder ensimismadas en sus pensamientos. Me acerqué al posadero y coloqué bruscamente unas monedas frente a él.

-Deme una habitación, agua caliente para un baño y alimento para mi caballo. No me quedaré esta noche, parto al atardecer. Sea rápido y le pagaré bien.-

El posadero señalo una habitación y subí de inmediato. Cerré la puerta desde dentro y me descolgué el equipo. Con el tiempo, la arbalesta me había creado un dolor permanente en el hombro derecho. Tan pronto abrí la única ventana de la habitación, mi cuervo mensajero se posó en el marco de la misma, dedicándome un fuerte graznido a modo de saludo. Le hize un gesto con la mano y luego me senté en el borde de la cama. Con la mano bajo la ropa, comencé a tallarme el hombro adolorido hasta que llamaron a la puerta.

Cuando abrí sólo pude ver al posadero alejándose, dejando a su paso una cubeta con agua caliente. La metí a la habitación a rastras y volví a cerrar. Con un trapo limpio, me di un baño y me dispuse a descansar.

El ruido en la calle, junto con la voz de mi cuervo me sacaron de mi estado adormilado. La gente marchaba ya de la ciudad. Me vestí rápidamente y tomé mis cosas. Salí de la habitación directo al posadero, dejé unas monedas frente a él y sin decir nada, salí del lugar. Monté al negro corcel y me uní a la compañía.

Desde que salimos de la ciudad viaje con una saeta en cargada y las paletas bien tensas; era de las pocas que llevaba una montura, prueba irrefutable que la gente Volum viajaba poco, o que hasta los caballos les habían robado. Entramos a una arboleda y mi paso cambió ahora, lo alternaba con pequeños trotes que me colocaban en el medio del contingente con pocos espacios de descanso que me ponían detrás. Muchas veces me aparté del camino, tratando de penetrar la oscuridad con los ojos en busca de peligros, huellas o rastros de los bandidos hasta ahora invisibles.

Salimos pronto de la arboleda, con la noche cayendo sobre nuestras cabezas y la bóveda nocturna protegiendo nuestro número. Era un claro. Un claro con un bosque a la espalda y el rumor de un río no muy lejano al frente. Una mierda de lugar para hacer un campamento y deseando a los dioses que le brindaran el sentido común necesario al guía para no hacernos quedar aquí.

¡¿Qué es eso?! ¡¿Una luz?! ¡Pero qué…!...

Di media vuelta y hostigué al caballo para que se alejara de la luz. Levante la arbalesta y comencé a mirar en todas direcciones. Susurrando en voz alta dije a quien estuviera cerca.

-¡Es la única luz en la noche, es un aviso para que nos disparen! Si no quieren morir acribillados por saetas de tiradores invisibles en la noche.. ¡No hagan luces!

Esperé lo peor…
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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Feng Roshi el Mar Jul 01, 2014 7:40 pm

Todos estaban reuniéndose, yo por comodidad me aparté un poco del grupo y me quede a un lado, pegado de la pared mirando lo que sucedía.

El ruido de la plaza era ensordecedor para mis oídos no acostumbrados a este tipo de encuentros, me sentía incomodo, pero la multitud pronto callo, y me alivio bastante.

Lo sucedido, me era bastante predecible, es lo típico, montar un grupo de rescate/ayuda/asalto o de lo que sea para combatir el problema que les destrozó la vida. Los alrededores estaban totalmente destrozados, por lo que me parecía lógico echar una mano, por lo que pensaba apuntarme a la lista y ser un voluntario más.

El grupo era normalito, excepto porque mientras me ponía en fila para apuntarme vi una engendro apuntándose, me era un misterio, por lo general evitaban contacto excesivo con humanos y más aún ayudaban a los mismos. Pero no era nadie para juzgar, bienvenida sea toda ayuda para este pueblo.

Entonces pasó algo que no se esperaba nadie, un tipejo vino y llevó al prisionero a un lugar bien visible y le partió rodillas para que no pudiera escapar, y luego dejárselos a los pueblerinos para que pudieran consumar una pequeña venganza, me pareció un acto deplorable, ya estaba atrapado e incluso había dado información para ayudar, no se merecía un trato igual de despreciable que el que ellos hacían con el pueblo, la gente se rebajaba al actuar así. No mire más al lugar donde todo ocurría, no me interesaba, me apunte y aguarde a la partida junto al resto.

La gente acabó por dispersarse, y antes que me diera cuenta ya estábamos de camino, al principio observaba todo, sin acercarme a nadie en especial, algunos se conocían entre si otros estaban conociéndose, la mayoría hablaba, pero al frente de todo había un viejo hombre, con porte de quien tiene mucha experiencia luchando, un antiguo soldado o guardia.
Me le acerque, al principio para observar y no entrar tan bruscamente, mas él iba en su mundo y casi no se percató de mi presencia hasta que me acerque mas.

-Hola, me llamo Feng, Feng Roshi-

El hombre me miró un poco confundido, como quien recién es despertado de un sueño.

- cuando llegue al pueblo ya todo había ocurrido y que me gustaría saber que ocurrió-

El hombre ya había reaccionado, tardo unos segundos en juntar las palabras que quería decir -Lo que ocurrió es que nos jodieron bien... Atacaron de madrugada, mataron a todos los que estaban de guardia en ese momento. Después empezaron a entrar en las casas y matar a todos los que encontraron en su camino. Yo me desperté cuando mi casa empezó a arder. Salí y vi el infierno.- Hubo una pequeña pausa, en la que dejaba que aquel hombre dejara fluir las palabras, no seria fácil para él

-Vi como cuatro de esos cabrones entraban en una casa , les seguí y mate a tres de ellos, al cuarto lo mato un chico demasiado joven que no pudo con los cuatro, si hubiese podido llegar antes…-

-Cuando salí de esa casa los bandidos ya se estaban yendo, lo hicieron todo demasiado rápido…-

No terminaba de entender, tan rápido, estaba claro que eran muy buenos y entrenados

-y por que atacaron al poblado ? alguna idea?- la pregunta me la hacia continuamente, tenia esperanza de poder entender algo.

-no, sabíamos de la existencia de esos bandidos, llevaban ya unos meses atacando a pequeños poblados y a algunas caravanas. Por ello redoblamos la guardia, pero de poco sirvió.-

-entiendo, es una lastima, lamento sus perdidas y ayudare en lo que pueda-

-Gracias, supongo-
y con la mirada perdida siguió andando.

Actué de igual forma, y segui mi camino, no volvi a entablar converzacion con él ni con nadie, y tampoco es que nadie se me acercara para hablar.
Cuando llegáramos al fortín tal vez ahi podriamos saber por que sus ataques son tan contundentes, esta claro que si presionan tanto enviarian a gente de mas lejos para pararles los pies, por que arriesgarse?

Pronto la noche cayo, teníamos que quedarnos ahí, en un descampado, pero no seria una noche tranquila, al menos no lo parecía...

-¡Es la única luz en la noche, es un aviso para que nos disparen! Si no quieren morir acribillados por saetas de tiradores invisibles en la noche.. ¡No hagan luces!-

Esa advertencia de alarma rompió el ambiente de golpe, la tensión se apodero del aire muchos tensos se pusieron en guardia, yo también lo hice aun que en menor medida, simplemente mire bien al rededor y apreté los puños, yo siempre iba armado, tenia mi cestus de entrenamiento siempre puesto si no había peligro. No esperaba tener que armarme mejor tan pronto, pero estaba seguro que hacía bien en dejarlos guardados.

-Cálmense todos, apaga la luz- No pensaba que de pronto seriamos acribillados, pero estaría bien primero explorar el area antes de estar indicando nuestra posición al enemigo si estuviera cerca.

-Estamos lo suficientemente cerca como para que nos vean ? deberíamos chequear que estamos solos antes de dormir, y obviamente lo de los turnos de vigilancia es algo que no debería de decir-
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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Managarm el Miér Jul 02, 2014 6:52 pm

Poco a poco la noche se cernía sobre aquel variado grupo. Durante aquel día de marcha casi no había habido conversaciones, pero de las pocas que hubo, muchas hablaban de como aquel mercenario entregaba al pueblo a uno de los partícipes de la matanza. Muchos empezaban a admirarle, sobre todo los más jóvenes, aquellos que solo querían venganza sin importar como acabase esa odisea. Otros solo sentían miedo de combatir, en caso de que fuese necesario, junto a una criatura con tan pocos escrúpulos.

Cuando ya calló la noche, llegaron a un descampado bastante amplio, los aldeanos, sin experiencia en batallas o cuestiones militares empezaron a acomodarse, tanto como permitía aquel suelo lleno de barro y charcos de la tormenta que había pasado por esa zona. Muchos de los mercenarios estaban nerviosos, habían vivido demasiadas batallas como para reconocer el sitio perfecto para una emboscada. Poco a poco la tensión fue aumentando, los aldeanos, agotados por el ritmo de la marcha solo querían descansar y alimentarse. Aquellos que tenían más sentido común sabían que no podían descansar. En un segundo alguien encendió una luz, una joven pelirroja, en cuanto la encendió treinta ojos se giraron para mirarla y la tensión estuvo a punto de estallar. La cambia formas y el monje intentaron poner calma, sabían que no estaban en una situación muy favorable. Y fue el joven leñador quien puso silencio. –El calvito tiene razón, no podemos quedarnos quietos sin hacer nada.- a pesar de su juventud los demás aldeanos los miraban con respeto. Antes de que pudiese decir nada más se oyó un fuerte sonido a las espaldas del grupo y todo quedo en silencio. Muchos se asustaron y estuvieron a punto de huir pero cuando oyeron la voz del enano que hablaba con otro de los mercenarios los ánimos se calmaron. El grupo de los nueve busca-fortunas ya se había puesto en marcha y estaban talando algún árbol para hacer leña ajenos al lío que se acababa de formar. –tenemos que hacer como ellos, hay que empezar a hacer el campamento para pasar la noche antes de que la oscuridad sea total- poco a poco los aldeanos empezaron a moverse. Unos fueron a buscar leña al pequeño bosque por el que acababan de pasar, otros empezaron a explorar un poco la pradera en la que estaban y al no encontrar nada volvieron a la zona donde se había montado el campamento.

Los mercenarios por su parte también habían montado un pequeño campamento alejado del que había hecho el otro grupo. Entre risas y vino contaban historias, siempre exageradas, de sus andanzas, de las batallas que habían vivido y de mujeres a las que se habían tirado.

Mientras el resto de aldeanos se habían reunido para discutir el plan del día siguiente, aunque estaba bastante claro el objetivo, no estaba claro el modo de hacerlo. Nadie sabía como era exactamente la fortaleza, puesto que el prisionero no había terminado de ser interrogado. Solo  sabían a grandes rasgos como era por fuera, y el número de hombres que habitaban en ella. La principal preocupación por el momento era que camino cogerían: El camino del río, o el del bosque. Tras una larga discusión, y muy al pesar de Cáel, se decidió que el grupo se dividiría ya que nadie estaba obligado a que tomaran decisiones por ellos. La mayor parte del grupo decidió ir por el bosque,  solo unos cuantos decidieron tomar el camino del rio.

El solitario mercenario se separó del grupo y se dirigió al linde del bosque donde encontró un árbol apartado del resto y con un ojo siempre alerta, empezó a dormitar.

Cuando el grupo hubo terminado de cenar, se dispusieron los distintos turnos de guardia, la mayoría se conocían entre sí, otros muchos sin embargo les tocaron compañeros que no habrían querido tener cerca en ninguna otra situación, pero ahora ese compañero era el único con quien iban a pasar la vigía, probablemente la primera, más larga de su vida.
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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Sáharä Ahnjë el Mar Jul 08, 2014 6:47 am

III

El campamento terminó de ser levantado, y casi ridículamente había reaccionado antes ante la luz. No pasó nada, más mi temor había sido grande, y si bien no infundado, dado que no era la única que abrazaba la idea de no encender luces, el transcurso de la noche no me dio la razón.

Pronto los grupos se separaron y el líder de la expedición dictaminó las guardias. Tres guardias en total; situación que particularmente no me encantaba. Cuando se disponen tres turnos de guardia el de en medio es que peor sale parado; debe dormir un rato, luego despertar y estar alerta y luego dormir otro rato; Siempre he pensado que nunca se descansa durmiendo por momentos, y que es mejor hacer sólo dos guardias largas y dormir más horas seguidas. Afortunadamente, la guardía final sería la mía, por lo que podría dormir de corrido gran parte de la noche.

De mala gana me fui a un rincón apartado, llevándome al caballo conmigo; la noche comenzaba a enfriar y su grande cuerpo me serviría como rompe vientos en la noche. Traté de descansar, hasta dormitar un poco sin alcanzar el sueño profundo. ¿Cómo podría? Jamás en esta noche, en esta situación.

Mi turno llegó rápidamente, o así me lo pareció. La guardía la haría con otra persona. Un hombre de buen talante con el gesto permanente de quien busca algo. Nervioso o no, no lo pude saber; mientras tanto, y a pesar de mi rostro inexpresivo, yo no podía ocultar el malestar que toda esta situación me provocaba. Sin dirigirle mucho la palabra, o dedicarle una larga mirada, tomé mi arbalesta y me encaminé a un lugar apartado.

-Será mejor que hagamos la guardia en posiciones separadas; así tendremos mayor rango de visión.

Confiaba en mis ojos totalmente. Conocedora plena de que mi condición racial me hacía poseer una vista envidiable para los humanos, era capaz de escudriñar en la noche, penetrarla profundamente y que esta me revelara sus secretos.

La bóveda celeste parcialmente abierta me ayudaron con la tarea; más ensimismada en mis pensamientos, pocas cosas me llamaron la atención más que el tenue resplandor de la luna blanca que se acercaba al punto más alto del cielo o el lento pero firme paso de las sombras de las árboles que avanzaban junto con la noche dirigiéndose a las luces del nuevo día.

El tiempo pasó sin muchos apuros y pocos detalles remarcables; pocos detalles salvo que, ahí a lo lejos de mi posición un par de hombres se levantaron con sigilo, para encaminarse lentamente fuera del perímetro del bosque. Los seguí con la mirada, y luego me acerqué lentamente tratando de mantener una posición baja para no ser vista por ellos. Siempre con la arbalesta al nivel de los hombros. Ya cerca de ellos, que continuaban alejándose no fue necesario permanecer oculta. El mismo hombre con el que compartía la guardia los había visto también y había salido a su encuentro.

Mucho más desconfiada yo que él, no aparte mi arma del hombro hasta que a regañadientes, ambos hombres orinaron de espaldas a nosotros y regresaron a sus sacos de dormir. No les quité el ojo el resto de la noche, ni en la mañana.

Durante la mañana, una nueva sorpresa me asaltó. El líder del grupo había decidido partir en dos el ya pequeño contingente, dividiendo la marcha por dos caminos opuestos. Sin en verdad tener mucho a mi disposición para elegir, tomé el camino por el bosque, dado que a mi montura le sería imposible andar por el desfiladero del río. En realidad, fue una pena. Mi habilidad con la arbalesta sería mejor recibida en un terreno como el desfiladero; ya que población de árboles hacía truculento el uso de armas de rango así como el andar de un jinete; pero no estaba en posición de abandonar mi montura, o cederla a alguien.

Para mi fortuna, la parte más extensa del contingente decidió de igual manera avanzar por el bosque. ¿Por qué? Bueno, seguramente por el camino del desfiladero era en sí, un suicidio para aquél poco acostumbrado a los relieves de una montaña y a las marchas en fila.

Antes de dividirnos, hablé con los líderes de ambos contingentes; para informarles de la situación. No sabía que camino tomarían los dos hombres, o si tomarían caminos separados, pero al menos, si iban por el mismo que yo, me encargaría de tenerlos bien vigilados, y si no, de que alguien más lo hiciera.
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Re: La fortaleza del nigromante

Mensaje por Snarl el Sáb Jul 12, 2014 11:08 pm

A las crías hay que enseñarles su lugar, y prepararlas para el futuro, con dolor y castigo, con odio y sufrimiento, el mundo no es para débiles o bondadosos.

Snarl.


La tensión aumento con la luz que surgió de pronto, las armas brillaron y una alerta sonó, si en aquel momento hubiera sucedido algo, de seguir la mitad de aquellos miserables humanos hubieran muerto antes de saber qué hacer. Fuera la fortuna o el destino, nada sucedió, absolutamente nada, a excepción de un árbol siendo talado por los mercenarios, una forma interesante de llamar la atención. Al parecer, los “experimentados” cometían los mismos errores que los novatos, al schakal no le preocupo demasiado, el simplemente se alejó del grupo, buscando un lugar medianamente seco donde poder descansar. La compañía jamás era bienvenida, y no era que le desagradara … era que el molestaba completamente, acostumbrado a  la soledad, las pocas veces que había trabajado en compañía, había terminado matando a uno o dos de sus aliados, sin ningún remordimiento y viendo al numeroso grupo, no dudaba de que sucedería lo mismo en aquella ocasión. Tras encontrar un árbol y acomodarse contra él, abrió la bolsa que portaba y arrancando un trozo de pan y carne, comió en silencio, dejando de lado las palabras de los ebrios e ignorantes, pero prestando atención a cualquier comentario de utilidad que surgiera. Tras alimentarse, se dispuso a descansar, cubriéndose con su manto y conciliando aquel ligero sueño que le caracterizaba…

Un sueño intranquilo, eso era lo que la noche representaba. Dormir jamás era placentero, el descanso jamás se log raba y aun cuando el amanecer era reconfortante, el mercenario siempre estaba atento. Habría sido su crianza, su experiencia o quizás su naturaleza, pero él era así. El aroma de leña quemándose, de sudor, sangre, de cuerpos humanos y de otras razas, humedad, fango y hierba pudriéndose, era una mescla extraña, aun así, el schakal dormitaba, atento, en el límite del sueño y el insomnio.

Fue el aroma de algo nuevo lo que le alerto, no era el mismo olor que habían traído aquellos aldeanos, ni tampoco los mercenarios, provenía de otra dirección, era un sudor algo más dulce, algo de sangre seca. Sus orejas se movieron para escuchar el sonido de las hojas moviéndose bajo los pies, de las ramas rompiéndose bajo el movimiento, era alguien ajeno, era un humano, no había duda, aquel aroma no provenía de un animal, podía reconocerlo. Quizás no podría saber con exactitud a cuantos metros estaba, pero si sabía que estaba cerca. Espero… y cuando el momento fue propicio, salto de su lecho, empujando a quien se había acercado. La sorpresa no fue agradable, el cuerpo había sido más ligero de lo pensado y claramente, tras acostumbrarse algo a la oscuridad pudo ver de quien se trataba. Una cría humana, un miserable niño, como dirían los hombres. Se encontraba a un par de metros del antropomorfo, respirando con dificultad, el golpe había sido bastante violento, tomando en cuenta la fuerza de la bestia, tras una rápida vista, el brillo de un pequeño cuchillo se vio al lado de su cuerpo.

Pronto, el niño reacciono, no tendría más allá de nueve años, y viendo la figura del encapuchado, comenzó a sollozar. Snarl hizo una mueca de desagrado y sin mucho trabajo, lo agarro de sus ropas y lo llevo hasta le campamento, literalmente como si fuera un simple saco de cuero. El niño se quejaba e intentaba liberarse, más las garras del ser, habían atravesado parte de sus ropas y no el liberarían con facilidad. Sus quejidos y llantos alertaron a los que hacían guardia en esos momentos, al parecer, la arquera con uno de los aldeanos. Sin mucha paciencia, la mujer pregunto por el niño, por lo que el schakal se lo arrojo, como si fuera un simple bulto, siendo agarrado pro el aldeano, para dejarlo en el suelo con cuidado.

-Estaba merodeando por el campamento … al parecer, nos siguió … así que tenía dos opciones, lo mataba y dejaba su cuerpo para los animales o traerlo y que otros se hicieran cargo … escogí la segunda opción-  Las palabras del animal no fueron de mucho agrado para la mujer, pero las acepto, aceptando al chico y haciéndose cargo de él, más el schakal tenía algo más que agregar una advertencia, más que una amenaza, aunque tomando realmente su apariencia, aquella noche, parecía más una sentencia que otra cosa –Manténganlo controlado … en cualquier otro momento, no hubiera dudado en matarlo por acercarse de esa forma- Esas palabras y tono, claramente hicieron molestar a la mujer, que cambio el desprecio por un odio visceral, más el schakal no tenía muchas ganas de luchar y aún menos con alguien que podría servir como escudo más adelante, por lo que simplemente, girándose, se dispuso a volver a dormir.

El mercenario se había alejado un par de metros, cuando el muchacho dio un grito “¡Señor! ¿Eres tú el que dejo al bandido en la plaza no?” mientras se acercaba al encapuchado, aquella reacción hizo que la mujer intentara detenerlo, no era bueno que una criatura como esa, se acercara demasiado a un simple infante, más el encapuchado solo giro su rostro levemente, mirándole de reojo, y respondiéndole con tranquilidad y claramente maldad –Solo les di carne a los animales, tenían hambre … y era hora de que saciaran su apetito- El chico no entendía esas palabras, pero tanto el aldeano como a mujer si, y ambos apretaron los puños, ¿Acaso aquel ser veía como simples animales a los humanos? No estaban muy equivocados, los humanos no eran más que simples bestias, que podían dejarse llevar por el sabor de la sangre y el dolor. Snarl sonrió, dejando ver sus colmillos levemente, para seguir su camino, estaba cansado, mas otra frase del muchacho lo hizo detenerse, y que el pelo de su lomo se erizara en un instante “Cuando sea mayor quiero ser tan fuerte como tú y poder proteger a los que me importan...” el mercenario se giró en seco, mirando a la cría en silencio y volviendo sobre sus pasos, su pose era claramente amenazante, como si algo en él hubiera despertado … ¿viejos recuerdos tal vez?, la mujer sintió aquel instinto de sangre que fluía por el cuerpo del animal, podría haber atacado al niño con sus garras y despedazarlo en un instante, pero en vez de ello, se inclinó ante la vista de todos, quedando casi a la altura de este, dejando que ambos rostros se  vieran, la fiera y el infante.

-¿Ser fuerte como yo?.. para ser fuerte como yo … deberás de ver a todos los que quieres morir frente a ti, quedarte solo y vagar durante toda tu vida con un cuchillo en tu cuello … cuando eres como yo … si no eres fuerte, no despertaras después de dormir- Tras esas palabras y viendo la mirada del chico, el antropomorfo se giró hacia la mujer, levantándose-Hazte cargo de la cría y llévalo al pueblo, si nos sigue, de seguro lo mataran… prefiero no cargar con el cadáver de una cría en mis hombros al volver-  Tras sus palabras, simplemente se giró, no quería ver más aquellos rostros, ni esas lágrimas, no quería pensar en esas palabras, ni en esos recuerdos, con desagrado, volvió a su lugar, cubriéndose con la capa y tratando de conciliar el sueño … un sueño que le trajo a la memoria el implacable sol y ardiente arena, las risas de las hienas y la sangre de su pasado.

Con el primer rayo de sol, el schakal despertó, maldiciendo en silencio sus recuerdos, aun en sus sueños, aun no era libre… aún estaba atado a esas arenas, a esos contratos, a sobrevivir. Miro sus garras, y las apretó, suspirando, los recuerdos no le molestaban, era lo que traían lo que lo hacía, el recuerdo de aquellos que habían significado durante un instante algo para él, y que había terminado odiando y despreciando, su “familia”, la cual ahora estaba sepultada en las arenas. Tras comer algo y beber lo suficiente para mojar la garganta, se puso en pie y escucho la conversación, había dos caminos que tomar, el bosque o el lecho del rio, ambos eran caminos inútiles para el schakal y el grupo no aprecia muy fácil de controlar.   Los minutos pasaron y el grupo comenzó a dividirse, había que hacer una elección, las multitudes no eran agradables, pero ir por el lecho del rio lo era una menos, tomando en cuenta que estarían a vista de cualquiera, sería mejor ir por el bosque, mas no por el sendero, si no más bien por el mismo bosque, ocultándose entre los arbustos y los árboles, por lo que el mercenario se dirigió hacia el grupo que al parecer, había tomado la elección más directa.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: La fortaleza del nigromante

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