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Mensaje por Nephilim Rakdos el Mar Jun 17, 2014 6:47 pm

Buscando un lugar donde saciarme acabe en esta taberna, había bastante variedad, pero ni una sola mujer, algo decepcionante, ¿En qué clase de taberna me había metido? Una taberna sin ninguna bella joven con quien desfogarse es como el castillo de mi señor Lluuhgua sin un solo pene por las paredes.

Decidí quedarme, a pesar del inconveniente, teniendo intención de beber alcohol hasta olvidarme de aquel grave problema. – Póngame el licor más fuerte que tenga, tabernero. – Dije, firmemente, levantando el brazo para hacerme notar, aunque al parecer esto ya lo había hecho simplemente al entrar, malditos, - ¿No pueden ver un demonio sin temer por sus propias vidas? – Dije en voz baja, para mí mismo, pensé entonces lo que mi raza había hecho, y más en concreto a lo que me dedico a hacer, y recapacité, quizá si eran infundados.

El camarero sirvió mi bebida, derramando un par de gotas dado le temblaba la mano, quizá de miedo, o quizá de rabia, no me preocupe por mirarle el rostro, mi única preocupación era que esta noche no podría meterla, al menos no en una dama.  Me la bebí de un solo golpe, un licor fuerte, me ardía la garganta, y subía bastante rápido, con un gesto le hice saber al tabernero que quería mas, quien rápidamente me sirvió nuevamente.

Llevaba incontables tragos, y mi cuerpo ya no me respondía y me veía menos que un Rápido a plena luz del día mirando hacia el enorme sol. Fue entonces cuando un Orco entro en la estancia, o eso creía, hasta que oí un nombre femenino, refiriéndose a esta… lo pensé largo y tendido, y me decidí. ¿Acaso el conejo se fija en la madriguera cuando le persigue el halcón?
Me acerque a ella, todo lo delicadamente que pude, pues el licor estaba haciendo mella en mis movimientos. - Loktar, ¿Qué hace alguieh *hip* como thú en un lugar como eshte? – espero no se me haya notado el severo fallo al hablar. – ¿No se te ha ocurrido nada mejor que decir? – me dijo, con una voz tan ronca que me había producido dolor de cabeza. – Eshque nunca me había *hip* parado a hablard con tal bellesha, ¿Te pudo llamar bellesha? – le conteste, intentando enmendar mi patética entrada, y al parecer aquel piropo había hecho que le brillasen los ojos. – Bueno… si tú crees que lo soy… - intentaba ocultar su vergüenza, pero no servía, ¿Cuántas veces le habrían rechazado? Y cuan será las pocas veces que le habrán dicho algo que le haga sentir verdaderamente femenina.

Me acerque algo más a ella, intentando seducirla, aunque esto estaba pareciendo relativamente fácil – Beno y… ¿Qué hashe alguien como thú en un lugar como eshte?- Esto era genial, podía usar cualquier cantidad de tópicos, pues la estúpida orca no haría más que caer en las redes sin esfuerzo alguno, se acercó un poco más a mí, supongo que siguiendo mi juego – Buscaba a alguien que saciase mis… gustos – El terrible hedor de su aliento me hizo marearme más de lo que ya estaba, pero la podría poner de espaldas, había sido sumamente fácil, algún inconveniente había… aparte de el de ser Orca. Le di a entender que yo podía saciar esos gustos, pero no entendía porque lo había dicho con aquel tono tan extraño, ella había insistido en que tenía gustos bastante raros, pero era capaz de todo si al fin la llevaba a la cama.

Una vez en su mugriento choza, ella se lanzó hacia mí, parecía tener un apetito insaciable, de veras me preguntaba a mí mismo ¿Es que nunca había tenido sexo antes, ni siquiera con los de su raza?.

Le desnudé, y una arcada invadió mi ser, quizás por el alcohol, quizás por la tremenda imagen que tenía delante, y ella hizo lo propio conmigo, poniéndole mirando al lado contrario a mí, lo antes posible, comencé con mi labor, la orca gemía cual gorrino en celo, lo cual hacía difícil poder acabar rápido, era jodidamente perturbante, ¿Cómo podían los Orcos soportar esto? Le tape la boca con fuerza, intentando hacer callar ese horrible sonido, pero esto no hizo más que avivar el apetito sexual de la que ahora parecía un Oso agonizando, se dio la vuelta, y comenzó a follarme ella a mí, me sacudía como si fuese su perro, algo que hacía que aún mas me costase acabar, ella era insaciable, y estaba destrozándome la cintura después de tanto golpe, - ¡¡Dámelo todo cuernecitos!! - ¿Cuernecitos? ¿Pero qué cojones? Eso había acabado con todas las posibilidades de acabar en un orgasmo, además, de tanta sacudida mi estómago había decidido que debía expulsar todo cuanto había bebido, vomitándole encima, la orca freno de golpe, gritando, al parecer la había cabreado.
Por desgracia no había sido asi. Al parecer el hecho de vomitarle encima había hecho que llegase al climax… pero todo había acabado, si no fuese porque ella pretendía seguir practicando sexo, y, nuevamente, vomitarle encima.

Rápidamente huí de aquel lugar, y me hice una promesa, nunca seducir a una Orca.
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Mensaje por Mister Orange el Jue Jun 19, 2014 5:47 pm

Ok todo en orden, debido al cambio de psicología, se toma como valida el hijra.
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