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El Tratado del Alba.

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El Tratado del Alba.

Mensaje por Snarl el Vie Jun 27, 2014 4:13 am



CAPITULO I

Un Viaje Hacia el Valle


La pequeña carreta era empujada con cierta dificultad, la mula, algo vieja, aun tenia fuerzas, pero ya no tantas como en su juventud. El pequeño Jimmy se había levantado temprano aquella mañana y ayudado a su padre a cargar los sacos de trigo a la carreta, ahora llevaban esta por el antiguo camino hasta el molino, había que moler los granos y preparar la harina, si lo hacía bien, su madre le prepararía pan para la cena y no solamente la sopa de siempre.  Johan había trabajado durante toda la temporada para que el grano estuviera listo y ahora era tiempo de molerlo, su amigo, el molinero, le había prometido que tendría el primer turno si llegaba temprano y que solo debería de entregarle medio saco por el trabajo, bastante menos que los años anteriores.  Mientras las ruedas giraban, el molino se acercaba más y más, sus enormes aspas se movían con increíble lentitud, pero no importaba, tenía la fuerza para triturar el grano y volverlo fina harina. La mula se detuvo frente a la puerta del molino, mientras padre e hijo secaban el sudor de sus frentes y sonreían, había sido una buena cosecha y estaban felices, no pasarían hambre en el invierno.  Tras tocar la puerta, esperaron a que el molinero saliera, pero al no hacerlo, abrieron la puerta y ambos entraron al viejo molino… De Johan y Jimmy no se supo más.

~&~

Entre todos los valles de las montañas Drakenfang, el valle de Viento Esmeralda, era uno de los más pequeños, pero aun así, uno de los más prósperos, habitado por, en su gran mayoría, humanos, había soportado crueles inviernos y el ataque de más de un grupo de bandidos. Los mercaderes visitaban el pequeño pueblo del valle, una vez al año, el segundo mes de primavera, para traer objetos de tierras lejanas o mensajes y noticias del extranjero. La gente era feliz, si bien la vida no era fácil, cono en ningún lado de Noreth, se podía decir que los hombres y mujeres, disfrutaban su vida en esa tierra agreste, que se cubría de verde durante varios meses al año. Aun cuando estas palabras parecen narrar cierto tipo de paraíso tranquilo, hay una sombra que se yergue en él, cada cierto tiempo, cuando los hielos comienzan a bajar, las cuevas en la montaña quedan libres y seres despreciables, goblins y sus primos lejanos, hobgoblins, seres más grandes y fuertes que los anteriores, bajan hasta el valle, saqueando las granjas que están a su paso, secuestrando niños, robando ganado y cosechas, matando hombres e incendiando granjas.

Durante varios años, los ataques se repitieron, aquellos que podían defenderse de ellos, lo hacían, los que no podían, únicamente imploraban a los dioses que se apiadaran de sus vidas. Todo esto cambio cuando Lord Farkual llego a el valle, si bien en un inicio nadie le conocía, pronto se enteraron de que era el último hijo de un noble terrateniente del sur. Farkual, sabiendo que no heredaría nada al morir su padre, tomo lo que pudo y se dirigió hacia tierras más “beneficiosas” para él, llegando al valle. Las historias de los ataques le dieron la oportunidad de convertirse en salvador de la gente y convertir aquel lugar en su feudo, por lo que después de invertir su dinero en guerreros y repeler durante un tiempo los ataques goblins, fue aceptado por los habitantes del valle. El tiempo pasó y Lord Farkual se convirtió en el terrateniente de aquel lugar, teniendo en su posesión una morada “digna” de su persona y sirvientes, al igual que soldados y hombres de “confianza”.  Los habitantes del valle debieron de aprender que la protección tenía un pequeño costo y un diezmo se impuso, algo pequeño, lo suficiente como para que cada uno de los habitantes pudiera pagarlo sin morir de hambre y lo suficiente, como para que Farkual gozara de cierto nivel de riqueza. Y eso… hace ya treinta años ya.

Pero los años pasan, y no en vano. Ahora Farkual no es el único noble de la zona, y su “feudo” ha sido observado con ansias durante largos años, esperando el momento preciso para ser arrebatado de sus manos y agregado al de su contrincante.  Las noticias de una batalla no han sido del agrado del noble, que hasta ese momento, había pasado su vida tranquilamente, únicamente comandando o delegando las órdenes para la defensa contra las alimañas o algún bandido ocasional, aquel conflicto claramente va en contra de sus planes y ha traído únicamente molestias.  Algunos de los comandantes de Farkual, le han sugerido que movilice sus tropas, un ataque oportuno podría disuadir a sus enemigos de atacarle más adelante y así, frustrar los planes de incorporar más tropas a sus ejércitos. Es un plan arriesgado, si bien era una puñalada certera en el corazón enemigo que podría dejarlo débil y sin poder para un contragolpe o desafío, mas también era dejar sin protección al valle, en especial en esos momentos, que ya se habían visto alimañas rondar por las faldas de las montañas.  Al parecer, el momento exacto había sido elegido por los enemigos, esperando que Farkual prefiriera mantener sus tropas en el valle, protegiendo a los aldeanos, en vez de atacar a su contrincante … más el noble no había logrado obtener todo lo que poseía esperando simplemente, y siguiendo el consejo de sus comandantes, movilizo a gran parte de sus tropas, mas no todas… un contingente se quedaría en su torreón y se encargaría de un pedido especial, Farkual aun tenia cartas bajo la manga y las usaría sabiamente.

Mientras la noche caía, el noble se dirigió a su estudio, el salón únicamente estaba iluminado por un viejo candelabro y la chimenea que calentaba la estancia. Los libros tapizaban casi todos los muros y un amplio escritorio de dura madera le servía al noble de apoyo para su escritura. En varios pergaminos escribía algunas misivas, destinadas a algunos individuos en particular, “conocidos” suyos, de su juventud, cuando había necesitado de hombres de brazos fuertes, que estaban dispuestos a luchar por un par de monedas y otras, menos importantes, destinadas a una o dos posadas cercanas. Sabia de sobra, que en esos lugares, abundaban los mercenarios y guerreros, usualmente ansiosos por ganar algo de dinero, pero también, de que más de uno de sus enemigos estaría atento a cualquiera de sus movimientos, el juego había comenzado y las piezas debían de moverse con cautela para ganarlo.

Tras lacrar algunos pergaminos, llamo a uno de sus sirvientes, no demoro en llegar un jovencito, al que recién comenzaba a asomar la sombra de la barba. Las ordenes eran precisas, entregaría los pergaminos lacrados a los destinatarios escritos, los cuales estarían en el pueblo de Duforgum, a dos días de camino, y los demás, serian dejados en tabernas o posadas cercanas, así de simple. El sirviente inclino su cabeza y se retiró, dejando al noble con sus pensamientos, mientras los engranajes de la gran maquinaria comenzaban a girar, tanto en el Valle de Viento Esmeralda, como bajo su superficie.

~&~

En la taberna  “El Bardo Sin Cabeza”, nombrada así después de cierto incidente que involucraba a un bardo, un orco y una cabra, un jovencito había comenzado a hablar, como lo había hecho en otras tabernas y posadas en su camino, aunque como siempre, el barullo y gritos de borrachos, muchas veces no dejaba oír nada. A pesar de ellos, su señor le había dado sus órdenes y sabía que era mejor no contradecirle.  

“El Valle de Viento Esmeralda, en las montañas Drakenfang, requiere de hombres y mujeres que deseen ofrecer sus servicios como cazadores, mercenarios y guerreros. El noble local, ofrece pagar por la eliminación de una plaga de goblins y hobgoblins que habitan en las montañas y que han bajado al valle. Quienes deseen trabajar, deberán de presentarse ante el noble local, antes del cambio de estación”

Tras terminar las palabras, el muchacho corrió hacia el tabernero y entrego uno de los pergaminos sin lacrar, como le habían ordenado y antes de que alguien le pudiera detener, ya había salido por la puerta, dirigiéndose hacia la próxima posada o taberna más cercana.
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Owedoc el Vie Jun 27, 2014 9:17 am

Te lo dije antes y te lo vuelvo a decir ahora, monstruo. Me pagaras lo que me debes, ya sea en oro o en sangre… Escupió Darko antes de lanzarme con fuerza contra una de las mesas cercanas.

Por favor, pensé que éramos amigos Darko… Los amigos no se matan por un par de monedas de cobre… Respondía con mi mejor tono mientras me incorporaba del golpe.Déjame pagarte esas chauchas con alcohol y mujeres.

¡¿Alcohol y mujeres?! ¿En verdad me crees tan tonto para caer dos veces en el mismo estúpido truco? No me dejaras atado a una cama con la cuenta del burdel clavada a mi entrepierna, Owedoc. No de nuevo. Me pagaras ahora. ¿Entendiste?

La situación puede parecer algo confusa para aquellos que recién vengan llegando, así que tratare hacer un resumen  de los últimos siete días, para que lleguemos precisamente a este punto.

--------------------------------------------------------&--------------------------------------------------------------------

Las frías corrientes de viento han ido menguando de a poco, haciéndose cada vez menos frecuentes y cada vez más cálidas. La gran mayoría ha dejado de arrastras consigo a la nieve y el granizo, cambiándolos por tierra y pétalos, señal inequívoca que el invierno ya ha llegado a su fin, y la primavera se abre paso firme y sin demora por entre el hielo, provocando que las pequeñas flores de los prados florezcan y den hermosas tonalidades a aquellos verdes prados que se extienden sin fin hasta donde alcanza la vista. El sol de a poco nos regala un beso cálido durante el día, alivianando los gruesos trajes de pieles y telas que el invierno nos obliga usar. Por supuesto, ya no nos encontramos en el agreste norte, esta vez estamos situados en las fértiles tierras del sur, en las extensiones de Thargund, a los pies de las inhóspitas Drankenfang, hogar de enanos y goblins… Tierra de mierda… En Mirrizbak soy tratado como un fenómeno del cual hay que alejarse lo más posible, pero aquí, los putos enanos de aquí me tratan como un goblin, un feo y sucio goblin. ¡Ni siquiera tengo la piel verde, por el amor del cielo¡ No sería tan malo si al menos pudiese relacionarme con los goblins, pero esos bastardos me tratan como a cualquier otro enano. Soy un paria en todos lados…

Regularmente evito estas malditas tierras, pero los negocios me han terminado arrastrando hasta estos lares. Las malas lenguas han esparcido rumores sobre un humano viejo como el mundo que se ha encerrado en una cabaña a los pies de las montañas. Allí se ha enfocado en la creación de alquimia prohibida, ciencias oscuras que exterminan con la vida y le ponen pausa a la muerte. Por supuesto, solo son rumores de malas lenguas… Pero yo adoro las malas lenguas.

Por esa razón, me embarque en este viaje. Pero la noche es oscura y llena de peligros, por lo que Mardu era el infaltable en mi encrucijada. Su mal carácter, su mandíbula suelta y su rápida espada, son todo lo que necesito para sobrevivir a las Drankenfang y sus desaliñados lugareños.
El viaje por lo general fue tranquilo en general, a excepción por una trifulca con unas meretrices, nada alteró nuestras caras largas y malas palabras a destajo. Eran unos diez días hasta alcanzar el pie de las montañas, así que me prepare para cualquier cosa. Inscribí las runas de pólvora en los proyectiles de la ballesta, y a esta la runa de tensión, en caso de que alguna lucha se desatase, pero nunca fueron realmente necesarias.

Nos encontrábamos a solo tres días de viaje cuando cometí el error de expresar abiertamente mis deseos por comer, beber y coger. Mardu, como es costumbre, maldijo mi falta de madurez y poco control sobre mis impulsos, solo para bajarse del equino a contar las monedas que quedaban para los vicios de la carne. El lugar escogido fue una pequeña taberna sin importancia cerca del camino. Era un lugar pobremente decorado, las mesas parecían añejas por el tiempo y el piso lucía sucio, con alcohol derramado y sangre seca esparcida que nadie se dio la molestia de limpiar en su momento. Los hombres dentro no estaban mejor. Viajeros cansados de la vida, granjeros que apenas tenían para comer, prostitutas tan sucias por fuera, que solo imaginar cómo estaban por dentro atraían fuertes náuseas y quitaban el hambre. El tabernero era un hombre flaco con un rostro tan inhóspito como su local. Una gran cicatriz en forma de “S” adornaba su calva cabeza, mientras una fría mirada ornamentaba sus ojos azules. Esa mirada parecía mirar a la nada, pero al mismo tiempo, parecía mirarlo todo.

Cuando Mardu y yo entramos, nadie pareció darnos importancia. Así que simplemente nos dirigimos a la barra y pedimos un par de cervezas y un par de chuletas de cerdo. La comida estaba desabrida y mal preparada, mientras que la cerveza estaba aguada y desvanecida. Todo en el maldito lugar parecía estar podrido por dentro, ni una sola muestra de gentileza o una mota de alegría. Todo indicaba que nos teníamos que ir en ese preciso momento, ¡y es que era cosa de sentido común! Pero no, yo no quise irme de allí hasta encontrar una chica medio decente, al menos una que se bañe una vez a la semana, ¡incluso hubiese  aceptado una que no apeste a mierda! Pero jamás llegue a encontrarla, pues al poco transcurrir del tiempo, un corpulento hombre de barba oscura como el oro sucio y de pelo corto y enmarañado, entró a paso firme por la puerta de la taberna. Era enorme, aún más que Mardu, y ciertamente mucho más corpulento, era imposible no verlo cuando caminaba, cualquiera hubiese estado gustoso de tenerlo como amigo… Por supuesto, él y yo teníamos problemas.

Trate de esconderme como mejor pude, aprovechando mi escaso tamaño y mi habilidad para pasar desapercibido, hice mi mejor intento para escabullirme tras las mesas y los borrachos. Pero fue inútil, pues Mardu, ante mi comportamiento repentino, no hallo nada más inteligente que decir a viva voz si le debía dinero el enorme tipo feo que acaba de entrar. Eso y su estúpida risotada tras la frase, llamó la atención de todo el bar, primero al único imbécil que hablaba fuerte en el lugar, y luego al imbécil que se gateaba por el piso.

Tu… Fue lo único que dijo el gigante antes de caminar directo hacia mí y levantarme sobre su cabeza. Trate de liberarme, pero las diferencia entre fuerzas era abismal.

Darko… Querido amigo. Tanto tiempo… ¿Cómo va la vida?

Pagame, Owedoc. Lo digo en serio. Y por su mirada, era en serio de que iba enserio.

Mira, la cosa es la siguiente. Ahora mismo no tengo dinero… De hecho, ni siquiera íbamos a pagar la mierda de cerveza que nos dieron aquí… A juzgar por el fuerte apretón que me dio Darko, no le gusto el chiste. No tan fuerte… no puedo respirar… Soltó un poco, pero no lo hizo más cómodo.

Te lo dije antes y te lo vuelvo a decir ahora, monstruo. Me pagaras lo que me debes, ya sea en oro o en sangre… Escupió Darko antes de lanzarme con fuerza contra una de las mesas cercanas.

Por favor, pensé que éramos amigos Darko… Los amigos no se matan por un par de monedas de cobre… Respondía con mi mejor tono mientras me incorporaba del golpe.Déjame pagarte esas chauchas con alcohol y mujeres.

¡¿Alcohol y mujeres?! ¿En verdad me crees tan tonto para caer dos veces en el mismo estúpido truco? No me dejaras atado a una cama con la cuenta del burdel clavada a mi entrepierna, Owedoc. No de nuevo. Me pagaras ahora. ¿Entendiste?

Oh vamos, no seas tan rudo con la pequeña aberración. Dijo Mardu sin levantarse de su silla. Seguro que podemos llegar a un trato y continuar nuestros caminos tranquilos.

Este pequeño gusano egoísta y tramposo, me debe 30 monedas de oro.

Ya veo… Creo que le deberás pagar en sangre, gnomo.

Por favor, deja de ayudarme. Darko, por favor, dame unos días. Ahora mismo me dirigía al imperio de los Tenebres a firmar un trato con un noble de la zona. Si me das más tiempo prometo pagarte 40 monedas de oro.

¿No íbamos a buscar a un viejo raro que se encerró no sé dónde, a hacer no sé qué? Dijo Mardu mientras se reía y volvía a beber de su cerveza.

¡Pequeño pedazo de mierda, te voy a matar aquí mismo!

Pero antes de que pudiera alcanzarme, un joven humano alzó la voz lo mejor que pudo y dio aviso de que un noble necesitaba mercenarios. Su grito pareció calmar los ánimos, más por desconcierto que por verdadera armonía. Nadie nunca se esperó que esa situación pasase en ese preciso momento. Luego de dar su anuncio, camino sin demora hasta el mesón y dejo frente al tabernero una carta sin abrir, y tal como llegó, salió por la puerta. Todo ante la mirada atónita de todos los presentes.

¿Escuchaste eso? Tu oportunidad de pagarme te acaba de caer del cielo.

Pero, Darko, en verdad dudo que paguen treinta monedas de oro por eliminar goblins…

Me darás tu paga y tu pony, el resto te lo perdonare cuando te vea luchar contra un goblin. Ahora vámonos. Me levantó sobre sus hombros y comenzó a caminar fuera del lugar.

¡Mardu! ¡Protégeme! ¡Ayúdame! Gritaba desesperado a mi amigo quien se hallaba sentado en la barra con una enorme sonrisa en el rostro. Obviamente, la situación le causaba gran dicha.

Me pagaste por acompañarte donde el viejo, nunca hablamos de ningún valle del viento esmeralda. ¡Darko, no olvides su mochila, cuelga del pony. Créeme, querrás llevarlo contigo en tu montura, es más escurridizo de lo que parece! Decía mientras reía.

¡Hijo de puta! ¡Bastardo! ¡Ayúdame! Esto no es gracioso. ¡Mardu!

Pero fue inútil, Mardu no me ayudo y Darko logró llevarme consigo. Tomó mi bolso, lo cargó en su caballo, me sentó frente a él y partimos con presura hacía el valle del viento esmeralda. Fue un viaje sin paradas hasta dar con una empalizada. Tardamos casi dos días en llegar, el viaje fue largo, aburrido y lleno de miedo. Pero llegamos, tuvimos que rodear la empalizada para dar con la entrada al lugar. Allí, nos esperaban los hombres del señor feudal, era claro que sabían cuáles eran nuestras intenciones.
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Kyr'am el Lun Jun 30, 2014 10:12 pm

Han pasado meses desde que Kyr’am se libero de su prisión,  y pese a sus impulsos y ansias de causar matanzas a conseguido pasar desapercibido, si es que lo podemos llamar así, caminado incansablemente en busca de algún encargo para mercenarios que le permita explotar esa incansable necesidad de masacre que late dentro de el, pero pese a que es lo que desea sabe que debe comportarse como un entupido ser humano, para que esos putos Caza demonios no quieran su cabeza en una pica.

-Joder como siga caminado voy a acabar suicidadome-

Decia Kyr’am mientras caminaba por unos senderos de cabras, pues según los campesinos que había encontrado había una Taberna por aquel lugar, donde disfrutar de buena hidromiel y mujeres jóvenes, esta ultima parte era la que mas le atraía de esa taberna, hacia semanas que no copulaba con otro ser vivo, si no contamos a aquella lechera que no pudo evitar destripar hace un par de semanas.

El camino aunque sinuoso comenzó ha ensancharse, dejando ver una taberna con un letrero chistoso y algunas personas hablando y riendo en la puerta. Kyr’am se aproximo a los borrachos y dijo.

-¿A quien tengo que pagar para beber y coger aquí?-

Esta frase provoco una gran risotada entre los borrachos, algunos incluso se cayeron al suelo, ya sea por la hidromiel o por el chiste.

-Claro muchacho, dentro pregunta por Cassandra es la dueña de la taberna, pero entre tu y yo amigo, no digas ninguna obscenidad delante de ella o se dará un festín contigo-

Los borrachos continuaron riendo, mientras Kyr’am entraba en la taberna, se aproximo a la barra cubierto del polvo del camino y oliendo peor que un rebaño de ovejas, lo que provoco una mueca en la cara de una hermosa mujer, pelirroja y de ojos verdes como platos.

-Una jarra de hidromiel, señorita-

Dijo Kyr’am usando su voz mas seductora, aunque esto no provoco la reacción que el esperaba.

-Enserio, una jarra de hidromiel, no hay hidromiel si me apestas el local, la habitación es 30 monedas de plata por noche, así que págame y tomate un baño después hablaremos de esa jarra de hidromiel-

La mujer le guiño un ojo a la vez que extendía la mano hacia el esperando que le pagara. Kyr’am no supo muy bien como reaccionar así que le lanzo un kull de oro y se marcho a asearse, aunque sin quitarle los ojos de encima a esa mujer que le había sermoneado, era una bomba sexual apunto de estallar.

Tras asearse y limpiar su polvorienta armadura Kyr’am se sentó nuevamente a la barra, pero antes de que pudiera siquiera pedir, ya tenia una jarra de hidromiel frente a el junto a un filete de buey, no es que esa comida le entusiasmara y mucho menos en una taberna, pero esa mujer sabia hacer su local agradable.

-¿Forastero como te llamas, que haces por estos caminos, no me digas que vienes por ese estúpido trabajo?- Kyr’am miro a aquella hermosa mujer tras tomar un gran sorbo de la jarra y dijo -¿Qué trabajo?- con un tono despreocupado – Pues ese de matar goblins o no se que, para un noble en el valle- Tras pensar un segundo Kyr’am se levanto y dijo –En que dirección? Me interesa el trabajo – la mujer no daba crédito, así que le dio las indicaciones junto con el cambio y un dulce pero apasionado beso.

Kyr’am fue hacia el Oeste durante dos días, en un caballo que había tomado “prestado” de uno de los borrachos hasta toparse con la gran empalizada, después siguió por su falda, hasta hallar una puerta en la cual se encontraban los guardias del señor feudal.
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Namhaid Anfhlaith el Sáb Jul 05, 2014 4:30 pm

Los remos golpeaban el agua con un chapoteo sordo entre las brumas del amanecer, un viento húmedo y salado penetraba por los pulmones y traía reminiscencias de un pasado que, si bien no era muy lejano, se sentía remoto por la multitud de vivencias que lo plagaban.

La silueta del lobo se hallaba quieta en la proa del pequeño bote que se mecía en las aguas encrespadas de aquel océano velado por la niebla, su cabeza asomaba de entre las mantas con las orejas tiesas y la mirada perdida en el horizonte, con un punto de brillante naranja danzando en el reflejo de sus pupilas, alejándose....

Delante de él un marinero empuñaba los remos, pálido de frío y temblando de horror, con la camisa empapada de sangre y llevando adelante y atrás los hombros mientras remaba desesperadamente hacia la orilla, detrás de él la niebla iba tragándose las llamas del barco que se hundía en las profundidades y se perdía en la lejanía.

-Rema más rápido-

La voz del lobo fue desapasionada y tajante, como si el simple hecho de verbalizar un deseo significara una automática realidad. El chapoteo de los remos cobró una nota de desespero.

Habían pasado tres años desde que las plantas del lobo-hombre pisaron las tierras de Noreth, tres años... puede que no parezca demasiado tiempo pero en ellos el lobo había crecido, se había alimentado de la sangre, del miedo y del dolor, tanto propios como ajenos.

La costa ya se vislumbraba y el sotavento despejaba las brumas de la mañana, sólo quedaban las brumas del futuro, siempre ocultas y siempre distantes hasta que golpean contra la frente del viajero. La quilla del bote encalló en la arena.

-Has servido bien.- Dijo el lobo al marinero.

-Por favor señor, me dijo que me dejaría vivir- respondió una voz desde el rincón.

-Haré algo mejor, te daré una vida plena- fue la respuesta de la bestia que se erguía.

-No, no señor, por favor... no lo haga ¡ALÉJATE BESTIA MALDITA!

Un alarido y golpeteos sobre la madera y nada más, las olas morían lamiendo la arena y las patas del licano que caminaba sin mirar atrás, dejando atrás un marinero con el hombro sangrante que lloraba sobre las tablas del bote.

-Por aquí hay varios pueblos de pescadores y en pocos días brillará la plata en el cielo... no creo que pases mucha hambre. Hermano-

Llantos, fuego y el infinito del mar y la tierra, no era mal escenario para una historia que volvía a comenzar...

[Off-rol: Leer para entender algunos detalles del post, no es indispensable pero puede entretener.]

Namhaid se encontraba a dos leguas del puerto más cercano, si es que al desvencijado muelle de Illien se le puede decir puerto, había ordenado al desdichado Koren que reme al lado opuesto de la gran bahía donde había naufragado el Icarus y se hallaba a salvo de momento, el sol se alzaba entre las montañas del horizonte y su luz fue despejando la bruma de la madrugada, Namhaid le dio la espalda al mar y miró hacia aquellas montañas.

-Me he gastado casi toda la mitad de mi paga en esa jodida brea alquímica y la otra mitad no la tendré hasta dentro de unos meses cuando la noticia llegue a los buenos del clan y me depositen en su cochino banco… hasta entonces estoy sin nada y a mi suerte, no me importa habría hecho ese trabajo de gratis; por otra parte, Koren estará bastante entretenido en su primera luna llena y si hay algún amigo del lord en Thalis que reciba noticias del naufragio, probablemente llegue aquí cuando los locales ya hayan asesinado y quemado a ese lobo loco… a ese Namhaid falso- el licano se sonrió ante esa expectativa durante unos segundos-  Bien ahora… ¿Drakenfang no? La vieja columna del mundo, veamos que sorpresas tienes para mí.

Namhaid había escuchado algunos rumores de que una catástrofe había ocurrido en las montañas años atrás, justo antes de que se marchara a su odisea por las islas del mar océano, rumores sobre la aparición de dragones negros en las montañas… y eso es precisamente lo que lo atraía a aquellas montañas, la posibilidad de encontrar un tesoro de dragón que financie sus planes era demasiado tentadora, pero para lograr semejante hazaña debía primero reunir un grupo de intrépidos lo suficientemente fuertes y temerarios como para lanzarse contra el nido de un dragón.

También sabía que aquellas regiones agrestes, llenas de alimañas y donde confluían las razas de los humanos, los minotauros, los enanos y los goblins, era el perfecto caldo de cultivo de conflictos donde bien podría encontrar guerreros de talla suficiente para consolidar sus propósitos… pero primero lo primero, tenía hambre.

Revisó el macuto que había robado, no tenía más que unos restos de tabaco, una  brújula de bolsillo saqueada al primer oficial, hilo de tripa, remiendos de lona, agujas, ocho monedas de cobre, un paquete de sal y unas cuantas galletas duras de avena; Namhaid se comió las galletas con desgano poniéndose su armadura que traía en el saco, luego enfiló rumbo al bosque que separaba la costa de las montañas, donde podría cazar alguna presa y donde la floresta lo mantendría oculto en lo que durase la luna llena, después podría volver a los caminos tranquilamente en su forma humana, siempre cubierto con su capa raída.

Los días pasaron al igual que la luna y el lobo recuperó fuerzas en el bosque, alimentándose de la carne de sus presas y curando lo sobrante con sal para tener de comer en la montaña; retornó a los caminos que poco a poco se hicieron cada vez más empinados, siempre bajo su forma humana y siempre embozado en su amplia capa gris que ocultaba sus armas, no parando en las posadas más que para pedir una cerveza aguada y estirar el oído.  

Y así fue como se enteró de las noticias del valle esmeralda, un mugroso feudo reciente, en un mísero valle que en cualquier momento sería aplastado por las grandes fuerzas que siempre jalonaron la historia de Drakenfang… no parecía una perspectiva muy atractiva para encontrar grandes guerreros, pero estaba casi sin dinero, la carne seca empezaba a terminarse y el valle estaba muy cerca, no tuvo que pensarlo demasiado.

Llegó a Villa Esmeralda encapuchado, desharrapado y de un humor pésimo, solo para ver a un hombretón cargando de una especie de crío pelirrosa y barbudo en su caballo y un… ¿Un hombre? No estaba del todo claro, pero por su traza parecía ser un guerrero. Namahaid llegó cerca de donde estaban ellos, se sentó en el suelo contra la empalizada y se sacó las botas por un instante para descansar los pies, mientras los miraba inexpresivamente sin decir nada... Estudiando cada uno de sus movimientos.
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Namhaid Anfhlaith

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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Kainen el Dom Jul 06, 2014 2:14 pm

Llevo ya varios días caminando sin un verdadero rumbo por este maldito valle, lo único que quiero encontrar es una posada o una taberna y descansar de una puta vez. La gente no esta siendo muy hospitalaria conmigo y cada vez que les pido ayuda me repudian como a un sucio mendigo. Creo, repito, creo que no voy tan sucio como para que me den este trato. Por otra parte no seria nada raro, llevo una semana sin poder lavarme y debo estar mugriento y oloroso. No quita para que sean todos unos hijos de puta.
Ahora mismo no tengo hambre, tengo la suerte de llevar carne salada suficiente como para aguantar un día mas yo solo. Lo que yo quiero es lavarme joder, y de paso la ropa. Mi dinero es escaso, con esto solo conseguiría con mucha suerte que afilasen mis cuchillas en algún pueblucho. Que por cierto tampoco les vendría mal un lavado de cara a mis armas...en estos momentos y cuando me paro a pensarlo seriamente,me doy asco hasta a mi mismo, a quien quiero engañar


Tras varias horas caminando encuentro un pequeño lago, bueno...charco grande. Seguramente formado por la lluvia o dios sabe que.En estos momentos el saber como ha llegado ese agua ahí me da totalmente igual, es agua, y lo mejor, es gratis. No podría tirarme en el agua ya que apenas me llegaba por los tobillos asi que empecé a quitarme piezas de mi modesta armadura y las dejo en el suelo para que se aireen y desaparezca el olor a perro muerto que las cubre.
Me dejo mis pantalones y con el pecho al descubierto empiezo a echarme agua de cintura para arriba, quitándome la mugre y el polvo acumulado de varios días.
Enfrascado en mi tarea, me sobresalto al escuchar un hombre detrás mía. Es un viejo montado en su carro.



Hay un pueblo a 1 hora de aquí, puede que haya posadas o tabernas en las que te ofrezcan una manera mas eficaz de lavarte. Sube y te llevo...si quieres, claro.

Ostias, una muestra de amabilidad, pensé que por esta zona no existía tal cosa.
-Si no es molestia, acepto su propuesta. Dije esbozando una sonrisa sincera. Me aleje del charco y rápidamente me vestí y me subí al carro del hombre.
-Me llamo Kainen,encantado


Tirados lentamente por la vieja mula del buen hombre, llegamos al pueblo.
Por lo visto la zona es conocida como el valle de Viento Esmeralda.
Tras agradecer al hombre por traerme a este sitio, pregunto al primer hombre que veo por la herrería. Los ojos del señor brillaron al acercarme a el para preguntar, como si se alegrara de mi presencia. No ofrecía un aspecto muy de fiar, con esta capa y unas cuchillas atadas a la cintura, pero bueno. Me dirigí a la herrería ansioso por ver si con mi dinero conseguiría que me afilasen las dos cuchillas.
Al llegar allí un hombre ya mayor con una barba blanca como la hiel me atendió

-Que desea? dijo con el mismo brillo en los ojos que el otro hombre.
-Querría saber si podría usted afilarme las armas por solo diez monedas de plata, es lo único que tengo.
-Claro claro, trae, dame tus cuchillas. vienes a ayudarnos con lo de los goblins?
-Perdone?
-No te has enterado? Lord Farkual esta contratando "soldados" para ayudarnos con la invasión de los goblins y los hobgoblins, obviamente serás recompensado
La palabra recompensa hizo eco en la mente de Kainen
-De cuanto dinero estamos hablando?
-No lo se, pero por favor, ayúdanos. Te lo suplico. Vienen al acabar el invierno y roban nuestras cosechas, raptan a los chicos, matan...Yo ya estoy muy mayor para hacer nada, por favor...ayúdanos. Dijo el hombre prácticamente envuelto en lagrimas. No me miraba, estaba afilando mis cuchillas. Sus palabras eran de verdadera tristeza y desesperación. La palabra recompensa no tenia ya tanta importancia para Kainen. Quería ayudar en la medida de lo posible a las personas del pueblo.
-Me quedare, pero imagino que no estoy solo, supongo que habra llegado mas gente para ayudar también.
-Según me han dicho, de momento han llegado cuatro personas, si cruzas el pueblo tomando la vía principal llegaras a la empalizada, están allí esperando...Ala, ya están tus armas preparadas, como nuevas. Gracias por ayudarnos Dijo el hombre con una sonrisa que no reflejaba ni felicidad ni pena, era una mezcla que pocas veces había visto.

Tome mis cuchillas y me dirigí por el camino a la empalizada donde supuestamente estarían esperando otros cuatro guerreros, por llamarlos de alguna forma, para ayudar con los goblins.
Tras unos 20 minutos caminando llegue a la entrada. Cual fue mi sorpresa al ver allí a un hombretón cargando a lo que seguramente seria un enano o un crío con el pelo rosa, un guerrero y, apoyado en la empalizada, un encapuchado. Sin saber muy bien que decir, me senté apoyado en la empalizada lo suficientemente lejos del encapuchado como para evitar iniciar conversacion alguna.




off- Siento no poder poner la primera parte de las interrogaciones, este teclado no me lo permite
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Hannah Schütze el Lun Jul 07, 2014 4:12 pm

El traqueteo del carromato rebotando contra las piedras del viejo camino hacía que la mochila de Hannah tintineara como la bolsa de un chatarrero, atrayendo las miradas desconfiadas de sus compañeros de viaje. Las mulas que tiraban del carro se movían con parsimonia, observando el mundo que les rodeaba con una curiosidad distante que conseguía exasperar a la cazadora, sobre todo porque el conductor no hacía nada por que fueran más rápido. Eso junto con el traqueteo que comenzaba a hacer que le doliera el culo, los tábanos que no dejaban de picar y su hediondo compañero de asiento, un enorme leñador que no dejaba de tirarse de la barba; hacían que el trayecto hacia Lord Farkual se le estuviera haciendo infernal.
__________________

Un par de semanas atrás la cazadora se encontraba en un pueblo a las afueras del Valle, donde acababa de terminar un trabajo de escolta de una caravana de mercaderes. Los avariciosos enanos se habían negado a pagarles la paga acordada, alegando que no se habían encontrado ningún peligro y por tanto sus servicios no habían sido necesarios, así que sólo iban a pagar la mitad.

La pelea tardó en empezar el tiempo que les llevó a los guerreros comprender las palabras de los enanos. Finalmente la guardia del pueblo logró detener la pelea (aunque algún recluta acabó con un ojo morado), y el tintineo de las monedas de los mercaderes convenció a los guardias de que los mercenarios deberían pasar la noche a la sombra, así que en cuanto salieron, el mal humor de los guerreros había crecido bastante, sobre todo teniendo en cuenta que los mercaderes se habían ido sin pagar siquiera media paga. La siguiente noche la pasaron en el calabozo, y también la siguiente a ésa. Cada vez que salían del cuartel iban directos a reclamar a los mercaderes lo que les correspondía; éstos llamaban a la guardia y vuelta a empezar. Llegó un momento en que, al caer la noche, los mercenarios, echando pestes de los mercaderes enanos iban voluntariamente al calabozo, donde los guardias les esperaban, confusos.

Finalmente los mercaderes acabaron con sus existencias y tuvieron que emprender de nuevo el camino de vuelta, y para ello contrataron a los mismos mercenarios que les habían llevado hasta allí, prometiéndoles pagarles todas las deudas y una buena prima una vez llegaran a su destino. La mayoría de los guerreros aceptaron, encantados de echarse de nuevo a los caminos, pero Hannah, que no olvidaba la traición exigió su media paga y se quedó en el pueblo, preparándose para partir hacia pastos más verdes cuando escuchó a un muchachito que gritaba algo sobre una recompensa por matar goblins. Tras un segundo de duda, la niña suspiró, agarró su mochila y echó a caminar hacia el interior del valle.
__________________

De eso hacía una semana ya, y por suerte el viaje estaba tocando a su fin, porque los compañeros de viaje de la cazadora ya comenzaban a mirarla con menos miedo y más deseo. Había pagado el viaje por adelantado, así que en cuanto pudo se bajó del carro y caminó el último tramo, reuniéndose a la puerta de la empalizada con un grupo de hombres armados que supuso que serían sus compañeros de trabajo.
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Snarl el Jue Jul 10, 2014 9:13 am

CAPITULO I




La Prueba del Noble.



Los pasos resonaban en aquel pasillo, los muros de roca y madera, diferían demasiado de las construcciones de las capitales o las lujosas mansiones de las ciudades más “civilizadas”, aquellos muros no estaban adornados, sino más bien, eran toscos y demostraban que la belleza no era su función, si no más bien, el proteger el lugar. Aquel hombre avanzaba con tranquilidad, ya había echado un vistazo con anterioridad a la empalizada y la presencia de aquellos individuos, había traído más de un pensamiento. La armadura, hecha de piel y cuero, era muy diferente a la común de metal, no era un “caballero”, sino más bien un viejo guerrero, el cual sirviendo a su señor durante años, había sido nombrado como un comandante y había dejado de preocuparse de buscar un trabajo tras completar una temporada. Tras detenerse frente a una robusta puerta, tres golpes con su puño dieron la noticia de su presencia y acto seguido, entro a la pequeña habitación, la cual aprecia más una diminuta sala, únicamente adornada por una mesa y un estante, la chimenea aun poseía restos del fuego nocturno, brasas que se negaban a extinguirse, cual lamentos de aquellos en el campo de batalla. Mirando por una de las ventanas, el noble observaba sus dominios, en silencio, con una mirada fría y calculadora, el guerrero espero que su señor hablara, como era su protocolo y como dictaban las normas, las cuales debía de seguir, si no quería que su cabeza terminara clavada en alguna de las picas que adornaban la empalizada.

-¿Ya han llegado los perros he de suponer?- Sus palabras eran duras, no dejaban dudas de su opinión hacia los mercenarios, sin siquiera haberlos visto o haber escuchado sus historias, logros o voces –Así es mi señor,  seis en total, pero me atrevo a decir, que la gran mayoría, solamente son escoria- ¿Seria al experiencia la cual hablaba o el hecho de que los mercenarios no eran más que perros que servían a quien les dieran un trozo de carne?, fuera como fuera, el noble sonrió, de una forma cruel, y claramente burlona. Girándose, camino hasta quien le había servido durante años, quien aún miraba el suelo, aunque el noble sabía que no era necesario, pues había confianza entre ambos, la misma confianza que tiene un amo y su mascota. –Tráelos al salón, veré con mis propios ojos si son aptos- Una afirmación de su lacayo fue la respuesta esperada y tras ello, el hombre se retiró, de la misma manera en que había llegado. EL noble aguardo unos minutos, mientras ordenaba sus pensamientos y tras un suspiro, camino fuera de la estancia, rumbo hacia el salón de aquel baluarte que era su hogar, para recibir a sus “mercenarios”, a los “perros de guerra”.

~&~

Los mercenarios habían llegado hasta la empalizada, cada uno a su manera y forma, se habían reunido seis en total, contando aquel extraño dúo de gnomo y bárbaro, que sin lugar a dudas, sería considerado más que curioso y extraño. Los guardias, dos para ser exactos, ambos protegiendo la entrada de la empalizada, habían visto la llegada de estos extranjeros, provenientes de tierras muy lejanas y diferentes, hasta ese momento, habían guardado silencio, como se les había ordenado su señor, mas ahora, debían de esperar simplemente. Los minutos pasaron, y aunque los mercenarios les hablaran, estos no responderían, a lo lejos, al vida del pueblo parecía ser tranquila, no difería mucho de cualquier otro lugar, como si nada les amenazara, mas como cualquier guerrero experimentado sabría, bajo aquella calma, siempre hay amenazas. El sonido de las puertas abriéndose y de soldados en movimiento, hizo que los mercenarios se pusieran en pie, un contingente de soldados y guerreros aprecia salir desde los terrenos del noble, en dirección desconocida.  

Los extranjeros podían ver una clara diferencia entre los guardias y aquellos guerreros, ya que los corceles que montaban, estaban cubiertos por mallas, los caballeros portaban armaduras e incluso, la infantería, portaba escudos y lanzas de buen material, se dirigían a la guerra. Si alguno los hubiera contado, habría notado que eran más de ciento cincuenta… no eran demasiados, pero para ser un territorio pequeño, podría considerarse una tropa considerable ¿El noble poseía la riqueza para armar y contratar tales guerreros?, era una posibilidad. Tras la salida de los soldados, un hombre apareció, su barba estaba bien cuidada, su armadura era una mescla de piel de lobo gris, cuero y placas de metal, una espada corta en su cinto demarcaba que era un guerrero, mas su mirada era diferente a la de uno cualquiera, durante un instante observo con atención a los mercenarios, antes de hablarles. –Lord Farkual les espera, es mejor que me sigan, no le gusta esperar y menos por … mercenarios- Las palabras parecían estar de mas, mientras los guerreros le seguían sobre aquel puente de madera, el interior de la empalizada parecía una diminuta aldea, un baluarte diferente a cualquier otro,  tras cruzar el puente, otra empalizada les esperaba, guardias armados les observaban desde lo alto, armados con arcos y ballestas, listos ante un movimiento erróneo,  tras esos muros de troncos y rocas, varias casas se alzaban, algunas eran cobertizos de armas, otras bodegas, algunos barracas para los soldados, se podía ver almacenes de granos y algunos aldeanos que llevaban ganado. El hombre les guio por el camino rápidamente, subiendo un último puente de madera, llegando hasta una construcción mayor, fuertemente protegida, algunas ventanas dejaban entrar luz y una empalizada le rodeaba, la casa del noble Farkual. Tras ingresar, pudieron notar cierta riqueza, aunque no tanta como en otros lugares, algunas pieles de animales adornaban el lugar y cornamentas, armas comunes, baúles de buena madera, uno que otro soldado, tras subir una escalera de madera.

El camino no fue largo, más se detuvieron ante una puerta de robusta madera, con refuerzos de oscuro metal, dos guardias abrieron, dejando ver un salón iluminado por algunas antorchas y decorado con tapices y telas, si bien no demasiado finas, si lo necesario para denotar algo de riqueza y nobleza. Sobre una silla de roble, alta un hombre de mediana edad aguardaba, sus ropas no distaban mucho de alguien que pasaba la mayor parte de su tiempo tras muros y seguro, con una barba recortada y el pelo negro carbón, les miraba, analizándolos. Quien les había guiado se detuvo a un par de metros del noble, inclinándose, en una reverencia, y hablando con voz grave –Como ordeno, estos son los mercenarios que se han presentado ante la petición hecha por su señoría- Girándose hacia los mercenarios, les hablo, mirándolos con seriedad –Les pido que se presenten ante Lord Farkual, Señor de Valle de Viento Esmeralda-

El noble espero unos instantes, mientras los hombres, gnomo y mujer, se presentaban ante él, si bien sus nombres no le interesaban en lo absoluto, eran meras formalidades y era un tiempo valioso para conocer sus reacciones y claramente su valor. Sus ojos ya habían visto lo suficiente como para saber que la escoria era inútil y contando a dos o tres, el resto no era más que alimañas, igual o peores que las que rondaban las montañas, la mujer y el gnomo eran casi un insulto… una burla, pero había permanecido callado ante ello. Tras las presentaciones, el noble hablo, con un tono tranquilo, aunque no carente de cierta incredulidad ante la visión que tenía frente a sus ojos. –Ya veo … así que estos son los mercenarios que se han interesado en el dinero, mas no veo gran potencial en estos … “guerreros”, quizás uno o dos sean aptos, un gran dilema, requiero de sus servicios y a  la vez, dudo mucho de que logren algo realmente- ¿Acaso les insultaba de forma poco ortodoxa? ¿Únicamente les había llamado para decirles inútiles?, claramente el noble tentaba a la suerte, o quizás no, ya que él no dejaba nada a la fortuna y si uno de los mercenarios levantaba su mano contra el noble, los arqueros y ballesteros apostados en el techo ocultos, utilizarían su cuerpo como blanco. -¿Cómo confiarles un objeto que vale casi cinco mil monedas de oro con tal facilidad a un simple grupo de mercenarios, sin que hayan probado su valía y me hayan demostrado confianza?-  El guerrero que les había guiado y que hasta ese momento había guardado silencio, pareció reaccionar tras esas palabras, como si su señor hubiera dicho algo que los mercenarios no deberían de haber conocido y enterado… ¿en qué pensaba su señor al revelar algo como ello con tal facilidad?

En esos instantes, un joven entro apresuradamente a la estancia, parecía agitado y sin pedir disculpas, se acercó al noble, jadeando por la larga carrera que había tenido que dar, rápidamente susurro algo a su señor, el cual escucho con atención, sonriendo levemente después de que el muchacho termino y haciendo que se retirara con el movimiento de una de sus manos. –Bien, al parecer ha surgido una respuesta a mi dilema- Pronuncio el noble- Como deben de saber, el pueblo posee un molino, el cual muele el grano y me entrega una porción a mí en forma de diezmo, al parecer, algunos campesinos no han regresado de este, y se sospecha que algunas de esas alimañas rondan este, su tarea será muy simple, vayan hasta el molino y límpienlo de esas sucias criaturas … si lo hacen, les contratare y claramente les pagare por el verdadero trabajo … por mientras, les daré siete monedas de bronce por cada goblin que maten y una de plata por cada hobgoblin que eliminen. Vuelvan con sus cabezas y les pagare- Haciendo una señal, una puerta se abrió a uno de los costados, apareciendo un guerrero, enfundado en una armadura de placas teñidas de negro, el rostro de aquel guerrero no dejaba dudas, era un semi orco – Dorn Il-Khan es uno de mis guerreros y les llevara, además de ayudar en la batalla, si sobreviven, haremos negocios, ahora retírense- Los mercenarios fueron escoltados, y mientras las puertas se cerraban tras ellos, el licántropo, aquel anarquista, pudo escuchar con claridad la orden que le daba el noble al semi orco -… vigílalos… no quiero perros sueltos vagando por mis tierras, si dan problemas … simplemente mátalos-

Los mercenarios no debieron de aguardar mucho, el semi orco no demoro en aparecer, llevando una espada en su cito y otra en su espalda, su rostro era oscuro, dejando notar su descendencia de orco negro –El molino está a una hora de caminata, es mejor que se preparen, las alimañas no son fuertes, pero gustan de atacar en número y con veneno – Era el consejo de alguien más veterano, mientras caminaba adelante, el grupo le seguiría, el camino hasta el molino cruzaba casi todo el pueblo, por lo que no era difícil y no era escarpado, no demorarían en llegar, mas … quedaban demasiadas dudas en el camino y realmente, parecía todo demasiado extraño.

~&~


-Mi señor ¿Por qué ha hablado del escudo ante los mercenarios?- Fueron las palabras del guerrero ante el noble,  en aquella habitación, Farkual observaba como los mercenarios se retiraban, con una sonrisa en sus labios, complacido, pero no completamente –Los mercenarios son curiosos, gustan del dinero, escucharon de un objeto de gran valor, de seguro estarán interesados en saber de él y por ende, trabajaran bien en limpiar ese viejo molino, no me interesa si viven o mueren, siempre habrán mas de donde salieron esos animales, y tú lo sabes, vienes de ese mismo lugar Krause … ahora solo hay que esperar y ver que tan bien siguen las cosas. Krause, recuerda una cosa, a diferencia de esos mercenarios… tú no eres un perro, tú eres un huargo y como tal, deberían de temerte-


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Kyr'am el Sáb Jul 12, 2014 3:06 am

-“Cerdo pomposo…para que mierda vine hasta aquí”- pensó Kyr’am sin mostrar esos pensamientos con su rostro, pues pese a odiar a ese noble solo con un vistazo estaba en su casa y no es que las posibilidades estuvieran a su favor, y menos si sucumbía a sus…llamémoslo impulsos homicidas.

Kyr’am escucho las presentaciones de los demás mientras los observaba, con un exhaustivo análisis, ya que quería acabar rápido para follarse algunas rameras, aunque claro, el dinero no era problema, solo que necesitaba algo de acción.


Tras ponerse en camino, se sorprendió de que un puto y repugnante orco sirviera a un noble, si eran animales tribales y idiotas, pero eran fieros guerreros y honorables…bueno honorables algunos, otros no eran mas que meros animales, pero este le llamaba la atención, no parecía un simple gusano, si no como se explicaba que a esa escoria orca la trataran con mas respeto que a los mercenarios… Kyr’am mantuvo una mueca de incredulidad mientras caminaba tras el orco, con su puño en la suave empuñadura de su espada y la lanza enganchada a su espalda con la punta hacia abajo para un fácil desenfunde.

Tras caminar unos minutos, se decidió a romper el silencio que comenzaba a ser asfixiante, aunque sin bajar la guardia ni un instante, pues estaba en tierras desconocidas para el, cumpliendo una misión para alguien que los trataba como a perros, y que seguramente les ocultaba información, Kyr’am era un vil embustero, y no le gustaba que jugaran a su juego, así que camino aproximándose al hombre de la capa raída y dijo en voz baja, casi imperceptible para los demás –Tienes…mmm...… como decirlo pinta de pocos amigos, así que ¿dime que opinas de este trabajo? Te huele tan mal como a mí.-

En el fondo no esperaba respuesta de aquel tipo extraño, que parecía que tenia mucho que ocultar solo con verle, pero las apariencias engañan, Kyr’am era la prueba de ello.

-“Como no pase algo pronto me acabare volviendo loco”- pensó Kyr’am… mientras observaba la espalda del orco y la armadura… le parecía muy pesada y inútil.

Pasados otros minutos, se fijo en la mujer… bueno no se aventuraría a decir eso, parecía que se las daba de siniestra o alguna mierda a si por su forma de vestir, -“patético, solo servirá para que la destripen, si no lo hago yo antes”-  pensó a la vez que la miraba a los ojos para seguidamente guiñarle un ojo, simplemente por el hecho de que se aburría tremendamente, solo rezaba, si es que los demonios rezan, para que alguien tropezara y se partiera el cuello y poder reírse un rato, sinceramente esperaba que fuera la mujer, el gnomo le parecía gracioso y el de la capa raída y aire misterioso le resultaba interesante, los demás, a parte del orco solo quería verlos muertos… no le juzguen es un demonio, el es así.

Cada minuto que pasaba en ese maldito camino, le hacia aburrirse mas, se planteo volver a la aldea que había visto cerca de la empalizada y destrozarla, pero eso llamaría la atención, y pese a lo bueno que pudiera ser no duraría mucho contra tantos guardias, tal vez debería largarse, pero la misión le daba curiosidad, además su señor no tenia planes para el… por el momento así que no tenia ninguna prisa.

Aunque por un momento le volvió a la mente la mención de aquel escudo, de gran valor, sinceramente no le importaba una mierda cuanto valía, mas bien quería saber que propiedades tenia, pero seguramente siendo de un noble con tan poco gusto para la decoración seria un escudo realmente hortera.

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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Namhaid Anfhlaith el Lun Jul 14, 2014 6:38 pm

Namhaid vio como uno a uno iba llegando el resto de los mercenarios que al parecer se habían mostrado interesados por el trabajo, el primero fue otro encapuchado que se sentó deliberadamente lejos de él… una fortuna, dado que cargaba con una peste insultante en el cuerpo que llegaba a las narices del licano como un puñetazo.  

La otra era una joven, casi una niña, Namhaid la repasó con la mirada sin acabar de entender que hacía allí hasta que vio la vaina de la espada corta y sintió el olor a hierbas que emanaba de su mochila ¿Alguna curandera? Había visto varias veces a algunos trotamundos que se ganaban la vida cargando con hierbajos en sus alforjas y siguiendo a partidas de mercenarios para curar callos y heridas, estas a veces sanaban y a veces la cura mataba más rápido que el mal… nunca se sabía; de todas formas esta cría era más probable que termine siendo repasada por medio ejército del noble antes de que tenga oportunidad de poner su primer emplasto de hierba de quiensabráque.

Estuvieron un rato esperando hasta que se presentó un hombre que los guió al interior de la… bueno, era demasiado insignificante para ser una fortaleza pero demasiado grande para ser una casa solariega, digamos que era un fuerte. Aparejos por todas partes y un ejército que un ojo bien adaptado podía ver que se dirigía a la guerra “Parece que el señorito local quiere jugar a la guerra, aquí se huele dinero pero no mucho… no lo suficiente” se dijo el licano mientras entraban al edificio principal.

Una vez allí y tras atravesar las adustas estancias, cada vez se notaba más la bolsa flaca del noble, tuvieron la entrevista con Farkual… un ejército miserable, un castillo miserable, un noble miserable y lo que es peor, una paga miserable: Una paga que alcanzaba lo justo para no pasar grandes necesidades si te quedabas en las inmediaciones, pero que te haría muy duro un viaje largo fuera de aquel paraje, con un poco de economía se podría salir de allí pero… ¿Qué sabrán de economía los borrachos que arriesgan el cuello por unas monedas? Farkual era un hombre astuto a pesar de su usura... tal vez especialmente debido a ella.  

Cuando se presentaba bajo el nombre falso de Malkarian, Namhaid pensó mucho en cómo se vería el gaznate arrugado de aquel viejo adornado por una linda rajadura roja, pero la habitación en la que se encontraban apestaba a humano con miedo y se oía un leve rumor en las paredes… no, era imposible hacer nada allí, ya se vería más tarde si el noble de poca monta era tan valiente sin matones cuidando sus espaldas.

La misión fue encomendada de inmediato, nada de descanso, nada de lugar para montar campamento, ni siquiera un aguado caldo con cebada y queso rancio para calmar el hambre del camino… aquel noble era la personificación de la avaricia y el lobo empezaba a plantearse si realmente valdría la pena el seguir allí; “no quiero perros sueltos vagando libremente” había dicho en voz baja pensando que no podría oírle ¿Era una referencia expresa a él o solo un mote despectivo a todos ellos?  De todas formas había que proceder con cautela, si se iba de allí tenía que hacerlo sin dejar a nadie que indique por donde se fue… a nadie vivo por lo menos.

Respecto a sus “compañeros” por así llamarlos, sólo tres se veían en condición de luchar, los otros dos eran un mutilado y una niña y del semiorco no esperaba ni una meada encima estando envuelto en llamas. Precisamente uno de los que se veía más peligrosos se acercó a el y  en voz baja le preguntó:

-Tienes…mmm...… como decirlo pinta de pocos amigos, así que ¿dime qué opinas de este trabajo? ¿Te huele tan mal como a mí?-

A Namhaid le había parecido extraño desde el principio, pero al tenerlo cerca pudo comprobar el porqué: Su olor era un tufillo extraño, entre acre y picante muy sutil… en definitiva no era un humano, tampoco un cambiaformas eso seguro ¿Vampiro? Imposible al verlo bajo la luz; Namhaid había oído de cierto incidente ocurrido en Thezeeroth durante su ausencia en Noreth pero los había tomado como habladurías de marineros ¿Podría ser que…? No importaba lo averiguaría más tarde, mientras tanto le respondió en voz baja también.  

-No creo que un tipo amable tenga este tipo de trabajos, y si, huelo muchas cosas raras por aquí….- dijo mientras lo miraba significativamente directo a los ojos, como diciéndole “Sé exactamente lo que eres” aunque en realidad no fuera así.

El semiorco mientras tanto explicó los detalles de la misión mientras salían hacia el patio. Veneno, genial, el único toque de mierda que le faltaba a esta misión asquerosa. Namhaid ya no pudo con su exasperación y preguntó a bocajarro.

-Dices que los goblins usan veneno ¿Que tipo de veneno es ese y en que tipo de armas lo suelen untar? Ya bastante incómodo es agacharse para rebanar a esas sabandijas como para también estarme preocupando por el excremento que le echan a sus armas.

-Utilizan veneno de araña de montaña, un veneno bastante desagradable. Esas bestias viven en las montañas cercanas y conviven con esas alimañas, podría decirse que los goblins las alimentan, con ellos mismos, y estas les protegen ... a veces. El veneno no lo sentirás al principio, pero después, parecerá que te arrancan la carne, el dolor es tal, que los que sufren esto, usualmente se intentan cortar el miembro envenenado-

Al responder el orco le dirigió una mirada inquisitiva que le hizo arrepentirse de ser tan específico debido a su irritación, presentía que ahora lo tendría más vigilado que al resto y eso era lo último que deseaba, por lo que decidió callarse y escuchar lo que los demás tendrían que decir, tomando nota y bien seguro de que para bien o para mal ya estaba metido en este meollo y que tendría que salir de él lo mejor parado posible.
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Kainen el Mar Jul 15, 2014 2:41 am

Desde mi sitio comienzo a fijarme en todos los que serían mis compañeros de viaje. No se muy bien que los habrá traído hasta aquí, dudo que sus intereses vayan mucho más allá del dinero que pueden conseguir con esta misión. Aunque eso es lo que creo, puede que el gnomo o lo que fuera aquel criajo de pelo rosa simplemente quisiera batirse con alguien de su talla...literalmente. Rio por lo bajo. Sería gracioso ver a un goblin y al gnomo batiéndose a pecho descubierto con una navaja o a ostia limpia, muy gracioso.

Metido en mis pensamientos no me doy cuenta de la llegada de la última integrante del grupo, una chica que a mis ojos es bastante...débil. Pero nunca hay que fiarse de las apariencias, es peligroso. Me doy cuenta de que ya estamos todos cuando viene un hombre a decirnos que Farkual nos està esperando y que mas vale no hacerlo esperar, no me he fijado ni en los guerreros armados que hace un segundo había aquí, y que están ahora a una centena de metros alejándose, seguramente listos para ir a la guerra. Guiados por el hombre, llegamos a una especie de fuerte en el que seguramente Farkual se aloja.

A decir verdad, la sala en la que somos recibidos por el tal Farkual, es bastante austera para ser parte del fuerte de un noble con la suficiente pasta como para armar a una centena de soldados considerablemente bien para ser un territorio tan pequeño. De todas formas, lo decorada que este la estancia me la trae bastante floja, he venido aquí por ayudar a los aldeanos, pero si lleno el monedero de paso, no me quejare. Tras presentarme como Kainen, vuelvo a mi puesto y comienzo a escuchar todo lo que el noble tiene que decirnos sobre sus tierras, los goblins y el dinero, también nos habla de un objeto de mucho valor que, a mi parecer no viene muy a cuento que nos hable de él. Grata sorpresa la que me llevo cuando el semi-orco entra en la sala, infunde respeto, para que mentir, no dan muchas ganas de tocarle las narices, parece que él va a guiarnos hasta el maldito molino donde Farkual quiere que eliminemos a los goblins. ¿Nos esta tomando por débiles, no? No es que ir al molino me moleste, pero las palabras y la mirada de Farkual reflejan poco mas que desprecio hacia todos y cada uno de nosotros además de que duda seriamente de lo capaces que somos. No se los demás pero me veo capaz de rebanar el cuello a unos cuantos goblins.

El semi orco decide guiarnos hasta el molino, el silencio que reina en el grupo es bastante incomodo, tras un intercambio de palabras del cual no me entero entre el encapuchado y otro hombre, el encapuchado decide hacer una pregunta sobre los goblins al Semi orco, sobre sus venenos. Sinceramente, estoy sorprendido por las cualidades que tiene ese veneno, conseguir un par de frascos, no me vendría mal, porque eso de conseguirlo de las propias arañas...no, paso, no, imposible. Decido callarme y seguir escuchando todo lo que el orco tiene que decirnos, me quedo atrás suya fijándome en lo descomunal que es su espalda. Mejor me callo, antes que cagarla y llevarme una buena ostia. Me fijo de nuevo en todos los integrantes de la misión, desde el gnomo, al que vuelvo a imaginarme batiéndose con un goblin, a la mujer, pasando por el encapuchado, no nos parecemos en nada ninguno de los integrantes, no nos movemos por lo mismo y sin embargo aquí estamos, obligados a trabajar juntos...
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