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El Tratado del Alba.

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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Owedoc el Mar Jul 15, 2014 9:30 am

El suave viento que soplaba desde el oeste hacia un poco más amena la horrible espera a las afueras de la empalizada. Los minutos corrían lentos y monótonos, ningún movimiento parecía ocurrir dentro de la pequeña fortaleza. Solo tenía a Darko, el cual se movía dos pasos hacia el norte y dos hacia el sur, en un lento vaivén de aburrimiento e impaciencia. En su rostro se veía reflejado su creciente enojo ante la espera. Supongo que nunca se imagino que debería esperar afuera de las puertas, cual perro a la espera de su amo. Trataba de sacarle algunas respuestas al par de guardias que se encontraban de pie fuera de las puertas, pero estos, cual estatuas, no se movían ni respondían las interrogantes de mi compañero.
Décimo ciclo de ida y vuelta de mi gruñón compañero, y la mirada que me dedica rompe la persistente monotonía de la situación. Una mirada cargada de rabia, dirigida con seguridad a mi rostro adornado con una irónica sonrisa. Sin darle importancia me recuesto sobre la tierra y me quedo mirando las nubes un rato.
Los minutos siguen corriendo, cada vez con más lentitud. El hórrido paisaje que otorgan las nubes no ayuda con el aburrimiento, al contrario, convierte al suplicio en una tortura. Nubes amorfas que recorren el cielo a una velocidad tan estúpidamente baja, que cuesta unos segundos el darse cuenta que en verdad se están moviendo.
Un ciclo del reloj de arena finaliza, una hora llevamos aguardando que las puertas de la empalizada se abran. Darko solo se encuentra golpeando la entrada con la frente... Debe estar más aburrido que yo, y aun así, encuentra más divertida la auto flajelación que conversar conmigo, supongo que debería sentirme ofendido, pero la idea de compartir con aquel hombre no me es para nada atractiva.

El viento sigue soplando, y trae consigo el aroma del pan recién hecho, además de un extraño humano encapuchado montado a caballo. Parecía joven en apariencia y actitud, bajo de su caballo y se apartó de nosotros, esperando que las puertas se abrieran a unos pasos de distancia. Darko notó su presencia, pero inmediatamente después volvió a su complicada labor de golpear el muro con la cara. Volví a mirar las nubes. El viento cambió su velocidad de repente, ahora el cielo parece tener una vida algo más animada que antes. Las nubes han cambiado su forma levemente, antes eran cúmulos gordos y esponjosos, blancos como la nieve, mientras que ahora se han estirado un poco, como si los dioses hayan tomado sus extremos y los hubieses tirado en direcciones contrarias. Estaban tan concentrado en el cielo que no me percaté cuando mi enorme compañero abandonó su labor y decidió ponerse a mi lado. No fue hasta que sentí lo grave de su voz que salí del trance en el que me encontraba.

¿Qué haces? Dijo Darko en el intento de iniciar una conversación que nos saque de la monótona espera.

No demasiado. Estaba viendo las nubes. Respondí sorprendido ante su amigable tono.

¿Porque? Pregunto intrigado.

Por ninguna razón en especial, Darko. Solo lo hago... ¿Porque la repentina amabilidad?

Vamos a luchar lado a lado, debemos estar en buenas relaciones... No quiero que me dejes morir si en algún momento se da la situación.

Tiene sentido... Mira, alguien más viene llegando. Dije mientras otro hombre encapuchado se aproximaba al muro de la empalizada, a unos cuantos metros de nuestra posición. Parece algo peligroso... ¿Crees que debamos tener cuidado? Dije refiriéndome al hombre que se sacaba las botas en ese preciso instante.

Siempre debes tener cuidado, de todo el mundo. Incluso hasta la rata más pequeña puede quitarte la vida si te pilla de espaldas.

Me quede mirándolo perplejo, enmudecido un par de segundos antes aquella frase.

Eres más inteligente de lo que aparentas.

Tomare eso como un cumplido, enano.

Ambos nos quedamos en silencio un rato. Los otros sujetos se mantuvieron igual de callados que siempre, distanciados por un par de metros y mucha indiferencia. Los minutos transcurrieron, y nadie dijo una palabra. Finalmente un tercer mercenario llego a las puertas del baluarte. Otro humano joven, y como imitando a los otros dos, solo se sentó lejos de los demás y guardo silencio, esperando que por fin nos abrieran las puertas.

Es un grupo bastante aburrido al parecer. Será un largo día.

Escucha... Ha empezado a haber movimiento dentro de las murallas. Parecen ser pasos, bastantes de ellos. Tal vez al fin abran las malditas puertas... Por eso odio a los nobles, se creen demasiado buenos.

No todos. Hay algunos que son bastante simpáticos... Claro, que esos son una especie extraña. Rió solo un rato. Es bastante raro ver a Darko así, parece una persona completamente nueva...

Una cuarta persona llegó justo cuando las puertas se estaban abriendo. Una mujer, una joven humana vestida con una caperuza roja. Apenas si se había acercado al baluarte cuando toda una tropa de caballeros salieron raudos. Era un pequeño batallón de al menos 70 hombres, todos armados y equipados con armaduras de acero, bastante raro para venir de un pequeño fortín como este. Tras ellos un hombre apareció. Nos dedicó una fría mirada y con un grotesco trato nos invito a pasar.

Sabes, yo una vez conocí a un Lord que se llamaba Farkuad. Era bajito y muy molesto, tenía un enorme castillo y muchos hombres... Se lo comió un dragón el día de su boda. Pobre tipo.

Ese comentario fue estúpido y completamente innecesario. Ahora cállate, no queremos tener problemas con el tipo que controla a todos estos soldados, al menos no aquí ni ahora. Dijo con un tono cortante. Tenía razón, este será un largo día.

Continuamos avanzando por la fortaleza. Nadie de los presentes dijo una sola palabra, solo nos limitamos a caminar sin retrasos atrás de nuestro grosero guía. Darko me llevaba sobre sus hombros, tal vez para asegurarse que no huyera, tal vez para que no me quede atrás. Por lo que pude dedicar toda mi atención a lo que se levantaba a nuestro alrededor. El fortín tenía bastantes edificaciones en su interior, se erigían bodegas, barracas y cobertizos. Sobre ellos, en la parte superior de los muros, varios soldados armados con arcos y ballestas nos miraban atentos y listos para disparar. Algo raro había en este lugar. O los soldados eran muy baratos, o este noble tenía más dinero del que aparentaba. Un segundo puente de madera nos encamino hacía el edificio principal. Juzgando por las apariencias, era la casa de Lord Farkual. A su alrededor se erigía una empalizada protegida por más guardias. Sin dar lugar a inconvenientes, entramos rápidamente al edificio. En su interior, más guardias hacían sus rondas. La vivienda se encontraba pobremente adornada por algunas cornamentas y baúles de madera, definitivamente este noble no tenía gusto por la estética, y centraba todo su capital en defensa. ¿Pero para que? ¿Porque un terreno como este necesita tanta defensa?

Finalmente, la caminata concluyó en una habitación algo más decorada que el resto. Un par de telas caían desde el techo, demostrando cierto nivel de nobleza, nada demasiado pomposo. El guía nos pidió que nos presentemos ante el noble local, un hombre de mediana edad, de cabello negro y barba bien cuidada.

Kyr'am, el primer encapuchado fue el primero en presentarse. Discurso leve y conciso, nada más que su nombre, igual que todos los que siguieron. Malkarian era el hombre del tipo que se sacó las botas. Lo siguió Kainen, el tercer tipo, tenía pinta de asesino, pero no parecía mostrar demasiada experiencia. Darko continuó con esto y yo le seguí con mi nombre. Ya terminadas las presentaciones el noble nos hablo con un tono tranquilo.

Mira Darko, habla de nosotros. El apto y la decepción. Le susurre al oído bromeando.

¿Cinco mil monedas? ¿Que fue eso? ¿Acaso un intento de tentarnos con objetos de valor? ¿Quería ver si trataríamos de robarle aquel objeto? ¿O simplemente se le escapó algo que no debía decir? Sea lo que sea, llamó la atención del gnomo. Con cinco mil monedas puedo financiar una investigación durante bastante tiempo. Me pregunto donde podrá guardar tal objeto. No me dio demasiado tiempo para reflexionar aquello, ya que un joven entró corriendo a la estancia. Parecía bastante agitado, y ya que no pidió disculpas ni permisos, debo suponer que trae un mensaje bastante urgente. Le susurró algo al noble y luego se retiro. Tras un encargo, una puerta se abrió en uno de los flancos del habitación y de su interior un enorme orco negro apareció. Iba fuertemente armado por dos espadas y una armadura de acero. Nos retiramos de la habitación y esperamos al orco en el pasillo. No pasó mucho antes de que surgiera tras la puerta de roble. Tras eso, nos pusimos en camino.

Ya en el patio, Ky'ram rompió el silencio con un murmullo dirigido a Malkarian. Dios sabe que se habrán dicho esos dos, con la pinta de ambos, nada amistoso seguramente. Dorn, el orco, nos habló sobre los goblins y su forma de ataque. Al parecer usan veneno de araña de montaña, lo suficiente doloroso como para querer amputarte el miembro afectado.

¿Porque las arañas tendrían un veneno como ese? Digo, no es común que solo provoquen dolor. De todas formas, ¿Cual es el antídoto de dicho veneno? Pregunte extrañado al orco negro.

Dorne me miro extrañado y respondió a mi interrogante.

Farkual consiguió un poco de antídoto para el veneno, no es fácil de obtener y lo guarda celosamente, aun así, a los comandantes y "soldados" de confianza, nos entrega una pequeña cantidad, suficiente para tres hombres. Dijo antes de llevar levemente a su pecho, arrepintiéndose a mitad del camino, como si hubiese querido demostrar que el lleva un poco de aquel antídoto.

Extrañado ante la evasiva respuesta, le dedique una mueca de extrañeza y continué en silencio. Si el orco no sabía que cosa era el antídoto, dudo mucho que sepa donde este aquel valioso objeto. Supongo que Farkual lo sabrá. El camino continuo en silencio durante un rato, el molino no estaba demasiado lejos.
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Hannah Schütze el Jue Jul 17, 2014 10:54 am

Sentada con la espalda apoyada en un peñasco cercano a la puerta, Hannah observaba al resto de los mercenarios desde una distancia prudencial, envuelta en su capa roja y con la enorme ballesta en el regazo. El viento soplaba perezosamente, apenas moviendo las briznas de hierba, trayendo el olor a humo de las chimeneas del poblado cercano. Los hombres que guardaban la puerta permanecían en un mutismo exagerado, haciendo caso omiso de los intentos de conversación que iban dirigidos hacia ellos.

Las puertas se abrieron de repente y de ellas surgió el estruendo de una tropa fuertemente armada que se dirigió hacia el horizonte a paso de marcha. La joven cazadora había compartido mucho tiempo con mercenarios, el suficiente para calibrar rápidamente de un vistazo la hechura de un arma, y aquellos soldados llevaban unos pertrechos que contrastaban fuertemente con la visión de la fortaleza de la que habían salido. La polvareda que levantó la marcha de los soldados se fue disipando lentamente de la mano de aquel viento perezoso, y de entre las nubes de polvo surgió una figura enfundada en una armadura de cuero. Su porte y su mirada contrastaban con los guardas que, junto a él, vigilaban la puerta, y revelaban que era algo más que un simple guerrero.

Hannah se levantó de manera insolentemente lenta y sacudió el polvo de su capa con excesiva meticulosidad antes de ponerse a caminar tras el resto de mercenarios. Lo cierto es que se sentía bastante molesta por haber tenido que pasar tanto tiempo a las puertas de aquel lugar, y le molestó mucho más el escuchar que a aquel noble no le gustaba esperar, "y menos por mercenarios". La mandíbula de Hannah rechinaba mientras caminaban por la fortaleza. Ya podía ser buena la paga, porque desde luego, su contratador no merecía nada de simpatía.

Con los ojos escondidos bajo la capucha Hannah observaba cuidadosamente toda la actividad de la fortaleza. Con cada paso que daba, más irritada se sentía: los soldados en las almenas, vigilantes a cada movimiento de los mercenarios, la irritaban; la pobre fortaleza de Lord Farkual, que prometía una paga más bien escasa, la irritaba; el interior de la torre, con su decoración de pequeño señor feudal, la irritaba; y sobre todo, la mirada calculadora y cargada de desprecio de aquel noble oportunista y engreído la irritaba de sobremanera.

Cuando le tocó el turno de presentarse dijo su nombre con la mayor frialdad posible e imprimiendo en su voz y su postura la cantidad justa de insolencia para que resultara molesto pero no ofensivo, teniendo buen cuidado de no apartar la mirada de una cornamente especialmente puntiaguda. El noble comenzó a hablar, y mientras Hannah escuchaba sólo a medias riéndose para sus adentros, disfrutando de su pequeña y mezquina venganza. Sin embargo las palabras "cinco mil monedas de oro" hicieron que se olvidara al instante de su insolencia, sobre todo porque frente a ella el guerrero que les había guiado hasta allí, y que parecía ocupar una posición cercana al Lord, reaccionó con alarma, lo que puso a la cazadora en guardia.

La irrupción de un joven en la sala, que, sin guardar ninguna norma de cortesía, se dirigió al noble, susurrándole algo al oído, interrumpió el pensamiento de la joven, que aparcó por el momento en algún lugar de su mente las cinco mil monedas de oro. A los susurros del chico les siguió una sonrisa del noble, que Hannah no le gustó nada. Acto seguido, Lord Farkual, con esa desagradable sonrisilla pegada en el rostro, procedió a explicarles la tarea que les iba a encomendar.
________________

Minutos después, aquella dispar compañía, a la que ahora se había sumado un  semiorco que caminaba a la cabeza del grupo, guiándolos a través del feudo de Farkual.

Hannah estaba que echaba humo. Aquel arrogante hombrezuelo iba a mangonearlos sin ningún tipo de piedad, lo cual no era lo que molestaba a la cazadora, ya que en el trabajo de mercenario siempre se cobraba mucho menos de lo que la situación y el peligro exigía; lo peor era que el noblecillo ni siquiera se había tomado el esfuerzo de ocultar el desprecio que sentía, (y que, al menos, hasta donde a Hannah concernía, era mutuo) lo cual ya decía mucho de él.

El semiorco mantenía un buen paso de marcha, suficiente para llegar rápidamente pero sin cansarse demasiado. Las tierras del Valle Esmeralda se deslizaban a su alrededor, aparentemente en calma, mientras el grupo de mercenarios caminaba en silencio hacia el molino. Uno de los hombres le guiñó un ojo a la cazadora, a lo que Hannah replicó con una gélida mirada y apretando el paso para situarse lejos de él.

El primero en romper el silencio fue el hombre que se había presentado como Malkarian, que logró sonsacarle al semiorco el tipo de veneno que usaban los goblins. La joven se estremeció imperceptiblemente bajo su capa al escuchar los efectos de ese veneno y rezó para que no la hirireran en ese combate, sobre todo después de escuchar que sólo el imbécil de Farkual tenía el antídoto.

-Esas criaturas ¿están organizadas? ¿O no son más que un grupo de alimañas?

-Depende si hay un hobgoblin ... usualmente son alimañas que atacan cobardemente, atacan en masa, nunca son pocas ... y nunca están solas, si matas suficientes, huyen gritando y chillando ... pero cuando hay uno de esos malditos, las cosas cambian. Los hobgoblins son mas grandes y fuertes, mas inteligentes y podrían llamarse "jefes", si ven uno de esos, matenlo, no importa que, o de seguro, terminaran empalados o asesinados.

Al escuchar la respuesta del semiorco a Hannah se le aflojó un poco el nudo del estómago. Al menos ahora había un objetivo claro, no sólo había que matar y rezar para que fuera suficiente. Con un gruñido de asentimiento, la cazadora se descolgó la ballesta del hombro y colocó un virote de plumas negras en ella. Atenta a cualquier movimiento extraño que hubiera alrededor, la cazadora se mantuvo cerca del semiorco, mentalizándose para la batalla.
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Snarl el Dom Jul 20, 2014 9:50 am



CAPITULO I

Cuerdas y Marionetas.

El pueblo parecía tranquilo, demasiado. Cual vieja pintura del pasado, los lugareños estaban afanados en sus trabajos, con sus preocupaciones silenciosas. Las lágrimas se ocultaban tras las puertas y cristales de las ventanas, mientras más de uno veía como aquel grupo marchaba por el camino, depositando ciertas esperanzas en estos. ¿Más estas esperanzas serian respondidas? El grupo era curioso, si bien el hecho de que los mercenarios no eran más que guerreros contratados, que la mayoría de las ocasiones corrían cuando el enemigo era demasiado poderoso o la paga no era buena, aquel variopinto conjunto, estaba formado por un gnomo demente, un anarquista sediento de sangre, una cazadora, un asesino y dos guerreros cualquieras.  Más las plegarias de muchos estaban puestas en ellos, y únicamente los dioses o la fortuna sabrían si tendrían éxito, o sus acciones serian truncadas por los hilos de la suerte.

En el transcurso de aquella caminata, las conversaciones no fueron demasiadas fluidas, pero se obtuvieron algunos datos que de seguro los mercenarios agradecerían en un futuro, ya que si bien, quizás en ocasiones ya hubieran luchado contra aquellas alimañas, estas podían diferir en sus formas de lucha de un lugar a otro, de la misma manera, que un guerrero lo hacía en el bosque o montaña.  El grupo se detuvo unos instantes por pedido del semi orco, un hombre esperaba en una caza al lado del camino, a unos cien metros más adelante, una estructura, con grandes palas se movía por acción del viento, su forma era indiscutible, era el molino. Dorn se acercó al hombre y hablando unos instantes con él, volvió con el grupo, su rostro parecía algo más serio de lo “normal”, tomando en cuenta el tiempo que habían estado junto a  este.

-Aquel es uno de los habitantes del pueblo, me informo que hace un par de horas, un granjero y su hijo fueron al molino y no se les ha visto volver- El semi orco llevo su mano a la espada que tenía en su cinto –Malditas alimañas, están bastante lejos de lo que hacen usualmente- Girando su rostro y mirando el molino unos instantes, para volver a ver a los mercenarios-Normalmente los goblins atacan las granjas situadas en las faldas de los montes o montañas, o cerca del bosque del norte, el Bosque Negro, pero para que estén directamente al lado del pueblo, debieron de haberse movido de noche, hay un desgraciado Hobgoblin aquí … vamos, tenemos trabajo que hacer-

~&~

La conversación entre el noble y su lacayo había dejado claro la posición de ambos y cuál era el pensamiento del noble ante los mercenarios. Más había cosas que se ocultaban, y mucho más era lo que se guardaba en silencio y maquinaba, cual un enorme artilugio mecánico. El guerrero no pudo vencer su curiosidad, aun a pesar del tiempo sirviendo a su señor y de saber que no debía de objetar sus decisiones, no podía evitar preguntarse sobre las acciones de este y que era lo que pensaba lograr con ellas. –Mi señor, perdón por la objeción, pero… ¿Por qué aquella actuación? Y ¿Por qué Dorn?- El noble sonrió, caminado tranquilamente y tomando asiento en la silla tras la mesa, si bien la habitación no tenía grandes lujos, Farkual aparentaba mucho menos de lo que realmente era, invitando a que le acompañara y se sentara, comenzó a hablar, había cierta complicidad entre aquellos dos hombres, quizás eran los años de servicio o la lealtad, o quizás, por el simple hecho, de saber que no habría una traición después de aquella pequeña conversación.

-Al parecer, aun tienes esa curiosidad, que te identificaba de joven, Krause, hace tres días que ese molino esta infestado de alimañas, ahora debe de ser un nido bastante profundo ... por lo menos cien de esas bestias...-Sonriendo de forma tranquila y claramente satisfecho- Debido a que pocos han usado este, no ha habido grandes problemas para que no hubiera un caos. No fue difícil utilizar a aquel paje para que trajera la noticia y utilizar a los mercenarios para esa limpieza, los útiles sobrevivirán, la basura será desechada, y yo… me ahorrare tener que preocuparme por ensuciarme las manos yo mismo.- Las palabras del noble eran frías, pero era una táctica común entre los que tenían poder y territorio, algo demasiado común y silenciado hacia la plebe o mercenarios, que se vendían al mejor postor como rameras baratas –Sobre Dorn, bueno … últimamente ha tenido ciertos sentimientos de lealtad hacia los habitantes de este lugar, y dudas hacia mí, la falta de lealtad es algo muy peligroso … te puede costar la vida. Si nuestro estimado Dorn no regresa, será una pena y lo lamentare mucho, si vuelve, bueno… quizás deberé de planear enviarle hacia las grutas para limpiar el corazón mismo de esas alimañas-  Tras esas palabras, el guerrero comprendió lo que significaba dudar de las órdenes de su señor, y también, de lo que este haría, si veía amenazado su poder.

~&~

Los mercenarios subieron la pequeña cuesta que les llevaba hasta el molino, las aspas se movían lentamente,  impulsadas por el viento que provenía de las altas montañas, si bien la construcción no era diferente a cualquier otra, su desgastada pintura blanca, la puerta cerrada y la alta ventana, no le daban un aspecto demasiado terrible, ni amenazante. Pero como todo lugar de Noreth, los lugares más simples, pueden ser un verdadero infierno para quien osara pisarlo. Lo primero que notaron los mercenarios y el semi orco, fue una carreta, al parecer, perteneciente al granjero e hijo que había mencionado el hombre anterior, la mula comía la hierba cercana, moviendo sus largar orejas, ajena a la presencia de los extraños, como si no le importara su existencia. Sobre la carreta, varios sacos de grano, aun cerrados y sin descargar, no era una buena señal.  

Dorn desenvaino su espada, aquella que tenía en el cinto y se acercó a la carreta para examinarla, a simple vista no parecía tener ninguna señal de daño, por lo que se podía pensar que no había sido atacada, tampoco habían huellas o sangre en el exterior.  No era recomendable entrar al molino, si las alimañas lo habían tomado y había un hobgoblin, de seguro debería de haber una o dos docenas de aquellas ratas, y en ese espacio reducido, ellas tendrían la ventaja. En cualquier otro momento, el semi orco hubiera optado por lo más simple quemar hasta los cimientos ese lugar, con todos los goblins dentro y cazar a los que huyeran, pero construir un nuevo molino significaría varios meses de trabajo y este era necesario para el pueblo. Un dilema claramente difícil de elegir, pero quizás la fortuna o algún dios burlón, les dio la respuesta, ya que el fétido aroma, hizo que más de uno levantara su rostro hacia la pequeña ventana en lo alto del molino, para encontrarse con un solitario goblin, apuntando con un arco, y disparando mientras gritaba con palabras irreconocibles y chillando cual poseído. La flecha no demoro mucho en llegar, más si no fuera por la pésima calidad del material, la defectuosa mano de obra y por qué había golpeado el aspa del molino, de seguro hubiera dado en la cabeza del gnomo.

La presencia del goblin, sus chillidos y palabras, tuvieron un efecto, claramente “atemorizante”, o quizás, ridículo, para algunos, más la situación siguiente, no lo fue tanto, ya que abriéndose con un gran estruendo la puerta del molino, no menos que tres docenas de goblins, de diferentes tamaños, aspectos, formas y colores, surgieron cual ratas de la oscuridad. Sus apariencias no distaban mucho de seres deformes, grandes cabezas, cuerpos pequeños, rejas inmensas, bocas llenas de dientes y ojos pequeños, cuerpos adornados con pieles y huesos y armas, infinidad de armas de todos los tipos imaginables, aunque claro, muchas de ellas inútiles o que no correspondían a su tamaño. Entre la hecatombe verde, marrón y amarillenta, de voces chillantes, risas y dientes, podían verse algunos goblins mejor armados, dagas que claramente goteaban veneno, lanzas con punta de piedra o metal, arcos y dagas, e incluso, un hacha de dos manos, que era sostenida por un par de goblins de gruesos brazos y reducidas piernas.  Dorn miro a las alimañas, en ocasiones se había enfrentado a  ellas y no le eran desconocidas sus armas y tretas, tampoco su número ni tácticas. Rápidamente noto que por ningún lado se veía al “líder”, por lo que de seguro aún estaba dentro del molino, aguardando o quizás, esperando el momento propicio para salir.

-Je… bueno, hora de trabajar- Menciono el semi orco, al ver que los goblins rodeaban al grupo con una velocidad abrumadora, con rostros amenazantes –Un consejo, solo mátenlos, no hay necesidad de tomar prisioneros- En esos precisos instante, el sonido de un cuerno, profundo y grave, sonó desde el interior del molino, sonido que pareció avivar la sangre de los goblins, que se lanzaron contra los mercenarios, con ansias asesinas y malvadas.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Namhaid Anfhlaith el Dom Jul 20, 2014 9:48 pm

La marcha prosiguió con pocas preguntas a lo largo del poblado, los rostros fúnebres de los habitantes y una que otra mirada esperanzada que dirigían a los mercenarios le dio mala espina a Namhaid; era cierto que el ejército, a pesar de su reducido número en comparación a con los que había visto en anteriores campañas, estaba relativamente bien ocupado ¿Pero por que esos rostros de dolor que delataban las pérdidas de los habitantes? ¿Cómo es que habiendo tantos soldados no se podía asegurar la seguridad de la cabeza del feudo?

Empalizadas de madera... no muy viejas, población que no ha mucho servía al señor... aquí no habían se señales de un vasallaje antiguo ¿Era Farkual un verdadero señor del valle? ¿O sólo se servía de la mano de obra barata de unos campesinos ignorantes? El semiorco no parecía muy complacido con el servicio a un hombre al cual no había llamado por su título. Algo se cocía debajo de todo esto pero aún no sabía que era, de todas formas una población desprotegida era una población descontenta, y el descontento es tierra fértil donde florece la anarquía... tal vez habrían cosas interesantes para hacer por aquí.

El camino terminó llevándolos a un llano donde un solitario molino movía sus aspas perezosamente,el tufo a mil demonios que emanaba de le explicó al licano lo que había pasado mucho antes de que Dorn desenvaine su espada y examine la carreta: Peste de goblin, el adamantio brilló en las manos de Namhaid.


El chillido del canijo verde -vaya cosa más efectiva chillar a tus enemigos antes de tirarles una flecha- marcó la primera nota de la sinfonía de sangre que se desencadenaría a continuación, la flecha pasó rozando el cráneo de nuestro enano y un torrente verde de goblins salieron del molino como cucaracha. Me voltee a ver a Owedoc sin detenerme a ver su cara de susto.  

-Tus primos te la tienen jurada y vienen a saludarte.- le dije por lo bajo al gnomo que nos acompañaba, por un momento pensé en transformarme, pero ¿Un montón de goblins emboscan al mismo tiempo que por sorpresa aparece un licántropo en medio de ellos? No conocía los límites de su estupidez o superstición, pero estaba bien seguro de que movidos por el temor sospecharían algún tipo traición a pesar de que los goblins y los lobos tenemos tanta relación como los osos y las medusas, además tenía que volver a ver a Farkual por la paga que necesitaba urgentemente y no creo que le hiciera gracia tener un licano en sus tierras.
 
Le di la espalda a los goblins y me dirigí sables en mano directo a la carreta, no estaba seguro de las habilidades o intenciones de estos sujetos como para confiarles mi espalda, pero no la dejaría descubierta con una manada de minibestias arteras acercándose. "Al menos puedo confiar en la madera y el trigo, ellos nunca me han traicionado", un relámpago mate cortó las correas que sujetaban a la mula y un fuerte golpe con el ancho de la hoja hizo que salga disparada "A lo mejor algunos goblins la siguen y en el mejor de los casos le rompe la crisma a alguno de una coz" pensé.

-¡Niña!- Grité con voz ronca y firme a la adolescente que nos seguía-¡Sube a la carreta y usa ese traste que tienes en las manos, empieza por esa rata que nos disparó desde el molino, nosotros te cubriremos los flancos- Luego miré al gnomo y noté su pequeño carjac- Tu súbete también y tírales piedras, palitos o cualquier cosa que sepas hacer.

Miré a los otros, no tenía idea de si seguirían mis instrucciones o no pero la verdad es que no importaba demasiado, estaba seguro de que los dos tiradores que teníamos les encantaría ponerse a altura, acomodarse entre sacos de trigo y disparar, nadie era tan tonto como para meterse en el melé con una ballesta en las manos.Yo por mi parte sólo tendría que preocuparme de que ninguna de esas ratas verdes trepe por la carreta y les corte el cuello, esta tenía cuatro lados y yo cubría uno ¿Era tan complicado para tres guerreros que sepan contar saber que es lo que debían hacer?        

Todo esto demoró quince segundos y los goblins llegaban corriendo, primero los de armas más ligeras y por atrás venían los mejor armados, un apestoso verde armado con una lanza se abalanzó contra mí. Contrariamente a lo que la gente podría pensar por las apariencias, la clave de la esgrima a dos manos no es el ataque doble... sino la defensa y el contragolpe, la mano débil defiende y la mano fuerte golpea. Pero esta era la clave del Sejt-Makar: Que cualquier mano podía desviar o atacar alternativamente, por eso todos sus usuarios somos ambidextros.

La punta de la lanza se dirigió con destreza a mi cuello y un golpe de plano de mi sable izquierdo la desvió a  a la derecha mientras el otro descendía rápidamente para cortar y quebrar el cráneo del infeliz goblin que salpicó sangre como un tomate; el siguiente que se abalanzó con dos cuchillos cortos no fue más afortunado: un golpe en su mano derecha cortó como una guillotina sus cuatro dedos contra la empuñadura y un segundo rebanó su cuello. Sólo cuatro movimientos y dos enemigos yacían en el suelo, el Sejtk-Makar es la economía del movimiento, el paso justo como la cabra de monte y el golpe rápido como la serpiente.  

Pero los goblins seguían llegando en masa y yo no podía ver el rumbo que los demás habían tomado, si huían o peleaban, el olor de la sangre inundaba mis pulmones y me insuflaba ánimos; cuanto desearía verme libre en mi verdadera forma y poder disfrutar a plenitud del festín, pero no podía ser... no por ahora al menos.

Tres goblins se acercaron uno detrás de otro, dos armados con mazos y rodelas de madera y un tercero detrás con un hacha de piedra en las manos, dejé que los dos primeros golpeen primero y un sólo tajo en el aire cortó la madera de sus mazas como la mantequilla ¿Madera contra adamantio? Era un buen chiste,un sólo golpe de mi brazo izquierdo segó las vidas de ambos cortando sólo con tres centímetros de profundidad sus cráneos, era más que suficiente. Dos movimientos y dos muertos, la cosa va mejorando.

El goblin del hacha de piedra quedó algo rezagado y su ataque fue el más desordenado de todos, iba casi desnudo y su arma era la más miserable de todas así que probablemente era un individuo joven en sus primeros saqueos, no fue difícil seccionar su brazo y dejarlo desarmado. Hasta la más vil de las criaturas tiene miedo al ver la muerte frente a ella... esa mirada quedó congelada para la eternidad en su rostro que iba girando por el aire, pegado a su cráneo y este cortado de su tronco por el segundo golpe de mi arma. Esa muerte me dio asco.

Finalmente la última línea de goblins avanzaba y dos goblins musculosos se dirigieron hacia mí, uno armado con un hacha a dos manos y el otro con un espadón avanzando con sus armas en alto; estos eran distintos, más viejos, más experimentados y mejor armados. Decidí no correr riesgos y al tenerlos a cuatro metros de mi clavé mis espadas al suelo en un rápido movimiento y extraje dos puñales, uno con cada mano, y los arrojé contra los dos simultáneamente para recuperar luego mis armas. Un golpe directo a esa distancia era fatal, pero aunque fallara siempre ayuda el que tu enemigo esté herido.      

El molino aún apestaba a goblins y sólo había una puerta apreciable... ¿Se podría quemar toda la estructura? Era probable, pero dejar al señor sin su molino (principal fuente de su riqueza en la mayoría de los casos) no era la mejor forma de ganarse su recompensa, y esperaba que los demás lo entendieran así.
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Hannah Schütze el Mar Jul 22, 2014 5:26 pm

Un grito chirriante y horrendo sacó a Hannah de sus pensamientos justo a tiempo para ver como una flecha se clavaba en el suelo a unos metros de ellos y antes de que pudiera siquiera abrir la boca para soltar un comentario sarcástico, las puertas del molino se abrieron de par en par y una tromba de grotescas criaturillas verdes pésimamente armadas surgió del edificio como una plaga bíblica, gritando y riendo.

Durante un instante, Hannah se quedó paralizada. Todo había sucedido en cuestión de segundos, pasando tan rápido de la calma al peligro que su cuerpo no era capaz de reaccionar.  La multitud de goblins parecía un sólo ser con miles de brazos, ojos y dientes, y durante un segundo, Hannah olvidó la máscara de dura mercenaria que solía llevar, y la niña campesina que un día había sido (y que quizás nunca había dejado de ser) se quedó totalmente blanca ante el terror de los goblins. Recuerdos de la noche que su poblado fue arrasado golpeaban las puertas de su mente, y el pánico luchaba por hacerse con el control. Desde las profundidades del molino el profundo y amenazador sonido de un cuerno hizo vibrar el aire, y el fétido olor a goblin era tan espeso que se podía paladear.

-¡Niña!

La ronca voz de Malkarian sacó a la joven cazadora de aquel estado de terror un segundo antes de que una de las criaturas asestara un sablazo contra ella. En el segundo en el que la oxidada hoja del goblin cortaba el aire en dirección a su cuerpo, Hannah llenó de aire sus pulmones y, al tiempo que espiraba, hurtó el cuerpo rápidamente haciendo que la hoja de su adversario quedara atrapada en el suelo, para acto seguido golpearle con la culata de la ballesta en el cráneo con todas sus fuerzas. El sonido del hueso al astillarse y la textura blandengue del cerebro de la criatura fue todo lo que necesitó la cazadora para cerciorarse de que su enemigo estaba muerto.

La punta de una lanza apareció de golpe frente a ella, que consiguió esquivar el lanzazo por unos milímetros saltando hacia atrás. Tras el goblin que se preparaba para un nuevo golpe venían tres más, así que Hannah, aprovechando el impulso con el que había saltado, dio media vuelta y echó a correr hacia el carro donde se encontraba Malkarian. Con la ballesta fuertemente aferrada con las dos manos, la joven corría a grandes zancadas mientras mascullaba todo tipo de maldiciones tabernarias entre dientes. Un goblin le salió al paso chillando como una rata mientras bamboleaba la cadena que usaba como arma. Hannah, sin disminuir la cadencia de su carrera, lanzó el pie derecho con toda la fuerza que fue capaz a la cabeza del verdoso, y entre una lluvia de sangre y dientes de goblin siguió corriendo hacia la carreta.

A punto de llegar a su objetivo, viendo que su alrededor estaba relativamente despejado, giró el cuerpo y tras apuntar un segundo, conteniendo el aire, apretó la palanca de la ballesta. El virote salió volando por los aires arrancando una nota casi musical al arma, y con un silbido se clavo el el cuerpo del goblin que les había disparado en primer lugar, haciendo que cayera de su atalaya entre gorgoteos.

Ya jadeante tras la carrera, Hannah se aproximaba a la su objetivo sólo para ver que, tras Malkarian que se estaba defendiendo de dos goblins, otras dos de esas criaturas trepaban por la parte posterior de la carreta. Con un suspiro de agotamiento, la cazadora apretó los dientes y aumentó el ritmo de su carrera, hasta subirse de un salto a los sacos de trigo, dejando caer la ballesta sobre ellos y desenvainando su hoja de plata. Los goblins, que no la habían visto venir, la miraron durante una milésima de segundo con expresiones embobadas, confusos ante la tormenta roja que se les venía encima, antes de cambiar sus expresiones de extrañeza por muecas de ira, que apenas duraron una respiración antes de que sendos cortes aparecieran en su garganta.

Envainando la espada, Hannah se tiró a cubierto tras los sacos de trigo mientras recargaba la ballesta, de nuevo soltando mil improperios al tiempo que lo hacía. Una vez que su arma estuvo de nuevo cargada, la cazadora se levantó con cuidado, dispuesta a dispararle al hobgoblin en cuanto asomara su apestosa cabeza... Y mientras tanto, iría derribando a los tiradores goblins que se atrevieran a tensar sus arcos.
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Kyr'am el Miér Jul 23, 2014 12:27 am

El rostro de kyr’am permanecía inexpresivo ante los acontecimientos, un Semi orco hablando con un pueblerino como si le importaran, le pareció francamente repugnante, pero eso no era lo  peor, ver como esa gente depositaba sus esperanzas de supervivencia en un grupo como el que formaban era mas que ridículo, a parte de el y silencioso que soltaba palabras afiladas con su fría lengua no había nadie que realmente pareciera un digno adversario, aunque claramente kyr’am sabia que las apariencias engañan y que hasta el mas pequeño de los seres puede causar gran muerte a los demás.

Tras una caminata ni larga, ni corta llegaron al molino entre bostezos por lo menos por su parte, el había venido hasta aquí para poder segar alguna vida, no para preocuparse de las trifulcas sociales y políticas de un valle de mierda que no merecía ni salir en los mapas, entonces sucedió, un chillido seguido de una flecha lanzada  hacia el gnomo le sacaron de sus pensamientos, no sabría decir si la flecha erró por la pésima puntería de aquel goblin o si el gnomo owedoc era el tipo con mas suerte sobre la faz de la tierra.

-Hubiera tenido mas suerte disparándole a un elefante- río kyr’am mientras desenvainaba la espada al unísono que se abrían las puertas del molino, pues como observaban sus ojos esos goblins parecían motivado y entusiasmados por mandar al pintoresco grupo a la otra vida.

Eran como un mar de cuchillos y armas de mierda, pero tenían una amplia superioridad numérica, y parecía que Malkarian y la niña llorona, se habían dado cuenta que el carro era una buena posición para defenderse, pues les seria fácil exterminarlos  siempre y cuando no les dejaran rodearlos, en cuyo caso la situación se pondría negra.

-No dejéis que flanqueen la posición o su superioridad numérica será una gran ventaja-

Dijo kyr’am a la vez que retrocedía y esquivaba las cosas que le arrojaban con gracilidad, por algo era un maestro wushu y no un puto guerrero de primera línea, pero eso no basto, pese a sus cortas patitas esos cerdos corrían como jaguares lanzando estocadas sin forma y como locos, un descuido podría herirle y kyr’am pese a disfrutar de el dolor, no quería entrar en cólera delante de una compañía tan variopinta, así que se limitaba a desviar las estocadas para seguidamente cortar la garganta del que se aproximaba, el primero cayo con rapidez, pero el segundo ataco con mas fieraza al ver como la espada de kyr’am seccionaba a su compañero como alguien que corta mantequilla, este portaba una especie de palo con clavos que lanzo violentamente contra kyr’am, sin pensar en que se quedaba desarmado, la porra paso a escasos centímetros de la cabeza de kyr’am el cual esquivo con un paso hacia atrás y a la derecha para seguidamente golpear la cabeza del goblin con todas sus fuerzas, con la misma pierna recién retrasada, se escucho un crack al partirse el cráneo contra la placa de acero del empeine de la bota de kyr’am seguido de los chillidos de dolor de la criatura y la risa de kyr’am alejados hasta ponerse en el flanco izquierdo del carro.

-Creo que estos bichejos son muy molestos, el gnomo se sentirá como en casa- río, pero antes de que alguien pudiera decirle nada un goblin con un martillo salto hacia el con intenciones homicidas, a lo que el demonio respondió ensartando en el aire su espada en su pequeño cráneo, aunque claro no fue buena idea, los diminutos huesos de este atascaron la espada dejando a kyr’am inmóvil, provocando que tuviera que abandonar el arma atascada y sacar su lanza.

-Es hora de ponerse serio- Dijo a la vez que se ponía en posición de combate defensivo esperando un nuevo ataque.

Su arma era de rango medio, y esos pequeñazos no podían golpearlo sin acercarse, lo que le daba una tremenda ventaja respecto a los que usaba espadas y dagas, un goblin griton con una especie de espada improvisada atada a un mango de madera corría como un loco riendo y maldiciendo en una lengua extraña, pero su idiotez le duro poco, antes de que se aproximara a mas de 2 metros la lanza de kyr’am le golpeo una pierna derribándole y seguidamente con un salto el demonio le propino un golpe descendente causándole una muerte por decapitación.

-Deberíamos quemar ese molino y problema resuelto- dijo kyr’am mirando a el encapuchado que parecía el mas hábil de los presentes.
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Kainen el Vie Jul 25, 2014 4:36 pm

Con el silencio como sena personal, escucho atentamente las preguntas de los demás mercenarios y mas atentamente aun las respuestas del grandote de Dorn, que respondía sin demasiado problema a las preguntas que le hacen los demás, lo mejor de todo es que existe un antídoto para el veneno de esos asquerosos seres, así que en el peor de los casos, contaríamos con la ayuda del semi-orco para que nos deje un poco de aquel liquido, aunque solo hay para tres...

El paso por el pueblo esta siendo un tanto raro, todos nos miran esperanzados, como si contaran al cien por cien con nuestras habilidades para salvarlos de las alimañas, no se yo hasta que punto deberían hacerse ilusiones, no somos soldados, podemos hacer bastante pero por mas que lo intentemos no somos ni estamos tan bien armados como los soldados de Farkual. Espero que tan solo sea un poco de pesimismo por mi parte y podamos reventar por dentro a todos y cada uno de esos asquerosos seres y salvemos a estas pobres gentes. Tras una marcha no muy larga, llegamos al molino. Dorn se acerca a la carreta, esta llena de grano, pero ni rastro de goblins por ahí.

Un chillido, una flecha y un cráneo de gnomo casi atravesado por ella, como un cuerno de guerra, dan la señal de que comienza el combate, una marea verde y pestilente sale del molino...goblins...y muchos. Sus armas son diversas, parece que no todos cuentan con veneno, algunas armas gotean el veneno arácnido, no me da buena espina. En menos de veinte segundos, el llamado Malkarian ha desarrollado una táctica esplendida para la lucha contra las diminutas bestias, la chica de la caperuza le obedece y sube al carro que Dorn había examinado al principio para acomodarse y empezar a disparar con su ballesta a todo ser viviente. Uno de los goblins, armado con una lanza de madera arremete contra mi, buscando atravesar mi estomago, si bien la punta era de piedra eso habría dolido y seguramente perforado la carne y si había veneno peor aun. Con un brusco movimiento, esquivo la lanza que iba en horizontal, una cuchilla vuela y una cabeza de goblin cae al suelo. Un segundo ser se abalanza sobre mi con una maza cuadrada de madera, al menos esto no tiene veneno. Aprovechando la lentitud del Goblin llevando su arma, equipo la segunda cuchilla y salto hacia el apuntando a su cuello como un felino que ataca a su presa, un chorreón de sangre sale de la yugular del apestoso ser.

Siguiendo la táctica que creo haber comprendido por parte de Malkarian, me dirijo a uno de los laterales del carro, donde la chica ya esta subida y luchando contra un par de goblins. Un goblin con unos brazos mas grandes de lo normal y armado con una espada y un diminuto escudo de madera intenta atacarme a las piernas, con un rápido movimiento esquivo el ataque y le doy una patada en el cráneo al atacante, mas sangre, suerte que no pude lavar la ropa porque si no habría sido un trabajo inútil. De dos rápidos movimientos rebano el cuello a otros dos goblins armados con dagas que rezumaban veneno, debería intentar conseguir un poco de ese veneno, quizás si vaciaba uno de mis botes e intentaba escurrir el veneno de la daga... no, era demasiado peligroso, una vez acabe la batalla seria lo mas inteligente. Mientras observo como se baten mis compañeros, me pego a uno de los lados de la carreta, esperando haber comprendido bien lo que Malkarian quería y que los demás hicieran lo mismo, uno de ellos ya había entendido el mensaje, quedaba uno de los lados desprotegidos.
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Owedoc el Sáb Jul 26, 2014 5:14 am

El viento que nace desde el este se ha mantenido con un ritmo tranquilo y acogedor, lo que solo me hace mantenerme intranquilo. La zona no es demasiado conocida por su estabilidad climática, por lo que es raro que aquel leve soplido de Eolo se mantenga tan apacible. Probablemente no sea nada, probablemente solo sea yo el que se percate de algo tan insignificante como aquello, pero la vida me ha enseñado que a veces, incluso el batir de alas de una mariposa puede convertirse en un huracán. Nunca hay que subestimar a los envases pequeños, pues recurrentemente suele ser un error fatal.

La suave ráfaga de las Drankenfang recorre con marcha tranquila las calles del pueblo del valle esmeralda, acariciando con delicadeza los rostros de cada ser que se encontrara sobre las polvorientas calles. Consigo arrastra los aromas del entorno, el pan recién horneado, el acero fundiéndose y la bosta quemándose. Apenas levanta las diminutas motas de tierra del piso, acarreándolas metros más allá. Mientras sigo con la vista aquellos pequeños remolinos de polvo, me topo con la tímida mirada de los habitantes de la aldea. Las miradas no se encuentran, apenas si se topan con los temerosos y esquivos ojos de aquellos que se enfrascan con ganas en sus tareas diarias. Tal vez sea mi idea, pero aquellos ojos vidriosos están llenos de miedo, como un niño que no encuentra a su madre. Quiere llorar, pero siente que no debe hacerlo, porque una bestia saltara sobre su cuello si lo hace. ¿Pero porque aquellos ojos están al borde de romperse? ¿Les tienen miedo a las alimañas que asolan sus campos y la tranquilidad de sus vidas? O tal vez sea algo más, algo mucho peor que unos cuantos goblins, algo que se alza sobre la colina y los observa con ojos de águila… Tal vez, solo tal vez.

La brecha entre el destino final y nosotros se iba haciendo cada vez más pequeña. Si bien las conversaciones no abundaron entre los variopintos seres que conformaban el grupo, la tensión ayudo para acortar el tiempo de viaje. Nadie parecía confiar en nadie, y eso era preocupante. Quería hablar con alguien, quería crear un pequeño lazo de estabilidad entre nosotros, lo necesitaba, tenía la sensación asfixiante de ser una diana con patas desde que salimos del fortín. No puedo evitar sentir que nadie me consigue con vida al final de todo esto, y lo malo, es que yo mismo me uno a esa visión.

Finalmente, llegamos a un punto donde el molino era claramente visible. Unos metros más allá se podía distinguir las cuatro grandes aspas de aquel edificio moviéndose con lentitud al ritmo del viento. A un lado del camino, una casa se alzaba humilde. A su lado, un hombre de iguales características que su hogar. Dorn nos hizo esperar y se apresuró a hablar con el hombre. No tardo mucho, y con premura retorno a nuestra posición. Con creciente preocupación, afirmó que los goblins se habían adueñado del molino. Alarmado ante la latente amenaza de una batalla cercana, recargué el potencial mágico de las saetas y las mantuve a disposición en caso de necesitarlas. La ballesta la cargué en la espalda, y el desatornillador lo mantuve a mano.

Mediante nos íbamos acercando, el color blanco desgastado de la fachada se iba haciendo presentes. La madera corroída por el tiempo le daba un aspecto deplorable al molino, impresión que mejoraba cuando uno se detenía a analizar la conservación del adobe. A un lado, una carreta y su mula aguardaban con tranquilidad el regresó de su dueño. Sobre el carruaje, unos cuanto sacos se mantenían cerrados. Desde mi posición sobre los hombros de Darko, me dispuse a observar el entorno mientras Dorn analizaba la carreta. No había señales de lucha en el lugar, ni sangre, ni escombros. La puerta cerrada del molino parecía normal, pero un aura de intranquilidad provenía desde el otro lado. Metro más arriba, una ventana sin cristal se presentaba sin huésped, y desde su oscuro interior, la misma aura de intranquilidad. Pronto, un goblin de piel amarillenta se acercó arco en mano al marco de la ventana. Chilló con fuerza en su idioma y disparó su letal proyectil. Ya sea la mala fortuna o el simple azar, aquella criatura eligió su blanco con cuidado, optó por el enemigo más débil y disparó su arcaica flecha contra mi cráneo, y si no hubiese sido por una de las aspas del molino que alcanzó a desviar la difusa trayectoria, hubiese atravesado sin dificultad el hueso de mi cabeza. Aquel tiro pude haber fallado, pero la siguiente vez no iba a tener tanta suerte.

Inmediatamente después, la puerta de madera se abrió y libero a los habitantes del interior. Unos cuarenta goblins de todos los colores salieron corriendo eufóricos hacia nosotros. Eran una masa informe de seres apestosos de todos los colores y formas, su equipamiento era igual de variado que ellos, cargando desde lanzas de madera a un hacha de dos manos. Muchos de sus filos goteaban aquel líquido verdoso del que Dorn nos había advertido. Esta se había vuelto una situación altamente peligrosa para mí, siempre trato de evitar estas cosas por la clara desventaja que supone tener mis patitas de mierda. Un grave sonido de cuerno suena potente desde el interior del molino, sonido que arremolina la sangre de los goblins, lanzándose al ataque sin miedo alguno.

Que graciosos… Ahora, de pronto, todos son cómicos. No hablaron una mierda durante todo el viaje, pero así de repente todos se entienden a la perfección. Es un grupo extraño.

Trate de analizar mejor el terreno, pero antes de que pudiese siquiera moverme, Malkarian ya había cortado las ataduras de la mula con sus cuchillas y se había retirado hasta agolparse con la carreta, defendiendo su retaguardia. Era un hombre rápido y versado en batalla, aunque hay algo a su alrededor que me produce desconfianza… Sea lo que sea, en este momento no importa, el tipo tiene un plan y a mí no se me ocurre uno mejor.

Voltee la mirada, y los otros sujetos del grupo parecieron pensar lo mismo que yo, siguiendo el plan de Malkarian. La muchacha de la colorada caperuza, corrió hacia la carreta y se situó en su cima, allí, refugiada por la altura y los sacos de grano, comenzó a disparar a los verdosos seres que nos atacaban. Kyr’am y el otro muchacho se mantuvieron atacando en el suelo, usando sus armas acabaron con algunos goblins sin mucho problema. Por otra parte, Darko los mantenía alejados a bases de golpes de espada y fuertes patadas, el movimiento hacía de mantenerse arriba una tarea bastante complicada. Algún par de metros más allá, dos goblins de fuerte apariencia amenazaban a Malkarian. Sin preocuparme mucho de adonde acertar, apunte sosamente a unos de aquellos seres, logrando clavar una saeta en la base de su cuello. Puede haber resultado fatal o no, pero todas formas decidí asegurarme de aquello. Un leve susurro salió de mis labios “Truk”, y una fuerte explosión que le siguió. Difícilmente pudo haber seguido vivo luego de volarle el cuello al maldito bastardo. Le dedique una mirada a Malkarian, y volví poner una saeta en la ballesta. Lentamente, la fuerte cuerda se iba tensando, la magia rúnica estaba haciendo el trabajo que ninguno de los músculos presentes pudo haber hecho. Darko por su parte, había eliminado a dos goblins de un solo espadazo.

De a poco, sus números se iban reduciendo, mientras que los nuestros se mantenían intactos. Pero hay algo extraño en todo esto, algo que no logro descifrar, tal vez no sea nada, pero el suave soplido del este no deja a mi mente tranquila. Tal vez no sea nada, tal vez solo sea yo, tal vez, tal vez…

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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Snarl el Dom Jul 27, 2014 3:00 am


CAPITULO I

Marea de Colmillos y Chillidos

Un tajo, un golpe, un puñetazo y un disparo, los chillidos de muerte resonaban en el aire cual canción fúnebre. Los goblins morían cual alimañas, cayendo despedazados, unos sobre otros, sus cadáveres se apilaban y su sangre comenzaba a manchar el suelo, formando un fango nauseabundo y desagradable. Aquel sonido, aquel combate, no fue desconocido, ya que los gritos de muerte fueron llevados por el viento, hasta el propio pueblo. El rumor de lo acontecido en el molino, la desaparición de algunos granjeros y lugareños, traían malos presentimientos, pero aquellos sonidos, aquellos lamentos, parecieron resonar más allá del molino, que sin inmutarse, seguía con su movimiento, lento  y pausado.  En el pueblo, el sonido tan característico, hizo que varios de sus habitantes salieran de sus casas, de sus hogares y observaran hacia el molino, a la distancia, si bien no se observaba la lucha, en sus corazones, conocían la canción de la muerte y también, lo que significaban aquellos chillidos y guturales sonidos.

Pero entre más cadáveres caían, entre más muerte surgían en ese lugar, nada cambiaba, nada en lo absoluto. Los goblins no paraban de luchar, poseídos por unas ansias anormales, totalmente ajenas a su naturaleza cobarde, ni siquiera perder una pierna o un brazo les detenía, lloraban y chillaban, tenían miedo, era verdad, en sus rostros podía verse el miedo reflejado, ¿miedo a la muerte? ¿Miedo a los guerreros? ¿Miedo a sus armas? Podría ser, pero… ¿Qué les impulsaba a luchar aun con ese miedo?, no era normal, en lo absoluto. El semi orco dio un golpe con su espada, las costillas de un pequeño goblin, apenas vestido con harapos por armadura, se rasgaron y rompieron, dejando su pecho abierto, mientras caía al suelo, quejándose, agonizando, en sus manos, una piedra por arma… que despreciable, que insignificante. Mas Dorn sabía de lo que eran capaces esos seres y sin mostrar piedad, siguió luchando. Malkarian, como se había hecho llamar, demostró dotes de liderazgo, mas cual serpiente venenosa, podía cambiar de piel cuando le fuera necesario, al igual que todos los contratados por el noble. Sus armas cortaban la carne, desprendían los miembros y se incrustaban en los cuerpos débiles de aquellos seres, como si de sacos de granos se trataran, no eran rivales para su poder, no eran oponentes para su sed de batalla… o quizás, tan solo… no eran los verdaderos oponentes que deseaban muertos a sus pies.

Una explosión, los goblins chillaron cuando los virotes reventaron y desprendieron sus brazos de sus cuerpos, o literalmente, reventaron estos, el gnomo, el enano había demostrado uno de sus dotes, su arma disparaba, junto con la de la cazadora, el goblin que había disparado de lo alto no pudo responder, antes de que un virote le atravesara y terminara cayendo, quedando atrapado en el gran aspa del molino, siendo lentamente destrozado por esta.

Un corte, una lanza que se movía, una espada, que bailaba con maestría, un guerrero y un asesino, un ser de sangre oscura y otro de sangre clara, uno que servía cual sacrificio y otro que lo recibía, un humano y un demonio. Asesino y traidor, enmascarado y errante, no importaba, ambos luchaban y destrozaban a los que estaban cerca, a los que se interponían en su camino.  Poco a poco los enemigos comenzaron a escasear, el suelo se tapizo de cadáveres de pequeño tamaño, casi era triste ver esas sonrisas y rostros de miedo, esos cuerpos casi infantiles despedazados, más el ultimo goblin en pie, el ultimo que aun podía sostenerse en pie, sostenía en su mano una simple daga, arma de roca brillante, de su boca salían maldiciones, gritos y chillidos, de sus fauces se escuchaban palabras que jamás se comprenderían. El semi orco se acercó y con un movimiento, su espada fue blandida, su fuerte brazo pareció cortar el aire y con este, la cabeza del goblin, que cayó al suelo, desplomándose al piso, había muerto… el último enemigo de aquella marea verde.

El silencio se hizo, el cuerpo aún estaba caliente, los músculos habían luchado y blandido sus armas, frente a los ojos de hombres y otros, los cadáveres parecían pequeñas cosas, no parecían peligrosas, ¿Acaso Farkual no podía contra eso?, tan solo eran cinco mercenarios y un soldado común, no se podían comparar con los cientos que se habían visto marchar anteriormente … había algo que no calzaba en ello, algo que no daba buena espina, como quien disfruta de un banquete, antes de saber que devora carne humana.

~&~

Y como un enjambre, como una gran colonia, cientos y miles de cabezas se movían en la oscuridad, con rapidez, los túneles resonaban con sus pasos, pequeños pies seguidos por otros muchos más grandes, el metal de las armaduras, el chocar de las armas, no había luz, no la necesitaban, sus ojos observaban la oscuridad, esta les abrazaba cual la madre que les había dado vida. La marcha se detuvo, el jadeo de infinidad de bocas se escuchó, una única voz resonó, hablando entre chillidos, un extraño sonido, inhumano, no producido por boca o fauces resonó, y la marcha siguió … los túneles resonaban y al tierra caía levemente desde la parte superior. Pronto, más y más pasos se unieron, los túneles traían más seres, mas criaturas, la tribu se reunía, la tribu tenía hambre, la roca era débil, debían de avanzar, los campos estaban llenos, las casas estaban llenas, había carne y trigo, había vacas y hombres, alimentarían sus hambrientos estómagos y celebrarían quemándolo todo… porque él lo había prometido, él lo había hecho. Después de tantos años, después de tantas generaciones, el tiempo había llegado y la promesa estaba cerca, durante tanto tiempo habían trabajado, durante tanto tiempo habían cumplido… y ahora él también lo haría, el daría carne y campos, ellos habían dado plata y oro… trabajo y sangre… poder y miedo, ahora solamente debían de aguardar, porque la señal sería enviada y con ella, las puertas abiertas.

~&~

-Esto no me gusta nada … no bajen la guardia esto aún no termina- Grito Dorn mientras observaba el  lugar, algo estaba mal, demasiado mal, de pronto, como si un mal presentimiento hubiera atravesado su mente, rápidamente tomo el cadáver del goblin más cercano, aún estaba tibio, y arrancándole los  harapos de tela que servían como armadura lo vio, un corte en toda la espalda, no había sido hecho por una espada común o de cualquiera de los mercenarios, había sido hecha con una arma envenenada. El semi orco tomo otro cadáver y después otro, todos tenían la misma herida … ahora entendía pro que  habían luchado de esa forma, les habían envenenado y de seguro, les habían prometido el antídoto si ganaban, habían luchado con desesperación, por dolor … un leve crujido hizo que el guerrero mirara el molino y diera un grito –¡¡¡ES UNA MALDITA TRAMPA!!! ¡¡¡CUIDADO!!!- El crujido se hizo más sonoro, algo se había roto… el soporte del aspa, esta cayó al suelo, siguiendo su camino, con dirección de caer sobre la carreta, si no se movían rápido, les despedazarían y reventarían.

El sonido del aspa cayendo e impactando hizo eco en todo el lugar, polvo y tierra se levantó, cadáveres de goblins se reventaron, salpicando órganos, tripas e intestinos por todo el lugar, el semi orco se había lanzado hacia un lado y únicamente la providencia le había salvado, ya que a menos de un metro, un enorme tronco había aterrizado, parte de la estructura. Aun mientras el sonido de la caída se encontraba en los oídos de los que habían logrado escapar, la puerta salió disparada, como si un enorme puño le hubiera golpeado y nuevamente, otra marea verde valió desde la abertura, negra cual boca de lobo, mas esta vez, parecía que aquellas alimañas habían aumentado, porque las cabezas ahora eran el doble o más, quizás cien o cercano a ellos… una verdadera batalla. Los goblins chillaban y simplemente se lanzaron sobre los que aún no se reponían o estaban heridos, al igual que sobre cualquiera. Entre los pieles verde, tres individuos sobresalieron, claramente eran hobgoblins… pero eran ¿tres? Dorn se maldijo, siempre era un único el que guiaba a las alimañas, todo por las luchas internas, para que hubieran tres, algo debía de haber cambiado, algo serio … que demonios estaba sucediendo en ese lugar …


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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Namhaid Anfhlaith el Mar Jul 29, 2014 6:00 pm

El engranaje de la batalla se había puesto en marcha de manera inexorable, como una rueda gigante que una vez que empieza a girar no se puede detener, la orgía de sangre embarraba la pendiente de la colina e inundaba el aire con el estremecedor aroma de las vísceras expuestas… era mucho estímulo.

Los otros guerreros le habían sorprendido por su competencia, en especial el gnomo y la niña a quienes había creído los más débiles,  tenía que haberlo pensado antes: aunque antes haya visto estupideces mayores, nadie se mete en asuntos tan engorrosos sino tiene una habilidad interesante, como hacer reventar goblins con dardos mágicos a escasos metros de él; la niña era un caso aparte, si bien en su conducta engreída y demasiado obvia en cuanto a su “tenebrosidad” se veía a claras luces la inmadurez de una joven muchacha… había demasiada destreza, demasiado potencial para una cachorra de humana.  

No obstante, en medio de la retahíla, Namhaid percibió un molesto aroma en la parte posterior de la carreta y dio una discreta mirada hacia atrás que sorprendió un destello blanco brillar por unos instantes en la diestra de la niña ¿Plata? Y aquella peste que emanaba de su mochila era inconfundible ahora que la tenía tan cerca: hierba matalobos, aquella cría era una cazadora.    

El último goblin cayó pero ahora Namhaid estaba más intranquilo que antes, ya no era por la presunta incapacidad de sus compañeros de armas que había quedado descartada, sino por la presencia de un exterminador armado con plata y veneno justo a sus espaldas ¿Miedo? Honestamente no, la cría tenía extraordinarias habilidades para su edad pero aún estaba verde por lo que pudo ver de soslayo ¿Ira? Seguramente habrá matado uno que otro hermano de sangre, pero para Namhaid eso era el curso natural de las cosas, y el no odiaba tanto a las marionetas como a los titiriteros que mueven los hilos más arriba: nobles, mercaderes, eclesiásticos, vampiros, príncipes y reyes… las enormes garrapatas que le succionan la vida al mundo; sus religiones, estados, ciudades, mercados y aldeas eran solo corrales para mantener encerrado al ganado.

Lo que Namhaid sentía en realidad no tenía nada que ver con la plata, la hierba venenosa o las crías de caperuza roja que van caminando por el mundo despellejando lobos, en realidad, lo que instintivamente presentía Namhaid –y el no lo sabía- era el tener los pies no tan fijos en el suelo, el arribo de una tormenta, la náusea de unos lomos abiertos a tajo y supurando icor venenoso, empujados por el miedo, el miedo…    

Un crujido de maderas reventando sacó al lobo de su ensimismamiento justo a tiempo para esquivar la enorme aspa del molino cayendo lentamente hacia ellos; sus piernas se tensaron instintivamente y liberaron toda su fuerza en un salto espectacular hacia un lado… tal vez demasiado llamativo, el aspa cayó aparatosamente en un estruendo de trastes y uno de los maderos que salieron volando  golpeó en su cabeza mientras saltaba haciéndolo caer aparatosamente y abriéndole una pequeña herida en un costado de la cabeza que empezó a sangrar.

Namhaid estaba tendido bocabajo farfullando, no por estar herido –que en realidad el golpe no era nada- sino porque toda la situación era increíblemente irritante, trabajar para el noble más imbécil e irritante de cien leguas a la redonda, CUIDAR sus propiedades, arriesgar el pellejo por el ganado estúpido que vivía en la aldea, tener una cazadora de nueve años con trenzas justo a sus espaldas y ahora encima las malditas sabandijas le habían tirado un puto molino encima de él: estaba cabreado en serio y sus vellos empezaban a encresparse…

Pero con la oreja pegada al suelo pudo oír un rumor, no detectaba las risitas pero era el vibrar de un monton de pasitos, de un montón de herramientitas de mierda arañando la tierra. O bien estaban parados sobre un puto hormiguero lleno de esos piojos verdes asquerosos o estaba escuchando a unas lombrices muy grandes.

Namhaid llegó a una especie de resignación beatífica, no sabía cómo pero había acabado metiéndose en un lío demasiado grande cuando él solo deseaba ser discreto y por una vez no dar demasiados problemas al idiota local… Lo habían engatusado y ahora quería venganza; y lo mejor para una buena venganza es hacer exactamente lo que el infeliz a quien apuntas espera que hagas: acabaría con los goblins, luego acabaría con Farkual o al menos haría su vida mucho más miserable.

El molino estalló en una especie de vómito verde expulsando a esas ratas y tres ratas aún mas grandes se asomaron en el umbral; Namhaid se levantó  sin sorprenderse pues ya lo esperaba y habló con la voz alta y serena dirigiéndose a los guerreros que aún se reponían mientras se despojaba de la capa y del macuto tirándolos al suelo y recogía dos cuchillos envenenados de goblin y lo ponía en sus dos vainas vacías; su plan defensivo se había ido a la mierda, sus planes de viaje se habían ido a la mierda y ahora sólo contaba con un puñado de raros habilidosos para salir de ahí con el pellejo sobre los hombros y luego vengarse, qué más da, la vida es así a veces.

-Esta misión es una trampa, el molino es un criadero y no soy tan imbécil como para creer que Farkual no sabía de esto, si huyen estas ratas les darán alcance y los matarán, corran al fortín de Farkual y verán cómo les mean desde la empalizada si los ven con estos goblins detrás- Namhaid aspiró- Yo voy por la cabeza de los jefes, que el buen entendedor entienda.

Namhaid, se dio la vuelta y ya desembarazado de lo que le estorba tomó carrera con sus espadas en las manos:

-¡Tiradores quemen el puto molino! ¡Los que tengan armas y dos huevos síganme!

Gritó, gritó con un rugido ronco y bravo desde lo más hondo de sus pulmones y avanzó dando un tajo tras otro, una que otra punta de lanza le alcanzó pero fue detenida por sus blindajes de acero; corte tras corte, sangre chorreando, cabezas y miembros volando Namhaid con sus 1,81metros de altura avanzaba contra los goblins rebanándolos en pedazos y rugiéndoles en la cara con el rostro desfigurado por la ira, infundiéndoles temor con una exhibición intencionadamente sangrienta... abriendo un corredor hacia los cabecillas que los otros guerreros pudieran seguir.

Algunos metros y nueve goblins muertos después, sólo dos piojos verdes  se interponían entre él y los jefes; una espada fue a clavarse en el torso de cada uno y las cuchillas oxidadas y empozoñadas tomadas anteriormente aparecieron en las manos de Namhaid que las arrojó rápidamente en dos movimientos sucesivos: Una para el hobgoblin menos protegido y de apariencia más ágil y otra para el guerrero sin escudo dirigida al medio de su pecho.

Luego recuperó sus armas del pecho de sus enemigos y encaró al asesino que se abalanzaba sobre él, sólo necesitaba un golpe para anularlo: sus dos espadas se alzaron paralelas sobre su hombro izquierdo y como si diera un fuerte batazo descendieron paralelas, hendiendo el aire y silbando en un potente ataque dirigido hacia el arma y hacia la muñeca del hobgoblin que se aprestaba para dar el golpe con su propia arma.

Un buen tajo y su mano sólo sería un recuerdo.
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Namhaid Anfhlaith

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