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El Tratado del Alba.

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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Kyr'am el Jue Jul 31, 2014 4:25 am

Veneno, esas pequeñas alimañas no eran más que títeres de algún maestro mayor, simplemente carnaza, para agotarnos, para que nos flaquearan las fuerzas por el cansancio y poder acabar con nuestra vida como si fuéramos vulgares parásitos y idiotas descerebrados, claramente nadie seria tan idiota.

Antes de que kyr’am pudiera decir lo que pensaba vio como el aspa se caía cual meteoro sobre la carrete, por suerte para el ya estaba a un costado y apoyándose sobre su lanza dio un mortal hacia atrás saliendo del área de impacto por los pelos, ¿suerte? No, no era suerte la suerte es para necios, eso se llama agilidad, tras caer levanto la vista examinando al variopinto grupo, en que pensarían esas cabezas de chorlito, claramente ky’ram esperaba que pensaran en quemar el molino y pasar de esta misión de mierda, después volver al fortín y cobrarse con las tripas de aquel pomposo, arrogante, mezquino y rastrero noble sus honorarios.

Entonces el tipo siniestro, el que parecía que se había auto proclamado líder soltó una nueva parrafada.

-Esta misión es una trampa, el molino es un criadero y no soy tan imbécil como para creer que Farkual no sabía de esto, si huyen estas ratas les darán alcance y los matarán, corran al fortín de Farkual y verán cómo les mean desde la empalizada si los ven con estos goblins detrás…Yo voy por la cabeza de los jefes, que el buen entendedor entienda…(pausa)… ¡Tiradores quemen el puto molino! ¡Los que tengan armas y dos huevos síganme!-

Francamente, nuestro demonio comenzaba a plantearse seriamente que se había juntado con un atajo de imbéciles suicidas. Se agacho un instante mientras el “líder” corría como un animal hacia la masa verde cortando cabezas y gritando consumido por la ira, unto la punta de su lanza en el veneno de las armas de un goblin y se aproximo hacia su espada para recuperarla, tras eso miro a sus dos arqueros, la niña no servia para nada, el gnomo debía destrozar el molino con esos virotes que había usado.

Kyr’am se abría paso con golpes y piruetas entre los goblins y su objetivo, al contrario que los que atacaban la masa de goblins el se aproximo al gnomo y dijo.

-Gasta varios virotes que tengas que exploten dentro de el molino y el ultimo al marco de la puerta, yo me encargare de que esas alimañas no se te  aproximen y tu amigo debería hacer lo mismo-

Dicho y hecho se puso a defender la zona separando los goblins de los arqueros, dado que la única posibilidad de acabar con esos seres encolerizados por el veneno era destrozar el molino, o seguramente seguirían saliendo mas, claramente Farkaul se las pagaría cuando le abriera las tripas.

-Estos putos bichos no se acaban nunca-Gritaba kyr’am mientras giraba la lanza golpeando certeramente intentando no cansarse demasiado, pesé a la matanza que ocasionaba el encapuchado, esos bastardos eran como una hidra, mataban a uno y salían dos mas, kyr’am comenzaba a cabrearse, pero sabia que no podía dejarse llevar o pasarían a decapitarle ha el, y eso no le gustaría nada a su señor.

Cada goblin que caía a sus pies le excitaba mas, uno tras otro unían su diminuto cuerpo a esa orgía de sangre que amenazaba con devorarlos a todos, la tierra estaba bañada con la sangre de muchos enemigos, pero pesé a ello seguía atacando como unos jaguares, no importaba cuantas cabezas separasen de los hombros, algo les empujaba y no podía ser solo la promesa del antídoto a un veneno, algo mas tenia que ser, pero que…
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Owedoc el Vie Ago 01, 2014 6:55 am

Un segundo virote voló desde el canal de mi ballesta, cortando el aire y atravesando las filas enemigas. Perforó dos pequeños cuerpos verdosos antes de clavarse en la cadera de un tercero. Un susurró. Una explosión. Una muerte. Un tercer virote fue depositado en el lugar del anterior, y lentamente el cordado de tendones se fue tensando en la pala.
Un gran espadón de acero revoloteaba como mariposa en el campo de batalla. Iba de izquierda a derecha, y de arriba hacia abajo. Bailaba en diagonales y verticales. Una mortal danza de hierro y sangre, que a cada paso iba segando las vidas de aquellos que osaban entrar en la pista de baile. Darko agitaba con fuerza y precisión asesina a su gigantesca arma, cerceando cuellos, brazos y cuerpos enteros como si estuviesen hechos de aire. Ninguna armadura pudo haber detenido aquella maza de acero y músculos, que a su paso solo dejaba gritos y miseria.

La muerte se iba extendiendo rápidamente entre las almas de aquellos desafortunados goblins. Sus vidas eran segadas como flores en un campo. Caminaban sobre las partes mutiladas de sus compañeros. Se resbalaban en el fangoso terreno provocado por la sangre. Eran ensordecidos por los gritos de dolor de aquellos pasos más adelante. Pero aun así, nada los hacia detenerse. Seguían embistiendo con fuerza. Su arremetida era incontenible. Su moral no decaía en un solo instante. Algo andaba mal. Algo iba realmente mal para nosotros.

¡Darko! Algo no anda bien. Ningún enemigo vivo debería arremeter con tantas ganas viendo como están las cosas. Van en contra del instinto de auto conservación misma. Sus acciones no son naturales. Algo mucho más fuerte que un simple cuerno los impulsa a sacrificarse, cosa bastante extraña para las criaturas cobardes que nos describió Dorn.

¿Algo como qué? Preguntaba mientras alejaba a los pocos goblins que aún quedaban en pie. De todas maneras, ¿Qué importa? Si quieres ponerte a pensar sobre eso, deberías hacerlo cuando ya no quede ninguna de estas cosas.

Ese es el asunto. Si algo más allá que la simple orden de un superior los mantiene decididos a sacrificar sus vidas, esta debe ser una trampa y muchos más deben estar esperando que esto acabe. Están agotando nuestras fuerzas. Debemos alejarnos ahora que podemos. Dije mientras Malkarian acababa con el último goblin en pie.

Cuando Dorn tomó a unos de los pequeños y vio una herida envenenada en su espalda, todo se hizo bastante obvio para mí. Esto era una trampa, y debíamos correr ahora que podemos. Cruce miradas con Darko, y sin necesidad de hablar, él me tomó en sus brazos y nos alejamos unos metros. Mientras tanto, Dorn seguía verificando las heridas, cada vez con más euforia. Pronto llegó a la misma conclusión que nosotros, pero lo hizo demasiado tarde. Un fuerte crujido nació en la base del aspa del molino, tras lo cual toda la estructura se derrumbó ante su propio peso. La gigantesca aspa caía rápidamente al piso, amenazando con aplastar a cualquiera que se atravesase en su camino.

Cuando impactó contra el suelo, el estruendo fue tremendo. Polvo y viseras se levantaron y mancharon a todos los que estaban cerca. En medio de la confusión, un segundo sonido poderoso se hizo presente en el lugar. Un poderoso golpe había mandado a volar la puerta. Desde el agujero, cientos de goblins salieron furiosos dispuestos a arrebatar nuestras vidas. Desde la muchedumbre, tres individuos destacaban. Tres hogoblins de fiero aspecto dirigían la multitud.

Darko y yo, nos encontrábamos un par de metros más alejados que el resto del grupo, por lo que el impacto no fue demasiado fuerte y teníamos una visión privilegiada de los nuevos acontecimientos. Desde mi elevada posición sobre los hombros de mi gigantesco compañero algo llamó mi atención.  

Mira, hay tres capitanes hogoblins. Pero Dorn dijo que solo uno de ellos manejaba un gran número  de goblins. Eso quiere decir que son extremadamente territoriales y jerárquicos. Si tres de ellos están compartiendo un grupo de mando, algo mucho más fuerte debe manejarlos a ellos. Además, es imposible que tantos de ellos se escondieran dentro de ese maldito molino. Deben haber muchos más de donde vinieron esos. Probablemente tengan toda una maldita red de túneles hecha bajo esta colina.

¡Están preparando una maldita guerra, maldición! Y ahora nosotros estamos en medio de ella. ¿Qué vamos a hacer?

Por ahora, trataremos de dispersar este grupo. Si nos vamos ahora, es probable que nos sigan y asesinen rápidamente.

¿Y cómo planeas matar a cien goblins?

¿Recuerdas lo que dijo Dorn sobre los pequeños bastardos verdes? Sin un hogoblin que los comande, probablemente se dispersaran. Veamos qué tan cierto es eso. Dije mientras apuntaba la ballesta directo al torso de uno de los hogoblins. Apreté el gatillo y la saeta salió disparada con la fuerza que solo mi ballesta puede alcanzar. No importa si el virote se clavaba en el cuerpo de aquel hogoblin con escudo, si quiere puede atraparlo con la mano o esquivarlo. No importa lo que suceda, porque apenas el virote este en la distancia correcta, un solo susurro lo hará estallar. Pronto probaran el poder del gnomo de las Keyback.[/color]
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Hannah Schütze el Vie Ago 01, 2014 7:11 pm

El sonido sordo y pesado del cráneo del goblin golpeando el suelo marcó el fin de la lucha y el silencio se adueñó del campo de batalla. Después del rechinar del acero y los gritos del combate la falta de sonido era atronadora. Las aspas del molino giraban perezosamente, imprimiendo una sensación de irrealidad en la escena, como si de pronto todo sucediera bajo el agua... Durante esos segundos de silencio Hannah fue dolorosamente consicente de todo lo que la rodeaba, y todas esas percepciones la golpearon con la fuerza de una ola: las gotas de sudor y sangre de goblin que se mezclaban bajando por su rostro, la suave brisa que hacía ondear los ropajes de los mercenarios, la respiración pesada y las miradas alerta de los mercenarios, y hasta le parecía percibir como comenzaba la lenta putrefacción de los cadáveres al sol.

De repente se dio cuenta de que llevaba un rato conteniendo la respiración, y con un parpadeo de perplejidad, comenzó a aflojar lentamente la tensión, exhalando lentamente un suspiro, aliviada. Tenía todos los músculos del cuerpo en tensión, y aferraba la ballesta como si le fuera la vida en ello. Con un gruñido bajó pesadamente de la carreta, colgándose de nuevo el arma al hombro, intentando no pisar ningún cuerpo verde, y al darse cuenta de lo imposible de la tarea se sentó en el borde del carro, mirando al infinito.

El cielo, manchado con jirones de nubes, el horizonte azulado, un bosque lejano, extensos campos... La mirada de la cazadora fue recorriendo las tierras de Farkual hasta que comenzó a fijarse en los cuerpos verdosos que tapizaban los alrededores del molino. Ante semejante mar de cadáveres, la joven no pudo reprimir una risita al pensar que las arcas de Farkual se iban a quedar vacías cuando le llevaran todas esas cabezas... Pero había algo en los cadáveres que la puso de nuevo en tensión. Los rostros de los goblins estaban deformados con horribles muecas y sus extremidades contorsionadas como nudosas ramas, exhibiendo en conjunto un dolor terrible. La sombra de un negro presagio comenzaba a cernirse sobre la cazadora, que bruscamente, de una patada, dio la vuelta a uno de los cadáveres de los goblins, descubriendo así una terrible herida supurante en la espalda.

La niña se irguió para gritar que había encontrado algo, pero en cuestión de segundos los acontecimientos se precipitaron.

-¡¡¡ES UNA MALDITA TRAMPA!!! ¡¡¡CUIDADO!!!

Un crujido estremecedor y el aspa del molino se precipitó sobre el pequeño grupo de mercenarios como un titán arrasando todo a su paso. El nauseabundo sonido de cadáveres reventando puso los reflejos de Hannah en marcha, pero en el mismo instante en el que iba a saltar a un lado se dio cuenta de que quizás las pequeñas piernas del gnomo no le permitirían salvarse de aquello, así que sin ni siquiera mirar agarró el pequeño cuerpo de Owedoc por la ropa y saltó con todas sus fuerzas lo más lejos que pudo del carro.

Los músculos de sus piernas se tensaron como poleas, proyectándola hacia la ingravidez. La capa roja ondeó un segundo en el aire frente al sol, cuya luz recortó la esbelta figura de la chica saltando en el cielo del Valle Esmeralda antes de caer pesadamente en el suelo, resbaladizo y desigual debido a la abundancia de cadáveres. La ágil cazadora perdió pie al pisar sobre un estomago abierto, pero sus afinados reflejos la ayudaron a rodar sobre los goblins protegiendo el pequeño cuerpo del gnomo.

La carreta reventó tras ellos con un crujido, lanzando una lluvia de astillas y grano en todas las direcciones, y el aspa del molino terminó su destructivo viaje cayendo al suelo y levantando una enorme nube de polvo. Y para mejorar la situación, la puerta del molino salió disparada expulsando otra bocanada de verdosos sedientos de sangre contra ellos.

-Joderjoderjoderjoderjoder...- la cazadora se levantó rodando sobre un costado con un pitido atronador en los oidos y un terrible dolor en la oreja izquierda sólo para ver la muchedumbre de goblins que salía a borbotones del molino.- Hijosdeputahijosdeputahijosdeputahijosdeputa...

La cabeza le daba vueltas y le costaba enfocar la mirada. Su ballesta estaba a unos metros de ella, y los virotes se habían esparcido por todo el suelo. Hannah giró la cabeza para mirar al gnomo sólo para ver su cuerpo atravesado de parte a parte por una lanza goblin que había quedado perpendicular al suelo. Sin dejar de mascullar improperios la cazadora se acercó tambaleándose al cuerpo del pequeño Owedoc con un nudo en la garganta. El golpe en la cabeza le hacía ver todo borroso y el polvo se le metía en los ojos, irritándolos. Arrodillada junto al cuerpo del gnomo, tratando de no echarse a llorar, de repente se dio cuenta de que ese cadáver no sangraba. No expulsaba sangre, sino que un manantial de grano dorado surgía del agujero creado por la lanza. ¡Había cogido un saco de grano en lugar de a Owedoc!

La cazadora permaneció arrodillada junto al saco durante unos instantes, hasta que retazos de la voz de Malkarian se abrieron paso a duras penas entre el pitido que se había transformado en todo su universo sonoro, sacándola de su confusión.

-...trampa...criadero... imbécil...Farkual... les mean...- la voz del guerrero le llegaba a trozos, y entre la nube de polvo no conseguía localizarle, ni a él, ni a nadie, de hecho.- ...cabeza de los jefes... y dos huevos...

El rugido de Malkarian antes de lanzarse temerariamente contra la masa de goblins se sobrepuso al pitido en sus oídos y puso a la cazadora en acción. De un salto recogió uno de los virotes del suelo junto con su ballesta, y encordando su arma, echó la primera mirada al campo de batalla.

El polvo levantado por las aspas del molino entorpecía la visión, pero el sonido de cuerpos mutilados y las extremidades de goblins voladoras que provenían de donde se encontraba Malkarian le dio una idea de hacia dónde mirar. Allí la masa de goblins se arremolinaba como una plaga alrededor de una figura que debía ser el guerrero, y poco mas adelante se podían ver otras tres grandes figuras que destacaban sobre el resto... Por su posición tras las fuerzas goblins y las palabras que había podido escuchar antes dedujo que se trataba de los líderes, así que sin pensarlo demasiado apuntó y disparó hacia aquellas figuras. El virote salió disparado hacia las figuras, y sin pararse a ver si había acertado, la cazadora sacudió la cabeza un par de veces para librarse del pitido y, sin perder un segundo, se dispuso a actuar.

Rápidamente arrojó la ballesta y la mochila junto al saco de grano y se quitó la capa roja para clavarla en la lanza que sobresalía del que había creído el cuerpo del gnomo, quedándose sólo con la ceñida armadura de cuero. Así vestida, desenvainó su hoja de plata, oscurecida con la sangre de goblin y echó a correr hacia la derecha de donde se encontraba Malkarian abriéndose paso entre los verdosos, pues la suave brisa que corría había empujado la nube de polvo hacia allí.

A plena carrera se internó entre la multitud de goblins que se agolpaban a la derecha del guerrero que estaba causando estragos en sus filas. Por suerte para ella Malkarian estaba causando tal desaguisado entre los goblins que éstos apenas se fijaron en la delgada figura que se deslizaba entre ellos. La cazadora tan sólo tuvo que silenciar a un par de goblins que   se dieron cuenta de su presencia, pero el resto estaban tan obcecados con atacar al aquel guerrero sanguinario que, entre el polvo y la confusión de la batalla, Hannah pronto se encontró a un lado de los hobgoblins.

Malkarian ya había llegado hasta ellos, dejando tras de sí un rastro de cadáveres... y enemigos vivos, por lo que más valía acabar con los líderes cuanto antes. Confiando en que estuvieran distraídos con el guerrero y no hubieran notado su presencia la cazadora se dispuso a atacar por sorpresa al hobgoblin más cercano, cuando, de pronto, un dolor lacerante le atravesó el muslo haciéndola caer de rodillas. Tras ella un goblin la miraba con una sanguinaria mueca de satisfacción, enarbolando la lanza con la que la había herido en la pierna. La satisfacción le duró poco, ya que Hannah, lanzándose hacia él con la pierna que aún tenía sana le clavó la hoja de plata en mitad del pecho usando el peso de su cuerpo para hundirla hasta la empuñadura y cayendo sobre el verdoso, haciendo que un borbotón de sangre de goblin le salpicara la cara.

La joven se levantó a duras penas, con la pierna ardiéndole y el rostro completamente teñido de sangre. La herida no era demasiado grave, con una buena cura se encontraría razonablemente bien, pero durante toda la batalla estaría cojeando, lo cual la colocaba en una gran desventaja, y no sabía si el arma del goblin tenía veneno, y si lo tenía, cuánto tiempo tardaba en hacer efecto.

-A ver si os gusta tanto el veneno cuando lo tengáis en el cuerpo, bastardos hediondos...- susurró entre dientes con la voz ahogada, lanzándo una siniestra mirada de odio hacia los líderes de aquel desharrapado ejército.

Con el corazón acelerado ante el peligro y los ojos bañados en lágrimas que pugnaban por salir, Hannah untó su hoja de plata con el contenido de un pequeño vial de su cinturón: veneno de datura. Una pequeña herida sería suficiente para provocarle al cabrón convulsiones y dificultades para respirar, que no le matarían, pero que harían más fácil el golpe mortal.

La cazadora se levantó apretando los dientes y, mientras las lágrimas caían por su rostro dejando surcos blancos en la oscura sangre del goblin, se acercó con cuidado al hobgoblin mas cercano, buscando un punto débil donde asestar su golpe...
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Kainen el Dom Ago 03, 2014 11:57 pm

Sangre, gritos, miembros descuartizados y cuerpecitos cubriendo el suelo, algunos aun agonizaban, otros estaban muertos, mas que muertos por suerte, este es el escenario de la batalla, el molino, por encima de nosotros sigue moviéndose lentamente, totalmente ajeno a la matanza de bestias que se esta haciendo a escasos metros. La sangre salpica con cada patada o corte ya sea yo el que los golpea o cualquiera de los otros, tengo la ropa hecha mierda y manchada con sangre de...bichos de mierda, porque no hay otra forma de describirlos tan perfectamente. Explosiones, virotes, golpes secos o cortes con armas blancas, cualquier cosa sirve para matarlos, no son demasiado fuertes, el problema es que por débiles que sean, son muchos y cuentan con ese potente veneno, contamos con antídoto, si, pero si es posible no gastar una sola gota, mejor que mejor, seria sinónimo de un trabajo perfecto. Con la caída de el ultimo goblin, comienza el examen de la zona, Dorn se acerca a uno de los cadáveres y le da la vuelta, un corte profundo recorre la espalda del goblin, todos los cadáveres tienen ese corte, era veneno, por eso luchaban con una rabia tan notoria, seguramente les habrían prometido el antídoto si acababan con nosotros...es cruel hasta para una alimaña así.

Un crujido fuerte nos llama la atención, no se del lo que es hasta que los he visto a todos alejarse repentinamente de nuestra pseudo fortaleza, salto por instinto, no se que cojones ha provocado el crujido, se me ha ido el santo al cielo pensando en como se han podido organizar los sucios goblins, esos cortes habían sido producidos por sus superiores, eso significaba que aun había mas dentro. He saltado, si, cayendo al suelo de plancha, he sido tan tonto que he saltado tarde, un dolor punzante recorre mi pierna, miro, un trozo de madera se me ha clavado en la pierna, no muy profundo por suerte, aun así esto me puede dificultar un poco la batalla, pero que cojones, he vivido cosas peores. Por lo visto lo que se ha caído ha sido una de las aspas del molino, justo encima nuestra, que cabrones, son buenos. Me da tiempo suficiente para ponerme en pie y arrancarme no sin dificultad el trozo de madera astillada que se me había clavado en la pierna antes de que del molino salga una marea verdosa de esas diminutas bestias y no iban solas, tres superiores los dirigían, si era cierto todo lo que nos han contado, estamos en un apuro muy gordo, porque no es normal que seres así compartan liderazgo.

Pues nada, se ve que tenemos que seguir luchando. Malkarian, se lanza cortando cabezas a por el Hobgoblin mas desprotegido, no se como de útil resulta ser así de loco, yo no me lanzare ni aunque me paguen mil monedas de oro a por los jefes, al menos no de esa manera. Me dedico a cortar miembros y cabezas de los goblins que me rodean, un cabrón con lanza se tira contra mi, un corte de las cuchillas y ya es historia, cojo la lanza, miro al segundo jefe mas protegido y con todas mis fuerzas lanzo la lanza, la punta era de hierro y contaba con veneno, aun así nunca se me ha dado demasiado bien lanzar jabalinas o lanzas y aunque la punta fuera de hierro, la piel del bicho podría ser bastante dura, todo quedaba en manos del destino, o de la suerte.

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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Snarl el Jue Ago 07, 2014 6:32 am


CAPITULO I

La Rueda de la Fortuna.

Pequeños seres que se arriesgan por gloria o rabia, por ira o desesperación, mas con un simple girar, todo lo que desean se trunca y se vuelve polvo ante sus ojos, porque no hay que tentar a la fortuna y aún menos a la suerte. El cielo parecía estar estático, observando la batalla que sucedía bajo sus narices. La sangre que salpicaba la madre tierra, y el aroma a muerte que se elevaba sin detenerse. Rabia y furia se podía sentir, mientras docenas de voces gritaban y cien corazones latían con rapidez.

Los hobgoblins observaban la lucha, a diferencia de sus parientes lejanos, ellos eran mucho más inteligentes que esas alimañas verdes, las cuales eran usadas como simple carne de cañón. Ninguno comprendía la razón de tener que trabajar para aquella simple petición de su “señor”, más el había sido explicito, debían de compartir el mandato de las tropas, y más aún cuando las crías nacieran y estas necesitaran ser utilizadas, controlar a tantos no sería fácil y deberían de hacerlo conjuntamente. Aun con el mandato, no era de su agrado, cada uno deseaba algo diferente y como señores feudales, únicamente consideraban a sus “compañeros” como una amenaza y una molestia, mas no irían contra las órdenes de aquel que les gobernaba. La aparición del primer “humano”, golpeando y luchando, hizo que una risa surgiera de algunos labios, hacía tiempo que no luchaban y aun los campesinos no eran rivales reales para divertirse, quizás aquellos guerreros si lo harían. Uno de los hobgoblins hablo –Yo me quedare con sus dientes y cabeza, ustedes hagan lo que quieran con el resto- otro respondió –Tus trofeos no me importan, pero comeremos carne esta noche, será un festín- el ultimo observo a sus compañeros y más seriamente susurro –Manténganse alerta, ya que no son simples guerreros… mataron a las alimañas negras, habrá que esperar algo más de esos humanos-.

Dorn había arrojado su espada, aquella pequeña arma no serviría con tal cantidad, por lo que desenvainando el mandoble de su espalda, comenzó la lucha, ondeando aquella enorme hoja de lado a lado, con una fuerza tal, que los cuerpos verdes eran partidos a la mitad y tras matar una docena de alimañas, el resto parecía más temerosa de acercarse, ya que cuando una lo hacía, era recibida por la espada, desmembrando su cuerpo o simplemente, destrozándolo. La lucha hubiera sido sencilla, realmente fácil, a pesar de los números que aprecian una desventaja, más se cometió una grave equivocación, el grupo de mercenarios se dispersó y en vez de atacar y reducir el número de enemigos, varios de ellos se lanzó hacia la marea verde, quizás por ansias de sangre o por simple gloria… aquello fue el comienzo de un negro momento…

Todo sucedió en un instante, como quien parpadea entre el disparo de una flecha y el sentir como la carne es atravesada. Y no fue muy diferente de lo anterior, ya que parecía que los acontecimientos que sucederían, afectarían y traerían sorpresas y dolor. Dos cuchillas volaron por el aire, oxidadas, gastadas, manchadas de oscuro veneno, y estas se incrustaron en la carne, mas no en la correcta. Los hobgoblins, haciendo gala de su habilidad y su carente afinidad con sus parientes, habían tomado a dos goblins, usándolos como simples escudos. Los miserables engendros verdes comenzaron a chillar cuando el metal se incrusto en sus cuerpos, pero aún más cuando el veneno comenzó a hacer efecto, obligándolos a soltar chillidos completamente inhumanos, los líderes de esa marea no eran simples brutos. Con brutalidad, ambos hobgoblins arrojaron a sus “escudos verdes” contra el mercenario, obligándolo a defenderse y durante un instante, ocuparse de bloquear o cortar aquellas bolsas de carne verde, pero todo era una maldita trampa, ya que en un parpadear, algo le impacto con enorme fuerza, quitándole el aliento y sintiendo aquella fuerza contra su pecho, observando quien había sido, noto que aquel tipo sin escudo le había golpeado con su hombro, con todo el peso y fuerza de su cuerpo, con el impacto, el cuerpo del guerrero cayó al suelo y con un grito de uno de sus líderes, los goblins saltaron sobre el guerrero, atacándole con sus armas sin piedad, mas no eran simplemente un par, si no por lo menos un cuarto de los que quedaban con vida, la unidad hace la fuerza.

El ataque el gnomo no fue menos significativo que el de su compañero, el virote voló  e impacto contra el escudo de su objetivo, mas antes de que este pudiera explotar, el escudo fue arrojado hacia un lado, mejor dicho, hacia la cazadora, que parecía haber sido descubierta, por la sonrisa amarillenta del hobgoblin. Si el gnomo hacia explotar su virote, de seguro dañaría a su compañera, mas aprovechando la oportunidad, esa alimaña sobre alimentada, tomo a uno de los pequeños goblins, este chillaba de miedo, habiendo visto el uso de sus hermanos, mas con fuerza, su pequeño cuerpo sintió que era lanzado con brutalidad, el goblin dio un grito mientras  observaba el campo de batalla pasar rápidamente ante sus ojos, mas no duro demasiado, antes de que un fuerte impacto rompiera su cuello al chocar contra algo… el gnomo. Aquel maldito hobgoblin había arrojado a la alimaña contra el enano disminuido, como si fuera un proyectil, la corta distancia le había facilitado el trabajo y el tamaño de su blanco, si bien no era el mejor, por su pequeño tamaño, había sido perfecto para derribar. Owedoc, aquel pequeño enano, sintió el impacto, al no portar armadura más que sus ropas de trabajo, no pudo evitar sentir un fuerte dolor y aun más cuando el goblin termino muerto encima de él. Todo estaba siendo desbaratado por las alimañas, como si de un desastroso juego se tratara.

La cazadora, la herida en su pierna parecía no ser de gran importancia, ¿quizás el arma no había estado envenenada?, más la suerte le jugo en contra, por que pronto sintió que un leve calor comenzaba en la herida, como si se tratara de un hierro al rojo vivo retorciéndose en su carne.  Era el desdichado veneno, era el dolor que Dorn había descrito y lentamente subía por la pierna. Si bien aún no era necesario cortarla, el dolor era muy diferente a lo que alguna vez había experimentado, sin poderlo evitar, su pierna no pudo soportar su peso y debió de apoyar una de sus rodillas en el suelo. Estaba cerca y con su arma lista, más una figura se le acerco, su aroma no dejaba dudas de que era, ese olor tan desagradable, a descomposición, cual fango de pantano, levantando su mirada, la silueta de uno de los hobgoblins le sonreía, como si disfrutara de todo lo que sucedía.

Si fue suerte, debería de colgarse, si fue el destino, las cosas se torcerían aún más de lo que el enmascarado podría pensar. Jamás había intentado arrojar una lanza, jamás había utilizado esa arma y su aptitudes podrían no ser las mejores, es por ello que desde un inicio, el tiro había sido fallido, mas no completamente, ya que la lanza, aun cuando no dio en el blanco, si logro ensartar a uno de los goblins, mejor dicho, uno que estaba  punto de empalarle el rostro a Malkarian. Mas la lucha no era precisamente a favor de los mercenarios y pronto, gritos y órdenes se escucharon, junto al sonido de un nuevo curso, proveniente de lo más profundo del molino… ¿acaso había más cosas escondidas en la oscuridad?, era mejor no averiguarlo.  Los goblins atacaron con paso redoblado, con ansias que superaban la auto conservación, imbuidos en un sentimiento asesino.  Tanto el enmascarado, como Kyr´am, se vieron rodeados por goblins con gran velocidad, los cuales se lanzaban contra ellos para derribarlos, ya que era más fácil acabar con un enemigo derribado a con uno en pie.

~&~

Lejos, en la seguridad de sus soldados, los muros de roca y madera, Farkual calentaba sus manos frente al fuego, tras de él, un cofre se mantenía cerrado. En su interior yacía un objeto de gran valor, aunque a la vez, era una baratija, el valor de las monedas de oro poco le importaban, la austeridad que aparentaba también, si solo supieran lo que se gestaba en la mente de aquel hombre… podría decirse que el manejaba los hilos de todo lo que sucedía y pronto no tendría que preocuparse más de los aldeanos y únicamente debería de mantener alejadas las garras ajenas de sus tierras.  Dando un largo suspiro, dio un llamado y pronto apareció uno de los guardias, se le dieron órdenes y este, junto a varios hombres comenzaron a  hacer los preparativos, si todo iba como lo deseaba, pronto tendría visitas, algunas no tan deseadas y otras bastante desagradables pero útiles.

~&~

En otro lugar, entre la oscuridad de la tierra y la iluminación de las antorchas, varias criaturas gruñían y otras chillaban, sus infinidad de ojos observaban todo, mientras desde lo alto, eran arrojado los cuerpos de sus víctimas. Los goblin chillaban y chillaban, mientras sus cuerpos eran destrozados y devorados. Docenas de patas se movían con desesperación, los colmillos que emanaban la ponzoña tan temida se incrustaban en los pequeños cuernos, obligándolos a chillar de dolor y pidiendo piedad, mas sus gritos no eran escuchados y simplemente se arrojaban más de sus iguales. Los débiles e inútiles serian alimento, eso profesaba el jefe, el líder y señor de todos los verdes, aquel que vivía tanto bajo la montaña como sobre esta.
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Kyr'am el Vie Ago 08, 2014 7:10 am

Al parecer esa pequeña zorra y el autodenominado “líder” malkarian, se habían lanzado como animales hacia una prematura y dolorosa muerte, sin pensar en las consecuencias que eso causaría en retaguardia, por que esa muchacha que lanzaba virotes se lanzaba cual animal enajenado hacia una maraña de goblins, kyr no podía entender hasta que punto le sorprendía en ocasiones la estupidez humana.

-“ imbéciles suicidas “- pensó mientas veía como eran derribados los dos idiotas, pero no era tiempo para falacias mentales, sainen y el habían sido rodeados, con extrema rapidez por mas de una docena de esas inmundas criaturas, kyr tras haber visto lo que sucedía con los dos que habían cargado comprendió rápidamente cual seria la intención de esos pequeños engendros, seguramente lanzarlos al suelo y acuchillarlos como si se tratara de psicópatas de un telefilme, pero eso no le pasaría a el, pues pese a la inferioridad numérica y fiarse menos de su compañero Kainen que de su sombra, sabia que tenia la ventaja, pues esas alimañas armadas tan solo con dagas y armas cortas no tendrían muchas posibilidades de aproximarse sin ser ensartadas con suma facilidad.

Una de esas pequeñas criaturas le echo pelotas, y se lanzo al ataque seguida de alguna otra criatura inmunda y apestosa, pero no surgió efecto, con pasos rápidos, ágiles y precisos mientras giraba su lanza kyr, golpeo al primero con el filo de la hoja en el rostro cortándole media cabeza como si se tratase de mantequilla, el siguiente rápido como el diablo, se aproximo pero era tarde, con un nuevo giro kyr golpeo con la parte baja de su lanza la cabeza del monigote como si fuera una piñata dejándolo sobre el terreno enrojecido fuera de si, y el tercero, ya temeroso de lo que le pudiera pasar, ni siquiera ataco con certeza, kyr simplemente lo ensarto, para seguidamente rematar al que anteriormente había golpeado, repitiendo la acción con sendos goblins que se unieron a la pila de cadáveres que formaban esos enanos.

-Gnomo, a que mierda esperas vuela el virote que lanzaste, si no nos cargamos a los hobgoblins, esto no acabara nunca, levántate saco de mierda- maldecía kyr mientras golpeaba con precisión casi como si se tratase de una danza a los goblins que se le aproximaban, uno, dos, tres… caían como sacos al suelo, mientras sainen hacia lo propio, o eso esperaba nuestro querido demonio.

-No podemos seguir así todo el día, acabaremos agotados, si alguien puede hacer explotar este lugar eres tu pequeñín- el rostro de kyr, impasible durante toda la gesta comenzaba a dejar ver un rostros marcado por la rabia hacia aquella situación, a caso esos bastardos querían morir rodeados de esas putas y miserables criaturas, si sobrevivía a eso farkaul se las pagaría, y se comería su corazón como pago.

-Kainen, tienes alguna idea de cómo deshacernos de estos bichos y sacar a esos dos imbéciles del mogollón de criaturas- Decía el demonio mientras golpeaba con fuerza a un nuevo goblin que se le aproximaba.-Odio este puto lugar, teníamos que haber quemado el puto molino nada mas llegar- gritaba en medio de aquel cenagal un demonio a punto de perder el control, por semejante demostración de estupidez de algunos miembros del grupo.
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Kainen el Dom Ago 10, 2014 3:24 pm

El plan ha salido de puta pena y aun no se del todo a quien culpar, si a Malkarian por su actitud suicida, al gnomo por no detonar sus putos pernos, a la chiquilla por ser herida y estar ahora acorralada o a mi y a Kyram por terminar igualmente acorralados. Gozamos de la lanza de Kyr, que nos da cancha y espacio para poder defendernos medianamente pero son demasiados goblins intentando tirarnos, la única solución es que se acabe con los Lideres y los demás se dispersen, el simple hecho de que caiga uno debería amedrentar a algunos goblins, dándonos algo de libertad para poder atacar. Ahora mismo nuestra situación es ridícula, yo no confío una mierda en este sujeto y seguramente el en mi aun menos, pero vamos a tener que ayudarnos para salir de esta.

Mira Kyr'am, yo no confío en ti y tu tampoco en mi, pero si no nos ayudamos no saldremos vivos de esta, no creo que tenga que decirte que hay demasiados Goblins y hasta que no caigan los lideres estamos en la mierda, dependemos por completo del enano.

En ese momento una de las verdosas bestias se abalanza sobre mi con una daga, apuntando a mis tobillos para asi tumbarme, con la pierna buena le arreo una patada que hace explotar su cráneo. Un segundo bicho se lanza gritando con un martillo de hierro, con la cuchilla le cerceno el brazo y me agencio su martillo, reventándole el cráneo con el mismo para después lanzarlo contra un tercer goblin que se disponía a atacarme. La batalla proseguía por mi parte, ajeno a lo que los demás hicieran por el simple hecho de que no podía ocuparme de ellos, era un baile sangriento y la música la proporcionaban los huesos rotos, los chillidos y el metal al chocar contra hueso.

Lo que te decía, dependemos del enano, sus pernos explosivos pueden darnos la batalla. No voy a recordarte la trampa que nos han tendido ellos, una de las aspas del molino se nos ha derrumbado encima, pero aun quedan cuatro y muchos Goblins y lideres debajo de el propio molino, si revienta las aspas del molino, luego podría hacer explotar el molino desde dentro, con un poco de suerte hay paja dentro y eso echaría a arder, apuesto a que aun hay enanos verdosos de estos dentro, no voy a darte ordenes pero lo mas inteligente es deshacernos como podamos de estos mientras que el enano hace eso, no me gusta estarme quieto pero dudo que salgamos de aquí sin dificultad.

Uno de los goblins, armado con un hacha de hueso y con una armadura hecha con el esqueleto de algún animal, fue a lanzarse sobre mi mas es ensartado con una de las cuchillas en el aire. Con un brusco movimiento me deshago del cuerpo lanzándolo sobre sus congéneres, el hacha que esta en el suelo y cuenta con veneno, resultaría útil al menos como arma arrojadiza asi que rápidamente me agacho y la lanzo contra la multitud, un grito me da la señal de que ha caído otro mas, van cinco. La sexta victima, armada con un hacha de hierro desmesuradamente grande para su tamaño, tropieza empujada por otro Goblin y por el peso de su arma, me da hasta pena matarlo pero esa pena se pasa cuando noto su cráneo destrozarse bajo el peso de mi bota, un simple pisotón basta. Lo bueno de las cuchillas es que están atadas a las muñecas y esto me deja libre las manos para poder coger cosas, el hacha cumpliría la misma misión que la anterior de hueso, de un movimiento rápido ya me he hecho con el arma, es bastante pesada para su talla. Un movimiento violento parte por la mitad a un goblin desprotegido y un segundo movimiento rebana el cuello a un segundo ser, tras eso la lanzo a la cabeza de un tercero que tenia intenciones de atacarme.

-Maldito enano levántate, necesitamos que revientes las aspas del molino o estamos perdidos, vamos joder. LEVÁNTATE Y REVIENTA LAS ASPAS.
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Namhaid Anfhlaith el Lun Ago 11, 2014 6:04 pm

Namhaid se abrió paso a cortes por entre los goblins pero poco a poco pudo constatar que no era seguido, los dos hombres se habían quedado rezagados y peleaban tímidamente en la retaguardia y la única que se aproximaba esquivando la atención de los goblins era la niña. Una mueca de desprecio muy parecida una sonrisa apareció en su rostro, “Ineptos y débiles humanos, lanzarse a la batalla debe parecerles un suicidio…” Namhaid dio un salto y ensartó a dos goblins antes de arrojar las cuchillas envenenadas que traía en el cinto cuando en el instante en que estas se desprendían de sus dedos los hobgoblins tomaban cada uno a un miserable seguidor y los utilizaban como escudo, recibiendo las cuchillas en sus vientres verdes.

-¡¿Qué mierda?!- Alcanzó a articular el lobo mientras recuperaba rápidamente sus espadas, antes de que los malditos arrojaran a esas sabandijas como proyectiles de carne; una logró esquivarla y cayó en un amasijo de piernas y brazos a un costado, pero la otra fue imposible evitarla y con un golpe doble de sus espadas alcanzó a partirla en dos en el aire. Sin embargo el estallido de sangre y vísceras que impactó en su rostro lo cegó por un instante, instante suficiente para que el hobgoblin de las grandes manos se adelantara y le diera un terrible manotazo en todo el pecho que lo despidió hacia atrás poco más de metro y medio.

Namhaid cayó de espaldas, sin aire, adolorido y aún cegado por la sangre en su rostro que limpió con el dorso de su mano, justo para ver la punta de la pica de un goblin descendiendo verticalmente hacia su rostro antes de que el pecho del atacante fuera atravesado por una lanza arrojada por quien sabe quien; Namhaid se levantó como un resorte y echó una rápida mirada al campo de batalla: K’yriam y el humano de los cuchillos estaban muy atrás, defendiendo los flancos de algo, quizás fuera el gnomo, no podía verlo, Dorn estaba  más adelante despejando a golpes de mandoble el campo, mientras que la humana en esos instantes yacía en el suelo a los pies de un hobgoblin y el… bueno, casi todos los inmundos goblins se arrojaban contra él en desbandada .

Lo vi claramente, la niña tendida en el suelo no pudo evitar afectarme por culpa de una estúpida cambiaformas adolescente dejada atrás hace no hace mucho, maldita, estaba ablandándome; los goblins que se acercaban eran muchos, demasiados para un sólo humano… bueno, si había que morir no lo haría con esta asquerosa piel.

Duele, siempre duele, no importa las veces que lo hagas o cual sea tu verdadera naturaleza… sentir los huesos combarse y adoptar nuevas formas y los músculos y los tendones estirarse bajo una piel que se cubre de pelambre no es precisamente un masaje en el cuerpo. Me encorvé brevemente mientras mi cuerpo temblaba… cambiando…

-o-

Gnal era un goblin viejo, bueno, viejo en términos de goblin cuyos años y edad tienen cierta equivalencia con los de los perros; su fuerza era más que destacada entre los goblins y sus anchos brazos habían conocido tiempos de gran vigor durante su juventud. Gnal era famoso entre su cubil por haber matado el sólo a un enano de Drakenfang durante aquellos años mozos, si, era un enano al que apenas le había salido la barba, si, estaba herido y si, estaba viajando solo y cansado mientras volvía de una batalla… pero seguía siendo un enano de las Drakenfang; Gnal lo emboscó en una curva del camino y un solo golpe de su mazo con bola de piedra bastó para romper el cráneo del enano y que este caiga al suelo tan frío como la nieve que lo rodeaba; Gnal le cortó la cabeza y saqueó su cota de malla. La cabeza hace mucho tiempo que se había podrido y la calavera  la perdió en una apuesta, pero aún llevaba puesta la cota de malla del enano que era el mayor orgullo de Gnal.

Desde entonces habían pasado más de cinco inviernos y su salud ya no era la misma, los múltiples golpes que había dado y recibido por la comida a lo largo de su vida lo habían dejado tuerto y con el ojo que le quedaba no veía nada bien, sólo formas nubosas de colores,  pero eso no impedía que se moviera bien en batalla, sencillamente le pegaba a todo lo que se moviera y no fuera verde y a veces a lo que fuera verde también, por pura mala leche.

Gnal participó en aquella batalla movido por el miedo como todos los demás, pero también con el íntimo deseo de emular sus viejos tiempos. Fue así que cuando por alguna extraña razón todos aminoraron un poco el paso él se aproximó a la carrera contra aquel bulto que temblaba patéticamente en el suelo, con el mazo de sus viejas glorias en alto, listo para cobrar una víctima que le devolviera el respeto de todos los otros imbéciles del cubil…

-o-

Fue una dentellada rápida, la primera en demasiado tiempo, y casi todo el rostro de aquel estúpido goblin terminó en mis fauces, lo escupí rápido pues el sabor era asqueroso. El miserable comenzó a revolcarse en el suelo dando unos chillidos horripilantes y maldiciendo en una lengua incomprensible que a pesar de todo transmitía muy bien el terrible dolor y desesperación que embargaban al pequeño que se revolcaba.  Delante de él se erguía el lobo negro mientras gruñía y exhibía los dientes ensangrentados, los pelos de mi cuello se encrespaban sin dejar de amenazar a los goblins; la armadura ahora estaba bien ajustada y todo estaba en orden en mi universo: había recuperado mi verdadera forma.

Ahora no sabía bien cómo reaccionaría el resto de mis “compañeros” pero lo primero a hacer era salir de aquel anillo de muerte hecho por los goblins que volvían a avanzar. Dirigí la vista hacia la cazadora y me decidí, no por compasión sino por cálculo, a salvarla. Un sorpresivo hombre lobo que salva a una adolescente genera menos inquina que un sorpresivo hombre lobo que se pone a matar a diestra y siniestra, además me convenía que mi enemiga natural me debiera la vida... al menos mientras todo esté color de hormiga.  

Blandí mis sables y tomé impulso, tras una breve carrera y  destazar a dos pielesverdes que se interponían en mi camino di un gran salto por el lado más estrecho del anillo de los goblins y caí sobre uno destrozando su caja toráxica, para luego inmediatamente correr en dirección a la humana. Estaba empezando a agotarme a pesar del subidón de estamina de la transformación y era necesario replegarse hacia el que estuviera más cerca; Dorn con su gran espadón había logrado mantener a raya a los goblins, estaba más cerca, peleaba mejor y no era completamente humano, lo cual me inspiraba más confianza que los dos rezagados que estaban al lado del goblin un poco más lejos.
El hobgoblin estaba prácticamente a los pies de la muchacha tendida en el suelo. Puse uno de mis sables en el cinto y con la mano libre cogí a la muchacha del cuello de su jubón de cuero y retrocedí un par de pasos antes de arrojarla en dirección de Dorn.

-¡Agarra eso!- Le grité mientras retrocedía otra vez a dos sables defendiéndome, tres goblins más cayeron y empezaba a jadear para refrescarme. Me replegué al lado de Dorn para defender un poco más su posición mientras escuchaba los gritos del humano- ¡Levántate y revienta las aspas!-  Comprendí lo que decía y le dije a Dorn mientras remataba un último goblin y defendíamos la posición.

-¡Hay que retroceder! Si vuelan las aspas del molino nos aplastarán a nosotros también-

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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Snarl el Sáb Ago 23, 2014 8:39 am


Capítulo I

Miles de dientes, cientos de bocas.

Los actos de algunos, afectan a muchos y por ello, el simple movimiento de una pluma, puede acarrear la más terrible de las tormentas. Dolor y sangre, eso era lo que existía sobre aquella colina, que verde había sido antaño por la hierba, ahora se teñía de oscura sangre derramada. La carne que atraería a los cuervos al ocaso, cubría en gran parte el terreno y aún quedaban muchos más que cubrirían. El actuar del  Malkarian, había dejado en claro su naturaleza, se había jugado su carta del triunfo, aquella forma que el dejaba demostrar todo su potencial. La lucha, la batalla, la guerra eran simples juegos, como el cachorro que juguetea con el ratón antes de devorarlo. De la misma manera, los goblins se enfrentaron no a un hombre, sino a una bestia ¿Le temerían? Era obvio, incluso los hombres temerían ver un ser como aquel y quien lo niega, miente. Las hojas de metal cortaron el aire y al carne, segando las vidas de un goblin tras otro y dejando un rastro de cadáveres a su paso. Si el ataque de los hobgoblins era el objetivo, estos estaban preparados, ningún perro sarnoso les haría retroceder, ellos no luchaban por simple diversión, lo hacían por orden de su señor y por la supervivencia de las crías que nacerían pronto.

Uno de los hobgoblins tenía a su víctima en una condición precaria, el dolor había subido por su pierna y ahora parecía que el hueso intentaba ser molido lentamente o esa era la sensación que tenía la mujer, que hasta ese momento no había gritado por la sensación. Pero las preocupaciones de la cazadora, no estaban en la pierna, si no en el hobgoblin, que habiendo levantado su arma, se disponía a de un único golpe, acabar con su vida. Fuera la fortuna o que los hados se habían alineado, su cuerpo fue bruscamente lanzado hacia atrás, la armadura golpeo su cuello, quitándole el aire durante unos instantes, antes de ver como el arma del enemigo impactaba contra el suelo, con fuerza y brutalidad. El hobgoblin había perdido a su presa y la mirada de odio dirigida hacia el perro y la hembra, no podía compararse con ninguna que un humano pudiera hacer.  Una carcajada surgió, una carcajada de burla, al parecer, los otros goblinoides se reían del fracaso de su “compañero”, y esto no era bueno, tomando en cuenta que únicamente trabajaban por orden de alguien más fuerte que ellos. Con ira, el hobgoblin se lanzó a la batalla, había dejado de lado a los demás y tomaría la gloria para sí ¿Sería una acción impulsada por la vergüenza? O quizás ¿Por el hecho de la ira y furia?, fuera como fuera, era un momento que podían aprovechar los mercenarios.

Dorn luchaba, su espada destajaba la carne con mucha facilidad, sus brazos estaban acostumbrados a esa sensación, un instante de presión en la hoja, para después volver a ser libre de los cuerpos que caían a ambos lados del semi orco. La transformación de Malkarian no sorprendió demasiado al hibrido, más de una vez había visto a esos seres luchar cual bestias, y despedazar todo lo que tenían por frente, más el hecho de tener uno tan cerca, no daba buena señal... ¿Qué otras sorpresas mantenía ocultas el mercenario?, no se podría decir aun, y para el guerrero, no era tiempo de preocuparse de ello. Dos goblins se habían alzado sobre los demás y utilizando la marea verde como apoyo, se impulsaron, para saltar y con sus armas, intentar caer sobre Dorn, mas este había detenido el corte de su espada y con un tajo desde abajo, uno de los goblins fue partido en dos, mientras el otro solo veía la punta del arma dirigirse a su cabeza. Un goblin dividido en dos y otro empalado, ese había sido el resultado de la taimada táctica que habían intentado.  Un bulto cayó cerca del guerrero orco, un quejido femenino fue emitido por el bulto, era la mujer, al parecer, estaba herida y algo o muy magullada, había caído sobre un par de goblins o bueno, lo que quedaban de estos y su cuerpo ahora estaba cubierto no solo pro esa verde sangre, si no también, por el característico olor… y no nos referimos a la de la hierba matutina, del contenido de los intestinos de esas alimañas asquerosas.  La mujer comenzó a quejarse, y entre las palabras que decía, mencionaba “herida” y “dolor”, Dorn no demoro en comprender lo que sucedía, pero era una lástima para la mujer, tendría que aguantar o cortarse la pierna o brazo donde le habían herido, si vivía lo suficiente para terminar esa lucha, le daría algo del antídoto, si no, sería una lástima, pero eran los riesgos de aquel trabajo.

Los demás mercenarios el hablaban al enano, al pequeño gnomo que estaba tirado ene l suelo, lamentablemente, sus voces no llegaban a este, el impacto le había arrojado contra el suelo y su cabeza había dado contra una piedra, dejándolo inconsciente y claramente indefenso, algo simple de matar para cualquiera de los goblins que rondaban y abundaban aquel lugar. Las constantes llamadas hacia el hijo de la roca, atrajo la atención de un goblin, el cual, hasta ese momento, se había mantenido alejado de la lucha, pero viendo su oportunidad al notar al enano tirado, se abalanzó contra este, con cuchilla de roca en mano, era solo un corte y cobraría una vida, la primera de ese combate, mas antes de llegar a él, una hoja dio contra su cuerpo, por primera vez sintió como el aire le faltaba y el cielo se movía, al igual que la tierra. Darko, al notar que el enano estaba en aprietos, entendió que si este moría, no le pagaría lo que él debía, por lo que en un violento movimiento de su arma, rebano al ser que estaba por asesinarle, no con mucha sutileza, como consecuencia, la parte inferior del goblin, termino por vaciarse sobre el enano, quien aprecia un pequeño bebe, peludo y bastante feo, dormido en medio del campo de batalla.

Pero tanto el demonio, como el enmascarado, debían de preocuparse de otras cosas. Ya que no solamente uno de los hobgoblins se había movido, si no que el resto también lo había hecho, tras aguardar pacientemente, era tiempo de entrar en acción. Los mercenarios se enfrentarían a los verdaderos villanos de esa pequeña “fortaleza”, mas como habían visto, no debían de subestimarlos. Nuevamente, una orden fue hecha, los goblins se abalanzaron contra los mercenarios, sin importar los cadáveres que pisaban sus diminutas patas, había una recompensa si ganaban, algo que resonó para todos “QUIEN MATE, COMERA CARNE HOY Y BEBERA VINO” fue el grito de uno de los hobgoblins, quizás el hecho de ese ofrecimiento, la adrenalina del momento o las amenazas, nublaban su juicio y naturaleza, pero los goblins luchaban, fieramente, como un animal protegiendo su nido.  Las alimañas más alejadas, arrojaron sus armas al suelo, ya no las necesitaban, porque sacando los arcos que estaban en sus espaldas, comenzaron a disparar, sin mirar o apuntar, simplemente disparando a cualquiera que sobresalía de la marea verde, aunque claro, evitando disparar a sus “lideres”, ya que la ira de cualquiera de ellos, era una condena de muerte segura. Tanto Kainen como Kyr´am, pudieron ver las flechas que se dirigían hacia ellos, no eran pocas, pero tampoco numerosas, aun así, era un peligro. Desconociendo si estaban envenenadas o no, el solo rose de una de estas, podría dejarlos como un blanco fácil y Dorn, quizá son contaba con el suficiente antídoto si más eran heridos. Ahora la lucha era más difícil, muchos habían muerto, pero quedaban demasiados y los goblinoides mayores, se abrían paso para la lucha, el momento de la verdad comienza a azotar las puertas del castillo.

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Los preparativos comenzaban a realizarse, varios sirvientes traían cofres, los cuales eran ordenados en el salón, Farkual caminaba con tranquilidad por los pasillos, echando miradas hacia el pueblo y el molino a lo lejos, quizás los mercenarios estaban muertos, si era así, debería de contratar más, los perros abundaban y siempre estaban dispuestos a roer un hueso con algo de carne pegado aun a este. Si el noble hubiera sabido que el apelativo de “perros” no estaba tan alejado de la verdad, se hubiera sorprendido, pero no tenia forma de saberlo, ni como estaba la lucha, cosa que le molestaba de sobre manera, ya que no frecuentaba desconocer información en sus tierras.

Un llamado se hizo y un sirviente pronto apareció frente a su señor, la orden fue dada y el muchacho, tan  rápido como podían sus piernas, bajo las escaleras y recorrió el puente de madera, y entro a la pequeña herrería del bastión. Un viejo martillaba una placa de metal incansablemente, era parte de un pequeño cofre, de tosca confección, pero robusto y duradero. EL muchacho pregunto pro el avance y el anciano dijo que en una hora estaría listo para su señor, el muchacho debía de esperar el cofre, era de suma importancia para el o mejor dicho para Farkual.

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El látigo sonaba, las bestias se movían en la oscuridad, patas peludas y numerosas, gritos y chillidos incomprensibles. Un orbe azul se elevó en la cueva, dejando ver los nidos de esas criaturas, sus huevos y los restos de sus presas. El brujo estaba complacido, habían crecido bastante, pronto estarían lista para salir a cazar y limpiar la tierra que era de ellos por derecho. Mas el látigo fue blandido y el brujo se inclinó ante la otra figura, las cabezas de tres enanos colgaban del cinto, la espada desgastada se mantenía en su funda, anillos, argollas y tatuajes, colmillos amarillos y podridos, el “Jefe”, había aparición.

-¿Cómo están nuestras sorpresas?- Hizo la pregunta puntual –Oh mi gran señor- Las palabras de brujo eran humildes, con un tono falso, que correspondía a su puesto y especie-Están casi lista, tres lunas más y serán lo suficientemente grandes para que caminen sobre la tierra- Una sonrisa surgió de aquella fétida y podrida boca –Mas te vale rata, o tu les servirás de alimento, cumple lo que me prometiste y te daré parte de lo conquistado, falla … y estas bestias se encargaran de ti-
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Namhaid Anfhlaith el Mar Sep 02, 2014 11:37 pm

La muchacha había caído como un trapo manchado de mierda a los pies de Dorn y Namhaid no pudo evitar sonreír interiormente; todos los anteriores aires de afectada dignidad y de altanería de la cachorra humana contrastaban cómicamente con su lastimera situación actual, ya no le interesaba si vivía o moría, sino el hecho de que lo que le quedara de vida se lo debería a un ser que odiaba con toda el alma ¿Tan joven y cazadora de lupinos? Era obvio que era alguna cría traumada que iba por los caminos buscando venganza, jugando a la guerra. Pues bien, no todas las historias tienen quien las recuerde y dudaba mucho que si alguien la conociera la encontrara en esta cuneta.

El sol de la tarde recalentaba la sangre y la hediondina impregnaba el aire; Namhaid retrocedía hacia Dorn y vio complacido que su metamorfosis había hecho que los goblins se lo piensen bien antes de arrojarse sobre él, ahora su atención estaba centrada sobre los tres rezagados que tan poco o nada habían hecho en la batalla; aún así dos canijos verdes se abalanzaron con imprudencia sobre el lobo, quizás buscaban la gloria o quizás eran los más hambrientos del saldo que quedaba y la promesa de carne y vino los excitó,  cualquiera sea la razón el lobo no estaba dispuesto a gastar muchas energías en ellos y volvió a su táctica original de contragolpes con los sables; el primero fue simplemente degollado con un tanto casi flojo que le abrió la garganta, pero en lo que iba a por el segundo Namhaid vio con el rabillo del ojo como el hobgoblin mas delgado y a quien previamente había arrebatado su presa se abalanzaba como un loco contra el.

Un plan surgió repentinamente de su mente, tras dar un golpe de plano con una de sus armas desarmó al segundo goblin y perforando su vientre con la punta del sable izquierdo lo empaló contra el suelo retorciendo la hoja para hacer aún mas abundante la hemorragia; el goblin chillaba y se revolcaba dando estridentes chillidos de dolor pero estaba firmemente clavado en el suelo como una brocheta. Namhaid y el hobgoblin se miraban directamente a los ojos a medida que este avanzaba y el lobo gruñía exhibiendo los dientes en clara señal de desafío, sin dejar de retorcer el vientre del miserable empalado y concentrando una gran cantidad de fuerza en los músculos.

Cuando el hobgoblin asesino estaba a menos de dos metros Namhaid en un rápido movimiento saco el sable, ya completamente empapado de sangre y heces del goblin caído, y dio un sablazo dirigido hacia los ojos de su rival, a ese rango era imposible que alcanzara sus ojos… con la hoja, pero la sangre y la mierda fue violentamente despedida por la fuerza centrífuga hacia los globos oculares del infeliz.


Sin esperar a ver si su rival estaba cegado o no, su espada
izquierda siguió su arco dirigiéndose al machete del hobgoblin, pero no era en ese golpe de bloqueo en el que Namhaid había concentrado su fuerza, sino en el brazo derecho que unas fracciones de segundo después descendió como una guillotina rumbo al gaznate de la bestia.

Un buen tajo y el hobgoblin pagaría el precio máximo por haber sido cegado por su propia ira.
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