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El Tratado del Alba.

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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Snarl el Mar Sep 23, 2014 11:33 pm


CAPITULO I

Un Campo Ensangrentado

Que frágil y estúpidos son los mortales, quienes arriesgan su vida inútilmente y la desperdician por la terquedad, sin aceptar las oportunidades de la fortuna.

La astucia puede más contra la ira. La habilidad más contra la fuerza. Así lo demostraría el cambia pieles, quien dejando ver el, por qué buscaba ser un líder de rebelión y anarquía, se enfrentaba a esos asquerosos seres. Su espada empapada de porquería y sangre, se deslizo pro el aire y su proyectil dio contra los ojos del hobgoblin, obligándolo a cerrar sus ojos por el ardor que sentía, mas no sería el único dolor que sentiría. La espada, fabricada en lejanas tierras, cortó carne y hueso con la facilidad de quien troza un jugoso filete. Tanto el machete como la mano que le sostenía giraron en el aire, antes de caer al suelo, el goblinoide chillo de dolor, ni toda su astucia, fuerza o velocidad le eran útiles cegado. Nuevamente el filo bailo en el aire, con intención de cercenar la cabeza del ser, pero este, presa del dolor y el nuevo miedo que sentía, retrocedió un paso, alejándose suficiente como para evitar perder su cabeza, pero no como par que la punta del arma se incrustara en su carne y cortara parte del cuello, produciendo un abundante flujo de sangre verdosa que manchaba su pecho.

El licántropo no había logrado su primer objetivo directamente, pero ahora contemplaba, como en un vano intento, el hasta hace poco, líder de los goblins, trataba de llevar su mano a su cuello, tratando de no desangrarse, cosa imposible realmente. Los goblins que estaban cerca habían visto la lucha y el miedo nuevamente les volvía a invadir, si uno de sus líderes podía ser derrotado de esa forma, ¿Qué podrían hacer las alimañas menores?, quizás muy poco. Una carcajada se escuchó, el lobo reía ante su presa moribunda, ante quien moriría en instantes ahogado y desangrado. La ira invadió al hobgoblin, moriría, lo sabía, pero no moriría solo. Dando un salto hacia Malkarian trataría de enterrar sus garrar en ese maldito cuello, aunque no lo viera, lo oía… el lobo se percató y sin moverse dejo que el animal descendiera, para simplemente encontrarse contra su espada. La carne no dio resistencia cuando fue atravesada por el metal, el chillido emitido llamo la atención de todos, pues era similar a quien mataba un gato o perro a golpes.  Una convulsión y la alimaña había muerto… o eso había aparentado, ya que en un último reflejo de lucha, enterró sus dientes en el antebrazo del licántropo, logrando que la sangre brotara y únicamente soltando su presa, cuando el cambia pieles molió la mandíbula con golpes de su espada. La herida no se veía demasiado mal, pero ardía cual quemadura fresca, ya debería de tratarla.

Dorn se debatía entre la furia de su raza y el movimiento de su espada, debía de seguir sus instintos y no sucumbir a estos, era difícil, la lucha le llamaba y la sangre era un aroma bastante penetrante para su linaje. Su espada parecía cortar carne sin detenerse, los goblins ya no se acercaban al guerrero, sabían que colocar un pie cerca era perder la vida. La muerte de uno de sus líderes había comenzado a derrumbar la montaña de pieles verdes, muchos retrocedían con temor, otros dudaban si atacar o huir, mas gran cantidad aún luchaba con desesperación, demasiados para acabar con ellos rápidamente. El semi orco observo el campo de batalla, el cadáver del hobgoblin era una buena señal, quedaban dos, por lo que debería de ocuparse de uno de ellos si querían tener una oportunidad antes de que una nueva oleada surgiera desde las profundidades.

-VAMOS MALDITAS ALIMAÑAS, NO SEAN COBARDES HIJOS DE PERRA- Dio un grito aquel soldado, los enemigos se arremolinaban, chillaban, pero no se sabia si era la mescla de miedo o las ansias de acabar rápido aquella batalla.  Uno de los goblins se alzó, parecía ser más grande que los demás y su cuerpo llevaba una coraza de metal, hierro de seguro, le faltaba su ojo derecho y ostentaba el uso de un hacha bastante malograda.  Parecía que deseaba hacerle frente al hibrido, pero de un empujón fue hecho a un lado, una figura aun as alta se imponía a su lado, uno de los hobgoblins, aburrido de esperar y claramente molesto por la ineptitud de las basuras que comandaba. En su mano llevaba un lucero del alba, un arma simple de usar, pero no por ello menos mortífera.  –Encárguense del resto de basura, este es mío- Fue la orden dada a los pieles verdes, que temerosos se alejaron de ambos individuos, otra lucha comenzaría y el semi orco esperaba salir victorioso de esta.

¿Pero que había sucedido con el resto de los mercenarios? Sus destinos no daban buenas señales. Tanto Kainen como Kyr`am, se encontraban luchando contra las alimañas, cuando contemplaron como algunos arqueros miserables, les disparaban, no era difícil evitar aquellas flechas, en lo absoluto. Pero para su mala suerte, no sería tan sencillo realmente, antes de poderlo evitar, varios goblins saltaron sobre las espaldas de ambos guerreros, sus pequeñas garras arañaban el metal y el cuero, intentando llegar a la piel, sin mucho éxito. El ataque sorprendió a los mercenarios, los cuales, intentando quitarse de encima a esas bestias, no pudieron hacerse a un lado antes de que los proyectiles llegaran.   Cuan si fuera cámara lenta, ni armaduras ni escudos lograron moverse lo suficientemente rápido. El asesino enmascarado, trato de esquivar, pero únicamente su cuerpo reacciono moviendo un brazo, la flecha atravesó cualquier protección, incrustándose en su carne y atravesando su antebrazo, la sangre mancho su armadura, sangre roja y no verde como la anterior.  Sin poderlo evitar, el dolor le invadió ¿Acaso estaba envenenada?, si era así, solo Dorn podría darle el antídoto, antes de que la desesperación le obligara a perder la razón y auto mutilarse.

Para Kyr´am, fue algo diferente, no fue uno, sino dos proyectiles los cuales se incrustaron en su carne, su pierna mejor dicho, desprotegida de su armadura, fue un blanco adecuado, el musculo intento negarse ante aquella intrusión, pero el metal era más fuerte y chocando contra el hueso, únicamente su camino detuvo. Las puntas de metal ardían, y el dolor aumentaba ¿Estaban envenenadas? Era posible, pero aún no lo sabría,  de todas formas, no era tiempo para pensar en ello, aquella herida era una desventaja y los goblins, aprovecharían cualquier oportunidad para cobrar su recompensa y al cabeza de uno de sus enemigos.

Pero no podemos olvidar a los más importantes en esta historia, la cazadora y el gnomo. Curiosos seres, uno destinado a ser mirado desde lo alto y el otro, ser considerado menos que los hombres. La cazadora estaba en un mal momento, el dolor aumentaba y se expandía por su pierna y cadera, el ardor llegaba hasta lugares que ella no conocía de su cuerpo, mareos y nauseas brotaban de su mente y estómago. No sería tan malo si pudiera estar lejos de la batalla, pero ahí estaba, en medio de esta y como única protección, la espada del semi orco, la cual parecía destrozar a cualquiera que se acercara, más el caballero de brutal armadura, no parecía interesado en la mujer, ya que tras la muerte de uno de los hobgoblins a manos del hombre lobo, el orco se distancio de la fémina, quien ahora debería de valerse por sí misma… cosa nada buena.   Tres goblins se abalanzaron contra ella, si bien se encontraban desarmados, sus garras y colmillos eran más que peligrosos.  Rápidamente  la rodearon, mientras comenzaban a arañarle e intentar morderle el cuello o cualquier cosa que pudieran, su armadura le protegía, pero ¿Por cuánto tiempo? Ne un instante, uno de los goblins atrapo la mano de la chica y con un fuerte mordisco, atrapo dos de sus dedos, mordisqueándolos y tirando de ellos, hasta arrancarlos de su lugar, sonriendo de una forma idiota y llena de sangre.

El enano parecía dormir, o quizás estaba muerto, no… estaba vivo, ya que su pecho subía y bajaba, Dargos le había salvado de morir ya una vez, pero ahora este se encontraba ocupado, los goblins parecían temerosos, pero aún se lanzaban contra él y entre la carne y sangre del suelo, debía de prestar atención donde pisaba o terminaría cubierto de pieles verdes.  Entre la batalla y la turba de alimañas, un goblin se deslizo cerca del enano, lo tenía en bandeja de plata, inconsciente… indefenso y pro sobre todo, inmóvil.  Su pequeña mano tomo una piedra cercana, no era demasiado grande, pero si era peligrosa, y colocándose casi frente a él, dio un golpe con esta en el rostro del gnomo. El impacto hizo que la sangre brotara de su boca y de seguro había roto varios de sus dientes. Si no había despertado con ese golpe… el próximo lograría que jamás abriera sus ojos.


~La familia ... ¿Que sentido tiene cuando hay que despedazarla con tus propias fauces? ... ¿Cuando hay que caminar entre los cadáveres de aquellos que llamaste hermanos y pisar sus entrañas para seguir viviendo? ... la familia ... ~






~Sobrevivir es lo importante ... La forma no~
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Re: El Tratado del Alba.

Mensaje por Kyr'am el Sáb Ene 10, 2015 3:56 pm

El aire hediondo impregnaba los pulmones de kyr’am, el hedor que desprendían los cuerpos mutilados, y los chillidos de las alimañas que aun Vivían, mutiladas, arrastrándose como parásitos, bañando la antes fértil tierra con su sangre era arte en estado puro, los instintos mas básicos de kyr’am comenzaron a aflorar, era una orgía de sangra y muerte, el impasible demonio, normalmente impasible, frío y calculador, no pudo reprimir una sonrisa de lado a lado, turbada por un chillido, de placer y dolor, dos flechas bastas disparadas por una de esas malditas alimañas golpeo en su muslo izquierdo, sus músculos se contrajeron, intentando defenderse de la invasión, pero perforo hasta el hueso, el demonio chillo, no de dolor si no por la adrenalina de del combate, golpeo con su lanza a una de las alimañas que habían saltado sobre el, seguidamente agarro del pescuezo a otra mas pequeña que intentaba rasgar con sus garras la armadura del demonio, la furia comenzó a embargar al demonio, sus compañeros de aventura, estaban heridos o participando en la orgía del combate, el humano que antes estaba combatiendo a su lado, había recibido una flecha que atravesó su antebrazo, era como si sus ganas de luchar se hubieran desvanecido con el impacto, las alimañas saltaron sobre el, y kyr’am aprovecho para alejarse, aproximándose al Dorn para pedir el antídoto, se abrió camino a lanzazos, las tripas del suelo, apestaban.

-Dorn el antídoto-

Dijo el demonio mientras seguía golpeando alimañas, el dolor de las flechas era placentero, pero su movilidad había quedado reducida, sin dudarlo partió las flechas, para al levantar la cabeza, ver como una de esas alimañas, se disponía a golpear con una roca al Gnomo inconsciente, sin dudar lanzo la lanza ensartando, a los dos, para seguidamente desenvainar su espada, para proseguir el combate mientras se aproximaba a su lanza.

-Dorn, el puto antídoto-

Los ojos de kyr’am analizaban el campo de batalla, el grupo, se estaba fragmentando, no había orden en aquel caos, era un culto a la muerte, un cuadro macabro, una espeluznante imagen para la retina, pero como la disfrutaba, pensaba, mientras arrancaba la lanza de los cuerpos ensartados.
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