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Mensaje por Batsy El Ultimo el Lun Mayo 11, 2015 6:07 pm

Volar sin alas, una gran experiencia… si no estás cayendo y gritando cual desesperado.
 
Trololor, Ingeniero Bromista.
 
Recoger y recoger, eso era lo que el murciélago había hecho, mas ahora aprecia que todas las tornas se habían vuelto en su contra o eso sucedía en la reducida y minúscula mente el vampiro de poca monta.  Fue tras que las armas y demás objetos cayeran por la borda, que el antropomorfo comprendió que había hecho algo malo y temiendo lo peor, que podría ser convertirse en fantasma, que le arrancaran las orejas y le chuparan lo blando de los huesos, se giro, chillando y blandiendo su queridísima y bella daga, la cual le había salvado en más de una ocasión. Sus cortes estaban dirigidos hacia el vacio, al simple aire, mientras que el resto del mundo giraba sin percatarse de la existencia de ese ser. Mas no todo parecía inocuo para el murciélago, ya que en cierto momento, uno de los espectros, quizás le mas grotesco que hubiera “no” visto hasta ese momento el devora corazones, se materializo. Se notaba que no era un simple grumete, ni alguien de limpieza, su arma no era una espada, si no una sierra para cercenar miembros y con furia, la blandió, mientras sus entrañas se balanceaban y el murciélago ni siquiera se había percatado de su presencia.
 
La hoja corto el aire, y con un único movimiento, la sangre broto, ensuciando el pálido metal. Batsy chillo, chillo de dolor, no era el típico grito que daba cuando no quería hacer algo, si no que era cuando algo realmente le dolía. Su oreja había sido cortada, claramente no completa, pero si la sangre brotaba de un corte más que notorio, similar a los que los perros se ganaban en sus peleas.  La daga dejo de moverse y el murciélago llevo su mano a su oreja, chillando, y dejando ver el dolor que sentía, casi como si fuera un niño, ya que en su mente aun lo era, retrocedió un paso, golpeando la baranda del navío. Sin perder tiempo, el espectro intento dar un simple corte, que de seguro hubiera partido en dos al miserable ser, si no fuera porque la mala fortuna de este, a veces le favorecía. El chocar contra la baranda le había hecho perder el equilibrio y sin darse cuenta, se había tropezado, cayendo por la cubierta.
 
La aparición sonrió, parecía que el vampiro había fenecido, pero las cosas no eran tan simples, colgando desde uno de los costados, Batsy había logrado enterrar su arma y ahora colgaba sobre las rocas y el océano embravecido. Aun sosteniendo su oreja y con la sangre brotando entre sus dedos, el murciélago estaba en una disyuntiva en su mente. Siempre le habían golpeado en su niñez y juventud, siempre había sido objetivo de burlas y de claros abusos, y hasta ese momento, nada le había dolido más que el perder sus chucherías, pero la sangre brotando entre sus dedos, le habían dado un nuevo significado al dolor. Aun era joven y aun debía de sufrir mucho mas, para regocijo de dioses dementes y traicioneros, pero en esos momentos, su mente no sabía reaccionar, no sabía si ocultarse y lamer sus heridas, cual perro callejero, o verter toda la furia contenida, toda esa ira acumulada en tan largos años, en una sola vez.
 
Quitando la mano de su oreja, vio la sangre que se deslizaba por sus dedos, mojados por la tormenta que se presentaba con cada vez, más fuerza. El murciélago lamio sus dedos, la sangre que conocía tan bien era la propia, y mirando hacia arriba, comenzó a trepar, incrustando sus garras en la vieja madera, en la podrida esencia del mismo navío. Unos instantes le demoro en llegar hasta la cima, subiendo a la baranda y mirando a quien le había lastimado y dando un grito, salto, impulsándose con sus cortas piernas y cayendo en la espalda del espectro, no sabía si era solido, no le importaba, ya que lo único que deseaba era vengarse… dejando de lado el miedo, Batsy chillo y blandió su daga, cayendo al suelo, atravesando a la aparición. Recordaba algo de su lucha contra el cocinero y sin pensarlo mucho y es que jamás lo hacía, ataco. Su daga choco contra la hoja de metal una y otra vez, mientras la sangre poco a poco dejaba de brotar por su herida. El murciélago aprecia ciertamente un guerrero, pero era solo un niño dolido, quien hacia un berrinche bastante peligroso.
 
Pero mientras luchaba, algo sucedió, el suelo de pronto cedió… y tanto espectro como murciélago cayeron  en un enorme agujero, de metal, madera podrida y restos de cuerdas y aparejos. El murciélago poco a poco comenzó a quejarse, ahora le dolía todo el cuerpo, no solo la oreja, por suerte había aterrizado en algo menos duro y mucho menos peligrosa que las afiladas astillas de madera. Su mirada se giro hacia uno de sus costados, el espectro no se veía, pero la sierra parecía haberse partido a la mitad, una sonrisa se dibujo en el rostro del vampírico ser, sonrisa que pronto se volvió en sorpresa. No era precisamente algo seguro donde había aterrizado, ya que una enorme pinza se presento frente a él y agarrando su pierna, lo levanto. Batsy intento golpear esa cosa, pero su daga solo chocaba y con un fuerte movimiento, el antropomorfo salió volando, despedido hacia el cielo, sin poderlo evitar y con el mundo dando vueltas y vueltas, como un simple bulto enviado a los aires y sin rumbo fijo.
 

Si no hubiera sido por las cuerdas, de seguro el murciélago hubiera terminado con el cuello roto, mas había aterrizado en las cuerdas de las velas, colgando varios metros en las alturas y medio desorientado. Una voz grito su nombre o bueno, algo similar, pero solo hubo de contestación, quejidos y una que otra palabra de “me duele… me duele”, como un niño pequeño que se a raspado sus rodillas y manos. El murciélago aprecia verdaderamente enredado y claramente no podría hacer mucho en un tiempo, mayormente, porque el mundo aun daba vueltas para el y tantos golpes, le habían hecho quedar más que adolorido… tendría que comerse una buena gallina si volvía al barco.
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Mensaje por Youdar el Lun Mayo 11, 2015 6:53 pm

¿Qué demonios está ocurriendo aquí?”, se preguntaba constantemente el enano. Cada cosa que ocurría a bordo del galeón era más extraña que la anterior, y a pesar de que parecían contar con el pirata llamado Albert de aliado, Youdar no se sentía en posición de ventaja para nada. Confuso, le echó un vistazo al reloj que parecía convertirlo en “dueño” del espíritu, y se fijó en que había dejado de emitir aquel característico tic-tac… ¿habría perdido acaso su magia al abandonar a su legítimo dueño?
Los mecanismos y el metal no eran, desde luego, lo suyo, pues siempre se había dedicado exclusivamente a la madera, pero, aún así, pudo distinguir que el reloj era de oro, muy desgastado, y que, a simple vista, estaba roto. Seguía el enano inspeccionando el pequeño objeto cuando Bony empezó a hablarle, excusándose en su comportamiento, en el egoísmo que le llevaba a querer conservar aquel diario que parecía ser el causante de todo el mal que ocurría sobre el barco, pero el enano solo se limitó a escucharla impasible. Él ya había tomado su decisión, y ésta había sido la de apoyar a Bony, continuar hacia delante, enfrentarse a aquella capitana fantasmal y salir vivo de allí. Aún así, ni siquiera ante Karzún podría negar que las palabras de la pirata le hicieron abandonar cualquier duda, pues se sintió identificado con su historia.
Él también había tenido un padre al que admiraba, igual que Bony; Yeidrax siempre había querido de él algo que no era, y le había dejado de lado al ver que su hermano, Kadín, si podía llegar a ser lo que tanto deseaba. A Youdar se le encomendó una única misión, “cuida de tu hermano”, y, aún así, allí estaba, rodeado de piratas, luchando por llegar a algún sitio perdido en los Vastos Océanos, deseando saber más sobre el hombre que le había apartado de si mismo. Su historia era similar a la de la pirata y, sin tener ni idea de si podría resolver su propio enigma, decidió ayudarla con el que ella tenía, el cual parecía tener solución en el galeón sobre el que se encontraban.
Youdar quería decirle algo a la mujer, no sabía exactamente qué; que la entendía, que él había vivido algo similar, algo así, más, antes de que hablase, ésta se dirigió a Albert, recobrando la compostura y tomando las riendas de la situación, pero no hubo tiempo para escuchar la respuesta del pirata. Bony había visto a Yang, quien aún se debatía en combate con la extraña criatura cangrejo, y corrió en su auxilio.
-¡Youdar, ayúdame con esto…! tiempo suficiente tendremos para responder al reto de Parcel…- el enano se colocó con decisión el escudo, se guardó el reloj entre las ropas y apretó el puño de la espada. Corrió hacia la batalla, pero no fue lo suficientemente rápido. Los golpetazos de la batalla hicieron temblar la cubierta, que acabó por dar de si, hundiéndose en un gran agujero. El carpintero miró por él, apreciando lo grande del salto, y tuvo que tomar una decisión.
 
¿Bony o Albert? ¿El cangrejo o la mujer a la que Albert y Bony se habían referido como Parcel? No tenía ni idea de que pintaba el cangrejo en todo aquello, pero si saltaba por el agujero, Albert podría quedar fuera de su alcance y, sin duda alguna, Parcel era su principal enemiga. “Debo mirar en pos de lo mejor para todos”, pensó el enano, acordándose de los otros tripulantes de B.Sisters y, dispuesto a enfrentarse con la capitana de aquel navío, con Parcel, se encaminó hacia el fantasmal pirata.
-Llévame hasta ese hermano que mencionaste, Albert- dijo Youdar, colocándose junto al translúcido hombre. Éste comenzó a caminar por la cubierta, encaminándose hacia la proa del barco.
- A su hermano le fascinaba ver la vista desde la proa, cuando ella vivía ambos gozaban de pararse justo aquí y mirar hacía el horizonte pensando en su futuro. Tras la muerte de la Capitán no hacía nada más que quedarse aquí sentado, mirando hacía la nada con la amenaza de lanzarse en cualquier momento- la voz del pirata sonaba lejana, y se hacía más patente que nunca que se trataba de un hombre muerto, un alma condenada y llena de pena.
-¿Qué fue lo que sucedió, Albert?- preguntó Youdar, que hacía disimulados intentos por acelerar el paso, pero, aún sabiendo que el fantasma estaba atado a él, la educación que su madre le había inculcado al enano le impedía forzar el paso de su interlocutor, notando el malestar en éste. Así que, de ese modo, con paso calmado, el pirata comenzó su relato.
 
La capitán y el Señor Edward no eran hermanos de sangre, ella fue adoptada años atrás, cuando el padre se la encontró en un bote a la deriva. La niña no tenía más de cuatro años de edad, estaba sola, enferma por insolación y pensábamos que moriría... pero no, sobrevivió y se quedó en el barco con la familia Teach, a pesar de que muchos de los marineros se oponían. Desgraciadamente el padre del Señor Edward murió de cólera unos años después; fue entonces que yo me quede a cargo de ellos. Pero la niña Isabella era mi favorita, por que me recordaba a mi propia hija... Nunca pude criarla, la perdí muy joven en una guerra, por eso terminé aquí.

Entre el señor y la señorita se formó un vinculo fraternal muy fuerte y juntos comenzaron a liderar el barco. Edward había sido escogido como capitán a pesar de su corta edad y la señorita parecía ser una prometedora cartógrafa, todo iba perfecto hasta que un hombre entró en su vida... fue el único y el último amor de Isabella. Su nombre era Aruj, un bastardo de cara bonita que no hizo más que enamorarla para hacerse del barco y matar al Señor  y lo logró. Pero el señor no murió, al igual que Isabella, sobrevivió.

Aruj traicionó a Edward entregándolo a las autoridades y engañó a la señorita haciéndole creer que su hermano había muerto. Sin embargo, unos años después Edward escapó por mano de amigos suyos, corsarios a fin de cuentas... y regresó. Cuando regresó se encontró con una Isabella cuyo nombre había cambiado a Ilea Parcel. Era una mujer completamente diferente, era atrevida, aventurera, valiente y se desenvolvía muy bien en el mar, estaba embarazada de Aruj... Pero ese bastardo le era infiel cada semana con mujeres diferente y la señorita no lo veía, no me quedaba más que cuidar de ella, pero al regresar, Edward no pensó en otra cosa más que matar a Aruj y lo logró... sin embargo, antes de hacerlo, ese maldito infeliz hirió de muerte a la niña, haciéndola perder al bebé que llevaba en el vientre, marcándola para siempre, matando sus ilusiones...
 
Matando sus ilusiones”… la última sentencia del pirata le hizo recordar a Youdar las palabras que Perik le había dicho la primera vez que viajó junto al anciano cazador de fantasmas. “Se empieza por extinguir la llama de una persona, pequeño Youdar, por acabar con cada pequeña chispa de vida que tenga. Así es como alguien comienza a tener una vida de muerte y, cuando llega el día que su corazón deja de latir, su alma no encuentra diferencia alguna, pues lleva muerta demasiado tiempo, y queda atada por siempre a Noreth”. También recordaba lo que él había preguntado, “¿Y por qué luchamos contra ellos, Yayo?”; “Porque buscan a otros a quienes arrastrar a su mismo destino, y porque, pese a todo, no son malvados, solo están perdidos, y solo al ser derrotados encuentran su rumbo y pueden encontrarse con Karzún
 
Un golpetazo se escuchó frente a ellos. Naga se había alzado hacia la cubierta y, sin darse tiempo para comprender lo que ocurría, de dispuso a atacar a Albert.
-Detente, Naga- pidió Youdar, preocupado de que la ira se volviese a apoderar del pirata- Nos está ayudando.
El antropomorfo detuvo su ataque, pero no bajó el arma- ¿Tú crees que nos ayuda, enano? Se le ve muy paliducho para ser de los nuestros- Youdar no supo si tomar la burla de Naga como buena o mala señal, pues sabía que el tripulante del B.Sisters hacía comúnmente uso de su sentido del humor, pero no lo conocía lo suficiente como para saber si también lo empleaba en situaciones tensas.
-Vamos a solucionar todo este asunto, Naga- Youdar no tenía tiempo que perder, pues, a esas alturas, el imponente cangrejo podría haber devorado a Yang y a Bony- Me está llevando a ver a alguien que puede arreglar todo esto. Está en… eh
-La proa del barco- dijo Albert, aún con aquel tono melancólico y triste con el que había relatado la vida de Ilea Parcel y de su hermano Edward.
El pirata dio un paso al frente, y el enano estuvo a punto de acompañarle, reanudando la marcha, pero Naga no se apartaba de su camino- No me fío de él, Youdar. Seguro que es una trampa.
-Si es una trampa- dijo Youdar, armándose de valor- será mejor que sea una bien buena, porque si no consigue matarme juro que desmontaré este barco pieza por pieza- reanudó la marcha, directo hacia la proa. Una vez comenzaron a subir las escaleras que les llevaban por encima del castillo, ya no era el fantasma quien frenaba el ritmo de avance, si no el enano y el antropomorfo, a quienes la cautela les imponía la calma. Nada parecía suceder, y Albert no les hacía señal alguna de que pararan. El enano acabó llegando hasta la baranda del barco, estando más allá solo el mascarón.
-Asómate- dijo Albert con aquella voz sepulcral.
Haciendo un esfuerzo, pues el barco estaba diseñado para personas con mayor altura que él, Youdar ojeó hacia el propio navío desde allí. Al principio no vio nada, pues la brillante luz que venía del mascarón lo cegaba, pero, en cuanto la vista se le acostumbró, pudo ver la fantasmal figura de un hombre sentado, como si flotara, pero de cuyos pies nacía una cadena que lo unía a aquel navío eternamente, incluso en la muerte.


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Mensaje por Krusty Krab el Miér Mayo 20, 2015 9:08 pm

“El hambre y la furia, nublan la razón, y solamente dejan que los instintos dominen.”
 
Esclavista de Phhonterek.
 
La sangre salpicaba las viejas tablas, el jadeo de una garganta agotada, de músculos que, aun recuperados, resentían las viejas heridas y combates. Una enorme bestia, o mejor dicho, una bestia muy superior a sus homólogos naturales. La reptiliana ahora veía que su enemigo no era más que un cambia formas, si antes era un monstruo deforme, ahora no había duda que era hijo de las mareas. Las pinzas, tan pesadas como un martillo de herrero, golpearon la cubierta, la reptil debió de retroceder, mientras el lugar crujía al agrietarse la madera, era un ser amorfo, era un monstruo y más aun, era un ser sin consciencia ni mentalidad, que solamente había luchado sin una razón y sin palabras de por medio.
 
Fue la voz de otra hembra la que hizo que Krusty expulsara espuma por sus fauces, mientras sus ojos se movían grotescamente buscando el origen e aquellas palabras. No muy lejos, una fémina humana le apuntaba con un arma. El estruendo y humo sobresalieron de aquella tormenta. El cangrejo dio un gruñido y un grito de dolor, cuando parte de su caparazón fue despedazado por aquel disparo. Su carne había quedado a la vista, su musculatura también y como la sangre brotaba del agujero que la bala había creado. Aquello era un golpe para el crustáceo, pero eso no le detendría, el hambre había poco a poco diluido la razón en su mente, pero no era una bestia completamente, no era el simple instinto, aun había brutalidad en sus ojos y en sus pinzas.
 
Con rapidez, movió sus patas, intentándose acercar a la mujer, pero la reptiliana evitaba eso, comenzando a dar tajos en su abdomen, dejando profundas marcas en su coraza, pero no pudiendo llegar a ninguna parte blanda. La lucha entre ambas bestias, tanto la escamosa, como la del crustáceo, se había desarrollado en el mismo punto y las  marcas en el suelo no podían ser más notorias. Pero aquellas mismas marcas serian su perdición. Con violencia, el “suelo” o mejor dicho, cubierta crujió y gruesas grietas se formaron en la cansada madera. Fue tan solo un instante y todo se vino abajo, como si fuera un terremoto o un socavón. EL suelo se vino abajo, llevándose consigo a todos los que estaban alrededor.
 
Entre afiladas astillas de metal, trozos de metal y aparejos, el cangrejo estaba tirado sobre la reptil, que claramente se había llevado la peor parte del golpe. No solamente había caído bajo el cangrejo, en su inútil e infructífera táctica, si no que este había caído encima de ella, con casi ciento cincuenta kilos de caparazón y musculatura. Si tuviera algo quebrado por el impacto, no seria sorpréndete.
 
Con dificultad, el crustáceo se alzo, sintiendo algo sobre su caparazón y con rapidez, agarrándolo, cual trozo de madera, lanzándolo hacia arriba, sin importarle lo que era realmente. Más no demoraría en volver a la batalla. La madera se movió, dejando ver a la mujer frente a él, sobre una de las planchas de madera, el recuerdo de su disparo y el caparazón destrozado, eran un recuerdo que resonaba en su mente, con cada latido. Mas antes de poder atacar, la mujer volvió a disparar nuevamente. El crustáceo cubrió su boca y ojos con una de sus tenazas, sabiendo que era vulnerable en esos momentos. Las balas impactaron en su cuerpo, una de sus patas fue seriamente dañada, el trozo de metal había impactado contra la articulación, casi desprendiendo la paya, la cual ahora colgaba de su cuerpo. El siguiente disparo había caído en un lugar más amplio, incrustándose en su tenaza izquierda, y alojándose, el metal, en el interior de su carne.
 

La espuma de la boca reflejaba la ira, y a la vez, cierto temor. A pesar de estar herido, el cangrejo aun se podía mover con soltura, moviéndose lo más rápido que podía contra la mujer, dejando a la reptiliana de lado… mal hecho, ya que cuando estaba al alcance de su pinta, algo tiro de la pata herida, arrancándola. Era la fémina escamosa, que con uno de sus brazos inerte, sostenía con la otra su pata mutilada. Esta gritaba, casi escupiendo insultos,  pero no estaba en posición, no en aquel estado. Sin pensarlo demasiado, se decanto pro aquella que él había dado más lucha y  como una enorme mole, el crustáceo se lanzo contra la reptil, con sus pinza protegiendo su cuerpo y la otra, presta para destrozar a esa fémina.
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Mensaje por Bony Sandokan el Dom Mayo 24, 2015 1:03 pm

Para suerte de Batsy, el haber aterrizado no había sido del todo lo mejor, pues Krusty lo había hecho volar por los cielos más allá del mástil mayor. Chillaba de dolor debido al corte que el doctor le había hecho, sin embargo a pesar de todo lo malo algo bueno había sucedido… el arma del cirujano pirata se había hecho trizas en el preciso momento que la cubierta del barco había cedido. O´Connor quien miraba desde más allá del mástil escuchó el alboroto a sus pies, al mirar hacia abajo lo que se le hizo presente fue la imagen de Batsy cayendo precipitadamente hacía el barco… tan pronto como sus sentidos se lo permitieron, el divium se dirigió de lleno al antropomorfo, dando las gracias a que éste cayera sobre las cuerdas que sostenían las velas aún arriadas.
 
-¿Estás bien?- Preguntó O Connor mientras comenzaba a cortar las cuerdas para liberar al murciélago, no sin antes asegurarse de tenerlo bien sujeto. –¿Qué ha ocurrido allá abajo?- O´Connor había visto a medias lo que estaba sucediendo en la cubierta del arco, pues quería tener más presente lo que ocurría a los alrededores, se había percatado de que por alguna razón los espectros parecían dejar de avanzar, ahora mismo se mantenían estáticos en medio de la marea, flotando sin amenaza alguna en las oscuras aguas de aquel océano.
 
Sujetando a Batsy por los costados, el divium voló despacio sin importarle mucho cual fuera la situación del antropomorfo, pues se había percatado de que lo que sucedía en la cubierta requería de su ayuda. Al llegar ahí finalmente todo el alboroto que había visto desde lo alto tomaba forma, aquel ser crustáceo de enormes magnitudes arremetía con todo su peso contra su compañera cobra,  dejando entonces a Batsy a un lado, O Connor tomó su cetro volando hasta donde Krusty, lo elevó alto y de sus labios comenzaron a brotar palabras “inentendibles”, las aguas alrededor del B. Sister comenzaron a temblar y un  enorme corro salió disparado hacia arriba ara segundos después  “aterrizar” directo sobre el caparazón del crustáceo, la presión con la que era golpeado habían hecho que la sección donde la bala de Bony se había incrustado se quebrara cada vez más y más…
 
O´Connor se dirigió entonces directo a donde la bestia atestándole un golpe en aquel punto débil. Bony por su parte sabía que un simple par de sais no funcionarían en semejante bestia, por lo que aprovechando la intromisión del divium se dirigió directo a donde la Cobra. La fémina reptiliana se tambaleaba y jadeaba encorvándose por completo, llevaba sus manos al abdomen y al mirar a Bony siseo un tanto molesta. –Apártate de aquí… podríaz morir…- Sin embargo Bony se negó mirando directamente al crustáceo –Es enorme… necesitamos ayuda…-
 
-Zería mejor zi zu agresión no fuera tan exzeziva… loz ezpectroz lo atacaron, dezconozco por que él me atacó…-
 
-Yang, eres una genio…- Musitó Bony ante las palabras de la cobra –Tengo algo que podría ayudarnos al menos por unas cuantas horas…-
 
En uno de sus tantos atracos en muelles, Bony se había hecho de algo poco común en Noreth, era algo que le gustaba pero desgraciadamente no podía comer, eran galletas, galletas “mágicas” que Bony nunca pensó que llegaran a sacarla de apuros. Dichas galletas se las había obsequiado una vieja adivina que mendigaba por la ciudad, decía que tenían la habilidad de apaciguar a los enemigos y volverlos momentáneamente amigables, Bony solía llevar el paquetito atado al cinturón de su ropaje, y al parecer había llegado el momento de usar dichas galletas. Corrió tan rápido como pudo, arriesgándose a que el enorme cangrejo la tomara entre sus pinzas, y apuntando a sus fauces tomó una de las galletas y la arrojó a la boca de la bestia.
 
-¡Oye pedazo de tsurimi! ¿Tienes hambre? ¡Trágate esto entonces!- Vociferó con alevosía proyectando el dulce hacía la boca del cangrejo, esperando que éste se la tragara.
 
(…)
 
Youdar había decidido seguir a Albert, viendo en él la única oportunidad de acabar con todo lo que estaba sucediendo. Confiando en las palabras del espectro que ahora se encontraba de su lado, el enano caminó hasta donde éste se lo pidió, evadiendo a Naga en su ataque y pidiéndole que tuviera paciencia. Naga no había estado del todo de acuerdo con aquello, sin embargo no era de los sujetos que decidían formar un alboroto sólo por qué si, así que fiándose de las palabras de su compañero se limitó a asentir con la cabeza sin quitarle el ojo de encima al espectro pirata.

El mascarón de proa desprendía aquel fulgor  amarillento, y el fuego no amenazaba con apagarse si quiera un poco a pesar de la fuerte tormenta que arreciaba de poco en poco. El brillante mascarón de roro reflejaba el brillo de aquel fuego fatuo  haciendo resplandecer más su belleza.
 
-Youdar, mira, es oro puro…- Dijo Naga segundos antes de que el enano se asomara por la baranda del barco, sin embargo no había alcanzado a escucharlo… el tintineo lúgubre de cadenas pesadas comenzaron a resonar tenuemente en los oídos del merrow, quien sacudió la cabeza como tratando de regresar en sí, pero aquella imagen espectral y melancólica también había sido divisada por sus enormes ojos negruzcos –Santa diosa del mar…-  Exclamó sorprendido ante semejante imagen mientras retrocedía un tanto nervioso, un tanto conmovido pero sobre todo asustado. Aquella espectral figura alta y robusta, se había elevado a unos dos metros de distancia, las cadenas lo mantenían atado al barco y éstas parecían tener ese límite, por lo que aquel que antes había sido un hombre, simplemente no podía apartarse del mascarón, el fuego que emanaba de la antorcha era obra de ese ser fantasmagórico, era su propia alma la que resplandecía y parecía  guiar el barco…
 
-¿Quiénes son ustedes’ ¿Qué hacen aquí? Lárguense… - Musitó la figura sin si quiera mirarlos, con una profunda tristeza en su corazón. –Señor Edward… estos hombres quieren liberar a su hermana de las cadenas vengativas que la unen a Noreth. – 


-Esa mujer ya no es mi hermana… le fallé Albert, no puedo hacer nada más que tratar de guiar el barco a tierra firme…-
 
-Señor, el barco jamás dejará de flotar a la deriva, en espera de que más mortales lleguen hasta él, para que las vidas de sus tripulantes también queden atrapados aquí adentro.-  Edward esbozó una mueca de burla girando el cuerpo en dirección al humano. –Eres tan diminuto ante los ojos de ella, nada puede detenerla, no pude cumplir su último deseo, sólo provoqué la locura de mis hombres y mi propia muerte, no hice nada más que convertir su tristeza en odio y venganza… ya no hay nada que hacer ¿Qué quieres hacer?.-
 
Al escuchar todo esto, Naga no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba ocurriendo, sin embargo de algo estaba seguro, los espectros estaban atacándolos y no podían retirarse así cómo así. –Ejem… disculpe señor del mascarón encadenado, pero sus espectros no nos dejan “zarpar”,  o al menos sus armas ¿Cómo quiere que nos larguemos eh?-
 
-Dejen a la mujer, es lo único que quiere, déjenla, váyanse de éste lugar y no regresen… de lo contrario sus almas serán consumidas poco a poco, tal como le ocurrió a “esa criatura”- La figura de Edward parecía resignada, tan sólo haber dicho eso se había dado al media vuelta para volver a sentarse en el mascarón de la proa, su mirada se perdía en la nada del océano y el semblante taciturno hacían pensar que no había tenido sentimiento alguno en vida. El barco comenzó a temblar y las aguas de los costados parecían mecerse con total salvajismo, una pesada aura rodeó el lugar y una intensa neblina comenzó a formar una especie de torbellino lento que se elevaba a la altura del mástil, por encima del camarote del capitán… una figura femenina tomó forma y una profunda y maquiavélica carcajada hizo eco en el lugar, era el fantasma de Ilea que mostraba aquella mirada llena de odio y repulsión.
 
-Hermanito… aún sigues lamentándote en ese lugar. Albert qué casualidad, tanto tiempo matando humanos y de pronto llega un enano a ablandarte el corazón, que estúpido y pensar que creí qué todos tenían el rencor suficiente para subsistir en el Isabella, es una lástima…- Vociferó el espectro armado con una llamativa y filosa cimitarra de acero puro. –Humanos… somos tan banales al estar con vida, y al morir, te das cuenta de todas las estupideces que cometiste para intentar ser feliz, les tengo una sorpresa ¡Ninguna resulta! Mírate enano ¿Qué haces aquí? O qué tal tu ¿Merrow? Tu especie tan desprestigiada de Noreth… todos piratas, todos ufanos, tontos, irremediables piratas, a final de cuentas tendrán el mismo fin, así que ¿por qué no se resignan y aceptan quedarse aquí conmigo en el Isabella?
 
Al decir aquellas palabras, la fría figura femenina comenzó a descender hasta que sus pies tocaron el suelo del barco, parecía haberse materializado por completo, era una mujer ni alta, ni baja, era hasta cierto punto atractiva, de cabellos rojizos y ojos color ámbar, pero su piel mostraba la decadencia de la muerte, aquella piel que tempo atrás había sido morena, ahora se mostraba pálida, sin color, en su rostro se reflejaba un sumo dolor vengativo , pero frio, una mirada fría que ocultaba odio y repulsión, algunas manchas en su rostro daban a entender que alguna vez había sido una mujer pecosa, quizás simpática, quizás sonriente… -Nadie puede ayudarlos… ahora son MIOS…- Susurró, desapareciendo de nuevo sin dar espacio a que alguien le dijera algo.
 
-Sólo hay una forma de detenerla…- Susurró Edward. –Encontrar todo lo que perdió. Ella sólo lo quiere de vuelta, sin embargo, no sé si eso bastará, Esa mujer ya no es mi hermana…-
 
(…)
 
Tendor observaba asustado lo que ante sus ojos estaba ocurriendo, la gallina de Batsy comenzó a temblar, sus alas se expandían y la esponjosa cola repleta de plumas comenzó a alargarse, las garras le crecían, todo su cuerpo parecía tronar como si sus huesos estuvieran rompiéndose… el chiquillo se apartó tomando a Pelos entre los brazos. –No… no puede ser… Sandy ¡Sandy! ¡Sandy despierta! ¡Señorita Sandy!-
 
La hermana mayor de Bony de poco en poco comenzó a abrir los ojos, sacudió la cabeza para poder sentarse y se llevó ambas manos a los ojos, aún veía algo borroso. -¿Qué… qué sucede? ¿Qué pasó…?- Cuando Tendor señaló a donde la gallina, Sandy se quedó boquiabierta y al igual que el niño no hizo nada más que apartarse, los segundos parecieron largos minutos y los minutos una larga espera… Finalmente los huesos de Dorotea dejaron de crujir, lo que se alzó era una abominación aviar, una gallina transformada por los pantanos puros de Storm Gronne, sin embargo al observar el porte y el comportamiento del animal, Tendor se percató de que seguía siendo una gallina. El chiquillo se acercó ofreciéndole unos granos de maíz. No, Tendor ¿Qué estás haciendo? ¡Esa cosa va a arrancarte una mano!- Exclamó Sandy, sorprendentemente, el extraño animal mutante comenzó a picar los granos de maíz tal como lo hacía una gallina común y corriente, incluso su cacareo un tanto más grave y dragoniano parecían graciosos…
 
Las cosas se habían tornado diferentes en la cubierta del barco, pues todos estaban a kla espera de que Bony y compañía regresarán, sin embargo, al escuchar un gran estruendo y ver la luz fantasmagórica que de aquel lugar se desprendía, Ann no dudo en dar órdenes de que otros más fueran  a la ayuda de Bony.
 
-Es demasiado… Jäger, Castell, diríjanse al navío.-
 
-Pero señorita ¿Qué ocurrirá con los espectros?- Preguntó Castell con preocupación.
 
-Ann, será mejor que nos quedemos aquí, la tormenta ha arreciado, si bajamos no sabremos si llegaremos al barco.-
 

La realidad, es que ellos no podían hacer nada más que esperar a que todo se terminara.
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Mensaje por Batsy El Ultimo el Dom Mayo 31, 2015 5:26 am

Entre tantas monedas brillantes, de oro y joyas, alguna chuchería debe de haber.
 
Batsy, Chucherografo con Licencia.
 
Quizás el haberse embarcado en aquel navío, internarse en las extensas aguas o subir a ese lugar, no había sido buena idea, Su cuerpo le dolía, su oreja sangraba y tenía hambre… mucha hambre, el estomago lo tenía vacio, tras vomitar y devolver una y otra vez su contenido. Había pasado por muchos temores, y enfrentado a  fantasmas que el querían chupar lo blando de los huesos… ahora, permanecía colgado entre las sogas a medio carcomer del barco… un espectáculo nada alentador para la mente simple del murciélago.
 
La tormenta seguía, el viento mecía al pobre devora corazones, mientras que el agua le empapaba completamente, su armadura sonaba, cuando las gotas de agua, golpeaban su superficie. Fue cuando el pobre escucho que alguien él hablaba, cuando noto que volaba… claro, ya había volado, pero solo hacia abajo, en caída libre y con el suelo acercándose mas y mas, no al revés. Las manos del hombre pájaro o era el pájaro hombre, le llevaron hasta el suelo, lejos de ese agujero, donde ahora se escuchaban los sonidos de la batalla y el aroma a sangre impregnaba el ambiente. A pesar de todo, el antropomorfo no había olvidado que le gustaba la sangre, si bien no propia, si un traguito de vez en cuando no hacia mal.
 
El hombre pollo, había salido volando nuevamente, la lucha continuaba, pero no había gran cosa que el pequeño monstruo pudiera hacer, debía de descansar algo, su cuerpo lo pedía. Cojeando algo y quejándose, cual niño pequeño, lloriqueando algo, llego hasta una puerta y se apoyo en ella, tocando su oreja, estaba sangrando, pero muy poco, le dolía, y decía “ay, ay, ay” por el dolor que aun sentía en sus orejitas o mejor dicho “orejotas”. 
 
Gritos y golpes se escuchaban desde aquel agujero, el suelo temblaba, como si una gran lucha se llevara a cabo. El rugido de una bestia rompía el sonido de la tormenta. Fue cuando un rayo cruzo el oscuro cielo, iluminando todo por un instante, que el murciélago se apoyo, más de lo que debería de haber hecho, contra la puerta. La vieja y podrida madera no hizo mucho por oponerse al peso. Destrozándose en mil pedazos, los cuales eran tan suaves, que se desarmarían al tacto.  El murciélago perdió el equilibrio, intentando aferrarse al aire, sin lograr mucho y terminando por rodar por una apolillada escalera. Esta no demoro en seguir el ejemplo de la puerta y destrozarse igualmente, el murciélago fue tragado por la oscuridad y únicamente el sonido amortiguado del metal hizo eco contra la tempestad.
 
El murciélago no sabía cuánto tiempo permaneció en la oscuridad… pero no era la oscuridad… si no que tenía cerrado los ojos, sin darse cuenta, y al abrirlos, pudo ver que había varios candelabros encendidos.  Lo primero que hizo Batsy… fue quejarse, algo se le había incrustado en la espalda y al meter la mano, se dio cuenta que estaba sobre una pila de monedas. Abriendo sus diminutos ojos a más no poder, se fijo que estaba rodeado de pilas de monedas brillantes, de oro y plata, cobres y cosas brillantes, gemas, joyas, adornos y armas de brillantes colores, tanto dorado como plateado. ¿Estaría en el cuarto del tesoro? Era posible… aunque él no entendía pro que tantas cosas que brillaban, estaban en ese lugar.
 
El pequeño monstruo se levanto, sus huesos crujieron cuando lo hizo, volviendo a su lugar correspondiente. Su armadura había servido ya bastante bien, sin ella, de seguro hubiera muerto en algún momento, aunque claramente estaba abollada y vería que hacer más adelante. Por mientras, tantas cosas brillantes, le llamaban la atención, como lo haría un delicado anillo a una común urraca. Batsy comenzó a revisar, muchas monedas… que de seguro le hubieran solucionado toda su vida, le rodearían de opulencia, manjares deliciosos y una vida acomodada, que envidiarían hasta los nobles… pero ilógicamente, el antropomorfo lanzaba, como si fuera basura, las monedas relucientes.  A él no le interesaban las fortunas, no le interesaban el oro o la plata, a él le gustaban algo más interesante, algo que le daba calor a su corazón, y algo de luz en su apagada mente. Los tesoros no eran nada para él, lo que realmente hacia que el dolor desapareciera, eran las simples baratijas, las chucherías que tanto apreciaba y que más de una vez había arriesgado su cuello por una de ellas. ¿Cuántas veces había irrumpido en una herrería? ¿Cuántas veces se había metido en una carreta de mercaderes? Sus andanzas no eran recordadas por muchos, ni siquiera por el mismo, pero su tesoro, sus preciadas chucherías, colgaban en una simple y sucia bolsa en su cinto, su tesoro, más valioso que la fortuna de un noble y más basta que las maravillas de los dragones.
 

Tras los muros, la lucha continuaba, pero para el murciélago, eso no le preocupaba. Quizás le dolor de sus piernas se desvanecía entre el brillante metal, quizás su oreja sanaría más rápido si encontraba aquello que le hacía olvidar el sufrimiento. Fue dando vuelta un cofre de pequeño tamaño, que encontró algo que le gustaba, era un pequeño platillo, casi del tamaño de su palma, viejo, algo doblado y abollado, pero que aun brillaba, bronce y latón, algo de nácar pegado, que se aferraba a su superficie, como negándose a ser libre. Era bello, y era roñoso, era un tesoro y era basura, pero para el antropomorfo, su tesoro, su nueva posesión, algo más valioso que la pila de oro que había bajo sus pies y más importante, que todas las fortunas reunidas ahí.
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Mensaje por Youdar el Mar Jun 02, 2015 10:42 am

-¡Ahora son MIOS!- masculló el fantasma de Ilea, desapareciendo. Youdar, que, acostumbrado a los fantasmas, se había mantenido impasible ante la aparición de Edward, no pudo evitar sentir un escalofrío ante las palabras de la capitana, y sintió una punzada de dolor en el hombro dañado. Solo cuando Edward volvió a hablar salió el enano de su ensimismamiento, recuperando las ganas de luchar, de acabar con todo aquello.
-Sólo hay una forma de detenerla,-comenzó a decir, con aquel tono melancólico, la pobre alma en pena que era Edward-encontrar todo lo que perdió. Ella sólo lo quiere de vuelta, sin embargo, no sé si eso bastará, Esa mujer ya no es mi hermana…
-¿Como detenemos a Ilea?- Youdar se masajeó la herida, dispuesto a colocarse el escudo de nuevo en cuanto Edward contestara, pero el fantasma solo parecía dar evasivas; era un hombre totalmente derrotado.
-Lo único que ella deseaba era recuperar sus pertenencias-“eso no va a pasar”, pensó Youdar, que ya había tomado la decisión de no entregar a Bony-sin embargo…sin embargo, ahora tal como es dudo mucho que eso le baste, ella sólo quiere venganza, sangre, quiere hacer de todos ustedes almas en pena de éste navío... yo no pude entregarle nada, no pude hacer lo que ella quería y ahora mira lo que sucedió...- “¿con que quiere convertirnos en almas en pena, eh? Pues va a tener que hacerlo mucho mejor de lo que lo ha hecho hasta ahora”. Fue terminar de pensar aquello el enano cuando se pudo escuchar un grito, advirtiéndole, de Naga.
-¡Detrás de ti, Youdar!- solo el aviso del merrow permitió a Youdar salir de allí con vida. El enano se dio la vuelta, preparado, como estaba, para utilizar su escudo, que, según Youdar lo elevaba, se cruzó con la cimitarra de un espectro. En un principio Youdar pensó que se trataba de Albert, a quien ya no podía dominar, pero aquel era el espectro de un hombre mucho más joven y, como todos los hombres jóvenes, luchaba con una furia mayor a la que empeñaría cualquier veterano. Mientras el enano, ante el empuje incansable del pirata, intentaba hacerle retroceder con su escudo, se percató de que uno de sus pómulos sangraba; de no haber sido por el grito de Naga, ahora mismo no tendría ojo, por no mencionar que su cabeza entera estaría partida por la mitad.
-¡Brom, detente!- Albert, notando la situación desesperada del enano, corrió en su ayuda, al igual que Naga. En cuanto la espada de Albert chocó contra la del que, en vida, debió ser conocido como Brom, Youdar salió despedido hacia delante, al no encontrar ya una fuerza que evitara el avance de su escudo, el cual empujaba con todas sus energías. En una rápida finta, Brom se libró de Albert, y traspasó con su cuerpo, como si nada le importara, a Naga, dándole la espalda al merrow y yendo a rematar al enano, que rápidamente recobró la postura de batalla, logrando interceptar la cimitarra con su espada.
-Así que tu capitana tiene mal genio, ¿eh, grumetillo?- Youdar, movido por el orgullo de batalla, se negó rotundamente a que alguien que, por edad, debía ser aún algo inexperto en vida, le derrotara. Su tozudez no solía llegar a tales extremos, normalmente, pero no iba a permitir que dijeran que, para hacer frente a Brom, había necesitado la ayuda de Naga y Albert- ¡Pues ningún humano, ni vivo ni muerto, tiene peor carácter que un enano!- Youdar giró sobre si mismo, ganándole la espalda a Brom, mientras interponía su escudo en la trayectoria, de la cimitarra. Ahora estaba donde quería estar, y el ímpetu del fantasma solo lo ayudaba, pues, desviando la cimitarra con su espada, y cubriéndose con el roble, logró acabar arrinconado junto a la baranda de proa, al lado de Edward. Si aquella muestra de lo que su hermana era capaz de hacer no lo hacía reaccionar, Youdar no tenía ni idea de que lo lograría.
-Tiene que haber otro modo de acabar con esto, Edward. Mira, ¡Mírale!- dijo el enano, refiriéndose a Brom- ¿Acaso no quieres que tu hermana vuelva a ser la que era? ¿Qué esta maldición que sufrís acabe?- Edward agachó la cabeza, abatido, completamente hundido, pero, tras unos segundos así, los suficientes como para que Naga y Albert volviesen a quitar a Brom de encima de Youdar, y el enano se volviese a prestarle su completa atención, acabó contestando.
-Taboo era la guardiana inseparable de Ilea, pero, tras su muerte, se transformó en un espíritu animal maligno y endemoniado, no se puede hacer nada más que pasar primero por ella-“Este tipo se cree que yo soy adivino ¿Quién es Taboo?”- Lo único que sé es que deberán encontrar el collar de la perra, eso es lo que la mantiene atada a nuestro mundo y encarcelada por su propia dueña... Hay una brújula... una brújula dorada, debes destruirla para debilitarla...- ¡La perra! Claro, Youdar ya había visto a esa perra fantasmal, perseguía a Bony cuando había logrado escapar del camarote del capitán.
-Gracias, Edward, haremos lo posible por devolverte a tu hermana-“si no queremos que ella nos haga trizas”- ¡Naga! ¡Debemos ir al camarote del capitán, deprisa!- en cuanto Albert escuchó al enano, se interpuso entre Naga y Brom, que luchaban con fiereza, y se volvió hacia ellos.
-Corran, ¡yo lo entretendré!- el joven pirata hizo varios intentos de pasar ante Albert, pero siempre se encontraba con la espada del veterano maestre en su camino, como si quisiera decirle “O pasas ante mi, o no irás más allá”.
El merrow y el enano corrieron, atravesando la cubierta, dejando atrás a varios fantasmas, hasta que, en mitad de la espesa niebla, la puerta comenzó a hacerse visible para ellos.


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Mensaje por Krusty Krab el Vie Jun 05, 2015 8:31 pm

Y en el ojo de huracán, la calma reina, mientras a su alrededor, muerte y destrucción gobiernan.
 
Navegador de Remolinos. Fallecido.
 
Se podría decir que aquella lucha era claramente dispareja. Espadas de acero y armas de fuego, contra tenazas y caparazón. EL crustáceo no estaba en una buena posición y aun menos en ventaja. Desde un inicio, aquella batalla había sido contra una criatura muy superior. Si en el pasado Krusty era el más fuerte de la aldea y la tripulación, la reptiliana hembra lo era aun más. La experiencia le había dotado de armas y compañeros, lo que al crustáceo le faltaba, ya que siempre había sido solitario y jamás había logrado formar lazos con otro ser, algo realmente triste.
 
Su gran fuerza, le había dotado de cierta ventaja, la cual había desaparecido, cuando las tornas se habían puesto en contra de él, la presencia de aquella otra hembra, humana, había inclinado la balanza de una forma notoria, sus armas, habían roto el caparazón, como si no se tratara más que de cristal. Y la escamosa, había arrancado una de sus patas, la cual ahora había dejado de sangrar, cuando sus músculos se contrajeron.  La furia fluía por las venas de ese ser, que hijo de las mareas y profundidades, había visto que conseguir alimento, era más difícil de lo que había sido jamás. Si no fuera porque estaba adolorido y por que el sentimiento de hambre estaba controlándole, quizás hubiera retrocedido a las frías aguas, esperando un bocado más sencillo y estar en mejores condiciones… pero no lo podía hacer. Como si ese lugar calara en lo más profundo de su mente, como si arañara y carcomiera su psiquis, no podía retroceder, ya que se le impulsaba a seguir luchando, hasta que pudiera saciar su hambre o morir en el intento.
 
El arrancarle una pata únicamente le hizo enfurecerse, y cambiando de objetivo, se lanzo contra la reptiliana hembra, su pinza impacto contra el suelo, un instante después de que la mujer se hubiera retirado de ese punto. Las tablas crujieron y el crustáceo lanzo espuma por su boca, en señal de molestia y furia. Mas antes de poder seguir la lucha, exclamo con dolor, un fuerte torrente de agua había impactado sobre él. Si bien esto no hubiera sido problema, la perforación en su caparazón se había hecho más grande y ahora parte de su musculatura estaba a la vista, pulsante y palpitante, brotando de entre sus fibras, un azulado liquido, su propia sangre. Krusty retrocedió un par de pasos, sus patas se aferraban a la madera con firmeza, mientras sus ojos se movían en diferentes direcciones. En ese instante lo vio, algo que venía volando y sin compasión, golpeando aquella herida expuesta.
 
El golpe fue brutal y la carne se resintió, abriéndose levemente y expulsando más sangre azulada. Todo el cuerpo convulsiono, moviéndose con violencia y brutalidad, chasqueando las pinzas con un sentimiento de amenaza e ira. En la mente del cambia formas, muchas cosas cambiaban, el sentimiento y necesidad de alimento estaba aferrada a su visión, pero el dolor y la propia supervivencia,  nublaban ese sentimiento que brotaba en su estomago. 
 
La bestia retrocedió un paso, mientras hilos de sangre corrían por sus patas y de su boca, saliva y espuma goteaban. Se podía enfrentar a uno, se podía enfrentar a dos, pero con tres, era difícil… su cuerpo estaba fatigado, cansado y al límite, aun así, no se podía detener, ni aunque lo deseara. Había luchado tanto por un bocado de carne, por saciar esa hambre que le roía las entrañas, y aun no había logrado nada, aparte de haber arrancado un trozo de cola, no se había saciado su apetito en lo absoluto.
 
Krusty gruñía, no podía hablar o comunicarse, pero de seguro estaba molesto, hambriento y adolorido. A pesar de ello, aun podía mantenerse en pie, aunque sus fuerzas le abandonaban  poco a poco, amenazando con dejarlo indefenso ante los que se interponían entre él y su alimento.  Fue en ese instante en que la segunda hembra se enfrento a él. Sería una presa fácil y un bocado sencillo, aunque el cangrejo no era imbécil y estaba pendiente de aquellas armas que tanto daño le habían hecho. Fue cuando estaba por lanzarse en una embestida, cuando la hembra dijo algo y arrojo un objeto a este.  Es normal que uno se aleje si le arrojan algo, pero el crustáceo estaba confiado en su caparazón, a pesar de que este ya se había fracturado. Aquella cosa termino en la espuma de su boca, claramente sus mandíbulas atraparon el pequeño objeto y lo trituraron, consumiéndolo.
 
De pronto, los presentes vieron como la bestia artrópoda se detenía y parecía desorientada o mejor dicho, confundida, ya que comenzaba a retroceder y avanzar, moviendo sus tenazas de forma violenta aun, gruñendo y cubriéndose con ella. Fue cuando los presentes y quienes anteriormente no habían visto el cambio de un hijo de las mareas, lo vieron por primera vez. Todo el cuerpo del cangrejo crujió, despedazándose, las patas se internaban en su cuerpo, la tenaza disminuía de tamaño y la otra se deformaba hasta convertirse en un puño y mano armada. Las patas restantes se juntaron, hasta dejar un ser vagamente antropomorfo, el cual se apoyaba en uno de los pilares. Estaba agitado, estaba jadeando. Su cuerpo tenía infinidad de heridas, su carne estaba a la vista y la sangre manchaba su caparazón y el suelo. Pero aun estaba vivo, apenas eso si, en su forma animal, el tenia ciertas ventajas, pero con su forma humanoide, estas habían desaparecido y el dolor llegaba de golpe, como si le golpeara un mazo en cada uno de sus huesos.
 

Su mano estaba aferrada a la madera, pero se notaba que está igualmente sangraba, su pinza colgaba, sin fuerzas para levantarse, pero aun chasqueando, miraba a los presentes, de una forma contradictoria, si era posible en aquel rostro.
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Mensaje por Bony Sandokan el Vie Jun 12, 2015 9:23 am

Batsy había caído para fortuna o desfortuna en una de las bodegas principales del barco, la bodega donde todos los tesoros del Isabella se habían resguardado por todos estos años.  En aquel lugar se encontraban cofres y cofres,  monedas de oro, piedras preciosas, joyas de metales variados, pero sin importar el brillo que de ellos desprendiera a Batsy nada le llamaba la atención más que las bisagras, candados y cerraduras de los mismos cofres, hechos de metales sencillos como bronce o incluso hierro oxidado.
 
Por breves momentos parecía haberse encontrado fuera de peligro, en aquel lugar no había ningún monstruo marino, no había fantasmas… no en ese momento, todo parecía lúgubre y callado y sólo el caer de la lluvia y el crujir del barco era lo que el murciélago podía escuchar… sin embargo, sin embargo aquel silencio fue interrumpido de inmediato por el sonido de una ráfaga, era una ráfaga interna, el sonido de algo silbante, algo inhumano pero común… si, era una especie de silbido espectral. Ahí parada en la entrada de la bodega la espectral figura de Ilea se mantenía fija ante el murciélago, sus ojos seguían el movimiento de la criatura muy lentamente, algo en aquel fantasma le decía que esa criatura era diferente a los demás, era una criatura torpe, tonta, banal… ni si quiera prestaba atención al brillo de las joyas… era un ser patético y diminuto ante sus propios ojos,  era tan patético que ni si quiera se preocupaba por dejarlo vivir o por matarlo en ese momento… por lo que sólo tenía una opción.
 
Un par de alas batieron su vuelo en alguna parte de la bodega, Batsy pudo escuchar con atención como si un ave de tamaño relativamente amplio volara dentro del lugar, sin embargo no había nada en el lugar, si… las sombras aparecían y el sonido continuaba, sin embargo no había nada dentro del lugar, o al menos eso creía él- al elevar la mirada una extraña ave aparecía poco a poco. De ella desprendía un brillo azulado, su plumaje antes blanco ahora se mostraba pardo, carcomido y para nada el de un ave mensajera cordial. El ave que ahí se mostraba era el alma maldecida de la antigua Seska, la buena lechuza mensajera de la antigua Parcel, para ella Batsy no sería más que un festín… a diferencia de los espectros humanos, Seska y Taboo mantenían cuerpos físicos, ya que ninguna de las dos había muerto, se encontraban maldecidos y poseídos por la rabia de la misma capitana.
 
Seska batió sus alas en posición de ataque, lista para tomar al murciélago entre sus garras, rozó su lomo una y otra vez amenazando con tomarlo y devorarlo en cualquier instante. Una de sus garras pudo hacerle un ligero corte en el lomo, cosa que demostraba lo tangible de su cuerpo… Ahora restaba por pensar algo ¿Qué objeto permitía a Ilea controlar espiritualmente al ave mensajera…?
 
Sin embargo, Ilea tenía otro plan en mente… la espectral figura femenina comenzó a llamar uno a uno a los espectros que anteriormente habían sido sus cañoneros, ésta batalla iba para más que una simple entrega de sus pertenencias y estaba decidida a acabar con todo lo que rodeara el Isabella.
 
(…)
 
Anteriormente Brom había sido la mano derecha de Albert, era como su alumno y fiel amigo de Edward y la señorita Isabella, sin embargo de él ahora no quedaba nada más que el rastro de un agresivo, violento y desalmado pirata sin escrúpulos. Ilea había ordenado a aquella alma espectral hacerse cargo del enano, quien ahora había logrado conseguir la información suficiente para tener ventaja sobre Ilea. El espectro parecía no querer dejar al enano, y reiteraba con ataques la defensa de Albert a pesar de que éste le había pedido que se detuviera. Brom corrió detrás de Youdar atestándole un golpe con su cimitarra, ataque que el enano seguramente había detenido con su escudo. Albert no tuvo otra opción más que desenfundar su arma y pelear contra el que alguna vez había sido su amigo…
 
Así, ambos espectros comenzaron a pelear. Albert concentraba su destreza y determinación dando tajos cortos y secos, no quería “lastimar” a su oponente ni mucho menos hacerle daño a su arma. Por el contrario, Brom lo que buscaba era desarmar por completo a Albert, en sus ojos no había expresión alguna, era uno de los tantos espectros que rondaban el barco sin descanso eterno, uno de tantos a las órdenes de Ilea Parcel… Y a pesar de ser espectros, el más joven seguía teniendo aquella ventaja enérgica de la cual el más viejo carecía. Pronto, Brom se dio cuenta que “el objeto esencial” no lo llevaba Albert,  sino el enano. Un grito de ira y enojo brotó de sus labios y apartando por completo al viejo, Brom  “voló” rumbo a Youdar con el rostro inundado en ira… Un disparo resonó en el aire atrapado por un eco húmedo ante la lluvia, había sido el arma de Edward, el espectro encadenado disparó una sola bala que dio de lleno en el arcabuz del joven pirata, el cual éste cargaba por la espalda…
 
Brom giró el rostro llenó de confusión al ver ahí de pie a su primer capitán… -Señor Edward… cuánto lo siento…- Susurró segundos antes de que su cuerpo se desvaneciera. El joven pirata había sido el mejor cazador, arponero pero sobre todo tirador del Isabella y nada mejor que su propio arcabuz para guardar su alma… el paso de los años y la sal del mar habían desvencijado el artefacto haciéndolo blanco fácil y rompible de un perdigón cualquiera. Ante el tiro, el arma de Edward también había quedado inservible debido a la pequeña explosión del pedernal, la culata del arma era lo único que mantenía “entero”, Albert observó con tristeza como el cuerpo espectral de su aprendiz se desvanecía y no tuvo más opción que bajar la cabeza a modo de oración, dando las gracias por el hecho de que aquel joven ahora descansara en paz.
 
Mientras tanto Youdar y Naga se aproximaban a la puerta del camarote principal, cuando el estruendo del disparo se escuchó en un eco amenazante por toda la cubierta. Naga se detuvo por breves instantes y bajó la mirada un tanto pensativo, quería decir algo, pero no le pareció prudente en ese momento decir una de sus bromas. Finalmente al estar frente a la habitación se le ocurrió´ decir algo con respecto a la situación –Y… ¿Cómo dices que esa amiguita peluda? ¿Algo así como una perrita faldera de la tan mencionada capitana?- Al decir esto abrió la puerta sin la más mínima precaución, las enormes fauces de la perra aparecieron y el merrow cerró de inmediato la puerta con el corazón sobresaltado. Se quedó inmóvil y atónito ante lo que sus ojos habían visto y cuando finalmente pudo expresar una palabra, lo que dijo fue lo siguiente. –Olvida lo que te dije… ¿Qué tal si yo abro la puerta y tu atacas? Se ve que tienes más empatía con los animales ¿Eh?-
 
Pero antes de que pudieran tomar una decisión, la puerta temblaba sin ceder, dando a entender que algo la empujaba desde el otro lado, un intenso gruñido comenzó a amenazar con derribarla, sin embargo a pesar de los golpes parecía como si la puerta no se pudiese abrir desde adentro, si… era la realidad, Taboo no podía permanecer fuera del camarote, por ende sólo se podía abrir desde afuera y nunca desde adentro. –Creo que necesitamos un plan para entrar… ¿Se te ocurre algo enanín?-
 
Fueron las últimas palabras de Naga en ese momento…
 
(…)
 
Tras una ardua batalla y golpiza tras golpiza, Krusty comenzó a ceder ante una extraña sensación… había devorado una de las galletas que Bony llevaba y su cabeza comenzó a jugarle trampas ante la gravedad y el equilibrio, poco a poco el cambiaformas comenzó a tomar su forma humanoide completamente abatido y sangrante, estaba más que confundido y no tenía idea de lo que había ocurrido, aquella furia y desesperación con la que había estado atacando ahora mismo no parecían tener sentido. Poco antes de que esto sucediera, Bony había caído con un golpe seco dislocándose el hombro derecho en la caída, un agudo grito salió de sus labios, O´Connor fue el primero en ir a socorrerla manteniendo su báculo en una posición defensiva. –Señorita Bony ¿Qué fue lo qué hizo? Por poco pierde el brazo también  ¿En qué locura…?- O´Connor estaba a punto de decir “en qué locura estaba pensando”, segundos antes de que Yang se levantara, cojeaba, sangraba por la boca y de entre sus escamas múltiples heridas se mostraban, era seguro que tuviera algunos huesos rotos, o al menos hemorragias internas, pero la cobra seguía de pie mirando incrédula lo que sucedía.
 
-Descuiden… espero que esto funcione y que aquella anciana no me haya tomado el cabello por tonta… confío en ello- Susurró despacio. Krusty comenzó a sentir una especie de ansiedad extraña, tenía hambre todavía… sin embargo algo en su interior le impedía atacar de la misma manera en la que lo había hecho… estaba más que confundido y antes de que más dudas entraran en su cabeza, Bony se levantó con ayuda de O´Connor, caminó despacio manteniéndose a precavidos a metros del cambiaformas. –Si te tranquilizas… éste hombre podrá curar todas tus heridas.-
 
-¿Bony?- Preguntó sobresaltado el divium, de inmediato la humana hizo una seña para que le permitiera continuar.
 
-Te estás desangrando, si sigues así no vivirás mucho tiempo, si nos ayudas te propongo algo.- Hizo una pausa sujetándose el brazo con cierto dolor. –Sólo quiero que me digas todo lo que sabes sobre éste barco, lo que has visto y escuchado… tienes el potencial suficiente para derrotar a nuestro enemigo. A cambio de ello trataremos de darte todo lo que necesites o estés buscando… ¿Puedes comprenderme?- Dicho eso, se mantuvo un tanto encorvada debido al dolor en su hombro, estaba agotada, realmente era necesario el conjuro de sanación del divium, pero no lo efectuarían hasta que el cangrejo les respondiera.
 
Pero antes de que esto ocurriera, el barco comenzó a temblar, un estruendo se hizo presente, no eran relámpagos, tampoco era el azote de las olas… no, el Isabella estaba disparando a fuego pesado directo al pequeño navío del B. Sister.
 
-No puede ser… mis hermanas…-
 
-No escaparan tan fácil de aquí, que diminutos son ante la fuerza de la muerte y negación…-
 
(…)
 
-Ann, de ninguna manera… Jäger…- Musitó Sandy con seguridad haciendo acto de presencia con la gallina de Batsy a sus pies, Tendor iba detrás de ella, llevaba Pelos en los brazos. Todos observaban atónitos al curioso y horripilante ser plumífero. -¿Qué demonios es…?- Quiso preguntar Ann, pero Sandy la interrumpió –Eso no importa ahora, es algo difícil de explicar, pero sigue siendo una gallina…- y al decir esto, un estruendo los sobresaltó… un fuego apresurado hizo temblar el B. Sister haciendo que todos tomaran sus puestos inmediatamente sin esperar órdenes de Ann.
 
-Esos malditos ¡Nos están atacando! Jäger olvida la maldita moral ¡Todos a sus puestos! ¡Cañoneros preparen  fuego pesado y ataquen directo…! confío en que Bony saldrá viva de esto…-
 

-Tendor, quedaos dentro del camarote de las hermanas…- Pidió Castell, una mirada de duda se hizo presente en ambos, niño y divium, Ann giró el rostro asintió con la cabeza. –Atranca muy bien la puerta… y Tendor, si ves que esto va para largo, te irá mejor en una balsa, lo mismo va para ti Antonio, ambos refúgiense en el camarote, si algo sucede son los únicos que pueden ayudarnos…- Antonio sintió con la cabeza tomando a su hermano, de alguna manera la cocatrice del murciélago los seguía, quizás eran las semillas que el niño llevaba en la bolsa de sus pantalones. La verdadera batalla estaba por comenzar, cañón contra cañón, balas contra balas… vivos contra muertos, la tripulación tangible del B. Sister contra la espectral tripulación del Isabella…
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Mensaje por Youdar el Dom Jun 14, 2015 1:32 pm

En plena carrera, Youdar estuvo a punto de desequilibrarse al sentir el golpetazo de la cimitarra del joven y fantasmal pirata contra su escudo. Sin embargo, el enano estaba decidido a llegar ante aquella puerta y, recobrando la verticalidad rápidamente, se lanzo hacia ella. Estaba ya muy cerca y, cuando faltaba tan poco, tanto que casi podía sentir el metal de la manija en su mano, escuchó un disparo. Al darse la vuelta para mirar, vio que su atacante se desvanecía, obteniendo, tras tanto tiempo, descanso para su alma.
Confiando en que Karzún acogiera a tan formidable adversario, el enano continuó, sin vacilar, caminando hacia la puerta.
-Y ¿cómo dices que esa amiguita peluda? ¿Algo así como una perrita faldera de la tan mencionada capitana?- dijo Naga, despreocupado, mientras abría la puerta, dejando atrás toda cautela, inclusa la más primordial que, evidentemente, aconsejaba una situación como aquella. Un instante después fue Youdar quien cayó presa de la despreocupación, pues no pudo evitar soltar una estruendosa y larga carcajada al contemplar el respingo que dio el merrow cuando, en mitad de su broma, las fauces de Taboo intentaron devorarlo.
-Parece que tu “amiguita” está contenta de verte, Naga- comentó el enano, recuperando la compostura, aunque sin dejar de sonreír.
-Olvida lo que te dije- el merrow, pese al susto, no perdía su expresión bromista- ¿Qué tal si yo abro la puerta y tu atacas? Se ve que tienes más empatía con los animales ¿Eh?
-Yo soy más de gat..- pero, antes de que Youdar pudiera terminar, tuvo que saltar, alarmado, a poner su cuerpo contra la puerta, pues la perra había comenzado a empujarla con una fuerza descomunal.
-Creo que necesitamos un plan para entrar… ¿Se te ocurre algo enanín?- era más fácil decirlo que hacerlo, claro estaba, porque, por las dos veces que había podido verla, Taboo tenía el tamaño de un caballo joven y parecía sacada del mismísimo Foso Negro.
-Necesitamos pólvora, mucha pólvora- sugirió el enano, que, acabó por percatarse de que no era su cuerpo lo que impedía a la perra derribar la puerta, si no algún tipo de magia oscura la que la mantenía cerrada. Pero, según se puso en pie, Albert apareció ante ellos.
-¡Alto, no la lastimen! Ella no es un espectro, es un ser vivo controlado por la rabia de Parcel- imploró el maestre del Isabella. Aquellas palabras hicieron a Youdar renegar por completo de su plan, el cual consistía en, simplemente hacer saltar por los aires la puerta y, con ella, a la perra y todo lo que hubiese en el camarote. Si el animal estaba vivo, aún podían salvarla, solo había que derrotar a Ilea.
-¿Sigues queriendo polvora, pequeñín?- preguntó Naga, justo en el momento en que empezaban a escucharse cañonazos- Debemos darnos prisa.
Estaban atacando al B.Sisters, y no había tiempo que perder, en eso Naga tenía razón. El merrow se movía con preocupación y, al hacerlo, un destello proveniente de su cinturón llamó la atención de Youdar- ¿Llevas una petaca con la que cargar eso?- preguntó el enano, señalando la pistola que portaba el merrow.
-¿Esto? Si, llevo algo de pólvora siempre, para cargarlo ¿Por qué? ¿Piensas disparar a la perra?
-No, nada de eso. Dame un momento- Youdar se perdió entre la niebla, a tanta velocidad como le permitían sus piernas, dejando a Naga y a Albert confundidos. Al poco tiempo reapareció, recogiendo sobre su hombro la cuerda que había usado para subir al galeón, la cual llevaba desde entonces colgando de la baranda de este.
-¿Vamos a atarla?- Naga seguía confundido. No podía ver que podrían hacer con una cuerda y una petaca de pólvora para evitar a Taboo.
-No, voy a atarme yo. Amarraré esto al timón, y me dejaré caer por la popa. Utilizaremos a Albert para comunicarnos- el espectro, impasible, se limitó a asentir- Cuando yo esté listo para entrar por el ventanal del camarote, Albert te avisará. Tú tienes que tirar dentro la petaca, y dispararla para que produzca una pequeña explosión, lo justo como para cegar a Taboo y que yo encuentre la brújula que me dijo Edward. ¿Qué te parece?- preguntó Youdar, aunque, antes de escuchar la respuesta, ya había empezado a atar la cuerda alrededor de su gruesa cintura.
-Que estás complatemante loco. Hagámoslo- dijo el Merrow, pero una risa, distinta a la habitual, más nerviosa, se apreciaba en su rostro- Pero será mejor que dispares tu… Guárdame el secreto, yo no se usar la pistola.
-¿Cómo que no…? ¿Y para qué la llevas?- ante la mirada atónita del enano, el merrow solo se encogió de hombros, totalmente despreocupado.
-Quedan bien- terminó por decir Naga.
¿Qué clase de piratas son estos?”, se preguntó Youdar ante la actitud de su compañero. “Un verdadero lobo de mar debes ser duro… como Albert ¡Albert¡”. La solución estaba tan al alcance de la mano.
-Albert, ¿tú puedes enseñarle a disparar?
-Puedo intentarlo… pero es un poco difícil sin poder tocar su arma.
-Vas a tener que hacerlo. Cuando esté listo para entrar, os lo haré saber- Youdar comenzó a caminar, lentamente, pero decidido, hacia el timón del Isabella. No es que le encantase lo que iba a hacer, pues, como enano, se sentía muy cómodo siempre con los pies en la tierra, o sobre la cubierta de un barco, pero no zarandeándolos en el aire. Hizo un fuerte nudo doble con la gruesa soga sobre el armazón que sostenía el timón, y, caminando de espaldas, llegó hacia la barandilla.
-¡INBAREEEEEEE!- maldijo al dejarse caer, pues, según su cuerpo se separó del galeón, se dio cuenta de lo mal que había medido las distancias. Había tomado demasiada cuerda, e iba directo a estrellarse contra la dura madera. Hizo lo único que se le ocurrió, y comenzó a dar vueltas sobre si mismo, en el aire, enrollando cuerda en torno a su cuerpo. Iba a andar muy justito, y casi no había tiempo para coordinarse bien. Con el rostro colorado, al notar la presión de la caída y de la soga sobre su estómago, cogió cuanto aire pudo para dar la señal- ¡QUE VOYYYYYYYY!
Con las manos medio enredadas, y el cuerpo casi inmóvil, Youdar sintió como su rostro era arañado por decenas de pequeños cristales, algo que apenas le fue molestia, aunque si lo fue el aterrizar sobre un mueble sobre el que éstos habían caído. La puerta se abrió, la pequeña petaca cayó dentro de la sala y… el disparo que le debía seguir nunca llegó a producirse.
-Esto está roto, Albert- se quejaba Naga, mientras trataba de enmendar su error. Mientras tanto, Taboo se había arrojado sobre el aturdido enano, que aún no había logrado desenredarse. El escudo había caído al otro extremo de la habitación, y solo sus fuertes brazos impedían que el animal lo devorase. Todo el peso de la perra caía sobre él, y sus intentos de dentelladas hacían que su saliva bañara la cara de Youdar. Lejos de sentir su situación como cómica, aquello solo la hacía mucho peor.
-¡Alé..ja..te..bicho!- gruñó el enano, y, con un gran esfuerzo, haciendo usa de la fuerza que caracteriza a su raza, logró quitarse de encima, por un segundo, a Taboo. Corrió en busca de su escudo, pero el can volvió a embestir contra él antes de que lograse alcanzarlo.
-Creo que ya está- se pudo oír la voz de Naga desde el otro lado de la puerta y, esta vez si, un disparo impactó contra la petaca de pólvora, que estaba cerca del enano. Ambos, kazuka y perro, quedaron cejados. A tientas, Youdar desenvainó su espada y, a la desesperada, trató de jugar su única baza.
-Confiemos en que esto sea lo que te mantiene así, chica- dijo, y, introduciendo la punta de su arma por entre el pelaje del cuello de Taboo, tiró hacia si mismo, cortando y arrancando el collar de la perra. Cuando la humareda se deshizo, no había señal alguna del endemoniado can, si no que, ante él, se encontraba un perro común. Cauto, Youdar se hizo con su escudo, pues no sabía si, con la recuperación de su aspecto, también habría vuelto el carácter que, antiguamente, hubiese tenido Taboo.


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Mensaje por Krusty Krab el Vie Jun 19, 2015 6:23 pm

Confusión y sueños rotos, es lo que uno obtiene, después de despertar de una borrachera.
 
Viejo Otto Brooks, Experto Catador de licor.
 
Dolor, sangre, jadeos y que el cuerpo se enfrié. Son cosas comunes para aquellos que están a las puertas de la muerte. Son cosas que el cangrejo sentía en esos momentos. Sus piernas estaban adoloridas, tanto que apenas podía moverlas. Su cuerpo sangraba y manchaba las mojadas tablas de azul profundo. Su mente aun era un caldero de caos, con imágenes esporádicas, con susurros que se entrecortaban. Había despertado de una profunda pesadilla, o tal vez, únicamente había logrado algo de alivio, antes de volver a sumergirse en esas oscuras aguas.
 
Recordaba algunas cosas, recordaba su llegada a ese barco, su estancia ahí, pero más allá de eso, eran solamente borrosas imágenes y recuerdos. El hambre que había roído sus entrañas poco a poco se apaciguaba, pero no era lo mismo que el haber comido, si no, el simple hecho, de que algo no le impulsaba a saciarlo.
 
Frente a sus extraños ojos, tres individuos estaban. Una humana, sucia y fatigada. Una mujer reptiliana, herida, con un trozo de cola arrancado, de lejos pudo distinguir sus heridas y conocer que el las había producido. El último, era un divium, les recordaba por que habían capturado en el pasado algunos para venderlos cual esclavos u objetos de valor y placer.  Fue cuando el crustáceo sentía que sus piernas ya no podían mas, que la mujer hablo, menciono algo de ese barco… era un simple barco, desde que había entrado en él, no había sucedido nada, aparte de los espectros que le rondaban. De pronto, Krusty sacudió al cabeza, como si la mitad de sus recuerdos fueran borrosos o inexistentes.
 
El cambiaformas intento dar un paso, pero sin poderlo evitar, su pierna no se movió y termino con una rodilla golpeando la madera, mientras la herida en su costado se abría mas y la sangre fluía con más velocidad. Intento hablar, pero solamente escupió sangre. ¿Cómo había llegado a  ese estado?, jamás le habían lastimado tanto, jamás había escupido tanta sangre. Mas no lo recordaba, era una laguna oscura en su mente, una laguna que solo dejaba nacer una ira, y a la vez, un temor. ¿Qué había hecho en todo ese tiempo?
 
Mas los tres extraños le ofrecían curarle, ¿salvar su vida? Era posible, aunque también podría ser un engaño, y dejarle junto a la muerte, aquel ser que provenía de las más profunda oscuridad submarina. Con esfuerzo, intento levantarse, u pinza pesaba como si fuera un enorme martillo y no podía abrirla, la lengua de su interior colgaba, sin vida, sin energías, mientras que su espalda ardía con cada movimiento, dejando ver, la infinidad de trizaduras que había sobre su caparazón.
 
Con un dolor que llegaba hasta lo más profundo de sus entrañas, logro levantarse y mirar a los tres individuos. No recordaba sus rostros, tampoco lo acontecido anteriormente. Pero si sabía que él había sido responsable de las heridas de esa reptiliana mujer y de seguro, ella la causante de su deplorable estado.  Escupiendo la sangre de su boca, el crustáceo intento hablar.
 
-Curen mis heridas… o no sabrán nada de mi parte… - Fueron sus palabras, antes de que su cuerpo no diera mas y sus rodillas no soportaran su peso. El cuerpo se precipito hacia adelante, golpeando en seco la madera, como si hubiera sido un cañón, logrando que los restos de la cubierta, crujieran con el impacto. La sangre no se detenía y el cambiaformas poco a poco perdía el conocimiento, nublándose la vista y alejando su mente del agua que caía sobre su cuerpo.  Un torbellino de memorias se arremolinaba en su mente, recuerdos antiguos, recuerdos nuevos, podía ver al capitán de su primer navío, podía ver las luchas en la aldea. Recordaba el grito de miedo de su progenitora, al igual que el asombro en las batallas. Quizás era lo último que vería o recordaría, antes de ser devorado por las profundidades, donde monstruos tan horribles como él, habitaban y reinaban.
 

Lo que sucedería con él, estaba en manos de aquellos tres individuos, de aquellos que no reconocía, pero que de cierta forma, había estado unido, no solamente por las heridas, si no por la batalla y el propio navío que había a su alrededor.
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