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Cuentos de Noreth
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5oo Monedas de plata.

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5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Miér Jul 30, 2014 4:01 am

Con quinientas monedas de plata, el hombre del parche y su hija comenzaron su viaje. Necross no tenía más dinero, por suerte sus aliados le facilitaron un equino con quien viajarían. - ¿Adónde iremos pa, papá?- Sin tener una respuesta en mente, el hombre del parche le contesto: –¿Adónde quieres ir tu bodoque?- La niña llevo el dedo índice a su boca, y comenzó a morder su uña, pensando en algún lugar donde ir. –¡¡Vamos  donde vive mamá!!- Necross hizo una cara de sorpresa, y negó con la cabeza.

- Bueno, eventualmente iremos, pero no hoy porque nos queda muy muy lejos… Creo podemos empezar por Thonomer, o alguna ciudad humana… No sé dónde demonios estoy, o que es lo más cercano.-

Después de “planear” donde irían, Necross y Nadine terminaron de despedirse de los elfos. La pequeña divium corrió a la falda de Ithilwen y le dio un fuerte abrazo, la elfa le acariciaba la cabeza mientras la niña sollozaba. El hombre del parche llamo a su hija, y esta corrió a él, evitando que la vieran llorar. Necross se despidió con un gesto, subió a la niña al caballo, y comenzó su viaje.

Nadine aun sollozaba, de vez en cuando miraba hacia atrás, miraba el hogar que por tantas lunas la resguardo.  Ya lejos de la ciudad elfica, la niña comenzó a asombrarse por el verdor del bosque, por el aire que jugaba con su cabello, los animales que escapaban al verlos, con suma curiosidad observaba todo lo que le rodeaba.

–¡Papá! ¡¡Mira mira!! ¡¡Un conejo!! ¡¡Atrápalo!!- Grito con gran entusiasmo la niña. -  ¿Y que te hace pensar que puedo atrapar un conejo?- Nadine puso cara de tristeza. –Antes, me, me habías dicho que cazabas animales…-  Necross comenzó a reír, y negó con la cabeza.  - Esa es una verdad a medias, si bien podía cazar animales, la mayoría del tiempo Foxhound, ¿recuerdas que te hable de él? Era el que los traía.-  La niña abrió la boca, e hizo una cara, de quien entiende algo, luego frunció el ceño y se cruzó de brazos al saber que no tendría lo que quería

Después de dos horas aproximadas  a caballo, a Necross le dolía la entrepierna y Nadine estaba aburrida. El hombre del parche decidió entonces parar, cerca de un riachuelo, y descansar un poco.  Necross clavo su mandoble en el piso, y en su mango ato al caballo, se lanzó al suelo y cerró los ojos. A sus oídos llego el sonido  cercano de una rama quebrándose  al ser pisada. – Si vas a jugar en el rio, quítate los zapatos y que no se te moje la ropa, o te iras caminando.-  

La niña estaba a punto de lanzarse al agua, cuando escucho a su padre, se quitó las botas, se subió los pantalones hasta la rodilla, y comenzó a salpicar. El hombre del parche puso sus manos en la cabeza, y comenzó a mirar como Nadine jugaba alegremente en el agua. La pequeña divium comenzó a lanzarla a Necross, este solo se quedo quieto, moviendo la cabeza a momentos para esquivarla, las pequeñas manos de la divium no podían tomar demasiada agua, así que los salpicones no le molestaban a Necross.

Spoiler:

La mañana estaba por terminar, y ahí recién la pequeña divium termino sus juegos, entumida y húmeda, se acercó rápidamente a su padre. – Pa, papá, ten, tengo frio.-  Necross abrazo a la pequeña, y de la alforja que cargaba el caballo saco una manta. –Por supuesto que tienes frio, has jugado por horas en el agua… - El hombre del parche comenzó a secar los pies de la joven, cuando alzo su cabeza para verle el rostro, vio que Nadine lloraba. Necross pensó que quizás la regaño con demasiada dureza. - ¿Que pasa bodoque? ¿Por qué lloras?- La niña sollozaba nuevamente, intentaba hablar pero no lo lograba. El hombre del parche la abrazo, y acaricio su cabeza intentando tranquilizarla. - Dime, ¿extrañas a Ithilwen?- Nadine asintió, mientras mocos escapaban de su nariz por tanto llanto. - Si regresamos ella estará triste porque no logramos lo que nos propusimos, ¿acaso no quieres ver donde vivió tu madre?-

Nadine se limpió los mocos con la manga de su camisa, y respondió: - Si quiero, si quiero ir… Necross le acaricio la mejilla, y le beso la frente. - Bueno, será mejor que nos vayamos entonces, el camino por recorrer es muy muy largo.-

Aun con lágrimas en sus ojos la niña sonrió, y con aires renovados subió al caballo. Mientras cabalgaban, ella iba delante de Necross, él la tenía tomada del cuerpo, muy cerca del suyo, así evitaba posibles caídas, aunque sus alas eran algo incomodas.  Un fuerte viento llego desde el frente,y los cabellos de Nadine comenzaron a moverse, a jugar con el aire que los revoloteaba. Necross la miro, y en ella vio la imagen de Ondine, eran muy parecidas. Nadine iba mirando hacia adelante, expectante de cualquier animal que pudiera pasar. El hombre del parche la miraba con curiosidad, como la joven divium era tan parecida a su madre, pero a la vez tan diferente.

La niña noto la mirada de Necross e inocentemente le pregunto qué es lo que estaba mirando. Necross negó con la cabeza, e hizo que el caballo corriera, la joven con ambos brazos se sujetó de su padre, y entre susto y alegría, disfrutaba de su nueva libertad.


Última edición por Necross Belmont el Miér Jun 17, 2015 5:15 pm, editado 1 vez
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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Jue Oct 02, 2014 4:33 am

¿Dormiremos afuera? Vater contéstame.- Alguna vez el hombre del parche le escucho a su pareja como se decía “padre” en la lengua que ella hablaba, y asi es como Nadine decía padre, papá por el otro lado, lo comentaba usando la lengua común.  - Así es bodoque, ¿acaso esperabas una cama en medio del bosque?- Ya  había pasado un día entero desde que Necross y su pequeña habían abandonado la ciudad elfica, esta sería la primera vez que la pequeña duerme en las afueras, con las estrellas y el firmamento nocturno sobre su cabeza.

El hombre del parche ya tenía lista la tienda donde dormirían, “pequeño” estaba atado cerca de la carpa, así había bautizado Nadine al caballo.  Nadine entro a la tienda, la joven estaba nerviosa, su primera noche afuera del la tierra elfica parecía prometedora.  Necross afuera intentaba hacer una fogata, más de una vez se le apago el fuego, las maldiciones y malas palabras del hombre del parche eran de esperarse.

El fuego comenzó a nacer, y la pequeña divium salió sonriente de la carpa. -Ithilwen dice que decir ma… malas palabras es de gente mal educada.-  Necross sonrió ante el comentario de la niña. - Pues yo soy un maleducado bodoque, pero tú no. Espero por tu bien que nunca te escuche decir algo así.- La joven torció la boca, como a quien no le gusta lo que escucha. Tengo hambre…-  Comento la pequeña divium.

-Pues tengo carne seca, agua y algunas frutas… tú te comerás todas las frutas,  a mí no me gustan.- La joven aplaudió con alegría, y estiro las manos para que su padre le diera las frutas.  Necross, Nadine e incluso pequeño estaban sentados alrededor del fuego, la joven muy cerca de su padre. –¿Me contaras una historia hoy antes de dormir?- Dijo Nadine, mientras restos de frutas salían de su boca.

- Una historia… recuerdo vagamente una que me contaron hace tiempo, intentare narrarla bien… pero no prometo nada eh.- La joven divium se arrimó a Necross, se quitó de las mejillas los restos de fruta que tenía colgando, y se limpió las manos con la ropa. -¿Es una historia de mamá?- Pregunto Nadine. - No no, pudo serlo… pero no.-

Necross rodeo con el brazo derecho a Nadine, y esta  descanso su cabeza en el cuerpo de Necross.  - Una vez existió un tenaz cazador, su fama era reconocida por muchas personas. Al hombre en un momento le llego el rumor de que en la cima de una nevada montaña, existía un cisne muy distinto a los demás, este era un animal hermoso, de blancas y frías plumas, como la nieve que cubría el lugar. El cisne descansaba sobre un lago en… ehh… ¿era la región norte de la montaña? Como sea, el cazador se autoimpuso la tarea de dar caza al animal, y demostrar que era el mejor de todos los cazadores.

El pobre pasó muchas penas intentando subir la montaña, cuando lo logro, estuvo  dos días sufriendo el frio de la zona, pero en su mente la idea de una presa digna de su fama lo hacía seguir avanzando. Cuando llego por fin, encontró que el lago estaba congelado ¿Dónde estará el condenado ganso? Se preguntó…
-¡Vater!- Irrumpió Nadine -No digas malas palabras, y además el cazador buscaba un cisne, no un ganso.-

- Lo siento, en fin, el hombre al ver que el cisne podría no aparecer en un lago congelado, sintió que todo su esfuerzo no había servido. El cazador estaba tan sumergido en su tristeza que no vio que a su lado yacía la figura de una mujer. El cazador al ver a la bella mujer olvido inmediatamente lo que estaba haciendo allí.



El hombre del parche se quedó mirando el cielo nocturno por un momento, su pequeña lo miraba con curiosidad, como quien intenta entender a la persona que observa. -Continuaremos mañana bodoque…-. La niña protesto efusivamente, puso cara de disgusto y le reprochó a su padre. ¿¡Pero por qué!? ¿Qué pasa después con el cazador?- Necross torció la boca, y le explico a su pequeña la razón para detener la historia. - La verdad Nadine, es que esa historia la escuche hace mucho tiempo… y no la recuerdo del todo. Así que cuando haga memoria te la digo ¿Qué te parece?-

La niña cruzo sus brazos, y entendiendo que no había nada que pudiera hacer para recordar la historia se resignó, se fue a la carpa a dormir de mal humor, y en todo momento mantuvo silencio. El hombre del parche intentaba hablarle pero ella no respondía.

Ya habían pasado varios minutos después de haber apagado la hoguera, y la pequeña divium no podía dormir, la curiosidad sobre la historia del cazador estaba metida en su cabeza. Nadine escapo con sumo cuidado del abrazo protector de Necross, hizo lo posible por no hacer ruido y salió de la tienda en la que dormía.  El cielo se veía oscuro, del paisaje poco y nada se lograba observar, pero la joven antes de sentir miedo, sintió curiosidad. ¿Qué es lo que había más allá del bosque? ¿Qué otras criaturas habitaban aparte de los elfos y los humanos? ¿Habrían otros igual a ella? ¿Existirían más personas con alas en la espalda?

La joven se sentó en la salida de la carpa, con las piernas en su panza y estas rodeadas por sus brazos, su mentón descansaba en sus rodillas. Por largos minutos la pequeña divium se quedó mirando el cielo, pensando en todo y a la vez en nada. Sentía que el viento que surcaba el firmamento la llamaba, como si ella, al igual que las aves que veía pasar, pudiera volar y llegar más lejos de lo que su mirada le permitía.

Y mientras la niña inmersa en pensamientos observaba el cielo, detrás de ella, recostado en la tienda y con disimulo, su padre la veía de reojo.  La tranquilidad con la que ella miraba el cielo le hacía saber a Necross que su hija deseaba batir sus pequeñas alas y surcar el infinito.  Pero él no podría enseñarle, quizas podría intentar explicarle cómo hacerlo, pero el hombre del parche sabía que no tenía los músculos,terminaciones nerviosas, o la experiencia como para explicar con detalles el funcionamiento del vuelo.

Necross se volvió a recostar sin hacer ruido, o muchos movimientos. Después de unos momentos la pequeña volvió a su lado, se recostó, se cubrió con la manta que usaban de cobija, y cerró los ojos, esta vez para dormir hasta el siguiente día.


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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Circe Pandora el Sáb Oct 04, 2014 6:51 am

A final del día Circe se había dado cuenta de que las ventas habían sido muy buenas, normalmente ganaba más dinero como guía espiritual que como comerciante, pero exactamente cuando ella había llegado al lugar el pueblo acababa de pasar por una ligera peste creada por algún alimento, Circe pensó que los huertos debían de tener algo, llegó a hacer el comentario a uno de los pueblerinos, quien después lo comentó a otra persona y esta otra persona a otra, y otra, y otra, y así sucesivamente hasta que llegó a oídos de uno de los delegados principales, resultó ser que sí, en efecto una parcela completa de patatas se encontraba infestada de un curioso bicho, obviamente las agricultores se habían deshecho de los bichitos, pero las larvas y gusanos de ellos habían quedado ocultas dentro de los tubérculos, menos mal que la gente no había pasado de diarreas, vómitos y ligeras fiebres. Circe había llegado como ángel caído del cielo en aquel lugar.

-Vaya, vaya, si hubiera más bichos de esos seguro que te haces rica en éste lugar…-

Había sido un susurro que sólo se escuchaba en la mente de Circe, la hechicera sonrió para sus adentros y miró de reojo detrás de sí.

-Abuela Pacha, por favor no digas tonterías, ya se enteró el delegado principal, me enteré por los pueblerinos que han mandado a limpiar todas las hectáreas por si las dudas, para la siguiente semana ya no ganaremos lo mismo que ésta que acaba de pasar, será mejor que vaya colocando las cosas en su lugar, partiremos yo creo que mañana por la mañana.

-¿Te vas así? Pero si ni si quiera te diste la oportunidad de conocer a algún buen muchacho.-

-¡Abuela! No estoy interesada en hombres… no por el momento, y ya deja de pensar en esas cosas, pueblo que visitamos pueblo donde quieres que tenga citas con todos los hombres.-

-Una nunca sabe pequeña borreguita.-

-Mira abuela, el día que me enamore será un día como cualquiera, no será planeado, no estaré seleccionando entre varios hombres, lo miraré y sabré que “ese hombre” será al que quiera y ya… pero abuela, no me lo recuerdes a cada momento, mi cabeza y mi cuerpo aún quieren tener duelo…-

Las últimas palabras de Circe habían hecho que el espíritu de Pacha se dispersara como humo por todo el carromato, pues Circe aún sentía aquel vacío doloroso por la pérdida de los dos seres a los que tanto había amado, su rostro se mostraba triste y melancólico aunque con una ligera sonrisa de ensoñación, suspiró para sus adentros y comenzó a guardar los adornos que se encontraban fuera del carromato. Era tarde, cercano a la media noche a esas horas sería muy raro que alguien llegase a pedir algo, a menos claro que fuera por emergencia, pero Circe tenía entendido que las personas habían estado mejorando, sobre todo los niños y eso la hacía sentirse feliz, completa, entusiasmada y motivada.

Justo antes de guardar el último arreglo, una estatuilla de un gato muy estilizado una mujer con un niño en brazos y embarazada caminaba lo más rápido posible hacía el carromato, el niño tendría quizás entre unos tres o cuatro años, Circe de inmediato se detuvo y caminó hacia ella para evitar que la mujer hiciera más esfuerzo.

-Hola, disculpa…- Su voz se escuchaba entrecortada, respiraba muy rápido por la caminata.- ¿Te vas? Mi marido… mi marido se siente mal, muy mal, dice que le duele el estómago, no tiene ni vómito, ni diarrea, ha pasado ya por eso, pero esta tarde el dolor le ha aumentado ¿Sabes que puedo darle?.-

Circe miró a la mujer de pies a cabeza, quiso regresarla para que trajera al hombre, pues la hechicera no podía recetar cualquier cosa si no sabía exactamente lo que el marido de la mujer tenía. Pero al verla ahí con una panza ya casi a término y el chiquillo en brazos dudo por un momento…

-Yo, yo no puedo darte una medicina así como así, necesitaría ver a tu esposo para tener una idea, además no soy doctor y…- Era cierto, Circe sólo vendía remedios caseros para calmar los síntomas, pero siempre decía a los clientes que antes que nada fueran a visitar a un profesional, pero al ver el preocupado rostro de la mujer suspiró, sonrió y dirigió sus palabras… -Mira, voy contigo, veré que puede haber para el dolor, pero mañana a primera hora deberán ir con un doctor ¿De acuerdo?-

La mujer asintió sin pensarlo dos veces, Circe corrió al carromato, metió la última estatuilla y tomó unas cuantas cosas de la tienda, lo que más solía usar para el dolor e inflamación, alcanfor, veneno de víbora, algo de urubú caá carajiru… en fin, llevaba de todo un poco. Había tomado una pequeña petaca de viaje y lo más rápido que pudo lo empacó, salió del carromato y cerró la puerta dejando a Tierra frente a la puerta, Sol y Luna se levantaron de sus camas de hojas y se acercaron lo más que pudieron, como si crearan una barrera de dos caballos, Circe sonrió y se dirigió donde la mujer.

-¿Puedo ayudarte con el pequeño?- Preguntó de forma melancólica, la mujer asintió y el niño algo temeroso, pero a final de cuentas atraído por la empatía de Circe dirigió sus brazos a ella y le sonrió.

El camino había sido corto, no más de dos calles, Circe se divertía haciendo caras graciosas al niño, mientras la mujer explicaba de forma rápida lo que le sucedía a su marido. Al llegar a la casa el hombre se encontraba tirado en un sillón con las manos en el estómago, si, su rostro denotaba dolor, Circe suspiró y dejó al niño en el suelo.

-Ah… hola, buenas noches, yo, soy la vendedora de remedios, pero puedo darle algo para tranquilizar su dolor, le he dicho a su esposa que mañana a primera hora deberán ir con el médico, aunque el dolor se haya pasado…-

El hombre la miró dubitativo pero a final de cuentas se resignó, Circe se acercó y comenzó a inspeccionar su abdomen y su vientre, palpando en diferentes puntos con los dedos, después de unos cuantos golpesitos y preguntas, Circe supo que no era nada grave.

-Tiene inflamación en las vísceras, seguramente algo que no le cayó bien, ¿Mucho picante? ¿Mucha lecha de vaca?- Sacó unos cuantos frascos de la petaca y mientras los observaba dio unas cuantas explicaciones. –Toma, deberá tomar una cucharada de eso tres veces al día en cada comida, y preparar una infusión con éstas hierbas una en la mañana y otra en la noche, el jarabe es para bajar la inflamación, las hierbas harán que el dolor aminore, pero no dejen de ir con un médico, para evitar que se agrave el problema.-

La mujer apenas se encontraba sacando un morral con unas cuantas monedas, Circe la detuvo, recordó que hacía dos días la misma familia había ido a comprar una determinada cantidad de remedios para todos…

-No, no es nada, guarde su dinero, me conformo con que lo lleve a un médico, muchos creen que con mis remedios estarán mejor y no es así, y muchas veces me ven como la culpable por negligencia propia.- Sonrió y la mujer le respondió inclinando la cabeza, el hombre suspiró y asintió también. –Cuiden a sus niños, no dejen de darles las infusiones…-

Se despidió con una gran sonrisa, el pequeño de tres años se había dado el lujo de besarle la mejilla mientras le decía “Gracias por salvar a mi papi”, Circe sintió una punzada en el corazón y respondió el beso acariciando los cabellos del niño. Durante el trayecto de aquella casa a su carromato, Circe no pudo evitar las ganas de llorar, era un llanto pasajero, uno de esos donde sólo brotan dos o tres lágrimas, a veces una, respiró profundo y se dedicó a pensar en un descanso completo, pues al día siguiente deberían partir en busca de otro lugar donde vender y sacar ganancias. Circe estaba completamente agotada, la espalda le dolía, la cabeza le dolía, sus manos estaban cansadas de tanto agitar cucharillas, una vez dentro del carromato extendió las piernas y los brazos en su cama, hecha sólo a su medida, donde sólo ella cabía, Tierra se acomodó a un lado de ella y posó su cabeza en su vientre ronroneando hasta quedarse dormido… Finalmente la hechicera cerró los ojos dejándose llevar por el sueño placentero.

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La mañana siguiente era esplendorosa, bueno, en realidad todas las mañanas eran esplendorosas para Circe, al levantarse estiró sus brazos y piernas como Tierra lo hacía, salió del carromato y directamente puso a Sol y a Luna en posición, ató los arneses y tomó las riendas.

-Bueno, Luna, Sol e hora de partir, vayámonos de aquí cantando.- Hizo un ademán a las personas presentes, quienes se despidieron cortésmente de ella, algunos niños corrían detrás del carromato gritando y jugando hasta que finalmente quedó fuera de su alcance.

-Fue una muy buena venta borreguita ¿A dónde irás ahora?-

-No lo sé Abuela, veremos a donde lleva éste camino.- Sacó una especie de pergamino, en él venía el dibujo viejo de un mapa de Noreth… -Mmm Thonomer, parece un buen lugar, he escuchado buenas cosas de él, hay gente amable, dinero… provisiones, hay que conseguir comida buena para Tierra.- El gato se echó desvergonzadamente en el regazo de su dueña y ronroneo, nuevamente hasta quedarse dormido.

Todo iba bien, todo iba tan bien, hasta que una de las ruedas tronó, Circe detuvo a Sol y a Luna, no era nada grave, la rueda estaba por quebrarse, pues hacía tiempo que no la verificaba del todo bien, era bueno que tuviera una de repuesto, el problema es que no podía colocarla ella sola debido a que la rueda era algo pesada, se limitó a colocar unas piedras que soportaran un poco el peso en caso de que la rueda se quebrara por completo y esperó a ver si alguien pasaba por el sendero, dejó que los caballos pastaran no muy lejos del lugar y ella se quedó cantando sentada en la entrada del carromato…

-Una ovejita brincando está la cerquita de la granja ya, una ovejita al otro lado, el pastorcito buscando esta; dos ovejitas brincando están la cerquita de la granja ya, dos ovejitas al otro lado, el pastorcito buscando esta…-


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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Jue Oct 30, 2014 6:09 am

-Bodoque despierta… oye, Nadine, ¡Nadine!-

Después de escuchar, y reaccionar ante el grito de Necross, la joven divium se sentó, bostezo con fuerza, y se rasco el ojo derecho. Tímidos cabellos cubrían su rostro,  estaba  más despeinada de lo normal. - Vater, ¿no podemos dormir un poco más?- El hombre del parche comenzaba a ponerse los zapatos. - ¿Pero qué dices? Si ya hemos dormido bastante. Es pasado la mañana.- Siguiendo el patrón de todos los dias, la joven divium había levantado sus brazos, no sabiendo realmente que lo hacía, ya estaba acostumbrada a que su padre la vistiera. - Que tú te hayas dormido tarde es diferente.-  En ese momento, mientras Necross le quitaba la camisa a la divium y le ponía otra, Nadine se dio cuenta que su padre la vio la noche anterior.

- ¡Eso es trampa! Yo no espió tus momentos secretos.- Comento ella, un tanto indignada. Necross se sorprendió por el reclamo. - Pero si yo no tengo momentos secretos, no tienes nada que espiarme.- Con la boca torcida, la joven le contesto. - Pero los tendrás, y yo… yo cerrare los ojos y me tapare los oídos.-

Esa respuesta quedo dando vueltas en la cabeza de Necross ¿a qué se refería ella? ¿Qué momento secretos podría tener, que ella sea capaz de clasificar como “secreto”?

–Deja de quejarte y ve a lavarte la cara, en el caballo esta la bota con agua.-

- No se llama caballo, se llama pequeño y es nuestro amigo pequeño.-

Respondió con soberbia Nadine.  Cuando estuvo completamente vestida, la joven salió de la tienda y se emocionó al ver al caballo, de un salto llego a la crin de pequeño y allí lo abrazo con ternura.

Necross quedo boquiabierto. Cuando la niña se soltó del animal, cayó al piso y se raspo una rodilla, no fue nada grave, y ella ni se inmuto, solo se sopló la herida y volvió a sonreír.  De desayuno comieron las  frutas que consiguieron de parte de los elfos, después de ello guardaron todas las cosas y retomaron su camino.

- Nadine, ¿te diste cuenta de lo que hiciste hoy?- Pregunto Necross, y la cara de la joven paso de alegría a preocupación, preocupación porque quizás la iban a regañar por alguna travesura que no sabe que hizo. - Nein…- Dijo casi en un susurro. -Tú no eres más alta que mi rodilla, sin embargo lograste acariciar la cabeza del caba… de pequeño, aun estando este de pie. ¿Cómo crees que paso eso?- La respuesta de la joven fue un simple encogimiento de hombros. - Es que pequeño me quiere y es mi mejor amigo.-

Su respuesta en realidad no daba ninguna. Pero la mente infantil de ella era algo que a Necross lo enternecía. Pronto ambos subieron a pequeño, su viaje debía proseguir. -Aun no me cuentas como termina la historia del cazador y la mujer.- Necross torció la boca, y comenzó a rascar su descuidada barba.

- No me acuerdo del resto de la historia pequeña, ha pasado mucho tiempo desde que la escuche. Recuerdo el final, pero no sería divertido si te lo cuento así, ¿cierto?- imitando a su padre, la joven torció la boca, y suspiro con resignación. - Oh vamos, en todo este tiempo te he contado muchas historias. ¿Le perdonarías esto a tu viejo padre? ¿Qué tal si vamos cantando el resto del camino?- La joven volvió a sonreír y aplaudió con alegría.

-A favor, del viento voy a correr… porque el viento, es fiel amigo en mi vida.-

-Es mejor, es mejor… ir con él.-

La voz de Nadine era aguda, casi chillona, pero a la hora de cantar lo hacía de maravilla. Afinaba, alcanzaba tonos muy altos, y sobre todo, dejaba en vergüenza a su padre.

- Cuando llegue la verdad, yo la voy a encontrar…-

-Y conmigo correrá, juntos hasta el final.-

El tono de Necross era triste, bajo, y melancólico. Más cuando Nadine cantaba llenaba de alegría la letra, y su voz aguda contrastaba bastante con la de su padre.

-Pero yo… voy a cantar mi canción.-

-Y hablare de aquel amigo siempre fiel.-

-Es el viento, un buen amigo…

-¡¡Veeee cooon eeeel!!-

Al terminar la canción, ambos rieron por el tono muy alto que alcanzo Nadine, ella escondía su sonrisa pronunciada con sus pequeñas manos, y Necross reía siempre mirando al frente.   –Vater, cuéntame que lugares conoces…- Dijo Nadine, mientras ladeaba la cabeza. - Veamos,  nací en Valashia, eso queda muy muy lejos de aquí. He estado en islas perdidas en los mapas, en Ujesh-varsha, en… ehh, en Thonomer también, en el castillo de Fígaro,  y de hecho no nos queda lejos. ¿Querrías conocer a un amigo mío?-

La joven asintió con ganas, Necross asintió con ella, así que su próximo destino seria el castillo de Fígaro, donde un amigo del hombre del parche vivía.  Sobre “pequeño” ambos iban riendo, a veces Nadine se quedaba en silencio admirando el paisaje, cosa que en tierras elficas hizo muchas veces, pero algo era distinto ahora. Ahora ella era libre, podía sentir realmente como el viento le despeinaba el cabello, no tenía que vivir bajo las estrictas reglas de los elfos… –¡¡Vater!! ¡¡Alcance a pequeño porque use las alas!!-

El hombre del parche rio fuertemente. - Así es pequeña, cuando digo que eres como tu madre lo digo en serio. Ella podía volar más allá de las nubes, y sé que algún día tú también lo lograras… ¡Yo confió en que lo harás!-  La joven divium se abrazó de su padre, dudando si ella podría ser como la mujer que él describía, tenía ganas de volar, tenía la esperanza de algún día subir más allá de las nubes, solo no se creía capaz de hacerlo. -No te preocupes bodoque, si bien yo no puedo enseñarte, te prometo que encontrare a alguien que te enseñe a volar. Pero… ¡más te vale no volar cuando sea hora de estudiar!-

La joven volvió a sonreír, el hombre del parche al notar la sonrisa hizo que pequeño comenzara a correr. El caballo tomo velocidad, y ambos, padre e hija corrían contra el viento. Ellos reían, disfrutaban del viento que los despeinaba, disfrutaban de su fiel e invisible amigo.  Pero su carrera fue interrumpida abruptamente.

En mitad del camino había una joven, de cabellos oscuros, cara de aburrimiento, de piel un tanto oscura, atractiva. Necross hizo detener el caballo por un momento, se quedó mirando a la muchacha con una mirada de seriedad, con el ceño fruncido y ninguna sonrisa en el rostro. Nadine miro a la mujer con curiosidad, preguntándose porque ella estaba allí, el porqué de su cara de aburrimiento. -Vater, ¿Qué le pasa a esa mujer?- Pregunto Nadine, mirando hacia arriba, buscando el rostro de su padre, quien estoicamente solo miraba a  la mujer. - Por lo que veo se le daño el carro, supongo que necesita ayuda para cambiar la rueda. ¿Ves que el carromato está sujeto con piedras?-  La joven volvió a mirar el carruaje de la mujer, e hizo cara de quien entiende una situación. -No es nuestro problema, sigamos adelante.-

Necross hizo que pequeño siguiera caminando.

Después de avanzar unos metros, la joven divium protesto.

- ¡Ayúdala!- Grito con entusiasmo.  -No es nuestro problema. dijo Necross, manteniendo su rostro de seriedad. -¡Si lo es! Eres fuerte, el más fuerte, ¡es tu obligación ayudarla!-  -No, no lo es.-

Nadine comenzaba  a frustrarse, y fueron tantas sus ganas de ayudar a la mujer desconocida  que estuvo a punto de bajarse del caballo, Necross la sujeto de la cintura justo a tiempo. -Puede ser una trampa, ella puede ser la carnada mientras otros sujetos nos esperan, luego nos emboscan y nos matan. No puedes ser tan confiada Nadine.-

-¡No!-

La joven por primera vez lo miro con el ceño fruncido, realmente estaba enojada.

-Es una mujer y necesita nuestra ayuda. No hay bandidos ni gente mala. Si los hay… tu, tu puedes vencer… vencerlos Vater…-

Necross suspiro con pesadez, y resignado bajo la cabeza. -Eres terca, testaruda y maleducada… igual a tu madre.-

Necross se bajó del caballo, de la cintura tomo a Nadine para bajarla, la joven se quedó detrás de su padre, asomando la cabeza desde atrás de sus piernas. El hombre del parche tomo las riendas de pequeño con la mano izquierda, y la derecha la poso sobre la bastarda aun en su funda.

- ¿Necesita ayuda, señorita?-

Y aunque pregunto, el hombre del parche fue directo a la rueda dañada, la miro,  y se rasco la barbilla. Luego miro a su pequeña, esta con un gesto apunto a la rueda, luego volvió a esconderse detrás de su padre.  Necross se llevó una mano a la cara, y se peinó los cabellos hacia atrás, un mechón quedo colgando cuando su mano se separó de su cabeza.

Enseguida se agacharía,  y comenzaría con el arreglo. Sin decir palabra alguna.


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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Circe Pandora el Vie Nov 14, 2014 8:19 am

Circe llevaba ya varias horas esperando a que alguien hiciera acto de presencia, la verdad es que ya habían pasado por el camino varias personas, pero ninguna se había detenido, todas parecían llevar mucha prisa, o mejor dicho a nadie parecía importarle…

-Borreguita, nadie te brindará ayuda sino la pides, necesitas hablar…-

-No Pacha, la gente buena no necesita que alguien le pide ayuda, la gente buena que no espera nada a cambio simplemente llega y lo hace.-

-Pero Circe, ya casi no queda gente buena en Noreth…-

-Si la hay Pacha, es sólo que deben de llevar mucha prisa, es eso…-

La verdad es que Circe solía ser muy (a veces demasiado) optimista, no quería admitir que la realidad era la que Pacha decía. Habían pasado ya varias horas y Circe comenzaba a aburrirse, su rostro ya pasado el mediodía se encontraba melancólico, jugueteaba con su cabello como una niña, soplaba su fleco con los labios para quitárselo de la cara y finalmente se decidió a cambiar la rueda ella sola, sin embargo poco antes de bajarse del carromato un hombre con una niña pasaban cerca de ella, iban montados en un caballo, era un caballo de montura, estilizado y alargado a diferencia de Luna y Sol que eran percherones robustos y gigantescos.

Aparentemente la chiquilla resongaba por algo a lo que Circe no podía escuchar, por un momento pensó que quizás el hombre la hubiera lastimado, era lo primero que le pasaba por la cabeza, pero tras breves segundos ambos se bajaron del caballo dirigiéndose hacia ella, la “hechicera” se quedó perpleja por unos momentos hasta el momento en el que el hombre se dirigió directo a la rueda averiada, fue entonces que Circe notó que el sujeto tenía un parche en uno de sus ojos, y como si de un rayo se tratase Pacha había aparecido detrás de ella.

-¡Mira nada más Circe! Los ángeles existen y ha caído uno justo en frente de ti…-

-¡Pacha!- Circe no pudo evitar callar al espíritu de su abuela, la anciana se había acercado ya hacia el hombre, lo miraba de pies a cabeza e incluso se había agachado para observarlo bien.

-Es un muy buen partido Circe, es apuesto, y mira esos músculos ¡Se nota que hace ejercicio! Además le gustan los niños ¡El hombre perfecto! Anda ven e invítalo a salir!-

Circe no pudo evitar sonrojarse cuando la anciana mencionó “Mira esos músculos” pues casi como una orden la “hechicera” observó principalmente la armadura del hombre. Pero a Circe le preocupaba algo más, y era el hecho de saber si el hombre podía o no podía ver a Pacha, lo que si estaba segura es que podría sentir una especie de aire frío recorrerle la espalda y quizás escucharía el susurro más como el siseo del viento que como un murmullo humano. Quiso de inmediato cambiar la situación y caminando rápido pasando por detrás del hombre se dirigió a una pequeña puerta situada detrás del carromato, donde se encontraba la rueda de repuesto.

-Ah… sí, claro la rueda de repuesto está por aquí.- Circe abrió la puerta y la señaló de inmediato, momento en el que observaba a Nadine con una ligera sonrisa en su rostro, Circe suspiró y trató de darle una mirada amistosa a la niña. –Llevo horas esperando a que alguien pasara, pero la gente últimamente parece tener mucha prisa, se lo agradezco mucho, realmente no sabe cuánto lo necesitaba.-

Parecía ser un hombre callado, Circe se sintió a gusto y a la vez extraña, fue en ese precio momento en el que Tierra, el gato de Luna salía del carromato para desperezarse, estiró las patas y el lomo arqueándose hacia adelante, bostezó y ronroneó dirigiendo su mirada a Circe, observó después al hombre y a la niña con un gesto lleno de flojera, caminó despacio y se enredó entre los pies de la niña ronroneando una y otra vez, Circe sonrió observando a su gato y lo llamó con un chasquido de dedos, disculpándose por la confianza que el animal había tomado de inmediato.

-Disculpa, le gusta hacer amigos, es muy amigable.- Dijo dirigiéndose a la pequeña mientras tomaba al gato entre sus brazos. –Por favor, permítame darle algo a cambio, realmente me gustaría agradecérselo.- Entonces observó al caballo que ambos llevaban, iba cargado, parecían llevar varias cosas, supuso entonces que estaban pasando un viaje “familiar”.- Veo que van de viaje, puedo ayudarlos a llegar a su destino, si usted no desea nada, al menos permítame darle algo a la pequeña, usted es un hombre fuerte, puede tolerar horas o días sin comer, tiempo sin dormir, pero ella es una niña, necesita más para poder ser tan fuerte como usted…- Mencionó Circe, sabiendo que a los niños había que animarlos de forma optimista.
Se inclinó un poco hacía la pequeña, observó sus alas y sonrió.

-Que hermosas alas tienes, parece que tienes algo ahí…- Circe juntó las, manos, sopló entre ellas y pasó la mano diestra por detrás de la oreja de la pequeña, hizo un ademán y al mostrar de nuevo las manos había sacado una ciruela “del cabello” de la niña. –Toma, quédatela- Era una ciruela grande, morada y dulce, la mujer sabía que eran dulces porque ella misma las había cosechado tiempo atrás. –Es una fruta mágica ¿Sabes por qué? Su sabor es tan dulce que te hace olvidar los problemas cuando la pruebas, puedes darle otra a…- Observó al hombre, no sabiendo exactamente si era su tutor o era un familiar, entonces hizo el mismo movimiento y sacó otra fruta de la oreja contraria.-

-Mujer ¿Qué estás haciendo?- Exclamó Pacha cuando Circe inclinó la cabeza lista para subirse al carromato.-

-Pues continuo con nuestro camino abuela.- Susurró Circe muy despacio sólo para que ella y la abuela pudieran escucharle.-

-Pero… pero ¿Y la invitación? Invítalo a pasar mujer ¿Qué estás esperando? Si no lo haces tú, entonces yo haré algo al respecto.-

Circe intentó ignorar a su abuela, pero la anciana se dirigió al caballo del hombre, se situó frente a él y sabiendo que los animales eran susceptibles a los espíritus agitó las manos gritando frente al animal y moviendo las piernas como si estuviera corriendo, el caballo relinchó sacudiéndose de un lado a otro, Circe completamente apenada y sin saber que hacer gritó el nombre de su abuela como si de un conjuro se tratase

-¡PACHA!-

La anciana desistió, se detuvo y habló hacía el animal

-Ya, ya montura enclenque ja, corceles, no aguantan nada como los percherones…-

Circe no estaba segura, pero debido al movimiento forzado y violento del animal probablemente se abrían caído algunas cosas del equipaje, suspiró y observó con un poco de vergüenza al sujeto, sabiendo que lo que había sucedido era por ella y no por mera casualidad.

-Entonces… ¿Le puedo devolver el favor?-

Preguntó Circe como tratando de romper el silencio que había provocado su grito.


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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Lun Nov 17, 2014 2:56 pm

-Hay algo aquí…

El hombre del parche se veía mal humorado, más la verdad estaba confundido.  Confundido con la actitud que tuvo la pequeña divium, esas ganas de ayudar al necesitado sin importar las consecuencias, en este caso, la consecuencia para Nadine sería el regaño de su padre. La mujer desconocida le mostro a Necross donde estaba la rueda de repuesto, luego agradeció la ayuda ofrecida. - No me agradezca a  mí, Nadine, la niña, me “convenció” a ayudarla.- Comento tajante, sin mirar a la mujer.

De reojo Necross miro a Nadine, como aquella pequeña niña desobediente miraba fascinada a la gata que recién había aparecido, mas solo miraba. La joven es bastante tímida, y no se atrevía a acariciarla o llamarla de vuelta.  Una vez que el animal había vuelto a los brazos de su dueña, la joven se mantuvo sonriente.  

Nadine se quedó mirando curiosa al gato de la fémina, sonriente,  con los ojos bien abiertos, sus manos escondidas en su espalda, al borde de sus alas.  Luego le dijeron que tenía bellas alas, la joven se sonrojo a mas no poder.  Una gran sorpresa fue la de Nadine, ver como aquella mujer sacaba una gran ciruela detrás de su oreja. –- ¡Vater mira! ¡No solo tengo suciedad en las orejas!- Y con su comentario honestamente inocente, el hombre  del parche no pudo evitar soltar una gran carcajada. Luego la mujer saco una segunda fruta, aludiendo que era para Necross. El hombre del parche con la cabeza le agradeció el gesto, y comento. -Soy su padre. Mi nombre es Necross, la  pequeña es Nadine.- Comento sonriente, la pequeña divium le había subido el ánimo con sus ocurrencias.  

Unos momentos después de terminar con la rueda, “pequeño” comenzó a saltar y moverse, algo lo había asustado, y por suerte no salió corriendo.

(El color violeta es de Dracul, las oraciones en cursiva ocurren en la mente del personaje)

-Hay algo aquí…-

-¿También lo sentiste? Pareciera que los vientos están silbando, cuando arreglaba la rueda sentía… algo.-

-¿Sera por esta mujer?-

-Probablemente sí, la presencia de Belias ya no está conmigo, y Nadine que yo sepa no tienen algún espíritu acompañante. Aunque también puede ser que alguna alma en pena haya pasado.

-Ella grito “Pacha.”-

-Entonces yo no soy el único con una presencia a su lado.-


Al terminar de trabajar, Necross se puso de pie y fue a recoger las cosas que se había caído del caballo. -¿Devolvernos el favor? Ayúdenos a recoger las cosas. No la ayude esperando algo a cambio.

Después de recoger todo, el hombre del parche decidió que ya era momento de seguir su camino. -¿No  pueden ir con nosotros?- Le pregunto Nadine a su padre. -No se adonde se dirige, y nosotros tampoco tenemos un rumbo fijo, lo único que sé es que quiero llegar a  algún poblado antes de que oscurezca. Le contesto Necross a su hija.

El problema que surgía aquí es que Necross no conoce muy bien este bosque.  Así que sin timidez, la niña se acercó a la mujer desconocida, y con curiosidad preguntó:  -Señora, ¿usted conoce algún pueblo cerca de… cerca de aquí?- Necross se llevó ambas manos a la cintura, y bajo la cabeza avergonzado, ahora la mujer sabrá que él no tiene idea donde está parado.

La joven divium quería viajar dentro de carromato de la mujer, mas Necross con una mirada le negó sus intenciones. -Seria de mucha ayuda si nos indica el camino. Incluso podría guiarnos, así me aseguro de que esa rueda no falle.- Un poco más abierto por experiencias pasadas, el hombre del parche nunca encontró gente mala en los bosques, y esperaba que su racha se mantuviera con esta mujer.


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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Circe Pandora el Jue Nov 20, 2014 8:38 am

Circe se había dado cuenta de algo, el hombre seguramente era un padre soltero cosa que la humana admiraba mucho de cualquier hombre, pues si para una madre soltera era difícil lo era mucho más para un padre cuya “conexión fraternal”  se creaba con el tiempo y no desde el momento de la fecundación. Con un gesto sereno un tanto apenado Circe asintió con la cabeza poco después de que el espíritu de su abuela se desvaneciera en el aire, se inclinó para recoger algunas cosas y se sacudió el regazo del vestido para escuchar a la pequeña.

-Hay muchas aldeas cercanas poco antes de llegar a Jyurman, a decir verdad conozco casi la mayoría, éste sendero llega a la más cercana llamada Kora, de ahí en adelante se abren otros senderos que llevan a otras aldeas ¿Exactamente a donde se dirigían?-

Si bien Circe no era de las personas que solían entablar plática de inmediato con los extraños, normalmente eran los extraños los que comenzaban a platicar con ello, típico de los clientes que buscaban desahogarse, sin embargo si contestaba con esa calma tan serena y simpática era por la presencia de la pequeña a la cual contemplaba con dulzura y detenida nostalgia, finalmente al darse cuenta de lo mucho que la observaba respiró profundo, cerró los ojos e intento regresar a la realidad, hizo una muy leve reverencia con el cuerpo y sonriendo respondió a Necross.

-Por cierto, mucho gusto mi nombre es Circe.- Señaló hacía sus caballos para presentarlos también. –Ellos son Luna, la yegua negra y Sol, el macho blanco, con hermanos, el pequeño que te saludo a su llegada se llama Tierra.-

Circe había soltado al felino cuando se dispuso a levantarlas pertenencias del hombre, así que volvió a llamarlo con un chasquido de labios y el tronar de sus dedos, a los pocos segundos el animal ya se encontraba acariciando los pies de su dueña quien tomándolo en brazos se dispuso a ofrecerlo a la pequeña divium para que lo acariciara.

-No me molestaría si quieres cargarlo un momento, claro, si no le molesta a tu padre.- Sus palabras eran cálidas y tiernas ante la niña, ante Necross eran serenas, tranquilas y suavez, con un tono confiable entre sus labios. –Sería un placer Necross, puede llamarme Circe sólo tengo un apellido-

Una nostálgica sonrisa se le hizo presente en los labios,  quiso decir “No me llame señora por favor, soy viuda”, sin embargo se dio cuenta que no era un comentario que viniera a lugar, por lo que tragándose sus palabras dio una media vuelta haciendo una seña de espera, entró a su carromato y tras unos pocos minutos salía con un mapa en manos, el mapa estaba marcado con círculos y demás señas, Circe lo observó un momento y lo extendió frente a Necross.

-Nosotros estamos más o menos por aquí, hacía el norte se encuentra Kora, o bien hacía el sur como dos kilometros antes del bosque de Phyisis hay otra aldea más grande pero de esa si que no recuerdo su nombre y…-

Mientras Circe hablaba Pacha observaba detrás de ella fijamente al hombre lo escudriñaba de pies a cabeza, se acercó a su nieta y susurró algo en sus oídos.

-Este hombre no viene solo Circe, hay algo con él, aparte de esa pesadísima carga negativa.-

Circe se detuvo por un momento, giró el rostro sutilmente en dirección a su abuela para después observar directamente a Necross, pro brves segundos Circe lo miró directamente a los ojos y pudo darse cuenta de que lo que Pacha decía era verdad, aquel hombre del parche portaba una peculiar aura cargada de energía negativa, esa energía que nos hace pesados, pesimistas y sin ganas de sonreír, La hechicera lo contempló por unos cuantos segundos más abrió la boca, respiró y pronunció algo.

-Usted está…- Pero al instante sacudió la cabeza –Perdón, me distraje por un momento como le decía todo depende a donde quieran dirigirse, yo con gusto los acompañaré.-

Dicho eso y con un tanto de nerviosismo se dio la media vuelta, subió a su carromato, tomó las riendas de los percherones y espero a que el hombre y la niña subieran a su montura.

-El camino es más largo hacía Kora ¿Puedo llevarlos a kilómetros antes de Phyisis?-

Fuera cual fuera la decisión del hombre Circe asintió con una vaga sonrisa y puso en marcha su vehículo,  y para no sentir tan tenso el viaje comenzó a cantar una canción que de pequeña solía cantarle su abuela su voz era pasible y casi somnolienta, sonaba como una canción de cuna.



Al darse cuenta de que estaba cantando con un tono muy alto bajó la voz, carraspeó un poco y antes de hacer una pregunta a Necross Pacha la interrumpió.

-Ese hombre trae cargando algo a cuestas borreguita, lo puedo sentir ¡Y hasta puedo verlo!-

-¡¿Qué puedes verlo?!- Circe no se había dado cuenta, pero su sorpresa había sido tal que no pudo evitar dar un ligero alarido, el cual poco después quiso callar tragando saliva y tosiendo mirando de reojo apenada al hombre.-

-No, la verdad no lo veo, sólo quería que volteara a verte, pero si lo siento, hay un aura fuerte y amplia detrás de él ten cuidado si lo invitas a salir, carga siempre con un arma y…-

-¿Y otra vez con eso abuela? Sólo lo llevaré hasta la aldea más cercana no insistas por favor a veces me haces perder la paciencia, sólo míralo… es feliz con su hija, es un buen hombre aunque… quizás es un shaman y lo que hemos estado sintiendo es un espíritu protector.-

-Pues a mí me da mala finta…-

-Lo sabremos con el tiempo Pacha.-

Circe susurraba más que hablar, tenía que hacer un esfuerzo para que ni Necross ni Nadine se dieran cuenta de su plática casi privada con el espíritu del carromato, finalmente despejándose un poco y pidiendo a Pacha que guardara silencio por determinado tiempo la hechicera sonrió y volvió a entablar plática con los viajeros.

-¿Y de dónde vienen? Supongo que no mucho ¿o recién retomaron provisiones? Yo suelo viajar mucho, por aquí y por otros lados… es muy entretenido.-

El camino era tranquilo, de vez en cuando pasaban una que otra carreta, eran raros los viajeros solitarios pues en su mayoría eran grupos, en alguna ocasión uno de los grupos reconoció a Circe, era una familia no tan amplia y desde la parte trasera de la carreta tres niños se asomaban vociferando “¡Mira mamá, es la curandera del pueblo! Va de regreso ¿Podemos ir con ella cuando regresemos?” Ni Necross ni Circe habían escuchado la respuesta clara, sólo pequeñas risillas graciosas, la hechicera por su parte había hecho un ademán a los niños con las manos diciendo “adiós” mientras  movía los dedos de la mano derecha y de la izquierda sacaba una moneda “de la nada” acto que había hecho aplaudir a los chiquillos mientras la carreta se alejaba.


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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Dic 06, 2014 2:47 am

-Hay muchas aldeas cercanas poco antes de llegar a Jyurman, a decir verdad conozco casi la mayoría, éste sendero llega a la más cercana llamada Kora, de ahí en adelante se abren otros senderos que llevan a otras aldeas ¿Exactamente a donde se dirigían?-

-Solo llévenos al siguiente pueblo.-

Su nombre era Circe, y cierto aire de misticismo la rondaba. Quizás era su aspecto de pagana, de trotamundos, quizás era la coincidencia de sentir ese viento espiritual justo cuando ella apareció. Sea lo que fuese, había algo en esta mujer que a Necross no terminaba por gustarle.

Ella se presentó y luego nombro a sus animales, el hombre del parche ya había dicho su nombre, el de su hija, y no pensaba repetirlo. -Basta Necross, estas siendo demasiado duro con la chica.-

Y la verdad es que su pensamiento desconfiado se lo quito él mismo, si estaba siendo demasiado duro con la muchacha, ella parecía buena y con reales ganas de ayudar a los Belmont. Aunque Necross seguía estoico en su decisión, por ahora no quería compartir camino con la mujer, con Circe, porque quería pasar ese tiempo con su pequeña Nadine.

Por lo demás, mientras el hombre del parche se sumergía en sus pensamientos, la pequeña Nadine no tenía ninguno. La pequeña divium correteaba alegremente al gato de la mujer, feliz era cuando lo atrapaba, y luego lo soltaba para volver a perseguirlo. Aunque pronto el animal comenzó a irritarse con el juego de la infante, y más pronto que tarde corrió a las piernas de Circe con desesperación, con aquel miedo de ser atrapado por los brazos un tanto regordetes de la pequeña divium.

Pero a aquella niña no le importaban los maullidos de miedo, las expresiones (por muy raro que suene) que podía hacer aquel animal. Ella disfrutaba de tener esa compañía peluda y calientita como compañero de juegos, incluso se interesó en los caballos, lo que capto su atención fueron sus nombres pero ninguno era “tan genial como pequeño,” como   ella se había reafirmado en sus adentros.

Necross entretanto revisaba el mapa junto a la mujer, más que ver la ruta cercana al pueblo, revisaba donde podía acampar y aun estar cerca de la aldea que ella llamo Kora.   - Nosotros… pues sí, comenzamos nuestro viaje hace poco, de hecho es nuestro segundo día en el terreno.  Y lo siento señorita Circe, pero de aquí en adelante seguiremos solos. Ha sido un gusto conocerla y saber que en los caminos hay gente de buen corazón.-

-¡Vater! ¿Porque la señora maga no puede… no puede acompañarnos?- Comento la pequeña niña cuando su padre dejo de hablar, en sus palabras se notaba un poco de tristeza y desilusión.  - Amor, es el segundo día que estamos solos en el bosque, después de estar tanto tiempo entre… nuestros amigos. Quiero aprovechar al máximo el tiempo que tenemos, además no me malentiendas, esto no es una despedida, es un hasta pronto. Así que dile adiós, por ahora  a Circe… que  más adelante en el tiempo de seguro la encontraremos.

El hombre del parche hablaba con más soltura que antes, más calmado y amigable, incluso le sonrió a Circe, y su sonrisa era autentica.

Necross arreglaba las últimas cosas, y guardaba otras en la alforja de pequeño, mientras Nadine con fascinación absoluta miraba la magia que hacia Circe a unos niños que pasaban dentro de un carro. El hombre del parche ayudo a la niña a subir al caballo, y luego se subió él, sin despedirse lo hizo andar. Nadine ocasionalmente se volteaba para decir adiós, aquel adiós momentáneo.

-//-

La joven aún estaba algo frustrada con la decisión de dejar a la maga atrás, pero no le respondería  a Necross con la contraria de nuevo, porque no quería ver la cara de malgenio que este ponía cuando ella lo desobedecía.  El hombre del parche se sentía mal por la niña, e intento enmendarse.

- Hey, en ese río que se ve más adelante creo podrían haber muchos peces, ¿qué te parece si pescamos algo?-

La niña un tanto desganada asintió, con  los ojos entrecerrados y un suspiro pesado.

Por el sendero que caminaban no era un camino hecho por humanos, eran arbustos y flores aplastadas por los animales, era dentro del bosque. Cuando la frondosidad del gigante verde dejo ver un poco más allá de los árboles, un calmado rio corría sereno, sin prisa ni violencia, de agua cristalina y como dijo Necross, rico en peces.  Pero la verdad es que Necross no era un buen pescador, conocía lo básico, pero nunca lo pudo llevar a la práctica. Con suerte pudo conseguir dos peces medianamente grandes, lo suficiente para el almuerzo, pero no para dejarlos totalmente llenos.

El hombre del parche y la pequeña divium juntaron varias ramas y las pusieron todas juntas, intentaban hacer una fogata, el fuego no era necesario porque las ramas secas fueron encendidas con el poder de Necross. Nadine estaba curiosa sobre aquella magia que podía hacer su padre; ella alguna vez lo vio mover la electricidad del aire en sus dedos, y se preguntaba si podría hacerlo ella también, aunque por lo que había escuchado,  era más probable que controlara las aguas como su madre.

Ambos pescados fueron atravesados por varillas y puestos cerca del fuego. -Quizás no esté tan sabroso como los peces que comíamos donde los elfos, o tan condimentado… ¡pero es lo que la naturaleza nos ofrece!-

La niña asintió con entusiasmo, era esto lo que ella quería, vivir aquellas aventuras fuera del palacio de Ithilwen, vivir por ella misma, aunque claro, ella no lo pensaba tan así. Lo único que ella quería, era ver el mundo con sus propios ojos.

El hombre del parche estaba sentado relativamente cerca de la hoguera, lo suficiente para que su brazo alcanzara la comida que se cocinaba lentamente, la niña descansaba la cabeza en su pecho. Cuando la joven se acercó a sacar su parte de la pesca, estornudo antes de alcanzar algo, fue en ese momento que Necross se dio cuenta que ella no había heredado ningún tipo de arte por  parte de él, o de su madre.

Cuando inhalo aire, en el momento que sintió que su estornudo sería algo fuerte, las llamas se acercaron a su cara, cuando expulso el aire, sin embargo, las llamas se alejaron mucho de ella, como si una corriente de viento muy fuerte las hubiese provocado. Incluso había algo que el hombre del parche no había notado hasta ahora. Cuando ella se sentó cerca  del fuego, las llamas casi que se balanceaban hacia ella.  Cuando una leve briza las movía, las llamas tercas volvían a danzar cerca de Nadine, como si quisieran estar junto a ella. Así que quizás el talento no era innato, quizás no era natural como el agua de su madre, o heredado de algo más como el viento de su padre, su talento estaba en el fuego, y eso sorprendió muchísimo al hombre del parche.

Cuando las llamas explotaron ambos, padre e hija (incluso pequeño), saltaron de un susto. Algo paso que había roto la tranquilidad del ambiente. Nadine miraba con curiosidad y cierto temor a su padre, Necross miraba con tranquilidad y cierto orgullo a su hija. Para él era indudable, que ella algún día sería una gran piromante.

-¿Vater, Que paso con el fuego?-

- Mucho, mucho paso, aunque nada malo. Pronto te darás cuenta tu misma de lo que puedes hacer, y es que eso que acaba de pasar con la fogata, lo causaste tu bodoque.-

La joven comenzó a mirarse sus manos con asombro, pero sin entender realmente a que se refería su padre.

-¿Yo?-

La joven siguió viendo sus manos, aunque a los segundos su mirada quedo perdida en las llamas. Acerco sus pequeños dedos, pero el brazo frío y metálico de su padre la detuvo.

-Todo a su tiempo, querida mía.-

Por última vez la niña se vio las manos, y termino reposando en el pecho de Necross mientras este le entregaba su comida. Ambos comieron, descansaron, y ya con bastantes horas después del medio día retomaron su camino.

Por lo que Necross recuerda del mapa que vio de Circe, el pueblo no debería estar a más de un par de horas a caballo, aunque claro, regresaron al camino principal para no perderse o irse por otro sendero. Con ganas de ponerle un poco más de emoción al viaje, el hombre del parche hizo correr a pequeño, le aviso antes a Nadine por supuesto, así la joven estaría bien aferrada de su padre.  

Pequeño, el caballo, comenzó a galopar con una velocidad ascendente, saltando y esquivando pequeñas piedras que podrían entorpecerlo. Mientras sus cargas, el humano y la divium en su lomo, nuevamente disfrutaban de aquel fiel amigo que siempre aparece en momentos de libertad, aquel amigo que despeinaba sus cabellos, entraba en sus ojos y los hacia llorar, ambos, padre e hija, disfrutaban una vez más del viento que suavemente les acariciaba el cabello.

Llegaron a Kora justo cuando los soles comenzaban a esconderse, las miradas de los humanos se fueron directamente a las alas de la joven divium, si, estaban acostumbrados a ver humanos porque los tenían cerca, los diviums no eran criaturas que circulen mucho por estos lugares. De hecho, eran pocos los que habían visto uno tan joven como lo era Nadine.  La joven se escondió con timidez y miedo entre las ropas de su padre.

El hombre del parche busco rápidamente una posada donde pasar la noche, cuando la encontró quito la alforja de su caballo y procedió a entrar. Busco al dueño del lugar, necesitaba arrendar una habitación por la noche. Esta resulto ser una anciana, pequeña y arrugada quien los recibió. La anciana se acercó con ternura a la niña y comento: -Pero que niña más preciosa tenemos aquí, es  su…- Dudo al fijarse en las alas, pero Necross asintió con la cabeza a la pregunta inconclusa.

Ella los recibió en la puerta y los hizo caminar hasta una pequeña barra, detrás de ellos habían cuatro mesas y en la que estaba más a la esquina derecha, un par de ancianos reían fuertemente, entre risa y risa, mucha tos se asomaba.

La anciana ofreció algo para comer a los recién llegados, Nadine no tenía hambre y se veía bastante cansada, el hombre del parche negó con la cabeza y se dirigieron a su habitación, la cual estaba en el segundo piso, era la primera a un lado de la escalera.

El hombre del parche hizo dormir a Nadine, quien rápidamente cayó producto del cansancio, mas Necross aún no tenía sueño. Salió con especial cuidado de la habitación, sin hacer ningún tipo de ruido que despertara a la joven. Bajo las escaleras, y a la anciana que aun daba vueltas por el lugar le pidió un vaso de ron, tan solo un poco para calentar el cuerpo y armonizar el sueño.

Y así, con su vaso en mano se acercó a la mesa que antes ocupaban los ancianos, la que estaba más alejada. La noche era fría pero no era un frío molesto, era aquel frio que fácilmente podrias quitarte con el abrazo de alguien, y el hombre del parche inevitablemente pensó que podría pasar aquella noche junto a esa mujer que tantos suspiros le robo, la madre de la niña quien tranquilamente duerme en el segundo piso.

-Ich liebe dich, mein schatz-

El hombre del parche hizo un salud al aire, y bebió el primer sorbo de su vaso.

Pero se sentía bien, no bebía para ahogar penas, bebía para celebrar que estaba fuera del palacio elfico, junto a su hija en un viaje hacia su tierra natal, y tenía ganas de compartir la noche y la conversa con alguien, el problema es que la anciana no parecía con muchos ánimos de conversar, así que si Necross  llegase a encontrar una cara familiar, la llamaría con un gesto de su mano izquierda, de su brazo metálico.


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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Circe Pandora el Lun Dic 08, 2014 12:37 am

Circe escuchaba atenta al hombre llamado Necross, le sonreía cada vez que tenía una razón ya fuera por la respuesta o por los actos de su hija, no podía evitar ver la forma tan graciosa en la que Tierra buscaba a tientas escapar de la niña, finalmente cuando Necross le dijo que seguirían solos Circe asintió con la cabeza.

-Está bien no se preocupe, el gusto fue mio me alegra que aún existan personas dispuestas a ayudar a otras, su hija será una gran persona en un futuro, se lo aseguro.- Circe no pudo evitar escuchar la preguntan de la pequeña y por ende la respuesta de su padre y atrevida se dispuso a hincarse frente a la niña y decirle algo. –Nadine, pequeña voy a decirte algo, tu padre tiene razón… pasa todoel tiempo que puedas ahora con él, quiérelo, mímalo, amalo y hazle sonreir, diviértanse juntos y aprovechen su tiempo como padre e hija… un día así de la nada ya no podrás hacerlo y desearás haber estado más tiempo con él…-

Sin querer Circe había denotado un tono de melancolía y tristeza y al darse cuenta carraspeó, sonrió, observó a Necross y le entregó el mapa que le había mostrado. –Tome, quédese con él le será de gran ayuda yo tengo más ahí adentro, suerte en su viaje, cuide mucho a su hija.-

A lo lejos veía como el caballo de Necross y Nadine se iba haciendo cada vez más y más pequeño, sonreía para sus adentros con una tristeza racional. -¿Pacha cuántos años tendría mi pequeño ahora?-

-Oh, creo que tres o cuatro años borreguita-

-Qué lindo habría sido verlo jugar junto a esa pequeña-

-Si… así es Circe…-

Pacha se había dado cuenta que en ese momento era mejor dejar sola con sus pensamientos a su nieta, la vio sonreír y supo que su corazón ya había cicatrizado, como el viento se esfumó y se dedicó a escuchar la voz de Circe que apenas entonaba para cantar una canción. Durante todo el camino la hechicera se dedicó a cantar y de vez en cuando callaba para que Pacha cantara las otras estrofas. Pasados unos cuantos minutos el sendero se iba volviendo más rural y las coasas y tabernas comenzaban a aparecer.

-¿Sabes Pacha? Tiene mucho tiempo que no vosotamos Kora, hay buenos clientes ahí.-

-¿Y cómo no va a haberlos? Si la comida de ahí es un asco, mira que recortar la carne casi casi a un lado de las letrinas no es para nada salubre ¡Es un asco!-

-No en todas las carnicerías, hay lugares buenos, que la gente no los escoja por el precio es otra cosa, a final de cuentas terminan pagando más por los tratamientos con hiervas, afortunadamente nunca pasan de una intoxicación.-

-Bah claro que se ha muerto gente, que no lo sabré yo que a diario la veo ¿y tú? ¿Qué no la ves?-

-Claro que la veo, pero trato de no relacionarme mucho con ella…-

Era cómico ver la manera en la que ambas peleaban sin razón lógica alguna, finalmente el carromato había llegado a la aldea, era una aldea llena de tumulto con locales por todas partes y gente de un lado para otro, parecían no parar ni frenar frente al movimiento, panaderías restaurantes, herrerías, establos…si, era una aldea pequeña pero con mucho movimiento, Circe se vio envuelta en una alegría constante de rostros conocidos y otros a medio conocer. En el momento de su llegada los niños huérfanos o vagabundos que rondaban por el lugar le reconocieron, éstos niños eran los más allegado a ella porque no tenían padres que les negaran una relación con una “bruja”… claro, Circe sabía que no todos ahí eran buenos, que había personas que la tomaban por farsante, bruja demoniaca, cosas a las que Circe simplemente se limitaba a ignorar con duras penas.

Con gesto amable y grácil le entregaba a cada uno un pedazo de caña dulce para después instalarse como debía de ser, pero tenía hambre y a veces estar tanto tiempo metida en el carromato con nada más que la compañía de tres animales y un fantasma realmente le aburrían, así que colocó las cadenas y los frenos a las ruedas respingó por un momento cuando vio la rueda que aquel hombre le había ayudado a colocar, sonrió y soltó a sus percherones para que comieran algo, momento también en el que aprovechaba para llenar un balde con agua de un pozo cercano y lo ofrecia a sus caballos.

-Pacha, iré a dar una vuelta a la aldea, no me tardaré pasaré a la posada para avisar al dueño de mi llegada, su hija siempre suele enfermarse en éstas épocas del año, no dejes que nadie te vea.-

-¿Y a mí quién me va a ver? Ya nadie tiene un buen corazón como para poder hacerlo… ve con cuidado y habla con muchachos ¡No te quedes callada!-

Circe ya no quiso responderle, sonrió para sus adentros y se retiró del carromato, caminó unas cuantas calles o mejor dicho unos cuantos locales, algunas personas la saludaban otras parecían darle la vuelta o girar la cabeza groseramente como si de un monstruo se tratase, pero la chica no hacía nada más que seguir adelante, entonces entró a un lugar, era una posada ordinaria y sencilla, cuyos clientes eran relativamente tranquilos, había murmullos por todas partes, nadie pareció haber notado su llegada así que se había dirigido directo a la barra.

-Buen hombre, las hiervas buenas han llegado al pueblo, aunque por ahora parecen tener todos una buena cara, no veo a ningún enfermo por aquí.-

-Madame Circe ¿Cuánto tiempo? Bueno, las dosis que dejó la vez pasada y sus consejos han servido bien, el carnicero ya se hizo de otro lado, esa epidemia sí que dio lata el año pasado…-

Con sonrisas a medias y un tanto ocupado el hombre al otro lado de la barra asintió con gracia, Circe se limitó a escuchar y ya estaba pronto para irse, no sin antes pedir un vaso de ginebra dulce.


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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Vie Dic 12, 2014 5:09 am

En la muralla de la posada había un gran ventanal, por el se podía mirar hacia afuera, aunque a estas horas no había mucho tránsito ni muchas personas. El hombre del parche se entretenía mirando a la nada, bebiendo a ratos de su vaso. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había bebido, de hecho, el primer sorbo se le hizo fuerte,  y su cara se deformo por los grados de alcohol del ron puro.

Entretenido como estaba, el hombre del parche se había perdido en la profundidad de su mente.  Recordaba sucesos antiguos e inventaba nuevos recuerdos, se veía  a si mismo volando en la espalda de un dragón, se veía a si mismo cerca del mar, a la deriva sobre un barco mercante.  Pero también por su mente paso el recuerdo de aquel ser que del cual derivo su magia: Adrammalech.

La voz del vástago del trueno desapareció aquel día en que Dracul nació, quizás el engendro era su nueva personificación, quizás simplemente se esfumo, quizás esta unido para siempre al alma de Necross. Cualquiera fuera la respuesta, el hombre del parche recordaba con nostalgia aquellos días donde el vástago le hablaba, ya que aquellos días fueron los más felices antes del periodo de Dracul.

Y es que en esos días un lobo correteaba a su lado, su vida estaba libre de preocupaciones, podía morir, y nadie se vería afectado. En aquellos días, ella seguía viva.

Su recuerdo era inevitable, y es que con la oscuridad de la noche, un vaso de licor, y la compañía de la soledad, él siempre añoraba esos días donde ella le alegraba la vida.  ¿Qué hubiese pasado si la madre de Nadine estuviera viva? ¿Qué pasaría si no la hubiese abandonado? ¿Estaría junto a ellos?

El hombre del parche cruzo los brazos en la mesa, dejo lejos de él el vaso de licor, y bajo la cabeza lentamente, hasta desaparecer el rostro entre sus brazos.  Allí lloro, aunque intento contener el sonido de sus sollozos, el llanto del hombre se escuchaba levemente.

Pronto se repuso, se sentó derecho en la silla y bebió nuevamente de su vaso; como antes había pasado, arrugo la cara por el licor.

Se limpió las lágrimas que aun caían, pero para la tarea se quitó el parche que cubría su ojo. Decidió no ponerlo nuevamente y se lo guardo en un bolsillo, Dracul extrañamente estaba ausente, ya que siempre que se lo quita, aparece la voz del engendro dentro de su cabeza.

El hombre sin parche se bebió el resto de ron que le quedaba en el vaso, se puso de pie, y a la anciana que lo atendió le pregunto por el baño. Una vez allí Necross orino, seco las ultimas gotas al terminar, se miró al espejo y se mojó la cara.

Al salir del baño y volver al salón de la posada, grande fue su sorpresa cuando encontró un rostro familiar allí. - Circe… es una agradable sorpresa.- Sus ojos estaban bien abiertos, aunque un tanto rojos por las lágrimas, mas su sonrisa era bastante amplia. -¿Estas con apuros? ¿Te gustaría tomarte aquel vaso de… espero no sea hidromiel, conmigo?- Mientras hablaba, su mano izquierda estaba apuntando en dirección a la mesa donde estuvo. Sonriente, comento una última vez. -Odio la hidromiel.-


Última edición por Necross Belmont el Miér Jun 17, 2015 6:57 pm, editado 1 vez



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