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5oo Monedas de plata.

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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Vie Mayo 01, 2015 5:59 am

Inmediatamente después del encuentro con la piromante reviso el mapa, estaba sucio, apestoso, pero extrañamente contento. La pequeña llama en las manos de Nadine se había extinguido varios minutos después de que fue invocada, aquello puso algo triste a la niña, pero su padre la animaba a seguir practicando.  Después de darle varias vueltas al pantano, lograron llegar a Shuwap, la ciudad del pantano. Los citadinos evitaban pasar  cerca del hombre del parche, la humedad del pantano caía por sus ropajes, Necross suponía que ellos ya estaban acostumbrados a los olores del pantano, luego pensó que solo lo hacían para fastidiarlo.

Sobre la ciudad colgante el hombre del parche busco una posada, algún lugar donde se pudiera quitar el olor a pantano, Nadine se reía de su padre, pero no había notado que Sif sufría el mismo destino del tuerto. La loba también estaba cubierta con los desperdicio del pantano, quizás ella era la que más sufría, ya que su olfato era más sensible que el de los humanos.  

-Vater, Sif esta sucia.-
-Yo también bodoque, supongo que cuando consiga un lugar me limpiare junto a ella.-

Un pensamiento curioso surco la mente del hombre del parche, sería la primera vez en mucho tiempo que comparte la ducha con un ser femenino, que no fuera Nadine; Necross miro a la loba y rio fuertemente.  Eventualmente  el hombre del parche encontró un lugar donde pasar la noche, le costaría diez monedas de plata pasar la noche, y obtener todo los “lujos” que le ofrecían, esto se traducía como una habitación grande, con una cama para dos personas, las tres comidas al día, un lugar donde el pajarraco que les servía de montura pudiera descansar, y lo más importante de todo, que Sif pudiera dormir en la misma habitación, y no a la intemperie.

Necross pidió dos cubetas de agua para quitarse la peste, cuando su pedido le fue llevado, el hombre del parche inmediatamente se desvistió, Nadine hizo lo mismo, y junto a su padre comenzó a limpiarse. A los pocos minutos la niña salió del baño, desnuda como llego al mundo, y tomo a la loba del pelaje, y arrastrándola en contra de su voluntad la hizo meterse al agua. -¡No Nadine! Que terminaremos con olor a perro mojado.- La niña hizo mala cara, e igualmente metió a la loba al agua sucia; al final de la ducha, los tres seres terminaron limpios.

Una vez limpios y ya vestidos, se les fue entregado el almuerzo, que consistía en una especie de gusano baboso, condimentado con las especias del lugar.  La pequeña Divium al momento de ver el plato se negó rotundamente a si quiera probar un bocado. -¿Cómo sabes que no te gusta si no lo has probado? Mira, hasta Sif está comiendo.- A los pies de la niña  se encontraba la loba, devorando un pedazo del gusano que le habían servido a Necross.  

Lentamente la niña acerco el tenedor a la parte más blanda del vientre del gusano,  pincho un pedazo de carne, al cual le dio un par de vueltas antes de retirarlo y llevárselo a la boca. Nadine lentamente comenzó  a saborear, al principio hizo arcadas, pero cuando le tomo el gusto a la carne sonrió con sorpresa. -¡Lecker!- El hombre del parche miro a su hija con aires de ganador.--¿Ves? Te dije que te gustaría.-

Después del almuerzo Necross junto a su hija, y la loba, salieron de la posada en busca de alguna tienda, necesita con urgencia comprar algún tipo de ungüento contra los mosquitos, que ya lo estaban volviendo loco. El hombre del parche y la loba eran fastidiados por los bichos, pero por alguna razón ninguno se acercó a Nadine, ni una sola vez.

El hombre del parche entonces comenzó a buscar donde podría encontrar tal ungüento, comenzó a preguntar en las calles y así consiguió la dirección.  Y mientras Necross preguntaba a la gente, Nadine se les quedaba mirando, le era muy extraño ver a tantos humanos, y aparte de los humanos había otras razas, pero la que mayormente le atraía la atención eran los seres deformes en muchas maneras que libremente transitaban.  Algunos de ellos eran más grandes que Ithilwen, más corpulentos que Necross, y otros, más peludos que Sif.  La niña caminaba escondida entre las piernas de su padre, quien entendiéndola, le acariciaba la cabeza cada vez que apretaba de sus ropajes.

Entre la multitud de distintas voces, una parecía referirse a Necross, pero era difícil poner atención con tantos sonidos al mismo tiempo. -¡Señor! ¡El que lleva el espadón!- El hombre del parche comenzó a mirar a todos lados, buscando el origen de aquella tenue voz que lo llamaba.  Necross tomo a Nadine de las axilas, la elevo hasta hacer que ella se sentara en sus hombros, y le dijo que buscara quien era el que lo llamaba. La niña consiguió ver a un anciano con la mano alzada, Nadine apunto a la dirección del hombre, y Necross comenzó a caminar.  Necross quedo frente al anciano, pero no dijo nada, solo espero a ver que le decía. -Buenas tardes joven, es un hermoso día, ¿no?- El hombre del parche miro de arriba abajo al anciano, para terminar diciendo: -¿Qué es lo que quiere?- El anciano bajo la cabeza mientras suspiraba, -Directo al punto. Bien, me gustaría echarle un vistazo  a su espada, si no es mucha molesta.- Necross puso la mano derecha sobre el pomo de su bastarda, el anciano al ver el gesto negó con la cabeza. -No no, quisiera ver aquella en su espalda.-  

Spoiler:

Godo, como se llamaba el anciano,  llevo a Necross hasta sus aposentos, que resultó ser la tienda del herrero del pueblo. El hombre del parche desenvaino a Sherckano, la puso sobre una mesa y comenzó a mirar como Godo la inspeccionaba.  El anciano herrero se quedó varios minutos viendo el filo del arma, luego la levanto de un costado, y comenzó a inspeccionar las imperfecciones que tenía, las grietas que causaba el choque con otras espadas, e incluso hablo sobre la oxidación natural, que claro, era menor en el metal de cual estaba hecho la mandoble. -¿Donde consiguió esta mandoble joven?  Necross se extrañó con la pregunta.

- La encontré.-
-¿Pero dónde?-

Necross no respondió, pero Godo hacía gestos con la mano para que el tuerto hablara. Finalmente El hombre del parche suspiro con desgano, y procedio a hablar. -Hace tiempo me aventure a cierta fortaleza, la encontré allí.- Godo se cruzó de brazos, entendiendo que Necross no diría nada más. -¿Sabes acaso el objeto que tienes aquí? Si mal no recuerdo, esta espada es más antigua que nosotros dos juntos. Es una de las tantas historias que se cuentan entre los herreros, y esta decía que hace tiempo el rey de un poblado desconocido, le pidió a sus súbditos que buscaran a los más grandes herreros del mundo.  Una vez que estos se postraron ante su señor, el rey les pidió que les hiciera la mejor espada, una con la que pudiera cortarle la cola a un dragón. El rey estaba enfermo, lo más seguro es que pronto muriera, pero antes de hacerlo, quería que su último deseo fuera cumplido.

Nadine, quien aún estaba sobre los hombros de Necross, fue cambiada de posición, el hombre del parche se sentó en una silla cercana, e hizo que su pequeña se sentara en sus piernas, la loba se durmió a sus pies.

-Los herreros llegaron con espadas de dos manos, hermosas en su construcción, pero poco funcionales en la practica. Uno de los herreros llego con un trozo de metal afilado. El rey al verla no se sorprendió, ya que en su construcción no había nada en particular, el herrero se defendió, le dijo que el pidió una espada  para matar un dragón, y eso fue lo que él trajo. Dijo que las demás armas eran hermosas sin duda, pero con tantas decoraciones y aditamentos inútiles, no servirían ni para una batalla contra un orco. El rey menosprecio el trabajo del herrero, y lo exilió de su reino, dejándole como única posesión, el espadón que había construido.

-¿Es acaso Sherckano aquella espada?-

-Bueno, la historia tiene más detalles, yo te acabo de contar la versión resumida. Este mandoble parece cumplir con la descripción.-  Godo continuo inspeccionando el arma, antes de responderle a Necross. -¿Por cuánto tiempo te quedaras en el pantano forastero? Me gustaría estudiar más este mandoble, quizás hasta logre reparar las grietas que tiene. Déjame decirte, que está en un pésimo estado, ¿es que acaso no sabes cómo cuidar y mantener en buen estado tus armas?- Nadine se rio un tanto por el regaño que le habían hecho  a Necross, mientras  este tenía torcida la boca, en un claro gesto de mal genio.  - Bien, asumiré que no huira con ella, así que por hoy la dejare aquí. Después de todo, vaya donde vaya, el mandoble volverá a mi.- El hombre del parche hizo un ademan con la mano, y el mandoble comenzó  a vibrar en la mesa, a moverse de lentamente hacia Necross.

El hombre del parche salió de la herrería junto a su hija en brazos, y la loba a los pies. - Vater, ¿dónde iremos ahora?- Pregunto la niña, mientras su padre la bajaba. -Pues primero iremos a buscar algo que me quite a estos mosquitos de mierda, compraremos algo de pan, y finalmente buscaremos a Queelana. ¿Aún quieres aprender a ser una piromante, bodoque?- La niña asintió, aunque  lo hizo algo nerviosa.


Última edición por Necross Belmont el Jue Jun 18, 2015 2:38 am, editado 1 vez



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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Vie Mayo 01, 2015 4:42 pm

El hombre del parche junto a su hija, y Sif por supuesto, se encaminaron a lo más profundo del pantano, a la zona más oscura y peligrosa. Mientras más se adentraban, más perdían la luz natural, la oscuridad crecía con cada paso, y aquello, aterraba a la pequeña Nadine.  Al llegar a cierto punto, donde ya era difícil distinguir que había adelante, la joven Divium retrocedió asustada, sin ganas de seguir avanzando; el hombre del parche se arrodillo ante ella, y le acaricio la cabeza. -Amor, ¿recuerdas lo que te dijo Queelana? Ahora es que necesitas usar aquello que te enseño.- Necross rodeo a la joven hasta quedar detrás de ella, nuevamente se agacho hasta su altura, y la abrazo con cariño. -Necesito que te concentres bodoque. Respira, busca en tu mente aquello que te haga feliz, busca un recuerdo calido, uno agradable. Siente como la energía fluye a través de tu cuerpo.- Con el ultimo comentario, el hombre del parche estiro su mano derecha, haciendo que un pequeño haz de electricidad pasara por esta, demostrándole a Nadine de lo que hablaba.

La pequeña Divium cerró los ojos, y en su mente busco los recuerdos agradables y cálidos que había vivido. Ella tenía ambas manos juntas, cerca de su pecho, de su corazón. El hombre del parche tomo sus manos, y las estiro hacia adelante. -Yo sé que puedes amor, aleja a la oscuridad.- Nadine estiro las palmas, y una minúscula chispa de fuego nació entre sus dedos, esta con el paso de los segundo comenzó a crecer, pero no era más grande que los puños de la niña. -Muy bien bodoque, yo sabía que podías hacerlo. Estoy orgulloso de ti.- El corazón de la niña latía con fuerza, y una permanente sonrisa se dibujó en su rostro, ella también estaba orgullosa de sí misma.

Nadine sirvió de farol  durante el resto del camino, ya no sentía miedo, ya no la espantaban las criaturas que se escondían en las sombras, ya que ella había derrotado a la oscuridad. Después de varios y largos minutos de travesía, a la distancia se logró ver una luz pequeña, igual a la de Nadine.  Al acercarse vieron que se trataba de Queelana. Ella, al ver a la niña, se arrodillo ante ella, y con una sonrisa en el rostro, tomo la pequeña llama de Nadine, la cual ya en sus manos creció desmesuradamente, para finalmente desaparecer en el aire. -Lo has hecho muy bien pequeña. Desde hoy serás mi pupila, has superado tu primera prueba, felicidades.

Spoiler:

Antes de comenzar las lecciones, la joven Divium se acercó a su padre, le pidió una pequeña bolsa que traía, reviso su interior, y luego se la entregó a Queelana. -Para usted.- La mujer recibió la bolsa, y luego miro dentro de ella; la bolsa tenia dentro algunas hogazas  de pan, y un poco de carne seca. Queelana suspiro con ternura, y agradeció el gesto de la niña. -Muchas gracias pequeña, aprecio mucho este gesto.-

Las primeras lecciones de Queelana fueron simples, Nadine debía concentrarse en sus recuerdos, y mantener la llama encendida por más de diez minutos, aquello incomodaba un tanto a la niña, quien debía estar de pie, y concentrada en todo momento. Pero Nadine era una niña inteligente, y ya al segundo día de entrenamiento, logro materializar la esfera de luz en su mano, con muy poco esfuerzo, y ya no necesitaba concentrarse tanto. La segunda lección fue materializar la luz a voluntad, y rápido, la niña debía inmediatamente hacer aparecer la pequeña llama en sus manos. -Vamos, uno, dos, tres, ¡ahora!-  Nadine cerro sus ojos, respiro profundamente e hizo aparecer la flama.-Bien hecho, pero debes hacerlo más rápido. Vamos, una vez más.-

Al mes, Nadine ya era capaz de hacer aparecer la llama en su palma cuando lo deseaba, y aunque no siempre le resultaba, la mayoría de las veces la pequeña chispa se materializaba, incluso lo lograba con una sola mano.  Durante las lecciones, el hombre del parche se sentó en  el piso, apoyando la espalda contra el tronco de un árbol caído, la mayoría del tiempo Sif se quedaba en su regazo durmiendo, aunque a veces correteaba insectos o algún tipo de animal pequeño, lo que enfurecía a Necross, ya que siempre terminaba ensuciándose con las aguas del pantano.

-Ahora vamos a materializar la llama. Pasa la mano por tu chispa.- Nadine obedeció, y paso la mano derecha por el fuego que levitaba en su mano izquierda, al pasar la mano sintió un leve calor, pero este no era suficientemente fuerte para calentar, mucho menos para quemar. -Tu llama aun no es lo suficientemente fuerte, pero lo has hecho muy bien pequeña. A este paso, ¡podrás hacer bolas de fuego tu misma!- Nadine rio alegremente con la idea, pero Queelana interrumpió su risa, para continuar con las enseñanzas. -Ahora piensa en la llama, siéntela, su calor, su forma, su poder. En ti corre la aptitud para moldear el fuego. Pero no dejes que el fuego te engulla, resístelo, domínalo; enséñale que tú eres quien lo controla, y no al revés.- La joven Divium comenzó a tensar su cuerpo, su frente transpiraba, sus músculos estaban rígidos, y la flama en sus manos de a pocos comenzaba a crecer, y mientras más crecía, más calor sentía Nadine. -Así pequeña, un poco más, lo estás haciendo muy bien.- Con una voz tenue Queelana animaba a la niña a continuar, pero Nadine luchaba por mantener el control, y parecía que perdía la batalla.  

El pequeño cuerpo de la Divium, así como sus manos, comenzaron temblar, respiraba por la boca, exhausta por culpa de la llama, negaba con la cabeza, sin ganas de continuar, y cuando finalmente se rindió, el fuego en sus manos exploto gloriosamente. Una pequeña explosión en las manos de Nadine causo que ella cayera de pompas al piso, pero de la explosión se formó una onda expansiva que se extendió circularmente. El fuego  alcanzo a Necross, quien inmediatamente cayó al piso con notorias dificultades para respirar, Nadine instantáneamente se acercó para ayudarlo; pero el hombre del parche levanto con dificultad pero sonriente, no quería a asustar  a su hija. -Lo has hecho muy bien bodoque, eres sin duda una poderosa piromante.- Nadine sonrió con alivio, sus ojos se cerraron y sus fuerzas la abandonaron, había caído desmayada.

Necross alcanzo a tomar a su hija antes de que tocara piso, luego miro a Queelana, pidiendo algún tipo de explicación. -No te preocupes, solo se le agotaron las energías. No la veras hasta mañana, ya que dormirá el resto del día, y toda la noche de hoy; supongo que hasta aquí llega la lección.- El hombre del parche miro a su hija, le acaricio la mejilla, y la acomodo mejor entre sus brazos. Necross estaba listo para regresar, pero tenía un problema, sin Nadine no vería nada en la oscuridad del camino.

-Queelana… ¿podrías llevarme de vuelta al pueblo? Sin Nadine posiblemente me pierda en el pantano…-
La mujer suspiro con desgano, y solo comento:
-Serás idiota…-

Queelana formo entre sus dedos una gran bola de luz, la cual iluminaba el camino en gran medida, gracias a ello, Necross pudo ver la parte más oscura del pantano sin ningún problema.  El primer tramo de camino lo pasaron en silencio, lo único que hacia ruido era el fuego en las manos de Queelana, las pisadas sobre el lodo, y los chapoteos de Sif cuando perseguía algún animal. Quizás aburrida del silencio, la bruja de fuego comenzó a hablar. -¿Cuál es tu historia tuerto? De seguro debes tener algo que contar.- Necross a la pregunta, solo respondió con un: -¿A qué te refieres?-  La mujer sonrió con sarcasmo ante la falsa ignorancia de Necross. -Seré más directa entonces, ¿Qué le paso a la madre de Nadine?- El hombre del parche bajo la cabeza con una falsa sonrisa en sus labios. -No lo sé. También  debes tener una historia que contar, ¿Por qué no empiezas tú?-

Queelana avivo más la llama entre sus manos, cosa que asusto a Necross por un momento. Pero la bruja no dijo nada, solo siguió avanzando. Eventualmente llegaron a la entrada del pueblo, el pantano estaba más oscuro de lo normal, ya que había anochecido hace un par de horas atrás. -Hasta aquí llego, cuida a la niña, y cuando despierte dale mucha agua y alimentos. Adiós.- El hombre del parche asintió, y comenzó a caminar hacia adelante, mientras la bruja lo hacía en la dirección opuesta.  Pero Necross se detuvo de súbito, y se volteo.

-Queelana.- La llamo con un tono firme y un tanto autoritario, de padre. -Es de conocimiento común que las bestias más feroces atacan en la oscuridad, y si los dichos son ciertos, el camino hacia donde estas está lleno de peligros. ¿Por qué no pasas la noche con nosotros? Ya mañana podrás marchar en calma.- La bruja se detuvo, mas no se volteo ni miro a Necross. -¿Dejaras que una extraña se duerma cerca de tu hija?- Aunque sabía que ella no lo veía, el hombre del parche negó con la cabeza. - No, no a una extraña, pero si  a su maestra.- Queelana finalmente se volteo hacia Necross, con una actitud de desgano. ¿Por qué haces esto? Claramente no confías en mí, ¿Por qué invitarme a sus aposentos?- El hombre del parche se encogió de hombros mientras sonreía. -No tengo la más mínima idea de porque lo hago, pero así soy. Vamos, que me sentiré mejor cuando sepa que estas fuera de peligro.-  Necross hizo un gesto con su cabeza, y comenzó a caminar hacia el pueblo, con Queelana detrás de él.


Última edición por Necross Belmont el Jue Jun 18, 2015 3:05 am, editado 1 vez



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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Lun Mayo 04, 2015 4:00 pm

El dueño de la posada intento cobrarle más a Necross por traer compañía, el hombre del parche le dijo que solo se quedaría por la noche, y que pagar diez monedas de plata era suficiente. El posadero no siguió discutiendo, pero si le puso una mala cara a Necross. Una vez en la habitación, y ya con Nadine acostada y descansando, Queelana comento: -No deberías molesta a quien te hace la comida, nunca se sabe lo que puede hacer la gente enojada.- Necross abrió la boca sorprendido, había entendido el terrible error que cometió. -Quédate aquí, volveré dentro de poco.- Sin decir más, el hombre del parche salió de la habitación, y dejo a la bruja con su hija.

Queelana se quedó dando vueltas en la habitación, sin saber realmente que hacer, la mujer se sentó en el sofá que utilizaría de cama, era pequeño, pero sería mucho más cómodo que el piso del pantano. La bruja se sentó en el sofá, esperando que el tiempo pasara, en la habitación el único ruido que había era la leve respiración de Nadine, ya que la loba se había ido con Necross después de todo.

Queelana suspiro con aburrimiento, se acercó a la cama de Nadine, y de pie observo como dormía. Le enternecía aquella criatura, desde el primer momento en que la vio. Sin saber que más hacer, la mujer se dirigió al baño, donde vio un balde de agua que parecía fresca y limpia.  Queelana cerró la puerta del baño, se desnudó, y comenzó a limpiarse. A los pocos minutos llego Necross, con una bolsa de cuero en sus manos, esta tenia comida suficiente para tres personas.   –¿Queelana, Sigues aquí? El hombre del parche con un vistazo busco en toda la habitación, pensó en que Queelana había regresado al pantano, pensó en ir a buscarla, pero descarto la idea; si ella pertenecía al pantano pues que allá se quedara.

Pero inmediatamente la mujer salió del baño, totalmente vestida.-Regresaste, ¿Dónde fuiste, tuerto?-  El hombre del parche abrió la bolsa en sus manos, y le mostro el contenido a la bruja. La mujer volvió a su sofá, mientras el hombre del parche se sentaba en el borde de la cama, ambos con algo de pan y carne. Además de la comida, Necross había comprado una bota de agua. -No sé dónde este la madre de Nadine, no sé si este muerta, viva… espero que sí, la verdad sueño con encontrarla nuevamente.-  Mientras Necross le daba una gran mordida a su pedazo de pan, la bruja le contesto. -¿Por qué la abandonaste en primer lugar?-  Necross alzo la ceja, por lo directo de la pregunta.

-No quería hacerlo, pero los sueños que tenía me decían que debía ir por mi destino.-

-¿Qué tipo de destino te deparaba? ¿Qué era aquello tan importante como para dejar a tu pareja?

-Morir.-

Necross y Queelana pasaron un par de horas conversando, pero el sueño finalmente le gano al hombre del parche. Antes de recostarse, le ofreció una cobija a la bruja, quien agradeció el gesto. Necross después de despedirse de Queelana, se quitó los pantalones en medio de la habitación, sin escrúpulo alguno, se quitó toda prenda que no fuese la camisa, y se recostó para dormir al lado  de su hija;  Queelana vio el teatro de Necross, rio levemente, y procedió a dormir en el pequeño sofá.

La mañana del siguiente día trajo ruidos nuevos para la bruja, algo que había escuchado antes, pero había pasado tanto desde la última vez que casi no los reconoció.  Lentamente la bruja asomó la cabeza entre las cobijas, solo se podían ver sus ojos, ya que se había quitado la capucha para dormir, pero no quería que Necross o Nadine la vieran sin ella. Observando cada rincón de la habitación, Queelana busco el origen del ruido que la había despertado, el ruido venia de la cama principal, la causa era Necross, quien roncaba a todo pulmón.  La bruja se puso de pie, estiro el cuerpo, se puso la capucha en la cabeza, y se acercó a la cama.

Queelana se quedó mirando como roncaba el tuerto, y una idea le surco la cabeza, la bruja puso su mano derecha sobre la boca del hombre del parche, y  con la izquierda le tapo la nariz, a los pocos segundos Necross se despertó de golpe. El hombre del parche se despertó confundido y asustado. -¿Ondine?- Dijo en voz baja, aun con los ojos entrecerrados. La bruja, quien veía los ojos desiguales de Necross, negó con la cabeza y se disculpó por la broma.

De desayuno comieron lo mismo de la noche anterior, y después de comer, la bruja comento que volvería al pantano, que estar tanto tiempo entre humanos afectaría su entrenamiento. Al notar que Nadine seguía durmiendo, y no tenía intenciones de despertar, el hombre del lobo fue a ver a Godo, para saber que sucedía con su espada; Sif intento acompañarlo, pero Necross le dijo que no, que se quedara cuidando a su pequeña.

El hombre del parche llego donde el viejo herrero, quien contento y animado lo recibió, sonriente como nunca.-¡Necross! Bienvenido, pasa pasa.-  El anciano se veía muy entusiasmado. En una pequeña mesa cercana al anciano, descansaba el mandoble de Necross, el cual desde la mitad hasta el mango, estaba cubierto por un trozo de tela. Godo se puso de cuclillas, cerca del filo de la espada, e hizo que Necross se acercara a mirar. -¿Ves estas grietas? Al comienzo creí que era desgaste natural, que armas que chocaron con el filo la causaron, pero no, estas grietas son naturales. El hombre del parche no comprendía lo que intentaba explicar el anciano. -¿No entiendes? Esta espada está viva, quizás no como tú o como yo, pero está viva.-

-¿Cómo demonios es eso posible?-

Godo comenzó a reír, y volvió a apuntar a las grietas de Sherckano. -¿Es que acaso nunca te has preguntado porque no pierde el filo? ¿Por qué una espada que no es mantenida como debe ser, está en tan buen estado?- El hombre del parche se encogió de hombros, sin querer dar otro tipo de respuesta, lo que desespero a Godo. -Bien, te hare una demostración entonces.- Godo quito la tela que cubría el mandoble, y Necross inmediatamente noto que a su espada le faltaba un pequeño pedazo de metal. Boquiabierto, y con una mirada de idiota, el hombre del parche intento pedir una explicación.

Godo le dijo que no se preocupara, que en caso de que no funcionara su experimento el mismo la repararía. El anciano entonces de una jaula pequeña, saco un conejo, el cual poso sobre la espada, con el cuello del animal sobre la grieta que el mismo había hecho.  -No sé qué clase de magia, brujería, o maleficio este protegiendo a esta espada, pero no es un arma normal amigo mío. Mira esto.- El anciano le abrió el cuello al conejo con una pequeña daga, y vertió la sangre del animal sobre la espada, particularmente sobre el pedazo faltante. -Hace unos días me corte el dedo con el filo, y note que la sangre no corrió hacia abajo, si no que era absorbida por la espada. Mira, acércate.- Necross se acercó al anciano, miro el arma de más cerca, y noto que aquel pedazo faltante comenzaba a regenerarse, que el arma absorbía la sangre vertida.

-¿Es esta la espada de la historia que me contaste?- Godo se encogió de brazos, como antes lo hubiese hecho Necross. -No lo sé. Creo esto es algo completamente distinto. Me gustaría estudiarla un poco más, si es que no te molesta.- El hombre del parche asintió, después de todo se quedaría un par de días más en el pantano, y comenzaba a confiar que Godo no le robaría el arma. Necross se dirigió a la puerta para salir, y volver con su pequeña. Pero antes de salir del todo, se volteo y le hablo a Godo. - Yo sabía que no era un arma común y corriente, y es que hace un tiempo descubrí que podía hacer esto…-  Necross alzo su mano derecha, e inmediatamente Sherckano surco el aire en su dirección. El hombre del parche la tomo del mango, sin problema alguno. -Yo tampoco sé que suceda con esta arma, pero… ¡¡aahh!!.-  No solo Sherckano había volado hacia Necross, también lo hizo el pedazo faltante del arma, el cual le dio entre los ojos y lo hizo caer al piso.


Última edición por Necross Belmont el Jue Jun 18, 2015 3:18 am, editado 1 vez



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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Miér Mayo 06, 2015 4:15 pm

Necross llego a su habitación en la posada, y allí descubrió que Nadine, estaba saltando en la cama junto a la loba. -¡Nadine!- La niña se detuvo totalmente, mientras la loba seguía saltando.  La pequeña Divium se congelo un momento, pero antes de que su padre se acercara o dijera algo, comenzó a correr por la habitación. -¡No! ¡No, Ven aquí demonios!- El hombre del parche intento atraparla, pero la niña era demasiado escurridiza. En un momento casi la atrapa, pero la agilidad de la niña era superior, además él no podía tomarla con fuerza, ya que podría lastimarla.  

Agotado, el hombre del parche se dejó caer sobe la cama, su pequeña inmediatamente se lanzó sobre él, y también lo hizo la loba, quien comenzó a lamerle el ojo. Allí empezaron las cosquillas en el pequeño cuerpo de la niña, quien rio tanto que unas cuantas lágrimas escaparon de sus ojos.

Un par de minutos después, padre e hija quedaron tirados en la cama, ambos mirando el tejado. - Con lo que paso ayer creí estarías exhausta, bodoque.-  La niña como respuesta se encogió de hombros, luego pregunto por comida. Necross le beso la frente, y luego le acerco la bolsa con pan y carne, también la bota de agua.  - ¿Iremos donde Queelana hoy?- Nadine tenía la boca llena de pan mientras hablaba, y algunos pedazos del alimento escaparon de su boca. -¿Quieres ir? No creí que tuvieras las energías bodoque.- La niña dejo de comer y puso sus brazos en su cintura, a modo de jarra. - Ja, tengo, tengo muchas energías.—

Nuevamente el hombre del parche y su pequeña se encontraban en el pantano, Nadine retomaría la lección del día anterior, e intentaría darle cuerpo a su chispa de fuego. -Controla el fuego, no dejes que él te controle a ti.-  Nuevamente los músculos de la pequeña estaban tensos, su cuerpo una vez más sudaba por el cansancio, pero esta vez, pudo mantener el control de su fuego. -Muy bien, muy bien pequeña. Ahora lánzalo, como si fuera una roca.- La niña, quien tenía aun sus ojos cerrados, miro su fuego con cariño, no tenía ganas de perder algo que le había costado tanto trabajo crear. -El fuego es una extensión de tu alma, no podrás perderlo jamás. Adelante.- La niña asintió enérgica, y lanzo su flama sobre el lodo del pantano, una vez que esta toco el piso, hizo una pequeña explosión.  

La respiración de Nadine  era agitada, le dolía la cabeza, pero una gran sonrisa inundaba su rostro. -Lo has hecho muy bien bodoque, ¿quieres continuar?- La niña negó con la cabeza, y estiro sus brazos hacia su padre, este la levanto, y la abrazo con fuerza. -Supongo que las lecciones terminan aquí, ya sabe lo básico, sabe cómo crear fuego. Podría enseñarle distintas técnicas, pero deberá pasar años conmigo para perfeccionarlas; y sé que ustedes no tienen tanto tiempo para esperar.- El hombre del parche asintió, mientras acomodaba  a su pequeña, esta termino descansando su cabeza sobre el hombro de su padre, quien le acariciaba los cabellos lentamente. -Así es, ya hemos pasado mucho tiempo aquí y se me acaban las monedas.- Nadine, quien aún estaba despierta, le susurró al oído a su padre. - ¿Qué tal si pasamos el resto del día los tres juntos? ¿No sería una buena manera de despedirse? Vamos, yo invito la cena.- La niña miro a la bruja, y le dedico una sonrisa, Queelana al ver reír a la niña se enterneció, y vio también que estaba extremadamente cansada.

Los tres regresaron a la posada, la niña se había dormido en el camino, aunque intento mantenerse despierta con todas sus fuerzas. - Tienes a una hermosa criatura, cuídala mucho tuerto.- Necross rio, mientras se quitaba los cabellos de Nadine de la cara.  Ya de vuelta en la posada, el hombre del parche acostó y arropo a su pequeña en la cama, Queelana se había sentado en el pequeño sofá que uso de cama la noche anterior, y Necross se acercó a ella, se sentó en el piso, y comenzaron a conversar.

-¿Por qué estás en el pantano? Es un lugar muy solitario, y peligroso. Aunque sé que el peligro no te hará nada, ¿porque elegir un lugar como el pantano para entrenar?- Queelana se estiro hacia atrás, reposando el cuerpo sobre el sofá. -Saldremos de algo antes de que lo preguntes. No tengo familia, mi madre y hermanas fueron consumidas por el fuego. Mi madre intento dar y crear una nueva vida del fuego, pero todas perecieron. El pantano es un lugar lleno de vida, conectado con toda la tierra, si te concentras lo suficiente, puedes escuchar a cada animal, cada insecto. Puedes sentir cada alma habitante del pantano, y como el fuego nace directamente del alma, es el lugar perfecto para desarrollar nuevas técnicas de piromancia.-

Queelana llevo ambas manos a la cabeza, y se quitó la capucha que le cubría el rostro. -El fuego puede ser algo muy peligroso, pero a la vez puede crear vida, no dejes que Nadine sea tragada por las llamas, no querría que ver aquello nuevamente.- Queelana tenía el rostro pálido, el cabello tomado, de color café oscuro; ojos color caramelo, el rostro estilizado, y rasgos muy finos. -¿Por qué la capucha?- Pregunto el hombre del parche. - Por la misma razón que llevas el parche, por estilo.- Necross comenzó a reír,  y así también lo hizo Queelana. - Entonces ayer me espiaste mientras me quitaba la ropa.- La bruja arqueo una ceja y torció la boca. -No espiaba. Tú te quitaste todo ahí enfrente, no cuenta como espiar idiota.  

El silencio se creó por un segundo, hasta que Necross lo interrumpió. - ¿Por qué no vienes con nosotros? Sigo pensando que el pantano es un lugar muy solitario, y así Nadine podría seguir con sus clases.- Queelana se sentó en el piso al igual que el tuerto, con las manos le tomo las mejillas, y precedió a hablar.  -No puedo, el pantano ahora es mi hogar. No puedo ir con ustedes, pero ustedes  siempre podrán volver al pantano.- Queelana acerco su rostro al de Necross, y le deposito un suave beso directo en los labios; el hombre del parche abrió su ojo sorprendido, y se dejó llevar por un momento. Aquel beso se tornó un poco más pasional, incluso las manos de Necross ya estaban en el cuerpo de Queelana, en sus brazos, los cuales acariciaba lentamente.

-No… no, Nadine puede despertar.- El hombre del parche alejo a Queelana, mientras negaba con la cabeza. - Lo siento, pero no quisiera que Nadine me atrapara en el acto.- La verdad es que el hombre del parche sabía lo que sucedería si aquel beso continuaba, y él no se sentía listo para hacerlo, mental o fiscalmente, él no estaba preparado.


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Mensaje por Necross Belmont el Mar Mayo 19, 2015 11:01 pm

No sé muy bien como comenzar esto, la verdad es que nunca había escrito una carta, ni siquiera para Ondine. Y aquello seguiría así si no fuera por Nadine. Con urgencia me pidió que te escribiera; en realidad intento hacerlo ella misma, pero se equivocó y rompió el papel tantas veces que finalmente me lo pidió a mí.

Nadine me pidió escribirte porque por alguna razón sentía que estabas mal, creo que tuvo una pesadilla y sintió que era real, quizás en realidad estas mal y la niña lo sintió. Cualquiera sea la razón, te escribo porque me pidió que te contara de nuestros viajes hasta ahora.  Un par de días después de salir de Erinimar nos encontramos a una mujer, que parecía ser bruja,  Nadine enseguida intento hacerse amiga de ella, aunque creo tenía más ganas de jugar con los gatos que llevaba de mascota que conocer a la mujer. Al principio le costó un tanto dormir a la intemperie, durante los primeros días no durmió de hecho, cuando pensaba que yo me había dormido, salía de la tienda, se sentaba fuera de esta, y se quedaba mirando el cielo estrellado; creo que pensaba en Ondine, ya que muchas veces me pidió historias de ella.

Aunque ahora que lo pienso, también pudo estar pensando en ti, es notorio que te extraña.

Durante el camino nos hicimos amigos de una… una loba, si, es hembra ahora que lo pienso. La conocimos en el mismo momento que perdimos a pequeño, el caballo que nos prestaron, lo mato un hipogrifo. No entrare en detalles porque podrías regañarme… estamos todos bien, tenemos una nueva amiga peluda acompañándonos, y una nueva montura también. Mientras salíamos del bosque, a pie, porque en aquel momento ya habíamos perdido a pequeño. Entre los arboles mi pequeña vio a un viejo moribundo, este nos pidió ayuda y… y bueno, bien sabes que es difícil resistirse a la mirada enternecida de Nadine. El anciano nos recompenso con un… creo me dijo la raza del animal es chocobo, tu búscalo en tus textos, que no explicare ahora sus cualidades, solo diré que es un ave, si, un ave, muy rápida.

Hay algo que tengo muchas ganas de contarte, ¿Recuerdas que te hablé sobre los poderes de Ondine? Pues resulto que de su magia de agua, y… la habilidad que tengo yo para controlar la electricidad, Nadine no heredo ninguna.  ¡Mi pequeña es una piromante!

Para mí fue una sorpresa, pero un día mientras esperábamos que un conejo que habíamos cazado se asara, el fuego de la fogata comenzó a danzar cerca de ella, y durante el ataque del hipogrifo… aquella fogata a punto de morir se avivo cuando ella se asustó.

Ahora estamos en los pantanos de… no creo saber cómo se escribe el nombre de este lugar. Pero aquí encontramos a una piromante que le ha estado enseñando a Nadine, ahora mi pequeña puede crear una pequeña bola de luz en las palmas de sus manitos. Deberías haberla visto… se veía tan contenta.

Este es nuestro último día aquí en el pantano, ya mañana volveremos al camino, espero que lleguemos a Valashia pronto. Nadine quisiera saber de ti, así que cuando tengas tiempo más te vale escribirle. Por mi parte no hay mucho que contar, había olvidado lo lindo que era recorrer los caminos, no lo tomes a mal, pero vivir entre tantos elfos me hacía sentir un tanto ahogado. Supongo que lo mismo pasara cuando lleguemos a Shading, pero supongo es lo mejor.

No tengo más que decir la verdad, ahora mismo Nadine me está fastidiando porque la loba se cago en la sala, así que tendré que limpiarlo antes de que el dueño de la posada se dé cuenta.

Cuídate, espero nos veamos algún día.

Necross Belmont.


-//-

El hombre del parche al terminar de escribir guardo la pluma, dejo la tinta secar en el papel, y luego lo sello para enviarlo. Nadine le pedía saber que decía la carta, pero Necross le respondió que la carta no era para ella, que era para Ithilwen.

El hombre del parche busco por varias horas un lugar donde poder enviar la carta, al encontrarlo se alegró, pero aquel mensaje no sería enviado por cuervo, el servicio era de personas, mensajeros que iban y venían con sacos llenos de cartas. Necross pregunto si llegaban “allí, donde habitaban los solares.”  Le respondieron que sí, pero que le costaría más de lo normal, sin pensarlo el hombre del parche pago la cuota, entrego la carta, y le dijo a su pequeña que era hora de salir del pantano.


Última edición por Necross Belmont el Jue Jun 18, 2015 4:04 am, editado 1 vez



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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Miér Mayo 20, 2015 11:53 pm

Por última vez, el hombre del parche visitaría al anciano Godo, necesitaba su espada de vuelta ya que pronto se iría del pantano. El anciano aquel día estaba ocupado, muchos pedidos le habían llegado, así que mientras trabajaba recibió al tuerto. -Ah Necross, ¿supongo vienes por el mandoble, no?- El hombre del parche asintió. -Así es, pronto nos iremos, así que lamentablemente necesito el mandoble de vuelta.- El anciano secaba y pulía una espada corta mientras le hablaba al tuerto. - La verdad es que no quisiera renunciar a la espada. ¿Me la dejarías? ¿Estás dispuesto a venderla?-

Necross negó con la cabeza, mientras la niña se acercaba al anciano, y miraba de más cerca como trabajaba. - Es una lástima la verdad, tienes un objeto muy extraño en posesión, y para un herrero como yo, esto es una reliquia que debe ser atesorada, y no usada en batalla.- Entonces Godo miro con cierto reproche al hombre del  parche, luego a la pequeña que lo observaba trabajar, a quien le dio una mirada mas dulce. -Pero sin importar lo que diga o quiera, el mandoble es tuyo. Permíteme.- El anciano se puso de pie, se metió detrás de una cortina, y cuando volvió, lo hizo con un extraño objeto en la mano. -Sé que la seguirás usando en combate, pero esto ayudara a mantener la vida y el filo de la espada, quítate aquella funda y ponte esto en la espalda.

Necross obedeció, y se ató el trozo de metal en la espada, este tenía tres correas que formaban una “v”, basto con asegurar la correa inferior al pantalón, y las restantes pasarlas por debajo de la axila. Una vez que el hombre del parche termino, Godo se acercó a él con el mandoble, le dijo que se volteara, y cuando Necross lo hizo, el anciano acerco el acero de la espada al trozo de metal.

Sorpresivamente el mandoble quedo colgando en la espalda de Necross, el peso seguía sintiéndose, pero aun así, el hombre del parche se había dado cuenta que sería increíblemente fácil desenvainar a Sherckano ahora. -¿Cuánto me costara esto?- Godo negó con la cabeza. -Nada compañero. Es un regalo, por permitirme estudiar el mandoble. He descubierto muchas cosas, y aquello me anima intentar crear algo parecido.- Necross sonrió, aquel regalo sería muy útil. - Me gustaría pagarte de alguna manera. Quédate con el trozo de Sherckano que quitaste, quizás con ello logres crear algo.-

El anciano sonrió con alegría, y le revolvió los cabellos a la pequeña Nadine. - Aquella funda mantendrá el arma en buen estado, ni la corrosión o el óxido por las lluvias la tocaran. Pensaba en vender aquella funda, pero creo estará mejor contigo, además la gente de aquí es demasiado pobre como para comprarla al precio que tenía en mente.-
El hombre del parche sonrió una vez más, agradeció la nueva funda, y se retiró con su pequeña. -Vater, ¿Nos despediremos de Queelana?- Pregunto la niña, a lo que su padre respondió primero con un gesto de desgano. -  ¿Quieres ir? No creo que a Queelana le importe si nos despedimos o no.- La niña asintió, no querría irse sin despedirse de quien le enseño tanto, su padre entendió eso, y se encamino junto a su pequeña y la loba hacia el interior del pantano.

El camino se hizo fácil, y era fácil porque Nadine ilumino aquella oscura sección del pantano. Poco tardaron en llegar, y una vez se encontraron con la bruja, el hombre del parche le conto que estaban listos para irse.  -Es una lástima la verdad, me hubiese gustado  enseñarle más a la pequeña, pero sé que deben seguir su camino. Les deseo la mejor de las suertes, familia Belmont.-  La bruja bajo hasta la altura de la niña y le dio un corto abrazo, esta, entre leves lagrimas se tardó en soltarla. Luego se dirigió donde Necross, a quien le dio un beso en la mejilla. -Cuídala mucho, procura que siga con sus lecciones y… no dejes que el fuego la absorba.

Necross rio fuertemente, y le revolvió los cabellos a su hija, los cuales para estos momentos ya estaban todos despeinados. - ¿Cuidarla? Pero si mi pequeña es una gran piromante, ¡ella deberá cuidarme a mí!-  Nadine y Queelana se unieron a la risa, por una última vez la bruja se despidió de la niña, antes de que ella y su padre se alejaran y se perdieran en la distancia.  

Padre, hija, y loba volvieron a la posada, Necross pago por las noches que se quedó, y antes de sacar al ave que Iroh les había regalado, se paseó por la ciudad buscando provisiones, y una vez que tuvo todo listo, partió su camino fuera del pantano.


Última edición por Necross Belmont el Jue Jun 18, 2015 4:10 am, editado 1 vez



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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Mayo 23, 2015 3:43 am

-Vater, ¿Dónde iremos ahora?-

Había pasado un día desde que padre e hija salieron del pantano. El hombre del parche estaba animado, le encantaba la idea de volver a los caminos una vez más, pero notaba que, aunque su pequeña se veía igual de entusiasmada, también se notaba cansada. -Vamos a Valashia bodoque. Conocerás donde nació y se crio tu viejo padre, y con suerte, también a las personas que crecieron con él.-

La joven se quedó pensando, y comenzó a imaginar qué tipo de persona eran los conocidos de su padre, cabe destacar que a cada persona que imaginaba, hombres y mujeres, los pensaba con un parche en el ojo.  -¿Tienes muchos amigos allá, vater? El hombre del parche torció la boca, y miro al cielo mientras pensaba. -La verdad es que no, pero tengo varios conocidos. Amigos, creo que solo tengo dos amigos en el mundo.- Ambos estaban sobre el ave que les servía de montura, mientras la loba camina a un lado, lejos de las patas del animal; la niña abrazo a su padre con fuerza, y le dijo: - No importa vater, yo soy tu amiga.-


Varios días después, el hombre del parche y su hija llegaron  al último pueblo antes de llegar a la frontera con Valashia, Necross allí aprovecharía de reabastecerse antes de continuar. El pueblo se veía un tanto desolado, la tierra estaba seca, hacía un calor del demonio, y todos miraban con cierta confusión a Necross, en realidad veían a su montura, era un ave extraña después de todo.  Necross hizo el ave detenerse frente a una taberna, necesitaba indicaciones sobre el camino, y no pensó en un mejor lugar para preguntar, ya que la gente de la calle seguía mirándolo raro. El hombre del parche ato los amarres del ave sin nombre a un poste cercano, y procedió a entrar en la taberna. Fue ahí, una vez adentro y después de que todas las miradas de los borrachos se pusieran sobre él y su hija, que pensó que era mejor preguntar en las calles.

Apenas abrió la puerta echo un vistazo dentro, su pequeña hizo lo mismo escondida detrás de sus piernas, miro alrededor, se quedó un segundo y medio mirando, y cerró la puerta, saliendo de la taberna. -¡Eh tuerto! ¡Vuelve!- Habían gritado desde adentro, Necross alcanzo a escucharlo pero decidió ignorarlo. Nuevamente con los pies en la tierra seca, el hombre del parche intento llamar a una mujer que pasaba, pero esta lo ignoro y camino más rápido. -¿Pero qué demonios le pasa a esta gente?- Pregunto Necross al aire, mientras ponía las manos en su cintura. -Es tu color de pelo, es el color de tu piel. ¿Eres Shadeshiano, no?- La voz desconocida se parecía a la de la taberna. El hombre del parche se volteo y vio que cuatro hombres habían salido de la taberna y acercado al ave de Necross. -¿Que tiene que ver eso?- Pregunto Necross, al tiempo que ponía la mano en el pomo de su bastarda, y hacia retroceder a Nadine.

-Pues veras, a este pueblo lo ha estado financiando Dalkia, esperan que entreguemos, o matemos a cualquier habitante de Shading que se atreva a pasar por estas tierras. Es… una forma de pagarles por todo lo que han hecho. Este es el último pueblo antes del desierto, es una parada obligatoria al camino principal, y adivina, Shadeshiano, incluso en el camino principal hay puestos con gente de Dalkia. El hombre del parche tenía la pechera, hombreras, y grebas en el ave, durante el viaje le incomodaban y como no habían tenido problemas se las quito; lo único que tenía en su cuerpo eran los guanteletes.

-No queremos problemas, solo quiero unas indicaciones sobre el camino.- El hombre frente a Necross, y el que parecía ser el líder del grupo, estaba vestido con pantalones de cuero, una camisa supuestamente blanca, pero manchada con quízas dios sabe que, el pelo corto, rizado, una barba descuidada pero corta, y una sonrisa de demonio. -¿Y qué quieres saber del camino, tuerto? ¿Adónde quieres ir?-

Sif erizo los pelos de su espalda y comenzó a gruñirle a los sujetos, la niña abrazo a la loba e intento tranquilizarla. -Necesito… necesito cruzar el desierto. El líder de la banda comenzó a reír, luego lo acompañaron sus amigos. -Vamos tuerto, aquí somos todos amigos,  estas en confianza. Incluso los podemos ayudar a llegar a donde quieran llegar… ¿Vas a Shading, no?-

Aburrido de la conversación, el hombre del parche camino hasta su ave para quitar los nudos que le ataban al poste, pero el hombre de pelo rizado lo detuvo, puso las manos en la correa evitando que Necross sacara los amarres. -Vamos tuerto, a nosotros nos pagan bien por cada ciudadano de Shading que entregamos, pero no podemos ir a acusando a cualquiera, además nos han dicho que los tratan bien, una vez que son entregados en Dalkia. Pero claro… no podría decir lo mismo de la niña, quizás a ella la conviertan en mujer antes de llegar… quizás lo hagamos nosotros.- El ojo del hombre del parche se abrió como plato, el hombre de rulos sonreía, había logrado hacer enojar al tuerto, lo pudo ver en el ojo gris de este.

-¿Entonces qué dices? ¿Te entregaras a las nobles fuerzas de Dalkia sin… Necross  le dio un cabezazo al hombre antes de que terminara de hablar, el hombre cayo violentamente al piso. Rápidamente otros dos se lanzaron sobre él, con cuchilla en mano para intentar atacarlo, el hombre del parche noto que las estocadas que estos intentaban conectar no eran fatales, lo querían vivo. Aquello era una ventaja para Necross, ya que él si podía matarlos, pero, ¿realmente podría? Su hija estaba mirándola, ¡Nadine! El hombre del parche detuvo una de las puñaladas, con el brazo izquierdo, tomando la navaja con la palma y golpeando con la mano libre a su portador.  

El último de los hombres intento apuñalarlo en las costillas, pero Necross, con su brazo izquierdo, evito el arma, haciendo que el ataque se desviara hacia la derecha, pasando el filo de la navaja por el ante brazo, después de todo no importaba si lo llegaba a cortar, no le dolería. Entonces cuando el hombre quedo con la defensa abierta, Necross lo tomo por el cuello, acerco su cuerpo a sí mismo, y le pego con la rodilla en el vientre.  -¡Vater!- Necross se volteo por el llamado de su pequeña, cuando la vio, un hombre que la tenia del cuello, amenazando con matarla si el tuerto no se rendía. - Ríndete tuerto, quizás la niña se salve, pero para ti ya no…- El hombre no se dio cuenta cuando las fauces de Sif, la loba, le habían mordido el cuello, pronto el humano comenzó a desangrarse, y aquella sangre, alcanzo la camisa de la pequeña niña.

-¡Nadine! ¡Ven aquí, Rápido!- La niña corrió a las piernas de su padre, así también lo hizo la loba, quien se puso cerca de la niña, mientras le gruñía a los enemigos. -Mala suerte para nosotros, ahora los mataremos y no cobraremos la recompensa. Pero bueno, siempre podemos desquitarnos con la Divium.- Necross de una vez desenvaino el mandoble y lo apretó con fuerza, el enojo en su cuerpo aumentaba con los segundos que pasaban.

Los tres hombres vieron  que su compañero se desangraba en el piso, maldijeron al tuerto por aquello, y juraron que se desquitarían con la niña. Los hombres se reagruparon frente a Necross, respondiendo al llamado de su líder, se limpiaban el polvo mientras otros se sobaban las heridas. Con el mandoble delante, y una rodilla en el piso, el hombre del parche esperaba  los ataques enemigos. Eso fue hasta que un hombre con un cuidado bigote, una notoria panza, y pantalones de cuero, los interrumpió. -¿Qué demonios está pasando aquí?- Pregunto el hombre, los demas no respondieron, Necross ni siquiera se molestó en voltear para ver de quien se trataba. - Señor Bartolomé, nosotros solo hablábamos con el tuerto, no hay de que preocuparse, tenemos todo controlado.- El hombre, el llamado Bartolomé, llevo una de sus manos a su gorra, una muy al estilo de los mosqueteros, luego quito algunas arrugas de su camisa, y procedió a hablar.

-Ustedes ni siquiera nacieron en Valashia, ¿Cómo la promesa de un par de monedas los puede motivar a raptar gente? Salgan de aquí antes de que los encierre en el calabozo. El hombre de cabellos rizados intento hablar, pero el tal Bartolomé  encendió la mecha del arcabuz que cargaba escondido en la espalda. -He dicho que se dispersen.- Los tres hombres fueron por el cuarto sujeto, aquel que había sentido los colmillos de Sif y se llevaron su cuerpo, este aun no moría. -Nos veremos pronto, tuerto.-  Necross se puso de pie, guardo el mandoble, y agradeció al hombre por la ayuda prestada.  -Sígueme tuerto, hay que limpiarle la sangre a la niña.-  La niña se miró el pecho, y abrió muchísimo los ojos, su padre quito las ataduras del ave, y siguió al hombre.  

Bartolomé los llevo hasta su casa, aunque  más parecía la prisión local que otra cosa. Necross le pregunto a su pequeña si se encontraba bien, si el tipo le había hecho algo, la niña negó con la cabeza, se notaba un poco sorprendida por la sangre en su cuerpo, algo alterada.  El hombre de bigote le entrego un paño húmedo al tuerto, y este comenzó a limpiar la sangre en la camisa de Nadine. - ¿Entonces eres de Shading?- Necross asintió con la cabeza, sin dejar su trabajo. -Hace unas semanas llegaron unos soldados de Dalkia, nos propusieron que por cada Shadeshiano entregado, nos darían tres monedas de oro. Por aquella oferta cualquiera con el pelo y piel oscura es hostigado últimamente. Aquellos sujetos ya han raptado a dos familias, y tres pobres diablos. Yo ya no puedo dejar que esto siga ocurriendo, la violencia solo generara violencia.-

La mancha en la camisa de Nadine no saldría con agua, quizás nunca saldría del todo, Necross al terminar de limpiar le beso la frente a su pequeña, y la tomo en brazos, apretándola con fuerza. -¿Y porque la gente me miraba tan raro?- Pregunto el tuerto, mientras el hombre de bigote se sentaba en una silla, al tiempo que se quejaba de su espalda. -Miedo, codicia, quizás estupidez, ¿Quién sabe? Lo único seguro es que la gente de Shading ya no es bienvenida en este pueblo, y lamentablemente es el último pueblo antes del desierto, y el único que da paso al camino principal. Los dioses saben que no estaré aquí para siempre… a veces me pregunto cómo es que la guerra en Valashia nos llegó a alcanzar.- La niña abrazo con fuerza a su padre, y se escondió en su cuello. - Es un buen hombre, muchas gracias por la ayuda.-

El hombre del parche le pregunto a Bartolomé si podía pasar la noche en aquel lugar, el hombre de bigote no se opuso a Necross, incluso le ofreció un par de mantas para que se protegieran del frio. No había camas, tampoco mesas, solo un gran escritorio, y la silla en la que estaba  Bartolomé. El tuerto y el bigotón se quedaron un par de horas conversando, cuando la noche había tocado aquel pueblo, y el frio comenzaba a acariciar las entrañas.

-¿La ruta principal también tiene soldados de Dalkia?-

-Si, a comienzo y mitad de camino creo hay unos soldados patrullando.-

-Sera difícil llegar sin problemas entonces.-

-Si, sería más fácil cruzar el desierto, ¡Hahahaha!-

Necross se quedó pensando un momento, él estaba en el piso, con su hija en los brazos, y una cobija los cubría a ambos.

-De hecho… si sería más fácil… solo debería llevar agua suficiente y ropajes que nos cubran, ¿podría llegar en menos de 6 horas a Shading, no?-

- Bueno si, eso es lo que dicen pero… ¿vas a arriesgar de esa manera a la niña?-

- En el desierto moriríamos de sed, quizás de hambre o por el sol. En el camino nos pueden hacer cosas mil veces peores, no quiero ni pensar en que le harían los Dalkianos a mi pequeña… he oído los rumores.-

El hombre del parche miraba atentamente como su hija dormía, su respiración, como la saliva corría por su boca abierta.

La mañana siguiente seguía fría, Bartolomé se había dormido en el cuartel por petición de Necross, no es que temiera por su hija, es que temía por el bigotudo, quizás los bandidos lo atacarian camino a casa por ayudar al tuerto. El hombre del parche despertó a su hija con leves movimientos, una vez despierta, todos desayunaron de la comida que el tuerto tenia, todos incluidos Bartolomé y Sif. Después de comer, Necross busco algún lugar donde comprar un poco mas de comida, y agua en cantidades exageradas. - ¿¡Que!? ¿Una moneda de plata por media bota de agua? ¡Usted esta loca!- El hombre del parche discutía con la dueña del único lugar donde se podía comprar “agua fresca” - El agua en este lugar es escasa, ¡además tenemos impuesto a extranjeros!- Necross se llevó una mano a la cara, bastante desesperado. - ¿Extranjero? ¡Pero si ustedes viven en el fin del mundo! ¡Aquí no hay patria!- La mujer se cruzó de brazos, haciéndole entender al tuerto que no rebajaría el precio.


Última edición por Necross Belmont el Jue Jun 18, 2015 4:29 am, editado 1 vez



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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Dom Mayo 24, 2015 11:33 pm

-¿Entonces cuánto es el tiempo aproximado para cruzar el desierto?-

-Medio día, más o menos. Pero debes tener en cuenta también el calor, el hambre, el agua, las tormentas de arena. Incluso los rumores dicen que hay unas criaturas que atacan a cualquiera que intente pasar por sus dominios. Tenga cuidado señor Belmont, no quisiera que  usted o su pequeña terminen con los huesos blanqueados porque el desierto les gano.-

Necross discutía con Bartolomé sobre los últimos detalles antes de su partida. El bigotudo aun intentaba disuadir al tuerto de su decisión, pero Necross era terco, prefería cruzar el desierto antes de que arriesgarse con los soldados de Dalkia, pues sabía que no podría enfrentarlos solo. Lo único destacable de aquella mañana fueron las miradas de los bandidos del día anterior hacia el hombre del parche, en más de una ocasión este tuvo que ir y venir, comprando las cosas necesarias, y en cada vuelta, los insultos y burlas eran de esperarse, pero Necross no les hacía caso, no ganaría nada con volver a pelear con ellos.

Antes del mediodía, el hombre del parche estaba listo para partir, llevaba sobre el ave un gran odre de agua, y a Nadine le había comprado una bota, mientras que él tenía una propia, así cada uno se mantendría hidratado. Bartolomé intento convencerlos una última vez, que era mejor partir en la noche y evitar el calor; el hombre del parche lo tomo como una posibilidad, pero en la noche sería más fácil perderse.

-Gracias por la ayuda, espero las cosas mejoren aquí. Lo último que necesitan los viajeros son bandidos que le hagan la vida más difícil.-

- Mientras la gente no me linche por creerme alguacil del pueblo, todo estará bien. Que le vaya bien señor Belmont, y cuídese mucho usted, señorita Nadine.-

-¡Adiós señor bigotudo!-

Necross pateo levemente los costados del Chocobo que cabalgaba, el animal comenzó a caminar lentamente, hasta que el hombre del parche sacudió las riendas, y este comenzó a correr, así también lo hacia la loba a sus pies.

La entrada al desierto no tuvo problemas, la niña se quejaba un tanto por el aburrimiento, no había mucho que ver, solo arena.  El hombre del parche llevaba una pañoleta cubriéndole el mentón y la boca, así también un sombrero sobre la cabeza que lo ayudaba con el calor, la niña en cambio, llevaba toda la cabeza cubierta por un turbante. Nadine se quejó de que llevaban mucha ropa, y que por ello más calor les daría, su padre le explico que la ropa era para protegerse de los soles, que a la larga estos eran más dañinos de lo que creía.

Después de un par de horas recorriendo los caminos, el hombre del parche encontró una duna lo bastante grande para producir sombra, y allí decidió que descansarían un momento. Nadine abrió su bota de agua y bebió de ella, pero bebió poco. -No te preocupes por el agua bodoque, si tienes sed, bebe.— La niña entonces volvió a abrir el contenedor de agua, y bebió hasta saciarse.  Necross entonces la bajo del ave, y ella se sentó en la sombra, junto a Sif, mientras su padre le daba agua al Chocobo. -Vater, Sif tiene sed.-  El turno de beber para la loba había llegado; esta, desesperada, bebió grandes cantidades de agua, el hombre del parche no se preocupó por el gasto de líquidos, aún tenían mucha agua, y pareciera que pronto cruzarían el desierto.

A Necross le dolía la entrepierna por tanto cabalgar, la loba se notaba exhausta, y la pequeña Nadine estaba muy aburrida, el ave dormía, acostada en la arena cubriéndose con la sombra. -Vater, es hora de ponerle un nombre a… mmm… el pájaro.- Necross rio un momento, y con un brazo rodeo a su pequeña. -Un nombre… yo no soy bueno para los nombres. ¿Qué tal si lo bautizas tú?- Nadine se llevó el dedo índice a la boca,  y comenzó a mordisquear su uña. -Se llamara… Algodón.- El hombre del parche sonrió a media boca, y preguntó:

-¿Algodón porque es blanco?-

-Ja, y porque es muy suave.-

El hombre del parche le beso la frente a su pequeña, y le dijo que era hora de reanudar el viaje. Necross subió a la pequeña al ahora llamado “Algodón”, apretó los amarres en la alforja, y unos metros mas atrás, por la dirección en que ellos venían, vio que el polvo de las arenas  se levantaba. Al principio pensó que era una tormenta de arena, incluso camino unos pasos para ver más de cerca, cuando se dio cuenta de lo que realmente era, no tuvo tiempo de subir nuevamente al Chocobo, porque ahora, habían tres bandidos rodeando a Algodón, apuntándolo con armas de fuego.  

-¡Nos volvemos a encontrar tuerto! ¿Es que acaso el destino quiere que nuestros caminos se crucen? Nunca he sido un hombre supersticioso, en realidad creo que tiene que ver más con una deuda, si… seguramente sea eso.- El hombre del parche se acercó a las patas del ave, y desenvaino su bastarda. -Yo no les debo nada, váyanse de aquí.-

Necross tomó las riendas del ave, haciéndola girar para ver los movimientos de los bandidos. -Nos debes tuerto, y nos debes mucho. Por culpa tuya tuvimos que enterrar al pobre Richard. Ahora, lamentablemente, nos entregaras todas las monedas que tienes, toda el agua, la… extraña montura, y les perdonaremos la vida.-

-Que gentil, no nos mataras tu pero dejaras que el desierto lo haga.-

-Puedo ser un hombre compasivo, ahora comienza a pagar.-

El hombre del parche tenía un plan, lo primero que entregaría seria el mandoble, como puede hacerlo regresar podría causar cierta confusión, si necesita algún ataque a distancia, puede usar la electricidad que recorre sus venas. El plan de Necross saldría bien, si no fuera por la variante que lo estropeo.

El bandido de cabello corto y rizado, mantenía una sonrisa ganadora, incluso pensó en una manera más humillante de vengarse. -De hecho creo que soy demasiado compasivo, ¿sabes qué? Tendrás que entregarnos toda tu ropa también, es la única manera de que… Una pequeña pero poderosa bola de fuego golpeo la cara de aquel bandido y lo hizo caer del caballo. Este busco con la mirada quien lo había hecho, se asustó un momento al pensar que el tuerto tenía más gente,  cuando noto a su atacante, descubrió que había sido la pequeña niña sobre el ave, quien se veía muy cansada, pero al mismo tiempo muy enojada. -No… no… no dejare que maltra… que maltraten a Vater.- El bandido rápidamente se puso de pie y se acercó a la niña, Sif intento interponerse, pero de una patada fue quitado del camino. -Pequeña desagradecida, intentamos perdonarlos pero así nos pagan… ¡tendrás el mismo destino que el tuerto!- El bandido tomo a la niña de los cabellos, no la hizo bajar, pero puso un cuchillo en su cuello, Necross había intentado acercarse, pero los otros dos hombres a caballo se lo impidieron.

-¡Déjala en paz infeliz! ¡Tú asunto es conmigo, no con ella!-

-Estas muy equivocado tuerto, esto se acaba de convertir en algo personal…- El bandido paso el filo de la navaja por la cara de la niña, haciendo una superficial herida, que hizo correr una diminuta hilera de sangre. -…Y como es algo personal, me desquitare con ella… y tu veras todo esto, tuerto.-

El bandido acerco su rostro al de la niña, pareciera que iba a besarla, la joven, sin embargo, con patadas y golpes intentaba liberarse, pero usar la magia la había dejado muy cansada. - Hoy te convertirás en mujer, pequeña…

https://www.youtube.com/watch?v=RKJur8wpfYM

Desde donde estaba Necross el polvo salto, un rayo violáceo cruzo los cielos hasta caer exactamente sobre él. El bandido detuvo lo que hacía, para preguntar que demonios había pasado, pero sus compañeros nada respondían, ya que nada veían. Desde la nada se escuchaban unos extraños quejidos,  los caballos comenzaron a ponerse nerviosos, así también lo había hecho el ave. Uno de los bandidos que estaba sobre un caballo sintió que algo lo había tomado de la garganta y aquello lo apretaba con fuerza, el bandido que tenía a Nadine atrapada lo vio volar por los aires. El segundo de ellos, disparo sin saber realmente donde, el humo aún no se disipaba. El caballo sobre el que estaba cayó al piso, alguien le había rebanado las piernas, El hombre estaba en el piso limpiándose la tierra de los ojos, eso, hasta que vio una gran figura, una silueta, acercarse a él.

Lentamente la silueta en las sombras se acercaba, el sonido metálico de sus pasos hacia eco por el desierto, de la figura, se podía ver un descomunal brazo, y unos ojos grises como la niebla. El polvo se disipo y el bandido que tenía a Nadine vio que Dracul tenía a su compañero atrapado por el cuello, un par de centímetros sobre el piso. -¿¡Quién… quien eres tú!?- Dracul volteo la cabeza lentamente hacia donde estaba la niña y el bandido, a la persona que tenía ahorcando le quebró el cuello con un simple movimiento de su garra, y lo dejo caer, ya no le servía. -Yo soy… tu peor pesadilla.-

- Aléjate… ¡aléjate de mí!- La loba mordió la pierda del bandido, lo que hizo que liberara  a la niña de su agarre, este, por el miedo, cayó al piso, y comenzó a arrastrarse para alejarse de Dracul. - ¡¡Lo siento!! ¡No me mates, por favor no me mates!- Dracul lo levanto por la camisa, y desde su garra corrió una corriente de electricidad que hizo una pequeña explosión en el cuerpo del bandido, no lo había matado, pero estaba a punto de hacerlo. Por el estruendo del ataque de Dracul, Algodón se asustó, y por los eventos que acababan de pasar, comenzó a correr, con la niña aun sobre él, y la loba siguiéndolos, se adentraron en el desierto.

-No… por favor… piedad…- El engendro nuevamente electrocuto al bandido. -No… sin piedad- Dracul soltó al bandido, quien cayó y quedo de rodillas en el piso. El engendro tomo la cabeza del humano con su garra, y comenzó lentamente a hacer presión, los gritos del bandido desgarraron la calma del desierto, el dolor se podía sentir en sus alaridos, su voz lentamente comenzaba a apagarse, y un crujido en su cráneo anuncio que ya había muerto. Dracul había reventado la cabeza de aquel sujeto con su garra, fue tal la fuerza que utilizo, que un poco de sangre comenzó a correr por sus deformados dedos. El primer bandido que fue ataco por el engendro se puso de pie, y al ver la escena intento escapar, correr lo que más lejos posible, Dracul al notar aquello, empuño su corrompida mandoble y se la lanzo, el bandido fue partido a la mitad a causa de esto.

El engendro lentamente se acercó al cercenado cuerpo del humano, este alzo el brazo derecho al cielo, quizás pidiéndole a los dioses que le dieran una muerte menos agónica, pero aquello no pasaría mientras Dracul estuviera allí. El humano comenzó a toser sangre, a tener grandes espasmos, y en todo momento, el engendro se quedó mirando, observando su trabajo, viendo como el último respiro de vida se le escapaba a aquel sujeto.


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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Lun Mayo 25, 2015 7:58 pm

Spoiler:

El día en el desierto comenzaría como cualquier otro, la tribu le había pedido a Sepinelu  (cazador de la tribu Garif), que se dedicara a traer la piel de los pocos animales que se ven en el mar de arena, que era como ellos llamaban al desierto de Valashia. Pero antes de que el cazador pudiera hacer su ronda matutina, algo alerto a los chamanes de la aldea. De un momento a otro, la fuerza mágica en el desierto aumento, para luego disminuir inmediatamente, no se sabía la razón de esto, pero Sepinelu y otros Garif fueron enviados para descubrir que estaba pasando.

El jefe de la aldea, reunió a tres Garifs, incluido Sepinelu, y les encomendó aquella misión. - Hijos míos… algo ha perturbado el desierto,  el mar de arena fue invadido por una carga furiosa, no es maligna, pero aun así deben tener cuidado. Es algo que nunca he sentido, tanto enojo acumulado, si encuentran la causa de todo esto, actúen con cautela.-

El grupo de exploradores entonces comenzó con su misión, debatiendo entre ellos la causa de aquel estallido de furia. Uno dijo que probablemente era obra de los Urutan-Yensa, Sepinelu inmediatamente descarto aquella idea, ellos no eran tan poderosos como para alertar al jefe de la aldea. El segundo explorador dijo que quizás aquello que estaba dormido en las Ruinas de Phoolendu había despertado; nuevamente Sepinelu negó aquello, o el jefe de la aldea hubiese enviado a mas Garif para investigar.

Quienes viven unido con el mundo, pueden saber que ocurre con este, y aquellos que están conectados con la tierra, pueden saber quiénes caminan por ella. Fue así que el grupo rastreo una leve presencia mágica, pero antes de seguir aquel rastro, lograron percatarse de aquello que había alertado al jefe de la aldea, sabían qué camino seguir, pero aquella otra presencia, se sentía diminuta, se sentía bondadosa, se sentía cálida, no podía ser el causante de la perturbación; aun así el grupo decidió buscarla, ya que estaba mas cerca que la entidad  con aura furiosa.

Sepinelu y su grupo, camuflados entre las arenas y las dunas, vieron a la distancia una enorme ave de color blanco que vagaba por el desierto. A los pies del animal, había otro, uno que nunca esperaron ver por estas tierras, un lobo. Debieron acercarse más para notar algo peculiar, un niño, un Divium, cabalgaba inconscientemente sobre el ave.  Él era el dueño de aquella aura cálida, Sepinelu se acercó para interrogarlo, pero cuando un par de metros lo separaban del ave, el lobo intento atacarlo.

-Tranquilo amigo, no queremos atacarlos, solo necesitamos respuestas.- Aquellos que están conectados con la fauna pueden entender a las bestias, y por supuesto, las bestias pueden entenderlos. El lobo se tranquilizó, e incluso permitió que Sepinelu se acercara al ave. El Garif cazador le pidió permiso al ave para hablar con el Divium sobre su lomo, el ave le dio un graznido, permitiéndole proseguir. - ¿Niño? ¿Estás bien?- Aquel pequeño Divium tenía toda la cara cubierta, todo el cuerpo de hecho, solo sus pequeñas alas estaban a merced del calor. -Vater… tengo sed…

Sepinelu saco al pequeño del ave, y lo mantuvo en brazos, este abrió levemente los ojos, preguntando por “su Vater”. - Lo llevare a la aldea, ustedes continúen con la búsqueda de aquel que lleva la furia.- Sepinelu le hablo a sus compañeros, quienes asintieron, y se perdieron entre las arenas.

-//-

-Es una niña, una niña Divium. Está muy deshidratada, y agotada también. Sentí su aura, y note que recientemente tuvo un gran desgaste.-

- ¿Dices que pregunto por su “Vater”?-

-Así es gran jefe, quizás es hija de un elfo y un Divium. Pero no me explico que podrían estar buscando en el desierto.-

-Ella vino solo con su padre, si no pregunto por su madre es que algo le paso, esperemos que no haya muerto en el desierto. Los elfos son criaturas que buscan conocimiento, quizás vinieron a investigar nuestras costumbres, quizás buscan a los Urutan-Yensa… quizás están tras las ruinas…-

Aquella conversación entre Sepinelu y el jefe de la aldea, quienes entre muchas cosas se preguntaban como la Divium conocía palabras del elfico,  se vio interrumpida por un llanto, un llanto de niño. Sepinelu camino hasta la tienda donde había dejado a la Divium, allí vio a la niña aferrada al lobo, llorando desconsoladamente. Con un cuenco de arcilla, el Garif le ofreció agua a la niña. -Bebe niña, estas muy deshidratada.- La pequeña calmo su llanto y recibió el agua, no sabía porque, pero aquel ser le inspiraba cierta confianza, la suficiente como para aceptar la ofrenda.

-¿Dónde está Vater?- Pregunto temerosa la pequeña. -Tu padre… Te encontramos junto al lobo y el ave, pero no había nadie más contigo. Cuéntanos pequeña, ¿qué te paso?-

La pequeña, que aun abrazaba con fuerza al lobo, comenzó  relatar los hechos que la habían traído al desierto. Hablo sobre su padre, como era él físicamente, también conto sobre el camino recorrido, y por supuesto, como se había perdido en el desierto. -Una luz cayó sobre él, y Algodón se asustó y corrió, y Sif también corrió, y no sé dónde está Vater…y, y…-

Nuevamente la pequeña comenzó a llorar, Sepinelu intento consolarla, no es necesario decir que lo hizo terriblemente, pero eventualmente la niña se tranquilizó con las promesas que le hicieron, encontrarían a su padre. Mientras el Garif conversaba con la pequeña niña, sus compañeros exploradores habían llegado, mas solo llegaron con noticias.

Lo habían encontrado, los exploradores le dijeron al jefe de la aldea que vieron a la criatura que irradiaba el enojo que estaba infestando el desierto, era un ser similar a los humanos, pero uno de sus brazos era deforme, gigante. Los exploradores no se acercaron a aquel ser, su presencia no se sentía maligna, pero tampoco amigable. La pequeña Divium se abrió paso entre los Garif, y a aquellos exploradores les pregunto si habían visto a su padre, los exploradores se miraron entre ellos, y negaron con la cabeza.  Una vez más, la pequeña se aferró a su lobo.

-¿Entonces su padre es humano?-

-Si, solo habla de él, no de su madre. Seguramente la perdió.-

-¿Cuánto lleva pérdida?-

-Por lo que nos dijo, y por lo deshidratada que estaba, seguramente una hora antes de que la encontráramos.-

-Entonces se separó de su padre cuando se perturbo la calma del desierto, ¿Podría ser que su padre muriera a manos de la criatura que encontraron los exploradores?-

El gran jefe discutía los eventos sucedidos con Sepinelu y otros Garif, de rango más alto. -¿Deberíamos llevarla a la aldea de las matriarcas?- Dijo el explorador Garif, sintiendo que la pequeña estaría más cómoda allá. -Aun no, si su padre está vivo podría aparecerse por aquí. La aldea de las matriarcas está más lejos y más internada en el desierto.-

La niña pasaría un par de días con los Garif macho, si su padre no aparecía, o se le encontraba muerto, seria llevada a la aldea donde habitaban las hembras, ya que esta raza separaba sus aldeas por sexo, una antigua tradición que hacía que las mujeres custodiaran de más cerca las Ruinas de Phoolendu, eran más aptas. Si el ser padre de aquella niña no se aparecía, la pequeña seria criada como una Garif, ya que no la llevarían a ninguna ciudad humana, y ningún Garif se sacrificaría para llevarla a la tierra de los Diviums.


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Re: 5oo Monedas de plata.

Mensaje por Necross Belmont el Vie Jun 12, 2015 12:41 am

El engendro se había quedado mirando aquello que había causado, los cadáveres de los bandidos. Ellos lo causaron, ellos lo merecían, no  era culpa de él o de Necross, sus muertes fueron producto de sus actos. Dracul comenzó a escuchar pasos, eran leves, eran varios. Antes de que se diera cuenta estaba rodeado por extrañas criaturas más pequeñas que él. Aquellas criaturas llevaban todo el cuerpo cubierto con telas, Dracul estaba a metros del cuerpo más cercano, los seres no se molestaron en acercarse o mirarlo, fueron directo a los cadáveres.

Aquellas criaturas eran los carroñeros del desierto, los llamados Urutan-Yensa. Entre ellos se comunicaban con gruñidos y señas, eran alrededor de quince crustáceos (porque si, esta raza viene de los crustáceos). El que parecía ser el líder de ellos llevaba ropajes más claros que el resto, con sus pequeños brazos comenzó a dar órdenes, mientras el resto saqueaba los cadáveres de los bandidos. Los crustáceos robaron todo lo que era de valor, monedas, munición, incluso los cuchillos y armas de fuego que cargaban, luego su objetivo fue el caballo que Dracul había rebanado, el engendro se quedó mirando, sin hacer nada.

Spoiler:

Dracul recordó a la pequeña Nadine, así que comenzó a caminar en la dirección que ella lo hizo sobre el ave, pero el líder de los Urutan-Yensa lo detuvo. El engendro no entendía  las palabras de aquel ser, el Urutan-Yensa comprendió que no entendían su mensaje, así que golpeo dos veces el mandoble de Dracul, y luego se golpeó el pecho. Dracul, al entender que es lo que los carroñeros querían, negó con la cabeza y siguió su camino, pero nuevamente fue interrumpido por los crustáceos. El Urutan-Yensa líder apuntaba el arma y se golpeaba el pecho, sus subordinados se acercaron al engendro, amenazándolo con las armas de fuego que habían encontrado recientemente.

Dracul no quería cargar con más muertes en su conciencia, así que clavo su mandoble en la arena, y siguió caminando. El líder de los crustáceos intento levantarla, pero no logro desclavarla del piso. Cuando pareció que el mandoble se movía, cruzo los aires hasta volver a la mano del engendro, quien ya estaba bastante lejos del grupo.

Dracul debía encontrar a la hija de Necross, ya que fue por culpa de él que se perdió, fue su aparición lo que asusto al ave que montaba- -¿Hice bien en aparecer, Necross?- ¿Cómo podría el engendro seguir un rastro? No podía seguir su olor, ni sus pisadas, el desierto había borrado toda huella del ave que la niña cabalgaba.

-//-

Un nuevo grupo de exploración había sido enviado por los Garif para contactar a “aquel que llevaba la furia”. Sepinelu estaba entre ellos, pero antes de que este se fuera, se despidió de la niña, afirmándole que aprovecharían de buscar por su padre también. Encontrar a aquel que llevaba la furia no sería difícil, ya que aquellos que están en contacto con la magia pueden sentir a todo ser que sea capaz de manipularla. Faltaban aun un par de horas antes del ocaso, así que el calor del desierto disminuyo levemente.

Para los Garif no fue problema encontrar a Dracul, a las pocas horas de búsqueda, y ya cuando los soles comenzaban a ocultarse, vieron a la distancia a aquel que llevaba la furia, este caminaba en dirección opuesta a su aldea, se acercaba más a las ruinas de Phoolendu,  quizás era la carga mágica, quizás solo estaba perdido. Los Garif hicieron contacto, se acercaron lentamente al engendro, este no se percató de ellos sino hasta que un par de metros lo separaban. Dracul ni si quiera se molestó en hacer algo, solo siguió caminando. -No estamos aquí para pelear, ¿Quién eres engendro, que haces aquí?- Dracul volteo su cabeza, y en voz baja dijo: -Estoy buscando a alguien…-

Sepinelu y el resto del grupo quedaron atónitos cuando el decrepito y arrugado rostro de aquel ser se volteo, sus ojos grises expresaban melancolía, su rostro, aunque demacrado, indicaba una pena gigantesca. También causaba preguntas el como aquel engendro, quien caminaba por el desierto a torso desnudo, no había muerto de sed, o desmayado por la insolación.

El engendro parecía desconcertado, su mirada estaba perdida, y se notaba tranquilo, algo que los Garif podrían ver por única vez. -¿Qué buscas, engendro?- Pregunto Sepinelu, con las manos en alto, acercándose lentamente. El Garif procuraba no actuar violentamente, ni hacer que el engendro se sintiera amenazado, las arrugas en su cara, los ojos grises, y el deforme espadón que cargaba hacían a Dracul una criatura de temer. -Busco…¿Escuchan las voces? Me están llamando, me nublan la mente. No recuerdo a quien busco…- Dracul casi deja caer el mandoble,  apunto con su garra a la distancia. -Allí… allí están, me dicen que allí debo ir.- Su voz se cortaba, se notaba cierto nerviosismo, el engendro estaba asustado.

Sepinelu tomo la garra el engendro, tal cual lo haría un padre con su hijo, Dracul lo miro pero no dijo nada, aún seguía en trance. -Creo entre nosotros está a quien tu buscas, ven engendro, ven con nosotros.- Sepinelu jalo la garra de Dracul, e intento hacerlo caminar, pero el engendro no lo hizo. -Las voces… las voces me llaman.- Sepinelu volvió a jalar levemente la garra de Dracul, esta vez logrando que caminara. -Las voces pueden esperar.- El engendro comenzó a caminar lentamente, siguiendo al Garif.

-//-

La pequeña Nadine no hablaba con los Garif, ni siquiera con los que parecían amistosos con ella, o intentaban entablar alguna conversación. No, ella se quedó en una tienda, abrazada de Sif, sin decir nada, o hacer algo. Pero curiosidad le causo cuando desde su pequeño refugio, vio a varios Garif correr a la entrada de la aldea. Nadine asomo su cabeza desde la tienda, y se asustó cuando vio la razón de tanta conmoción.  Aquella criatura era horrible, decrepita, mutada, pero con una mirada melancolica, como la de su padre. el ser del brazo gigante le recordó una cara familiar a la joven Divium. La niña, aun con sujeta al pelaje de la loba, se abrió paso entre los Garif, quienes le preguntaban a Sepinelu que era aquella criatura.

-Es el que lleva la furia…-

Los Garif abrieron el paso al gran jefe, quien con la mirada en alto, el cuello erguido, y un bastón de hueso en las manos intento acercarse a Dracul. -¿Qué haces en el desierto, engendro?- Pregunto el gran jefe, pero el engendro seguía con la mirada perdida, su cabeza se movía levemente de un lado a otro, como siguiendo algo, aunque nada había que pareciera atraer su atención. Sepinelu miro al gran jefe, y este sin saber qué hacer con la criatura, apunto su bastón a los corrales, donde el engendro estaría hasta que los sabios de la aldea decidieran su destino. Pero antes de que Dracul fuera llevado a los corrales, una pequeña niña se abrió paso entre los Garif, se paró erguida delante del engendro, y en un suave susurro pregunto…

-¿Vater?-

Inmediatamente Dracul puso su mirada envejecida sobre la pequeña, había algo en ella que le causaba interés, una voz en su interior intentaba decirle algo, pero las voces que lo llamaban desde lo más profundo del desierto lo desconcentraban.  La pequeña niña alzo su mano derecha y la poso  por un instante sobre el torso desnudo y mutado del engendro, este sintió un suave calor, aquel sentimiento de calidez llenaba su cuerpo, aquel sentimiento fue lo que necesitaba para silenciar las voces, el engendro volvía a la normalidad.

Dracul cayó de rodillas en la arena, e intento tocar la mejilla de la niña con su garra, pero esta al ver que el engendro intentaria tocarla, se alejó asustada. -Nadine… soy yo, ¿no me reconoces acaso? Soy yo, Papá.-

El engendro estiro los brazos hacia adelante, rodeo a la niña, y mientras la abrazaba cerró los ojos. -Aquí estoy amor… te encontré por fin, bodoque- La niña entonces sabiendo que aquella criatura era su padre, devolvió el abrazo. Aquello había encogido su pequeño corazón, Nadine comenzó a llorar desconsoladamente.

Los Garif estaban desconcertados con la escena, ¿Cómo aquella criatura pudo engendrar a una Divium? Más les sorprendió cuando un aura violácea comenzó a surgir del cuerpo de Dracul, lentamente el engendro comenzaba a rejuvenecer, las arrugas en su cara se desvanecían con el paso de los segundos, su cabello blanco, un tanto gris ceniza se volvía negro, y su garra lentamente se convertía en un brazo, uno gris como el acero.

La niña alzo la mirada y vio los ojos de su padre, el azul de Necross, y aquel otro gris. Por fin la niña había entendido porque su padre tenía dos ojos diferentes, el azul representaba a su Necross, y el gris a aquella criatura que dormía en su interior. Pero ella también tenía los ojos desiguales, Nadine no pudo evitar preguntarse si es que dentro de su cuerpo habitaba otro ser.

El collar que colgaba en el pecho de Necross brillo levemente, unos segundos después apareció vestido con lo mismo que llevaba antes de que Dracul tomara  control del cuerpo. Necross se miró los brazos, sorprendido por la magia oculta del collar, uno que él creía era un simple y mundano accesorio. El tuerto miro a su alrededor, intentando saber dónde estaba, pero a las criaturas a su alrededor no las había visto nunca, no parecían hostiles, pero aun así el hombre sin parche estaba sorprendido.

-¿Alguien tiene un poco de agua? Me estoy muriendo de sed. Su sentido del humor inoportuno también había vuelto.


Última edición por Necross Belmont el Jue Jun 18, 2015 5:23 am, editado 2 veces



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