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Quebrando la balanza

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Quebrando la balanza

Mensaje por Owedoc el Dom Ago 03, 2014 6:01 am

El manto nocturno se cierne impenetrablemente negro esa noche. Las lunas brillan con débil fulgor que se va perdiendo hasta casi desaparecer en la densa neblina que cubre por completo la ciudad negra. Las estrellas se encuentran de luto mientras son testigos del horrible tratado que se está llevando a cabo en ese mismo momento bajo su fija mirada celestial. Lloran silenciosas el error que cometen sus hermanos allá en la tierra, se quejan en callados gritos sobre la infamia que comete aquel ser corrupto desde su nacimiento, aquel medio enano que mueve sus bizarros hilos entre las sombras, manejando a los ingenuos títeres que creen manejar sus propias acciones y pensamientos. Allí, ocultos por la bóveda grisácea que forma la salada neblina marítima sobre las calles de piedra de Malik Thalish, el medio enano sella el destino de todo un pueblo con un simple apretón de manos. En esas dos manos que se cierran seguras la una sobre la otra, yacerá el sino de miles de personas, que tarde o temprano sufrirán la ambición de los hombres. Sufrirán la maldición que los dioses habían sellado hace muchas generaciones, cuando el mundo era joven y la humanidad reposaba en el vientre de Gea. Los ríos de sangre correrán sobre los polvorientos caminos del norte, tiñendo la nieve de carmín y las flores de carmesí. Solo el sonido del llanto al unísono se atreverá a quebrar la fragilidad del silencio.

Aquella noche pareció ser más larga de lo normal, y así lo notaron los habitantes de Malik Thalish, quienes, al salir a hacer sus labores diarias, notaron como los rayos del sol no aparecieron hasta ya entrada la mañana, como si las lunas no quisieran moverse con normalidad, como si quisieran llorar un poco más el error de sus hijos terrenales. Aun así, el padre sol, indiferente ante las decisiones que pudiesen tomar los hombres, terminó por romper la oscuridad nocturna, llenando al mundo con su fuerza y su vida. Pero la neblina proveniente del furioso mar del norte, igual de rebelde que el seno donde nace, no le importo que el astro rey brillara alto en el cielo y siguió tan densa como siempre, regalándole un día siniestro a la ciudad negra. Las calles brumosas ocultaban las figuras de aquellos que se atrevían a sortear el sinuoso recorrido de la ciudad, dibujando misteriosas siluetas que no se alcanzaban a ver las unas a las otras hasta que era demasiado tarde para evitar el impacto entre sus cuerpos.

Allí, en medio del manto neblinoso, catorce siluetas negras salieron a toda velocidad desde la taberna de los dragones gemelos. Nadie los vio salir por las puertas negras que se ven cuidando el único punto de acceso que tiene la ciudad. Ni los guardias ni los enormes dragones negros que cuidan el paso desde las alturas, ni siquiera los cuervos que tienen sus nidos en los huecos que hay en los muros, ninguno de ellos pudieron ver hacia donde corrieron aquellas siluetas oscuras, solo aquellos que mirasen el suelo pudieron imaginar que se dispersaron en todas las direcciones posibles, corriendo por todos los caminos probables, alcanzando todas las localidades conocidas. La noticia no era un secreto, pero solo aquellos con el valor y la astucia de cruzar bajo la penetrante mirada de los dragones negros podrían alcanzar la gloria que promete el creador de dicha noticia.

Diez días tienen para llegar aquellos que se quieran embarcar en la peor decisión de sus vidas. Diez días tienen para reunir el valor que hace falta. Diez días tienen para arrepentirse de aceptar aquel horrido trabajo. La cuenta regresiva ha comenzado, y allí en medio la oscuridad y el misterio que ofrecen los impenetrables pasillos detrás del trono, se encuentra una figura aguardan para que la cuenta acabe. Una pequeña silueta que esboza una macabra sonrisa iluminada tenuemente por el fulgor de una pipa, está planeando cada pequeño detalle que deberá seguirse en su elaborado plan de acción. Allí, custodiado por el velo semitransparente del rey de Malik Thalish, maneja los delgados hilos que controlan el destino de miles de seres que ignoran por completo lo que les aguarda si acaso aquel hombre hecho a medias lograra sobrevivir al peligroso viaje que está a punto de emprender.
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Re: Quebrando la balanza

Mensaje por Valerie Maltisse el Vie Ago 08, 2014 1:07 am

-*¡BAM! ¡BAM! ¡BAM!
El estruendoso sonido de la puerta me sacó de concentración. Totalmente ensimismada en la tarea que realizaba que no escuché los pasos ni los murmullos detrás de esta hasta que fue tarde y no pude evitar lanzar un agudo grito de susto y empuñar la pala como su fuera un hacha.

-*¡BAM! ¡BAM! ¡BAM!
-¡Señorita Maltisse! ¡Señorita Maltisse! ¡¿Esta bien?! ¡Abra por favor!
-*¡BAM! ¡BAM! ¡BAM!

Suspiré aliviada al reconocer la voz de la vieja Celes tras la puerta. Vecina y amiga de la familia de toda la vida. Entrometida y dada a soltar la lengua, no me gustaba tenerla cerca, pero reconocía de ella que se preocupaba sinceramente por la salud y bienestar de mis hermanos y mía. Nos había visto crecer desde muy pequeños y aun nos saludaba y detenía en la calle para preguntarnos con singular fervor sobre nosotros y lo que hacíamos.

-¡Un momento por favor; señora Celes!-

Con una manta cubrí los recipientes de barro y cal; me sequé el sudor con el dorso de la mano y me eché encima un abrigo de trabajo.  Abrí la puerta sólo lo suficiente para que Celes pudiera verme la cara, pero tratando de evitar que pasara o viera el interior.

-¡Señorita; Aunque sea más largo!-  me recriminó tan pronto aparecí tras la puerta; luego, cambiando la voz a un ensayado tono de angustia continuó. –Es que pequeña; oí ruidos en tu jardín y me asusté. Pensé que podía ser un ladrón… o peor… ¡Una criatura!- Entonó eso último deliberadamente para ver mi reacción; reacción que he ensayado una y otra vez; llevándome la mano a la boca sorprendida.

-¡No diga eso! Y que jamás el señor de la luz lo permita en mi casa ni en Tirian le Rain.-

-Que jamás el señor de la luz lo permita en mi casa ni en Tirian le Rain.- repitió Celes; luego prosiguió. –Pero niña, que haces a esta hora levantada, ¿Que no sabes qué hace mucho que anocheció? Y estás llena de tierra, y lodo en tus botas.-
Celes empujó la puerta con fuerza hacía dentro y sentí su cuerpo inclinarse delante como tratando de asomarse, pero su intento no tuvo mayor éxito, pues su pequeño cuerpo no podía generar mucha fuerza y yo tenía la puerta bien sujetada.

-Quiero sembrar plantas en mi jardín para que haya más fresco dentro de la casa; señora… ¡señorita! Celes, así que estoy haciendo hoyos con una pala en el suelo, es por eso del lodo y la tierra, pero gracias por avisarme, en realidad, cuándo una no puede ver la luz del sol, y en un clima como el de la aguja, es complicado distinguir entre el día y la noche. Le agradezco por avisarme y le prometo que me iré a la cama de inmediato…-

La anciana farfulló un sonido de incredulidad, pera la carta de la ceguera siempre funcionaba contra ella y contra muchos; me puso la mano caliente en el rostro y con una voz de sincera pena se despidió con un simple “cuídate niña.” y luego llevó su cuerpo cansado hasta el portón de su casa. Esperé con la puerta abierta mientras la mujer caminaba, escuchando el eco de sus débiles pasos en la soledad de la noche. Celes aún se entristecía al pensar en mi accidente; mucho más aun de lo que yo lo hacía.

Cerré la puerta  y di vuelta hacía mi terreno. Con la ayuda de mis padres y un poco de mis propios ingresos, había sido capaz de hacerme con esta propiedad. No era mucho, pero me bastaba. Justo ahí, dónde estaba, era el jardín. Con su portón hacía la calle. No era un jardín muy grande, y en realidad, no podría llamarlo jardín; era más bien; mi cementerio de práctica; ahí enterraba y hacía crecer mis “creaciones.” Hacía el fondo de la propiedad, se levantaba una robusta casa de piedra y barro. Con paredes gruesas y gruesas tablas empotradas como techo. No tenía lujos, ni era grande, pero sí cómodo como para andar sin cuidado de darse en los pies con la esquina de algún mueble. A pesar de que a mí no me hacía falta, la casa estaba bien iluminada; más por capricho de mi padre que por decisión mía.

A un costado de la construcción principal y casi pegado se encontraba mi caballeriza. Era un establo con cupo para 8 o diez caballos; aunque de mi propiedad eran sólo 4, el resto de los cajones los usaban mis hermanos y mi padre, pues ahí descansaban sus caballo durante las jornadas que trabajaban en la herrería. Cabe mencionar que, la herrería de mi padre se encontraba en la misma calle, a pocos pasos desde la entrada principal de mi casa compartían un acceso por el sótano. Acceso que nos vino conveniente el día que los demonios atacaron.*(*El colmillo de hielo.)

Aunque por la noches era regular que sólo yo habitara esta propiedad, Kavi “el poeta” venía todos los días desde muy temprano y cuándo se iba lo hacía ya bien entrada la noche. Kavi era el caballerango de la propiedad, amigo y guardaespaldas. Kavi era “Innalí;” un gitano, músico y poeta; de facciones bien definidas y anguladas, tan alto como yo y casi siempre olía a “edelweiss” o flor del “noble blanco.” Su voz era grave y bien entonada, lo suficiente como para comandar y domesticar caballos. Siempre he imaginado a Kavi con la piel cetrina, cabello negro y  los ojos amielados, aunque esto es especulación.

Por su herencia Innal; Kavi era un músico notable, además de gran cantante y con mucho amor a a la tierra; era además un buen luchador, dominaba el arco y el sable curvo; aunque en realidad, en el tiempo que trabajó con nosotros nunca supe de una pelea, los rumores decían que era un gran espadachín. En principio, se mostró un poco renuente a mi trabajo, pero aprendió a acepjtarlo con el tiempo. Muchas noches que hemos compartido desde que llegó a la casa se han ido en beber, bailar y cantar entre risas y lágrimas, pero esa noche no. Esa noche estaba sola.

Esta noche seguiría trabajando en mis experimentos; en privado.

La posición del sol me dijo que era más de medio día cuando por fin salí al jardín. Kavi estaba bañando a Skkyge en las caballerizas y el portón grande a la calle estaba abierto y mi tienda de tela dispuesta.

-Buen día.- Saludo Kavi amablemente al verme. –Ya he dejado todo listo, espero que tenga muchos clientes hoy; señorita; Valerie.

-Estaré lista en un momento.- Respondí.
Kavi me hablaba con familiaridad refiriéndose a mí por mi nombre, pero con respeto hablándome de “tú.” Eso me hacía  gracia.
Regresé a mi habitación para alistarme, me asee e hice mis necedades; tomé una merienda ligera que Kavi ya había preparado. Me vestí y arreglé el cabello asegurándolo con un pasador con cascabeles y justo había terminado cuándo la campana del portón sonó.

Salí a prisa tomando un bastón para aumentar el dramatismo de mi ceguera  y detuve al gitano que ya se dirigía a recibir al cliente; -Yo me encargo.- le dije y fui a la tienda.

A cada paso que me acercaba el eco de mis botas me regresaba los contornos de las cosas en derredor, incluido mi comensal y su caballo. Ya un poco cerca, giré la cabeza deliberadamente para hacer sonar los cascabeles en mi tocado y saber un poco más.

Era un varón, de más o menos un metro con setenta; estaba de pie, llevaba una espada y un escudo, además, estaba sorprendido, pues tenía la boca abierta.

-Buen día, mi buen señor. Dije con ensayada amabilidad.- ¿Que lo trae por aquí? ¿está interesado en conocer su suerte? ¡Oh vamos! Que mi ceguera no lo sorprenda ni desanime, le aseguro que hay muchas cosas que puedo… “…ver.”

Me dirigí hacía el caballo de inmediato, y palpé su pecho, cuello lomo disimulando esta revisión con simples caricias; el hombre me seguía con la mirada sin aun saber que decir. –Buen animal.-  Le dije.
Torpemente el hombre me regresó el saludo, lo pensó un poco más sin estar seguro que deber hacer hasta que por fin se decidió a ayudarme. Me tomó por el bazo y al momento puse mi mano sobre éste.

-Sí. – Dijo por fin. –Quiero saber el futuro.- Finalizó remojándose los labios.

-Está bien; ahora sabremos si lo puedo ayudar, venga a mi tienda por favor.-

Entramos en la reducida tienda de cortinas purpureas. Sólo había dos sillas ahí, encontradas y separadas por una pequeña mesa en dónde había un mazo de naipes y doce piedras minerales, un cuarzo, un rubí, un diamante, una piedra de oro, ámbar, amatista, ópalo, ónix, un zafiro, una esmeralda y una perla, todos en bruto y el eco de mis pasos me dijo que la cabeza del hombre se había quedado estática y mirando en dirección a las piedras y su pulso me dijo que  consideraba su suerte si me robaba y escapaba.

-Tome asiento por favor; debe estar cansado por el largo viaje; ¿Cuánto ha sido? ¿Media mañana quizás?-

Tomé asiento bajo la mirada especulativa del hombre, que después de mí se sentó también.
-Frente a usted, mi señor, hay doce piedras, y de entre ellas, debe escoger dos. No podrá llevárselas, pero deberán permanecer frente a usted todo el tiempo que dure esta sesión.-

El hombre echó un último vistazo al juego de rocas y luego escogió dos, la piedra de oro y el rubí. Tomé entonces las restantes una  a una con cuidado y las guardé un mi bolsillo. Sólo con este pequeño juego ahora sabía que mi interlocutor era un mercenario poco culto y con poca experiencia. Sabía además que los detalles no el eran importantes. Sabía que no había viajado mucho o al menos que no había viajado muy lejos y que no tenía pensado hacerlo. Sabía también que no sentía en realidad alguna afinidad o gusto por la naturaleza o animales y en su lugar gustaba del combate y del dinero, eso, entre otras cosas.

Le pasé luego el mazo de cartas y le pedí que lo revolviera y luego apilara mientras se concentraba en aquello que deseaba saber.  El tiempo que tardó en hacerlo me dijo que era un hombre desconfiado, arrojado y poco paciente, lo que era congruente con su acelerado pulso y el temblor de sus piernas.
El sonido de su respiración me hacía “ver” lo suficiente dentro de la angosta tienda, pero aun así, sacudí la cabeza haciendo sonar los cascabeles, para asegurarme de que si algo salía mal, iba a tener con que poder defenderme; y sí, tenía.

Tomé entre las manos las cartas y sacando desde arriba, coloqué seis de ellas en la mesa frente al hombre dibujando un sello extraño. Siempre, desde la primera vez que hacía esto, mi propia afinidad mágica “despertaba” sin yo siquiera intentarlo.  Podía sentir cierto desgaste y como mi sombra se iba haciendo más pesada, como si se moviera por sí mismo. Las personas afines a la magia incluso, podían sentirla si se encontraban lo suficientemente cerca; aquellas personas que no lo eran, quizá sólo sentirían un “poco cargado” el ambiente.

-Estas son las cartas que anticipan tu suerte próxima, con respecto a “eso” que tenías en mente conforme revolvías las cartas.
Lentamente tomé la primera carta que antes colocará y le di vuelta.

“-El juicio.-” Dije.

-¿¡Pero qué mierda!?- dijo exaltado. -¡No eres ciega sino impostora! ¿¡Cómo puedes saber que carta has sacado si no puedes mirarla!? – El hombre se irguió violentamente y por la pequeña corriente de aire que sentí  supe que abanicaba su palma cerca de mi rosto.
Dejé en la mesa las cartas, levante la cabeza y abrí los ojos, clavándolos justo dónde estaban los suyos, mostrándole el blanco y nuboso de mi mirada.

-Le aseguro mi buen señor que no puedo ver; y aun así, soy capaz de saber muchas cosas. Este mazo de cartas ha estado en mi familia por tres generaciones, le aseguró que conozco cada carta sólo por la energía que emana; es por eso, que le he pedido a usted que las revolviera, pues, aun ciega y los naipes con la cara hacía abajo, yo sé cuál es cada una. Por favor no le estoy timando; tome asiento y seguiremos…

A regañadientes y aún menos confiando que antes el jinete regresó a su lugar. y puso el codo derecho sobre la mesa mientras tamborileaba con los dedos sobre sus piernas. –¿Bueno… qué es esa carta…?¿Es bueno o es malo?- dijo apresurado y molesto.

-Las cartas no son buenas o malas. Son quizás, en el mejor de los casos, una guía de eventos que pueden venir a usted, a modo de que esté preparado y tome la mejor decisión cuándo el tiempo llegue, señor. Por ejemplo; El Juicio, es una carta que nos dice que pronto habrá un cambio en su vida. Uno drástico y muy importante, pero este cambio se basa en una decisión que usted debe tomar.
El juicio nos habla además del porqué de sudecisión; es decir, si toma una determinación por las razones equivocadas, su juicio será equivoco, y el resultado desfavorable para usted… … si por el contrario, sus acciones se basan en razones correctas, entonces el juicio será favorable y le puedo asegurar que le traerá cosas buenas… ahora dígame; ¿esto tiene sentido para usted? ¿hay alguna decisión de importancia que deba tomar y qué haya pensado mientras revolvía las cartas…? …¿Un trabajo… quizás?-

El hombre, un poco más crédulo se echó hacia atrás haciendo rechinar la pequeña silla dónde estaba. Se quedó callado por un momento y luego habló.

-Pues sí… hay un trabajo… pero… -¿Cuál sería una mala razón… para… decidirme?-

-Bueno, señor; hay muchas. -Dije sonriendo mientras pasaba la mano sobre la siguiente carta. –hacer daño a una persona inocente siempre es una mala razón; incluso actuar por mera codicia o impulsivamente pueden ser malas razones también. Aunque por supuesto, esto es relativo; un hombre que roba por codicia será severamente juzgado, mientras que uno que lo para alimentarse o alimentar a su familia puede ser incluso recompensado; todo depende. Cada persona conoce su realidad.-

El hombre bufó y exhaló con fuerza; parecía ahora mucho más molesto que antes. Cómo si hubiera tocado una fibra sensible con mis palabras.

-Dígame señor, este trabajo que piensa realizar… ¿que ganará de él? ¿Cuáles son sus motivos?-

-Eso no te importa maldita bruja… - dijo fingiendo calma pero sin esconder el enfado- ¿Qué más?

Voltee la siguiente carta para que el hombre pudiera verla. “La torre.” Y el hombre se echó de nuevo para atrás y soltó una leve risa.

-¡La torre!- dijo. -¡No me esperaba que las cartas fueran tan directas! Y yo que pensaba que iba ser una campaña en el bosque… -

-“Campaña.” ¡Oh no! No señor, por favor no se confunda. La torre no anticipa en realidad un escenario en su vida; al menos, no un escenario que se “pueda ver.” Pero sí, afortunadamente la torre es un buena carta para que nos haya salido justo ahora, después del juicio; pues vaticina caos y desgracia.-
-¡¿Desgracia?! ¿Cómo mierda puede ser eso una buena señal?- Dijo el hombre, que por el tono de su voz se oía nervioso e irritado.

-Pues sí.- Dije alzando la voz por primera; luego, regresado a mi tono normal seguí. –porque aun no has realizado la acción. Ahora que sabes que se avecina un mal sobre ti, puedes tomar la decisión correcta y salir bien librado, ahora, aun estás a tiempo.-

El hombre soltó una risa. –No, ya no. Mi decisión está tomada, lástima que no verás como te equivocas, maldita bruja ciega.-

El hombre se levantó y yo detrás de éste. –¿Estás seguro de seguir con tu decisión?- Dije sin poder ocultar los nervios en mi voz.-  Ya sabes que no te irá bien.- Di un paso atrás y quedé junto a la cortina mientras pude oír entre nosotros el sonido de una hoja deslizándose por el interior de una vaina de cuero.

Con violencia le lancé la mesa dónde estaban las cartas al mismo tiempo que tiré de un cordón que colgaba del travesaño de las cortinas, éste, zafó con ese tirón los seguros que sujetaban las cortinas a la estructura metálica dejándolas caer al mismo tiempo al tiempo que de entre ellas surgía mi antes oculta guadaña. La sujeté con sendas manos y di un paso atrás sin darle la espalda al hombre que sorprendido y cegado por la intensa luz de la tarde de Tirian que caía sobre él.

-¡Maldita!- Gritó el hombre justo cuando daba un paso hacia mí. Luego, el sonido sordo de una punta clavándose en su carne, el sonido del metal chocando en la loza y un quejido de dolor.

-Valerie, ¿Estás bien?- Dijo Kavi acercándose a nosotros mientras tensaba nuevamente la cuerda de su arco. Afirmé con la cabeza sin decir nada. Agité la guadaña sólo lo suficiente como para hacer sonar los cascabeles en ella.  Cinco tonos distintos me hicieron saber que el hombre estaba con una rodilla en el suelo, con una mano se sujetaba la pierna justo dónde la flecha había penetrado y la otra, con la palma sobre la empuñadura de bastarda en el suelo.

Rápidamente lancé un barrido por el suelo con la enorme hoja de mi arma y golpee su espada lanzándola unos metros a mi izquierda, con un giro en forma de “8” regresé la hoja de mi arma y la coloqué justo bajo su garganta.
-Ve por el caballo de este infeliz y cierra la puerta.- le dije a Kavi quien reaccionó de inmediato. –Vamos a hacer cantar a este pájaro.-

Presionando sólo lo suficiente en la barbilla con la hoja de la guadaña, el hombre se levantó. Kavi entró rápido con el caballo y cerró la puerta, luego se puso detrás del hombre adolorido y desarmado. –Listo.- Dijo con una voz que hacía parecer que todo ese circo estaba ensayado o había salido del guión retorcido de una loca;  retiré la hoja de mi arma y con un fuerte golpe del pomo de su empuñadura Kavi hizo caer de nuevo al hombre, ahora inconsciente.

El hombre despertó con las manos encadenadas a una argolla en la pared, la posición lo obligaba a estar de pie. Estaba encerrado en algo tan malo o peor que una celda. Cuatro paredes bien gruesas y una sola puerta de metal robusto y pesado. En el suelo, un hoyo de desagüe que iba al drenaje de la ciudad y como adorno sangre en las paredes y un penetrante olor a cadáver y a alcohol. Por si fuera poco, estaba desnudo.

Yo estaba en el cuarto al lado, esperando que despertara mientras terminaba de alistar algunos materiales y de pronto, el murmullo apagado de su adormecido despertar se convirtieron en para aumentar el dramatismo. Llevaba en la mano un papel, mismo que le habíamos encontrado al tipo entre las ropas. Me paré frente a él y le puse una mano en el pecho. Su pulso acelerado y frío de su cuerpo me dijeron lo asustado y desconcertado que estaba.

Abaniqué el papel en su rostro. -¿qué es esto?- pregunté con seriedad.

El hombre tartamudeó un momento y luego tiró de las cadenas que sujetaban sus muñecas en un esfuerzo por demás inútil. Al notar que no podría zafarse habló: -Es un trabajo, me lo dio un hombre que encontré en el camino. ¡Le juro que no sé nada más que lo que dice ahí!

-Dice que hay una gran recompensa… y la ciudad negra no es una ciudad segura… ¿Cuál es?- Pregunté.

¡Ya le dije que no sé nada más que eso! ¡déjame salir!- Respondió.

El interrogatorio se extendió por una media hora más sin que en verdad poderle yo sacar al hombre ninguna información de importancia.  –Sí, te dejaré salir. Pero no hoy; mañana. Te daré lo que resta del día para que pienses en tus acciones y veas lo que has hecho mal. Por cierto, debo decir que me que daré con tu saco de monedas, como pago a una rápida y acertada adivinación. También me quedaré con tu caballo, espada, escudo y ropa, eso como compensación al gravísimo daño mental que me ha provocado tu intento de asalto; ahora, duerme un poco, hombre que estarás cansado.-

Salí de la habitación directo a la caballeriza dónde aun estaba Kavi. –Kavi, prepara el carro y los caballos, partimos mañana a la ciudad negra. ¿Qué día es hoy?-

-Miercoles, Valerie.-

-Perfecto, saldremos con la caravana de comerciantes, nos viene como anillo al dedo el viaje en compañía y la protección extra. Voy a avisarle a Randor que partimos con ellos, ese viejo mercader se molestará si sólo nos ve llegar. Me llevo a Skygge; no tardo.-

Antes de salir regresé a mi habitación y me cambié el vestido por los pantalones y botas de montar. Me eché una capa gruesa de piel de oso sobre la túnica de algodón que llevaba y regresé a la caballeriza dónde el negro y potente frisón ya ensillado me esperaba. Monté con la ayuda de Kavi y salí por la avenida principal en dirección a la casa del líder de mercaderes.


-//-

Al día siguiente antes de que el astro rey se instalara en el firmamento, la caravana ya hacía su lento desfile por las calles de tirian con rumbo a la ciudad negra. 23 carromatos con productos varios, al menos unas ochenta personas y aun más caballos integraban el grueso contingente y entre ellos, mis caballos mi carro, Kavi y yo, con ánimos de un viaje placentero a un destino que po seguro sería todo lo contrario.

-¿No cree que se has sobrepasado; Valerie?- Preguntó Kavi con genuina preocuación.
-Para nada.- Contesté confiada. –debería de alegrarse el hombre ese, pues no sólo le he dejado vivir, sino que le he atendido la pierna y gracias a eso no morirá desangrado.

-Pero lo has dejado desnudo, ¡en Tirian! Si no muere por la herida, morirá por el frío; además, le has tallado el cuerpo con… ¡con eso!-

No pude evitar soltar una risa traviesa. Antes de sacarlo a la calle le había pasado por el cuerpo desnudo “Ortiga,” que para los conocedores de botánica es una planta con el tallo cubierto de una vellosidad que al contacto con la piel produce un fuerte escozor o “urticaria.” Con esto, y sin ropa, había lanzado al hombre con los ojos vendados desde el carromato directo a la calle; cerca del centro.

-¡Oh vamos! El intentó atacarme con una espada. ¡A mí! ¡Una pobre e indefensa mujer ciega! Además, a esta hora, ya debe estar dándose un baño en las celdas de la infantería.-

Kavi sonrió por lo bajo. –Bueno, bueno. Cambiado de tema, a qué viene ahora que te hayas animado a buscar en la ciudad negra el trabajo que iba a hacer este hombre, ¿no le habías vaticinado sólo desgracias? ¿No te asusta que ahora su suerte será tuya?-

-Kavi, bien sabes que yo no sé leer el futuro, y que además no creo en esas tonterías de leer las cartas.-

-Kavi rió con más fuerza. –¡Eso es una estafa! -Dijo divertido.

-¡Qué va! Si yo les digo justo lo que quieren escuchar…-
 

-//-

La ciudad negra nos acogía en su ceno, con la frialdad y la inseguridad de la gente desconfiada y acostumbrada a luchar. La caravana tenía su campamento en una plaza destinada a comerciantes, y los carromatos dibujaban un círculo perimetral. La gente, descansaba dentro del círculo y sobre los carros, vigilantes. Los mercaderes de Tirian eran de los pocos que se atrevían a venir a esta ciudad, y los que venían contrataban mercenarios como guardaespaldas, aunque la mayoría de los propios dueños eran bien versados con espadas y arcos.

Algunos, traían telas y ropas ya confeccionadas, otros, llevaban especias, pan y otros tipos de alimentos, los menos, proveían armas de calidad media siendo estos los que mejores ganancias tenían a pesar de ser los que eran asaltados con mayor regularidad.
La venta, tenía lugar sólo en las horas en las que el sol brindaba luz, una vez comenzaba a caer la noche, todos recogían sus cosas y trataban de ponerlas a buen recaudo, preparándose para la noche. Este campamento, duraba entre 3 y 15 días, dependiendo del nivel de ventas de cada uno de los comerciantes que marchaban juntos de regreso, tal como habían llegado.

Por mi parte, yo no había llegado con el propósito de hacer negocio y vender mercancías. En mi carromato, en vez de bienes, descansaban en sendas macetas un par de homúnculos que según mis cuentas, nacerían un día antes de la fecha mencionada en la carta. Por si la prevención fuera poca, tenía bajo mi sombra la sombra de un tercero, que por sus cualidades felinas, me sería de ayuda en caso de verme en una pelea.

Durante el día, acompañada por Kavi caminábamos por las avenidas de la ciudad; largas eran las caminatas y de vez en vez nos deteníamos en alguna posada que no diera tan mala pinta para rellenar las botas de agua. Dejábamos los caballos y el carro dónde Randor y bajo su cuidado, pues estas caminatas no podíamos hacerlas a caballos, el por qué era simple. Sobre una montura, mis pasos no reconocerían las calles y el olor del caballo me confundiría el olfato; así que andábamos a pié, reconociendo las calles y los olores de cada zona de la ciudad por dónde íbamos, así como el sonido de sus habitantes y su movimiento.

Mientras yo me concentraba en los olores,  sonidos y quizás algunos rumores,  el gitano que me acompañaba se esmeraba en relatarme detalles que pudieran ser de utilidad, como la ubicación de posadas y tabernas. Muy a su manera, se esforzaba por “hacerme una pintura” de la ciudad. La compañía de Kavi me era muy preciada, pues era él también quien me detallaba las cosas que el eco del sonido no me dejaba claras.

La última noche antes del día de la cita en “los dragones gemelos,” mis dos preciosas criaturas emergieron del barro y fango de las macetas. Para Kavi, más que maravilloso este espectáculo le resultaba sumamente grotesco y vomitivo. El olor del saco de las criaturas con sus cuerpos húmedos por la membrana que los contenía era asqueroso. Sus sonidos y quejidos guturales y su pálida piel, en conjunto con su manera de nacer, debía hacerlos parecer deformes bebés humanos reanimados con magia. Para mí, el milagro de la vida.

Para horror y asco de Kavi, palpé sendos cuerpos con detalle académico. Debía saber el volumen de cada uno así como su temperatura. Los sequé a ambos con un trapo y de inmediato llevé a uno, el que al tacto parecía más deforme y lo llevé a la mesa de trabajo. Lo medí, tanteando, lo pesé. Tomé medidas de sus extremidades y conciencia de ellas. Muy a su pesar, le hice una incisión leve en el hombro, por el lado de la espalda, sangró.

-Kavi, ¿de qué color es la sangre?- dije apuntando con el dedo manchado de sangre justo a su rostro.
-Es roja, pero parece desteñida, como más clara de lo normal.- dije tragándose el vómito.  
El olor de la sangre era dulce. No debía ser dulce, seguro, esta criatura moriría por enfermedad.
Comprobé además reflejos ante el contacto y para medir reacción a la luz y la dilatación de sus pupilas necesite la ayuda de kavi.  Sus articulaciones estaban bien, pese a tener el lado derecho del cuerpo mucho más grande que el izquierdo; todo normal en este, salvo que su movimiento estaba limitado por su deformidad, que no padecía frío y que su umbral de dolor era muy elevado.

Tomé pues al segundo, cuyo cuerpo era mucho menos deforme y se sentía simétrico. Las pruebas fueron iguales con resultados diferentes. Este segundo parecía más “vivo,” se le notaba nervioso y curioso, su voz intentaba imitar los sonidos de mis peticiones a Kavi y sus manos perfectas se movían sin cesar tocándolo todo. En contraste, su umbral de dolor y fuerza eran menores. Sin duda, la criatura más estética que había creado.

La esencia mágica insuflada en su saco de gestación los hacía reconocerme inmediatamente como su madre, pero además, me dotaba con el poder de la autoridad sobre ellos, siendo que el vínculo nacía formado y fuerte, haciéndolos temerosos y obedientes de mis órdenes.

Los dejé hacer solos luego del análisis de su nacimiento. Kavi se había marchado a respirar aire fresco en la noche y quizás no regresaría al carro por muchas horas. Los dos homúnculos comenzaron a andar por todas partes dentro del carro, explorando y reconociendo mientras yo, tomé un volumen de entre mis propios escritos y pasando la mano sobre las blancas comencé a leer. Encontré pues el registro de ambos experimentos, y siguiendo dónde me había quedado, comencé a tallar en las hojas los detalles del nacimiento de cada uno.

-//-

-Es hora.-

Dijo con brusquedad Kavi tomándome por el hombro. Instintivamente abrí los ojos, aunque lo que pude ver era tan negro como tener los ojos cerrados. Me tomó un momento reaccionar y saber dónde estaba, y porque me dolía la espalda, el cuello y la cabeza. Me erguí con lentitud y puse la mano sobre lo que había sido mi almohada. Cansada; me había quedado dormida sobre mis tomos a sin terminar mi descripción. Por fortuna, la filtración de saliva que emanó mi boca por la noche no habían dañado las tallas ni todo el pergamino. Tantee la mesa, luego la mano de Kavi y luego mi rostro y cabello. Todo estaba horrible.

-Gracias, Kavi, dame un minuto estaré lista en breve.-

Kavi salió del carro cerrando tras de sí la puerta. Aproveché el momento la lanzar un pesado suspiro y darme unas ligeras bofetadas para acabar de despertar. Me asee rápidamente con trapo humedecido con una solución de mí invención, al menos para quitarme el olor a feto de encima. Me puse los pantalones y las botas de montar con espolón. Así mismo, me puse una túnica algodón bajo una camisa  un poco más gruesa, una chaqueta larga de piel de oso y una capa igualmente de piel de oso. Media cola en el cabello con el pasador con cascabeles bien sujeto. El sombrero de ala ancha y la guadaña.

Posé las manos sobre la tierra en las macetas.

-Vamos.-

Ambas criaturitas se levantaron de entre la tierra y con un solo movimiento de mano, entraron en las alforjas de skygge. Me colgué las alforjas del caballo en un hombro y del otro lado la guadaña. Salí del carromato y Kavi ya tenía listas a las dos bestias; Skygge, mi favorito y Iago, el que llevaría el gitano. Antes de partir definitivamente, fue con el mercader de Tirian que había venido con armas, y calculando el largo con mis palmas, compré un par de cuchillos de empuñadura corta, uno de cerca de 23 y el segundo de unos 30 centímetros contando 15 de hoja en el primero 22 en el segundo.  Luego de los últimos arreglos, montamos con dirección a “Los dragones gemelos.”

Atamos los caballos al abrevadero fuera. Con un par de fuertes pisadas y después de sacudir la cabeza un par de veces, tenía una idea más o menos clara de las dimensiones externas del lugar, el alto de sus paredes y lo amplio de su puerta. Kavi se colgó las alforjas de Skygge en los hombros, con los homúnculos dentro y los cuchillos que compré; y se aseguró de llevar la espada, y el arco y el carcaj. Por mi parte, en el cinto yo sólo llevaba mi daga adornada y en la mano derecha, la guadaña. Sin más demora entramos.

Ocupamos desde que llegamos una mesa cercana a una pared lateral dónde no había ventanas, o al menos no entraba luz. Las alforjas en suelo bajo la mesa, las criaturas tranquilas. Kavi vigilante, nervioso, la guadaña con el filo envuelto y recargada en la pared al alcance de mi mano. Pedimos comida y bebidas, suficientes para todos y todos esperando; yo, confundida.

El lugar, cerrado y con paredes vestidas de madera y troncos era un abrevadero de ecos. La gente, ebria, llenaba el ambiente con sus gritos, sus risas, sus maldiciones confundiendo mi percepción, y luego, sus horribles olores. Estaba acostumbrada a soluciones a base de alcohol, al olor del sulfuro, del humo de carbón, de pólvora; al olor de la carne, fresca, viva o muerta, al olor de la descomposición y al olor de la sangre, ya nada de eso me hacía vomitar, pero el sudor de decenas de hombres encerrado; arremolinado con orina, vómito y cerveza hacían este lugar para mí insufrible.

Y esperamos.

Tomé al gitano por la mano y le dije serenamente.
-Kavi; si algo sale mal, y la situación se hace peligrosa aquí dentro, y no vez un escape con claridad; quiero que tomes tus armas y te alejes de mí.-

Por su pulso, supe que se había exaltado y seguí para calmarlo.
-No es que te pida que me dejes aquí, pero tomaré mi arma y estaré lista para defenderme; si estás cerca, no podré hacerlo con confianza. No te pido que sea mucho; 3 o cuatro metros me bastarán para moverme con libertad; trataré de no avanzar hacia ti.-  Al finalizar le sonreí mientras Kavi asentía.

 …El monótono bullicio dentro de los dragones gemelos comenzó a romperse por la acalorada discusión en una mesa cerca del centro del lugar. Navajeros, ladrones y mercenarios de la peor calaña se habían dado cita en este lugar y entre ellos, nosotros, y ahí; totalmente imprevisible, una botella quebrándose contra la cabeza de un comensal en la barra desató el caos repentino.

Sin poder detenerlo o anticiparlo, ese simple hecho desencadenó en el lugar una pelea grupal pero sin bandos; todos contra todos.

-¡Val! ¡¡VAL!!- Gritó Kavi mientras desenvainaba la espada para defenderse y se alejaba de mí. Para mí, todo era confuso, los ruidos y ecos viniendo de todas direcciones me impedían “ver” con claridad; frente a mí, sólo había una enorme masa caliente sacudiéndose con violencia en sus adentros.

Mucho menos confinada pero tratando de salir de la idiotez, tomé la guadaña que girándola con lances en forma de “8” me brindaba ambos, tanta defensa como ataque era posible. No tenía mucho espacio para maniobrar mi arma, y algunos lances rozaban las mesas o raspaban el suelo, pero al menos, tenía el alcance necesario para rebanar los sesos de quien osara acercarse. Bajo las mesas a ambos lados, un poco más adelante,  mis dos “bebés” deformes habían sujetado sendos cuchillos, se habían separado;  bajo mi comando, esperando, acechando. Listos para apuñalar pies y piernas de quien pasará a su lado.

Valerie Maltisse

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Re: Quebrando la balanza

Mensaje por Spider Demonsprite el Sáb Ago 09, 2014 8:40 pm

EDIT: Debido a un error de comprensión este post ha sido sustituido, se encuentra en el último lugar en la ronda, lamento mucho mi error. Disculpen.


Última edición por Spider Demonsprite el Miér Ago 13, 2014 11:03 am, editado 1 vez
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Re: Quebrando la balanza

Mensaje por Kineas Blar el Lun Ago 11, 2014 8:06 am

Una mañana como cualquier otra... o ¿era ya de día acaso?, lo sabrán los dioses, esta posada en Phonterek, de nombre Perro de Guerra, podría al menos poner una ventana en sus habitaciones, con lo que cobran...  Pero bueno, ya he pasado la noche aquí y quejarme de la falta de luz en la habitación no me regresara el dinero, al menos no en este establecimiento --Si tan solo fuera noble, seguro ellos nunca se quejan de la falta de iluminación--. Entre regañadientes me levanto del catre, a diferencia de otras partes de la habitación el catre se encuentra en mi buenas condiciones, considerando el tipo de clientela que recibe el establecimiento esto podría ser considerado una clase de milagro, lo tendré que reportar a la capilla.

Pasan varios minutos en los que termino de acomodarme la túnica, entre esos minutos aprovechó para revisar mis pertenencias, verificar que no te falte nada es una de las cosas primarias que tienes que realizar cuando eres mercenario viajero, no solemos visitar lugares con mucho renombre y estos lugares siempre albergan personas amantes de lo ajeno.
--Casco, aquí esta....Peto, aquí esta....-- Listo, no me hace falta nada, si bien creo que deje muy claro la noche anterior que no era la clase de persona que era conveniente robar o tal vez hice el ridículo y por compasión ninguno decidió robarme, fuese como haya sido para mí sigue siendo una victoria. Sin perder más tiempo, que luego tal vez me quieran cobrar otra noche, salgo de la habitación sin el casco puesto y con la lanza colgada en la espalda junto a mi escudo, a nadie le gusta ver a alguien con la lanza en mano en la mañanas, al menos no esa clase de lanza.


Bajando las escaleras para entrar a la taberna me topo con una peculiar escena: el cantinero y dos soldados de la guardia están entonando uno de los coros que cantan en la capilla, es evidente que están pasados de copas y ninguno de ellos se percata de mi presencia hasta que me siento en el taburete de una mesa cercana a ellos.
¡K-I-I-INEAS! ¡VENGA, UNETE AL CANTO!- ¿El cantinero sabe mi nombre? No recuerdo haberlo mencionado anoche...ah de las desventajas de la borrachera, debo tener cuidado de no revelar cosas en medio de mis ya familiares noches de parranda, siempre se me olvida.
Lo siento....- diablos, ¿cuál era su nombre? -Cantinero, yo solo tomo para llegar a ese nivel en las noches, prefiero estar ligeramente alcoholizado en el día.- En su cara noto la tristeza pero luego se le borra cuando uno de los guardias empieza a entonar otra tonada la cual no me suena familiar, será de las canciones regionales.


Ordene un caldo "especial" de desayuno, que resulto ser nada más que agua con patatas y un poco de pollo, por el precio creo que no podía esperar mejor. La camarera del establecimiento era la persona sobria entre los presentes, tal vez ella podía indicarme un lugar en la ciudad donde podría encontrar algún trabajo, llevo varias semanas sin nada y las monedas me empiezan a faltar.

¡Disculpe, señorita!- Esto parece captar su atención, de igual manera soy el único cliente que no pide "otra ronda", estos guardias de la ronda nocturna podrían igualarme en aguante alcohólico.
¿Qué puedo hacer por usted?- Pregunta la camarera
Vera que como usted podrá adivinar por mi rudimentaria, soy un mercenario, pero no soy nativo de estas tierras y no sabría yo donde encontrar un lugar en el cual se pueda requerir de mis servicios... ¿sabrá usted de un sitio?- Espero su respuesta con una sonrisa, espero que no lo tome como flirteo
Bueno...uno de nuestros clientes...- Se acercó a mi odio para susurrarme- El personaje que se encuentra en la mesa de la esquina lleva desde la mañana aquí, menciono que esperaba encontrar mercenarios, tal vez usted pueda ayudarle.- Metió su mano derecha en el delantal – Para mí me parece un personaje poco fiable, tenga cuidado-. Dicho esto la camarera se alejó de mi mesa para atender a los guardias que pedían más cerveza a gritos; Tome en mis manos mi lanza que hasta en entonces reposaba recargada en la mesa, tras acomodarla devuelta en la espalda, me levante y empece a caminar en dirección a la persona que menciono la señorita, en la mesa en la esquina.

Toma asiento, mercenario, tengo un trabajo que te podría interesar.- Por la voz puedo deducir que es un hombre, lleva una capucha que le cubre prácticamente todo el rostro así que a ojo no sabría decir si es hombre o mujer. ¿Qué hay con los misteriosos y las capuchas? podría usar una máscara, eso sí sería misterioso.
Mientras me encontraba sacando la silla para tomar asiento el personaje bajo su capucha para revelar una cara no muy particular, si los humanos tuviéramos un rostro genérico el suyo encajaría perfectamente, pero algo resaltaba de su rostro, unos profundos ojos de color turquesa, seguro este era su único encanto.
Kineas ¿verdad? - asentí con la cabeza, habrá escuchado el griterío del tabernero para saber mi nombre. –Veras, Kineas, vengo de  la ciudad negra, llamada oficialmente: Malik Thalish. – sus ojos se clavaron en los míos, rara es la vez en la que alguien logra hacerme cambiar la mirada pero hay algo en este sujeto que me da escalofríos, redirijo mi mirada a sus manos que descansan sobre la mesa.
Esta oferta de empleo la ofrece el mismísimo rey de Malik Thalish, quienes acepten este trabajo tendrán su favor y serán recompensados con todas las riquezas que se puedan imaginar. El Rey busca gente con valor y con poderío. Supongo, Tú encajas en esas cualidades, ¿verdad? – Regrese a cruzar mi mirada con la suya,  este trabajo sonaba demasiado bueno para ser cierto, pero… ¿Por qué alguien mentiría en algo así?, el Rey debería de estar muy desesperado para buscar mercenarios fuera de su reino, tal vez sus propios mercenarios no están a la altura de su tarea.
De acuerdo, hombre misterioso, tienes un nuevo mercenario al servicio de tu Rey. ¿Que deb- antes de terminar de preguntar el sujeto misterioso me interrumpió.
Aquellos que quieran formar parte del equipo deberán reunirse dentro de 10 días en la posada de los dragones gemelos, allí recibirán nuevas instrucciones. – Dijo, como si recitara una frase memorizada, probablemente lo era.  Sin darme tiempo de decir nada, se levantó del asiento y camino con rumbo a la salida. Si, misterioso define muy bien a ese tipo.

Soltando un suspiro regrese a mi mesa para terminar mi “sopa del día”.

Viendo ya terminado de revisar por segunda vez mis pertenencias,  parto en camino a Malik-Thalish. La señorita camarera fue lo suficientemente amable para brindarme direcciones, menciono que solo un tonto puede perderse pues los caminos tienen señalamientos, confiando en su palabra y para no darle más lata, me despido del tabernero, que sigue en su dicha con sus colegas los guardias.

Al abrir las puertas que llevan a un pequeño callejón por primera vez me puedo ver el sol y con unas pequeñas calculaciones determinar que era alrededor de medio día, si la camarera estaba en lo cierto posiblemente podría tomar una carreta que suele ir y venir a Malik-Thalish; Gracias a un paso veloz, y a que la gente no suele meterse con alguien con lanza en espalda, pude pasar rápidamente al otro extremo de la ciudad donde se encontraban el puesto de carretas. Lamentablemente el carromato ya había salido, el encargado me menciono que tiene otro carromato programado para dentro de unas horas.  Si nada más que hacer decidí sentarme a esperar el carromato y rezar para que tuvieran cupo para un mercenario que prefiere ir sobre mercancía que caminar los caminos de tierra.

Pasadas unas ¿tres horas? Nunca fui bueno calculando el tiempo transcurrido. El carromato llego sin mercancías, el encargado grito algunas órdenes para que lo empezaran a llenar nuevamente de mercancías, por lo que puedo observar la mayoría de estas son alimentos.

Señor Kineas! Tiene suerte, el carromato no va tan cargado, tiene espacio suficiente para llevarlo a usted. – ¡Gracias dioses! No me olvidare de decirles unos rezos esta noche, ahora haber cuánto me cobra por el viajecito
Gracias ¿Cuánto me va a salir…. –Interrumpido otra vez.
No-no-no-no, señor Kineas, yo le debería pagar a usted, siempre es bueno que un carromato vaya con protección extra, simplemente prométame que cuidara de que la mercancía llegue a salvo, esa es la cuota. – Dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
Bueno, se lo prometo entonces, no le pasara nada mientras este yo de pasajero. –Parece ser que este es mi día de suerte, mas rezos en camino mis Dioses.

En lo que los trabajadores terminaban de acomodar las ultimas cajas en el carromato, yo me entretuve mirando pasar a la gente que terminaba sus labores diarias -- ¿Podría yo un día vivir como un común? Posiblemente no.--

Una palmada en la espalda me saco de mis pensamientos, era el encargado, señalo el carromato.
Todo listo, mucha suerte. – Sin esperar respuesta, este se aleja y se pierde entre una multitud de trabajadores que esperan sus instrucciones.

Doy una última mirada a la ciudad antes de subir en la parte trasera del carromato, delante iba el jinete y, por su apariencia, un guardia; Sin más, partimos con rumbo a Malik Thalish.


Ocho días después.

Por fin llegamos a la tal “Ciudad Negra”. Durante el trayecto el carromato sufrió varias averías en sus ruedas. Acorde al jinete: “¡Esto pasa cuando llevas extraños de pasajeros!”. Pero fue el extraño quien ayudo a arreglar el viejo carromato, si no, posiblemente hubiéramos durado más tiempo en llegar. Pero bueno, lo pasado, pasado.

El tiempo de viaje, según habían mencionado mis compañeros de viaje, era de 3 a 5 días dependiendo el clima, así que es muy probable que quien esté esperando en la ciudad por estas mercancías se encuentre muy molesto. Por suerte ese no era mi problema.

La Ciudad Negra vive a su nombre, probablemente tiene que ver el hecho de que es de noche. Pero estoy seguro que de día también es igual de escalofriante. Unos dragones negros esculpidos en las murallas guardan la entrada a la ciudad y da la impresión de que estos vigilan cada movimiento que realizas,  posiblemente ese es el efecto deseado por quien sea que mando a poner los dragones; Pero mi visita a la ciudad no es de turista, si no de mercenario, así que acelero el peso buscando entre la niebla que inunda la ciudad la tal llamada posada -- ¿o era taberna? -- de los Dragones Gemelos, el punto de reunión que menciono aquel extraño individuo.

Cuando el carromato llega a su destino dentro de la ciudad, es mi señal para bajarme y buscar el punto de reunión. Me despido del jinete y el guardia con la mano, uno diría que alguien que paso tantos días juntos habría formado alguna clase de lazo de amistad, pero la verdad es que los dos eran idiotas y no esperaban por deshacerse de mí en la ciudad.

La neblina que cubre toda la ciudad en verdad pone a prueba mis ojos, ni idea como el jinete pudo encontrar su camino a su destino.  Yo batallo por ver un poco más de dos metros a delante, por suerte algunos faroles me sirven de guía para llegar hasta un hombre que se encuentra debajo de uno de estos.

Buena noche. – le digo amablemente – Si no es mucha molestia ¿me podría señalar donde se encuentra la posada -o taberna- que lleva el nombre “Dragones Gemelos”?. – En lo que espero su respuesta le doy un rápido vistazo a su vestimenta y a sus armas, nunca está de más verificar una posible amenaza.
Buenas, lo que busca está a unos pasos en esa dirección. – señalo mostrando un camino a su izquierda, al mirar no pude ver mucha cosa gracias a la niebla, tendría que confiar en su palabra.
Gracias, que pase buena noche. – Al no escuchar respuesta empecé a caminar en la dirección que me apunto. Fueron un poco más de 40 pasos los que tuve que dar para llegar a ver la posada Dragones Gemelos.

Esta no resaltaba mucho, o al menos no bajo la niebla, sin más preámbulo, abrí la puerta para adentrarme en la posada.

El calor del interior me pego de golpe en la cara, fue una de las sensaciones más agradables de todo el día. El olor y el ruido del interior fueron suficientes para alegrarme, una de las cosas que más disfruto de las posadas es su increíble ambiente, nunca me canso de pasar noches entre borrachos, son sujetos muy pintorescos.

Antes de irme a sentar en una de las mesas del fondo, observo rápidamente a los presentes, la mayoría pinta de rufianes, cosa que no es rara encontrar en posadas, pero las posadas para su clase de calaña suelen estar en los puerto, no dentro de las ciudades… Bueno, tal vez así es la vida en la Ciudad Negra.
Varias miradas se han encontrado con la mía mientras paso de persona en persona, parece ser que los ciudadanos de Malik Thalish no están acostumbrados a tener extranjeros en sus posadas, al menos no a extranjeros en armadura como yo.

Puedo notar que no soy bienvenido en este lugar, es mala idea quedarse a beber con estos sujetos aquí, mejor decido irme a dormir temprano, de cualquier forma el viaje me dejo muy agotado.

Décimo día desde que deje Phonterek .  Sigo todavía en la Posada de los Dragones Gemelos en Malik Thalish.

En mi estancia en la ciudad nadie se me ha acercado respecto al trabajo, si bien el misterioso dijo que en diez días debíamos reunirnos aquí, tal vez en la noche es cuando decidirá aparecerse, quien quiera que me contrato.

En el tiempo que estuve en la ciudad no logre salir a unos cuantos edificios de la taberna sin perderme, ¿Cómo la gente puede vivir en un lugar así? la neblina no parece desaparecer nunca; Gracias a la neblina pase esos dos días en la taberna, tomando, cantando y bailando. Tal vez nunca me ganare la confianza de esta gente, ni ellos la mía, pero al menos resultaron ser buenos compañeros de parranda.

Salí de mi cuarto, con todo mi equipo sobre mí, mi lanza y escudo en mi espalda, si hoy no se presentaba nadie me iría a otra ciudad; Hoy parece ser un día normal, con la única diferencia de que hoy es el décimo día desde que acepte este trabajo y por tanto hoy sabré si acepte un trabajo falso o si atrape una gallina de oro.  Las primeras horas del día se van volando, gracias a que me entretuve viendo a tan peculiares personajes entonar canciones que nunca había escuchado. Hoy decidí no tomar, si bien me hubiera encantado, es mejor no estar nublado por el alcohol en caso de que alguien si se presente y me de "mas información" sobre el trabajo.

Así pasan las horas hasta que, según mis uno de los presentes, era el atardecer, ni idea como lo saben con la niebla. Miró por la ventana para verificar la hora del día, al recordar que lo único que se ve es neblina cambio mi mirada a la barra, donde aparentemente se esta juntando una gran cantidad de personas. De la nada y sin provocación aparente hombre le revienta una botella en la cabeza a otro, en unos instantes el alegre ambiente se transforma en una batalla campal de todos contra todos. --Ahhh...por esto nos ven mal a los bebedores.--

Sin pensarlo dos veces me levanto de golpe y pateo la mesa para colocarla frente a mí en forma de barricada. Rápidamente me acomodo el casco, y con un movimiento rápido de mi mano derecha tomo la lanza que se encontraba hasta este momento en mi espalda, con mi brazo izquierdo tomo mi escudo que le hacía compañía a la lanza en mi espalda.  Mi posición, estratégicamente hablando, es segura, la pared me cubre la espalda y me deja libre para vigilar mis flancos y delantera sin tener que preocuparme de un ataque por detrás.
Esperando a que alguno de los maleantes se percatara de mi presencia me pongo en posición defensiva, arrodillado, con el escudo levantado hasta mi barbilla y la lanza apuntando hacia delante.
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Re: Quebrando la balanza

Mensaje por Jester el Mar Ago 12, 2014 2:00 am

“Ríe payaso, ríe, que tu carcajada aleja tu lamento, que tu maquillaje cubra tus lágrimas de amargura… porque lloras y sufres, aun cuando ríes para otros, para ti solo hay lamentos y corazones rotos”

Jester, Al público Invisible.

Que curiosidad, que extraño y diferente, cuando el sol se eleva en lo más alto y el mercado está lleno de hombres y mujeres. El mercader ofrece sus telas, traídas de oriente, de las lejanas tierras de la arena y el viento sin par. El pescadero grita de sus mariscos, los cuales aún están con el agua salada del océano. El sonido de mil aves resuena, mientras dos hombres discuten por el precio de un par de ellas. Todo es curioso, todo es nuevo, pero para los ojos que han visto este espectáculo una y mil veces, parece un cuadro que no cambia y que solo se mueve con lentitud. Las mujeres caminan, con sus canastos llenos o casi vacíos, hay algunas que pueden comprar lo que desean y otras que solo lo que pueden costear unas pocas monedas de bronce. Mas no importa, entre sus faldas los niños juegan y ríen, así lo he visto yo, que como un viejo he pasado largos años sentado en esta pileta. El agua corre, con su suave cantar, siempre la misma, siempre sin detenerse, solamente cuando llegan las grandes tormentas su voz se apaga, silenciándose por otra más potente. Algunos niños vienen a veces y juegan ene l agua, hay risas y alegría, divina juventud y niñez, que como siempre, alegra este cansado corazón. Mas creo que debo iniciar este relato, como si fuera un viejo juglar o relator y es que es una historia bastante antigua, y quizás no muy conocida… más les puedo decir, que su final aún no está escrita y el bufón aun camina y corre por estas tierras, a veces de verde y otras de rojo… más cuando es purpura, mejor ocultarse y guardar silencio, porque está buscando algo para saciar lo que su corazón anhela, que no es nada que este mundo puede ofrecer…

Y así debo iniciar… así debo de comenzar esta historia, como todo relato existente… y empieza de esta forma.

“En un pequeño pueblo… había un bufón…”

Y el rio corría por medio del pueblo, moviendo el molino. La gente era feliz, risueña, las cosechas buenas y abundantes, pero aun así… había algo que temían y era el bosque cercano, desde épocas de sus abuelos, aquel bosque había sido objeto de muchas leyendas y mitos, se decía que nadie que entraba volvía a verse nuevamente y que ni los animales se acercaban a él. De todas formas, cuando era necesario, algunos hombres talaban los arboles más exteriores, sin internarse. En los últimos días, había sucedido algo sin precedentes para el pequeño pueblo, había llegado un extranjero. Si bien los mercaderes no eran raros y eran más que bienvenidos, aquel individuo era extraño y curioso. Había llegando tocando una pequeña caja con una curiosa música, y sus ropas se alejaban de cualquier normalidad, como si hubiera saltado de algún sueño o pesadilla para caer en la tierra frente a ellos. Los cascabeles de sus ropas sonaban y parecía reír, sin detener en correr, saltar y dar piruetas, algunos estaban extrañados, otros lo veían con gracia, los niños parecían asombrados y entretenidos.

El individuo en cuestión se detuvo cerca de la gran plaza del pueblo, donde se sentó y sacando un par de esferas de sus ropas, comenzó a hacer malabarismos con ellas, varias personas se acercaron, los niños especialmente, algunos comentaban, otros preguntaban, pero el individuo solamente respondía en acertijos o risas infantiles. Los malabarismos pasaron a ser trucos con cartas y estos después con espadas, de pronto no habían solo uno si no dos de ellos, como si de un espejo se tratara, haciendo acrobacias, caídas tontas y movimientos graciosos, los minutos se alargaron, y pronto la hora se cumplió, como si de una ilusión se tratara, uno de los bufones desapareció, en una nube de humo multi color con un extraño sonido chillón, los niños rieron y más de uno se asombró. El arlequín sonrió o mejor dicho siempre lo hacía, su traje verde no dejaba dudas de ello, mas como siempre, su máscara ocultaba su rostro y cualquier expresión real tras esta. Una reverencia, una exclamación, y el bufón únicamente pidió algo de comer y algo de beber, ya que el viaje había sido cansador y muy largo.

Como pidió, algunos de los que el habían visto se habían divertido y estuvieron de acuerdo, una hogaza de pan, dos manzanas y algo de vino dulce y agua, eso era lo que había obtenido, el bufón agradeció y retirándose a un lugar más privado, se despojó de su máscara, mas su rostro no sonreía y sus ojos parecían rojos, muchas noches recordando el pasado, el pan mastico pero este no sabía tan bien como antes, el vino bebió, pero tan solo mojaba su garganta y no calentaba su corazón… las manzanas las guardo y como su el tiempo le persiguiera, volvió a ocultar su rostro tras la máscara, con temor de que alguien le hubiera visto. Nuevamente camino hacia donde había actuado, pocos habían ya, pero como si no le importara, simplemente siguió con su actuar, una pirueta, una acrobacia, aunque no había nadie viéndolo, el solamente tenía su público en su mente. Quizás actuaba para sí mismo o tal vez para la mujer que ya no le vería nunca más sonreír.

No pasó mucho tiempo que algunas miradas se posaran en los cascabeles dorados, en la simpática sonrisa o los trucos tontos y divertidos, el bufón traía algo de dicha a ese lugar, dicha que era más que bienvenida, más otros rostros, con arrugas y más sabios, parecían escrudiñar aquella superficie blanca y verde. Una reverencia y el acto termino, unas pocas monedas de bronce fue todo lo que acepto, mas con un verso el bufón se despidió, terminando su divertida actuación.

Soy un arlequín
Que vive por ti en la oscuridad
Siniestra sonrisa acongoja tu faz
Y de este tropiezo te vas a burlar....
Bufón hazme reír...

Soy un arlequín
Que vive por ti en la oscuridad
Lágrimas y risas comedia brutal
Un cómico iluso un triste juglar....

Soy un arlequín
Que vive por ti en la oscuridad
Ahora el sarcasmo es una enfermedad
No hay nada que pueda curar este mal...

Un aplauso se desato y la mayoría se retiró, quedando el arlequín simplemente con sus pensamientos y sus recuerdos, su máscara cambio, la sonrisa desapareció y la tristeza le volvió a invadir, su caja musical volvió a sonar, dejando que la música llenara su quebrado corazón, quizás para darle la calidez que había perdido hacía ya tanto tiempo. Noche y días sufriendo, lunas y soles sin olvidar el dolor y el llanto, la risa y lágrimas que habían marcado su rostro. En su mente dos voces le hablaban, una apenas susceptible, quien le aconsejaba seguir avanzando, que debía dejar las cosas en el pasado y que el corazón, aun roto, podía volver a latir, la otra … simplemente exigía venganza y que si él no podía volver a Anabela nadie debería de sonreír o reír nunca más… pero el arlequín hacia caso omiso a esas voces, sus pies le habían llevado hasta ese pueblo y su alegría se había diluido como la lluvia en el mar, ahora debía de aguardar, hasta volver a recorrer esos caminos de polvo y tierra.

Pero la fortuna sonríe a los desdichados, para tornar sus futuros en una algarabía o en un nefasto final. El bufón había pasado todo un día ya en ese pueblo, su presencia ya no atraía tanto la mirada de los adultos, pero aun fascinaba a los más jóvenes, a los cuales deleitaba con historias y juegos, con bromas o trucos, como si para el bufón solamente la alegría existiera, una máscara que utilizaba para alejar sus temores y pesadillas. Pero algo nuevo sucedió, algo diferente al bufón y que traía de nuevo a relucir los temores arraigados por los habitantes de ese lugar. Un hombre surgió desde aquel bosque oscuro, sus ropas deshechas, su voz quebrada, brazos y piernas heridos, muchos se asustaron, otros ayudaron, más el bufón solamente se quedó observando y contemplando todo.

Las horas pasaron y solamente se hablaba del hombre, cosa curiosa, que finalmente atrajo la atención del bufón y arlequín. Sus cascabeles sonaron cuando subieron las escaleras de la posada y entraron a la habitación del hombre, varios aldeanos, en su mayoría los más ancianos y sabios, discutían sobre lo sucedido, más el enmascarado, sin preocuparse de ello, se acercó al hombre y mirándolo con atención, le despertó abruptamente sacudiéndolo de los hombros. Una pregunta se hizo y el extraño comenzó a hablar y nos e detuvo, entre la locura se oían palabras cuerdas, entre desvaríos de miedo se comprendían pedidos de ayuda. Una hora paso y el bufón oía tranquilamente, sin cambiar de expresión, aunque solamente era su máscara. El relato termino y una risa burlona surgió, un aplauso y una reverencia, y el traje del bufón cambio, le verde alegre se volvió rojo oscuro, la sonrisa desapareció y solamente los ojos quedaron, en su mano una baraja de cartas surgió, como traída por lejanas fuerzas y sin dar un solo sonido más, se retiró.

La nueva apariencia, traía consigo un cambio notable, ya que cuando varios niños vieron al bufón salir de la taberna, se acercaron, pero este solo les miro y con su mano, negó, no habría actuación, sus pies le decían que debía de viajar y viajar, hacia la ciudad del nunca callar, donde las lágrimas se mesclaban con la inmundicia y las almas son tan miserables como las ratas que recorren sus calles.

¿Días? ¿Semanas? Quien sabe, los pies no se detenían y solo el cansancio o el hambre le hacían desviarse, más el bufón llegó, si lo hizo, llegó y cuál fue su sorpresa ante los negros muros y caras lúgubres, el rojo se volvió verde y una sonrisa burlona nació en su rostro, una pirueta, una voltereta y ahora sus cascabeles sonaban dentro de la oscura ciudad. Alegría, dicha y diversión, eso traería, pero de seguro no sería bienvenida, no, no, ella no era bienvenida en ese lugar y pronto lo conocería al ver los rostros lánguidos y consumidos por la miseria y fatiga.

Paso a paso, salto a salto, chimeneas negras, olor a pobreza, el bufón parecía una ilusión en ese lugar, parecía algo ajeno a la naturaleza de la ciudad. Miradas desde cristales sucios, saludos inocentes y niños que no se veían ¿estarían ocultos?, como un joven, como alguien que ya ha perdido la cabeza, comenzó a correr y a hacer travesuras, volteretas y risas que rompían el silencio monótono. Pero solo rostros lánguidos y fríos le recibían “¿Acaso no hay una risa o sonrisa para un pobre bufón?” preguntó el enmascarado, pero de respuesta solamente hubo un “Apártate, molestas”, que triste se sintió aquel que solo quería traer felicidad, y que alegre el que pedía ser liberado y cobrar la lengua de aquel que había contestado. Mas el arlequín se rió, una carcajada inocente y siguió su camino, sus pasos resonaban, sus cascabeles tintineaban, parecía que muchas miradas eran atraídas hacia sí, miradas curiosas y otras ansiosas del brillante resplandor de su traje.

Sus pasos le llevaron a un lugar extraño, un lugar grande y bastante colorido o quizás su mente le jugaba un truco, como otras veces. Fuera como fuera aquel lugar le llamaba y no era para menos, según lo que el demente había dicho, ahí debía de estar, y claro, el tiempo apremiaba, el viaje había sido largo y cansador y quizás una buena jarra de sidra refrescara su garganta. Mas cuando el bufón entro, lo que vio le trajo recuerdos de la ciudad, no parecía que hubiera mucha diferencia entre los habitantes de afuera y adentro, por lo que su llegada fue inicio de más de un comentario o risa burlona, pero para el arlequín, eso era común. Sentándose e la barra, pidió una jarra de sidra y pagando con las pocas monedas que tenía, comenzó a beber, amarga, picante … era sidra, pero de la más baja categoría, aun así era sabrosa, para lo que el recordaba. Pero al paz no dura demasiado y un grito, un insulto, alguien que quiebra una botella, hace que el arlequín sonría para dentro, la sidra aun está en la jarra tan solo fue un trago, pero apurándola en su garganta, siente que esta quema. Una batalla inicia, y el bufón sonríe, mientras observa con atención lo que sucede, hombres golpeándose, rompiendo sillas y mesas, alguien grita, un hombre de armadura se impone, una mujer y algo pequeño, ¿un niño?, más el enmascarado debe de aguardar, no es su batalla y no debe de jugar con los colores … de seguro son hombres fuertes y el … el un simple payaso triste, más cuando la lucha está intensificándose, el arlequín se levanta y con una leve reverencia se presenta, mientras lo hace, su ropa de color vino se tiñe y en su mano, la baraja de cartas surge, una de sus espadas es desenvainada, espada de malabarismo, pero también para defenderse, ahora solo queda jugar y que aquel que silenciosamente observa, sea sonreído por la fortuna.. .


Soy un arlequín
que vive por ti en la oscuridad
siniestra sonrisa acongoja tu faz
y de este tropiezo te vas a burlar....
bufón hazme reír...

Soy un arlequín
que vive por ti en la oscuridad
lagrimas y risas comedia brutal
un cómico iluso un triste juglar....

Soy un arlequín
que vive por ti en la oscuridad
ahora el sarcasmo es una enfermedad
no hay nada que pueda curar este mal....


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Re: Quebrando la balanza

Mensaje por Etlhan VII el Mar Ago 12, 2014 9:37 pm

Etlhan caminaba tranquilo, sereno por aquél camino de piedra bien estructurado, a lo lejos, la imponente ciudad de Malik Thalish le recibía inamovible, esperando a qué, aquellos como él encontrasen su lugar más allá de sus murallas. El largo viaje en barco, los días vacuos en caminos y los lugares de total desinterés, habían hecho mella en el asesino y su bolsillo. Se había desconectado del resto del continente, donde en algunos lugares su cabeza tenía un precio elevado y su nombre nombre traía malos presagios, sin duda, su  reputación tenía tanto de bueno, como de malo, de lo último más que de lo primero.

El mediodía se pintaba caluroso, y Etlhan seguía por aquél intrincado camino de adoquines adornado de malezas por ambos lados y con la meta puesta en la enorme ciudad. Amparado en la parte sombría, caminaba absorto en sus pensamientos, cualquiera que diese cuenta de él, no vería otra cosa que un muchacho distraído, uno de tantos mozos u haraganes de granja que suelen pasearse en esos momentos del día al acabar su jornada en el puerto o campo.

Vestía unos pantalones cortos de cáñamo, bastante cómodos y holgados así como una camiseta corta de lino de cuello desabotonado, una pinta tan típica del lugar, sino fuese por los gruesos y pesados fardos que cargaba ya con cansancio. Por un momento decidió tomar una pausa, parando y descolgando su equipaje, rebuscando entre uno de los tantos bolsillos que habían, halló su odre con agua, bebió hasta quedar saciado y suspiró sin proferir ruido alguno. Fue en ese momento cuando decidió analizar mejor su entorno, no había mucho allí que llamase la atención más allá de piedras y maleza, por ende, no se preocupó.

En principio, el camino serpenteaba de forma sinuosa por lo que calculó, que sería, una media hora más a pie hasta los enormes portones de la ciudad negra. Todo iba sin novedad, hasta que dos o tres vistazos más y con la mano en la frente para no deslumbrarse con el sol de cara, divisó lo que supuso que sería un bulto "extraño" no muy apartado del sendero, casi estaba a la vista de cualquier viajero avispado, incluso alguien que no prestara atención, se daría cuenta de que a lo lejos, algo no iba bien con el paisaje.

Descartó los bandidos dado a que no operaban a forma tan descubierta, pensó quizás de algún rufián desesperado, pero tendría que ser muy chapucero para intentarlo tan cerca de la ciudad y a la vista de alguien que pudiese tomar medidas en el acto. Etlhan apenas había encontrado peligro alguno en su viaje, nunca tuvo que hacer uso de  sus destrezas y, no es que quisiese en ese preciso momento aplicarlas con un vulgar individuo, así que a lo sumo, le advertiría con uno o dos huesos rotos, según el grado de molestia, quizás uno, si, pensó.

El hombre, o lo que quedaba de él, estaba hecho un trapo, desmadejado fuera del camino, presentaba la cabeza hecha añicos, un examen más cercano, reveló al asesino que el sujeto en cuestión había sido asesinado con un arma contundente, por las muescas que presentaba, todo indicaba ser obra de una maza y de un matón no muy cualificado. La sangre y sesos salpicaban el lugar, acompañado del zumbido de las primeros insectos, atraído por el cadáver. Era de extrañar que nadie lo hubiese advertido desde las altas murallas, la visión desde aquella altura debía ser perfecta de todo el derredor  de la ciudad. Etlhan observó un rato más aquél burdo trabajo, ahora se encontraba arrodillado cerca del hombre, en un lugar a salvo del desparrame, no quería mancharse de rojo, no aún.

Con cuidado, rebuscó en los ropajes del cadáver, por lo menos, si tenía aún algo de valor, éste no iba a necesitarlo más, por contrario que Etlhan, que casi ya no le quedaban fondos. Tras un rápido registro, solo encontró una misiva ya abierta, supuso que habrían leído lo que contenía, do collares de índole religioso y una pipa que no dudo en desechar sin más. Guardó lo de interés y se quedó con la carta en la mano, leyendo el contenido que pudo salvarse de la sangre.

Todo apuntaba a una oferta de trabajo, interesante para él, se quedó con una palabra acortada, qué, a diferencia del resto de contenido, tenía algo en especial, quizás fuera un tipo de escritura mágica que se hubiese activado al lector, nunca lo sabría. En si aquella carta requería los servicios de hombres y mujeres, capaces de resolver cosas para el propio monarca, lo cual tenía como premio, oro, tan necesitado por el asesino y favores, bueno, no pintaba mal para él, el favor de un rey era importante.

La misiva ya no le servía de nada, puesto que en el estado que estaba, sería una locura guardarla, además, siempre podía haber alguien que hurgara más de la cuenta, y si encontraban la carta entre sus pertenencias, otra vez tendría que poner pies en polvorosa.

Con la misma delicadeza puesta anteriormente, volvió a dejar el mensaje en su lugar, se levantó, se aseguró de que no era observado y volvió con sus fardos dejados en el suelo unos pocos metros tras de él. Etlhan emprendió la marcha como si no hubiese pasado absolutamente nada, cruzó las grandes puertas negras sin tan siquiera llamar la atención de la guardia.

Le bastaron unos diez minutos para encontrar una pequeña plaza, en ella, el tablón de anuncios que consistía en un tabla maltrecha llena de clavos y papeles raídos de demandas y ofertas antiguas de trabajo, por supuesto, la que le requería a él, no estaba junto a esas de menor categoría, mejor. Tras leer algunas cuantas, reparó en una pequeña guía de la ciudad muy mal dibujada, la mayoría de tablones la tenían de cara a viajeros o comerciantes. En si no era muy detallado, pero le bastó para saber dónde se encontraba el lugar a donde tenía que ir.

Elthan recorrió calles, callejuelas, plazas y parques, se topó con todo tipo de viandantes, pobres, adinerados, rufianes, y como no, gente común, como siempre había en cualquier ciudad. Veinte minutos más de su tiempo gastados en piedra negra, sus pies, ahora algo hinchados por el combate que fue el duro viaje, le pedían un descanso inmediato y él lo consintió parándose en frente de la puerta de la enorme posada “Dragones Gemelos”.

Su mano empujó el picaporte y la puerta se abrió sin menor dilación, un olor a tabaco y alcohol pronto lo azotaron en la cara, así como la música grosera del juglar de turno. Tomó todos los datos necesarios del recinto, en principio, se hallaban los parroquianos del lugar, algún que otro forastero desubicado, los dueños y el juglar, poco más de interés.

Etlhan se acercó al posadero, éste lo miró de arriba abajo, soltó un bufido y soltó un brusco ¿Qué quieres? Algo a lo que el asesino no pudo responder, así que se limitó a mirarlo hasta que el posadero, ya con cara de avinagrado, dedujo lo que Elthan pedía, que era una habitación, aunque no con muy buenos modos. La menguada bolsita tocó la barra y el asesino tomó la llave y se fue sin más. Una de las chicas que atendían a la clientela se prestó a hacerle de guía, llevándolo a su estancia tras subir las escaleras.

Ya una vez dentro, con la puerta cerrada en un doble giro, Elthan soltó los fardos, se tiró en el camastro y durmió hasta lo que vino siendo el día siguiente, más concretamente,  hasta el atardecer. Fue su estómago el que lo despertó, instándole a levantarse, a muy mala gana por su parte. Tras despejarse un poco, tomó algunas de sus pertenencias, nada serio, unas dagas, y un puñal que se colocó en una vaina oculta de su bota, ante todo, su propia seguridad.

Caminaba por el pasillo con destino hacía las escaleras cuando comenzó el ajetreo, primero fueron los gritos, luego los cristales rotos, y muchos más gritos. Se acercó con calma a la baranda de la escalera y divisó, para su asombro, una pelea sin parangón. Por un momento, Elthan pensó que estaba en otro lugar, como si lo hubiesen raptado de aquella tranquila posada y lo hubiesen metido en una taberna de mala muerte, pues no, seguía siendo el mismo lugar para su infortunio. Lo menos que quería el asesino era llamar la atención, pero al ver el despliegue armamentístico dedujo que aquél gentío no eran parroquianos o viajeros, sino más bien mercenarios, y por el modo en el que se empleaban en el combate, tenía que tener cuidado.
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Re: Quebrando la balanza

Mensaje por Spider Demonsprite el Miér Ago 13, 2014 11:08 am

El amanecer despertó a Spider en mitad de un sueño agitado que giraba en torno a la transformación en reptil alado de su compañera Medea, un sentimiento de incertidumbre, duda y dolor giraba y daba vueltas ante la búsqueda de una solución, una vía para revertir el proceso y volver a ser como era antes. Ella ahora anidaba en las ramas de un viejo olmo, con sus alas abiertas para tomar el calor necesario para mantener su fría sangre activa.

Spider recordó la secuencia a cámara lenta de lo acontecido en aquel decrépito bosque mientras se estiraba y comenzaba a recoger frutos de los arbustos mejor provistos, no recordaba muy bien el patrón de todo el infierno que había vivido hacía cosa de menos de una semanas, no tenía nada con lo que sujetarse a la realidad, estaba aun exhausto por el viaje y las bayas pronto le recordaron que podía vivir cómodamente en cualquier bosque investigando una cura que no llegase en su infinita vida.

Caminando por los alrededores un aroma poco peculiar le sacó de su ensimismamiento y pensamientos, luego un jadeo lento y agónico le recordó que en ese lugar había animales salvajes y un rastro de sangre, todos los caminos están marcados de más o menos sangre, pero esta era visible, Spider silbó y Medea voló hasta sus hombros y se posó en ellos con torpeza a causa de sus nuevas alas.

A la vuelta de un árbol un hombre menudo, bajito, ligeramente gordito, que perfectamente podría haber pasado por un enano si no fuese por su poca robustez, se sujetaba un costado que goteaba líquido escarlata sin cesar. Spider tosió para captar su atención y Medea siseó amenazando al extraño, que simplemente respondió con un gemido, apenas había tiempo, por lo que Spider lanzó a Medea sobre el moribundo, la cual le mordió y escapó, en unos segundos el desconocido estaba paralizado por el veneno en su cuerpo, eso favoreció el tratamiento, el hombre miraba inicialmente con ojos asustados, Spider no habló simplemente rasgó la ropa del malherido y comenzó a sanar al tiempo que aplicaba unas hierbas verdes y moradas antisépticas para evitar infecciones.

La labor fue ardua, en una hora había detenido el sangrado y se disponía a volver a desaparecer en mitad de la verde vegetación cuando el hombre volvió a gruñir, Spider comprendió que no le quedaba mucho tiempo de vida y la soledad era angustiosa al iniciar una nueva fase vital. Comprendió entonces que el herido era mudo y sin saber muy bien cómo una idea pasó por su cabeza, quizás Medea tuviese salvación, quizás fuese una mutación reversible, un estado alterado que se revertiría con el tiempo o de forma adecuada, hizo una locura y se sentó al lado del maltrecho hombre mientras entonaba duces canciones de su tierra natal.

Era poco común escuchar a un elfo cantar, pues sus canciones se inspiraban en una naturaleza pura, sin embargo, escuchar a un silfo hacerlo era aún más inusual, pues sus canciones eran naturaleza, sin saber cómo roedores, felinos y aves se acercaron al son de las notas, la respiración entrecortada del hombre se tornó más lenta pero armoniosa, parecía como si estuviese encontrando la paz que tanto buscan los seres vivos. Pero antes de cerrar sus ojos y acallar la canción con un gemido silencioso, le tendió en la mano unas monedas de oro con un papel rojizo en el que se detallaba una hora y un lugar garabateado con prisa como por un niño pequeño, en la esquina superior se leía una fecha y en la inferior otra, probablemente el día de la reunión, pues la primera ya había pasado.

Spider cerró los ojos del cadáver y reunió víveres para poder sobrevivir durante una larga marcha, la ciudad a la que iba era Malik Thalish, cualquiera diría que no había motivo para que abandonase la comodidad del bosque para una misión que prometía riquezas y favores de reyes humanos, no obstante necesitaba encontrar una solución al estado de Medea y al tocar ese papel, una especie de malestar recorrió su cuerpo, la carta estaba impregnada con magia, así que lo primero que hizo fue grabar el mensaje en corteza de árbol para no olvidarlo y destruir el papel con un fuego improvisado.

Spider estaba lejos del lugar acordado para la reunión, pero gracias a que la mayor parte del camino la realizó por bosques no tuvo problema en alcanzar la ciudad un par de días antes de su inicio, pero consideró más prudente aguardar a la sombra de unos árboles norteños en un bosque próximo, logró mantener el calor propio y de Medea gracias a una vieja cueva demasiado pequeña como para que entrase algo más que jabalís o algún mamífero inferior, aunque tenía pinta de estar abandonada desde hace algunos meses.

Al llegar a la ciudad pasó medianamente desadvertido correteando entre las sombras por la noche, debido a su estatura de apenas unos palmos no era muy difícil camuflarse, el problema llegó a la hora de entrar a la posada, pues estaba cerrada y Spider no llegaba al pomo, por lo que se colocó al lado de un viejo barril vacío esperando a que la puerta se abriese para colarse. ¡Cuál no sería su sorpresa!, al ver que de pronto las puertas de abrían de par en par y antes de que le diese tiempo a entrar un hombre salía disparado hacia la calle aterrizando con su rostro sobre una mezcla de orín, barro y piedra.

Fueron unos instantes, pero en seguida un gran bullicio comenzó a organizarse dentro del local, botellas que volaban, dagas clavadas en manos y brazos, patadas voladoras, una verdadera batalla campal y mientras tanto Spider observó como el tabernero comenzaba a dar golpes sobre la barra implorando a grito pelado orden en su local. Ante esa situación permaneció en el barril esperando el momento perfecto para entrar sin ser aplastado.
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Re: Quebrando la balanza

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