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Los caminos de la virtud

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Los caminos de la virtud

Mensaje por La Madre Condena el Mar Ago 05, 2014 6:10 am

Capítulo introductorio: "Llegando a la ciudad"



Era una noche fría y de una densa oscuridad, un carromato se desplazaba con cierta prisa a través del  cruce de los Aventurados, un camino que bordea el bosque aledaño a la ciudad Imperial y que se considera una de las carreteras más seguras para llegar a sus murallas.
-Ya falta poco para que lleguemos-Comentó aquel que conducía el pequeño carromato, se trataba de un mercader entrado en años cuyos rasgos lo definían como un cité pero cuyas vestimentas revelaban que su condición económica era un tanto humilde, o al menos, era lo que quería aparentar.
-¿En serio? ¡Genial!, tengo tantas ganas de llegar a la ciudad y conocerla…-Comentó la pequeña hija del mercader, una muchacha de redondas y coloridas mejillas, ojos claros y cabello castaño, usaba un vestido de corte sencillo pero de telas de buena calidad, ya que su padre era un comerciante de telares y especias que recorría diversos lugares de Noreth para encontrar buenos clientes, por lo que la indumentaria no era un problema.
-Hija trata de dormir un poco recuerda que mañana será una larga jornada de trabajo además tus griteríos pueden incomodar a nuestro pasajero-Respondió el mercader logrando que su hija bajara la cabeza en son de disculpa y se quedase mirando de reojo al misterioso pasajero que su padre había contratado para que viajaran seguros hacia la ciudad Imperial.
El pasajero era un hombre alto, de larga cabellera café, usaba un parche en su ojo derecho por lo que solo podía verse su ojo izquierdo que era de color azul, usaba una armadura y portaba un mandoble, lo que le daba un cierto toque peligroso en la densa oscuridad de la noche. Pero la niña no se asustaba con nada así que en varias ocasiones le había preguntado acerca de su ojo, cómo lo perdió o si era un pirata, junto con varias preguntas más con el fin de generar conversación y no aburrirse durante el viaje a pesar de que su padre le recriminara constantemente para que guardase silencio.
De pronto el carromato comenzó a desplazarse más despacio ya que más adelante se divisaban tenues puntos luminosos probablemente de antorchas, por lo que el mercader agitó las riendas del caballo e hizo que se detuvieran completamente.
-Hey, ¿ves eso más adelante?-Inquirió dirigiéndose a Necross, el pasajero que había sido contratado como guardaespaldas hasta que llegaran a la ciudad- Probablemente sean guardias haciendo su rutina, ya que estamos prontos a llegar, pero para estar seguros me gustaría que te adelantaras y fueras a ver de qué se trata, ¿vale?-

Mientras tanto el cielo neblinoso ocultaba las estrellas y el triángulo lunar, el ambiente se había tornado helado y el mar se presentaba en un agitado olaje de penumbras.
Pero ya habían sorteado lo peor.
El B. Sister, embarcación perteneciente a las tres hermanas Sandokán, había enfrentado hace unas horas una peligrosa marejada que si no fuera por la tenacidad de su tripulación habrían terminado sepultados bajo las frías aguas del mar.
Ahora se encontraban lejanos a su principal destino y la infraestructura del navío se hallaba afectada por lo que debían repararle y aprovisionarse prontamente si es que querían continuar su viaje en óptimas condiciones.
Pero para suerte de la tripulación se lograba divisar una tenue luz que luchaba por cruzar la densa neblina que bordeaba el ambiente, aquella luz pertenecía a un lejano farol, por lo que estaban en un puerto cercano.
Al principio era difícil definir la ubicación real pero a medida que se acercaban la gran arquitectura de las murallas del puerto se hizo conocer. Se hallaban en una de las costas de la ciudad Imperial, pero por las embarcaciones estacionadas, la mayoría barcos pesqueros y cocas náuticas dedicadas al comercio, estaban en la zona de intercambio comercial, por lo que una embarcación de gran tamaño que hacía ondear con orgullo la bandera imperial emitió una señal de luces permitiéndoles el paso, afortunadamente les habían confundido por una embarcación comercial por lo que no se molestaron en hacer la respectiva revisión.
Por lo tanto, podían estacionarse sin mayores complicaciones y al estar en una zona comercial aprovisionarse sería una tarea rápida y sencilla, sin embargo debían esperar al amanecer para que los puestos comerciales comenzaran a abrir sus puertas, solo pequeñas tabernas de dudosos comensales tenían abierto durante la noche.

Ser confundido por ladrón siendo asesino era una ofensa muy grande, pero la paga era lo suficientemente generosa como para paliar el orgullo.
Kainen había sido contratado por un noble proveniente de Phonterek pero que cuyos negocios lo habían llevado a residir en el Imperio. El noble era de apariencia ostentosa, lleno de joyas y telas brillantes, zapatos elegantes y una amplia peluca blanca, pero tenía un rostro mundano, demasiado mundano, nariz redonda, labios gruesos, cabeza ancha, ojos cafés, gordinflona y tez sumamente morena como si hubiera trabajo años bajo el sol. Si no fuera por sus finos ropajes pasaba perfectamente por un campesino cualquiera, además, sus propios modismos y lenguaje eran faltos de clase.
-Ummm, he escuchado de un gremio de ladrones en esta ciudad, ¿vienes de ahí?... oh, disculpa, pero de todos modos no veo mucha diferencia entre un ladrón y un asesino… en fin, yo contrato y tu cumples, ¿no?, entonces si quieres el dinero vamos al grano…-
La misión consistía en asesinar a burgués de esa misma ciudad, el cual era conocido por su despiadada conducta hacia las personas de escasos recursos, ya que tenía la costumbre de enviar a sus matones al barrio pobre “a saldar cuentas” por sentirse agraviado ante alguna mirada, palabra o simplemente presencia de alguien, sin embargo era tratado con respeto por la gente de alta alcurnia al ser un regular orador en el templo sagrado del Dios Único.
Según la información entregada, el noble quería vengarse de haber sido estafado por aquel burgués en la compra de unas joyas para su hija, por lo que Kainen debía asesinarlo de la forma más sigilosa posible, idealmente fuera de la ciudad, y para su suerte, era fácil encontrarlo bebiendo desmesuradamente en tabernas y frecuentando mujeres de dudosa procedencia.
Una noche aquel burgués se embriagó tanto que comenzó a deambular por fuera de la ciudad, gritando y maldiciendo a todo aquel que se le cruzara por delante, hasta que se detuvo agotado frente a un árbol donde comenzó a vomitar desmesuradamente, era la oportunidad perfecta para acometer en su contra, no obstante el burgués no era tan insensato como para aventurarse solo fuera de la ciudad por lo que se encontraba acompañado de su guardaespaldas, el cual era un hombre de contextura gruesa y musculosa, usaba una armadura de cuero tachonado y dos espadas en el cinto, y echara miradas fieras a aquellos que pudieran verse peligrosos.

A medida que los acontecimientos se desataban en el interior de la ciudad un suceso importante y peligroso mantenía tensionada a la canonesa de la Iglesia de Sacralis. Según sus informantes las tres Torres de la Bendición que fueron construidas fuera de ciudad habían sido atacadas por criaturas impuras y la mayoría de los hombres de fe que había enviado en su purificación jamás volvieron, y lo peor es que aquellos que lo hicieron habían sido corrompidos por lo que tuvieron que ser consumidos por el fuego del perdón.  
Pero había algo que le preocupaba aún más a la canonesa, algo mucho más importante que unas simples torres... Lo que ellas escondían.
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Re: Los caminos de la virtud

Mensaje por Bony Sandokan el Jue Ago 07, 2014 3:52 am

Ann miraba de proa a popa la cubierta del barco con ojos circunspectos, había dado ya toda la vuelta al barco para hacer un recuento de daños. La marejada de hacía unos momentos había hecho un destrozo total en las velas mayores a pesar de que se encontraban arriadas, miró por el castillo del barco pensativa, taciturna y algo molesta, como siempre. En ese preciso momento Bony salía de la cámara del capitán con un mapa en manos, Sandy iba a un lado de ella ambas conversaban entre sí, su hermana mayor las miró con los ojos entrecerrados algo interesada.

-Y bien ¿Qué tienes ahí Bony? He revisado la cubierta, Tender dice que los daños mayores están en las velas, habrá que remendarlas…-

Bony la escuchó, más sin embargo no elevó la vista para observarla, cosa que molestó a Ann, pero antes de que la hermana mayor dirigiese un tono de mando, Bony abrió los labios para decir algo.

-Bueno, eso lo podrán hacer durante el día, por ahora lo que importa es buscar un lugar donde atracar, he estado revisando más o menos cuanto nos desviamos del camino principal, probablemente unas 18 o 20 leguas en dirección noroeste, unos 300 grados a la derecha.- Hizo una pausa y finalmente miró a Ann.- Encontré un sitio cercano, pero no te gustará…-

-¿A qué te refieres? Deja de hablarme de grados y leguas y vete directo al grano Bony.- Dichas palabras molestaron a Bony pues ¿Qué clase de capitán no conocía dichos términos? Era algo que repudiaba de ella, algo que debía de callar, porque la mayor parte de la tripulación “amaba” a Ann, sin saber que no era ella realmente la que solía dirigir los viajes “Para eso te tengo a ti” era lo que Ann pensaba siempre que veía a Bony…

-Seguro… - Reprochó Bony lamiéndose el labio inferior como desesperada, casi molesta…- Nos encontramos a pocos… es decir, muy cerca de Sácralis, para ser exacta le estamos pisando las faldas a la ciudad Imperial, es el único lugar donde podemos atracar.-

-¿Qué acaso estás loca? ¿La marejada te movió las neuronas de lugar? Tiene que haber otro lugar, busca, busca bien entre tus montones de papeles, algo debe de haber.- Al decir esto Ann arrebató el mapa de las manos de Bony para mirarlo, al no entender muy bien los trazos que se encontraban sobre de él lo regreso a Bony de forma violenta, restregándoselo en el pecho, justo en ese momento Sandy hizo merma en la situación que estaba por apoderarse de la cubierta.

-Ann, Bony tiene razón, estuve con ella revisando los mapas, no hay si quiera una pequeña isla para arroparnos del clima, no podemos ir más lejos en este estado, además necesitamos más provisiones, y Yang se ha tragado la mayoría de las gallinas que teníamos en reserva…-

Altanera, impulsiva y con un soplido parecido al de un búfalo, Ann las observó a ambas directamente a los ojos, respiró profundo y finalmente tomando su lugar como capitán se tronó los huesos de las manos y los dedos, pidió con un gesto el mapa a Bony y preguntó.

-¿Cómo esperas que lo hagamos sin que sospechen nada cabeza sabelotodo?

-Bueno…- Ann lo sabía, Sandy también, pero Bony se había tragado la molestia, por el simple hecho de que no tenía ganas de pelear en ese momento, estaba lo suficientemente aturdida por la tormenta como para dejarse llevar por otra en un vaso de agua. –Tu sabes muy bien Ann, nuestro barco no parece en lo absoluto un navío de guerra, salvo por los cañones que muy bien se encuentran camuflajeados, tengo la idea de que nos tomen por una coca comercial, algo relativamente normal, sólo tendrías que hablar seriamente con tu perrito de la buena suerte, Jäger… hazle saber lo que vamos a hacer y mantenlo calmado, porque de toda la tripulación, es el único que nos delataría…-

-¿Ah sí? ¿Y qué  me dices de tu maldita lagartija parlante? Ella no se queda atrás Bony, te recuerdo que esa víbora de agua salada es…- Pero Bony calló sus labios situándose frente a ella.

-Esa víbora de agua salada sabe más de navegación que tú, Ann, y por si se te había olvidado, te recuerdo que es la única que conoce a la perfección el navío de proa a popa, de cubierta a base… y es la única que conoce los materiales para dejar como nueva la madera de la cubierta, no se dedica únicamente a gruñir y babear como tu cachorrito…-

La mirada penetrante de ambas se cruzó, Ann la miraba como el asesino observa a su víctima, Bony como el depredador que está a punto de saborear un buffete… y a escasos metros, justo en medio de ellas Sandy hizo acto de presencia girando los rostros de ambas en una sola dirección.

-Oigan chicas ¿Esa no es la luz del faro? Digo… no estamos muy lejos.- Sonrió abiertamente como haciendo olvidar el conflicto entre sus hermanas y tomando a Ann del brazo apresuró las órdenes. –Le diré a Tender que verifique muy bien la posición en la que nos encontramos, deberías dejar que Bony haga el trato por cualquier cosa, anda, sé que te encanta dar las órdenes, ya sé lo que tenemos que hacer, sólo pide que viren a la derecha para asentar bien el rumbo, no estamos lejos…-

Como siempre, Sandy era la balanza entre el temperamento de sus dos hermanas, si bien, aun que Bony tuviera mucha paciencia, Ann sabía exactamente como deshacerse de ella y llegar a su límite. Ambas hermanas se miraron relativamente conforme se alejaban, Bony respiró profundo, muy profundo y miró a lo lejos la tenue luz del faro que se disipaba entre la abrupta neblina, Hunta se encontraba parada a su lado, parecía mirar a la misma dirección que su ama.

Pasados unos segundos la chica de cabello bicolor colocó las manos en la orilla de la cubierta, observando por la barra como poco a poco se acercaban al puerto, al principio las siluetas  de los barcos parecían fantasmales entre el espesor del ambiente, era la primera vez que las hermanas viajaban a ese lugar,  claro que habían escuchado hablar del imperio, claro que conocían imágenes, pero verlo de cerca… era otra cosa. Las altas murallas se extendían a metros del suelo, al principio parecían tan cortas como cualquier barrera, conforme la nave avanzaba toda la majestuosidad de su altura se hacía conocer, Bony soltó un respingo algo asombrada, se sintió intimidada por toda aquella creación del hombre y en su mente rondaba la idea de que pudieran descubrirlos. A  pocos metros de distancia, un imponente navío imperial izaba sus velas, permanecía anclado al muelle, el espacio que tenían para atracar era muy angosto… a decir verdad, lo suficiente. A esa distancia Bony podía ver como uno de los vigías de mesana del barco hacía señas dirigiéndose a ellos, les estaban permitiendo el paso sin si quiera chistar un poco, aquello hizo que la joven sonriera para sí  misma en un gesto de burla.  Se alejó de la barra para dirigirse a donde sus hermanas y con un tono algo triunfante dijo.

-Nos han permitido el paso…-

Ann y Sandy se miraron entre sí con un gesto de complicidad, acto seguido Ann se dirigía a cubierta con una sonrisa en su rostro…

-Bien señores, descansen lo que resta de la noche, mañana será un gran día y tendremos mucho trabajo por hacer.- Hizo un gesto para observar el puerto con vehemencia, se dirigió a sus  hermanas y promulgo palabra.- Echemos un pequeño vistazo por el momento, ya me aburrí de estar en esta cosa…-

-No creo que haya mucho que ver Ann, todo está cerrado.- Opinó Sandy viéndola con duda.

-Algo debe haber abierto Sandy, es una gran ciudad, no creo que se encuentre dormida del todo…- Apresuró Bony, quien estaba de acuerdo con su hermana mayor, eso era muy raro en ella, pero al ser una nueva ciudad, la emoción le ganaba en ese momento.

Segundos después Bony seguida de Hunta junto a Sandy siguieron a Ann, la ciudad a oscuras con todos esos locales comerciales cerrados tenía cierto toque lúgubre, pero encantador, tras unos cuantos pasos poco después de dejar el muelle, las luces de una pequeña taberna irradiaban en el lugar, la música era tenue, como si la persona que se encontraba tocando en ese momento buscara dormir a la clientela del sitio y claro, para clientela que era, al llegar al sitio no habían más de tres o cuatro personas, el tabernero se encontraba en la barra con la cara entre las manos, dos de los residentes dormidos por el alcohol, los otros dos… netamente ebrios y ensimismados en ellos, al menos las hermanas no serían acosadas, no por el momento…
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Re: Los caminos de la virtud

Mensaje por Necross Belmont el Jue Ago 07, 2014 6:47 am

- ¡Pero no quiero que te vayas!- Comento la pequeña divium, al saber que su padre debía marcharse sin ella. - ¡Me prometiste que iríamos juntos!- Nadine estaba a punto de romper en llanto, sollozaba con cada palabra que escapaba de sus labios, cada vez que pensaba en que su padre se iría sin ella, lloraba con más pena. - Se lo que te prometí bodoque, pero este trabajo nos acercara más a la meta que tenemos… espérame un poco más, solo un poco. Además aquí podrás jugar con Ithilwen.-

El hombre del parche, después de hablar con su pequeña, se dirigió a los aposentos de la dama elfica, a la cámara de Ithilwen.  -La dejo en tus manos, si llega a pasarme algo ella vivirá sana y salva. Cuídala, es lo único que te pido.-Al momento de él abrir las puertas, ella lo miro con severidad y frunció el ceño. -Prometiste estar para ella, así que espero honréis la palabra dada. Ella aguardara por su padre y yo por que una promesa sea cumplida. No me falléis, joven humano.El hombre del parche sonrió levemente, de cierta manera las palabras de la elfa le afectaban. -¿Crees que lo haría? Ella es lo único que me queda en el mundo, eres como su madre, no podría quedar en mejores manos- Ithilwen se mostró un tanto ofendida con las palabras de Necross. -No soy su madre, humano imprudente. Pero  ahora que estáis dispuesto a perseguir un destino solo os advierto una cosa: el mundo ha nacido viejo y traicionero, abrid los ojos que no todo es sabiduría más sí buen discernimiento. No persigáis los pasos deshonrosos de vuestra raza.- La voz de ella, era como la conciencia que hace un tiempo le advirtió que no dejara a Ondine.- No lo hare, creía que después de seis años conviviendo con ustedes, ya me conocerías mejor... adiós dama elfica. Ella quedo en silencio, solo para clavar su mirada condescendiente en Necross. Sus facciones al pasar los segundos  se ablandaron, y en un suspiro respondió: -Id con la bendición de los solares, Necross Belmont. Ella dio la  espalda y se retiró al interior de la ciudadela.

El hombre del parche salió del palacio sobre un caballo, miro hacia atrás, y vio que la pequeña Nadine tenía los ojos llenos de lágrimas. Su mente viajo al pasado, cuando tuvo que dejar a Ondine, la misma escena, ambas en el pórtico despidiéndose… Nadine se secó las lágrimas, sonrió, y con un gran grito le deseo suerte a su padre.

- ¡Cuando vuelvas, tienes que llevarme a conocer el mundo!-
-//-

El motivo principal de Necross, la razón por la cual dejo a su hija, es porque necesitaba dinero, y para reunir ese dinero debía trabajar. Por desgracia, el único trabajo que el hombre del parche sabe hacer, es ser mercenario. Al salir de la tierra de elfos, Necross busco la ciudad, pueblo, villa, aldea… lo que estuviera más cerca, más de una persona podría necesitarlo.

Su experiencia pasada, le hacía saber que las tabernas locales son una muy buena fuente de información; entonces esa sería su segunda meta, la primera llegar a algún lugar poblado. Una pequeña aldea fue su destino, la taberna de esta su lugar de información. Al entrar, el hombre del parche se sentó en la barra, pidió una cerveza, y comenzó  a hablar con el ser que siempre lo acompaña.

- Es medio día, ¿fue buena idea dejar a tu hija?-
-No, pero necesitaba hacerlo… si algo llega a pasarme, ella estará a salvo con Ithilwen.-
- Siento tu arrepentimiento, también es el mío.  Busca un trabajo pronto  y terminemos esto con vida.-
-Así será amigo mío.-


A los oídos del hombre del parche, una conversación cercana llego.  –Creo que dos horas después del mediodía un mercader pasara por el camino central, hace ya dos pueblos que lo vengo siguiendo y no parece estar armado. – Sin aparentarlo, Necross comenzaba a poner atención en la conversación. -¿Tiene una hija cierto? Espero que ya este desarrollada, ya van meses desde la última vez que probé un coño  joven.- Un asalto a un mercader, eso podría dejar un buen dinero, en especial si lo que vende el pobre diablo son objetos raros. –- Disculpen.- Irrumpió Necross en la conversación de los asaltantes. - Escuche lo que hablaban, y me parece que podrían necesitar mis servicios.- Uno de los personajes, algo alterado, le hablo al hombre del parche. - ¿y por qué necesitaríamos a un bastardo como tú? El tipo no sabe luchar, y no tiene protección. Con nosotros es suficiente.-

Apuntando su mandoble, Necross siguió hablando. –Sé que lo tienen todo controlado, pero nunca se es suficientemente precavido, yo solo les cobraría un par de monedas, es todo lo que necesito para llegar al siguiente pueblo. ¿Qué les parece?-  Los hombres se miraron, uno de ellos asintió, y le respondió a Necross. –Muy bien, te daremos dos monedas de plata, nada más, nada menos. Encuéntranos en el camino principal al siguiente pueblo, cerca de un arroyo, donde se cruzan los caminos. Ve en una hora más.-

El hombre del parche asintió, se dirigió al baño y se lavó la cara un par de veces, en un espejo quebrado miro su ojo… - Es por ella, es necesario, hare lo que tenga que hacer.- Necross al salir del baño, dejo un par de Kulls de bronce en la mesa, y salió de la taberna.   Comenzó a caminar, necesitaba conocer el punto de encuentro. En media hora llego a su destino, reconoció el arroyo, y el cruce de caminos; el lugar tenía vegetación bastante frondosa, arbustos y árboles esconderían a los asaltantes, el plan era perfecto, las monedas estaba aseguradas.

Necross se recostó cerca de un árbol, donde sus empleadores pudieran verlo, y desde donde él pudiera verlos a ellos, en los maleantes no se puede confiar. El par llego, y Necross se puso de pie; los maleantes vieron más atemorizante al hombre del parche, su inversión daría frutos. –Dentro de poco pasaran por aquí, ese hombre es siempre puntual.-  Algo sorprendido, el hombre del parche preguntó. - Sabes mucho sobre él, ¿Lo has estado siguiendo desde hace mucho?-  El hombre se inflo el pecho, y con soberbia respondió. –Por supuesto, desde hace tiempo me entere de la mercancía del hombre, y he estado estudiando sus rutas de comercio. Si mis cálculos no me fallan, el hombre pasara por aquí en… una hora más.-

Los minutos pasaban, y el mercader parecía no llegar. -¿Sabes...?- Uno de los hombres interrumpió el silencio. –Nos serias bastante útil en otros trabajos, solo con tu silueta podríamos provocar miedo. Te pondré a prueba, si este trabajo sale sin problemas, podrás unirte a nuestra banda.-  Necross le sonrió al sujeto que le hablaba. - Si tienen dinero que ofrecer, con gusto aceptare. Pero yo no trabajo gratis.-

-Nadie lo hace… ahí vienen.-

El trio se escondió en los arbustos, donde nadie pudiera verlos hasta que fuese muy tarde.  El hombre del parche subió su capucha, y su rostro desapareció, donde irían sus ojos, una luz destellante y rojiza comenzó a brillar, los asaltantes y futuros compañeros se asustaron al verlo. –Muy bien…- comenzaba a hablar un hombre asustado. –Ve y párate frente al carro, nosotros haremos el resto.-

Inmediatamente Necross se puso de pie, se detuvo frente al carro, y se quedó mirando al conductor fijamente. –¡Hey! Sal del…- el conductor se asustó, vio el aspecto, la espada del sujeto enfrente, y hablo con más cautela. - ¿Qué haces en el camino? Muévase por favor, no quiero problemas.-  Los asaltantes salieron de los arbustos, con espada en mano ordenaron nuevamente al hombre del parche. – Bájalo del carro, si no quiere cooperar mátalo.-  Una vez más, sin rechistar, el hombre del parche siguió las ordenes.

Necross tomo al chofer de la camisa, de un tirón lo bajo violentamente del carro. –Por favor, tengo una pequeña hija, somos humildes comerciantes, no quiero, no queremos problemas…- El chofer intentaba liberarse de Necross, este lo tenía fuertemente sujeto.

Los asaltantes abrieron las puertas del carro, vieron a la niña que estaba escondida debajo del asiento, ella al ver a los hombres grito, uno de ellos dijo: -Sí, me gusta cuando gritan. Hoy pequeña, te harás mujer.-  Uno de los asaltantes tomo a la niña de un brazo, la saco del carro y la lanzo al piso. Arrastrándola la acerco al hombre del parche.  –Que no se escape, ella será el postre.-

-¡¡No por favor!!- Grito el conductor y padre de la joven. –Es solo una niña, les daré todo lo que quieran, ¡pero déjenla en paz!-  Necross miro al hombre a sus pies, este se asustó con la mirada inexistente que reflejaba la capucha. - Hay que hacer lo que se debe hacer, todo lo hago por ella.- Sin poder entender lo que la figura sombría intentaba decir, el conductor comenzó a llorar, le asustaba el destino de su hija.

Necross le dio un golpe con la mano derecha, el hombre quedo en el piso, más por el susto que por la fuerza del golpe. Luego tomo a la joven en brazos, esta lloraba. –¡Piedad! ¡Es solo una niña!- Gritaba incansablemente el conductor. Necross se acercó a los bandidos, que seguían inspeccionando el botín. –Con esto conseguiremos mucho dinero…- Uno de ellos vio que el nuevo  miembro de la banda se acercaba con la joven. –Aun no idiota… aunque violar a esa niña enfrente de su padre sería algo delicioso… desvístela, castigare a este hombre por hacerme esperar tanto-

El hombre se relamió los labios, su cara sucia, llena de granos, y barba descuidada, era repugnante.  El bandido miro una vez más el interior del carro, se encontró junto a su colega que estaba del lado opuesto, en la puerta derecha.  El segundo bandido vio como desde la boca de su amigo, comenzaba a emanar sangre, y como una espada lo atravesaba.  El tipo cayó al suelo, segundo y único bandido en pie comenzó a desesperarse. –Tranquilo… aún podemos repartirnos el botín, además no me interesa la niña; Gabriel tenía esos gustos que nunca compartimos…- Le dijo el bandido a Necross, que ya había guardado su espada bastarda, y comenzaba a desenfundar su mandoble.  –¡Tranquilo! Por favor, ¡solo quiera unas monedas!-  Grito el hombre, sus pies intentaban escapar, pero el aspecto que Necross tenía en ese momento lograban aterrarlo. El bandido logro retomar el control de su cuerpo, comenzó a correr antes de que Necross lo alcanzara. El hombre del parche había dejado a la niña en el piso, luego la hizo subir al carromato, cerro ambas puertas, y se quedó mirando como el bandido escapaba. Tomando el mango de Sherckano con la mano izquierda, Necross lanzo su mandoble con toda la fuerza que pudiera impregnarle, el espadón le corto la pierna derecha al bandido; este cayó al piso y comenzó a gritar de dolor.

-¡Se supone que era una misión sencilla! ¡Traidor! ¡No mereces nada más que la muerte!-  A paso lento el hombre del parche se acercó a su hace poco colega. - No confíes en los cuernos del toro, los colmillos del lobo, o en mi.-  Con la punta de Sherckano, Necross atravesó la cabeza del bandido.

El hombre del parche regreso con el conductor, que seguía en el piso, sorprendido y asustado con todo lo que había visto. El conductor del carromato comenzó a alejarse de Necross a medida que este se acercaba. El hombre del parche se agacho hasta su altura y se quitó la capucha, una sonrisa un tanto melancólica se vio en su rostro.  - Los caminos son peligrosos, no es buena idea ser un mercader sin tener como defenderse, en especial si lleva la vida de un infante sobre sus hombros. Le ofrezco mis servicios como guardaespaldas…- Necross le tendió la mano derecha al conductor, para que se pusiera de pie. Este lo miraba desconfiado y confundido.  -¿Quién eres? ¿Y por qué haces todo esto?- Pregunto con cierta curiosidad el conductor del carromato. - Mi nombre es Necross, Necross Belmont. Lo que hice lo hice por ella, vera usted, yo también tengo una hija. Creo es menor que la niña dentro del carro. Cuando supe lo que esos sujetos intentarían hacer, no podía quedarme de brazos cruzados.-

La tarde paso, y el mercader junto al  hombre del parche llegaron a un acuerdo. Necross lo acompañaría hasta el siguiente destino, y ganaría unas monedas con ello. El problema es que la ciudad, estaba en estado imperial; y ese lugar es peligroso, sería la primera vez que Necross pisa esas tierras, tendría que ir con cuidado.  -¿Cómo era que te llamabas? ¿Cuántos años tienes? ¿De verdad te falta un ojo? ¿Por qué tu espada es tan grande?-  Mil y una preguntas hacia la pequeña niña, Necross solo le sonreía sin contestar ninguna, el conductor y padre de la joven la hacía callar, pero a los pocos momentos la niña continuaba haciéndole saber a Necross sus dudas.

- ¿Sabes? Yo tengo una niña muy parecida a ti, de cierta manera me la recuerdas.- Le dijo Necross a la joven. -¿Y por qué ella no está contigo?-  Pregunto la pequeña, mas Necross no contesto, el conductor nuevamente hizo callar a su pequeña.

La noche se hacía cada vez más fría, el destino ya estaba relativamente cerca; y con la noche los peligros aumentaban. El carro se detuvo de improvisto, y con ello, la advertencia del conductor. Necross haciendo caso de lo que se dijo se bajó, y comenzó a caminar hasta donde se veían las luces.  El frio de la noche hacia que el cuerpo de Necross doliera, su brazo de acero unido a su piel dolía cuando bajaban la temperatura.  Mientras más se acercaba, más lograba divisar el escenario frente a su ojo, un par de guardias con antorchas en mano, y un notorio cadáver en el piso.

- Buenas noches, ¿Qué ha pasado aquí?- Pregunto Necross con tranquilidad en sus palabras. –Asesinaron a este infeliz, el camino es peligroso, viaje con cuidado.-  Necross se despidió con un gesto de su cabeza, y volvió al carromato; una vez dentro advirtió que deberían apresurarse, los caminos eran peligrosos. Siguiendo el consejo del guardaespaldas, el conductor acelero.

El alba estaba naciendo, y con el  frio matinal era un poco más fuerte. Ya habían llegado a su destino.



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Necross Belmont
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Re: Los caminos de la virtud

Mensaje por Kainen el Dom Ago 10, 2014 1:32 am

No es la primera vez que me toman por un puto ladrón y lo peor de todo, no va a ser la ultima. Cuando alguien abusa de poder, los mas valientes o quizás los mas sucios, según los ojos que lo vean, denuncian dicha situación, ya sea en un alarde de verdadera humanidad o simplemente para sentirse un poco mejor con ellos mismos. La forma de denunciar dichas situaciones es simple, contratan asesinos ya que no tienen agallas de matar por sus propios medios, a veces incluso carecen de agallas para contratarnos directamente y mandan a otras personas para hacerlo y mantenerse en el anonimato, eso es cuanto menos, patético. No se yo de cuantos gremios de ladrones goza Sacralis, la gran ciudad imperial, he de imaginar que si existen, la mayoría de sus integrantes pertenecen a la zona pobre de la ciudad, aun recuerdo cuando tuve que matar a un hombre que pedía sexo a cambio de un caballo a una mujer pobre, la situación era asquerosa y el hombre acabo ahogado con su propia sangre, como merecen ese tipo de personas. Las pocas personas con un mínimo de dinero en esa zona son así de ruines, es asqueroso, seguramente sean las principales victimas de los gremios ya que atacar residencias con mas riquezas implicaba muy seguramente el confrontamiento con guardias, algo que para alguien que como mucho sabe huir, implicaría la muerte o la cárcel. El caso, el comerciante que me ha contratado es de lo mas raro, si no fuera por lo engalardonado que iba pasaría perfectamente por un trabajador del campo, vestir a un burguesito de tez pálida con ropas de campo causaría la misma impresión que ver a este hombre, para colmo, su lenguaje tampoco era especialmente fino y su inteligencia era dudosa. Si bien su objetivo no es asesinar a aquel hijo de mil putas por sus actos, lo voy a tomar como tal, mejor pensar eso a que solo lo quiere denunciar por timo, de hecho si fuera un timador sin mas no habría aceptado, pero visto lo visto, ayudare al pueblo y me llenare los bolsillos considerablemente.

El objetivo era bastante fácil, bebedor, putero, una joyita vamos. Por suerte eso no hacia sino facilitarlo todo, es obvio que matar a alguien cuyas facultades están mermadas por el alcohol es mucho mas fácil que matar a alguien que no vaya bebido o drogado. Sin embargo, no todo es un camino de rosas, el noble va siempre con un guardaespaldas, el cual no tendré la suerte de ver borracho, o quien sabe. Lo mejor seria seguir al objetivo, rezando un poco al dios que exista, si es que existe realmente uno, para que salgan de la ciudad, eso me lo facilitaría todo. La verdad es que Sacralis da mucho asco, sobre todo el tema guardias, que poco hacen en los barrios pobres, donde solo el mas fuerte sale ganando. Por suerte no creo que tenga que pisar esa zona, y si no la vuelvo a pisar en mi vida casi que mejor, porque como me autoproclame el defensor del débil en esa zona, podrían pasar décadas hasta que esa zona estuviese limpia de mal alguno, y soy bueno pero no gilipollas.

Lo mejor de mi trabajo, después del dinero y de la justicia, es trabajar de noche. La noche es un manto oscuro que, como una madre, nos arropa a nosotros los asesinos en su negrura para que podamos trabajar tranquilos. El mejor punto para vigilar son los tejados, la altura implica una gran zona de visión y eso ayuda mucho. Desde mi tejado puedo ver dos tabernas alejadas la una de la otra unos cincuenta metros, también se ve un burdel que según me han dicho es el favorito de mi victima, al igual que las dos tabernas. Tres mujeres entran en una de las tabernas, a estas horas era raro ver gente por la calle y mas aun si estaban sobrias. Minutos después, la victima sale del burdel seguido de su guardaespaldas, que no estaba bebido. Como un perrito siguiendo a su maestro, el guardaespaldas, armado y con armadura, siguió al noble a las afueras de la ciudad, como no se del todo a que dios dar las gracias, mejor me callo y persigo discretamente por los tejados al par. Metros antes de llegar a las afueras bajo al suelo y me escondo por los callejones. Una veintena de metros me separan del noble, que se haya vomitando apoyado en un árbol, su guardaespaldas se dedica a aguantarle la melena, el momento era perfecto. Salgo corriendo cuchilla en mano a por el guardaespaldas, mi objetivo es joderle la pierna y asesinar seguidamente al noble, en menos de treinta segundos y salir huyendo con la ventaja de no estar herido.

Una carrera, un corte en el tendón del talón, un grito y una cuchilla que se hunde y atraviesa el cuello de un tirano borracho. Todo sale a la perfección o eso parece, el noble había muerto seguro y el guardaespaldas no podía perseguirme, pero sus gritos habían llamado la atención de dos guardias que hacían guardia por esa zona. Se que me han visto, así que escalo rápidamente a uno de los tejados y me escondo no muy lejos pero en un lugar seguro . Esta a punto de amanecer. Cuando decido volver a voltearme para ver que es de los guardias, veo que los dos se encuentran discutiendo con un hombre, tras de si hay un carro. Poco puedo hacer ya asi que me encamino a por mi recompensa.

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Re: Los caminos de la virtud

Mensaje por La Madre Condena el Mar Ago 12, 2014 10:06 pm

La música en aquella taberna era lenta y monótona, como si quien tocara estuviera muy agotado o desanimado al saber que no ganaría propina alguna con tan poca clientela y los borrachos de todos los días dormían o conversaban incoherencias entre ellos hasta el punto de quedar mudos entre pensamientos absurdos y difusos.
El local era pequeño pero se encontraba bien abastecido, tenía esa decoración propia de las tabernas de puerto, el clásico estilo de embarcación junto con peces disecados y anclas en las paredes, el tabernero era un hombre entrado en años, pelo canoso, barba incipiente y poseía un parche en su ojo derecho aunque no tenía pinta de hombre de mar por lo que podría ser solo por decoración. La actitud del sujeto se reflejaba perfectamente con los ánimos de aquella taberna, taciturno y cabizbajo, apenas centró su atención en los nuevos clientes que ingresaban al local, incluso ante el extraño hecho de que fueran mujeres.
Los locatarios tampoco se esforzaron mucho en observar a las mujeres que ingresaban a la taberna, seguramente porque estaban demasiado borrachos o cansados como para incordiarles. El único que les prestó bastante atención fue el músico que tocaba su laúd, el cual sin emitir palabra alguna comenzó a cambiar la melodía por una más animada, su música ahora era alegre y emotiva y parecía atravesar sus corazones y sentimientos logrando que sus mejores pensamientos albergaran sus mentes.
El tabernero comenzó a frotarse los ojos como si estuviera despertando y mirando a las recién llegadas les instó a acercarse con un ánimo resuelto y les ofreció el trago de la casa.
-Bienvenidas damas, me imagino que son extranjeras ya que no he visto sus caras antes… uhmm bueno, me temo que las comidas son durante el día si es que lo que desean es comer, ya que ahora el cocinero debe pernoctar por lo que solo servimos alcohol durante la noche y en el día se cocina, si desean pedir algo me dicen, pero mientras tanto les ofrezco el trago de la casa para que degusten, les aseguro que es el mejor de la zona, es cerveza negra pero la mejor-Comenzó a decir el hombre con un humor recuperado haciendo caso omiso a que la mascota de Bony hubiese ingresado ya que por lo general no se permitía el ingreso de animales al recinto.
El músico siguió tocando su melodía ahora con mayor ahínco al tiempo que sonreía enigmáticamente ante los sucesos que se iban desarrollando.
A medida que pasaba el tiempo iba llegando más gente, en mayoría hombres y alguna que otra mujer dedicada al comercio sexual la que luego de encontrar a su cliente se iba con él a cumplir  con su trabajo. Aquello era demasiado común en aquel horario por lo que más de algún comensal  confundió a las hermanas Sandokan por mujeres de compañía, pero uno de ellos, demasiado insistente tomó con rudeza del brazo de Bony al tiempo que le preguntaba con una gran naturalidad su valor
- ¿Cuánto? ¿Cuánto cobras dije?, si una mujer está aquí es porque quiere diversión no hay otro motivo, así que responde puta, ¿cuánto?-
La situación era exasperante y aquel sujeto se veía muy fuerte por lo que daba por hecho erróneamente que aquellas mujeres no le serían una amenaza, además el tabernero se quedó en silencio y no hizo acto de entrometerse quizás por miedo de terminar lastimado.
Pero antes de que se armara una trifulca el bardo dejó de tocar y se interpuso entre ambos-Hey, hey, buen hombre me parece que estás confundiendo la situación, estás mujeres deben ser de otras tierras por lo que difieren de nuestras costumbres, déjalas tranquilas-
-¿Y tu quién mierda eres para entrometerte?-Respondió el hombre propinándole un puñetazo al bardo que lo hizo caer entre las mesas atrayendo las miradas de los comensales, pero el músico se limitó a levantarse con tranquilidad y se limpió el labio ensangrentado mirando calmadamente a su adversario y soltando una especie de sonrisa.
Fue entonces, que en menos de un minuto toda la gente que estaba en la taberna comenzó a agredir al sujeto por haber golpeado al bardo y detener la música. La taberna se había vuelto caótica, sillas, mesas y jarrones volaban en todas direcciones y las únicas que no parecían afectadas por aquella liberación de rabia eran las tres mujeres.
-Yo lo llamo la música de los fanáticos-Comenzó a decirles el bardo a las hermanas una vez que se hubo puesto de pie- cada nota impregnada…-Agregó agachando la cabeza con rapidez para evitar que un jarrón se estrellara en su cabeza- Cada nota impregnada está cargada con aquel carisma que usan los oradores para contentar a sus fieles, aunque se me escapó un poco de las manos… jeje. De todas formas les sugiero que salgamos de aquí, ya que a pesar de ser el barrio comercial la seguridad es bastante estricta y cuando lleguen los guardias a ver qué ocurre todos serán arrestados incluidas ustedes damas-
Al salir las luces del alba comenzaban a iluminar las calles y el bardo les indicó el pasaje más seguro hacia el puerto para evitar a los guardias.
-Mi nombre en la actualidad es una canción de notas muerta pero pueden llamarme Caín si gustan, la verdad es que mi razón de ayudar va más allá de simple bondad o galantería, bueno si, tal vez algo de galantería, pero más que todo es la inspiración de escribir una nueva canción.
La verdad es que estoy buscando aventureros para encontrar un tesoro pero este tesoro es uno de tierra, así que si alguna letra –Dijo refiriéndose a las hermanas Sandokan-quiere integrarse al tema bienvenida sea, yo estaré donde mismo esta noche y se partirá a la aventura-
Posteriormente el extraño músico hizo ademán de despedirse y se alejó hasta desaparecer entre la muchedumbre que salía desde temprano para iniciar las compras en el mercado.

Mientras tanto el trabajo para la guardia del barrio pobre y del distrito comercial había aumentado notoriamente durante la noche a raíz de la muerte de un conocido burgués de la zona. La noticia significó que la vigilancia en las calles fuera fortalecida durante el día y la noche además de instalar un toque de queda durante el día que se haría valer desde las cinco de la tarde lo que implicaba que el comercio se viera severamente afectado.
La noticia fue un tanto alarmante principalmente para los nuevos comerciantes que venían con perspectivas de aumentar su capital a través de aquella populosa ciudad. Lo cual el mercader se lo hizo conocer a Necross con cierta desesperanza en su voz.
-Al parecer no podremos incrementar nuestro capital como teníamos previsto… pero no te preocupes por el pago muchacho, tenemos dinero previo para cancelarte ya que nos llevaste protegidos hasta acá, pero me temo que no podré seguir cancelando tus servicios y ahora nos tendremos que cuidar por nuestra cuenta pero no saldremos de la ciudad eso es seguro y con tanta vigilancia también será difícil que nos pase algo… solo espero que se regule el comercio pronto para que llegar hasta aquí halla valido la pena, por lo demás, si el comercio se regula y logramos invertir bien seguramente querré contratarte más adelante, si es que llegas a seguir interesado claro-
El mercader entonces se despidió de Necros dándole un fuerte apretón de mano y su pequeña hija corrió abrazarle a pesar de que su padre la regañara por su efusividad.

Esa mañana el cielo se había despejado pero el aire seguía frío y húmedo, los guardias iban de un lado a otro con una vigilancia constante, la ciudad siempre había sido muy resguardada incluso en los barrios medios por eso se consideraba uno de los lugares más seguros, y si bien la muerte de los indigentes nunca era noticia, si lo era las de aquellos que poseían un considerable caudal económico.
El noble observaba ensombrecido a través de su ventana la marcha vigilante de los guardias, no esperaba que la muerte de su enemigo causara tanta conmoción por lo que dedujo que debían de haber otros motivos. El hombre se cruzó de brazos tras la espalda y se separó de la ventana para centrar la atención en Kainen quien luego de lograr el asesinato había regresado a los aposentos del noble para cobrar su recompensa.
-Yo no podría haber cometido semejante acto-Mencionó el caballero ahora luciendo una peluca negra y un traje de luto- Pero es por ello que existen ustedes, criaturas alejadas de la mano de Dios que cometen aquellos actos por nosotros para evitar que nuestras almas se vean mancilladas, te lo agradezco y aquí tienes el pago-Dijo entregándole a Kainen una bolsa con una gran suma de dinero y algunas joyas de gran valor –Ahora puedes retirarte –Mencionó indicándole la puerta que daba fuera de la habitación, un mayordomo guió a Kainen por las escaleras hacia las cocinas donde estaba la puerta trasera- Le recomiendo salir por ahí y ser de lo más cauto posible, en este momento para los ojos de la guardia todos son sospechosos-
Pero lo que Kainen desconocía era que luego de su salida un mozo de cuadras acudiría hacia uno de los guardias para mencionar que un sujeto misterioso salía de la casa del noble de forma muy sospechosa, por lo que los guardias en alerta ante cualquier amenaza se dividieron y lo atraparon uno por cada calle. Al principio le dijeron que estuviera en calma ya que estaban haciendo la vigilancia matutina pero al revisar sus pertenencias se dieron cuenta que cargaba con muchísimo dinero y su rostro no era el de ningún noble o burgués conocido por lo que supusieron que había robado el hogar de aquel noble. Uno de los guardias hizo señas para que los demás compañeros se acercaran y entre todos amarraron por la espalda sus manos y lo llevaron caminando hacia el distrito militar. Kainen podría alegar lo que quisiera pero los guardias harían oídos sordos hacia sus demandas hasta que el juez determinara su absolución o sanción.
Mientras tanto el noble observaba por la ventana el desarrollo de los hechos y bajó el rosario que tenía entre las manos como si estuviera orando-Ya he enmendado mis pecados, ahora aquel asesino será sentenciado en favor a la paz de mi alma, amén... Robin-Dijo dirigiéndose ahora al mayordomo-No olvides pagarle al mozo de cuadras por su gran favor-

A medida que los guardias se alejaban con Kainen uno de ellos fijó la vista en aquel hombre del parche y su rostro le resultó repentinamente familiar, lo cual comunicó a los demás guardias quienes se acercaron hacia Necross.
-¿Es usted aquel hombre que vino junto con un carromato anoche?-Inquirió el guardia pero con un tono más de afirmación que de pregunta- necesito que usted o alguno de los que iban en la carreta venga conmigo estamos buscando la mayor cantidad de testigos posibles para resolver lo ocurrido, espero que entienda que si se niega será declarado sospechoso, así que por favor acompáñenos- Y sin dar mayores explicaciones el guardia junto con dos compañeros más lo instaron a caminar hacia el distrito militar.
En tanto a sus espaldas se comenzó a escuchar el ruido de tambores y trompetas como si algún ejército hubiese llegado victorioso de alguna batalla pero si alguno de los dos volvía la mirada hacia atrás solo vería el tumulto de gente que se arremolinaba para presenciar quienes estaban llegando.
Una vez llegado al distrito militar el cual estaba repleto ya no solo de guardias comunes si no que de caballeros y hombres importantes de la milicia ambos sujetos fueron llevados a prisión. A los dos los metieron en una enorme celda junto con otras personas y les dijeron que fueran pacientes ya que pronto serían derivados a donde les correspondiera, Kainen ante el juez y Necross a la sala de declaraciones.
Las horas se hacían eternas y los compañeros de celda eran de lo más dementes y el que parecía más cuerdo no dejaba de augurar malos presagios acerca de la sentencia de la justicia:
-Aquí si eres culpable te mueres y si no lo eres te perdonan, ¿pero sabes con qué te perdonan? ¡Con fuego!, te incineran para asegurarse de que de verdad eras bueno, moriremos de igual forma, por algo aquí la ley es tan buena porque es injusta…-Comenzaba a decir a cada momento sin dedicárselo a nadie en concreto.
A medida que pasaba el tiempo algunos eran llamados para después no volver, tal vez quedaban en libertad o las sentencias que declaraba aquel sujeto resultaban ser fidedignas, no se sabía. Solo después de ocho horas aparecieron tres guardias que llevaban consigo a un hombre, quizás un noble por sus buenas vestimentas el cual examinando a los acusados seleccionó a cuatro, entre ellos Necross, Kainen y el sujeto que deliraba. La guardia trató de explicarle algo al hombre pero este mostrando una insignia que tenía en su bolsillo consiguió que los guardias le obedecieran y soltaran a los tres para que fueran con ellos.
Estos fueron dirigidos hacia una sala de la guardia la cual tenía una chimenea, una mesa y dos sillones para que los tres se acomodaran.
-Les tengo una oferta de trabajo-Mencionó el noble sin más preámbulos- Pero necesito que me digan si o no, si me dicen que si les explicaré de que va, pero si se niegan regresarán de inmediato a donde estaban y serán confesados, enjuiciados o sentenciados, dependiendo de lo que hayan hecho… lo que me da igual. Respondan rápido para iniciar pronto, no tengo tiempo que perder-

Para aquellos que pudieron presenciar durante la mañana el ingreso de una gran tropa militar se percataron de lo heridos que estaban la mayoría, los cuales orgullosamente llegaron marchando hasta el distrito militar donde fueron recibido por la canonesa de Sacralis junto con varios obispados importantes quienes al notar las grandes bajas en la tropa de exploración se pusieron a comentar entre ellos con gran preocupación. La canonesa fue la primera en pronunciarse y ordenó que el recibimiento fuera cancelado hasta que no fueran confesados primeramente, por lo que toda la gente que les siguió para presenciar su regreso tuvo que retirarse y quienes no obedecieron fueron agresivamente echados a golpes por la guardia.
La canonesa junto con los demás sacerdotes fueron entrevistando y bendiciendo a cada uno de los soldados de exploración durante todo el día, fue una actividad extenuante pero debían finalizar pronto para iniciar la segunda parte del plan. Finalmente solo tres soldados fueron descubiertos con marcas de profanación por lo que fueron sentenciados sin demora por el inquisidor en turno.

Ahora se manifestaba una noche tranquila, principalmente porque el toque de queda impedía que las personas salieran de sus casas por lo que aquellos que lo hicieran debían de ser muy cautos y valientes.


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Re: Los caminos de la virtud

Mensaje por Necross Belmont el Jue Ago 14, 2014 2:48 am

–¡Pero no quiero que te vayas!-

-Y yo no quiero irme…- Necross se había dormido dentro del carro, la niña, hija del conductor también. En sus sueños escucho la voz de Nadine, lamentando la partida de su padre.  El hombre del parche despertó por un brusco salto, el carro se había detenido de pronto, y el movimiento lo saco de su sueño.  Había problemas para el mercader, el negocio aquí no sería fructífero, Necross no podría seguir trabajando.  - Lamento esas palabras, me agrado trabajar con ustedes, y si, si nos encontramos de nuevo no dudare en ayudar. Su pequeña me recuerda mucho a la mía. Cuídela, compre un arma o contrate a alguien más, tenga cuidado con los caminos, quizás no cuente con la misma suerte que antes. Ha sido un gusto conocerlos, a ambos.-

De un apretón de manos, Necross se despidió del comerciante, una sonrisa se dibujó en su cara cuando la niña lo abrazo, el hombre del parche le sacudió los cabellos y con ademán se despidió una última vez.

En sus bolsillos había poco dinero, pero era mucho más del que tenía cuando salió de las tierras elficas.  Había algo mal en la ciudad (algo aún más malo, si los rumores sobre el régimen que ejercían eran ciertos) demasiados guardias en el sector pobre, algo había pasado ¿tendrá que ver con el cuerpo muerto que Necross vio temprano? Pero esos asuntos ya no son de su incumbencia, quizás antes hubiese investigado un poco, quizás dicha investigación lo llevaría a una aventura más grande y peligrosa, mas ahora el hombre del parche tiene otros intereses; encontrar una taberna, beber algo, y salir de esta horrible ciudad.

En el inicio, cuando llego a la ciudad elfica, todas las miradas se posaban en él, al ser un humano entre elfos. Ahora el escenario se repetía, quizás era sus cabellos oscuros, su aire de extranjero, sus armas, su parche, no se sabía en concreto; pero Necross se daba cuenta como la gente con la mirada lo despreciaba.

El hombre del parche evito en todo momento que el sol reflejara su sombra, hace un tiempo se dio cuenta que Dracul permanentemente camina con él, la sombra que Necross proyecta es la del engendro, y si alguien llega a darse cuenta, en esta ciudad, podrían matarlo sin dejarle dar una explicación.  Su ansiada búsqueda dio resultados fructíferos, una taberna, más limpia que las que acostumbra, fue encontrada. Aún era bastante temprano, aun hacia frio, quizás no sería buena idea comenzar a beber… pero por alguna razón Necross tenía antojos de una cerveza.

Entro, se quedó en la puerta unos momentos, todos ignoraron su presencia, sonrió y se acercó a la barra. - Una cerveza.- Pidió sin decir más. La cerveza tardo, Necross bufo con enojo cuando esta llego. Bebió, de un trago se bebió gran parte del líquido, se levantó, fue al baño y comenzó a orinar.   Al terminar se sacudió, una gota de orina se mojó su ropa interior, maldijo a todos los dioses que conoce, y a los que no también, se ajustó su armadura y volvió para terminar la cerveza.

Después de beber la última gota, Necross dejo unas monedas en la barra y salió de la taberna.  Camino por horas intentando salir, la ciudad era grande y desconocida. Él había perdido el lugar por el cual entro, y no quería pedirle direcciones a la gente.  Alcanzo a notar que los guardias de la ciudad se estaban llevando a un tipo, este estaba amarrado, un sujeto cubriendo su cara, se podían ver sus armas, quizás era un asesino.

Uno de ellos entonces apunto al hombre del parche, este inmediatamente llevo su mano derecha al pomo de su bastarda, los hombres se acercaron con calma, no había necesidad de pelear.
-¿Es usted aquel hombre que vino junto con un carromato anoche?-

Necross asintió, mientras el guardia termino con su explicación. El hombre del parche por lastima no podía dejar que  interceptaran al comerciante, él tiene a esa niña que tanto le recuerda a Nadine.

Necross levanto ambas manos, en señal de que seguiría a los guardias sin intentar nada, fue puesto junto al tipo amarrado, y camino en silencio, siempre con la mirada adelante.  El camino en si fue aburrido, Necross esperaba que el sujeto atado armara algún tipo de pelea, que se quejara un poco, algo, pero nada paso, y el hombre del parche no armaría alborotos.

Algo estaba pasando, las trompetas de una ciudad no sonaban por cualquier cosa, el sonido era de victoria, alguien había llegado, aunque era imposible de saber de quien se trataba, las masas de gente imposibilitaban la vista. –Hey.- Le comento Necross a una de sus escoltas. - ¿Por qué tanto alboroto? – Preguntó refiriéndose a las trompetas que sonaban. –Nuestros héroes han llegado.- Fue la fría respuesta que Necross recibió. Ahora la pregunta era, ¿Quiénes eran esos “héroes”? Pero el hombre del parche no seguiría preguntando, el guardia  de mala gana contesto la primera pregunta, quizás lo golpeen si continua con su interrogación.

Al llegar al recinto militar, a la prisión donde los tendrían custodiados, Necross noto que los guardias parecían más caballeros que simples soldados, algo andaba mal, el hombre del parche comienza arrepentirse de venir a este lugar con tanta facilidad… quizás lo mejor hubiese sido correr.

A Necross le requisaron sus armas, no era problema, podía atraer a Sherckano con un movimiento, pero habían demasiados guardias, y por muy hábil que sea con la mandoble, no podría con todos.  El hombre del parche y el sujeto enmascarado fueron arrojados en una celda, en esta había más gente, gente que Necross no tenía interés en conocer por ahora.

Media hora había pasado desde que encerraron a Necross, este estaba de pie sostenido por las rejas de la celda. Una hora, Necross seguía de pie mirando hacia afuera, su cara ahora demostraba enojo. Una hora y cuarenta y cinco minutos después, el hombre del parche con desespero esperaba que lo llamaran.

Eventualmente Necross se desesperó y se fue a un rincón, se apoyó en la pared e intento descansar, después de todo había dormido poco. Pero había un tipo que irrumpía el sonido del silencio, hablaba sobre la vida, desgraciadamente que nadie saldría vivo de este lugar, no importaba el resultado que le dieran los jueces; eso incomodo al hombre del parche.  -Conozco las prácticas de este lugar, más pensar en ello no nos servirá de nada… esperemos que tengan piedad de nosotros. Si no es así, siempre podemos morir luchando.- Dijo el hombre del parche, un tanto arrogante y sonriente.

Inevitablemente el hombre del parche perdió el sentido del tiempo, ya no tenía idea cuantas horas llevaba encerrado en este lugar. En un momento se acercó al sujeto enmascarado, el aburrimiento hacia que hablara con la gente del lugar. - ¿Y a ti porque te encerraron? Si te traían amarrado debes ser peligroso, si escondes tu cara es porque no quieres que nadie te vea, si quieres que nadie sepa quién eres… debes tener muy buenos motivos.-

Necross no quiso seguir hablando, sus palabras llegaban a una hipótesis que quizás cause problemas, es mejor esperar en silencio a que lo saquen de aquí, después de todo nada malo ha hecho… y en un interrogatorio no deberían haber muchos guardias.

Las horas restantes, Necross las paso planeando como escapar, las palabras del tipo nervioso calaron en su ser, y antes de que lo fueran a buscar prefería tener un plan.  Si son dos los guardias, no sería un trabajo tan difícil deshacerse de ellos, podría electrocutar a uno y apuñalar al otro. Podría saltar por una ventana si llegan a rodearme, no quiero traer a Dracul hasta que no sea realmente necesario, eso solo causaría más problemas. No, si los ataco anticipadamente me culparan de lo que sean que me estén culpando, debo demostrar mi inocencia hasta el último minuto… ¿pero y si eso no es suficiente? ¡¡Agh!!

Necross se llevó ambas manos a la cara, un tanto desesperado por las palabras del sujeto y el hecho de que los sujetos que salían no llegaban.

- Estas pensando demasiado, has salido de cosas peores.
-Lo sé, pero a veces es divertido hacer funcionar las neuronas…-


Un llamado saco a Necross de su conversación interna, alguien, con ropa demasiado elegante para ser un simple soldado, lo había elegido. Algo andaba mal, el sujeto tenía demasiada autoridad, Necross estaba alerta, en caso de cualquier cosa podría tomar al sujeto y amenazar a los guardias con matarlo si algo salía mal, él sería su respaldo.

Fueron tres los elegidos, y estos fueron conducidos a una sala, se les invito a tomar asiento pero Necross se reusó, se mantuvo de pie con los brazos cruzados, alejado de los otros dos reclusos, pero bastante cerca del ser desconocido.  El tipo hablaba sobre trabajo, Necross necesitaba uno, las cosas iban bien.

- No puedo hacer nada si no tengo mis armas.-

Dijo sin más, dando a entender sobre su participación. - ¿Que tengo que hacer, cuando me darán mis armas, y cuanto me pagaran?- Directo al grano, el hombre del parche no quería seguir encerrado en el cuartel, tenía hambre, sueño, y sed por cerveza. Este no es un lugar para él.  Incluso tenía pensado en que si la misión no es en la ciudad, podría escapar cuando tuviera la oportunidad, aunque la idea de tomar como rehén al sujeto elegantemente vestido seguía en su mente, aunque no lo hará, a menos que sea realmente necesario.



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Re: Los caminos de la virtud

Mensaje por Bony Sandokan el Jue Ago 14, 2014 8:18 pm

-¡Wow! Pero mira cuanta diversión hay por aquí-

Fue lo primero que Sandy dijo al ver el ánimo tan taciturno del lugar, Bony le siguió la broma con una extraña mueca medio arremedándola, Ann por su parte había echado una mirada de asco, de fastidio, quizás sus ojos querían decir algo como “Están locas, regresemos al barco”, pero justo antes de decir lo que había pensado, la música del ambiente cambió por completo, todos los presentes voltearon al unísono observando al músico, un apuesto y tanto joven bardo que mirando a las tres chicas había parecido inspirarse en tan breves segundos, como si la presencia de las damas hubiese sido su musa nocturna. Las tres hermanas giraron la cabeza (cada una a su manera) hacía donde el músico se encontraba, y cada uno de los presentes pareció reestablecer sus neuronas a un estado más alerta, más despiertos. Incluso el tabernero había “despertado” con una ligera sacudida de cabeza observó a las recién llegadas y su rostro se iluminó en un as de “dinero” dándoles así la bienvenida y la cortesía de la casa.

-Bueno, parece que le agregamos sentido a éste lugar-

Había inquirido Bony al ver la amabilidad del tabernero tan prontamente desplazada, y siendo ella quien diera el primer paso seguida de Hunta, se dispuso a disfrutar de la copa por parte de la casa, Ann la miró con desprecio, pero después de unos segundos respiró profundo y tomo un lugar a un lado de ella seguida por Sandy, en cuanto el tabernero les advirtió de la comida las tres chicas se observaron entre sí con cómplice sonrisa, pues habían cenado bien, o al menos más o menos en el barco y se limitaron a elevar el vaso en un ademán de “no pasa nada”. En ese instante las diferencias del trío de hermanas parecía ceder en continuas risotadas, se miraban la una a la otra como si tuviesen mil historias por contarse, en realidad estaban recordando los tiempos con Flint, su padre, lo que antes había sido una desgracia, ahora no causaba más que risas infantiles entre ellas, Sandy era la que más cosas olía recordar, o al menos era la que mejor recordaba las cosas graciosas.

-Oye Ann ¿Y te acuerdad cuando Flint intentó casarte con la hija del Duque? Todavía me acuerdo de la cara de la cría cuando estando así de borracha le dijiste “¡Oye, amada mía, mira mis pechos! ¿Así te quieres casar todavía?”.-

-¡Ja! ¿Cómo olvidarlo? ¡Mis pechos eran aún más grandes que los de esa mocosa empedernida!-

Bony por su parte parecía quedarse lejana, varada, observaba a sus hermanas platicar, las oía, pero no las escuchaba, y claro que respondía a sus gestos risueños, pero no era más que eso, una respuesta automática, pues su mirada se centraba en el instrumento que el bardo parecía tocar en ese mismo instante, si bien Bony no tenía mucha práctica con instrumentos de cuerda tan límpidamente le gustaba mucho observar a quienes tenían el talento, y más aún si la música presente era completamente distinta a lo que estaban acostumbradas en el barco. La chica de cabello platinado no sabía si sonreía por la melodía, por los gestos de sus hermanas o por el desempeño que el bardo parecía tener para ambientar el lugar, quien la mirase podría pensar tal vez que estaba casi desnudando al bardo con la mirada, en realidad estaba tratando de desnudar las notas con los oídos, algo como “esa melodía la he escuchado en otra parte, o creo que se parece”, Hunta perecía estar tan concentrada como ella, salvo que su concentración se centraba en una rata que caminaba de un lado a otro en el suelo de la taberna.
Hubo un pequeño, breve y casi, casi “mágico” momento en el que los ojos del bardo y de Bony quizás se cruzaron, Bony había mantenido la mirada constante, instantes después bajó la cabeza medio ladeándola para escuchar mejor, pero ese “mejor” había sido opacado por las risotadas que las prostitutas soltaban al azar, a la hermana menor de las Sandokan, no le desagradaban las prostitutas, no tenía nada contra ellas, incluso tenía a muchas de ellas como amigas en el puerto de Malik Talish, pero había algo en específico que no toleraba de muchas de ellas, y ese “algo específico” era la escandalosa risa que solían tener para llamar la atención, era algo que rompía por completo la serenidad del ambiente por más plagado de ruido que estuviese. Y esa situación había provocado que Bony perdiera la concentración comenzando a escuchar las notas lejanas y casi sórdida, incluso Hunta le había perdido el hilo a la rata, después de que una de las mujeres la asustara con un gran alarido.

-Demonios…-

Pensó Bony para sus adentros muy secamente, estaba lista para reestablecer el contacto con sus hermanas cuando “algo” o mejor dicho alguien la aló del brazo, la hermana menor elevó una ceja y giró la cabeza para ver de quién se trataba, era un hombre, un hombre como cualquier otro de unos 40 ó 45 años de edad talvez, de barba hirsuta, medio canoso, con una ligera calva en las entradas, si, era un hombre como cualquier otro, con la excepción que sus ojos estaban vacios, o mejor dicho plagados por el alcohol. Bony sabía que no estaba del todo borracho, y que lo que había hecho hacía breves momentos, había sido a propósito, y como era costumbre suya, respondió a su jaloneo con un leve forcejeo para liberarse. Pensó en decir “¿Qué quieres?” pero se limitó a mirar con desprecio al hombre, era un poco más bajo que ella, medio panzón quizás, pero de pecho y brazos firmes. Ann y Sandy al percatarse de la situación de su hermana se habían limitado a observar primero, fue entonces que las palabras brotaron de los labios del viejo barbudo panzón “¿Cuánto?”… “¿Cuánto?” La palabra hacía un eco seco en la cabeza de Bony, ese hombre la había confundido con una prostituta, lo miró asqueada pensando tal vez que el tabernero lo detendría, no lo hizo, por lo que simplemente dando un paso hacía atrás proclamó en voz baja.

-Ni por un millón…-

Y el desorden comenzó, pues apelando el hombrecillo exigía sus bajos servicios por parte de Bony, y si no fuera por lo que pocos segundos después había sucedido, Bony habría tenido que manchar sus katares de esa sucia y sebosa sangre, pues sin el más mínimo interés el músico que hacía breves momentos se encontraba tocando alegres melodías, había optado por salir del escenario para apelar en lugar de Bony sólo para recibir un fuerte puñetazo en él rostro, cosa que había dejado a las tres hermanas completamente sorprendidas, principamente a Sandy quien con un gesto de dolor pensó “Auch, pobrecito, tan guapo que m eparecía”, empero, en ese mismo instante la hermana intermedia sintió la necesidad de colocar su mano zurda en el sable, Ann por su parte mantenía la mano derecha pegada al gatillo, con la pistola por debajo de la mesa, hubo un breve silencio, como ese típico silencio del viejo oeste al pasar un erizo de ramas en la arena, poco antes de que comience un duelo a muerte, el silencio ceso cuando el bardo se levantó del suelo con un hilillo de sangre que brotaba de sus narices y sus labios, y la pelea comenzó, como si de una jungla salvaje se tratase todos los presentes comenzaron a arrojarse cuanta cosa tenían en frente, las bancas, las mesas, los tarros, se aventaban incluso ellos mismos. No había un objetivo en común, a menos que el objetivo fuera el hombre que había detenido la música, el mismo que había confundido a Bony con una prostituta, pero a simple vista parecían ser todos contra todos.

Y poco antes de que las Sandokan habían decidido dejar el lugar y retirarse a su no tan acogedor pero si tranquilo barco, el músico las interceptó hablando en metáforas y líricas referentes a la música, a Bony le habìa parecido gracioso que las llamara “letras”. La ùnica que había mostrado empatía con el joven hombre era Sandy, quien desde el momento en el que lo había visto había entablado unas curiosas miradas de coqueteo… pero i9ndependientemente del coqueteo, la que realmente estaba interesada en laspalabras del bardo era Bony.

-Con que componiendo un tema… nada mal…-

Habìa dicho para sì misma la hermana menor, quien observò detenidamente al hombre mientras se alejaba. El alba estaba llegando a su punto máximo, el Sol poco a poco hacía acto de presencia, y Bony tuvo la sensación de que algo importante sucedería en la noche. A poca distancia se podía observar una especie de desfile, Bony se dio cuenta de que era una marcha militar, sonriò para sus adentros avisando a sus hermanas con un ademán quienes inmediatamente y con atenta mirada se dirigieron al barco para descansar por unas cuantas horas antes de que la noche volviera a llegar. Para Bony serìan horas de extenuante espera, pues por su parte habìa decidido entablar plàtica y relaciòn lejana con el músico de la taberna.

-¿Què te parece Hunta? A mi en lo personal me agrada la idea, a fin de cuentas a ninguna de ellas le interesará…-

La perra se limitó a ladrar en voz baja y seguir a su ama.

-----
Al anochecer Bony había notado algo muy extraño en el lugar, las calles estaban vacías, incluso siendo el muelle un lugar silencioso ella sabía que debía de haber si quiera un pescador en el sitio, pero no había nadie, por lo que comenzó a sospechar siendo cautelosa en todo momento. Caminaba taciturna y pensativa entre las sombras de los locales aledaños al lugar, se preguntaba para sí misma “¿Qué está ocurriendo aquí?”, pero por más que se lo preguntara vera preciso seguir teniendo cuidado, el lugar estaba desolado, pero ella podía sentir las miradas a través de la oscuridad nocturna.
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Re: Los caminos de la virtud

Mensaje por Kainen el Lun Ago 18, 2014 12:11 pm

Un silencio mortal reina en la pieza, el noble que me contrato hace unas horas, esta dándome la espalda y mirando por la ventana ¿Se habrá olvidado de que estoy aquí? Sus ropas son distintas a la ultima vez que lo vi, pero eso de cambiar de ropa continuamente es típico de ricos, o al menos del que se lo puede permitir, yo con un lavado de ropa cada mes o dos me conformo y no pienso gastar dinero para comprar ropa "nueva" o para lavar la mía, con agua de río me basta y me sobra.

El silencio lo rompe el noble con un largo e inútil discurso al cual no hago ni caso, por fin se digna a hacerme caso y a darme mi puta recompensa. Su mayordomo me guía por la puerta trasera para que los guardias no me vean. Pocos minutos de tranquilidad tengo hasta que me veo rodeado por la guardia...mierda. Vienen de buenas y dicen que es solo la guardia matutina ¿A quien coño queréis engañar? Si hasta yo mismo desconfiaría de mi, coño, subnormales. Todo son sonrisas hasta que descubren el dinero y claro, un haraposo con tanta pasta no es algo muy normal, intento durante unos segundos buscar una vía de escape pero estoy totalmente rodeado, intento forcejear un poco pero nada, me toca rezar de nuevo a esos dioses que no se si existen, que tantas veces me han salvado, al final terminare siendo creyente.

No se donde coño me llevan pero puedo imaginarlo, durante el camino también han arrestado a un hombre con parche que no ha ofrecido resistencia alguna cuando parece totalmente capaz de deshacerse el solo de los guardias, pero en fin. Unas trompetas resuenan y el hombre del parche pregunta a los guardias, quizás por puro aburrimiento, el guardia le responde no se que de unos héroes. JA, héroes, seguro que son unos burguesitos o nobles ataviados con armaduras con miles de dibujitos y tallados para que resalten y luego no sabrán manejar una espada, en fin, puto imperio.

Tras un rato de marcha, nos llevan a una celda repleta de gente y no puedo si no tener miedo, han doblado la seguridad porque ha muerto ese estúpido noble, es decir, es todo mi culpa y no ofrezco un aspecto que refleje mucha confianza, o miento bien o soy hombre muerto, asi que de momento mejor colaborar para volver todo mas ameno y no jugarme el cuello. Las horas pasan y el silencio solo lo rompe un loco que dice que moriremos todos, esos son los efectos del imperio sobre la gente, por eso me fui y por eso me pregunto ahora como coño he vuelto a este puto sitio donde me crié. Algunos hombres se han ido y no han vuelto, quizás son libres por las calles o quizás sea su alma la que este libre, quien sabe. Tras unos minutos en silencio se me acerca el hombre del parche y me pregunta. Acercándome a el lo máximo posible, le susurro al oído.

Si te cuento esto es porque te vi ayer, el hombre que viste muerto, fui yo quien lo mato, pero eso aun no lo pueden saber, solo soy sospechoso. Así que si, estas aquí por mi culpa, no pensé que doblarían la guardia por la muerte de un noble, esto antes pasaba mucho mas y los guardias pasaban, daré por hecho que esto responde a tu pregunta sobre porque me cubro.

Después de eso me quede en silencio y me aleje del hombre. Tan solo después de ocho horas vinieron a buscarnos, un noble nos llamo a tres hombres, de los cuales uno era el hombre del parche. Nos llevan a una sala donde nos ofrecen asiento, lo tomo y mientras escucho la propuesta del hombre, me quito la capucha y el pañuelo, dejando libre mi oscura melena negra, el flequillo me tapa los ojos. La cara del hombre, el que nos ofrece trabajo, me es familiar, me parece haberla visto antes pero puede que solo sea imaginación mía. Yo creo que esta bastante claro que voy a aceptar, porque si no me juego el cuello, ademas hablan de trabajo, quizás haya recompensa.

Devolvedme las armas y haré lo que queráis.
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Re: Los caminos de la virtud

Mensaje por La Madre Condena el Dom Ago 24, 2014 1:09 am

Capítulo I.

Con el objetivo en la mira


Desmond Morgan.

-La noche se convierte en la guarida preferida de los asesinos, la oscuridad y el silencio los sumergen en un acto mucho más hermoso que durante el día… o al menos, en mi opinión, prefiero ver sus rostros de asombro y terror bajo la pálida luz de las lunas, en el día, su aspecto no es del todo agradable… y aquello no es del todo artístico, soy un asesino del arte, mato para observar la belleza tormentosa de la muerte, ese es mi código, solo matar aquellos dignos de ser una obra magistral, y el tuyo muchacho- Inquirió la mujer de capucha roja mirando a su asesino para luego sonreír levemente- ¿cuál es tu código?, después de todo has venido por mí, ¿o me equivoco?-
Desmond Morgan se encontraba frente al objeto de su errada misión, una mujer joven de tez pálida, cabello platinado, ojos rojos como la sangre y abrigada en una capucha carmesí, sostenía en sus manos un cuchillo para embalsamar y el cuerpo de un difunto varón sobre un pedestal.
Todo surgió a partir de ciertos acontecimientos que le entregaron una pista acerca del paradero de Juan Carlos de Sophia, aquel que se encargó de que su padre fuese asesinado. Una mañana, el solitario Desmond se encontró con una carreta noble estacionada frente a una taberna y en su interior se encontraban dos hombres de vestuarios vistosos y elegantes junto con sus guardias privados quienes agarraron al cantinero y lo empezaron a golpear despiadadamente bajo el argumento de no pagar al día sus impuestos. Posteriormente mencionaron el nombre de Juan Carlos de Sophia acompañado de un “por fin estará satisfecho” al tiempo que se marchaban dejando al cantinero medio moribundo.
A través de la información que pudiese Desmond conseguir por medio de los mismos nobles, la supuesta ubicación de aquel que buscaba con tanto ahínco estaría en cierta mansión alejada dela población, pero al llegar al destino e ingresar a sus dependencias se daría cuenta que estaba prácticamente abandonado y con nulo cuidado principalmente en el jardín, y al ingresar se encontraría con aquella mujer.
-¿Te han enviado a matarme?-Volvió a preguntar la mujer sonriendo levemente-Te aseguro que no eres el primero ni el último que mandan hacia mí, algunos me mandan gente como una trampa para ellos mismos, pero sea cual sea el caso si me atacas responderé, eso tenlo por seguro... a menos que busques otra cosa, muchos han llegado a mí por información, otros por ignorancia, pero da igual, aquel que sea hostil conmigo nunca tendrá buen final pero aquellos que trabajan para mi siempre son bien recompensados, con lo que sea que estén buscando, poder, dinero, venganza... en fin, ¿me dirás a qué tengo el honor de tu visita? ¿o habrá que derramar sangre?-

Kainen y Necross

-Debería matarlos aquí mismo por vuestra osadía-Les bramó uno de los guardias llevando su mano al  pomo de la espada- El señor Lorens les ha ofrecido continuar con sus vidas y aun así vienen prepotentemente con exigencias, al parecer no se han dado  cuenta de su lugar aquí…-
-Suficiente Ralp-Mencionó Lorens en dirección al guardia al tiempo que alzaba su mano en son de parar-Sus peticiones no son del todo absurdas pero es cierto que deben evitar ese tono prepotente… no, más bien deben evitar palabra alguna, pero les daré la explicación en breve, de momento necesito que les sirvan algo de comer y beber, que traigan vestimentas adecuadas y su respectivo armamento, así que vayan, además que necesito hablar a solas con ellos-Le solicitó a los guaridas quienes asintieron respetuosamente y se retiraron.
-Bien, ahora mismo responderé sus inquietudes—Comenzó a decir hasta que el tercer sujeto de los que había seleccionado se puso de pie con un evidente tono de hostilidad:
-¡A mí no me engañas pedazo de basura!, sé que de igual modo nos azotaran y nos quemarán, independiente de lo que hagamos, ¡yo ya no creo en el Imperio!-Exclamó apuntando su puño al noble dispuesto a saltar y agredirle-ahora estás sin tus hombres, te mataré y luego escaparé de aquí, y ni el imperio ni tu puto Dios podrá…-
Pero sus palabras se vieron cortadas de golpe por un haz de luz que se impactó sobre su corazón y atravesó su cuerpo hasta difuminarse en el aire. El individuo cayó al suelo muerto pero sin un rastro de sangre, fue un ataque completamente limpio. En tanto, Lorens descendió su mano derecha la cual usó para expulsar aquel haz de luz para luego sacudirla y mirar de soslayo al cadáver.
-Creo que olvide mencionar que la blasfemia está estrictamente prohibida y por supuesto es castigada con la muerte-Mencionó con un tono pausado para luego suspirar y dirigir la mirada hacia los otros dos hombres que quedaban-Lo que acaban de presenciar se llama Justicia Divina, es una manifestación de nuestro Dios Único a través de algunos fieles elegidos para emplearlo, siempre que el Imperio y su nombre se vea ofendido y/o amenazado me veo con la obligación de usarlo, espero que sepan entenderlo, y por lo mismo, aprendan a guardar silencio principalmente si sus ideales son contrarios, me vería complicado de perder más hombres…-
Lorens era un hombre alto, esbelto, de blondos cabello, los que tenía sujeto en una coleta, ojos pardos y piel clara, usaba un vestuario aristocrático de telas finas entre tonos dorados y rojos. Su expresión era bastante seria pero su voz tenía un tono apacible.
-Bien, creo que al fin podré daros la explicación correspondiente, lo que necesito que hagan es que se presenten ante la canonesa, les pediré que la escuchen y no digan absolutamente nada, cualquier movimiento en falso realizado ante su presencia les significará la muerte, y nada podré hacer para evitarlo, se los aseguro, en tanto, frente al objeto de la misión, requiero que recuperen tres reliquias, no les pediré que eliminen a los enemigos para eso hemos enviado ya una tropa, lo único que harán será infiltrarse y recuperarlas hasta traerlas hacia acá, por lo demás, trabajarán con ustedes más personas… mmm por lo que se, serán dos que seleccionará la canonesa más uno por parte de mi aliado a menos que ocurriese algún inconveniente… cosa que no espero-
La puerta es abierta nuevamente e ingresan los guaridas con bandejas de alimento y una botella de vino de gran calidad.
-Nos veremos a la noche, ahora les pediré un poco más de paciencia y que relajen sus ánimos, no se permitirá ninguna actitud grosera frente a la canonesa, ¿escucharon?-Mencionó el noble saliendo de la sala mientras que un guardia levantó el cadáver de aquel que trató de atacarle y ambos salieron de la sala dejando al resto en su interior.
-Ah, y casi lo olvido-Agregó depositando dos bolsas de monedas sobre la mesa antes de marcharse-Un adelanto.-

Bony Sandokan

La noche había caído, en clima continuaba helado pero ya no existía aquella molesta neblina que estuvo incordiando la noche anterior, sin embargo, había un silencio sepulcral reinando en las calles, el muelle estaba desierto y solo las pisadas de Bony y de su mascota Hunta podían escucharse.
A medida que la muchacha avanzaba se daría cuenta que el lugar no estaba desolado del todo, habían personas , pero todas estaban al interior de sus hogares y muchos se asomaban por las ventanas mirando extrañados que alguien desafiara la ley al pasearse a aquellas horas de la noche, lo cual era bastante extraño. Fue entonces, que el silencio fue interumpido por las pisadas metálicas provenientes de una cuadrilla de guardias que marchaban casualmente en dirección a la calle en que estaba Bony.
La muchacha se hubiera visto en serias dificultades si no fuera porque desde el callejón que estaba a sus espaldas surgen dos brazos, uno que le tapa la boca y el otro que la empuja hacia atrás con fuerza, al tiempo que un rostro conocido le hace guardar silencio con un “shhhht” mientras que la tropa de guardias pasa de largo con cierta prisa y sin percatarse de lo ocurrido.
-Eh, discúlpame por haber sido tan brusco-Dijo el bardo soltando a Bony ahora de manera delicada para luego hacer gestos de calma a Hunta con ambas manos-Tranquila chica, no le haré daño, ¿ves?, pero había que ser rápido, si los guardas la veían nos habríamos visto en  serios problemas-comenzó a contarle al animal- ya sabes, ellos vienen, sacan sus armas, nos atacan y yo viéndome en la opción de tocar un tema fúnebre tal vez, quién sabe, pero nos dice la suerte que no fue así, ni lo será, maravilloso entonces-Comento Caín sonriendo deliberadamente viéndose a través de la luz fatua proveniente de los hogares la herida, ahora seca, de su labio donde antes le golpeó aquel grandulón.
-La razón de tanto ajetreo es que se inició un toque de queda, al parecer ocurrió un asesinato la noche de ayer y hasta que no se resuelva no se podrá salir durante la noche, o al menos, no se podrá salir sin que te descubran… de todos modos te aclaro que no lo supe hasta que me fui de la taberna, de haberlo sabido no les habría tentado a pasar por semejante riesgo o lo hubiese hecho pero cumpliendo las precauciones correspondientes, aunque, por lo que veo, solo has venido tú, ¿hay alguna razón en particular? ¿curiosidad, valentía… ambición?, después de todo, les mencioné acerca de un tesoro, pero no sé si lo sea realmente, bajo mis preceptos algo único y de gran valor lo es, pero dime, ¿bajo tu definición, qué es un tesoro?, bueno, lo cierto es que necesito tu ayuda-Dijo cambiando su tono de voz a uno más serio y con la vista fija en Bony- ¿Estás dispuesta a emprender una aventura?, necesito rescatar algo, a cambio serás parte de una emocionante aventura, ganarás dinero y el tesoro, ahora no quiero que malpienses mis intenciones,  si te lo pido es porque creo que tu eres la indicada para terminar mi canción, yo lo llamo, corazonada inspirativa…-

Kainen y Necross

Lorens llegó a la sala justo cuando la noche estaba en su alto apogeo, les indicó a Necross y Kainen una vez alimentados y vestidos que le siguieran. Condujo a ambos hacia hacia el sótano del cuartel donde había una trampilla, la cual conducía a un túnel de ladrillos por los que avanzaron por algunos minutos.
-Hay un toque de queda a raíz de que un asesinato por lo que no podemos salir a la superficie así que hemos de llegar a nuestro destino por aquí… que molesto-
Una vez llegado al final del túnel otra trampilla abierta les aguardaba, subieron por ella hasta llegar a otro sótano, Lorens dirigió una mirada fija en ambos hombres.
-Necesito que me escuchen con atención, ahora estarán solos, relativamente, necesito que suban estas escaleras, son muchas, pero deben llegar hasta el final e ignorar cualquier pasillo que se les adelante, y cuando se encuentren frente a la canonesa se arrodillen ante ella y acepten todo cuanto diga, pero no olviden que quien los contrató he sido yo, por lo que si no les ofrece nada saben que yo si les espero con recompensa, y por lo mismo, las reliquias me las deben entregar a mí, independiente que la canonesa diga lo contrario, ¿les ha quedado claro?, ahora suban y tengan cuidado, nos encontramos bajo la catedral de Sacralis por lo que cualquier actitud de blasfemia será severamente castigada, con decirles que yo fui piadoso…-

Bony Sandokan

Caín condujo a Bony a través de los callejones con bastante seguridad, deteniéndose cuando sentía pasos de la vigilancia nocturna, hasta que finalmente llegaron a una casa abandonada, donde en su interior, debajo de varios escombros que el bardo con algo de tiempo logró correr, se hallaba una trampilla.
-Tal vez te parezca algo loco pero esta historia comienza en el corazón de esta ciudad, ¿sabes cuál es?-preguntó con un tono cargado de emoción-Pues llegaremos hasta allá para reunirnos con nuestros compañeros, pero antes, ¿alguna pregunta? espero que no sea que pienses abandonar, sería una pena-



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Re: Los caminos de la virtud

Mensaje por Desmond Morgan el Dom Ago 24, 2014 3:43 am

Altaïr bajó amenazante para terminar posándose en mi hombro. Nadie hubiera dicho que alguien que quería pasar desapercibido llevara un águila sobre el hombro. Sin embargo era el castigo que he tenido que aceptar, mi hermana quería verme, quería que me olvidará de Juan Carlos de Sophia, y lo iba a hacer, juro que lo iba a hacer. Pero el destino, el destino es cruel y pendenciero. Había emprendido mi viaje después de salir de aquella ensoñación, de lidiar con aquellos extraños monstruos y de conocer al tal Eleazar, pero aquello estaba en el pasado, mi presente me dirigía a Cuernavilla, al menos eso creía.

Me había estacionado unos días en una pequeña villa con lo poco que había ganado me costeaba a duras penas un alojamiento. Y durante esos días todo se convirtió en monotonía. Cuando me levantaba, Altaïr no estaba, pues había ido a cazar, siempre aparecía tres o cuatro horas después con el pico cubierto de sangre, de la sangre de su desayuno. Todos los días iba a la taberna de la villa y pedía siempre lo mismo, un vaso de leche y un pastel de calabaza. Tanto que el tabernero empezó a llamarme el “hombre debilucho” ya que los demás desayunaban alcohol y alguna comida fuerte. Lo que me hacía dudar de la calidad de ese vaso de leche y de ese pastel de calabaza.

Recuerdo que mi madre siempre los hacía, y al principio no me gustaban, me resultaba muy extraño el sabor, pero a medida que mi madre perfeccionaba la receta a mi me gustaban más y más, hasta convertirse en mi desayuno preferido.

Altaïr trajo con su pico otra presa, siempre cazaba de más, lo que me había permitido costearme los últimos días bastante mejor que los primeros, la carne de conejo se vendía bastante bien. Acaricié la cabeza del águila y me dirigí al cazador para venderle esa presa. Posiblemente me pagaría menos si no le ahorraba el trabajo de despiezarla y desollarla pero tampoco es que pagara mucho más por ello. Después de vender la pieza a un precio normal fui directo a la taberna para pagar al tabernero otro día. Sin embargo cuando llegué la situación del tabernero no era envidiable.

Frente a una carreta noble tres hombres golpeaban al tabernero. Debajo de mi capa mi mano se posó sobre las dos gemelas pero subieron rapidamente, mientras escupían y mencionaban un nombre, un nombre que lo cambió todo, cambió mi viaje, cambió mis intenciones, e hizo volver a mi pasajero oscuro, el cual hacía mucho tiempo no había aparecido.

-Juan Carlos de Sophia estará satisfecho.-dijeron aquellos tres hombres. Miré con furia a la carreta donde dos hombres con vestimenta elegante reían a carcajadas por la situación del tabernero, mientras sus dos matones limpiaban sus manos ensangrentadas. Sin ningún tipo de pudor se fueron. Me dirigí corriendo a aquel hombre, tan solo era un pobre hombre que intentaba labrarse un futuro para el y su familia. Posé mi mano sobre el cuello de este, la gente que lo rodeaba retrocedió, creían que iba a hacer algún tipo de conjuro, o al menos eso supuse, pero sin embargo lo unico que hacía era comprobar si seguía con vida. La lastima era que no lo hacía, era algo que no podía consentir, e iba a conseguir información de aquellos hombres, los iba a matar e iban a decirme donde estaba ese malnacido.

Había sido estupido, mi estupida hermana, la estupida águila que tenía que cargar a todos los lados y la estupida actitud de no buscar a Juan Carlos, ese hijo de puta no va a parar por más que mi hermana quiera que pare de buscarle. Pregunté entre la gente: ¿Quién son esos nobles? Muchos se encogían de hombros, a otros se les notaba el miedo si hablaban, pero un anciano se acercó tembloroso mirando hacía todos los lados y me instó a que le siguiera a un callejon, le hice caso y nos dirigimos hacía el más próximo.

-Esos ostentan el titulo de propietarios, son propietarios de esta villa, y la manejan con crueldad.-dijo el anciano, apoyandose en la pared del callejón, se notaba cansado y al hablar jadeaba me dirigí a la taberna, pidiendole que me esperara y volví con una jarra de agua.-Gracias, eres un buen hombre.-si el supiera. Bebió de la jarra derramando la mayoria del agua sobre sí mismo y sobré el suelo, pero se sintió con más energías para seguir hablando.-Se que todas las tardes van de caza al bosque más cercano de aquí, tranquilo allí solo hay conejos y ciervos.-dijo el anciano.-Sin embargo aquello es un laberinto. Te puedes perder.-

-Tranquilo, creo que mi águila sabrá el camino de vuelta.-así que allí era donde Altaïr pasaba las mañanas.

Esperé a la tarde para emprender mi viaje al bosque más cercano y pronto oí un traqueteo, era el de las ruedas de la carreta de aquellos nobles, con aquellos tres hombres dentro, me oculté entre la hierba y los seguí sigilosamente, hasta que se pararon en el centro del bosque. Altaïr se posó en la rama y esperó a que yo actuara. Había adiestrado a Altaïr, quizás no del todo, y no de la forma correcta, pero el sabía que si levantaba el meñique y el indice tenía que chillar. Y si apuntaba con el indice a una zona tenía que volar hacia ella.

Los guardias personales se colocaron de forma que era imposible abordarles, no para un ser humano normal y corriente. Estos iban parapetados con rifles con bayoneta acoplada. Los dos guardias se pusieron más alejados de mi cobertura, y el guardia que quedaba se puso a pocos metros de mi. Tenía que despistar a quellos dos guardias, y encontré la solución. Cogí una piedra y apunté al arbol más cercano de los dos guardias, la tire y esta rebotó en el arbol, pero hizo algo más que no había planeado, el rebote salió disparado hacía uno de los guardias y le dio en la nuca, lo que le hizo girarse de inmediato.

-Hay algún gracioso por ahí, vamos a mirar.-dijo el guardia a su compañero, este asintió y lo siguió el que quedaba protestó, pero se burlaron de el.-Tranquilo, no creo que te ataque ningún conejo asesino cuadrado.-dijeron en tono burlón, el guardia, que parecía joven, al menos por la voz, temblaba y miraba en todas las direcciones. Joven, cobarde e inexperimentado, los más fáciles de digerir. Me acerqué por detrás, se giró y me apuntó no tuvo tiempo de disparar porque le degollé y lo cargué en mi espalda, notaba como la sangre corría por mi capa, menos mal que esta era negra, así no se notaba. Lo coloqué en la rampa que hacía el bosque y cayó rodando, lo que yo creía que era ocultarlo, alertó a los dos nobles, los guardias que se habían ido se dirigieron corriendo ante los gritos. Me escondí detrás de un árbol y saqué una de mis gemelas.

Oí las pisadas del primer guardia y por auquellas pisadas, note que el otro le seguía muy de cerca le puse al zancadilla al primero deslizandome, este tropezó y cayó rodando, la bayoneta se clavo en su cuello y un acto reflejo propio de la muerte el fusil se disparó, los nobles entonces dirigieron su vista hacía mi posición y vieron como retenía a su ultimo guardia como rehen.

-Soltadlo, maldito bellaco.- dijo uno de los nobles. ¿A que venía ese hablar tan refinado? Estos temblaban con las manos en sus fusiles, que parecían unos rifles con un mejor acabado, y de mayor calidad, algo bastante ilógico ya que ellos sabían disparar igual que una abuelita mientras sus guardias tenían un entrenamiento bastante elaborado, o al menos eso suponía.  Lo sostuve firmemente y con mi mano de la espada levanté el indice y el meñique. Un chillido que resonó en todo el bosque despistó a los nobles lo que aproveché para cortarle el cuello al guardia, me deslice sobre la rampa, mientras estos disparaban, aunque parecían disparar al aire, más que a mi. Mientras me deslizaba guardé mi espada y cogí dos shurikens, antes de llegar al suelo los lancé uno de ellos rajó el brazo de uno de los nobles, y el otro se coló en la articulación del hombro el cual quedó paralizado. Y el arma se le cayó, haciendo que el otro se girara ante el ruido, aproveche para coger el shuriken que había rajado el brazo y lo tiré ahora sí, con mejor puntería para clavárselo al noble sin el arma en la cabeza, el cual cayó de inmediato. El que quedaba me apuntó con su arma que temblaba incluso más que el y me amenazó, me hizo arrodillarme y me preguntó quien era.

-La ultima cara que verás hoy.- aparté el arma sin dificultades y le propiné un puñetazo con la mano de mi cestus que lo dejo noqueado.

Y aquí estamos otra vez, hacía tiempo que no hacia algo así, improvisé un altar con un árbol cortado , el noble estaba completamente desnudo atado con sus ropajes.

-Espero que no te incomode el escenario.-dije cuando despertó, posandole el tarro en la nariz.- No tenía mucha opción, verás depende de ti salvarte, me dices donde esta Juan Carlos, y yo te dejaré libre.-el noble lloró, se notaba que era solamente un burgués más. Me agaché apoyandome en la mesa improvisada.

-Vale no me matéis, os diré donde reside Juan Carlos.-dijo mientras sollozaba.- Hay un castillo en una zona apartada de aquí allí está.-lo tenía tan cerca y no lo sabía. Sonreí y me levanté con la daga en la mano.-Ahora me liberareis ¿Estoy en lo cierto?-dijo el noble,  yo negué con la cabeza.

-La gente como tu no merece ser liberada, que Zuei Shu te acoja en su seno.-dije y le clavé la daga. Sin dilación le pedí al águila que me enseñara el camino de vuelta esta voló raso y se dirigió a la salida, me costaba seguir su ritmo, pero al final llegamos a la villa, ya era de noche y me dirigí sin más dilación al castillo.

Cuando llegué supe que había sido completamente engañado, el castillo estaba en ruinas y el jardin estaba descuidado, demasiado para ser de un noble, me abrí paso entre la maleza y llegué a la puerta que abrí con decisión, tras abrirla vi que había alguien, una mujer. Ojos rojos, parecian derrochar sangre, cabello de color plata, no por la decoloración del pelo, si no porque esta lo poseía así. Está habló, habló de su código, prefería matar a la gente por la noche. Yo prefiero matarlas sin exquisiteces, es mejor ver su cara al morir, pero aquello no lo dije, reparé en el cuerpo de un hombre que yacía en un altar.  Noté como Altaïr se posaba en mi hombro y yo, del ímpetu del águila, desplazaba mi hombro hacia delante.

-Aun no sé si entras dentro de mi código.-dije a aquella mujer. - No esperaba encontrarte aquí, esperaba a alguien diferente.-dije.

-Desmond, se acabó, puedes ser libre.-dijo Quinn, que estaba detrás mio.

-Callate.-dije entre dientes, con rabia.-Pero me temo que tu te has topado con el antes, es él. ¿Verdad? Tu lo has matado.-dije.-Has acabado con Juan Carlos de Sophia.-


Elegid como quereis vivir, por que muy pronto morireis

CÓDIGO DE MATANZA:

Codigo de matanza.

1) No matarás inocentes.
2) Los niños son criaturas vulnerables, tampoco matarás niños.
3) No dejes llevarte por los sentimientos. Ni te involucres emocionalmente, así solo conseguirás meterte en problemas.
4) No dejes que te cojan. Se muy meticuloso, sigiloso y cuidadoso.
5) Investiga siempre a tu victima antes de matarla. Tienes que estar seguro de que es esa victima la que tienes que matar
6) Siempre, siempre. Tienes que aparentar ser alguien normal. Actúa bajo lo que te he enseñado, y nunca deberías tener problemas.
Codigo de matanza propio: 1) Venganza.
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Desmond Morgan
Oscuro pasajero

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Re: Los caminos de la virtud

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