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Evento Leyenda: La Noche de El Primero

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Evento Leyenda: La Noche de El Primero

Mensaje por Namhaid Anfhlaith el Lun Ago 11, 2014 9:59 pm

LA NOCHE DE EL PRIMERO


El sol cae ya detrás de las montañas y las copas de los árboles están rojas, las madres llaman a sus hijos con el resto de la manada. El ciervo cazado ya ha sido repartido y los jóvenes y los viejos comían mientras los adultos montaban guardia satisfechos por haberse alimentado primero, era el modo de los Dearg Fang: los fuertes deben nutrirse primero para poder defender al resto, los jóvenes y los viejos al fin y al cabo son sacrificables en última instancia, pues han vivido muy poco o ya demasiado tiempo.

Después de la cena todos los miembros de la pequeña familia se reúnen en torno a la vieja Máthair, la narradora de historias del clan, quien esta noche -como cada luna nueva- tenía que narrar una de las “leyendas grandes” a los cachorros. Los licántropos de Thonomer eran sumamente tradicionalistas y aún más los del clan Dearg Fang, herméticos como ningunos, de manera que todos se dispusieron a escuchar con respeto no bien la vieja Máthair carraspeó y empezó con su historia:

Todos saben que las noches de luna negra son reservadas para los más grandes de nuestros antepasados, tanto los jóvenes como los viejos conocen ya las historias de Mawdubh el peregrino o de Tail-bán la matadragones, pero esta noche será del más grande de los grandes entre los nuestros, el primero cuyo nombre se ha perdido en el tiempo pero que nosotros llamamos Ardtus.
En los tiempos de la Guerra del Pacto, cuando nuestra estirpe nació y se repartieron los dones, Ardtus fue el primero que bebió del cuenco de plata y de luna y fue el que recibió primero el espíritu del lobo. También fue el primero en darse cuenta del terrible futuro del clan grande: la Primera Reunión, que dirigía junto con el oso,  la serpiente, el cuervo y el león.

Ellos creían en la tregua con los hombres, creían en la paz… Ardtus no, él y sus hijos corrían por los bosques y los llanos buscando comida, veían el mundo y las guerras del mundo y sabían que no habría paz mientras los hombres talaran los árboles para sembrar trigo y que los dientes de bronce que sacaban de la tierra mordían más que cualquier otro; y eso no era todo, más allá del bronce y del trigo que les daban fuerza, los humanos comenzaban a tontear y juguetear con fuerzas que era mejor dejar tranquilas, su odio y sus vanidades empezaban  a nutrir a entidades del caos lejanas e infinitas, Ardtus no las veía pero las presentía y previó también el terrible mal que acarrearían sobre toda existencia viva.

Pero los jefes de los clanes no querían entrar en razones y permanecían juntos en la Primera Reunión, creyendo en la palabra de los humanos de mantener la paz y Ardtus les habló  a los grandes ancestros de la siguiente manera: “Los hombres  son la enfermedad del mundo, su bronce hiere la carne y la tierra en busca de sangre y de trigo, no quieren otra cosa y no dejarán de crecer hasta llenar el mundo entero y atraer al Gran Mal;  ellos son los portadores de la peste y los emisarios de la muerte, ellos traerán la oscuridad sobre toda la tierra y la cicatriz de su daño nunca podrá ser reparada, debemos erradicarlos a todos” así habló Ardtus a los jefes de los clanes tres veces.

Pero el oso quería la tranquilidad con los humanos, el león confiaba en su honor, los cuervos ansiaban su conocimiento y la serpiente nunca decía sí ni no, sino que se quedaba impasible apoyando la decisión mayoritaria de los demás.  La cuarta vez que Ardtus habló sólo lo hizo para transmitir su voluntad: “Yo y los míos nos iremos a vagar por el mundo, no quisieron oír las palabras ni oler el peligro, su sangre sea sobre su cabeza”.

Aquella noche de luna llena comenzó la diáspora de los licántropos por el mundo entero, con el mandato de Ardtus de extender el clan y “purificar” a los humanos de sus costumbres corruptas y perniciosas mediante el Don. Los hombres por su parte no tardaron mucho en destruir el bosque sagrado donde los primeros cambiaformas  habían nacido, y los dispersaron por toda la tierra luego de una gran matanza en la que se destruyó la Primera Reunión, es por eso que los lobos somos los más numerosos, por la advertencia de Ardtus.

Han pasado muchos siglos desde entonces y nosotros los Dearg Fang somos descendientes directos del Gran Artdus, muchos cambiaformas han errado el camino desperdiciando el don y embriagándose con las costumbres humanas, otros se han subsumido demasiado en el seno de la naturaleza y han olvidado su rol como protectores. Nosotros debemos persistir y encontrar la manera de erradicar el Gran Mal que habita en los corazones humanos, sólo así la tierra podrá descansar en paz…

Fueron las últimas palabras de la anciana antes de que la saeta de la ballesta se clavara en su pecho y cortara de golpe su último suspiro, los cazadores habían encontrado a la manada ocultándose con nigromancia e iniciaban la matanza. Todos cayeron uno a uno en el cerco y los cachorros eran metidos en sacos de lona donde la mitad morirían antes de llegar al mercado donde serían vendidos. Lo último que el pequeño Namhaid vio antes de que la oscuridad de la lona tapara sus ojos, fue el hilillo de sangre que corría por el hocico abierto de la Máthair, aún podía ver en él la última palabra que había pronunciado: Paz.
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Namhaid Anfhlaith

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