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Lecciones importantes de un zorro... I Parte

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Lecciones importantes de un zorro... I Parte

Mensaje por Huli el Miér Ago 13, 2014 8:04 am


Caminar en dos piernas no es tan fácil, cuando toda tu vida has caminado en cuatro patas...

Uno nunca se imaginaría a un mamífero de cuatro patas caminando en dos, excepto claro si se imagina a un antropomorfo, pero ésta historia no habla de un antropomorfo, sino de un animal, una hembra, una pequeña zorra, mamífera que camina en cuatro patas, que no habla, que no comprende del todo a los humanos… una cambiaformas pura.

Caminar por primera vez en dos piernas cuando se está acostumbrada a caminar en cuatro patas no había sido nada fácil para Huli. Los primeros pasos que dio fueron más bien por instinto, un “algo” que fluyó desde muy dentro de ella como diciéndole “esto se hace así”, claro está que al darse cuenta de lo que había sucedido, de las cosas que habían pasado y demás, Huli llegó a una conclusión “¿Qué diablos estoy haciendo?” y por supuesto que cada cosa que ella pensaba, no podía decirla, sólo se quedaba en “eso” un pensamiento, una divagación, como lo que pensamos antes de realizar un examen escrito y ¿Por qué? Por que Huli, sólo conocía el significado de las palabras pero no tenía ni la más mínima idea de cómo pronunciarlas.

Varada en medio de aquel matorral donde las cenizas llovían cual lluvia, Huli miraba sus “nuevos” pies con detenimiento, mejor dicho “se observaba” a sí misma; observaba sus manos, sus brazos, su pecho, su abdomen, sus piernas, cada parte de ella era sorprendentemente interesante, se preguntaba a sí misma “¿Todos los humanos son iguales?” Después pensó en el color de piel que tenían algunos monjes, en las personas que vio por primera y última vez en la villa, se quedó pensando y dijo para sí misma “Los humanos son más diferentes entre ellos que nosotros… pero ¿Cómo usan éstas patas? Ni si quiera tienen garras ¿Cómo cazan? Ni colmillos tengo ¿Qué voy a hacer ahora?...”

Había pasado probablemente la última hora ahí sentada en el suelo, pero había algo que le sorprendía aún más, era “el tacto”. El tacto que su piel humana tenía era por demás diferente y fabuloso, podía sentir la humedad del pasto, el fresco de la nieve derritiéndose, la suavidad del lodo entre sus dedos, la extraña textura del agua, era algo que como mamífero cuadrúpedo no tenía la fortuna de sentir. Se vió maravillada a sí misma, miró al cielo y divago “Quizás no es tan malo ser humano después de todo…”, había sonreído, pero al percatarse de su sonrisa sacudió la cabeza para volver en sí “No, no, no… debo regresar a mi forma natural ¿Cómo voy a vivir así? Pero… ¿Y si no puedo? ¿Y si no sé como hacerlo de nuevo? ¿Qué voy a hacer? ¿Cómo voy a cazar? ¡¿Cómo usan estas cosas?!” , había tantas preguntas en la mente de Huli que no podía responderse ella misma en ese preciso momento, pues todo eso era algo que aprendería con el  tiempo.

Y a pesar de toda esa confusión Huli tenía muy bien entendido que lo primero que debía aprender a hacer era a caminar en dos patas,  también sabía que lo primero era pararse, por lo que impulsándose con lo que ella conocía como patas delanteras, se irguió, se sostuvo y se dio cuenta que esas patas nuevas que tenía eran mucho más fuertes que las patas que tenía antes, pero a pesar de ser más fuertes no era tan ligeras, sentía como si trajera piedras en los muslos, a medias levantó una pierna, la derecha, al terminar el primer paso se sintió orgullosa de sí misma y al dar el segundo, pudo incluso levantar el mentón como la niña que lo hace al aprender a montar por primera vez a caballo.

El tramo había sido pequeño, pero pronto vio sus extrañas huellas grabadas en el suelo, Huli las observó detenidamente con nostalgia y pensó “Extraño mis pequeñas patas, estas patas son espantosamente grandes…”. Quizás en la sociedad Huli sería una chica muy callada, demasiado tal vez, pero consigo y para sí misma tenía infinidad de conversaciones y preguntar que responderse. Ahí parada en la punta de una no muy alta piedra inclinada Huli  observaba el ocaso que nunca había alcanzado a ver desde su anterior estatura, los colores, la sensación, el tacto habían sido maravillosos y hasta ese momento no se había cansado si quiera un poco de caminar, mientras lo hacía mirábase paso tras pasos sus blanquecinos pies, es cierto, eran espantosamente grandes, pero tan curiosamente elegantes “Así se siente caminar en dos patas”, pensó, “Soy más alta, me siento más grande… creo que así podría proteger mejor a mi madre y a mis hermanos”, a pesar de que su estatura era poco más de metro y medio, ella se sentía grande, orgullosa, se sentía gigantesca entre los árboles, pues Huli había aprendido algo muy importante, algo que a los humanos  les llevaba un año entero aprender a hacer… Huli había aprendido a caminar, a andar en la tierra con tan sólo dos patas…


Última edición por Huli el Lun Jun 01, 2015 8:56 am, editado 1 vez








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Re: Lecciones importantes de un zorro... I Parte

Mensaje por Huli el Miér Ago 20, 2014 10:17 am

Hasta ahora, lo único que su garganta había pronunciado eran maullidos que terminaban en graves gruñidos, siseos y chasquidos de colmillos, la primera vez que se escuchó a sí misma, se sintió tan maravillada...

Hasta el momento las únicas palabras que Huli había pronunciado eran… en realidad no había pronunciado palabra alguna, sus gestos y sonidos animales estaban limitados a una especie de maullido y siseo o chasquido de dientes, en toda su vida a pesar de escuchar tantas veces a los hombres del templo y a los elfos del bosque, ella nunca había pronunciado palabra alguna, por lo que hacerlo por primera vez sería un inminente reto más difícil que el de caminar. Se preguntaba a sí misma “¿Qué palabra deberé decir primero?” Pasó la mayor parte del segundo día pensando en que palabra diría, más que en practicar, miraba hacía todas partes como en busca de inspiración, como si de alguna parte una voz lejana le fuera a decir “Di ésta palabra”, sacudió la cabeza y suspiró profundo escondiendo el mentón entre las rodillas, era realmente un dilema tan difícil, fue entonces que al mirar hacia arriba un pequeño y cálido nido de gorriones iluminó sus pensamientos, claro ¿Por qué no? La primera palabra que de sus labios trataría de salir sería “Mamá”.

Huli realmente extrañaba el calor del pelaje de su madre, y extrañaba a su hermanito. Así que recordando todo ese cariño se armó de valor y abrió los labios completamente segura de que la palabra “mamá” saldría casi por arte de magia… pero no fue así, Huli no sabía usar los labios conjugados con la lengua, por el simple hecho de que siendo zorra nunca había tenido labios, tenía que descubrir de qué forma y de qué manera se producían los sonidos con sus labios, más que con su boca. Cómo si de un bebé de tratase, la chica de los blancos cabellos comenzó a abrir y a cerrar la boca soltando el aire entre las cuerdas vocales, un extenso “Ahhhhhh” había salido de su boca, y Huli se emocionó tanto que sonrió para sí misma, su voz le parecía hermosa, tan dulce y tan suave como la vos que llevaba el viento cada anochecer. Jugaba con diferentes movimientos de su lengua, cerraba la garganta, luego la abría, se había percatado que si cerraba la garganta con la lengua emitía un sonido diferente, un “Ggghhhh”, que luego se transformaría en un “kkkhhh”, y sin querer cerró los labios mientras quedaban en sus cuerdas vocales un poco de aire, entonces se escuchó a sí misma  decir la letra “M”.

Sorprendida, al darse cuenta de que sus labios también tomaban parte importante volvió a hacer lo mismo “Mmmmm”, y reía para ella misma llevándose las manos a la boca de vez en cuando “Mmmmmmmmmm” extendía la pronunciación. Había pasado horas y horas balbuceando consonantes sin sentido, sin si quiera pensar en el tiempo o en las palabras, se había olvidado de la “primera” palabra que quería escucharse decir, de pronto sacudiendo la cabeza se acordó de ello, respiró profundo, exhalo y “Mmm…aaaa”, esperó unos cuantos segundos y lo hizo más rápido “Maa… maa…, Ma-ma, mama, mama… mama” Una expresión de entusiasmo se le hizo presente, si bien su pronunciación no era la correcta, pero para ella el hecho de decir “Mama” ya era un logro.

Había pasado entonces mucho tiempo repitiendo una y otra, y otra vez la palabra “Mama” que al poco tiempo evolucionó muy bien en un “Mamá”, comenzaba a recordar palabras claves de las cosas que le rodeaban, palabras como “árbol”, “tierra”, “agua”,  “piedra”, “cielo”, “sol”, “luna”… “zorro”. La noche había llegado, y Huli había pasado toda la mañana balbuceando, toda la tarde repitiendo vez tras vez “mamá”,  y al anochecer se había animado a sí misma a decir los nombres de las cosas que la rodeaban, pero era obvio que no lo hacía a la perfección, eran balbuceos perfeccionados, al lograr decir a medias una palabra, la repetía una y otra y otra vez, hasta que de sus labios fluía como lo hacían de los labios humanos, y entonces al recordar la palabra “humano” Huli la pronunció sin la más mínima dificultad, se quedó en silencio mirando nuevamente al horizonte como el día anterior, y una nueva palabra se le vino a la mente “Hyejun”. Ella sintió como sus ojos comenzaron a arder, le dolían como si fuesen a explotar, de sus ojos estaban brotando lágrimas, claro, Huli no sabía todavía que al agua salda que brotaba de los ojos se les llamaba “lágrimas” mucho menos sabía que lo que estaba haciendo era “llorar”, pero de algo si estaba segura,  Huli estaba segura de haber pronunciado el nombre de “Hyejun” como si el viento se hubiese llevado el sonido de las letras, lo pronunció una y otra vez en voz baja, como si sus labios fueran cerrándose poco a poco… estaba aprendiendo a moderar el tono de su voz, y por alguna extraña razón se sentía más cómoda hablando en un susurro que gritando al viento las palabras.


Y a pesar de haberse callado ya, Huli aún podía escuchar el eco de su propia voz repitiendo varias veces el nombre de su jamás bien amado “Hyejun”. Pero a pesar de la tristeza que desprendía aquella palabra, que más bien era un nombre, la zorra blanca sonrió cálidamente para consigo misma, pues Huli había aprendido a hablar y apenas hace un día ya sabía caminar en dos patas… finalmente suspiro, inhaló profundo y exhaló suave para escucharse decir su propio nombre “Huli”…








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Re: Lecciones importantes de un zorro... I Parte

Mensaje por Huli el Sáb Sep 20, 2014 5:14 am


Sabía que sola no podía aprender a sentir... para poder sentir Huli necesitaría compañía...

Habían dos cosas que Huli había aprendido a hacer, cada una en un día respectivamente: caminar en dos patas y hablar, cosas que en su forma zorruna jamás hubiera logrado hacer, quizás la primera… tal vez. Estaba completamente emocionada por sus nuevos “dotes” se había dado cuenta de que hablar le abriría un mundo nuevo lleno de posibilidades para conocer más el territorio de los humanos y de los elfos, pero había un gran problema… había muchas palabras que Huli no reconocía del todo, algunas ni si quiera las había escuchado, otras eran vagas en su memoria y una que otra le eran completamente desconocidas. Algunas oraciones o palabras ella las había escuchado con anterioridad, sin embargo no conocía física o descriptivamente al “que” se referían, cosas tan sencillas como “peine”, “espejo”, “bandolera”… si, esa tipo de cosas tan sencillas.
Pero había algo más que siendo humana Huli desconocía por completo y era “el sentir” tanto físico, emocional y mental. Huli no tenía ni la más mínima idea de lo que era estar enojada, feliz, triste, aburrida… si, lo había sentido en algún momento sin embargo no tenía exactamente en mente a que se refería cada sentimiento, cada estar, cada… “sentir”.
Había caminado ya por varios kilómetros ese día, estaba sedienta y por sobre todo hambrienta, por alguna razón algo la cohibía a comportarse como animal entre tanta gente, pero claro está, el resto de las personas la veían raras, el lugar al que había llegado no era una gran ciudad, tampoco una humilde urbe, no, era más bien como un campamento gigante, al menos así lo percibía ella misma, la realidad era que el lugar donde se encontraba era una aldea poco más grande que el templo donde habitaba. Había mujeres, hombres, niñas y niños y éstos últimos en especial le causaban cierto nerviosismo, se sentía extraña rodeada de todas esas criaturas… se había dado cuenta de que esos niños eran cachorros… como ella, como sus hermanos, como sus primos y su corazón se estremeció tan repentinamente, tuvo la necesidad de detenerse y observarlos a cada uno de ellos con esos ojos húmedos repletos de una curiosa inocencia, pero sus recuerdon fueron interrumpidos por una curiosa y ligera voz infantil.

-Mamá, esa niña no tiene casa…-

¿No tiene casa? Claro que sí, claro que Huli tenía una casa, pero se encontraba muy lejos de ella y su casa no tenía nada que ver con las casas de esas personas.

-Neredith ¡Silencio!-

Había sido la voz de la madre, callando el susurro de su hija, entonces Huli se dio cuenta de que estaba SOLA, y un escalofrío le recorrió el cuerpo, ese escalofrío y adrenalina que solía sentir cuando un cazador estaba próximo a su madriguera, si… Huli se encontraba sola entre todos esos humanos, no supo si quiera que hacer, ni si quiera sabía cómo regresar a su forma zorruna, tenía miedo y lo único que se le vino a la cabeza fue esconderse, seguir caminando, a pesar de su sed, de su hambre… de su soledad, sabía que debía seguir caminando.

Y así lo hizo, caminó, y caminó y siguió caminando durante horas, escuchó entonces el sonido del agua, el correr sin obstáculos del río, el resonar de las piedras, alzó su nariz y dióse cuenta de que estaba próxima a un riachuelo y no se detuvo hasta topar con él, se encontró a sí misma nuevamente en su hábitat, en el bosque, entre hojas, ramas, arbustos y demás animales, suspiró para consigo misma y se sentó en la orilla del río dispuesta a tomar agua… pero sus sorbos fueron interrumpidos por un sonido, algo que provenía no de muy lejos, era la voz de alguien, quizás de una persona que gritaba y Huli supo identificar muy bien las palabras “Auxilio”, ella sabía que se refería a ayuda, y una ayuda sin duda aluna urgente. Se deslizó lentamente por entre los arbustos buscando de dónde provenían los gritos, eran de una mujer, una mujer de avanzada edad cuyo alimento estaba siendo robado por un curioso osezno medio joven, pero sin duda alguna grande. Acercándose despacio Huli había quedado frente a la anciana y observaba al osezno roer y masticar una canasta de mimbre, no pudo evitar sonreír, pero…

-¡Niña, quítate de ahí, ve y pide ayuda!-

Pero Huli no captó del todo la oración, así que abrió los labios y llamó al oso, era un oso joven, quizás tendría la misma edad que ella si fuera humano.

-Oso… oye oso, ven oso…-

No eran unas palabras completamente humanas, había un ligero siseo entre cada una de ellas y la anciana lo había notado, había notado que Huli era una niña muy extraña… Durante un lapso de diez minutos el osezno había observado a Huli y ella lo había observado a él, claro, no era la primera vez que la chiquilla hablara con un oso, pero si era la primera vez que lo hacía siendo ella una humana, y eso sin duda era extraño para ambos. No fue el hecho que Huli se sintiera conectada con la naturaleza, ni tampoco que pudiera comunicarse con el oso, fue “algo entre los dos” como un acuerdo de amigos en donde las palabras no hacen falta, bastó solamente una larga mirada para que el osezno se retirara junto a su madre. La anciana se limitó a observar a Huli como si de un fantasma se tratase… y pasados unos cuantos segundos ambas se acercaron, Huli podía ver las arrugas en el rostro de aquella mujer y se preguntaba ¿Por qué a los humanos les colgaba la piel de esa manera? Cuando un animal envejecía sólo se quedaba sin dientes, eran tan diferentes…

Una amena plática había comenzado, quien más hablaba era la anciana, había pedido a Huli que la llamara “abuela”.

-Pero corazón, sé que tú no eres humana, mis ojos podrán estar casi ciegos, pero mi corazón jamás ¿De dónde has venido? ¿Cuánto has caminado?-

Huli no tenía ni la más mínima idea de lo que debía responder, por lo que sus “respuestas” realmente no pasaban de una palabra medio tartamuda o monosílabas, a final de cuentas la anciana había tenido que interpretar la mayoría de sus oraciones por medio del lenguaje corporal…

-Con que una pequeña zorra, vaya… Eres sin duda una cambiaformas muy curiosa ¿Te digo por qué no estoy asustada? En este mundo he visto ya muchas cosas, sé a cuales tenerles miedo y a cuales no… pero tengo que decirte que para ser un cachorro ese osezno sí que estaba grande… ¿Apenas y has aprendido a hablar, cierto? Pero que linda niña… ¿Sabes? Yo tengo una nieta, pero se ha ido lejos, ella se casó y nos quedamos aquí solos el abuelo y yo, pero el abuelo tiene poco que acaba de morir, no encontré caso alguno en quedarme en esa vieja casa sola y aburrida, así que decidí caminar, igual que tu…-

Esa anciana había sido la primer humana con la que Huli había entablado una plática de humana a humana, un agradable bienestar le inundaba el vientre, y quería saber más y más quería ser una parte humana, quería conocer el por que de esas criaturas de dos patas… Huli sentía curiosidad hacía ellos, así que comenzaba a repetir palabras que la abuela dijera para saber ella a lo que se refería. Abuela… así había pedido la vieja humana que le llamara, y Huli lo hizo.

Para ese cuarto día Huli había aprendido a hacer las preguntas más básicas que cualquier persona debe conocer:
¿Cómo te llamas?
¿De dónde vienes?
¿Qué es eso?
¿Para qué sirve eso?
Por favor y Gracias eran dos palabras que le parecían muy interesantes y agradables.

Para la anciana Huli no era más que una nieta, la nieta que nunca regresó, y para la zorra, la abuela era una de las mejores compañías que jamás en su vida zorruna había tenido. Huli no hablaba mucho, pero se entretenía mucho escuchando los relatos de la abuela, la ayudaba con sus deberes, buscaba comida para las dos, y con ella a su lado tenía tiempo de practicar con esa cosa llamada yumi, el recuerdo más preciado de su amor jamás correspondido.

A un lado de la anciana Huli había aprendido algo en pocos días “máxima felicidad”, comenzó a comprender lo que era el amor, la protección, el enojo, la frustración… pero sobre todo comprendió mejor aun lo que era la tristeza, no la había notado en ella misma hasta que la abuela comenzó a hablar de su nieta, de cuanto la extrañaba, de lo mucho que la había necesitado todo ese tiempo en el que se había quedado sola… Huli comprendió que lo mismo que la anciana sentía por su nieta lo sentía ella, sí, Huli extrañaba a Hyejun y al extrañarlo y pensar en él su corazón se llenaba de tristeza, una enorme tristeza que no podía sofocar… y cada vez se sentía más y más humana. Huli quería saber ¿Cómo regresar a su forma zorruna? ¿Qué debía pensar? ¿Qué no debía pensar? Y se preguntaba a sí misma si la abuela conocería de casualidad a otro cambiaformas que pudiera decirle como regresar a su forma natural… pero la anciana le respondió algo más sorprendente.

-Niña, no tienes por qué preocuparte, allá arriba, la luna te ayudará- Había dicho señalando al cielo. –La luna es cómplice de su naturaleza, cuando te encuentres perdida, ella te ayudará a volver a tu camino, y una vez que lo haya hecho podrás hacerlo tú sola, sin pensar, sin “no pensar”, simplemente deseándolo…-

Desde ese momento la Luna se había vuelto en un misterio más para Huli… pero lo más importante era que Huli, había aprendido a sentir… a sentir el calor de las arrugadas manos de la anciana en su cabello, a sentir el frío de la noche, la felicidad de una sonrisa, el enojo en la frustración…Huli había aprendido a “sentir”…








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Re: Lecciones importantes de un zorro... I Parte

Mensaje por Huli el Jue Feb 26, 2015 7:46 am

CAPÍTULO IV
HULI SONRIE

¿Por qué los humanos sonrien? ¿Que sienten? ¿Por qué lloran? ¿qué se siente llorar? ¿puedo yo hacer todo lo que un humano hace? ¿Puedo sentir lo que ellos sienten? ¿Yo también me puedo enamorar... (de nuevo...)?

A pesar de estar en contacto con la anciana, había pequeñas cosas que la zorra moteada aún no comprendía y eran las emociones de la humana, los zorros los interpretaban de diferente manera, ella no sabía lo que era llorar, sonreír, reír… no sabía exactamente a lo que se refería cada una de las palabras que sin querer ella decía, era como si su cuerpo automáticamente se hubiese “programado” par su estado humano y eso le había preguntarse una sola cosa ¿Acaso todos los animales podían ser capaces de hacer lo que ella había echo? Quizás si, pero necesitaban de algo que desbordara sus emociones al máximo, tanto como para tener la necesidad de demostrarlas como un humano.

¿Por qué los humanos sonreían? ¿Por qué lloraban? ¿Qué eran esas cosas? Eran sensaciones, emociones, sentimientos… pero ¿Cómo funcionaban? La pequeña Huli se sentía asombrada por el maravilloso mundo de los humanos y quería conocerlo todo, todo lo que la abuela pudiera enseñarle… pero ella era una vieja humana y sólo podía enseñarle lo más esencial.

-Huli los humanos son la raza más emotiva que puedas conocer, ni si quiera los elfos son como nosotros, los humanos encuentran en todo la gracia, hasta en el dolor y la tristeza, hay quienes usan sus emociones para bien y hay quienes las usan para mal… pero muchacha, antes de querer conocer todo eso deberías primero a hablar como se debe. Anda ven, te voy a enseñar cosas fáciles- Era cierto… la pequeña zorra se estaba apresurando, quería empezar a correr cuando apenas hacía un día había aprendido a caminar con dos “patas”, y muchas de las palabras que la abuela solía decirle, Huli no las comprendía…

Ella no sentía muchas ganas de hablar, sin embargo comprendía las cosas y solía asentir con la cabeza o negar con ella, las dos primeras cosas que la abuela ermitaña le enseño… -Huli, hay dos cosas principales que debes comprender ¿Sabes lo que es ”si” y lo que es “no”?- Huli sonrió, dando a entender que sí, lo comprendía. –Muy bien, la palabra “Si” se dice así, mueve tu cabeza de arriba abajo “Siiii” ¿Entendiste?- Un esbozo curioso se presentó en el rostro de la cambiaformas quien como un bebé comenzaba a imitar a la humana, la abuela estaba encantada con la pequeña, había estado tanto, tanto tiempo sola que la compañía de Huli le aceleraba el corazón llenándola de gracia todos los días, de aquí en adelante la mujer tendría alguien con quien entretenerse, alguien con quien platicar a pesar de que ella no soliera responder como lo hacían los humanos comunes…

Los días pasaban y Huli había aprendido a decir “si” y a decir “no” a decir “gracias”, “por favor”, ”¿Dónde?”, “nombre”, había aprendido a usar el baño como una humana cosa que le parecía de lo más graciosa… Huli reía, reía y en su forma zorruna se echaba al suelo a rodar revolcándose en las hojas del bosque. La pequeña zorra pensaba que los humanos eran tan extraños… ellos dejaban caer sus necesidades en un agujero profundo que ¡No tapaban! Y eso era “asqueroso” que Huli lo interpretaba como una mueca arrugando la nariz. Pero debía aprender a comportarse como humana hasta poder controlar sus transformaciones, estaba completamente desfasada… Pero a pesar de todo aquello los humanos seguían siendo graciosos, su andar, su manera de comer, el usar cubiertos, el vestirse… a Huli no le gustaba vestirse, las telas le estorbaban y constantemente la abuela la regañaba terminando siempre en una persecución donde la zorrita corría de lado a lado y la abuela no podía hacer otra cosa más que jadear esperando a que Huli se cansara para que se acurrucara en su regazo.

El tiempo que llevaban conviviendo era poco, pero la soledad presente en el corazón de la cambiaformas le habían hecho encariñarse como nunca de la humana. Así eran las emociones, los sentimientos… Huli no necesitaba correr por que se había dado cuenta de que poco a poco todo lo que quería saber lo estaba conociendo, y sonreía… sonreía por que la angustia de su alma y el dolor de su corazón a pesar de estar presentes poco a poco se disipaban, sonreía porque había recordado la felicidad de convivir con alguien a su lado aún y cuando pidiera su propio espacio. Sonreía por estar tan cerca de aquella abuelita a pesar de extrañar a su madre…








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Re: Lecciones importantes de un zorro... I Parte

Mensaje por Huli el Sáb Mar 07, 2015 3:17 am

La anciana del bosque solía llevar a Huli a las aldeas cercanas, le decía los nombres de las cosas y Huli las repetía sin darse cuenta de lo bien que lo hacía, sonreía para sí misma cuando lograba decir una palabara “larga”. El mundo de los humanos era tan fascinante y a la vez tan cruel, ellos no se protegían entre sus iguales, a veces ni si quiera prestaban atención a los cachorros, de vez en cuando peleaban sin razón alguna y Huli no comprendía porque. Cuando su vocabulario no era tan amplio para poder preguntar con exactitud lo que sucedía, solía señalar mientras tomaba de la mano a la anciana.

-La gente se pelea todo el tiempo Huli, no podemos vivir en paz, siempre pensamos en nosotros mismos, me incluyo por que alguna vez yo lo hice… así somos las personas y no sólo los humanos, aunque los elfos no suelen tener los mismos problemas que nosotros ¿Alguna vez has visto uno?- Huli asentía con la cabeza y señalaba sus orejas con un ademán hacía arriba, de esa manera se había dado cuenta que podía comunicarse en ocasiones sin palabras, utilizando únicamente sus manos, brazos, piernas y a veces el cuerpo completo.

En una ocasión, mientras la abuela buscaba bayas y frutas, observaba a la pequeña Huli caminar entre un montón de hojas con el arco en las manos y los brazos elevados hacía arriba, parecía estar practicando su equilibrio estando en dos piernas, y la mujer pensó ¿Qué hacía esa pequeña zorra con un arma como esa? ¿Acaso Huli sabría que era ese objeto? Si de algo se había dado cuenta, era que la chiquilla nunca lo dejaba, siempre lo llevaba y se aferraba a él como si de éste dependiera su vida … Cosa que le hacía pensar en otras preguntas ¿Cómo habría terminado así? ¿Habría sido mordida por otro cambiaformas? ¿O acaso había sido na zorra desde pequeña? La obviedad de la situación y el complejo de Huli le hacían pensar en la segunda opción…

Claro, la chiquilla no tenía ni la más mínima idea de lo que era convivir con los humanos, se llevaba mejor con los animales, su forma de caminar, de observar y hasta su manera de cmer y cazar, era más que obvio que la niña era un animal atrapado en el cuerpo de una humana. -¿Huli? ¿Has hecho ya lo que te he dicho con la Luna?- Preguntó la abuela señalando hacía el firmamento del cielo y con un ademán lo largo de su cuerpo, Huli frunció el ceño momentáneamente, un segundo después sonrió, percatándose de que la había comprendido y negó con la cabeza. –No, no hay Luna…-

La abuela la observó un largo rato y suspiró. –Quiero preguntarte algo ¿Te han “mordido”? ¿O has vivido siempre en el bosque?- Huli trastabilló verbalmente y luego bajó la mirada pensativa, volvió a negar con la cabeza. –Yo zorro, vivo en el bosque con ma y hermanos, no hay mordida.- Y la abuela comprendió un poco más. -Y ¿qué me dices de eso?- Preguntó señalando el arco de Huli.

Laa chiquilla abrió los ojos de par en par mientras su semblante curioso cambiaba a una expresión de dolor, se llevaba las manos al pecho aferrándose a la cuerda del arco y sus ojos comenzaban a ponerse vidriosos sin darse cuenta de que estaba llorando. -¿Huli? ¿Pequeña qué te ocurre? Cazadores… - susurró la anciana suponiendo algo como eso.-Tu familia fue cada ¿Cierto? Y de seguro ese arco…- Pero Huli negó con la cabeza y se alejó unos cuantos pasos sólo para sentarse y esconder su rostro entre las rodillas. –Había un humano, me rescató de una trampa… y yo lo seguí, todos los días lo seguía. Había un templo, y más hombres ahí, ellos querían a los zorros, nos cuidaban… mucho.-








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Re: Lecciones importantes de un zorro... I Parte

Mensaje por Huli el Sáb Mar 07, 2015 3:39 am

-¿Y qué pasó?...- Pero Huli no quería seguir hablando, se oprimió el pecho con desesperación . –El hombre…-
-¿Te hizo daño…?-
-No… yo lo seguía, mucho… él me cuidaba…-
Entonces la abuela comprendió. –Te enamoraste de él, Huli… ¿Eres tú? El espíritu animal que salvó al leñador y a sus hijos, fuiste tú…- Huli no comprendía lo que estaba sucediendo, se limpió los ojos y miró a la abuela girando un poco el rostro. –Desde hace tiempo corren rumores que vienen de los montes Keybak, había una aldea por ahí que fue saqueada por unos ladrones, destruyeron todo, quemaron las casas, asesinaron a la gente, mujeres y niños y asesinaron también a los monjes que habitaban en lo alto de los cerros, no dejaron nada… pero hubo un hombre… un hombre que salió con vida junto a sus dos pequeños, su esposa fue asesinada. No sé donde está ahora, pero él relataba que un zorro lo salvó, una mujer enfundada con arco y flechas dio muerte a algunos de sus agresores y asustados los ladrones huyeron del lugar, pensando que era el demonio zorro que los buscaba… Pero fuiste tu…-

-No… yo- La chiquilla no se había percatado ni en lo más mínimo que detrás de ella arrastraba una pequeña leyenda, una historia que había quedado grabada en las mentes de los sobrevivientes de aquel desastre. -¿Yo… salvé más vidas? –

-Si Huli… de no haber sido por ti y tu familia los ladrones habrían regresado no sólo a esa aldea, sino a otras también, incluso yo podría estar muerta. Si mal no recuerdo era Hyejun, el leñador de las aldeas del norte y…- Y al escuchar de nuevo aquel nombre Huli cayó al suelo devastada, no quería volver a escucharlo, no quería recordar si quiera su rostro, pero le era imposible, Hyejun había sido su primer amor, un amor jamás correspondido, un amor que jamás podría haberse llevado a cabo, ni si quiera podría haberse consumado.
-Huli ¿Huli estás bien? Perdóname yo no quise decir… pequeña, no tiene caso que llores por él, él ahora está muy lejos y lleva el luto de su esposa y tu, mírate. Primero tienes que aprender a vivir entre nosotros y. – Pero Huli no podía pensar en nada más, su corazón dolía y ardía, y un nudo en la garganta no le permitía respirar. –No puedo… yo lo quiero, quiero verlo de nuevo pero no… no… ¿Por qué duele? ¿por qué pasó? ¿Por qué me convertí en esto…?- La abuela se había dado cuenta de que por la cabeza de Huli corrían mil y un dudas… y ella no podía solucionarlas.

-No lo sé pequeña, no tengo respuesta para ninguna de esas preguntas… bueno, sí para una, las personas nos enamoramos todo el tiempo, sin razón alguna, cuando hay alguien más que nos da su atención, simplemente no sabemos que sucede, empiezas a ver a esa persona seguido, quieres verlo todo el día, añoras su voz, su cabello, su esencia y sin darte cuenta piensas en él todo el tiempo. El enamoramiento no tiene una explicación, y si te duele tanto es porque habrá sido tu primer amor. Pero mira pequeña, no tienes más de dieciséis años humanos… Hyejun es un hombre de treintaicinco, o más… yo lo llegué a conocer, no habrían podido estar juntos Huli. Voy a hacer algo por ti…-

Escuchaba las palabras de la abuela y a pesar de que ella intentaba explicarle lo que era enamorarse, Huli había terminado más confundida… finalmente después de haber llorado tanto se había acurrucado en un tronco esperando a que la abuela volviera, pues ésta se había retirado pidiéndole a la cambiaformas que la esperara, haría algo por ella, la llevaría a un lugar donde posiblemente todas sus dudas estarían resueltas.








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Re: Lecciones importantes de un zorro... I Parte

Mensaje por Huli el Jue Abr 30, 2015 8:23 am

CAPÍTULO V
HULI DEBE APRENDER

Los humanos se preocupan tanto por tantas cosas antes de tiempo...

Ambas habían comenzado un viaje que sería ligeramente largo, pero estando una con la otra no se sentiría. La anciana humana sabía que sólo otros cambiaformas podían solventar las dudas de Huli, pues probablemente ella la estaría confundiendo más.  Para prepararse bien ante el viaje, la abuela había decidido tomar su carreta y un asno que bien podría con las dos y el poco peso que llevaban, en su mayoría eran frutas y cantimploras de piel con agua dentro de ellas, realmente no era mucho porque la humana confiaba en que Huli siguiera su instinto, cazara y le ayudara a quitarle un poco de peso al asno, cosa que la cambiaformas no se negó para nada a hacer, claro… a Huli le gustaba ver la sonrisa de la abuela cuando hacía algo de su agrado.
 
-Poco más al norte viven algunas amistades, ellas conocen a un licántropo, otro cambiaformas como tú que seguro te ayudará. Necesitas a personas de tu raza pequeña, yo no haré más que confundirte, además para sobrevivir  a Noreth también debes aprender a usar eso- Señaló el arco.- Tu complexión es simple y ligera, podrás trabajar en ello y en unos cuantos meses serás fácilmente confundida con un humano, pero debes tener cuidado Huli, el mundo está rodeado de malas personas. No todas claro… pero por supuesto que abundan.-
 
No era la primera vez que Huli escuchaba algo como eso, con anterioridad en el templo de Keybak se había percatado de conversaciones similares. ¿Por qué los humanos se expresaban así de sí mismos? ¿Por qué los humanos mataban sólo por qué si? ¿Por qué no tenían reglas tan simples como vencer al líder de otra jauría y ya…? ¿Por qué eran tan complicados? Realmente mientras más los conocía, más se confundía y menos ganas tenía de ser humana.


Anhelaba regresar a su madriguera con su madre y hermanos, morder las hierbas, nadar en los estanques, correr desnuda sólo con su pelaje sin tener que tolerar esa incómoda ropa, aún no terminaba por acostumbrarse a ella y menos a esas cosas que llamaban “calzado” eran simplemente molestos e incómodos y a menudo la anciana le llamaba la atención por quitárselos. Sin embargo, ahora que viajarían Huli podría hacerlo sin ningún calzado encima y eso la hacía feliz.
Huli observaba cada camino, cada sendero y cada rincón de los lugares por donde pasaban La abuela le había hecho vestir un extraño vestido largo al que llamaba “yukata”, era fresco, cierto… pero sin duda alguna era una prenda que no le hacía sentirse bien como la kitsune que era, sin embargo lo agradecía. La abuela solía decirle a Huli que no podía andar desnuda por ahí como lo haría en su forma animal, pues los humanos eran diferentes, y la desnudez en ellos significaba otra cosa, la desnudez pública era una especie de “tabú” y esa definitivamente era una nueva palabra para Huli.
 
-Huli, he pensado que sería bueno que te quedarás un tiempo con esa persona-
 
-¿Con el otro cambiaformas? ¿Por qué?- La zorra blanca quiso pensar que quizás la humana ya no se sentía a gusto con ella, pero no dijo nada.
 
-Bueno, por que como ya te lo dije, hay muchas cosas que yo no puedo enseñarte, soy una vieja anciana que pocos años tiene de vida, además necesitas a un buen mentor para superar todo esto, para estar en paz contigo misma. Ojalá pudiera ser yo, pero ni si quiera sé como resolver mi propio funeral.-
 
-¿Qué es un funeral?- Preguntó Huli no haciendo mucho caso a lo referente con un mentor.
 
-Un funeral… es una ceremonia, es cuando un grupo de personas se reúne para decirle adiós a alguien que ha muerto, yo no tardaré en morir pequeña, por eso necesito que te quedes en buenas manos, no quisiera dejarte abandonada a tu suerte, no soy ese tipo de personas linda.-
 
Huli se quedó callada y pensativa, no supo que decir pues realmente no tenía muchas ganas de quedarse sola de nuevo. Se puso a pensar en lo que sucedería si la abuela dejaba de existir y se dio cuenta que debía hacer algo, realmente debía prestar más atención a lo que la humana le enseñaba.








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Re: Lecciones importantes de un zorro... I Parte

Mensaje por Huli el Lun Mayo 04, 2015 10:19 am

Pasados algunos días, finalmente Huli y la abuela habían llegado  a su destino, era un pueblo pequeño donde la gente parecía tener muchas cosas que hacer, todos andaban apresurados y eran pocos los que se quedaban sentados por cinco minutos para descansar, la mayoría de las hembras (según Huli), vestía ropas similares a las de ella, y los machos también, muchos de ellos llevaban cajas atadas a la espalda y las mujeres se adornaban con curiosas cosas en las manos que les cubrían la cabeza, se llamaban “sombrillas”, la pequeña zorra blanca sonrió y pensó en querer una de esas cosa, pensó que al girar seguramente se verían muy bonitas. Todo era magnífico y esplendido, no pudo evitar llevar las manos a la altura de su pecho a manera de un sutil aplauso, su expresión sorpresiva denotaba felicidad, curiosidad y sobre todo interés… pero ese interés no tardó en hacerse presente.

Sin separarse de la abuela Huli comenzó a preguntar muchas cosas “¿Qué es eso? ¿Qué es aquello? ¿Eso cómo se llama? ¿Qué hace ese hombre? ¿Qué tiene esa mujer en las manos? ¿Por qué ella viste así? ¿Qué tiene en la cara? ¿Por qué su rostro es blanco? Oye, oye… ¿Qué es aquello?” la humana suspiró tomándole la mano a Huli, hizo una seña con la mano diciendo “No, tranquilízate” –Huli, Huli… espera pequeña, todo a su tiempo de tantas preguntas no sé  qué es lo que quieres saber, éste pueblo tiene una vida más activa que la aldea donde vivimos pues es un pueblo lleno de comercio, lo que llevan en sus espaldas probablemente es pescado, arroz o incluso tabaco, esas mujeres se maquillan así porque son artistas y seguramente presentarán alguna obra, una obra es un cuento que las personas interpretan… es decir, lo cuentan siendo ellos mismos los personajes y…-

Y Huli se dio cuenta de nuevo que en Noreth había muchas cosas por aprender, pensó entonces en lo maravilloso que hubiera sido poder ser humana desde que ella había venido al mundo. –Abuela, y todo eso me lo podrá enseñar el otro cambiaformas ¿Verdad?- Preguntó Huli con una enorme emoción en el rostro. –Claro que si Huli, para eso venimos, pero primero debemos visitar a mis amigos…-

Realmente Huli no quería ir a parar a una casa y encerrarse, al menos eso pensaba ella que sucedería, lo que la cambiaformas deseaba en ese preciso momento era poder  explorar aquel pueblo, observar lo que las personas hacían, escuchar de que hablaban y todo lo demás, pensó que si tuviera su forma zorruna podría escabullirse entre las piernas y pies de todos y lograr lo que quería… pero no era así, ahora mismo no tenía ni la más mínima idea de cómo regresar a su forma zorruna. Aún así y a pesar de su instinto curioso la pequeña Huli se resignó a seguir a su vuela, a quien últimamente llamaba “Obacha”.

A pesar de ser muy activo y apresurado, el pueblo no era tan grande, no habían pasado si quiera 20 minutos cuando ya se encontraban en el lugar, habían subido a una especie de “caja” con ruedas, cargada por un hombre… vaya, era la primera vez que Huli veía una “carreta” alada por un hombre y no por un animal.. Todas las personas vestían de formas tan “elegantes” y con telas tan llamativas, las casas eran extrañas y la gente entraba descalza a ellas pero le gustaba, el lugar le gustaba mucho. Huli estaba feliz, extrañamente se sentía en su entorno, se había olvidado de Hyejun y sólo deseaba poder tener a su familia con ella en ese momento para que vieran todo eso y enseñar a sus hermanos lo que había aprendido. Aferraba su yumi a ella con tanta satisfacción. –¡Obacha!... Gracias- Y sonrió tierna, esperando a llegar a la casa destino.








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Re: Lecciones importantes de un zorro... I Parte

Mensaje por Huli el Mar Mayo 19, 2015 8:28 am

La casa a la que habían llegado  no era ni muy grande, ni muy pequeña, las ventanas y puertas corredizas estaban hechas con papel de arroz y de ellas se desprendía un olor a incienso, en el lugar vivían un hombre y una mujer de la tercera edad, un joven matrimonio y dos niños, será la familia Niita. La pareja de abuelos eran los dueños de la casa, padres de la joven madre, suegros del joven padre por ende, sus nombres eran Niita Sayuri y Niita Kurogane. Al llegar la joven madre de nombre Keiko se mostró servicial, saludó a “Obacha” con una enorme sonrisa en su rostro. –Abuela… ¡Abuela Kioko! ¡Cuánto tiempo sin vernos! Vaya, no has venido sola, deja llamar a mi madre…- Y la mujer comenzó a caminar con paso acelerado llamando a la abuela Sayuri.
 
-Debemos esperar aquí Huli, las cosas en éste lugar no son muy diferentes a lo que te he contado acerca del pueblo donde vivía, tratarás de mantener tus pies limpios por que es una falta de respeto llevarlos así… aun qué…- Kioko iba a decir “Aun que eres un animal, no sería congruente hacerte llevar los pies así..” pero decidió callar al menos hasta que la cambiaformas entrara en confianza con la familia de Niita. -¿Por qué obachan?- Preguntó Huli curiosa y la humana hizo un ademán con la mano, momento en el que la abuela Sayuri hacía acto de presencia. -¡Kioko? Amiga mía!-
 
La abuela Sayuri era una mujer sonriente, y a pesar de sus años se le veía jovial y divertida,  llevaba el cabello completamente recogido con el partido de lado y una hermosa peineta de madera de sauce le adornaba el peinado, usaba una yukata sencilla con motivos de flores lilas y fondo beige, en sus pies calzaba una especie de calcetas que dividían su dedo gordo de los demás y su forma de caminar era graciosa y curiosa. Huli no pudo evitar sonreir de lado a lado mirándola con admiración y sorpresa, pues aún y con arrugas en él, el rostro de esa mujer era hermoso y amigable y eso le gustaba a la pequeña zorra blanca.
 
-Niita, no has cambiado en nada, mírame a mí en cambio, los años pasan el doble invierno tras invierno por mi rostro.- y ambas mujeres comenzaron a reir, comenzaron a conversar de un tema a otro como poniéndose al tanto de todo lo que había sucedido, por un momento quizás Kioko se había olvidado de la presencia de Huli, pero eso no le hizo merma en lo más mínimo a la chica, pues gustosa y tranquila escuchaba a una  y  otra con  suma sutileza, hasta que pasados unos cuántos minutos, Sayuri miró directamente a los ojos a Huli .-Pero mira que ojos tan hermosos tiene tu nieta, lleva agua en su interior que muchacha más tranquila…-  La chica se había sorprendido y con una tímida sonrisa se limitó a bajar la cabeza en modo de agradecimiento. –Oh, ésta chica no es mi nieta, su nombre es Huli, la encontré vagando por el bosque sin compañía alguna, y como las dos estábamos solas decidí “adoptarla”- Agregó Kioko posando una mano en el hombro de la cambiaformas. –Han pasado ya unos cuantos meses… pero tengo un pequeño problema con ella, Sayuri.-
 
-Kioko, que amable fue de tu parte, pero mírala, tan hermosa y joven, debió haberte ido muy mal… seguro que escapaste de algún lugar donde te tenían como esclava y…- Pero Huli simplemente no decía nada. –Espera ¿Qué problema tienes con ella?- Reflexionó Sayuri. –Sayuri, amiga mía ¿Recuerdas al licántropo de las montañas?-
 
-¿El ermitaño? Si, cómo no recordarlo, a pesar de su forma tan amargada de ser es un buen hombre…-
 
-Necesito que lo traigas aquí y me contactes con él.-
 
-Pero ¿Por qué? ¿Ocurre algo Kioko?-
 
-Esta niña es una cambiaformas…-
 
Y el silencio se hizo presente en aquella habitación, una mueca de sorpresa se hizo presente en la abuela Sayuri quien miraba de pies a cabeza a Huli, pues no podía creer que tan pequeña y delicada jovencita fuera una bestia tal como “el ermitaño”, claro, era de suponerse si la mujer creía que la chica se transformaba en una enorme bestia y no en un escurridizo zorro. –Pero… ¿Tan pequeña? ¿Acaso fue por maldición?- Preguntó preocupada la hermosa  mujer.
 
-No, no… no digas tonterías de mi Huli, Sayuri. Huli es un “espíritu del bosque” nació cómo tal y por lo poco que me ha dicho parece ser un kitsune, un espíritu de Inari, la guardiana de nuestros templos, pero no tiene ni la más mínima idea de cómo regresar a su forma animal, hay muchas cosas que desconoce, y sólo alguien como ella podría enseñárselo. Por esa razón necesito ver al ermitaño.-
 

El sorprendido rostro de Sayuri contempló de forma diferente la extraña belleza de Huli, su cabello rojizo con una que otra cana símbolo de que estaba próximo el cambio de estación, sus inocentes y curiosos ojos azules y el color aperlado de su piel, la imaginó por un breve momento como un kitsune, sí, como los mensajeros de la guardiana Inari y le sonrió a la chica. Así entonces no faltaba mucho para que Huli conociera al que serpia su mentor en el mundo de los cambiaformas…








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Re: Lecciones importantes de un zorro... I Parte

Mensaje por Huli el Lun Jun 01, 2015 7:15 am

Ese día de su llegada, la tarde había llegado pronto, y nadie quería salir a semejantes horas de la noche, pues la gente solía decir que era peligrosa, ese pueblo conocido como “Canto del ruiseñor” tenía muchas historias llenas de supersticiones. Magia y seres místicos tanto benévolos como malévolos.

-Huli, hoy dormiremos aquí, mañana será un día importante para ti, finalmente conocerás a alguien que conoce los secretos de un cambiaformas-  Susurró la abuela Kokia mientras preparaba un futón para ella y otro para Huli, la chica veía lo que la anciana hacía y próxima se apresuró a imitarla para ayudar a la humana, acto que agradeció con una sonrisa. -¿Por qué no ahora Obachan?- Preguntó Huli con curiosidad. –Bueno, pequeña… aquí la gente cree en la fuerza de la naturaleza, y de noche es mejor que permanezcas con los tuyos para protegerlos… claro que tu eres un espíritu libre del bosque, y dudo que conozcas ese miedo intrínseco que los humanos tienen… pero algún día sabrás a lo que me refiero.-

La chiquilla pelirroja se quedó varada por breves momentos, observaba curiosa a la anciana para después observar a su derredor ¿ Qué clase de secretos ocultaba el mundo de los humanos? Los animales como ella sólo le tenían miedo a lo físico y material, a las trampas y cazadores y a los depredadores… pero los humanos le temían incluso a esas cosas llamadas espejos, a la oscuridad, a las brechas entre los muebles y puertas, Huli se había dado cuenta de que los humanos eran de cierta forma “débiles” o ¿Acaso era que su respeto por la naturaleza era tal que intuía a un nivel de temor sereno?

El mundo de los humanos era tan interesante… y por esa misma razón se sentía tan conmovida, se había puesto a pensar en lo lejos que ahora mismo se encontraba de su hogar, en todo por lo que había pasado, a veces por su cabeza pasaba la idea de que el hecho de que anteriormente fuera un zorro, sólo era un sueño, quizás había nacido como humana y sólo solía pensar que era un zorro pero, pero entonces ¿Dónde estaban sus recuerdos? Huli indagaba en su propia memoria y gracias a ello se había dado cuenta de que en efecto, antes de ser humana había sido un pequeño zorro que corría por las praderas y  ocultábase en la nieve cuando el invierno llegaba, recordaba a su madre Lin y a sus hermanos Hye y Jun… Extrañaba sobre todo a su hermanito menor, pues Jun era quien continuamente le daba ánimos y le preguntaba sobre el mundo de los humanos. Huli pensaba en la posibilidad de que sus hermanos y su madre también pudieran tomar forma humana, si así fuera su vida llegaría a ser más que perfecta…

Para cuando se dio cuenta, la abuela ya dormía profundamente en su futón y Huli no podía acostumbrarse a dormir aún en esas cosas, así que tan sólo se dejó caer lentamente hacía un costado y quedose dormida ahí, en el suelo mirando el firmamento estelar para después observar el hermoso y pequeño jardín tan natural que había en aquella casa. El brillo de la luna reflejada en el estanque repleto de peces koi, le hacían pensar en los ojos de su madre, pero mejor aún… en la forma como se veía la misma Luna a través de la madriguera. Huli sabía que su vida estaba próxima a cambiar, ese sería el último día que la confusión acerca de su transformación la invadiría, no se sentía del todo lista, pero tampoco dudaba en hacerlo, necesitaba saber más de ella misma y lo que sucedía en su entorno, quería volver a sentirse como un zorro, correr con sus cuatro patas, escavar sus propias madrigueras y sobre todo, volver a sentir aquella conexión natural que tanto extrañaba.








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