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Mensaje por Philip Ecutauro el Jue Ago 14, 2014 5:54 am

Tras varias jornadas de viaje, las 5 últimas de ellas montado en la parte trasera de un viejo carro tirado por mulas, llega al primer lugar de población humana, si es que se le podía llamar población a aquella pequeña comunidad, que tan solo poseía una docenas de viviendas, entre ellas la única posada del lugar, donde el carretero que lo había llevado a cambio de que le pusiera una herradura que se la había caído a unas de las mulas, se dirigía a dejar a los animales a cuidado de un mozo de cuadra y hacer noche en una de las habitaciones. El joven ecutauro, que era bastante sociable, se había sentido incómodo con el viejo y callado carretero, que aunque no se había mostrado desagradable, había sido un compañero de viaje muy poco ameno. Sólo gruñendo y quejándose sobre el mal estado de los caminos o los ladrones que podían asaltarlo en cualquier momento.

Philip necesitaba un baño, el joven ecutauro olía a rábanos, que era lo que transportaba el carretero y también estaba cubierto de barro, pues no habían limpiado muy bien las hortalizas tras haberla sacado de la tierra. Con la mochila cargada a la espalda, con sus armas bien acomodadas en sus respectivos sitios y el pequeño taparrabos, el ecutauro no pudo evitar que las miradas de los habitantes de la ciudad que en aquel momento estaban por la calle, se clavaran en él. Sintiéndose un poco inquieto por las miradas, se dirige a la taberna, donde espera conseguir habitación o un lugar donde dormir. No tenía dinero, pero podría ofrecer algún servicio, como preparar alguna comida sencilla o lavar los platos y cubiertos.

Su entrada en la posada surge el mismo efecto que en la calle, en el lugar había  dos viajeros mas sentados en una mesa, el carretero ya subía por unas desvencijadas escaleras con una señora que el ecutauro estaba seguro que no era su mujer. Y había un pequeño grupo de parroquianos, habituales en la taberna, que bebían y jugaban a los dados en una mesa circular de madera pulida. Tras acercarse a la barra y charlar un poco con el tabernero, llega al acuerdo de encargarse de lavar la loza y la cocina, a cambio de una cena, una cama y el desayuno del día siguiente. Agradecido por el trato, el ecutauro toma una vieja llave oxidada de hierro que le ofrece el tabernero, el cual le indica que se quedará en un cobertizo que había detrás de la posada, junto a los establos.

Tras salir de la taberna, se dirige a uno de los costados, para pasar por un callejón hacia la parte trasera de la taberna, pero allí le sucede algo que lo sobresalta. Una mujer ya entrada en edad, le sale al paso, casi cayendo sobre él, apoyando sus manos sobre su pecho desnudo de pelaje suave y cálido, el ecutauro se estremece por el contacto de las manos frías y sudorosas de la mujer, cuyo aliento olía a  podrido y el sudor rancio indicaba que hacía semanas que no se tomaba un baño. Tenía el pelo desgrado y ralo, de color castaño oscuro, con la cara picada por la viruela y un ojo ciego. Cuando la mujer se le insinúa de forma descarada mostrando sus pechos pálidos y caídos, el joven siente que se le revuelve el estómago. No era estúpido, sabía que aquella mujer era una prostituta. No es que rechazara el contacto con humanos, de haber sido una dama joven  y agradable a la vista, y sabiendo que sus intenciones no eran lucrativas, habría aceptado sin dudarlo.

Ya había cumplido los 16 años hacía algo mas de un mes, lo que lo convertía en un adulto según las leyes de su clan, eso le daba ciertos privilegios, entre ellos los de aparearse o mantener relaciones sexuales sin  miedo a ser castigado. Estaba seguro que la mayoría de sus amigos habían perdido o perderían la virginidad la misma noche de cumplir los 16 años, a no ser que la hubieran perdido antes trasgrediendo las leyes, esto se sumaba a que los padres de Philip no eran jefes del clan, eran importantes, pero no jefes, esto también ayudaba a que Philip no tuviera que "reservarse" para alguna joven ecutauro elegida por sus padres para fortalecer lazos con alguna familia.

-Y...Yo...ve...vera...-antes de que pudiera dar una respuesta que no resultara ofensiva a la prostituta, un hombre sale de un portal en sombras del callejón, exigiendo al parecer dinero, Philip suspira en cierto modo aliviado, pues la prostituta retrocede y se oculta los pechos con un chal.- Vera, acabo de llegar a la aldea, no tengo dinero ni nada de valor con que pagar los servicios de esta...-mira a la prostituta de arriba a bajo.- ...dama. -El tipo lo mira desconfiado, aunque repara en las armas que portaba Philip y como la mano derecha del joven reposaba en la empuñadura de la daga que llevaba al lado derecho de la cadera.

El hombre, tras gruñir algo sobre viajeros pobretones y bichos raros, se aleja, lanzando una mirada envenenada a Philip, pues las armas del ecutauro valían unas cuantas monedas. El joven potro suspira, esa noche tendría que dormir con un ojo abierto y  con las dagas a mano por si aquel tipo que olía a alcohol y a podrido intentaba robarle mientras dormía. Vería el lugar done iba a dormir, dejaría la mochila, el arco y la espada muy bien escondidas y con la llave echada, y conservaría las dagas, no cree que el tipo se atreviera a robarle mientras hubiera gente por la calle o en la posada que pudieran verlo. Después de dejar las cosas, iría a encargarse de la loza y cenar algo. Ciertamente había sido un primer contacto desastroso, sólo esperaba que en sus siguientes experiencias en poblaciones humanas o de cualquier otra raza, no tuviera tan mala suerte.
Philip Ecutauro
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Mensaje por Mister Orange el Jue Ago 14, 2014 8:46 pm

Ok, todo en orden, le pongo el sello morado y bienvenido al foro.
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