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[Evento del Miedo] "El mito que se convirtió en leyenda"

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[Evento del Miedo] "El mito que se convirtió en leyenda"

Mensaje por Kyr'am el Jue Oct 30, 2014 11:14 pm

Un hombre herido camina bajo la lluvia con dificultad, se sujeta las costillas magulladas mientras el vapor de su respiración se mezcla con la lluvia, camina tambaleándose, pero resiste, su determinación sigue intacta pese a sus heridas, pero finalmente se derrumba a las puertas de una posada y su visión antes clara se torna negra, ¿este es su fin? Se pregunta en esos amargos momentos mientras la oscuridad le engulle.

Nota el calor del fuego calentando su cuerpo, su armadura destrozada se encuentra sobre una silla cercana al lecho donde reposa, ¿Qué esta pasando? Se pregunta aquel hombre desorientado, pero pronto sus preguntas tendrán respuesta, se oyen pasos descendiendo por una escalera, desconfiado el hombre intenta agarrar su espada… bueno lo que queda de ella pues esta partida, las fuerzas le abandonan provocando una caída.

Una voz aterciopelada le habla, no distingue las palabras, pero si que se trata de una joven, pronto su cabeza vuelve a estar en orden y comprende a la muchacha –Señor se encuentra bien, no debe moverse se le abrirán las heridas, es un milagro que siga vivo- haciendo acopio de todas sus fuerzas y apoyando una mano sobre la cama se incorpora para finalmente pronunciar unas palabras cargadas de dolor y agotamiento –Disculpadme mi señora, los hábitos del soldado siempre están hay- nuevamente se tumba en la cama con ayuda de la muchacha que pese a su vergüenza se nota en la cara lo que le pasa, preguntas es lo que tiene, pero las respuestas… ¿las conseguirá de aquel hombre?.

La lluvia no cesa, y cada vez golpea con mas fuerza contra las ventanas, pero se esta cómodo en aquel lugar, la leña chisporrotea con el fuego y las velas iluminan la estancia, pero con la calma, aquellos relajantes sonidos son rotos por una voz – Ya se a despertado el caballero Susan, menos mal, pensé que tendría que explicar porque había un hombre muerto en nuestra taberna- una mujer rolliza, de gran busto había bajado las escaleras y se dirigía a la joven, mientras escudriñaba el rostro del hombre con una mirada seria a la vez que preocupada. Tras unos segundos de silencio la mujer volvió a hablar –Trae un poco de pan y queso a nuestro huésped Susan y no olvides un poco de hidromiel caliente, no vaya a ser que se muera de una neumonía- la muchacha asintió y salio rauda de la estancia, el hombre se incorporo lo suficiente para apoyar la espalda contra el cabecero y dijo con tono humilde –Gratitud mi señora, por su hospitalidad- la mujer se aproximo a una silla cercana y examino nuevamente a aquel hombre para añadir – Señor, cualquiera habría echo lo mismo en mi situación, no todos los días se encuentra una ha un soldado medio muerto en la puerta de su taberna y menos en estas fechas, pero decidme, ¿que os trajo a este lugar?- el hombre sonrío, lo que le causo dolor por lo magullado de su rostro. –Veréis seguro que conocéis la leyenda de Bane el Demonio- el rostro de la mujer palideció –Por vuestro rostro deduzco que si mi señora, pues yo vine a matar a ese desgraciado para ven…- la mujer le corto en el acto –sois un loco, si os enfrentasteis a el es un milagro que estéis vivo, pero no os creo, no es mas que un mito- el hombre sonrío nuevamente pese al dolor que le causaba esa acción – no es un mito mi señora, Bane existe, yo lo libere hace diez años y es mi tormento y os contare porque de su existencia- el fuego chisporroteaba con fuerza dejando un olor a roble por la habitación, mientras el hombre le contaba la verdad del mito a aquella horrorizada mujer.

Hace diez años yo me encontraba en las ruinas de una civilización hace tiempo olvidada persiguiendo a unos furtivos con mi escuadrón,  pero los cazadores nos diezmaron como si fuéramos simples reclutas, solo dos sobrevivimos a la matanza y caímos presos de esos necios, si, necios por el echo de haber manchado esas ruinas con sangre, pues se contaba que en aquel lugar un hombre presa de la ira y el odio había asesinado a mujeres y niños en un ritual para ganar poder, pero el poder tiene un precio y ese precio fue ser condenado a una eternidad de sufrimiento en ese lugar, hasta que alguien derramara sangre sobre los cimientos que hacían de su prisión.

Claro que yo en aquel tiempo no sabia de dicha leyenda, y mucho menos creo que lo supieran esos furtivos, si no jamás hubieran acampado en aquel lugar, recuerdo unas cuerdas con púas que se clavaban en mis muñecas ( dijo mientras se acariciaba las cicatrices) sinceramente, pensaba que ese era nuestro fin, pero entonces lo escuche, una voz que sonaba atronadora, como un centenar de rayos golpeando mi cabeza, unas palabras que pesaran sobre mi hasta el día de mi muerte, unas palabras que condenarían estas tierras hasta el pin de sus días.



La mujer escuchaba atónita la historia de aquel guerrero que parecía destrozado por los recuerdos más que por las heridas de su cuerpo, seria verdad que se enfrento a Bane, pronto lo sabría.

Veréis, no podía ser liberado sin hacer un trato, y bueno los tratos con los demonios nunca salen bien, pues son seres ambiciosos y egoístas, sus palabras fueron claras.

-| ¿Quieres ver como estos hombres pagan, quieres ver como sus vidas se extinguen, como sus miedos mas profundos cobran vida y mas importante quieres vivir? Solo entrégame tu fuerza |-

No pude negarme, mis hombres, hombres que habían depositado sus vidas en mis manos habían muerto por mi culpa, me sentía culpable y esa opción de redimirme me hizo tener esperanza una esperanza que me seria arrebatada.

El puño del soldado se apretaba con fuerza, y la mujer le interrumpió –¿Pero decidme mi señor, que sucedió aquella noche?- la mirada del soldado se había tornado fría y punzante como una daga, como si escudriñara sus entrañas, la mujer se separo un poco atemorizada pero el hombre prosiguió con la historia.

Fue una ba… no, no se le puede llamar así, nadie tubo opción a defenderse, fue una matanza, vi como ese hombre apareció de la nada, portando una gran hacha y rodeado de llamas de un tono azul que no había visto en mi vida, algunos furtivos intentaron defenderse, pero era inútil uno a uno eran destrozados por el hacha, juraría que aquel demonio disfrutaba con ese acto de crueldad y salvajismo, vi como le reventaba la cabeza a hachazos a uno de ellos bajo la atemorizada mirada de los demás furtivos, fue como si ese acto destrozara su determinación, su fuerza aun diría mas como si con cada golpe una parte de su alma fuera destrozada, se vieron tan indefensos, tan impotentes que las espadas resbalaron de sus manos y el acero golpeo con la desnuda roca, después de eso solo recuerdo los gritos de terror y suplica y esa penetrante y cruel risa, una risa que me persigue desde entonces

Nuevamente la mujer le interrumpió –¿Entonces ese ser os persigue mi señor?- el miedo en su rostro era palpable, sus manos temblaban y unas gotas de sudor frío resbalaban por su frente. –No os preocupéis mi señora, no me persigue, los recuerdos de sus atrocidades son los que me atormentan, es como si su risa estuviese grabada a fuego en mi mente, dejad que continúe y entenderéis- replico aquel hombre cansado.

Veréis cuando hubieron acabado los gritos se aproximo a nosotros, y aun cubierto de sangre soltó nuestras ligaduras, yo me encontraba atónito, no sabia como reaccionar pero entonces ese ser me miro y sonrío, pero algo lo distrajo, mi hombre, mi soldado mas joven había cogido su espada del suelo y apuntaba a la bestia desafiante, dijo algo pero no recuerdo que era, simplemente recuerdo la imagen de sus brazo cayendo al suelo como si de dos trapos se tratasen, soltó un grito, pero fue ahogado por el filo de la espada de ese monstruo seccionando su cabeza, una cabeza que rodó hasta mis pies aun viva, para morir mirándome con lagrimas en los ojos, pensé que era el siguiente que me había llegado la hora pero esa cosa me dijo algo que fue peor que si me hubiera matado.

-| Ahora somos uno |-

Y desapareció envuelto en llamas pero no sin antes dejarme una marcar (señala una cicatriz en forma de mano situada en su pecho)

-¿Entonces que hicisteis, os marchasteis y ya, como os hicisteis esas heridas?- se hizo el silencio, las llamas de la habitación antes cálidas, se extinguieron y unas llamas azules comenzaron a quemar las heridas antes abiertas de aquel hombre, la mujer intento gritar, pero se sentía como si se encontrara bajo el agua, incapaz de gritar, incluso de respirar en una atmósfera tan asfixiante, tan solo un parpadeo basto para que el hombre antes convaleciente se irguiera ante la atemorizada mirada de aquella mujer, y al igual que muchos antes que ella se pregunto en esos inciertos momentos ¿Este es mi fin? Pero antes de que su pregunta fuera respuesta, el hombre envuelto en llamas desapareció.

Y así el mito se convirtió en leyenda, y perduro durante siglos hasta nuestros dias


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