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Cazando a Will O´the Wisp

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Cazando a Will O´the Wisp

Mensaje por Siragga el Sáb Dic 13, 2014 1:16 pm

Cual malsanos vapores, las almas de los condenados vagaban entre las fangosas aguas, mientras la luna se elevaba sobre el firmamento, en esa ciénaga asquerosa y repugnante. Las botas se enterraban en el fétido fango, y con cada paso, debía de serse cuidadoso, o el pantano cobraría la vida de los que osaban cruzas sus dominios.

No había sido fácil llevar a la rata a ese paramo, si bien era cobarde y rastrera, su peor cualidad, era el hecho de estar siempre murmurando y hablando consigo misma, profesando odio o traiciones. El goblin había tenido que vigilarle constantemente y eso había hecho aminorar el paso, ya que un viaje de dos días, se había alargado a cinco, cosa que no era bueno realmente y traía mas de un mal momento, especialmente por las practicas poco “ortodoxas” que realizaba el ratino a la hora de alimentación o dormir. Pero a pesar de esas penurias, que realmente no eran nada, habían llegado al pantano, con la única intención de erradicar a un espíritu, algo extraño para el guerrero goblin.

La noche no era adecuada para avanzar, ya que un paso en falso significaría la muerte y aun más en la oscuridad. Encontrando tierra solida, se prendió un fuego, el cual aprecia luchar contra el propio frio de ese lugar, calentando y ardiendo hasta casi desaparecer. Los cazadores se habían reunido alrededor de las llamas, calentando sus cuerpos y carnes, esperando que la noche avanzara rápidamente y dejara a la vista algún camino… mas no era el cruzar el pantano lo que buscaban, si no encontrar aquel que no debería de estar en ese mundo y que vagaba, cual espíritu descarriado y olvidado.

Los días anteriores, tras partir de la ciudad, habían sido de luchas internas, la rata no cooperaba demasiado, a pesar de las promesas de riquezas y las amenazas de muerte, su mente estaba en continuo conflicto consigo misma, únicamente demostrando locura. Habían cruzado varios bosques y acampado lejos de los caminos, ellos no eran los únicos en esa cacería y no deseaban ser seguidos por enemigos ni perder su presa.

Tras despuntar el alba, el goblin se retiro a explorar, era más ligero que su amo y no se podía confiar en la rata, ya que más de una vez había profesado la intención de traición, aunque claramente lo hacía en sus momentos de desvarío. El goblin se había internado en la ciénaga, las fangosas aguas parecían un caldo de cadáveres y putrefacción, mas por su agilidad, este había logrado evitar hundirse al tocar las fétidas aguas. Tras casi una hora de exploración, no se había encontrado anda y el goblin, sabiendo que esto sería malo, volvió tras sus pasos, hasta encontrarse con su señor. Siragga había afilado su espada, la piedra había desgastado el acero y le había otorgado filo a la vieja espada orca, recuerdo de su cautiverio y de su promesa de liberación y venganza. El fuego se había mantenido al mínimo, apenas unas brasas alimentadas con hierbas secas y retorcidas, la rata, se encontraba en sus asuntos, recolectando algunas hierbas y hongos dispersos, siempre atento a la mirada del orco, esperando un momento de descuido para arrebatarle la bolsa de gemas. Pero la oportunidad no se había dado y ello estaba logrando que se impacientara, siendo algo mas descuidado de lo natural.

EL goblin volvió al campamento e informo al orco, o mejor dicho, al sema orco, cosa que le hizo recapacitar su táctica, si la presa no salía de día, debería de hacerlo de noche, por lo que se prepararían. Durante ese día, fabricaron varias antorchas, y aprovecharon las fétidas sustancias que surgían del pantano, una especie de limo negro, para impregnarlas. Las horas pasaron y cuando el cielo comenzaba a oscurecerse y los rayos del sol danzaban por los vapores de la ciénaga, encendieron las antorchas, las cuales prendieron con un fulgor dorado y rojizo. Como si se tratara de una deforme oruga, los guerreros avanzaron, internándose en el pantano, esperando mejor suerte. El goblin abría paso, siendo quien podía ver mejor en aquel ambiente y conocía ya el terreno, la rata le seguía, a regañadientes, ya que estaba encerrado pro el orco tras de él, evitando e imposibilitando una huida de emergencia.

Paso a paso se internaban entre las brumas verdosas y espesas, el aroma y burbujeo del propio pantano, parecía armonizar con el de las ranas que croaban en la penumbra, las antorchas sonaban, cuando se mesclaban con los vapores naturales del lugar, más la caminata no duro demasiado, ya que a lo lejos, una luz surgía. No se trataba de un reflejo de las antorchas, ni de otro cazador, la luz danzaba, demasiado anti natural como para ser de ese mundo.

Los arboles parecían arañar la bóveda celestial, intentando cazar las estrellas que en lo alto intentaban iluminar el mundo, con su tenue y fría luz. Más a lo lejos, una luz azulada danzaba, cual pequeño niño, jugando algún extraño y misterioso juego. El tiempo de cacería había comenzado y no una especialmente sencilla. La rata era necesaria, y en esos momentos, debería de actuar si deseaba su paga. Sus patas, sucias y malolientes, se movieron rápido, intentando capturar la luz, pero esta, ni tonta ni perezosa, se movió con rapidez, alejándose y esquivando las diminutas manos de la rata. El orco no se había quedado atrás, y caminando por zonas solidas, intentaba rodear a su víctima, pero esta parecía estar pendiente de los planes, ya que rápidamente, cual lucero fugaz, se movió violentamente, cruzando las fétidas aguas y deteniéndose no muy lejos, cual niño burlón, que desea que le atrapen.


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Re: Cazando a Will O´the Wisp

Mensaje por Siragga el Sáb Dic 13, 2014 1:16 pm

El goblin se había separado de su señor, seguiría las ordenes de este y aguardaría, el seria le responsable de la “muerte” de ese ser, si es que pudiera llamársele “vida” a lo que poseía. Tanto el orco como la rata debían de moverse, siempre con cuidado, evitando las fangosas aguas, que fácilmente les tragarían. Sus antorchas danzaban, y crispaban con los malsanos vapores, con el fétido aroma a huevo en descomposición y cadáveres sepultados en fango y barro. Las piernas de Siragga se movían con velocidad, saltando en varios puntos, intentando acercarse a su objetivo, pero cuando estaba a pocos metros, este giraba con una velocidad inhumana y se alejaba, deslizándose sobre las oscuras aguas, como si fuera un divertido juego.

Las pisadas del guerrero quedaban marcadas en la suave tierra, su espada era blandida de lado a lado, pero la escurridiza “criatura”, parecía disfrutar de todo ello, evitando los golpes, con gracia y burlones movimientos. En cierto punto, la luz estaba muy cerca y dando un paso en falso, el orco sintió que su pierna se hundía, rápidamente, el fango apreso el miembro, intentando tragarlo y llevarlo a lo más profundo. La rodilla desapareció bajo el oscuro barro, y la mitad del muslo le siguió, se necesito de un movimiento brusco y brutal, para enterrar la espada en suelo firme y tirar del cuerpo. La fuerza no era algo que le faltara a Siragga, pero para liberarse de aquel nauseabundo abrazo, debió de requerir todas las que poseía.

La rata estaba atenta a los movimientos del orco, a como la bolsa con gemas colgaba de su cinto y como este casi era engullido por el pantano. Debía de moverse rápido, mientras su ligero cuerpo recorría la distancia que le separaba, portaba en su mano aquel oxidado cuchillo, debía de aprovechas, y enterrarlo en el cuello, cortando al carne y dejando a la sangre brotar. Pero su camino se detuvo abruptamente, cuando una flecha surgió de la niebla, clavándose a centímetros de su pata, alguien el vigilaba y aquel tiro, había sido una advertencia … debería de esperar antes de cobrar lo acordado … ya que se le había perdonado una vez la vida, quizás no sucedería de nuevo.

Siragga se había recuperado de aquella situación y ahora estaba cerca de la esfera, la cual evitaba los golpes de la gran espada de metal. El orco blandía el espadón, mas solamente movía el aire y hacía sonar el aire con esta, el espíritu giraba a su alrededor, burlonamente, pero el orco sonreía, lentamente se movía, avanzando, y la esfera también, siguiendo la espada y moviéndose con vida propia ante Siragga. No muy lejos, sobre uno de los retorcidos arboles, el goblin aguardaba con su arco tensado y una flecha entre sus verdes y delgados dedos, esperando la señal de su señor, a quien servía, no por servidumbre, si no por lealtad y el sueño de ver a su pueblo libre nuevamente.

El orco sonrió, cuando dio un espadazo, sabía que la esfera la esquivaría, pero eso necesitaba, durante todo el combate, la rata había hecho su trabajo, algo realmente asombroso, si tomamos las intenciones traicioneras de siempre, pero lo había hecho. Sus sucias patas se movían, su único ojo estaba blanco y sus dientes castañeaban, la esencia recorría su espinazo y su cola se erguía, y hablaba en lenguas raras y desconocidas. El ratino levanto su daga y dando un grito blasfemo, apunto hacia la esfera, un rayo carmesí surgió del filo metálico e impacto contra la esfera, logrando que se detuviera un instante, cambiando su color a otro rojizo, palpitante, como si fuera un corazón.

Siragga silbo, sus labios marcados por el sol y las batallas se movieron, logrando un sonido para nada agradable, pero perfectamente oíble, la señal se había dado y el goblin, quien le había seguido durante largas jornadas estaba listo. Fue un instante, en que soltó la flecha y esta salió disparada, recorriendo con pasmosa velocidad la distancia que le separaba de su presa, mas no todo salió como se esperaba y si el proyectil se clavo en la esfera, surgiendo la punta a su otro costado, no le había matado. Aquel diminuto fuego, pareció hincharse, hasta crecer el triple y como si de un pulmón lleno de aire perforado, un agudo sonido surgió, tan alto que todos los presentes debieron de cubrir sus oídos, antes de que estos comenzaran a sangrar, la esfera sufría, ¿agonizaba? Era posible, pero aquello no terminaría hasta que la esfera desapareciera. El orco, apretando sus dientes, dejo de cubrir sus oídos, los cuales parecían ser perforados por una barra de hierro candente, dando un grito ronco, se lanzo contra el fuego, su espadón fue blandido y como si el enemigo supiera, que su hora había llegado, grito aun más fuerte, con todas sus fuerzas, Siragga apretó aun mas los dientes, cerrando uno de los ojos por el dolor, y únicamente abriendo la boca para proferir un grito atronador y grave, antes de dejar caer la espada, en un brutal golpe. La esfera fue partida en dos, dejando nuevamente en silencio el lugar. El semi-orco se poyaba en su espada, ahora clavada en la tierra, jadeando, y con uno de sus oídos sangrando, un pequeño costo, para lograr su objetivo. Dando un escupitajo de sangre, se sentó en la húmeda tierra, mirando a la rata, que aun mantenía sus diminutas manos sobre sus orejas y a lo lejos, el goblin que se dirigía a paso rápido hacia él, uno de los trabajos había sido terminado, aun quedaban muchos más y ese, había sido uno de los simples… ¿Qué les esperaba más adelante?, eso solo el tiempo lo podría decir.


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