Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Ficha de Shirei y Baku
por Alegorn Hoy a las 1:47 am

» Rastro sin huellas [Privado]
por Eshed Dylan Hoy a las 12:36 am

» Miedos [Privada con Celeste Shaw]
por Kromul Ayer a las 9:34 pm

» Asfet.
por Skurk Äsping Ayer a las 7:10 pm

» Un Dios entre Nosotros.
por Strindgaard Ayer a las 4:59 am

» Misión Fallida: Hijra de Shirei y Baku
por Shirei Ayer a las 4:53 am

» [Priv. Karasu y Dahana] Hierbas Quemadas
por Dahanajan Dess Ayer a las 2:55 am

» Fuego y Hielo
por Dahanajan Dess Ayer a las 1:53 am

» Lobo a la brasa [Privada con Dahanajan Dess] (En construcción)
por Skam Miér Mar 20, 2019 11:49 pm

» Reglas de Noreth
por Shirei Miér Mar 20, 2019 8:57 pm




Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


La bella y el orco

Ir abajo

La bella y el orco

Mensaje por Grausam el Jue Ene 15, 2015 12:38 am

¿Cuánto tiempo hace que vivía de esta forma? Las únicas personas que lo sabían eran las que me observaban desde los cielos elementales, vigilándome hasta que completara mi misión. Sin embargo no sabía por dónde empezar.

La ira de mi corazón había disminuido conforme el tiempo transcurría. Sin embargo esa ira nunca se extinguiría.

Era un nómada, nunca me había quedado en el mismo lugar dos días seguidos.

Mi huargo estaba en nuestro refugio, vigilando que nadie se llevara mis pocas pertenencias y yo me disponía a cazar la cena de esta noche.

El sector en el que me encontraba era verde y espeso, ¿Que arboles eran aquellos? No lo sabía, pero eran altos y con muchas ramas por donde pasaban gran cantidad de animales. Algunos se quedaban observándome con cara burlona o eso pensaba y otros seguían su camino.

No me servían ni para la entrada. Esos pequeños monos tenían tan poca masa muscular que podría zampármelos de una sola mordida y no sentirme satisfecho.

No; yo buscaba un plato grande.

En mi mano derecha sostenía firmemente mi daga, siempre bien afilada y yo miraba en todas direcciones en busca de mi presa.

Más adelante veo un descampado y me acerco allí. Nunca sabias lo que te podías encontrar.

Cuando me acerco me agacho entre unos matorrales y observo. Allí había una felina cuidando de sus cachorros los cuales maullaban con ese tono chillón pidiéndole a su madre alimento mientras ella rondaba en círculos el pequeño agujero que había cavado para sus crías.

Pero había algo raro, ¿dónde estaba el macho de la familia? “seguramente haya ido a cazar para sus cachorros, lástima que mientras el busca otra presa, su familia ahora es el blanco de otro depredador” pienso como respondiendo a mi pregunta y una sonrisa maliciosa se dibuja en mi rostro. Pero esa sonrisa no se mantuvo tanto tiempo porque a mis espaldas escucho un gruñido y me doy cuenta de que el macho no era tan estúpido después de todo.

Me doy vuelta con un movimiento rápido, pero el felino salta sobre mí con una velocidad que solo ellos poseen y con sus filosas garras desgarra mi pecho desde mi pectoral derecho hasta el final de mi abdomen de donde comienza a emanar el líquido rojo de la vida.

Atino a golpearlo en el mentón con la suficiente fuerza para  lanzarlo unos cuantos metros más allá de mí.
El felino entonces se da cuenta de que es una batalla que no puede ganar, y que debía sacar a su familia de allí lo antes posible por lo que corrió hacia el centro del descampado, tomo a dos de sus cachorros del pescuezo y dejo que su madre tomara los otros dos, huyendo en dirección contraria a la mía.

Me levanto y ya sin miedo camino hasta el centro del lugar, corren tan rápido que ya debían estar a kilómetros de allí.
Observo el hueco en donde minutos antes estaban los indefensos cachorros en busca de sobras o comida pero los chiquillos habían dejado limpio el hueso que les habían dado minutos antes.

"otra presa que se escapa" pienso.

Miro mi pecho, no sentía dolor pero observaba las tres líneas color rojizas que me había dejado ese desgraciado. Eran bastante grandes y seguramente cuando cerraran me dejarían una cicatriz. Otra cicatriz de batalla.

De repente siento un sonido a mis espaldas. Probablemente sea ese maldito en busca de revancha. Pero para mí sorpresa al darme la vuelta era todo lo contrario.

Una criatura había salido de los matorrales donde minutos antes estaba escondido y me miraba a los ojos, luego miró mi pecho y sus ojos se abren como dos cuencas.

Se acercó a mí corriendo con un tono preocupado. Me hacía recordar a los pequeños orcos que habitaban en mi antiguo pueblo, sin embargo no tenía la misma tonalidad de piel.

Tenía el pelo suelto y sedoso de un color rubio y unos ojos verdosos en los cuales podías perderte si los mirabas por mucho tiempo. Llevaba un vestido blanco que le llegaba hasta las rodillas.

Cuando llega hasta mi toma mi mano… o más bien mi dedo y comienza a guiarme por el bosque. Tenía las mano tan pequeñas que no podían agarrar la integridad de mi mano.

Su mano era suave, al contrario de la mía que estaba llena de callos producto de mis batallas.

Parecía que conocía bien todo el sector porque no dudaba de sus decisiones.

La única razón porque no la atacaba era porque me hacía recordar a mi pueblo. Aunque no sabía porque.

"esto no es un animal" pensé y mi mente viajo hasta mi antigua aldea, estaba sentado en el suelo del pueblo y mi madre estaba frente a mí dibujando en el suelo. Estaba explicándome que, además de los orcos, había más razas las cuales no eran animales y las estaba dibujando en el suelo para describirme de la forma más aproximada como eran.

Llegamos a una pequeña cabaña en el bosque, ella paso primero y me hizo señas para que lo siguiera. Tuve que agacharme para pasar ya que la puerta estaba echa a su medida y no a la mía. Luego hizo que me sentara en el suelo y  se dirigió hacia una pequeña cocina que tenía allí mismo.

La casa era pequeña y acogedora, de un solo ambiente. En una esquina estaba su cama, echa con completamente de hojas. Tenía una pequeña cocina del lado contrario a la cama, y en el centro de la habitación había una mesa con dos sillas. La casa se iluminaba únicamente de luz solar por dos pequeñas ventanas a cada lado de la puerta, por donde se podía ver un hermoso jardín, probablemente sembrado por ella, tenía flores muy exóticas plantadas allí, de muchos colores.

Espera, ¿eh dicho ella? ¿Qué me hacía pensar que eso era un “ella”? Probablemente fuese que simplemente no era un “el” por su piel tan suave y su larga cabellera.

Y de repente mi mente viro hacia el mismo pensamiento, ¿que era ella? Volví a recordar la clase de razas inteligentes de mi madre y la comienzo a repetir.

"los altos y bellos son los elfos, los pequeños y feos son los enanos…" la chiquita no coincidía con ninguna de esas dos descripciones, proseguí.

"…los de alas bellas son los Diviums, los de alas siniestras son los Demonios…" ella no tenía alas, dos razas menos.

"…Los que los dioses bendijeron con la capacidad de parecerse a los animales son los antropomorfos y los que los dioses maldijeron obligándolos a chupar el agua de vida son vampiros…" ella no tenía forma de animal. Podría ser un vampiro, pero él los había visto y ellos eran más siniestros y egoístas que ella.

¿Qué clase de cosa era ella? Seguía sin poder definirla. Ahora la pequeña tomaba unos vendajes y untaba en ellos una sustancia. Probablemente echa con hierbas.  Se acercó a mí y me deposito los vendajes en las heridas, luego volvió a su pequeña cocina y trajo un trapo mojado con el que limpio la sangre que se había derramado en mi cuerpo.

Yo la observaba atentamente. Me hacía recordar a mi madre limpiándome las heridas luego de los combates.

Una vez terminado el ritual de sanación ella se sentó en frente mí, como mi madre cuando me enseñaba las clases de seres pensantes que habitaban en Noreth y me observo a los ojos. Luego deposito su mano en su pecho y dijo:

-yo Anya-

La lengua me sonaba conocida pero no la entendía, sin embargo las señas que hacia me dieron a entender que su nombre era Anya, así que asentí y repetí el mismo proceso de presentación. Me golpee el pecho con una mano y dije:

-Ma’gosh Grausam- (me llamo Grausam)

Luego la señale a ella y le dije:

-¿Apa, Ama?- (¿Tu padre y tu madre?)

Me observo, parecía no entender, por lo que removí la tierra que había allí y dibuje, primero a ella y luego a dos personas más grandes, a una le hice una cabellera larga como la que tenía ella. Entonces comprendió y comenzó a relatar mientras dibujaba.

-mi padre murió en una batalla por defender a su pueblo y mi madre y yo nos escondimos aquí- dibujo un ejército, luego a su padre luchando y atravesado por una lanza. Luego lo borro y dibujo a ella y a su madre en esta cabaña –mi madre cazaba animales y yo recolectaba vallas y así sobrevivimos- dibujo a su madre con una lanza y a ella tomando unos frutos de lo que parecía un árbol -hasta que un día, un oso ataco a mi madre y ella malherida intento curarse pero…- dibujo a su madre atacada por un oso y una lagrima broto de sus ojos y callo en la tierra humedeciéndola. La entendía. Había vivido lo mismo que ella, yo también había perdido a mi “Apa” y a mi “Ama” cuando era solo un joven y tuve que madurar deprisa.

Con un dedo limpie la lágrima que estaba resbalando por su mejilla. Ella me miro, yo tome la flauta de mi madre y le toque aquella canción que mi madre me tocaba cuando era pequeño y estaba triste, siempre conseguía ponerme feliz.

Cuando termine de tocar ella estaba dormida apoyada sobre mi pecho. Estaba tan empeñado tocando que no la había sentido moverse.

Con mucho cuidado la alce y la lleve a su cama, a continuación Salí de la cabaña y recolecte unas cuantas vallas para ella, además logre cazar un conejo el cual despelleje, cocine y serví en su mesa.

Anya abrió los ojos y encontró servida la comida, más no a ese gran individuo al cual había ayudado.

La pequeña salió de la cabaña y busco por los alrededores sin encontrar a aquel que ella había salvado, sin embargo nunca lo volvió a ver.

Un kilómetro más al norte un orco caminaba mirando hacia el suelo, el recuerdo de su madre enseñándole las clases inteligentes del mundo volvía a aflorar y él lo repetía en voz alta:

-"los altos y bellos son los elfos, los pequeños y feos son los enanos, los de alas bellas son los Diviums, los de alas siniestras son los demonios, los que los dioses bendijeron con la capacidad de parecerse a los animales son los antropomorfos, los que los dioses maldijeron obligándolos a chupar el agua de vida son vampiros…"-

El orco hizo una pausa y luego sonrió repitiendo la última frase de la lección:

-"…los fuertes y estúpidos son los orcos y los débiles e inteligentes son los humanos."-

Esa noche no ceno y se fue a dormir luego de tocar su flauta de kodo.

Había aprendido una gran lección.

"no castigues a toda una raza por la estupidez de unos pocos"
Grausam
Grausam

Mensajes : 8
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.