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Barcos de luz y sombra

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Barcos de luz y sombra

Mensaje por Youdar el Vie Ene 16, 2015 10:47 pm

Por primera vez en días las nubes dejaron pasar al sol de la mañana. El enano dio gracias a los dioses, pues aquello le hacía mucho más fácil la jornada. Se había puesto en marcha hacía una hora y estaba a media mañana de Puerto Crisol, si no le engañaba su instinto; bueno, su instinto y un zagal humano al que había preguntado la noche anterior. Había sido una dura noche al raso, protegido únicamente por su tienda de campaña y con Pelos como abrigo, pero, ahora que el sol brillaba y se podía oler el mar, Youdar notaba como los efectos de la mala noche iban desapareciendo de su cuerpo.
Pelos, el gato, también parecía agradecer la salida del sol, pero no así el olor a brisa marina.

-Lo olvidaba, Pelos, tu nunca has visto el mar.– dijo Youdar al gato, que caminaba a su lado. –No creo que te guste. A mi tampoco me gustaba – le confesó Youdar al felino, que no daba ninguna señal de entenderle, o ni siquiera de prestarle atención-, pero ahora casi no puedo vivir sin él.
-Maaau!- gruñó Pelos. Echaba en falta su habitual tentempié de por las mañanas, o eso imaginaba Youdar.
-Lo siento, pequeño, me quedan pocos kulls.– se lamentó el enano- En Puerto Crisol, cuando hayamos conseguido un barco, te prometo que comeremos como hacíamos en la posada.

Youdar se había dejado mucho dinero viajando por la frontera de El Imperio, buscando pistas sobre el capitán del Milano, Crílor. Llegó a dar con la baronía del noble, pero allí se llevó un gran desengaño. El joven noble había dejado su feudo en la ruina para financiar el viaje del Milano, hacía tres años, y allí nunca se le volvió a ver. Youdar perdió bastante dinero sonsacando al castellano de Crílor, el cual, después de desplumarle, le confesó con una gran sonrisa que era él el que había dejado vacías las arcas de la baronía y que su señor debía estar pudriéndose en Landemar, y que le era indiferente si el enano decidía ir a pudrirse con él.

Youdar había salido de allí con un gran enfado, pero, al menos, había obtenido un destino, Landemar. Esperaba que aquel mentiroso no le hubiera engañado también en eso, y se encaminó hacia la costa, para volver a casa. Intentaría que le dejaran ver los archivos de Baruk’Grund, pues Landemar era una isla perdida, que según la leyenda se encuentra bajo el mar, a la que solo se puede llegar a pie y de la que únicamente se sale en barco. Era un cuento tradicional enano, y a Youdar le sorprendió que los humanos supiesen de él, pero había llegado a entender una cosa: porqué Crílor y Roida fueron hasta una ciudad enana para pedir un barco. Youdar se preguntaba si su padre sabía algo de Landemar que compartiera con Crílor y Roida.

Pelos, ante la actitud austera de Youdar con la comida, fue enfurruñado durante todo el viaje hasta Puerto Crisol (o eso le parecía a Youdar). El enano se sentía culpable por el hambre del gato, así que decidió que, cuando llegaran, en lugar de buscar barco y luego comer, primero comerían y después buscarían barco.
-Y si después no nos queda dinero viajaremos en un arcón de madera, ¿verdad, Pelos? – le dijo al gato, como si este hubiese podido leer en su mente lo que estaba pensando.

Finalmente, cuando el sol se encontraba en el punto más alto, Youdar y Pelos llegaron a Puerto Crisol. La ciudad era poco más que el puerto marítimo y un barrio industrial, que giraba en torno al crisol de fundición que daba nombre a la ciudad; carecía de murallas, y su única defensa era una atalaya de madera, a la entrada del puerto, para poder observar desde lo alto el camino. El guardia de la atalaya ignoró por completo a Youdar, y este dio por sentado que era libre para entrar en la ciudad.

Como había prometido, primero hizo un alto para comer. Aunque Youdar estaba acostumbrado a las limpias, aunque ruidosas, tabernas enanas, desde que tenía a Pelos siempre buscaba las mas sucias. En las tabernas limpias no le dejaban subir a Pelos a la mesa. Comieron pan con caldo en una taberna de olor desagradable, y Youdar, pese a que seguía teniendo hambre, le dejó el último trozo de pan a Pelos, porque éste, después de comerse su parte, insistía en darle cabezazos a las manos de Youdar para que le dejara comer de su plato.

Con la tripa medio llena, y de buen humor tras descansar los pies, Youdar se dirigió a los muelles. Tuvo que acabar llevando en brazos a Pelos, pues el gato no quería andar rodeado de tanta agua. Youdar intentó hablar con todos los capitanes de los barcos que le rodeaban, pero uno ni quería atenderle, a otro le daba mal fario llevar a un gato, a un elfo le daba mal fario llevar a un enano, y los que estaban dispuestos a llevarle simplemente no iban al norte.

Youdar estaba a punto de darse por vencido cuando uno de los barcos en los que había preguntado zarpó, y se dio cuenta de que, en el mismo muelle, en un hueco insignificante, había una pequeña coca. Supuso que un barco tan pequeño no iría al norte, pero él había fabricado barcos menores para climas peores, así que decidió no tirar la toalla.

Algo en el nombre del barco le gustó, El Esmeralda, aunque el único brillo verde en el barco venía de lo verdosas que tenía las maderas húmedas. A los enanos les gustan mucho las gemas y una esmeralda no podía fallarle, o eso esperaba.
A bordo vio tres personas, y en el muelle, cargando cajas de aceite, otras dos. Le preguntó a uno de los que cargaban, un humano joven, por el capitán, y le señaló a un hombre de unos cuarenta años, que se encontraba a bordo. Youdar iba a subir a hablar con él, pero el chico le dijo que él iría a buscarle, que esperara en el muelle. “Un barco es como una casa, nadie debe entrar sin el permiso del dueño”, pensó el enano.

-Saludos, maese enano.- dijo el capitán mientras bajaba por la pasarela- Pocos de los tuyos se ven por Puerto Crisol, creí que no os gustaba el agua.
-Confío en que no nos estéis llamando guarros- dijo Youdar, y al momento maldijo su gran bocaza. “Pensar antes que hablar. Tacto, enano, tacto”, pensó.
-Ni mucho menos, me refería a que no os gusta estar en alta mar- dijo sonriendo el capitán, que se tomó la respuesta de Youdar como si de una chanza entre amigos se tratase.
-A la mayoría de nosotros tal vez no les agrade, pero yo me he pasado media vida en barco- explicó Youdar.
-Y supongo que por eso vienes a hablar conmigo- adivinó el capitán.
-Así es, me preguntaba si vais hacia las Drakenfang, y, en caso de que así sea, si aceptaríais a un pasajero más- dijo Youdar sin rodeos. En aquella ocasión no se maldijo, pensaba que, si no podían llevarle, aquella conversación ya debía ir tocando a su fin, igual que su estancia en Puerto Crisol.
-Dos, querréis decir- dijo el capitán y, sin dejar contestar a Youdar, añadió.- Pues sí, vamos hacia las Drakenfang, hacia Baruk’Grund, pero mi barco no acepta pasajeros, solo tripulantes.
-Trabajar no es ningún problema- dijo Youdar-, como he dicho, he pasado media vida en barco y se hacerme cargo de las tareas de un marinero.
-El problema es, como he dicho, que mi barco no acepta pasajeros, y no creo que esa criatura que lleváis en brazos sea un marinero experto – al capitán le había caído bien el enano, y ya tenía claro que lo iba a llevar a bordo, pero quería sacar doble provecho de aquella oportunidad.
-Trabajaré por dos, y Pelos os dejará la bodega limpia de ratas. Tendréis tres marineros por el precio de ninguno, sólo tendréis que darnos de comer – dijo Youdar impulsivamente. Aquél barco le llevaría directo a casa, donde tenía sus buenos ahorros, así que no le importaba trabajar gratis si conseguía embarcar.
-Ja, trato hecho, señor enano – dijo el capitán, encantado con el trato – Lo cierto es que necesitaba dos marineros más para poder zarpar, pero parece que contigo tengo más que suficiente. Subid a bordo y no os acomodéis, quedan muchas cajas de aceite por cargar. Podéis dejar a vuestro amigo y vuestras cosas en la bodega. Mi nombre es Renot.
-A su servicio, capitán, yo soy Youdar, y este es Pelos – dijo Youdar, contento. El trabajo duro no le agobiaba, al contrario, le agradaba, pues luego le hacía dormir como un bebé. Dejó a Pelos y sus cosas más pesadas en la bodega, en un rincón donde supuso que no llegarían a apilarse las cajas de aceite.

-Quédate aquí, Pelos. En unos días podré enseñarte nuestra casa, y allí te prepararé un banquete solo para ti.- le dijo Youdar cariñosamente al gato. Pelos obedeció a Youdar, y de allí no se movió. Los últimos meses le habían hecho confiar en el instinto del gato, y que se quedara allí recostado, sin quejarse, le hizo pensar que era afortunado de haber dado con El Esmeralda y el capitán Renot.

Con la energía de Youdar, el barco estuvo cargado en menos de una hora, y acto seguido zarparon; parecía que los tripulantes de El Esmeralda no tenían nadie en Puerto Crisol de quien quisieran despedirse. A Youdar le encantaba la sensación de volver a estar en alta mar, después de casi tres años en tierra, y su buen humor pareció contagiar a Pelos, que se atrevió a subir a cubierta un par de veces, aunque se volvía para la bodega en cuanto una ola golpeaba El Esmeralda.

El primer día Youdar ya conocía a toda la tripulación del Esmeralda. A parte del maduro capitán Renot, estaba Stir, el joven al que había preguntado en los muelles, que, cuando no estaba trabajando, era muy hablador, algo que gustaba a Youdar, pues él era de pocas palabras y con Stir no tenía que esforzarse, ya hablaba el joven por amos.

También estaba Oliv, una humana de unos veinte años, a la que Renot protegía, y que Youdar pensó en un primer momento que debía ser su hija, aunque resultó ser una marinera novata, y el capitán simplemente cuidaba de que los otros no pensaran que, por ser mujer y estar solos ante la ley del mar, tenían derecho a propasarse con ella.

Y por último estaban los mellizos. No eran marineros, sino mercenarios, y se encargaban de proteger el barco y a su tripulación. No les gustaba pasar mucho tiempo con nadie, solo hablaban el uno con el otro, pero en las comidas escuchaban muy atentos las historias de los demás, aunque sin compartir nunca las suyas propias.

Aunque todos los tripulantes del Esmeralda eran muy distintos, parecía que tenían un elemento en común, todos eran muy trabajadores. Cuando había trabajo que hacer ninguno hacía otra cosa que no fuese su trabajo, y eso hacía que Youdar encajara allí perfectamente. Quizá por eso los mellizos nunca hablaban con nadie, su trabajo nunca terminaba, tenían que estar atentos siempre.

El tercer día de trayecto, cuando habían recorrido más de la mitad de la Bahía de Zhakesh, el viento estaba a favor del Esmeralda y todos tuvieron un rato de descanso, que Youdar aprovechó para charlar con Renot sobre la disciplina de sus marineros; si algún día quería tener un barco, Youdar debía aprender a inculcar el trabajo duro a los suyos.

-Cuando nos conocimos –dijo Youdar- me dijisteis que los enanos solíamos odiar el agua.
-Lo recuerdo como si hubiese sido anteayer- dijo Renot, con una sonrisa pícara.- ¿Por qué lo comentáis?
-Porque si los enanos entre los humanos tenemos fama de poco amigos del agua, los humanos entre los míos tenéis fama de poco amigos del trabajo- dijo Youdar.
-Confío en que no nos estéis llamando vagos- dijo Renot, imitando la respuesta que Youdar le dio cuando se conocieron.
Youdar sonrió; le gustaba Renot, pues no se reía de él de un modo ofensivo, sino, como le había parecido desde el primer momento, como si se tratara siempre de una chanza entre amigos.
-La cuestión es que, si algún día quiero tener mi propio barco, quisiera una tripulación tan disciplinada como la vuestra. ¿Dónde está el secreto? – preguntó Youdar, sin rodeos.
-El secreto esta en escoger pobres almas en pena y ser su única luz- dijo serio Renot. El capitán no era dado a hablar de esa forma y se debió ver reflejado el estupor en la cara de Youdar, pues Renot añadió – Veréis, no es el primer barco que capitaneo. Pero si espero que sea el último. Quiero que El Esmeralda y yo nos retiremos al mismo tiempo, dentro de muchos años claro está, y no quiero que me pase como con mi anterior navío.
-¿Qué ocurrió? – preguntó Youdar intrigado.
-Era un barco mucho mas grande, y yo era un comerciante mucho mas rico; pero no tenía cuidado con que gente escogía para mi tripulación, y un día se amotinaron.- dijo Renot.

Perdí mucho aquel día. Y lo irónico de aquello es que el motín no fue iniciado por los malos rufianes que llevaba en los remos, ni por los fugitivos que tenía de mercenarios. El motín lo inició un caballero al que llevaba de pasajero.

En el barco yo llevaba a mi esposa, la cual sufría ocasionales delirios producidos por una enfermedad. Aquél caballero, de los que comparten la mesa con nobles y sacerdotes, empezó a decir que estaba poseída por un demonio. Unos pocos le creyeron y se amotinaron. Me encerraron en las bodegas… y me liberaron dos días después en el puerto. Sé que mataron a mi esposa, pero nunca averigüé qué le hicieron pasar antes de darle fin a su vida, con el fin de liberarla de su supuesta posesión, ni que fue de su cuerpo.


-Y es por eso, Youdar, que en mi barco no acepto pasajeros, y a mis tripulantes les llamo pobres almas en pena.- dijo Renot – Para ellos este barco es todo, y nosotros su única familia.
-Lo siento mucho, Renot. No pensé que detrás de mi pregunta se escondiera una historia tan terrible- se lamentó Youdar.
-Pero hombre, digo enano, tú que ibas a saber- dijo Renot, recuperando su sonrisa. - Escuchad enano, os contaré más de mi familia. A Stir le encontramos hace poco, flotando en el mar. Era el único superviviente de un naufragio, propiciado por espectros. Rezó a los dioses, y estos no le escucharon; pidió clemencia a los espectros, y estos le dejaron vivir, mientras su barco se hundía. Oliv nunca baja mucho del barco, pues la buscan por un crimen que dice que no cometió. Y los mellizos… bah, no hablan con nadie, que iban a hacer fuera de aquí. Esos cuatro son mis nuevos hijos… y ahora tengo también un primo lejano, uno de corta estatura. Pero la familia es la familia, y quiero que sepáis que, si el mundo os da la espalda, en El Esmeralda seréis bienvenido todas las veces que queráis. Cuando os vi supe que también eráis una de mis almas en pena. Así que, imitando vuestra habitual falta de tacto, os pregunto, ¿cuál es vuestra historia, Youdar?

Youdar le contó a Renot todo sobre la maldición del Milano, sobre su padre, sobre su hermano, sobre Crílor y Roida.

-Así que buscáis Landemar- dijo Renot- Siento no poder ser de ayuda, es una historia que me suena haberla escuchado en Baruk’Grund, pero no le presté mucha atención.
-No os preocupéis, tengo tiempo para romper esa maldición, creo que unos doce años.- dijo Youdar
-¿Doce? No me habíais dicho que la maldición sería permanente si no la rompíais a tiempo- dijo Renot
-No, no es eso. Sería un loco si intentara romper una maldición yo solo, y doce años es lo que suele vivir un gato, según he oído – contestó Youdar
-Vuestro “escudero” es afortunado de contar con alguien que le trata como a un igual. No olvidéis hacerlo con el resto del mundo- dijo Renot. Iba a añadir algo, pero en ese momento se levantó un fuerte vendaval que obligó a toda la tripulación a ponerse a trabajar.

No tuvieron mucho descanso hasta llegar a Baruk’Grund, y allí Youdar se despidió de la tripulación. Renot le dijo que recordara su oferta de trabajar en El Esmeralda, y los demás tripulantes le despidieron con un fuerte abrazo, incluso los mellizos. Oliv le dio un beso en la frente a Pelos antes de despedirse, y, para sonrojo del enano, otro a Youdar en la mejilla.

Pelos parecía muy a gusto en Baruk’Grund, y cuando se acercaron a casa de Youdar, entró en ella por una ventana sin que Youdar le tuviera que indicar qué casa era. La casa estaba vacía, por supuesto; Kadín había ido a casa a pie, así que aún le quedarían semanas para llegar.

Youdar preparó para él y para Pelos un auténtico festín, donde todo sabía a lo mismo, pero que ambos devoraron con gusto. Al finalizar la comida, los efectos de una casa vacía tanto tiempo se hicieron presentes, y vieron una rata correr por el suelo. Youdar le dio una palmadita en el lomo a Pelos, para que fuese a cogerla, pero este hizo caso omiso; estaba lleno.

Youdar no sabía porqué, pero aquél comportamiento del gato le produjo un hormigueo en la cabeza. Entonces se dio cuenta de lo que pasaba, tenía que ver con aquello que le dijo Renot “Vuestro escudero es afortunado de contar con alguien que le trata como a un igual. No olvidéis hacerlo con el resto del mundo”. Pelos no había intentado cazar a la rata porque no era necesario, ya estaba lleno; ante la falta de hambre, la rata era un igual para él.

Eso es lo que quería decirle Renot. Todos en El Esmeralda eran buenas personas, pero habían caminado por una senda oscura. Youdar se había dedicado toda la vida a combatir demonios y espectros, tan solo porque su padre le había inculcado que aquello era lo correcto. Nunca se preguntó si los seres a los que combatía eran todos malos, si era necesario combatirlos. Estaba claro que a algunos sí, pero quizá no a todos. No quería ser como el caballero que, cegado por su creencia, había matado a la esposa del capitán.

-Una vez más tú me das lecciones a mi Pelos. No volveré a combatir a seres oscuros si no se hace necesario. Hay gente buena caminando por la senda oscura, y gente mala caminando por una senda luminosa- dijo Youdar al gato, y este movió el rabo de arriba abajo, como si aprobara lo que el enano decía.



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Re: Barcos de luz y sombra

Mensaje por Alice Lydell el Vie Ene 16, 2015 11:45 pm

maravilloso. Hijra aprobado


That´s what I said!


Déjame mostrarte el mundo al otro lado del espejo...
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