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Pequeña amistad

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Pequeña amistad

Mensaje por Youdar el Mar Ene 27, 2015 7:39 pm

[¿Cuánto hace ya, Pelos, año y medio?]

A tres horas caminando desde Bione, entre las Drakenfang y El Imperio, existe un pequeño montículo. En el pueblo lo conocen como “La Parada”, porque casi todo el que recorre el camino hace un alto en él. En la propia roca está construida una estancia, cuyo uso original se desconoce, pero que actualmente sirve de refugio a los cansados caminantes.

A veces, en La Parada, se encontraban varios grupos de viajeros, algo poco importante, pues en aquél lugar había espacio para una veintena de personas, y un fuego en el centro de la habitación es más que suficiente para que ninguna pase frío. Eso ocurre, claro está, si ningún grupo lleva malas intenciones.

Aquél día, hace algo más de un año, tres grupos intentaron hacer noche en el montículo. El primer grupo eran dos hermanos enanos, Youdar y Kadín; viajaban rumbo a Forjafría, donde debían encontrarse con su padre. Los hermanos enanos fueron los primeros en llegar a La Parada.

El segundo grupo lo conformaba un único ser. Se trataba de un gato común anaranjado. El gato carecía de nombre, pero sí tenía un pasado. Había pasado sus cinco años de vida en casa de una familia de humanos. El trato de aquella gente con el gato se limitaba a darle de beber y a golpearle cada vez que veían una rata en la casa. ¿Por qué no se había escapado hasta ese momento? En la casa aún encontraba restos de comida con los que alimentarse y su instinto le decía que en la calle no sobreviviría mucho. Los golpes que había recibido habían mermado su visión y sus capacidades de cazador.

Finalmente, cuando dejaron de darle de beber, decidió que, puestos a morir, mejor morir lejos de aquellos humanos. Había huido de la ciudad, había vagado alimentándose de insectos y hierbas, y había seguido un río, su única fuente de agua, hasta La Parada.

Los hermanos enanos vieron colarse al gato en la estancia. El felino, en principio, se situó lejos de ellos. Sólo necesitaba pasar una noche tranquila y sin frío. Aquel gato no podía imaginar lo lejos que estaba aquella noche de ser así.
-¿Qué haces, Youdar?- preguntó el menor de los enanos, Kadín.
-¿Madre no te enseñó que hay que alimentar al hambriento?- Contestó el hermano mayor. Había empezado a trocear una loncha de jamón en pequeños pedacitos. Cuando terminó, los dejó a su lado- ¡Ven, pequeño! A comer.
-Creo que no tiene hambre- dijo Kadín al ver que el gato ignoraba a Youdar.
-Claro que tiene hambre, ¿No ves cómo está de delgado?- el enano cogió el jamón, se dirigió hacia el gato y lo dejó a unos metros del pequeño ser. Después volvió con Kadín.
El gato, al ver que la comida estaba a una distancia prudencial de aquellos “humanos pequeños”, se acercó con cautela. Tras olisquear el jamón, empezó a devorarlo.
-Madre te enseñó bien- dijo Kadín y, tras unos segundos, añadió- ¿Y si nos lo quedamos?
-Nos tiene miedo, no funcionaría. Anda, duérmete, yo haré la primera guardia- dijo Youdar.

Antes de dormir, Kadín intentó ir a acariciar al gato, pero este le bufó antes de que se acercara lo suficiente. Cuando el hermano menor llevaba media hora dormido, Youdar cogió su odre de agua, vertió un poco en un pequeño hundimiento en el suelo, y se relajó con el sonido que hacía el gato al beber. “Bonita bola de pelos”, pensó el enano, “Pelos sería un buen nombre para ti”. Empezaba a tener lo que él llamaba “ideas de Kadín”, pues ese pensamiento imprudente era muy propio de su hermano.
-Quizá en otra vida- le dijo al gato, mientras alejaba la idea de tener una mascota de su cabeza. El enano empezó a hacer la ronda por el montículo, con los ronquidos de Kadín y el lengüeteo del gato sonando de fondo.

Fue en ese momento, cuando hizo acto de presencia en La Parada el tercer grupo…



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Re: Pequeña amistad

Mensaje por Youdar el Dom Feb 01, 2015 12:47 pm

[¿Has pensado alguna vez que, de no ser por esos tipos, jamás hubiéramos viajado juntos, pequeño?]

El tercer grupo estaba a tan solo unos minutos de La Parada, uno de ellos se había adelantado en busca de posibles amenazas, y estaba a punto de regresar con noticias.

Se trataba de un grupo variopinto, unido por un interés común y no por verdadera camaradería. Su líder, Alfyer, era un humano de unos treinta años. Lo acompañaban otro humano, Diff, un orco, Mahar, y dos elfos, Zoruglas y Ielerim. Los cinco se hacían llamar “la hermandad sin marcas”.

Tan curioso nombre tenía un origen reciente, tan reciente como la formación del grupo. Los cinco miembros se habían conocido en la prisión de Tils, donde los asesinos eran marcados a fuego por todo el cuerpo, una bárbara tradición que buscaba un “verdadero sentimiento” de arrepentimiento en los reos, antes de llevarles ante el tajo del verdugo. Justo el día que Alfyer iba a ser ejecutado, una mujer apareció ante las puertas de la prisión de Tils. Tapaba todo su cuerpo con una túnica, y sus ojos y su pelo con una capucha; sólo llevaba a la vista sus labios, de un tono rosa apagado, y la clara piel que los rodeaba.

De algún modo, la mujer evitó a toda la guarnición del pueblo, liberó a los cinco condenados y allí, frente a sus recién abandonadas celdas, les ofreció un trato:
-Si lo deseáis os podéis marchar, no me cabe duda de que los guardias harán un buen trabajo con vosotros. Pero si queréis ser libres y, además, vengaros de este pueblo, tengo un trato que ofreceros. Borraré toda señal de fuego de vuestro cuerpo; os devolveré las fuerzas que los años de tortura os han arrebatado; dormiré a los soldados y podréis incendiar este pueblo para que sepan lo que habéis tenido que sufrir. A cambio solo deseo una cosa…

Los reos aceptaron aquel trato, por supuesto. Arrasaron Tils, pasaron por la espada a todos, salvo a los soldados, quienes fueron “purificados” por el fuego. Viajaron al este, evitando las ciudades grandes pero adueñándose de cuanto querían en las pequeñas. En ningún momento dudaron de cumplir su parte del trato y parecía que, por eso mismo, el poder de aquella mujer les protegía. De aquello hacía tan sólo tres meses.

En La Parada, el explorador del grupo, Diff, volvió con noticias para la hermandad sin marcas.
-En el montículo solo hay un enano haciendo guardia. Creo que dentro hay uno más, como mucho dos.
-¿Van armados?- preguntó Alfyer.
-El guardia lleva una espada, no he podido ver nada más- contestó Diff.
-Está bien. Hermanos, hoy necesito descansar.- comenzó a decir Alfyer- Aquél parece un buen sitio para dormir, pero no podría hacerlo con los ruidosos ronquidos de un enano. ¿Vosotros no querréis verme mañana de mal humor, verdad?
-Claro que no, jefe- dijo el menor de los elfos, Ielerim.
-Pues ya sabéis qué hacer.



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Re: Pequeña amistad

Mensaje por Youdar el Dom Feb 08, 2015 10:51 pm

[¿Qué se te pasó a ti por la mente aquél día, Pelos?, supongo que nunca lo sabré]


El humano pequeño se puso muy tieso. El gato dejó de beber y le imitó. Había escuchado algo en las proximidades, el crujir de una rama, y no parecía que lo hubiese producido otro animal. Era un ruido producido por humanos, y la experiencia del felino le decía que, seguramente, no fueran buenos como los dos humanos pequeños, de los que aún no se fiaba del todo.

El gato no supo como actuar de inmediato. Un día antes lo hubiese tenido claro, hubiese huido de aquél lugar, pero algo había cambiado esa noche. Su mente, por supuesto, no era capaz de diferenciar qué era distinto pero, fuera lo que fuese, hizo que se quedara en el montículo a la espera de lo que estaba por llegar. Por su parte, el mayor de los humanos pequeños, había empezado a hablar, aunque muy quieto, sin moverse del sitio y sin apenas despegar los labios.
-¡Kadín!, ¡Despierta, Kadín!- dijo en un susurro, pero lo suficientemente alto como para que el otro humano pequeño lo escuchara.
-¿Qué ocurre, Youdar?- dijo el que momentos antes dormía.
-Tenemos visita. Han mandado un explorador hace poco. He actuado bien, no se ha dado cuenta de que le he visto.
-O eso te ha hecho creer- dijo el pequeño de aquellos humanos de patas cortas mientras se ponía en pie.
-O eso me ha hecho creer, sí.- contestó el mayor- Tenemos que prepararnos, por si vienen buscando problemas.
-Que sean cautos no quiere decir que busquen problemas.
-Pues eso se nos aplica también a nosotros, hermano. Ellos son cautos por mandar un explorador y nosotros seremos cautos por preparar una trampa.
-¿Qué has pensado?- preguntó el menor.
-Ven aquí, con cuidado, toma mi lugar. A sus ojos y con esta luz parecerá que sigue de guardia el mismo enano. Yo prepararé algo- dijo con un tono fuerte el mayor, y acto seguido se puso a trabajar.

El gato observaba al humano pequeño ir de allí para acá, con una roca grande y muchos trozos de madera. En poco tiempo, tuvo preparado algo muy extraño a ojos del felino.
-A este lado, pequeño- dijo aquel humano recortado y barbudo, dirigiéndose al gato. Éste, asustado y sin saber que hacer, siguió con lentitud la dirección que le indicaba la mano del extraño humano y, al ver que este relajaba su expresión, sintió coraje y se situó en un rincón del montículo.

-Nuestros amigos saben hacer su trabajo, Youdar. Ya vienen, y son un grupo numeroso- dijo el menor de los barbudos.
-Pues ven aquí, detrás del fuego.-dijo el otro y, cuando su compañero se sitió a su lado, le preguntó, susurrando- ¿Cómo de numeroso?
-Más de tres, menos de siete.
-Algo así pensaba. Muy bien, presta atención. Si entran dispuestos a la lucha, haremos lo siguiente…
El gato prestaba mucha atención a las palabras de los enanos, sin entenderlas, pero comprendiendo la situación. Su pelaje estaba completamente erizado, sus pupilas muy dilatadas y tenía las orejas completamente plegadas hacia atrás, en definitiva, el felino (¿Pelos, lo había llamado uno de los humanos pequeños?) estaba aterrorizado.

Pocos segundos después, que al gato se le hicieron eternos, irrumpieron dos humanos desconocidos en el montículo. Ambos llevaban “palos” de acero, de los que se usan para cortar. Uno de ellos tenía la piel verde y era muy alto. Otro tenía las orejas picudas.
Entraron de un modo tan rápido que sus ojos tardaron en hacerse a la luz que daba el fuego de la estancia. Los humanos pequeños aprovecharon que eran momentáneamente invisibles a ojos del humano verde y el de las orejas puntiagudas, y cargaron contra ellos, también armados con sus palos de acero. Pelos, acobardado, se acurrucó lo más que pudo contra una de las paredes de roca.

El mayor de los barbudos atravesó la panza del gigantón verde, y el menor hizo lo mismo con el ojo del otro. Tras asestar su ataque, los barbudos retrocedieron corriendo, y se ocultaron tras la gran roca que había situado el mayor tras el fuego, cerca de donde se encontraba el felino. Sólo aquella roca les salvó de ser atravesados por sendas flechas que les fueron lanzadas desde la oscuridad. Según estas se clavaron en las paredes de roca, el mayor de los barbudos cogió una antorcha que tenía reposando en el fuego, y la arrojó contra el lugar en el que había amontonado madera y paja. La entrada del montículo quedó bloqueada por el fuego, que devoró rápidamente los cadáveres del humano verde y el de las orejas puntiagudas. El menor de los barbudos salió corriendo por otra de las salidas del refugio, la misma por la que el gato se había colado horas antes, y el mayor iba a ir tras él, pero se paró en seco.
-Me olvidaba de ti- dijo, dirigiéndose al gato. Éste, haciendo caso omiso a aquella parte de él que le instaba a no fiarse de los humanos, independientemente de su tamaño, se dejó coger en brazos por aquél humano pequeño y barbudo. Ambos salieron del montículo, y el humano empezó a correr colina abajo.
-¡Youdar, colina abajo no!- dijo el otro barbudo- Hacia abajo somos presa fácil, ellos dan zancadas mayores. Hacia arriba mejor, nuestras piernas son más fuertes.
-Tienes razón- dijo el humano que llevaba al gato. Éste, pese a estar asustado, no hizo esfuerzo por huir de sus brazos. Su mente, puro instinto, seguía sin conocer porque se había quedado con aquellos humanos pequeños, pero para la mente humana no cabe duda alguna: el gato, por primera vez en su vida, conocía a alguien que realmente cuidaba de él, y no iba a permitir que nada lo alejara de él.



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Re: Pequeña amistad

Mensaje por Youdar el Jue Feb 26, 2015 1:46 pm

[ Miau ]

La subida colina arriba se le estaba haciendo realmente dura a Youdar. Kadín tenía las piernas más largas, cargaba con menos peso y era más ágil que su hermano mayor, que hacía todo lo que podía para seguirle el ritmo. Youdar, por su parte, cargaba con su escudo y con el gato, el cual estaba aterrorizado y no paraba de moverse. Otro par de flechas silbaron en dirección a los enanos, y una de ellas se clavó justo en escudo que Youdar llevaba a la espalda, mientras que la otra se perdió en la noche.

El enano se preguntaba quién tendría una puntería tan endiabladamente buena como para acertar a un blanco en movimiento en plena noche. Los hermanos llegaron a la cima de la colina, en la cual se encontraron un único camino a seguir que llevaba directo a un bosque. Cualquier otra ruta estaba bloqueada por un gran salto de agua, imposible de cruzar. Los dos enanos y el gato se internaron en la verde espesura, esperando dejar atrás a sus perseguidores corriendo tanto como podían.
-Una idea… magnífica… la de… atacarles- dijo Kadín con ironía y tomando aire mientras hablaba.
-Y según tu… ¿qué debíamos… hacer?- respondió Youdar de mal humor, pues no consideraba aquél el momento ideal para reproches. Llegaron a una zona donde acababa el camino, y de un rápido vistazo vieron que nadie les seguía, aparentemente. Se internaron en una zona más profunda del bosque, con robles cuyo tronco era más ancho que la barriga de un gigante. Ahí disminuyeron el ritmo, y caminaron con precaución, intentando no dejar un rastro que se pudiera seguir.
-La próxima vez que nos metamos en una pelea, déjame decidir a mí- susurró Kadín a su hermano, mientras cuidaba de no hacer mayor destrozo del que haría un animal. El padre de ambos, Yeidrax, les había enseñado a seguir un rastro, y los dos hermanos sabían como dificultarle la tarea a un rastreador.
-La próxima vez que nos metamos en una pelea, fingiré que no te conozco. Después puedes presentar respetos a Karzún en mi nombre- dijo Youdar indignado, pues consideraba que su plan les había librado de una muerte temprana. El orco y el elfo habían entrado dispuestos a matar, y sus compañeros, al menos dos, esperaban armados con arcos para rematarlos en caso necesario. El muro de fuego rápidamente improvisado por el hermano mayor les había salvado de morir atravesados por una flecha.
-Si no te aguanta tu propio hermano, ¿por qué piensas que va a hacerlo Karzún?- se burló Kadín, sonriendo- El Dios de la Roca hará que vivas por siempre, hermano, ya lo verás. No quiere tener que aguantar tus gruñidos por toda la eternidad- Youdar deseaba darle un puntapié a Kadín pero, al mismo tiempo, agradecía aquella forma de ser despreocupada de su hermano. “Todo se ve mejor cuando Kadín te presta sus ojos”, solía decir Perik, el anciano carpintero amigo de ambos, con quien habían compartido cacerías en más de una ocasión.

Ahora que iban más tranquilos, Youdar dejó al gato en el suelo, pues no había riesgo de que el animal dejara un rastro extraño, y a él le sería más fácil borrar sus huellas con las manos libres. Por un momento pensó que el animal se marcharía, pues no parecía normal que se quedara con dos extraños, pero el felino no se alejó de su lado. Caminaron más de diez minutos, en los que se cruzaron con posibles presas para un gato, pero el animal siempre estaba justo detrás del hermano mayor.
-¿Sabes? Me lo voy a quedar- dijo Kadín, mirando al gato con ternura, sin parar de vigilar por si aparecían sus perseguidores. Tras unos segundos, en los que su hermano no contestó, añadió, con rostro sorprendido- ¿No protestas?
-¿Por qué iba a hacerlo?- dijo Youdar impertérrito. Kadín le miró poniendo una mueca, con la ceja izquierda levantada de un modo exagerado-No me mires así, Kadín. Yo no me estoy quejando siempre, y me parece muy bien que nos quedemos a Pelos.
-¿Pelos? ¿No se te ha ocurrido nada mejor?- siguió burlándose Kadín.
-Ni se me ha ocurrido ni quiero que se me ocurra. Su nombre es Pelos- dijo Youdar, algo avergonzado, zanjando el asunto.
-Miau- maulló el minino, como si diera su consentimiento a recibir ese nombre.

Realmente a Youdar le había gustado el animal, pero se sentía algo tonto pues, normalmente, era Kadín el más dado a caprichos como una mascota. A Youdar le encantaban los animales, pero nunca había tenido uno, ya que su padre no aprobaba tener en casa ninguna boca más que alimentar si esta no era útil. Por eso el enano tampoco había tenido nunca un poni, pues Yeidrax lo mataría a trabajar.

Tras unos minutos en silencio, escucharon algo en la lejanía. Tan solo era un susurro contra el follaje, pero se parecía demasiado al susurro que provoca una capa como para dejarlo pasar.
-Deberíamos separarnos, así les despistaremos- sugirió Kadín, recobrando el tono serio.
-Si, será lo mejor.-dijo Youdar y, consciente de que su hermano era mejor que él borrando su rastro, tomó una decisión pensando en lo mejor para todos.- Tú deberías llevarte al pequeño.
-Y tú deberías cerrar la bocaza, Youd. El pequeño te seguirá a ti y lo sabes, así que limítate a no morirte si quieres que todo vaya bien.
-¡Inbare tu´lak!- “cuernos se te claven”, maldijo Youdar, aún sin alzar la voz- Está bien. Te veo en Forjafría. Más te vale no morirte, o te traeré del Salón de Karzún sólo para volver a enviarte allí- ambos hermanos comenzaron a separarse, confiando en volver a verse muy pronto.
-Gut´lak, Youd- “buena suerte”, deseó Kadín a su hermano, mientras éste aún podía oírle.
-Gut´lak, Kadín.



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Re: Pequeña amistad

Mensaje por Youdar el Sáb Mar 14, 2015 3:58 pm

(Si llegan a encontrarnos en mitad del bosque…)

Alfyer les dio el alto a Diff y Ielerim. Diff le miró sorprendido, pues Alfyer conocía bien su faceta de rastreador, y tenía la pista de los dos enanos. Ielerim, por otro lado, le miró furioso; acababa de perder a su hermano Zoruglas, y en ese momento no aceptaba fácilmente la paciencia ni los juegos de Alfyer.

-Escuchad los dos. Se que ahora mismo queréis vengar a Mahar y Zoruglas, pero no podemos perder la calma. Se han separado, bien, no seamos tan estúpidos como para seguirles la corriente. Persigamos a uno de ellos, acabemos con él y después haremos lo mismo con el otro. Tres contra dos no es una gran ventaja, tres contra uno sí.
-¿A quien le sigo la pista, Alfyer?- preguntó Diff con indecisión. Era un tipo sin escrúpulos cuando Alfyer le soltaba la correa, pero no se atrevía a hacer nada sin el permiso de su jefe.
-Al más fácil de seguir, por supuesto- dijo Ielerim, lleno de ira y deseando reanudar la marcha.
-El elfo ha hablado, Diff, hazle caso- la voz de Alfyer era de total burla hacia su compañero. Él jamás había entendido nada como el amor entre hermanos, algo que, pese a tener un alma tan negra como la de su jefe, si habían sentido siempre Ielerim y Zoruglas.

Siguieron el rastro de uno de los enanos, el que peor cubría sus huellas, durante algo más de una hora. Diff caminaba muy agachado, para no perder el rastro.
-Debo admitir que ese patas de cerdo es bueno. Ha intentado dejar un rastro falso varias veces, y casi consigue engañarme- comentó a sus compañeros, intentando ocultar lo divertido que le resultaba seguir a una presa tan concienzuda en su esfuerzo de huir.
-Más te vale que no lo haya conseguido- dijo Ielerim, prácticamente escupiendo las palabras.
-Tranquilos, tranquilos. Aún nos protege la suerte de aquella mujer- dijo Alfyer. Caminaba el último, muy relajado, totalmente seguro de si mismo. No le cabía duda de que, cuando aquello finalizara, él seguiría vivo.
-¿Qué aun nos protege la suerte de la hechicera? Dos de los nuestros han muerto, jefe, no deberías estar tan tranquilo- Diff intentó que su voz no denotase un reproche a Alfyer.
-Eran estúpidos. Débiles y estúpidos. La mujer ya nos puso en alerta sobre los dos enanos, dijo que no serían fáciles de matar. Ninguno tiene la culpa si ellos dos entraron en el túmulo sin pensar, exponiéndose a una trampa. Pero hicimos un trato, y yo, aunque solo sea por diversión, pienso cumplirlo. Y creo que Ielerim también, ¿verdad? ¿No estas deseando ver una de tus flechas en el corazón del enano que mató a Zoruglas?
-Me da exactamente igual quien y como los mate, los quiero muertos- dijo Ielerim, intentando callar a Alfyer, pero éste siguió y siguió hablando, intentando combatir el aburrimiento. A falta de alguien a quien matar o torturar, había decidido desquiciar con su verborrea continua al irascible elfo herido por la pérdida de su hermano.

A la media hora, Diff hizo un gesto con la mano, haciendo que el grupo se detuviera.
-Malas noticias, jefe. Nuestra presa aquí salió corriendo.
-¿Eso lo hace más fácil de rastrear, no?- dijo Alfyer.
-Ese no es el problema, el problema es que salió corriendo porque este bosque de mierda le ha dado un sitio perfecto donde perdernos de vista.
Pocos pasos más adelante todos pudieron confirmar con sus propios ojos el presentimiento de Diff. Un pueblo, lleno de chozas de madera, y algunas casas un poco más elaboradas, se alzaba en mitad del bosque.
-El juego cambia, muchachos, ahora nosotros somos la presa- dijo Alfyer, muy divertido ante el lugar al que había acabado llegando el enano.



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Re: Pequeña amistad

Mensaje por Youdar el Sáb Mar 28, 2015 10:51 am

(Que extraña aldea)
 
El pequeño gato siguió al enano por las calles del pueblo. Él, como animal, ni se preguntaba porque no se separaba de aquel “humano pequeño”, ni se percataba como sí lo hacía su compañero de las extrañas miradas que despertaban en los lugareños. Tras andar aprisa por varias callejuelas, llegaron a una zona de casas pequeñas y muy próximas entre si. Pelos se detuvo a observar, con curiosidad, como el barbudo, con su espada, forcejeaba con la puerta de una de aquellas casas, hasta que ésta se abrió.
 
-Parece medio abandonada- dijo Youdar- Aquí podremos recobrar el aliento.
-Meh- gruñó el escuálido felino, a quien no le gustaba el olor de aquel lugar, demasiado ácido y dulzón para su sensible olfato.
 
Pronto pudieron descubrir el porqué de tan desagradable aroma pues, el enano, comenzó a buscar algo con lo que alimentarse, y descubrió una mesa llena de limones podridos.
-Al menos sabemos que aquí no esperan a nadie, Pelos- dijo Youdar, restregándose la nariz con la manga de cuero de su chaqueta.
 
Mientras el enano seguía buscando comida, el gato se subió de un salto a un mueble que había junto a una ventana. Uno podría pensar que estaba haciendo la guardia, atento a la posible aparición de sus perseguidores, pero en realidad sólo saciaba su curiosidad, ahora que el “humano pequeño” había encontrado un lugar donde estar a salvo.
 
La vista de Pelos se perdió en los pajarillos que iban de un árbol a otro, e incluso se percató de la peculiar arquitectura del lugar. En esa zona del pueblo no solo las casas eran más pequeñas y estaban mucho más juntas, si no que además, parecía haber sido construida procurando no alterar el bosque, pues los caminos se encontraban justo coincidiendo con las arboledas, lo cual hacía difícil el caminar de la gente que iba y venía.
 
-¡A comeeer!- vociferó Youdar, sacando al gato de su apreciación del lugar.
El minino acudió presto ante el lugar donde el enano había esparcido unos trozos de pescado. Estaba crudo y demasiado salado, por el método en que lo habían conservado, pero a Pelos se le hizo la boca agua al degustarlo. El enano, por su parte, no parecía tan contento.
 
-Puaj, no se como en las tierras orientales de Noreth puede gustarles tanto el pescado crudo, es asqueroso- se quejaba.
-¡Miau!- respondió el gato, como aportando su propio comentario al de Youdar.
-Si, debe ser eso, serán mitad gato, o mitad pez, otra cosa no me la explico- aún así, no paraba de comer, ya que la huida en mitad de la noche lo había dejado exhausto, al igual que a su compañero.
 

Entre los enanos que se dedican a la cría de animales, siempre se ha dicho que los animales viven el momento, que los conceptos de pasado y futuro son solo cosa de enanos, elfos, humanos, diviums y otras razas humanoides, incluso de orcos, pero ¿No sería que el pasado y el futuro son conceptos confusos para los animales, pero aun así, existentes? Porque aquel gato, que tanta hambre y penuria había pasado, no podía dejar de pensar en la suerte que tenía de haber encontrado a aquel enano, que le había brindado el trato que le habían negado en el pasado, y que esperaba que no desapareciese en ningún momento de su futuro. “¿Acaso no merece la pena correr de un sitio a otro de Noreth, a cambio de tan digno trato?”, era lo que parecía pensar el animal mientras saboreaba tan rico bocado.



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Re: Pequeña amistad

Mensaje por Youdar el Dom Mar 29, 2015 12:14 pm

(No íbamos a quedarnos ahí toda la vida, ¿verdad?)
 
Al enano le costó mucho trabajo convencer a su pequeño acompañante de que lo esperara en la casa mientras él salía a reconocer el sitio en el que se escondían. Escondido bajo una sucia capa grisácea que encontró en su escondrijo, había conseguido pasar desapercibido ante la posible mirada de sus perseguidores, algo que no hubiera podido conseguir con el gato tras él.
 
En un rápido análisis pudo sacar cierta información sobre aquel lugar: su nombre era Villacorno, la mayoría de sus habitantes eran enanos o humanos, y el motivo por el que habían dejado intacto el bosque en el que se levantaba su asentamiento era por los negocios que tenían con unos minotauros que moraban en la espesura.
 
Youdar sabía que sus perseguidores no serían tan estúpidos como para adentrarse en mitad del pueblo, llamando la atención y poniéndose una diana en la espalda. Seguramente le estarían tendiendo una trama, esperándolo pacientemente… por suerte era justo lo mismo que hacía él, y era hora de poner a prueba su ingenio contra el de los salteadores. Preparar trampas era una de las pocas cosas sobre las que Youdar podía decir que se le daba mejor que a Kadín.
 
Volvió a aquella casa, donde fue recibido por el maullido de Pelos.
-¿Me has extrañado? Si solo han sido un par de horas- dijo el enano, intranquilo por no saber a que estaría arrastrando al felino.
-¡Meu!- respondió este, sintiéndose totalmente aliviado al ver como sus miedos de ser abandonado era infundados.
-Nos marchamos, pequeño- la determinación se reflejó finalmente en el rostro de Youdar. Pretendía sobrevivir a aquel día, pero aunque muriese, eso sería mejor que agonizar de hambre oculto en una casa oscura.
 
Mientras el enano y el gato se dirigían a la linde del bosque, Youdar recordaba la última vez que había preparado una trampa, aunque fue algo mucho menos complejo de lo que tenía en mente para sus perseguidores actuales. Había sido en alta mar, junto a su padre, Yeidrax, mientras esperaban el ataque de unos espectros, y aquella vez el plan no había funcionado demasiado bien, aunque por suerte lograron contarlo.
 
Aquel día, mientras Yeidrax organizaba a los marineros para enfrentarse al abordaje de su navío, su hijo mayor, haciendo uso de unas tablas sueltas en el entresuelo de la cubierta y unas cuerdas, preparó una trampa con fragmentos de hierro bendecido. Varios hombres habían afilado con furia sus armas, colocando el polvillo resultante sobre la madera, que se alzaba en el techo de la bodega, donde los guerreros esperaban el ataque. Los espectros atacaron en tromba, dispuestos a aniquilar a quienes invadían el pedacito de mar que consideraban suyo, y se encontraron “respirando” hierro puro bendecido. Funcionó, aunque solo un segundo, y después los enanos pudieron sentir sus cuerpos volando de un lado a otro del barco, movidos por la ira de los muertos. Esa vez pudieron contarlo de milagro, y Youdar estaba convencido de que, si ahora sobrevivía, sería en circunstancias muy similares.
 
Se plantó junto al lugar que daba inicio al bosque, dejando atrás el claro donde se levantaba Villacorno, se dio ánimos a si mismo recordando las batallas de las que había conseguido salir vivo y dirigió una mirada decidida a Pelos.
-¿Preparado, amigo? ¡Corramos!- comenzaron una veloz huida a gran velocidad, sin apenas separarse. El gato iba delante, como si, de algún modo, pudiese saber el plan que tenía el enano. Y sin llegar a alejarse veinte zancadas, la primera fase de lo que Youdar esperaba que pasase se hizo patente cuando una flecha le pasó silbando a escasos centímetros de su nuca.
 
Había estudiado su ruta de escape minuciosamente, y por fin, cubierto por un trío de árboles, pudo conocer el primer dato importante que necesitaba: el número de hombres que lo perseguían, tres.
 
-Karzún, El Primero de la Roca, protegenos- dijo, confiando en la protección de su dios.
-Mieee- le acompañó el gato, quizá también rezándole a algún alto defensor de los animales.
-Sigamos, Pelos. Hacia el norte- el enano y el gato abandonaron su refugio a toda prisa, cubiertos por la espesa ruta que había trazado el primero.
 
Contaba con que fueran solo dos”, pensaba el enano, mientras corría, y no pudo evitar sonreír. “Va a ser una batalla digna de un cazador



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Re: Pequeña amistad

Mensaje por Youdar el Dom Mar 29, 2015 8:34 pm

(¿Vendrían a por nosotros desde un principio?)
 
Alfyer se estaba divirtiendo. Disfrutaba de aquella cacería, donde ellos eran cazadores y presa al mismo tiempo. Sabía que el enano tendría algún tipo de plan, y ansiaba ver como Ielerim caía directo en la trampa, además, tampoco es que hubiese podido detener al elfo. Estaba demasiado furioso deseando vengar la muerte de su hermano.
 
Durante meses se había esforzado en mantener una fachada, un verdadero aspecto de líder preocupado. Incluso había dado un nombre a su pequeña milicia de cinco hombres, “la hermandad sin marcas”. Habían sido meses preocupándose de que aquellos cuatro descerebrados no echasen a perder la libertad que les había concedido la mujer misteriosa. Podía recordar con gran exactitud lo que ella les había dicho:
 
-Caminad hacia el este, durante cien noches, arrasad cuanto deseéis a vuestro paso y tomad todo lo que siempre se os ha negado, pues ningún daño sufriréis hasta llegar a vuestro destino. La centésima noche, os hallaréis ante un lugar conocido como La Parada, un túmulo a medio camino de Forjafría- el tono de la mujer había sido siempre imperturbable, y no hacía ningún tipo de gesto ante las expresiones de confusión de Diff, Mahar, Zoruglas y Ielerim, porque ella en todo momento solo dirigía tanto su mirada como su voz a Alfyer- En ese lugar encontraréis a dos enanos y a un gato. Acabad con la existencia de los tres y vuestra libertad no será solo una ilusión temporal.
 
-¿Por qué importaría la vida de un gato?- había preguntado Mahar.
-¿Veis, chicos?- dijo, sonriente, Zoruglas, quien para ser elfo era uno de los seres más estúpidos sobre la faz de Noreth, a opinión de Alfyer- Alguien dice de matar enanos y que hay que acabar con un solo gato, y el único por el que preguntas es por el gato. A nadie le interesan una mierda los enanos.
 
-El motivo por el que sus vidas deben extinguirse obedece a un propósito tan grande que necesitaría tres noches enteras para exponerlo ante vosotros, y no podéis perder tres noches, ¿verdad?- la mujer se rodeaba de un halo de misterio, y su voz tenía un eco ultraterreno. ¿Sería de alguna raza conocida de Noreth? ¿O acaso ella era otra cosa?
 
El jefe de la hermandad recordaba que, mientras se marchaban, la mujer le había dicho unas últimas palabras lejos de los oídos de sus compañeros.
-Esto es solo cosa tuya, asesino, los otros cuatro tienen el destino sellado-
 
Alfyer continuaba corriendo tras Diff y Ielerim, que ocasionalmente disparaban con sus arcos al enano, y volvió a pensar, tal y como había hecho cientos de veces, que si las palabras de la mujer significaban que sus “hermanos” iban a morir en aquella cacería, por él no había problema alguno. Eso que se ahorraba, pues no pensaba dejar a nadie vivo que pudiese señalarle como el hombre que había escapado de prisión tiempo atrás.
 
Sus zancadas, más largas que la del enemigo, les habían hecho reducir distancias cuando Alfyer y Diff se percataron de algo que pasó por alto el encolerizado Ielerim. El enano, pese a su menor estatura, se encogió al pasar por un lugar aparentemente despejado de ramas. Instintivamente los asesinos se agacharon también, pero el elfo se golpeó el cuello directamente contra una soga atada entre dos árboles.
 
Parecía que solo se trataba de un golpe fuerte, y que Ielerim solo estaba aturdido, cuando pudieron ver que unos fuertes brazos tiraban de su cuerpo, y éste caía como un peso muerto sobre una zanja mal disimulada.
 
-¡Tu sigue! Yo comprobaré si está vivo- dijo Alfyer al otro humano, su mejor hombre. De un ágil salto descendió al lugar donde yacía Ielerim. Estaba vivo, pero dos grandes estacas de madera le atravesaban el pecho.
 
-No creas que esto lo hago por piedad- dijo el líder de “la hermandad sin marcas”, y pudo disfrutar de la mirada de terror que le lanzaba el elfo.
 
Alfyer sacó su hacha de mano, un arma fea y oxidada, pero afilada de mil demonios, y de un gran tajo separó la cabeza de Ielerim de su cuerpo.
 
-No debiste hablarme mal, aunque hubieses acabado muerto de todas formas- dijo sonriendo, disfrutando de cómo le chorreaba por el cuerpo la sangre que le había salpicado.
 

Hora de matar al enano”, pensó con gran gozo.



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Re: Pequeña amistad

Mensaje por Youdar el Dom Mar 29, 2015 9:08 pm

El gato, recientemente bautizado como Pelos, avanzaba junto a su “humano pequeño”. Podía notar las pisadas de los humanos malos, y sentía que uno de ellos se acercaba mucho. Una cuchilla pasó rozando la oreja del barbudo, y después una el gato se estremeció al escuchar un quejido.
 
Una flecha sobresalía del omoplato derecho del enano, pero, por algún motivo, éste parecía sonreír. Los pasos se acercaban cada vez más, y el felino se encomió a las órdenes de Youdar.
-Nos esconderemos aquí- dijo. Entraron a gatas en el tronco hueco de un árbol bastante grande- No contaba con que me alcanzase, pequeño, pero quizá haya sido mejor así. Tenía pensado fingir un tropiezo.
-Miu- dijo el gato, en un susurro, pues podía oír al asesino buscándoles entre la espesura.
 
-//-
 
Diff sabía que su presa estaba herida. Le costó un rato encontrar de nuevo sus huellas, pero lo acabó consiguiendo. ¡Pobre rastreador! Con las prisas no se había percatado de que las pisadas que seguía no eran de hace unos segundos, sino las que dos horas atrás había dejado Youdar, con todo propósito.
 
Armado con su arco, y disparando al primer movimiento, se internó en el campamento de aquellos minotauros con los que comerciaba la gente de Villacorno. La flecha que lanzó no había conseguido herir a ninguno de los antropomorfos, pero casi había hecho algo peor, pues se había clavado en uno de los grandes robles que poblaban esa zona del bosque, y a los que los minotauros protegían.
 
El miembro de la hermandad sin marcas solo fue consciente de haber caído en una trampa cuando vio como seis minotauros furiosos cargaban contra él al grito de “¡Blasfemooo!”
 
-//-
 
Desde la distancia, Alfyer presenció una escena algo cómica sin intervenir. El único miembro vivo, aparte de él, de la hermandad, corría en mitad del bosque perseguido por un grupo de robustas figuras. “Inteligente ese enano”.
-¡Vamos, barbudo! Ya te has divertido con esos dos idiotas- gritó según avanzaba, con el hacha de hierro oxidado en una mano y la espada de acero, de mucha mejor calidad, pues la había robado hacía poco, en la otra- Creía que para los tuyos combatir era un honor.
-¡Y así es!- se pudo escuchar una voz grave retumbar en el bosque, y el enano, herido por una flecha y armado con una espada y un escudo, se plantó frente a Alfyer- Ten por seguro, despreciable hombre, que de no tener una misión importante por la que vivir no hubiera dudado en enfrentarme a los cinco yo solo.
-¡Que encomiable!- se burló Alfyer, y, sonriendo, preguntó-¿Comenzamos?
 
-//-
 
Youdar avanzó hasta acercarse a su enemigo, protegiéndose con el escudo. Asestó una estocada, que fue desviada rápidamente por un golpe del hacha, y enseguida debió cubrir su rostro, pues la espada acudió rápido al encuentro de su cara. El brazo derecho, el del arma, le dolía por el flechazo, y pronto la batalla pareció inclinarse hacia el lado del asesino, pues el enano no era capaz de igualar su velocidad con la gran molestia que sentía cada vez que utilizaba su espada.
 
El humano atacaba sin piedad, pero sin perder en ningún momento su buena guardia, y hacía retroceder al enano. Éste acabó tropezando, cayendo de espaldas, y solo la forma en que cayó su escudo le salvó de morir con la cabeza partida en dos, pues el hacha descendía con furia hacia su frente. La potencia del golpe hizo que el arma saliera despedida de la mano de su atacante.

Pese a que Alfyer ya no contaba con su hacha, con el enano en el suelo, el combate parecía decidido.



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Re: Pequeña amistad

Mensaje por Youdar el Dom Mar 29, 2015 9:37 pm

(Y así acabó todo)

El asesino se vio con total superioridad, pues el enano se encontraba herido y en el suelo. De un manotazo alejó el escudo, y de una patada lo desarmó. Después descendió la punta de su espada, dispuesto a atravesarle el pecho, pero las manos del enano consiguieron asir la hoja con fuerza. Fue una reacción inesperada, y debió arrojarse al suelo, contra Youdar, para que éste no consiguiera desarmarlo, pues ahora era el enano quien tenía mejor equilibrio.
 
El hombre había conseguido recuperar la ventaja, y estaba a muy pocos centímetros de aniquilar a su objetivo. Después solo tendría que matar al otro enano y al gato, libre de la carga de sus cuatro inútiles compañeros.
 
-¿Unas últimas palabras?- dijo mientras redoblaba esfuerzos contra Youdar.
 
En ese momento pasó algo que ninguno esperaba. El gato, aquel escuálido gato, la pequeña amistad que había hecho Youdar gracias precisamente a Alfyer y los suyos, clavó sus dientes en la mano con la que el asesino empuñaba la espada.
 
Algo extraño ocurrió en ese momento, justo cuando Alfyer fue a sacar un puñal de su chaqueta, dispuesto a matar al mismo tiempo a dos de sus objetivos, Youdar, al ver las intenciones de aquel hombre, sacó fuerzas de donde no sabía que las tuviese, y tentó con una de sus manos el suelo, esperando encontrar una piedra pesada con la que golpear. El enano había entablado un vínculo con el gato, uno que no se crea todos los días, de los que hay gente que ni siquiera es capaz de conocer algo así a lo largo de una vida, e iba a dar todo lo que tuviese para salvarle la vida a Pelos. Finalmente su mano encontró algo mucho mejor que lo que buscaba, pues se encontró con el mango del hacha de Alfyer.
 
Con una mirada demente, el enano dijo bien alto-No…toques…a mi gato- y mientras su brazo trazaba la trayectoria directo hacia la cabeza del asesino gritó, evocando a sus antepasados- ¡Kazukan ai´menu!- “los enanos están sobre vosotros”.
 
El cuerpo de Alfyer se desplomó completamente, con el hacha clavada varios dedos en su nuca. Pelos, totalmente erizado, se acercó a Youdar, aun tumbado, y buscó la caricia de su brazo, la cual encontró pronto. Justo en ese momento se pudo escuchar el crujir de una rama, y ambos pudieron ver a Diff, sudoroso tras la larga persecución de los minotauros, apuntándoles con un arco.
 
-Has matado a Alfyer, hijo de puta- dijo. Youdar pensó que aquel era el fin, pero no esperaba que fuese el fin para el asesino, pues vio como una espada le atravesaba el pecho.
-Te debía una, Youd- dijo Kadín, sonriente, mientras luchaba por sacar su espada del cuerpo del asesino.
 
-//-
 
Ananke, la mujer misteriosa, observaba desde la distancia, invisible, como los enanos habían acabado con sus cinco elegidos. Pudo ver como el mayor, aquel en el que ella tenía un interés real, cogía del cuerpo de Alfyer el hacha con el que lo había matado, y decidía quedársela, pues le había salvado la vida.
 
Siguió a los enanos hasta Forjafría, sin presentárseles en ningún momento. El gato si que se percató de su presencia, claro, pero no tenía forma alguna de decirles a sus amos que alguien los observaba. Finalmente, Youdar, Kadín y Pelos entraron en una posada, donde debían esperar a alguien que Ananke sabía que no llegaría.
 
Pensó en entrar a seguir observando, puede que incluso pudiera mostrarse ante ellos, como una dama que también fuese a hospedarse allí, cuando una persona, un anciano, se presentó ante ella.
-Parece que el plan de tu jefe no ha funcionado- dijo el anciano, con un tono de voz totalmente carente de emoción.
-Solo ha sido un primer intento- respondió Ananke al comentario, también impertérrita.
-Pues ahora me toca intentarlo a mi…



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Re: Pequeña amistad

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