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[1.3] Las Puertas están Abiertas: El portal.

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[1.3] Las Puertas están Abiertas: El portal.

Mensaje por Tarym Arcontez el Sáb Ene 31, 2015 8:00 pm

[I]

La mujer torció el rostro en un gesto afirmativo y, aún con el bebé en brazos, desapareció tras la barra del local, a lo que debería ser el almacén de la taberna. El tabernero aún seguía allí, observándome con cara de pocos amigos. Al pasar por allí su mujer y su hijo hizo un ademán  extraño, pero se contuvo cuando vio como le miraba fijamente y como deslizaba mi mano a la empuñadura de mi espada. Venga gordo cabrón, intenta algo, dame una excusa.

Mientras el duelo de miradas continuaba y la mujer preparaba sus cosas, cebe bien la cazoleta de mi pipa y la encendí. Pronto los alrededores de mi mesa estuvieron envueltos en una densa nube de un suave tabaco rubio y era la llama de la pipa lo único que iluminaba mi rostro, haciendo que mis ojos ambarinos refulgieran con mayor intensidad. Al poco rato apareció la mujer, vestía las mismas ropas que antes, pero ahora se había ceñido una capa de viaje y llevaba cruzado al pecho un zurrón de cuero. El bebé seguía allí, dormido plácidamente entre sus brazos, pero envuelto en una mantita de lana grisácea. Estaba lista. Busque en su mirada un gesto afirmativo, pero no recibí otra cosa que un atisbo de inseguridad, miedo o quizá vergüenza.  Apague la pipa con unos golpes secos contra la mesa; me acerque a ella y trate de calmarla. Acto seguido me dirigí al tabernero, fulminándolo con la mirada:

No intentes impedir que venga conmigo, y ni se te ocurra seguirnos. Voto a los dioses que jamas volverás a ver a tu mujer y a este niño–. Los leñadores y los furtivos que pasaban allí la noche fingían que no prestaban atención a la discusión o estaban demasiado borrachos como para enterarse, pero el ambiente en la taberna era tenso. Así, arrope a la mujer bajo mi brazo derecho, pasándolo por su cuello, y los tres, incluida la pequeña criaturita, abandonamos la posada por la puerta principal, en completo silencio.

El frío del exterior me golpeó la cara como la primera bofetada de Riyim, aquella que me propino cuando intente besarla en el bosque (La marca de la bofetada me duro varios días y yo, no se por que extraña razón, no podía evitar reír por aquello. Supongo que era porque había comprobado que era un mujer de carácter o porque, a pesar de su rechazo inicial sabía que yo existía y conocía mis sentimientos por ella). Sin embargo la lluvia había cesado y comenzaba a amanecer. Una ligera impresión, entre dorado y morado, comenzaba a asomar por el firmamento.


Última edición por Tarym Arcontez el Dom Mayo 24, 2015 6:28 pm, editado 1 vez
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Re: [1.3] Las Puertas están Abiertas: El portal.

Mensaje por Tarym Arcontez el Sáb Ene 31, 2015 8:06 pm

[II]

El inmenso frío nos calaba los huesos y yo, a pesar de vestir unos ropajes y una capa de lana y a portar unos gruesos guantes de cuero notaba como las extremidades se me agarrotaban e iba perdiendo la sensibilidad en los dedos. A mi pesar y al de su madre, el bebé volvió a despertar y se encogió en los brazos de su madre; comenzó a llorar.

Tomad, cubrizlo con esto–. Dije mientras me soltaba el ceñidor de la capa y se la entregaba a la mujer.– Es una buena capa, estará bien abrigado–. La mujer hizo lo propio. No nos detuvimos y continuamos caminando, intentando poner tierra de por medio con aquel antro infernal.

Sois todo un caballero– dijo ella. – ¿Puedo saber cual es vuestro nombre?

Uno tiene por suerte llevar el buen nombre de Tarym Arcontez– dije sin levantar la mirada del suelo, intentando no meter las botas en un charco de barro.– Y vos, ¿A que nombre respondéis, si no es inapropiado?

Me llamo Marïnne, y el pequeño es Henryq.

¿Me permitís una pregunta, si no os contraría demasiado? El niño, el niño..., ¿No es hijo de vuestro marido, verdad? –Se hizo el silencio durante un rato–. Perdonad, no debería haberlo preguntado, no es algo que me concierne. Os pido disculpas.

No... No importa. Henryq no es hijo de Brovtonn–. Supuse que ese era el nombre del tabernero– Veréis... Me, me casaron con él cuando yo era apenas una niña. Brovtonn era un bruto que nunca me trato bien–. Por las mejillas de Marïnne escurrieron algunas lágrimas.– Vereís, él... él me golpeaba si no hacía las cosas como quería y, además, nunca... él nunca pudo darme un niño. Un día apareció un hombre por la posada, un leñador de las montañas. Se quedo varías semanas. Veréis, era un hombre encantador, muy amable. Fue el único que me hizo sentir bien, él único que me hizo sentir que mi vida no estaba vacía. Unos meses más tarde nació Henryq.

Comprendo. Y él, el padre de la criatura... ¿Dónde esta?

Preferiría guardar eso para mi, si no os importa. Espero que no me toméis por una maleducada, os habéis portado muy bien conmigo, pero eso, eso es algo... personal –. Esta vez no pudo contener las lágrimas.

Os pido otra vez disculpas por remover todo este asunto. Solo...Solo sentía... curiosidad–. Intente disculparme, pero Marïnne no parecía enfadada. En su rostro se notaba que estaba dolida, pero no por mis palabras. Al final, esbozó una ligera sonrisa y yo decidí callarme durante un rato.  

El sol ya estaba en su punto álgido y decidí que sería buena idea hacer una parada para descansar y así lo indique. Habíamos llegado hasta un claro del bosque, junto a un riachuelo, y nos sentamos sobre un conjunto de rocas. Compartí un poco de las provisiones que llevaba en mi macuto con Marïnne, algo de pan y queso. Yo comí poco, con la mente un tanto enturbiada por las copas de la noche anterior, y me dedique a afilar mi espada y mi daga ayudándome de la piedra de amolar.  Henryq fue amamantado por su madre y volvió a dormir tras un rato.

Erenmios quedaba a menos de un día de camino, pero por lo avanzado de la tarde tendríamos que dormir al raso. El sol se había alzado sobre la bóveda celeste y el frío de la mañana se había extinguido. Henryq dormía ahora plácidamente, y yo aproveche la ocasión para rellenar mi odre con el agua del riachuelo y conversar un poco más con Marïnne.

¿A dónde nos dirigimos?– pregunto ella.

A la ciudad de Erenmios. Queda a menos de un día de camino–. Respondí amablemente.

¿Y... y qué haréis cuando lleguéis a Erenmios?

Nada en particular. Buscare trabajo de algo aquí y allá. Aprovechare mi estancia en la ciudad para reponer comida y medicinas, y seguiré viajando.– Marïnne me miró fijamente a los ojos y luego bajo la vista hacía el niño– Y no debéis preocuparos por vos o Henryq, conozco a una mujer que puede ofreceros un trabajo de costurera y que os alquilara sin dudarlo una habitación de  su casa. Se que no es una vida de lujos, pero... supongo que sera mejor que vuestra situación anterior.

La conversación se alargó durante un par de horas y el sol se fue extinguiendo. Era preciso buscar  un refugio para pasar la noche lo antes posible,y recordaba uno perfecto: una pequeña cueva junto a los lindes del claro. Un lugar amplio y cálido. Se lo explique todo a Marïnne y en pocos minutos llegamos hasta la cueva. Desplegamos allí el campamento, saqué de mi macuto una manta y el yesquero e hicimos una pequeña hoguera lo suficientemente grande como para calentarnos durante toda la noche, retirando la corteza de la madera para que esta no crease demasiado humo. Henryq se durmió tras una nada y Marïnne, en cuyo semblante se notaba el cansancio del viaje, no tardo en acompañarlo. Al poco rato yo también me quede dormido sobre la manta.


Última edición por Tarym Arcontez el Mar Mayo 26, 2015 12:52 am, editado 2 veces
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Re: [1.3] Las Puertas están Abiertas: El portal.

Mensaje por Tarym Arcontez el Miér Abr 01, 2015 2:08 am

[III]


Nieva sobre el bosque cuando abro los ojos. Miro a mi alrededor y todo está oscuro. Entonces escucho su voz, que proviene del bosque, y abandono el cálido resguardo de la manta peluda.

Tarym...



Me acerco a la boca de la cueva y oteo el horizonte y veo un prístino fulgor luminoso que proviene de los árboles. Lo sigo, dejando atrás la cueva y adentrándome entre ellos. Noto que sus ramas puntiagudas me hacen daño y me arañan el bajo de los pantalones, pero es como si en realidad me arañasen el alma.

Tarym, Tarym Arcontez...



El candor blanco brillante rehuye de mí, me abandona, y yo, guiado por una especie de capricho infantil no puedo hacer otra cosa que perseguirlo a través del bosque. Quiero gritarle que se detenga, que me espere, que mi vida sin ella no tiene ningún sentido, pero mi voz no emite ruido alguno.

¿Qué me dirías si...?



Llegamos a un claro en medio del bosque, rodeados por altos árboles de pinaza verde, tan altos que parece que quisieran rasgar el cielo de esta noche oscura. El fulgor fugitivo al que me vi sometido durante todo el camino se detiene.

Palabras, palabras, palabras...



Se ha convertido en ella.

Riyim
Monteresso



Aún la amo. Con todo mi corazón, la amo. Con toda mi alma la amo.

Palabras, palabras, palabras...



Y allí esta ella. Más bella que el último rayo de sol de un día maravilloso. Lleva sus rizos sueltos, que caen sobre sus hombros desnudos, movidos por la brisa nocturna. Desde aquí huelo su perfume de melocotón y lavanda. Veo sus labios, torciéndose en ese gesto brujo, encantador. Y escucho su risa. Viste el vestido de seda blanco y el collar que llevaba la última vez que la vi. Sus pies, pequeños y descalzos, se mecen entre la hierba húmeda.

Bésame, Tarym.



Y se acerca su dedo índice a los labios. Como hacía antes. Sonríe como antes. Voy a recoger la miel de su sonrisa.

Bésame, Tarym.



Dejo caer mi sombrero en el suelo. Me acerco a ella. Me abraza y toma mis amos entre las suyas, como hacía antes. Nuestras labios van a juntarse. Un ruido fuera, y despiero.
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Re: [1.3] Las Puertas están Abiertas: El portal.

Mensaje por Tarym Arcontez el Dom Mayo 24, 2015 4:05 am

[IV]

Aún yacía sobre mi manta cuando desperte, y no conseguí recordar nada de lo que había soñado. Algo me había sobresaltado. La hoguera que antes iluminaba las paredes de la cueva estaba a punto de extinguirse. Logre levantarme entre la oscuridad reinante y me calze las botas. Y entonces vuelvo a escucharlo: el murmullo de voces y los pasos entre la hojarasca. Sin dudarlo, comprobe que todas las correas de mi traje estén bien ceñidas y me apresure a echarme la capa sobre los hombres. Me colgué el tahalí y apoye la mano sobre la empuñadura de la espada. Era probable que hubiese problemas. Antes de llegar a la boca de la cueva un grito corto la fría brisa nocturna:

- Los dos, salid de ahí. Vamos, no volveré a repetirlo.

Los problemas habían comenzado demasiado pronto. Cinco figuras a caballo estaban esperando a la salida de la cueva. Todas ellas iban embozadas en capas negras y se cubrían con capuchas, lo que me impide ver sus rostros. Oí un llanto tras de mi. Marïnne y Henryq también se habían despertado y se aproximaron a la entrada de la cueva. Me miró, preocupada, con el niño en brazos:

- Tarym, ¿Que esta pasando?

- Marïnne, quedaos detrás de mí -. La mantuve atrás con el brazo izquierdo, mientras no apartaba la vista de los cinco asaltantes. Mi mano derecha apretó con más firmeza la fría empuñadura de mi espada.

- Al fin os he encontrado, ramera -. Uno de los hombres se retiró la capucha. Era Brovtonn, el tabernero. Lanzó una mirada fulminante a Marïnne. Su vista se detuvo en mi, mostrando una mezcla entre ira y desprecio.- Sucia perra. Dos días de viaje me ha costado encontrarte.

- Y yo que pensaba que esta iba a ser una noche aburrida.- Espete.

- Cierra tu maldita boca, engendro de la naturaleza -. Entonces la señaló, con el dedo a ella.- ¡Tú! ¡Volverás conmigo a la taberna, como una buena esposa! - Cada vez estaba más encolerizado y su rollizo rostro se tornaba rojizo por la furia. Torció la vista hacia mí, otra vez- ¡Y tú, ya puedes olvidarte de tu pobre existencia! ¡Muchachos, encargaos de él… y traedme también el cuerpo de ese condenado bastado!- Ahora miraba al niño.

- ¡No! - grito Marïnne. - ¡Jamás volveré a ser tu esposa! ¡Jamas volveré a tolerar ninguno de tus abusos!

- ¡Volverás, como ya has hecho otras veces! Esta noche pienso pasármelo en grande -. Y arrastró las últimas palabras. Torció un gesto con la mano y las cuatro figuras descendieron de los caballos. Se retiraron las capuchas y pude ver sus rostros: Cuatro caras de fea catadura, con cicatrices y picaduras de fiebres o viruela. Estaba claro que se trataban de matones reclutados entre la escoria de la taberna. Dos lucían espadas al cinto, otro con aspecto de cabra portaba dos grandes cuchillos remetidos en su fajín y el cuarto enarbolaba una ballesta con la nos apuntó a ambos- ¡Muchachos, yo me largo¡ No quiero quedarme para ver este lamentable espectáculo –. Era cobarde hasta para esto. - Cuando acabéis con él y con el niño, traedme a la mujer. ¡Y tened cuidado de que no sufra ningún daño¡ La quiero en perfectas condiciones para esta noche.- El caballo de Brovtonn desapareció en la oscuridad. Ella seguía tras de mi, resguardada por mi brazo.

-  Marïnne, a mi señal sal corriendo en esa dirección. Llegaras sana y salva a la ciudad. Si ves que no vuelvo en dos horas envía a la guardia a por mí - Le susurre al oído. Ella temblaba. Henryq apenas se movía. Los matones se acercaron desenvainando sus armas y desplegando todo su arsenal de bravuconearía e intimidación. El hombre de la ballesta no dejaba de apuntarme. Parecía que antes querían divertirse un rato.

- Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí?: Un orejaspicudas.

- Vas a pagar por lo que has hecho, monstruo. Y esa mujer volverá a dónde le corresponde.

- Sabes acaso quien es tu padre, hijo de puta – Si, lo sabía bien.

- ¡Eh, engendro! A tu madre la debieron de joder bien!

- Quizás algún día le haga una visita. Mientras me la tiro le diré que mate al engendro de su hijo por meterse en asuntos que no le concernían.

- Vamos, Ölaff, que comience la diversión. Pienso quedarme con sus botas.

- No queda sino batirse -. Les dije, y desenvaine mi ropera con la mano derecha mientras me descolgaba la capa y la envolvía en mi mano izquierda.- ¡AHORA, MARÏNNE, AHORA! - En una fracción de segundo arroje la capa contra el hombre de la ballesta y encare a uno de mis enemigos con la espada. Con la mano ya libre desenvaine la daga de mano izquierda y le atravesé la garganta al ballestero, que cayo a mis pies, con la sangre gorgoteando y el espíritu extinguiéndose. Con un par de fintas cobre distancia entre mis oponentes y yo, mientras Marïnne huía en la lejanía. Los tres hombres me rodearon.

Los gritos del combate bañaron entonces la noche y las hojas de los aceros brillaban contra la luz de la luna. ¡El baile de la muerte había comenzado! El rostro de cabra intento asestarme una puñalada en los riñones, pero desvié el golpe ayudándome de la daga. Sin embargo, cuando recuperaba la guardia un corte me alcanzo a la altura del costado. Mientras, mi ropera trazaba arcos, guardias y finos mandobles, con los que mantenía alejados a mis otros dos oponentes. Las luchas a tres bandas nunca eran fáciles, pero era yo un hombre experimentado, curtido en los muelles de Thalis Nertheliam y en las callejuelas de Thonomer. Me había enfrentado a los salvajes beduinos de Prado de Fuego. Había conocido la crudeza de las batallas tribales en Mashamba Milene y la sordidez de las prisiones de Akhdar. Había amado y matado por todo Noreth. No era un hombre al que se pudiera amedrentar fácilmente. Utilice una Naborina, una finta que me había enseñado Figueröa, para esquivar el embate de  una de las espadas y arremetí contra uno de mis oponentes, derribándolo al suelo. Un tajo de espada me cruzo la espalda y me volví para devolver el golpe. Un segundo corte superficial me alcanzo en la pierna. De un golpe desarme a uno de mis oponentes y elimine al que había caído al suelo casi sin pestañear, con un fino golpe de mi espada. El de rostro de cabra me atacó por el flanco con sus dos cuchillos, pero con un pequeño salto salí de su trayectoria y este se desequilibro, tropezando con una rama y cayendo al suelo. Le aseste un tajo superficial a la altura del pecho mientras me volvía para encarar a mi oponente desarmado, que había echado mano de una hachuela que portaba al cinto. Alce el brazo, con la guardia alta, y busque espacio entre la hoja del hacha y yo. Entonces, batí su hoja y, tomando impulso con mi pierna delantera me impulse contra él y atravesé su pecho con la hoja de mi espada.

Solo quedaba uno y se encontraba recostado sobre el musgo húmedo, tosiendo sangre. Aún fatigado por el combate, inqué la ropera en la tierra para dejar una de mis manos libres. Intento alcanzar uno de sus cuchillos, pero antes de que pudiera hacer nada la suela de mi bota oprimía con fuerza su mano. Siseo algo que casí no pude escuchar.

- ¿Que has dicho, hombre-cabra?- Le espeté.- Con esa herida en la garganta soy incapaz de oírte.

- Digo que la mujer esta jodida. Moriréis todos. ¿Crees que… crees que somos aficionados?

- Vuestra forma de luchar me dice que lleváis años dedicándoos al noble arte de asaltar a mujeres indefensas-. Respondí, ácido. Él soltó una risotada ahogada.

- Tenemos a uno de los nuestro esperando a las puertas de la ciudad. El bebé morirá y esa ramera asquerosa volverá con su marino, y tu no llegaras a tiempo para impedirlo -. Volvió a reír.

- ¡Maldita sea!- Un golpe firme con la daga. Ya no se escucha su voz.


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Re: [1.3] Las Puertas están Abiertas: El portal.

Mensaje por Tarym Arcontez el Dom Mayo 24, 2015 4:36 am

[V]

¡Tenía que encontrarla! ¡Tenía que llegar antes que ellos! ¡Tenía que evitar que le hiciesen daño o todo mi esfuerzo y la sangre derramada no habrían servido para nada! Su muerte pesaría en mi conciencia. ¡Fui yo quién la animo a irse! ¡Fui yo quién le dijo que corriera!

Recogí la espada y mi capa a toda velocidad y antes siquiera de que pudiera robar uno de sus caballos y trotar al galope un enorme zumbido sonó a mis espaldas. Preocupado de que pudiese tratarse de otro de los truquitos de los asaltantes me volví para buscar de dónde provenía el ruido: era un zumbido agudo, continuado y vibrante. Entonces apareció el resplandor, tan clara que por unos momentos tuve que cubrirme los ojos con la mano enguantada.

Ante la boca de la cueva había aparecido una enorme grieta flotante. Bailaba ante mis ojos emitiendo una prístina luz verde marino, como la del fondo oceánico. Era de ella de dónde provenía el ruido. Esto debía ser a lo que los magos y eruditos de Thalis Nertheliam se referían como portal.

Intente volver sobre mis talones. La vida de Marïnne y su pequeño hijo estaban en mis manos. Pero algo me empujaba hacía la luminosa fisura, cuyos bordes estaban tan desdibujados como los de una cicatriz bien curada. Algo me obligaba a dirigirme hacía el interior del tenue portal de sombras difusas que bailaba ante mi.

Estire la mano. Palpe sus bordes. Era cálido. Tenía un calor reconfortante que me recordo a tiempos pasados, a tiempos dónde yo era feliz. Recordé a Riyim. Y recordé sus besos. Recordé los paseos bajo las estrellas de los cielos de Thonomer. Recordé su cabello, y sus ojos. Y recordé como le dije que sería capaz de robar la luna por ella.  Recordé los poemas... y las canciones, que le escribí a ella, cuando aún era feliz. Cuando aún tenía algo por lo que vivir.

Me acuerdo un momento de Marïnne y del pequeño Henryq y quiero dar la vuelta, pero algo me empuja. Me obliga a entrar.

Y entonces lo atravieso, y estoy pero no estoy.  

-Fin de la primera parte de la partida Las puertas están abiertas-
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Re: [1.3] Las Puertas están Abiertas: El portal.

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