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El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

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El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Mar Feb 03, 2015 12:14 am

Después de unos días de viaje, atravesé la región de Physis hacia el norte, donde cada vez hacía más y más frío, pero a mi no me afectaba demasido el frío. De hecho, me sentía cómoda en el paraje cada vez más asolador que había por allí. Mi piel no se resentía ante la baja de temperaturas que había a medida que me aproximaba a las montañas. Podía ver que en la cima de éstas había una fina capa blanca cubriendo su corona.

Estaba cayendo la noche, y la mitad del disco solar estaba tras lel horizonte en el mar, mar que yo bordeaba caminando. Seguramente debía haber alguna ciudad costera no muy lejos.

El sol finalmente se ocultó en el horizonte, y ya era un buen momento para poder levantar el vuelo, en busca de las pequeñas y débiles luces que destellaran las antorchas de alguna ciudad, y así llegar hasta ella.

Desplegué mis alas, y las contemplé durante unos segundos, pensativa. Mis alas eran grandes, pero seguro que habría algún majestuoso ser con alas aún mayores a las mías, y probablemente, más bellas, o más fuertes. Quién sabe.

Entonces elevé la vista al cielo nocturno, y pude contemplar lo clara que estaba la noche. Un océano de estrellas se  extendía sobre mi cabeza, sin rastro de nubes, ni siquiera de la Luna.

Y mientras contemplaba el firmamento, batía con fuerza mis alas, elevándome sobre los árboles, y viendo ahora las montañas más cerca que antes, pudiendo observar su forma y tamaño majestuosos. Las montañas estaban cubiertas de nieve, y cubrían una gran parte de la vista. Pero entonces me di cuenta de que había una ciudad muy cerca del mar, pero también cerca de la montaña. Emitía una luz tenue en las afueras, más intensa en el centro. Era un buen sitio para descansar del viaje, y por qué no, tomar algún alimento humano.

Me acerqué hacia allí, en un suave planeo, sin apenas agitar las alas, solo para mantenerme en altura adecuada. Ahora la podía observar mejor. Era una ciudad hecha con piedra, con casitas juntas unas ocn otras a lo largo de la ladera, aunque había una plaza en el centro del pueblo.

Descendí suavemente, dando vueltas en circulos, cayendo en espiral hacia el suelo, apartada de la ciudad. Allí encogí mis alas, de manera que quedaron  dobladas sobre mi espalda, cubriéndome desde las caderas hasta los hombros, saliéndose levemente por arriba el hueso que unía toda la membrana del ala, y también ligeramente curvada hacia delante, cubriéndome un poco de los costados. Me atusé el pelo con los dedos, y mientras tanto, avanzaba hacia la ciudad por el camino de tierra que llevaba hasta ella.

Tras entrar por el arco, pude observar qeu era una ciudad bastante animada, a pesar de que acabara de caer la noche. Pasé junto a un local llamado El Hada Amaestrada, aparentemente una posada con bastante gente en su interior.

Una posada... ¿Por qué no? Seguro que es un buen sitio para tratar de relajarse

Sin pensármelo demasiado, abrí la puerta de la posada, provocando un pequeño tintineo justo por encima de mi cabeza. Me acerqué al mostrador, donde estaba el posadero, y pedí una bebida que hicieran allí localmente. REsultó ser una cerveza negra, que se bebía a temperatura ambiente (Oséase, fría). Con curiosidad, tomé la gran jarra que me puso el posadero, y le di los 3 kulls de bronce que costaba la cerveza. Jamás había probado la cerveza, y supuse que era un buen momento para probarla.

Tomé asiento en una banqueta de la barra, y me di la vuelta, para observar el local. Me di cuenta de que había algún hombre que se había quedado mirándome con alguna ceja alzada. Supongo que les extrañaba que una mujer fuera a beber cerveza


Última edición por Janna Tanya el Miér Abr 22, 2015 8:59 pm, editado 2 veces


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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Necross Belmont el Mar Feb 03, 2015 8:51 pm

Varias lunas habían pasado desde que el hombre del parche había dejado a su pequeña, esta vez haría un viaje demasiado peligroso como para que ella lo acompañe, bueno, quizás no tanto, pero si sería corto. Además no está lista aun para salir aun de las tierras elficas.  ¿Y porque estaba de viaje? Pues porque la edad ya le causaba molestias en el cuerpo, y Necross a su espalda carga un arma de dos kilos. Así que, escuchando sobre el poder de las runas enanas, el hombre del parche partió su viaje a esas tierras, buscando algo que le alivie la carga que lleva  en la espalda.

Para esta ocasión salió sin su armadura completa, calzaba botas de cuero duro, unos pantalones color café oscuro de tela común,  una gabardina negra que le llegaba hasta las rodillas, y la pechera de su armadura más los guanteletes.  Por debajo de la gabardina y la pechera, estaba su capucha, aquella que sirve para que no le vean el rostro.

Aquellas tierras se supone son frías, así que la gabardina no era meramente estética, era capaz de resguardarlo del frio durante el tiempo que estuviera allá, también podía protegerlo de la lluvia. A decir verdad, era bastante útil.

Ya habían pasado varios días desde que salió de las tierras elficas, el recuerdo de su niña ya comenzaba a afectarle, la extrañaba por supuesto.  Pero él sabía que volvería pronto con ella, y con suerte en algún tiempo más podría sacarla a descubrir el mundo. Aquellos días llegarían pronto, Nadine ya está bastante grande como para comprender el mundo, pero sigue siendo lo suficientemente inocente como que su padre la vea crecer.

Con una mochila al hombro (con provisiones para el viaje), sus armas guardadas y afiladas, el parche en su ojo derecho, y con ganas de explorar las montañas, Necross continúo su viaje, dejando los recuerdos de su hija para cuando los necesitara.   El viaje decidió hacerlo a pie, pensó que así lo disfrutaría más, pidió aventón cuando ya no podía seguir caminando, y paso de caravana en caravana hasta llegar a los límites de los Montes Keybak.

Logro llegar gracias a una caravana que amablemente le prestó ayuda, convenientemente ellos pasarían por allí, y podrían dejarlo relativamente cerca de algún pueblo.  Cuando el hombre dejo la caravana habían pasado unas horas después del mediodía, y  el ambiente estaba horriblemente frío.  A causa de esto, el brazo izquierdo del humano comenzó a doler y pronto le dolerían los pies. Ya cuando encontró un camino que parecía transitado, no logro divisar pueblo alguno, siguió el camino hacia el norte, más que nada porque su instinto se lo decía, y con la esperanza de que este no le fallara, esperaba encontrar algún pueblo.

Después de horas de caminar, afortunadamente encontró una pequeña villa en la falda de la montaña, le agradeció a los dioses que conocía  y a los que no también.  De la boca de alguien de las caravanas escucho que en la montaña había una ciudad, y que ese debería ser su destino final, así que una vez en el pueblo pregunto cómo llegar a dicha ciudad. El dueño de uno de los establos le dijo que  viajaban hacia allá una vez por día, y que en unas horas debían hacer la vuelta de hoy. Necross entusiasmado pregunto si lo podían llevar, a lo que el hombre contesto que sí, pero no le saldría gratis.  

Con un pesado suspiro el hombre del parche pago la cuota que acordaron, y lo dejaron entrar al carro que llevaba diferentes productos, pieles entre otras cosas.  Para disfrutar un poco más del frio, el hombre del parche saco una pipa de tabaco de su bolsa, encendió el tabaco,  y la compartió con el hombre que conducía. De la boca del comerciante, Necross aprendió un poco sobre la ciudad, sobre sus habitantes, su comercio, pero lo que más le interesaba, era saber si habría forjadores enanos ahí. La respuesta fue positiva, eso acortaba mucho el tiempo que Necross estaría fuera, pronto volvería con su pequeña.

El hombre del parche bostezo enérgicamente mientras el humo del tabaco se escapaba de sus pulmones, o ¿quizás era aire frío? Con unas horas de viaje, por fin el hombre del parche llego a destino, la llamada Mirrizbak. Una vez ahí, se despidió del sujeto que lo trajo, y comenzó a explorar un poco la ciudad, era bastante interesante la arquitectura, incluso sus habitantes.  Y lo que más le llamo la atención fueron los diviums, aquello seres alados iguales a su pequeña.  Sonriente, por recuerdos pasados, el hombre del parche camino animoso buscando alguna forja enana.

Encontrarla no fue difícil, ya que había varias, pero Necross busco la que tuviera al enano con menos cara de gruñón, dos personas así serian mala combinación, y traería problemas.  Necross hablo con el enano dueño de la taberna, le pregunto si podía crear algún instrumento que le alivianara la carga del mandoble, el enano contesto que tenía la runa adecuada para eso. El problema sería que tardaría en crear el objeto, así que sería mejor que volviera más tarde, o quizás mañana.  Necross también pregunto por el precio, saldría caro, pero nada que no pudiera pagar, lo que sí, dijo que pagaría con monedas elficas, que no le preguntara de donde las había sacado. El enano lo miro con extrañeza pero acepto de igual manera el trato, dinero es dinero.

¿Cuál es la mejor opción para pasar el tiempo muerto? Quizás durmiendo, quizás haciendo algún hobbies, en tiempos de antaño el hombre del parche se la pasaba bebiendo; quizás retomar viejas costumbres no sería mala idea. Así que muerto de frio, se dedicó a buscar alguna taberna cercana, alguna posada, o algún antro donde le vendieran licor. Encontró una posada, no se molestó en ver el nombre y temblando entro en ella.

Lo primero que hizo fue pedir un vaso de ron, no había nada mejor para calentar el cuerpo, con uno le era suficiente, y en este mismo lugar podría pasar la noche, pero la habitación la pediría después.  Cuando bebió el primer sorbo se quedó mirando el tejado, luego pensó en la gente que había en el lugar, nada especial, lo único que resaltaba era un punto rojo. Quizás la única mujer del lugar, ¿bebía cerveza, quizás? Ella no estaba lejos, solo a unas sillas de distancia, pero  el hombre del parche no entraría en detalles, solo se concentraría en su vaso.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Youdar el Miér Feb 04, 2015 6:32 pm



Esa melodía traía al enano de cabeza. La había leído más de veinte veces, incluso la había cantado para comprobar cómo sonaba a viva voz, lo que había hecho que a Pelos se le erizara el rabo. Youdar había pasado los últimos meses, desde que volviera a Baruk´Grund, encerrándose durante horas en la gran biblioteca de la ciudad, buscando información sobre Landemar.

En esas horas, Pelos le esperaba en los tejados de la biblioteca, aunque había días que Youdar le hacía pasar a escondidas, cuando no había mucha gente. Youdar quería dejar al gato con su hermano, Kadín, pero este no estaba en la ciudad; según la gente del gremio de carpinteros, no había vuelto desde que Youdar y él se marcharon, hacía ya tres años. A pesar de que el paso del tiempo no es igual para los enanos que para los humanos, Youdar empezaba a sentirse solo. No sabía que había sido de su padre, quién probablemente vagaba como alma en pena, y ahora tampoco conocía el paradero de su hermano. De no ser por Pelos, seguramente, el enano habría enloquecido.

Sin su familia en la ciudad, Youdar solo hablaba con los enanos del mercado, a los que compraba comida, y con Perik, un enano en el ocaso de su vida, a quien compraba leña para mantener la casa caliente. Aquél día, Perik había visto tan mal a Youdar que le había invitado a tomar una jarra de aguamiel en su casa. Perik también era del gremio de carpinteros, como toda la familia de Youdar, pero su oficio era considerado realmente basto entre los enanos, y casi nadie hablaba con él.
-Gracias por la jarra, Yayo, me hacía falta- dijo Youdar, sentado a la mesa de la casa del anciano. A Perik, los pocos que le hablaban día a día, le llamaban Yayo, cariñosamente.
-No tienes que dármelas, hijo.-comenzó a decir Perik. Su voz temblaba al hablar, producto de su avanzada edad.- Puede que esos idiotas del gremio sólo se preocupen del dinero que ganan, pero los que lo levantamos, hace cuatrocientos años, sabemos que de los nuestros se cuida, pase lo que pase- aquél era el tema de conversación favorito de Perik, el gremio y lo mucho que éste había cambiado, para mal, claro está.- ¿Hoy tampoco has tenido éxito en tu búsqueda?
-No, Yayo, y hoy era el último día. Ya he terminado de revisar todos los libros de historia y todos los atlas de la biblioteca. Ni una sola mención a Landemar- dijo Youdar, con la mirada perdida. Perik estaba ocupado intentando darle un trozo de naranja a Pelos; al anciano le encantaba el gato, pero era demasiado testarudo como para reconocer que no le gustaban los cítricos.
-¿Quién sabe, hijo?, quizá has mirado dónde no debías. Se que llevas meses pasando cuatro horas diarias en esa biblioteca, y que antes de irte a Malik-Talish también pasabas mucho allí. Pero Idrik decía que se tardarían dos vidas enanas en leer todo lo que hay allí, y eso era cuando él la dirigía, que ahora hay muchos mas libros- dijo Perik, intentando animar a Youdar.
-Seguro que yo necesitaría tres vidas, puede que cuatro- dijo Youdar. El alcohol le acentuaba su creciente tristeza y le hacía sentirse culpable por su fracaso- Seguro que mi padre, o incluso Kadín, ya lo hubieran averiguado; y con la mitad de esfuerzo.
-¡A la mierda Yeidrax!- bramó Perik y, ante la mirada de asombro de Youdar, añadió- No me mires así, chico. ¿Tu padre era más listo que tú? puede ser, ¿era más válido que tú? de ninguna manera. ¿No fue su estupidez y orgullo lo que os metió en este lio?, ¿y no es tu sensatez la que os está intentando sacar de él? Además, tu padre fue uno de los que convirtió al gremio en la vergüenza que es ahora, tú no lo hubieses hecho.
-…gracias, supongo- contestó Youdar, sin saber muy bien qué decir.
-Y ahora, pon esa cabeza tuya a pensar. Se que tu padre no te enseñó a pensar, te enseñó a defender a los tuyos, pero ahora te toca pensar para poder defenderlos. Si los atlas no dicen dónde está Landemar, ¿qué libros pueden contener esa información?- parecía que al anciano se le había ocurrido una idea, pero quería que Youdar llegara a la conclusión por si mismo, ¿por qué?, porque es lo que hace un amigo de verdad; te deja que te equivoques, para que puedas aprender, pero llegado el momento te guía en la dirección correcta.

Youdar tardó un rato en responder; Perik se había puesto a ordenar su casa, sin decir nada, y el joven enano aprovechó ese silencio para darle vueltas a la cabeza, mientras acariciaba a Pelos. Finalmente, exclamó– ¡Los cancioneros!- miró al anciano esperando una sonrisa que no tardó en llegar, y dándole mil veces gracias al Yayo se marchó deprisa hacia la biblioteca.

El éxito no llegó el primer día, ni el segundo, pero la idea de que aún le quedaban cientos de nuevos volúmenes por consultar, animaba a Youdar. Finalmente, el sexto día, y mientras le tarareaba una de las canciones de los libros a Pelos (que se hallaba oculto en el ancho abrigo de Youdar), encontró la melodía que tanto buscaba. No sólo descubrió que la canción tenía muchas más estrofas que las conocidas por el común de los enanos, sino que, además, encontró esta anotación.



Después de tres años sin trabajar y con constantes gastos, los ahorros de Youdar se reducían a veinticinco kulls de oro. Eran suficientes para viajar a Mirrizbak, en los Montes Keibak, pero allí debería improvisar algo para conseguir más dinero. No le importaba, Perik le había recordado que no debía rendirse por el primer contratiempo que le surgiera. Yodar se despidió del anciano, que le dio una bolsa grande con naranjas “para que se las coma Pelos”, y buscó algún barco que, a cambio de unos pocos kulls de oro, les llevara a él y al gato a Mirrizbak.

-------------------------------

Mes y medio después, en Mirrizbak, el enano y su gato se hallaban parados delante de una taberna, El Hada Amaestrada. Acababan de llegar y la noche se les había echado encima. Youdar esperaba que también ofrecieran camas para dormir.
-¿Qué te parece, Pelos?, ¿dormimos aquí hoy?
-¡Miau, purr!
-Si, a mi tampoco me apetece buscar otro sitio. Aquí tendrá que servir.

El enano entró al bar, en el que sonaba una alegre canción, muy distinta de la que le había llevado allí.

Música:

Se sentó en una mesa, esperando que el tabernero fuera a atenderle. Mientras esperaba, su vista se perdió en la figura de una mujer, que se encontraba en la barra, y la mirada del gato pareció hacer lo mismo.
-¡Pwah!- bufó el felino.
-Si, pequeño, enseguida comemos.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Ruisu EvandHell el Jue Feb 05, 2015 1:52 am

Era mi cuarto día como escolta de un grupo de mercaderes que se dirigían a Mirrizbak para vender sus productos y justo al caer la noche pudimos ver por fin la ciudad frente a nosotros.

El paso de los caballos y el rechinar de las carretas anunciaban nuestra llegada a la ciudad, la cual estaba muy despierta aun siendo de noche, el frió de esas montañas es muy aterrador. Había escuchado de personas que morían solo por quedarse dormidos fuera de sus casas, era mi primera vez en esta ciudad y no tenia intenciones de permanecer mucho tiempo.

Al entrar a la ciudad pare el caballo en el que viajaba, me baje y con las riendas en mano termine caminando los últimos metros para alcanzar la parte delantera de nuestro grupo, la caravana se detuvo frente a una posada, posiblemente para pasar la noche o beber algo, al acercarme a la entrada pude ver el nombre que tenia dicho lugar. "El Hada Amaestrada" Se podía leer aun con la poca luz que provenía de una antorcha fijada en el marco de la puerta.  Me fui acercando lentamente asta el mercader que me había contratado y con las riendas en mano me dispuse a cobrar mi pago.

- El trato era traerlos hasta Mirrizbak y aquí estamos, toma tu caballo y paga tu deuda... - Le dije al hombre mientras este, tomaba las riendas de mi mano.

- Hoo Ruisu, ciertamente hemos llegado aquí sanos y con las carretas aun intactas. Pero me temo que más que pagarte nosotros a ti, deberías agradecernos, después de todo, no tuvimos ningún problema en el camino en el cual te fuéramos necesitado. Además, comiste de nuestra comida y usaste nuestro caballo. - Respondió el hombre con una sonrisa burlona en el rostro, mientras el resto de mercaderes que viajaba con nosotros se burlaban a mis espaldas.

- Si no han tenido problemas fue por el hecho de estar siempre con ustedes, paga ahora para que me pueda retirar mercader estúpido. - Mi paciencia no estaba para juegos, hacia ya mucho frió y estaba cansado por el largo viaje, no quería discutir pero en este mundo nada es gratis.

- Toma, estas monedas de cobre son más de lo que vales, maldito asesino. Si no quieres que te patee el culo es mejor que te quites de mi vista. - Respondió el mercader con un tono fuerte y agresivo, mientras lanzaba a mi cara una bolsa con un puñado de monedas de cobre.
Es curioso como muchas personas cuando están en grupo, se sienten mas fuertes y son capaces de hacer mayores estupideces, el mercader sabia bien que esas monedas no eran ni la mitad de lo que habíamos acordado, pero tal ves al verse rodeado de su gente se sintió seguro de sus palabras.

- Sabes muy bien que mis servicios valen mucho mas que esto, 1 kulls de oro por el viaje y 2 kulls  de oro por cada muerto, eso habíamos acordado...... Si no quieres pagar mas, no puedo obligarte, pero ten en cuenta solo una cosa. - tome mi daga con la mano izquierda y saque uno de los frascos de cristal que llevaba en mi bolsa con la otra mano. Esto, alerto a los otros mercaderes que eran parte de la caravana, haciendo que algunos sacaran sus espadas y mazos. - Nuestro acuerdo me obliga a cuidar de ustedes hasta llegar a Mirrizbak y ya estamos aquí. No tengo ningún negocio con ustedes y desde ahora tu seguridad no me interesa. - Frote mi daga con el veneno que llevaba en el frasco de cristal y con un movimiento la deslice por el cuello del caballo en el cual había llegado a la ciudad.

Los mercaderes quedaron atónitos viendo la escena. El caballo comenzó a sangras y algunos hombres se acercaron a este para tratar de parar la hemorragia. Recordé entonces que en la entrada de la taberna había una antorcha sujeta a la pared. Me acerque tranquilamente a la puerta de la taberna y pude ver a algunas personas asomadas por las ventanas viendo el espectáculo.

Tome la antorcha y en un movimiento la arroje sobre la carreta en la que estaba el mercader. El fuego tomo control de la estructura en poco tiempo, todos los otros hombres comenzaron a correr tratando de buscar agua y alejando las otras carretas para que el fuego no se esparciera mas.

Los caballos presas del pánico comenzaron a patear para liberarse de sus riendas. En pocos minutos la situación frente a esa taberna era un caos total, la gente gritaba y corría por todos lados.

- ¡Maldito! Que mierda crees que haces. Te matare, juro por los dioses que te matare. - Grito el mercader enfurecido mientras se abalanzaba sobre mí con una daga en la mano.

El hombre lanzo unos cuantos golpes con su arma, trate de esquivarlos todos mientras iba retrocediendo sin mirar atrás y cubriendo mi cuerpo con mis brazos. Cuando vi la oportunidad salte sobre el para arrebatarle la daga y con el forcejeó terminamos entrando a la taberna golpeando todo a nuestro paso.

Caímos sobre una mesa a pocos metros de la entrada. Todos los que estaban dentro de la taberna comenzaron a gritar y animar la pelea como si fuéramos el entretenimiento luego de una noche de tragos.

El mercader estaba sobre mí empujando su daga para clavarla en mi pecho. Mientras yo trataba con ambas manos de detenerlo lo cual me era muy difícil por el peso del hombre y para empeorar la situación ya tenía algunos días de fatiga encima. Por un momento pensé que moriría en esa taberna de mala muerte, pero cuando estaba apunto de ser apuñalado la mesa cedió partiéndose a la mitad y permitiéndome liberarme de aquella situación, me levante rápidamente y tome mi daga la cual había caído al suelo por la pelea.

Ahora estábamos parejos, ambos teníamos una daga en nuestras manos y sed de sangre. Gire el rostro por unos segundos y pude ver que a mi espalda estaba el bar, el dueño de la taberna se había escondido tras el, y solo la mirada de una chica seguía nuestros movimientos.
- Ahora si Ruisu, de esta no saldrás sin alguna herida - Pensé mientras veía el rostro del Mercader, el cual estaba sangrando. ¿Habrá sido herido en la pelea? si era así esto ya estaba ganado, di unos pasos atrás y tome la cerveza de la chica que tenia a mis espaldas. La arroje al rostro del mercader y me abalance sobre el, logrando clavar mi daga en su pierna.

- ¡HAAAAARHS! MALDITO. ¡ME AS JODIDO LA PIERNA! - grito el mercader mientras caía al suelo y trataba de hacer presión en la herida.

Los hombres que estaban viendo desde fuera de la taberna corrieron sobre el para tratar de ayudarlo, lo montaron en una de las carretas y se fueron rápidamente del lugar, dejando tras de ellos un rastro de sangre y el desastre que había ocasionado.

- Que noche tan divertida. - dije en voz baja mientras me sentaba en el suelo de la taberna, me faltaba el aliento y no podía calmar mi emoción por la pelea. Algunas personas comenzaron a irse del lugar rápidamente, quedando solo unas cuantas personas tras de mi.

Sabia que en cualquier momento las autoridades vendrían al lugar, trate de levantarme pero un dolor agudo en mi abdomen lo hacia una tarea casi imposible. Baje la mirada para tratar de ver el porque de este dolor y pude observar una mancha de sangre a la altura de las costillas.

Al parecer la pelea había dejado su marca en mi cuerpo, la pechera de cuero había frenado gran parte del golpe pero no lo suficiente como para salir ileso.


Última edición por Ruisu el Vie Feb 06, 2015 7:24 pm, editado 1 vez



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Jue Feb 05, 2015 3:26 pm

Mientras estaba sentada en la barra, acerqué a mis labios la gran jarra de cerveza negra, y le di un pequeño sorbo para probar su sabor. Pero lejos de gustarme, me amargaba mucho la lengua, y la volví a dejar en la barra, con una mueca de disgusto.

Entonces me volví a mirar a mí alrededor, y encontré con que entraron dos personas no mucho después. Un hombre con aspecto humano, de cabellos oscuros como el carbón pero más bajito, y mucho más musculoso y robusto que uno con su estatura típica. ¿Este hombre sería lo que la gente conocía por los enanos? Tenía desde luego todo el aspecto de serlo. Y también tenía cara de gruñón, no sabía exactamente por qué.

Por otro lado, entró un hombre de cabellos chocolate con un parche en el ojo que apenas me prestó atención, y se fue a sentarse en la barra también. Era curioso, como todo el mundo se metía en su propio mundo y sus propias cosas, sin prestar atención a los demás.

Pero entonces se podían oír golpes, gritos e improperios provenientes del exterior. Un destello brillante se apareció frente a la ventana, y antes siquiera de que fuera a levantarme, dos hombres entraron forcejeando en la taberna. Estaba sorprendida, en ese momento no supe qué hacer. Sólo estaba mirando, sintiéndome algo inútil por la situación, que si bien podía haber hecho algo, no lo hice por no saber qué era lo correcto.
Los dos hombres acabaron por caer sobre una mesa, y el que estaba encima forcejeaba por clavarle la daga al otro, que en ese momento estaba desarmado. Me sorprendí cuando la mesa se partió, y el hombre desarmado cogió mi cerveza y se la estampó en la cara al otro, y acuchilló en la pierna.

Al ver cómo luego unos cuantos hombres de fuera se llevaron al hombre que se estaba desangrando, me levanté de mi asiento, y me acerqué al otro hombre, al hombre encapuchado, que estaba en el suelo sin aliento, no sabía si herido o no.

Me agaché frente a él y le sostuve de los hombros, echándole un poco para atrás, tratando de examinarle. En un instante pude observar que tenía los ojos y el pelo oscuro, aunque no sabría decir muy bien de qué color los tendría.

- ¿Te encuentras bien? En menuda pelea te habías metido Repuse algo despreocupada, hasta que vi que su ropa estaba manchada de sangre. Palpé en su pecho con los dedos suavemente, y encontré un corte ¡Oh, por los dioses, estás sangrando! Repuse al ver su mancha roja en el pecho, que se iba extendiendo por su ropa más y más a medida que ésta se manchaba.

Metí la mano bajo el faldón de mi vestido, y sostuve delicadamente mi daga, que guardaba en el muslo. Le hice un agujero redondo a su camisa, y el trozo de tela que saqué, lo doblé varias veces y se lo puse encima de la herida, apretando para cortar la hemorragia.
Pero entonces podía oir gritos y amenazas de muerte. Creo que lo mejor era irse de aquí.

Sin embargo, antes de que pudiera decidirme a llevarme a este hombre a otra parte, entraron 3 hombres, los que se llevaron al otro herido,  volvieron, y no tenían aspecto de trabar amistad con este hombre desconocido que yacía a mi lado.
Me puse delante del hombre, y me crucé de brazos, mirando al grupo de los 3 hombres detenerse ante mí.

¿A dónde creéis que vais? Dejad a este hombre tranquilo, no creo que merezca nada de lo que creo que pretendéis hacerle

El que iba adelantado sonrió para sí mismo, y me observaba con una mirada que variaba entre lascivia e infravaloración.

No queremos juegos con niñas como tú. Sólo le queremos a él, así que ¡apártate de nuestro camino!
Dijo mientras se acercaba a mí para pasar por mi lado, pero de nuevo, me puse delante de su camino.

He dicho que no. Tendrás que pasar por encima de mí

El hombre empezó a sentirse más enfadado, y cogió una botella vacía que había en la barra, e hizo amago de ir a golpearme. Yo por puro reflejo me aparté a un lado, y al creer que quería golpearme, me enfadé y le pateé la pierna con el pie, provocando así que se desequilibrara y cayera al suelo, con un pequeño gemido de dolor. No tenía claro dónde le había golpeado, la verdad.
Miré al hombre caído en el suelo con mirada intensa, casi como si estuviera deseando clavarle miles de lanzas en el pecho, usando así mi inducción de Depresión.

EL hombre intentó levantarse y me levantó la mirada con odio, pero entonces, su mirada se apaciguó, hasta el punto en que parecía sentirse miserable. Se quedó quieto, mirándome con una fuerte pesadumbre, y se dio la vuelta con aparente intención de irse, mientras dejaba caer la botella al suelo. Ésta se hizo añicos al golpear el suelo, y lo llenó todo de trocitos de vidrio verde.


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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Necross Belmont el Jue Feb 05, 2015 6:32 pm

El  primer sorbo se sintió fuerte, el hombre del parche apretó los hombros contra su cuerpo, hace tiempo no bebía. El segundo le supo a nostalgia, ya le había tomado el gusto, el tercero le abrió el apetito por más, las viejas costumbres son difíciles de olvidar. El cuarto… el cuarto llego con problemas.  Alguien estaba peleando fuera de la taberna, algunos ebrios curiosos se asomaron por las ventanas esperando ver, y apostar, a quien moría primero. Necross  de reojo miraba por algunos segundos, pero los comensales tapaban las ventabas en su totalidad, así que no habría caso, lo mejor sería volver a la bebida.

Pero la diversión de los ebrios se acercaría más, porque los tipos peleando entraron armando un gran escándalo. Aun no le interesaba, peleas en las tabernas habían todo los días, una más, una menos, no es que se pierda un gran espectáculo.  Eso hasta que un horrible sonido hizo eco por el lugar, ¿era un grito? ¿Era un chillido? No, sonaba como si algo se hubiese quebrado. Cuando el hombre del parche se dio la vuelta para observar mejor, noto que había una jarra de cerveza rota en el piso. -Eso no se hace… eso es maldad…-Pensó Necross, para sus adentros.

Al final unos tipos se llevaron a uno de los heridos, y el otro que combatía se había quedado en el piso, luego la mujer de cabellos rojos se levantó con presteza para ayudarlo. Estaba herido, ¿pero porque la mujer lo ayudo con tal rapidez? ¿Quizás eran amigos, quizás quería robarle pretendiendo ayudar? Cualquiera fuese la respuesta, la mujer termino ayudándolo igual, y parecía verdaderamente preocupada, extraños son los que en estos tiempos ayudan sin importar el motivo. Ese acto de cordialidad le recordó  a Necross sus días pasados, así que el hombre del parche le dedico una media sonrisa a la mujer (que no vio) y volvió a su bebida.

Pero los problemas no acabarían ahí, ¡por supuesto que no! Ya que los amigos del sujeto apuñalado habían regresado por el tipo herido, y fue la mujer que lo ayudo la primera que lo defendió,  increíble, o es muy idiota o muy valiente. La gota que derramo el vaso fue la botella rota usada como arma, y aunque la mujer logro sacarse al primer tipo sin ninguna dificultad, aun le quedaban dos enfrente, y estos se veían aún más enojados. Ella sola, y aun con la ayuda del tipo herido podría salir del aprieto, pero un poco de ayuda extra nunca viene mal.

Así que dejando su vaso sin terminar sobre la barra, Necross desenvaino el mandoble, se puso a un lado de la mujer de cabellos rojos, y clavo su arma en el piso. -No sé qué asuntos tengan con el… moribundo, pero ella no les  ha hecho nada, supongo. Esta vez me dejare guiar por lo que el ojo me dice. Los guardias han de llegar en cualquier momento, y ustedes están en desventaja, pues soy yo, el moribundo, la mujer y… ehh…- El hombre del parche miro a su lado, y ahí había un tipo enano, quizás también se le unió para ayudar. -…Y el enano. Clara desventaja para ustedes, váyanse de aquí antes de que causen más problemas.-

Necross saco a Sherckano del piso, y lo dejo descansando en su hombro derecho, con la mano derecha e izquierda sosteniendo el mango. Los matones, siguiendo a su compañero se fueron.

El hombre del parche sonrió de medio lado mostrando un tanto de sus dientes. Sin ya preocupaciones, Necross volvió por su vaso, se tomó lo que quedaba y dejo un par de monedas en la barra, luego miro al enano, le asintió, agradeciendo el gesto y la intención de ayudar. Se agacho hasta quedar a la altura del moribundo y mirando a la mujer le comento. - No creo que vayas a dejarlo aquí, si te lo llevas, hazlo pronto antes de que lleguen los guardias. No vayas ayudando a cualquier tonto que encuentres, podrías salir muerta. Y tu…- Dijo mirando al sujeto enmascarado. - Agradécele a algún dios que ella estuvo dispuesta a ayudarte, y no vuelvas a desperdiciar cerveza, es casi un sacrilegio.-

Y sin decir más, guardo su espadón, y se acercó al tabernero; siendo esta una posada le pidió una habitación, la tercera del segundo piso le fue ofrecida. El hombre del parche subió para descansar, no sin antes decirle al dueño del lugar: - Si tiene algún trabajo disponible, piense en mí, se me están acabando las monedas. Pero no se preocupe, tengo para pagar la habitación, lo cual hare mañana.-

Y volviendo al silencio, subió para intentar dormir, mañana tendría que ir donde el enano forjador a ver si tenía lista su petición.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Youdar el Vie Feb 06, 2015 12:26 am

Youdar estaba esperando a que el tabernero fuese a atenderle, algo que el humano no parecía muy dispuesto a hacer. En la mesa, Pelos bufaba impaciente, o eso pensaba su amo. En la mesa de al lado, dos ancianos degustaban un caldo de pescado, en el que mojaban el pan. No tenía buena pinta, pero el cansancio y el hambre hacían que Youdar lo viese como un manjar; además, a pelos le encantaba el caldo de pescado. Pasado un minuto, el tabernero no pudo seguir haciéndose el despistado, e hizo un intento de abandonar la barra para dirigirse hacia la mesa del enano; y justo cuando parecía que Youdar y Pelos iban a poder comer, dos hombres irrumpieron en El Hada Amaestrada.

Uno de ellos, vestido de forma elegante, llevaba un cuchillo; el otro, que tapaba su rostro con una capucha, iba desarmado. El hombre del arma se lanzó sobre el otro, y fueron a caer sobre la mesa de Youdar, que tuvo los reflejos de coger a Pelos antes de que lo aplastasen. Una pequeña ira se adueñó del enano, mientras se ponía en pie; el hombre del cuchillo iba a aprender a tener cuidado antes de lanzar a gente contra mesas ajenas. La vista de carpintero experimentado del enano le hizo ver rápidamente el punto débil de aquella mesa; el peso añadido de dos humanos adultos la hacía doblarse sobre una pata, y esta estaba a punto de ceder. Con un buen puntapié, Youdar rompió la pata de la mesa, derribando esta, lo que permitió al hombre de la capucha zafarse del cuchillo de su adversario.

De pie, junto a las astillas de la mesa, y con Pelos en brazos, Youdar observaba la batalla. En una rápida maniobra, el encapuchado cogió la bebida de la chica en la que Youdar y Pelos se habían fijado anteriormente, la lanzó contra su adversario y, en la distracción producida, consiguió herirle con una daga en la pierna. El hombre herido comenzó a chillar de un modo bastante ridículo. Si Youdar hubiese sido otro tipo de persona habría disfrutado con el vergonzoso espectáculo que ahora ofrecía aquél hombre que casi lastimaba a su gato, pero el enano no era rencoroso; su puntapié en la mesa ponía justicia entre el hombre de la ropa elegante (ahora ensangrentada) y él. Por supuesto, las cosas habrían sido distintas si Pelos hubiese resultado herido, pero, por suerte, no había sido así.

Tres humanos, también vestidos con buena ropa, aunque menos ostentosa que el herido, se llevaron a este de la taberna. La chica cuya bebida había servido para terminar con aquel lio, una humana pelirroja, se agachó a atender al encapuchado, que había caído al suelo, con una hemorragia. Viendo que este ya estaba siendo cuidado, Youdar se dirigió a la barra, esperando poder comer finalmente. Una esperanza que no se cumplió.

Los tres hombres que se llevaron al de los ropajes elegantes habían vuelto y, en un acto de cobardía deleznable, pretendieron acabar la tarea que su compañero había dejado a medias. Youdar no sentía simpatía por el encapuchado, pues desconocía quién había sido el causante de aquella trifulca, pero ningún enano que se llamara a si mismo enano podría aceptar que tres hombres sanos atacaran a otro malherido.

Uno de los tres tipos intentó atacar al de la capucha, pero fue detenido por la chica, y, sin ningún escrúpulo, dirigió su ataque hacia ella. La mujer se deshizo de él con bastante desenvoltura, dejándole en el suelo aturdido, pero aquello ya había llegado demasiado lejos para Youdar; no sólo atacaban a un hombre malherido y en inferioridad numérica, sino que además no les importaba atacar a una chica inocente, cuyo único crimen había sido querer ayudar a un hombre en apuros.

El enano no desenvainó su espada, sino que sacó de su macuto la barra de acero que usaba para hacer fuego, y se situó entre el encapuchado y los asaltantes. Otro humano que se encontraba en la barra y que llevaba un parche en un ojo, se puso también de parte del encapuchado. A Youdar le sacó una sonrisa ver que el del parche no había pensado como él, que en lugar de sacar su arma había optado por una simple barra de acero. El del parche desenvainó un mandoble tan alto como Youdar, y amenazó a los atacantes.
-No sé qué asuntos tengan con el… moribundo, pero ella no les  ha hecho nada, supongo. Esta vez me dejaré guiar por lo que el ojo me dice. Los guardias han de llegar en cualquier momento, y ustedes están en desventaja, pues soy yo, el moribundo, la mujer y… ehh……y el enano- dijo el del parche, que hasta el momento no se había fijado en Youdar- Clara desventaja para ustedes, váyanse de aquí antes de que causen más problemas.

El enano no dijo nada, pues poco se podía añadir a las palabras del tuerto; y poco tuvieron que pensar los tres asaltantes. Sin darles la espalda en ningún momento, por lo que pudiesen hacer, salieron de la taberna, por el mismo camino por el que se habían llevado a su compañero. El del parche cruzó una mirada con Youdar, y asintió al enano, en señal de agradecimiento, gesto que Youdar devolvió. La chica seguía arrodillada junto al encapuchado.

Tras pedir habitación y anunciar que ofrecía sus servicios, el humano del parche se marchó de la sala principal de la taberna. Youdar guardó su barra de acero, cogió a Pelos y, con algo de dificultad, se subió a uno de los altos taburetes del bar. Por fin pudo pedirle al tabernero un poco de ese caldo de pescado, y un buen trozo de pan. Lamentó que con el escándalo se hubiese acabado la música.

El tabernero fue a protestar porque Youdar subiese a Pelos a la barra, pero viendo como se había puesto la noche, debió pensar en que no era buena idea iniciar otra trifulca. Como estaba de espaldas al resto de la sala, el enano no supo que fue del herido, aunque deseó que sanara pronto. Mientras Pelos y él devoraban el pan remojado en caldo, un hombre se les acercó, algo tembloroso. De primeras Youdar pensó que se trataba de otro de los amigos de los atacantes, pues también vestía fino, como estos, pero al mirarlo mejor se dio cuenta de que aquel hombre tenía algo distinto. Los cuatro hombres que habían intentado acabar con el encapuchado llevaban ropa que fingía ser cara; el hombre que se dirigió a hablar con Youdar vestía ropa realmente cara.
-Perdonad la intromisión, maese enano.- dijo aquel humano, intentando sonar humilde, algo que, estaba claro, no solía hacer.
-Estáis perdonado- dijo Youdar con brusquedad. Estaba muy cansado como para pensar antes de hablar.
-Veréis, soy Preich Hanton, barón de Jumaz. Acabo de llegar a los Montes Keibak y tengo que quedarme por aquí un tiempo. Esperaba que este fuese un lugar tranquilo pero, a la vista de lo que acaba de suceder, está claro que no lo es.
-Está claro- dijo el enano, repitiendo las palabras del barón Hanton, sin parar de comer.
-Así que me preguntaba si vos y vuestro compañero querríais ser mis guardaespaldas mientras esté por estas tierras- terminó el noble.
El enano lo meditó un instante. Aquella era una gran oportunidad. Youdar necesitaba dinero, no solo para un barco con el que ir a Landemar, sino para otros muchos gastos, y aquel tal Preich se los ofrecía sin moverse de los Montes Keibak. –Por supuesto, Preich Hanton, barón de Jumaz, Pelos y yo seremos tus guardaespaldas- dijo Youdar, acariciando la frente del gato al nombrarle.
-¿El gato?- dijo extrañado el barón- No, no. Yo me refería a vuestro compañero, el que acaba de ofrecer sus servicios.
-Oh, él. Realmente, barón, no lo conozco; ¿no os vale conmigo sólo?- dijo Youdar, que había terminado de comer y le hacía gestos al tabernero para que le diera algo con lo que limpiar su barba.
-No, pequeño amigo. Lo quiero a él- dijo Preich Hanton. El uso de la expresión “pequeño amigo” no parecía accidental, a oídos de Youdar. Era típico de humanos, medirlo todo por el tamaño.
-Muy bien, barón. Mañana hablaré con el hombre del parche, nos tendréis a ambos- prometió Youdar y, sin buscar fórmulas de cortesía, añadió- Y ahora, señor mío, éste pequeño y yo deseamos descansar. Os veremos en este salón a primera hora. Buenas noches.

El enano pidió al tabernero una cama para esa noche. Cuando llegó a la ciudad tenía pensado pedir dormir en el suelo, mientras la taberna estuviese cerrada, o incluso en los establos, si el tabernero lo permitía, pero en vistas de que pronto tendría ingresos, decidió brindarle a su cansado cuerpo y al de pelos una buena noche en una buena cama. Youdar cayó redondo en su cama, y en menos de un minuto, con Pelos ronroneando encima suya, estaba dormido.

El enano no soñó con nada en absoluto aquella noche, no así su compañero peludo, que tuvo un extraño sueño en el que una humana, que le ofrecía comida, de pronto tenía cuernos en su cara. Por suerte, los gatos no recuerdan lo que sueñan, ¿o si lo hacen?



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Ruisu EvandHell el Vie Feb 06, 2015 5:43 am

El olor a sangre, cenizas y alcohol se sentía en todo el bar, era curioso como una pequeña discusión de negocios había terminado en una carreta en llamas y un hombre apunto de morir por el veneno de mi daga.

Pocos recuerdos son los que guardo de mi niñez pero uno en particular me ha marcado siempre "Nunca hay que confiar en nadie. Sean familia o amigos en algún momento te traicionaran" esta enseñanza la tenia en mente cada ves que tomaba un trabajo. En este mundo pocas son las personas que actúan de buena voluntad, y fue por eso que me sorprendí mucho al ver a la mujer tratando de ayudarme.

- ¿Te encuentras bien? En menuda pelea te habías metido. - Pude escuchar a mis espaldas,  no me di tiempo de mirar de quien era esa voz pero supuse que seria la chica a la cual le había quitado la cerveza minutos atrás, la mujer me tomo de los hombros y se inclino un poco al frente para tratar mi herida.

No todo el mundo ayuda a un extraño, y aun menos personas lo harían en esta situación así que no pude evitar desconfiar un poco de esa extraña mujer. - Tal vez quiere sacar algún provecho de la situación - Pensé mientras guardaba mi daga y palpaba la bolsa de monedas que tenia en el cinturón.

El tiempo se agotaba y tenia que irme de esa taberna, intente pararme pero frente a mi ya estaban los otros tres mercaderes que asta hace pocas horas tenia que proteger, la mujer se planto frente a mi de forma desafiante y con un tono autoritario se dirigió a los tres sujetos.

- ¿A dónde creéis que vais? Dejad a este hombre tranquilo, no creo que merezca nada de lo que creo que pretendéis hacerle -

No podía creer lo que estaba viendo, la mujer de la taberna estaba apunto de hacerle cara a esta pelea ajena para ella. Se escucho el sonido de una botella al romperse y en un movimiento la chica había derribado a uno de los mercaderes.

El sujeto se levando y sin ganas de seguir peleando se paro detrás de los otros dos sujetos, los cuales estaban mucho mas enojados y esta vez parecía que incluso atacarían a la chica por entrometerse.

Saque dos de mis cuchillas para arrojar y me mantuve en el suelo esperando el movimiento de esos dos hombres pero justo cuando estaba por hacer mi jugada otros dos sujetos se pararon frente a mi, esta ves de mi lado.

Uno de ellos dijo unas palabras amenazantes, no pude escucharlo con claridad por el ruido que aun se escuchaba fuera de la taberna. Al escuchar sus palabras los 3 mercaderes dieron media vuelta y se retiraron en sus carretas.

- Agradécele a algún dios que ella estuvo dispuesta a ayudarte, y no vuelvas a desperdiciar cerveza, es casi un sacrilegio.- Me dijo el hombre antes de retirarse a dormir a una de las habitaciones del lugar.

No sabia que pensar de todo esto, en un momento estaba solo en esta ciudad peleando por mi dinero y al otro estaba tirado en el suelo de un bar siendo protegido por completos extraños, eso me obligo a recordar los ratos que pasaba entrenando para superar a todos los demás en el gremio de asesinos en el que crecí, era raro que aun a estas alturas necesitara de alguien en estas situaciones.  No digo que no hubiera podido matar a esos tres sujetos, pero... la ayuda siempre viene bien. Siempre y cuando sea gratis.

Con algo de esfuerzo pude sentarme en una silla de las posada, ya solo quedábamos media docena de personas en el lugar así que decidí agradecerle a la mujer.

- Mientras forcejeaba con ese idiota le quite su..... Bueno, digamos que cobre la deuda que tenia y con intereses. Es más del dinero que suelo cobrar así que ten esto por la ayuda. - Metí mi mano en la bolsa del mercader que me había contratado y saque un par de monedas de oro, las cuales puse sobre la mesa en la que estaba la chica.

Me acerque al bar para agradecer la ayuda a los otros dos sujetos, pero ellos parecían tener sus propios asuntos en mente. Arroje dos monedas mas al cantinero y me dispuse a retirarme de la taberna.
Al salir vi que los mercaderes ya se habían ido, la carreta a la cual había prendido fuego había quedado inservible y el caballo en el cual llegue al pueblo estaba muerto en el suelo.

- Ya le deben quedar solo minutos de vida a ese infeliz - Dije en voz baja mientras me alejaba del lugar. Camine unas cuantas calles mientras contaba mi pequeño botín, unas 16 monedas de oro quedaban en al bolsa que había robado. Una pequeña fortuna con la cual podría comprar un caballo y pasar una buena noche en alguna posada de ostentosa, incluso me quedaría dinero para hacer alguna tontería.

La noche estaba despejada y el frió hacia que mi aliento tomara un color blanco en el aire, mientras decidía que hacer el resto de la noche pude escuchar unos pasos detrás de mi lo cual era extraño pues había terminado en una calle sin personas en ella, un olor suave se sentía cada ves mas cerca por lo que decidí apresurar un poco el paso. Camine sin mirar a tras asta llegar a una esquina y me escondí junto a la pared para acabar con quien me estuviera siguiendo.  Tense mi arco con algo de dificultad por la herida y espere a que la persona que me estuviera siguiendo pasara frente a mí.

Aun estaba sangrando un poco, la mujer de la taberna había frenado el sangrado pero si tenia otra pelea como la de antes seguro la herida me traería problemas.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Vie Feb 06, 2015 11:21 am

Para mi sorpresa el hombre no alto de miras y el aparentemente tuerto se acercaron y se pusieron delante de mí y del hombre encapuchado, con toda la intención de ayudar a este hombre en apuros.
El hombre con el parche hablaba de que éramos superiores en número y que si tenían agallas que intentaran hacer algo. Por fin se hace algo de justicia aquí Pensé mientras examinaba la situación. Si había algo que me pusiera enferma eran las injusticias.
Menos mal que al final los tres belicosos hombres decidieron marcharse, dejando la taberna, por fin, en paz.

Mientras tanto el hombre tuerto se anunció como una persona que se podía hacer cargo de trabajitos variados, y se marchó, mientras que el enano se fue hacia la barra con un.. ¿Gato naranja? Qué monada. Me encantan los gatos. Pero bueno, esto era en lo que menos tenía que pensar ahora.
Me encontraba junto al encapuchado, y éste se levantó para sentarse en una silla. Intenté ayudarle, pero parecía querer hacerlo él solo, supuse que sería mejor no herir su orgullo hasta tal punto.
Me senté ante el hombre y clavé mi mirada ambarina en lo que sería su rostro, tratando de discernir algún rasgo físico. Pero entonces escuché lo que me dijo, con sorpresa. Así que realmente trabajaba para ese mercader, y algo habría pasado para que no le pagaran. Con más razón, me sentía orgullosa de haber ayudado a este hombre.

Puso dos monedas de oro sobre la mesa y me las deslizó hasta mí, con mi consiguiente mueca de sorpresa apareciendo en mi rostro.
- Muchas gracias, pero... Bueno, no lo necesito... del todo
Repuse casi para mí que para él. El hombre se levantó de la mesa, y tras arrojar dos monedas hacia la barra, se dispuso a marcharse.

Acelerada, tomé las dos monedas y me levanté tras él, que se fue por la puerta hacia una de las calles principales de la ciudad. Aún me preocupaba su estado, y además, tenía una enorme curiosidad por saber cómo sería físicamente, pues su capucha no me lo permitía.

Con paso apresurado me dispuse a seguir sus pasos. Quería saber más de él, conocerle un poco. ¿Y por qué no? A lo mejor conocerle sería interesante, y “fructífero”. Pero no era ese mi objetivo siguiéndole.

Atravesaba una calle vacía, y a él le veía al fondo de la calle. Apresuré mi paso, no quería perderle. Aun así, las calles estaban vacías, y había descendido la temperatura de una forma desmedida. Ahora sí que empezaba a notar el frío que estaba avecinándose, y que se acrecentaría a medida que la noche avanzara.

Entonces perdí al hombre mientras pensaba distraídamente en todo esto, y seguía adelante, mirando a un lado y a otro, mirando en los callejones y en los desvíos, para ver dónde estaba.Pasé finalmente junto a una esquina, y al mirar allí, vi que había un hombre con un arco tensado y una flecha puesto en él, y frené en seco, entre asustada y sorprendida, quedándome rígida como una piedra.


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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Ruisu EvandHell el Dom Feb 08, 2015 10:48 pm

- ¿Dime quien eres y que haces siguiéndome?-  Pregunte al ver a una chica frente a mi.

Mantenía mi arco firme apuntando al rostro de la chica, mi cuerpo me pedía descanso pero debía hacer un esfuerzo para salvar mi vida una vez mas, seguía mirando fijamente a la chica mientras esperaba su respuesta en esa fría noche en KeyBak.

- Es que estabas herido, y no quería que te fueras así. - Respondió la chica mientras trataba de mirar por debajo de mi capucha.

Baje mi arco asta apuntar al suelo, no sabia si confiar en sus palabras pero al ver su rostro pude reconocer quien era esa mujer. trate de responder con un tono tranquilo pero mi paciencia era poca en ese momento y no podía tolerar mas problemas.

- Eres la chica del bar, creo que ya te e agradecido antes, si buscas mas dinero estas con la persona equivocada. - Dije,  mientras guardaba mis armas y con mi mano derecha me quitaba la capucha del rostro para poder ver mejor.

- ¡No! No busco más dinero. Ni espero que me agradezcas. Es simplemente... Preocupación... No quería dejarte solo con esa herida. - Respondió la chica mientras caminaba lentamente hacia mí.

- No quiero tu ayuda, en este momento solo necesito dormir un poco. - Le dije a la chica mientras retomaba mi camino  en busca de una posada.

- Bueno... Yo también busco un sitio donde dormir. - Respondió la chica con una mirada de decepción mientras caminaba a mi lado.

La noche avanzaba y cada vez hacia mas frió, poco a poco la gente comenzó a abandonar las calles a excepción de mi que aun no encontraba una posada y de la chica que seguía caminando a mi lado, decidí entonces solo ignorarla, y como si fuéramos dos extraños caminamos asta llegar a una pequeña posada, no era lo que estaba buscando pero el cansancio de mi cuerpo era grande y la noche seria larga si no encontraba donde dormir.

Entre sin pensarlo dos veces, camine hacia el dueño del lugar y le pedí una habitación. El sujeto me miro de arriba a bajo y al notar la sangre de mi ropa una mirada de desconfianza adorno su rostro.

- Disculpe señor, para gente como usted no tengo habitaciones libres. - Dijo el dueño de la posada mientras movía su cabeza en señal de desaprobación.

- ¿Como que no tienes habitaciones para la gente como yo? puedo pagar por la mejor habitación que tengas, solo necesito pasar la noche. - Con una voz baja pero desafiante respondí a ese sujeto. Lo mire a los ojos y saque una moneda de oro de mi bolsa, la coloque en la mesa frente a el y espere su respuesta.

- No puedo darle una habitación a una persona que entra sangrando a mi posada, ¿que pensarían los otros huéspedes si se enteran? no me interesa el dinero que tengas así que por favor retírese lo antes posible. - Respondió el hombre con un tono nervioso mientras señalaba la puerta detrás de mi. La chica permanecía callada observando la discusión, posiblemente esperando a que el dueño de la posada terminara de atenderme.

- ¿Podrías entonces darme algo para tratar esta herida? Te pagare por ello y luego de eso no te molestare más. - Mi voz era cada vez mas suave, no podía ganar esta pelea así que me resigne a mi suerte y decidí marcharme.

El dueño de la posada lo pensó por un momento, al ver que solo así lograría que me fuera decidió darme lo que le pedía, abrió una pequeña gaveta que estaba en la mesa desde la que atendía, y coloco una botella de alcohol frente a mí.

- Esta bebida es todo lo que te daré, pero te aconsejo que lo pienses bien. Dicen que arde como una quemadura o incluso mas. - Dijo el hombre con una sonrisa burlona en el rostro.

Tome la botella con una mano y quite la tela que cubría el corte en mi cuerpo con la otra, sin pensar siquiera en lo que estaba apunto de hacer destape la botella y vertí su contenido en la herida.    Los primero segundos no sentía nada, pensé entonces que aquel hombre frente a mi era solo un cobarde y que sus palabras solo eran un intento por asustarme, mire nuevamente al sujeto y justo cuando estaba por decir unas palabras sentí un ardor en la herida, el cual poco a poco se hacia mas fuerte asta el punto de ser casi inaguantable.

- HAAHSSSSssss...  !MALDITO¡ - Me queje en voz alta mientras apretaba los dientes y daba un par de golpes en la mesa. Luego de eso deje escapar una risa nerviosa y agradecí al hombre con una reverencia, - Toma esta moneda por tu amabilidad buen señor. - Me despedí del dueño de la posada y gire sobre mis talones para retirarme, mire por ultima ves a la mujer y con un movimiento de mi mano me despedí y me dispuse a abandonar el lugar.

Di unos cuantos pasos hacia la puerta y cuando estaba por abrir e irme, pude escuchar la voz de la chica a mis espaldas.



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