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El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Lun Feb 09, 2015 12:56 am

Tragué saliva mientras el hombre encapuchado me preguntaba, apuntándome con un arco fijamente. Estaba tan nerviosa que caía una gota de sudor por mi sien hasta mi barbilla. Pero contesté tranquilamente. Debía mantener la calma

-Es que estabas herido, y no quería que te fueras así…- Traté de agudizar mi mirada a través de su capucha, mientras respiraba de forma lenta, pero tensa.
El hombre pareció abandonar su postura defensiva, pero parecía reticente a pensar que yo quería su dinero, cosa que no era así, evidentemente.
- ¡No! No busco más dinero. Ni espero que me agradezcas. Es simplemente... Preocupación... No quería dejarte solo con esa herida. –
Repuse mientras me acercaba a él un poco más, hasta estar a escasos centímetros de su rostro. Pero entonces, avanzó por la calle, hablando de que no deseaba mi ayuda, y me puse a su lado, todavía curiosa por poder ver su rostro.

- Bueno... Yo también busco un sitio donde dormir. – Repuse mientras se me alargaba la cara un poco, pensativa. Él no parecía querer ceder a ser amistoso
.
La noche se enfriaba, y nosotros avanzábamos juntos para buscar una posada. Después de un largo caminar, y de un silencio incómodo, que parecía producto de que este hombre me ignorase, cosa que no llegaba a comprender, llegamos hasta una posada que no parecía nada del otro mundo, pero era lo que había y había que aprovechar.
Entramos y nos detuvimos ante el mostrador de la entrada, donde estaba el dueño, o su ayudante, quién sabe. Pero se desató una conversación un tanto acalorada, debido a que este hombre todavía estaba con la ropa sangrante.   Y el dinero no parecía ser nada para evitar este hecho. Recibió entonces una botella, y le advirtió el posadero de que escocía como los mil demonios.
El encapuchado, sin siquiera advertir la sonrisa socarrona del posadero, ni pensárselo dos veces, se vertió aquel líquido sobre la herida. A los pocos segundos parecía retorcerse de dolor, reír de forma extraña y probablemente derramando alguna lágrima por sus mejillas. Y entonces gritó de repente, y se dispuso a golpear la mesa con el puño cerrado.

Yo mientras tanto estaba preocupada, y le puse las manos sobre los hombros, dando un pequeño apriete, intentando calmarle.
Pero al poco tiempo éste se marchó, apartando mi mano de su hombro, y tras dedicarme una fugaz mirada, se fue por la puerta.
En un lapso de segundo, miré al tabernero, y le hice un gesto de que esperase.

Me volví hacia el hombre encapuchado otra vez más y alcé la voz -¡Espera! –
Me acerqué a él con paso apresurado, y me detuve frente a él, a escasos centímetros.
- Puedo pedir una habitación doble… Si quieres la pagamos a medias y te alojas conmigo, si quieres. Mira, ven –

Me acerqué al posadero y me incliné frente a él, apoyando los codos sobre el mostrador y agachándome, dejando que pudiera tener una vista amplia de mis senos. Entonces me dispuse a mirarle a los ojos, ladeando la cabeza, y entrecerrando los párpados.

- Perdone, señor… ¿Podría darme una habitación doble, por favor? La necesitamos, para poder dormir. Y debo cuidar a mi ahijado, y necesito que me haga ese favor. Le aseguro que no verá rastro de sangre mañana, ni habrá ningún escándalo. Si es necesario…
El tabernero al principio parecía meramente nervioso, pero entonces su cara cambió, y se puso colorado como un tomate. A saber en qué se estará fijando este hombre, jejeje
Me acerqué más a él, tanto que mi rostro estuvo apenas a una distancia de una mano del suyo, y le miré fijamente a los ojos.
- P-pero… Si lo hago…
- No se preocupe… Yo me encargaré de todo ¿Le parece bien, señor?
La cara del posadero no sólo se puso colorada, sino que sus pupilas se dilataron. Algo había visto que le había cambiado su mirada totalmente.
- Bueno…. Está bien. Será una moneda de o… Digo 20 de plata….
Metí la mano entre mis senos, mientras que el posadero me miraba tan intensamente que parecía que sus ojos fueran a salirse de sus órbitas, y tomé un pequeño saquito de monedas. Lo abrí delicadamente, tomé unas monedas de plata, y le entregué 25 monedas de plata
- Muchas gracias, señor. Le estoy muy agradecida – Repuse guiñando un ojo. El tabernero me dio una llave, que tomó de un casillero que tenía detrás, y me erguí, dedicándole una sonrisa ancha y brillante.
Me volví hacia el chico, y le invité a seguirme al cuarto con un gesto de la mano.

Subiríamos juntos las escaleras, y avanzaría por el pasillo, con paso lento y sinuoso, yendo por delante de él, y dándole un contoneo a mis caderas a medida que avanzaba, hasta que me detuve en la puerta. Metí la llave en la cerradura y abrí la puerta, y antes de entrar, miré al hombre y le dediqué una mirada intensa, que rompí guiñándole un ojo, y tras eso, entré en la sala.

Mi sensualidad había despuertado después de haberlo provocado para poder engatusar al posadero, y ahora estaba sexualmente activa.

En el dormitorio había una cama enorme, con sábanas de seda y una manta de lana encima de la sábana. Tomé asiento delicadamente en el borde de la cama, y miraba hacia la puerta, esperando a que el hombre entrara. Me quitaría la daga del muslo, dejaría el zurrón junto a mi cama en el suelo, junto a la daga, y me quitaría el corsé y la falda, quedándome en uan especie de camisola de tela marrón clarita, que tenía muy ajustada y pegada a las curvas de mi cuerpo, además de unas braguitas y las medias.

Me metí bajo las sábanas y cerré los ojos esperando a dormirme, y disfrutar de un sueño plácido.


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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Necross Belmont el Vie Feb 13, 2015 1:27 am

El hombre del parche se despertó exaltado,  su corazón latía con velocidad, su respiración era agitada, incluso llego a sudar. Había tenido una pesadilla real, lo que soñó paso en algún momento de su vida.  Eventualmente Necross logro calmarse, se rasco el ojo derecho y se dirigió a la ventana. Al mirar a través del cristal, se dio cuenta que aún estaba oscuro. Entonces intento volver  a dormir, dio vueltas en la cama pero el sueño no quiso llegar.  Se sentía raro despertar y saber que cuando amaneciera no vería a su pequeña. Cuando el alba por fin llego, Necross comenzó a vestirse, no logro dormir de nuevo, y ahora se sentía bien, pero de seguro mas tarde el sueño que no tuvo le jugaría en contra.

Cuando ya estaba listo, reviso que tuviera su saco de monedas, las armas aseguradas,  se ajustó el parche , y se cerró la gabardina, hacia frio. Entonces salió de su habitación, bajo las escaleras, y antes de salir, tuvo que voltear porque alguien lo llamaba.

- ¡Eh, tu, tuerto, espera un momento, quiero hablar contigo!-

-¿Tuerto?- Pensó antes de voltearse completamente. Al hacerlo vio que el enano de la noche anterior. Este venia corriendo, y como la mayoría de enanos tienen cara de pocos amigos, este no era la excepción, el hombre del parche  puso su mano derecha en el pomo de la bastarda en su cintura.  Pero una media sonrisa se dibujó cuando vio al enano correr junta a un gato, eso le quitaba puntos en la intimidación.

Necross lo saludo, pero nunca quito la mano de su espada, escucho lo que tenía que decir, escucho sobre la oferta de trabajo. Pero el hombre del parche estaba con apuros, así que después de que el enano termino de hablar, le comento:  -Estoy con algo de apuro ahora, pero si estás aquí en… como una hora más, podremos hablar esto bien, te pago una cerveza compañero. –

Y sin decir más se despidió con un gesto de su mano izquierda, la derecha seguía en el pomo de la bastarda. Salió de la posada, cerró la puerta, y grito por culpa del frio.  Entonces se dirigió donde el enano forjador,  su mañana se volvió muy buena ya que el enano tenia lista su petición. Un brazalete con una runa, el enano le dijo que al tomar un arma esta se sentiría más ligera. Necross se puso el brazalete en el brazo derecho, y para probar el ítem tomo su mandoble. En efecto, se sentía mucho más ligera de lo normal, el hombre del parche, sorprendido, le pregunto al herrero cuando le debía.

-Son dos monedas de oro-

El hombre del parche trago saliva, y miro su saco de monedas, tenía dos de oro, y una de plata. Necross sabía que regatear no tendría ningún éxito, tampoco podría salir corriendo con el brazalete sin pagar. Con un fuerte suspiro, saco sus dos monedas y se las entregó al enano. Al salir de la tienda, recordó que le habían ofrecido trabajo, así que prácticamente corrió a la posada. Al  llegar busco al enano,  una vez que lo encontró, lo invito a sentarse en una mesa, para discutir lo que habían hablado temprano.

-Tengo buenas y malas noticias, la buena, es que feliz acepto aquella oferta de trabajo, la mala… es que no podre pagarte la cerveza.-  Entonces el hombre del parche comenzó a reír, pero inmediatamente volvió a la seriedad del momento.   –Se me acabo el dinero esta mañana, así que si, necesito el trabajo compañero.- Entonces Necross vio al gato, intento llamarlo pero el animal no respondió. - Mi nombre es Necross, y creo deberíamos ir donde el sujeto que te ofreció el trabajo, ya me está dando sed por ver la gente beber.- Comento una última vez, mientras miraba a la demás gente.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Youdar el Vie Feb 13, 2015 11:38 pm



El barco era (no había otra palabra para definirlo educadamente) una ruina. Youdar aún se acordaba de lo que había pensado la primera vez que lo vio, seis días atrás, cuando le pareció que un buen golpe de martillo en el lugar adecuado, y en aquel barco el lugar adecuado era casi cualquiera, le daría su merecido descanso en el fondo del mar a esa vieja antigualla de madera. El nombre de la embarcación era El Mercante Anciano, un barco de los llamados “juncos”, típicos en regiones orientales de Noreth, y que existían desde los gigantescos de doscientas varas hasta los diminutos de diez, como aquél sobre el que se encontraban el enano y su gato.

El Mercante Anciano tenía tan solo tres velas, teñidas de rojo, y su casco estaba lleno de zonas podridas. En el castillo de popa se encontraba el camarote del capitán, tan poco espacioso que sería incómodo habitar en él para cualquiera más alto que un enano. Sus bodegas tenían espacio para una tripulación moderada, de unas quince personas, aunque no existían camarotes individuales, sino cinco habitáculos con tres jergones de esparto cada uno; la cama del camarote del capitán era idéntica a la de los habitáculos. En el espacio destinado a carga había capacidad para cuarenta barriles, que Preich Hanton ni se había molestado en llevarse antes de venderle el barco a Youdar, algo lógico, pues la mayoría se encontraban en un estado tan deplorable como el resto del navío. A cada lateral El Mercante contaba con dos portas para cañones, que tenían aspecto de no haber sido usadas nunca, pues de los cañones no había señal alguna, ni siquiera marcas en el suelo que evidenciasen que en su día los hubo. El único armamento con el que contaba el navío era con dos lanzavirotes de asedio, también llamados escorpiones, montados sobre la cubierta. Tan modesto barco, por supuesto, carecía de mascarón alguno que lo identificara, y su nombre tallado en la popa sobre el mismo casco estaba que se caía a pedazos. Pese a todo, al enano le encantaban las cosas antiguas, con historia, y pese a que días atrás, cuando ni soñaba con poseer un barco, había pensado en que lo mejor sería hundirlo, ahora lo contaba como una posesión preciada, y el hecho de que la embarcación tuviese su propia historia sólo la hacía más interesante a ojos del enano, que se puso a trabajar en la reparación del Mercante Anciano, empezando por la zona donde tenía el nombre tallado.

La semana que Youdar, Pelos y el humano del parche, Necross Belmont, habían pasado al servicio de Preich Hanton podía contarse como una de las más aburridas en la vida del carpintero. El barón, cuya imagen tanto imponía, resultó ser un hombre ridículo acobardado de su propia sombra, y que trataba con nulo respeto a todo aquél que fuese desarmado o sin guardaespaldas, como él mismo. Parecía sentir fascinación con Necross, a quien no paraba de marear con historias sobre lo grande que era, y, desde que Belmont había entrado a su servicio, se esforzó todo lo que pudo en demostrarle al enano que, para el barón, éste sobraba. Youdar, lejos de encontrarse incómodo ante aquello, lo veía muy divertido, pues él no tenía que aguantar la verborrea del noble, y podía ir detrás de ambos humanos, con Pelos a su lado, tranquilamente. La actitud tan diferente de Hanton con sus dos guardaespaldas le hacía recordar a Youdar a su propia familia. Su padre siempre lo había tratado como alguien cuya única función en el mundo era proteger a su hermano, y a Kadín le había intentado convertir en un gran y respetable señor enano, que algún día pudiese liderar el clan de los carpinteros. Aquella situación era parecida pues, el más presionado de los dos, el que mayor simpatía recibía, era el que se encontraba más incómodo de los dos, mientras que el que debería sentirse despreciado (Youdar en ambos casos) estaba más a gusto sin toda esa atención. Pocas ocasiones tuvo el enano de entablar conversación con Necross Belmont, pues Preich no deseaba que ambos se llevasen bien; al fin y al cabo, su intención parecía ser llevarse a Necross cuando partiese de los Montes Keibak, y no quería que Youdar los acompañara.

El cuarto día al servicio del barón, éste les hizo acompañarles al puerto, donde quería firmar un contrato con un nuevo mercader. Mientras caminaban por los muelles, le iba diciendo a Necross Belmont cuántos de aquellos barcos le pertenecían.
-Ah, ese es uno de mis grandes orgullos, El Imponente- decía mientras caminaba junto al mercenario, con Youdar detrás poniendo cara de asco por la petulancia del noble- Bueno, y ese también es mío –dijo señalando con desgana-, algún día lo mandaré hacer leña, pero es que ni merece la pena malgastar mi tiempo en dar la orden – se trataba, por supuesto, del Mercante Anciano- Ah, mirad, Belmont, aquél que se aleja fue mi primer galeón, El Estrella de Mar, viajé en su primera travesía y todo.
-Lástima que no se hundiera, ¿eh, Pelos?- dijo el enano a su gato, entre dientes para que no le oyeran, pensando en que, si fuera de aquellos que no cree en maldiciones, haría rato que habría tirado al cansino humano al mar. Youdar creía que había hablado lo suficientemente bajo, pero una media sonrisa en el rostro de Belmont le hizo dudarlo, aunque sin duda alguna Preich Hanton no le había escuchado; estaba demasiado ocupado escuchándose a si mismo.

El resto de días de la estancia del barón en Mirrizbak transcurrieron con igual sopor que los primeros, y la situación sólo se tornó interesante cuando llegó la hora de cobrar, en la habitación que el barón tenía alquilada en El Hada Amaestrada. Primero fue el turno de Youdar, que, con tantos días y aburrimiento a la espalda, había podido darle muchas vueltas a la cabeza sobre su pago. Cuando Preich fue a entregarle una bolsa con monedas, el enano le detuvo con un gesto.
-No quiero dinero, barón- dijo el enano, que había ensayado aquella conversación y esperaba que le saliese bien.
-Estupendo, enano, tampoco habéis tenido trabajo que hacer, así que es justo- respondió el pomposo noble.
-Trabajo ha habido, barón, que si no habéis tenido problemas es porque os acompañábamos. Y he dicho que no quiero dinero, no que no quiera pago- al enano le sudaban las manos. Aquello podía salirme muy bien o muy mal.
-Pagar con algo que no sea dinero es de salvajes, Youdar. No se con quién os creéis que habláis- el enano había pensado que aquella reacción podía suceder, y esperando haber planeado la respuesta correcta, respondió al noble.
-No lo veáis como un pago, entonces, sino como un favor mutuo entre amigos. Yo necesito un barco, y vos necesitáis deshaceros de uno que tenéis en los muelles. Ya sabéis, aquél que solo vale para hacer leña.
-¿El Viejo Mercader?
-El Mercante Anciano, creo recordar, barón.
-Me da igual como se llame. ¿Lo queréis? Es vuestro con una condición. Jamás le hablaréis a nadie de que me perteneció ni diréis que trabajasteis para mi. Me avergüenzo de haber contratado a un salvaje como vos, Youdar, que no entiende los pagos como la gente civilizada- el enano sabía que la única razón por la que el noble se atrevía a hablarle así era porque Necross Belmont estaba escuchando y aún no había cobrado su parte. Si el mercenario hubiese obtenido su paga antes que Youdar la cosa hubiese cambiado mucho. El barón, que tenía en su habitación del Hada Amaestrada todos los pergaminos que atestiguaban sus propiedades en Mirrizbak, rebuscó entre sus papeles y extrajo uno muy viejo, firmado por Brin, sexto barón de Hanton. Preich era el noveno barón de Hanton, y aquello le hizo a Youdar imaginar que El Mercante Anciano no tendría menos de setenta años. En las narices de Youdar, Hanton rompió su contrato de propiedad del navío. El enano fue a echar mano de su espada, sin importarle que Necross se pudiera interponer, pero el sentido común se lo impidió. No merecía la pena ir al tajo del verdugo por un noble estúpido.
-Ahora ese barco no pertenece a nadie, enano. Es vuestro o de quien sea. Ya hace mucho que me llevé de él todo cuanto pudiese tener valor. Espero no volver a veros. Ahora bien, señor Belmont… - dijo el noble, dándole a Youdar la espalda.
El enano se había marchado de la posada con un gran enfado, tanto que ni dejó propina al tabernero, una de sus buenas costumbres enanas, inculcadas por su madre. Había caminado muy lentamente, desde El Hada Amaestrada hasta donde estaba anclado El Mercante Anciano, sin parar de darle vueltas a la cabeza. No le había salido bien el plan; tenía un barco, si, pero nada que probara que era suyo. Claro que nadie podría tampoco discutirle que lo era. Tenía un barco, si… lo tenía, iba pensando, y al final, cuando estaba a escasos metros del navío, con Pelos a su lado, comenzó a reír como un demente, asustando al gato. ¡TENÍA UN BARCO!, ¿qué demonios importaba todo lo demás? Era suyo, y si conseguía volver con él a Baruk´Grund, conseguiría que le firmaran un escrito de propiedad.

Youdar no había perdido la sonrisa desde que se dio cuenta de aquella verdad que, su enfado con Preich Hanton, no le había dejado ver durante las primeras horas. Ahora tenía un barco, y en cuanto terminó de clavarle el nuevo marco de madera en la popa, donde se leía con una pulcra letra cincelada el nombre del navío (el marco y los clavos los había sacado a partir de uno de los barriles de la bodega), vio su nueva propiedad como algo muy distinto. Ya no era algo ruinoso, sino mal conservado, y eso suponía un reto para alguien como Youdar. ¿Qué mejor forma de ponerse a prueba?, ¿no era eso lo que había esperado toda su vida? Tenía un barco, suyo, y ahora podría dejarlo como nuevo, pero con el respeto que merece un objeto con tanta historia. Le hizo una promesa en voz alta a su navío, con Pelos como único testigo.
-Te devolveré al estado en el que estabas cuando te construyeron, sin añadir nada propio a tu diseño, en señal de respeto hacía ti y hacía quien te construyó, quién, los dioses lo guarden, no pudo imaginar el mal uso que los Hanton te acabarían dando.

Youdar trabajó todo aquél día sin descanso. Apenas recordaba que horas antes había estado plantado delante del barón, y ahora, su desprecio al romper el escrito de propiedad sólo le parecía la rabieta de un niño pequeño, impotente. Al hacerse la noche, la falta de luz le obligó a parar su labor, pero no por ello iba a dejar de trabajar. El enano y su fiel escudero peludo se encaminaron hacia la primera taberna que vieron en el puerto, El Ancla Oxidada, donde Youdar esperaba conseguir tripulación. Él solo podría manejar El Mercante Anciano, pero aventurarse mar adentro sin más compañía que Pelos sería una temeridad. El lugar era sucio, y lleno de mujerzuelas humanas, que buscaban una o dos monedas a cambio de su compañía, y a las que el enano ignoró. No había música, algo que Youdar habría lamentado su hubiese ido a beber, pero no era el caso. Desde la puerta de la posada se dirigió a viva voz a todos en ella.
-¡Busco una buena tripulación!- gritó con algo de vergüenza- Hombres a los que no les de miedo aventurarse durante meses mar adentro, hacia lo desconocido.
-Pues aquí somos muchos así, enanín- dijo uno de los parroquianos del lugar, cuyos mofletes ya estaban empezando a sonrosarse por el alcohol.
-Necesito al menos cinco buenos hombres para partir en menos de dos semanas. ¿Algún voluntario?- por algún extraño motivo, las palabras del borracho hacían que Youdar sonara mucho más convincente, pero el enano tenía una habilidad muy mala para juzgar situaciones sociales.
-Yo mismo, ¿cuánto me pagas?- dijo otro hombre con mirada decidida, aunque de pocos amigos. A diferencia del primero que había hablado, este no estaba aún ebrio.
-Dónde vamos habrá oro y joyas, cuantos quieras, marinero- dijo Youdar, sonriendo, sin percatarse de lo hostil que se había vuelto la taberna en un segundo.-Nos dirigiremos a Landemar, la legendaria Landemar, donde oro y tesoros hallarás- dijo citando un verso del poema que le había llevado allí.
-Un momento, chiquitín, un momento- dijo el hombre ebrio- ¿No tienes con que pagarnos?
-No en este momento, buen hombre- dijo el enano, intentando sonar lo más educado posible, pues por fin se había dado cuenta de la situación.
-¿Buen hombre?, ¿te ríes de mi?- y tras una breve mirada a sus compañeros de mesa, añadió- vamos a darte una lección, para que aprendas a no molestar a unos “buenos hombres” cuando beben.

El Ancla Oxidada se animó tan pronto como siete días atrás lo había hecho El Hada Amaestrada. El ebrio y tres marineros más, tan perjudicados como él, se precipitaron sobre Youdar. Éste hizo intento por apartarse, pero el “buen hombre” consiguió encajarle un puñetazo en la frente. El enano consiguió no caer al suelo y, aprovechando que el hombre se había desestabilizado para dar el golpe a alguien de la estatura de Youdar, le empujó con fuerza contra la pared de ladrillo de la posada, la cual golpeó de costado. Uno de los otros consiguió ganarle la espalda al enano, y le sujetó los brazos, para que sus amigos le golpeasen a placer. Tras recibir una patada en la boca y un rodillazo en el estómago, el enano aprovechó su estatura para echar hacia atrás su cabeza con fuerza, golpeando al que le sujetaba en la entrepierna, dejándole doblado en el suelo. La gente de la taberna coreó un grito de “ooouuu” cuando el marinero se agarró la zona golpeada. Sin dejar a los dos que quedaban en pie reaccionar, Youdar se lanzó a por uno, al que pateó en la espinilla y después golpeó en la cara. El enano pensaba que aquello estaba ganado, era él solo contra un hombre en un estado evidente de ebriedad, pero el “buen hombre”, a quien Youdar consideraba fuera de combate, se consiguió poner en pie y golpeó al enano por la espalda con una silla, la cual se hizo añicos. Youdar cayó sobre sus rodillas, pensando en lo avergonzados que se sentirían sus antepasados con aquella derrota, pero parecía que estos le acababan de mandar refuerzos. Justo cuando el hombre que aún no había sido golpeado iba a golpear al enano con todas sus fuerzas, Pelos se agarró a su tobillo, mordiendo con todas sus fuerzas, y el enano consiguió derribar al “buen hombre” dirigiendo su codo hacia atrás, golpeándole en el cuello. Después se tiró contra el otro, que intentaba pisar a Pelos, y, saltando con todas sus fuerzas para elevarse, le dio con la frente en el pecho, dejándolo noqueado en el suelo de la taberna. Unos cuantos marineros aplaudieron al enano, pero la mayoría seguía mirándole mal, y éste, antes de que nadie se lo dijera, cogió en brazos a Pelos y salió de allí.

Tenía la cara amoratada, la espalda dolorida, y tenía calambres en el estómago.
-Al menos no me han apuñalado, Pelos. Menos mal que estabas tú.
-Miau.
El enano decidió no probar más su suerte aquél día. Ir a contratar gente con promesas de oro no era buena idea. Se fue a dormir al Mercante Anciano, a uno de los jergones de la bodega, con Pelos durmiendo en otro. Se encontraba desanimado y dolorido, y pensaba que había sido un estúpido por encontrarse entusiasmado tan solo una hora antes. No conseguiría una tripulación para ir a Landemar. Pero con el amanecer, a veces, también se hace la luz para las esperanzas, y Youdar pensó en alguien que quizá si pudiera querer acompañarle y que podría costear los suministros del viaje.
-¡Necross!- dijo Youdar, levantándose bruscamente del jergón, pues solo el estado de duermevela le había hecho recordar al mercenario.
-¡Miau!- maulló Pelos, con aprobación, y bajó de su jergón rápidamente, esperando a que Youdar se pusiese en marcha.




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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Ruisu EvandHell el Lun Feb 16, 2015 1:50 am

Una forma muy peculiar de pedir una habitación me mostro la chica aquella noche, ciertamente las mujeres tienen las cosas fáciles estos días y mas a un si son tan bellas como esa chica.

La mujer de rojo cabello me había invitado a subir con ella hacia la habitación. Mire a mis espaldas y vi lo oscuro que estaba el lugar fuera de la posada.- No saldré de nuevo con ese frio – Pensé. Mire una vez mas al dueño de la posada y este me respondió con una mirada de envidia. Y una sonrisa picara. Era obvio lo que ese tipo estaba pensando pero justo eso estaba alejado de la realidad.

Seguí a la mujer por las escaleras y al ver que ella se me adelantaba y abría la puerta me quede quieto a posos pasos de la habitación. Puse mi mano sobre la herida y pude darme cuenta que el dolor hacia bajado. – Creo que algo de comer no me vendría mal. – Murmure en silencio sin nadie quien me responda.

Mientras me acercaba a la habitación sentía el olor a alcohol y sangre que mi cuerpo desprendía. Abrí lentamente la puerta y pude percatarme de la trampa que tenía frente a mí. Ciertamente una mujer hermosa, solo un tonto dejaría pasar una noche así pero los tontos mueren primero y al ver la daga en la mesa que estaba al lado de la cama cerré la puerta y me aleje de la habitación.

- Una mujer peligrosa tengo frente a mi, si entro a esa habitación posiblemente no salga nuevamente. – Dije en voz baja. Baje las escaleras y una mirada de sorpresa por parte del dueño de la posada me recibió.

- ¿Tiene algo de comer? No pido nada por lo cual no valla a pagar así que por favor evitemos discutir. –

El hombre alzo una ceja y seguido de una pequeña carcajada fue a la cocina y busco un trozo de pan y algo de queso.

- ¿Acaso esa mujer no es suficiente para calmar tu hambre joven? Si yo fuera tu estaría allá arriba haciendo mucho ruido en esta noche. –

- Si quieres puedes subir tú. No conozco a esa mujer y no tengo intenciones de conocerla. Solo quiero un lugar donde descansar e tenido un día muy molesto. -  

- Mi esposa esta en la cocina así que tendré que rechazar esa oferta. Si no fuera por ella estarías comiendo solo el pan así que trata de no causarnos problemas. –

El hombre había aumentado la voz, posiblemente para que su esposa se sintiera orgullosa de el. Curioso lo que hacen algunos por una mujer.

- Por cierto, mi nombre es David. No espero que me digas tu nombre pero si quieres puedes pasar la noche aquí en el recibidor. Ya que te dan miedo las mujeres como esa. Jajajaja. – Su tono burlón no me molesto, pero me agradaba la idea de quedarme en este lugar. Mire a mi alrededor y pude ver que una mujer se asomaba desde la cocina. Levante el trozo de pan que estaba comiendo y tras mirar a la mujer le agradecí por la hospitalidad.

Al día siguiente me despertaron los pasos de alguien bajando las escaleras, había pasado la noche durmiendo a un lado del bar y por mal que suene había sido una noche cómoda. El frio habría sido una molestia pero la esposa de David dejo la chimenea prendida y un par de troncos para que pudiera alimentar el fuego durante la noche.


Me desperté y al ver que había alguien en la cocina me pare frente al bar para pedir algo de comer. En cualquier momento bajaría la mujer de la habitación y quería estar lejos del lugar cuando eso pasara.

- ¿David podrías servirme algo de comida? Estoy un poco apurado así que si es como lo de ayer no importa. –  El hombre salió de la cocina y con una sonrisa puso un pequeño bolso frente a mí.
Imagen de la Bolsa.:

- Hoy apenas salió el sol Salí a comprar algunas cosas para mi esposa, quieres saber de que habla la gente del pueblo…… ¡Te lo diré así que calla! Al parecer ayer murió cierto comerciante. El sujeto se negó a pagarle a un mercenario que lo había traído hasta aquí y luego de una pelea fue herido por este sujeto. Trataron de llevarlo a un curandero pero antes de que llegaran el tipo murió. ¿Te suena esa historia? –

Mire la bolsa que tenia en frente y al abrirla pude ver algo de fruta y un par de panes. Además de una pequeña caja de madera.

- Los tipos con los que peleaste quieren quitarme esta posada. Toma eso como agradecimiento, si fuera sabido ayer quien eras te fuera dejado entrar sin dudarlo. –

Agarre la bolsa un tanto sorprendido y saque una manzana de ella. Le di una mordida y mire nuevamente al dueño de la posada.

- No es bueno dejar cabos sueltos, no te preocupes esos tipos no te molestaran mas. – Me pare de la mesa y me dirigí a la puerta de la posada, mire una ves mas al tabernero y con una reverencia me despedí de el. – Si la mujer de arriba pregunta por mi, le dices que muy agradecido me fui. –

Al salir de la posada tenia en mente solo una cosa, - Debería hacer otra visita a los tres mercaderes de ayer. – al caminar por las calles de Mirrizbak pude notar las miradas curiosas de algunos campesinos. No eran miradas amigables ni tampoco molestas.

Mi primera parada seria una taberna, tal vez algo de información sobre esos mercaderes me vendría bien para terminar la tarde. Al llegar al lugar, entre lentamente y me senté lo mas alejado que pude de la puerta. A mi lado unos tres sujetos no dejaban de gritar y reír. Eran realmente molesto pero algunas de sus palabras llamaron un poco mi atención.

- Landemar, habéis oído bien chicos. Ese enano estúpido decía eso una y otra vez mientras seguia al Señor Hanton.-

- Jajajajaja, que tanto tienes que odiar tu vida como para botarla persiguiendo sueños tan tontos. –

- ¿Recuerdan el ultimo barco que fue tras ese mismo sueño? Solo un hombre regreso, y el tipo no paraba de repetir. “KRAKEN… KRAKEN” mientras lloraba y temblaba. Un par de días después se ato una piedra al cuello y se arrojo al mar. –

- Si... y si mal no recuerdo unas ves un grupo de soldados partió tratando de ir a Landemar. Lo único que regreso fue el barco y su cubierta era roja por la sangre de sus tripulantes. -

- Lo recuerdo, Los muchachos del puerto y yo tratamos por tres días de limpiar su cubierta, pero fue tanta la sangre que corrió por esa madera que quedo con un color rojizo y un olor a muerte. –

Los hombres que en un principio estaban riendo y burlándose ahora estaban silenciosos y sombríos, unos minutos de silencio dedicaron a la taberna.

Desde una mesa un anciano se puso de pie, alzo su jarra y dejo caer un poco de cerveza al suelo. – Por los perdidos en el mar y por los que aun no regresan. Por quienes parten en busca de un sueño y por quienes no lo encuentran. – Brindo por esos hombres.

Todos los hombres de la taberna se pusieron de pie, ese anciano era respetado, ni un sonido se escuchaba en ese lugar. Alzaron jarras y botellas y repitieron la acción del anciano. Luego se sentaron y mantuvieron silencio asta que el viejo tomo asiento.

Me mantuve callado por un momento y luego que el viejo tomo asiento me acerque al bar para hablar con el dueño.

- Busco a un amigo mío, Frey Jorson. Es un mercader de esta zona. – Mi voz era muy baja pero aun así se podía escuchar por el silencio de la taberna.

- ¿Ese maldito es tu amigo? Si es así será mejor que te vallas de mi taberna infeliz. – Respondió el tabernero mientras sacaba un garrote de madera de atrás de la barra.

- Bueno… la verdad es que me debe dinero, si pudieras decirme donde esta podría hacerlo pagar lo que sea que te halla echo. – En mi rostro una sonrisa nerviosa se hacia presente pues no quería meterme en una pelea todavía.

El sujeto se quedo mirándome fijamente, guardo su arma y se puso a hablarme del grupo de mercaderes que no me había querido pagar, al parecer yo no había sido su primera victima. Todos en el pueblo estaban en deudas con esos hombres y algunas personas estaban por perder sus casas.  El dueño del bar me dijo donde podría encontrar a los tres sujetos y más aun. Me hablo de lo alegres que estaban todos por que el hombre que era su jefe había muerto la noche anterior luego de meterse en una pelea de bar.

Al enterarse de quien había sido el asesino de ese hombre me dio un abrazo largo e incomodo y me sirvió una jarra espumosa de cerveza.

- No gracias… No bebo.- Tome la jarra y se la ofrecí a un hombre que estaba a pocos metros de mí. – No te preocupes por esos tres sujetos. Ellos no tendrán tanta suerte como su jefe. – Me pare de la silla y Salí caminando de la taberna. Ya tenía suficiente información y aun comenzaba la noche. Tal ves no me iría tan rápido de KeyBak después de todo.

Los siguientes días me dedique a buscar a mis tres queridos amigos mercaderes. El primero Frey Jorson fue encontrado muerto en su casa. Al parecer la muerte de su jefe fue tan devastadora que el pobre opto por atarse una cuerda al cuello y despedirse de la vida.

El segundo que vi fue a Jeyson, este sujeto vivía a pocos metros de la casa de Frey y fue un poco mas molesto al hablar. Después de una pelea frente a su casa termino enfermando y murió  al cumplirse mi cuarto día en Mirrizbak.

Era curioso pero aun que los hombres de las milicias preguntaban a los testigos, la gente siempre se negaba a hablar sobre lo sucedido, a nadie le importaban estos hombres. De echo, todas las noches celebraban en “El ancla oxidada”  sus muertes.

Para mí el día número siete fue el más entretenido y el más difícil de todos. Mi último compañero de viaje se encontraba escondido en una granja a las afueras del pueblo. Intento mucho no llamar la atención pero a la gente de Mirrizbak no le costaba nada hablar sobre donde lo habían visto. Cuando llegue a la casa donde estaba escondido fui recibido por un hombre destruido. El sujeto era solo un manojo de nervios, no había dormido en quien sabe cuantos días y mucho menos había salido de su escondite.

- Hey Ruisu… yo no tuve nada que ver con lo de esa noche. Sabes como era el jefe, que ¿podía hacer yo? Llévate lo que quieras de aquí. Toma mi oro pero perdona mi vida. – El hombre se arrastro asta mi y con un puñado de monedas trato de convencerme de perdonarlo.

-Lo siento amigo. Pero esto dejo de ser cosa mía hace mucho tiempo.- Tome mi daga lentamente con mi mano izquierda y puse mi mano derecha sobre su cabeza.

- Tienes que disculparte con la gente de este pueblo. Todos están muy tristes por lo que tu y tus amigos han estado haciendo.- ayude al hombre a levantarse y pude notar como comenzaba a respirar profundamente. El no había notado que mi mano sostenía mi daga, me miro fijamente a los ojos y dijo sus últimas palabras.

- Gracias… - Luego de eso solo se pudo escuchar el sonido de mi daga pasando por su tráquea. Lo tome en mis brazos y deje caer lentamente su cuerpo al suelo. Aun la noche no terminaba para mi, un movimiento circular y quedo su cabeza separada del cuerpo.

Mi mente estaba en blanco. En el gremio donde crecí me dijeron una y otra vez que no podía dejar cabos sueltos. – A veces solo hay que ser uno mismo. Para que la gente te respete. – le hablaba al cadáver aun sabiendo que no tendría respuesta. El frio en Keybak no me molestaba pues mi cuerpo estaba caliente y mis manos llenas de sangre.

Esa noche fue tranquila y silenciosa como la calma antes de la tormenta. Al día siguiente la cabeza de un hombre apareció frente al “hada amaestrada” clavada en una pica y con una nota.

Las deudas estan pagadas



-I Walk through the valley of the Shadow of death-
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-Because i know i'll kill my enemies when they come.-


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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Mar Feb 17, 2015 11:42 pm

Me hice la dormida durante minutos, quizá llegó a la hora. Pero no entró nadie por la puerta. Sólo oí cómo se cerraba ésta suavemente poco después de que yo entrara, y fruncí el ceño. ¿De verdad me estaba rechazando? Me sentía indignada. ¿En serio alguien me estaba rechazando? No me lo podía creer.

Me estiré entera en la que ahora me parecía una cama enorme, porque en teoría era una cama para dos personas. Al menos tenía espacio de sobra para mí misma. Pero no era lo mismo.
Me quedé boca arriba, mirando hacia el blanco techo, pensando en los eventos del día. Habían pasado muchas cosas hoy, y la verdad es que no era consciente de quizás los peligros a los que me había aventurado al hacer según qué acciones. Ofrecer a ese hombre mi compañía en una noche fría quizás era un poco arriesgado.  Aunque desde luego, a mí me gusta el riesgo.
Y si eso fuera poco, me arriesgué una vez a ser atravesada por una flecha en la frente.  
Cogí la almohada con ambas manos y la estampé en mi cara, respirando fuertemente durante unos segundos, intentando así disipar mi frustración. Pero mis brazos se relajaron levemente. Al menos podría dormir más o menos tranquila.

Mi sueño fue tan profundo que cuando desperté, el sol del medio día me iluminó y calentó el rostro. En el cuarto la temperatura ahora era mucho mejor que anoche, pues el sol parecía ser el sol de verano, a pesar de que las noches fueran muy frías. Era una extraña contraposición.
Me levanté de la cama, que seguía sin otro huésped, y estiré mis brazos y piernas. Allí no había espejos, así que no podía ver cómo me veía en ese momento, pero seguramente tendría el pelo algo revuelto y ligeramente rizado. Francamente, me daba un poco igual ahora mismo.
Me puse la ropa, y me até de nuevo la daga al muslo, me colgué el zurrón de la espalda, me puse los zapatos, y salí del cuarto con diligencia. Tomé la llave y cerré la puerta con dos giros del mecanismo.

Bajé a la planta baja, y me encontré al posadero limpiando la barra con esmero, mientras que en unas mesas ya había gente desayunando o incluso comiendo. Pero yo no tenía mucha hambre. Aun así, no estaría de más comer comida humana, para mantener el cuerpo físicamente estable. Tomé asiento en la barra y observé al tabernero, que me miraba con una media sonrisa de autosuficiencia.
- Buenos días, muchacha. ¿Qué tal ha dormido?¿Bien acompañada?
- Pues la verdad es que me sentí frustrada. Me dejaron como a una planta.- Repuse frunciendo el ceño, mientras me agitaba el pelo con las manos
- Por alguna razón, ese hombre desconfiaba de ti. Quizás consideraba que eres más peligrosa de lo que pareces. Es en cierto modo…. Comprensible, aunque no lo termino de entender. ¿Quieres algo para comer?
- Sí, por favor.  A ser posible, tráeme una rebanada de hogaza de pan, y tuéstamela, y ponle lo que tengas.- Repuse con un suspiro, cerrando los ojos mientras inspiraba lentamente
El hombre negó con la cabeza, sonriente, y se marchó a buscar la rebanada. Al rato volvió con la rebanada tostada, con un poco de aceite y una especie de pulpa roja por encima.
- Mira, te he traido una tostada con tomate machacado y aceite y sal. Creo que te gustará.
Sin más conversación, me comí la tostada. Y la verdad es que tenía un muy buen sabor. Nunca había comido tomates, y la verdad es que sabía muy bien.

Le agradecí el desayuno, y le di 5 monedas de bronce, y mientras me iba, el hombre me llamó la atención.
- Una cosa, debes saber que ese hombre te daba las gracias por tu hospitalidad.
Me di la vuelta, mirándole con un cierto recelo al principio, pero sonreí para mí. Quizás después de todo no era rechazo… Completamente no al menos.

Me marché de la posada, y miré a mí alrededor. La plaza estaba muy animada, y la gente iba de un lado a otro, concentrados en sus quehaceres. El mercado bullía de gente, y el sol radiante calentaba el aire, lo que daba lugar a una brisa relativamente cálida, en relación a la temperatura que acontecía en la noche.
Pensé para mis adentros que era un buen día para ir a buscar plantas para guardar.
En primer lugar, fui en busca de la costa, pero para ello intenté alejarme de la población, pues el puerto y las zonas circundantes no son buenas zonas para las plantas, ya que los barcos suelen llevar residuos varios, y lo que forma parte de los desperdicios los tiran allí mismo al agua. Así que descarté completamente la zona del puerto.

En la playa encontré algunas plantas que estaban no muy separadas entre sí. Se trataba de una especie de “cactus”. Aloe vera. Me sería muy útil, así que recorté unas cuantas hojas y las metí en el zurrón, cubriendo los cortes de la planta con las hojas de un bananero. Aproveché también para coger 3 bananas y las guardé en el zurrón.

El resto del día lo anduve recogiendo más plantas. Hojas de melocotonero, melocotones, y algunas setas shiitake.
Dormí en la misma posada que en el día anterior. Los días pasaban sin novedad. Lo que sí es que oí historias de muertes de mercaderes, muy siniestras éstas. No tenía mucha noción acerca de cómo se produjeron sus muertes.

Permanecí unos días más aquí, recolectando más plantas y estudiando la fauna y flora de las cercanías, pues podría serme útil. Y cómo no, a aprender a relacionarme un poco más. Y también buscaba a ese hombre que me había rechazado. La indignación fue tal que sentía que para mí era un reto. Por una vez en mi vida, sentí un fuerte orgullo en mí.
Es que es imposible. ¿Cómo tan siquiera pudo ser capaz de ignorarme así como así? Hmfff…
Apreté los labios y fruncí el ceño, frustrada. Es que aún, a pesar de que habían pasado 6 días ya, no me terminaba de creer lo que había pasado. Para mí era indignante que un chico no hubiera caído con mis encantos.
Llegó el séptimo día, y paseando por la plaza, me encontré clavada en una estaca, frente a la posada El Hada Amaestrada, una cabeza, con una nota. Mi cuerpo hizo un aspaviento de temblor. Era escalofriante encontrarse una cabeza clavada en una estaca ¿Quién haría algo así?
Aunque la inscripción decía “Las deudas están pagadas”… Qué raro. ¿Qué querría decir eso?

Ese día pasé junto al puerto, temprano en la mañana. El sol estaba saliendo por el horizonte desde hacía al menos 1 o 2 horas, con lo que la luz era perfecta. Y vi que un barco viejo estaba empezando a ser restaurado. El nombre del Mercante Anciano se podía ver reluciente en su casco, en la proa. Qué curioso. Era un barco con un aspecto, aunque viejo, muy bonito.

A pesar del aspecto estropeado del barco, quise acercarme a verlo un poco. Aparentemente estaba vacío. Miré a un lado y a otro, y de un salto, me posé sobre la cubierta del barco. Al caer, la madera se quejó, supuse que de vieja. Me acerqué a la proa del barco, a observar el vasto mar. Y efectivamente, era enorme, aunque se podía divisar una silueta al final, quizás de otra zona de tierra.
Me apoyé sobre la baranda de proa, dejando caer la barbilla sobre los dos brazos, que estaban apoyados sobre la baranda de madera vieja. Mi pelo se mecía en el viento, cayendo a un lado de mi cuerpo.


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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Necross Belmont el Jue Feb 19, 2015 12:48 am

Ya había amanecido, y el hombre del parche estaba despierto antes de que llegara el alba. Estaba mirando el tejado, pensando en lo aburrido que sería el nuevo día. El tejado era de madera, un pequeño haz de luz se colaba por una de las cortinas, la ropa de Necross estaba tirada sobre una silla, y sus armas muy cerca de la cama.  Con la mano derecha se masajeaba la cara, sin tener ningún ánimo por levantarse. Una parte de él estaba agradecida de que no tuviera que exponer su vida para salvar la de Hanton, pero alguien muy dentro de él gritaba que pasara algo, que usara la mandoble o golpeara a alguien. ¡Que hubiese algo de movimiento!

Pero no, sus gritos no serían escuchados. Así que como cada mañana, durante estos tres días, el hombre del parche se levantó, maldijo la falta de dinero, y se vistió. Luego salió de su habitación, y fue donde Preich para presentarse a un día más de trabajo.

Como siempre se puso el parche en el ojo derecho, se equipó con sus armas, y rezo porque el día acabara pronto. Hanton por alguna razón le había tomado aprecio a Necross, no dejaba de vanagloriarse con sus cantidades de dinero, con sus sirvientes, con sus posesiones; mas el hombre del parche cada vez que hablaba Preich, solo respondía con un “ajá, ya veo, muy interesante.”   Youdar tenía mucha más suerte, el barón parecía despreciarlo, era notorio que no se interesaba tanto en él. ¡Maldito sea el enano por no tener que aguantar tantas estupideces!

El cuarto día tendrían que escoltarlo al muelle, con alguna suerte el hombre se tropezaría, caería al mar y se ahogaría…-No, ¡no! Debes protegerlo y volver con Nadine.- Necross se sacudió aquellas ideas, e intento concentrarse en las palabras del barón.

- …Ese es uno de mis grandes orgullos…

-Ajá-

- …y ese también es mío…-

-Ya veo.-

- ...Ah, mirad, Belmont...-

-Muy interesante.-

Luego el enano hizo cierto comentario, Necross estaba con las manos atrás, mirando hacia el horizonte, pero no pudo evitar reír cuando escucho las tenues palabras de Youdar. Pero debía mantener la compostura, así que miro al cielo, y volvió a su seriedad tan querida.  El trato con el barón supuestamente duraría solo una semana, pero este le había comentado al hombre del parche que requeriría por más tiempo de sus servicios.   En su momento Necross no respondió, pero era seguro que Preich volvería a preguntar.


El día de pago quizás fue el más interesante, porque las indirectas de Preich desaparecieron. El enano fue el primero en recibir el pago, y todo el desprecio del barón.  El hombre del parche escucho atentamente la conversación, siempre dándole la espalda al enano, y protegiendo la de Preich.  La discusión se tornó despectiva por parte del barón, y eso no le gusto para nada a Necross.  El enano se fue disgustado, pero eso ya era tema del pasado, ya que ahora le tocaba al hombre del parche su paga, pero… lamentablemente las cosas nunca son como uno piensa que serán.

En aquel momento la posada estaba tranquila, Preich invito a Necross a sentarse y conversar, el hombre del parche no dijo nada, pero se sentó se igual manera.

-Maese Belmont, le tengo una proposición.-

Necross arqueo su ceja, y sin decir nada miro con extrañeza a Preich.

-Le daré la mitad de su pago ahora, necesito que sus servicios se extiendan por más tiempo. Planeo un viaje, y no me gustaría perder a tan buen guardaespaldas.-

Necross comenzó a rascarse el cuello, dio un fuerte suspiro, y negó con la cabeza.

-Ese no fue el trato.-

-Lo sé, lo sé muy bien. Pero piénsalo, te pagare el doble cuando el trabajo termine.

-No quiero el doble, quiero lo que acordamos, hoy, si no es mucha la molestia.-

-Pues vera maese Belmont, yo soy el que tiene las monedas. Así que, o me acompañas, o te quedas sin nada.-
Necross bajo la cabeza, y comenzó a reír.

-Pues tiene toda la razón, haremos las cosas a su manera.-

Aquella noche se sentía tranquila en el hada amaestrada, había unos pocos clientes comiendo más que bebiendo, unas cuantas moscas volando que interrumpían el silencio del lugar. No era un silencio monótono, más bien tranquilo, se sentía paz alrededor, eso, hasta que el hombre del parche con su mandoble rompió la mesa que lo separaba de Preich.

-Tuve que aguantar tus mierdas durante una semana, durante una semana aguante el aburrimiento, la monotonía, e incluso el desprecio ante el enano. ¿¡Ahora dices que no me pagaras!? O me das la bolsa de dinero, ¡o ese viaje tuyo se verá interrumpido por mi mandoble!-

Preich cayó de su silla asustado, más grito que el que detuviera al maleante de Necross, se ganaría tres monedas de oro.  Un par de comensales se levantaron inmediatamente de sus sillas, y se aprontaron a detener a Necross, quien lentamente, con mandoble en mano, se acercaba al barón.  Uno de ellos con una silla intento atacarlo, más el hombre del parche se defendió con su mandoble, la silla se rompió al chocar con el acero, y el enemigo aprovecho de darle un puñetazo a Necross. El hombre del parche retrocedió dos pasos, hizo ademan de dar un sablazo con su mandoble, pero al momento en que el hombre intentó esquivar, la soltó. Con el impulso que logro, y el hombre un tanto confundido por el ataque jamás realizado con la mandoble, no vio cuando el puñetazo le llego en la mejilla izquierda, Necross lo golpeo con su brazo izquierdo, aquel brazo hecho de acero.

El otro hombre que intentó atacar al hombre del parche se había ido a recoger el mandoble que este había botado, mas no pudo levantarla adecuadamente, y recibió un puñetazo del puño de acero.

Entonces Necross recogió su arma, la dejo descansando en su hombro derecho, mientras la sostenía del mango con la mano derecha.  -¿Y bien?- Dijo con el rostro serio, estaba enojado, no lo demostraba en su tono de voz, o en su expresión, pero si en su frente había aparecido una hinchada vena.

Preich, asustado, comenzó a gritar que pagaría, lanzo un pequeño saco a los pies de Necross y luego unas monedas de oro sueltas. -Fue un placer hacer negocios con usted, barón.-  

Una sonrisa maliciosa se dibujó en Necross, miro Preich y  aun sonriente le comento:

-Pensándolo bien, todos los problemas que me ha causado no valen estas monedas, quiero algo más, maese Preich.-

-//-

El amanecer había llegado, pero esta vez no encontró a un Necross despierto y angustiado, el hombre del parche dormía plácidamente, mientras la baba corría por su boca e impregnaba la almohada.  Necross siguió durmiendo hasta el mediodía, y fue porque un haz de luz le alcanzo la mirada y lo fastidio,  o si no hubiese seguido durmiendo hasta quizás qué hora.

Lo primero que hizo cuando despertó fue secarse la saliva que goteaba tenuemente por la comisura de sus labios, luego procedió a ordenarse un poco el cabello, que como todas las mañanas estaba sobre su rostro.  Se sentó en el borde de la cama y sintió algo de frio, luego volvió a acostarse y acurrucarse con las cobijas, se quedó en la cama por media hora más.

Al final se obligó a sí mismo a levantarse, maldijo a todos los dioses que conocía, y a los que no también, por el frio que se sentía en el ambiente.  Se vistió, arreglo sus armas y su parche,  y antes de  la habitación arrendada, tomo un trozo de papel que reposaba en una de las repisas.

https://www.youtube.com/watch?v=y6uxvv7Yl_w

El día estaba soleado, el ambiente se sentía delicioso, los barcos atados a  los muelles se movían al vaivén de las olas que suavemente los tocaba. La gente, alegre por el buen clima, se saluda con caballerosidad, los rayos de sol los hacía sentir bien, y el mismo clima otorgaba una paz inquebrantable, eso, hasta que un tipo con una mandoble en la espalda se acercó corriendo a los muelles.


El hombre del parche después de salir de la posada en la que se alojó, y caminar un par de calles, noto que era seguido por dos tipos, luego fueron tres. Pero estos sujetos se veían bien armados, ataviados en elegantes y brillantes armaduras ¡era la guardia local! -¡Maldito seas Preich!- Grito mientras escapaba, su disimulo fue nulo, apenas vio que lo seguían comenzó a correr para intentar perder a sus acosadores entre los callejones.  Al notar que lo había conseguido, se dirigió a los muelles nuevamente. Corriendo busco entre los barcos aquel nombre que le hiciera sinapsis. Había olvidado el nombre del barco que el amigo enano había conseguido por parte del barón, así que iba leyendo los nombres mientras corría.

Al final lo encontró, en el barco más feo, dañado, y notoriamente viejo.  De un salto, y un tanto agitado, el hombre del parche con un gesto de su mano saludo al enano. Ahí noto a una muchacha de cabellos rojizos, ¿quizás los había interrumpido? Su rostro le parecía familiar, pero al ver primero al enano,  y bajar la vista, para cuando la subió, no se estaba fijando en el rostro de la mujer.

Sin perder más tiempo, el hombre del parche se dirigió a Youdar.

-Maese enano...- Cuando Necross decía “maese” o hablaba con una algún tipo de respeto, siempre lo hacía a modo de broma, incluso se notaba el sarcasmo en sus palabras -te tengo dos  noticias, una buena y una mala.- El hombre del parche le entrego un papel, en este decía que Preich cedía todos los derechos del barco a Youdar, incluso estaba legalizado con un lindo sello, lo cual lo hacía oficial. - Esa es la buena, la mala es que me está siguiendo la guardia, que de seguro mando el barón, y vendrán por ti también… así que tenemos que salir de aquí lo más rápido posible.-

El hombre del parche comenzó a rascarse la cabeza, y dio un pesado suspiro. -Lamento que sea así, pero sospecho igual sabias que el barón no te iba a dejar tranquilo tan fácil.

Y sin decir más sonrió de manera leve, mirando hacia los tablones del muelle, esperando que llegaran los guardias.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Youdar el Sáb Feb 21, 2015 1:48 am

Mientras caminaba por la bodega, el enano se sentía dolorido. Tenía la sensación de que le hubiesen partido la espalda por la mitad, y podía sentir sus propios latidos en la cara, que estaba bastante hinchada. Dedicó unos minutos, antes de ir en busca de Necross Belmont, a arreglarse la barba, algo que no había hecho durante toda la semana al servicio de Preich Hanton. Unos cortes aquí y allá, y su vello recuperó el tacto suave que a Youdar le gustaba. Desde que emprendió su viaje, año y medio atrás, el carpintero no pasaba un mes sin recortarse la barba, pero le gustaba hacerlo, como mucho, cada tres días, algo que el mar (y los barones pomposos) no siempre permitían.

El afeitado le hizo recordar las enseñanzas de su madre, cuando era mucho más joven: “Los humanos creen que a un hombre se le mide por su altura, los elfos creen que se les mide por su edad y nosotros creemos que se les mide por la longitud que tenga su barba. Por supuesto, todos nos equivocamos, pero eso ya lo sabes, ¿verdad, Youd?”. Claro que lo sabía, por supuesto, y si lo olvidaba siempre había gente como Perik, o incluso Pelos, dispuestos a recordárselo. A un hombre se le mide por sus decisiones, y Youdar había decidido que rompería la maldición sobre su sangre, le costase lo que le costase. Ahora estaba mucho más cerca de conseguirlo pues, por primera vez en su vida, tenía un barco que podía llamar suyo, y las pocas pistas que tenía le conducían mar adentro, a Landemar, la legendaria ciudad sumergida del Triángulo de Noreth.

El enano, después de mesarse la barba repetidas veces, sacó de su macuto de piel la muda de reserva. Tras la pelea en El Ancla Oxidada, su ropa había quedado manchada de sangre, y no le parecía la vestimenta más adecuada para alguien que busca una tripulación, y mucho menos para convencer a Belmont de que su idea podía llegar a buen puerto. Youdar necesitaba que el tuerto confiara en él, pues el enano no tenía ni un kull, y sin dinero no hay suministros ni, mucho menos, tripulación. El carpintero esperaba que Necross tuviese suficiente dinero para costear su expedición, tras el pago de Preich Hanton; eso, claro, suponiendo que no se hubiese marchado de los Montes Keibak junto al barón (o que no se hubiese gastado todo en bebida).

Mientras Youdar se calzaba sus botas, sentado en el jergón, escuchó unos pasos en la cubierta del Mercante Anciano. Acarició a Pelos para tranquilizarle pues había dado un respingo, con el pelo erizado, por el crujir de la vieja madera. El enano terminó de calzarse, y se ajustó bien el cinturón con la espada. Dejó junto al jergón el resto de sus cosas, así como su escudo y su hacha, pues no se habían oído más que los pasos de una sola persona. Intentó poner cara intimidante mientras subía hacia la cubierta, con Pelos a su lado, lo cual le recordó la malhumorada cara que ponía su padre siempre que hablaba con extraños. En cuanto puso un pie en la cubierta, llevó su mano a la empuñadura de su espada, junto a su cintura, y, sin quitar aquella cara de pocos amigos, buscó a su “invitado”.

En un primer vistazo Youdar no divisó a nadie en El Mercante (aún le costaba pensar en él como “su” barco), pero después se fijó en una figura femenina, que se encontraba asomada por la baranda de proa, la cual se había vuelto rápidamente hacia el enano al oírle subir. El enano, al ver que se trataba de una mujer, quitó su cara de pocos amigos, pero no quitó su mano del puño de la espada. A grandes zancadas (todo lo grandes que le permitían sus piernas) se acercó a ella, dispuesto a interrogarla sobre sus intenciones pero, a cada paso que daba y mejor podía ver a la mujer, menos sentía ganas de someterla a un interrogatorio sobre sus intenciones allí. Se trataba de una elfa, de larga melena, algo rizada, que le caía hasta media espalda, con unos rasgos faciales finos y grandes ojos castaños. Su piel era clara, pero bronceada, y sus labios carnosos y sonrosados. El enano, cuando se sitió a un metro de ella, notó como de todo el ímpetu con el que salía de la bodega, dispuesto a imponerse sobre el intruso, ya no había ni rastro.

Intentó sonar, al menos, molesto por su presencia, pero todo cuanto salió por su boca fue –Buenos días- el enano se detuvo, observando a la elfa y, por algún motivo, en lugar de esperar su respuesta, dijo –Unamañanapreciosa, ¿verdad?- estuvo a punto de golpearse en la frente, ¿por qué se atropellaba al hablar?
-Buenos días, señor. Ciertamente, hace una mañana preciosa- dijo la elfa. A Youdar le molestó que le llamase “señor”; sólo tenía 84 años, era joven para su raza. La elfa se acercó a Youdar, que se empezó a sentir acalorado- Siento haberme inmiscuido en su nave sin su permiso. Sólo tenía... ilusión por ver cómo era subirse en una.
-¡Si quieres te la enseño!- dijo el enano, con entusiasmo y nerviosismo, pues la elfa cada vez estaba más cerca, pero en ese momento Youdar se dio cuenta de cómo habían sonado sus palabras, pues ella detuvo en seco su avance, llevándose la mano al pecho.
-Espera…¿enseñarme qué?
-¡La nave! A eso me refería- dijo el enano, totalmente rojo como un tomate de la vergüenza por el posible malentendido.

En aquél momento, su conversación fue interrumpida, pues alguien más había saltado a bordo del Mercante Anciano. La sorpresa del enano fue mayúscula, y su cara así lo dejaba ver, pues se trataba del mismo hombre al que Youdar pensaba ir a buscar.
-Maese enano- dijo, algo sofocado, Necross- te tengo dos noticias, una buena y una mala.
La buena noticia era una magnífica noticia. El tuerto, de algún modo, había convencido a Preich Hanton para que le firmara a Youdar el escrito donde atestiguaba que El Mercante Anciano ya no era propiedad del barón sino del enano.
-Esa es la buena, la mala es que me está siguiendo la guardia, que de seguro mando el barón, y vendrán por ti también… así que tenemos que salir de aquí lo más rápido posible. Lamento que sea así, pero sospecho igual sabias que el barón no te iba a dejar tranquilo tan fácil.
Realmente, Youdar no pensaba que Hanton fuese a darle más problemas, pues creía que, para el orgulloso barón, había sido suficiente con romper el contrato de propiedad en las mismas narices del enano. Una vez más, Youdar se equivocó al juzgar hasta dónde podía llegar la mezquindad de una persona.

-¡Inbare!- (“¡cuernos!”) maldijo el enano en su propio idioma, el cual no era muy dado a usar. –Tendréis que obedecerme si queremos salir de ésta, éste viejo cacharro tarda en desplegar sus velas y parece que los amigos del barón ya están cerca- en el puerto podía verse un gran revuelo, como el que sólo son capaces de formar unos guardias siguiendo el olor del oro que promete un noble. –Necross, la vela mayor, despliégala –dijo el enano y, por si Necross no le había entendido bien, gritó señalando -¡Tira de esa cuerda!, y tú, señorita, recoge aquella otra cuerda, la del trinquete.-aquella vez no le había temblado la voz, pues la situación no estaba para tales menesteres. El enano, deseando que los dos le hubiesen hecho caso, corrió hacia la cadena del ancla, la cual empezó a recoger con toda la velocidad que le permitían sus brazos, y mientras lo hacía vio que Pelos se encontraba en la parte central del barco, como si se tratase del contramaestre. El enano notaba un sudor frío recorrerle la espalda y, fruto de su nerviosismo, rogó en voz alta a su dios –Ahora nos vendría bien algo de viento, Karzun, por favor- y según esperaba que este llegase, se aferraba con cada vez mas fuerza al metal de la cadena, mientras sentía cómo el tumulto del puerto estaba cada vez más y más cerca del Mercante Anciano.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Sáb Feb 21, 2015 11:48 am

Oía pasos subir por la escalera, y me di la vuelta rápidamente. Seguramente el dueño de este barco estaría molesto porque me hubiera colado en él, y ya iba predispuesta a excusarme, pero para mayor seguridad, le induje a aquel hombrecillo de cabello oscuro una imagen de cómo más me desearía él, sin tener yo ni idea de cómo me estaría viendo. Al principio parecía tener cara de pocos amigos, pero poco a poco, su apariencia gruñona se disipó en un rostro sonrojado. Se acercó hasta mí, y me dio los buenos días, hablando del tiempo, pero de forma atropellada. Sonreí para mí con afabilidad. Su atropello al hablar lo hacía inevitable.. Este hombrecillo parecía muy nervioso, pero tenía un aspecto muy amigable. Aunque ahora que lo pensaba… Me sonaba su cara.

-Buenos días, señor. Ciertamente, hace una mañana preciosa-
Repuse con una ancha sonrisa. Aunque ésta se fue disipando levemente en un sentimiento de culpa. Bajé de la zona de proa y me acerqué a él con un paso lento, bajando un poco la cabeza
Siento haberme inmiscuido en su nave sin su permiso. Sólo tenía... ilusión por ver cómo era subirse en una.

Entonces él se ofreció a enseñármela, y me quedé un poco pensativa, y me sonrojé para mi. Un pensamiento algo “oscuro” me vino a la mente en aquel momento.
- Espera... ¿enseñarme qué? Repuse agitando la cabeza algo desorientada por su enérgica respuesta. Puse una mano en mi pecho, hundiéndola entre ellos, un poco avergonzada por el pensamiento que me azotaba ahora mismo

Rápidamente aclaró que se trataba del barco, y se puso rojo de vergüenza. Me dieron ganas de abrazarle, pero antes de que lo hiciera, entró un hombre con un parche en el ojo. Ciertamente también me sonaba.
Me quedé escuchando lo que decía, ladeando la cabeza de forma pensativa. Así que este hombre acababa de ser dueño de este barco. Vaya. Pero entonces el caballero con barba se puso a moverse y a dar órdenes para hacer zarpar el barco. Atendí con presteza a su petición de tirar de la cuerda, y tiré con todas mis fuerzas de ella, para después enrollarla alrededor del mástil. Me quedé a la espera de poder ayudar más en todo lo que pudiera, mientras que el enano rezaba por poder conseguir algo de viento. ¿Podría yo conseguir algo de viento? La única manera que se me ocurría era aletear, y no creo que fuera buena idea. ¿Y llamar a Jackie para generar calor y así producir viento? No estaba segura de que fuera suficiente, pero podría valer.
Sin embargo, de hacerlo… Pues no sabía qué podría pasarme a mí después. Me encontraba en una encrucijada.


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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Ruisu EvandHell el Lun Feb 23, 2015 7:42 pm

Me encontraba durmiendo tranquilamente en el “Ancla Oxidada” pues la noche anterior no había encontrado una posada donde quedarme y tras hablar por un rato con el dueño, este había me había invitado a pasar la noche en su taberna. Mientras tanto una intensa línea de sol entraba por un agujero en el techo e iluminaba mi rostro de tal manera que hacia imposible seguir dormido.

Abrí los ojos más por obligación que por querer despertar, me puse de pie lentamente y camine hacia el bar para buscar algo de agua. Mientras caminaba tropezando y a duras penas manteniéndome en pie podía sentir el frió de la madera por la cual caminaba, un frió tan intenso que tras dar un par de pasos más estar decidí regresar y ponerme mis botas.

Luchaba por mantener mis ojos abiertos y luego de colocarme las botas me di un par de golpecitos en el rostro para tratar de despertarme. – Ya Ruisu, no puedes dormir todo el día. Aun tenemos mucho que hacer. – Me dije a mi mismo pues en esa taberna estaba completamente solo.

Camine de nuevo hacia la mesa del bar y me incline sobre ella para tomar mi bolsa, saque un pedazo de pan y lo corte a la mitad para luego acomodarme en una de las mesas y darme unos minutos para comer. A fuera del local podía oírse un tumulto de gente, entre todo el ruido de caballos y personas una voz fuerte podía oírse fácilmente.

-¡Rodead el lugar! Si le dan la oportunidad el no dudara en matarlo así que estad atentos... –  Su tono de voz parecía el de un soldado con algo de rango, mis sospechas se confirmaron al oír que al menos cuatro hombres respondían al unísono a cada una de sus órdenes. – ¡Si capitán! – decían los otros sujetos.

Mientras tanto yo disfrutaba de ese desayuno ligero y pensaba en lo que debería hacer durante ese día,  Me estaba acostumbrando al clima frió y tranquilo del lugar. La gente era amable y era sencillo pasar desapercibido algo que en muchas partes de Noreth es mucho pedir.

Termine mi pequeña comida y me prepare para iniciar el día. Acomode mi cabello y me coloque la bolsa de cuero al hombro, de forma que quedara oculta bajo mi capa. Arregle mi capucha para cubrir mi rostro y me acerque a la puerta para salir de la taberna. Aun podía escuchar a los soldados así que antes de abrir me asome con sumo cuidado por una de las ventanas. Moví las cortinas que la cubrían y fue entonces cuando entendí el porque de tanto alboroto.

Música de ambiente.:

Frente a la taberna unos cinco o seis soldados con espadas en mano se preparaban para entrar, al ver este espectáculo rápidamente me eche para atrás y me dispuse a buscar alguna forma de escapar.  – ¡Mierda si que e tardado en notarlo! ¿A quien demonios estarían buscando por estas calles? Ha faltado poco Ruisu muy poco. – Corrí hacia el bar esperando encontrar alguna forma de escapar. Pero mi sorpresa fue aun mayor al notar que algunos soldados estaban golpeando la puerta de atrás para poder entrar.

- Por el poder que nos confiere la ciudad de Mirrizbak te ordenamos que te entregues. Cualquier intento por resistirte será respondido con la misma violencia. – dijeron los soldados mientras trataban de derribar las puertas.

El tiempo no estaba de mi lado, estaba rodeado y no podía pensar en una forma de escapar. Por mi mente pasaban imágenes de lo que me podría esperar en las celdas de la ciudad un destino sin duda nada lindo para mí. Saque mi daga y me pare en medio de la taberna, si me atraparían no seria nada fácil para ellos, estaba decidido a escapar o morir. Pero al ver a mi alrededor pude ver una luz de esperanza para mi, mire hacia el techo y vi con una sonrisa el agujero por el cual entraban algunos rayos de sol.

Ya estaba decidido y tras amontonar unas cuantas mesas y escuchar la puerta trasera romperse di un salto y me agarre el agujero en el techo.  Con una de mis manos empecé a golpear la madera podrida del techo, tras varios golpes mi mano comenzó a sangrar pero el dolor no importaba en ese momento pues no podía dejar que me atraparan. Me tome del agujero y con un esfuerzo logre pasar por el agujero y llegar al techo.

Una vez allí comencé a correr por los tejados de la ciudad tratando de alejarme lo más posible de quienes me seguían, los soldados comenzaron a correr de un lugar a otro. Algunos lograron subir al techo usando mi ruta de escape y comenzaron una persecución en las alturas. Sus armaduras pesadas les dificultaba mucho saltar y moverse con agilidad, una ventaja que pude aprovechar para aumentar mi distancia a medida que avanzaba.

- ¿Y ahora que Ruisu? Hay que encontrar la forma de salir de aquí. – me decía a mi mismo mientras seguía corriendo y luego de recorrer un par de casas pude ver lo cerca que estaba del puerto. – ¡Eso es! Si llego a uno de esos barcos podre irme de la ciudad fácilmente. – cambie de dirección y al ver que una carreta pasaba por la calle salte sobre ella para amortiguar mi caída. Esto me recordaba mucho a mi último viaje a Thonomer, una sonrisa adorno mi rostro y una emoción inundo mi cuerpo pues eran buenos recuerdos y disfrutaba de poder correr en libertad.

Al estar en la calle note que ya no habían soldados tras de mi. Podía escuchar el ruido de sus caballos y los gritos de su capitán, pero no los pude ver a mí alrededor. Había logrado despistarlos, al menos de momento. Sin perder el tiempo empecé a moverme hacia el puerto, no corría pues no quería llamar más la atención.

Miraba cada uno de los barcos en busca de alguno que estuviera partiendo, todos parecían desiertos, no había nada que me indicara que estaban por zarpar y mientras seguía caminando por el puerto pude notar que unos pasos se acumulaban tras de mi.

-Actúa calmado Ruisu, solo son algunos marineros, no debes hacer movimientos bruscos ni llamar la atención. – Murmure para mi mismo, mientras aumentaba levemente el paso.

Mientras mas trataba de alejarme mas pisadas podía oír tras de mi, trataba de mantenerme calmado pero al mirar al frente note que ya un grupo de soldados me esperaba al final del camino. – ¿Como sabían que vendría por aquí? – ¡No podía ser casualidad! Esos soldados estaban para bloquearme el paso. Mire a un lado y al ver que el ultimo barco estaba por izar velas decidí correr hacia el y esperar lo mejor.

- ¡Atrápenlo! Que no escape. – grito uno de los soldados tras de mi, pero por alguna razón el grupo que estaba frente, no parecía escucharlos. Sus miradas se mantenían fijas hacia el barco que estaba por zarpar.
Mis pulmones ardían en mi pecho, mis piernas se quejaban de dolor. Ya no podía seguir corriendo pues la fatiga comenzaba a golpearme y aun estaba lejos del barco que estaba por abandonar el puerto. Vi entonces que mi única oportunidad de escapar era saltar desde el muelle.

Los soldados tras de mi comenzaban a acercarse, ya no eran solo cinco o seis. Eran más de veinte soldados los que me seguían. El ruido de la persecución se podía escuchar en todo el lugar, la madera por la que corríamos se quejaba con cada pisada y lo que era peor. Algunos caballos podían verse a la distancia.

Los soldados frente al barco notaron la gran cantidad de personas que corrían hacia ellos y sacaron sus espadas para frenar mi escape. ¡Ahora si! Todo estaba decidido, solo una oportunidad tenía para saltar y no la perdería. Tome una gran bocanada de aire y puse mis brazos frente a mi, haría mi ultimo esfuerzo y saltaría al barco o seria atrapado y tal ves condenado a muerte por mis actos.

Al estar a un lado del barco vi que la cadena del ancla estaba siendo levantada, -¡Esa es mi ruta de escape! – Pensé y tras girar de imprevisto hacia el borde del muelle, di un salto de fe hacia el barco. Los soldados frente a mi quedaron se quedaron inmóviles viendo tal acción.

Apenas había logrado sujetarme con una mano, la cadena estaba mojada y resbalosa, mi mano aun sangraba y tenia leves heridas. Pero aun así había logrado escapar. – Mis respetos soldados, por un segundo pensé que me atraparían. – les dije mientras mantenía una risa burlona y con algo de dificultad subía por la cadena.

Mientras subía recordé que era la primera vez que me montaba en un barco, me sentía como un explorador y la emoción por mi escape no me dejaba pensar en otra cosa. Subí por la cadena y al poder  tomarme con las dos manos de la baranda de proa, di un salto para subir a bordo.

Al pasar mi cuerpo por sobre la baranda no pude evitar golpear a una persona, el golpe había sido realmente fuerte, como si de un muro se tratase. Me puse de pie y pude notar a un enano sentado en el suelo del barco. Al parecer el era el muro que había azotado y no parecía feliz por eso.

- ¡Disculpa! Me dijeron que necesitan tripulación y al ver que se iban sin mi eche a correr lo mas que pude. ¡Mi nombre es Ruisu! Cazador, Asesino y mercenario a sus servicios. – Con una ligera reverencia ofrecí mi mano al enano para ayudarlo a levantarse, pero lejos de aceptar mi ayuda el pequeño hombre decidió recibirme con un gran golpe en el rostro. Golpe que me mandaría a dormir por un par de horas.

Al despertar estaba amarrado a una silla en lo que parecía ser el almacén, el enano estaba frente a mi acompañado de otro hombre que parecía tener un parche.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Necross Belmont el Mar Feb 24, 2015 1:25 pm

-La vela mayor… ¿Cuál demonios es la vela mayor? ¿Esta? ¡¡Aahh!!-

Los guardias ya habían llegado,  la tensión dentro del barco crecía a medida que más se acercaba la guardia de la ciudad. El hombre del parche solo se limitó a seguir las órdenes del enano, pues este parecía capaz de llevar la nave, no es que simplemente la tuviera en su poder, el parecía un verdadero capitán.

Cuando Necross corrió detrás de Youdar, para ayudarlo con el ancla, vio como un hombre volaba desde el muelle. El hombre se sujetó del ancla, lo que aumentó más el peso, gracias a la fuerza del enano el hombre del parche no se fue hacia adelante cuando sintió el peso extra. -Desde que te conocí, maese enano, ¡solo me has traído mala suerte!-  Entonces el ancla, y el hombre volador subieron.

El hombre volador cayó sobre Youdar, Necross los dejo ahí para que el capitán se encargara del polizonte. El hombre del parche se había acercado a la vela mayor, y usando la poca habilidad que tenía sobre el aire, empezó a impulsarla. Claro, si se trataba de la electricidad en el ambiente, Necross podría causar rayos y truenos, pero cuando del aire se trataba… su habilidad era prácticamente nula.

Cuando el hombre del parche se voltio, estaba viendo a Youdar y el hombre volador peleando. Aparentemente el polizonte se llamaba Ruisu. Cuando Necross intento acercarse, el polizón ya estaba inconsciente, poderosos son los golpes de un enano, es mejor mantener distancia con sus nudillos.

El enano se llevó el cuerpo inconsciente del hombre volador a otra parte del barco, Necross no tenía idea donde. Fue ahí que volvió a notar al cuarto personaje de todo este teatro, a la mujer de cabellos rojos y rostro familiar. Era bastante bella, pero había un cierto aire inquietante que no convencía al hombre del parche, algo sobre ella le molestaba a Necross, aunque no podía descubrir que era.  

Inquietante o no, la mujer uso un tipo de magia para hacer que el barco tomara más velocidad, al paso  de unos minutos, el mercader anciano ya estaba lejos del puerto.

El viento mecía levemente los cabellos de Necross y la mujer desconocida, el hombre del parche se quedó mirando el océano, sintiendo como la briza del mar le revolvía los cabellos. De reojo, y ocasionalmente, miraba a la mujer de cabellos rojos, el peligro del momento había pasado, ella se veía como un alma apacible… todo estaba bien.

-Muchas gracias, señorita.-

Comento Necross, con una mano en alto, y una sonrisa en la cara, su ojo libre miraba el rostro de aquella mujer, más nunca la miro a los ojos, se había fijado en otros rasgos. Sin decir más siguió al gato compañero del enano, el animal corrió presuntamente donde su dueño, ahí el hombre del parche recordó que Youdar se había hecho con un prisionero.

Necross miraba tranquilamente como el enano amarraba al polizonte a una silla. El hombre del parche espero a que el enano terminara con su tarea para hablarle, se quitó algunos cabellos que le cubrían el rostro, y dijo: -Muchas gracias por la ayuda maese enano, pero yo me quedo en donde atraquemos. Ahí veré como me las arreglo.- Fue ahí cuando Youdar hablo sobre su propuesta, Necross tenía el dinero, o algo de dinero, el problema es que su viaje se alargaría muchísimo más si acompañaba al enano.

Y lo discutían todo, en frente del hombre volador, que yacía inconsciente y atado.

Pero el enano, terco como cualquiera de su raza, no acepto la negativa del hombre del parche, e intento persuadirlo una vez más, con promesas de dinero. Y la verdad es que Necross lo necesitaba, así podría salir mucho más pronto con su pequeña del lado de los elfos.  Después de varios minutos de conversación, el hombre del parche termino aceptando la propuesta,  Youdar podía ser bastante persuasivo si se lo proponía.  La idea de buscar algo en medio del mar, con supuestos innumerables tesoros, le hicieron recordar aquel tan fatídico viaje de su vida pasada, solo que esta vez, él estaría listo para cualquier adversidad. El espíritu del hombre del lobo volvía a renacer, aquel que hacia idioteces solo por la emoción de hacerlas.

El polizón volador despertó en el momento en que Necross aceptaba, el hombre del parche con un gesto de su cabeza, invito a Youdar a salir del almacén, aun habían cosas que discutir, y el llamado Ruisu no iría a ningún lado.  Necross camino hasta la puerta del almacén, desde donde podrían vigilar al polizón.  

-Tengo tres monedas de oro, con una puedes vivir por un mes sin mayores lujos.- Comento jugueteando con una moneda entre sus dedos. -Te prestare las tres, y dos de plata, yo me quedare con las tres monedas de plata restantes. Cuando toquemos puerto iremos a conseguir gente, luego  de eso, con las personas que nos acompañen, buscaremos provisiones.- El hombre del parche saco de una bolsa las monedas prometidas y se las entregó a Youdar, luego se rasco el cuello y suspiro. - Espero sepas lo que haces, no me puedo permitir gastar a diestra y siniestra.-

Al terminar de hablar, Necross le estiro su mano izquierda a Youdar, aquella mano de acero,  para cerrar el trato. -Eso sí, al tipo amarrado no lo liberes hasta que estemos en el mar nuevamente. Si escuche bien ofreció sus servicios cuando salto al barco, es mejor asegurarse de que cumplirá, ¿no?-  El hombre del parche sonrió una última vez, pero su sonrisa se fue tan rápido como había llegado.

-Deberías hablar con la chica también, quizás tenga espíritu de aventura…o de suicida.-

En realidad Necross quería alejar un momento al enano, había cosas pasando por su mente que quería aclarar antes de llegar a un nuevo puerto. -Solo espero  que todo salga bien.Meine Liebe, dame fuerzas.- Canto una plegaria al aire, y luego fue donde el amigo polizonte, no se habían presentado debido al apuro anterior. El hombre del parche se paró en frente de Ruisu, y sonriente le hablo. -Bienvenido seas hombre volador al…ehh… no tengo idea de cómo se llama el barco. Puedes llamarme Necross, y seré yo quien te corte los dedos si alguna mala intención demuestras.- Lo último lo dijo con una gran sonrisa en la boca, y el único ojo a la vista bien cerrado.

Luego procedió a salir del almacén, tampoco se había presentado a la muchacha de cabellos rojizos, sería una buena idea hacerlo.


Última edición por Necross Belmont el Miér Feb 25, 2015 3:45 pm, editado 1 vez



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

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