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El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Youdar el Mar Feb 24, 2015 9:09 pm

Había sido demasiado para el enano en muy pocos minutos. La elfa, Necross trayendo malas noticias (encima se había permitido el lujo de decirle a Youdar que él le traía mala suerte), los guardias que se les echaban encima, y ya, lo último, había sido el intruso, la gota que había colmado el vaso. Pero todo eso solo había servido para crispar a Youdar y él jamás había golpeado a alguien por eso. Tampoco había golpeado al hombre que se había presentado como Ruisu por empujarle en su brusco abordaje, no. Había sido, simplemente, por principios. Aquél era SU barco, y un hombre no entra en el barco de otro sin pedir permiso, y menos aún cuando éste está abandonando el puerto.

Un enano furioso no suele ser buena compañía, y eso nadie lo sabe mejor que los propios enanos. Por eso, Youdar buscó algo que hacer lejos de Necross y de la elfa, pues aquél no sería buen momento para iniciar una conversación. Arrastró el cuerpo inerte de Ruisu hasta la bodega, donde lo dejó tumbado boca arriba; iba a disponerse a atarlo pero, una parte de él le instó a relajarse antes de hacerlo. Atar bien a un hombre no es una tarea fácil y, si no se lleva a cabo con cuidado, pueden pasar dos cosas: que el prisionero se libere o que sufra daños permanentes en las zonas sometidas. El enano no quería que nada de eso ocurriese y se dirigió al camarote en el que había dormido. Allí desplegó un mapa que había encontrado tirado en el Mercante Anciano. Buscó el puerto más próximo, donde poder abastecerse; eran cuatro y sin provisiones (cinco, contando a Pelos), no durarían ni dos días si no hacían una parada.

En cuanto empezó a fijarse en el mapa, Youdar notó como la furia abandonaba su cuerpo; aquello era lo que realmente le gustaba del mar: trazar los rumbos, dirigir rutas, y, tras ello, sentir el viento en la cara con el timón en las manos. Tras cinco minutos, tenía todo apuntado y listo para cando llegara el momento. Se dirigirían a Iyscal, un pequeño puerto pesquero, según el mapa. No era el sitio más cercano, pero si el más seguro. Una gran ciudad podría ser peligrosa para ellos, pues sería donde más rápido llegarían las órdenes de Preich Hanton. Ahora quedaba por saber si Ruisu viajaría como marinero o como prisionero.

Con la cabeza centrada, Youdar se sentía culpable mientras amarraba al prisionero a una silla. No sabía nada de aquel hombre y, viendo cómo la guardia de Mirrizbak seguía las órdenes de quién más pagara, quizá hasta fuera inocente. Mientras finalizaba su tarea, Pelos bajó a la bodega, con Necross detrás. Había llegado el momento en que Youdar pusiese a prueba su plan pues, con el tuerto a bordo, sus posibilidades de que este aceptase financiar el viaje a Landemar eran mucho mayores. No fue nada fácil, en absoluto, pero Youdar, de algún modo (quizá más por terquedad que por inteligencia), consiguió el socio que tanto necesitaba. Necross le entregó tres monedas de oro y dos de plata, toda una fortuna considerando su situación. Aquello sería suficiente para empezar, al menos, a convencer a algunos marineros.
-Deberías hablar con la chica también,-dijo el hombre del parche- quizás tenga espíritu de aventura…o de suicida.
-No lo parece, ¿no creéis?, quiero decir, tiene un aspecto tan delicado- dijo Youdar, que no imaginaba a nadie con menos aspecto de aventurero que a la elfa.
-¡Bwah!- bufó Pelos, algo que extrañó a Youdar, pues el gato nunca había bufado a Necross. “Será por el prisionero”, pensó el enano.

Youdar y Pelos subieron a cubierta, donde encontraron a la elfa. Su cuerpo era atlético, y su pecho, aunque no muy voluminoso, era firme. Fue la primera vez en la que el enano fue consciente de que aquella mujer de otra raza le resultaba increíblemente atractiva. Aquél pensamiento le ayudó a hablar con ella algo menos nervioso, pues ahora, al menos, conocía el origen de su propio comportamiento anterior. Una parte de él se preguntaba si tendría alguna posibilidad con ella, a lo que otra parte de él había respondido: “si es cómo la mayoría de elfas, te odia solo por ser enano”.
-Señorita, mejor dicho, señora,- corrigió el enano, al pensar que posiblemente aquella “joven” tuviese trescientos años- bienvenida al Mercante Anciano. Lamento que se haya visto envuelta en todo este lío, pero, si lo desea, podrá volver a tierra muy pronto.- Youdar hizo una pausa, que fue de segundos, pero que para su honra pareció de días enteros, hasta que se decidió a añadir- Confío en que os quedéis, pues me gustaría teneros a bordo en el largo viaje que emprenderé.- No era nada del otro mundo, por supuesto, pero para la impresión que le provocaba la elfa, eso para el carpintero era como pedirle matrimonio. Los nervios le hicieron añadir, rápidamente- Os dejaré un minuto para pensarlo, por supuesto.- y comenzó a caminar hasta la bodega, aunque, antes de bajar, se volvió hacia la chica y vociferó- Por cierto, mi nombre es Youdar, hijo de Yeidrax- tras lo cual volvió, acompañado de Pelos (quién se había mantenido lejos de la elfa), a la bodega.

-Compañero, no te gustan las mujeres, ¿es eso?- le preguntó el enano a su gato, como si la respuesta que éste diera pudiese ser entendida por él.
-¡Grrr!- gruñó el felino.
-Qué extraño, pequeño. Siempre había creído que los gatos sentís más afinidad por las hembras. Quizá sea por ser elfa.
Al enano le encantaban los animales, y sentía un gran amor por su gato, pero era muy ignorante en todo lo que a ellos se refería. Su hubiese entendido algo más se habría dado cuenta de que la cara de Pelos había mostrado podía entenderse cómo el equivalente humano a poner los ojos en blanco.

Enano y gato se cruzaron con Necross, que subía a la cubierta.
-¿Se ha despertado Ruisu?- preguntó Youdar, quien, pasado su enfado, no tenía motivos para referirse despectivamente al intruso el cual, efectivamente, se había despertado. Finalmente Youdar y Pelos se quedaron a solas con él. El enano había tenido tiempo, mientras lo ataba, de pensar en las preguntas que le haría. Tras meditarlo mucho, había reducido su posible lista de preguntas a dos: “¿qué creían los guardias que habías hecho?”, y “¿lo hiciste realmente?”. Al enano no le interesaba nada más sobre el “cazador, asesino y mercenario”, al menos nada que pudiese conseguir mientras este estaba atado. Escuchó sus respuestas sin interrumpir, sin siquiera gruñir o asentir. Incluso, cuando Ruisu parecía terminar de hablar, Youdar tampoco decía nada, pues, a veces, así se consigue que el otro diga algo más. Finalmente, y tras ver que el otro no iba a decir ya nada más, fue el turno del enano.
-Acabo de recordar quién eres, Ruisu. Eres el que se metió en aquella pelea, en El Hada Amaestrada. No me he dado cuenta hasta que no he oído tu relato. Parece que tienes una habilidad especial para meterte en líos. Es justo que también conozcas mi nombre. Soy Youdar, hijo de Yeidrax. Voy a buscarte algo de beber, te soltaremos cuando lleguemos al primer puerto- el enano ya se encaminaba de regreso a la bodega, cuando el prisionero dijo.
-Muy poca gente tienes en este barco, ¿Cuál es su destino?
-Landemar, la legendaria ciudad sumergida.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Miér Feb 25, 2015 2:19 am

Mientras me sumía en mis cavilaciones, vi que el enano fue a recoger el ancla, y mientras tanto le fue a ayudar el hombre tuerto, alguien subió por la cadena del ancla. Aproveché aquel momento de distracción, haciendo un murmullo tenue.

- Por el poder que Lluuhgua me concede, yo te llamo, Jackie –

A los pocos segundos, en un espacio vacio junto a mis pies, se fue coloreando de un rojo tenue que se fue volviendo más intenso hasta que apareció un ser bajito, con una llamarada sobre la cabeza y sobre su cuerpo, que posee patas de cabra, piel roja como la sangre, dos cuernos enroscados, y una cola acabada en pica. No es muy alto, y me mira con curiosidad, dando saltitos.
Le acaricié la cabeza a Jackie rápidamente, sonriéndole, aunque él parecía nervioso por jugar. Negué con la cabeza.

- Jackie, necesito que crees fuego detrás de la vela. Así impulsaremos el barco. Hazlo rápido

Jackie no parecía querer hacer caso ahora mismo, porque estaba entretenido mirando a su alrededor, pero tuve que agacharme junto a él y mirarle con mis ojos brillantes, frunciendo el ceño, y susurrándole

- Jackie, ahora. Lo necesito AHORA

Jackie dejó de vaguear, y generó una bola de fuego que se deshizo en una onda que se extendía hacia el infinito en todas direcciones. Entonces, un notorio calor generó un viento de una media intensidad que soplaba hacia la vela, impulsando así el barco, que se veía alejado del puerto.
Me agaché junto a él y lo achuché entre mis brazos contra mi pecho – Uy uy, qué bien lo has hecho, Jackie. Muchas gracias- Le planté los labios sobre la frente, a lo que Jackie respondía con un gruñido, que parecía pedir que le soltara. Pero en lugar de eso, le desconvoqué haciendo un dibujo con una mano sobre su frente, y éste, tal y como vino, desapareció en el aire. Visto que ya habíamos podido zarpar de puerto, me fui a tomar asiento sobre un escalón, pero antes de que eso ocurriera, se acercó el hombre tuerto y me dio las gracias. Esperaba que no me hubiera visto, pero si me ha dicho eso, es que algo ha visto. Me quedé helada por dentro, pero por fuera intentaba mantener la compostura.

- No hay de qué, jeje…-
Me alivió que se marchara, ciertamente. Me dejé caer sobre el escalón de la parte de proa, mirando al vacio

No tardé mucho en tener compañía de nuevo, ya que el señor barbudo reapareció y se puso a hablar conmigo con muuucha más naturalidad que antes. Esperé a que terminara de hablar, y empezó a alejarse de mí para responder yo
- Oye, no soy tan vieja ni estoy casada para que me tengas que llamar “señora”. Y mi nombre es Janna! No lo olvides.
Así que Youdar se llama este hombre barbudo. Curioso nombre.
Lo tenía decidido, me quedaría en el barco ¿por qué? Porque la verdad es que no tenía nada que hacer, y ¿qué mejor que correr aventuras en un barco navegando por alta mar?

Y grité más alto

-¡Me quedaré con vosotros!


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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Ruisu EvandHell el Jue Feb 26, 2015 1:50 am

Me encontraba atado a una silla en lo que parecía ser el almacén de un barco, el olor a madera vieja era intenso y el vaivén de la nave me hacia pensar que estábamos en mar abierto. Frente a mi, dos hombres estaban discutiendo algo que no podía entender del todo. Mi rostro me dolía y tras pensar un poco en como había terminado en ese barco recordé el golpe del enano. Miraba a mí alrededor en busca de una forma de liberarme, mi arco estaba a unos metros de mí al igual que mi daga, era obvio que no podría acercarme a ellas.

Los dos hombres seguían hablando en la puerta del almacén. Pero no podía escucharlos con claridad, estaba un poco mareado y aturdido por todo lo que había pasado horas antes. El sonido de las olas golpeando el barco no era para nada una ayuda, trate de hacer silencio y sacar alguna palabra de lo que decían los dos sujetos pero mis esfuerzos eran inútiles. Solo un par de palabras había escuchado. Algo de un viaje y dinero. – ¿Me entregaran por alguna recompensa? –  Pensé mientras miraba como uno de ellos se acercaba a mí.

El sujeto tenía un parche en el ojo, algo curioso muy similar a lo que se vería en un pirata. Y al escuchar las palabras que dirigía hacia mi, un pequeño escalofrió recorrió mi espalda -Bienvenido seas hombre volador al…ehh… no tengo idea de cómo se llama el barco. Puedes llamarme Necross, y seré yo quien te corte los dedos si alguna mala intención demuestras.- luego de darme la “bienvenida” dejo escapar una risa que no me generaba nada de confianza.

Vi entonces como ambos hombres abandonaron la habitación en la que estaba y subieron a cubierta seguidos por un gato. – Bien, es hora de salir de aquí. – pensé y tras miras a todas direcciones descubrí que esto seria mas difícil de lo que podía imaginar. Al ver toda idea de escapar completamente imposible me decidí a dormir un poco más. Después de todo, no podía ir a ningún lado.

Luego de un tiempo que me pareció muy corto, el pequeño hombre regreso al almacén. Su mirada parecía la de una persona apenada o arrepentida. Algo curioso que no había visto en ningún enano antes. – Que tendrá en mente el enano – murmure sin intenciones de ser escuchado.

La primera palabra la tuvo el enano, su tono de voz era tranquilo pero firme. - ¿Qué creían los guardias que habías hecho?- Pregunto mientras acariciaba a su gato el cual pasaba entre sus piernas ronroneando.

Por un momento dude si responder o no a esta pregunta. No sentía ningún sentimiento de culpa pero esto podía causar mi salida temprana de ese almacén, así que sin darle muchas vueltas al asunto decidí responder con la misma firmeza a la pregunta echa por el enano.  – Pues…. Supongo que me seguían porque soy un asesino. – El enano al escuchar mi respuesta estuvo en silencio por unos minutos, miro a su gato y luego rompió continuo con otra pregunta. -¿Lo hiciste realmente?- todo esto me parecía inútil, ¿acaso no me entregarían a los soldados?  Mire entonces fijamente al rostro del enano y por un momento su rostro me pareció familiar, pero no pude recordar en donde lo había conocido. – No e echo nada que ellos no merecieran, Eran unos estafadores y habían robado a su propia gente, trabaje para ellos por unos días pero al negarse a pagar tuve que cobrar la deuda con mis propias manos. – respondí y al no tener mas que decir aparte mi mirada del enano. Esperaba que estas palabras sirvieran de algo pues no podría escapar por mi cuenta.

-Acabo de recordar quién eres, Ruisu. Eres el que se metió en aquella pelea, en El Hada Amaestrada. No me he dado cuenta hasta que no he oído tu relato. Parece que tienes una habilidad especial para meterte en líos. Es justo que también conozcas mi nombre. Soy Youdar, hijo de Yeidrax. Voy a buscarte algo de beber, te soltaremos cuando lleguemos al primer puerto- Dijo el enano, se puso de pie y comenzó a caminar hacia la puerta.

- ¿El es el enano que me ayudo en esa ocasión? Sabia que lo conocía de algún lado pero… ¿será que el también es de quien hablaban esos ebrios en el Ancla Oxidada? – me pregunte a mi mismo al escuchar sus palabras, y mientras una pequeña emoción crecía dentro no pude evitar ver la oportunidad que había en ese barco.  -Muy poca gente tienes en este barco, ¿Cuál es su destino?- Pregunte al enano tratando de resolver mis dudas. Y sin esperar demasiado pude escuchar la respuesta. -Landemar, la legendaria ciudad sumergida.- respondió el enano y tras sonreír un poco, se fue del almacén.

La vida puede sorprenderte de formas inquietantes. Y este barco, era una sorpresa inquietante en todo sentido. Mientras miraba perdidamente a la puerta podía imaginar como seria viajar en un barco con tan extraño destino. – Tal vez pueda sacar algo de provecho en esa ciudad. Eso si sobrevivimos claro. – me dije a mi mismo, ¿pero donde estaba Landemar? Nunca había visto nada como eso en un mapa, de hecho solo había escuchado de ella como un cuento de borrachos o como juego de los niños. – Seguro el del parche es el capitán. Tendré que hablar con el, tal vez me una a esta gente. – una sonrisa se apoderaba de mi rostro y la codicia me emocionaba cada vez más.

Forcejé con la cuerda por una hora más o menos, el enano había atado bien la cuerda pero no las había apretado lo suficiente. – Una persona muy blanda para este mundo tan duro. – pensé al poder liberar una de mis manos. Ya con mi escape a un par de minutos me di cuenta de lo que podían creer los otros tripulantes si me escapaba. Mi bolsa había quedado cubierta por mi capa. Entre la silla y mi espalda quedaba completamente oculta. Saque una de mis dagas arrojadizas y la acomode en mi cintura, de tal forma que. Si necesitaba escapar pudiera tomar mi daga con rapidez. Y al terminar de tomar medidas preventivas metí de nuevo mi mano en el nudo que había echo el enano. – Si es verdad lo que dice no tengo porque escapar. – me acomode de forma que no sospecharan nada y me decidí a dormir un poco mientras nos acercábamos al puerto.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Necross Belmont el Sáb Feb 28, 2015 6:07 am

Las horas pasaban lentas y monótonas, y es que en alta mar, con tres personas alrededor, no se puede hacer mucho. El hombre del parche estaba aburrido, lo único que se podía mirar era el movimiento de las olas chocar contra el barco. Un par de horas habían pasado desde que el mercader anciano había zarpado, las primeras horas fueron las más caóticas, pero a medida que pasaba el tiempo la tranquilidad volvió. Y es que al final de todo, ni la tormenta más poderosa podría competir con las tranquilas aguas del mar.

En cubierta, Necross se quedó mirando el barco más detenidamente, este era más pequeño en comparación, con uno que abordo años atrás.  Un sentimiento de nostalgia le lleno el corazón, así también uno de miedo; la última vez que el hombre del parche abordo un barco, todo se fue al demonio. Pero no por eso se repetiría la historia, poco probable era que se encontrara con los mismos males que lo atormentaron hace ya años atrás.

Entonces, con aires renovados, el hombre del parche respiro profundamente, sintió el aire marino, y volvió a sonreír para sí mismo.  Paso el resto del tiempo tarareando antiguas canciones que alguna vez escucho, sentado en una escalera cercana, comenzó a mover su pie derecho con el tono de la melodía, estaba terriblemente aburrido.  En cierto momento Necross se quedó dormido en las escaleras, de brazos cruzados y cabeza cabizbaja, no duro más de diez minutos, ya que el movimiento de las olas hizo que se golpeara la cabeza con uno de los barandales.

Al despertar vio al amigo enano irse a lo que parecía su habitación, lo que llamo la atención de Necross, era que iba cargado de armas entre otras cosas, armas  y cosas que no eran suyas.  Cuando se dio cuenta, el hombre del parche noto que el polizón había conseguido su libertad. Necross se puso de pie, y se dirigió dónde Youdar.

- Youdar…- Comento el hombre del parche, en voz baja. -¿Dejaste libre al hombre volador?- La siguiente media hora se la pasaron hablando de nada, y a la vez de todo. Ahí Necross supo que el hombre volador era en realidad el hombre que ayudaron en el hada amaestrada una semana atrás.  De cualquier manera el hombre del parche no tenía nada que discutir, pues el capitán era el enano.

Como el hombre volador estaba libre, bajo la protección y benevolencia del capitán, el hombre del parche se acercó a Ruisu, para presentarse de nuevo. Al acercarse, mantuvo cierta distancia y la mano derecha sobre su bastarda. -¿Tú eras el sujeto que defendimos de unos pandilleros hace una semana, no?- El hombre del parche estaba a un lado del ladrón, lo suficientemente cerca para hablarle, y lo suficientemente lejos para actuar en caso de cualquier ataque.  - Es posible.... ¿Porque lo preguntas?- Respondió Ruisu mientras rasgaba un pedazo de su capa y se la colocaba sobre la mano que tenía lacerada. - Por nada en especial, el solo saber si eras tú el sujeto de esa noche.-Contesto Necross, con tono calmado. - Supongo que siendo quien eres tendré que decirlo de todas forma.- Ruisu puso su mano derecha sobre su daga y dio dos pasos hacia atrás.- Si estuve en esa taberna y si tuve problemas con unos mercaderes. Cuando haces lo que yo tienes que asegurarte de que te paguen pues cada moneda cuenta.–

Necross rio y levanto ambas manos, mostrando la palma de estas. -Tranquilo compañero.- Dijo al notar la hostilidad de Ruisu. - Yo también he tenido problemas así, no te preocupes, nadie va a entregarte por alguna recompensa.- Al terminar de hablar, estiro su brazo izquierdo hacia el ladrón. -Soy Necross.- Ruisu miro incrédulo al hombre del parche, se quedó meditando por un breve periodo de tiempo y luego quito su mano de la daga. - Ruisu, un gusto conocer a quienes me ayudaron ese día.- Le dio la mano a Necross y luego le devolvió la sonrisa. - Si me lo permites me gustaría pertenecer a tu tripulación. –

El hombre del parche negó con la cabeza mientras se liberaba de la mano de Ruisu. -No compañero, quizás el aspecto me acompañe, pero el capitán es ese enano con el que te pusiste a pelear. También hay una chica pelirroja rondando por ahí, deberías saludarla.

Sin decir más, el hombre del parche se alejó de Ruisu. Se perdió entre los pasajes del mercader anciano, un poco de exploración nunca sería malo.  Por lo que noto el barco estaba en un pésimo estado, Necross se  sorprendió de que un pudiera navegar sin hundirse. La noche llego más rápido de lo esperado, y sin que comer, o que tomar, no había mucho que hacer en el barco.  Tampoco es que ahora mismo el hombre del parche quisiera conocer a sus compañeros, con el nombre bastaba, aunque no conocía el nombre de la chica pelirroja; no importa, ya mañana sería un nuevo día.

El que solo fueran cuatro personas hizo mucho más amena la noche, ya que cada uno podría dormir en solitario, si el enano hubiese tenido tripulación, habría que compartir el espacio con otra gente. El hombre del parche al acostarse, se quedó dormido rápidamente, había sido un día agitado y su mente estaba cansada.  Un sueño curioso fue el que apareció mientras dormía, recordó una de las tantas prácticas que tuvo con Ithilwen, la elfa. En esas prácticas ella le ayudaba a controlar a Dracul, a no dejar que el engendro tomara posesión del cuerpo, estos fueron los primeros días en que Necross había llegado a tierras elficas.  El hombre del parche despertó después del alba, no supo si alguien lo despertó, o fue el movimiento del barco lo que lo hizo despertar.

Por aquel sueño recordó cuando Nadine no era más que una bola pequeñita con alas, y la ternura de la niña le trajo cálidos recuerdos a Necross, aquella mañana, estaba de buen humor y sonriente.

Saludo a todos sus compañeros con un cálido “buenos días” y a cada saludo le dedico una sonrisa y una reverencia con la cabeza. Algo que podría haberle bajado el ánimo fue la falta de comida, la verdad es que estaba hambriento y sediento, pero aún faltaba para alcanzar algún puerto, no quedaba más que esperar. Por si mismo evitaría el contacto con sus compañero; se encerró en una habitación hasta que llegaran, o alguien llamara a la puerta para hablar, no despreciaría conversación alguna, pero no la buscaría él mismo tampoco.

Iyscal era como se conocía el puerto, ahí fue donde llegaron con una idea clara, buscar una tripulación. En las tabernas, posada y demases, siempre hay idiotas dispuestos a vender sus vidas por unas monedas, y claro, una buena historia para contar después. Necross bajaría con Youdar para completar esta misión, también debían conseguir provisiones y agua dulce, y un pequeño regalo para el anciano, maderas y clavos, aún tenían que hacer reparaciones.

Pero después de varias horas de recorrer el puerto, y distintos antros, no encontraron gente dispuesta a vender sus almas por la promesa de una tierra perdida. Pero eso no detendría a Necross, ¡no demonios! Estaba de muy buen humor, así que le propuso al enano separarse, así tendrían más posibilidades de éxito.

Spoiler:

El hombre del parche se adentró un poco más en Iyscal, al pasar por uno de sus callejones, vio una figura sentada en el suelo, esta apoyaba su espalda en la muralla había un escudo detrás de ella, y descansaba una espada sobre su hombro, parecía dormida.  Necross paso a su lado, pero el ser descansando le hablo, antes de que se alejara del todo. -Forastero…- La persona tenia voz femenina. - ¿No tendrás unas monedas para esta muerta de hambre?- El hombre del parche no se volteo, pero si le contesto. - La verdad es que no, tengo lo justo para mi.- La mujer se puso de pie, y Necross pudo verla de mejor manera. Llevaba una camisa, y sobre esta una leve malla de cuero, pantalones de seda al parecer, botas de cuero, y un extraño y gran sombrero, pero lo que más resaltaba, era una máscara de acero sobre su rostro.

Spoiler:

El hombre del parche se quedó sorprendido con la apariencia de la persona en frente suyo. -No quería llegar a esto forastero, pero tendrás que darme aquello que llevas justo.- La aparente mujer amenazo con la punta de su espada a Necross, este levanto las manos inmediatamente, bajo y negó la cabeza antes de hablar. -Podríamos luchar por las monedas, si… ¿pero no te parecería mejor ganártelas?- La mujer ladeo la cabeza, sin bajar en ningún momento su arma. -Estoy buscando gente para un barco, el capitán necesita tripulación. Nos prometió riquezas, dinero y esas cosas… ¿Qué te parece?-

-No me engañaras con eso forastero.- Dijo con enojo la mujer. -Ahora me darás esas monedas o…- Y entonces un fuerte ruido interrumpió a la mujer, se escuchó como el rugido de una bestia hambrienta, se escuchó fuerte y potente. Cuando el hombre del parche reconoció la causa del sonido, se dio cuenta que provenía del estómago de la mujer. -¿Y si a la oferta le agrego la invitación a comer?- Entonces Necross comenzó a reír, la mujer bajo la espada y rio con él. -Esta bien forastero… tu ganas.- La mujer guardo su arma, y con la cabeza apunto hacia atrás, Necross camino detrás de ella, noto que tenía el cabello rubio, atado con una coleta.

Veinte minutos pasó el hombre del parche, comiendo dentro de una posada, ya que la mujer había puesto una sola condición, debía comer sola, ya que el hombre del parche no podía ver su rostro. Entonces, después de que Necross termino de comer, espero a la mujer fuera de la posada, mirando ocasionalmente hacia dentro para ver si no lo habían timado.

Pasada la hora la mujer salió, se cubrió un eructo inminente (por sobre la máscara, claro) y se quedó unos segundo al lado de Necross, sin hablar.  -Creí por un momento que no volverías.- Comento el hombre del parche, quien estaba apoyado en la muralla del local, con los brazos cruzados. -Pude intentar robarte, pero cuando doy mi palabra lo hago en serio.- El hombre del parche sonrió, y hablo una última vez. -¿Y cuál es el nombre de la nueva tripulante del “mercader anciano”? El mío es Necross.-

-Lucatiel, de Mirrah.- Dijo ella.

Necross volvió con Lucatiel al barco, aun había sol ya que era bastante temprano, quizás se acercaban al mediodía o lo habían pasado por poco.  Lucatiel, al mirar el barco, hizo un gesto de desprecio. -¿Y con esa porquería piensan navegar?- El hombre del parche rio con fuerza, y contesto: - Por supuesto, y tú nos seguirás. Ya me diste tu palabra, ¿recuerdas?- Lucatiel bufó con enojo, y se subió al barco. Necross busco a Janna (nombre que aún no conocía, por supuesto), le pregunto dónde estaba el enano, ya que aún debían comprar las provisiones. Cuando este llegara, o saliera de donde saliera, el hombre del parche iría por las provisiones.

-Querida compañera… ¿Cómo demonios te llamas?-Le Pregunto confianzudo a la chica de cabellos rojos.

(La voz de Lucatiel, por si alguien se lo pregunta https://www.youtube.com/watch?v=4_HoNe5AcNM )



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Youdar el Lun Mar 02, 2015 1:55 am

El enano buscaba algo con lo que dar de beber a Ruisu, mientras reflexionaba sobre sus compañeros de viaje. La elfa decía llamarse Janna y le había dicho que se quedaría con ellos. También había mencionado que no estaba casada, pero Youdar intentaba no pensar mucho en ello, porque le provocaba dolores de cabeza. También estaba Necross, quien financiaba el trayecto, y con quien Youdar por fin podía tratar sin la agobiante presencia de Preich Hanton. El enano pensaba que, quizá, acabase descubriendo al hombre que había tras el parche y la pose amenazante. Y por último estaba el intruso.

Youdar encontró una jarra de barro, tirada tras una mesa de un camarote, y la llenó con agua de un barril. Era un agua estancada, claramente sucia, que llevaría en el barco al menos un mes,  pero valdría para que Ruisu se mojara los labios. También, antes de volver junto al hombre atado, pasó por el camarote que había adoptado como suyo y de Pelos, y cogió de su macuto su cuchillo. Mientras se dirigía hacia el mercenario Youdar se preguntaba si no iría a cometer un gran error, pero su consciencia no le permitía tener a un hombre así atado, por corto que fuese el viaje.
-Aquí tienes, Ruisu. No la tragues, pero te servirá para refrescarte la boca- dijo el carpintero a su prisionero. Tras darle un momento, el enano continuó, adoptando un tono de voz muy serio y duro, algo que quizá no tuvo mucho efecto dado el buen trato que había tenido con Ruisu.- Voy a llegar a un trato contigo. Cogeré todas tus armas y las guardaré bajo llave. Cuando lleguemos a Iyscal te las devolveré y podrás marcharte- tras esto, el enano sacó su cuchillo, y se dirigió hacia la espalda de la silla,- no hagas ninguna estupidez- recomendó a Ruisu y, de un rápido tajo, dejó libres las manos del mercenario. Después cargó con las armas que le había arrebatado hasta el camarote del capitán, contento de cómo habían salido las cosas.

El enano se había puesto a merced de Ruisu a propósito, dándole la espalda mientras cogía las armas del suelo, y éste solo hubiese necesitado dar un rápido empujón al enano para recuperarlas. El hecho de que no lo intentara hacía pensar a Youdar que no trataba con alguien con quien no se pudiera negociar, y eso le hacía sentirse más tranquilo. Después tuvo que explicar a Necross los motivos que le habían llevado a liberar a Ruisu, aunque no fue capaz de reconocer que el principal motivo eran sus remordimientos por haber golpeado a aquel hombre por irrumpir en su barco sin permiso, sin embargo sí que fue sincero al contarle otro de los motivos: prefería tenerle libre, para poder verle venir de frente, que atado y planeando algo a sus espaldas.

La primera noche de los cuatro a bordo del Mercante Anciano fue muy tranquila, aunque Youdar apenas durmió nada. Se pasó toda la noche comprobando que el asesino no tramara algo, haciendo guardia con Pelos por la bodega y la cubierta. Procuraba no acercarse demasiado al camarote escogido por Janna, pues no quería que ella pensara que el motivo de sus paseos nocturnos era espiarla. Cuando quedaban pocas horas para amanecer, el enano decidió dejar de hacer caso a la parte desconfiada de su ser, y se marchó a dormir, lo cual hizo a pierna suelta con Pelos sobre su pecho. Por la mañana, algo cansado por dormir tan poco, a Youdar le recibió la noticia de que Ruisu había decidido formar parte de la tripulación. El enano sabía que su pensamiento debería haber sido de rechazo, pero realmente se sintió complacido pues necesitaba hombres capaces a bordo, y, dado el lugar al que iba, quizá fuese más rentable un asesino que un marinero. Una hora después, tras llegar a Iyscal, el enano se volvió a alegrar de contar con Ruisu a bordo.
-Necross y yo iremos a buscar tripulación y suministros. Además hay que arreglar el barco, así que necesito encontrar alguien que me corte diez tablones y cinco tablas grandes, y tengo que comprar un cubo de clavos de bronce. El resto de cosas que necesito las llevo en mi macuto-dijo Youdar en voz muy alta, para que se le escuchara con claridad, pero después, al pasar junto a Ruisu, le dijo a este en un susurro- Quédate a bordo y cuida de que a la señorita no le pase nada- tras lo cual, acompañado por Necross y Pelos, bajó a tierra, sabedor de que cualquiera que buscase problemas tendría que pasar por encima de aquel mercenario antes de llegar a Janna.

La búsqueda de marineros en Iyscal, tras dos horas preguntando en todas partes, parecía todo un fracaso, así que Youdar y Necross decidieron separarse para abarcar más terreno. Al enano le vino muy bien esto, pues había algo que no podía faltar en el barco de un cazador, y que no estaba seguro de querer que Necross lo viera. Se dirigió al templo de Iyscal, un típico templo de pueblo, donde se reza a un dios local, pero en el que son bienvenidos otros cultos; por supuesto no era lo ideal para alguien que había rezado toda su vida a Karzún, pero serviría. El templo era un edificio de sólida roca, con una sola altura de seis metros, adornado por dentro y por fuera con máscaras con caras humanas talladas. Dentro de él Youdar encontró a tres personas, todas humanas. El primero era el sacerdote, un hombre joven con perilla; otro era su aprendiz, un niño pecoso; y el último era un hombre al que estaban bendiciendo con un extraño ritual que consistía en quitarle la “cara” de su vida pasada y ponerle una nueva, todo ello representado con máscaras talladas en madera.
-Bienvenido seas a la casa de Vegar, amigo. Mi nombre es Nalgor, estaré contigo en un segundo- dijo el sacerdote a Youdar, sin parar de sonreír. Pocos segundos después, tras representar el ritual del cambio de caras, Nalgor atendió a Youdar.
-¿Venís buscando un lugar donde estar en sintonía con algún dios, amigo?
-No realmente, Nalgor. Karzún me escucha allá donde voy, pero me temo hoy os necesito como conductor de Su Gracia-
-Queréis que os bendiga algo, ¿no es así?- Youdar no sabía hasta que punto era correcto hablar de Karzún con alguien que no le rezaba, pero aquel hombre debía estar acostumbrado a todo tipo de fes, así que decidió hablar con él como si de un sacerdote enano se tratara.
-En efecto. Me preguntaba si me daríais una tinaja de agua bendecida.
-Por supuesto, amigo… aún no me habéis dicho vuestro nombre- dijo el sacerdote que, obviamente, consideraba muestra de educación poder llamar al enano por su nombre.
-Mi nombre es Youdar, hijo de Yeidrax, de la ciudad enana de Baruk´Grund.
-Encantado, Youdar. ¡Pari!- llamó el sacerdote a su aprendiz- trae una tinaja con agua recién recogida. Tardará un rato- dijo tras volverse hacia el enano- contadme, ¿para que queréis agua bendecida?
-Es por tradición, sobre todo. Mi padre era marinero, y decía que todo barco debía llevar algo que lo protegiese del mal.
-¡Y tan verdad que es!- gritó el hombre al que le habían hecho el ritual de limpieza de rostro, mientras se acercaba para participar en la conversación- Si yo estoy así es por no hacer caso a lo que decía Yeidrax- el enano se extrañó muchísimo al oír esto, y pensó que simplemente se trataba de un demente que había repetido el último nombre que había escuchado, asociándolo con algún recuerdo perturbado- ¿Es que tu hermano Kadín se ha convertido en gato, Youdar?- dijo el hombre, mirando fijamente al enano a la cara y sonriendo. Fue al momento de sonreír cuando el rostro del hombre, demacrado y feo, recuperó cierto brillo juvenil que a Youdar le hizo recordar el nombre de aquel humano.
-¡Márcin!- dijo sin ocultar su asombro- ¡Siempre tan chistoso! Éste pequeño no es Kadín, aunque es igual de rebelde que él. Se llama Pelos.
El enano habló durante un buen rato con él y el sacerdote. Márcin era un cazador de La Buena Leña, que rondaría los cincuenta años (aunque por su rostro se diría que se trataba de un anciano), que siempre había estado algo trastornado, pero que parecía haber llegado al culmen de la locura con los años. Le contó que el ritual que acababa de presenciar era un intento de Nalgor por recuperar algo de su cordura perdida años atrás. Tras casi una hora conversando, y ya con la tinaja de agua bendecida, Youdar se dispuso a volver al Mercante Anciano, pero no pudo evitar recordar a Perik, quien siempre se quejaba sobre que el Gremio y La Buena Leña ya no eran lo que fueron, que ya cuidaban los unos de los otros, así que el enano se dio la vuelta y preguntó a Márcin.
-Amigo, ¿te aventurarías en una última cacería?

-//-

Aquella noche fue bastante distinta a la anterior. Ahora eran seis personas a bordo, pues Necross había conseguido una tripulante, y Márcin había aceptado la invitación de Youdar. Por su parte Ruisu había cumplido con su parte y había cuidado de Janna (y del barco), así que el enano consideró estúpido pasar otra noche sin dormir por vigilarle. Tardaron unos momentos en reasignar camarotes, y Youdar decidió instalarse, junto con Pelos, en el camarote del capitán, en el pequeño castillo de popa. Al día siguiente serían Ruisu y Janna quienes probaran suerte en Iyscal, pues no habían comprado nada de lo que necesitaban, y el barco tenía sin tener tripulación suficiente. Sin la excusa de hacer guardia para velar por la delicada elfa, Youdar decidió tragarse la vergüenza e ir a preguntarle a Janna si estaba en su mano hacer más cómodo su viaje, pues quizá necesitase una almohada o algo. Llamó dos veces a la puerta del camarote, y, tragando saliva, se dirigió a aquella joven elfa de negros cabellos.
-Hola, Janna. Me iba a ir ya a dormir, y me preguntaba si necesitabas alguna cosa.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Mar Mar 03, 2015 1:15 am

Poco después de despedir a Youdar, me quedé observando el mar durante un rato, ajena a todo lo que ocurría en el interior del barco. El hombre que subió por el ancla estaba desaparecido tras las puertas de entrada a los camarotes. Yo me quedé allí por un rato, hasta que cayó la noche, y me fui hacia un camarote que pareciera vacío. Entré dentro y encontré un camastro de una calidad dudosa, pero parecía mullido al menos. Me deshice de mi ropa, quedándome únicamente con unas braguitas rojas, y me dejé caer sobre el camastro boca arriba, mirando al techo de madera, y notando una tenue luz lunar penetrar por el ojo de buey. Notaba mi corazón palpitar con una inusitada fuerza, y una gota de sudor caía por mi sien. Estaba hambrienta. Me levanté de golpe del camastro, y me acerqué a la puerta, descalza y prácticamente desnuda. Abrí la puerta lentamente y eché la mirada a un lado y a otro.

Todo el pasillo estaba desierto. Así que me aventuré a caminar descalza por él, recibiendo una exhalación de aire frio que acarició mi cuerpo. Mi piel se erizó, y mis músculos se endurecieron, así como mis senos. Aunque era una sensación muy agradable.
Mientras notaba mi cuerpo ponerse más preparado para el placer, me acerqué a una puerta y la abri lentamente. En el interior encontré a un gato naranja enroscado sobre una cómoda de madera, y la figura de un hombre acostado en la cama.
Me acerqué hasta él con paso lento y le miré desde arriba. Se trataba de Youdar, y parecía dormir plácidamente.  Era una excelente oportunidad.
Levanté una pierna por encima de su cuerpo y me senté a horcajadas sobre sus caderas, mirándole la piel del cuello mientras mis pupilas se dilataban, de sólo pensar en el placer que me daría alimentarme de él. Ya lo podía sentir, su energía vital exhumaba de su piel.
Me agaché sobre él, y acerqué mis labios a su cuello, para suavemente lamer la piel de su cuello con la lengua. Y cuando ya estaba húmeda y blandita y apta para el consumo, clavé mis colmillos sobre su carne con suavidad, y absorbí un líquido cálido y dulce, que pasaba a mi garganta y descendía con celeridad por mi esófago, mientras que frotaba mi pecho sobre sus pectorales.

Cuando absorbí lo que yo consideré necesario, separé mis labios de su carne, por los que cayeron unos hilitos de sangre, dejando mis labios pintados de un color rojo intenso.

Respiré hondo y observé a Youdar. Me sentía satisfecha, y bastante más relajada. Relamí mis labios suavemente, mientras me levantaba de encima de él con una ancha sonrisa en la que casi muestro mis afilados y blancos dientes.
Me fui de su camarote como una sombra que habitaban los recovecos sin luz. Seguramente, si se despertó en algún momento, pensaría que era un sueño.

Al día siguiente, desperté muy relajada, mi cuerpo entero se había relajado, tanto que no notaba siquiera las alas en mi espalda durante los primeros minutos de la mañana.

Me levanté y me volví a la proa del barco, a sentarme y observar el panorama. Me anunciaron hoy que me cuidaría el intruso. Pero me acerqué a éste a ver de quién se trataba.. ¡Era el encapuchado al que defendí en la posada!

Me crucé de brazos, realzando mis senos con el movimiento y le di la espalda, harta molesta porque me hubiera ignorado aquella noche, y encima rehuyera de mí.
- Ah, mira quién es. El hombre sin honor…
Repuse recogiendo las piernas a un lado, frunciendo el ceño. Con lo contenta que estaba yo.
El hombre respondió algo de cambiarlo por unas monedas, lo cual me ponía enferma.

Me levanté de donde estaba y me fui hacia el otro lado del barco, queriendo alejarme de él.

No tardó mucho en volver el hombre del parche con una mujer, a la que saludé manteniendo las distancias, porque no parecía una persona muy cabal a primera vista.
Me preguntó por fin cómo me llamaba, y le miré fijamente. Había usado “demonios” en esa frase. Muy curioso
- Mi nombre es Janna, desconozco el tuyo,no sé si lo seguirás manteniendo en mi desconocimiento. Pero ahora me marcharé, necesito reposar un poco. Gracias por preguntarme de todas formas.
Me retiré al interior del barco, a hacer tiempo. Entones oí a Youdar llegar, pero me quedé en mi cuartucho, esperando y esperando.

Al cabo de un par de horas, Youdar fue a buscarme al camarote, preguntando por mí.
- Te noto nervioso, Youdar. La verdad es uqe no necesito nada, hoy al menos.¿Tal vez mañana?- Repuse intentando aparentar que aún formaba parte de su forma de dormir, cuando ni siquiera se acercaba la situación.
- Hoy estoy cansada, la verdad. Así que buenas noches, Youdar, que descanses.
Repuse desde el otro lado de la puerta, en voz tenue y suave.


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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Ruisu EvandHell el Sáb Mar 07, 2015 2:55 am

El enano me había liberado pero con la condición de guardar mis armas bajo llave, era una apuesta arriesgada la que yo estaba tomando. Solo contaba con la daga que había escondido minutos atrás y la esperanza de que todo esto valiera la pena. El enano había quedado en regresar mis armas una vez llegáramos a “Iyscal” un puerto que nunca había pisado. Aun que me dijo que podía bajarme en ese puerto mi intención era quedarme en el barco, había escuchado historias de Landemar antes pero aun así la promesa de una fortuna aun no descubierta me daba ánimos para continuar.

Al salir del almacén el primero en recibirme fue el hombre del parche. Mientras se acercaba a mi pude reconocerlo, el también me había ayudado en El Hada Amaestrada.  -¿Tú eras el sujeto que defendimos de unos pandilleros hace una semana, no?- sus palabras confirmaban mis recuerdos, lo mire detenidamente y pude notar su mano puesta sobre su arma. Tome mi capa y sin darle mucha importancia al hombre frente a mí rasgue un pedazo de tela para cubrir mi mano herida. - Es posible.... ¿Porque lo preguntas?- le respondí tratando de ser amable pero sin querer dar muchos detalles innecesarios.  - Por nada en especial, el solo saber si eras tú el sujeto de esa noche.- su mirada tranquila a pesar de estar atento me hacia pensar sobre el tipo de persona que era. Claramente no bajaba la guardia aun tratando de ser amable, aun que el enano me había liberado, no sabia si el hombre del parche tenia las mismas intenciones. En ese momento pensaba que el sujeto con quien hablaba era el capitán del barco, así que tenia que responder si quería ser aceptado en la tripulación. - Supongo que siendo quien eres tendré que decirlo de todas formas. – le dije, di un paso atrás y deje ver la empuñadura de mi daga una acción que era más de precaución que de amenaza. - Si estuve en esa taberna y si tuve problemas con unos mercaderes. Cuando haces lo que yo tienes que asegurarte de que te paguen pues cada moneda cuenta. – Tola la conversación me ponía muy tenso, miraba con cierta desconfianza esperando algún movimiento de parte de aquel hombre. -

Estaba preparado para luchar o correr si era necesario, pero la reacción de aquel hombre me sorprendió más de lo esperado. El sujeto dejo escapar una sonrisa, quito su mano de su arma y de forma curiosa dijo que nadie me entregaría por alguna recompensa. -Soy Necross.- dijo aquel hombre mientras estiraba su mano en señal de confianza. Me quede pensando por algunos momentos en lo inquietante que había sido todo, - ¿Acaso exagere al estar tan tenso?- me dije a mi mismo, mientras le respondía.  - Ruisu, un gusto conocer a quienes me ayudaron ese día.-  Le di un apretón de mano y luego de dejar escapar una sonrisa de satisfacción le pregunte si podría pertenecer a la tripulación. El hombre del parche parecía sorprendido por mi propuesta, negó con la cabeza y me dijo que el capitán era Youdar. El enano a quien había golpeado al abordar la nave. – ¿El enano es el capitán? ¿Los enanos no están siempre metidos en minas y cuevas? – me pregunte con sorpresa. Era curioso pero ese enano no tenía apariencia de capitán de barcos. Parecía un buen tipo de esos que no se ven a menudo pero me costaba pensar en el como el capitán.

Luego de hablar con Necross me aleje de el para revisar mis pertenencias, mi mano tenia algunos cortes por mi escape por el techo y la herida que tenia a un costado de mi cuerpo no había sido limpiada en todo el dio,  saque del bolso que me había regalado David en la posada y al abrir la caja de madera que tenia dentro pude ver un par de vendas de algodón y una especie de ungüento o crema. Acompañados con una pequeña nota que decía. – Para la herida. – tome las vendas y las frote en el ungüento para luego con ellas limpiar las heridas. – Seguro luego muero por esta crema. – dije en tono sarcástico mientras terminaba de cubrir las heridas y guardaba las cosas. Tome el trozo de pan que quedaba y me dedique el resto de la tarde a observar el horizonte recordando mis días como miembro del Gremio de Asesinos en los bosques de Silvine. Recordé mis primeros años de entrenamiento y la causa de mi exilio. – Que estarán haciendo mis compa… ¿compañeros? Seguro si me escucharan referirme a ellos de ese modo me golpearían. Jajaja. –  al terminar de pensar en todo mi viaje hasta aquí no pude evitar sentirme invadido por la nostalgia. La noche se hiso presente y al percatarme que nadie estaba en la cubierta del barco me dispuse a subir al techo de la habitación del capitán y dormir un poco en ese sitio. Nadie me había asignado una habitación donde dormir, conocía muy poco del barco en el cual estaba. Esa noche escuche un par de veces los pasos del enano haciendo guardias en medio de la noche, pero al percatarme de lo difícil que le seria subir a donde me encontraba me decidí por ignorarlo y dormir tranquilamente.

A la mañana siguiente los primeros rayos del sol me despertaron, me levante tranquilamente y me dispuse a bajar a cubierta. Camine un poco de un lado a otro del barco observando detenidamente cada detalle de la nave, - Es un barco muy pequeño. – fue lo primero que pensé mientras caminaba de pro a popa y de regreso. Me percate de lo vieja que estaba la madera y aun que no sabia nada de barcos me pareció sorprendente que ese vejestorio pudiera siquiera flotar. Tome un trozo de pan de mi bolsa y un sorbo de agua de mi cantimplora mientras esperaba que el resto de tripulantes despertaran.

A la primera persona que me encontré fue a Necross, este parecía muy entusiasmado y me saludo dándome los buenos días,  un gesto que respondí de la misma forma. Después de un par de horas de estar despierto en ese barco ya sentía el aburrimiento del lugar, revise y conté mis pertenencias unas tres veces. Leí los pergaminos enanos que tenia guardados e incluso había tallado mi nombre en una de las barandas del barco. Todo el ambiente era muy pesado para mí, estaba acostumbrado a mantenerme en movimiento a ir a caballo o a pie. Viajar en barco sin duda alguna era una molestia, en algunos momentos me sentía mareado por el movimiento de las olas. El sol parecía mucho mas brillante en el mar y el agua salada sin duda era lo peor, Fue una gran alegría la que sentí al llegar al puerto. – No se como podre soportar estar semanas o meses de este modo. – murmure mientras nos reuníamos frente a la puerta de la cabina del capitán.

Estando frente a Youdar pude escuchar la primera “Orden” del capitán. El enano me pidió quedarme cuidando de una señorita mientras ellos buscaban gente y materiales para reparar la decadente nave. Acepte sin decir nada, quería bajar con ellos pero tenia que hacer lo que el enano decía, después de todo el era el jefe. No sabia si me acostumbraría a seguir órdenes de un capitán, los únicos motivos por los que había seguido órdenes antes eran por dinero y por ser esclavo. Pero como mis planes eran viajar con ellos tuve que aceptar y quedarme esperando en el barco.

Mientras esperaba a que regresaran solo me dispuse a observar como la gente pasaba frente al barco envuelta en sus propios asuntos, algunos marineros miraban el barco y se burlaban, otros solo seguían caminando mientras conversaban entre ellos. Ese puerto era muy concurrido al parecer. Mientras miraba todo esto, la mujer a quien tenia que cuidar se acerco a mí. Al verla me percate de que era la chica que me había ayudado, a la que había apuntado con mi arco y luego abandonado en la posada de David.  - Ah, mira quién es. El hombre sin honor…- dijo la mujer mientras dirigía en mí contra una mirada de odio. Dude si responderle a esa mujer, no quería echarle leña al fuego pero no podía evitar burlarme de la situación. Era una suerte que todos estuviéramos en el mismo barco, tenia la impresión de que esta mujer no viajaba con los otros dos. Supuse que eran amigos desde antes de lo pasado en el Hada Amaestrada. Luego de pensar en una buena respuesta decidí en tono burlón jactarme de sus palabras. – ¿Honor? Mi honor lo vendí hace mucho por algunas monedas. – la verdad es que mas que venderlo simplemente no tenia recuerdos de el. La chica frunció en ceño y sin decir más palabras se fue caminando al otro lado del barco. La tarde transcurrió lenta y aburrida como el dio anterior, recorrí el barco un par de veces para asegurarme de que todo estuviera en orden y para cuidar de la mujer.

Luego de algunas horas regreso Necross con un acompañante, un hombre con una mascara un tanto extraña e inquietante. Parecía más un guerrero que un marinero. Llevaba una gran espada y un escudo que parecía muy pesado. – No se como pueden llevar tanto peso estos tipos.- Pensé mientras miraba desde lejos a Necross hablar con la mujer de pelo rojo. Luego de un par de horas más el enano apareció con otro compañero. Al parecer este día había sido una pérdida de tiempo, no traían ni tripulantes ni los materiales para reparar la burla en la cual navegábamos.  

La tarde transcurrió más animada que el día anterior. Youdar se paso todo lo que quedaba de día hablando con el hombre que había traído al barco. Y mientras los otros tripulantes hicieron lo mismo entre ellos. Mientras, yo me mantuve alejado de la algarabía del momento. Solo me acerque al grupo cuando escuche que asignaban los camarotes. El enano me dio la primera habitación en el corredor. Justo a un lado de la puerta, al ir a revisarla me percate de lo humilde que era todo. Una pequeña cama de madera y una silla con una mesa frente a ella. Era todo lo que se podía apreciar en el cubículo de madera que me habían asignado. Trate de prender el farol que había en la mesa pero este, no tenia aceite. La habitación que tenía en Silvine era muy similar, sin ningún tipo de lujo, un sitio solo para dormir. Claro, esa habitación tenia al menos una vela con la cual iluminarla, Al percatarme del silencio del barco, me dispuse a salir de mi camarote para volver a dormir sobre la cabina del capitán. Al abrir la puerta pude ver a Youdar caminando hacia la habitación de la mujer de pelo rojo. Trate de hacer el menor ruido posible y Salí rápidamente del pasillo. – Curioso capitán, que estará buscando tan tarde por estos pasillos. – murmure mientras pensaba en las posibles razones que tenia el capitán para buscar a esa mujer a tan altas horas de la noche.

Camine por la cubierta del barco y me subí a el techo de la cabina. Me tumbe boca arriba para poder apreciar la belleza del cielo estrellado sobre mí. Las estrellas decoraban el firmamento, el movimiento lento del barco hicieron que no pudiera resistir mucho tiempo despierto. Repace todas las cosas que me habían traído hasta este lugar. Mis acciones y las experiencias vividas hasta el momento, mientras lentamente mis ojos se rendían ante el sueño.

Nuestro segundo día en puerto me levante bien temprano en la mañana, me lave el rostro con el agua que llevaba en mi cantimplora y luego de algunos estiramientos me dispuse a bajar del techo en el que estaba para ir en busca de mis armas. Al pararme sobre el techo de la cabina escuche como la puerta de esta, era abierta. Me pare en el borde y al ver que  Youdar había salido, me dispuse a hablar estando sobre su habitación.

- Buenas, me preguntaba cuando me regresaras mis armas y pues…. Al ver que no tuvieron suerte ayer buscando tripulantes pensé que podría intentar yo encontrar gente. Claro si usted lo permite. – Le dije al enano mientras lo miraba atento a su reacción.

El enano se sorprendió mucho al verme sobre su habitación, dio un paso atrás y me respondió el saludo. -Buenos días, Ruisu- Dijo con un tono de voz fuerte. Miro la puerta que acababa de cerrar y luego busco nuevamente las llaves. - Sígueme- me dijo mientras abría la puerta. Baje del techo y sin pensarlo mucho entre con el. - Puedes ir a buscar tripulación, creo que la gente de por aquí es más de tu estilo, quizá tengas más suerte. Yo me quedaré reparando el barco, aunque todavía no tengo el material que necesito para la mayoría de cosas. -  Luego de decir eso, señalo donde estaban mis armas y se fue a la cubierta dejándome atrás en la cabina.

Como ya tenía mis armas de regreso fui directo a la cubierta para bajar del barco. Mire a mi alrededor y no pude ver ni a Necross ni a los dos nuevos tripulantes. – Bien, una caminata por el puerto no me vendría nada mal. – Dije en voz alta mientras bajaba al muelle. El puerto se vía igual de transitado como los días anteriores, camine por un par de minutos sin intentar buscar tripulantes. Solo me concentraba en ver el pueblo, miraba la clase de gente que había y las pequeñas tiendas que adornaban las esquinas de todas las calles. Mientras exploraba la ciudad me percate de una silueta familiar, al parecer la mujer de cabello rojo también había bajado del barco para buscar gente. – Justo cuando me sentía a gusto.- murmure mientras me acercaba a la mujer. Mientras caminaba hacia ella pude notar que dos hombres estaban siguiéndola y hablándole mientras hacían gestos y ruidos molestos. – Hey lindura, si estas perdida yo puedo llevarte a donde quieras.- Decía uno mientras se acercaba tras de ella y le tomaba la mano. La mujer parecía ignorarlos, no les respondía y solo seguía caminando. – ¿Nadie te a enseñado a tratar bien a un hombre?- decía el segundo sujeto mientras se burlaba y seguía a la chica.

Mi primera intención fue mantenerme al margen, me dedique solo a observar desde una distancia prudente. Al notar que los hombres se tornaban cada vez más insistentes decidí intervenir, después de todo. Si regresaba sin la chica posiblemente el enano me echaría por la borda.

Me acerque a un costado de la chica y la tome del brazo, la mujer parecía asustada al sentir que alguien la agarraba pero al ver que era yo cambio el miedo por una especie de odio. – Justo te estaba buscando, no te me pierdas de ese modo. – Le dije a la chica en voz alta para que los hombres de atrás nos escucharan. La mujer no respondió, permaneció en silencio mientras seguíamos caminando. Al ver que había una taberna cerca decidí entrar junto a la chica.

– Bueno, no creo que nos sigan hasta aquí. – le dije a la mujer mientras nos acercábamos a la barra. Al estar frente al tabernero saque cuatro monedas de oro de mi bolsa. – Todo el que quiera una cerveza gratis que la pida, ¡Hoy invito yo! – Grite mientras agitaba las monedas en mi mano.

Todos los hombres de la taberna giraron su rostro al escucharme, algunos miraban con desconfianza y otros simplemente se burlaban. Pero entre todos los presentes uno se paro y se acerco al bar. – Bien, a cuenta del encapuchado dame una jarra de cerveza.- Le dijo el hombre al tabernero. El sujeto se quedo mirándome esperando que yo hiciera algún gesto. Puse las monedas sobre la mesa, Y al ver que si tenia dinero varios hombres se levantaron de sus mesas y fueron a pedir toda clase de bebidas a mi nombre. – ¡Brindis por el encapuchado!- grito el primer sujeto mientras alzaba su jarra de cerveza. Ya había llamado la atención de todos los hombres del lugar. – Bien hombres, ya que tengo su atención iré directo al grano. – Me aclare la garganta y levante una de las jarras de cerveza. – En este momento estoy en busca de hombres fuertes y dispuestos para mi tripulación. Landemar es nuestro destino, una ciudad de incalculables riquezas.- Los hombres al escuchar lo que decía comenzaron a reír de manera ruidosa y molesta.
- ¿Landemar? Acaso estas bromeando con nosotros.- Dijo uno de los hombres mientras tomaba su cerveza. – El peso del más gordo de esta taberna en oro ofrece mi capitán si se unen a la tripulación, pero solo hombres de verdad aceptaremos en el barco.- Replique mientras sacaba otras dos monedas de oro y las colocaba en la mesa. – Quien quiera hacerse con una fortuna que venga, quien sea muy cobarde para hacerse rico se puede quedar. –  Tome un trago de cerveza al terminar mis palabras. Ya solo tenia que esperar que alguien aceptara mi invitación. Algunos hombres comenzaron a burlarse. Otros hablaban entre ellos mientras miraban fijamente las monedas de oro.

– Tiene dinero eso esta claro.-

- ¿Acaso saben que es Landemar?-

- Yo no voy a ir… es una estupidez aceptar algo como eso de un completo extraño. –

- Si tiene el dinero para desperdiciarlo de este modo a de ser mas que un simple mensajero. Ese capitán tiene que ser algún noble caprichoso. O tal vez un mercader muy adinerado. –

Los hombres seguían hablando entre ellos mientras yo me terminaba de tomar la cerveza, algunos negaban con la cabeza otros simplemente se burlaban y seguían hablando de otros asuntos. – Creo que no ha picado nadie, - pensé mientras esperaba alguna respuesta. Pero de manera sorpresiva la mujer de cabello rojo decidió decir que venia conmigo y  que era parte de la tripulación. Les hablo por aproximadamente unos cinco minutos, tiempo suficiente para terminarme la jarra de cerveza y al final de sus palabras ya tenia un grupo de diez hombres dispuestos a seguirla al mismísimo infierno.- Lo dije una vez y lo repetiré, esta mujer es muy peligrosa.- Mamure para mi mismo mientras salíamos de la taberna con una tripulación nueva dispuesta a dar su vida por meras promesas.  

Revise cuantas monedas me quedaban y antes de llegar al barco decidí invertir un poco en las reparaciones. Recordé las cosas que Youdar había dicho que compraría y las cuales no había traído al barco. Fuimos a algunas carpinterías y aserraderos para comprar los diez tablones y cinco tablas grandes de madera, acompañado de un cubo de clavos y dos cajas grandes de comida y cuatro barriles de ron. Termine con menos dinero del esperado pero sabia que si era verdad lo de Landemar valía la pena arriesgarse un poco.

Al regresar al barco Necross y Youdar nos recibieron con gran sorpresa pues un grupo de catorce hombres seguían a Janna cargando todos los materiales que necesitábamos.

- Hoy corre por mi cuenta, será mejor que exista Landemar enano si no tendrás que pagarnos a todos mucho dinero. Si me necesitan estaré sobre la cabina del capitán. – Le dije al enano mientras subía al barco y me iba a descansar.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Necross Belmont el Jue Mar 12, 2015 6:25 pm

-¿Qué quieres? No me conoces y no te conozco, las cosas son mejor de esa manera.-

-Oh vamos, estaremos aquí mucho tiempo… ¿Qué tan mal haría que nos conozcamos un poco?-

Lucatiel suspiro con fastidio, pero al mismo tiempo con algo de alegría.

- Heh-heh. Eres extrañamente curioso, pues como te dije, mi nombre es Lucatiel.-

-//-

Después de que la pelirroja le diera su nombre al hombre del parche se retiró, este quedo algo confuso, ya que el saludo y despedida de la mujer fue algo frio, lo que hizo que Necross pensara en que no le agradaba.

El paso del tiempo hizo que llegara el enano, con las mismas malas noticias que Necross, pero también con un nuevo recluta, (las malas noticias eran que no consiguió gente).  Tampoco había materiales para trabajar en el barco por lo menos, así que no habría mucho que hacer.  Entonces lo que Necross opto por hacer, fue recorrer un poco más el puerto, quizás en sus tiendas podría encontrar gente dispuesta a unirse al barco.

-//-

-¿Por qué la máscara? –

- ¿No es obvio? Usualmente la gente se mantiene alejada cuando ve esta mascara, pero tú te acercaste… Vengo de una tierra perdida en el lejano norte, por sobre las montañas, llamada Mirrah.-
-Nunca había escuchado de Mirrah, quizás podría visitarlo algún día.

-Mirrah ya no existe… cuando los reyes cayeron el pueblo se hundió con ellos, todos los miembros de la guardia real nos convertimos en mercenarios desde entonces.-

El hombre del parche tenía una botella de ron en las manos, eventualmente se la pasaba a Lucatiel para que bebiera.
-//-

Necross se bajó del barco sin avisarle a nadie, y solo comenzó a recorrer el puerto. A veces se quedaba mirando los objetos de los vendedores,  más de una vez pregunto el precio por algún collar que le llamara la atención, más al final no compraba nada.  El hombre del parche en cierto momento se vio solo, había llegado al final del puerto caminando, y ahí no habían vendedores, ni gente alguna que transitara. Necross sentó en el piso de madera, con sus pies colgando sobre el mar, allí se puso a pensar en Nadine, en Ithilwen, en que quizás la elfa estaba regañando demasiado a la pequeña.  Y él pensaba eso porque así había pasado antes con él. Cuando Necross llego con Ithilwen a aquellas tierras elficas, se le puso una condición; si quería vivir entre elfos, y mantener un techo sobre la cabeza de Nadine, tenía que dejar que los elfos lo estudiaran. Aunque no a él específicamente, ellos querían saber más de Dracul…

Dejando la nostalgia para otro momento, cuando de verdad se necesite, el hombre del parche se puso de pie, entro en la primera tienda que encontró y pregunto por ron, allí no lo vendían.  Entonces malgeniado, se pasó unos minutos buscando donde comprar la bebida alcohólica. Luego regreso al barco, ya estaba anocheciendo y no quería que lo asaltaran y quitaran su precioso tesoro.

Se fue directo a su habitación, la melancolía había mermado su buen humor.  En cierto momento vio al mercenario/asesino/hombre volador,  sobre el tejado del camarote del capitán, aquello le causo una pequeña sonrisa.   Necross guardo su botella lejos de ojos curiosos, y procedió a dormir, pero al cabo de unas horas, algo lo despertó.

Con espada en mano abrió la puerta de su habitación, algo se había escuchado afuera, luego bajo su arma ya sin preocupaciones, la causa del ruido había sido Lucatiel. -¿Son estas horas de curiosear por el barco?- Pregunto con tono paternal, cosa que molesto a la enmascarada. - No hay baños en este barco, y si los hay no sé dónde están… por suerte no había nadie en el puerto.- El hombre del parche ahogo una risa que quería escapar desde sus adentros. - Ja, yo me paraba en la cola del barco, y lo hacía mirando al mar, así el líquido volvía a su estado más puro.  Supongo hacerlo así debe ser difícil para una mujer.-

Lucatiel soltó una pequeña sonrisa y luego le pregunto al hombre del parche si tenía comida, este dijo que si, que en su pequeña bolsa le quedaba algo de carne seca. Ambos entraron en la habitación.

Después de entregarle algo de carne, y un poco de pan a la mujer, Necross saco también la botella de ron, después de todo ya no podría dormir, y la noche se pasaría más rápido conversando con alguien.  -¿Me quieres embriagar, tuerto?- Pregunto sarcástica la enmascarada, a lo que Necross negó con la cabeza, sonriente por la elocuencia.

Ambos se sentaron en el piso, usando una de las camas como apoyo para la espalda. El hombre del parche destapo la botella, olio su interior,  y sin más la bebió, luego se la paso a Lucatiel. Ella levanto un poco de su máscara, lo suficiente para mostrar la boca y beber un poco.  Necross se le quedo mirando, sonriente y burlón, ella al notarlo pregunto:

-¿Qué quieres? No me conoces y no te conozco, las cosas son mejor de esa manera…-

Pasaron varios minutos hablando, Lucatiel conto sobre Mirrah, como mientras vivía allí se había convertido en un espadachín respetado por todos, respetado y temido, recalco.  También conto que cuando la ciudad cayo, tuvo que convertirse en mercenaria como muchos de sus compañeros. - Pudo ser peor, pudieron haberte atrapado, o convertirte en prostituta… aunque no le veo lo malo a aquello eh.- Dijo Necross, antes de dar un breve sorbo a la botella. - Lo pensé varias veces, pero mi orgullo no me dejo. Además, ¿tu querrías tirarte a alguien que trae esta mascara?- Pregunto ella, recibiendo la botella. - Yo soy la peor persona para preguntarle eso, creo que el miembro se me cayó porque ya no siento deseos carnales… Aunque estoy seguro más de alguno te pediría que llevaras la máscara mientras lo hacen, hay cada espécimen en este mundo…-

Spoiler:
Lucatiel rio de buena gana, antes de volver a beber. -Me agradas tuerto, y tu gente parece agradable.-  Necross se rasco el cuello, como no sabiendo que responderle a la enmascarada. - No son mi gente, al enano lo conozco desde hace una semana, pero en realidad no sé nada de él. A los otros dos fue una suerte encontrarlos aquí… nunca se sabe con quién te puedes encontrar.- Lucatiel bajo la cabeza, y dejo la botella en el piso. -Si… nunca se sabe.- Entonces la enmascarada llevo sus manos a la nuca, y comenzó a quitar los amarres de la máscara, y en un rápido movimiento se la quitó.  -Este viaje de ustedes parece peligroso, me gustaría contar con al menos un camarada si encuentro a la madre muerte.- Lucatiel tenía el cabello rubio, era una mujer muy bella, pero tenía una marca en un lado de la cara.  Era una mancha negra que ocupaba casi todo el espacio derecho  en su rostro. - Tienes a un compañero Lucatiel.- Entonces imitándola, el hombre del parche se llevó las manos a la nuca y se retiró el parche. - ¡Pero yo no soy tuerto!- Dijo entre risas, mientras miraba a Lucatiel con ambos ojos, la mujer entonces comenzó  reír, y pregunto el porqué del parche.

-Es una larga historia.-

Dijo Necross antes de volver a beber.

-Tenemos toda la noche, compañero.-

Comento Lucatiel, mientras estiraba la mano para recibir la botella.

Entonces Necross suspiro derrotado, y a causa del alcohol en su sangre, procedió a hablar, contrario a todo lo que él pensaba de sí mismo; al parecer si veía una real compañera en la enmascarada. Le conto sobre Adrammalech, el vástago que alguna vez habito dentro de su cuerpo, sobre su querida Ondine, sobre su muerte, sobre Dracul, y sobre su hija.

Lucatiel estaba escéptica, y lo miraba como si no le creyera nada. -¿Eres como esa gente que se transforma en animales entonces?- Pregunto ella, pasando la botella. - Algo así, solo que Dracul tiene mente propia, no soy yo. Espero que nunca debas verlo.-

Las horas pasaron y el ron se acabó, el problema fue que ninguno consiguió embriagarse, así que decidieron dormir, Necross lo hizo en la cama más cercana a la puerta, y Lucatiel en la más alejada. El hombre del parche se quitó todo menos los pantalones, la enmascarada lo imito, más se quedó con el brasier puesto. Curiosa amistad la que rápidamente se forjo entre ellos, parece que no sentían pudor.

La mañana siguiente fue como cualquiera con alcohol en el cuerpo, Necross y Lucatiel se despertaron con la garganta seca, y con un poco de desequilibrio, pero en sus cuerpos no habían señales de una fuerte resaca, quizás fue por los muchos años que llevan bebiendo. El hombre del parche al despertar, le dio los buenos días a la enmascarada, fue ahí que se dio cuenta con quien hablaba, ya que se le quedo mirando el pecho por unos segundos, hasta que la mujer bufo con enojo, entonces Necross se apartó la mirada y se disculpó.

Después de vestirse adecuadamente, ambos salieron de la habitación, Necross se ofreció a hacer el almuerzo (porque si, se habían despertado después del mediodía), lo único que pidió fue unos pocos ingredientes, unas cuantas verduras, agua, una olla, y un poco de carne; al vivir con la pequeña Nadine el hombre del parche tuvo que aprender a cocinar, y no le quedaba nada de mal.  Pero antes de si quiera preparar algo, al hombre del parche casi se le cae la boca, ya que vio a Ruisu junto a Janna, y detrás de esta un gran grupo de gente.

-No sé si estaré mal… pero esa mujer me da miedo, más miedo que  Lucatiel.- Le comento Necross a la enmascarada.

Después de comer el hombre del parche se pondría a trabajar en la nave, aunque claro, necesitaría la ayuda del enano, ya que él no tiene idea sobre barcos…

-¡Maldición! ¡No esperen que cocine para todos ustedes!-

Grito Necross con enojo, para después pedir muchos más ingredientes…  ya que los comensales habían aumentado.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Niris el Lun Mar 16, 2015 10:30 am

No sabía cuánto tiempo había pasado, lo último que recordaba era estar corriendo por el bosque por mi vida, escapando de una espantosa criatura que desprendía un hedor maloliente a sangre y muerte mientras mi corazón parecía zumbar como una abeja de lo agitada que me encontraba. Recordaba cómo había encontrado a un grupo de humanos lo cual me había dado algo de esperanza de estar segura cuando sentí que algo me derribo mientras un líquido caliente recorría mi espalda para luego enfriarse rápidamente seguido de la agonía de saber que había sido alcanzada por la criatura. Recuerdo que estaba completamente aterrada pero una parte de mi estaba resignándose a no tener un mañana, escuche sonido de pelea antes de perder la conciencia.

Desperté tiempo después en una carreta, mi visión era borrosa pero podía sentir algo de paja debajo de mí y podía percibir el poderoso olor de animales, escuchaba el sonido de carretas avanzando sobre un camino y trate de moverme pero un gran dolor atravesó mi espalda haciendo que desistiera de aquella idea mientras lanzaba un lastimero quejido. -Calma pequeña, te pondrás bien, no te muevas.- Escuche la voz de una señora que paso su mano por entre mis orejas para tratar de calmarme, entre abrí un poco los ojos pero me encontraba cansada y solo veía un borrón, pero sabía que era una persona, al parecer si me había logrado salvar y lance un largo suspiro de tranquilidad mientras sentía que se me aplicaban vendajes.

¿Cómo había llegado a aquella situación? Hace un par de días, aunque parecía ser mucho más tiempo para mí, me encontraba caminando por la ciudad acompañando a mi amo a ver un pequeño espectáculo que se presentaba en el pueblo, me agradaba un poco ese tipo de cosas porque era divertido ver a la gente hacer cosas graciosas y siempre disfrutaba de un paseo. En cambio mi amo solía estar mucho en casa trabajando con gente o leyendo cosas, lo cual a veces me desanimaba porque me gustaba salir de casa pero mi señor se molestaba con la sola idea de que pusiera un pie fuera sin su compañía, no sabía si por miedo a que me pasara algo o simplemente porque se fuera a perder algo que era su propiedad. No era mala persona, al menos me había cuidado bien en aquellos últimos años.

Una vez que regresábamos a casa de la función me encontraba bastante alegre y en parte sentía que lo que venía era mi culpa por el hecho de encontrarme tan distraída, pero al caminar por una calle estrecha nos atacaron un trio de bandidos, aquello me había asustado mucho y sin saber que hacer quede paralizada de miedo, aquellas personas fueron contra mi señor pidiéndole algo para luego sacar un chuchillo y clavárselo, en cuanto vi la sangre y que su mirada se dirigía a mi dirección corrí lo más rápido que pude esquivando a uno de los bandidos y corrí con terror lo más lejos que había podido... así es como había llegado a aquel bosque donde aquella criatura había intentado darme caza.

El camino duro muchos días, no sabría decir cuántos ya que no sabía de aquel carro pero habían atendido mis heridas, estuve contenta por aquello los primeros días hasta que me di cuenta que mi tobillo se encontraba amarrado, aquello me entristecía mucho pero cada vez que pensaba en morder la cuerda y salir recordaba a aquella criatura del bosque que casi me había matado. Se  me daba algo de comida y aun que trataron de tomar mi collar y brazalete, fue evidente que no quería que me los quitaran y terminaron por dejármelos. Escuchaba de vez en cuando que hablaban de mí y que podrían hacer un buen negocio conmigo al venderme en la ciudad, me molestaba que incluso lo dijeran al verme como si no entendiera lo que decían pero tampoco pensaba que había alguna razón para hacerles ver que era más inteligente que las cabras que compartían carreta conmigo.

La caravana termino por llegar a la ciudad, al parecer era una caravana mercante la cual viajaba para llevar diferentes productos de una región a otra y todo apuntaba a que yo era de nuevo uno de esos productos que la gente buscaría comprar, me amararon las manos y me llevaron con otros comerciantes para intercambiar cosas y termine siendo vendida al parecer a un precio bastante un esclavista que organizaría una subasta y parecía estar interesado en mi persona. Aquello me tenía incomoda aun que no era demasiado diferente a los recuerdos de mi infancia. Se encontraban esclavos de todos tipos y aun que varias miradas se dirigieron a mí por curiosidad o ternura, eran nadie me dirigía algo más complicado a "¿Quién es una linda nena?" y eso incluía a otros esclavos.

No nos arreglaron mucho, los intercambios sucedían rápido y pronto estábamos en una tarima en un evento de subasta donde yo y otros éramos las piezas de exhibición, quería volver a casa pero no sabía cómo hacerlo y estaba demasiado alterada por la cantidad de sonidos a mí alrededor como para concentrarme adecuadamente.

-A continuación, algo especial, una Höriges joven, de aspecto de coneja cuidada y dócil, ¿Busca una compañera de juegos para sus niños? ¿Quizás podrían entrenarla para dar servicios especializados a caballeros? ¿Una criada para la casa? ¡La imaginación es el límite! ¿Cuánto dan por este hermoso espécimen?-

Simplemente cerré los ojos y esperaba que lo que sucediera no fuera malo.


Última edición por Niris el Miér Mar 25, 2015 5:47 am, editado 1 vez
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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Youdar el Lun Mar 16, 2015 7:33 pm

-Hoy estoy cansada, la verdad. Así que buenas noches, Youdar, que descanses- le había dicho Janna al enano. Éste, confuso, y sin despedirse, volvió a su habitación. “¿Cansada para qué?” se preguntaba a si mismo, pero la única conclusión a la que pudo llegar es que su amabilidad había sido confundida con otro tipo de interés.

No es que la elfa no le interesara, que lo hacía (y mucho), pero los posibles frutos de aquel interés eran algo en lo que solo se podía pensar entre sueños, pues eran una completa locura. De vuelta a su camarote, Youdar se sentó en la cama. Se pasó un rato allí sentado, sin hacer nada, intentando dejar la mente en blaco, alejando esa idea demente de su cabeza, la cual parecía empeñada en enviarle imágenes donde Janna y él confraternizaban más allá de lo que permitiría el decoro.

En un momento en el que Pelos se sentó a su lado, Youdar, mientras acariciaba al gato, suspiró en voz alta.
-Vaya cosas, eh, Pelos. Toda la vida reprendiendo a Kadín por pensar locuras, y desde que no estoy con él soy yo quien pierde la cordura.
-Miurr- masculló el felino, ronroneando mientras la mano de Youdar pasaba una y otra vez por su lomo.
-Debe ser eso, tú eres quien trae la locura a mi vida. Anda, durmamos, ha sido un día extraño- dijo el cazador de demonios, tras lo cual se tumbó sobre su jergón. En un instante, Pelos se subió a su pecho, acomodando la cabeza en la barba del enano y ronroneando fuertemente. El ronroneo del animal era algo muy relajador para Youdar, que consiguió dormirse enseguida.

-//-

Al día siguiente, lo primero que vieron Youdar y Pelos tras salir temprano de su camarote fue la imagen de Ruisu acostado sobre las tablas del castillo de popa, justo encima del lugar donde el enano había pasado la noche. Parecía ser que aquel lugar era el elegido por el asesino para dormir mientras durara su estancia en El Mercante Anciano. Youdar no pudo reprimir una sonrisa al pensar en lo pronto que el mar haría cambiar de parecer al humano sobre cual era el mejor lugar para pasar la noche.

Ruisu quería sus armas de regreso y, ya que iba a formar parte de la tripulación, lo cierto es que Youdar le quería tan armado como fuera posible, así que le dejó pasar a su camarote para que las recogiese; también ansiaba en deseos de ir a buscar tripulantes, algo que el enano le permitió, aunque en parte deseaba que el mercenario fracasara igual que lo habían hecho él y Necross.

Iba a esperar a que Ruisu terminara para cerrar la puerta tras ellos pero, tras meditarlo, se dio cuenta de lo estúpida que era esa idea, pues no guardaba ya nada que los otros tripulantes pudieran querer. Señaló a Ruisu el lugar donde estaba el saco con sus armas y se alejó a comenzar a trabajar en las reparaciones del Mercante Anciano.

Fue un día ciertamente agradable, trabajando duro, que le recordó a los buenos tiempos en Baruk´Grund. Cada vez que daba un martillazo o retiraba una tabla podrida, la nostalgia lo invadía, haciéndole viajar a los días en que Kadín y él aún eran meros aprendices de armador, y la voz de su padre se hacía eco en su mente, como aquel entonces lo había hecho en sus oídos. “Clávalos bien, eso es. No, esos puntales no, ya están oxidados ¿no lo ves?, utiliza esos otros”; en su día odiaba la forma en que su padre le hablaba, como si él fuese un inútil solo por no saber hacer aquello que nunca le habían enseñado, pero ahora, con su ausencia, tan solo recordaba sus gritos con cariño.

Tras una mañana entera de esfuerzo, y pese a la falta de material apropiado, El Mercante Anciano lucía un aspecto mucho más saludable; al menos aguantaría bien el rugir de una ola, algo que, antes de que Youdar trabajara en él, parecía poco creíble.

El olfato del enano le llevó hasta la cocina del barco, la cual era una simple estancia con un lugar protegido donde encender un fuego y una porta al exterior para asegurar la salida del humo. Allí, el carpintero, a quien se había unido Pelos, el cual había paseado a sus anchas por el barco toda la mañana, encontró  a Necross Belmont, preparando el almuerzo.
-Eso huele realmente bien- dijo Youdar, pero no llegó a obtener respuesta del humano, ya que la tabla que unía El Mercante Anciano con el puerto empezó a sonar como si la estuviese golpeando un caballo desbocado, y ambos subieron a mirar que ocurría.

A bordo del barco subían Ruisu y Janna, de la cual Youdar ni sabía que había abandonado la nave, seguidos de al menos doce hombres, bien pertrechados con todo lo que Youdar le había dicho al mercenario que necesitarían para reparar el barco, así como comida suficiente para aguantar meses en alta mar.
-Será mejor que exista Landemar, enano, si no tendrás que pagarnos a todos mucho dinero- dijo Ruisu a Youdar, mientras pasaba junto a él- Si me necesitan estaré sobre la cabina del capitán- continuó después en voz más alta.
-¡Maldición! ¡No esperen que cocine para todos ustedes!- gritó Necross a la recién incorporada tripulación, pero, en aquel momento, Márcin apareció a su lado, dándole unas palmadas exageradamente fuertes en la espalda, y sonriendo de oreja a oreja.
-Tranquilo, muchacho, yo te ayudaré a preparar comida para todos. Nunca has probado un guiso tan bueno como el mío, seguro.

-//-

Mientras el olor a comida empezaba a ascender hasta la cubierta del Mercante Anciano, Youdar decidió aprovechar el tiempo que tenía, algo más de una hora, para hacer una última compra antes de abandonar tierra firme durante un periodo de tiempo del cual solo Karzún podría ser consciente.

Como carpintero consumado, su vista había captado rápidamente los desperfectos en el casco del barco, de los cuales era consciente desde el primer día que lo vio en el puerto, cuando caminaba junto a Preich Hanton. En cambio, el estado del velamen le había pesado por alto hasta esa misma mañana, y decidió comprar telas de repuesto, pues no era difícil que las actuales aguantaran solo una parte del viaje.

Para su sorpresa, Janna decidió acompañarle, alegando que se sentía incómoda si los demás tripulantes trabajaban y ella no. Extraño comportamiento el de aquella elfa, pues los suyos no son muy dados a extenuantes caminatas, y ella ya había estado toda la mañana por Iyscal junto a Ruisu.

Aquella hora fue mucho más relajada que cualquiera que el enano hubiese pasado junto a la elfa morena, pues pudo hablarle largo y tendido sobre todas las mejoras que necesitaba El Mercante Anciano, y cuando se trataba de barcos, a Youdar no le temblaba la voz.

-Lo cierto es que he reparado barcos agujereados por cañones enemigos o destrozados por una ola gigante – decía el carpintero, hinchándose de orgullo – El Mercante Anciano no es mi mayor reto hasta ahora, pero si será en el que más me esmere, pues espero que viva tantos años como yo; aunque, si los augurios de los marineros de Mirrizbak son ciertos, eso tampoco será mucho tiempo – dijo sonriendo el enano, quien se encontraba muy cómodo hablando de su oficio, el cual también era su sueño, y ni siquiera la mencionar los malos presagios para todo aquel que había buscado Landemar le hacía estar de mal humor.

Janna y él compraron un juego de velas en el mercadillo cercano al centro de Iyscal. No eran rojas, como las que actualmente llevaba su barco, sino blancas, y no estaban cortadas a medida, por la falta de tiempo, pero les servirían perfectamente en caso de necesidad. Cuando parecía que el camino de regreso a bordo iba a ser igual de relajado que el de ida, y además con la promesa de una rica comida caliente, Youdar vio algo en la plaza central de Iyscal que le cambió el humor por completo.

-A continuación…- gritaba un hombre a toda la plaza. Junto a él, como si fuera mercancía, mostraba a una niña, una antropomorfa, cuyo aspecto resultaría confundible con el humano de no ser porque sus orejas eran similares a las de un conejo. Youdar sentía la sangre hervir solo de ver como aquella ciudad, en la que él había encontrado tripulación para su barco, que le había cubierto todas las necesidades en la preparación de su viaje a Landemar, veía como un negocio y un espectáculo la venta de una persona.

Y además estaba la chica, la de orejas de conejo. Youdar no podía evitar recordar a Pelos, el día que lo conoció, al mirarla. El gato había estado tan asustado, de las cosas imaginables que le habrían hecho alguna de las llamadas “razas inteligentes” de Noreth, que le costó horas acercarse a por un poco de comida. Aquella niña parecía igual, completamente asustada, dando un respingo cada vez que uno de los que la intentaban vender la tocaba o señalaba para mostrar alguna de sus virtudes al público.
-Larguémonos de aquí ya mismo- bufó Youdar, dirigiéndose más a si mismo que a Janna o a Pelos.

Evidentemente nada se podía hacer por esa niña, a no ser que su nueva tripulación estuviese dispuesta a iniciar un asedio contra la ciudad, armados tan solo con el par de escorpiones que portaba el barco, y el enano sabía que eso no pasaría.

De vuelta en El Mercante Anciano, de no ser porque no quería ofender a Necross y a Márcin, no hubiera probado bocado. Sin embargo, que él pasara hambre no ayudaría en nada a aquella niña, ni le ayudaría a sentirse mejor, pues, de hecho, se sentiría mal al dejar también a Pelos sin comida.

A la mesa, todos parecían muertos de hambre, ya que casi nadie hablaba y todos comían sin parar. Ruisu no parecía muy convencido con la comida, pero Youdar prefirió no preguntar si era una cuestión de gustos o de manías. Cuando casi todos finalizaron la sopa, llegó el turno a la carne con verdura estofada, la especialidad de Márcin. El enano notaba como recuperaba algo de apetito, cuando, a dos sitios de donde él se encontraba, Janna comenzó a toser fuertemente. Youdar pudo notar como, desde el asiento donde servía los platos, los ojos dementes de Márcin se iluminaban. Después ocurrió algo para lo que el enano no estaba preparado, la chica, a la que llevaba tres días viendo como una elfa morena, se transformó en una humana pelirroja.

-¡Márcin!- gritó Youdar a su compañero cazador.
Márcin señaló un bolsillo de su chaleco, de dónde sacó una petaca, e indicó a Youdar con un gesto que había bañado la comida con su contenido. El enano sabía lo que contenía aquella petaca, agua bendecida.

Janna no paraba de toser, y de su boca parecía salir humo, y entonces Youdar tuvo muy claro lo que era la chica con la que había compartido minutos antes una agradable conversación.
-¡Es un súcubo!- gritó, furioso. Después se volvió hacia Márcin, y le indicó que le pasara su petaca.

La mayoría de marineros se habían puesto en pie, y dejaban actuar al enano. Márcin, tras darle la petaca, solo miraba con mucha atención, como si Youdar se hubiese convertido en el protagonista de un espectáculo teatral. El enano cogió la silla, donde seguía tosiendo Janna, por el respaldo y de un fuerte tirón la mandó al suelo. La chica dio con la parte posterior de su cabeza contra la cubierta del Mercante Anciano, y quedó tendida sobre las tablas.

Youdar se arrodilló a su lado, y, con la destreza que solo da la experiencia, abrió con una sola mano ambos ojos del demonio. Sin dudar un segundo, vertió un chorro del agua bendecida sobre ellos, provocándole una considerable agonía, viendo como éstos cambiaban de color. Ya no eran negros, como lo habían sido cuando se hacía pasar por una elfa, ni tampoco del color humano que habían adoptado después, eran rojos como el mismo fuego. El enano se incorporó rápidamente, agarró a la chica por el pelo, y la arrastró hasta la rampa que conectaba el barco con el puerto. Antes de abandonar su nave, se volvió hacia la tripulación y dio una orden que no admitía réplica.
-Nadie se marcha hasta que yo no vuelva. Necross y Márcin, quedáis a cargo de todo.

Comenzó a caminar por el puerto, hecho una furia, con Pelos tras él. La chica a ratos iba arrastrando, y otros conseguía incorporarse. Cuando conseguía hacer esto, Youdar la rociaba otro buen chorro de agua bendecida en la cara, obligándola a subyugarse a la fuerza de sus brazos. No era el primer demonio que lo engañaba, ni sería el último, pero jamás un ser del foso le había embaucado con ese descaro, ubicando una imagen irreal en su mente, y dispuesta a compartir viaje con él durante meses. En aquel momento, Youdar no dejaba de pensar que algo así podría haberle sucedido al Milano, el barco que inició la maldición sobre su sangre.

Cuando estaban cerca del lugar donde, hacía una hora, habían comprado las velas, Youdar sintió como el ser infernal le clavaba sin piedad los dientes en el muslo. Se revolvió bruscamente, y soltando la cabeza del demonio, que quedó en el suelo de rodillas, desenfundó su espada, la puso en el suelo, y la bañó con el poco agua divina que quedaba en la petaca de Márcin. La furia del enano evitaba que sintiera dolor alguno de su pierna, que sangraba por la mordedura. Youdar se decía a si mismo que no podía permitir que su alma acabara como la de su padre, no tan pronto, así que debía pensar muy bien que palabras usaba, pues, aquella súcubo, era su única oportunidad para “hacer justicia” también con la ciudad de Iyscal.
-Si quieres vivir, me vas a ayudar- dijo. Era una frase simple, que no implicaba una promesa en si misma, con lo cual, aquel ser del foso no podía haber vinculado su alma con ningún trato demoniaco.

El enano posó el filo de su arma sobre el pecho de la chica, mostrándole cuan dañina podía ser sin siquiera cortarla. 
-Hoy nadie va a ser vendido- dijo con convicción, pensando tanto en su alma como en la chica con orejas de conejo.


Última edición por Youdar el Miér Mar 18, 2015 8:16 pm, editado 1 vez



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

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