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El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Niris el Sáb Abr 11, 2015 5:10 pm

La joven pelirroja me recogió entre sus brazos y me recostó sobre ella para luego preguntarme si me encontraba bien. -Mo.- A lo que respondí negando con la cabeza mientras con una de mis manos hacia un ademan de giros sobre mi estómago para decirle que lo sentía revuelto. Entonces aquel marinero que se había acercado en primer lugar se nos quedó observando un rato riendo un poco y dijo. -Solo esta mareada, haz que se presione con su mano las venas de su muñeca para reducir el mareo.- Menciono para luego quedarse pensando en lo que había dicho y agrego. -No sé qué tan buena idea será haberla salvado de la esclavitud para cambiarlo por un peligro mortal, deben estar muy confiados en sus habilidades.- Ambos intercambiaron miradas por un momento.

Janna siguió las indicaciones del señor mientras que me preguntaba si quería que buscara algo para sentirme mejor, aunque por más que miraba a los alrededores, no veía ninguna planta creciendo cercas. Solo afirme con la cabeza para luego darme indicaciones para ir a una de las habitaciones, me levante un poco tambaleante mientras tomaba mi muñeca observando al señor para ver si lo hacía bien y avance un poco a la orilla del barco para vomitar al mar y luego entrar a donde me habían indicado... serian días muy feos.

Entre a la habitación y lo primero que hice fue irme al primer lugar seguro que encontré para descansar (que termino siendo debajo de un camastro). No supe cuánto tiempo había dormido pero al hacerlo me di cuenta que me encontraba dormida en algo suave con Janna a un lado y volver a dormir.

Los siguientes días ella se encargó de cuidarme y alimentarme, caminábamos un poco por el barco pero mis mareos hacían que terminara sintiéndome mal y aquello duro muchos días, pero poco a poco los mareos fueron disminuyendo hasta desaparecer. Pasando el primer mes me había acostumbrado a la compañía de ella y supongo que yo a la suya ya que solíamos peinarnos el cabello, mostrarme algunas cosas del mar y apapacharme lo cual me mantenía bien de aburrirme de más en aquel barco que no tenía prácticamente nada de divertido.

Una vez que me acostumbre a como había podido al barco, empecé a notar ciertas cosas, varias de las personas del barco parecía mirarme a mí y a Janna de mala manera o nos ignoraban completamente, Youdar que parecía tener a veces una mirada pensativa o incluso preocupada al posarse sobre mi pero nunca se acercaba o incluso Janna me alejaba de él cuando eso pasaba, no podía dejar de preguntarme si estaban peleados o si había algún problema por mí y por último, cada pocas noches veía que Janna salía de la habitación tratando de no hacer ruido para luego volver un par de horas después.

Los días siguieron pasando y conforme me encontraba más acostumbrada a la nave, mas curiosidad sentía por explorarla, aunque me detenía en parte un poco el miedo que me producían los demás. Después de pensarlo mucho mi idea es que podría quizás pasear un poco los días que Janna saliera, de esa manera no me regañarían, salí a cubierta y por un momento vi el mar frente a mi... hasta que escuche lo que me parecieron pasos y me fui corriendo a la habitación. Luego de eso los días que Janna salía, luego de un rato me pareció ver después de un rato los pies de alguien fuera de la habitación esperando... para luego retirarse cada vez un poco antes de que Janna volviera, aquello me asustaba un poco.

Una noche paso algo distinto, vi los pies en la entrada de mi habitación pero ahora no solo se detuvieron hay, era un sonido muy pequeño pero podía escuchar como intentaba abrir la puerta con silencio aquella persona. Me fui a un rincón mientras la puerta se abría y veía una mirada maliciosa asomarse por la ventana cuando un grito lo espanto y le hizo alejarse. -¡Tu! ¿Qué estás haciendo ahí?- Dijo una voz familiar en lo que cerraba y balbuceaba algo. -Yo solo, es que, vera...- Era Youdar quien asustaba a esa persona. -Lárgate de aquí, y no vuelvas a acercarte a esta puerta.- Una vez que eso paso me quede en  aquella esquina un momento para luego correr a la puerta para ver a Youdar y darle una sonrisa para luego acercarme y darle un pequeño abrazo.

Pronto comenzamos a vernos en aquellas noches donde Janna salía y se hizo evidente que no estaban acostumbrados a tratar con alguien que no hablara, por ejemplo al preguntarme lo que me gustaba hacer, respondí haciendo señas de un numero 1 y luego poniendo mis manos frente mi boca y hacer como que masticaba, luego un numero 2 y me acerque a él tomando su mano para ponerla sobre mi cabeza, luego me aleje de él haciendo un 3 con los dedos y puse una de mis manos sobre mi frente mientras me metía a los rincones del cuarto mirando a todos lados como si buscara algo y por ultimo hice un 4 y me tire a la cama mientras me medio tapaba los ojos con las manos. No sabía si entendía que me gustaba comer, recibir apapachos, explorar y dormir.

El tiempo prosiguió sin muchos percances y pronto Janna intento hacer que hablara pero aquello se me hacía raro y no me gustaba. Desde pequeña siempre fui callada pero recordaba que cuando hacía mucho ruido todo lo que obtenía eran regaños y castigos, así que no me sentía con la confianza o el ánimo de hacerle caso y cuando lo intentaban intentaba distraerlos con otras cosas. Aun que realmente lo único que tenía en mi cabeza cuando me dedicaba a pensar es que extrañaba la tierra firme y recostarme contra la tierra. No me molestaba que los días fueran iguales pero ¿No podían ser en otro lugar?
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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Sáb Abr 18, 2015 6:44 pm

El tiempo fue pasando, y tras mi “agradable conversación” con Youdar, cada vez era más patente que mi palabra se estaba cumpliendo. Los días fueron pasando, y yo empecé a cuidar de Niris, tal y como había prometido. Durante el día, estaba siempre con ella. Los primeros días ella parecía no encontrarse muy bien, así que estuve especialmente atenta con ella, hasta que por fin se le pasó. La pobre cuando le mandé el primer día a descansar a mi cama, se acostó debajo de ella, pero yo la tomé en brazos, con delicadeza, apoyando su cabeza sobre mi hombro, y tras sentarme en la cama, con ella en brazos, me acosté, con ella al lado, usando mi pecho como almohada para ella. No podía permitir que la criatura durmiera en el suelo, no señor.

Los días siguieron pasando, y necesitaba alimentarme, así que durante algunas noches, me iba a escondidas unas 2 o 3 horas para buscar a alguien que estuviera “interesado”. O si estaban dormidos, pues también.
Pasaron así 3 meses, sin mayores novedades. No hablaba con Youdar, ni permitía que éste se acercara a Niris, tal y como prometí. El encapuchado tampoco hacía mucho alarde de ser sociable, pero intercambiábamos palabras, escasas, pero las hacíamos. Con Youdar cuanto menos hablase, mejor. No necesitaba a ese enano para nada, y no lo necesitaría.
Entonces, una mañana pensé en que, después de 3 meses conviviendo con Niris, era tiempo de mostrarle mi verdadero ser. Niris siempre había sido sincera, y ya era hora de que yo también lo fuera, al menos en ese aspecto.
Esa misma noche, cuando, a la hora de siempre, ya nos encaminábamos a dormir, me senté sobre la cama y miré a los ojos a Niris.
- Niris, quiero que veas algo. Es muy importante

Niris, extrañada por mi petición, se puso delante de mi quieta, observando con atención.
Entonces me levanté del camastro, lenta y parsimoniosamente, estirando las rodillas, y todo mi cuerpo, cerniéndose mi sombra provocada por la luz de la Luna roja sobre Niris. Cerré los ojos, nerviosa. Jamás había hecho esto con nadie, y esperaba que Niris me recibiera de buen agrado, y no se asustara o enfadara.

Entonces, el hechizo, para Niris, se rompió. Mis alas, junto a mis cuernos y cola, fueron apareciendo lentamente, primero como un leve halo carmesí y negruzco que, fundido con el color de fondo de la pared de madera, se fue apareciendo hasta hacerse por fin, totalmente tangible y visible.
Unas alas enormes de piel membranosas, de color azabache por la cara interna, y chocolate por la externa, daban leves temblores, haciendo aspavientos de pegarse a mi cuerpo. Estaba nerviosa, y mi cuerpo provocaba unas vibraciones notables en mis extremidades, lo que incluía la piel de mis alas, que parecía hacer leves espasmos musculares. Mi larga cola de piel negra estaba enroscada alrededor de mi cintura, y la pica en la que acababa estaba pegada a mi espalda, totalmente recta y en tensión. Aparecieron también unos cuernos de cabra del tono de la tierra, que estaban próximos a las orejas, y se enroscaban casi a su alrededor.

La imagen podía ser espeluznante, dado que lo único que parecía brillar en todo mi cuerpo en penumbra, eran mis brillantes ojos rojos. Sin duda, era un demonio proveniente del foso

Niris se mostró algo asustada, y empezó a retroceder. Me puse aún más tensa, pensando que finalmente, sí, le estaba aterrando. Hice un intento de acercarme a ella, pero me contuve, abrazándome un brazo sobre el estómago, intentando contener mis movimientos instintivos.
Sin embargo, Niris se mantuvo quieta, observando con sus tiernos ojos rojos, manteniendo las orejas rectas y altas, posiblemente en tensión, y su cara pasó de aparente miedo a una curiosidad creciente, hasta que por fin empezó a acercarse a mí, despacio, paso a paso, cuidando de ver qué haría yo en respuesta. A lo que sólo respondí manteniéndome quieta, esperando que sea ella quien dé el paso. Entonces se detuvo frente a mí y empezó a olfatear mi cuerpo, especialmente las partes “nuevas”. Realmente no eran nuevas, pero la gente no las podía ver.

Entonces su tensión decayó y empezó a dar vueltas a mí alrededor, observándome, y tocando con timidez mis extremidades. Siempre estaba buscando mi mirada, y yo permanecí serena, hasta que cogí la confianza suficiente como para desenroscar mi cola de mi alrededor y posarla suavemente sobre su cabeza, frotando con los laterales el cuero cabelludo de Niris.
Niris después de eso se quedó viendo quietecita, como si estuviera pensativa, y tras eso, se puso frente a mí y empezó a hacer señas con las manos y brazos de cuernos y alas con cara de duda para luego señalarme a mí y hacer señas con la mano en forma de círculos frente a su boca, intentando preguntarse qué son esas cosas, al menos lo que sabe es que no es normal que la gente tenga.
- ¿Estás preguntándome qué es todo esto?- Pregunté, flexionando las piernas hasta quedarme en cuclillas para mirarle a los ojos a Niris- ¿O qué quieres decir exactamente?-
Niris se quedó pensando un momento y afirmó con la cabeza enérgicamente, para luego mirarme a los ojos con una intensa curiosidad y algo de aprensión, seguramente esperando alguna explicación.
- Verás...- Plegué mis alas tras mi espalda, y moví mi cola alrededor de mi cuerpo con suavidad.- Soy un súcubo... Una especie de... demonio. Me daba miedo contártelo, pero creo que es buen momento para hacerlo- Repuse intentando desviar la mirada por unos segundos, aunque no pude sino volver a mirarle a los ojos otra vez., con más interés e intensidad si cabe.
Entrelacé los dedos de mis manos, nerviosa, y notaba cómo una gota de sudor frio resbalaba por mi sien hasta llegar al filo de mi mandíbula. Y ésta cayó hasta el suelo - No soy humana...
Niris siguió observándome con curiosidad sin entender lo que decía o que significaban aquellas palabras que usaba. Pero en cuanto dije que no eres humana movió las orejitas para luego señalarlas con la mano, tras lo cual señaló mis cuernos. Luego señaló mi cola y finalmente daría un poco la espalda, mostrándome así algo pequeño que se movía en la parte baja del final de su espalda. Seguramente sea su cola, que por cierto, no había visto ahora que lo pensaba.
Estuve viendo a lo que iba señalando, y por un momento sonreí en cuanto vi moverse algo en la parte del final de su vestido. Me acerqué hasta Niris, y acaricié su cabeza con la mano, nerviosa. Mi mano temblaba a medida que le acariciaba la cabeza con la palma, aunque poco a poco dejó de temblar- Sí, tú tampoco eres humana ¿no es eso lo que quieres decir? ¿Entonces, me aceptas tal y como soy?
En cuanto me acerqué para acariciarle, se acercó un poco dejando que le acariciara, mientras cerraba sus ojos y se dejaba abrazar y mimar, como ya era costumbre. En cuanto a la pregunta, simplemente respondió afirmando con la cabeza y luego me apretó con fuerza en un abrazo
- Ahw, Niris- Mis ojos se empezaron a cargar, a ponerse más rojos los párpados y el resto de la cara, hasta el punto en que sin querer, empezaron a brotar las lágrimas de mis ojos, resbalando hasta la frente de Niris. Achuché fuerte a Niris contra mi pecho, llorando con más intensidad que antes. Estaba feliz de que ella me aceptase como era
- Gracias Niris... No sabes cuán feliz me haces con esto…- Mis cabellos se enredaron con mi rostro, y cayeron sobre los de Niris
Ella pareció sorprenderse un poco de que empezara a llorar mientras le estaba achuchando. Pero escasos segundos después me dedicó una gran sonrisa, aunque no le gustaba verme así. Y se puso a jugar con mis cabellos que cayeron sobre ella, dándole mordisquitos tiernos.
Oí sus dientecitos chocar entre sí, y al levantar la vista para ver qué estaba haciendo me puse a reirme, mientras me limpiaba la cara de lágrimas con una de mis manos - Jejeje, no muerdas mi pelo! Seguro que no está sabroso. Ay...-
A partir de ahora, para Niris, siempre sería quien soy ahora. Un demonio, pero mostrándome por completo. Sin embargo, la parte importante, la segunda, aún no se la había dicho. Quizás para el próximo día.
Me acosté con ella en la cama, manteniéndole abrazada a mí con más firmeza que otras veces, y tapando su tierno cuerpo con mis enormes alas a su alrededor. Y la mantuve pegada a mi cuerpo con la sujeción de mi cola alrededor de su cadera.

Al día siguiente, mientras me paseaba por cubierta, oí una marabunta de gritos a mitad de la longitud del barco.

Me acerqué entonces, y vi entonces al hombre bonachón en medio entre otro hombre con aspecto de malas pulgas y el encapuchado.
El hombre de malas pulgas hizo amago de querer golpear al encapuchado, y éste respondió inmovilizándole el brazo y haciendo que se hincase de rodillas en la madera, que se quejó al recibir el peso de golpe sobre sus viejas fibras. El encapuchado tomó su cuchillo, y le apoyó el su afilada hoja sobre la tierna carne de su cuello, que temblaba de tal forma que la hoja del cuchillo vibraba.
Muchos de los marineros hicieron amago de ir a ayudarle, pero apareció Youdar en un instante preciso, y el tiempo pareció detenerse. Respiré hondo. Aquí iba a estallar algo gordo. El encapuchado, el hombre bonachón y Youdar estaban ahí. Aún me molestaba Youdar, pero no me iba a poner de parte de los marineros.

Y cuando un hombre, a la espalda de Youdar, se fue a acercar hacia él, tomé mi daga desde la funda del muslo. En una fracción de segundo, di una amplia zancada hacia delante y la hoja de la daga, tan afilada que podría cortar la más liviana de las nieblas, pasó junto a la mejilla del marinero. En principio no pareció suceder nada, pero un delgado hilo de sangre empezó a derramarse por su mandíbula. Tenía la punta de la daga junto a la sien, dejando la posibilidad de clavársela para darle el golpe fatal.

-¡Detente, sucio humano! Repuse mientras rechinaba los dientes en seña de tensión. - Manténte quietecito,con las manos donde pueda verlas.
Braum se puso a nuestro lado, y nos encontrábamos en el centro, rodeados de marineros. No eran muchos, y algunos de ellos estaban borrachos todavía con las pocas reservas de alcohol que fueron almacenando a escondidas. Pero había que tener cuidado

Entonces el caos se desató. Los marineros se lanzaron hacia nosotros, pero no nos dejamos recibir sus golpes sin darles pelea. Mi daga surcaba el aire, provocando regueros de sangre en algunos de aquellos marineros, hasta que uno me cogió por la espalda, y me agarró de ambos brazos, levantándome del suelo.

Otro se acercó a mí con intenciones muy poco benignas, aparentemente, mientras me llevaban arrastrando las piernas por los desvencijados tablones de madera, hacia alguna “estancia privada”.
En el comedor, me pude soltar de su agarre, pateando al que tenía frente a mi cara con la punta de mi bota en la nariz, y clavé con fuerza mis colmillos sobre la carne del brazo de uno de mis captores. Me soltaron de inmediato, pero estaba arrinconada. Estaba en una esquina, sin ventanas, sin puertas, y encontré a Niris allí conmigo. Había 4 hombres no lejos de mí, y uno mencionaba a Niris con una odiosa sarna. - Eh, muchachita. Cuidadito. No querrás que tu “amiguita”, ese engendro de persona, sufra ¿verdad?-

Repuso uno de ellos, mientras todos los demás se fueron acercando hacia aquí


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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Youdar el Lun Abr 20, 2015 1:24 am

La situación a bordo del Mercante Anciano era cada vez más inestable. Había pasado casi un mes desde que estalló una fuerte trifulca, con Braum como centro de la misma. Un mes desde que se pudo escuchar por primera vez la palabra motín a viva voz entre los marineros. El enano no se engañaba a si mismo, no había sido él quien había detenido aquello, si no el desagradable Ishkem, al que muchos marineros parecían haber tomado como líder.

Desde entonces, Youdar había intentado no hacer enfadar al marinero. Le dejaba que hablara a voces, que diera órdenes como si él mandase a bordo, que decidiese sobre las comidas y repartiese a su gusto las bebidas. Cada vez que se cruzaba con Veil, quien no parecía estar muy a gusto tampoco con la actitud de Ishkem, Youdar intentaba compartir con él unas palabras de ánimo.

Entre aquella tensión, el enano había encontrado dos compañías inesperadas en las que evadirse. Por un lado estaba Ruisu, con quien hablaba largas horas a lo largo del día, muchas veces en idioma enano; parecía que el mercenario tenía un gran interés en aprender su lengua, y Youdar no sabía si aquello sería por poder hablar sobre los marineros sin tener que molestarse en bajar la voz o por algún propósito ajeno a aquel viaje. En cualquier caso, Youdar comenzaba a disfrutar de sus charlas con Ruisu, aunque la lentitud de su aprendizaje crispaba los nervios del carpintero muy a menudo.

La otra compañía que convertía el trayecto en algo más llevadero para Youdar era Niris, aunque se había visto obligado a meterse en problemas con Ishken por ella. Una noche, semanas después de la disputa de los marineros con Braum, el enano, que solía vigilar a la pequeña desde la distancia, pues sabía que Janna (por algún motivo comenzaba a referirse a ella de nuevo como Janna, ya no era simplemente “el demonio”) la dejaba sola un rato casi todas las noches, había descubierto al desagradable líder de los marineros acechando tras la puerta de la pequeña. Olvidando toda cautela, el enano le había echado de allí con malos modos, y, aunque sabía que en algún momento pagaría por aquello, en ese momento no le había importado en absoluto, pues el agradecimiento que le había mostrado Niris compensaba cien veces cualquier mal que estuviese por venir. Desde aquella noche, Youdar y Niris conversaban, mejor dicho, Youdar conversaba y Niris se expresaba como podía, cuando Janna dejaba a solas a la pequeña.

De no ser por Ruisu y Niris, y por la agradable y constante presencia de Pelos, el enano no hubiese logrado mostrar la fortaleza necesaria para que, pese al desagrado de los marineros, los días fuesen tranquilos. Incluso llegó a pensar que la suerte podría estar de su lado pues, cuando entraron en El Triángulo de Noreth, aquellos veteranos lobos de mar gritones se transformaron en cachorros asustados, pues raro era el día que no veían dos o tres barcos naufragar ante los extraños hechos que allí se producían: tormentas que se echaban sobre el barco sin tiempo a replegar velas, rayos que parecían ir buscando adrede las cabezas de los marineros, olas gigantes casi imposibles de evitar, incluso, y por extraño que pueda parecer, a veces tenían la sensación de que el barco levitaba sobre las aguas. Los restos de grandes galeones se podían ver flotar en las aguas, e incluso una tripulación tan recelosa como la suya podía ver que el buen rumbo del Mercante Anciano, directo hacia las entrañas de Landemar, no podía ser producto exclusivo de la suerte; no podían negar la habilidad al timón de su capitán.

Un día, cuando llevaban algo más de dos meses de trayecto, Pelos despertó a Youdar con fuertes maullidos, y el enano intuyó que su “buena suerte” había llegado a su fin; no se equivocaba. La escena era demasiado similar a la que había sucedido tiempo atrás: Braum se encontraba en medio de una fuerte discusión, y Ruisu también parecía ser blanco de las iras de los marineros. Youdar intentó poner calma como pudo, y, buscando llamar la atención cuanto pudo, dijo en voz alta lo más estúpido que alguien podría expresar en tal situación.
-¡Detened esta locura, prácticamente nos encontramos sobre Landemar!-

El caos se terminó de desatar. Los marineros ya no necesitaban para nada a su capitán, al menos no al timón, y todos se abalanzaron sobre Ruisu, Braum y Youdar. Janna apareció en medio de la confusión y logró detener a uno de ellos, pero el enano no pudo saber cuánto tiempo, pues otro de los miembros de “su” tripulación lo golpeó fuertemente en la cabeza. Antes de que su cuerpo llegara al suelo, el enano ya se había desmayado.

-//-

Todo daba vueltas alrededor de Youdar cuando despertó. Intuyó que no había pasado mucho tiempo, e intentó incorporarse, pero algo se clavó en su costado, impidiéndoselo.
-Quietecito ahí, enano- dijo una voz algo aniñada ¿Veil? Youdar consiguió mirar hacia quien le apuntaba con su espada, y se sorprendió al comprobar que el muchacho amable, el que miraba con mala cara a Ishkem cuando este hacía de las suyas, era quien le subyugaba al suelo. De hecho, el propio Ishkem estaba de pie, al lado de Veil, y lo miraba como si esperase órdenes ¿Acaso había obedecido todo el tiempo Ishkem al joven marinero?- Os vais a quedar aquí los tres. Nosotros tenemos mucho tiempo que recuperar, y le he reservado a Ishkem un baile con las chicas.
-Hijo de puta- dijo una voz, que Youdar reconoció como la de Márcin, a su espalda.
-Será mejor que te portes bien, viejo. A ti y al bigotón os dejamos vivir por simple consideración. Al único que necesitamos es al enano; no vamos a perder la oportunidad de saquear Landemar, no después de tanto tiempo invertido.

Youdar se arrastró por el suelo, alejándose de la espada de Veil. La cabeza le dolía, pero sentía que su cuerpo, ahora que había despertado, estaba fuerte. Logró ponerse en pie, y al fin tuvo una perspectiva completa de la situación. Se encontraba en un camarote, y la tripulación amenazaba con sus espadas a Márcin y a Braum, que tenían la espalda pegada a la madera de la pared. Youdar se llevó una mano a la nuca, y comprobó que no sangraba en gran cantidad; eso le hizo ver una oportunidad de que aun aquello acabara bien, e intentó negociar con frialdad.
-No hagas daño a nadie, Veil. Deja a Niris y a Janna en un camarote, solas, y a nosotros aquí. Te llevaré directo a Landemar- Youdar intentó que su voz sonara calmada en todo momento, pues incluso un mal tono podría llevar a los amotinados a tomar represalias.
-Me llevarás directo a Landemar, “capitán”,- la última palabra la pronunció con un desprecio desmedido- y me llevarás lo más deprisa que puedas. A cada día que pase y no lleguemos, las dulces chicas podrán contar con una ronda completa de buenos ratos en compañía de todos mis hombres, y estos dos- señaló con la espada a Márcin y a Braum- podrán contar un dedo menos en sus manos.
-¿Qué has hecho con Ruisu?- el enano estaba furioso, pero no ganaría nada con perder la calma. Debía averiguar cuanto pudiese, pues el encapuchado podría suponer la diferencia entre la victoria y la derrota.
-Me sorprendes, Youdar. Supongo que es por el golpe, pero igualmente me asombra que te preocupes antes por un asesino que por ese animal que siempre te acompaña.

El enano entró en pánico. Había dado por hecho que Pelos se encontraba en el camarote, que le habían encerrado junto a él, y que estaba bajo uno de los camastros, aterrorizado. Observó detenidamente a Veil, que sonreía sádicamente, sin bajar el arma, y el pánico dio lugar a la ira. Youdar se prometió a si mismo y a Karzún que aquel hombre no vería un amanecer más.
-¿No dices nada? Perfecto. Aquí os quedáis, muchachos. Esta noche enviaré a alguien a que os traiga la cena, hoy tenemos gato en el menú- se marcharon, y cerraron la puerta con llave tras de si. El enano comprobó que no tenía ninguna de sus cosas, ni sus armas ni sus herramientas, nada. Tan solo la ropa que vestía.
-¿Alguna idea?- dijo, mirando a Braum y a Márcin. El musculoso hombre del bigote se acercó lentamente a la puerta, con total tranquilidad, y, de repente, arremetió con una fuerte patada contra la madera, que crujió pero no cedió.
-Así no lograrás nada- dijo Márcin. Por algún motivo, no parecía tener prisa en salir de allí, y parecía que la situación no iba con él.
-¡Márcin, tenemos que salir de aquí!- dijo Youdar, sorprendido de la actitud del cazador.
-Pues ahora mismo, Youdar de poca fé, parece mentira que no me conozcas. Siempre que voy a bordo de un barco, los demonios se hacen con él, es tradición.
-Esa tradición,- comenzó a decir Braum- ¿Cómo de antigua es?
-Tiene una hora de antigüedad, más o menos. Es la primera vez que viajo en barco.
-Márcin, no es momento para…- Youdar no encontraba las palabras. Necesitaban salir de ahí, y el demente cazador no estaba ayudando.
-Os lo he dicho, calmaos. Solo estoy dejando que se alejen un poco- repuso Márcin, moviendo lentamente las palmas de las manos de arriba abajo, pidiendo tranquilidad.
-Tienes un plan- dijo Braum. No era una pregunta, y Márcin desde luego no la tomó como tal.
-Así es. Cuando entré en el barco supuse que esto podía pasar. Hombre prevenido vale por dos, solía decir mi padre, y dejé unas ganzúas repartidas por cada habitación que pudiera cerrarse con llave- rebuscó por el hueco que dejaba uno de los camastros con la pared, y, a los pocos segundos, les mostró su mano en la que, en efecto, llevaba una ganzúa- Hora de escapar.

¡Bendito chiflado paranoico!”, pensó Youdar, mientras veía a Márcin trabajar en la cerradura.
-Estos cierres son buenos, Youdar, parece mentira que estén en un barco tan desastroso- comentó Márcin, sin dejar de mover la ganzúa de un lado a otro.
Date prisa, date prisa, vamos, vamos”, el enano no podía esperar. Sabía que Veil no iba de farol, y, si tardaban mucho, acabarían matando a Pelos… si es que seguía vivo.
-¡Putísima mierda de barco, Youdar!- maldijo Márcin. Su mano sostenía la ganzúa, pero estaba rota- He conseguido abrir dos de los cierres, pero tiene tres.
-Inbare, Márcin, da igual. Chicos, todos juntos, a la de tres- a la orden de Youdar, Braum y Márcin se pusieron a ambos lados del enano, listos a embestir la puerta- ¿Preparados? ¡Tres!- la puerta resistió la primera embestida, lamentándose con un gran crujido- ¡¡Tres!!- volvió a gritar Youdar, sin importarle que los amotinados pudiesen oírles. La puerta siguió aguantando, y Márcin salió despedido por el impacto, pero comenzaban a marcarse unas grietas alrededor de la cerradura- ¡¡¡TREEES!!!- el enano y Braum cargaron con todas sus fuerzas, lastimándose ambos sus hombros, pero no importaba en absoluto. La madera crujió fuertemente, y la grieta reventó por completo la pared. La fuerza con que se abrió la puerta hizo que uno de los amotinados, que había ido a investigar la causa de aquel ruido, saliera despedido al ser golpeado por ella.

Tras reponerse, Márcin no perdió el tiempo y se abalanzó sobre el marinero caído, y comenzó a asfixiarle con sus propias manos. El marinero intentó resistirse, pero antes de que pudiera quitarse al demente cazador de encima, Braum le aplastó la cabeza con su bota, cuatro veces, reduciendo esta a una informe masa ensangrentada.

Márcin se puso en pie, cogió la espada del muerto y le dio las gracias a Braum. En ese momento, un gran escándalo les llegó del comedor.
-Acerquémonos con cautela, capitán- dijo el bigotudo. Youdar asintió, y pudieron ver lo que ocurría sin alertar a ninguno de los amotinados. Dos marineros habían acorralado a Janna y Niris en la estancia, y, aunque la súcubo oponía resistencia, parecía cuestión de tiempo que aquellos hombres, tras meses sin poder gozar de la compañía de una mujer, obtuvieran lo que tanto ansiaban. Al enano no le quedó más remedio que pensar en el problema actual, y dejar de lado a Pelos. Además, si quería llegar a la cocina, debía pasar por el comedor.
-Escuchad- dijo el carpintero, susurrando- Braum y yo iremos a por éstos. Márcin, tú busca a Ruisu, debe estar por aquí, en algún camarote o donde sea. Después tendréis que crear una distracción, y también vigilar la bodega. Nosotros vamos desarmados, y no podremos acabar con estos rápidamente.
-Coge esta arma, Youdar- dijo Márcin, ofreciéndole la espada del marinero muerto.
-No. Aquí sabemos que solo hay dos, y no nos esperan, pero tú puedes encontrarte bastantes, y te pueden sorprender a ti. Necesitas esa espada, y necesitamos a Ruisu- Youdar suspiró. Se había enfrentado a la muerte muchas veces, pero no estaba acostumbrado a tener que proteger a otros al mismo tiempo que combatía, y varias vidas dependían de él- ¿Todo claro? Pues adelante.

-//-

Para cuando Youdar y Braum entraron en el comedor, los marineros ya habían logrado someter a las muchachas, atándolas de pies y manos.
-Me toca empezar, que para algo he estado estos meses haciendo todo lo que el jefe decía- dijo uno de ellos, y Youdar enseguida se dio cuenta de que se trataba de Ishkem. Se acercó a Janna, y se llevó las manos a los pantalones, dispuesto a bajárselos. El plan era atacar cuando más distraídos estuvieran, y eso implicaba permitir hasta cierto punto que abusaran de las chicas, algo que a ninguno le había agradado, pero que habían acordado como lo que más posibilidades les daría de sobrevivir. Pero, ante aquel espectáculo, algo se revolvió en las entrañas del enano. Por primera vez, y tras tanto tiempo cruzando palabras con Janna solo para conocer el estado de Niris, vio a la súcubo como humana. Ya no era un demonio más, no era un ser que quería corromper su alma, no; era solo una chica, una chica que incluso le había intentado defender arrojándole un cuchillo a uno de los amotinados, una chica que estaba a punto de ser violada, y que Karzún maldijese a toda su raza si el enano iba a permitir que aquello pasara. Cruzó una rápida mirada con Braum, y vio que el hombre del bigote pensaba exactamente lo mismo que él.

Antes de que Ishkem “desenfundara” su arma, Youdar se lanzó contra él, empujándolo, haciendo que su cabeza chocara contra la pared del comedor. El enano se desequilibró en el ataque, y también acabó yendo a parar al suelo. Se repuso lo más rápido que pudo, pero el desagradable marinero lo estaba esperando, y ahora el arma que llevaba en la mano no era la que ocultaban sus pantalones. Ishkem lanzó un rápido tajo en dirección a Youdar, que el enano logró esquivar de milagro con una finta. Intentó acercarse a Ishkem, y, para su sorpresa, este no hizo ningún movimiento con la espada para impedírselo. Se preparaba el enano para asestar un puñetazo  al estómago del hombre, cuando vio que en su otra mano sujetaba una daga, que iba directa hacia su pecho. Hizo lo único que le daba tiempo a hacer, reconduciendo la trayectoria de su brazo en busca del arma de su enemigo; Ishkem no lo esperaba, y la daga tan solo irió a Youdar en el antebrazo, abriéndole un tajo que sangraba abundantemente, mientras que el puño de Youdar si que logró golpear de lleno el brazo del humano, haciendo caer al suelo su daga. Este colocó su espada en trayectoria descendente hacia el cuello del carpintero, que fue desviada por poco por la chaqueta de cuero. El impacto envió al enano al suelo, donde encontró la daga que se le había caído a Ishkem y, sin dudar ni un segundo, la agarró y la clavó en el pie del marinero.

El grito de Ishkem inundó el comedor, pero hubo otro grito, esta vez de auxilio, que Youdar pudo escuchar claramente, por encima del grito de Ishkem, y de la pelea que Braum, que se defendía como podía armado con la pata de una mesa, mantenía con el otro marinero. Aquel grito era un maullido de Pelos, que venía de la próxima cocina, y que a Youdar le hizo saber que su gato estaba vivo, y que, al igual que ellos, luchaba por su vida. Lleno de furia, pero a la vez de decisión y esperanza, el enano rodó, alejándose de la espada de Ishkem. Se incorporó, y contempló al desagradable humano, que le devolvió la mirada. Ambos evaluaban al otro; Youdar estaba desarmado, y sangraba abundantemente por el antebrazo, pero podía moverse libremente, mientras que Ishkem, aunque armado, era incapaz de mover su pie derecho, clavado al suelo por su propia daga.

Un nuevo maullido hizo que el enano se decidiera, y cargó contra Ishkem, dispuesto a matarlo a golpes; hizo lo posible por esquivar la espada del marinero, procurando ganarle la espalda, aprovechando sus limitados movimiento, pero el comedor no era un escenario tan amplio, y la hoja acabó clavándosele en el mismo brazo que ya tenía herido. Antes de que Ishkem retirara la hoja, Youdar, haciendo caso omiso a su dolor, se acercó a él, impidiendo que este pudiera retirar la espada; sonrió pensando en la suerte que tenía, pues, de haberle atacado en el otro brazo, se hubiera visto completamente indefenso ante el marinero, pero ahora toda la ventaja era para él, y tenía demasiada prisa como para obviarla. Pateó a Ishkem en el pie, haciendo que la daga se abriera paso a través de huesos y tendones, y el humano acabó en el suelo. Youdar se situó sobre él, y le sujetó por el cuello con el brazo malherido. Los gritos de Pelos habían cesado, y el enano se temía lo peor, pero aquel miedo hacía que no sintiera ningún daño. Alzó su brazo derecho, y golpeó la cara de Ishkem. Así siguió haciéndolo, una y otra vez, hasta que el humano no opuso resistencia alguna, y después, con ambas manos, lo ahogó hasta la muerte.

No había tiempo para pensar, y, aprovechando que el rival de Braum se estaba tomando un descanso, el enano se dirigió hacia el hombre del abundante mostacho.
-¿Necesitas un arma?- dijo, señalando la espada que llevaba clavada en el brazo. Braum entendió perfectamente a que se refería Youdar, y, sin ninguna delicadeza, colocó su pie en el pecho del enano, y con fuerza extrajo el arma. Youdar sintió un profundo dolor, pero no había tiempo para centrarse en él. Cogió del pie de Ishkem la daga, y cortó las ataduras de Janna. Le puso la daga en la mano, y le dijo- Libera a Niris, ayuda a Braum y no me esperéis.

Confiando en que Braum y Janna pudiesen apañarse con el marinero, el enano, que comenzaba a tambalearse por la pérdida de sangre, se dirigió hacia la cocina, haciendo presión como podía sobre el brazo herido.

Al llegar, la ira se apoderó de el por completo. Uno de los marineros, con la cara llena de arañazos, tenía a Pelos cogido por el cogote, y se disponía a introducirlo en una olla con agua hirviendo, vivo. El enano agarró lo primero que encontró, una pequeña cacerola, y golpeó al marinero en toda la cara. Ignorando el dolor de su brazo izquierdo, lo usó para mantener al hombre sobre sus rodillas, y golpeó varias veces con la cacerola.
-¿Tenías mucha hambre, amigo? No te preocupes, que hoy no te quedas sin comer- dijo el enano, dejando caer su improvisada arma al suelo. El hombre, con la cara totalmente destrozada, no hizo el menor esfuerzo por huir mientras Youdar, con gran parsimonia, se daba la vuelta y se dirigía hacia la olla que estaba al fuego. Acarició a Pelos, y lo observó detenidamente, comprobando que tan solo estaba asustado, aunque parecía moverse con dificultad; el enano pensó que aquel hombre debía haberlo golpeado para que el gato dejara de resistirse. Youdar se llenó de ira al imaginar a aquel hombre golpeando al pequeño, y, cubriéndose las manos con su propia ropa, cogió la olla con agua hirviendo. La sangre se amontonaba en la cara del marinero, dificultándole la visión, y no fue consciente de lo que sucedía hasta que no fue demasiado tarde.

El enano comenzó a verter lentamente el agua hirviendo sobre el rostro del hombre, que comenzó a chillar al sentir como el líquido quemaba su cuerpo al pasar sobre él.
-¡Tu…ya…no…pasas….más…HAMBRE!- hasta que no hubo vaciado la olla no paró. Después, ni se molestó en rematar al marinero, pues lo que había estado a punto de hacer merecía todo el sufrimiento del mundo. El enano no dejó caer la olla, pues aún quedaba un último uso que darle. Se descubrió el brazo izquierdo, que mostraba dos feas heridas. Tragó saliva, cerró fuertemente los ojos, y acercó el ardiente hierro a ellas. Estuvo a punto de desmayarse, pero consiguió resistir, aunque cayó al suelo, donde tuvo que estar durante unos minutos. No fue hasta que notó a Pelos restregarse contra su cara, cuando logró rehacerse del todo.
-Eh, pequeño, casi no lo contamos. ¿Qué habrán hecho esos locos? Vete a saber, pero si Ruisu sigue vivo, seguro que están metidos en un buen lío. ¿A quien se le ocurre? Hacer equipo con un asesino, un loco, una demonio y un, bueno, y un Braum, que debe ser el único marinero humano con algo de honra en todo Noreth- el enano, aún en el suelo, desvariaba, pero, poco a poco, el color volvía a sus mejillas, ya que las heridas habían dejado de sangrar. El dolor era un viejo conocido para él, y Youdar comenzaba a rehacerse.
-Miau- dijo Pelos, como si apremiara a su amo.
-Si, pequeño- con gran esfuerzo, procurando no apoyarse en el brazo izquierdo, que aún sentía muy débil, Youdar logró ponerse en pie- Habrá que ir a ayudarles. Vamos allá- cogió del cuerpo del marinero su espada- Espero que Márcin haya encontrado nuestras armas, porque esta espada da asco. Fíjate, Pelos… los humanos son unos herreros horribles.
-Miau- esta vez no había duda, el gato rogaba al enano a que se apurara. Youdar recuperó finalmente la normalidad, y, consciente del peligro, apretó con fuerza la empuñadura de la espada del cocinero.
-Pelos… ¡Kazukan ai´menu!- gritó el enano, encaminándose decidido hacia la cubierta, acompañado de su fiel escudero felino.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Alanna el Miér Abr 22, 2015 10:39 am

Llevaba dos días sobre esa tabla, es enorme, fría e incomoda tabla de madera. Estaba sedienta y helada, no había comido nada en dos días, su ropa se encontraba rasguñada y la voz con dificultad lograba salir de sus labios, secos y cortados.
Había estado segura en el barco, pensaba que todo iba bien, solo debían llegar a la isla, Era unnavio grande, armado y seguro, la gente de allí no sabía luchar, pero los guardias si, y todos pensaron que con eso sería suficiente, pero de un momento a otro todo había cambiado, y las ideas de seguridad que todos tenían se fueron al traste.

Un enorme monstruo emergio de la nada y tomó el barco y la histeria reinó al momento. Todos corrían de un lado a otro, intentaban huir con las barcazas, solo los guardias, y ella misma intentaron detener a esa especie de calamar gigante. La chica lo había sabido antes de salir del puerto, no tendría que haber cogido el barco, el mar no era para elfos, debería haberse quedado en sus bosques, donde los árboles eran amigables, proporcionaban sombra, cubrían de las tormentas y daban alimento. La chica aun recordaba como, a su lado, todos caían poco a poco hasta que el barco se rompió. Ella fué la más afortunada, se había anclado con fuerza, usando piernas y brazos a una de las barandillas del barco que salió volando al destrozarse, cuando calló al agua estaba ya muy lejos del monstruo marino. Había caido al agua, la tabla estaba alejada de ella, y sus heridas escocían con el contacto del agua salada, a sus espaldas el peso del arco y las flechas intentaban undirla, pero sacando fuerzas de la desesperción, logró alcanzar la tala, en ella, enganchada, ondeaba un trozo de tela blanca, posiblemente parte de la bandera del barco. Subió a duras penas a la tabla y se enrolló con la manta, ¿qué haria ahora?.

Dos días pasaron hasta que vio la oportunidad de salvarse. A lo lejos un barco parecía ir en su dirección, no tenía claro donde estaba ella, pero el caso es que el barco se acercaba. Se levantó con cuidado, intentando no perder el equilibrio y comenzo a agitar la bandera, que, hasta hacía poco, había estado usando de manta:

- ¡¡AQUI!!- gritó con toda la fuerza que tenía su garganta seca- ¡¡AQUI POR FAVOR, ESTOY AQUI!!

Ojala la viesen, necesitaba salir de allí, y ni ella misma tenía idea de la suerte que había tenido de que las corrientes, en ese momento, fueran a su favor. Estaba tan aliviada de ver un barco que si le hubiese tenido algo de agua en su cuerpo, se habría echado a llorar.

Con fuerza empezó a remar con ambas manos, que le dolían ya de tanta sal, intentando acercarse al barco al tiempo que seguía gritando, deseando que la escucharan. Logró llegar a una distancia medianamente aceptable del barco y volvió a ponerse de pie agitando la bandera y sin cesar su llamada. Tenían que verla, tenían que hacerlo, no podía seguir siendo una naufraga o volvería a morir allí sola. Deseaba con todas sus fueras que, por casualidad, alquien en cubierta la viese y acudiera a su llamada de auxilio. Se sentía tan agotada que, despues de esa llamada, al ver el barco tan cerca, se desmayó sobre la tabla aun pensando en que, ojala la vieran y la subieran al barco.
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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Necross Belmont el Jue Abr 23, 2015 3:06 pm

Márcin lo había ayudado a cocinar, cosa que fue un alivio para el hombre del parche. El tuerto no supo en que momento el humano había puesto algo más que condimentos en la comida, pero todo se fue al demonio durante la cena. Y mientras comía, Necross noto que la carne estaba más dulce de lo normal, pero era difícil ponerle atención a la comida, ya que era más divertido ver como Lucatiel intentaba comer con la máscara puesta. Pero inesperadamente Janna comenzó a toser, no parecía que se había ahogado con el agua, o atorado con la carne… El hombre del parche entendió lo que sucedía solo cuando Youdar lo grito, ella era un súcubo.  

El amigo de Youdar había puesto agua bendita en la comida, era normal que un ser demoniaco tuviera una reacción, ¿pero qué pasaría con Necross? ¿El agua bendita tendría algún efecto sobre Dracul? El hombre del parche sintió cierto dolor en el cuerpo, comenzaba en su estómago, y pronto se esparció hacia los brazos, en particular su brazo izquierdo. Durante la cena la atención se mantuvo sobre Janna, lo que permitió que Necross pudiera disimular sin tanto teatro su dolor.

Después de la cena, y la escena de Youdar, el hombre del parche se acercó a Lucatiel. -Lucatiel, debes sacarme de aquí… te daré todo el oro que me queda pero ayúdame a salir.- La enmascarada no entendía muy bien la situación, y detrás de su máscara se dibujaba una expresión de confusión. -¿Que  te sucede tuerto, te espanto el capitán?- Necross dejo escapar una leve sonrisa, para retorcerse de dolor de nuevo. -La verdad si, yo… te hable sobre Dracul, sea lo que fuese que tuviese la comida lo está haciendo reaccionar. Puedo escuchar sus gritos, me temo que podría descontrolarse…- Entonces la enmascarada se acercó un poco más a Necross, lo tomo del hombro y preguntó: -¿Estas bien?- El hombre del parche negó con la cabeza, pidiéndole nuevamente que lo sacara del barco.

Entonces mientras el capitán no estaba, y los demás miembros de la tripulación lo hacían encerrado en su camarote, el hombre del parche junto a la enmascarada se bajó del barco, escondiéndose en una de las tiendas cercanas al puerto.  Allí por una de las ventanas de la tienda, Necross vio volver al enano, junto a Janna, y una pequeña de cabellos claros. -¿Nadine?- Comento el tuerto, mientras miraba hacia afuera.

-Creo la excusa de que te lleve a un curandero servirá para que no nos sigan, ¿pero estas seguro de querer abandonarlos?-

-No tengo más de unos días con ellos, no somos amigos, solo socios… aunque espero no pierdan sus vidas en el viaje. El mar puede ser traicionero cuando se lo propone, y estarían mejor sin mí, hay cosas que no puedo controlar, y una de ellas es Dracul.-

El hombre del parche vio que había movimiento sobre el barco, los grumetes comenzaron a mover cosas, y el mercader anciano comenzó a alejarse del puerto. Antes de que el barco se alejara en el horizonte, Necross salió de la tienda, puso dos dedos en su frente (a modo de pistola) y se despidió de la tripulación, deseándoles la mejor suerte en el viaje… la necesitarían.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Ruisu EvandHell el Dom Abr 26, 2015 11:38 pm

-Por un instante recordé como era estar en el gremio.-
 
Me encontraba amarrado en lo que parecía ser la misma silla en la que estaba al conocer a Youdar. Al despertar, mi primera reacción fue maldecir a los malditos hombres que me habían golpeado, luego de eso me maldije a mi mismo por bajar la guardia. Solo un pensamiento claro recorrió mi mente. - Si en ese momento los del gremio me fueran visto, lo mas seguro es que mi estupidez fuera sido tema de conversación por mucho tiempo.-
 
Estaba mareado y sentía un fuerte dolor de cabeza. – Vamos, esto no puede terminar de esta forma.- Me dije a mi mismo mientras trataba darme ánimo. Trate de mantenerme un momento en silencio y mientras no hacia ningún ruido pude escuchar una conversación que venia de afuera de la habitación en la que estaba.   
 
–Escuche que las tienen en la cocina. No puedo esperar a sentir su piel caliente.- Dijo un hombre del cual no reconocí la voz.
 
-¡Que mierda! Esos malditos gozando la carne y mientras tanto, nosotros tenemos que vigilar a Ruisu.-  
 
-El jefe prometió que una vez que llegara nuestro turno podríamos hacer lo que quisiéramos con esa puta pelirroja. Y yo que quería estrenar a la pequeña…-
 
-¡Eres un bastardo enfermo! ¿Como puedes pensar en la pequeña teniendo tan jugoso bocado abordo? –
 
-Me gustan tiernitas amigo, aun que igual disfrutare a las dos. Jajajaja-
 
La voz de estos hombres cada vez era más asquerosa, podía notar las ansias que tenían de Janna y la pequeña. Seguramente estaban babeando con cada palabra que decían, era molesta toda la situación, lo raro era que no me habían amarrado junto a los otros, trate de buscar una forma de liberarme pero cuando aun no había echo ni el primer intento, escuche que los dos hombres fuera de la habitación habían comenzado a correr lejos de esta. – Malditos, ya a de ser su turno.- Pensé mientras movía las manos tratando de sacarlas del nudo que habían echo.
 
Pasaron un par de minutos y pude escuchar un susurro tras la puerta. – Hey Asesino…- el sonido era leve pero entendible.   – ¡Ruisu! Di algo Asesino. – al escuchar la voz por segunda vez caí en cuenta que era Marcin quien me llamaba. Le di un par de patadas a la puerta y fue entonces cuando escuche como movían la cerradura. – No hagas ruido. En un par de segundos te sacare de aquí.-
 
Luego luchar por unos segundos con la puerta,  Marcin logro abrir y con una sonrisa un poco nerviosa me explico lo que estaba sucediendo. –No tenemos tiempo, tenemos que reunir armas y retomar el control del barco.- El desquiciado personaje desato las cuerdas en mis manos y luego de eso me comento lo que estaban haciendo Youdar y Braum.
–Bueno… Quiero que corras a mi camarote y traigas mi arco. No dejes que te vean, mientras, estaré en la cubierta armando alguna distracción.-
 
-¿Que distracción tienes planeada?- Pregunto Marcin mientras miraba de un lado a otro nerviosamente. 
 
-No tengo ni idea.- Respondí tratando de forzar una sonrisa de confianza para luego separarme de el.
 
No teníamos tiempo para planes y mucho menos la paciencia para hacer alguno. Al llegar a la cubierta me percate que dos de los amotinados estaban inclinados en la baranda del barco mirando hacia abajo. – ¡Que puta suerte! Justo cuando creía que no probaría mujer antes que los otros, aparece una belleza flotando cerca del barco. –
 
- Jajajajaja. Claramente tenemos a los dioses de nuestro lado. –
 
Al escucharlos pude reconocer que eran los dos hombres que hablaban fuera de la habitación cuando estaba amarrado. Me acerque rápidamente por la espalda y tome un cuchillo que tenía uno de ellos en su cinturón. –Mis saludos a los dioses.- Dije mientras sujetaba a ese hombre por la espalda y clavaba fuertemente la daga en su cuello, jale el cuchillo abriendo la garganta de un lado a otro, lo cual libero una gran cantidad de sangre que comenzó a encharcarse a mis pies.
 
El otro hombre se abalanzo sobre mí agitando su espada de un lado a otro sin parar, mientras pedía ayuda a gritos. Yo, me cubría con el cadáver de su amigo y daba un par de pasos hacia adelante. Luego de eso pude escuchar un grito de alerta en forma de respuesta  y justo en ese momento decidí usar el cadáver para poder acercarme al sujeto frente a mí. Empuje el cuerpo sobre el, la reacción de este hombre fue cubrirse con sus brazos y echar a un lado el cadáver de quien había sido su “amigo.” Al distraerse, me dio el suficiente tiempo para escabullirme a un lado de el y sujetar el brazo en el que tenia la espada. Luego de esto clave el cuchillo en su pecho. –Siempre tienes que apuñalar de forma horizontal. De manera que la daga pase entre las costillas.- Recordé mientras empujaba fuertemente el cuchillo en su cuerpo. Miraba fijamente su rostro y cuando vi la luz escapar de sus ojos saque el cuchillo y tome la espada de su mano.         
 
–¡Van dos!- Dije en voz alta mientras miraba como otros hombres llegaban corriendo a cubierta.
 
En sus manos llevaban espadas, mazos y cuchillos, en sus rostros odio y algunas risas confiadas. Al primero que se acerco le lance el cuchillo que tenia en la mano. El metal se enterró fuertemente en su hombro y seguido de esto logre deslizar la espada por su garganta. –¡Tres! – Grite mientras otros dos hombres venían corriendo a matarme. En ese momento escuche como Marcin se acercaba, el hombre desquiciado estaba corriendo para traerme las armas. Pero al descuidarme para ver a Marcin uno de los amotinados lanzo un espadazo que logro herirme levemente en el pecho. Luego de ese ataque llegaron otros mas que tuve que detener con la espada, el acero chocaba mientras poco a poco me vía obligado a retroceder.
 
Mientras, Marcin había dejado mis cosas en el suelo y luchaba su propia pelea con otro de los sujetos. –Espera el momento perfecto.- Pensé mientras esquivaba cada uno de los ataques que venían hacia mi. Los que no podía esquivar los bloqueaba con la espada, mientras me mantenía atento al sujeto que tenia al frente, otro amotinado logro acercarse por la derecha y con un mazo comenzó a lanzar varios golpes. Con la desesperación en su rostro decidió levantar su arma sobre su cabeza y dejarla caer con todas sus fuerzas sobre mí.
 
Al verme acorralado salte a un lado para tratar de esquivar el golpe. El mazo bajo rápidamente y abrió un gran agujero en el suelo, quedando atorado por unos minutos. En ese momento aposte todo a la suerte y me abalance sobre el tipo de la espada. Pude bloquear un par de golpes pero el tercer ataque logro clavarse en mi brazo, ignorando por completo el dolor me arroje sobre el sujeto y tras desarmarlo comencé a golpear una y otra vez su rostro con el filo de la espada, luego de esto me pare rápidamente y trate de patear el costado del hombre que aun luchaba por liberar el mazo, el tipo al verme acercarme soltó su arma y me sujeto de la pierna.
 
La sangre cubría todo mi cuerpo y la madera de la cubierta estaba completamente carmesí, una lucha se desato entre el hombre del mazo y yo. El tipo sin problema alguno logro golpearme en el rostro y darle la vuelta a la pelea colocándose sobre mí, luego de esto, logro asestar un segundo golpe en mi rostro, esta vez rompiendo mi nariz y nublando mi visión por unos segundos. En un acto de desesperación comencé a palpar el suelo tratando de recuperar mi espada pero lo único que pude tomar fue un trozo de madera que había liberado el mazo al golpear el barco, me aferre a ese trozo de madera el cual tenia una punta algo afilada.
 
El hombre del mazo logro golpearme una vez más y  justo cuando levantaba su brazo para dar el cuarto golpe, tome fuerzas y clave la madera en su rostro, clavando el “arma” en uno de sus ojos, el sujeto se arrojo al suelo a retorcerse de dolor, la sangre se acumulaba cada vez mas en la madera y los gritos de ira y sufrimiento podían escucharse en todo el barco. En ese momento me arrastre hasta mi espada, luego de tomarla con ambas manos la entere en su estomago una y otra vez hasta que el sujeto dejo de moverse – Cinco.- Dije mientras trataba de ponerme de pie y recuperar el aliento, ciertamente había armado una distracción. De trece amotinados ya habían muerto cinco y aun quedaba mucho antes de terminar, me puse de pie y comencé a correr hacia Marcin para tratar de ayudarlo con su pelea. Desde lejos pude ver como el “loco” estaba apunto de clavar un cuchillo en el estomago de su enemigo.
 
Mientras Marcin luchaba contra su enemigo, un segundo amotinado apareció por la espalda y con un martillo le golpeo el rostro. Marcin se desplomo al suelo y fue apuñalado por el sujeto que estaba por matar hace apenas segundos.
 
Ya no había nada que hacer. Tome mi arco y mi carcaj, acomode lo mas rápido que pude una flecha, y mientras miraba fijamente al amotinado que había apuñalado a Marcin murmurar el numero seis para luego soltar la flecha. El segundo amotinado se quedo inmóvil mirándome a los ojos por un par de segundos, saque una segunda flecha y mucho mas rápido que la vez anterior acomode la flecha y le di muerte al séptimo y último amotinado que pude ver a mí alrededor. - Siete.- Dije con voz entre cortada por el cansancio.

Mientras giraba sobre mis talones para asegurarme de que nadie estuviera con vida pude apreciar la sangrienta imagen que había quedado tras la batalla, un total de ocho cuerpos estaban inmóviles en cubierta. El suelo del barco estaba cubierto por charcos y líneas de sangre, mire mi cuerpo detenidamente tratando de ver si no tenía alguna herida de la cual no me fuera percatado. Había quedado completamente cubierto de sangre y en ese momento me fue imposible localizar mis propias heridas, el calor del momento mantenía mi mente distraída del dolor y la sangre de los amotinados cubrían mis propias heridas.
 
-¡Marcin! ¿Puedes oírme? – Pregunte sin esperanzas de conseguir una respuesta.
 

-Si Ruisu, pero creo que este es mi ultimo viaje en barco.- Respondió para mi asombro.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Niris el Vie Mayo 08, 2015 9:18 am

Poco a poco iba tomando más confianza en mí situación del barco... definitivamente no me gustaban los barcos y seguro que lo primero que haría seria bajarme a saltos y revolcarme en la tierra firme, pero estaba poco a poco familiarizándome con la gente con la cual había terminado a parar, Janna era una celosa pero cariñosa protectora, a veces sentía miradas incomodas de los tripulantes del navío y mi primer instinto solía ser esconderme detrás de ella en busca de algo de protección. De cierta manera me hizo sentir más segura el hecho de que no fuera una humana a la larga, aunque en mi interior sabía que era una tontería que eso le ayudara a entenderme un poco mejor. Por otro lado se encontraba Youdar que parecía un humano extraño a primera vista pero que termine por enterarme de que su raza era algo llamado enano, no lo parecía para mí ya que tenía mayor altura que la mía pero aun que solo teníamos ciertos momentos para interactuar, normalmente silenciosos o con algunas palabras y preguntas de vez en cuando, también me hacía sentir protegida después de que espanto a uno de esos hombres del barco.

Por su parte parecía que Janna y Youdar seguían peleados, tenía curiosidad de saber por qué pero no quería tener problemas o recordarles cosas malas. A veces Janna salía por las noches sin dar mucha explicación y después de un rato abría la puerta para ver si se encontraba Youdar que parecía siempre protegerme desde lejos. -Buenas noches Niris.- Doy una pequeña reverencia hacia él para luego señalar la habitación y luego señalarlo a él y el camino hacia afuera, preguntando si deseaba pasar a la habitación o salir. Había tomado tiempo a que ambos nos acostumbráramos al otro, ninguno hablaba mucho, parecía deseoso de enseñarme pero no era muy comunicativo mientras yo ponía la mejor atención que podía pero a veces sentía que simplemente no podía darme a entender. -Hoy el tiempo está despejado, y los hombres han bebido por el día, podemos pasear tranquilos por la cubierta.- Asentí con la cabeza para luego tomarle de la mano para que me guiara mientras observaba con cierto nerviosismo a Pelos, sabía que en cuanto me descuidara intentaría hacerme daño pero nadie quería creerme, después de todo, así son los gatos.

Aquella noche Youdar me estaba mostrando el barco y sus partes, que la parte delantera se llamaba proa, la parte de atrás popa que me sonaba a pompa, lo de los lados que la verdad no entendí, algo de babor y estribor, me explicaba como por ejemplo las cuerdas movían las velas y al final me llevo a algo que llamo timón, se vea algo emocionado por llevarme a ese lugar aunque solo veía una rueda de madera. -¿Quieres tomarlo tú? Es una de mis sensaciones favoritas, sentir que controlas un navío en mitad del mar.-  Observe aquello con curiosidad y lo tome observando en todo momento a Youdar para asegurarme de hacerlo bien, no parecía pasar nada así que di un gran giro a la rueda y empiezo a sentir como todo el barco se empieza a mover hacia uno de los lados, aquello me asusta un poco y suelto el timón que rápidamente es acomodado por Youdar para luego tomar la mía e intentar mostrarme cómo usarlo. -Mira, así, mantenlo firme. Vamos todo recto, Niris, a Landemar. Y no tienes nada que temer, no dejaré que os pase nada a ti.- Se escucha un pequeño maullido de parte de pelos que toma por sorpresa. -Ni a ti, por supuesto, pequeño.- Quedamos así un rato más y luego nos separamos del lugar mientras apoyo mi cabeza en su brazo esperando una acostumbrada caricia mientras me regresaba a mi camarote.


Los días avanzaron y Unos días después me encontraba descansando en la habitación cuando un grupo de gritos empezaron a resonar por el barco, aquello me asusto muchísimo y lo único que se me ocurrió fue esconderme debajo de la cama esperando que lo que aquello fuera no me encontrara, pero el sonido se fue acercando rápidamente hasta que llego a la puerta que fue abierta rápidamente de una patada para luego escuchar una serie de pasos aproximándose. -Hola coneja- Dijo una voz cercas de mi a lo cual mire en aquella dirección para ver a aquel hombre que había asustado anteriormente Youdar con una sonrisa maliciosa en el rostro. Me arrastre rápido por el suelo para ponerme de pie y salir corriendo, aunque no había dirección a donde moverse, para luego ser agarrada por aquel hombre, estaba completamente aterrada por lo que sucedía y en mi espanto mordí rápidamente a mi captor que me soltó al ver su brazo sangrante para luego darme un golpe en la cabeza... y todo se puso negro.

Desperté para encontrar que estaba en una habitación, con piernas y manos atadas, además de un tremendo dolor de cabeza que probablemente me dejaría un chipote. Me encontraba en una esquina de una habitación y un aroma familiar me llamo la atención, Janna, se encontraba a mi lado, eso me tranquilizaba bastante pero no evitaba que las miradas de los marineros se clavaras de forma hiriente en mí. Aquellos hombres se acercaban a nosotras con miradas simplemente repulsivas y llenas de deseo, por un momento recordé a aquella criatura silenciosa en el bosque, esperando el momento adecuado para devorarme y mi cuerpo se estremeció. Entonces algo interrumpió aquella escena, era Youdar y alguien más quienes llegaban a defendernos, mi corazón se estremeció al ver aquello, como si un peso se me quitara de encima aunque sabía que las cosas aun no estaban bien y al percatarme de la situación, empecé a roer mis ataduras. La escena a mi alrededor era aterradora pero concentrándome en las ataduras logrando liberarme de los brazos cuando Janna fue liberada y me desato las piernas. Lo único que se me ocurrió hacer en ese instante fue abrazarle para luego salir corriendo lejos de ahí, sabía que solo estorbaría.

Salí corriendo a cubierta esperando no encontrarme con nadie pero al salir me encontré con un conocido mío, tenía un vendaje en el brazo con pequeñas manchas rojas. Era aquel acosador que había mordido momentos antes. Me dispuse a correr con todas mis fuerzas mientras el empezó a perseguirme. Sabía que por más que corriera no podría alejarme demasiado en el barco así que me dispuse a trepar por el mástil con mis uñas mientras me seguía de cercas. Yo tenía buen agarre pero él era más rápido subiendo así que logro alcanzarme en la altura y sentía que casi me bajaba de un tirón. Pero logre darle una patada en la cara que logro que se soltara, trato de tomarse de mi ropa que termino desgarrada mientras recibía un fuerte tirón que hizo me descarnara algunas uñas de las cuales empezó a brotar sangre. El hombre cayó al suelo con un sonido sordo mientras me bajaba con dolor y miraba a mi alrededor... todo era un desastre.

Estuve simplemente observando perdida a mí alrededor tratando de pensar en que es lo que había sucedido, hasta que escuche una voz que provenía de fuera del barco. Me acerque rápido a ver que era ese ruido y vi que había una persona sobre una tabla en el agua. Mire a mi alrededor para intentar buscar algo para ayudarle pero no sabía que hacer así que hice lo único que se me ocurrió... me puse a gritar para que alguien llegara.
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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Lun Mayo 11, 2015 7:04 pm

Los acontecimientos se sucedieron con una velocidad vertiginosa.
Me vi atada, sin saber muy bien cómo, después de unos segundos donde mi consciente dejó de sentir y recordar. Frente a mí, había un hombre que tenía las manos puestas en el borde de sus pantalones, acercándose hacia mí  con paso lento, mientras esbozaba una horrible sonrisa socarrona. Y en cuanto estuvo a punto de mostrar su falo de carne, un ser de no gran estatura saltó sobre él.

¡Youdar!
Repuse sorprendida, viendo cómo una trifulca se desataba entre esos dos hombres
Los gritos se sucedieron, los aullidos felinos. La pelea mano a mano entre Youdar y uno de nuestros captores fue dura, y sin duda, aquel hombre opuso fiera resistencia a ser derrotado.
Pero al final, aquel hombre acabó entre las garras de la muerte, siendo asfixiado, con una horrible expresión en la cara pocos segundos antes de morir. Me quedé impactada porque el enano hubiera asesinado a una persona, así como así.

Mientras estaba sumida en mis cavilaciones, Braum y Youdar llegaron hasta nosotros, y me ayudaron a liberarme, obteniendo una daga. Mi daga. Me mandaron liberar a Niris, y aunque no me gustó la orden tal y como sonó, lo hice sin pensar. Me di cuenta de que Niris había liberado ya sus brazos a mordisquitos, y sonreí para mí mientras cortaba las cuerdas de sus piernas de un tajo de la daga.

Niris saltó a mis brazos, y yo le correspondí, rodeándole la espalda con fuerza, apretándole contra mi durante unos escasos segundos, tras los cuales, ella salió corriendo, seguramente para ponerse a salvo.

Braum se dispuso a dejar K.O al otro marinero que quedaba, y yo decidí ir fuera, a ver qué tal estaba el panorama. Totalmente tranquilo, para mi sorpresa. Un montón de marineros inconscientes o muertos se mantenían sobre las tablas de madera tirados en posiciones muy incómodas.

De pie, en medio de una montaña de cuerpos sin vida, se encontraba el encapuchado, ligeramente agachado, hablando hacia el suelo.

Entonces oí gritos, gritos de niña, seguramente de Niris, no muy lejos de mí, por lo cual fui hacia la borda con paso apresurado junto a ella
Me acerqué al pasamanos de madera, para inclinar mi cuerpo por encima, con lo cual, mi cabeza quedaba sobre las agitadas aguas del bravo mar. No muy lejos de nuestro casco del barco, había una persona, agarrada a una tabla podrida, chillando y pidiendo ayuda. Miré a un lado y a otro, y sólo estaba Niris conmigo. No sabía dónde estaba Youdar, Ruisu estaba inclinado, atendiendo a un caído. Braum estaría seguramente en el interior del barco, controlando la situación.

Miré a mi alrededor a ver si encontraba algo útil, y alrededor del mástil principal había una cuerda larga colgada. Pero no sabía siquiera si esa muchacha estaba apta para agarrarse a una cuerda y subirse. Me acerqué hasta la barandilla, y me puse en pie encima de ella, totalmente erguida, enfrentándome al viento que me azotaba con intensidad. Mis cabellos se movían con violencia y caos, sin seguir ninguna clase de patrón fijo. Entonces, extendí las membranas de piel que cubrían mi espalda, invisibles para todo el mundo menos para Niris actualmente, y mis alas se extendieron en su totalidad. La piel de mis alas se extendía hasta mis caderas, oscura, desafiante en contra de la luminosidad del entorno a la luz del día. Entonces, me dejé caer, echando el cuerpo hacia delante, y cayendo con mi espalda en paralelo con el agua.

Mis alas se agitaban con el aire, hasta que las enderecé con fuerza, y las mantuve en arco, deslizándome por el aire de forma descendente hacia la muchacha. Me detuve junto a ella, metiendo mis pies en el agua, y tendiéndole los brazos, para que se sujetase a mí. Yo por mi parte le sostuve de los brazos con ambas manos, esperando que ella se agarrase a mí de igual manera.

La mujer se sostuvo de mí, y mis alas dieron una fuerte batida, tan fuerte que provocaba ondas alrededor de nosotras dos. Poco a poco nos fuimos elevando, mientras le sujetaba con los brazos con firmeza. Los vientos nos golpeaban de todas direcciones, mientras pequeñas gotas de agua marina nos iban cayendo en gran cantidad. Ascendimos hasta pasar de largo el borde de la borda. Descendí suavemente hasta que la muchacha se posó en el suelo. Entonces me aparté y me dejé caer sobre la madera, flexionando las piernas a medida que caía para frenar el golpe, y ésta crujió ante el golpe seco de mis botas. Me fui levantando poco a poco, y alcé la mirada hacia la muchacha. Estaba empapada, y probablemente tendría frío. Sus cabellos, que ahora parecían negros, se le pegaban a la piel, resbaladizos, como una segunda piel.

Me acerqué hasta ella y le observé con calma, con mirada tranquila y relajada.
– Menos mal que has gritado mucho, si no, esta muchacha – Señalé con la cabeza a Niris, mientras sonreía. no te hubiera encontrado. Te iré a buscar una manta, debes estar helada. Y a ver si podemos ponerte algo de ropa seca también. Ven conmigo

Me volví hacia Niris, guiñándole un ojo en señal de agradecimiento, mientras que nosotras íbmos a nuestro camarote a buscar mi ropa de muda, y alguna manta, que encontré en una pequeña alacena que había en el camarote. Una manta vieja, de un gris descolorido, y algo gastada, pero para algo serviría.
Hice pasar a la muchacha, y le dejé la ropa sobre la cama, junto a la manta.

Por favor, ponte esto. Si eres tímida, si quieres, te espero fuera

Dije, haciendo el amago de salir fuera del camarote mientras le observaba. Ya dependería de ella el quedarme dentro para ayudarle a lo que sea, o salirme y esperarme.

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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Youdar el Jue Mayo 14, 2015 9:58 pm

El enano y su gato salieron apurados a cubierta. Allí, a diferencia de la alarmante situación que Youdar esperaba, solo encontró a Ruisu, arrodillado junto a Marcin, quien estaba acostado sobre las tablas. Los cuerpos sin vida de los amotinados los rodeaban, desperdigados por todo el barco. Con algo de trabajo, pues aún estaba bastante malherido, Youdar se acercó hacia las únicas figuras vivas que allí había.
-¡Ruisu, Márcin! Suerte que estáis vivos- dijo el enano, mientras, como Ruisu, se posicionaba agachado junto al tumbado Márcin.
-No creo que yo lo esté por mucho tiempo, Youdar- dijo el miembro de La Buena Leña y, buscando a tientas, encontró la mano del enano, y la apretó- Llévales a Landemar, amigo. Son buenos chicos, auténticos cazadores, corazones puros. Ellos merecen descubrir la Ciudad Submarina junto a ti… incluso la demonia. Salvó a una chica, a una naufragada. Llévales, Youdar- los ojos de Marcin comenzaron a humedecerse.
-Deja de hablar así, hombre, yo te sanaré, no puede ser tan grave- dijo Youdar, intentando animar a su moribundo amigo, pero no se engañaba. No contaba con material adecuado, y Marcin parecía estar en las últimas.
-Eres un buen amigo… ahora tienes más gente de la que preocuparte. Quédate esto- con algo de torpeza, el hombre soltó la mano de Youdar y buscó entre su ropa. Sacó una pequeña petaca, la misma que se había señalado durante aquella primera comida junto a toda la tripulación, e intentó dejarla sobre la mano del enano, pero, no acertando, la dejó caer al suelo, justo entre Youdar y Pelos- Me la dieron cuando me hice cazador. Nunca pensé que iba a vivir de nuevo una aventura, Youdar. Me pasé años viviendo sin hogar, sin sueños, perdido. La Buena Leña me había dado la espalda, la sociedad de Noreth rechazaba a alguien como yo… pero tú- el enano no pudo evitar sollozar. El viaje en El Mercante Anciano había sido muy importante para él, pero hasta ese momento no había empezado a alcanzar a comprender que para Marcin había sido como volver a nacer, tras llevar mucho tiempo muerto en vida- Tú me aceptaste, Youdar. Me diste una misión, una nueva posibilidad de vivir… ambos llevamos mucho tiempo en el “negocio”, amigo; sabemos lo que les ocurre a aquellos que mueren sin sentirse vivos, sabemos que sus almas se condenan a vagar eternamente por Noreth. No llores por mí, enano, pues ya me has salvado. Youdar… adiós- tras decir esas palabras, la cabeza del cazador se dejó caer sobre la madera de la cubierta, como si las fuerzas hubiesen abandonado del todo aquel cuerpo al que pertenecía.
-¡¡¡MARCIN!!!- gritó Youdar, desgarrándose la garganta, moviendo con la mano el pecho de su amigo, quien acababa de abandonar el mundo para siempre. Pelos se acurrucaba a su lado, compartiendo la pena de su amigo, pero, entonces, se erizó y maulló fuertemente. El enano se giró demasiado tarde. Parecía ser que Ruisu y Marcin no habían acabado con todos los amotinados, pues, al menos uno vivía, y su espada se encaminaba hacia el cuello de Youdar. Ni estando en perfectas condiciones físicas hubiese sido capaz el enano de salir de aquello sin un rasguño.

Pero, justo antes de que la hoja separase la cabeza de Youdar de su cuerpo, algo atravesó el pecho del amotinado, matándolo en el acto, dejando el marinero  atrás su vida sin saber siquiera que había pasado. Lo que lo había atravesado era un tentáculo, y justo al lado de éste apareció otro, que se enredó en torno a su fallecida presa. El cuerpo del hombre salió despedido, como si tirasen de él hacia el mar e, inmediatamente después, emergió del agua un monstruo marino que degustaba, como si de un manjar se tratase, al cadáver del amotinado.
El terror se apoderó de Youdar que, por acto reflejo, palpó con su mano para comprobar que Pelos se encontraba a su lado- Ruisu…Ruisu… ¿ves?- “pues claro que lo ve, estúpido, mide al menos cinco metros”, se dijo a si mismo- ¿Puedes pelear?- aquella pregunta tenía algo más de sentido, pues el mercenario tampoco parecía encontrarse en su mejor forma, pero, viendo que no iba a haber muchas más opciones, decidió dejar los interrogantes estúpidos para otro momento y pasar directamente a la acción- Yo me pondré al timón, lo mantendré lo suficientemente alejado para que no nos pueda matar, pero lo suficientemente cerca como para que le puedas atacar con los escorpiones- y, sin muchas esperanzas de salir vivos del encuentro contra la terrible criatura, la cual había empezado a golpear el casco del Mercante Anciano con sus tentáculos, gruesos como cabezas de orcos, Youdar corrió hacia el timón, con Pelos tras él.
-¡Aléjate de mi barco, monstruo!- gritó el enano, mientras giraba todo lo rápido que podía el timón, alejando al Mercante Anciano de la criatura- ¿Dónde estarán Janna, Niris y Braum? Necesitamos a todo el mundo aquí, Pelos…
-¿Miau?- el gruñido del gato parecía una sugerencia, y como tal lo interpretó Youdar.
-Ni se te ocurra, pequeño. Esa cosa va a destrozar el casco a golpetazos, no creo que haya mejor aviso para ellos que los zarandeos del barco. Quédate a mi lado… tenemos que esperar nuestra oportunidad- dijo el enano y, confiando en que todos los que quedaban a bordo diesen lo mejor de sí mismos, se centró por completo en mantener la distancia con el monstruo.

-//-

El Custodio celoso, atacará sin pensar
¡Landemar!
No cejará en proteger la ciudad
¡Landemar!
El último obstáculo se haya en tu camino
¡Landemar!
Sobrevívelo y saldrás bendecido

¡Landemar!, ¡Landemar!, oh, ¡Landemar!

(coplilla de Landemar, anónimo)



La copla que todo lo había iniciado resonaba en la cabeza del enano mientras vigilaba los movimientos del monstruo, quien parecía tener su propia estrategia, pues no luchaba movido por una ira animal, si no que parecía preparar el combate como si de un gran general de ejército se tratara. “¿Será ese El Custodio de Landemar?”, se preguntaba Youdar, y una mezcla de miedo y emoción se apoderaron de él. Si aquel era El Custodio, había subestimado lo que El Triángulo de Noreth era capaz de entregarles a los intrusos pero, por otro lado, si era El Custodio, significaba que se encontraban prácticamente sobre Landemar. Quedaba la parte de sobrevivir a un viaje submarino, que era la parte más ambigua y libre de interpretación del poema, pero el enano cruzaría ese puente cuando llegase a él.

El monstruo lanzaba sus ataques de continuo, y los daños se empezaban a amontonar en el ya de por sí deteriorado barco. Tan solo la distancia evitaba que partiese El Mercante Anciano en dos, pero las barandas de babor habían quedado reducidas a astillas. Finalmente, uno de los tentáculos acabó por enredarse en torno al mástil y, viendo aquello como una oportunidad, Youdar giró el timón para encarar de frente al Custodio. Si acababan muertos de poco le serviría que el barco mantuviese su vela cebadera, aquella que se extendía más allá de la proa, así que, decidido, Youdar se dispuso a atravesar al monstruo con todo el peso del barco.
-¡Contamos con el viento a favor, Pelos!- vociferó el enano, decidido a acabar con la bestia- ¡AGARRAOS BIEN!



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Ruisu EvandHell el Mar Mayo 26, 2015 12:53 am

La muerte para una persona como yo, tiene un sentido que difiere mucho de la visión normal de la gente pero, que en muchos casos ni yo mismo puedo entender, cuando matas para vivir rápidamente esa realidad innegable de los mortales se hace cotidiana y termina sintiéndose igual la muerte de un conocido y la de un completo extraño.
 
Pero… estas no eran mis palabras, cosas como esas me las decían a diario todos en el gremio. Me las decían muchos de los clientes con los que había trabajado, me las decía cada persona con la que había hablado y me las repetía a mi mismo. –Tranquilo…- Dije en voz baja mirando al rostro de Marcin, por un costado de su cara se deslizaba rápidamente una línea de sangre por el golpe que había recibido, y en su pecho grandes manchas rojas decoraban la inevitable muerte.
 
Levante la mirada al escuchar unos pasos en la cubierta y vi como la pequeña niña y Janna parecían estar respondiendo a unos gritos que pedían ayuda. Luego de ver eso desaparecieron las dudas que tenía sobre la muerte… En ese momento terminaba una vida pero para otra persona era como volver a nacer. Le di una mirada a las heridas que tenia, mi brazo sangraba y el dolor de los golpes me recordaba lo que hacia unos minutos había ocurrido.   
 
Como un simple observador me encontraba a un lado de Marcin, no tenía ninguna palabra que decirle y tampoco tenia fuerzas para ayudar a las chicas mientras cargaban a una nueva persona a bordo del barco. Lo único que podía hacer era mantenerme a un lado de ese hombre moribundo, al menos hasta que Youdar se hizo presente.
 
El enano fue quien recibió las últimas palabras de Marcin y vio como este hombre daba su último aliento antes de partir a donde sea que valla el alma del hombre al morir. Sin dar tiempo para descansar un amotinado rezagado salió de la nada y con espada en mano se lanzo sobre el “Capitán” para decapitarlo, nunca hubiera podido esperar que algo así ocurriese y mucha mayor fue mi sorpresa al ver que este hombre era partido a la mitad por unos tentáculos salidos de lo mas profundo del mar. La muerte no había abandonado el barco y con una última carta trataba de poner fin a nuestro viaje.
 
-Ruisu…Ruisu… ¿ves?- Tartamudeo el enano al ver con la misma impresión a la bestia marina.
 
-Maldita sea Landemar y los barcos y toda esta mierda.- Dije impotente mientras la horrible criatura devoraba de un bocado cada una de las partes del cadáver.
 
Inmediatamente emergieron de las profundidades otro par de tentáculos y la bestia se mostró en la superficie cubriendo todo el barco con su sombra. -¿Puedes pelear?-
 
- ¡Claro! Un montón de amotinados casi nos matan hace apenas segundos y ahora me pides pelear contra ¿eso?- Pensé, mientras me ponía de pie y corría hacia el otro extremo del barco, el enano hizo lo mismo y antes de correr a tomar el timón me dio “ordenes” de atacar con los escorpiones.
 
El sonido de la madera quejándose por los implacables golpes de la bestia, el olor a pescado y muerte que se apodero del lugar. Todo parecía salido de los peores sueños de un marinero ebrio. La criatura, que era un par de metros más alta que las velas del barco parecía una especie de sirena gigante, sirena que tenia incontables tentáculos en vez de cola y un apático voraz por la carne humana.
 
Corrí lo más rápido que pude hasta donde estaba el primer escorpión, mis piernas se quejaban por la falta de descanso y en mi mente no podía pensar en alguna forma para escapar de lo que parecía ser una muerte segura. Youdar hacia honores a su titulo de capitán y logro mantener el barco lo suficientemente alejado de la bestia, la criatura chillaba fuertemente en lo que parecía ser su propio idioma, un dialecto gutural y alejado de toda similitud con las lenguas que había escuchado antes. – ¡Encapuchado! Habla rápido que tenemos que hacer.- Grito Braum que para mi sorpresa salía del almacén y corría tras de mi. – ¡Los escorpiones! Ayúdame a montarlos.- Respondí y sin decir mas palabras comenzamos con el contra ataque.
 
El primer disparo dio de lleno en el estomago de la criatura la cual respondió inmediatamente con un grito ensordecedor. No teníamos tiempo ni de quejarnos así que rápidamente preparamos el escorpión para un segundo y tercer ataque. Los gritos de la criatura se hacían cada vez más fuertes al igual que sus ataques, grandes trozos de madera saltaban al ser golpeados por la bestia y mientras tanto nosotros respondíamos con maldiciones a los dioses.
 
Poco a poco nos hacíamos a la idea de que nuestros esfuerzos eran completamente inútiles pero ninguno de los dos quería reconocerlo. Solo nos limitábamos a preparar los escorpiones y disparar lo más rápido que nuestro cuerpo lo permitiese.
 
El barco se sacudía de un lado a otro por las olas creadas por la bestia marina y en el ambiente se podía sentir un olor a pescado muy nauseabundo. Los ataques que habíamos propinado se podían apreciar en al menos una docena de lanzas clavadas en su cuerpo, pero aun así estos ataques no mermaban su sed de sangre. – ¡Ruisu!- Pude escuchar justo antes de que uno de los tentáculos golpeara el mástil del barco. Esa acción me hacia creer que la criatura no quería simplemente destruirnos, de echo, si de verdad quisiera hacerlo no le costaría nada. Mis sospechas iban creciendo conforme pasaba el tiempo y poco a poco me hice a la idea de que algo peor estaba por pasar.
 
Los golpes de la criatura parecían ser solo un juego y pensar en eso me preocupaba mucho. Luego de esos ataques me percate que la criatura había limpiado de cadáveres la cubierta del barco, era obvio que luego de terminar de comer esos cuerpos simplemente terminaría de jugar con el barco. – Braum amarra esta cuerda al próximo proyectil. – Grite mientras tomaba la cuerda que tenia en mi bolsa. El marinero tomo un extremo y la amarro fuertemente al proyectil, mientras yo hacia lo mismo con el otro extremo.
– ¡Esta idea es estúpida!- Me dije a mi mismo mientras preparaba el escorpión para el próximo ataque, pero justo antes de siquiera intentarlo un tentáculo de la bestia nos golpeo, lanzando a Braum por los aires y accionando antes de tiempo el escorpión que el preparaba.
 
El arma había sido desviada y termino disparando hacia el mástil del barco haciendo que el tentáculo con el que el animal trataba de derribarlo quedara apresado en la madera. Además de, llevarse con ella el dardo que yo estaba por montar en el segundo escorpión. – Ahora si estamos muertos.- Dijo Braum estando boca arriba en el suelo.
 
- ¡Calla! De peores e salido. – Exclame sin recordar ninguna situación peor a esa. Ahora todo estaba en manos de nuestro “Capitán” el cual solo pudo pensar en enfrentar de una vez por todas a la bestia.
 
Hasta el momento nos habíamos mantenido a una distancia suficiente para no ser aplastados por la criatura, girando de manera brusca en ocasiones para tratar de confundir y aludir sus ataques. Pero… conforme paso el tiempo Youdar decidió enfrentar la situación como lo haría cualquier enano, tirando el barco de frente a la criatura y esperando morir con honor o vivir para disfrutar la gloria.
 
Frente a frente con la bestia solo podía pensar en que tal vez estos eran nuestros últimos minutos con vida. -¡AGARRAOS BIEN!- Grito Youdar justo cuando estábamos a pocos segundos de impactar, Braum y yo solo tuvimos tiempo para aferrarnos a la baranda. –Si salimos de esta recuérdame golpear a nuestro “capitán”- Le dije a Braum justo antes de chocar de lleno con la criatura.
 
El “ataque” había sido todo un éxito, el golpe del barco causo que la criatura se enredara entre las cuerdas de las velas y el mástil. En ese instante parte de la criatura estaba sobre el barco haciendo que este se inclinara poco a poco y quedando ella a pocos metros de donde estaban los escorpiones. –Braum, es ahora o nunca. Tenemos que disparar a su cabeza. –  Grite mientras me ponía de pie y corría para preparar un último ataque. Rápidamente armamos el escorpión mientras la criatura sacudía el barco y sin siquiera pensarlo disparamos a su cabeza.
 

El proyectil se clavo en la frente de la criatura la cual comenzó a sacudir sus tentáculos de forma violenta e involuntaria. – ¡Corre!- Grito Braum tomándome del brazo para refugiarnos en el almacén, el capitán cargo a Pelos en brazos y nos siguió bajo cubierta, la criatura balbuceaba de nuevo en su idioma y luego de cerrar los ojos se sumergió de espaldas en el mar, el barco o lo que quedaba de el se sacudió con mayor fuerza que antes y el agua comenzó a teñirse de un color rojo sangre y negro, creo que por la tinta que desprenden los calamares. –¡Lo logramos!- Grito Braum eufórico mientras Youdar y yo tratábamos de recuperar el aliento.



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Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

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