Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]
por Varen Tethras Hoy a las 10:30 pm

» Sistema de corrección de partidas por pares
por Strindgaard Hoy a las 9:55 pm

» Kenzo Sagreth
por Kenzo Hoy a las 3:17 pm

» Historias de un Enano [Cronología de Varen]
por Varen Tethras Ayer a las 8:32 pm

» Aule vs Niobe
por Casandra Von Schuyler Ayer a las 5:44 pm

» Sangre, Perfume y Sueños Alados [Priv. Celeste]
por Celeste Shaw Ayer a las 5:43 pm

» Gold "Tricky" Treath | En construcción
por Gold Treath Ayer a las 5:12 pm

» Reglas de Noreth
por Gold Treath Ayer a las 4:56 pm

» Plomo y Tinta [Libre]
por Tanets Iskusstvo Ayer a las 3:54 pm

» Buenas!
por Atlas y Axis Ayer a las 11:23 am




Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Página 7 de 7. Precedente  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7

Ir abajo

Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Youdar el Mar Ago 11, 2015 6:07 am



Tras abandonar los cuarteles, subieron al carro que les había llevado hasta allí. Zayrinne, la muchacha landemariense, se les había unido y viajaba sentada junto a Raymaud, en absoluto silencio, pero sin apartar la mirada de Youdar. El enano tampoco sentía ganas de hablar, pues no paraba de pensar en aquella voz, la que le había hablado al tocar el amuleto. No podía ser la voz de quién él pensaba, de ninguna manera, aunque, ¿no era por eso por lo que había navegado en busca de la ciudad sumergida?

-Os aconsejo no mencionar nada sobre lo aquí ocurrido- le advirtió Raymaud durante el trayecto- Aunque temo que poco importe.

-¿A que os referís, amigo?- preguntó Youdar, mientras guardaba en sus elegantes ropas regaladas el objeto que Zayrinne le había entregado.

-Buscarán culparos- dijo la chica, muy rápidamente, como si temiese ser reprendida de nuevo. Youdar, que acariciaba a Pelos, quien viajaba sentado sobre su regazo, la miró sin entender.

-Veréis- comenzó Raymaud, tras soltar un suspiro- En nuestra comunidad jamás suceden acontecimientos que se salga de lo normal. Tuvisteis suerte de desembarcar en una zona lejana al Gran Consejo, Youdar. Presenciasteis la reacción de Lucyo cuando os vio por primera vez- el condestable se detuvo un momento en su exposición, mirando a Zayrinne, y no continuó hasta que esta, asintiendo, le dio su consentimiento- De no ser por la cantidad de gente del pueblo que se había agolpado a vuestra llegada, tal vez estuvieseis en una celda.

-Si no hubieses reaccionado como lo hiciste, hijo de Yeidrax- susurró Zayrinne, aunque ya no parecía temer una reprimenda por pate de Raymaud-, fingiendo ser un enviado de buena cuna, Sylney os hubiese llevado de inmediato ante el consejo. Mi tío, Vichalio Desoca, es quien los controla. Él no ambiciona el oro, mi señor, tan solo el poder, y no va a tener más en la superficie del que ya tiene aquí.

-Os referís al temblor, ¿cierto?- dedujo Youdar, quien empezaba a ver claro a que se referían los dos landemarienses- En un lugar donde nada extraño ocurre jamás, ayer nuestra llegada y hoy el temblor- acarició el lomo de Pelos, temiendo el gran problema en el que podían encontrarse-, serían más que suficiente para despertar recelos.

-Es mucho más que eso, habitante de la superficie- dijo Zayrinne, acercando el cuerpo hacia el enano- El temblor le dará una excusa a mi tío, una razón para ponerse en contra de Lucyo Sylney y de Raymaud. Os culpará de provocarlo, a pesar de que fueran los espiri…

-¡Zayrinne!- cortó el condestable a la chica, que volvió a apoyarse contra el asiento, alejándose de Youdar- Por favor, niña, estamos hablando de temas serios.

-No os asustéis, Youdar- pidió ella, contemplando la cara de asombro del enano y bajando la vista- Raymaud solo se preocupa por mí. Es de los pocos aquí que lo hacen. Dejadle hablar a él cuando os halléis ante el consejo.

Youdar miró al landemariense, buscando en su rostro una explicación, pero tan solo se encontró con una mirada perdida en la lejanía- Raymaud- lo llamó, haciendo que lo mirara- Mi futuro y el de mi tripulación depende de ti, al parecer ¿Cómo me aconsejáis actuar?

-Difícil pregunta la que me hacéis, amigo- se quejó el condestable, aunque mostrando una amable sonrisa- Creo que puedo conseguiros algo de tiempo, Youdar. Solo debes seguir como hasta ahora, haciendo tu papel de enviado. ¿Confiáis en mí?

-Por supuesto, amigo- dijo el enano, solemne y sincero- Has hecho mucho por nosotros sin pedir nada a cambio.

-Eso se acaba aquí, me temo- la sonrisa desapareció del rostro de Raymaud- Te voy a pedir algo que, me consta, no va a ser fácil. Necesito que me cuentes todas y cada una de las razones que os han traído a Landemar.

Youdar meditó unos momentos, preguntándose si un exceso de sinceridad podría acabar con ellos en una celda- Os contaré la verdad- dijo, finalmente, sabiendo que sus opciones de sobrevivir pasaban por las acciones del landemariense.

-No os llaméis a engaño, amigo- aclaró Raymaud- No os pido esto para juzgaros. Os lo pido porque contaréis con poco tiempo para cumplir vuestros cometidos. Desde el momento en que hablamos por primera vez, Youdar, vi en tus ojos lo mucho que te importaba haber llegado hasta nuestra ciudad- el hombre lanzó un prolongado suspiro- Algo me dice que ayudándote también ayudo a los míos. Así, pues, contadme- Youdar miró de soslayo a Zayrinne, quien, tras ser reprendida, se había sumido nuevamente en el silencio- No temáis por ella. Zayrinne es…- jamás sabría el enano lo que intentaba decirle Raymaud, pues la propia chica tomó la palabra en su lugar.

-Soy una muestra de lo que esta ciudad malogra a quienes son distintos- la voz de la chica parecía desprovista de emoción, pero, aun con la cabeza agachada, las lagrimas se veían brotar en su rostro- Confiad en el condestable, Youdar, pues nunca fuisteis tan afortunados como en el momento en que fue él quien os recibió aquí. Os lo dice quien ha debido soportar el desprecio de casi todos en Landemar.

-Os contaré todo, no lo dudéis, os lo debo- aseguró Youdar, que no podía estar más de acuerdo con la alienada landemariense, pues pocas personas, de la superficie o las profundidades, tendían la mano a los menos favorecidos. Sin embargo, una duda lo asaltaba, y debía resolverla antes de continuar con aquello- Decidme, Zayrinne, si vuestro tío es el hombre más poderoso de aquí, y el trato que recibes es el que me cuentas ¿cómo trata vuestro pueblo a quienes sufren de igual modo y no tienen parentesco alguno con el Gran Consejo?

-Se nota que venís de un lugar distinto, amigo- tomó la palabra Raymaud, tras ponerle una mano en el hombro a la chica- Su tío es quién ha pedido a todos que traten así a Zayrinne- el condestable sonrió, aunque con gran pesar, ante la cara de sorpresa de Youdar- Vichalio se toma a sí mismo por un gran juez, Youdar- explicó el hombre, recuperando el tono serio- Cree que el trato que merece su sobrina debe ser peor que el que reciba cualquier otro…- el hombre hizo una breve pausa, buscando un modo de suavizar lo que estaba por decir- demente. Lo siento, niña- añadió, tomando la mano de la muchacha, y besándola en el dorso- El haberme negado a participar en los insultos hacia ella es lo que me ha mantenido siempre alejado del Gran Consejo. Aunque no todos allí son malos, Youdar, y espero que podamos contar con algunos apoyos- dijo con decisión, tratando de esperanzar a sus acompañantes- Y, ahora que está todo claro, contadnos la verdadera historia de vuestro viaje, amigo, que sin duda será mucho más divertida que la mentira que se creyó Lucyo Sylney.

-//-

Sin omitir detalle alguno sobre sus motivaciones ni sobre las mentiras que debió contar a Ruisu, Necross, Janna y Niris para lograr emprender su empresa, Youdar relató a Raymaud y Zayrinne la verdad sobre el viaje, mencionando, incluso, al auténtico barón Hanton. Nunca se había tenido por un buen cuentacuentos, pero estaba claro que los dos landemarienses ansiaban por conocer como era el mundo exterior, y resultaban un público excelente, conteniendo la respiración en los momentos de tensión, como la batalla contra el Custodio, o sonriendo ante los triunfos, como cuando lograron rescatar a Niris de los esclavistas.

-Lo sabía, amigo, siempre lo supe- dijo, entusiasmado, el condestable cuando el relato llegó a su fin- El mundo exterior es realmente fascinante, peligroso, sin duda, pero fascinante.

-¿Todos allí son tan… osados?- preguntó Zayrinne, mordiéndose el labio inferior, claramente asombrada con la historia.

-Oh, no lo creo- respondió Youdar, sonrojándose ante la admiración de sus anfitriones- Pero si que hay muchos fieros guerreros ahí fuera, gente que no le teme a casi nada.

-Asombroso- sentenció Raymaud, que claramente había disfrutado cada minuto de la aventura contada- Ah, maldita sea, amigo- se lamentó, al echar un vistazo afuera del transporte- Hemos llegado- anunció, debiendo dar por finalizado aquel momento de gozo- El Gran Consejo de Landemar, órgano máximo de nuestra soberanía.


Youdar esperaba encontrarse con otro de los colosales y pulcros edificios de piedra pintada típicos de la ciudad, sin embargo, se encontraba ante una estancia, desprovista de paredes o techo, formada, tan solo, por cuatro arcos que la encuadraban. Era un lugar que, al contrario que los cuarteles, que tenían un aspecto de total abandono y que hacían sentir la sombra en el interior de uno, irradiaba magia divina, como si todo el milagro que era Landemar viniera de aquel lugar. Sobre el suelo, a unos ocho metros de altura, una humeante bola plateada flotaba, resplandeciente, transmitiendo energía desde el suelo de la estancia hasta el gran cielo, la cúpula que mantenía viva a Landemar.

En el lugar bajo el enlace mágico, se encontraban los veinte miembros del Gran Consejo, de pie, pues el lugar carecía de asientos. De hecho, carecía de cualquier tipo de mueble o adorno, tan solo los arcos que lo rodeaban. Youdar esperaba que la sesión, o lo que fuera que fuese a ocurrir, diera comienzo de inmediato, sin embargo, Raymaud lo mantuvo alejado, a la espera de algún tipo de señal, la cual no llegó hasta minutos después, cuando Ruisu, acompañado por una mujer que era miembro del Consejo, y Janna y Niris, que llegaron en otro carromato, estuvieron también presentes en la sala.

Cuando la sesión dio inicio, a pesar de que ni Raymaud ni Zayrinne habían vuelto a hablar, Youdar no tenía duda alguna sobre quien era Vichalio Desoca, el tío de la muchacha, y hombre al mando de aquel lugar.


Se trataba de un hombre de rasgos finos, muy delgado, cabello liso y canoso que le caía sobre los hombros pero, sobretodo, era alguien que, claramente, era el centro de atención hablase con quien hablase. Durante la espera, había ido de un grupo de miembros a otro, y allá donde él llegaba el resto callaba y solo él hablaba. Lucyo Sylney, que tan arrogante y poderoso se había mostrado frente a Raymaud, parecía solo una diminuta alimaña tratando de pasar desapercibida cuando Vichalio se acercaba a él.

-Da comienzo esta sección del Gran Consejo de Landemar- dijo uno de los hombres que allí se encontraba, pero solo cuando el tío de Zayrinne le hizo una señal- Podéis acercaos- anunció el mismo hombre, dirigiéndose hacia Youdar y sus acompañantes.

Haciendo caso de Raymaud, y guardando silencio, el cual solo pretendía romper para empecinarse en su mentira, Youdar hizo una torpe reverencia ante los miembros del Gran Consejo. Con su mano derecha, empujó hacia abajo el lomo de Pelos, que, orgulloso como siempre, se había mantenido en pie- Como ya hiciera a vuestra llegada- dijo Lucyo Sylney- os doy de nuevo la bienvenida, esta vez de modo oficial.

-Gracias, estimado señor Sylney- tomó la palabra Raymaud- Los embajadores del marqués de Belmont, sabedores de su desconocimiento sobre nuestras costumbres, me han nombrado portavoz, así que yo hablo con su voz, que no es otra que la del propio marqués- Youdar se fijó en que Zayrinne no se había acercado al consejo con ellos, si no que se había mantenido en el mismo lugar en el que habían esperado minutos atrás. El terror que sentía aquella pobre muchacha por alguien de su propia familia comenzaba a despertar en él un sentimiento de repulsión hacia el tal Vichalio, quién, hasta el momento, no parecía deseoso de intervenir.

-Gran honor el que os han concedido, condestable Gocesga- dijo una anciana bastante arrugada- Pero nos gustaría oír de boca del embajador, el almirante y barón Hanton, el relato de su llegada.

Youdar intentó que no se notara la mirada que cruzó con Raymaud, quien, con un seco asentimiento, le dio a entender que podía relatar la mentira- Gracias a todos los miembros del Consejo. Verán sus señorías, para narrar esta historia debo remontarme a mi abuelo, Perik Hanton, quién fue el primero en escuchar y transcribir un cantar que hablaba sobre su ciudad…- el enano se sentía incómodo improvisando tantas mentiras, pero pensó que, cuando más místico y entrañable pareciera su viaje, más encantados quedarían los miembros del Consejo, y necesitaba ganarlos para su causa-… y así fue como ocurrió todo. Ahora, postrado en su cama, en marqués de Belmont tan solo espera un buen relato, una gran historia sobre una ciudad con la que ha soñado desde siempre, una última alegría antes de que los dioses lo llamen a compartir el hidromiel de su gran salón.

Por la sonrisa de Raymaud, Youdar pensó que lo había hecho bastante bien- Desconocíamos sobre la delicada salud del marqués de Belmont, embajador Hanton- dijo, solo preocupado por las riquezas, como siempre, Lucyo Sylney- ¿Su heredero comparte su entusiasmo por nuestras tierras?

-Desde luego, señor Sylney- siguió mintiendo Youdar- El joven señorito Necross comparte con su padre mucho más que el nombre, pues también es un gran mercader y sueña con poder visitarles en persona, un viaje que desearía poder hacer antes de que su padre falte.

-Maravilloso, barón, maravilloso- Youdar pensó que había pasado la prueba, ya que, desde aquel momento, las preguntas del Consejo ya no fueron dirigidas solo a él, y se centraron meramente en asuntos triviales. Vichalio Desoca parecía haber enmudecido, y quién más habló fue Raymaud, que ayudó a Ruisu, Janna y Niris a salir de algún pequeño apuro en el que se metieron por culpa de la gran curiosidad de los landemarienses.

-Embajador Hanton, si me disculpa- preguntó el portavoz, el hombre que había dado inicio a la sesión, que era pequeño y tenía una voz muy chillona- ¿Qué es esa criatura que lo acompaña? ¿Se trata de algún tipo de animal místico?

-Oh, él- dijo Youdar, sonriendo- En efecto, señor, el katzo- comenzó, usando la palabra kezalid para denominar a los gatos-, no solo es el emblema de los Hanton, si no que también son animales capaces de presentir el peligro. Aunque debo decir que, dada la naturaleza de nuestro viaje, no nos ha sido muy útil, pues jamás hemos tenido un momento de seguridad- terminó, iniciando una carcajada que fue compartida por la mayoría de miembros del Consejo, aunque, como era de imaginar, no por Vichalio Desoca, quien, finalmente, había decidido tomar la palabra.

-Barón Hanton, señor embajador. Vichalio Desoca- se presentó, poniendo una mano sobre su propio pecho, de forma solemne y adelantándose a los demás, siendo la primera persona que se había movido desde que la sesión había iniciado- Realmente me asombra el saber que aquel monstruo del que nos ha hablado, ese que a tanta gente había matado, fue derrotado por una tripulación tan breve como la suya, y por un barco de diseño tan poco apropiado para la lucha. Dígame, ¿qué cree que les llevó a la victoria?- hablaba casi susurrando, con una voz rasposa, pero se le entendía sin problemas, pues nadie murmuraba lo más mínimo cuando él hablaba.

-La victoria del señor Hanton se debió, sin ninguna duda, a su…- comenzó a decir Raymaud, sin embargo, Vichalio no le permitió continuar.

-Concededme este capricho, condestable, dejad que sea el propio barón quien conteste- la sonrisa sibilina del hombre fue como una puñalada, tanto para Raymaud como para Youdar, quien, sin más opciones, debió comenzar a mentir de nuevo, ahora sin la posibilidad de ser ayudado.

-Tengo claro el motivo de nuestra victoria, señor Desoca- “¿Ah, si? ¿Y cual fue?”, dijo una vocecilla en su interior- Ganamos por la firmeza de nuestro propósito. Otros emprendieron este mismo viaje en busca de oro, o en busca del último territorio que quedaba por saquear en Noreth. Nosotros lo hicimos por el honor, por entablar una cordial relación con quienes no podían tenerla con ningún otro.

-Entonces debemos estaros muy agradecidos, pues habéis sido como un brillante faro en un mar de oscuridad- no cabía duda alguna, las palabras de Vichalio eran de completo sarcasmo- La magia divina seguro que tuvo algo que ver, ¿no creéis?

-Tened a cuenta que así fue, mi señor- respondió Youdar, sin ver la trampa de las palabras del hombre.

-Todos lo habéis escuchado, ¿cierto?- las palabras de Vichalio sonaban a triunfo- Él mismo lo ha admitido. La magia les condujo aquí, ¿qué otra cosa si no la magia pudo haber provocado el temible temblor que nos ha azotado?

-Señor Descoca- comenzó a decir Lucyo Sylney, fingiendo una sonrisa con la que quitar hierro a lo dicho por Vichalio-, creo que exageráis. Debe tratarse de algún pequeño error, no hay logro sin menoscabo, bien lo sabéis, y un logro como el alcanzado por el barón y su tripulación siempre viene acompañado de algunos aspectos poco deseados. Nada que no podamos arreglar.

-Si tanto es así como pensáis, Sylney, quizá debierais ser vos quien pague las compensaciones por los daños causados por tan dañinos embajadores- amenazó Vichalio. Youdar contuvo la respiración, a la espera de la palabra de Lucyo, quien, en ese momento, era quien podía salvar sus vidas. Sin embargo, la respuesta esperada nunca llegó- Lo suponía- dijo Desoca ante el silencio de Sylney- Propongo una votación ante este Consejo. Pena de prisión para los cómplices de estos crímenes, así como pena de muerte para el principal causante, el almirante y barón, embajador del exterior, Youdar Hant…- sin embargo, la propuesta de Vichalio no llegó a finalizar, pues alguien alzó la voz desde el fondo de la sala, interrumpiéndole.

-¡Yo pagaré los daños!- gritó Zayrinne, que fue acercándose lentamente, aunque cabizbaja- Todos me conocéis, sabéis de la fortuna que heredé de mis padres. Puedo afrontar los pagos, y gustosa lo haré, pues creo en la inocencia de los embajadores.

-Esto está fuera de lugar- dijo Vichalio, fuera de si- Tú ni siquiera deberías estar aquí.

-Si me permitís recordaros, señor Desoca- dijo Lucyo Sylney, que pareció ver la oportunidad para hacer negocio sin perder nada en el proceso- Cualquier landemariense puede hacerse oír ante el Gran Consejo.

-Debí haberte encerrado hace muchos años ¡Demente!- el insulto de Vichalio a Zayrinne fue más de lo que Youdar podía soportar. Desenvainó su espada, poniéndola en el cuello del hombre, olvidando que estaba en un lugar extraño, y que aquel al que amenazaba era el hombre más poderoso del lugar.

-Retiradlo de inmediato- le exigió al líder del Consejo.

-Teneos, barón- pidió la anciana que antes le había preguntado.

-Retirad el insulto, Vichalio, os lo ruego- dijo Lucyo Sylney, que parecía confiar más en Desoca que en el buen juicio de Youdar.

-Lo retiro- musitó Vichalio, pero, al ver como la punta de la espada de Youdar seguía en su cuello, miró a los ojos de Zayrinne, diciendo bien alto- Acepta mis disculpas, querida sobrina.

-Eso está mucho mejor- se conformó Youdar, envainando su arma. Se había dejado llevar por la ira, y aceptaría cualquier castigo que se le quisiera dar, siempre que no afectara a nadie más.

-Como entendido en leyes- se apresuró a intervenir Raymaud, antes de que Vichalio pudiera rehacerse-, y sabiendo que el primero en quebrantarla fue el señor Desoca, al proferir un insulto en plena sesión del Consejo, y al pretender negarle su derecho básico a un conciudadano, propongo que, como caballeros de buena cuna que son, el barón Hanton y el señor Vichalio Desoca se estrechen las manos, perdonando, ante la ley, cualquier tipo de infracción.

¿Iba a ser así de fácil? No, fácil no, desde luego, no era sencillo para alguien como Youdar estrecharle la mano a alguien que representaba cosas tan desagradables como las que representaba Vichalio Desoca. Tampoco parecía fácil para Desoca el perdonar una ofensa, pues, claramente, jamás solía recibirlas. Sin embargo, envueltos en una gran tensión, ambos se estrecharon las manos.

-Doy por concluida esta sesión- dijo, de inmediato, temeroso de que surgieran más problemas, el hombrecillo de la voz aguda- Dispérsense, por favor.

Raymaud consiguió carromato para todos e invitó a Zayrinne a quedarse también en su casa- Entonces- comenzó Youdar, una vez lejos del Gran Consejo- ¿Hemos ganado?

-Os lo dije, amigo- pareció lamentarse Raymaud- Os he conseguido tiempo, pero también a Vichalio. En tres días vuelve a reunirse el Consejo, y más vale que, para entonces, hayáis partido lejos de aquí, o Vichalio logrará que cambien de parecer sobre vuestra comitiva.

-Yo quiero ir con vosotros, Youdar, hijo de Yeidrax- suplicó Zayrinne- No mentía al decir que tengo riquezas, pero si mentí al jurar que estaba dispuesta a dárselas a mi tío para que arreglara los destrozos. Recordad vuestra promesa a Ruisu, Janna, Niris y Braum, capitán. Les prometisteis oro. Por mi pasan vuestras opciones de salir de aquí con todo lo que vinisteis a buscar. Con absolutamente todo- terminó, y Youdar sabía bien que esa última sentencia les llevaría directos hacia los cuarteles, donde una misteriosa presencia del pasado les esperaba.

-//-

-¿No vendréis con nosotros, Raymaud? La superficie siempre fue vuestro sueño- preguntó Youdar al condestable, mientras, resguardados por la noche, viajaban hacia los cuarteles, junto a Zayrinne.

-Una parte de mi así lo desea, amigo- aseguró el condestable- Pero otra se pregunta qué sería de Landemar si los pocos que nos oponemos a Vichalio la abandonamos.

Habían dejado pasar unas horas desde la cena, para asentar el estómago. Había sido una ceremonia sobria, muy distinta a la de la noche anterior, pues, para poder hablar con tranquilidad entre ellos, Raymaud había dado la noche libre a todos los miembros de su servicio. A ninguno de los otros miembros de la tripulación le sorprendió que, tras la actuación de Youdar, su tiempo para permanecer en Landemar se agotara, pero el temor se podía ver en sus miradas. El enano esperaba que todos pudiesen salir de allí sanos y a salvo.

-Ah, os odio a los dos- bromeó Raymaud, al llegar a los cuarteles- A los tres, perdón, me olvidaba de vuestro pequeño acompañante, Youdar. Este lugar sigue sin gustarme en absoluto. Toma, Zayrinne- dijo el condestable, ofreciéndole una bebida a la chica- Esto suele mantener los mareos alejados durante un tiempo- aclaró, tomando él un buen trago de un odre similar- ¿Vos queréis, Youdar?

-Gracias, amigo, pero a mi este lugar no me afecta como a vosotros- aseguró el enano, comenzando a caminar hacia la abandonada entrada de la torre.

Unas horas después, en las señoriales estancias de Prado Desoca, Vichalio despertaba por culpa de un temblor, uno mayor al que hubiera podido sentir jamás- ¡Guardias!- llamó, con furia- Localizad a los embajadores. Quiero verlos en la prisión de inmediato, ¡vivos o muertos!

“OFF”:
Lo ocurrido en la torre de los cuarteles lo narraré en mi próximo turno, que si no se me hacía demasiado largo el post.

Colores:
Vichalio = #e8ff36
Portavoz del consejo = #5ed166
Anciana del consejo = #d76bed




Youdar = White o #ffffff
Pelos = Orange o #ff9900
avatar
Youdar

Mensajes : 233
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Ruisu EvandHell el Miér Ago 26, 2015 4:54 am

-Bueno, yo solo cumplí con mi labor.- dije nervioso, por no saber que nos esperaba, o que había causado el temblor.

-Pero esto es más de lo que podíamos esperar. Pensamos que solo traería algún pergamino sucio y desgastado o incluso, que simplemente no encontraría nada.-

-Baja la voz…-

-Sí, si… Es que, esto es como si una puerta nueva por fin se abriera para nosotros. Tanto tiempo sin descubrir nada nuevo, no puedo esperar a ver la cara de esos estirados del consejo.-

-Glorial modérate…-

-¡Estoy tan emocionada! Quisiera estar leyendo todos estos libros, ya mismo. Es tan… Tan… ¡¡Gracias señor Ruisu!! Venditos los antiguos por guiarlos hasta aquí. Y por ser usted quien despertara primero hoy.-

Nos encontrábamos caminando por las calles de Landemar, nuestra actitud desentonaba por completo con el ambiente que se sentía entre los ciudadanos. Aunque no había caos o desorden, se podía apreciar la preocupación y el nerviosismo de toda la gente a nuestro alrededor. Ese temblor no parecía haber dejado ningún daño en la infraestructura, sin embargo, todas las personas que veía lucían realmente asustados y se aglomeraban en pequeños grupos para hablar sobre lo ocurrido.

Glorial que caminaba de espaldas frente a mí, mientras reía y hablaba sin parar. Anaish caminaba frente a nosotros, guiando nuestro camino y con una expresión muy seria. –Si… Yo también debo agradecer sus servicios señor Ruisu. No tiene ni idea del gran aporte que le ha hecho a esta ciudad.-

-No tienen por qué agradecer… La hospitalidad que nos han mostrado ha superado todas nuestras expectativas. Debería yo estar agradeciéndole a cada uno de los ciudadanos de esta ciudad por la buena acogida que nos han dado.- Palabras vacías teniendo en cuenta nuestros motivos para estar en Landemar, y todas las mentiras que habíamos tenido que decir apenas tocar tierra.

-Señor Ruisu usted ha salvado a la biblioteca central y a todo el comité de investigación. Incluso…-

-Glorial estás hablando de más, otra vez.-

-Anaish, ya nos ha demostrado que esta de nuestro lado. Es una persona excepcional y estoy segura de que nos ayudara si le contamos.-

-Glorial…-

-¿Tengo que preocuparme?-

-Señor Ruisu por supuesto que no.-

-Siempre haces las mismas cosas… No entiendo cómo es que aun eres mi asistente.-

-¡Es porque somos amigas!- Respondió al instante, con gran entusiasmo.

Anaish se quedó en silencio y siguió caminando. Pasamos un par de calles más y justo cuando parecía no haber nadie cerca de nosotros, quien fuera la cabeza de la familia Roselt se detuvo. –Bueno… No sé cómo me convences de hacer estas cosas, pero ya no hay marcha atrás.- Una sonrisa se dibujó en el rostro de Glorial mientras que yo, intrigado y confuso me detenía frente a ellas.

-No es mucho lo que sabemos de nuestra historia pasada señor Ruisu. La información que tenemos de los tiempos antes del sumergimiento de la ciudad es extremadamente limitada, y además de esto, esta celosamente resguardada por el consejo. Haciendo imposible que alguien la estudie sin la aprobación de todas las voces que lo componen…- La mirada de la mujer paseaba sin rumbo. Como si estuviera echando cuenta de memorias pasadas, y poco a poco un tono melancólico y de impotencia se apoderaba de su rostro. –Por mucho tiempo, la sola idea de pedir permiso para estudiar estos textos, era completamente ridícula. En nuestro “Perfecto” sistema de poder, creado para incentivar la democracia y los conceptos del respeto y la justicia, siempre ha resonado fuertemente la voz de una sola persona… Y aunque todas las familias ancestrales tienen el mismo poder, la voz de Vichalio Desoca nunca ha conocido oposición.-

-Todo el concejo, es solo una mentira bonita. Es como si Vichalio tuviera el liderazgo de la ciudad.-

-Si… En nuestra ciudad nunca había existido una sola voz que se opusiera a su palabra. Me apena decir que incluso mi familia hacía eco, de sus designios.- Me mantenía escuchando atentamente a cada palabra. Me había dejado engañar por lo místico y exótico de la ciudad, sin pensar en que toda ciudad del mundo tiene algo oscuro que ocultar. –Mi padre fue la primera persona, con poder, que se interesó de verdad en descubrir lo que había pasado en nuestra historia. Él era un profesor e investigador muy respetado en la ciudad, incluso las otras familias le rogaban para que educara a sus hijos. Pero… No a todos le gustaban las preguntas que el buscaba responder.-  

-Cuando comenzó a pedir apoyo para ir tras la verdad, cuando pidió los permisos adecuados para sus investigaciones e incluso cuando se dedicaba a responder todas las preguntas que sus alumnos le hacían. Consiguió siempre el rechazo de Vichalio, logrando incluso que lo tacharan de charlatán, mis abuelos no tardaron en sucumbir a las presiones sociales y terminaron por rechazarlo como su hijo…-

-El nunca llego a ser miembro del consejo pues mi abuelo no le cedió su puesto. En su lugar quien recibiera tal distinción fue su hija… Cuando llegue al consejo mi única meta era usar mi poder para romper todos los muros que nos bloqueaban. Me hice de un nombre respetable, me convertí en la directora de la biblioteca nacional e incluso logre que algunos miembros del consejo me apoyaran en mis estudios. Aun no tengo permitido estudiar los documentos antiguos, no mientras ese hombre siga poniendo trabas al asunto… Tiene que existir un consenso y con Vichalio eso es imposible.-  

-¿Entonces quieren que lo mate?- murmure, casi como un acto reflejo fruto de mis hábitos.  

-¿Qué acabas de decir?-

-No… No dije nada…-

Ambas mujeres se miraron una a la otra, estaba claro que me habían escuchado pero simplemente ignoraron mis palabras. -Ustedes no son afectados por lo que sea que sucede en las áreas prohibidas. Me gustaría saber si puedo contar contigo para más expediciones como esta. Si damos muchos resultados positivos no tendrán mas opción que apoyarnos.-

-Solo tengo una pregunta…- Recordé la daga que había tomado del templo. –Allá atrás… Entre en un edificio extraño, no sé si era un templo a muchos dioses o solo un montón de habitaciones con ídolos diferentes.-

-Hablas del templo de los saberes…-

-Había una habitación con un pedestal gigante de piedra.- La mirada seria de ambas me dio a entender que sabían cuáles serían mis siguientes palabras.

–¿Que era ese lugar específicamente?- 

-Señor Ruisu, comprendo que para unos extranjeros, como ustedes, se verá muy… Poco común. La poca información que tenemos sobre la ciudad antes de su hundimiento nos indica, que más de una religión hacia vida en nuestra ciudad… Nuestra ubicación geográfica es muy privilegiada, esto, nos convertía en parada obligatoria de todos los viajeros de este lado del mar. Estos marinos necesitaban un lugar en donde adorar a sus dioses… Eso es lo que viste. Templos de todas las creencias del Noreth antiguo, o al menos de una gran cantidad de ellas.-     
-Aquí la mayoría adoramos a los Antiguos… Fuerzas naturales que están desde antes del gran árbol. No son dioses, son algo más…- 

-¿Algo más?-

-No hay forma de explicarlo. Es todo aquello que siempre ha existido, antes del gran árbol y después de que la última criatura viva desaparezca.-

-Creo… Creo que en esa habitación hacían sacrificios.-

-Muchas creencias convergen en ese templo señor Ruisu… Esa habitación pudo ser cualquier cosa.-

-Entonces… Me gustaría saber más de ese tal Vichalio. ¿Puede ser peligroso?-

-Todos los seres vivos son peligrosos señor Ruisu. Lo que los retiene son su falta de poder o sus ganas de hacer la maldad… El señor Vichalio posee mucho poder, y es particularmente talentoso para encontrar motivos con los que justificar sus acciones.-

-Incluso si esto hierre a las personas… Incluso si esas personas son sus amigos o su familia.-
Mientras hablábamos nos acercábamos cada vez más al consejo. Poco a poco se pudieron ver varios destacamentos de la guardia, que habían sido enviados a las calles de la ciudad para resguardar la calma. 


–Se ve nervioso señor Ruisu… ¿No le agradan los hombres de uniforme?- Era extraño que esa mujer notara eso… Yo no soy del tipo de personas que dejan ver sus emociones tan fácilmente. –No es eso. Es que tanto movimiento de tropas me hace creer que las cosas están peor de lo que parece.-

-No te preocupes, si pasa algo yo te defenderé de los malos.- Respondió Glorial en tono de broma, con una sonrisa en el rostro. –Es bueno saber eso…-

Al llegar hasta el consejo pude ver que este se encontraba al final de una gran escalera de piedra. –Aquí nos separamos señor Ruisu. No nos pueden ver subiendo juntos, no es el protocolo…- Dijo Anaish poniendo un pie sobre el primer escalón.

-¡Nos vemos arriba Ruisu!- Exclamo Glorial mientras comenzaba a subir rápidamente las escaleras, dejando tras de sí a Anaish. –Glorial adelántate y ve preparando todo… Yo subo en unos segundos.- Quien fuera la cabeza de la familia Rorelt se acercó a mí y con un tono de voz serio y una expresión firme me dijo algo que me dejaría pensando por un largo tiempo. –Esta ciudad esconde más de lo que se ve a simple vista señor Ruisu, camine con cuidado y no cometan ninguna estupidez.- Dicho esto la mujer dio media vuelta y subió las escaleras.

Mire en todas direcciones buscando alguna cara familiar. Independientemente de lo que estuvieran haciendo los otros, todos, teníamos que juntarnos en el consejo. Fue una sorpresa y un alivio ver como Janna, Niris y Braum bajaban de un carromato justo frente a mí.
-¡Ruisu! Pensé que estabas en algún bar siendo el primer extranjero en golpear a un Landemariense.-

-No me agradan esas bromas…-

-Ho, lo siento señor representante de cámara Ruisu Tomson.-

-Eres una persona muy molesta.-

-¡Vamos hombre! Deja de ser tan frio y diviértete un poco. Estamos en Landemar joder, si me fueran dicho hace un mes que algún día pisaría esta ciudad, fuera golpeado a esa persona y luego fuera pedido lo mismo que él bebió.- Las risas de Braum llamaban mucho la atención de la gente, pero por suerte esas personas solo se limitaban a ver desde lejos.-Buenos días Janna, Niris… -

La cara de la pequeña era fiel testigo del miedo que sentía, algo curioso pues desde que ella viajaba con nosotros todo cuanto habíamos hecho era aterrador para una niña como ella. De cierta forma ella me recordaba mis últimos días en la granja, y los primeros con los hijos de EvandHell. 


Recordaba el dolor por ser vendido por mi familia, el miedo y la impotencia. Mientras más pasaban los años más olvidaba de ese pasado tan molesto, en este punto no recordaba sus nombres, y sus rostros los miraba borrosos en mis sueños. Todos esos recuerdos, todos esos sentimientos y todo lo que era ese niño asustado había muerto.


Murió con la primera persona que mate. Y sus recuerdos se limpiaron con la sangre que quedo de esa noche… -Niris, ¿Cómo estas pequeña?- Le dije con voz suave mientras me quitaba la capucha y ponía una rodilla en el suelo para estar más o menos a su altura.

-Este… Bueno, te traje un obsequio. Puedes compartirlo con la señorita Janna si gustas.- Metí mi mano en el bolso que colgaba de mi hombro y saque la bolsa de dulces que había comprado junto a Glorial y Anaish. –Me dijeron hace mucho que el azúcar es bueno para los nervios… No sé si será verdad pero igualmente quiero que tengas esto.-

La pequeña parecía confundida, miraba de un lado a otro como si no entendiera nada, se acercó lentamente y comenzó a oler la bolsa de dulces que tenía en las manos. Al tomar la bolsa la miro fijamente, la olio de nuevo y luego, con una sonrisa, dio una pequeña reverencia que interprete como agradecimiento. La señorita Janna fue un poco más... Directa, y se abalanzo sobre mi agradeciéndome con un abrazo. –Sí, de nada…-  

-Entonces no eres tan frio Mercenario.- Dijo Braum con una sonrisa en el rostro.

-Di lo que quieras, no te comprare nada a ti…-

Pasaron un par de minutos y pude ver desde donde se celebraría la reunión, a una persona haciéndonos señas para que subiéramos. Braum pregunto por Youdar y dijo que tendríamos que esperarlo pero no tardaron mucho en bajar algunas personas a indicarnos que subiéramos rápido. Al parecer Youdar ya se encontraba con el consejo y solo faltábamos nosotros por llegar. 

–Necesito un par de minutos, ya los alcanzo.- Le dije a Janna y Braum para que se adelantaran sin mí. Una vez que me vi sin nadie alrededor me dispuse a examinar la daga encontrada en ese templo.

El arma parecía estar en perfectas condiciones, no pude ver un solo rastro de erosión por el tiempo o el uso. Su empuñadura estaba adornada con pequeñas jemas rojas y estaba perfectamente balanceada, por toda el arma se extendían símbolos que no pude reconocer y algunas imágenes. El trabajo en esa arma era impecable, digno de un artesano sin igual. Mi mirada pasaba de un lado al otro de la daga, inmerso en su belleza y en lo extraña e interesante que me parecía. –Esto ya justifica todo el viaje y mas.- Pensé mientras apreciaba el precioso botín.

Estaba tan perdido en esa daga que no escuche a la persona que se acercaba por mi espalda, y fue su mano sobre mi hombro lo que me regreso a la realidad. –Señor Ministro. La reunión está a punto de iniciar.- Me gire rápidamente y metí la daga en mi bolso. -Sí, discúlpeme. Ya estaba por subir.-

Durante la reunión fueron muy pocas las palabras que tuve que decir, responder un par de tonterías y poco más. Anaish lucia igualmente aburrida como yo, casi toda la sesión se concentró en Youdar y Vichalio. Y lo único realmente interesante fue ver al capitán sacar su espada y apuntar al cuello del viejo molesto. -Retiradlo de inmediato- Grito Youdar mientras mantenía firme su espada.

La situación de un momento a otro se había puesto muy tensa, las reacciones de cada persona eran completamente diferentes. Pensé por un segundo en que tendría que sacar mi daga pero la mediación de algunos de los presentes terminó por alivianar un poco el ambiente.
Una vez terminada la reunión, fuimos escoltados nuevamente hasta un carromato propiedad de quien fuera nuestro principal anfitrión. En el fuimos enviados a la casa donde nos esperaba una gran cena como la del día anterior, pero esta vez sin los empleados de la casa, pues Raymaud le dio la noche libre para hacer más tranquila la velada.

En la noche me mantuve despierto mirando el techo de mi habitación, mientras pensaba en todo lo que había pasado y todo lo que habíamos descubierto de esa ciudad. Justo debajo de mi cama mantenía mi bolso con las joyas que había recolectado de la ciudad y la daga que era el mayor premio. –Seguramente mañana tendremos otro día de cumplir itinerarios con esta gente… Es una suerte que yo tenga una cuartada gracias a Glorial y Anaish.- Me dije a mi mismo.

Pasado un buen rato y sin poder dormir decidí salir de mi habitación y darme un “paseo” por la ciudad. Me vestí nuevamente con mi uniforme de trabajo, el negro era ideal para todo lo que hacía y sería perfecto para esta escapada. Abrí la puerta lentamente y tras asegurarme de que nadie estuviera despierto me dispuse a bajar las escaleras hasta el gran salón.
Todas las luces estaban apagadas pero eso no era impedimento para mí. Baje lentamente tratando de hacer el menor ruido posible y justo cuando estaba por atravesar el recibidor para salir por la puerta una voz familiar me detuvo. 

–¿A dónde vas Mercenario?-

-No deberías llamarme de esa forma… ¿Que pasara si alguien te escucha?-

-Eso no responde mi pregunta Ruisu. ¿Planeas ir por viejos vicios? ¿O simplemente vas a desertar?-

Podía escuchar las risas acalladas de una mujer en la cocina lo que me hacía pensar que Braum no era el único despierto en la casa. –Espera un segundo… ¿Qué haces merodeando por la casa a estas horas?- Luego de mi pregunta la cara del marinero cambio radicalmente y un tono rojo de vergüenza comenzó a adueñarse de su rostro. –Yo… Solo quería algo de agua.-

Me di media vuelta y comencé a caminar hacia la cocina. Con una mano metida en mi bolso, preparado para sacar mi daga si fuese necesario. –¡Ruisu espera! ¿Tú te tenías que ir no? Vamos hombre solo estaba bromeando, ve a donde tengas que ir.-

Ignore las palabras nerviosas de Braum y seguí caminando hasta la cocina. Y al entrar pude ver a una de las sirvientas de Raymaud vistiéndose. –Así que es esto…-

-Señor Ruisu, le ruego me disculpe.- Dijo la dama que inmediatamente se acomodó el vestido y salió disparada por la puerta. –¿Sería mucho pedir que no dijeras nada?-

Una situación curiosa cuanto menos, sentía unas inmensas ganas de reír pero frene mis ansias y regrese a la puerta de la gran casa. –Tú no me has visto salir, y yo no te he visto con esa mujer.-

-Trato hecho.- Dijo Braum visiblemente aliviado.

-No Braum, no es un trato. Es así como paso.-

-Bueno… Si vas a traer más dulces me traes una cerveza.-

-¿En que momento ganaste tanta confianza para hablarme? En el barco ninguno me dirigía la palabra…- Cerré la puerta a mis espaldas y comencé mi excursión nocturna por la ciudad. 



-I Walk through the valley of the Shadow of death-
-And i feel safe.- 
-Because i know i'll kill my enemies when they come.-


avatar
Ruisu EvandHell

Mensajes : 341
Edad : 22
Link a Ficha y Cronología : http://www.cuentosdenoreth.net/t5436-ficha-de-ruisu#61100 y el de la cronología búscalo tu mismo babos@.

Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Niris el Dom Sep 06, 2015 3:35 am

Estaba con los niños dejando que me acariciaran las orejas cuando un presentimiento me hizo levantar la cabeza junto con mis orejas al escuchar algo lejano pero extraño, no sabía que era aquello pero tuve un repentino mal presentimiento y me tire al suelo por instinto a lo cual los niños me imitaron como si fuera un juego, pero apenas unos instantes después un temblor llego a donde nos encontrábamos haciendo que varias de las personas que se encontraban cercas perdieran el equilibrio terminando en el suelo o agarrados de estructuras cercanas.
 
Una vez que el temblor se detuvo me levante bastante agitada para recibir un abrazo de Janna para luego ser llevada a un transporte. El ambiente amigable se había terminado muy rápido dejando las cosas con una calma nerviosa y temerosa. Un sentimiento al que me había estado teniendo que acostumbrar en estos últimos tiempos. Simplemente me apoye contra Janna pensativa y desanimada mientras probaba los caramelos que me había dejado Ruisu, no era mucho pero la sensación dulce era útil para concentrarme en algo que no fuera lo que sucedía a mi alrededor.
 
Nos terminaron llevando a un lugar el cual pude escuchar que era llamado el gran conejo o algo así llevándonos ante los cuatro austeros arcos donde se había reunido un montón de gente de apariencia nada amigable. Me quede pegada a Janna sin saber que era lo que hacíamos o porque nos habían traído hasta este lugar cuando Janna había pedido que nos llevaran a la mansión, pronto Youdar llego y termino siendo precedido por Ruisu quienes tenían un rostro de preocupación.
 
Después de una reunión bastante tensa volvimos al lugar donde estábamos hospedándonos, la cena había sido buena pero el ánimo de nadie parecía especialmente animado. Esta vez me quede en mi habitación en lugar de ir con Janna, me encontraba demasiado nerviosa y algo en mi interior simplemente me mantenía intranquila mientras observaba la ventana. Entonces una sensación espantosa me dio un escalofrió por todo mi cuerpo haciendo que corriera debajo de mi cama a toda prisa para luego sentir un terremoto que estremeció todo. Escuche los vidrios fracturarse para empezar a caer en pedazos seguido del sonido de cerámicas y muebles cayendo en la habitación.
 
Empecé a gritar pero no creía que mis chillidos pudieran resonar entre el caos. Aquel terremoto no duro mucho pero solo era cuestión de asomarme desde abajo de la cama que había provocado cuantiosos daños. Por un momento todo fue tranquilo seguido de un gran movimiento en las habitaciones consecutivas para luego ver a la jefa de sirvientas en ropa de cama buscándome. -¿Señorita Niris?- Mi miedo me había evitado hablar y ciertamente me encontraba agitada pero se retiró rápidamente.
 

No tenía idea de lo que sucedía pero la mujer había ordenado que prepararan los caballos y despertaran a los invitados. Seguramente una vida entre nobles le habría permitido conocer las actitudes de la gente poderosa de este lugar sabiendo por las conversaciones en la cena que nos habíamos convertido rápidamente en los chivos expiatorios de lo que había estado pasando. Quizás intentarían sacarnos de aquí, pero estaba demasiado temerosa para pensar claramente mientras me encontraba oculta.
avatar
Niris

Mensajes : 215
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Niris
Saltos de Coneja

Nivel : 3
Experiencia : 500 / 1500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Mar Sep 15, 2015 6:09 pm

El coche de caballos nos llevó a un… monumento místico, si así se podía llamar, en lugar de llevarnos a la mansión, lo cual nos causó desconcierto tanto a Niris, como a mí.

Se trataba de un área cuadrada rodeada de pilares con arcos que los unían. Allí, junto a Niris y a mí, se hallaban también Youdar, Ruisu, el condestable y una chica de extraña procedencia, a la que miré  frunciendo el ceño. ¿Quién sería, y de dónde vendría? Es más, para empeorar las cosas ¿Qué hacíamos aquí?

Al parecer, nos llamaron a acercarnos al centro de la estancia, a algo parecido a un parlamento o algo por el estilo, porque había varios hombres sentados alrededor de nosotros, mirándonos con miradas que iban desde la curiosidad hasta el desprecio. Uno en especial tenía una mirada penetrante y oscura, cosa que no me agradaba demasiado.

Más que un parlamento, a medida que el tiempo pasaba, parecía un juicio en busca de un cabeza de turco, dado el tono que tuvo el hombre de oscura mirada en cuanto hablaba de magia divina.

Un intento de rajar el cuello de aquel hombre surgió por parte de Youdar en cuanto éste primero intentó mancillar el honor de la muchacha.

Y para mi sorpresa, ¿todo se arregló con un apretón de manos? Muy sencillo me parecía.

Youdar parecía conocer a la muchacha, pues ésta hablaba del oro que habíamos venido a buscar, y que quería venir con nosotros a la superficie.

Tras ese extraño encuentro en aquel no menos curioso lugar, nos llevaron de nuevo a la mansión, donde tuvimos una cena más tranquila que la del día anterior. Pero la cena distaba de la realidad. La tensión se podía palpar en el ambiente, como algo que estaba entre las líneas inexpresadas de los presentes en la sala.

Seguía teniendo curiosidad por saber quién era esa mujer, pero bueno, no me era concerniente saberlo, supongo.

Marché a la cama, a mi cuarto particular, donde me tumbé a observar el techo, intranquila por lo que había ocurrido hoy. Un temblor de tierra, un juicio sin culpable, y un hombre que no parecía estar contento con nosotros.

Cansada de no poder dormir, y tanto darle vueltas en la cabeza a aquellas ideas que no hacían el intento por esfumarse, pensé que estaría bien salir afuera a pasear, a ver si así buscaba algo con lo que distraerme y concebir el sueño.

Me puse un vestido de manga corta, relativamente corto, con un corte en un lado de la ropa, y un amplio escote por la espalda y por el frente. Nunca estaba de más que a veces no te miraran a la cara, sin embargo, tomé entre mis brazos una gabardina fina, y tras ponerme mis botas, me acerqué a mi ventana, y la abrí de par en par. La ciudad estaba sumida en un silencio tan intenso que podía oír las pulsaciones de mi propio corazón golpear con fuerza mis oídos, y apenas unas farolas encendidas con aceite mantenían la calle iluminada.

Me senté sobre el alféizar, y girando sobre mi misma, llevé mis piernas a colgar por el lado exterior de la ventana, con la gabardina colgada de un brazo. Mis alas, entumecidas por mantenerse tanto tiempo sin moverse, crujieron en cuanto estiré su piel para poder destensarlas, y dejarlas preparadas para el vuelo.

En lo que parecía un suicidio, me dejé caer por el alféizar de la ventana, y apenas a unos 3 metros del suelo, di una fuerte batida de alas para frenar la caída, y posarme suavemente en el suelo, tras lo que volví a plegar las alas a mi espalda. Y me dispuse a caminar por las calles oscuras y silenciosas, completamente sola para mi sorpresa, pues a mí no me parecía tan tarde como para que estuviera todo desierto.

Mis pasos me llevaron en dirección contraria al centro de la ciudad, más internada en la “naturaleza”, si es que así se le podía llamar. Y ya cerca del mar, encontré una boca oscura que daba  a un interior fresco y oscuro.

Detenida delante de la entrada, notaba cómo algo me llamaba al interior. Un suave susurro que parecía salir del interior. La atracción era tan fuerte que no pude evitar entrar en la oscura cueva.

OFF:

La entrada a la cueva la relataré en el próximo post



Ficha de Janna
Cronología de Janna

Diálogo ( #cc0000 ) - Narrativa - Pensamientos ( #ff9900 )


avatar
Janna Tanya

Mensajes : 162
Link a Ficha y Cronología : Janna
Diario de Janna

Nivel : 2
Experiencia : 600 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Youdar el Dom Sep 27, 2015 6:57 am



-¡Pelos!- llamó, en un absurdo susurro, Youdar a su mascota en cuanto entraron en la torre de los cuarteles. El animal, sin temor alguno, había subido por las escaleras laterales de caracol.

-Es un espíritu libre- comentó, con un ligero tono de envidia y admiración, Zayrinne.

-Si, será mejor permanecer unidos, no vaya a ser que todos acabemos convertidos en “espíritus”- sugirió, irónico, Raymaud. Zayrinne no pareció molestarse en absoluto por ello.

-Tú eres la que más tiempo ha pasado aquí, Zayrinne- dijo Youdar, que no apartaba la mano de su espada- ¿Por donde empezamos?

-No funciona así, hijo de Yeidrax- la chica negó con la cabeza- Estamos aquí por ti. Tú has venido a ayudarte ayudándonos. Tú nos guías.

-Suena esperanzador- dijo Raymaud, divertido, ignorando el gruñido que emitió Youdar. “¿Qué aporta mayor gratitud que lo descubierto por ti mismo, Youd?”, le había dicho su madre, cuando le preguntó porqué todos en su familia tenían esa fascinación por lo desconocido, por los misterios que había más allá del mar. ¿Sería aquello lo que, con su repentinamente acida actitud trataba de decirle el condestable? “No temas, no dudes, solo déjate llevar”, se repitió a si mismo. No era tan fácil decirlo como hacerlo, pues toda su vida había hecho justo lo contrario. Seguir a ciegas las sensaciones de un lugar abandonado tan solo te llevaba a una horrible trampa preparada por algún demonio o espectro, sin embargo, en los landemarienses había encontrado una visión nueva para él.

-Sigamos a Pelos- terminó por decir, quitando la mano de la empuñadura de su espada. Esperaba escuchar un nuevo comentario de Raymaud pero, en su lugar, este sonreía, no divertido, como antes, si no complacido. Aquello le hizo recordar algo de su infancia. Tenía diez años, y estaba lleno de heridas por todas partes. Kadín, travieso como siempre, había tratado de coger rosas de un matorral, sin importarle las espinas que este tenía. El chico había tropezado y, impulsivamente, Youdar se había arrojado contra las espinas, protegiéndole. Recordaba que su madre se había enfadado con él.

-Pero yo debo protegerle- había dicho- Soy el mayor.

-Es cierto- respondió su madre, abandonando el tono de dureza que había empleado en primer lugar- Pero un buen hermano, o un buen amigo, no es aquel que te impide cometer fallos. Porque así solo hace que siempre debas depender de él. Un buen hermano deja que te equivoques, que aprendas la lección, para que seas mejor y, si no eres capaz de salir tu solo del problema en el que te has metido, te ayuda. No puedes sobreproteger a Kadín, Youd, o jamás podrá hacer nada por si mismo.

El enano sonrió al recordar aquella valiosa lección, dándose cuenta de que era la misma sonrisa que Raymaud tenía en aquel momento. Empezaba a darse cuenta de que, pese a sus reparos hacia el lugar, el condestable sabía o intuía mucho más de lo que aparentaba sobre las cosas extrañas que allí sucedían, pero deseaba que Youdar las descubriera por si mismo.

-¿Lo habéis notado ya?- preguntó Zayrinne, al tiempo que llegaban al primer piso, donde Pelos los estaba esperando- La magia de este lugar nos hace recordar. No siempre son buenos recuerdos, pero todos guardan una gran belleza.

-Eh… no había notado nada- mintió Youdar. Pudo escuchar, tras él, una espontánea y mal disimulada carcajada de Raymaud- ¿Pero qué…?- se extrañó, al sentir como un extraño brillo emanaba de sus elegantes ropas nuevas. Extrajo la joya que le había entregado Zayrinne, la cual ahora brillaba intensamente.

-No eres tú quien más necesita de un aviso- repitió la chica las palabras que había escrito en la nota con la que se la entregó. Youdar no había pensado mucho en ellas hasta entonces. La chica tenía destellos de lucidez entre toda su locura, ya había podido comprobarlo, y no le cabía duda alguna de que, si hubiese sido ayudada, sería escasa la demencia de la que haría gala, sin embargo, décadas de desprecio tan solo la habían agudizado. ¿La joya sería parte de su demencia o, por el contrario, era uno de los destellos de lucidez?

“No eres tú quien más necesita de un aviso”, se repitió. La joya brillaba cuando había espectros cerca, eso ponía en la nota de Zayrinne. Él no necesitaba que nadie le avisara de la presencia de espectros, claramente. Se había pasado media vida combatiéndolos, sabía con bastante exactitud adivinar su presencia. ¿Se refería a uno de los miembros  de su tripulación? Janna era un demonio, seguro que tendría alguna habilidad que le permitiera percibir seres como ella. Ruisu y Braum eran buenos combatientes, pero, que él supiera, no sabían nada sobre como luchar contra espectros, tal vez se tratara de uno de ellos. Y, por supuesto, estaba Niris. La pobre niña se asustaba hasta de su sombra, y le vendría genial algo que la avisara del peligro.

Pero algo no le encajaba del todo. ¿Para que querrían Ruisu, Braum o Niris algo que les avisara de la presencia de espíritus? No sabían enfrentarse a ellos, y algo así tan solo les haría entrar en pánico o confiarse más de la cuenta ¿Qué importancia tenía la joya? Youdar gruñó, tratando de llegar más allá. Comenzó a pasearse por la estancia, sin importarle, por el momento, que Zayrinne o Raymaud se impacientaran. Algo le decía que los dos sabían el puzle que trataba de resolver en su mente.

“¿Qué haría yo con una joya así? Podría avisarme de la presencia de espectros antes de que yo mismo los notara, si, pero ¿Y luego qué?”. Fue entonces cuando cayó en la cuenta- ¡¡Pelos!!- exclamó, arrodillándose junto al gato, que había estado prácticamente inmóvil. Solo Pelos tenía la capacidad como para sacarle partido a aquella joya y, como había dicho Zayrinne, él lo necesitaba más que Youdar. El gato se asustaba ante lo desconocido pero, si la joya identificaba a los espectros mediante su brillo, acabarían por ser algo que Pelos ya conocía, evitándole un temor irracional.

Youdar rascó la cabeza de su mascota, que lo miró confundido, y, buscando por la sala, encontró un viejo trozo de cinturón. Con algo de esfuerzo, utilizó su espada para darle la dimensión adecuada, formando un collar que se adaptar sin problemas al cuello de Pelos. Después utilizó un trozo de hierro que había en el suelo, el cual no tenía rastro alguno de óxido, y, doblándolo, formó un enclaustramiento para la joya, adaptándola al trozo de cuero. Ahora Pelos podría llevar siempre la joya como si fuera un colgante, aunque, en cuanto pisaran tierra firme, buscaría un orfebre que hiciera un mejor trabajo que aquel tan improvisado.

-Es cierto lo que él me dijo- comentó Zayrinne, mientras observaba a Youdar ponerle el collar a Pelos. Este se revolvió y mordió al enano, pero acabó por aceptar, de mala gana, su nuevo accesorio- Eres un artesano habilidoso, como casi todos los de tu raza.

-¿Él?- preguntó Youdar, incorporándose, ignorando el mordisco que Pelos le acababa de dar en el tobillo.

-Estás a punto de volver a verlo- dijo la chica. Raymaud parecía ignorar tanto como Youdar la identidad de aquel “él”, pero guardó silencio. Parecía ser costumbre landemariense aquello de “no relevar la sorpresa hasta que no la descubras tu mismo”.

El amuleto de Pelos aumentó su brillo. Éste se asustó en primer lugar, tratando de quitárselo con las patas traseras, sin embargo, al cabo de unos minutos, comenzó a caminar, decidido. Ésta vez no hizo falta que nadie dijera nada. Parecía que habían encontrado a su guía hacia lo desconocido.

Tras seguirle a la segunda planta de la torre, Pelos se detuvo. Comenzó a buscar, indeciso, como si supiera hacia donde quería ir pero no como llegar allí.

-Dejadle hacer- dijo Zayrinne, como fuera ella quien había criado al gato y lo conociese mejor que nadie- Acabará por encontrar el camino- y así fue. Pelos comenzó a rascar una pared, sacando astillas de madera por todas partes. Cuando Youdar fue a cogerle para que no se hiciese daño, se dio cuenta de que lo que el gato rascaba era un acceso secreto.

-Ayúdame a derribarlo, Raymaud- pidió el enano, cogiendo una mesa a la que le faltaban dos patas, con la intención de utilizarla como ariete.

-Youdar esper…- comenzó a decir el condestable, pero no le dio tiempo. La falsa pared, antigua y resquebrajada, estalló ante el golpe del enano, igual que la mesa. Una humareda de yeso y serrín les cegó- ¿“Él” no te avisó sobre lo brutos que son los enanos, Zayrinne?- preguntó Raymaud, sin dejar de toser.

-Se debió olvidar…- dijo ella entre toses- de comentarlo.

-Cubríos la boca y la nariz con algo de ropa- auxilió Youdar a los dos nobles landemarienses, quienes, claramente, no estaban acostumbrados a trabajar allí donde había polvo- Debemos continuar. El pequeño bribón no tiene mucha paciencia- dijo, comenzando a subir por una escalera maltrecha que se veía entre el polvo, la cual Pelos ascendía a toda velocidad.

-Tan solo avísanos cuando vayas a hacer otra cosa similar, amigo- pidió Raymaud, ayudando a Zayrinne a subir.

-Lo siento, me dejé llevar.

-Lo habíamos notado, hijo de Yeidrax- comentó Zayrinne. Era la primera vez que Youdar la escuchaba bromear, y resultaba reconfortante saber que, pese a todo, su espíritu aun tenía salud como para ello.

Los dos landemarienses casi chocan con el enano. Youdar se había quedado inmóvil, pues desde luego no esperaba encontrar en el tercer piso lo que vio. Una gran burbuja de agua, movida por una corriente mágica, creaba figuras de hielo, las cuales se movían sin cesar. Eran, en su mayoría, marineros humanos, que parecían atrapados en sus recuerdos. Algunos movían las manos como si izaran las velas, mientras que otros parecían otear el horizonte en busca de un banco de pesca o de tierra firme.

Pelos no se movió de su lado, aunque no parecía tener miedo, más bien estaba allí por si el que temía era Youdar- ¿Qué es este lugar?- preguntó, sorprendido e, innegablemente, aterrorizado.

-Aquí es donde el Custodio traía a todos aquellos que no lograban llegar a nosotros, amigo- dijo Raymaud. Zayrinne lo miró, sorprendida de que supiera aquello- Sabes que soy un gran investigador de la superficie, pequeña. Siempre me ha apasionado y siempre he querido viajar allí, por eso traté de saber todo acerca del porqué estábamos separados de ellos, pese a tener un acceso al torbellino en nuestro puerto.

Tan solo encontré información sobre el Custodio. El monstruo devoraría las almas de cualquiera que tratara de llegar a nosotros con malas intenciones, así como impediría que nosotros tratásemos de huir. Tan solo podría ser derrotado por alguien que no viajase hacia nosotros con fines egoístas.

-Lo admito- dijo, encogiéndose de hombros- Jugaba con trampas cuando dije que podía confiar en ti ciegamente, Youdar. No era una cuestión de fe, si no de conocimiento. Sabía que no podrías haber llegado a nosotros si vinieses con la intención de hacernos daño. Aun así, no se más sobre el asunto. No se quien creó al custodio, o porqué la ciudad se hundió.

Youdar intentaba prestarle atención, pero no había sido capaz del todo. Había reconocido a dos figuras de hielo. Crilor y Roida, los dos humanos que habían encargado a su padre construir El Milano, el barco más rápido que su familia hubiese construido jamás. Crilor, el joven noble, se había convertido en una figura de hielo que observaba mapas de navegación constantemente. Roida, anciano sacerdote, parecía que, en aquel estado que no era vida ni muerte, seguía bendiciendo a sus tripulantes mediante rezos.

-Ya se a quien me has traído a ver, Zayrinne- dijo el enano. Claro que lo sabía, desde el momento en que había visto la larga nariz de Roida lo supo. Si la tripulación del Milano estaba allí también lo estaría el que había escrito la runa protectora sobre el casco del barco- ¿Padre?- llamó, sin saber que aspecto tendría Yeidrax cuando apareciera.

Un enano, anciano, con la cara llena de cicatrices, apareció, caminando lentamente, de entre el torbellino de figuras de hielo. Sin embargo, a diferencia de los demás, él no parecía anclado a repetir un gélido ciclo una y otra vez.

-Jamás me encontré con el Custodio- dijo Yeidrax, a modo de saludo- Mi cuerpo sigue por algún lugar de las Cordilleras Daulin, puede que sepultado por alguna avalancha de nieve.

-Por eso no te ves arrastrado al mismo destino que tantos otros- concluyó Youdar. Se encontraba sumido en la emoción y la tristeza. Siempre, desde que inició su viaje, pensó que habría una posibilidad de que su padre solo se hubiese perdido, que algún día apareciera por Baruk´grund sin más, que El Milano no hubiese acabado maldito por la ambición.

-No hay mucho tiempo, hijo- dijo el espectro de Yeidrax- Al derribar el muro has iniciado una serie de acontecimientos que no puedes parar. Un nuevo terremoto está azotando Landemar, y ya sabes lo que ocurrirá.

-Vichalio- musitó, lanzando una breve mirada a Zayrinne, preocupado, pero ella se veía fuerte, decidida.

-Aunque el Custodio esté muerto, Youdar, su magia sigue presente en esta estancia. Si un landemariense tocase el agua que nos rodea quedaría congelado en el acto, pues la esencia del Custodio interpretaría que trata de escapar- continuó su padre. La voz de Yeidrax era tal y como la recordaba, dura, firme, como si siempre diera órdenes, o, al menos, siempre era así cuando hablaba con él. Sin embargo, detectaba en ella algo que jamás había percibido antes… parecía arrepentido por algo, se sentía culpable- Dentro de este torbellino hay una roca, algo más grande que el puño de un orco. Esa roca es la que mantiene a Landemar sumergido y a todas estas almas atrapadas.

-La destruiré- dijo, irreflexivo. Yeidrax hizo una señal con la mano abierta, indicándole paciencia.

-No tomes una decisión sin saber todo- pidió- Es mucho lo que he podido saber durante este año aquí, pues, al carecer de cuerpo, podía ir donde quisiera, incluso a otro tiempo, aunque solo fuera como espectador. Esa roca se llama Nuclive, y fue creada por los elfos. La crearon para mantener atrapado a alguien a quien no podían destruir.

Nadie conoce su nombre real, pero es, sin lugar a dudas, el hechicero más poderoso de Noreth. Ningún otro mago o guerrero de su tiempo fue capaz de destruirlo, así que los elfos tomaron la decisión de encerrarlo, pero, para ello, debían sacrificar muchísimas vidas, pues solo los dioses podían mantener vivo el Nuclive. Así lo hicieron, llegando a un pacto con los dioses Destino y Muerte.

Un sinfín de elfos se sacrificaron, convirtiéndose en espíritus custodios, permanentes guardianes y protectores del Nuclive. Pero, como es común en su raza, la soberbia de los elfos les hizo creer que sabían lo mejor para todos y, sin pedir permiso a los habitantes de Landemar, decidieron que su isla era la idónea para alimentar al Nuclive.

Landemar se hundió en el océano, protegida por los espíritus custodios y, inconscientemente, sus habitantes se convirtieron en el alimento que el Nuclive necesitaba para funcionar. Por eso sienten que, pese a su plenitud, sus vidas son tan vacías.


-Los elfos sabían que nadie de su tiempo era capaz de detener al hechicero- repitió Yeidrax- Ahora, en nuestro tiempo, te corresponde a ti cometer su mismo error o asumir tu propio error. Puedes darle la espalda a Landemar, pensando que el libre albedrío de su gente merece la pena para mantener al hechicero aquí atrapado, justo bajo el Nuclive, en el centro del torbellino que se encuentra tras de mi. O puedes hacer que Noreth lucha de nuevo, procurando que, esta vez, seamos nosotros quienes venzamos, no viéndonos obligados a sacrificar a miles de inocentes para obtener la victoria que nosotros no fuimos capaces de lograr- el espectro se apartó, haciendo un ademán con el brazo hacia el gélido torbellino- Tú decides. No decidas por mi, o por las almas de tus amigos humanos. Tú o Landemar, esa es la cuestión.

Youdar sintió un arrebato de compasión hacia toda la gente de Landemar. Hacia Raymaud, cuyo sueño de aventura siempre se había visto frustrado. Hacía Zayrinne, quien, sin saber el porqué, había sido una de las grandes víctimas de la falta de alma de la ciudad. Incluso hacia Vichalio Desoca pues, bajo la influencia del Nuclive, era imposible saber si sus actos egoístas eran genuinos de él o producto de la nociva roca.

Debía tomar una decisión y, tal y como su padre había dicho, era él o Landemar. Si se marchaba sin hacer nada podría llevarse a Zayrinne y su oro, viviendo una vida relajada. Sin el custodio, la salida sería segura para la joven. Sin embargo, sin salvaba Landemar, él se vería obligado a luchar en una guerra, una contra un enemigo tan grande que suponía un desafío incluso para los dioses. “Pero todos serán libres”, pensó, dando un paso hacia el torbellino.

Aquello era lo único que importaba, la libertad. Libertad para luchar, libertad para decidir, libertad para tratar de ser feliz. Seguiría habiendo sacrificios, por supuesto, pero no sería porque unos pocos decidieron que cierta isla era la idónea para algo. Era lo correcto.

Sintió frío en la cara, pero, del mismo modo, podía notar como, a cada paso que daba hacia el Nuclive, Raymaud, Zayrinne y Pelos le entregaban parte de su calor, para que pudiese continuar. Con todas sus fuerzas, puso las manos a ambos lados de la piedra, de un color aguamarina intenso. Tiró de ella, pareciéndole que era imposible de mover, pero, finalmente, logró apartarla del pedestal en el que estaba. Una intensa luz lo bañó todo, y el pedestal se rompió, dejando ver en su interior a un hombre encogido, un hombre cuya mera mirada podía congelar el corazón de alguien.

-¡¡¡Libre al fin!!!- exclamó, despareciendo junto al Nuclive y las figuras de hielo. Youdar se volvió, buscando, por última vez, la mirada, severa y siempre reprobadora, de su padre, pero no fue eso lo que encontró. El espectro lo miraba con alegría, la más profunda que se pueda sentir.

-No fui el mejor padre, Youdar- dijo, mientras se desvanecía- Pero, tal vez, si haya criado al mejor hijo.

La torre comenzó a temblar como si se fuese a derrumbar, mientras la figura de Yeidrax se disipaba completamente- Nos veremos en los salones de Karzún, padre- se despidió Youdar, mientras seguía a los landemarienses y a Pelos, que ya se dirigían a la salida.

-//-

-Señor- dijo uno de los guardias- La casa del condestable está vacía.

-No importa, capitán- restó importancia Vichalio Desoca- No van a ir a ningún lugar sin su barco.



Youdar = White o #ffffff
Pelos = Orange o #ff9900
avatar
Youdar

Mensajes : 233
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Ruisu EvandHell el Mar Sep 29, 2015 12:11 am

La noche es realmente curiosa en Landemar, la brisa fresca particular de zonas costeras, el aroma con tono dulce y caribeño que te pone a pensar en un sinfín de flores multicolores o frutas varias y, cuando miras al cielo, te encuentras con un baile de colores tenues y variados similar a esos de los cuales hablan los que regresan de los glaciares, las luces del cielo. Un espectáculo muy sorprendente para una persona criada en la superficie y más para mí que no estaba acostumbrado a apreciar todo con tanta calma.

Otra cosa curiosa es la tranquilidad de las calles de esa ciudad en la noche… No sé si era normal que los Landemarienses fueran tranquilos y todo el espectáculo de los últimos días era por nuestra causa o simplemente es que las noches las disfrutan de forma sobria. Al salir a caminar pocas personas me encontré en la calle, algunos ebrios que parece que da igual si estamos sobre el agua o bajo ella, los ebrios nocturnos son fauna habitual de las ciudades, aquí y en la superficie.

-Curioso… En el barco solo hablaba con Youdar y ahora hasta bromistas me salieron.-

-Fíjate en lo que has cambiado… Hace un par de años solo importaba la misión, luego de terminarla la prioridad era la siguiente misión y así indefinidamente.-

-Mejor no pienso en eso…-

-Te piden matar pues lo haces, sin preguntas. No se pensaba en el mañana y todo era lo que decía el amo Jeins.-

-Solo Jeins… Él no es mi amo.-

-El gremio te construyo. ¡Eres quien eres gracias a ellos! No tenías vida ni rumbo… Traicionado por tu propia familia.-

-No eran mi familia… No niego quien soy ni porque lo soy.-

-¿Quién eres?-

-¡Soy Ruisu!-

-Sabes que no… Dime. ¿Quién eres?-

-¡Ruisu! Mercenario, cazador y asesino…-

-¿Que estupideces dices? ¿Ese es tu nombre? ¿Es quién eres?-

-¿Mi nombre?-

-Si… ¿No lo recuerdas verdad? En tu primera vida tenías otro nombre… ¿No lo recuerdas verdad?-

-No se…-

-¿Quién eres?-

-No se…-

-¿¡QUIEN ERES!?-

-Soy Ru… ¿Cómo me llamaba antes? ¿Porque justo ahora pienso en esto?-

-Jajajaja eres divertido. Eres una herramienta que fue afilada por años y ahora no tiene dueño. Un perro de caza en una isla sin presas… ¿Fuiste algo antes? Sí. Eras un campesino que incluso para su familia valía poco.-

-Acumulas dinero y no sabes qué hacer con él. Mataste a ese hombre sin ningún motivo… Ayudaste a la chica en Thonomer aun cuando tu mente estaba llena de dudas. Te lanzaste contra los lobos diciendo que lo hacías para sobrevivir. A mí no me engañas… ¡Tú quieres morir!-

-¿Por qué dices eso?-

-¿No te habías dado cuenta? Si yo lo sé, tú también… ¿Estoy en tu mente recuerdas?-

-¡Estupideces!-

-No sabes qué hacer con tu vida…  Tú tenías un camino a seguir, una vida humilde en esa granja… No pedias mucho y por eso es que paso lo que paso. Luego de eso llegaste a los Hijos de EvandHell. Un grupo de mercenarios que te tomaron como un hermano y te enseñaron todo lo que sabes, te dieron un camino a seguir… ¿Y qué hiciste? - 

-Mate a Jeins y perdí todo…-

-¡Eso! Ya lo comprendes, no entiendo como el destino te da dos caminos y tú los desprecias… Ahora eres de la muerte pues a su lado has caminado siempre.-

Era común que divagara conmigo mismo de esta forma… Siempre había tenido esa vocecita en mi mente con la cual me cuestionaba a mí mismo sobre diversos temas, pero… Esa noche había sido más agresiva… Caminaba sin rumbo por las calles de Landemar, no me alejaba mucho de la mansión pero la verdad es que ni siquiera estaba atento por donde caminaba.  
Mi mente era un caos de recuerdos y pensamientos sobre mi pasado. Supongo que todo el estrés de los últimos días al fin pasaba factura. Pero… Porque tenía un tono femenino esa voz... No recuerdo de quien era esa voz.

-¿Luego de salir de Landemar que tienes pensado hacer? Se supone que sacaras mucho oro de todo esto, ese era el plan... ¿Qué pasara con ese oro?-

-Guardarlo como vengo haciendo desde que deje el gremio…-

-¿Y luego? No sé para que guardar dinero si no tienes gustos en los cuales gastarlos… ¿Por qué no te pagas unas putas?-

-…-

-O puedes embriagarte como la gente normal...-

-No me gusta el alcohol… Pensé que lo sabrías… Estas en mi mente.-

-…La daga que encontraste en ese templo no es común…-

-Lo se… Pensaba pedirle ayuda a la señorita Glorial en la mañana. Ella tiene que saber sobre esa daga.-

-Esta ciudad no llegara a mañana… Bueno, no de la misma forma.- Al terminar esa oración en mi mente, un fuerte temblor sacudió la ciudad.

Inmediatamente caí al suelo al iniciar el terremoto. Los muros comenzaron a agrietarse y algunos cristales se rompieron a mí alrededor. Este temblor era mucho más fuerte que el anterior y duro mucho más tiempo. O al menos,  eso me pareció a mí, mientras estaba en el suelo. Como pude, me cubrí el rostro, sentí como algunos trozos de cristal cayeron sobre mi espalda. No sé en qué momento comenzaron los gritos, algunas trompetas pude escuchar y el sonido de puertas abriéndose y gente corriendo fuera de sus casas. –Esto es malo…-

Apenas se detuvo el terremoto, inmediatamente, comencé a correr hacia la mansión. Estaba claro lo que nos esperaba… El tipo del concejo nos culparía por todo esto, ya no era segura la ciudad y por eso, lo mejor era estar unidos.

Corriendo entre las calles esquivando gente y pasando sobre trozos de muros destruidos y estorbos en la calle. Mi mente estaba en silencio al fin, algo que pasaba siempre que tenía un objetivo. Mi misión era asegurar a mi grupo y para eso necesitaba ir rápido.

Llegue a la mansión, pase sobre el muro pues no tenía tiempo para abrir la reja que la rodeaba. Entre por una de las ventanas que estaba rota en el piso de abajo, lo primero que vi fue a Braum y la sirvienta bajo una de las mesas. –¡Ruisu!- Grito el marinero con un tono nervioso casi tartamudeante.

-¡Prepara algunos caballo y vigila la entrada!- Dije de forma firme mientras subía corriendo las grandes escaleras hacia el piso superior.

-¡Todo el mundo! Tenemos que salir YA de la mansión, vendrán por nosotros eso es seguro.- Fui de habitación en habitación golpeando las puertas para alertar a todos. –¡Joder, Youdar! Levántate ya mismo.- Grite sin obtener respuesta. –¡Janna! Nos vamos.-

-Señor ministro… Ellos no se encuentran en la mansión.-

-¿Salieron todos?-

-La señorita Niris es la única que…-

-¡NIRIS! Nos vamos. ¡Niris!- Grite mientras corría a su habitación y abría la puerta de golpe. Al abrir pude ver como la pequeña horige salía arrastrándose de abajo de la cama. 
 
-Niris tenemos que correr mucho.- Dije mientras la garbaba sobre mi hombro y bajaba corriendo las escaleras. –¡¡Ruisu, coño hombre explica que está pasando!!-

-Primer terremoto y nos culparon en el consejo, segundo terremoto y no nos encontraran para tirarnos la culpa. ¡Ese es el resumen! ¿Los caballos?-

-Estamos en una ciudad Ruisu… La gente no tiene establos en los jardines de las mansiones.-

-¡¡Toma todo lo de valor que veas y alcánzame!!-

El marinero se despidió con un beso, de la mucama con la cual ya había pasado bastante tiempo a solas… Y de esa forma comenzó nuestro escape de la mansión. Pude escuchar la marcha de un grupo de soldados por lo cual tuvimos que salir por la parte trasera de la mansión. Las calles eran un caos de gente, soldados podían verse por todos lados, no sabía si para auxiliar a la gente o para darnos casería, de todas formas no tenía pensado preguntarles. –¡Ruisu, esta calle no va al puerto!-

-¿Acaso crees que sé por dónde ir? No conozco esta maldita ciudad solo corro hacia el norte pues hacia ese sitio está el puerto.-

-¿Que pasara con la señorita y el capitán?-

-Ellos sabrán que hacer… Lo primero es lo primero y de nada ayudaremos si nos capturan.- Ya estábamos varias calles lejos de la mansión pero aun así el peligro estaba en cualquier esquina. Baje a Niris al suelo y juntos los tres, comenzamos a correr por las calles, esquivando cada pequeño grupo de soldados que encontrábamos y cambiando de rumbo cuando los grupos eran muy grandes.

Conforme más nos acercábamos al puerto más y más soldados podíamos ver. Braum había encontrado algunas prendas con las cuales cubrirnos… No sé si las robo de alguna ventana o ya las traía desde la mansión, lo cierto es que gracias a ello pasábamos sin llamar mucho la atención entre la gente. –¡Si vieron que no estábamos en la mansión nos buscaran en el barco!-

-¡Eso lo sé!-

-¿Y si capturaron al capitán y a la señorita?-

-Concéntrate en nosotros. Ellos no son tontos y tu si por pensar de esa forma.-

No tenía mente para ponerme a hablar y, aun que Braum tenía razón, no podía  solo esperarlos. –Ellos tienen que ir al barco… Es lo más sensato.- Pensé, mientras caminábamos frente a un grupo de guardias tratando de parecer ciudadanos comunes. Pero…El grito de un guardia nos obligó a correr nuevamente.

-¡Ustedes tres deténganse inmediatamente!- Gritaban los soldados mientras corrían tras de nosotros con armas en mano y mala cara. Pasamos por callejones, plazas y caminos mientras más y más soldados se unían a la persecución. –¡No lo lograremos Ruisu! No de esta forma…-

-¡Cállate! Carga a Niris y sígueme… ¡Tu solo sígueme!-

Braum acato la orden y comenzamos a correr hacia un montón de gente que se aglomeraba en una plaza de la ciudad. Nos metimos entre las personas y comenzamos a empujar hasta llegar al centro de la masa de gente. Los soldados hicieron lo mismo pero la gente al verlos inmediatamente los rodeó para pedirles explicaciones sobre el terremoto y preguntarles que tenían que hacer. Otros soldados comenzaron a correr para tratar de rodear la plaza.

–Escucha. Pase lo que pase tú la llevaras al puerto… ¿Entiendes lo que quiero decir no?-

-Si toca luchar no dudes en que te acompañare. No lo tomes a mal pero no pareces ser de esos que se sacrifican por los demás…-

Justo al terminar de hablar un nuevo temblor pudo sentirse por toda la ciudad, seguido de un grito abisal que causo un escalofrió que subió por mí la espalda. –Los dioses me odian…- Exclame, pues frente a mí, fuera de la cúpula de agua unos tentáculos se apoderaban de las miradas de todos. –No puede ser… Nosotros lo matamos…- Dijo Braum aterrorizado.
Teníamos frente a nosotros al gran custodio de Landemar, esa bestia horrible a la cual nos enfrentamos para poder entrar a la ciudad. Esta vez, la criatura era el doble o quizás el triple de grande. Varios gritos pude escuchar, gente corriendo se podía ver por todos lados, llorando, maldiciendo. Todo era un desastre al cual se unió algo que removió toda esperanza en mi mente.

-Trajo amigos…- Dije mientras me quitaba la capucha del rostro y giraba viendo como más tentáculos aparecían rodeando la ciudad. Eran decenas de custodios los que rodeaban la cúpula y entre gritos, chillidos y golpes aparecían en la oscuridad de las aguas.
Las criaturas aparecían una tras otra y atravesaban el muro de agua con sus tentáculos para aferrarse a la tierra de la ciudad. Un nuevo temblor pudo sentirse pero la cantidad de cosas que sucedían le restaron toda importancia. –¿Ahora qué haremos Ruisu? ¿Cuál es el plan?-

-No se…-

El caos se apoderaba de la ciudad y nuestra menor preocupación eran los soldados que, temblando algunos, miraban asombrados los cielos de su ciudad.

Poco a poco los tentáculos de las criaturas azotaron el suelo y se aferraron con sus viscosas ventosas a las calles, edificios y casas de la ciudad. Mientras hablaban en ese idioma extraño con el cual se había presentado la primera criatura. Muchas personas estaban en el suelo desmayadas, otros corrían de un lado a otro buscando un lugar seguro que no existía en esta ciudad al menos… Ya no más.

Los soldados tartamudeaban tratando de darle respuestas a la gente que a gritos pedían ayuda  y explicaciones. Todo pasaba rápido a nuestro alrededor y nosotros inmóviles mirábamos como espectadores lo que estaba sucediendo.  

De repente la resolución apareció en mi mente. –¡Corre!- Escuche e inmediatamente sin dar preguntas acate. Braum comenzó a seguirme mientras preguntaba una y otra vez a donde o que teníamos que hacer… Mientras yo, solo corría, corría hacia el puerto sin pensar en nada más.

Llegado un punto,  no podía esperar nada más sorprendente y, como un animal, solo acataba a mis instintos. Corría mirando de un lado a otro, cambiando de rumbo drásticamente y empujando a todo el que se cruzara por mi camino. A veces miraba sobre mi hombro para asegurarme de que Braum y Niris me siguieran. Pero ignoraba que a mí alrededor algunos Landemarienses sin previo aviso simplemente se desplomaban al suelo inconsciente. Algunas esferas de luz comenzaron a rondar por las calles y poco a poco, mientras más nos acercábamos al puerto, estas esferas tomaban formas humanoides.

Cuando pudimos ver el puerto frente a nosotros ya una gran cantidad de Landemarienses estaban desmayados en el suelo y las esferas de luz vagaban sin rumbo por las calles, entendí entonces que estas esferas eran espíritus de exploradores, piratas y pescadores que por alguna razón caminaban por las calles de la ciudad. Almas perdidas de personas que seguramente habrían muerto intentando encontrar la ciudad o simplemente, navegando cerca de ella.

Algunos Landemarienses parecían inmunes a esa magia que los hacia caer desmayados al suelo. Era una suerte que muchos de los soldados que nos esperaban en el puerto no lo fueran. –¡Miren, en el barco se puede ver al capitán!-

Subimos corriendo la rampa que conectaba el barco al puerto mientras que, al llegar a la cubierta nos encontramos con Youdar, Janna y el Landemariense que había sido nuestro anfitrión. –Listo, ya nos podemos ir.- Dije para luego dejarme caer del cansancio sobre la madera. Mi respiración estaba muy agitada, tanto que sentía como si se me quemaran los pulmones.

Youdar comenzó gritar órdenes e inmediatamente todos comenzaron a correr de un lado a otro preparando todo para zarpar. Un nuevo terremoto sacudió toda la ciudad y amenazo con volcar el barco. Un tentáculo pasó por sobre las velas y aplasto parte del puerto a su caída a tierra. –¡Youdar sácanos de aquí ya!-

Pero la mirada de Youdar y la de todos en el barco estaba pérdida mirando el cielo. Pues sobre nosotros, esa cúpula de agua que mantenía viva la ciudad bajo el agua comenzaba a congelarse lentamente y el hielo si iba poco a poco expandiendo hasta cubrir todo el domo. Una vez que todo el domo se cubrió de hielo pudimos sentir como un gran sonido cavernoso y profundo se escuchaba bajo nosotros. La ciudad comenzó a sacudirse de forma violenta y fue entonces cuando el trozo de tierra sobre el cual estaba erigida la ciudad comenzó a despegarse del lecho marino.

Los custodios no trataban de destruir la ciudad, ellos se aferraban fuertemente a ella para evitar que emergiera. Era un último intento por mantener la ciudad bajo las aguas, ellos se habían aferrado a rocas y trozos de la ciudad. Pero las cartas estaban echadas y ya los dioses habían decidido el destino de todos nosotros… De forma violenta y acelerada la ciudad junto a toda la costa que la rodeaba comenzó a emerger arrastrando algunos custodios y arrancándole los tentáculos a otros. La cúpula se había tornado de hielo posiblemente como un medio de protección para toda la ciudad, quizás eso era parte de la magia que la mantenía cautiva o tal vez… Era un regalo de los dioses para esa gente.

La cantidad de sonidos que podían escucharse es indescriptible al igual que la forma en que la ciudad rompió la capa de agua sobre ella y se impuso en la superficie como una isla con un domo de hielo.

Domo que inmediatamente, al salir a la superficie, se evaporo dejando tras de sí un manto espeso de neblina. Algunas risas y celebraciones explotaron en el barco, era la voz de nuestro anfitrión y Youdar los cuales dejaban ver su emoción por el éxito tan poco esperado.


Niris y Janna se abrazaban mientras que Braum gritaba y saltaba de un lado a otro alegre… La otra Landemariense lloraba de alegría al ver, quizás por primera vez, el cielo de la superficie.
Me puse de pie y pude ver como todos en el barco compartían abrazos de celebración. Deje escapar una sonrisa, siendo honesto estaba completamente preparado para morir…

Pero… no todo estaba resuelto, de hecho… Mucho faltaba por aclarar sobre la historia de Landemar y al igual que la ciudad se exponía a la luz, los secretos de esta ciudad inevitablemente tendrían que hacerlo. 



-I Walk through the valley of the Shadow of death-
-And i feel safe.- 
-Because i know i'll kill my enemies when they come.-


avatar
Ruisu EvandHell

Mensajes : 341
Edad : 22
Link a Ficha y Cronología : http://www.cuentosdenoreth.net/t5436-ficha-de-ruisu#61100 y el de la cronología búscalo tu mismo babos@.

Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Niris el Jue Oct 08, 2015 4:47 am

Seguía oculta debajo de la cama mientras que las cosas simplemente parecían empeorar, podía escuchar los vidrios rotos y el silencio de la noche se transformó en una serie de gritos de miedo que incluso hasta aquí me parecía poder escuchar por mis largas orejas. La jefa de sirvientas  Alqua llego momentos después vestida solamente con ropa de cama gritando por los pasillos y abriendo los cuartos cercano, llamando a los invitados con desesperación y apresuro. Sea lo que estuviera pasando no quería saberlo, sentí como abría la puerta de mi habitación para luego suspirar desanimada para irse rápidamente, no parecía que Janna o Youdar se encontraran lo cual hizo que empezará a preocuparme. Lo único que podía hacer era esperar a que volvieran y me buscaran. Alqua mando a que todo el personal que estuviera descansando en la casa evacuara, no se encontraba su maestro pero sabían bien como dirigir las cosas en su ausencia, la única persona que encontró había sido Braum.
 
Los guardias llegarían pronto he insistía en salir junto con Braum antes de que llegaran los guardias, Braum no estaba seguro de si debía de marcharse, esperar a los demás o buscar un escondite donde no les encontraran los guardias. Un sonido interrumpió sus ideas haciendo que se ocultaran debajo de la mesa esperando que no les encontraran. Aunque para su fortuna era Ruisu quien les había sorprendido y entro gritando que para que los demás aparecieran, al escuchar mi nombre salí rápidamente de mi escondite para luego ser cargada por Ruisu. Eso me sorprendió un poco pero estaba demasiado asustada con lo que estaba pasando para que aquel movimiento repentino me asustara y termine abrazando fuerte a Ruisu mientras ocultaba mi rostro en su cuerpo mientras me ponía a llorar, no quería saber nada de lo que estaba pasando pero no podía evitar escuchar todo lo que pasaba.
 
No supe cuánto avanzamos pero pronto los guardias nos encontraron, supongo que era imposible no ser vistos cuando estaban literalmente por toda la ciudad. Me sentía un poco inútil por no poder ayudar en absolutamente nada, tenía tanto miedo que sentía hormigueo por todo el cuerpo. Ruisu me paso a Braum que era un poco más fornido y continuamos corriendo. Ruisu estaba a punto de separarse para darnos más tiempo cuando monstruos empezaron a aparecer del "cielo" extraños monstruos que empezaron a bajar a la ciudad y apretar con sus tentáculos edificio de la ciudad como si quisieran aplastarla. La gente parecía desmayarse de la pura impresión de lo que sucedía y quizás yo también me hubiera desmayado si no hubieran pasado tantas cosas desde que me habían recogido.
 
Llegamos al puerto donde muchos de los guardias yacían tirados en el suelo, quizás por el efecto de lo que estaba sucediendo o tal vez incluso había sucedido una pelea, era difícil para decirlo pero al ver a Janna no pude evitar el dar un gran salto hacia ella y abrazarle. La ciudad empezó a temblar y desmoronarse mientras que la ciudad parecía empezar a flotar hacia la superficie. Cientos de espíritus empezaron a salir por todos lados, muchos parecían estar felices y salían hacia el cielo hasta perderse y desaparecer pero muchos otros llenos de enojo empezaron a atacar a la gente, veía como los pocos guardias de la ciudad se esforzaban por repelerlos pero simplemente les atravesaban mientras que los ataques de los espectros parecían rasgar algo en su interior, ya que los veía caer al suelo aunque sin marcas de heridas.
 
Aquellos espíritus vengativos estaban esparciendo terror, algunos notaron el barco dirigiéndose a nuestra dirección tratando de hacer lo mismo que habían hecho con los habitantes de Landemar, sin otra idea de que hacer los demás empezó a sacar sus armas, preparándose para lo peor. No podía hacer nada, no sabía si ellos podían hacer algo y en mi desesperación hice lo único que se me ocurrió. Di un paso al frente mientras seguía llorando de miedo, extendiendo los brazos sabiendo que no podía ofrecer ninguna protección, en cuando aquellos espíritus estaban cercas grite con todas mis fuerzas. -¡Nooo!- Era la primera vez que decía algo, no sabía que pensaban de mi los demás pero aquellos espíritus que estaban ya a escasos metros de nosotros se detuvieron atónitos para luego ver el cielo he irse. ¿Qué había pasado? ¿Funciono? Otros espíritus fueron acercándose hacia donde estábamos pero cuando parecía que estarían a punto de atacarnos, parecía que algo los detenía, los tranquilizaba para luego dejar aquel lugar.

Los espectros empezaron a ser combatidos con magia mientras que los guardias empezaron a socorrer a la gente, gran parte de las casas se encontraban seriamente dañadas y aquellos habitantes de la ciudad parecían enceguecer mientras veían la verdadera luna después de un largo tiempo de vivir debajo del mar. Yo solo quería salir de ese lugar, quería estar tranquila y dejar de temer por mi vida, mi corazón palpitaba tan fuerte que sentía que se me saldría del pecho y la respiración entrecortada hacia que tuviera problemas para respirar.
avatar
Niris

Mensajes : 215
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Niris
Saltos de Coneja

Nivel : 3
Experiencia : 500 / 1500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Sáb Dic 26, 2015 9:50 am

El interior de la cueva me envolvía como una niebla oscura y densa, a medida que me adentraba en ella, paso a paso.

El golpeteo de los talones resonaba delante de mi, y se iba extendiendo y apagando hacia el infinito. Todo el interior era una boca del lobo, hasta que, avanzando más, pude ver una luz lejana.

El susurro continuaba y ahora parecía claro.

Estoy aquí….

El susurro era cada vez más fuerte y atrayente, y no me podía resistir a seguir hacia delante. Al fondo de la cueva, podía ver que había una especie de llama mágica flotando en el centro del pasillo de la cueva.

El susurro ya era una voz estable, pero parecía provenir de la llama. Podía verla perfectamente. Se trataba de una llama violeta, con el centro tiznado de un rojo intenso.

Me has encontrado. Estaba esperando éste momento, Janna...


¿C-cómo sabes cómo me llamo? – Repuse mientras un sentimiento mezcolanza de curiosidad y temor iba creciendo en mi ser.

Te conozco desde hace mucho tiempo. Es una pena que no me hayas podido ver antes, pero yo sí te he podido ver, desde las sombras

Me quedé patidifusa al escuchar aquella declaración. ¿Cómo era posible que este… ser ígneo sepa quién soy?

Pero...No sé cómo esto es posible.

La llama seguía avanzando por el pasillo, mientras la voz que resonaba en mis oidos seguía su monólogo.

Dime Janna. ¿Qué sabes de tu madre?

¿Y a qué vendría esa pregunta? No tenía ningún sentido para mi, nada de esto.

Seguía a la llama mientras meditaba la respuesta que le iba a dar.

Esto es una locura. Ando siguiendo una llama violeta flotante que habla y que me conoce. Y aun así quiero llegar hasta el final

Sólo sé que esto- Recogí entre mis manos el colgante que me había entregado mi padre en cuanto tuve uso de razón. Era aquel colgante de alas de dos diviums con piedras preciosas engarzadas en él, y que desde hace mucho tiempo, reposaba en mi pecho. - perteneció a mi madre. Es lo único que sé



Pareció que una risita se le escapó a la voz que tenía en mi cabeza.

- ¿Tu padre solo te dijo eso? Vaya, veo que omitió bastantes detalles

- ¿Detalles como cuáles?

Detalles como que tú mataste a tu madre

Aquella respuesta me sentó igual que si me hubiera apuñalado en el estómago con una daga afilada. ¿Que yo… había matado a mi madre?

Noté cómo se quebraba mi garganta, pero agité mi cabeza. Era imposible ¿verdad?

Eso no puede… ser cierto

Al final de la cueva llegamos a una sala circular de piedra, con unos candelabros en la pared, que iluminaban tenuemente la sala. En el centro había una especie de plato hecho de roca caliza, en el que parecía que había restos de quemaduras.

- Te mostraré algo. Por favor, pon tu colgante en el centro de este cuarto

Observé la llama, y luego el colgante, que sostenía entre mis manos. Me quité el colgante y lo volví a mirar, de frente esta vez, y aun preocupada por el destino del colgante, lo puse sobre la roca caliza.

La llama descendió sobre la roca, y en el momento en el que el colgante y la llama se tocaron, una luz azulada destelló del centro de la habitación, dejándome temporalmente cegada en un mundo de sombras luminosas.

En cuanto volvió a mi el juego de luces y sombras que había en la habitación, también apareció un ser vaporoso de color violeta. Tenía los ojos grises, y el pelo de un color anaranjado, ondulado y largo. Su apariencia física era más delgada que la de Janna, e incluso, más alta que ella. Vestía un vaporoso vestido del que no se podía distinguir su color, sino que parecía camuflado con su piel.Aun así, tenía una belleza digna de una princesa.

¿Quién… eres tú? Repuse visiblemente sorprendida.

Soy Janna, tu madre, cielo. He sabido de ti desde hace muchos años, pero hasta ahora no me he podido comunicar contigo, ni verte en persona, gracias a este ente que me persona aquí

La mujer que se hacía llamar Janna hizo un amago de acercarse a mi,, y de apoyar su mano sobre mi mejilla. Pero su mano estaba fría, y no me tocaba exactamente. Era una sensación extraña.

Mírate cuánto has crecido. Eres tan bella como la niña a la que vi nacer. Y a pesar de todo, no has cambiado


Algo me decía que realmente, ese espíritu, ese ente uqe tenía frente a mí, realmente era mi madre, y no pude evitar querer abrazarle, aunque realmente no tuviera nada que se pudiera abrazar.

¿De verdad… eres mamá?

La mujer violeta asintió sonriendo.

No pude evitar mirarle con los ojos cargados de lágrimas, mirándole atentamente.

¿Por qué me dejaste, mamá?

Cuando naciste, mi vida se esfumaba. Pero dejé este mundo inundándome con un sentimiento de felicidad plena en cuanto te vi nacer. Tenías una cara preciosa, y unos ojos amarillos muy brillantes y de mirada intensa. Supe en aquel momento que ibas a llegar lejos, y que era la persona más feliz del mundo. Pero mi cuerpo no pudo más, y acabé por morir.

¿Todo eso sería cierto? Bueno ¿Y por qué no iba a serlo? No parecía que nada de esto fuera mentira.

Me alegra mucho verte, después de tanto tiempo. Realmente, era el único deseo que tenía cuando acabé cayendo aquí, en esta tierra recóndita y mágica.

Pero… ¿Eso significa uqe te vas a ir?

Estaré contigo, de una u otra forma. Te quiero, hija mía. Nos volveremos a ver.

¡Pero..!¡Por favor, no te vayas tan pronto!¡Tenemos mucho de lo que hablar
Repuse notando cómo los párpados se me cargaban de lágrimas, que, sin remedio, caían por mis mejillas.
La mujer violeta colapsó de nuevo en el colgante, que quedaba depositado de nuevo sobre la roca caliza. Sin embargo, la piedra cilíndrica amarilla ahora brillaba con luz propia, como si el alma de aquella mujer se hubiera alojado en el interior del colgante.

Con la cara empapada en lágrimas, me acerqué a recoger el colgante, y me lo puse de nuevo sobre mi pecho. Ahora parecía cálido, y desprendía un aura reconfortante. Era como si de verdad, la esencia de mi madre estuviera ahí.

La llama violeta apareció de nuevo frente a mí, y la voz que sonaba en mi cabeza volvió.

Ha sido muy emotivo, pero ahora tengo que decirte algo.
Tu madre era ese espectro. Pero yo no soy tu madre.


¿Y quién eres?

Soy tu yo profundo. Me he podido materializar aquí porque se concentra un poder mágico muy fuerte en esta zona, y he podido hacerme real mediante esta llama, y la voz en tu cabeza. La cosa es, sé que eres una persona alegre, pero por otro lado, niegas tu lado oscuro, el lado demoníaco, tu herencia paterna, y eso no es bueno.

Me quedé observando hacia la llama, desde el centro de aquella extraña cavidad, abrazando mi propia cintura

Pero… El lugar del que procedo es a veces horrible. La gente disfruta de ser golpeada y de golpear a otras personas. Del sexo duro. Yo no creo que eso sea agradable… Y prefiero evitarlo desde que…

Desde que mataste accidentalmente a ese humano que conociste en tu juventud ¿verdad? Eso tenía que ocurrir: es inevitable que mates por descontrolarte a tu primera presa

Dudaba de lo que decía, a pesar de que tenía cierto grado de razón.

Además… En tu ser profundo… Estás deseando dejarte llevar por ese lado que no sacas. Adelante, Janna… Tú puedes hacerlo…

La llama violeta se acercó a Janna, lentamente, en dirección a su pecho, donde reposaba el colgante. Y cuando se hubo acercado, pareció haber sido absorbido por la piedra amarilla que se encontraba entre ambas alas de Diviums del colgante, que también empezó a emitir un brillo tenue y cálido. Ahora parecía ser fuente de calor y de luz, y en cuanto todo eso ocurrió, la cueva se sumió en una densa oscuridad, salvada únicamente por la tenue luz que emitía el colgante, que me permitía ver apenas a 3 metros de distancia. De repente, todo el suelo tembló, pero ni de lejos temblaba como las veces anteriores. Este terremoto parecía continuo, salvaje, muy muy fuerte.

La cueva empezó a derrumbarse, y todos los candelabros que hasta hace poco alojaban luz, caían al suelo, rodando hacia un abismo oscuro e infinito a mis espaldas, mientras yo corría hacia la única luz que me ofrecía la salida de la cueva.

Las rocas caían desde la entrada, rodando como si fueran canicas que rodaban por una cuesta cada vez más empinada. O eso parecía, porque caían muy deprisa.

Todo era caos, un sonido abrumador, y fuerte, que tapaban el resto de sonidos, hasta el sonido de mis jadeos que escapaban de mi boca en cuanto intentaba correr.

Finalmente, y para mi suerte, pude alcanzar la salida de la cueva, pero eso no era todo. Me detuve de repente en cuanto vi una serie de monstruos gigantescos semihumanoides con miles de tentáculos, rostro y torso de mujer, que aferraban la isla. Asustada, seguí corriendo, en dirección a quién sabe dónde, porque no tenía ni idea de dónde estaría todo el mundo.

Pero caí en la cuenta. Si algo ocurría, dudaba que estuvieran en la mansión.

Desplegué las alas en medio de la carrera, lo que provocó un efecto frenada muy grande. Salté lo más alto que pude, dando una fuerte batida con las alas, tratando de alzarme sobre la superficie de esta isla submarina, tratando de atisbar la posición del puerto.

Allí estaba el barco, no tan lejos como pensaba de mí, y pequeños puntitos se acercaban a abordarlo. Me dejé caer en picada hacia él, tratando de ir lo más rápido posible, mientras desde el cielo observaba como decenas de aquellos monstruos gigantes se aferraban a la isla. Todo parecía que iba a acabar aquí ¿Quién nos aseguraba que podríamos escapar a semejante apocalipsis?

Caí como si fuera un proyectil de catapulta, con los pies por delante, sobre la superficie del barco, haciendo saltar astillas con mi golpe. Mis piernas parecieron haber reventado con la caída, y me dolían como si me hubieran atizado con una maza en ellas, pero tenía que mantenerme firme. Me quedé acuclillada durante unos segundos, tratando de recuperarme de aquella caída, mientras todo mi alrededor se sumía en sombras y en un ruido infernal. Cuando me hube recuperado, me levanté, encontrándome conque Niris, cerca de mí, se acercaba de un salto a mis brazos, a lo que no pude hacer sino agarrarle con ambos brazos, aunque mis piernas me dolieran como los mil demonios.

Unas especies de fantasmas se acercaban a nosotros, saliendo desde debajo de las piedras, o desde el mar, y un frío intenso empezó a extenderse hacia mí. ¿Qué rayos era todo esto?

Un grito venido de muy cerca de mi, de una niña, se alzó entre los ruidos, y bajé la cabeza, cerrando los ojos, asustada por todo lo que estaba ocurriendo.

SE trataba de Niris gritando, gritando un claro “No”. Pero ya no sentía frio. Sólo sentía a Niris acurrucada sobre mi pecho, abrazada a mí en cuanto abrí los ojos y vi que, lejos de estar acurrucada entre mis brazos, ella estaba de pie, con una mirada seria hacia el vacío, y emanaba algo parecido a una energía fuerte que jamás había visto en ella.

Me agaché en el suelo, abrazándome a mí misma, desconcertada por todo, entre el ruido, el dolor, el frio, el calor, los monstruos, y el terremoto. Y entre tanto horror y desconcierto, caí tendida en el suelo, perdiendo el conocimiento de todo lo que estaba sucediendo ahora mismo.


Ficha de Janna
Cronología de Janna

Diálogo ( #cc0000 ) - Narrativa - Pensamientos ( #ff9900 )


avatar
Janna Tanya

Mensajes : 162
Link a Ficha y Cronología : Janna
Diario de Janna

Nivel : 2
Experiencia : 600 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Youdar el Dom Dic 27, 2015 7:11 am

Montados en la carreta que los había llevado hasta allí, con solo los gruñidos ocasionales de Pelos y algún que otro grito lejano escuchándose, recorrieron las vacías calles de Landemar. Los temblores eran cada vez más continuos y fuertes, y eso había llevado a los habitantes de la ciudad sumergida a buscar refugio dentro de sus casas.

Pasaron a unas dos manzanas de la mansión de Raymaud. Quietamente, Youdar bajó del coche, acercándose cuanto pudo al hogar del condestable solo para comprobar que éste había sido ocupado por guardias de Vichalio Desoca, quien, allí presente, vigilaba el registro exhaustivo que sus hombres parecían llevar a cabo.

Espero que los otros hayan podido escapar ―dijo Raymaud cuando el enano le contó las nuevas―. Si la situación es tal y como la narras, poco podremos hacer por ellos si siguen en mi casa.

Será mejor encaminarnos al puerto sin demora ―sugirió Youdar, acomodándose nuevamente en uno de los lugares traseros del coche.

No ―le contradijo Zayrinne―, antes debemos pasar por mi casa, hijo de Yeidrax. Recuerda que tus amigos vinieron aquí a por una recompensa. Además, si el mundo exterior se parece en algo a éste, Raymaud y yo necesitaremos oro para procurarnos un techo.

Zayrinne ―dijo, negando con la cabeza, el condestable, mientras arreaba a los caballos para que iniciaran la marcha―, te dije que yo no iría. Hay mucho que salvar de Landemar.

Y entre esas cosas a salvar, está la vida del mejor hombre que ha dado esta ciudad ―decidió la chica, lanzándole una mirada. Después, giró el cuello hacia Youdar―. ¿No lo crees así, hijo de Yeidrax?

El enano, en cuya bota se arrebujaba Pelos, pensaba aun en su padre, pero la joven landemariense le hizo regresar al presente. ¿Cuál era la respuesta correcta? Si animaba a Raymaud a acompañarle podría salvar si vida del loco de Vichalio, pero, de irse el condestable con ellos, ¿quién defendería al resto de Landemarienses?

“Malamente va a defender a nadie si lo apresan y ejecutan, estúpido”, se dijo a si mismo, con una voz que, más que la suya, parecía una mezcla entre la de Perik y la de su hermano Kadín.

Raymaud también vendrá ―aseveró y, mirando nuevamente hacia Pelos, apretó fuertemente el pomo de su espada, aquella que, tantas décadas atrás, había construido bajo la atenta mirada de su progenitor. Tendrían que quebrar el hierro forjado que la formaba, su voluntad y hasta el mismísimo espíritu del Señor de la Roca si pretendían evitar que alguno de ellos abandonara sano y a salvo la ciudad sumergida.

-//-

Dejaron el carromato lo más cerca que pudieron del puerto, que también se encontraba férreamente vigilado. El plan era sencillo, mientras Raymaud y Zayrinne embarcaban junto al oro, Youdar plantaría cara a los guardias que había enviado Vichalio. La idea era no matarlos, pues poca culpa tenían ellos de servir a un tirano, pero, cuando se batalla, no hay garantías de nada.

Moveos rápido ―indicó a ambos landemarienses, que, demostrando que sus largas orejas servían para algo más que para adornar, obedecieron según él dio la orden, tratando de ignorar, en la medida de lo posible, a los centinelas. Él, en cambio, se dirigió a ellos sin temor alguno―. ¿Parece que ha quedado buena noche, no es así?

¡Es él! ―señaló uno de los centinelas―. Él ha provocado todos los temblores.

¿Yo? ―dijo el enano, fingiendo, con muy poco atino, hacerse el sorprendido. Podía notar las dudas en esos guardias, típicas en quienes nunca han luchado en realidad y temen hacerlo. Mientras consiguiese que estuvieran hablando evitaría tener que matar a buenos muchachos inocentes, quienes, evidentemente, aun no estaban listos para honrar con su sacrificio a Karzún―. Estoy seguro de que os equivocáis. Buscáis a un hombre más alto.

Por el rabillo del ojo pudo ver como Raymaud y Zayrinne acababan de descargar el primer cofre de oro en El Mercante Anciano y, en ese momento, bajaban por la pasarela para encaminarse en busca del segundo y último de los arcones que llevaban.

¿Un hombre más alto, dices? ¡Ese lo es! ―gritó uno de los guardias, señalando con valor renovado a Raymaud, comenzando a correr hacia él. Que típico, contra un funcionario si se atrevían, pero no contra él.

¡Esta feo juzgar por el tamaño, gigantón! ―gruñó Youdar, derribando al centinela en plena carrera, arreándole con el pomo de la espada en la cabeza. Trató de ponerse de pie rápidamente, pero, antes de lograrlo, otros dos hombres lo habían cogido por debajo de los hombros y corrían con él hacia el agua.

¡Vuélvete por donde viniste, extranjero! ―dijo uno de ellos cuando lo soltaron, haciendo que se golpease contra el casco del barco antes de caer al mar. Reponiéndose con decisión, buscó la escalinata de cáñamo que colgaba de la baranda del Mercante. ¿Querían jugar duro? Él enseñaría a esos “elfos de riachuelo” como jugaban los enanos.

Con esfuerzo por el peso extra que tenía en la ropa mojada, logró alzarse hasta algo más de la mitad de la altura del casco. Desde allí tenía a solo un salto el puerto y fue una suerte, porque, al ver como esos malnacidos se abalanzaban contra Zayrinne y Raymaud, no le quedó más remedio que arrojarse sobre ellos gritando. El tercero, aquel al que había golpeado en el suelo, también se estaba poniendo en pie, pero justo cuando se acercó al borde del puerto tuvo que hacer frente a un enemigo inesperado.

El centinela, que aun caminaba tambaleándose, ignoró a los dos landemarienses y su cargamento y se centró en Youdar que, a base de puñetazos y codazos, mantenía en el suelo a sus compañeros. Fue entonces, cuando alzó un pie para tratar de pisar la cabeza del enano, que sintió clavarse bajo su rodilla los dientes del gallardo felino, que, como era costumbre en él, había aguardado el momento indicado para intervenir. Un sonoro “splash” indicó que, dando saltitos de dolor, el torpe guardia había acabado en remojo.

Subid todos al barco ―gritó Youdar desde el suelo y, al tiempo que musitaba un “se acabó”, hacía chocar las cabezas de los dos centinelas, dándoles un descanso que, a buen seguro, se merecían tras trabajar toda la noche.

Dejando atrás a los dos guardias inconscientes y viendo como el tercero se alejaba chapoteando, el enano subió a su barco, donde solo le quedaba esperar a que Niris, Ruisu, Janna y Braum llegaran. Y, por Karzún, que lo hicieran todos, pues si alguno quedaba atrás, sería por su culpa.

-//-

“Música”:

Surcando el túnel luminoso que allí les había llevado, El Mercante Anciano trataba de dejar atrás el hielo que, poco a poco, comenzaba a rodear todo Landemar. No era una tarea sencilla pues, si ya en la ida Youdar tuvo que usar toda su habilidad para no salirse del estrecho camino por el que transcurría su nave, ahora, además, debía hacerlo contra corriente y a velocidad suficiente como para no acabar convertidos en un gigantesco pedazo de escarcha.

¡Agarraos bien! ―gritó el enano cuando los rayos del solo comenzaron a verse y la subida se hacía más empinada. No lo iban a lograr, no lo lograrían, acabarían volcando el barco… ―. ¡¡¡LO LOGRAMOS!!! ―estalló de júbilo cuando todo aquel torbellino de sangre, tinta y magia quedaba atrás. Pero no había pasado todo el peligro pues, para su sorpresa, todo aquel hielo lo que hacía era, en contra de la voluntad de infinidad de monstruos Custodios, romper el hechizo que mantenía a la Ciudad Sumergida bajo el mar. Si no se apresuraban, su barco acabaría varado en un nuevo continente completamente hostil a ellos en el mejor d ellos en el mejor de los casos. En el peor, una ola gigante los devoraría.

¡Miau! ―musitó Pelos a su lado, empapado y asustado.

Lo conseguiremos ―aseguró el enano, soltando momentáneamente el timón y apresurándose a extender y asegurar las velas. Un minuto después, con todo el viento a favor, atrapó la madera del timón y, sin importarle el rumbo, lo sostuvo fijo. Daba igual a donde se dirigieran, lo importante era alejarse de allí.

Pidió a Raymaud que, si él necesitaba asomarse por la baranda, mantuviera el rumbo fijo en su lugar. Con clara preocupación pero sin esconder una emocionada sonrisa, el landemariense cumplió su cometido. En la parte trasera del barco, Zayrinne y Niris se aseguraba de que Janna, quien se había desmayado, se encontrara bien. Ruisu y Braum contenían la respiración expectantes ante el desenlace que estaba por llegar.

Necesitaban más potencia, pues, si ya habían dejado atrás el hielo, aun quedarían atrapados por la gigantesca ola que produciría Landemar al emerger. Entonces, como si Karzún hubiese escuchado su llamada y agitara su gran martillo para ayudarle, se levantó una aparatosa tormenta que, en lugar de impedirles su avance como solía ocurrir en El Triángulo de Noreth, hizo lo posible por alejarles de allí.

¡Los dioses están de nuestro lado, Raymaud! ―gritó el enano retomando su lugar al mando del rumbo. Las viejas maderas crujían, como si rogaran porque no se las forzara más, pero no podía mostrar piedad con el desvencijado navío. Tenía que sacar lo mejor de él si quería sobrevivir.

Y, finalmente, con un estruendo ensordecedor, la gran ola se les vino encima. Pudieron sentir su empujón, toda su fuerza, su carga y su furia, incluso llegaron a estar bajo la sombra de ella y acabaron todos empapados por sus últimos coletazos, pero, con aquella tormenta salida de ningún lado, lograron salir vivos de aquello. Mientras Raymaud y Braum ayudaban a achicar agua de la cubierta, Ruisu y Youdar celebraban su supervivencia. ¡Y eso que aun no sabían que llevaban a bordo una pequeña fortuna!

-//-

El viaje de regreso duró algo más de dos semanas. El mar calmado parecía retrasar una inevitable separación y es que, por mal que empezase todo, habían acabado encariñándose los unos de los otros. Sobrevivieron gracias a algunos alimentos que Zayrinne había cargado en uno de los arcones, aunque, finalmente, tuvieron que recurrir a la pesca para subsistir.

Tras mucho penar, amarraron El Mercante Anciano en una pequeña villa portuaria de Montes Keybak, cerca de donde se habían conocido. Allí se separaron todos, llevándose cada uno su parte del botín, aunque Youdar cedió la mitad de su premio a Zayrinne, pidiéndole que no la usara para vivir en la superficie la vida que su extraña condición no le había permitido llevar en Landemar.

Aunque sintió tristeza por la despedida no derramó lágrima alguna. Sabía que volvería a verlos a todos ellos, algo en sus huesos se lo decía. Tras comprar provisiones, quedó a solas con aquel que jamás se alejaba, con su compañero fiel.

¿¡Miau!? ―exigió Pelos saber su destino.

Pero Youdar no contestó, se limitó a subir al barco y a comenzar a preparar velas y amarres. Con todo listo, quitó el cabo que lo unía al puerto y sintió aquella maravillosa sensación que tanto adoraba, la de la salada brisa del mar en la boca. Sacando de la cesta que acababa de adquirir un buen pedazo de jamón cocido, cortó un trozo para Pelos y otro para él. Tras darle un mordisco y tomar el timón, respondió a su compañero.

Adonde nos lleve la marea ―dijo con decisión.

“Más música”:

Y, sin un rumbo fijo, la pequeña coca que era El Mercante Anciano comenzó a alejarse de los Montes Keybak como ya hiciera meses atrás cuando se encaminó hacia Landemar. Su Capitán no sabía que le depararía el destino y, en aquellos momentos, tampoco se lo preguntaba. Así, con el vaivén de las olas y el sonido de Pelos masticando, Youdar navegó hacia el horizonte, teniendo solo una cosa bien segura: quedarían aun muchas aventuras por vivir a lo largo y ancho de Noreth.
FIN



Youdar = White o #ffffff
Pelos = Orange o #ff9900
avatar
Youdar

Mensajes : 233
Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

Re: El Triángulo de Noreth (Privado)[Youdar, Necross, Ruisu, Alanna, Niris y Janna]

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 7 de 7. Precedente  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.