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Cacería de la Vieja Escuela

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Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Youdar el Sáb Feb 21, 2015 9:17 pm

[La formación de La Buena Leña fue, por extraño que parezca, un mero accidente.
El Libro de los Cazadores, Prólogo]


El gato naranja, de nombre Pelos, se encontraba acurrucado junto al brazo que su humano pequeño tenía apoyado en una de las mesas de la taberna. Acababa de terminar de comer un poco de cazón que les había traído un humano de orejas picudas que no había mirado bien a su humano pequeño. El gato casi había conseguido conciliar el sueño, ronroneando junto al cálido cuero que recubría el brazo de su humano, cuando algo lo puso en alerta de pronto. Un sucio perro, que caminaba como los humanos, entró en la taberna dando grandes zancadas con sus ruidosas botas y se dirigió directo al humano pequeño. Pelos bajó de la mesa de un salto y se metió bajo la silla de su amigo.
-Tranquilo, Pelos- dijo el barbudo, al que los otros humanos llamaban Youdar, y acarició la cabeza del gato, que se sintió más tranquilo al instante- ¿Puedo ayudaros en algo?- dijo Youdar, dirigiéndose al perro.
-¿Eres Youdar, hijo de Yeidrax?- preguntó el pulgoso. Su voz era brusca, y desagradable para los oídos de Pelos.
-Me honra serlo- respondió el barbudo compañero del felino. El gato no entendía porqué hablaba con amabilidad al pulgoso, pues la voz del otro a él le había sonado muy mal. A veces, cuando hacía cosas como hablarle bien a seres desagradables, su humano le hacía perder la paciencia.
-Ha llegado una misiva a vuestro nombre- el perro le entregó un papel a Youdar y, a continuación, extendió su pata con la palma hacia arriba. El humano pequeño le puso dos monedas oxidadas sobre ella, y el can se marchó de la taberna sin decir más palabra.

En cuanto el perro salió de la taberna, Pelos subió de nuevo a la mesa, desde donde se encaramó al hombro de Youdar. Desde allí, observó el papel que el chucho había traído, el cual todavía estaba impregnado de su desagradable olor. El papel tenía algo dibujado, que el gato no entendió pero que si parecía entender su amigo.

Youdar, soy Perik.

Se que has estado ocupado, pero te necesito de vuelta en casa. Hay una gran cacería en marcha en Darry´Gor, en las Cordilleras de Daulin, y esto está lleno de inútiles del Gremio y de La Buena Leña. Necesito a alguien con experiencia de verdad, o me temo que voy a ser yo el que acabe siendo cazado. Mueve el culo.

Firmado: Perik, hijo de Palkur.


-¿Miau?- “¿Qué ocurre?”, pretendió preguntarle Pelos a Youdar, pues este se había puesto muy tenso y rígido tras ver el papel.
-Parece que vamos a volver a ver a Perik, pequeño. ¿Recuerdas al enano que te intentaba dar naranjas?- dijo su humano, pero no hablaba con su voz tierna y firme, la que a Pelos le gustaba, sino con esa otra llena de inseguridad, que usaba cuando se erizaba de temor.

El barbudo se puso en pie, y Pelos bajó de su hombro al suelo, para caminar a su lado. Ambos salieron de la taberna (antes de marcharse su amigo dejó otras dos monedas sobre la mesa en la que estaban), y caminaron por las tablas de madera del puerto de la ciudad en la que estaban. Era una ciudad llena de humanos de orejas picudas, que no le gustaban a Pelos porque miraban mal a su humano, y de animales de dos patas, que no le gustaban porque olían mal. Mientras caminaban, Youdar murmuraba algo para sí mismo, aunque Pelos podía oírlo. Aunque no le gustaba que su amigo estuviese en aquel estado su voz siempre era tranquilizadora para el gato.
-¿En qué te has metido, Perik? Si estabas retirado, y ya sólo te importaba tu oficio, bueno, y quejarte sobre el Gremio de Carpinteros, ¿qué haces en una cacería de La Buena Leña? Nunca has roto contacto con ellos, claro, igual que yo, pero cada uno íbamos por nuestro camino. Se habían vuelto demasiado impetuosos, demasiado fanáticos, su estilo ya no iba contigo, ¿por qué vuelves con ellos? ¿Tal vez una última gran cacería antes de partir junto a Karzun, nuestro señor? No, no lo creo. Si fuera eso, ¿para qué querría que yo fuese también? A no ser que fuese algo realmente grave, claro. La Buena Leña nunca da la espalda a los suyos, claro, al menos no cuando se trata de situaciones de fuerza mayor, y Perik nunca dejaría tirados a otros cazadores si de verdad lo necesitasen. Además, sin el viejo Rotnik, sin padre ni Perik, ¿quiénes quedan con experiencia suficiente como para afrontar una gran cacería de las de la vieja escuela?
-¡Miau¡- dijo Pelos, pues su humano había hecho una pausa, como si buscase que alguien aprobara lo que estaba pensando.
-Claro que, están los humanos, Úrabur y los suyos, que siempre se han considerado a sí mismos parte de la vieja escuela. Úrabur lleva cazando más tiempo que yo, de hecho, pero, a ojos de Perik, que tiene casi quinientos años, todos son como niños imprudentes.

Mientras su amigo murmuraba, habían llegado a su casa flotante. Un fugaz pensamiento, digno de un humano, pasó por la mente de Pelos; era curioso cómo aquellas casas flotantes que tanto lo asustaban hace tiempo ahora le hiciesen sentirse seguro. Esperaba que, allí donde fuesen, no tuviesen que alejarse la casa flotante.

…………………………………………………………………………………………….

Seis noches habían pasado desde que el gato y su amigo abandonasen la ciudad de los orejas picudas. Dos noches desde que, oculta entre unos “árboles de agua”, dejasen la casa flotante y se alejasen de ella a pie. Una noche desde que las patas de Pelos pisasen por primera vez en sus años de vida el “suelo blanco”. Youdar lo había llamado “nieve”, y a Pelos no le gustaba en absoluto. Se hundía en ella y estaba fría, además le dejaba el pelaje húmedo. La mitad del tiempo terminaba subido en el hombro del humano pequeño, que era mucho más cómodo que de costumbre ahora que lo cubría con una gruesa capa de piel.

Acabaron llegando a un pueblo, lleno de casas de madera con muy altos tejados, pero no llegaron a internarse en él, al menos esa noche. Se quedaron a dormir en un campamento que había montado alrededor de un gran fuego, justo a la entrada de la villa. Allí había muchas casas de tela, como la que Youdar tenía cuando dormían a cielo abierto, y también muchas de las personas que allí había eran humanos pequeños, aunque también había humanos comunes, humanos orejas picudas y humanos alados. Incluso algunos animales de dos patas.

Ciertos humanos saludaban a Youdar, diciendo cosas cómo “Youdar, bien hallado. Hacía mucho que no te veía, es bueno contar contigo”, a lo que éste contestaba casi siempre “Que la caza nos sea propicia. ¿Has visto a Perik?”. Tras seguir las indicaciones, el gato, relajado desde su punto de vista elevado en el hombro de Youdar, acabó divisando al humano pequeño viejo, aquél que le intentaba dar de comer cosas ácidas. Estaba fuera de una de las casas de tela más pequeñas, y era de los pocos que había encendido un pequeño fuego para él solo (aparte del grande que había en el centro del campamento), en el que estaba cocinando algo que olía muy bien.
-¡Yayo!- saludó con entusiasmo Youdar- ¡Qué gusto da ver una cara amiga de verdad!
-Y que lo digas, Youdar. Esto está lleno de idiotas. Al menos nosotros tres somos los menos idiotas de por aquí.- el viejo siempre hablaba así, pero su voz era agradable, y parecía contento de verles. Fue a acariciar a Pelos, sobre el hombre de Youdar, pero este se cambió de hombro, pues las manos del anciano seguían oliendo a naranjas.- ¿Aun no le has enseñado el buen gusto culinario a este sinvergüenza?
-Es todo un rebelde, Perik. Mira que no gustarle las naranjas, teniendo el pelaje de ese color- su humano comenzó a reír, al igual que el anciano. Sus risas despertaron a otro humano pequeño que se encontraba en una casa de tela vecina, y que, tras rascarse los ojos, se puso rápidamente en pie y caminó hasta Youdar. Este, al verle, se quedó de piedra.
-¡Hermano!, ¡y el pequeño Pelos!, ¡que gusto veros!- el gato lo reconoció en cuanto habló. Era su otro humano pequeño, el que era algo más alto, pero que nunca le daba de comer jamón. Hacía mucho que no le veía, y, mientras abrazaba a Youdar, Pelos se restregó contra él para impregnarse de su olor.
-¡Kadín!, de todos los lugares de Noreth éste es el último donde esperaba verte- dijo Youdar, al que se le debía haber metido algo en un ojo, pues lo tenía rojo y húmedo.
-¡Qué poca fe en tu hermano! ¿Creías que no iba a responder a tu carta, igual que Perik?
-¿Cómo?, pe…pero, si fue Perik el que me pidió venir aquí.
-¡Inbare!- “cuernos”, maldijo el anciano, en el idioma enano, pues nada de aquello parecía tener buena pinta. El gato, que tan contento se había sentido hacía un segundo, de repente se sintió muy pequeño y asustado, y ni el hombro de Youdar le hacía olvidar el frío que hacía en aquel campamento.



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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Nedrivning Blodige el Lun Feb 23, 2015 2:52 pm

"Al guerrero Nedrivning Blodige:

En la región de Darry´Gor estamos a punto de comenzar la mayor batalla contra lo desconocido en toda nuestra era. Todo aquel que sabe cómo empuñar un arma se está dirigiendo allí para participar en una cacería de monstruos, pues estos dominan estas tierras. Sería una humillación para vuestra figura que no se os viera allí, cuento con vos.

Kalvin, hijo de Emblein, escribano al servicio del Thane Ingrod."


Así recitaba la carta que había recibido de manos del tabernero que atendía la posada donde me estaba hospedando, había preguntando si conocía quien pudo haberla traído, pero solo respondió que había sido entregada hecha por un raro emisario con capucha, que apenas vino a dejar la carta y se fue. Algo que al escucharlo me pareció realmente raro, porque no imaginaba que alguien estuviera siguiéndome o tan al pendiente de mí, como para saber dónde podría ubicarme.

La carta resonaba en mi mente, porque además de todo, me extrañaba que alguien hablara así de mí, llamándome como guerrero para participar en la batalla, no podía negar que el morbo de asistir me estaba ganando, por lo que al final accedí ir convenciéndome a mí mismo, aunque siguiendo aun un poco dubitativo, pero esperando que la promoción hecha en la carta, al estar allí, realmente valiese la pena del viaje que tendría que emprender, para llegar a esa región de tan difícil acceso, como lo era Darry´Gor. Que según había investigado, luego de recibir la carta, eran inmensas cadenas montañosas y cordilleras muy antiguas, a las cuales si querías llegar debías ir con mucho ojo y cuidado o quizá no terminarías llegando, por el inclemente clima o los peligrosos riscos.

Prepare las cosas y salí del pueblito donde estaba, en camino hacia lo que me esperaba, realmente no sabía muy bien si era la decisión más sobria o lógica de mi vida, pero realmente las batallas eran lo que más me gustaban y después de una vida sin sentido buscándome a mí mismo, se me abría la primera oportunidad de hacer algo que me gustaba y que podría darle sentido, a un agujero vacío que sentía constantemente en el pecho.

Cuatro días y tres noche había sido lo que  tarde en llegar, solo parando en cada poblado cercano que aviste, para preguntar si estaba en la dirección correcta hacia el lugar donde me dirigía, aprovechando también estas paradas, solo para dormir y comer por las noches, usando el resto del día para avanzar sin perder tiempo, puesto que no quería llegar tarde a la cita bajo ningún concepto, ya que si eso llegaba a pasar, quizá no me perdonaría haberle fallado a mi espíritu ansioso de lucha. El Ultimo día de mi trayecto, después de salir de un poblado que estaba de camino, me dijeron que habría una villa que estaba al pie de las cordilleras hacia las que me dirigía, por lo que mi emoción comenzó subir muy fuertemente, lo que me hizo casi de inmediato doblar el paso que llevaba, aunque no por mucho tiempo, ya que el clima comenzaba a cambiar medida que mis pasos avanzaban.

Llevaba un paso muy acelerado, el cual vi forzado a bajar, por un bosque casi cubierto de nieve por completo, lo que me hizo tener que seguir un camino que se veía trazado por entre todo el bosque, pero igualmente molesto para caminar, debido a que con cada pisada, las botas de mi armadura se hundían en la nieve muy rápidamente, sin que yo pudiera evitarlo, haciéndome notar además lo pesada que podía ser mi armadura, cosa que en condiciones normales ignoraba, por la mera costumbre de llevarla puesta casi todo el tiempo. Después del tiempo necesario andando, aviste un campamento a las afueras de lo que pareció la villa sobre la que me habían hablado, lo que me hizo sentir que posiblemente ya habría llegado, puesto que tenía toda la pinta de ser un campamento de guerra, donde se preparaban y se reunían todos los que tenían planeado tomar parte en la batalla.

Mis pasos terminaron de llevarme de lleno al campamento, al entrar lo primero que pude notar fue un muy ruidoso y gran grupo, que estaba reunido, rodeando a un hombre que al parecer seria el líder, o era la impresión que me daba, por lo que negué con la cabeza soltando un bufido, no es que me molestara tanta algarabía, pero no era realmente lo que esperaba encontrar de buenas a primeras nada más entrar, por lo que simplemente decidí ignorar a ese grupo, no tenía planeado darme a conocer tan pronto, cosa que seguramente ocurriría si me metía allí, puesto que probablemente todos voltearían a mirarme; lo que me impulso a seguir de largo, buscando algún grupo más pequeño quizá  y que me agradara a la vista para hacer algunas preguntas, que la verdad era que tenía muchísimas rondando mi mente.

Después de buscar por todo el campamento, encontré un par de tiendas de campaña bastante alejadas del resto, habían lo que a mi parecer, si mi vista no me engañaba, o no se equivocaba, lo que eran 3 humanos que estaban muy tranquilos, ocupados en sus cosas, lo que hizo que a mi entender, fueran los más cuerdos del lugar, por lo que decidí acercarme a ellos, quitando mi yelmo para hablarles.

-Buenas, me presento, soy Nedvrining, he venido por una carta que me ha llegado, avisándome de que podrían pasar algunas cosas interesantes por esta zona. ¿Me podrían decir si saben algo sobre ello? y también me gustaría saber si ¿puedo unirme a ustedes? ya que el resto de grupos que he visto, no me agradan y son muy ruidosos. - Así culmine rápidamente mis palabras, mientras note que todos voltearon a mirarme, cada uno con una cara muy distinta, o eso note mientras mi mirada pasaba sobre ellos.

El que rápidamente se levantó a responderme, es el que a mi parecer era el mayor de todos, o al menos su cabello grisáceo me daba esa impresión.

- Buenas muchacho, Yo soy Ravin, Aquel de allá es el líder de nuestro humilde grupo, su nombre es Shan.-Dijo mientras lo señalaba y mira a voltearlo, para luego volver sus ojos a mí, al tiempo que yo miraba a Shan viendo un gesto de saludo que me hizo, para que luego Ravin Volteara a ver a el otro chico que estaba allí, diciendo: -Y el... Bueno él es como el hermano pequeño y malcriado, preferiría que si averiguas algo sobre él, sea de su propia boca, para que luego no me haga berrinches a mí, así que conquístalo por tu cuenta Nedvrining, se nota que eres apuesto y seguro puedes con eso.- Finalizo sus palabras con una carcajada luego de ese chiste,  por el cual yo también reí un poco, viendo también el desagrado y la mala cara del chico que del hablaba.

Antes que siquiera termináramos de reír, el chico del cual desconocía el nombre se puso de pie y me señalo, al tiempo que me ponía una cara amenazante, para decir: - Conmigo no te andes con juegos, espero que no te equivoques, porque no soy tan blando como Shan o Ravin, así que cuidadito.- Termino de hablar y yo solo negué con la cabeza.

Al Finalm Shan me miro y dijo con una voz muy tranquila:-Estas dentro del grupo, un compañero más nunca cae nada mal, espero que no seas solo un interesado y un traidor, por ahora considérate dentro pero… en periodo de pruebas.- Culmino mientras volvió ah hacer sus cosas, a lo cual solo termine por asentir con la cabeza, antes de decir unas palabras.

-Pues gracias Ravin, Shan y Joven desconocido, intentare ser un buen compañero, verán que nos terminaremos llevando bien, por ahora solo quiero tomar algún lugar por aquí lejos de esos ruidosos, hasta que comience la verdadera acción.- Así termino mi dialogo con ellos, aprovechando parar echar un gran y detenido vistazo a todo el lugar, usando mi Don de Ojos del lince, para observar cada tienda de campaña y cada detalle del ambiente, que pudiera darme algo de información  o algún indicio de algo, además de darme cuenta de que el lugar se veía muy obscuro, aunque según mis cálculos aun no era propiamente de noche, pero esta era la impresión que me daba.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Tyrael el Mar Feb 24, 2015 8:48 am

Estaba en plena pelea con los mismísimos demonios en persona.  Miles de engendros me rodeaban sin parar, parecían hienas hambrientas en busca de comida o carne fresca que devorar; la  mayoría de estos engendros que se lanzaban como depredadores hacia una presa, salían despedidos en tajos, cortados y cercenados, manchando y tiñendo el suelo del líquido carmesí. Era un verdadero vals de cortes y desgarres con espada y estocadas con la misma, la hoja que había sido forjada de acero común parecía imbuida en un poder sagrado que sólo unos pocos podrían manejar; el espectro de luz, mis alas, brillaban con más fuerza; como si de un apoyo moral se tratase. Por mi mente pasaba un sólido pensamiento sobre las aldeas, campamentos y asentamientos que habían sido arrasados por esa plaga de demonios corrompidos por la sed de destrucción, este era el combustible que me hacía seguir enfrascado en una lucha que no parecía ganar, mis brazos ya no alcanzaban a responder como debían frente a las amenazas que ponían en peligro el perfecto estado de rectitud. Mi armadura, ahora bañada en sangre había perdido la luz resplandeciente que marcaba el buen proceder de los seres vivientes. Mi fuerza se agotaba y los demonios brotaban. Sintiendo el cansancio del tiempo en batalla caí sin fuerzas al piso, donde con, lo que yo pensaba, sería mi último aliento clavé con todas mis fuerzas a Justiciera en turbio y ahora lodoso suelo.

¡Yo soy la Justicia! ¡Soy el Arcángel Tyrael!-Grité mientras lágrimas de cansancio brotaban de mis ojos y caían por mis mejillas- ¡Si el día de mi juicio llegara a ser más temprano, en el atardecer de mi vida! -Miré hacia adelante- ¡Que sea impartiendo  justicia, pues al final de todo, sólo ella sacará nuestro verdadero ser!

Los demonios y engendros que mordían, arrancaban y desgarraban mi piel eran despedidos como cohetes con corta mecha, en todas direcciones. Un escudo de energía sagrada me empezaba a rodear y recuperaba mis heridas, el tejido desgarrado de mis brazos se regeneraba, mi armadura rota por la batalla se soldaba y quedaba como nueva. El cansancio que una vez me derrotó ahora no era más que un recuerdo vago en mi mente.
¡Yo soy la justicia!  Grité nuevamente mientras el escudo explotaba quemando, incinerando en algunos casos evaporando a los demonios en llamas de color blanco que manaban desde el escudo que ahora era una llamarada de luz.

Agh... Uff... Jum... Pero que... Que sueño más extraño tuve  Dije mientras me levantaba y sentaba en la cama de manera brusca. Frotaba mis ojos para adaptarlos a la claridad de dejaba entrar la ventana de mi cuarto; abrí los ojos y pude divisar mi habitación tal y como la había dejado una noche atrás, todo había sido un sueño que en ese momento no sabía si llamarlo pesadilla o sueño propiamente, sí, me urgía que la justicia se aplicara, pero también tenía que cuidar que mi seguridad no estuviera comprometida mientras la justicia era sancionada. Me levante de mi cama, abrí la puerta de mi habitación y salí hacia la cocina para prepararme una infusión de algunas hierbas y té de forma que me ayudara a despertarme del todo.

Tomé el líquido que extrañamente había estado listo más rápido de lo normal, me coloqué mi batola y abrí la puerta de la casa sólo para apreciar la maravillosa ciudad de Loc-Lac, sus habitantes y su ahora recto sistema de protección, los habitantes al verme parado en la puerta de la casa me saludaban y otros se admiraban de que no estuviera portando mi distintiva armadura que era motivo de regocijos entre los pobladores.

Todo en su lugar. Como debe ser. Dije al voltear cerrar la puerta y avanzar hacia la sala de estar, pero el sonido que emite un papel cuando es machacado me detuvo, miré en todas las direcciones tratando de discernir de donde había salido aquel extraño sonido. Finalmente miré hacia abajo y pude divisar lo que parecía una hoja de papel en el piso, debajo de mis pies- ¿Y esto? -Dije extrañado, me estiré y tomé aquel pedazo de papel que estaba en el piso, cerca de la hendidura inferior de la puerta. Coloqué la taza con el té en un mesón, tomé lo que parecía una carta con las dos manos y leí.

CARTA A TYRAEL:
Al llamado "Arcángel"

¿Es justicia que nuestros gobernantes nos abandonen? Mi nombre es Ian, y vivo en Darry´Gor, en las Cordilleras de Daulin. Nuestro señor, el Thane enano Ingrod, ha puesto la seguridad de mi pueblo en manos de unos bárbaros cazadores. Mis padres son originarios del mismo lugar que vos, y vuestra fama como hombre justo os precede. Si pudieseis venir y uniros a esos hombres tan injustos, no me cabe duda de que toda la limpieza de monstruos que quiere hacer nuestro thane se llevaría a cabo sin daño alguno para los inocentes. Esperando vuestra afirmativa respuesta, se despide:

Ian Wolok, humano de Darry´Gor.

Mi vista pasó por cada una de las letras, descifrando el mensaje, pero tal vez sería por que me acaba de levantar pero no comprendía bien de qué traba la carta, habían muchos vacíos de los cuales no comprendía. ¿Qué relación tenía la seguridad y bárbaros cazadores? ¿Quién era Thane Ingrod? ¿Quién había traído esta carta hasta aquí, desde Darry´Gor  y por qué no me la había entregado en persona? ¿Quién era Ian Wolok? Pero había algo cierto y algo que no dejaría pasar, si podía entender bien, En Darry´Gor había Cazadores injustos, monstruos e inocentes, no podía dejar de lado la idea de que se estuvieran violando los derechos justos de cada habitante por un exterminio de plagas, me molestaba la idea de que Ian Wolok, fuera quien fuera, no estuviera a gusto en su propia ciudad. La justicia caería de manos del Arcángel y por lo visto, sería él el encargado de ver que se cumpliera. No parecía un simple trabajo de guardia, sino un grito de ayuda de los habitantes que estuviesen siendo acosados por bárbaros injustos.

Terminé mi taza reconfortante de té y me coloqué mi distintiva armadura, esa acción sólo representaba una cosa, la justicia se haría ley. Salí a la calle por las provisiones necesarias para un viaje tan largo, tomé suministros de mano de los comerciantes locales de Loc-Lac quienes agradecidos por mi justa gestión en esa ciudad me daban sin pestañear los insumos necesarios, siempre rechazando las monedas que yo les daba, pero al final aceptándolas porque así fueran regalos era su trabajo y representaba una pérdida al vendedor, sea quien sea, la rectitud siempre debía ir por delante, incluso yo mismo.

Aproveché que un grupo de humanos estaban saliendo de la ciudad, no se dirigían directamente a Darry´Gor, sin embargo su destino era las cadenas de aldeas que quedan en el sistema montañoso cerca de mi lugar de llegada. El camino fue largo y tedioso, incluso tuve varios momentos en los cuales pensé en abandonar y regresar a la comodidad y conformidad de mi ciudad, pero la sed de justicia me reclamaba y era mi principal fuerza para seguir caminando hasta llegar a la ciudad que requería mis ayuda. El tiempo pasó muy lento, con días fríos y noches heladas, con sólo el soporte de una fogata hecha con los elementos que encontrara en la naturaleza, cuando no podía llegar a los pueblos que ofrecían un mejor confort en su estadía. Al tercer día de caminata, llegué a lo que parecía el final del camino, donde un espeso bosque cubierto de una blanquecina nieve era todo lo que se veía al simple ojo humano, pues según parecía me habían comentado los humanos que había dejado dos pueblos atrás, para entrar a las afueras de la villa, había que pasar por allí.

Las botas se hundían en la nieve hasta un punto e el que caminar se tornaba molesto, no difícil pero sí bastante fastidioso al momento de avanzar, sin embargo, por mi mente la esos sentimientos molestos eran reemplazados por la voz de aquella persona que pedía a gritos un alma pura y justa entre bárbaros. Según pensaba en ello atravesé la espesura y caminé hacia la villa donde pude observar diferentes grupos de personas, algunos reunidos en fogatas, otros reunidos de pie, hablando y conversando. Me acerqué hacia un aciano que estaba apoyado en el pilar de una casa.

Buenas, soy el Arcángel Tyrael y me preguntaba si conoce a Ian Wo... -Paré de hablar mientras me interrumpía-

Sé quien eres. Tu reputación te precede, joven Arcángel, no es necesario formalidades, ven -Dijo mientras me hacía ademanes para que lo siguiera- Sígueme

La persona que busco es Ian Wolok... -Paré mientras me volvió a interrumpir-

Es.. ¿Es en serio? Ian Wolok es un niño de la villa, creo que se alegrará cuando te vea

Seguí al anciano hasta una casa un poco deplorable, para no resaltar tanto, bajé la intensidad de la luz de Espectro de Luz hasta casi pasar desapercibida, mientras pasaba al interior de la morada, apenas entrar vi a un chico sentado en un sillón mirando la ventana, al entrar a la habitación el chico se abalanzó hacia mí, abrazándole, pareciendo que no le afectaba el frío de la armadura. Me quité la capucha y posando mi mano en su cabeza lo acaricié.

¿Tú eres Ian Wolok? -Dije mientras intentaba ver sus ojos-

Yo sabía que alguien vendría, pero no imaginaba que serías tú, Arcángel, de verdad aprecio que me hayas venido a salvar -Dijo mientras las lagrimas de alegría recorrían su rostro-

¿Quieres algo de comer, Arcángel? Debes estar cansado -Dijo el anciano-

Sí, gracias, pero primero vayamos al grano, sobre la carta, necesito que me aclares algo -Dije acercándome a la ventana-

¿Carta? ¿Qué carta? Yo no mandé ninguna carta -Dijo el chico- Al menos no que yo recuerde

Entonces, si tú no la mandaste... ¿Qué está ocurriendo aquí? -Dije mientras tomaba el plato de comida que me extendía en anciano- Gracias, usted debe ser el padre del niño, ¿no?

No -Dijo el chico- Hace medio año han ido apareciendo monstruos, los habitantes junto con algunos cazadores han formado grupos para cazarlos, pero siempre llegaban tarde, los monstruos se burlaban de ellos, Hasta que Thane contrató a muchos cazadores, que han venido llegando desde hace tres días para exterminar los monstruos de una vez por todas. Mi padre desapareció en una caza, pero no está muerto, sólo está perdido por allí, pero volverá, ¿verdad Arcángel? -Dijo mientras volteó a verme-

Sí, confiemos en que sí, al final la justicia siempre vence -dije mientras comía y miraba por la ventana-

No sabía quién era Thane, tampoco qué tipo de monstruos eran, menos porque habían contratado a tantos cazadores, pero algo era seguro, no descansaría hasta que la la justicia se aplicara a todos por igual, al menos se me estaba haciendo justicia a mí. Tanto caminar para que me esperara un plato de comida sabrosa. Eso si era justicia.


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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Ithilwen Erulaëriel el Mar Feb 24, 2015 7:05 pm

-Es ïst äbër ungläüblïch, wäs Sië, mëinë Däme, in dër Hälle dës Keïsërs gëmächt häbën (Es increíble, lo que vos, mi Lady, acabáis de hacer en el Salón del Guardián)- reclamaba Lüdriëlh en tono frío, casi un susurro al son de los pasos rígidos por el largo corredor que lleva a la biblioteca de los solares, mientras ambos elfos abandonaban la sala real.

Era comprensible para la de cabellos azabaches por qué su guardián, su amigo, general de las tropas de su Majestad en el cuarto reino de Älseniäth-Thäl, protestaba. Sin embargo su padre, el guardián del trono, había consentido la misión que ella había planteado y no quedaba más que empacar, obedecer y rezar a los dioses por su protección en tierra de enemigos. Pero el solar de cabellos oscuros y mirada penetrante era obstinado como ninguno y creía que, al menos con sus palabras poco acertadas, aquella a quién había prometido su corazón y devoción, cambiaría de opinión y así desistiría de la tarea. ¡Aquella aventura era una locura!

-¡Se trata de enanos, Ithilwën! ¡Zwërgë! (¡ENANOS!)- prorrumpió, vencido ante los grandes portones de la biblioteca, asiéndose al brazo de la sacerdotisa –¿Acaso no lo entendéis? Entiendo, estáis asustada por los emisarios de Phisis y sus noticias. Han levantado la alarma en todo el territorio, pero es que así han sido los féericos desde siempre, poderosos pero impredecibles; os comprendo cuando la mirada se os pierde en esa incursión a los glaciares y la llegada de ese humano demonio. Aprendimos cosas… sucesos que yo no comprendo pues mi arte es el de la hoja y el escudo, pero vos y vuestro padre lo habéis dilucidado. ¡Maldita la hora en que conocimos a ese Necross y todos sus secretos! Pues si bien es cierto que tarde o temprano hemos de batallar una vez más con los demonios por la paz que ahora respiramos, y que sé que nuestras fuerzas son pocas ante la potencia del enemigo, también lo es que os amo, mi señora… y no quiero ver cómo en el intento por buscar aliados de corazones generosos, QUE YA NO EXISTEN, os meteréis con la raza más vil que ha dado Änthä. Ir a las Montañas Dualin, recorrer esos parajes para adentrarnos en el territorio de seres despreciables. No, Ithilwen… No. Por favor, mi dulce dama… Detened esta insensatez… Es una aventura vacía y sólo ganaremos perder más sangre valiente de nuestras filas, de nuestra familia.

-¡Parad!-frenó en seco la solar, zafándose de su guardián -Es una orden general. Ahora soltadme que hay cartas que he de estudiar y no creo conocer a nadie que haya pisado desde tiempos inmemorables el suelo de Baruk’Grund o incluso los salones de la misma Bund’Felak.

Aquella corta conversación se quedó grabada en ella y en él. No sólo se trataba de ideas encontradas que iban en contravía, era la certeza de que ambos estaban llegando a ese punto muerto de dónde no se avanza pero tampoco retrocede. Para la doncella de los solares se trataba de reanudar comunicaciones con los Kazudan luego de largos años en que una Erínimar encerrada en sí misma ignoró al mundo y murió para él. Ahora los cambios eran notorios, incluso para los imperecederos y lo único que ella buscaba era que su gente no tuviera que sostener la carga de pelear sola por la luz de un nuevo día.

-//-

Habían viajado por barco, guiados por las cartas y la posición de las estrellas. Los días se hicieron largos a medida que los picos rocosos se asomaban en el horizonte. Quizás fue la travesía por mar lo más tedioso del viaje, aunque apenas tocaron tierra, en Zheroker, cerca de la llamada Ciudad Cementerio, abandonaron la idea de tomar las cabalgaduras trasportadas, así como sus atuendos. No muchos eran los elfos solares avistados por esos territorios, pues todos contados algunos casos, se encontraban bajo el amparo de la Ciudad de Luz, el reino de Erínimar. Así que, utilizando sus riquezas, se hicieron a unas buenas ropas de viaje, especialmente gruesas y de pieles para protegerse del frío invernal de los picos de Dualin, bastante desgastadas por el uso de sus anteriores inquilinos, y se internaron en la selva.

No eran más de 6 contada la sacerdotisa, pues aunque aquella misión se había considerado de alto riesgo por los mismos guardianes del trono, la joven elfa había convencido a sus superiores de que el arte de la diplomacia no podía ejercerse empuñando la espada y amenazando a voluntad. Larga era la historia de enemistad con los hijos de la roca, por lo que bien valía la pena intentar otro camino. Ella era la dueña de las cartas, quién las leía e interpretaba, pero era Lüdriëlh Thündëll quien daba la última palabra sobre qué camino tomar. Desde ese día en los pasillos del palacio en la Llanura Dorada, apenas si se dirigían la palabra.

Fueron 7 u 8 días que les tomó encontrar los caminos a través de las montañas, y otros 10 para lograr surcar la primera de ellas. Al 11avo, avistaron varios carromatos con víveres y viajeros interesados en los extraños acontecimientos que sucedían con el gremio de “la Buena Leña”, chismes varios que los acompañaron pues cierto fue que aquellas gentes de barrigas generosas y barbas prominentes les otorgaron transporte hasta Darry’Gord, región ausente en el mapa de la solar.

Ningún solar intercambió palabra con los extraños viajeros, más allá de aquellas que se dijeran para entablar el servicio de transporte. La elfa escuchaba con atención las historias que iban y venían entre los enanos comerciantes y luego, en las noches, repasaba en su mente las palabras con las que trataría de convencer a aquellos reyes de unirse a las fuerzas de los elfos contra la amenaza latente de una humanidad desviada y un pozo atiborrado de horrores dominados por los mismos Señores del Caos. En todos los posibles escenarios que imaginaba sus 5 leales elfos terminaban torturados por los endiablados barbudos, y ella encarcelada hasta que sus cabellos se tornaran blanco y el desespero de los siglos lejos del sol y los suyos la desquiciaran por completo.

Al día 20, con los primeros rayos del sol en un mundo oscuro dominado por las nubes y la nieve, vislumbraron un cambio en la geografía de las montañas: una meseta salpicada de rocas y asentamientos se abrió campo ante sus ojos asombrados y entre ellos humanos, Kazukan e hijos de otras razas se daban cita como si aquello se tratara de un recibimiento.

-Más nos vale ir a calentarnos en uno de esas casuchas y comer algo- advirtió uno de los elfos: -Siento que entre el asiento rígido de este carro y el frío, la línea de mi trasero se ha desvanecido por completo.

-Eso haremos- aceptó Lüdrielh -pero antes que nada, ¡Ithilwen!-. Ante el llamado, la solar levantó el rostro tras la gruesa capa que la cubría y lo observó con soberbia. Más él continuó como si aquel detalle le fuera indiferente: -Nada de repetir la historia de Mashamba Milele. Todos juntos podremos vencer las dificultades, pero si alguno decide hacerse a un lado… habrá de asumir las consecuencias del desastre- y, bajando la voz concluyó: -Esto es territorio enemigo.

Los 6 elfos se despidieron de los enanos comerciantes y, alojándose en una de las posadas, tomaron potaje, se asieron de unos buenos tarros de cerveza e hidromiel y pasaron una velada tranquila, haciendo relevos mientras la doncella que debían proteger estaba resguardada en una de las habitaciones de la posada.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Bediam el Jue Feb 26, 2015 5:59 pm

Un primer análisis visual no reveló nada extraño en la planta. Inmediatamente después la olió con precaución, pero tampoco detectó nada raro. Dejó que uno de sus dedos recorriera, con suavidad, las hojas del vegetal, pero tampoco nada. Bediam miró a ambos lados y cuando vio que no había nadie, acercó mucho el oído a la planta… pero tampoco escuchó más que el aire que le envolvía. Chasqueó la lengua, irritado. Volvió a fisgar a ambos lados y tras comprobar de nuevo que no había curiosos, lamió el tallo de la planta. No sabía a nada en particular.
Se incorporó con un suspiro y meneó la cabeza: no entendía que hacía allí. Un par de días atrás, Kheme, su maestra, le había dado unas extrañas instrucciones cuando él se había quejado de que no estaba consiguiendo los resultados que esperaba.

-Lárgate de aquí –le había dicho-. Me da igual dónde, y a ti también. Ves a ninguna parte y a todas.

Observa. Huele. Toca. Escucha. Saborea. Y siente el aleb.

Bediam le había preguntado entonces cuánto tiempo tenía que estar vagando por el mundo. Kheme se había encogido de hombros, misteriosa:

-Vuelve cuando volver sea relevante –le había contestado-. No antes.

Y por eso acababa de chupar una planta. Pero ya no aguantaba más, aquello era una estupidez: Kheme era una increíble alquimista, pero una maestra pésima. No tenía ninguna paciencia ni un don para transmitir sus conocimientos. ¿Rendirse era lo bastante relevante como para volver? Había pruebas a las que Kheme le hacía enfrentarse y que no esperaba que superase, que simplemente le ponía para que apreciase de una forma rebuscada los límites que él mismo tenía y fuese así modesto.

Así que, ceñudo y sombrío, inició el camino de regreso al refugio de su maestra. No tardó más que un par de horas en llegar, no se había alejado mucho, pues la distancia no parecía importar en absoluto. Se sorprendió de encontrar la puerta cerrada con llave, porque Kheme nunca cerraba con llave. Extrajo de uno de los bolsillos de su túnica una llave y la hizo girar en la cerradura. La puerta se abrió sin el menor ruido y el aprendiz de alquimista penetró en la estancia. El aire del interior olía ligeramente a pescado muerto y a pedo de vaca,  por lo que arrugó la nariz y se la tapó con una de sus mangas. ¿Con qué había estado trasteando Kheme?

-¡Maestra! –gritó- ¡Ya he vuelto!

No hubo respuesta. La buscó por todas las habitaciones, pero allí no había nadie. Volvió al recibidor, confuso. Kheme no le había dicho que fuese a irse, aunque no solía avisarle de nada de lo que hacía. ¿Confiaba en que tardase más en volver y había decidido ocuparse de algún asunto durante su ausencia? Un vistazo rápido le permitió percatarse de algo que había pasado por alto: había un sobre tirado en el recibidor, enganchado en la parte baja de la puerta. ¿Lo habían pasado por debajo de la puerta y lo había arrastrado al abrirla? ¿O tal vez estaba colgado al otro lado y se había caído debido al movimiento?

Bediam se sorprendió al ver su nombre escrito en el dorso del sobre, así que lo abrió sin temor a violar la privacidad de su maestra y sacó un papel que había dentro. El papel era grueso y feo, pero no le dedicó a ese detalle más que un instante. Escrito con pulso firme, se podía leer:

“Bien hallado seáis, Bediam.

Ha llegado a mis oídos que, en Darry´Gor, en las Cordilleras de Daulin, se está llevando a cabo una gran cacería de monstruos. Entre estos seres, y por increíble que os parezca, se encuentra una Meiga. Ya sabéis que estas brujas, por sus constantes tratos con demonios, tienen los pulmones llenos de azufre, y estos órganos son ingrediente fundamental para el Veneno de Espectro, una de las pocas cosas capaces de acabar con seres de ultratumba, y por la que cierta gente pagaría una buena recompensa. No os hagáis destacar, pues el Thane Ingrod, hijo de Kraulin, no desea tener curiosos merodeando por sus tierras, así que deberéis fingir que también sois uno de los cazadores.

Os desea suerte,
Un Amigo.”


Bediam compuso una mueca de desagrado al leer “cacería de monstruos” y otra mayor al leer “Meiga”. Pero la mayor mueca de las tres la compuso al leer “Veneno de Espectro”, aunque no fue de desagrado. Un escalofrío le recorrió la espalda, pero no fue de miedo, sino de emoción. Pulmones azufrados de meiga… Si lo conseguía, Kheme le podría enseñar mucho. Le podía enseñar verdadera alquimia.

Sonrió. Ya había leído la carta. Inspiró profundamente el papel: olía a tierra y a polvo. Recorrió su amarillenta superficie con calma y arrugó la frente ante lo irregular del papel empleado. Luego acercó su oreja y oyó como crujía bajo sus dedos. Por último, sin pensárselo dos veces, le dio un lametón.

Se sorprendió: sabía a aventura. Miró la hoja, atónito. ¿Era aquello el aleb de la carta…? Bediam se guardó el papel en un bolsillo de su túnica y fue derecho a consultar el mapa que tenía Kheme clavado en la pared de uno de los cuartos. Darry’Gor no estaba excesivamente lejos, se encontraba en la misma península de Thargund, por lo que un viaje a pie era asumible, aunque no corto. Había hecho viajes más largos por motivos más inciertos que el sabor de una carta y los pulmones de un monstruo, o eso quería creer…  y con esa convicción empezó los preparativos para el viaje. Metió en su zurrón, además del contenido habitual (cachivaches para alquimia, sacos y frascos, aguja e hilo, yesca y pedernal, etc…) provisiones para varios días y escamoteó unos cuantos ingredientes de su maestra, no del todo seguro de que ella lo hubiese consentido. Después de comprobar el mapa por segunda vez, se decidió a llevar un grueso abrigo de lana, que no se lo puso aún, pues Ujesh-Varsha es una región cálida. Y, por supuesto, cogió su preciado cinturón con un buen surtido de pociones.

Se decidió, antes de salir, a dejarle una nota a Kheme: ella no solía informarle de sus movimientos y se le pasó por la cabeza que podía irse sin explicaciones como pequeña venganza… pero se dirigía a una cacería de monstruos, al fin y al cabo, y aunque no tenía intención de cazarlos podía ser que jamás regresara. Le dejó una escueta nota:

“Kheme,
Me voy. Volveré con algo relevante.
Bediam”.


Sonrió con malicia y salió de la casa de su maestra. Dejó cerrado con llave.

En vez de dirigirse directamente al norte, hacia la cordillera de Daulin, se dirigió hacia el este, porque no estaba loco: atravesar medio Thargund en solitario era una temeridad que no se correspondía a su carácter pacífico y tranquilo. En menos de un día llegó a una de las pequeñas ciudades que orbitaban alrededor de Naresh, una de las tres grandes ciudades humanas del sur de Ujesh-Varsha. No tardó en encontrar una caravana que se dirigía hacia el norte y se unió a ella: no le pidieron nada salvo su compañía y un juramento de defender a los demás en caso de ataque. A cambio, podría compartir el fuego que hicieran y ocasionalmente subir a alguno de los carromatos, con motivo justificado, claro. El sur de Ujesh-Varsha es seguro (si eres humano, claro), pero conforme avanzas hacia el norte, la situación se complica.
Aquella noche durmió en una modesta posada y al día siguiente, apenas salió el primer rayo de sol, se pusieron en marcha. El destino de la caravana era Shuwap, la ciudad del pantano, en la falda misma de la cordillera Daulin. La caravana daría un rodeo para evitar el desierto de Xerxes, el temible océano de arena, porque el camino por Valashia era mucho más seguro, aunque más largo. Podía realizar prácticamente todo el trayecto hasta Darry’Gor en compañía del resto de viajeros, por lo que prometía ser un viaje fácil.

Y, efectivamente, fue un viaje fácil. Las caminatas fueron largas, pero no aburridas. Conoció en el viaje, a los pocos días, a una joven llamada Maya. La vio, la olió, la tocó, la escuchó y la saboreó. No consiguió descifrar su aleb, pero no se sintió en absoluto frustrado por ello.

Una manada de lobos les siguió casi un día entero, pero no se atrevieron a atacar y finalmente se marcharon, resignados. Pasaron junto a una formación de piedra caliza y Bediam se llevó un buen pedrusco, al que le dedicó una buena parte del viaje. Consiguió hacer un trueque ligeramente desventajoso con uno de los propietarios de una carreta: éste le permitía dormir y hacer sus experimentos en la parte trasera de su vehículo y, a cambio, le daba gran parte de lo que sacara de ello.

Pulverizó la piedra caliza y la mezcló con vinagre (que le consiguió gentilmente Maya) en un cazo. Cuando vertió el vinagre sobre la caliza, se produjo un audible siseo y se empezó a desprender un vapor. El propietario de la carreta le miró con desconfianza, pero el alquimista le sonrió con seguridad y no hubo ninguna queja formal. Cuando la mezcla dejó de humear, la puso al fuego (sobre una roca plana, para no quemar la madera) y empezó a removerla. Puso sobre el cazo una gruesa lana, que fue empapándose conforme el cazo hervía y desprendía un vapor de olor característico: alcohol de Keton. Bediam sonrió, pensando en la conversación que había tenido con su maestra sobre la esencia de sueño y el alcohol de Keton después del incidente con los hermanos Lanning. Cuando la lana estuvo completamente empapada, Bediam la retiró del cazo y la escurrió en una serie de frascos que le entregó el comerciante. Éste los guardó con avidez una vez estuvieron llenos y agradeció al alquimista sus servicios. Bediam enfrió el cazo y se guardó en un saquito el poso, unos pequeños cristales blanquecinos de cal aérea, que podría serle útil en algún momento. Después de ese día, su relación con el comerciante fue incluso cordial y les permitió a Maya y Bediam cierta intimidad con la excusa de “estirar las piernas”, a menudo. Intimidad que aprovecharon como mejor supieron.

Tanto intimó con el comerciante y Maya que se planteó incluso no acudir a la llamada a Darry’Gor. Y así habría sido si, cuando apenas faltaba un día de viaje para llegar a Shuwap, Maya y él no hubieran tenido una discusión sobre las ciudades del sur de Thargund. Ella afirmaba que eran un nido de intolerancia y maldad, de prejuicios y odio. Bediam, que se había criado en el sur, se oponía firmemente y lo consideraba uno de los pocos lugares civilizados en todo el mundo conocido. La discusión pronto degeneró en simples gritos y faltas de respeto, en la que se dijeron cosas que no se deberían haber dicho. Fue esa la causa de que Bediam abandonara la caravana hecho un torbellino de furia.

Avanzó con paso decidido hacia la Cordillera de Daulin, ineludible ahora que estaba tan cerca. Conforme transcurrían las horas se fue apagando el oscuro fuego de su corazón y se arrepintió de todo lo que había dicho, pero no se atrevió a volver, así que siguió caminando y llegó a la falda de la montaña cuando la luz del día ya empezaba a desvanecerse. Se colocó su grueso abrigo y apretó el paso: todo el mundo sabía que aquellas montañas eran traicioneras y no convenía detenerse, tanto por el frío como por las criaturas que allí merodeaban.

No tardó en encontrar un sendero nevado que conducía indudablemente a Darry’Gor. Sacó su carta y la estudió con calma, tratando de encontrarle un significado oculto que se le hubiese escapado las otras cien veces que la había leído. Cuando fracasó se guardó la carta en su zurrón, se arrebujó en su chaqueta e inició el sendero hacia Darry’Gor.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Locke el Dom Mar 01, 2015 5:30 am

Una carta alcanzo mis manos durante una visita a las montañas Daullin. Para mi sorpresa me invitaba a participar de un trato comercial con un grupo… de enanos. De todas las cosas.

Me pareció muy curioso que alguien hiciera tan ferviente mención de la falta de tensiones raciales en su área, para luego hablar sobre cómo debería mantenerme oculto debido a mi raza… bien por ti amigo, no es como que cierta cicatriz de un tiro de mosquete me recuerde sobre eso… Y aunque debo decir que prefiero no culpar una raza completa por mis anteriores roces con miembros de esta, bueno, digamos que si queda uno un poco más cauteloso para la otra vez.

Aun así, es bastante tentador pensar en una oferta para poder abrir  un puesto comercial en un sitio tan lejano de keyback, en especial luego de los meses de búsqueda infructífera en las tierras alrededor de Daullin, pensar que cruzar el océano me pareció una buena forma de iniciar esto, pero simplemente parece complicar las cosas.

Aunque, de funcionar, calculaba que mis utilidades valdrían por todo el esfuerzo hecho y un poco más.

Había estado en Zheroker por un mes ya, y más de alguna persona empezaba a reconocer “al alado” y ya no atraía tantas miradas como antes, los cazadores no eran necesariamente hostiles conmigo, pero la mayoría si parecía estar extrañado del extranjero con alas creciendo de su espalda. No los culpo, aunque para mi ellos son los raros que no tienen alas.

El sistema de trueque me había servido bien para poder abastecerme de comida y alojamiento, este había consumido una buena parte de las mercaderías que había decidido traer conmigo a este lado del mundo: principalmente algunas pocas joyerías y otras baratijas para mostrar a cualquier interesado en ello.

Con mis recursos agotándose, supongo que el viaje a Darry gor para verificar si la oferta de este tal “Mayrus Zeich” antes de regresar a keyback y probar suerte en otra parte del mundo.

Viajar no es un gran problema cuando se tiene el equipo apropiado, y tras equiparme con algunas pieles adicionales y comida para el viaje a cambio de mi penúltimo collar de plata, me aleje de la ciudad de los cazadores a pie por un momento para luego estirar mis alas y volar al cielo una vez más, como tantas veces lo había hecho, y tantas veces lo haría en el futuro.

Pese a que la sensación del vuelo es algo que es casi imposible de describir, en especial para aquellos que la carecen, solo puedo asemejarla a estar en perfecta concentración respecto de todo y de nada a la vez, mientras bates tus alas y las extiendes para planear tan lejos como tu impulso te pueda llevar: en esos momentos, solo eres tú, el camino que marca el sol y el aire que te sustenta en el espacio celeste.


Cuando el escenario cambio al blanquecino paisaje de una cordillera nevada, me sentí a gusto con dejar descansar mis alas en una población cercana a la de mi destino, más precisamente, a unos pocos cientos de metros más lejos, donde no sería visto al descender por nadie…

Ya en el suelo, rodeado por una, no muy frondosa cubierta de arboles, me cubrí con las pieles tanto como pude y apretando las alas fuertemente contra mi cuerpo podía aparentar que era un jorobado o un hombre muy anciano y encorvado.

Este primer pueblo me pareció una repeticion de cada pueblo humano que había presenciado, filas de casas repartidas casi al azar con diferentes “distritos” para diferentes tareas… extrañaba la bella eficiencia de espacio que había en las ciudades Divium…

El resto del camino lo atravesé usando mis pies, ya en mi disfraz probablemente no debía temer por ningún tipo de atención indeseada hasta llegar a mi destino.

El viaje fue bastante poco peculiar, los pies empezaron a dolerme rápidamente a falta de habito de caminar, y la necesidad de levantar las rodillas ligeramente más de lo usual para poder sortear la nieve más fácilmente solo añadió al dolor que se acumulo en mis muslos hacia el final del viaje. Jadeante, me pude acercar a Darry gor con pocos problemas pese a la gran cantidad de personas que compartían mi destino, por lo demás, parecía que el contenido de la carta era verídico en cuanto a que se requeriría de abastecimiento para mantener a toda esta muchedumbre de hombres de armas alimentados y equipados en lo que durase cualquiera sea la labor que estuvieran realizando.

Ya cerca del pueblo, se encontraba un campamento, mi primera intuición fue la de dirigirme directamente ahí y preguntar por pistas acerca del remitente de mi carta, sin embargo eso me hubiera puesto en camino directo con la mayor concentración de cazadores en el área, yo requería de algo más de…discreción.

Cambio de camino al pueblo, quizás podría encontrar un guardia a quien mostrarle el símbolo que acompañaba a la carta y preguntar por el nombre de quien me deseaba contactar.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Alakaaid el Dom Mar 01, 2015 8:06 pm

Estaba de regreso... Después de la larga caza de tigres, jabalíes, alces y otros animales, con un final satisfactorio, había conseguido muchas pieles y carnes de estos animales, mi bolsa estaba repleta de estos conjuntos, con algunos frutos del bosque donde se había llevado a cabo mi gran casería. Mi alegría al ver la puerta de  mi hogar crecía con cada paso que daba para acercarme a ella, al entrar a ella lo primero que vi fue una carta en el suelo, obviamente lanzada por debajo para que cuando llegara y abriera la puerta,  fuera lo primero que se avistara. La levante rápido para abrirla y la leí.

Señor de Wolfmoon.

Me ha costado mucho trabajo dar con vos. Vos a mí no me conocéis. Mi nombre es Naín y, por motivos que aquí prefiero no mencionar, estoy en deuda con los seres como vos. Hace tiempo que conozco a un cazador, Úrabur, listo como ninguno, y sabio como pocos. No tengo duda alguna de que él podría llegar a resolveros la pregunta que os atormenta desde que despertasteis perdido en mitad de un bosque. Es un hombre que se mueve mucho, pero todo este mes lo pasará en Darry´Gor, en las Cordilleras de Daulin. Buena suerte.

Naín.

PD: tened cuidado con los otros cazadores, pues no son tan comprensivos como Úrabur.

Mi reacción de sorpresa al terminar la carta fue grande, ya que tenía demasiados datos de mí, me sentía al descubierto después de leerla por completo.  No sabía qué hacer,  pero mi deseo  de averiguar cómo sabía todo de mí y, lo más importante, si sabía de alguien que pudiera responder al fin. Mis infinitas dudas iban creciendo cada segundo, aunque no estaba seguro del todo; decidí dejar pasar la noche tranquilamente, pero a primera hora estaba decido a ir a la caza de mi viejo amigo Kilik, un gran maestro del arco y la flecha,  su puntería era tan certera que era capaz de acertar un tiro a un ciervo estando a sesenta metros de distancia, un hombre de unos veintisiete  años aproximadamente,  con gran fuerza física, pero no se comparaba con su inteligencia para idear planes eficaces al momento de la caza.

Al llegar  el alba comencé a acomodar mis pertenecías, mi espada Tantor colgando en mi cintura dentro de su vaina, mis dagas y mi bolsa, esta vez solo llevaba medicinas y algunas pieles.  Kilik vivía a un día entero de distancia de recorrido a pie de donde estaba, salí con prisa para no hacer crecer la ansiedad que me provocaba recordar cada palabra de carta, en el trayecto iba pensando que deparaba tal aventura, cuál sería la opinión de mi amigo, como seria Úrabur, qué respuesta me podría dar a cada una de mis preguntas, pero a cambio me atormentaba pensar que sabía todo sobre mi, no me despreciaba como algunos humanos, como había conseguido mi hogar, por qué no me buscó personalmente, mi lista de pregunta se hacía cada vez más larga mientras me acercaba al pueblo más cercano de donde estaba la casa de Kilik, al darme cuenta calló la noche y solo había podido llegar al pueblo, me moría de hambre y necesitaba un lugar donde dormir antes de llegar a mi destino final, entre a una posada de un aspecto algo desagradable ubicada al oeste de la localidad, llena de gente con cara malas, al notar mi presencia esas caras sólo empeoraron, haciendo que me molestara por el prejuicio que me hacían sin siquiera conocerme, me acerqué al tabernero y le dije:

-Necesito un lugar donde dormir y un plato de comida caliente, ¿se puede conseguir eso en este lugar?- dije observando el lugar de arriba a abajo.

Rápido y con una gran sonrisa de interés respondió el tabernero-  Por supuesto señor, siéntese por favor.

Tome asiento mientras las miradas de todos los del lugar estaba puestas en mí, haciendo solo que me incomodara y me enojara mucho más, espere paciente y comí el plato que  me había traído una de las empleadas muy amablemente, lo hacía despacio, sin ningún apuro. Al terminar, me levante y me dirigí de nuevo al tabernero.

-Quiero una buena habitación-

Tratando de ser simpático me respondió:

-Cómo no, caballero, sígame, es por aquí-

Entré al lugar dando las gracias y cerrando la puerta de inmediato, para estar en total silencio y ver si podía conseguir algo de paz, me acosté en la cama para dormir, pero no sabía por qué cuando lo hacía sólo soñaba en ese momento que había marcado mi vida para siempre, suponía que era porque la carta me realzado los recuerdos y las dudas de ese momento.

Trascurrió el día entero, al despertar cogí mi bolso, baje para pagar por el servicio prestado y salí de la taberna, con dirección a la casa de Kilik, no me tomo más de 20 minutos llegar, al acercarme observe cómo estaba montando un hermoso caballo de color negro, al parecer lo estaba entrenando, sin más lo llamé:

-Viejo amigo ¿cómo estás?- dije notando que aún no se había dado cuenta que estaba ahí.

Al verme se sorprendió mucho, rápidamente se bajó del caballo acercándose a mí y dándome un gran abrazo

-Alakaaid, amigo mío, cuánto tiempo sin verte, pensé que aún estarías de casería, por favor vayamos adentro-

Reí al escucharlo entrando a la casa, acotando luego:

-Perdona mi visita de imprevisto, pero es que necesito tu ayuda-

Me miró algo preocupado ya que era algo extraño que recurriese a su ayuda

-sabes que siempre puedes contar con ella viejo amigo, cuéntame, ¿de qué se trata?-

Saqué la nota de mi bolsa entregándosela en las manos para que la leyera con detención, su cara cambio totalmente al terminar de leerla, se veía algo perturbado y serio después de todo lo que había encontrado en esa carta.

Sin dejar que dijera una sola palabra me adelante a preguntarle:

-¿Qué piensas que debo hacer? en realidad no estoy muy seguro de esto, no sé nada de él, pero al parecer esa persona conoce mi vida entera, tengo muchas dudas, y al menos hay una pequeña posibilidad de que me puedan responder por qué a mí me pasó esto-

Sin dejar de observar la carta me dijo algo frio:

-Aquí pasa algo muy raro, es extraño que un desconocido te quiera ayudar porque sí. Alguna razón o algo oculto debe existir detrás de todo esto, no creo que lo haga desinteresadamente -

-de igual manera quiero ir, no pierdo nada con intentarlo, debo ir a  Darry´Gor cuanto antes, no quiero que  Úrabur se vaya a mover  de donde está, el problema es que estoy muy lejos de ese lugar, me tardaría al menos 9 días llegar hasta ese lugar caminando-

Kilik se quedó un momento en silencio como si estuviera analizando la carta palabra por palabra.

- si estas tan decidido entonces iré contigo, y ya sabes que un “NO” no es respuesta para mí, solo debo guardar unas cosas que necesitare, mi arco y mi carcaj repleto de flechas-

Lo esperé unos cuantos minutos mientras reunía y guardaba todo lo que necesitaba, agradeciéndole que quisiera acompañarme, trato de no tardar y salimos de la casa deteniéndonos al frente de esta.

-debemos ir hacia el norte, ya he estado en ese lugar, es una zona fría, cubierta toda por una espesa nieve, se nos hará un poco difícil de llegar-

Se rió después de mi comentarioyendo hacia un costado de la casa donde ese encontraban 2 caballos, el hermoso caballo negro que estaba domesticando desde hace pocos días, y un flamante caballo marrón con crines y cola negra, el caballo que había tenido desde que lo conocía.

-Alak, amigo mío nunca había tenido oportunidad de regalarte nada, quiero darte este caballo como obsequio, es joven y aún no está bien educado, nisiquiera le he puesto un nombre, pero tiene una vitalidad y una inteligencia inigualable, es una criatura espectacular, sé que a tu lado estará bien, yo no lo necesito, ya tengo a mi gran amigo brownSoul;  Siempre te han justado los animales, será un buen compañero para ti, antes de salir ponle un nombre para que se acostumbre-

Sorprendido por tal regalo me había quedado sin palabras, no me esperaba un regalo de tal magnitud, era un ejemplar sin duda alguna, jamáshabía tenido un caballo por lo cual una gran emoción emanaba de mí reflejándoseme en la sonrisa

-Kil, nunca te voy a poder compensar por este regalo, un ejemplar como este es único y que me lo hayas regalado tu solo hace que mi dicha crezca mucho más... En realidad no sabría qué nombre ponerle a una criatura tan hermosa y majestuosa como esta, ya se, creo que te llamaras Houck-

El caballo me miraba de una manera extraña ya que no me conocía, y poder montarme en el me costó un poco, ya que no me tenía confianza, pero al final lo logra comenzando a tomar camino hacia  Darry´Gor, en las Cordilleras de Daulin, 4 días y 2 noches nos tomó llegar hasta el pueblo, viajando de día y acampando de noches solo para comer, darle de comer y beber a los caballos y dormir , este viaje no era pesado para ninguno de los 2 ya que estábamos acostumbrados, así es la vida de un cazador. Al caer la tarde del tercer día notamos como se comenzaba a ver la prolongación de nieve en el suelo, nos bajamos de los caballos ya que había demasiada nieve en el piso y sería demasiado difícil para los caballos cruzar esa distancia con nosotros arriba de ellos, saque de mi bolso unas pieles que había guardado por precaución tomando una y dándole una a mi amigo para que se cubriera de tal frió

Nuestros pies se hundían con cada paso que dábamos en la nieve, pero sin embargo eso no nos detuvo por un momento para seguir, aunque el cansancio se iba haciendo mayor  y más por el esfuerzo que teníamos que hacer al caminar, al llegar al pueblo ya la capa de nieve casi se había disipado por completo, al entrar al pueblo le pregunte al primer hombre que ve donde se encontraba la casa de Úrabur, al parecer era muy conocido y rápidamente me dieron su localización, ya que solo se encontraba  de paso se  hospedaba en la mejor posada del pueblo, sin pensarlo dos veces fuimos hasta dicho lugar, dejamos los caballos afuera y entramos a buscarlo, me acerque al encargado del lugar para preguntarle:

-buenas señor, estoy buscando a un hombre llamado Úrabur, ¿puede decirme donde lo encuentro?-

Un señor que se encontraba en una mesa cercana escucho lo dicho y se acercó hasta nosotros para preguntarnos:

- ¿estás buscando a Úrabur muchacho?-

Kilik lo vio con desconfianza ya que veía que era un hombre mayor con un aspecto un poco extraño y algo misterioso, pero sin vacilar en un solo instante le dijo:

-¿tú eres Úrabur, o me equivoco?

El hombre rio un poco viendo a ambos y acoto:

-¿para qué me buscan? es muy raro que alguien venga preguntando por mí, yo no soy de este lugar-

Comencé a hablar tratando de explicar todo lo que estaba pasando, pero no sabía por qué en la cara de mi amigo existía esa desconfianza.

-Vera señor Úrabur, recibí una carta de alguien llamado Nain, diciéndome que usted es un hombre muy sabio, y que podría resolver todas mis dudas, al principio dude mucho pero al final decidí venir a buscarlo-

Sonrió con calma para después de terminar de hablar comenzar a hacerlo el:

-ese Nain es un exagerado... Aunque si podría responder todas tus preguntas, pero a cambio necesito un favor de tu parte-

-lo sabía, sabía que nada podía ser sin algún interés de por medio, no Alak, vámonos de aquí, sinceramente no me gusta nada de esto-

Dijo Kilik un poco molesto por no saber las intenciones de Urabur, pero sabía que nadie hacia nada sin alguna compensación o alguna manera de cobrarse el favor

-tranquilo amigo, todo va a estar bien; dígame, ¿por qué sabe tanto de mí?, ¿por qué conoce mi historia? ¿por qué ese hombre Nain, me cito aquí?-

El hombre no soltaba esa sonrisa perturbadora pero trataba de mostrar amabilidad en sus palabras

-créeme que haciéndome el favor  le darássolución todas tus preguntas, pero si aún te quedan dudas puede buscarme y yo te las responderé sin problema-

Crecía en mi la duda de cuál podría ser ese favor que daría respuesta a mis dudas, ya que Urabur se veía convencido de que sería así no tuve más opción que enterarme cual era ese favor que necesitaba que le hiciera

-de que se trata? trata de ser directo -

- pues se está llevando a cabo una cacería muy importante cerca de aquí, todos se están reuniendo a las afueras de la cuidad, fui invitado, pero de verdad ya estoy un poco mayor y tengo muchos deseos de ir, quiero que vayas en mi nombre, sé que me representaras muy bien, además puede ir con tu amigo, créeme estoy seguro que este favor te iluminara y te guiara el camino-

Tome un tiempo para pensarlos, lo discutí con Kilik que no se mostraba muy seguro de lo que nos pedía Úrabur.

-aceptamos, pero con una condición, al terminar esta caza quiero hablar contigo de nuevo, aunque parezcas confiable no te conozco aun-

-está bien, acepto, pero deben darse prisa, ya todos debes estar reunidos, dense prisa por favor-

Le vi la cara a mi amigo que no había cambiado nada desde que el Hombre había comenzado a hablar, salimos del lugar con dirección hacia los caballos, me acerque a Houck y le acaricie la cabeza para tratar de que tomara un poco de confianza conmigo ya que al principio estaba muy arisco, esta vez lo monte sin problemas yendo a galope hasta las afueras de la cuidad viendo desde lejos el humo de las diversas fogatas que habían ahí, al acercarnos nos bajamos de los caballos viendo toda la gente que había sido llamada para la caza, las razas eran diversas, humanos, enanos, y quizás hasta otras razas que no podía identificar, el escándalo que tenían algunos grupos era grotesco e irritante por lo que   fuimos hasta lo más apartado donde estaban las personas más tranquilas comiendo y reposando, fuimos debajo de un gran árbol con extensas ramas, donde Kilik amarro su caballo para encender una fogata, yo en cambio no me quería bajar de Houck ya que quería que se acostumbrara a mí y amansarlo, nos pusimos esperar hasta la hora de la partida.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Sejen el Lun Mar 02, 2015 12:22 am

~Y los espíritus danzaban alrededor del muchacho, como si formara parte de ellos~

Se alza una hermosa media luna, algo cubierta por las pocas nubes. Prácticamente se pueden ver todos los astros del firmamento. La temperatura es baja, seguramente roce los cinco grados bajo cero, pues hay una fina capa de nieve, además un ligero viento que sopla por el noreste y este arrastra una voz grave pero amable. Una canción, de aspecto nostálgico clamando por la benevolencia de los antiguos espíritus. -Oh gran espíritu, te rogamos nos des salud. Oh gran espíritu cuida de nosotros…- El cantico fue interrumpido por una segunda voz, mucho más grave y más profunda. -Les extrañas. Lo siento al oírte cantar.- Aquella voz provenía del lobo espíritu Hanwi, mi guía. -Hace mucho que no se de ellos, se que debía marchar… pero eso no implica que los olvide, o deje de extrañarlos.- Le comente tranquilo, machacaba algunas hojas de tabaco para ponerlas en la pipa. -La nostalgia es un sentimiento común Sejen, eres tu quien debe elegir si está listo para seguir el camino que los espíritus, escriben delante de tus pasos.- Sus palabras como siempre estaban cargadas de sabiduría, pero en la soledad siempre aparecen esos recuerdos maravillosos, aquellos que siempre recordamos. Como la primera vez que vas de pesca con tu padre, o como cuando tu madre cantaba para hacerte dormir. -Siempre tienes una sabia respuesta Hanwi.- Le conteste con seriedad sin enfado alguno, mientras encendía la pipa para poder dar una calada y fumar.
Alcé la vista para contemplar las estrellas, tratando de encontrar las luces que en su día vi en la montaña, pero hoy no había luces, tan solo la fría luce las estrellas y la distante luz de la luna. -Y dime Hanwi.- Le comente llamando su atención. Con una mano, sostenía la pipa para que esta no se cállese de mi boca, mientras que con la otra hervía una especie de sopa. -¿Tu no las extrañas?- Le pregunte, obviamente hacía referencia a aquella noche en el pico de la montaña donde las luces tocan la tierra, un momento mágico que tuve la suerte de vivir de primera mano, y el lugar donde Hanwi se convirtió en mi espíritu guía. -Sabes bien que si, más debo continuar con mi cometido.- El siempre era así, apenas solía sonreír o mostrar algún sentimiento de tristeza, siempre sereno.

-Esto ya está. ¡Auch!- Grite mientras agitaba mi mano con fuerza. Un poco de sopa se me había derramado sobre esta, realmente fue un momento cómico, tanto que incluso el sereno Hanwi hizo una mueca. -No tiene gracia.- Si la tenía incluso yo me estaba riendo. -Veamos que tal.- Probé un sorbo de la sopa, no era tan buena como las que recuerdo en la aldea, las que preparaba mi madre Lawatan, pero al menos era comida caliente y en este lugar, eso no se puede rechazar de ninguna de las formas.
Al terminar la cena estuve unos minutos más despierto, los suficientes para acabar de fumar el tabaco de mi pipa, así como limpiar esta para poder ser usada sin problema en alguna otra ocasión. -Buenas noches Hanwi.- Le dije al lobo espectral quien asintió y se marcho, como el humo se va con el viento.

La mañana se alzo fría, haciendo que inconscientemente yo me tapara más bajo mi capa de piel, recogido en posición fetal. El fuego que había encendido por suerte aun seguía un poco encendido, pero a punto de extinguirse o esa era la impresión que daba. -Despierta portador, es hora.- La serena voz de Hanwi siempre era molesta al despertarme, no era precisamente la faceta por la que lo apreciaba. Mis ojos se abrieron poco a poco, quedando entrecerrados y viendo la forma fantasmal del lupino. -Buenos días a ti también.- Le dije con pesadez junto a un bostezo.
Me levante y me estire un poco. Algunos huesos crujían al hacerlo, y cuando estuve un poco mas avispado, apague el fuego cubriéndolo con nieve, cuidándome de no quemarme con las brasas claro. -¿Por qué me has despertado Hanwi?- Era una pregunta de la que a estas alturas, ya conocía respuesta. Tenía un nuevo viaje para mí. -Tu siguiente parada en tu viaje, portador de espíritus. Debes dirigirte a la cordillera Daulin, temo que pueda haber ocurrido algo horrible.- Yo suspire mientras recogía todo. -Siempre dices lo mismo, algún día podrías ser un poco más original en decirme a donde tengo que ir. No sé si sabes que diciendo ‘’Algo horrible a sucedido’’ no me anima mas a ir.- El lobo hizo un sonido como de desaprobación ‘’hmpf’’ y eso que sabía que igualmente iría, tenía que seguir el camino por el que los espíritus me guiaran, además esta mala contestación era más bien debida a que me había despertado, y eso no es agradable para nadie.

Un nuevo viaje comenzaba para mí desde ahora.
Anduve unos días por el bosque, antes de encontrarme con la primera villa. Estos días en la naturaleza los aproveche para tallar madera, tal vez alguien me comprara esas figuras en algún lugar, para mí el dinero no era importante, pero el mundo que he visto durante mis viajes es muy diferente del mío. Se rige por el dinero y si no tienes algo de dinero no puedes comprar comida, o beber cerveza no lo comprendo ni comparto esa visión materialista, pero uno tiene que adaptarse. -¿Te parece normal pararte a tallar madera, después de darte mis indicaciones?- Yo sople sobre la madera para quitar, las pequeñas astillas sobrantes. -Eres mi guía Hanwi, no mi amo, además desde aquí puedo ver un pueblo, no estaremos a más de un día.- Le comente mientras seguía con el tedioso trabajo, estaba tratando de tallar algo que se asemejara a un conejo, y la verdad es que no me estaba quedando demasiado mal.
Cuando había terminado con el trabajo, guarde las figuras en el zurrón, en total había hecho cuatro, cada uno era un animal distinto, animales que yo conocía. Un conejo, un ciervo, un lobo y un halcón, aunque admitía que este último se parecía más a un águila. -Espero que Wanbli no se ofenda por esto.- Comenté con algo de gracia, tratando de hacer un chiste. El lobo no parecía ni siquiera un poco animado por ello. -Oh vamos, es gracioso.- El fantasmagórico animal respondió con un simple sarcasmo. -Si tu lo dices.- Suspire ante su falta de humor, mientras descendíamos del bosque para llegar hasta la primera villa. -¡Anda!- Dije sorprendido, mientras el lobo se giraba para mirarme. -Es una pluma.- Comenté mientras la recogía para inspeccionarla. -Diría que es la pluma de un búho. Estamos de suerte Hanwi.- Dije con jovialidad, el lobo negó simplemente con la cabeza, seguramente estaba pensando que no tenía remedio, mientras yo ataba la pluma a mi cabello como lo hubiera hecho mi padre.

La nieve era algo más espesa fuera del bosque, me cubría hasta los tobillos, eso resultaba algo molesto, más no lo era para Hanwi quien caminaba sobre la nieve sin problema alguno, como si él no caminara, aunque es normal, los espíritus no pesan. Lo primero que hice nada más llegar fue ir a buscar una tienda, o algo donde poder intercambiar las figuras talladas por algo de dinero, también lo hice para poder conseguir algo de información.
La puerta de la tienda se abrió y al hacerlo se escucharon unos cascabeles, esto ya no me era raro de ver, en muchas tiendas he visto que cuelgan cascabeles o demás cosas para que al abrir la puerta, estos se agiten y adviertan al tendero de que tiene una visita. -Dígame ¿en qué puedo atenderle?- Quien me dijo esto no era humana, no desde un punto de vista técnico podríamos decir, era una mujer si pero era muy bajita, era una enana. Tenía cabellos largos y rubios, dos trenzas muy bien cuidadas, su cara era tosca que denotaba que había trabajado mucho y sus manos más de lo mismo, si uno se paraba a mirarlas estaban llenas de cayos, además un leve surco de cabello recorría lo que para mí es la barba. Había oído hablar sobre las enanas y su peculiar aspecto, pero hasta ahora no había visto a ninguna, los enanos se dice son un pueblo muy trabajador y honorables, no es difícil encontrar algún comerciante de esta raza, pero para mi desgracia o mi suerte, hasta el momento no había tenido el privilegio de ver a una de ellas, lo cual me resultaba de lo más interesante. -Si, quería saber si estaría interesada en comprar estas figuras talladas.- Dije mientras sacaba dichas figuras del zurrón de viaje, no sacaría mucho por ellas seguramente, o quizás ni siquiera las querría. La enana las inspecciono con detenimiento, parecía tener cara de desaprobación mientras las observaba. -¿Son caseras?- Pregunto de golpe y sopetón. -Supongo que sí, las he hecho yo mismo.- Le conteste aunque se podría notar humildad en mis palabras. -Me quedo con todas, excepto esta.- Me dijo mientras apartaba el conejo del resto, no quise preguntar por que, a mi me parecía muy bonito, pero supongo que en cuanto a gustos discrepábamos. -Aquí tienes.- Ella me dio tres monedas de plata, no sé si eran mucho dinero o poco, pero realmente no le di importancia, agache un poco la cabeza y se lo agradecí. -Solo una cosa más. ¿Sabe cómo puedo llegar hasta la cordillera de Daulin?- Pregunte con amabilidad. -Por supuesto, mira cuando salgas de la tienda hay un sendero que conduce montaña arriba, no tiene perdida.- Nuevamente le agradecí, esta vez por ayudarme y salí de su tienda, al hacerlo choque con alguien, era una muchacha.

-Perdóname.- Dije amable, pues había tirado al suelo a aquella chica. No podía verle la cara pero por su voz, supe deducir que era una mujer. -Permíteme ayudarte.- Dije mientras le ofrecía la mano para ayudarla a ponerse en pie, ella la tomo y una vez en pie, cabizbaja me dio las gracias y se metió en la tienda. Parecía tener mucha prisa, pero bueno supongo que todos tenemos cosas que hacer, con lo que proseguí mi camino.
Algo me detuvo al verlo, vi a un niño pequeño, el cual estaba llorando, no sabía el porqué pero el lloraba, lo que se me hacia una situación extrañamente familiar, recuerdo que yo de pequeño también lloraba solo. Me acerque para ver que le pasaba, pero lo deduje al ver el suelo. Parecía un juguete roto, era como un caballo uno como el que había visto en la tienda de aquella mujer enana, de esos que se tambalean sobre unos arcos de madera, suspire un poco y saque de mi zurrón aquel conejo tallado en madera, no sabía si eso le alegraría, pero bueno, por intentarlo no perdía nada. Me agache y se lo di en mano, el niño lo miro y aunque aun caían lagrimas de su rostro, no seguía llorando. No espere a que me diera las gracias, simplemente sonreí y tras agitarle un poco el pelo, proseguí.

No sería hasta pasadas unas horas, que podía sentir como alguien me seguía, pero cada vez que me daba la vuelta, esa persona que me seguía parecía querer ocultarse de mi vista. Desconocía sus motivos, tal vez fuera un bandido o similar, aunque realmente no me sentía en peligro, era algo muy extraño.
La noche cayó y nuevamente los astros, acompañados de la luna daban su magnífico espectáculo de luces. -¿De verdad vamos a parar otra vez? Estamos a menos de un día de la cordillera.- No parecía contento desde luego. -Lo sé Hanwi, pero me gustaría comer algo antes de seguir.- No tenía demasiado, había recogido algunas bayas en el bosque y tenia aun algo de cecina de un ciervo que había cazado, hace ya algún tiempo, pero este sería mi último bocado de cecina, hasta que volviera a cazar o me gastara el dinero que había conseguido. -Tiene una pinta deliciosa.- Dijo una voz femenina mientras intentaba cortar cecina con los dientes. Rápidamente me volví para ver de qué se trataba, aunque la voz me resultaba familiar. -Hola extranjero ¿tú también vas hacia la cordillera de Daulin?- Pregunto ella sin ningún miramiento o pudor. -¿Quién es esta Sejen?- Comentaba el lobo, algo atónito la verdad. -No lo sé, creo que es la muchacha de antes.- Ella me miro algo sorprendida, pero no pareció darle importancia a que yo hablaba con una tercera persona. -E visto lo que has hecho en la villa.- No tenía ni idea de a que se estaba refiriendo. -Vi como le ofreciste ese gato de madera al niño.- ¿Gato? Ni por asomo era un gato, era un conejo y era perfectamente distinguible de un gato. -Primero no era un gato, era un conejo. Y segundo ¿Por qué me estas siguiendo?- Ella sonrió de medio lado, pero era como una sonrisa maligna, como las que me hacia Jakum en la aldea cuando quería molestarme. -Pues a mí me pareció un gato, que quieres que te diga. Y no te estoy siguiendo, da la casualidad de que precisamente voy en esa dirección. ¿Te diriges a Garry’dor verdad?- No entendía de que estaba hablando, no sabía que era Garry’dor pero si estaba en la cordillera Daulin entonces si iba en esa dirección. -Si te apetece voy contigo, así tienes alguien que te guie por el sendero.- Ofreció amablemente ella, mientras me ponía en pie. -Lo siento pero ya tengo un guía.- Así exprese mi negativa a que ella me acompañara, no tenía intención de compartir viaje, no con alguien aparentemente molesto, de esas personas que quieren hacer de tus momentos de paz un infierno. -Eres raro, eso me gusta. ¿Sabes qué? Te acompañaré.- Suspire negativo ante tal idea, es mas incluso le ofrecí el poco dinero que había ganado para impedirlo pero, lo rechazó así continúe el viaje, ahora acompañado de esta extraña mujer.
Aun cubierta su cabeza con una capucha, pude verla, primero ya había confirmado que se trataba de la misma mujer, con la que había chocado al salir de la tienda, después habiéndole visto la cara ya vi en ella, que parecía una buena persona, algo pesada pero buena. Su piel era pálida casi nívea, tenía el cabello largo de un color castaño y este estaba algo rizado, su complexión era más bien parecida a la mía, del tipo atlético y bestia como una cazadora, su altura rondaría más o menos el metro sesentaisiete, quizás me equivocara.

Tardamos un día entero en llegar por fin hasta la cordillera, a un lugar llamado Garry’dor, yo solo esperaba quitarme a esta chica de encima, me había dicho que se llamaba Adila, yo también le había dicho mi nombre y eso solo había empeorado la situación, ahora era más curiosa y hacia todavía más preguntas, la situación se volvía cada vez más insoportable, no solo para mí sino para Hanwi quien harto de ella había vuelto a desaparecer, dejándome solo. -‘’Gracias Hanwi’’- Me decía a mi mismo de forma sarcástica y realmente, de poder hacerlo aunque no soy una persona desagradable, o eso espero, también me hubiera esfumado como el lobo espiritual para no oírla más, porque cuando no era por mi nombre era por como vestía y si no era por como vestía, era por los extraños adornos de mis armas. Suerte que aun no había visto los tótems.
Una vez en Garry’dor me detuve, según ella ya estábamos en la cordillera de Daulin ‘’por fin’’ me decía a mí mismo, la idea de que ella se iba a quedar y que yo me iba a marchar, para no verla era un pensamiento alegre en estos momentos, lo peor es que ella parecía que le gustara molestarme.
Pronto me iría dejándola atrás, pero no podía marcharme sin antes comprar unas provisiones. -Adila, por favor quédate aquí, e de comprar unas provisiones. Volveré en un momento.- No pensaba volver, si era una táctica ruin y mezquina, pero por los espíritus que no la soportaba mas.

Me marche dejándola en el sendero, mientras buscaba algún puesto abierto. Vi uno que aun siendo de noche, estaba abierto, eso me vendría de perlas. -Disculpe- Dije para llamar la atención del dueño. -¿Qué puedo comprar con este dinero?- Realmente no tenía ninguna idea sobre los precios de este lugar, siempre existe la posibilidad de estafa, pero yo no entiendo todo este sistema monetario como lo entenderían los que viven aquí, con lo que no me queda otra que preguntar.
Apartada de mi, Adila se había quedado quieta, esperando realmente mi regreso, pero algo la sobresalto, una voz burlona. -Vaya, vaya, vaya. Pero mira quien tenemos aquí.- Era una voz desagradable que hacía, que el rostro alegre de Adila cambiara a un semblante de enfado, ella se volvió para ver de frente a ese tipo. Tenía un rostro peculiar, no muchos dirían que fuera bello, sus arrugas estaban marcadas pero no parecía un anciano, seguramente tendría unos cuarenta años más o menos, era más alto que la cazadora, mediría un metro y setentaicinco centímetros de altura, vestía como un cazador y tenía una larga cabellera desmelenada de color blanco, tras de él habían diez hombres que también vestían como cazadores, todos un poco más bajos que él, pero que parecían seguir a este tipo allí a donde fuera. -Adila, preciosa porque no admites que eres una inútil. Lo tuyo no es cazar, te iría mejor si te olvidaras de eso y te vinieras conmigo, seguro te lo pasarías mucho mejor.- La joven cazadora se lo miro con asco, ciertamente si ellos dos formaban parte de algo no se llevaban muy bien, no al menos desde el punto de vista de Adila. -No gracias, de pequeña me enseñaron a no jugar con la basura.- La conversación se iba caldeando poco a poco, el simplemente trataba de ‘’conseguir’’ a Adila a cualquier precio y ella se defendía con sarcasmos e insultos. -¡No me toques Utrek!- Exclamó ella, pues el otro reía e intentaba abrazarla, con lo que ella se defendió propinándole un rodillazo en la entrepierna, lo que hizo que tuviera que soltarla de inmediato. -Pagaras por esto niñata.- Los tipos que acompañaban a ese hombre se estaban acercando a Adila, no tenían buena cara desde luego.

-Sejen.- La serena voz del lobo había vuelto, yo le mire con algo de enfado. -Ah ¿con que ahora sí que apareces?- Pregunté molesto por lo que había hecho. -Olvídate de eso. Mira.- No quería, pero lo hice mire a ver qué era lo que estaba ocurriendo y vi a Adila, parecía tener problemas con unos tipos, todos vestían como cazadores y en especial me llamo la atención uno de ellos que parecía el jefe de ese grupito de valientes. -Vamos, bonita, eso no ha estado bien y tú te mereces estar con el mejor cazador.- Adila dio un paso hacia atrás, chocándose conmigo que me había puesto a su altura. -¿Sejen?- Si nos pusiéramos a comparar, yo era bastante más alto que todos ellos, lo que parecía intimidarlos un poco, perfecto, eso me ayudaría. -Sabéis. No me gusta la violencia, pero si lo que queréis es encontrar problemas con ella, tendréis problemas conmigo.- Dije tratando de parecer tan amenazante como pudiera, mi tamaño haría el resto o eso es lo que tenía pensado. El mayor de ellos, aunque no lo vi, le cayó una gota de sudor al escucharme. -Sabéis que, no merece la pena. Larguémonos de aquí.- Era como una manada, todos iban tras de él como si fuera una especie de macho alfa o algo. -Menuda manada de lobos. ¿Estás bien?- Pregunte a la cazadora. -Si, gracias.- No quería hacerlo pero tuve que preguntar. -¿Quién es ese tipo tan valiente?- Realmente mis palabras, denotaron un sarcasmo total y absoluto, desde luego no era valiente no a simple vista desde luego. -Es Utrek, un idiota, se cree superior a todos y por eso actúa así.- Desde luego, cuando hablaba de él no parecía ser alguien con quien se llevara demasiado bien. Pero bueno ahora ya no era mi problema, solo me marcharía y seguiría con mi viaje. -Es aquí Sejen, aquí es donde empieza otro capítulo de tu viaje.- Estaba enfadado con Hanwi, si me lo hubiera dicho antes podríamos habernos ahorrado todo este barullo y no habría intentado quitarme de encima a Adila, no de esa forma desde luego. -Sabia que venias a Garry’dor. Ven. Quiero que conozcas a alguien.-



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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Youdar el Lun Mar 02, 2015 10:19 pm

[Todos aquellos cazadores, por si solos, no eran nada; al final del día, eran La Buena Leña. El Libro de los Cazadores, Capítulo 1]

El gato sintió en lo más profundo de su ser la maldición que había proferido el humano pequeño más anciano. De repente, lo que para él y sus compañeros era un gran reencuentro, se había transformado en una agobiante sensación de trampa.
-Vale, pensemos- dijo Kadín, tratando de serenarles- Somos los cazadores más experimentados. ¿Y si es tan simple como que alguien nos quería aquí para que le ayudásemos, y le avergonzaba pedirlo?
-¿Nunca te cansas de hablar sin pensar?- espetó Perik, intranquilo- Aquí todos se creen que son los mejores cazadores, y nadie va a reconocernos el mérito de ser los más expertos, porque para ellos eso equivale a ser los más viejos. Esto es otra cosa más…
-¡Shhh!- mandó callar Youdar, que no paraba de acariciar al gato sobre su hombro para calmarle- Tenemos visita, y es mejor que no sepan nada de esto. Si ya es malo un grupo grande de cazadores, es mucho peor un grupo grande de cazadores paranoicos.
-¿Desde cuando tu hermano es el que tiene cerebro?- dijo con media sonrisa Perik a Kadín.

-//-

Shan se puso en pie y, sin decir nada a sus compañeros, comenzó a alejarse de su tienda.
-¿Vas a cambiarle el agua al canario?- le preguntó, sarcástico, Ravin.
-Voy a presentar un cordial saludo a un amigo- dijo Shan, todo formalidad- Deberíais venir a conocerle, es de los pocos aquí que moverán un dedo para salvaros si las cosas van mal. Venga, venid todos, Lars, Nedrivning, acercaos también- dijo el hombre dirigiéndose a su joven aprendiz y a su nuevo compañero de armas. Tras recorrer el campamento, acabaron parando frente a una tienda donde se encontraban tres enanos.
-Maestro Youdar, ha pasado mucho tiempo- dijo Shan, estrechándole la mano al más bajo de los tres enanos.
-Maestro era mi padre, Shan, pero sí que es un gusto verte. La última vez que te vi aún eras un crio- dijo el enano, sonriendo, aunque con un rictus gélido en su rostro, como si algo le tuviese preocupado. Ambos presentaron a los respectivos miembros de sus grupos, y Shan y Youdar les contaron cómo se conocieron, en una cacería en alta mar, doce años atrás. Antes de terminar su relato, Kadín se alejó de allí, sonriendo mientras se dirigía hacia una chica que acababa de llegar al campamento.
-¡Adila!, me preguntaba si te vería por aquí- dijo, efusivo, el enano.
-Cuanto me alegro de verte, Kadín-dijo la chica, que hablaba con una velocidad que resultaba desconcertante y sorprendente- Mira, deja que te presente a Sejen. No habla mucho, pero parece bueno, nunca te imaginarías lo que acaba de hacerle a Utrek, solo con una mirada, parecía un gatito asustado. Ahhh, y hablando de gatitos, ¿ese de ahí es tu hermano, el del gato en el hombro?- no paró de hablar mientras se acercaba al otro enano, dejando tras de si a Kadín y a Sejen- Que ganas tenía de conoceros, Youdar y Pelos; Kadín no paraba de hablar de vosotros cuando le conocí unos meses atrás.

En unos minutos, cuando Adila les dio un respiro para hablar, todos habían sido presentados, pero no hubo tiempo para conversar mucho más, pues vieron como un séquito de guardias se dirigía hacia el campamento.

-//-

Desde la casa de Ian Wolok se pudo apreciar como los guardias marchaban hacia el campamento. Eran nueve enanos, bien armados y bien equipados con armaduras pesadas.
-Parece que por fin el thane Ingrod ha decidido hacer algo- dijo Balin, el anciano enano.
-Esos cazadores son muy molestos, confío en que no te molesten mientras buscas a mi padre, Árcangel- dijo el niño, con la mirada perdida en la oscura noche que se veía por la ventana.
-Creo que yo voy a acercarme, a ver si me entero de algo- dijo Balin, decidido.

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Desde la posada El Asno Ventoso, Hobb, la dueña, una enana de mediana edad, podía escuchar el revuelo que estaban provocando los guardias al ir hacia el campamento. Le encantaría ir a ver que había decidido el thane para acabar con los sucesos de Darry´Gor, pero tenía que atender a todos esos elfos que la miraban con recelo cada vez que se acercaba a servirles, y que parecían pensar que, de un momento a otro, la enana intentaría cortarles la cabeza con una de sus bandejas de madera. Normalmente no era una enana racista, pero cuando veía un grupo de elfos con aquella actitud, casi encontraba justificadas las veces que su raza había intentado exterminar a la suya. Casi. Finalmente, y resignándose a enterarse de las órdenes del thane por medio de alguno de sus clientes, fue a preguntar a los elfos si querían algo más de beber o de comer.

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En el camino que llevaba a la primera de las villas de Darry´Gor, el único camino a pie hacia la región (sin contar el camino de la montaña, inaccesible en plena estación del frío), un gran alud de nieve bloqueó por completo el acceso. Fue una suerte que este se produjera tras el paso de Bediam, que ahora solo podía dirigirse a la villa, pues, hasta que el clima no fuera más benévolo, la región, como solía pasarle casi todos los años, quedaría aislada.

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A Ranir, uno de los enanos que componían la guardia de la villa, se le hacía un deshonor no formar parte de la guarnición que trataría con los cazadores. “Sin duda esto es cosa de Ior que no puede soportar que Erin me prefiera a mi”, pensó el enano. Hubiera deseado quedarse parado a la entrada de la villa, perdido en sus pensamientos, y observando como sus compañeros se dirigían al cercano campamento, pero justo en ese momento un hombre se le acercó, mostrándole una carta.
-¿Mayrus Zeich?- dijo Ranir mirando extrañado a Locke- Mayrus Zeich no es el chambelán del thane, es el panadero de la villa. No me cabe duda de que le vendría bien alguien que le trajera suministros, pero dudo mucho que sea tan importante como para que el thane Ingrod selle una carta así en persona, aunque, sin ninguna duda, es el sello del thane Ingrod, hijo de Kraulin.

-//-

-¿Y qué ha sido de Úrabur?- dijo Perik, mientras los guardias les pedían a todos los cazadores que se acercasen.
-Úrabur está retirado, Perik. Dudo mucho que le veamos por aquí- respondió Kadín, sin dejar de prestar atención a los guardias.
-Lástima- se lamentó Youdar- Úrabur era el único capaz de controlar a Utrek.
A oídos de dos recién llegados, Alakaaid y Kilik, llegó esta conversación, donde escucharon varias veces el nombre del anciano que les había enviado allí.

-//-

-A todos los cazadores, por favor, acompáñennos a la casa comunal. El hechicero Lenxer, consejero del thane Ingrod, desea hablar con vosotros.
La voz de Palur, el jefe de la guardia de Darry´Gor, había sido firme y, en cierto modo, amenazante. Dejaba claro que el “deseo” del hechicero era una orden en toda regla. Los guardias custodiaron a los cazadores hasta la casa comunal, hogar del thane Ingrod, el lugar que representaba el mando en aquella región.
-A ver si nos dicen algo en claro- dijo Kadín a sus compañeros.
-Miau- se quejó Pelos, sobre el hombro de Youdar.
-Tienes razón, pequeño, en plena noche no es hora para informarnos de nada; estábamos a punto de ir a dormir.
-Aquí es de noche a todas horas, maestro- dijo Shan, sin levantar mucho la voz.
-Es un poco intrigante que se quiera dirigir a nosotros ahora, ¿no os parece?- comenzó a decir Adila, quien estuvo a punto de continuar, pero, por suerte, Perik salió al rescate.
-Por favor, niña, guarda un poco de silencio, a ver si conseguimos enterarnos de que quiere ese hechicero.

-//-

Lenxer, el hechicero del thane, era un elfo, ancianísimo, tanto que hasta se le veía con el aspecto que tendría un humano de setenta años, y eso no era común para los de su raza, igual que no era común que tuvieran rastro alguno de cordura en edades tan avanzadas. Con voz calmada, pero que no aceptaba réplica, ordenó a los cazadores que se amontonaran en el salón comunal, dejando delante a los de menor altura, para que todos le pudiesen ver.
-Bien, ya estamos todos. Erin, por favor, prepara la mesa para los invitados del thane- dijo el hechicero dirigiéndose a una enana joven y bastante bella. Cuando ésta salió del salón, elevó el tono de voz para que todos los cazadores pudiesen escucharle- En nombre del thane Ingrod, hijo de Kraulin, os doy la bienvenida a Darry´Gor. Después el thane querrá compartir su mesa con algunos de ustedes, cuya fama les precede, pero ahora permítanme informarles sobre la cacería- a un mínimo gesto suyo, la guardia enana comenzó a repartir unos pergaminos idénticos a todos cuantos allí estaban- Estos son los seres que han atormentado Darry´Gor desde hace meses. Cada uno tiene una recompensa diferente, y nuestro deseo es que todos sean eliminados. Si ustedes trabajan juntos y consiguen limpiar por completo Darry´Gor, el thane en persona hará todo lo posible por hacer que su viaje haya merecido completamente la pena. También, por supuesto, pueden intentar ir por separado y cobrar alguna de las recompensas individuales, las cuales considero muy generosas. ¿Alguna pregunta antes de la cena?
-Si, hechicero, yo tengo una- dijo un hombre de aspecto sudoroso, que llevaba tras de sí a un grupo de cazadores que le miraban con respeto. Su nombre era Utrek- ¿Qué narices ha provocado toda esta oleada de basura en Darry´Gor? Porque yo no vengo a por premios de consolación, esos déjalos para los novatos- y dirigió una mirada despectiva hacia algunos de los presentes- Yo vengo a por el premio gordo, a por lo que ha provocado todo esto en un principio.
-Mi magia no me ha permitido descubrir el origen de todo cuanto aquí está ocurriendo, solo sabemos que hace seis meses esta región era completamente normal. Si descubrís el origen del mal, y lo destruís, no dudéis de la grandeza de vuestra recompensa- hizo una pausa, esperando alguna réplica y, ante la ausencia de ellas, continuó- Mi thane desea compartir su mesa esta noche con las siguientes personas…



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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Ithilwen Erulaëriel el Miér Mar 04, 2015 11:12 pm

Los cantos de hombres, enanos, criaturas extrañas, e incluso una que otra voz familiar para la solar, resonaban a través de la madera y la roca, como si el sonido se fusionara con ellos para darles movimiento y vida misma. Al parecer, un piso debajo de ella, se extendía la taberna de la posada y allí la gente discutía, otros reían, pero la mayoría simplemente vociferaba a gritos aquello que quería decir pero que por el ruido de los demás, era imposible percibir, así que el secreto estaba en emitir el mensaje con mayor potencia, siendo todo junto un gran coro de caos, eructos, ebrios y gritos. Quizás fuera por eso que se apodara el “Asno Ventoso”, pensó la de cabellos ondulados mientras se daba un baño en una tina apenas para un niño de su nación. Aun así, estaba decidida a bañarse pues el hecho de tener que parlamentar con los enanos, no quería decir que debiera oler como uno, se repetía mientras de malabares lograba, con un pequeño cuenco de agua, lavar su cabello en aquel espacio reducido…

Al final logró su cometido, y luego de casi 20 días de no baño, Ithilwen se sintió renacer como el fénix de sus cenizas.

En primer lugar se hizo a su collar, aquel que tanto apreciaba por haber sido de su madre; vistió sus ropajes: pantalones de lino color café pero rellenos de algo que parecía animal –nunca preguntó cuál, pues de inmediato rezó por el alma de aquella criatura-, camisa de seda verdosa sobre dos o tres prendas más ocultas tras el tono esmeralda, ya que el frío de aquellos parajes ameritaba el peso de tantas capas,  y encima de ello, su armadura de cuero; al cinto envainó a Glïndölïn, la espada de su padre, y al lado izquierdo la daga de plata. Las botas que, junto a las ropas invernales, compraran a la llegada en Zheroker se encontraban embarradas por las largas caminatas de los días anteriores. Con cierto gesto de asco las calzó y luego, cruzó sobre sí el bolso en el que portaba sus pertenencias, dejando hacia atrás el agujero donde en su momento iría su báculo. Una mirada furtiva le sirvió para comprobar que éste seguía donde lo había posado, sobre la cama, reluciendo la piedra azulada que lo coronaba.

De improviso dos golpes la sacaron de sus pensamientos. Una anciana, de ojos penetrantes y rostro tozudo, asomó por el umbral, portando una bandeja que dejó en una mesa cercana a la solar. Ésta desvió la mirada a la calle que daba a su pequeño ventanal, una noche sin estrellas le dio la bienvenida en medio del barullo de los enanos, y luego volvió el rostro hacía la inesperada visita, pidiendo explicaciones.

-Os he traído la cena, tal cual pagaran vuestros acompañantes, elfa- espetó la tosca sirvienta, chasqueando la lengua al final de las palabras.

Aún con los cabellos húmedos cubriéndole el rostro, Ithilwen se acercó a la posadera y con una sonrisa, tomó la cuchara y dio el primero de los sorbos a la sopa que ante ella se presentaba. ¡Tenía carne! ¡Por supuesto que debía tenerlo!, razonó la imperecedera mientras hacía esfuerzos por no ofender a su interlocutora y oraba por el alma de la desdichada criatura que estaba degustando.

-Agradezco vuestra cocina y la atención hacia los míos- observó la sacerdotisa mientras llevaba una segunda cucharada de aquel bebedizo: -Os ha quedado de maravilla… ¿cómo os llamáis?

-Hobb- aclaró la enana, abriendo sus ojos como platos, contrariada.

-Bien, Hobb- repitió Ithilwen, pensativa. Se llevó ambas manos a su larga cabellera y en menos de lo que la enana imaginara, sus dedos le dieron forma a una larga trenza que luego recogiera en un moño perfecto. -… curioso nombre para una dama…- aclaró la solar y sin más se puso en pie frente a la hospedera: -He notado que hay bastante movimiento en este lugar, Hobb, y no quiero importunaros con preguntas, pues sé que de seguro os espera bastante trabajo en el piso de abajo. Aun así, os estaré agradecida si me ayudáis con salir de este lugar sin que mi compañía lo note. Claro, siempre es opción lanzarme de tumbos tras el ventanal- agregó con cierto grado de ironía, mirando divertida a la tosca enana, quien con curiosidad y al mismo tiempo desconfianza la atendía: -pero ambas sabemos que mis años no dan para eso, y más aún cuando tengo en mi haber con qué pagaros por este tipo de favores…

Extendió su mano hacia la fornida posadera y en ella un par de rubíes asomaron, junto con algunas monedas de oro, propias del estado de los elfos. Quizás aquel dinero no tuviera valor comercial por aquellas zonas de Dualin o sus alrededores, más el oro en cualquiera de sus expresiones era bienvenido en las manos de cualquiera.

Los ojos diminutos de Hobb brillaron con avaricia, y aunque quiso regatear con la solar, la precaución fue más poderosa: detrás de ese rostro meditativo pero afable se escondía una criatura, que como pocas había llegado a aquellos riscos. Además, por las instrucciones de los elfos, había inferido que se trataba de alguien importante, quizás su líder. No quería problemas con esa raza soberbia de orejas puntiagudas y miradas altaneras. ¡Ya suficientes problemas tenía con lidiar ebrios y locos por igual! Quizás la riña por una mejor tajada le saliera cara, pensó la robusta enana. Finalmente, aceptó la proposición de la elfa y con una mano la instó a que la siguiera.

Ithilwen tomó su báculo y lo dispuso a la espalda, se envolvió con prisa el chal alrededor del cuello y la larga capa de piel que habían obtenido en la Ciudad Cementerio, ambas de colores oscuros. Al bolso introdujo un poco de pan que venía con el potaje, y el libro arcano. Elevó con sus dedos parte del chal para cubrir lo boca y parte de sus mejillas, así como acomodó la capota incluida en la capa.

--//--

Si vagó por las calles de aquel lugar, siguiendo con atención los rostros toscos, barbudos, extraños, algunos curiosos y otros huraños de los habitantes, no fue por mucho tiempo, pues en breve divisó una gran casa custodiada por varios guardias de esplendidas armaduras y armas feroces. Sin saber muy bien por qué, la curiosidad la guiaba hacia aquel epicentro de poder. La imperecedera era consciente que, mientras no revelara su rostro, su identidad estaba a salvo. La piel nacarada de luz tenue como el sol y las orejas terminadas en punta traicionaba a los de su raza; por ello había aprendido tiempo atrás a simular el caminar tan primitivo de los humanos, algo parecido a los orangutanes. Un punto más que agradecería a Necross cuando la vida les reuniera en una nueva contienda.

Pero ése no era el día para aparentar ser lo que no era. Aquellas gentes poco notaron la intrusión de la solar y si repararon en ella apenas unas palabras con ellos sirvieron para hacerla entender que la tomaban por “cazadora invitada”. Ágil como una sombra y cuidadosa en los detalles, ni el ruido seguía los pasos de su andar vivo. Poca atención prestó al lugar en el que trasgredía los límites de lo permitido, pues fue otra sombra la que motivaba sus pasos. Alta, erguida con la soberbia propia de los suyos, aquella figura se dirigía a algún lugar bien ataviada y con pasos firmes, como lo hicieran aquellos que esgrimen el poder bajo su mandato. La de cabellos azabaches lo reconoció muy bien, pues conocía aquel mundo como las líneas de su propia mano. Se adelantó tanto como pudo y sacándose la capucha y el chal, le saludó con la mano al pecho y un leve movimiento, tal cual fuera la usanza de los hijos de la llanura dorada.

Un anciano se reveló ante ella, un patriarca como pocos quedara en el mundo conocido. La miró con ojos celestes enigmáticos y cierto tono paternal que la elfa, en su propio ensimismamiento, encontró cariñoso. La sorpresa era grande pues otro solar se encontraba en las tierras de los Kazukan, más las razones de esa inesperada presencia la llenaba de preguntas que de ninguna manera formuló. Contrario a ello se presentó apenas con su nombre, sin revelar la casa de sus ancestros y menos los títulos que los altos elfos reconocen a los suyos.

-Mëin Nämë ïst Lënxër, Yöungë Mädchën (mi nombre es Lenxer, joven doncella)- acotó él con voz lenta y profunda, en perfecto acento. Y sin más, aquella conversación se desarrolló en la lengua del hogar lejano: -y somos afortunados de estar en una tierra donde los Kazukan nos aceptan sin reparos. 

-Seáis entonces bendecido, Lenxer, hijo de la luz, y es por los Kazukan que yo me encuentro en estas tierras frías lejos del calor de los míos. Busco el favor de los reinos de las montañas... Su apoyo y amistad en momentos de cambio, pues el mundo poco a poco despierta de su letargo y la oscuridad no ha de enfrentarse sola en las vísperas del amanecer de nuevos tiempos. Intento llegar a los mismos reyes, mi noble solar, y sólo veo una manera de hacerlo: ganar su favor. Algunos creyeron que esto era locura, y otros que era un despropósito, más os veo acá, viviendo entre sus gentes y siento que el destino me ha guiado sobre vuestros pasos. ¿Creéis posible que en esta tierra le otorguen una oportunidad a los solares de mostrar su valía, su afinidad y su destreza?

-Los karzunires... son un grupo muy cerrado, dama mía- respondió el anciano: - La sola palabra del thane no sería suficiente para que os podáis ver con ellos, pero sería un comienzo. Puede que el favor de éste, unida a la simpatía de algún jefe de clan amigo...- su rostro se irguió con severidad y la sonrisa palideció tras la seriedad de su porte longevo.

Ithilwen Erulaëriel calló brevemente, pensativa en las palabras que aquel elfo había compartido, y luego de un rato de reflexión instó de nuevo sin dilaciones con la misma severidad que su interlocutor: -Necesito llegar al reino Bund´Felak, al mismo corazón de las montañas si me es preciso para lograr una vez más la alianza con los enanos... No hay dilaciones en ello, pero no veo la manera de lograrlo en tan poco tiempo…- agregó en tono lastimero aunque no exento de viveza: -…la guerra pisa ya nuestros territorios y la sombra se proyecta sobre mi amada Erínimar.

-Habría una forma, mucho más rápida, sin duda, aunque no exenta de riesgo- socavó el anciano: - ¿Habéis oído sobre el mal que asola estas tierras? La región donde nos encontramos, a la que he llamado hogar desde hace más de doscientos años, se encuentra sitiada por toda clase de criaturas surgidas del mismísimo Foso. Mi thane ha convocado una gran cacería, en un desesperado intento por acabar con esta situación, pero mucho me temo que solo han acudido a la llamada un grupo de… -el rostro irónico del solar simuló una mueca, dejando en el aire lo que aquello podía significar y prosiguió: - Años atrás, joven dama, en una situación como ésta, yo mismo les habría guiado en la lucha contra lo desconocido, pero ahora ya no me es posible, pues mi ser será convocado pronto a reunirse con mis ancestros al lado de Erü.

No pudo evitar, al oír aquellas palabras, que su esperanza se esfumaba. Tal vez Lüdriellh tenía razón y aquella travesía resultaría un esfuerzo árido en resultados, pero entonces la luz inundó los ojos de Lexner y el presagio resonó en la solar como la esperanza que nunca ha de ser apagada:

-No os quepa duda, Ithilwen, que los reyes de la roca tienen un ojo puesto en Darry’Gor, y, si vos consiguieseis devolver la calma a esta tierra, estarían dispuestos a escucharos.

Afuera, tras las paredes del lugar, las palabras profundas y llenas de orgullo de algún miembro de la guardia resurgían entre los ventanales, llamando a los cazadores para reunirse con su líder, pero Ithilwen, de la casa de los Erü, entendió que su tiempo allí había prescrito. Con una sonrisa se despidió del anciano, agradeció su sabiduría, subió el chal y acomodó la capucha, se arropó bien entre su capa, y acto seguido tomó el camino que la conduciría fuera del habitáculo, rumbo a la posada de Hobb.

Mientras avanzaba entre frías callejuelas, no podía dejar de repasar la información que el solar había compartido. Su encuentro no fue fortuito. La mera presencia del anciano era sin duda una señal de los cielos, que aunque oscuros y nublosos, no dejaban de brillar con su luz sobre la senda correcta. Sin embargo, conocía el corazón orgulloso y receloso de Lüdriëlh y aquella cacería jamás sería consentida por ninguno de los guardianes. Para ellos los enanos y su destino corrían independiente al de los longevos; pero bien sabía la de cabellos azabaches que ambos destinos, así como el de toda criatura viviente de este mundo, están atados al cambio de la marea planeada por los dioses.  
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Ithilwen Erulaëriel

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