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Cacería de la Vieja Escuela

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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Sejen el Jue Mar 05, 2015 1:00 am

-Ven. Quiero que conozcas a alguien.- Y antes de que me diera cuenta, la muchacha me había tomado por el brazo, tirando de mi para que la siguiese. -Espera. ¡Adila!- Exclamé aunque eso no la detuvo ni mucho menos, ella no paraba de decir cosas como, ‘’les vas a encantar’’ o ‘’ya verás cuando te conozcan’’, yo la seguía a trompicones, era muy incomodo para alguien de mi altura seguir a esta chica, quien se movía como si nada se le interpusiera en el camino, arrastrándome como si fuera una especie de mascota o algo. -¡Para!- Y entonces me frené en seco soltándome de ella, no me era agradable estar siendo arrastrado de aquí para allá por sus caprichos. -¿A qué tanta prisa? Es decir. ¿Esa persona no se va a ir no?- Pregunte cruzándome de brazos, con un semblante serio que poco parecía importar a Adila quien sonrió. -Bueno, quizás tengas razón, perdona, a veces soy un poco impaciente.- Dijo llevándose la mano tras la cabeza, mientras suspiraba algo aliviado de verla un poco mas calmada. -Bien, ahora vamos a ver a esa persona que quieres presentarme.- Le dije con una voz calmada y con ambos brazos cruzados, mi semblante era serio, pero como habia podido averiguar, no importaba el semblante delante de Adila, ella simplemente actuaba por impulso, o por curiosidad.

Durante el camino pude fijarme, en que había muchos cazadores, varias personas ataviadas con capas, arcos y flechas, algo no parecía estar bien por estos lugares, eso o aquí se celebra una especie de festival de caza, en cualquiera de los casos, Hanwi me dijo que este era el lugar donde debería estar para poder continuar el viaje que me propuse hace años. ¿Pero de que se trataba? Tarde o temprano lo descubriría, de momento supongo que lo mejor era hacerme pasar por un cazador sin más, aunque no sea partidario de engañar a nadie y en cierto modo, no engaño a nadie, pues existe en mi una faceta, un siniestro amor por la caza que experimente en mi aldea. -Mantente alerta Sejen.- Hanwi me saco de mi concentración, como siempre aparece cuando le viene en gana, pero tenía razón, no todos son buenas personas y en un lugar como este podría haberse colado alguien o algo, si el lobo espectral me había encomendado venir aquí tenía un buen motivo, que por supuesto el no me revelaría, como siempre.
Según caminábamos nos internamos en el campamento, este lugar si estaba repleto de cazadores, de los cuales pude distinguir al valiente Utrek entre ellos, aunque no me detuve ni Adila tampoco para ver si nos mencionaba si quiera.

Me detuve un instante al ver un grupo… peculiar, pues entre ellos habían dos enanos. Adila se acerco sin vacilar, sin que a mí me diese tiempo alguno de decir que esperara. Esto era suspirar tras suspirar con esta mujer.
¡Adila! Le escuche decir al enano con entusiasmo, lo que significaba que ya la conocía de antes, era un alivio realmente, esta chica es bastante molesta y si ya me importuna a mí, no quiero ni pensar lo que importuna a los que ya conoce. No me había dado tiempo ni a moverme, que ella ya estaba hablando otra vez, me estaba presentando, pero no se detuvo ahí, comento el encuentro con el cazador y de cómo este se había asustado, pero de pronto y sopetón cambio el tema y se puso a hablar de un gato, el gato de un tal Youdar a quien pude identificar como el otro enano, Kadín y Youdar eran sus nombres. Lo curioso en cuanto a este segundo enano, era que sobre su hombro había un gato, demasiado domesticado pero un gato a fin de cuentas, me llamo sumamente la atención, pues con los pocos enanos que había tratado tenían todos un carácter bastante fuerte, algo fuerte quizás para las mascotas, pero esa es solo una opinión personal.
Adila seguía hablando y hablando, de cosas que yo no entendía y ni siquiera le preste la atención mientras ella cavilaba, solo sé que los demás la miraban con la misma expresión que yo, que terminase pronto con su monologo para permitirles hablar. -¡Adila, calla ya hija! Deja que el muchacho se presente.- Comento el enano, este aun después de aquel grito tenía una sonrisa, parecía muy risueño la verdad, pero el interrumpió a la cazadora, quien lejos de tomárselo mal, pidió disculpas también con una sonrisa. El suspiro fue unánime desde luego, todos agradecíamos que callara, ni que fuera por un momento, el silencio era muy agradable después de escuchar un discurso de Adila. -Como ya ha dicho Adila. Mi nombre es Sejen, un placer.- No me quedaba más remedio que presentarme, aunque la cazadora ya lo había hecho por mí. El resto se presentaron todos en consecuencia, el primero fue Kadín, el enano risueño que había interrumpido a la muchacha., el siguiente fue Ravin, seguido de Shan, realmente esto me incomodaba, no soy dado a recordar a las personas puesto, que suelo ir mas a mi aire, haciéndolo todo a mi manera. Adila se volvió a presentar. -A ti ya te conocemos…- Dijo Hanwi, que aunque no la había soportado tanto como yo, no es que le tuviera especial afecto que digamos y para concluir las presentaciones, estaba Youdar el enano que llevaba al gato de nombre Pelos, no repare demasiado en sus aspectos, si tuviera que elegir a cual conocer, seguramente sería el gato, quien se había percatado de la presencia de Hanwi, algo que me hizo esbozar una sonrisa. Los animales en verdad son fascinantes. Incluso los domésticos.

Este pintoresco grupo seguía charlando de sus cosas, ahora con Adila entre ellos también. -¿Por qué a mí?- Me preguntaba, de hecho no había hecho nada para acabar en esta situación, pero esa cazadora impertinente me había arrastrado hasta esto. Me lleve la mano a la cara, para acariciarme la frente, todo esto y en especial la muchacha me estaba produciendo dolor de cabeza. Pero podía usar este tiempo para observar el lugar, trataba de ver si algo estaba fuera de su sitio, alguna anomalía quizás, pero la voz de Adila…
-Pasos…- Me dije para mis adentros, no eran pasos de una sola persona y esperaba que no fueran otra vez Utrek y su séquito, pero para mi sorpresa no fueron ellos. A primera vista los hubiera identificado como guardias, desde luego no lucían con el típico atuendo de cazador, no llevaban ropas ligeras, o no lo parecían desde luego. -¿Qué habrá ocurrido? No es normal que tantos guardias vengan, a menos que sea un asunto importante. Sejen, procura averiguar de qué se trata.- Advirtió el lobo espectral, a quien asentí tras su comentario.

El guardia dio órdenes a los cazadores, intuí que eso me incluía a mí también, aunque yo no había firmado contrato alguno para nada, pero si Hanwi lo decía, era por una razón. Es más, aquellos guardias parecían muy interesados en acompañar a los cazadores. -Ahí vamos.- Pensé.
Nuestro grupo estaba compuesto por, Adila, quien no calló en todo el camino. Kadín quien parecía no poder dejar de sonreír. Shan, un hombre serio y callado. Youdar, el enano con gato demasiado domesticado, y esto lo afirmo por el estado físico del animal. Esos eran los nombres de quienes me acordaba.
Ahora todos estábamos reunidos, junto al resto de cazadores por orden del líder de la guardia, quienes nos llevaron a una casa bastante grande, como si fuera la casa del líder o señor de este lugar. Hicieron que nos detuviéramos en una gran sala, mientras un anciano iniciaba una presentación para posteriormente comenzar su discurso, hablo sobre un tal Ingrod, el thane de este lugar que interpreto será su líder o similar. Yo me mantuve callado tratando de escuchar atentamente lo que nos quería decir, en cambio Adila parecía más interesada en molestarme a mi, susurrándome al oído. -Oye Sejen ¿no te parece raro todo esto? No sé, digo yo que si el thane nos llama, es por un buen motivo, pero no entiendo el porqué los guardias, esto huele a gato encerrado. Y dime ¿Qué planes tienes para la cacería? Sabes, yo quiero pedir una mascota, o algo parecido. Siempre he querido tener un gato, mira, como Pelos porque no ¿tú no querrías algo? No sé, ¿quizás un arco nuevo? El tuyo parece algo desgastado, además también podrías pedir algo de ropa, no te vendría mal, también…- Y siguió y siguió hablando, aunque por suerte para mi pude entender lo que decía el anciano, Garry’dor había sido invadido por criaturas, o algo parecido, la verdad es que es una suerte que me enterase de tanto con Adila molestándome. Nada parecía detener su nuevo monólogo, hasta que el valiente Utrek hizo acto de presencia, con su ya conocido carácter.
Nuevamente el anciano habló. -Seis meses…- Reflexione meditando con la mano bajo el mentón. De momento esto sería suficiente información, era obvio que a diferencia de Utrek por ejemplo, yo no vine aquí en busca de una gran recompensa. Ahora que ya sabía más o menos el porqué de esta reunión, no tenia porque quedarme, además no tenía ganas de cenar con esta gente, si bien seguro habían preparado manjares deliciosos, se puede decir que no es mi estilo estar rodeado de gente. -Vamos Hanwi, busquemos un buen lugar para dormir.- Obviamente estaba ignorando nuevamente a la cazadora, Hanwi simplemente asintió y ambos nos marchamos de aquella sala común, pero no solos para nuestra desgracia. Adila parecía una especie de resina, no se despegaba de nosotros, pues nos siguió.

-Eres muy misterioso ¿sabías?  Además ¿Por qué hablas solo? ¿acaso eres una especie de tarado o algo así? No me mal interpretes, a mi me da igual, pero quizás alguien se podría sentir incomodo si te ve hablando solo, porque claro no es algo que haga la gente normal sabes, bueno. Como te decía antes, algún día tendré una mascota, será un gato adorable, lo llamare bigotitos ¿te gusta el nombre? A mí me gusta, porque los gatos son adorables y tienen unos bigotes muy monos…- Y ella seguía, pero bueno. La ignorancia es júbilo, literalmente al menos en esta situación. Lo primero: Comida. -Adila.- En cuanto la nombre ella se cayó de golpe. -¿Si, qué ocurre?- entonces me volví hacia ella. -¿Qué puedo comprar por esto?- Nuevamente mi escaso conocimiento social, sabía que podía comprar algo, pero no sabía si era mucho o poco, pero para algo me serviría. -Con una moneda, puedes comprar algo para comer esta noche.- Respondió y yo le agradecí, mientras volvía a encaminarme en la búsqueda de algún local donde vendieran algo para comer. No me llevó mucho, lo bueno de Adila es que sabía perfectamente donde estaba cada cosa de este campamento, así que me llevo a comprar algo de comer. -¿Qué se te ofrece, forastero?- Pregunto con entusiasmo el vendedor al que me habían llevado. -Vera, quiero comprar comida para esta noche ¿platos no sirven no?- Era una pregunta estúpida probablemente, pero el desconocimiento social es lo que tiene. -No hijo no, aquí vendemos comida, pero no la servimos.- Vamos, que me tocaba cocinarla. No importa, es lo que suelo hacer. -Bueno, gracias de todos modos. Deme algo de carne de ciervo y si alcanza, ponga también algo de verdura por favor.- Mi petición fue amable y no se me hizo esperar. Guarde la comida y ahora tocaba recaudar algo de información. Estaba seguro de que los lugareños tendrían más información, de la que hubiera podido escuchar en aquella cena. -¿Sabes que…?- Bajé la cabeza desilusionado. -Ahí vamos otra vez.- Ella empezó a hablar de nuevo. -Una vez estaba en un paso de montaña, de pronto nos rodearon unos horribles Troggs, eran muchos y mi partida y yo estábamos desamparados, fue entonces que dije ‘’¡A las armas!’’ ellos inmediatamente obedecieron, porque claro, su vida estaba en juego, no es que yo sea una gran líder y eso, pero me desenvuelvo bien en algunas situaciones, pero aquella fue genial, porque yo estaba…- Y ella seguía y seguía hablando. -Por favor, mátame, o cállate, una de las dos.- Pero ella me ignoro. -No soy un espíritu violento, pero ella va a conseguir que sienta verdadero desprecio por tu especie Sejen.- El lobo espectral estaba más que harto de ella, y no le culpo desde luego, así que hizo lo más inteligente que podía hacer, desaparecer de nuevo, esfumándose, dejándome solo ante tal tortura.

Paré a mi primer testigo. -Disculpa.- No soy dado a hablar, no demasiado, pero necesito información. -Se que pueda no ser agradable esta pregunta, pero ¿sabe usted algo, acerca de los sucesos de los últimos seis meses?- Cierto es que no era una pregunta agradable, pero necesitaba algo por dónde empezar. -Verás muchacho, hace seis meses esto era tranquilo y apacible, pero de pronto las bestias parecieron enloquecer y nos atacaron, por eso pedimos ayuda al gremio y a los cazadores, para librarnos de ellos. Entre tú y yo.- Me dijo llamando mi atención, para que yo acercase la oreja. -Yo creo que es todo un complot, de alguna bruja o algo así, dicen que incluso han visto un espíritu vagando por los alrededores, así que no me sorprendería que hubiera por ahí alguien practicando magia negra o algo, seguro que es algún elfo rencoroso de los enanos, o algo parecido.- Hasta este momento, sus argumentos me eran útiles. Sé que los enanos y los elfos, no en todas partes al menos, tienen una buena relación, pero como sucedió antes con los enanos, los pocos elfos que he tenido el gusto de conocer, no eran malvados precisamente. -Muchas gracias.- Le dije agradecido, dando por terminada esta conversación. Pregunte a un par mas de enanos que tuve la suerte, de hacer para, ambos me dijeron cosas similares al primero con lo que debería conformarme con esto de momento.
De cualquier forma, se hacía tarde y tenía que pasar la noche. El inconveniente de hacer las cosas a tu manera, es que normalmente uno está solo, con lo que yo no tenía tienda o lugar donde hospedarme, con lo que esta noche la pasaría a la intemperie. Adila lejos de amedrentarse por ello, se ofreció a quedarse conmigo. -Pero… ¿Tú tienes una tienda, o lugar donde hospedarte verdad? Por favor, dime si.- Ella se quedó callada y yo, estaba seguro de que tenía lugar donde quedarse que no fuera conmigo. Desesperado. -Puedes quedarte, pero hay una condición, estarás callada. Es más. Toma.- Y le di las dos monedas que aun me quedaban, cualquier cosa para que estuviera callada. -Es un pago, pero, me has de prometer que aunque hables, trataras de estar al menos un rato en silencio durante una conversación. ¿Entendido?- Ella asintió y esta vez sí que tomo las monedas. Pero al menos era un alivio.

Había encendido un fuego y Adila, me había prestado utensilios con los que poder cocinar lo que había comprado, al menos cenaría algo decente. -¿Tu no cenas?- Ella que aun no había quitado ojo de la comida, se irguió y orgullosa dijo. -Bueno verás, yo hoy cenare algo que cacé la semana pasada, no es que quiera alardear pero soy buena, si quieres te doy un poco, no soy muy egoísta sabes. De pequeña.- Yo la mire. -Lo estas volviendo a hacer.- Ella se disculpo.

-Esto ya esta.- Dije sirviéndome comida. -¿Quieres?- Su historia de antes no me había importado lo suficiente, no como para que la recordara, con lo que había olvidado si de verdad tenia comida. -Bueno, si no es mucho pedir. Gracias.- Ella tomó el plato y empezó a comer. No era mucho, pero era mejor que nada. Tras la cena Adila se durmió como un tronco, casi nada más dejar el plato, yo por mi parte me quede despierto observando el cielo, fumando de nuevo. -¿En qué piensas, portador?- El lobo espiritual apareció otra vez a mi lado, con su cabeza encima de mi hombro derecho. -Estaba pensando en casa, me pregunto cómo estarán Jakum y los demás.- El lobo observo el cielo. -Ellos siempre te acompañan Sejen. A través de nosotros.- Eran realmente unas agradables palabras de consuelo, en estos momentos agradecía que mi compañero fuera Hanwi.
Poco después de aquella conversación y tras terminar de fumar, me tape con la capa y espere, hasta que el sueño me alcanzase para descansar por hoy.



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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Bediam el Sáb Mar 07, 2015 1:30 am

El ascenso no tardó en convertirse en una tortura. Llevaba todo el día caminando y una pendiente nevada no representaba un agradable final. Sus gastadas botas, acostumbradas a los polvorientos y secos parajes del sur de Thargund, se resentían por el abrazo de la húmeda nieve: el cuero se reblandecía e hinchaba, dejándole los pies empapados y helados. No era la primera vez que veía nieve, pero sí que olía su cortante frío, sentía como robaba su calor, la escuchaba crujir a cada paso y saboreaba la frustración que le provocaba tener que batallar por cada palmo avanzado.

Como guinda del pastel, empezó a soplar un viento helado que levantó una pequeña nube de tierra y hielo, que agitaba los árboles y éstos, molestos, descargaban sobre Bediam la nieve que habían acumulado. Apenas media hora de ascenso fue suficiente para que odiase aquel lugar con intensidad. Lo único que lo consolaba era la certeza de que el camino conducía a una población activa: la nieve era más escasa en el camino y había heridas marrones de tierra en el blanco manto. Por encima de los desnudos árboles creyó ver humo y el solo pensamiento de sus pies calentándose junto a una hoguera (¡tal vez incluso bajo techo!) le dio fuerzas para continuar.

El viento subió un poco más de intensidad y Bediam se maldijo por haber traído un abrigo tan fino. Los mocos que antes asomaban por su nariz se le habían congelado y le mordían la piel con malicia. Una planta se agitaba con violencia a un lado del camino, bailando al son que marcaban los elementos. Sus hojas empezaban a marchitarse debido a las inclemencias que llegaban con el invierno, pero Bediam reconoció sin problemas la tupida cabellera verde del hinojo. En una estación más benigna estaría cubierto de agradables flores amarillas, pero no era tiempo de florecer. Admiró a la planta por su silenciosa tenacidad y, tras dudar un segundo, se paró y se acercó a ella. Olió las suaves ramas del hinojo y, a pesar de lo bloqueada que tenía la nariz, pudo apreciar el suave olor de la planta. Sonrió y sacó su daga del zurrón. Cortó con cuidado unas cuantas de sus ramas más verdes y fue haciendo con ellas un ramillete. El jugo que contenían las ramas más jóvenes aliviaba el cansancio y el dolor que sufrían los ojos después de leer con detenimiento durante largas horas, por lo que era un ingrediente que muchos apreciaban. Entre ellos él, claro.

Pensar en libros le obligó a pensar en su peculiar ejemplar de “Compendio básico de alquimia”, que descansaba en el fondo de su zurrón. No lo había sacado en todo el viaje, porque al libro no le gustaba ser molestado y temía que provocase los recelos de sus acompañantes. Después de pensarlo un instante, hurgó en su bolsa y lo sacó.

-Compi –le reclamó, mientras lo zarandeaba con suavidad.

El interior de la primera “O” de “Compendio” y la única de “básico” se deslizaron hacia arriba, mostrando dos planos ojos blancos, con una mancha negra en cada uno que representaba la pupila. Los inexpresivos ojos del libro exploraron los alrededores con eficiencia. Tras un rápido examen, se clavaron en él. Bediam sonrió y le mostró el hinojo.

-¿Qué opinas? –preguntó el alquimista.

El libro soltó una especie de chasquido y se revolvió.

-Hinojo salvaje –respondió el libro con voz rasposa-. Su infusión se emplea para combatir la flatulencia crónica.

Bediam miró al libro con la sonrisa más amplia que el temporal le permitió, que no fue mucha.

-¿Eso es un chiste? –preguntó el alquimista.

El libro no le respondió: cerró los ojos y dejó de revolverse. Bediam suspiró y volvió a guardarlo en el zurrón, junto con la daga y el ramillete de hinojo. No le estaba resultando nada fácil ganarse el respeto de su libro.

Un fuerte estruendo le sacó de sus pensamientos. Su cuerpo se tensó como el de un conejo al oír partirse una rama. Una piedra cayó rebotando a los pies de Bediam desde un lateral de la ladera. El alquimista recorrió con la vista el camino inverso, deshaciendo el recorrido que había hecho la piedra. Se quedó más helado, si cabe, al ver el alud de nieve abalanzándose sobre él. La nieve descendía, furiosa, aunque aún con lentitud. No se quedó aturdido viendo como la tierra entera se movía para embestirlo: corrió, todo lo rápida y desesperadamente que pudo, hacia una zona superior. Sintió vibrar la tierra a su alrededor, pero dejó atrás el grueso del desprendimiento y agradeció que la nieve le cubriese solo hasta las rodillas.

Desde ese momento, y aún con el corazón bombeando adrenalina sin control, el ascenso le pareció un agradable paseo. Llegó al final del camino con buen humor y saludó efusivamente a un sombrío enano que hacía guardia. Llevaba una pesada armadura y parecía mortalmente aburrido.

-Hola, amigo –le saludó Bediam-. ¿Es este pueblo Darry’Gor?

El enano le echó un rápido vistazo, y antes de que su barba dejase de zarandearse, ya se había hecho una clara imagen mental de él. Relajó su postura, dándole a entender que no representaba una amenaza y le sonrió con desdén.

-Así es –respondió-. Supongo que querrás una comida caliente y una cama mullida. Toda esta nieve y el largo camino te habrán dejado rendido.

Bediam apretó los labios, consciente de que el enano se mofaba de él. Es algo que le solía pasar con los enanos: a diferencia de los humanos, los enanos no consideran la falta de altura como algo negativo o propio de hombres débiles. Sin embargo, valoraban mucho la constitución. Los enanos son moles de músculo, con huesos gruesos y fuertes, cuellos anchos y mandíbulas cuadradas. Bediam, en comparación, era flaco y parecía débil, y eso era precisamente lo que el enano pensaba.

-He hecho un largo viaje –se defendió Bediam-. Y casi me aplasta un alud en el condenado camino. Así que sí, me gustaría comer algo y descansar.

El enano se cruzó de brazos, petulante.

-Pobrecito, estarás helado… ¿Tienes nieve en los calzones? –comentó con sarcasmo.

Bediam bufó y rebuscó en su zurrón, hasta dar con la misteriosa carta que olía a aventuras. Se la mostró al enano con sequedad, pero no le dejó leerla.

-Vengo a la cacería –explicó Bediam, cortante-.  Así que si me dices dónde puedo encontrar al grupo de cazadores yo…

El enano frunció el ceño y trató de arrebatarle la carta a Bediam, pero éste fue más rápido y movió el brazo con agilidad, apartándolo ligeramente. El enano volvió a intentarlo y esta vez el alquimista elevó el brazo, dejando el papel fuera del alcance del bajo enano. El guardia le miró con furia: si hay algo que un enano no soporta es que se burlen de su estatura. Bediam le sonrió con suficiencia, tratando de ser todo lo insoportable que su mal humor le permitió, que era mucho.

-Dame ese papel –ordenó el enano.

Bediam lo meneó en las alturas, disfrutando de su venganza.

-No has dicho “por favor” –tarareó.

El enano hizo un rápido movimiento y le lanzó un puñetazo. Bediam soltó un grito ahogado, trastabilló y cayó de culo sobre la fría nieve. El enano sonrió: no le había llegado a golpear, solo había sido una finta.

-Menudo cazador tenemos aquí –se burló el enano-. ¿Quieres que llame a tu mamá para que te prepare una sopita caliente?

Bediam apretó los dientes, rojo de rabia, y se levantó.

-Dime tu nombre –inquirió Bediam.

El enano dejó de sonreír al segundo y le miró con cautela. Los nombres tienen cierto poder, cierta influencia sobre la persona. No conviene darlos a la ligera, y menos a quien se acaba de desairar. Ante la vacilación del otro, Bediam soltó una carcajada irrespetuosa, cargada de rabia.

-Menudo guardia tenemos aquí –se mofó Bediam, imitando el tono que había empleado el enano-. ¿Quieres que le pregunte a tu mamá cómo te llamas?

El enano se puso también rojo y dio un paso hacia el alquimista. Se quedó tan cerca de él que apenas podían mirarse a los ojos sin forzar el cuello.

-Me llamo Ranir –declaró-. Y este pueblo no necesita más cazadores que no saben ni mear sin mancharse las botas. Así que vuelve al sucio agujero del que has salido.

Bediam no se amedrentó y permaneció firme en su posición. Estaba tenso, pero no dejó que se le notara (o por lo menos lo intentó). Habiéndose criado en el sur de Ujesh-Varsha, y por más que se ofendiese y quisiese negarlo, la intolerancia del lugar había empapado en él. Sus últimos años de trotamundos le habían ayudado a abrir un poco los ojos, derribando gran parte de los prejuicios que había sentido hacia las otras razas, pero aún se sentía incómodo cerca de enanos, elfos y demás.

-Supongo que aquí es más fácil no mancharse al mear, basta con que hielo amarillo que te sale de la polla no se te derrita encima –siseó-.  Y no salgo de ningún sucio agujero porque no soy un enano. Salgo de una casa limpia y civilizada porque soy humano.

Ranir pasó del rojo al blanco. Con un movimiento brusco y preciso le asestó un codazo en una pierna. Bediam gimió mientras su pierna retrocedía instintivamente. Endureció el cuerpo esperando un nuevo golpe, pero no llegó. El enano le miraba con seriedad.

-Tu nombre –le pidió.

Bediam se frotó el muslo, dolorido. Sintió el impulso de sacar alguna de sus pociones y arrojársela a aquel ser a la cara, pero se contuvo. Seguramente él se estaba conteniendo del mismo modo: lo más probable es que tuviese órdenes específicas sobre los cazadores. Tal vez ese golpe le metería en un lío.

-Bediam –respondió el alquimista.

El enano asintió y se hizo a un lado. Señaló un grupo de hogueras en las que podía apreciar siluetas entre la nieve.

-Espero que te destripen en la cacería –dijo Ranir a modo de despedida.

Bediam pasó cojeando a su lado, tratando de mostrarse orgulloso.

-Espero que vivas largos años –masculló el alquimista con una mueca tensa.

El enano entrecerró los ojos, consciente de la afrenta con la que el hombre había abofeteado su honor. Se cuadró y le dio la espalda a Bediam.

Un bueno comienzo, sin duda.

Bediam caminó todo lo rápido que pudo hacia el círculo de hogueras. Las figuras empezaron a moverse todas en la misma dirección, alejándose de los fuegos, acudiendo a un gran edificio. El alquimista no dudó y fue tras ellos.

Llegó exhausto y helado a la casa comunal. Allí estaban congregados todos los cazadores que habían acudido a la misteriosa llamada de Darry’Gor. Un guardia enano le miró con dureza al ver que llegaba tarde y a Bediam se le encogió el estómago. Cojeó hacia el grueso de los cazadores, mezclándose con ellos, avanzando hacia un viejo elfo que presidía el lugar (al que por los cuchicheos identificó como el hechicero del thane), esperando con mirada absorta que los forasteros se organizaran. Conforme pasaba entre aquellas gentes, comprobó que la mayoría de los presentes eran enanos. Tragó saliva, angustiado. Si Ranir decidía perjudicarle, no tenía más que contar lo que había pasado y la gente de aquel pueblo le apoyaría. En su ciudad lo había visto alguna que otra vez: un ser de otra raza enfrentado a un humano, por el motivo que fuese, siempre tenía las de perder, pues los que pasaban por allí siempre apoyaban a su igual. No convenía enemistarse con la raza mayoritaria de aquel lugar, por mucho desagrado que le causaran.

Bediam se detuvo en primera fila y trató de aparentar indiferencia, aunque la pierna le latía por la hinchazón. Apenas se había acomodado cuando oyó que alguien refunfuñaba a su espalda.

-¿No tienes ojos, chico? –gruñó alguien-. No me dejas ver.

Bediam se giró y vio a un enano viejo y robusto que le miraba con dureza.

-Lo siento –murmuró el alquimista, mientras se apartaba. Se quedó ceñudo y callado a un lado del enano, que también le ignoró. El viejo parecía pertenecer a un variopinto grupo: habían un par de enanos más jóvenes (uno con un gato en el hombro), una mujer y un puñado de hombres. La mujer no paraba de hablar, emocionada, hasta que el enano viejo la mandó callar. Bediam sonrió con disimulo al ver la cara de alivio de todos cuando la mujer dejó de hablar. El enano viejo se percató de su mueca y relajó su expresión.

El elfo habló entonces y, con voz calmada y clara, les explicó que la región se había visto invadida recientemente por extraños monstruos, que ponían en peligro a las sencillas gentes de los alrededores. A una señal suya, los guardias enanos empezaron a repartir unos pergaminos con eficiencia militar. Bediam cogió los papeles y los ojeó: eran los monstruos que habían sido detectados por los alrededores, como el elfo confirmó. Anunció entonces la cacería y prometió recompensas en nombre del thane, el caudillo del lugar. Bediam tragó saliva, súbitamente consciente de que era su oportunidad de ganar unos cuantos kulls, con lo que podría por fin pagar a Ander Lanning y saldar así la deuda que tenía firmemente hundida en su carne desde hacía ya demasiados años.

El elfo acabó de hablar y, sin dar apenas tiempo, un cazador soltó un par de fanfarronadas con las que evidentemente no esperaba ganar demasiadas simpatías. Vio que el enano viejo fruncía el ceño con desagrado. Bediam llamó su atención y el enano le miró con unos ojos que denotaban experiencia. El alquimista empezó a imitar silenciosamente a un mono enfurecido, que se golpeaba el pecho tratando de mostrarse amenazador, para después llevarse un dedo al culo y olerlo. El enano ahogó una carcajada y le sonrió con medida. Bediam apreció el gesto y se sintió reconciliado con toda su raza. El cazador arrogante acabó de hablar y recibió una vaga respuesta del elfo, que pasó con desenvoltura a anunciar una cena con el thane, a las que un selecto grupo estaba invitado, entre los que no estaba el alquimista. El enano viejo, que al parecer sí había sido invitado a la cena, vio en los ojos de Bediam el aguijonazo de desilusión al saberse rechazado y carraspeó.

-Chico, no sabes la suerte que tienes –gruñó-. Si Ingrod cuenta solo media docena de veces la historia de cómo venció él solo a un gigantesco troll daré las gracias a Karzun.

Bediam sonrió con educación, pero fue una sonrisa triste. Había sido una jornada dura y la recompensa estaba resultando muy ingrata. El enano se mesó la barba, contrariado.

-Si eres lo bastante idiota como para querer venir, mereces morirte de aburrimiento –rezongó.

El alquimista abrió los ojos, sorprendido. El viejo enano le sonrió con comprensión paternal y le tendió su gruesa mano.

-Mi nombre es Perik –se presentó- y ya era cazador cuando tú aún te cagabas encima.

Bediam le estrechó la mano con gratitud.

-Yo me llamo Bediam –respondió con humildad-. Encantado.

El enano le palmeó la espalda con buen humor.

-¡Vamos chico, no seas blando! –exclamó con una amplia sonrisa- ¡Espero que caces mejor de lo que saludas!

Bediam encajó las fuertes palmadas lo mejor que pudo pero su pierna se resintió. Al ver la cara de dolor del joven, Perik se detuvo, sorprendido.

-Vaya, lo siento –comentó, seco-. No pensaba que te pudiese hacer daño con estos viejos brazos.

Bediam negó con la cabeza y se masajeó la pierna.

-Tengo la pierna un poco tocada –confesó-. Ha sido un día duro.

Perik se relajó y le observó atentamente, captando cada detalle digno de ser captado. Bediam casi sintió que el enano podía ver su aleb. Tras un breve análisis, le miró con seriedad.

-No puedo acostumbrarme a la delgadez de algunos humanos –admitió-. Da la impresión que tus huesos son tan finos que se partirían con la misma facilidad que una ramita seca.

Entonces meneó la cabeza.

-Pero tengo muchos años y si algo he aprendido es que aparentar fuerza no es lo mismo que ser fuerte –continuó-. He visto a cazadores por los que no habría apostado ni una abollada moneda de cobre triunfar donde otros en apariencia más capaces no pudieron. Así que decidiré si eres otro de esos bocazas fanfarrones que infestan ahora la Buena Leña tras verte en acción y no antes.

Perik le miró con solemnidad y Bediam no pudo más que sentir un intenso afecto por aquel viejo enano.

-Gracias –le dijo de todo corazón.

El enano sonrió y estuvo a punto de volver a palmearle la espalda, hasta que recordó su herida y refunfuñó entre dientes que ya no tenía edad para andarse con tonterías.

La cena fue, tal como le había advertido Perik, anodina, aunque la sobrellevaron con entereza. El thane les dio las gracias por acudir y, tras un breve discurso y un brindis, se pusieron a cenar. El thane comía y bebía por cuatro y no tardó en achisparse, aunque no perdió del todo la compostura. Efectivamente contó la historia del troll, y no pocas veces. Perik le daba un codazo cómplice cada vez que volvía a contarla y Bediam se reía sin tapujos cuando el anciano enano ponía los ojos en blanco y se quejaba de que estaba rodeado de incompetentes y de criajos. El hechicero elfo, por el contrario, bebía a cortos sorbitos y comía con frugalidad. En el transcurso de la noche Perik le explicó con orgullo que los dos enanos que iban con él eran los hermanos Youdar (con Pelos, su gato) y Kadín, a los que conocía desde hacía mucho y a los que quería como si fuesen de su sangre. Se hicieron las presentaciones oportunas e intercambiaron algunas palabras amables.

La cena acabó cuando el thane, algo más sobrio, decidió que ya era suficientemente tarde. Pidió a una joven enana que les condujera hasta la salida y todos se vieron expulsados, amodorrados y borrachos, al inhóspito exterior. Hacía mucho que el Sol se había ocultado y la temperatura había bajado más, si cabe. Bediam tembló de forma incontrolable y dejó vagar la vista, buscando un lugar donde dormir.

-Perik, ¿hay alguna posada por aquí? –preguntó al enano, que no dejaba de mascullar entre dientes que la Buena Leña estaba llena de idiotas, aunque el motivo del comentario se le escapaba al alquimista.

-Está el Asno Ventoso –comentó Perik-. Aunque supongo que todo el mundo querrá ir allí.

Bediam se encogió de hombros, resignado.

-El suelo me vale –respondió-. Cualquier cosa es mejor que estar a la intemperie.

Perik se mesó la barba, pensativo.

-Me has caído simpático, chico –murmuró-. Puedo ofrecerte alojamiento en mi propio campamento, si no te importa compartir techo con un enano quizás demasiado viejo.

Bediam dudó, temiendo estar abusando de la hospitalidad de su reciente compañero.

-Si queda algo de sentido común en tu embotada cabeza, deberías aceptar –le aconsejó el enano-. No tengo edad para ir con cuentos y ofrecimientos educados, así que no lo repetiré.

El alquimista bufó, sonriente y asintió.

-Te lo agradezco mucho –dijo Bediam-. Eres muy generoso.

Perik se encogió de hombros, aunque se le veía alagado.

-Los cazadores tenemos que cooperar entre nosotros –respondió, quitándole importancia-. No es una profesión fácil, y menos en estos tiempos.

Bediam no respondió: se sentía culpable, pues Perik había asumido que él era un cazador y en realidad no lo era. Tenía intención de participar en cierto modo en la cacería, pero no era ni por asomo un cazador. Se las había visto con un gato couru hacía un tiempo, pero nada más que eso. Entonces recordó los pergaminos que le habían dado, y los sacó de su zurrón.

-Ah, sí –recordó Perik-. Haríamos bien en echarles un vistazo.

El enano y el humano se refugiaron en la tienda de Perik, donde hacía una temperatura agradable gracias a un pequeño y ennegrecido brasero de leña. Empezaron a leer la lista de monstruos: cada uno de ellos venía con un dibujo algo tosco que buscaba representar el aspecto del ser, su nombre, una breve descripción de los mismos, dónde habían sido vistos y la recompensa que daban por cada uno de ellos. Perik comentó experiencias que había tenido con alguna de esas criaturas en el pasado. Frunció el ceño unas cuantas veces y murmuró entre dientes un par de maldiciones al ver algunas de las abominaciones que merodeaban por allí.

De pronto, Bediam llegó a una ficha que le llamó la atención: la meiga. A Perik no se le pasó por alto. Soltó una tos ronca y meneó la cabeza.

-Las meigas son verdaderamente monstruos –comentó-. Hay criaturas que nacen del mal y por eso lo respiran y lo exudan sin pensar, pero las meigas no nacieron de la oscuridad, son (o fueron) humanas. Son seres que hay que exterminar, pues no provocan más que desgracia y muerte.

El alquimista le miraba, absorto. El enano, sabiéndose escuchado, se hinchó de orgullo y siguió hablando.

-Hace muchos años me las vi con una –recordó-. Estaba acosando a la gente de una pequeña villa, raptando a los niños, prefiero no saber para qué. La rastreé, la perseguí y la acorralé. En aquel entonces era joven y estúpido, y la meiga consiguió emboscarme. En la ficha puedes leerlo, las meigas tienen la capacidad de paralizar a sus víctimas con su mirada llena de odio y maldad. Se te corta el aliento y los músculos no te responden. Intentó arrancarme los ojos, pero llevaba un buen casco y conseguí mover la cabeza lo justo para que sus dedos chocaran contra metal y hueso. Cuando perdió el contacto visual recuperé el control y le partí el cuello con mis propias manos. Puede que su corazón sea de demonio, pero sus huesos siguen siendo frágiles como los de un humano. No lo olvides.

Bediam asintió, sombrío. Al día siguiente se enfrentarían a criaturas peligrosas. Mortales. No podía andarse con tonterías. Perik le observó con solemnidad.

-Tienes miedo –comentó-. Lo veo en tu postura. No es para menos, claro, nos espera una cacería digna de la vieja escuela.

El enano sonrió y salió de la tienda. Bediam se quedó donde estaba, sumido en sus pensamientos. ¿Estaba cometiendo un error uniéndose a aquella aventura? ¿De verdad olía el sobre a aventura… o era el olor de la muerte? ¿Qué habría dicho Kheme sobre todo aquello? ¿… quién le había invitado a venir? Eran todas preguntas sin respuesta, al menos por ahora.

Perik entró de nuevo, cargado con lo que parecía ropa. Lo descargó en el suelo y le hizo un gesto a Bediam para que se acercase.

-Me da frío verte tan ligero de ropa, así que te he traído algunas cosas –dijo el enano con tono seco-. Los jóvenes de hoy en día os pensáis que lo sabéis todo, pero deberíais escuchar a vuestros mayores de vez en cuando, en vez de desdeñarlos.

El alquimista cogió un par de botas, se quitó las suyas y se las probó. Le venían grandes y se lo hizo ver al enano. Éste meneó con la cabeza.

-No estás acostumbrado a caminar por la nieve, ¿eh? –comentó el enano, altivo-. Siempre hay que llevar un par de tallas más para que haya espacio para poner paja. Hay que poner toda la distancia que se pueda entre el frío y tus dedos: no serías el primero en perder el pie por un paseo demasiado largo con un zapato demasiado pequeño.

Bediam asintió y examinó el resto de las prendas: unos gruesos guantes de lana, un mullido gorro bastante pasado de moda, unos calcetines bastos y ásperos…

-No tengo nada de talla humana, así que no hay ni leotardos ni abrigos que te valgan –se excusó el enano-. Pero tengo algo que te servirá mucho más que cualquiera de esas cosas.  

Le tendió un peto de cuero endurecido. Lo golpeó con el puño y el sonido quedó amortiguado por el material.

-Es una armadura muy ligera, apenas la notarás –explicó el enano-. Y puede salvarte de más de un apuro.

Bediam cogió el peto y se lo probó: tras un par de ajustes de correas, le quedó perfecto, aunque no le protegía todo el estómago. Se le pusieron los ojos vidriosos al mirar al enano. La culpa por no haber sido sincero con él se acentuaba tras cada gesto amable del veterano.

-Yo… -intentó decir el alquimista.

-… nunca has participado en una cacería –acabó el enano con tranquilidad.

Se produjo un intenso silencio, mezcla de la intensa vergüenza de Bediam y la seriedad de Perik. La conversación quedó flotando a su alrededor, sin llegar a condensar. Y, con la misma facilidad con la que había provocado el silencio, el anciano lo rompió.

-Pero estás aquí, en Darry’Gor, dispuesto a enfrentarte a criaturas muy peligrosas aunque te dan miedo –continuó-. Ese espíritu y esa determinación fueron las que dieron origen a la Buena Leña y todas las buenas acciones que hicieron en sus inicios.

Perik hizo una mueca, quitándole seriedad al asunto.

-Indudablemente estás verde y no tienes experiencia, no puedo tratarte como trataría a un cazador –dijo el enano-. Pero a lo largo de mis años he visto como semillas se convertían en árboles, pueblos en ciudades, senderos en caminos y, claro, niños en hombres. Y tú, chico, estás en ese proceso, aunque no te des cuenta.

Los sabios ojos de Perik se clavaron en los de Bediam. Entonces sonrió y le dio una palmada amistosa en el hombro.

-Pero ya vale de crecer por hoy –sentenció-. Vamos a dormir.


Última edición por Bediam el Lun Mar 09, 2015 12:22 pm, editado 3 veces
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Locke el Lun Mar 09, 2015 7:25 am

Había pensado que dentro de las pieles que cubrían mis alas y cuerpo había podido encontrar un sitio cálido per se, pero supe que podía estar aun mas cálido cuando la sangre llego a mi rostro en cuanto supe que la carta parecía ser falsa. Demonios, todo este viaje había sido un ultraje… tenía muchas dudas respecto de la carta, y rápidamente me mordí la lengua para no tapizar la cara del guardia en insultos… Quizás aun así podría acercarme al Thane, no todo estaba perdido si podía jugar las pocas cartas que se me habían dado correctamente. Aun así, podía decir que tanto mi cara de póker estaba rota y la mano que se me había dado era muy poco prometedora.

-Guardia, ¿donde se encuentra la panadería de este hombre?- pregunte, tratando de devolver la compostura a mi voz, si fallaba o no realmente no me interesaba de momento.

El enano se quedo pensativo un rato, pude sentir que quizás haya notado mi molestia, y pesaba las posibles consecuencias de permitir a una persona enojada saber donde podrían estar los causantes de su ira, por otra parte, parecía sopesar mis intentos por morderme la lengua también.

-En tanto no intentes nada estúpido, todo bien-

Guardias… iguales en todas las razas

El enano señalo una edificación no muy lejos de donde nos ubicábamos, de la cual una deliciosa columna de humo emanaba de una chimenea, y algunos letreros declaraban la venta de pan fresco a horas de la mañana y horas de la tarde.

Hice un gesto con la mano en sitio de una reverencia, movimientos de esa índole podrían romper mi disfraz si los repetía con exceso de ánimo o repetición. –Muchas gracias- dije, mi tono ya algo más tranquilo pareciendo calmar las sospechas del enano.

Cruce la calle, 10 metros con las rodillas levantadas más alto de lo debido, dándome un caminar amplio y torpe, sin poder mover mis alas como contrapeso me resultaba algo mas difícil caminar, quizás eventualmente podría retirar mi disfraz para poder sentirme cómodo en mi estadía, pero de momento era tan necesario para ocultarme como lo era para mantenerme tibio.

EL aroma a hornos calentando masa fresca fue lo primero en saludarme, seguido de un cálido saludo de un enano, entrado en edad para su raza a juzgar por su comportamiento, pero mostrando pocas señas de envejecimiento en su cuerpo, también, otro rasgo de su raza –Saludos enano - dije, a lo que mi interlocutor levanto una ceja, lógicamente no estaba acostumbrado a la presencia de extranjeros, aunque se notaba que no estaba por encima de atenderlos, como podría pasar en otros sitios, quizás debía tomar la palabra de quien fuese el remitente de mi carta respecto de las tensiones internas de sus dominios.

-¿Que lo trae a estas tierras?- pregunto el enano, mientras organizaba algunas pieza de su trabajo tras un escaparate.

-Soy comerciante- dije de forma seca, manteniendo mi mirada cercana al escaparate, el enano movió sus manos intentado llamar mi atención, consiguió que levantara la vista pero volví a “ojear” su mercadería rápidamente, no deseaba mantener contacto visual con mis anfitriones por demasiado, a menos que esto podría llevarme a algún problema innecesario

-No son muchos los de tu clase por aquí… las caravanas son poco comunes- Dijo el enano, que rápidamente me ofreció pan al estirarme una bandeja, la cual rechace moviendo la mano de lado a lado, aunque dándome cuenta que interactuar con otros seres inteligentes sin mirarles a los ojos era más complicado de lo que acostumbraba, simplemente levante mi rostro para mirar al enano al suyo.

-he notado, los pueblos montañeses tienden a tener ese problema… cosa que deseo solucionar- respondí a las palabras del enano, el cual sonrió –no me vendría mal tener más harina…- una mezcla de avaricia y ansias dirigiendo sus palabras.
-aunque… para semejante situación debería usted tener audiencia con el Thane primero, el hombre ha estado muy ocupado con sus… visitantes, seguro apreciaría una caravana de suministros ahora mismo- ¡perfecto! Una recomendación…
-¿podría, si no es molestia, decirme dónde puedo encontrar al Thane de su pueblo?- dije amablemente, todo parecía estar resultando, pero no debía construir un castillo en el aire, todavía quedaban cosas por ajustar… tanto aquí como de regreso en keyback.

El panadero me dio algunas indicaciones, algo confusas, pero discernibles de donde podía encontrar la casona de mi nuevo prospecto de cliente.

Mientras me movía hacia afuera de la panadería, vi pasar a un sequito de enanos vestidos para la guerra, probablemente parte del pequeño regimiento que se estaba formando alrededor del pueblo.

El cual acabe teniendo por compañeros de ruta en mi nueva búsqueda… una vez dentro, note que había un grupo variopinto y casi disparatado de gente en el lugar, estaba en manos de cazadores esta vez, con lo cual me mordí la lengua, y los pensamientos para evitarme problemas.

Tras un discurso dado por un elfo, se nos repartieron un numero de panfletos que listaban criaturas que podían eliminarse a cambio de recompensas… pese a que técnicamente era un soldado, no estaba equipado ni de ánimos para participar de esta actividad, pero en un reflejo de mis días colectando información para el ejercito, decidí guardar el documento para uso más tarde…

Me extraño mucho mas la presencia de un elfo en territorios enanos, toda mi educación se me había enseñado que los orejas puntiagudas habían tenido constantes roces con los barbados, ver a un elfo en una posición de poder me… extrañaba, y hasta cierto punto me heticaba la mente con extrañas idea de retirar mi disfraz... aunque, me dio una idea.

Solicite al elfo audiencia con el Thane, con lo cual fui invitado a pasar a una cena. Técnicamente mis objetivos eran poder hablar con el regente de estas tierras acerca del establecimiento de un puesto comercial, y que me diera algún símbolo con el cual marcar que era su invitado, con el objetivo de que mis alas no acabaran como adorno en la pared de algún cazador o lugareño inescrupulosos
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Tyrael el Mar Mar 10, 2015 5:48 am

La sopa que degustaba en la casa de Ian Wolok era una de las mejores que había probado en mucho tiempo, me recordaba a los fines de semana en la población de Loc-Lac, donde había logrado erradicar en gran medida los maleantes que por allí "trabajaban" si es que se le puede decir así. Mis ojos se empequeñecían y me mente volaba, no sabía si era el hecho de no comer en dos o tres días, pero llenaba por completo y muy bien mi estómago, cada cucharada era un paso a la felicidad temporal llegando a olvidar mi misión realmente.

Está muy buena, señor, le felicito. -Dije mientras volteaba a ver al anciano que ahora estaba sentado en un sillón que parecía más cómodo que la silla de madera donde me había sentado- ¿Desde hace cuanto cocina?

Lo hago desde que me volví muy viejo para luchar. Mis proezas eran todo un poema en batalla, pero ahora soy muy viejo y me deterioro con el tiempo, mis antiguos compañeros de batallas ya han muerto o se han retirado completamente a confinarse en una casa a no hacer nada, pero, tengo una maravillosa razón para seguir en pie. Ian es mi impulso a seguir adelante, él me tiene a mi y yo a él. -Dijo mientras de sus ojos parecían brotar algunas lágrimas que limpió inmediatamente con la manga de su camisa -Pero eso es cuento pasado y aunque me gustaría revivirlo, Ian es ahora mi realidad. Oh... Espera, me preguntaste que desde cuándo cocino solamente ¿verdad?. Me tendrás que disculpar,  pero mi vejez no me hace mejor mentalmente.

No se preocupe, mi amigo, todos llegaremos a ese estado, ahora sólo debe estar feliz y alegrarse que tiene a este pequeño -Dije mientras acariciaba el cabello de Ian y sostenía el plato casi vacío en la otra -No muchos cuentan con la alegría de disfrutar la compañía de un alma tan frágil e inocente. Me agradas, chico. -Dije mientras volteaba hacia el chico.

Mi... Mi padre.... Volverá ¿verdad? -Dijo mientras volteó hacia mi con el mismo gesto que había visto en el anciano hacía casi nada- Me prometió volver y hasta ahora nada. Sé que está vivo, lo puedo sentir dentro de mí, lo sé, lo sé, lo sé. Nunca me dejaría -Volvió a soltar otra lágrima que corrió por su mejilla.

Escúchame, Ian -Dije mientras colocaba el plato en una mesa cerca con la mano izquierda y con la derecha limpiaba la lágrima de la cara del joven- Debes ser fuerte... Te prometo que si tu sientes que tu padre aún vive, iré hasta los confines del mismo averno para rescatarlo. Es una promesa de mí para tí.

¿Cómo voy a ser fuerte? si no puedo ni atinarle a los monstruos que han aparecido últimamente. Nadie cree que sea fuerte

No, no tienes nada que demostrar a los demás -Dije mientras me acerqué a él, colocándome de rodillas para quedar a su altura y verlo a los ojos - Debes demostrarte que eres fuerte a ti mismo. No, no se trata de ver si pegas fuerte o no... Se trata de que sepas que aquí -Le di un pequeño toque con mi dedo índice en el pecho del chico señalando al corazón - eres fuerte. Si eres fuerte de corazón y puro, podrás lograr lo que quieras... Lo que quieras. -Me levanté- ¿Ya, está bien?.

Su... Supongo que sí, gracias Arcángel -Dijo mientras me abrazaba

Ahora, señor, ¿qué me puede decir usted sobre el problema que tienen aquí?

No mucho y no porque no quiera, sino porque no sé. Hace como un tiempo han aparecido mucho, muchos monstruos que nos azotan y unos meses después llegaron los burdos cazadores que ahora parecer multiplicarse. Imagino que el Thane debe estar involucrado.

Las cosas empezaban a tomar forma, ya entendía que hacían los cazadores en esa región en específico, pero aún había un problema, si el chico no me había mandado la carta... ¿de dónde había salido? Pero algo era cierto y es que ahora tenía otra tarea además de la que me habían pedido en la extraña carta. No me perdonaría si no encontraba al padre del muchacho, su esperanza había conmovido mi corazón así que tomaba esa misión como personal.

Mientras el chico me abrazaba sentía como el suelo retumbaba afuera de la casa. El chico me soltó, al parecer él también había sentido lo mismo así que nos asomamos por la ventana y vimos como un grupo de enanos marchaba en dirección de donde había venido. Habían pasado una media hora desde que había llegado hasta es momento y aún recordaba de donde había venido. Los enanos parecían ser 10 o tal vez nueve, no veía muy bien pero sí distinguía que tenían armaduras pesadas, pude intuir que serían los guardias de la ciudad, o algo parecido. Iban muy bien armados, fácilmente podrían ser una guardia de defensa real. Mientras veíamos por la ventana, al anciano parecía que le volvían las fuerzas y ese espíritu aventurero pues se levantó del sillón y se dispuso a ver por la ventana con nosotros.

Parece que por fin el thane Ingrod ha decidido hacer algo- dijo Balin, el anciano enano.

Al parecer era el inicio de la cacería y si lo era me parecía una exageración llevar armaduras que podrían ser de guerra a  matar a unos bichos, bueno, al menos eso era lo que tenía entendido, era prematuro siquiera pensar que eran simples ratas, pero algo me decía que no.

Esos cazadores son muy molestos, confío en que no te molesten mientras buscas a mi padre, Arcángel -dijo el niño, con la mirada perdida en la oscura noche que se veía por la ventana.

Había cambiado mi forma de ver, según lo que me decía el chico esos eran cazadores y si iban protegidos de esa forma tendrían que ser verdaderos monstruos, pero, nada detendría a la justicia, sólo que ahora me causaba curiosidad cuanto duraría para encontrar al padre del chico, eso y a dónde me llevaría.

No te preocupes, hijo, no hay nadie que se oponga a la justicia

Creo que yo voy a acercarme, a ver si me entero de algo - dijo Balin, decidido.

Salió por la puerta y seguido por mi y el chico, nos mantuvimos a una distancia prudencial de lo que parecía una escolta, sin embargo pudimos apreciar que caminaban hacia una especie de tumulto de personas de todos los tamaños y razas. Nos quedamos atrás mientras ellos hablaban con los demás, luego, emprendieron su paso nuevamente, esta vez en dirección a lo que parecía una casa comunal. Al ir detrás pude ver como un guardia murmuraba con su compañero lo suficientemente alto para escucharlo.

Al fin el thane ha decidido actuar. Cuanto antes se acabe esto antes se irán de aquí esos cazadores

De inmediato, el guardia, cazador o escolta que estaba delante suyo, al parecer su jefe, le dijo con voz secante y con autoridad.

¡Ah callar!

Rápidamente llegamos a la casa y después que todos estuvieron ordenados y atentos pude ver como una figura que reconocí al instante se descifró entre los presentes.

¡Un Elfo!

Sabía que los elfos y los enanos no eran los mejores amigos en todo Noreth, por ello, me sorprendió ver a nuestro frágil amigo por esos parajes, aunque parecía viejo pero extrañamente cuerdo.

Bien, ya estamos todos. Erin, por favor, prepara la mesa para los invitados del thane -Pude escuchar, la idea de cenar ya no me era tan importante puesto que ya había comido, pero, tal vez en esa cena se discutirían y aclararían muchos enigmas que me rondaban la cabeza.

No estaría mal asistir  ¿ eh, anciano?

Balin, mi nombre es Balin y sí, sería de gran ayuda, Arcángel

Entonces aquel elfo comenzó su discurso.

Lenxer:
En nombre del thane Ingrod, hijo de Kraulin, os doy la bienvenida a Darry´Gor. Después el thane querrá compartir su mesa con algunos de ustedes, cuya fama les precede, pero ahora permítanme informarles sobre la cacería- a un mínimo gesto suyo, la guardia enana comenzó a repartir unos pergaminos idénticos a todos cuantos allí estaban- Estos son los seres que han atormentado Darry´Gor desde hace meses. Cada uno tiene una recompensa diferente, y nuestro deseo es que todos sean eliminados. Si ustedes trabajan juntos y consiguen limpiar por completo Darry´Gor, el thane en persona hará todo lo posible por hacer que su viaje haya merecido completamente la pena. También, por supuesto, pueden intentar ir por separado y cobrar alguna de las recompensas individuales, las cuales considero muy generosas. ¿Alguna pregunta antes de la cena?
-Si, hechicero, yo tengo una- dijo un hombre de aspecto sudoroso, que llevaba tras de sí a un grupo de cazadores que le miraban con respeto. Su nombre era Utrek- ¿Qué narices ha provocado toda esta oleada de basura en Darry´Gor? Porque yo no vengo a por premios de consolación, esos déjalos para los novatos- y dirigió una mirada despectiva hacia algunos de los presentes- Yo vengo a por el premio gordo, a por lo que ha provocado todo esto en un principio.
-Mi magia no me ha permitido descubrir el origen de todo cuanto aquí está ocurriendo, solo sabemos que hace seis meses esta región era completamente normal. Si descubrís el origen del mal, y lo destruís, no dudéis de la grandeza de vuestra recompensa- hizo una pausa, esperando alguna réplica y, ante la ausencia de ellas, continuó- Mi thane desea compartir su mesa esta noche con las siguientes personas…

Tomé los pergaminos que estaba entregando la simpática enana y miré a Balin

Ven, Arcángel, hablemos con él, a ver si puedes pasar -Dijo mientras nos acercábamos al elfo- Buenas, señor, él es el Arcángel Tyrael, el Arcángel justiciero de Loc-Lac, ah venido a ayudar y quería saber si puede cenar con el Thane, sería un gran honor para nosotros, espero que mis buenas referencia sirvan

Saludos, gran elfo


--//--

Al entrar a la cena, pude notar como estaban todos en un ambiente familiar, con risas, gritos de alegría y aplausos. El thane que era un enano bastante fornido y que no desperdiciaba apetito cantó historias de las cuales todos nos reímos. Cuando me di cuenta tenía un caballero de armadura negra sentado al lado de mí, como no me di cuenta cuando se sentó pensé que lo más sensato era presentarme.

Saludos, caballero, que la justicia os acompañe.

Se ve que el thane y el elfo son totalmente distintos ¿eh? Uno es pequeño, fornido y come mucho y el otro es lo contrario, me extraña que se lleven bien -Me reí discretamente.

Al salir de la casa, cuando la cena había terminado se veía un poco más oscuro el lugar y los lugareños en ocasiones bostezaban, lo que me hizo dar un poco de sueño, al menos tendría la casa de Balin, en la cuál podría descansar así que emprendí el camino. Al llegar, estaban los dos esperándome, donde habían preparado un catre para yo dormir. Les agradecí la hospitalidad y amabilidad y luego de estudiar un poco los pergaminos que me habían entregado en el discurso del elfo, me dormí.


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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Nedrivning Blodige el Mar Mar 10, 2015 10:29 pm

Me había quedado  bastante distraído notando y analizando, lo más que podía todo lo que a su paso encontró mi mirada, la cual recorrió todo el campamento hasta donde mi rango de visión me lo permitió.
Hubo solo un par de cosas que me parecieron importantes cuando las observe. Lo primero, fue un pequeño enfrentamiento verbal que ocurro entre el líder del grupo ruidoso que había visto y  un extraño hombre que andaba con una chica, la cual fue el centro del problema, debido a las babosadas, que le había dicho el líder a la chica, para que luego el otro hombre saliera en su defensa, intimidando al hombrecillo de baja estatura o al menos eso fue lo que pude notar observando el momento.

Lo otro que pude notar fue un grupo de elfos, parecían una compañía de elfos, de estas que serían guardianes de alguna persona de la realeza de esta raza o si no al menos de alguna persona de alta jerarquía o de muy buen estatus. Nada de esto era excesivamente raro, pues lo normal al ser los elfos tan frágiles era que fueran protegidos, lo raro del asunto es que hacían elfos en un lugar habitado mayormente por enanos, que de estos  sí que había visto muchos y si no era que en este pueblo abundaban muchas personas de baja, pero que de muy baja estatura.

Fui expulsado de mis pensamientos luego de un momento por la voz de mi nuevo compañero Shan, el líder del grupo que nos llamaba para saludar a un viejo conocido suyo, al parecer alguien que podría ser un buen aliado si las cosas se ponían muy intensas en la casa, algo que a mí me vendría como anillo al dedo, ya que al no ser muy popular y nuevo en todo esto, tener una persona que pudiera respaldarte era más que perfecto. Además Shan soltó un nombre al aire "Lars" seguramente este sería el nombre del antipático chico que anteriormente había sido hostil, pues mira que fácil había resultado averiguarlo, nada de esfuerzo solo ir a conocer a un par de personas.

Comenzamos a caminar y yo aún llevaba mi yelmo entre las manos, para que poder observar mejor y quitarme un poco de peso de encima, además de facilitarle al resto de las personas que me miraban. Cuando nos detuvimos casi después de cruzar un gran tramo del campamento escuche como Shan, se refirió a un enano el más bajo de los presentes como Maestro, a lo cual enano respondió con alta modestia negando que lo fuera. Después de esto se contó una historia de cómo ambos se habían conocido en una aventura en alta mar, una historia  bastante interesante, pero que en mi opinión no venía mucho al caso.

De la nada uno de los que estaba allí se acercó a la chica que anteriormente había tenido la disputa con el enano líder del grupo ruidoso, la cual venia acompañada del hombre que la había zafado de ese problema que quizá hubiera terminado muy mal y seguramente de manera asquerosa por las intenciones muy cochinas del  enano, de solo pensar en eso me estremecí levemente pues ese tema era delicado para mí, así que realmente no quería pensar más en eso. La chica con su rápida lengua y grácil manera de hablar, me distrajo relatando muy brevemente lo sucedido confirmando exactamente, lo que mis ojos habían logrado captar a la perfección.

Cuando la chica permitió un especio de Silencio todos pudimos presentarnos, espero que todos lo hicieran para presentarme al final, mientras espere mi nombre pude memorizar los nombre de: Youdar, Perik, Kadin, estos eran los enanos a los que nos había llevado Shan. Los otros nombres fueron Sejen y Adila, la pareja del inconveniente con el enano y sus adoradores y por último y los que ya tenía más que claros a excepción del ultimo eran los de mi grupo: Shan, Ravin y Lars, Lars era el antipático, al menos tenía su nombre ahora sería ganar su respeto y confianza cosa que estaba seguro me tomaría mucho, quizá no llegaría a conseguirla a menos de que esta cacería durara demasiado.

Mi nombre es Nedrivning... Apenas pude decir esto antes de que todos los allí reunidos fuéramos interrumpidos por una pequeña petición que por el tono sonó mas a orden, casi insinuando que si no íbamos tendríamos problemas, por no obedecer al llamado del tan Nombrado Thane Ingrod y su Consejero Lenxer, aparentemente los responsables de que todos estuviéramos aquí, en esta gran casería.

Nos repartieron unos Pergaminos, mientras escuchábamos el discurso del hechicero y consejero del Thane, un claro elfo a la vista de cualquiera que además dejaba ver su muy, pero muy avanzada edad, realmente nunca había visto un elfo tan viejo, pero esto confirmaba a mi mirada su fama de inmortales. Hablo sobre recompensas las cuales para mí no eran un objetivo principal, realmente ser un agregado, yo solo quería lograr ser reconocido ese era mi objetivo salir de esta cacería siendo reconocido como un gran cazador.

Shan y Lars decidieron retirarse después de escuchar la charla del anciano a la entrada de la casa comunal y perdí de vista al resto del grupo, por lo que había quedado solo con Ravin, que al parecer si entraría a la cena patrocinada por el Thane, yo no tenía invitación pero al parecer el sí y Shan también, por lo que, él me dijo que no habría ningún problema en que fuera diciendo que iba en representación de Shan, ya que yo era parte de su grupo ahora.

Cuando entramos rápidamente me quede mirando todo el lugar realmente un salón muy grande lleno de todo tipos de personas, seguramente en busca de recompensas  y riquezas por cada cabeza de ser o criatura que azotara Darry Gor. Después de caminar un par de minutos en la casa comunal vi un lugar con un par de sillas por lo que palmee a Ravin en el hombro riendo- Mira hombre ahí hay sitio para ambos vamos allá, tengo un poco de hambre y creo que beber un poco nos hará muy bien-. Me puse en camino junto a el hacia el lugar mientras escuche su respuesta.

-Claro que si nada  mejor que conocer a tu compañero, que una buena borrachera, siempre salen cosas intimas cuando hay suficiente alcohol de por medio, así podemos romper el hielo guapo- Este también hecho una carcajada moderada mientras caminábamos a sentarnos, me senté junto a él, mi primera reacción fue ver la mesa donde estábamos y notar como rebosaba de comida y bebida, por lo que no dude ni un momento solo voltee a mirarlo y le dije - Provecho Ravin, si me disculpas no puedo desperdiciar  una comida como esta- Comencé a comer  carne, trozo tras trozo, pasando cada bocado con un buen trago de cerveza, hasta que sentí como mi estómago estaba hinchado de lo mucho que había comido y también podía notar como la cerveza había logrado un poco de su embriagante efecto haciéndome perder algún rastro de vergüenza si es que en algún momento había tenido algo de esto.

Después de comer y escuchando las historias del Thane, una que provino de alguien que tenía al lado llego a mis oídos saludándome o al menos eso fue lo que me pareció, además también dejo con un comentario al que no repare en responder, ya fuese conmigo o no al ser algo dejado al aire me tomaría esa libertad por lo que voltee a mirarlo y lo que más note por que llamo mucho mi atención fue una especie de alas que tenía en su espalda que además tenían la cualidad de brillar como si de una lámpara se tratara, por lo que solo respondí con un tono jocoso e intentando ser gracioso.

-Pues ya vez tu que la justicia sí que me acompaña, después de ser reclutado para esto y tener que haber hecho un largo viaje,  me encuentro en una fiesta llena de carne exquisita y muy buena cerveza, eso sí que era justo y necesario para mí.  Y pues Lo del Thane ingrod  que es un enano y su consejo Elfo, sí que es curioso, pero bueno a veces dicen por ahí que las cosas opuestas se atraen, además quizá el Thane admite que siendo un enano, necesita alguien de una raza con mas sabiduría como es un elfo para que lo ayude en sus decisiones, ya sabes los enanos con un poco cabeza dura para eso.- Culmine acompañándole en la Discreta risa.

La Reunión, cena, fiesta o lo que sea que fuese, estaba dando por finalizada por lo que, una sirvienta enana comenzó a indicarnos a todos que saliéramos, por lo cual volví a palmear  a Ravin diciéndole- Vamos es hora de irnos a dormir, aunque bueno no sé dónde iré a  dormir yo, quizá en una cama de nieve que encuentre por ahí- Dije alzando los hombros, realmente no había pensando en esto  y ahora que llegaba el momento de dormir sí que lo tendría complicado.

Ravin negó con la cabeza riendo al tiempo que dijo- Tengo un espacio en mi tienda, allá en el campamento, solo espero que el alcohol no te haga ponerte muy creativo o molesto, porque hoy no tengo ganas de hacer nada, solo quiero dormir, así que tú de tu lado y yo del mío, que no quiero follarme a una chico rubio esta noche- Culmino riendo y yo también reí aunque había sido algo pesado no le di demasiada atención además de que por mi estado un poco alterado por tanto licor, solo me pareció un comentario muy gracioso.

Caminamos de vuelta por el campamento, mi vista muy aguda, me jugaba malas pasadas ya que venía el doble, y con una vista que te permitía tantos detalles esto pegaba un poco en la cabeza por lo que tenía que sacudir esta de vez en cuando para centrar un poco la vista, después de un rato andando llegamos a la tienda, era bastante grande, además habían pocas cosas ya que solo estaban algunas cosas de Ravin, por lo que me permití quitarme la armadura completamente, dejarla a un lado y acomodarme sobre un trozo de cuero que estaba sobre el piso, que sería la cama además de tomar algunas de las pieles que Ravin me ofreció para cubrirme al tiempo que le dije- Buenas noches y gracias Ravin, que descanses compañero-. El Asintió y riendo también me dijo- Buenas noches Rubia hablaremos mañana cuando se te pase un poco la ebriedad, espero que no se olvide lo que paso, para que no haya malos entendidos, que quede claro que solo dormimos no te hice nada- Dijo y se acomodó en su lado y yo solo pude reír una última vez antes de cerrar los ojos.

Antes de conciliar el sueño me quede pensando un momento en todo lo ocurrido, pero mi cansancio no me dejo para mucho solo pude pensar en que Ravin había estado muy callado quizá no había querido ir a la cena, como Shan y Lars, pero decidió acompañarme por no ser descortés, quizá mañana le pediría disculpas... Pero por ahora ya no podía mas, poco a poco mi mente se fue apagando hasta que caí en un profundo sueño.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Youdar el Miér Mar 11, 2015 12:44 am

[El terror que pasaron aquel día, quedó grabado en sus corazones por siempre. El Libro de los Cazadores, capítulo 2]

-Pasen por aquí, amigos kazukan- dijo Lenxer a Perik, Youdar y Kadín, señalándoles el comedor donde les esperaba el thane Ingrod a la cabeza de una larga mesa llena de manjares. El elfo, al ver a Pelos, dirigió una leve sonrisa cómplice a Youdar, en lugar de fruncir el ceño como este temía que hiciera, y se llevo un dedo a los labios, dándole a entender que no diría nada sobre el comensal de más.

A la mesa, Perik se sentó junto a un humano de aspecto delicado, mientras que los hermanos se sentaron el uno junto al otro, con Pelos a los pies del mayor. Pese a que, sin su padre presente, Youdar era el segundo miembro más veterano de La Buena Leña, ser invitado a la mesa del thane fue toda una sorpresa para él, aunque bien agradecida. La boca se le hacía agua al contemplar el gran costillar que hacía de centro de mesa, y pensó que tampoco rechazaría una buena pieza de un cochinillo que olía estupendamente.
-Hoy vas a saber lo que es comer bien, Pelos- le dijo a su compañero, con un tono totalmente entusiasta, pues a menudo se había echado en cara el no poder alimentar al gato como a él le gustaba. El enano siempre veía a su mascota como el animal desnutrido al que había conocido dos años atrás, y era incapaz de ver la desmesurada hermosura de la que hacía gala en aquel momento Pelos.
-Miau- respondió éste, ansioso, pues tan solo era capaz de oler la deliciosa comida, hasta tal punto que olvidaba el hecho de estar en un sitio extraño lleno de humanos a los que no conocía, algo que, en otra situación, habría hecho que el gato se sintiese intranquilo y con el pelo erizado.

-¿Crees que el thane fue quien escribió esas cartas?- preguntó Kadin a Youdar, rompiendo la magia que se había adueñado de él instantes atrás.
-¿Ingrod?, no lo sé. Padre y Perik le conocen, yo no, pero para ellos siempre ha sido alguien que solo gobierna por su contacto con los karzunires, no porque sea el más apto para ejercer de thane. Supongo que él no escribiría las cartas- respondió Youdar, intentando no elevar mucho el tono de voz, aunque no sabía si había sido suficientemente bajo. Utrek, que se sentaba cerca de ellos, de repente les miraba muy atentos, pero antes de que el enano pudiese fijarse con más atención en la actitud del desagradable humano, el thane se puso en pie y comenzó a hablar.

-¡Queridos invitados, bienvenidos a Darry´Gor!- dijo Ingrod, hablando muy alto, mucho más de lo que requeriría para que se le escuchase bien. Su cara era de felicidad absoluta, como si las calamidades ocurridas en su región hubiesen valido la pena solo por aquella cena- Me alegra teneros aquí. Veo rostros conocidos, como el de Perik y Utrek, a quienes ya he visto en otras cacerías, pero también me complace poder conocer personalmente a gente de la que tanto he oído hablar, como los hijos de Yeidrax o el joven Shan- “pero si Shan se ha quedado fuera”, escuchó Youdar murmurar a Perik- Ahora, por favor, degustemos esta comida y disfrutemos de la bebida con la que Darry´Gor os da la bienvenida.

En cuanto el thane terminó de hablar, Youdar y Kadín hicieron honor a una de las más antiguas tradiciones enanas, la cual resume el siguiente refrán: “para el invitado, comer sin parar; para quien recoja, ni un desperdicio hallar”. En un momento dado, Youdar sintió algo de lástima por quien tuviese que limpiar el suelo, pues “accidentalmente” se le caían muchos trozos de comida, los cuales Pelos devoraba con rapidez, dejando el suelo bajo la mesa lleno del pringue que soltaban el costillar y el cochinillo al caer.
-Si hace falta me quedo luego a limpiar, pero tu hoy no pasas hambre- dijo, orgulloso y sonriente a su amigo, mientras este roía una costilla, ignorando al enano.
-Grrnñ- dijo el gato, luchando con fiereza con la carne que se resistía a desprenderse del hueso.

-//-

Mientras los invitados del thane cenaban, Hobb, en El Asno Ventoso, se impacientaba a la espera del regreso de Ithilwen.
-¿A que espera esa elfa? Si no se da prisa sus amigos van a descubrirla- se dijo. A la posadera se le estaban acabando las excusas para justificar ante los acompañantes de Ithilwen las constantes escapadas que tenía que hacer para asegurarse de que la elfa pudiera regresar a su habitación sin ser descubierta.

-//-

La cena había terminado y, como toda cena enana que se precie, había acabado con algunos invitados más indispuestos de lo que el decoro permite. Utrek había acabado borracho perdido, fanfarroneando constantemente sobre los seres a los que había dado caza. El thane Ingrod, en lugar de sentirse ofendido por esto, parecía sentirse retado, y casi iguala a Utrek en lo que a consumo de alcohol se refiere, elevando la voz mucho más que el humano, y repitiendo varias veces la misma historia sobre cómo venció a un troll, aunque cada vez que lo hacía, añadía un detalle nuevo, sumándole heroicidad a su gesta.

Mientras los invitados iban saliendo del comedor, Lenxer, el hechicero, hizo aguardar en el salón a alguien que no había hablado durante toda la cena. Tras despedir al resto de comensales, el thane, tambaleándose, fue a hablar también con él.
-¿Así que os dedicáis al transporte de mercancías, eh…- dudó ante el desconocimiento del nombre de su interlocutor.
-Locke- dijo el hechicero, aunque lo hizo mientras tosía, intentando no dejar en evidencia al hombre a quien servía.
-…eh, Locke? Habéis venido a Darry´Gor en el momento adecuado. A la gente le da miedo ir de una villa a otra, y muchos contratarán vuestros servicios. Además están los cazadores, a quien yo mismo os pagaré para que tengáis satisfechos en todo lo que a transporte de armas y provisiones se refiere- a Lenxer no dejaba de sorprendente la facilidad de palabra que tenía Ingrod, pese a su evidente estado de embriaguez. Esperó pacientemente a que su señor terminara de hablar y se marchara a descansar para poder hablar con Locke.
-¿Sois un divium, cierto?- dijo el hechicero, sintiéndose mucho más libre para hablar sin el thane cerca- Normalmente no tendríais problemas aquí, pero, dado que algunos cazadores pueden miraros con malos ojos, mejor que llevéis esto- buscó en su túnica, que parecía tener múltiples bolsillos en su interior, hasta que encontró lo que buscaba, un brazalete de acero, con el símbolo del thane, un casco con cuernos tallado- Tomad, ponéoslo. Mostradselo a Hobb, en El Asno Ventoso, os conseguirá una buena cama, lejos de los problemas que podríais encontrar en el campamento de cazadores. Ya no tenéis porque ocultar vuestras alas.

-//-

En el lugar algo apartado donde Sejen y ella hacían noche, Adila no podía dormir. El día había sido confuso y emocionante, y necesitaba hablar sobre ello con alguien. Se sintió tentada de despertar a Sejen, pero temió que éste se enfadara, así que decidió ir al campamento en busca de cazadores trasnochadores. No llegó a avanzar más de diez pasos cuando algo la hizo ponerse en alerta. Desde donde estaba podía ver el campamento, y también veía una serie de sombras dirigiéndose hacia él; sombras con forma humana, corriendo a una velocidad endemoniada sin hacer nada de ruido.

La chica se dio la vuelta rápidamente, y se dirigió sin pensárselo dos veces hacia el sitio donde Sejen dormía.
-¡Sejen!, ¡Sejen!, ¡despierta!- dijo realmente apurada. Sin esperar a que éste terminase de incorporase, le zarandeó, apremiándolo, mientras decía, aterrorizada-¡Nosferatu¡

-//-

En el campamento, Shan hacía guardia. Iba de un sitio a otro, sin fiarse de la calma que aparentemente garantizaba la cercanía de la villa; si allí se habían producido tantos ataques, su único escudo frente a lo desconocido era la precaución. El maestro Youdar parecía ser de la misma opinión, pues rondaba alrededor de la tienda donde dormía su hermano. El anciano Perik compartía tienda con un chico llamado Bediam, a quien Shan no había tenido el gusto de conocer. En cuanto al gato, en ocasiones acompañaba al maestro durante la ronda, y otras dormía sobre el pecho de Kadín. El joven cazador se alegraba de que Utrek y los suyos hubiesen bebido tanto, pues ahora dormían profundamente, y no hacían ruido más allá de sus ronquidos. Shan siguió caminando, sin dejar de prestar atención a cualquier ruido, y pasó por delante de su propia tienda, donde Nedrivning, Lars y Ravin descansaban. Se planteó acompañarles, pero sabía que no conseguiría pegar ojo, así que siguió vigilando el campamento.

Un escalofrío cruzó la espalda del cazador, que sintió como una decena de sombras se adentraban entre el grupo de tiendas, y su mirada bien entrenada pudo captar como una de aquellas sombras parecía debatirse en una lucha contra uno de los habitantes del campamento. Armó su ballesta y corrió hacia ella, sin tener claro si disparar, pero entonces pudo escuchar a pleno pulmón la voz del maestro Youdar gritando.
-¡Lord Vampirooo!- dijo el enano, despertando a todo el campamento; después se volvió hacia el guardia de la ciudad que les vigilaba todo el tiempo y le espetó, sin dejar de gritar –Busca ayuda, ¡ya!

El virote de madera de Shan se clavó justo en el corazón del vampiro, a tiempo de evitar que matara a su víctima, mientras el resto de personas del campamento intentaban defenderse de aquel asalto.

-//-

En casa de Ian Wolok, se pudo escuchar a Ranir, el guardia enano, gritando para avisar a todo el pueblo.
-¡A mi la guardia!, ¡vampiros en la villa!
-Tengo miedo, Arcángel- dijo Ian a Tyrael.

-//-

Todos los que se hospedaban en El Asno Ventoso, que no habían escuchado a Ranir pidiendo ayuda por la algarabía propia de una posada, fueron conscientes del ataque al ver como otros dos guardias entraban en la posada, pidiendo a todos cuantos allí estaban que no salieran del local bajo ninguna circunstancia.

-//-

El disparo de Shan había salvado a Alakaaid de morir, pero su estómago presentaba una fea herida producida por las uñas del vampiro que le había atacado. Tenía suerte de que le hubiese atacado uno de los vampiros jóvenes; si su atacante hubiese sido el Lord Vampiro, a esas horas estaría viéndoselas con sus dioses, algo que todavía podía ocurrir si no encontraba pronto ayuda.

-//-

Youdar se libró por muy poco de la embestida del Lord Vampiro, quien se había presentado saludando desde el aire, mofándose de él. El enano pudo rodar a tiempo por la nieve para evitar el ataque, y rápidamente corrió hacia su tienda, armándose enseguida con su escudo. Su enemigo descendió pausadamente hasta el suelo, sin parar de reírse de él. Cuando sus pies se posaron sobre la nieve, hizo una reverencia hacia Youdar.
-Vanstiel, mucho gusto en devoraros- dijo en un susurro, el cual fue increíblemente fácil de escuchar dado el escándalo que había en el campamento.

El enano sabía que la intención del enemigo era provocarle para que cargara contra él, pero aquello era estúpido hasta para él, pues tan solo necesitaba resistir unos segundos hasta que Perik y Kadín lo ayudasen. Sin embargo, al volver a fijar la vista sobre el Lord Vampiro, vio que el que se hacía llamar Vanstiel sostenía algo en sus manos, algo vivo. Era Pelos. Youdar, ciego de ira, cargó con locura contra aquel enemigo, tan claramente superior a él.
-¡Kazukan ai¨menu!- “¡los enanos están sobre vosotros!” gritó el enano mientras descargaba su espada sobre Vanstiel.

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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Sejen el Miér Mar 11, 2015 11:57 pm

En este lugar, no hay forma de saber si es de día o de noche, quizás fuese como los glaciares, donde la mitad del año es completamente nocturna, pero eso no importaba, lo único molesto en este momento, era el frío y porque no decirlo, mi compañera quien por suerte para mí ya se había dormido o al menos eso es lo que yo pensaba. Creyendo eso, me empecé a dormir. Mis ojos se cerraron y dieron paso al mundo onírico, un lugar donde siempre puedo ser feliz ni hay problema alguno, pero el día de hoy había sido tan horrible que aun dormido podía escuchar la molesta voz de Adila, de hecho podría jurar que la estaba escuchando. Me estaba llamando, ni en sueños podía estar tranquilo, que desgracia. -¡Sejen! ¡Sejen!- Su voz ahora ya era como un taladro, y eso que le había pagado para que estuviera calladita. -¡Despierta. Vamos, despierta!- Mis ojos parpadearon deprisa, pero estaban aun entrecerrados, aun tenia sueño. -¿Se puede saber qué demonios…?- Ella me zarandeó nuevamente, despertándome así por completo. -¡Nosferatu!- Ella estaba bastante asustada, su voz lo denotaba y cuando estaba a punto de volver a gritar le tapé la boca con la mano izquierda. -Shhh, no grites, habla bajo.- En cuanto le quite la mano de la boca, parecía que fuese a gritar pero me hizo caso. -¿Qué hacemos, el vigía no ha dado la alarma.- Yo miraba hacia la taberna, tratando de ver si podía deducir algo a simple vista, pero sin éxito, era hora de empezar. -Pase lo que pase no grites ¿de acuerdo?- Adila asintió, algo extrañada desde luego, viendo como mi mano derecha se adentraba en mis ropas, sacando a relucir un collar con varias figuras talladas en forma de animal, como el que había visto aquella vez. -Te necesito Sung’mahetu.- Nuevamente la cazadora me miro extrañada, pues no creo que pudiera entender lo que había dicho, yo arranque el tótem que tenia forma de coyote y lo arroje apenas a unos centímetros de mi.

Frente a nosotros, pareciera que el humo empezaba a formar una silueta, hasta quedar la forma de un coyote, el cual parecía incluso que se fuera a desvanecer. -Sejen, cuanto tiempo, me alegra volver a verte.- Su voz risueña parecía un consuelo en este lugar, pero ahora no era tiempo de jugar. -¿Qué… que demo… quiero decir… como has…?- Era la primera vez que la muchacha, se quedaba sin palabras en el tiempo que llevaba conmigo. -Te lo explicare luego Adila.- Entonces me dirigí nuevamente al coyote. -Escúchame, necesito tu ayuda, la chica dice que han entrado en el campamento unas criaturas llamadas nosferatu, es el mismo término que usaban en Dhuneden para hablar de los vampiros. Bien, necesito que recorras el lugar y me digas cuantos son y donde están. ¿Entendido?- El coyote sonriente, asintió a mi petición y raudo como una liebre se marcho corriendo para cumplir mi orden. Adila aun seguía boquiabierta por lo sucedido, pero teníamos cosas que hacer. -Escúchame Adila. ¿Ves la torre del vigía?- Dije señalándole, pero sin hacer ningún movimiento brusco. -Si, la veo.- Yo asentí mientras miraba los alrededores, teníamos que estar muy atentos, estas criaturas seguramente tienen mejores sentidos que yo en la oscuridad. -Bien, este no ha dado la alarma, puede que le haya pasado algo, no importa en cualquiera de los casos estará ya vacía, o si le han atacado veras un cadáver.- Mis palabras eran duras, pero en una situación como esta no hay tiempo para sutilezas. -Necesito que subas ahí y me cubras, intentare llegar a la taberna, allí deberían de estar reunidos la mayoría de los cazadores ¿entendido?- Ella asentía nerviosa, parecía asustada y no la culpo por ello.

-Pero ¿Y si me atrapan a mi?- Yo mientras ya estaba tomando el arco y preparando una flecha. -No te preocupes, yo debo quedarme aquí hasta que vuelva ese coyote que has visto, ¿vale? Debes ir a la torre del vigía yo te cubriré desde aquí, cuando estés arriba hazme una señal, un silbido bastara para que sepa que estas bien, sino, grita e iré a socorrerte de inmediato.- Me agazape mirando hacia la oscuridad, tan solo las luces de los fuegos y las antorchas, así como las de la posada las veía encendidas, era poca luz desde luego pero desde aquí se podía ver la torre de vigilancia y yo podría ver a Adila hasta que llegara. -Ya.- La joven cazadora, arco en mano empezó a moverse a paso ligero, tratando de hacer el menor ruido. Yo no tenía inconveniente en mantener el arco cargado con la cuerda tensa, por si acaso, tenía que esperar hasta que el coyote espectral volviese, no quería moverme sin conocimiento, sería algo estúpido e irracional por mi parte.
Unos pasos ligeros, que ni siquiera se hundían en la nieve, me dieron a entender que el amigable espíritu estaba de vuelta, tenía la lengua hacia afuera y respiraba con rapidez, como lo haría un perro tras una carrera rápida. -Ten cuidado Sejen, he visto por lo menos diez de esas criaturas.- Su agradable y risueña voz, ahora denotaban preocupación. -¿Te han visto?- El coyote negó. -No, creo que no.- Eso me consolaba bastante. Volví la mirada un momento para saber si Adila estaba ya en posición. -Cerca de la torre y cercanos a la tienda de aquel tipo feo, he podido contar tres, dos más están desperdigados, uno cerca de la hoguera y el otro, se acerca al bosque. Hay cuatro que están distribuidos así, tres están frente a un grupo de chicos y uno frente a un muchacho. El ultimo esta justo en frente de la taberna.- Si bien sus indicaciones eran bastante buenas, no me decían el lugar exacto de cada uno, con lo que debía proceder con cautela. -Esta bien, gracias. Quedate junto a Adila, cuida de ella.- El coyote asintió y sin decir nada salió tras la cazadora, quien había llegado a su posición.

-Pero será zopenco. Despierta haragán inútil, despierta.- Comento la muchacha mientras le daba una patada. No es que el vigía hubiera sido atacado, por lo visto y por el olor, había bebido lo suficiente como para dormirse y no enterarse de nada. -No se despertará por mucho que le pegues.-La voz del coyote hizo sobresaltar un poco a Adila, quien casi grita, pero pudo contenerse. -Casi me da un infarto. ¿Se puede saber qué demonios eres?.- Sung’mahetu no parecía muy contento por las palabras de la cazadora. -No soy ningún demonio, y para que lo sepas, estoy aquí porque Sejen me lo ha pedido ¿vale?- Realmente se comportaba como un niño pequeño, pero Adila negó con la cabeza. -Sejen. Debo avisarle.- La muchacha se asomo un poco, allí estaría prácticamente segura, a unos seis metros del suelo, si alguna de las criaturas la encontraba, confiaba en que ella tirase la escalera, así no podrían alcanzarla. Al verme, la cazadora hizo un ligero silbido. Esa era la señal de que ella estaba preparada, estaba allí arriba, tenia visión de todo o casi todo el campamento, con lo que la cobertura que podría ofrecerme era bastante buena.

Agazapado y caminando muy despacio, tratando de hacer el menor ruido posible empecé a moverme en dirección a la posada, pero fue en vano, pronto empezaron los gritos en el campamento, ¡vampiro! Gritaban, pronto ese grito se extendió como la pólvora, por todo el campamento podía escuchar gritos de vampiros, era un caos acústico desde luego y eso no me ayudaba. -Maldición.- Me dije a mi mismo, mientras veía mi plan de preparación sorpresa hacerse añicos, ya no había tiempo para el sigilo, si los de la taberna no se habían dado cuenta yo les avisaría y de haberse dado cuenta, desde luego estaría más seguro allí dentro, o rodeado por los cazadores. Adila por su parte podría disfrutar, de la ventaja de la altura y de tener una posición relativamente más segura que la mía, pues mi cometido ahora se había convertido en una carreta a campo través para llegar hasta la posada.
Mis pies se hundían pesadamente en la nieve, en momentos como este, extrañaba aquellas palas que hacia mi madre hilando finas maderas de cedro. Cada paso era muy pesado, ni siquiera sé si a esto se lo podía llamar correr.

Mas poco a poco que rápido, cada vez estaba más cerca de lograrlo, tal vez la suerte hoy estuviera de mi lado, pero no puedo cantar victoria. Mis pasos es escuchan muy pesados, cualquier animal o en este caso vampiro podría escucharlo y decidir que yo era su presa.


-Vamos, Sejen, vamos. Corre, ya casi estas.- Murmuraba desde la torre del vigía la cazadora, quien no me perdía de vista, desde luego es una muchacha confiable, charlatana pero confiable a fin de cuentas. -Chica, mira allí.- Le advirtió el espíritu a la cazadora, la cual no dudo en obedecer y escudriño con su vista lo que me rodeaba. Vio como una sombra me perseguía y esta se acercaba a mí peligrosamente por la espalda, ella tenso el arco y empezó a apuntar, su visibilidad era limitada, pero se sentía en la obligación de protegerme, yo le había otorgado el privilegio de estar a salvo den la torre del vigía, mientras que me estaba exponiendo al peligro, o al menos ella así lo interpretó. -¡Sejen! ¡Cuidado!- Le dio tiempo a exclamar a la cazadora, llamando así mi atención mientras ella tensaba el arco, preparándose para disparar una flecha de inmediato, tan pronto como pudiera. Yo me di la vuelta tratando de ver que era lo que se me echaba encima, tardía fue mi reacción, pero esperaba ser lo bastante rápido para esquivar lo que se me viniera encima. Di un salto hacia atrás, no importaba la forma de caer, la nieve amortiguaría mi golpe, lo malo es que por la impresión del momento, mi arco se disparo perdiendo una flecha, pero mientras esto sucedía, Adila sin vacilar y segura de su acierto disparo su arco, para tratar de salvarme.



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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Locke el Vie Mar 13, 2015 8:36 pm

No soy muy afanado a la comida extranjera, aunque debo decir que el Thane sabe como propiamente entretener a sus invitados. Pese a que el llamado de la comida y la bebida me parecían casi irresistibles, al menos hasta que no tuviera alguna garantía de mi seguridad personal era mejor no sobrepasarme en ningún momento… Sin mencionar que tener la espalda tapada en pieles gruesas sobre mis alas arruinaba mi apetito al sentir mi cuerpo hervir por la temperatura que entraba a mí sangre mediante las alas.

Simplemente desee mantenerme bien compuesto para quizás acercarme al elfo que aconsejaba al Thane (reitero, un enano con un elfo, este mundo está loco), o si es que no, al propio Thane. En tanto la cena se acabo y se nos pidió marchar, ambos se me acercaron, aunque mis dudas respecto del origen de la carta aun no estaban del todo claras, de momento sería algo que podría resolver después. Carpe diem.

El Thane me ofreció un pequeño trabajo transportando materiales para ¡sorpresa! los cazadores. Y aunque mostré una sonrisa nerviosa en tanto se me dijo que ellos proveerían el musculo necesario para proteger cualquier caravana que pudiera formar, mi inseguridad respecto del asunto se disipo en cuanto el elfo me entrego mi tan ansiada marca. Un brazalete de acero con un símbolo. Pese a que el trabajo en dicha joyería no era del calibre de mi pueblo, notoriamente no lo necesitaba. Tal y como sus creadores, estaba hecho para durar, no para ser bello. Tras agradecer la comida a ambos, me retire, haciendo una pequeña reverencia antes de dirigir mis cansados pies hacia las calles de Darry gor -Muchas gracias por sus ofrecimientos, mis nobles caballeros… no los decepcionare-

Y con eso, decidí retirarme, siguiendo las instrucciones del mago del señor de estas tierras, decidí dirigirme al asno ventoso, la taberna local, una vez dentro, simplemente enseñe el brazalete a la tendera, una enana jovial que alegraba mi día con una sonrisa practicada para dicho efecto. Con una habitación reservada a mi nombre donde dormir, y mis alas ya moviéndose libremente en el aire detrás de mí, tome asiento en un taburete y pedí lo más cercano a vino que podía existir en una cultura tan obsesionada con la cerveza como era la cultura enanica… fui servido un tipo extraño de cerveza de sabor dulce y poco contenido alcohólico (al menos, para enanos)… bueno, al menos podía decir que había probado algo nuevo ese día.

Tuve un momento de tranquilidad mientras planificaba cada hora una vez saliera de la cama en la mañana… necesitaba arreglar mis plumas, llevaba un tiempo sin remover las que estaban gastadas, sin mencionar que no había tenido un baño de calidad en algunos días… y los ríos de esa área estaban demasiado fríos como para darse un aseo de calidad… en tanto a mi negocio iba a necesitar algún animal de carga, y guardias para poder re-conectar las aldeas del área. También necesitaría un mapa y una lista de contactos... y al menos un curso rápido sobre la producción de cada aldea… iba a pasar la mañana volando de aldea en aldea reuniendo información y…

¿Qué?...

Me pareció oír alguien gritar una alarma… pero pudo a ver sido mi imaginación, fermentada por una leve intoxicación alco…

Está bien, no, dos guardias entraron a la taberna, ajetreados, y nos pedían estarnos quietos… me acerque, debiendo apartar a algunos otros comensales que rodeaban a los guardias en una cacofonía de preguntas e insultos motivados por cual fuese el extraño liquido que los hijos de la roca hubieran consumido antes.

El enano de cuando llegaba al pueblo probablemente reconoció mi voz, ya que en cuanto inicie un rápido interrogatorio, el guardia revelo que el campamento de los cazadores estaba bajo ataque, por lo que parecían ser vampiros.

No sabía lo que eran más allá de mitos… pero si podía ayudar a los cazadores en repeler el ataque esto hubiera sido de gran ayuda en que fuesen más manejables al momento de formar una caravana. Y aunque debo admitir que estaba consciente que el licor había removida parte de mis escrúpulos, deseaba entrar en combate si esto me pudiese traer algún beneficio como lo había hecho en el pasado.

-Guardia, soy invitado del Thane y porto su marca, te ordeno que me dejes salir- Dije, amenazantemente mostrando el brazo adornado con el acero y la marca de mi contratista.

El guardia titubeo por un segundo, sus ordenes probablemente eran de mantener la taberna segura, pero yo de todos modos tenia dicho brazalete… Era extraño ver a una raza tan famosa por su tozudez titubear.

Los guardias se miraron y acercando ligeramente se susurraron cosas en su idioma, no pude entender mucho mas allá de “este pajarraco” y “déjalo” entre mezcladas en los rústicos y duros sonidos que conformaban la lengua de los enanos.

Uno de ellos se hizo a un lado, aunque sin dejar de vigilarme –Muy bien, pero estas por tu cuenta amigo-, yo le di una sonrisa socarrona, muy para molestia del enano, quien parecía desear que su mirada fuesen pedradas.

Dando diez pasos al exterior, por primera vez en casi un día pude extender mis alas de lado a lado, las jabalinas descansaban cómodamente en repartidas alrededor de mi cuerpo en pequeños carcaj que repartían el peso equitativamente, y la alabarda puesta firmemente en la espalda con una bien ceñida funda.

Mis alas ya extendidas empezaron a dibujar círculos en el aire y eventualmente fui levantado en el aire, a lo que rápidamente prepare una de mis jabalinas para arrojar en cuanto tuviera contacto visual contra los enemigos de turno.

Una vez ya estuve a una distancia segura del suelo, algo más alto que un edificio de tres pisos, empecé a moverme hacia el campamento. Casi de inmediato note que hacia mí se movía la taberna se movía una figura seguida de otra, la de más de frente era un humano normal, arco en mano, perseguido por una figura que se veía demasiado cómoda en las sombras perpetuas de esta tierra. No fue hasta que una flecha, salida desde la torre de vigía marco a la segunda figura como un blanco hostil al impactarla en su cadera en defensa del cazador, yo decidí hacer para lo que fui entrenado en el ejército: proveer soporte aéreo a las tropas de tierra.

Aguante la respiración un segundo, para afirmar mi pulso, a la par que espere a que mis alas dejaran de aletear para que el bamboleo no estorbara a mi puntería (y a su vez… que mi peso se uniera a la fuerza de la jabalina al caer.)

Deje caer mi arma, dirigida por mi brazo, mi peso y la gravedad en contra de la mujer de piel pálida, apuntando al centro de su cuerpo.


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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Ithilwen Erulaëriel el Sáb Mar 14, 2015 4:05 pm

-Otra pinta, enano- gritó Lüdrielh mientras con el ceño fruncido miraba en dirección hacia la escalera que llevaba a los cuartos superiores. Iban por el quinceavo tarro pero el licor a ellos poco o nada les afectaba. Se tocaba entre dedos las puntas de las yemas, detectando que, poco a poco, parecían adormecerse. No era bueno con los tragos. O al menos no para los estándares de los solares. El resto de los cinco le devolvían miradas furtivas a lado y lado, sintiéndose en camadería pues todos eran compañeros de armas desde la más tierna infancia. Aunque ninguno olvidaba que aquel lugar era lo más parecido a un nido de ratas. -¡Eïnë Schwëinëreï! (¡Qué marranera!) -bramó, no pudiendo esconder ya el rostro de asco que despertaba el antro de perdición que era el Asno ventoso.

Como en respuesta a sus palabras uno de los clientes en la mesa continua, un barbudo panzón de mejillas sonrojadas y apetito voraz, soltó un vientecillo peculiar, levantándose algo del asiento y de inmediato festejó con una gran y sonoro eructo, que sus compañeros de juerga celebraron en coro, bebiendo y dejando correr el líquido por sus caras ebrias.

Lüdrielh estaba hastiado de ese lugar. Él pertenecía a la llanura dorada o en su defecto a un campo de batalla. Pero estar ahí, en medio de la nada, lo sumía en profunda frustración frente a las cualidades que podía tener un alto general del rango de él…

Bebió de nuevo.

Todo era por ella. Sus padecimientos valían por ella. La sacerdotisa invadía su pensamiento como un letimotiv entre sorbo y sorbo. De no ser porque ELLA insistía en quedarse, él ya hubiese comandado la vuelta a casa. Ni siquiera en sus peores vaticinios había pensado en tener que estar compartiendo lugar con semejante raza decadente. Y cierto era que su vecino le hacía honores a todo lo que él despreciaba. Ni la cerveza le servía para apaciguar el querer ensartarle la espada por el trasero en nombre de los buenos modales y la cordura.

-¿Habéis dado la comida a la doncella de la habitación 3, enano? - arremetió el general, clavando su atención en la posadera.

-Así es, elfo- contestó seca e iracunda Hobb luego de traer las pintas número 16 a aquellos cinco orejudos petulantes.

-Espero le agradara vuestra comida… o al menos que se conformara- reparó serio pero sarcástico.

-Así lo ha hecho saber. ¿Necesitáis algo más, extranjeros?- indagó con cautela Hobb, aunque aquella actitud arrogante estaba al borde de colmarle la paciencia. “Si no fuera por los rubíes y el oro…”, se repetía la vieja posadera cuando aquel elfo de cabellos oscuros y mirada penetrante arrancaba con su interrogatorio.

Lüdrielh sonrió como quién ya se ve afectado por la bebida y sin más, se sintió presa de una duda, que comunicó con cierto balbuceo, impropio de él:

-¿Ha mencionado si nos requiere, enano?-

-No, señor, y si queréis que os sirva de recadera pues pagad por ello- espetó Hobb con el corazón latiéndole fuertemente. Ya era la cuarta vez en la noche que aquel elfo volvía con ello, y si no fuera porque el pago de la doncella, no estaría mintiendo abiertamente en la cara de un individuo pedante con una larga espada al cinto. No quería decir que ella no pudiera defenderse… pero estúpida no era ella. Sabía muy bien que aunque todos los enanos de la taberna se levantaran contra los elfos, los kazukan eran unos ebrios que no podrían encontrar ni sus propias barbas.

-No hace falta, enano- aclaró uno de los elfos: -Yo iré y veré si la Dama está bien o requiere algo más. Con vuestro permiso, capitán-. Hizo una torpe reverencia, encaminándose hacia las escaleras.

Hobb sintió que las mentiras se le desbarataban una a una, cual castillo de naipes. La doncella élfica no había llegado aún -de eso estaba segura- y ahora ella, una humilde posadera, pagaría por las mentiras compradas a muy bajo precio. Debió haber pedido más, pensó para sí mientras plantaba cara a aquel orejudo. Por supuesto, no había maldición en su lengua suficiente para aquella solar, pues ahora debía tratar de inventar alguna estratagema que impidiera a ese otro guardaespaldas descubriera la verdad.

De improviso la posada quedó en silencio. El rugido que se elevó por entre ventanas y puertas, encendió de inmediato el espíritu de lucha y temor de los kazukan ebrios y charladores locales. Luego de la sorpresa, las puertas se abrieron y dos guardias rechonchos y bien armados aparecieron en escena. La reacción no se hizo esperar: los clientes se pusieron en pie, los pocos humanos buscaron refugio debajo de sus mesas y los elfos arrugaron el rostro empuñando sus armas, aunque aún sin atreverse a blandirlas. Algo grave pasaba afuera.

Aquel solar que pretendía subir a ver a la doncella se perdió en los pisos superiores. Hobb consternada por la presencia de una amenaza en su negocio de un salto cruzó la barra y sacó de allí un mazo de proporciones generosas. “El apaciguador”, como solía llamarle por haberle sido útil más de una vez cuando la taberna se ponía ruda, resplandeció a la luz de las velas que iluminaban el lugar. Otro de los guardianes élficos clavó su rostro tras los cristales y asentando hacia Lüdrielh, corroborando las sospechas: a pesar de la oscuridad habían movimientos extraños en las afueras. El momento de los problemas había llegado y ellos, los hijos del reino de la Luz, estaban con los dedos adormecidos y poca conciencia para batallar. ¡Las desgracias nunca acaban en tierra de locos barbudos!, pensó el capitán inmortal.

Ante las órdenes de los kazukan solo uno se atrevió a imponerse y salir de aquella taberna. Los elfos de reojo siguieron sus actos hasta perderse en la oscuridad. En sí, ellos no moverían un dedo por ayudar a aquellas gentes, pues su destino estaba más allá de derramar sangre por hechos circunstanciales. Lüdrielh estaba claro en ese pensamiento: Solo una vida valía la pena y si ella estaba a salvo, lo mejor era tomar las cosas y seguir la ruta trazada.

Entonces el grito del solar bajando las escaleras alertó a los demás:

-¡¡Sïe ïst nïcht hïer, mein Herr Lüdrielh… die Dämë Ithilwën ïst nïcht dä!! (¡No está, Señor Lüdrielh! ¡la Señora no se encuentra acá!).

-Abrid paso, barbado o sabré dar cuenta de vuestras barbas- gruñó Lüdrielh, clavando la mirada en uno de los guardias. Los demás elfos sacaron sus armas y con sus rostros soberbios se sacaron las capuchas e irguieron, en clara demostración de su propia descendencia: altos elfos de la Ciudad de Luz.

-El thane no permite que nadie salga de acá, orejas locas, así que bebed un poco más y dejad el trabajo a quienes sí sabemos hacerlo- burló el guardia.

Los elfos, calmos pero arrogantes, estaban afectados por las más de 16 pintas que cada uno había bebido. La diplomacia no estaba ya dentro de su rango de acción.

-¡Maldita escoria!… por eso los nuestros os sacamos las barbas tiempo atrás…- [/i][/color] agregó Lüdrielh en tono lánguido pero firme: –Dejadnos pasar o lamentaréis el día en que os topasteis con nosotros.

-A lugar vuestras quejas, princesa bailarina. No queremos dañarte el traje- socavó de nuevo el guardia mientras el otro tomaba su martillo con fiereza. Los demás enanos presentes habían oído las palabras imprudentes del solar y por ende el clima pacífico de la taberna había cambiado de nerviosismo a  indecisión, y de ésta al pie de lucha.

Difícil saber quién atinó primero. Algunos dicen que fueron los guardias –de ello da cuenta solo un humano escondido entre las mesas- otros que fueron los elfos, pero lo cierto es, que si afuera de aquella taberna se peleaban con vampiros, adentro la trifulca era a puño limpio entre los hijos de la roca y la ilustre compañía del Rey de los Solares.

Y, en honor a la historia, los unos y los otros honraron a sus ancestros demostrando cómo terminaban las negociaciones entre elfos y enanos.  

--//--

Se distrajo en los alrededores. Vago por lo que parecía un poblado improvisado de casas a medio construir y caminos de herradura. El campamento se alzaba ante sus ojos celestes y sin más se sentó en un tronco a pocos metros de una torre de vigía. Las estrellas no asomaban esa noche y la oscuridad estaba espesa, brumosa, y aunque el ambiente gélido tendía a limpiarlo todo con su pureza inclemente, aquella noche el aire estaba enrarecido.

Las pocas palabras intercambiadas con el consejero del thane habían sumido en conjeturas a Ithilwen. Por un lado se sentía bendecida, pues el encontrar hermanos en tierras tan distantes le hacía ver que su misión no era del todo imposible, sin embargo la presencia de problemas en la zona no le hacían mucha gracia. Aquello no era un buen vaticinio. Por supuesto querría ayudarles, como todo aquel que se ufanara de los títulos y votos que ella tenía. Incluso, habría ofrecido su espada para luchar en aquella cacería. Los kazukan como los elfos no merecían enfrentar solos los juegos de las sombras. “Por alguna razón los dioses han guiado mis pasos”, aceptó. Pero del otro lado estaban sus elfos a quienes por sobre su vida misma salvaría de cualquier riesgo… Y Lüdrielh, ese fiel guardián que le había hecho prometer no correr más riesgos innecesarios, se negaría rotundamente a ayudar a los hijos de la roca.

“¿Qué hacer?”, se cuestionó una y otra vez, buscando entre la bruma un pedazo de cielo con el rezago de uno de los astros. Sus antepasados siempre habían encontrado la respuesta correcta grabada en el firmamento, más en ese día ni las estrellas querían ser leídas.

Pretendía rondar la casa y entrar por aquella puerta trasera que Hobb le había enseñado. Nadie se percataría de su ausencia y todo estaría en calma en la mañana. Estaba decidida a no adentrarse más en la política de aquel lugar y seguir su camino cuando el grito de guerra encendió las alarmas de un ataque inesperado.

De improviso estaba en medio de un campo de batalla y la solar sintió temor, no por ella sino por los suyos. Corrió a la taberna, forcejeando con las capas y capas de ropa que la protegían del frío, cuando el zumbido de una flecha la obligó a detenerse y cubrirse. Ingenua había sido pues su sombra era un objeto en movimiento expuesto entre la blancura impoluta. Sin embargo, el grito estremecedor de una joven la hizo frenar y buscar la fuente del llanto. Palideció ante los rasgos de aquella criatura y su mirada élfica apenas podía creer lo que veía: los dientes de aquella doncella…

“La región se encuentra sitiada por toda clase de criaturas surgidas del mismísimo Foso. Mi thane ha convocado una gran cacería…”, recordó la de cabellos azabache.

Una criatura de portentosas alas, con toda su gracia y arte le hizo frente, para rematar la tarea de quién había lanzado el proyectil. La desdeñada joven, de cabellos oscuros y ojos claros, corrompida su alma por la oscuridad, chillaba aún obstinada y hambrienta.

Ithilwen, en pánico, encontró la mirada de la criatura y le recordó a muchas de su pasado, confusas, crueles y atormentadas. La memoria de sus caídos la aprisionó, el recuerdo hiriente de aquellos hermanos que uno a uno habían muerto en las diversas empresas que ella había asistido se apilaron como sombras en su mente. Todos ellos al menos habían logrado el descanso de los justos, pero esa mujer no; aún no lograba la paz que viene con el abrazo puro de los dioses, el sueño eterno. Y sintió piedad por aquella alma condenada a la inmortalidad servil, un dolor empático que solo los seres de fe pueden sentir por sus semejantes.

Quitó la mano de la empuñadura de Glïndölïn, la cual había apresado en un primer impulso por defenderse de lo desconocido. Como pudo se puso en pie, forcejeando aún con la larga capa pesada por la nieve. Esbelta y altiva, la solar poca atención prestó al ser que desde el aire hacia frente a la vampira. Juntó sus manos y siguiendo un ritual ya estudiado, tomó de su espalda el báculo y trazó sobre la nieve un medio arco con tres puntos coronados, en dirección hacia la joven. Miró a la criatura retorcida en dolor y de sus labios el canto era apenas un murmullo notado entre la algarabía del lugar.

-Thëroniëth, lïmt, mörandë, nömmär. Thëroniëth, limtüeth, mento, Anthä…Thënëriath.

El cristal azulado del báculo emitió pequeños destellos. Los ojos celestes de la elfa se enfocaban en la joven atada al suelo desde sus entrañas. ¿Estaba viva o aún vivía? La solar lo ignoraba, pues su maldad estaba lejos de ser leída, el odio que supuraba era más fuerte que la lanza que tenía en las entrañas; más aquello no impediría que alcanzara el camino hacia la redención.

-Thëroniëth, lïmt, mörandë, nömmär. Thëroniëth, limtüeth, mento, Anthä…Thënëriath.

Una a una rezaba las palabras, oraciones secretas en su lengua élfica. De su mano izquierda brotó el rayo luminoso, dorado como la magia que la provee, y su alcance, apenas justo, se alargaba conforme oraba. Como un látigo, movió sus brazos y atrapó en ello la cabeza de la criatura. Los dioses debían favorecer a la joven, pues en un primer intento el lazo se ajustó alrededor de su cuello y la apresó, fortalecido por el canto divino.

-Thëroniëth, lïmt, mörandë, nömmär. Thëroniëth, limtüeth, mento, Anthä…Thënëriath.

Continuó. Sus labios rígidos seguían el rezo mientras el nudo atado se achicaba con cada sílaba pronunciada. Chillidos se esparcían por el aire hasta que el cuello cedió a la presión. Un “crack” selló el destino de la criatura al mismo tiempo que un golpe estruendoso se propagaba por el lugar. Al voltear, la escena fue clara: un enano acababa de ser arrojado por los aires y estrellado contra un árbol a punto éste de partirse en dos por la fuerza del ataque, y enfrente de éste, como detenido por un impulso brutal, la mirada turbia y cruenta del atacante volteó hacia la solar, con clara sed de venganza.

Ithilwen titubeó pues su conocimiento sobre aquella raza sanguinaria era nimio.

Desde el inicio de su vida siempre había mostrado predilección por el báculo: un arma justa y piadosa, pues no mata a menos de que el golpe sea dado en el punto apropiado; una herramienta de penitencia y erudición mágica. Siempre había tratado de combatir con ella aún en las más duras circunstancias. Toda vida merece ser salvada, rezaba su credo. Pero los ojos hinchados de maldad de quién la enfrentaba merecían más que ello, pues el latido del ser no se sentía en el alma corrompida que la observaba; una criatura vieja y sabia, que exhibía la misma sapiencia que la solar o quizás más.

Cambió el báculo de mano y al retirar par cabellos de su rostro, desenfundó a Glïndölïn, cuya hoja brilló. Respiró hondo y se encomendó a los dioses: su deber no era con el vampiro, sino con el herido que yacía entre ella y el enemigo.

-Thëroniëth, lïmt mörandë, nömmär. Thëroniëth, limtüeth, mento, Anthä…Thënëriath.

Rezó y a paso vivo avanzó hacia la oscuridad.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Bediam el Sáb Mar 14, 2015 6:25 pm

Algo pesado cayó sobre su estómago y el sueño le abandonó con brusquedad, prometiendo volver tarde o temprano. Se incorporó, tenso y desorientado, al momento. Bediam no reconoció al instante donde se encontraba, por lo que un miedo instintivo a lo desconocido le envolvió, llenándole la cabeza de pensamientos sombríos.

-Ponte la armadura –le ordenó Perik, mientras peleaba por ponerse una gastada cota de mallas.

Bediam respiró aliviado al reconocer al enano y recordar, por tanto, los recientes sucesos. El brasero de leña emitía una tenue luz rojiza que daba a todo el interior de la tienda (y en especial al enano) un aspecto infernal.

-¿Ya es de día? –farfulló el alquimista con voz pastosa.

Un gruñido de satisfacción anunció que el cazador había conseguido ponerse por fin la cota de mallas correctamente.

-Ahora no tengo tiempo para encargarme de ti –masculló el veterano enano con seriedad-. Están atacando el campamento. Así que ponte la armadura de una vez.

Un escalofrío recorrió la espalda de Bediam. ¿Darry’Gor estaba bajo ataque? Miró entonces su regazo y comprobó que había sido la armadura de cuero que le había dado Perik lo que le había robado el sueño al caer sobre él.

-¿Y qué hago? –preguntó el alquimista, estupefacto.

-¡Ponte la puta armadura! –rugió el enano, mirándole con dureza a los ojos.

Bediam se colocó el peto con torpeza y se ajustó las correas con bastante menos destreza que la vez anterior.

-¿Quién nos ataca? –preguntó el alquimista con voz quebrada.

El enano sacudió la cabeza mientras seguía preparándose: parecía que se dirigiese a la guerra…

-Quien no, qué –corrigió-. Vampiros.

Bediam, que estaba abrochándose el cinturón en ese momento, se quedó congelado.

-¿Vampiros? –repitió, incrédulo.

El enano cogió su gruesa hacha de guerra y la asió con fuerza, sopesándola.

-Son sensibles a la luz y no soportan el ajo –le explicó-. Son rápidos, fuertes y no tienen compasión. Son monstruos.

Perik le miró con determinación.

-Hay que atravesarles el corazón o cortarles la cabeza –continuó-. No malgastes tus fuerzas intentando nada más.

Bediam no respondió y Perik entrecerró los ojos, recordando de pronto que no se encontraba ante otro cazador, sino ante un chico que no sabía ni presentarse correctamente.

-Si no vas a luchar, huye hacia la posada –le aconsejó el enano con voz neutra-. Allí habrá gente que te protegerá. Yo no pued-

La frase de Perik quedó suspendida en el aire. En los oídos de ambos había resonado, alto y claro, un grito de guerra enano: “Kazukan ai¨menu!”.

-Youdar… –masculló Perik, palideciendo.

Y, sin mediar palabra, salió de la tienda a la carrera. Bediam se quedó allí plantado, con la mirada de Perik grabada a fuego en su mente. Esa mirada, ese momento en el que Perik había recordado que no era más que un niño jugando a ser un hombre. Apretó los dientes, tragó saliva y salió también de la tienda de campaña.

Era una noche oscura: la luz de las lunas apenas iluminaban y la única hoguera que había, en el centro del campamento, producía sombras que danzaban a su alrededor, convirtiendolo todo en vampiro tras cada oscilación que producía el viento en las llamas.

Lo primero que pudo ver el alquimista, nada más salir, fue a Youdar, el enano al que Perik le había presentado en la cena, saliendo despedido por los aires. Se estrelló contra un árbol, que crujió desairado, pero resistió el golpe. El enano se desplomó en el suelo, sin moverse. La oscuridad impedía ver bien en qué estado había acabado Youdar, pero evidentemente no estaba ileso. Entonces una risa cruel e inhumana explotó en la garganta de una siniestra figura. A Bediam se le encogió el corazón y quedó petrificado, pero Perik, que había permanecido unos segundos expectante esperando ver moverse a su querido amigo, rugió algo para el humano incomprensible y se abalanzó sobre la figura, seguido por Kadín, que había oído también el grito de Youdar y había acudido a su llamada.

Pero los enanos se detuvieron de golpe cuando el otro esgrimió contra él una bola de pelo que tenía firmemente sujeta en la mano: era Pelos, el gato de Youdar.

-Eres un monstruo –masculló Perik con voz gélida.

La figura hizo una sutil reverencia, alagado… y salió corriendo hacia el enano malherido. Perik ahogó un grito y trató de ir tras él, pero la inhumana figura avanzaba con agilidad, disfrutando por la angustia que causaba. Bediam era vagamente consciente de lo que estaba pasando. Aquella figura era un vampiro. Y el enano, Youdar, iba a morir. Iba a morir en la más profunda oscuridad, sin una mano amiga cerca. Aquel pensamiento le llenó de desazón y deseó con todas sus fuerzas que la luz del sol les iluminase.

Y, de pronto, un grito agónico se extendió por todo el campamento. Bediam se giró y vio como una furiosa lengua de luz decapitaba a una criatura atravesada por una lanza. No fue el único en verlo. El vampiro que llevaba a Pelos rugió con una ira más negra que la propia noche y olvidó al enano. La lengua de luz se disipó y solo quedó una esbelta figura portando una especie de bastón: era una mujer. El vampiro arrojó al gato con fuerza contra el suelo, de pronto cansado de su pequeño juego, y miró a quien había asesinado a uno de los suyos con intensidad. La mujer se percató al instante y se le quedó también mirando. Ambos se sostuvieron la mirada unos interminables segundos… y cargaron el uno contra el otro. Los dos se movían con una elegancia que no se correspondía al mundo humano y Bediam maldijo de nuevo aquella densa falta de luz que arropaba a aquellas malvadas criaturas.

Bediam se palpó el costado y sintió una leve molestia. Hasta ahora no había hecho nada más que quejarse y recibir golpes. Miró con firmeza el fuego. “Son sensibles a la luz” había dicho Perik. Y supo que tenía que hacer: con una maestría que solo da la práctica, deslizó la mano a su cinturón, tiró de un cordel y hundió la mano en un saco lleno de arena. Susurró una plegaria laica y queda… y arrojó al cielo un generoso puñado de granos de luz mientras cerraba los ojos.

Los granos de luz son pequeñas partículas de un raro mineral, con múltiples superficies lisas y perfectas, incluso por la parte interna. Eran un milagro en sí mismas, una combinación perfecta entre las maravillas de la naturaleza y el ingenio del hombro. En cuanto la tenue luz de la hoguera incidió sobre el polvo que Bediam había dispersado, la absorbieron y empezaron brillar con furia anaranjada en todas direcciones. Y fue como si el aire mismo hubiese decidido empezar a destellar alrededor del alquimista, iluminando la zona… y deslumbrando a los que miraban. Bediam escuchó un chillido angustiado y entonces abrió los ojos con cuidado. El vampiro había detenido su carga y se llevaba las manos a la cara con evidente dolor: se había cegado. El primer resplandor de los granos de luz siempre es sorprendente y desagradable para quien lo ve directamente, más aún si la luz es una de tus debilidades.

El polvo se depositó sobre la nieve, bañando toda la zona con una cálida luz naranja que obligó a las sombras a retirarse y exponiendo al fin la figura del vampiro y de todo aquel que quisiese refugiarse allí de las sombras. Veloz como una flecha, la mujer, ahora armada con una espada, se internó en el círculo de luz, dispuesta a combatir al aturdido vampiro.

-¡Pelos está bien! –gritó Kadín – La nieve lo ha protegido. Vamos a por el Lord Vampiro.

Bediam se giró hacia allí, justo para ver como Perik y Kadín se abalanzaba también sobre el vampiro. Y fue consciente de que ya había hecho todo lo que podía hacer. Entonces oyó un gemido y recordó a Youdar. Si estaba muy mal, necesitaría ayuda. Se alejó del círculo de luz en dirección al enano, sin atreverse si quiera a mirar atrás. Dejaba en manos de los cazadores acabar con aquella criatura. Se llevó la mano una vez más al cinturón y comprobó que su frasco de Prisa de Eryth seguía en su sitio.

Esperaba no tener que usarlo.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

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