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Cacería de la Vieja Escuela

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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Tyrael el Miér Mar 18, 2015 8:36 am

Había caído en un sueño profundo el cual parecía mas bien un sueño de recuperación de todas las energías gastadas en el día. No sabía si estaba soñando o era mi subconsciente razonando mientras yo estaba dormido, pero aún habían piezas que no encajaban en un rompecabezas desconocido. El Thane, parecía estar muy a gusto, alegre y contento con su pequeño pueblo de enanos. Según me había enterado el pueblo estaba siendo asediado por los interminables monstruos que asechaban en la oscuridad, pero sus líderes ofrecían una fiesta y festejaban con sus "invitados", estos invitados eran cazadores, pero por el aspecto que daban parecían mas  bien mercenarios, cazarecompensas o incluso asesinos a sueldo, charlatanes, pedantes y tediosos... Pero, había un grupo mucho más afable, humildes y con un poco más que "cerebro", bueno, al menos a simple vista, del que habían demostrado algunos cuando el señor elfo dio su laboriosa charla a los cazadores.  

Por otro lado, la carta que se me había entregado en mi casa aún no tenía emisor, pues, confiaba en las palabras sinceras de Ian y Balin, ellos no la habían mandado, entonces... ¿Quién había emitido el mensaje? Sabía muy bien que las cartas no se escriben solas y a menudo los escribamos suelen colocar una firma en la parte inferior derecha de la carta, sin embargo esta tenía el nombre de un remitente falso. El contenido de la carta, al menos era cuerdo, tal vez a lo que se refería esa persona cuando escribió que los gobernantes los abandonaban era que sus jefes se limpiaban las manos de las tragedias que cometían los monstruos y colocaban la seguridad de un pueblo inocente en manos de desconocidos que sólo buscaban riquezas. Mi sueño, monólogo subconsciente o lo que sea, fue interrumpido por una algarabía que se escuchaba a lo lejos de la casa, pero se distinguía lo suficiente como para despertarme.

¡Tyrael, Tyrael! -Gritó Balin desesperado.

La desesperación, curiosidad y miedo en su voz hizo que se me helara la sangre, cortándome el sueño al instante. Me reincorporé y me senté en la cama, mi visión se enfocó poco a poco y pude distinguir a Ian aferrado a la pierna de Balin, con temor en su rostro.

¿Qué pasa? -Dije desconcertado- ¿Por qué esas caras?

Mi voz no expresaba ni denotaba miedo, sino confusión, pero en el fondo de mí sabía que para que me despertaran en medio de la noche, con ese tipo de actitud no era para ofrecerme galletitas rellenas con leche o para anunciar la llegada de Santa Claus. Balín intentó responder pero prefirió callar y que escuchara de la misma boca de Ranir, el enano guardia lo que estaba pasando.

¡Escucha! -Dijo Balin apuntando a la ventana.

Mi oído se agudizó, mi ojos se clavaron en la ventana para intentar distinguir algo y pude ver unos movimientos vagos de lo que parecía una figura algo tosca, pequeña, se me hacía familiar a uno de los enanos guardias que había visto  antes.

¡A mi la guardia!, ¡vampiros en la villa! -Dijo la figura que se apreciaba por la ventana.

¡Vampiros!
¡Vampiros!
¡Vampiros!

Me levanté de la cama, me ajusté la armadura y me preparé para la batalla. Me dirigí a la puerta decidido a vencer a los enemigos que atormentaban aquella gélida noche, no sabía mucho de los vampiros, de hecho, mi conocimiento era casi nulo a cerca de aquellos seres, pero la justicia me guiaría. Sí, la justicia me guiaría pero no me daría los elementos necesarios para vencer, salvo la fé y el espíritu de batalla.

¡Arcángel! -Dijo Ian con cara asustada y corriendo hacia mi, para abrazarme- No me dejes Arcángel.

No pensarás salir allá, muchacho, ¿Verdad? A menos que quieras correr con el mismo destino que muchos en el pueblo

Me paré y me di la vuelta, me agaché para ver a Ian a la cara y le dije.

Nunca te dejaré, Ian, estaré contigo siempre, pero, debo protegerte a tí -Señalé a Ian- y a usted -Señalé a Balin- y a todo el pueblo -Señalé por la ventana- Porque la justicia no caerá de mano de cobardes y aprovechados, sino de los venturosos guerreros que reciben el primer golpe. Sí, pienso salír, Balin -Levanté la vista y lo miré- y confío en que la justicia nos cuide.

Admiro tu convicción, joven Arcángel, pero debes saber un par de cosas antes de salir, si son vampiros convencionales no los matarás a menos que los decapites o les claves algo de madera en el corazón, cualquier otro tipo de heridas se las regenerará, su movilidad en las sombras es muy alta pero tienen sensibilidad a la luz, así que ten cuidado y toma -Dijo mientras se retiraba a una esquina, tomando una bolsa de cuerda con lo que parecían ramas de madera- Estas son estacas, tal vez te sean útiles, es todo lo que te puedo ofrecer

Las palabras no me alcanzan para agradecer esta generosa acción, vuelvo enseguida.

Tomé la bolsa y la colgué en mi cinturón de forma que al correr no me entorpeciera, me volteé en dirección a la puerta y comencé a caminar, justo cuando sentí que mi pierna se colocaba más pesada como si alguien estuviera jalando de ella. Al voltear a ver que pasaba vi como Ian se aferraba de mi.

Tengo miedo, Arcángel

No temas, pequeño, volveré en menos de lo que te darás cuenta, te lo prometo.

Ian me soltó y salí de la casa observando el cielo, un inmenso mar de negrura adornado por cuerpos celestes brillantes era el escenario de aquella batalla, tomé a justiciera y la desenvainé, la empuñé y caminé con paso apresurado directo a al campamento de donde venían los chillidos, gritos y demás. Aumenté la luz de mis alas a su máxima capacidad brillante y me coloqué la capucha que estaba colgando de mi cuello por la parte posterior, quedó perfectamente ajustado a mi cabeza para proteger mi (Blanca cabellera. Já, chiste malo) mi cabeza  de cualquier cosa. Mientras me acercaba vi como tenían a un ser contra las cuerdas, con una flecha incrustada en él, una especie de lanza en el pecho  y un látigo de luz que le rodeaba el cuello, sólo pude apreciar como su cabeza caía desprendida de su cuerpo. Imaginé que en esa dirección ya estaba controlado y que nuestros enemigos eran el que había sido ultimado por el trío puesto que había visto a dos de ellos, excepto al ser alado anteriormente.

Corrí en dirección al campamento, al corazón del campamento y pude apreciar como yacía en el suelo una persona ensangrentada, así que me acerqué para asegurarme de que estuviera bien, al menos por el momento y luego regresar para prestarle ayuda, sin embargo, cuando iba llegando pude ver como yacía un sujeto en el suelo con un virote de madera en el pecho, mi intuición me dijo que era uno de los vampiros, eso y que su mano correspondía a la sangre que brotaba del yacido en el piso. Hasta ahora las indicaciones de Balin parecían ser correctas. Llegué donde estaba el herido, me agaché asegurándome de que no había ningún peligro al rededor.

Amigo ¿estás bien? Te hicieron una herida en el pecho -Miré de reojo- Aguanta, saldrás de esta.

Empuñé a Justiciera nuevamente al escuchar unos chillidos viniendo cerca de donde estábamos, tres vampiros estaban cerca de otra tienda de campaña, bajé por completo la luminosidad de mis alas y tomé una piedra y la arrojé esperando llamar la atención de uno de ellos y que me enfrentara solo. Luego, cuando estuviera suficientemente cerca como para que mi luz le afectara, según lo que había dicho Balin. Al estar cerca aumenté bruscamente la luz emitida por mis alas hasta llegar al máximo, un chillido inundó ese espacio, el vampiro se había cegado con mis alas, aproveché los segundos que tenía mientras la vista de mi enemigo se regeneraba y arremetí contra él buscando tumbarlo y que quedara expuesto. Cuando cayera, con el misma fuerza de caída me pararía y haría un corte limpio directo al cuello del vampiro  esperando que el filo de justiciera fuera lo suficiente como para herirle mortalmente. Empuñé nuevamente a Justiciera luego de realizar el movimiento esperando la adversidad.


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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Alakaaid el Miér Mar 18, 2015 10:49 pm

Después de escuchar repetidamente el nombre del cazador Urabur, comenzamos a prestar atención a todo lo que decían, comprobándonos  que en realidad era un maestro muy renombrado, pero eso no hacía que creciera más la confianza que teníamos Kilik y yo hacia él, sabia demasiadas cosas sobre mí, me acerque hasta donde estaban debatiendo de la razón de su ausencia para excusarlo debidamente:

-disculpen- tome una pausa hasta tener su completa atención, - soy Alakaaid y él es mi amigo Kilik, estamos aquí en representación de Urabur, personalmente nos pidió que viniéramos a ayudar en la caza- acote sin quitar en ningún momento la seriedad de mi rostro.

A unos segundos después se escuchó una voz fuerte que desde lejos dijo:

-A todos los cazadores, por favor, acompáñennos a la casa comunal. El hechicero Lenxer, consejero del thane Ingrod, desea hablar con vosotros-

Era el capitán de la guardia de la cuidad me pareció, debido a distinción de su armadura comparado con la de los demás guardias, además de su actitud de grandeza y poder que hacía que fuera un poco molesto para mí.

El rostro de Kilik cambio de un momento a otro después de escuchar las palabras del capitán, no le había gustado la manera en que pedio las cosas, el enojo en su rostro era notable:

- ¿quién demonios se cree? esa no es la manera de decir las cosas, me encantaría darle una clase de modales que nunca va a olvidar-

Reí suavemente escuchando tanta agresividad de mi querido amigo, dejándole luego algunas palmadas en la espalda:

- no le preste tanta atención, a mí más bien me intriga saber que asuntos tan importantes hacen que nos manden a buscar con la guardia del pueblo, y a esta hora, que asunto no puede esperar hasta mañana-

Su rostro cambio después de mis palabras ya que sabía que tenía que tener en cuenta las palabras de ese guardia, él y yo estábamos en esa caza por razones totalmente distinta a los demás.

-no lo sé, de todas maneras fuimos enviado chantajeados por el anciano, supongo que deberíamos ir, el aseguro que aclararías todas tus dudas, pero hasta ahora no hemos hecho más que esperar y perder en tiempo sentados aquí-

Sin decir más vimos como casi todos los campamentos cercanos se dirigían a pie hacia la cuidad en custodia de los guardias que los guiaban hasta la casa comunal, al dejar que tomaran un poco de distancia me devolví solo para tomar mi espada, un buen cazador sabe que nunca de  salir desarmado a ningún sitio, mi viejo amigo hizo lo mismo tomando su arco y su carcaj repleto de flechas con filosas puntas de acero, montándose en su caballo, me dirigí hacia BlackSoul montándolo ya sin problemas, al parecer se había acostumbrado a mi rápidamente, tome las riendas para ir en trote suave hasta donde se habían sido convocados todos los cazadores, acercándonos una gran estructura que obviaba ser la casa comunal, nos bajamos de nuestras monturas amarrándolos afuera para pasar después que el gran grupo de cazadores que se dirigía con los guardias, muy amablemente nos recibió uno de los trabajadores del lugar alistando una mesa algo apartada de las demás para no tener problemas con nadie, solo estábamos ahí para cumplir el deseo de Urabur, nos ofrecieron trago que amablemente aceptamos, sin más que decir de esa movida reunión, esperamos hasta que todo el agasajo terminara para devolvernos  al lugar donde estábamos anteriormente, viendo como algunos se devolvían borrachos hasta el campamento.

Nos sentamos junto al mismo árbol donde habíamos llegado, ya algo agotado me recosté del mismo para poder descansar y conciliar el sueño, cosa que no lograba viendo el movimiento de algunos cazadores que parecían algo inquietos, Kilik estaba en un sueño profundo teniendo su cabeza recostada sobre su carcaj, de pronto el relinchar de BlackSoul me extraño mucho por lo cual me levante para ir hasta donde él se encontraba, pero antes de llegar una fuerte corriente aire paso frente a mi cortando mi abdomen tumbándome, solté un grito de dolor viendo como de inmediato el vampiro caía cerca de mi debía a que había sido atrasado por la flecha de un cazador, al voltear de nuevo vi que era uno solo, era un grupo considerable, Kilik de inmediato se despertó para socorrerme viendo al vampiro atravesado por una fecha de madera:

-Alak, amigo, ¿estás bien? déjame ver esa herida-

-estoy bien- tome un poco de aire debido al dolor- ahora ve a ayudar a los demás-

Notaba como la sangre corría poco a poco por mi abdomen hacia mis costados... pronto, otro humano desconocido, con alas, túnicas blancas y una espada envainada se acercó a mi agachándose para preguntarme como me encontraba:

Amigo ¿estás bien? Te hicieron una herida en el pecho, Aguanta, saldrás de esta.

- yo estaré bien, ahora hay problemas más  graves que esta insignificante herida-

luego el hombre con alas se alejó de mi para atacar a uno de los vampiros, en medio de la situación y el inmenso dolor que sentía debido a la herida que me había provocado uno de esos malditos, la sangre me comenzó a hervir haciéndome molestar de tal manera que no pude controlar que mi trasformación diera comienzo.
Gritaba de nuevo de dolor sintiendo como poco a poco me iba haciendo más grande perdiendo poco a poco el sentido y comenzando a ser más salvaje, al notar esto Kilik le grito a los demás que se apartaran de mí, mi ropa se fue rompiendo, el color de mis ojo cambio por completo, mis manos se convertían en grandes patas con uñas fuertes con el acero, mis dientes cambiaron a enormes colmillos y mi cuerpo de cubrió completamente de un pelo negro, dando asi con culminada mi transformación.
Soltando un fuerte aullido hacia los cielos en cuatro patas, me puse de pie y viendo a todos algo confundido ya que no sabía controlar al 100% mi transformación me guié por el olor de esas desagradables bestias, de nuevo me puse en cuatro patas para correr con gran velocidad hacia uno de ellos, corrí hacia su espalda para luego tratar de saltarle encima y arrancar con mis fuertes dientes su cuello, el dolor no era nada comparado con la adrenalina que tenía al convertirme en hombre lobo, poco a poco el instinto animal se iba apoderando de mí, haciéndome perder el control.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Youdar el Jue Mar 19, 2015 3:15 pm

Vanstiel miró, divertido, como aquel enano cargaba contra él. ¡Qué estúpidos podían llegar a ser los mortales! ¿Cómo podía un guerrero romper su  propia defensa en batalla, sólo por un animal? Cuando Youdar llegó hasta él, Vanstiel se limitó a lanzarle un rápido zarpazo al pecho, buscando atravesar el corazón del enano. Para su sorpresa, éste lo esquivó ágilmente, y del mismo modo esquivó también un segundo ataque.

No he venido aquí a jugar” pensó el Lord Vampiro, y, proponiéndose un objetivo más realista, aunque mucho menos elegante que un solo golpe que fulminara a Youdar, buscó con la mano que tenía libre la ropa del enano. Tras asirle, le mandó por los aires, yendo éste a parar contra un árbol cercano al campamento.
-Ahora voy a acabar con tu amo- le dijo al gato que, aterrorizado, era incapaz siquiera de intentar huir de su abrazo.

-//-

Ruby, la vampiresa, estaba ansiosa por la oportunidad que Vanstiel les había brindado. ¿Podía ser una oportunidad mejor? Tantos cazadores, que a tantos de los suyos habían matado, se encontraban todos juntos, en un mismo lugar, y desprotegidos. Casi envidiaba a sus hermanos menores, que tendrían el privilegio de matarlos, pero ella tenía una misión más importante. Su amado Vanstiel le había encargado desangrar al pueblo de Darry´Gor, y ella no iba a darle motivos para dudar de su capacidad.

Envuelta entre sombras, estaba a menos de cien metros de la taberna local. Jamás había pisado ese pueblo antes, pero las tabernas huelen todas iguales, sean de donde sean, y en ellas siempre hay sangre dispuesta a ser bebida. En el mismo instante que empezó a imaginarse su banquete, vio como un pequeño tentempié se le ofrecía voluntarioso, corriendo en la misma dirección que ella. Se abalanzó sobre el humano, derribándolo, lanzando este una flecha al aire, que no hizo blanco. Su cuerpo no olía especialmente bien, pero su sangre desprendía el característico aroma de los luchadores. Sería un bocado delicioso.

Cuando Ruby iba a hincar sus dientes en él, una flecha, de origen desconocido, se le clavó en la cadera. Se volvió furiosa, buscando a quien osaba dañarla, sin importarle el hecho de que su herida podía sanar en cuestión de minutos. Rápidamente detectó a quien la había atacado, pues la noche no era cobijo para quien busca esconderse de un vampiro. Estaba dispuesta a aniquilar rápidamente al maloliente, para acabar después con su agresora, cuando una jabalina, lanzada con una fuerza extraordinaria, la alejó de su presa varios metros, clavándola al suelo por el estómago.

Intentó con gran dolor hacer que la jabalina la atravesara del todo, con la intención de liberarse del abrazo al que la nieve y el suelo la tenían sometida. Su tripa sangraba abundantemente, al igual que sus manos, y el esfuerzo impedía que la herida de su cadera cerrara bien. ¿Cómo tres sucios mortales habían podido hacerle eso?, ¡A ella! Se aferró al sentimiento más puro de un vampiro, el hambre, así como a la venganza, y no pensó en otra cosa mientras luchaba por liberarse. Los devoraría a todos, a la arquera, al divium que la había clavado al suelo, y al apestoso por haber iniciado todo aquello.

Cuando, en mitad del frenesí de dolor, estaba a punto de liberarse, algo se aferró a su cuello, envolviéndolo como lo haría una bufanda. Aquel hilo, comenzó a ceñirse más y más, y Ruby empeñó todas sus fuerzas en liberarse, tanto de aquella soga, como de la jabalina. Se sintió avergonzada al ser consciente, un instante antes de que ocurriera, de que cuatro miserables mortales iban a acabar con su vida. Con su último aliento, casi ahogado por el lazo que la estaba matando, llamó a su amante, padre y líder.
-Vanstiel…
Tras decir aquello, su cuello se rompió, y al segundo su cabeza fue desprendida del resto del cuerpo. Poco a poco, con el frió viento de Darry´Gor, los restos de Ruby iban convirtiéndose en ceniza, que volaba en la noche.

-//-

Desde la atalaya, Adila, acompañada de Sung´mahetu, pudo ver, impotente, cómo atacaban a Sejen. A aquella distancia, y con él tan cerca de la vampiresa, no podía arriesgarse a disparar de nuevo, pues era tan probable que acertase al enemigo como que acertase a Sejen.

En su desesperación, buscando algo útil que hacer, se volvió hacia el centro del campamento, donde todos luchaban por su vida. Pudo ver al despreciable grupo de Utrek enfrentarse a tres vampiros. Allí tampoco le era fácil distinguir amigos de enemigos, así que hizo lo único que podía hacer, encomendarse a las órdenes que le había dado Sejen, y vigilar la zona donde él se encontraba postrado, siguiendo cualquier indicación que le diera el coyote espectral.

-//-

Utrek, resacoso por la grandiosa cena del thane, maldecía a aquellas criaturas por obligarlo a despertar tan pronto, y con aquel terrible dolor de cabeza. Antes de salir dispuesto a matar, cargó su ballesta, y se puso su chaleco de la suerte, en el que llevaba grandes dosis de todo cuanto sirviera para matar monstruos, aparte de grandes dosis de sudor, tanto reseco como reciente, marca personal del cazador.

Al salir de su tienda, disparó un virote de madera al corazón de la primera bestia que vio.
-¡Papi está en casaaa…!- dijo arrogantemente a voces, más para animar a sus chicos que para asustar al enemigo.

Desenfundó su espada bastarda, su arma favorita (“una bastarda empuñada por un grandísimo bastardo”, solía decirse), y corrió hacia el enemigo caído. Sin pararse a comprobar si la madera había acertado de lleno, o el vampiro solo fingía su muerte, le decapitó de un certero ataque.

Aún quedaban dos vampiros cerca de él, pero pudo ver que sus chicos los tenían controlados, así que volvió a cargar su ballesta, y corrió hacia la zona donde se encontraba Shan. Ese chico idiota estaba solo, rodeado de tres vampiros, y sus amigos parecían demasiado entretenidos ajustándose el corsé como para socorrerle a tiempo.

-//-

Shan resistía como podía contra dos vampiros, armado con su espada. Su ballesta se encontraba en el suelo, pues no había tenido tiempo de guardarla correctamente, o de volver a cargarla. Justo a tiempo, pudo notar como los dos vampiros se mantenían a distancia, y sonreían. Esta actitud fue la única que lo puso sobre aviso de que un tercer monstruo se acercaba a él por detrás.

Se dio la vuelta rápidamente, a tiempo de ver como el ser se abalanzaba contra él, y se detenía bruscamente a justo unos centímetros, con un virote de madera atravesándole la frente. Sin pensarlo dos veces, Shan decapitó al monstruo. Tras él, puso ver la desagradable mirada de Utrek, recordándole una vez más las veces que le debía agradecer el seguir vivo.

-¡Que te den, viejo!- escupió al aire Shan, y se volvió hacia sus dos enemigos, justo a tiempo de ver como Lars, Ravin y Nedrivning salían en tropel de su tienda.

Nedrivning embistió con todo su peso y el de su armadura al primer vampiro que vio. En ese momento, Lars, deseando probarse a si mismo ante Shan, disparó su ballesta contra el corazón del vampiro derribado, pero en lugar de esto hirió en el hombro a Nedrivning, atravesándole.  Por suerte, Ravin no falló en su disparo, y el vampiro comenzó a desintegrarse, por la mortal madera clavada en su corazón.

En ese momento, un gran resplandor de luz cegó el campamento entero, y, poder entornar de nuevo la mirada, Shan pudo ver como todos los vampiros cercanos corrían hacia el mismo punto.
-Id, yo cuidaré de él- dijo Lars a Shan y Ravin. Shan le intentó decir algo que le indicara que lo ocurrido con Nedrivning era solo un accidente, pero debió bastar solo con su mirada, porque Lars añadió, intentando contener sus lágrimas – Ha sido culpa mía.

Lamentando no poder detenerse a consolar a su pupilo, Shan y Ravin corrieron en la misma dirección que los vampiros.

-//-

El vampiro más cercano a la tienda de Alakaaid y Kilik, ni se fijó en la piedra que Tyrael le había lanzado, y siguió su lucha contra otros cazadores, pero no pudo evitar cegarse por el gran resplandor causado por los granos de luz. Después vio como Tyrael lo derribaba, buscando clavarle una estaca en el corazón. Fue lo suficientemente rápido como para quitarse de encima al arcángel, pero no lo fue para evitar la dentellada de una gran bestia, que lo decapitó en el acto.

-//-

Lenxer intentó poner calma en la Casa Comunal, tanto como pudo al recibir las noticias del ataque. Organizó a la guardia, y les envió directos al campamento de los cazadores, con la prioridad de que el ataque no llegase hasta las zonas más cercanas de la villa, como la posada. En cuanto se quitó de encima a los enanos, salió corriendo del lugar donde vivía y trabajaba, y se dirigió hacia la otra parte del campamento, en el extremo contrario al que había enviado a la guardia.

Al llegar, vio como Lars cuidaba del malherido Nedrivning.
-Únete a la batalla, cazador, yo sanaré a tu amigo- dijo con voz calmada. El chico titubeó un momento, pero, tras secarse unas lágrimas del rostro, que Lenxer hizo esfuerzo en no ver, cargó su ballesta y se dirigió a la zona donde una peluda bestia parecía amenazar a un hombre con alas brillantes.

Al comprobar que nadie le molestaría, Lenxer se arrodilló junto a Nedrivning, y sacó una daga de plata. Después le tapó la boca con fuerza para que no gritara.
-Esto es algo que debe pasar- dijo.

-//-

Vanstiel se giró con una furia carmesí reflejada en sus ojos. Los tenía muy fijos en Ithilwen, y olvidó por completo al enano y al gato. Tan solo los granos de luz lanzados por Bediam impidieron que el Lord Vampiro hiciera una masacre con la princesa elfa. El alto señor oscuro, al recuperar la vista, apreció como su posición ya no era tan ventajosa, y lanzó un gran chillido psíquico, algo que solo los de su posición pueden hacer, cuando requieren ayuda de sus hijos. Mientras los suyos llegasen, quizá aun estuviera a tiempo de vengarse de esa elfa.
-Tú también eres de una raza inmortal. Juro que compartirás mi destino. Voy a torturarte hasta averiguar a quien amas, y te lo arrebataré como tú me la has arrebatado a mí.

-//-

Youdar podía notar la sangre correrle por el rostro, y múltiples magulladuras graves en la espalda, pero aún así, algo, bien podía ser orgullo, o bien ira contra el ser que se había atrevido a tocar a Pelos, con la intención de dañarlo, le llevo a rechazar la ayuda de Bediam.
-Me encuentro bien, de verdad. Ahora hay que capturar vivo a ese monstruo, si queremos obtener algunas respuestas- dijo el enano, poniéndose en pie como pudo, y acudiendo presto hacia Vanstiel.



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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Ithilwen Erulaëriel el Vie Mar 20, 2015 3:04 pm

De pronto así, cual soñando
en alta mar sorda y fuerte;
entre la nada y la muerte
me encuentro a oscuras bogando;
sopla el tiempo, y ando, y ando,
ignoro a dónde y por qué.
Y si interrogo a la fe
y a la razón pido ayuda,
una voz me dice «duda»
y otra voz me dice «cree».
(La hora de tinieblas, R. Pombo)


¿De dónde surgió aquella hechicería que invocaba la fuerza del sol? La elfa lo ignoró, pues en medio de la artificiad de aquel conjuro sólo los ojos de la inmunda criatura le servía de atención fija. Era un diálogo sin palabras y en él la solar supo que su destino estaba marcado en hacerle frente a ese oponente, aun cuando en su corazón intuyó la desigualdad de sus poderes. Así funcionaba la vida y ella no daría paso atrás en su misión por salvaguardar la luz que se cultivaba en aquel lugar del mundo. Había dado su palabra, había cantado los votos en los años en que estudiara los pasos de los dioses, y su honor estaba por encima del terror a la mortalidad o el olvido.

Él cantó, un ruido extraño que fusionaba el llamado desesperado y el grito de batalla, lo que alertó a Ithilwen, quién arrugó el ceño y apretó más la empuñadura de Glïndorïn, rezando los cantos y encomendando su alma inmortal a las estrellas. Caminó a paso decidido sin detenerse a detallar el panorama, la única táctica posible era aprovechar el efecto de aquella luz purificadora a pesar de que en medio de su avance se sintió rodeada, como la presa que está a punto de ser cazada.

Pero así como en la vida, aquel campo de lucha estaba siendo influenciado por más fuerzas, cuya naturaleza e impulsos la solar desconocía. Sólo sabía las certezas y en sus cálculos estaban los hijos de la roca, el humano de los cielos y aquel que enterrara la flecha en la carne de el vástago recién aniquilado. En el fondo, la solar imploraba por la bondad de sus dioses, aunque sabía bien que ninguna de esas almas estaba obligada a salvarla de su destino: matar o perecer en el intento era la única vía posible en sus cavilaciones.

-Tú también eres de una raza inmortal. Juro que compartirás mi destino. Voy a torturarte hasta averiguar a quien amas, y te lo arrebataré como tú me la has arrebatado a mí – sentenció la criatura sedienta de sangre.

-Nada tenéis que hacer acá, inmundicia de la perdición. Largaos a la cueva pútrida de donde nunca debisteis emerger... – siseó la imperecedera con desprecio sumo. Su báculo chispeaba, mientras Glïndolïn palidecía de nuevo al caer la oscuridad. En su mente, oraba a los dioses pues con cada paso el poder demoníaco que expelía el vampiro la envolvía en temores e inseguridad. Pocas veces como esa, lamentó haberse internado en la oscuridad de aquellas calles, dejando solos a sus compañeros en la taberna de la buena Hobb... “nombre raro para una dama”, pensó a manera de despedida.

--//--

-¡Maldito bastardo descerebrado!- gritó Lüdrielh.

El mazo del guardián alcanzó el ojo del solar, y el noble elfo, devorando al infame paticorto, trató de incorporarse mientras sus compañeros de armas se zafaban de la escoria barbuda que inundaba el lugar. No se sabría decir si era el olor de los kazukan o lo ebrios que estaban los inmortales, pero la batalla parecía girar en torno a los locales y sus puños macizos y acertados. El noble guardián de la Casa Erulaëriel devolvió la movida trepándose en la barra y agarrando a su contrincante panzón con las piernas alrededor del cuello. Pero la raza de los kazukan era fuerte y orgullosa, igual que los demonios dorados de las llanuras verdes del antiguo reino élfico.

Hobb vociferaba con todas sus fuerzas, lamentando los destrozos. A diestra y siniestra balanceaba al “Apaciguador” con destreza y ferocidad, golpeando a clientes, humanos, enanos o guardias, dependiendo de quién viniera el desastre más grande. Era su manera de controlar los nervios ante tanta algarabía. Sin contar la ira que la colmaba. “¡Si tan solo aquellas gentes supieran lo que lleva tener que limpiar los pisos llenos de cerveza!”, pensaba mientras incrustaba el martillo sobre los cráneos chorreantes de sangre.

-¡Ortrak!- gritó uno de los kazukan: -Atrapa a la bailarina que apresa a Yoltuk.

Aquel de nombre Ortrak, un panzón que equivalía a dos de sus compinches, pero más ebrio que todos ellos juntos, tomó por los brazos a Lüdrielh y lo apretó con tal fuerza que el general sintió como el aire se le escapaba de sí. Con un despliegue de musculatura poco habitual en los de su raza, el enano lo lanzó por los aires como si se tratara de un sucio trapo, chocando contra una de las ventanas.

El capitán se levantó con torpeza, desorientado por el golpe y cayendo en cuenta, por primera vez, del desastre que se tejía a su alrededor: elfos y enanos se peleaban como bandidos. En el fondo de su sapiencia lamentó aquel incidente y como pudo se puso en pie, apoyándose sobre el ventanal. Observó hacia afuera y lo que vio… fue suficiente para transformar su pensamiento. Tiró de la mesa, rugió como el líder de batalla que fuera en más de una contienda contra los orcos de la llanura, con el temor golpeante de perderla…

Porque sabía en el fondo que aunque matara a todos aquellos estorbos, no estaría a tiempo para salvarla a ella.  


--//--

Empuñó la espada y nunca como en ese momento sintió la fuerza que viene con las armas que han sido legadas de generación a generación entre los inmortales: sus dueños dejan rasgos de valor y poder en ella, que alientan en medio de la contienda. Pero para ella, la de ojos celestes y cabellos ensortijados, su meta estaba puesta en aquella mole de carne, no humano, no dios, a medio camino entre el polvo y la desdicha, que era el Lord Vampiro. Y bien sabía que la victoria no dejaría de estar manchada de sangre y tristeza.

El demonio por su parte demostraba suficiencia y una sonrisa de medio lado aseguraba su confianza. Despreciaba a la solar, lo suficiente para saber cómo vengarse de su injuria.

-Mi presencia aquí es importante- acotó con una voz inusual para ser tan sanguinario como salvaje. Denotaba dulzura, casi cariño, mientras la elfa detenía sus intenciones, sorprendida y contrariada. Aquella voz, entre seductora y paternal, tranquilizaba su alma y le generaba una cálida placidez de confianza: -Tal vez puedas ayudarme a traer paz- atajó.

Ithilwen apenas si pestañó. Esgonzadas sus armas solo lo observó absorta, y éste a ella. En su interior, la joven no podía decidirse en qué creer: La crueldad del rostro chocaba con la bondad de su tono calmo.

Entonces, en medio de la niebla que cubre al inconsciente, los observó: dos rostros conocidos que surgían de las sombras del pasado.  Uno era el humano, revivido por el amor y el odio hacia los suyos, un demonio que había dejado escapar de sus cadenas controladoras en su ingenuo pensamiento de que aquellos, los humanos, podrían encontrar el camino a la razón y la bondad. A su lado estaba la pequeña alada y su corazón se achicó, conmovida por el momento que ante su vista se presentaba.

“Esto no es lo que parece”, se repitió la solar, tratando de evitar el poder hipnótico de la bestia, pero a su vez, como quién es sometido a los brazos de Morfeo, más profunda era la conexión de su mente con la escena revivida.

El bosque se sentía vivo, los pájaros los rodeaban y el verde cubría el ancho lugar de los límites de la llanura. La niña lloraba desconsolada. El dolor de la imperecedera afloró como si aquello nunca hubiese pasado. En un efusivo abrazo la infante de ojos dispares y sonrisa contagiosa rodeó a la solar antes de partir con su padre a tierras extrañas. Ya hacía meses que no recibía noticias de ambos, pero el afecto que guardaba a la pequeña, jamás había sido tan puro y honesto.

-ËS RËICHT!! (¡BASTA YA!)- gritó con furia Ithilwen, chasqueando los dientes de ira genuina: - Gottverlasser!… Geh von meinen Koff raus! RAUS! (Maldito... Largaos de mi mente ya… ¡YA!)-. Invocaba la bendición de los dioses para protegerse del embiste mental de la bestia pero… ya no había propósito en ello; su corazón había quedado expuesto.

-Demasiado tarde, princesa- cantó con convencimiento y victoria, acelerando el paso hasta quedar tan cerca de su combatiente, que un solo impulso de la espada y el báculo le hubiesen atajado. Pero la mente es un arma poderosa, y ahora ésta jugaba en contra de la imperecedera. El vampiro acercó su mano, acarició el cuello y lo agarró sin fuerzas, como una veloz caricia. - La encontraré, la desplumaré, y su cuello se romperá entre mis manos.

El temor se ciñó en el azul de sus ojos, no por ella sino por la pequeña a la que quería como a una hija por haber vivido y crecido con ellos tantos años. Se soltó con rudeza de ese agarre endeble y lo miró con odio visceral. De nuevo movió sus labios, encomendando su alma a los dioses, cada vez ganando  la calma impávida propia de los suyos.

-No sois nada más que una bestia que obedece a los impulsos más bajos que cualquier criatura primaria tiene: el hambre...-  espetó ya con tranquilidad, no sin antes agarrar de nuevo sus armas con convicción en claro pie de ataque: -Sois sólo ceniza... como tu querida obra ahora sin cabeza-.

Sonrió arrogante y temeraria, aunque en su interior ya había probado del poder descomunal de la criatura a la que enfrentaba, también confiada y con razones ya confirmadas. Ithilwen no era ingenua y sabía que vencer tendría su precio: -No os temo, inmundicia… Y de acá no pasaréis…

Viró el báculo sobre su mano y lo abalanzó con destreza y agilidad, pero la bestia esquivó el golpe. Su acto reflejo la obligó a dar una vuelta en su eje y arremeter con la espalda, mientras el báculo despistaba sus intenciones, pero como si fuera una pelea entre caracol y liebre, él de nuevo esquivó los golpes. La técnica de la elfa era perfecta, como una danza solitaria que seguía los pasos predeterminados de un baile largamente estudiado. Y allí radicaba el problema, entre más giraba menos espacio encontraba para asestar el golpe. En un segundo lo vio y allí abrazó la oportunidad con la hoja de Glïndolïn resplandeciendo en clara tonalidad opaca… ignorando la designación del mal augurio.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Sejen el Vie Mar 20, 2015 11:18 pm

Tuyo es el sol que calienta nuestros días,
tuyas las estrellas que nos guardan en la noche oscura...
Señor de la Luz, defiéndenos.
Pues la noche es oscura y alberga horrores

(Melisandre, canción de hielo y fuego. George R.R. Martin.



No existe mayor miedo que el de la presa, que sabe que esta siendo acechada, la sensación de ser perseguido, de saber que algo desea acabar contigo, sin duda es aterrador y yo lo estaba experimentando de primera mano. Una advertencia y todo había pasado. -¡Sejen cuidado!- Eso fue lo que escuché, justo antes de darme la vuelta para ver de que se trataba, pero la impresión y mi intención de esquivarla me sobresaltaron. Mi arco se disparo, errando obviamente pues así no es posible disparar correctamente. No solo eso, sino que me lleve un golpe aunque por suerte para mi no muy doloroso, la gran capa de piel que me cubría y mi ropa, me evitaron un posible y fuerte dolor provocado por la criatura que me asaltaba. -Maldición, maldición...- Me repetía a mi mismo, arrastrándome por la nieve, tratando de ir hacia atrás tan rápido como podía, apartándome de la criatura de las sombras que me estaba por dar caza.

Un grito, un leve lamento se escuchó de las fauces de la criatura. Su aspecto se asemejaba al de una mujer humana, era realmente hermosa, pero no me engañaría con sus artimañas, ella había tratado de cazarme.
-Gracias Adila.- Musité en voz baja, su flecha había dado en el blanco, atravesando su cadera, era ahora o quizás no tenia nuevamente una oportunidad. Torpemente me puse en pie mientras la vampiresa, escudriñaba las tinieblas con sus ojos, intuí que buscaba a su agresora, con lo que pude ponerme en pie y armé nuevamente el arco, una nueva flecha, mismo objetivo. Tenia que aprovechar la situación, no obstante alguien se me adelanto, incluso antes de que pudiera darme cuenta, mi intención de aviso sobre el ataque en la taberna, parecía verse frustrado, cuando vi como alguien salia de allí, extendía sus alas y tras echarse a volar, ajusticiaba al ser de la noche con lo que a mi me parecía una lanza. Bajé el arco ante esta situación, al mismo tiempo que suspiraba y daba las gracias nuevamente a Adila en mis pensamientos.

-¡Le dí!- Comento Adila efusiva cuando vio como la flecha acertaba en su objetivo, aunque ella seguramente estuviera apuntando a una parte vital en un principio, la visión reducida a causa de la aparente eterna noche, no le dio lugar a mas. -Disparare otra vez.- Dijo apremiada por su éxito. -¡Espera!- Le exclamó Sung'mahetu, el espíritu coyote que estaba con ella por orden mía. -Esta vez podrías darle a Sejen.- Adila respondió bajando la cabeza, algo apenada pues su euforia se había marchado tan rápido como le había venido. -Nos esta viendo...- Comentó con preocupación el fantasmagórico animal, haciendo que por un instante, el cuerpo de Adila fuera sacudido por un escalofrió que casi la hacia temblar, y no era precisamente por el frio que hacia.
Pero su temor pronto se devanecería, cuando observo a un tercer cuerpo, alguien que parecía alzarse volando en las sombras, algo inaudito para sus ojos, lo que la hizo quedar boquiabierta ante tal imagen.

El peligro parecía haber pasado por un instante, ya no me sentía tan acorralado, aquel divium y esa jabalina, me habían salvado de ser la cena. La vampiresa herida se retorcía y gritaba, no podía moverse con el arma atravesándole el abdomen, casi por un momento llegue a sentir cierta lástima por ella, pero notaba arder mi sangre que clamaba por cobrarse un trofeo, recordaba aquella sensación, el único de mis aspectos que no comparto con la mayor parte de los espíritus que me acompañan. Nunca había dado caza a un vampiro y no se si esto podría considerarse como tal, pero una parte de mi pedía venganza, algo que trate de reprimir, este viaje que Hanwi me dicta, es una enseñanza y estos sentimientos no me atañen nada nuevo, ni bueno.
Tensé el arco apuntándola a la cabeza, dejando salir el aire lentamente, relajándome, dejando correr esa adrenalina, que por poco me hace caminar por el camino de la corrupción.
Era como la calma que precede a la tormenta, mi ascendencia Vikhar me incitaba a reclamar mi trofeo, mis enseñanzas me impedía darle rienda suelta a ese impulso. De pronto los alaridos cesaron, algo sujetaba por el cuello a la vampiresa. Al ver esto baje el arco, destensando la cuerda de este, sin intención de disparar, alguien mas quería darle muerte y yo vería de quien se tratara.

¡Guau! Seria la única palabra que hubiera podido expresar al verla, la persona quien ahora atacaba a la vampiresa, era como la estrella mas brillante en mitad de la noche, estaba sorprendido, descolocado. No esperaba elfos aquí, bueno, no elfos de su porte claro, pues al igual que yo puedo dar el aspecto de un pobre diablo sin hogar, un vagabundo, ella aparentaba todo lo contrario, no vestía como cazadora desde luego, parecía alguien noble, alguien de buena casa, una expresión común en las ciudades y puertos que e visitado.
La escuchaba cantar, o a mi me parecían cantos, podría decir que parecidos a los de mi tribu, más dudo que realmente estuviera cantando un reclamo a los espíritus, no obstante su belleza contrastaba enormemente con este lugar y su apariencia parecía destellar en este lugar sombrío. Increíble, era la palabra que buscaba para definirla.
Pero tan bella como se veía, no así como piadosa, pues no tuvo dudas en dar muerte a la vampiresa. Le rompió el cuello y le cortó la cabeza sin miramientos, sin dudar, sin rechistar, como si de una orden directa se tratara.

-¿Que demonios?- Aquel momento de estupefacción se borró de mi en un instante, pues algo me devolvió a la realidad, ruido y alboroto, seguido de una ventana rota, alguien parecía estar peleando dentro de la taberna de donde había salido el hombre alado, eso me hizo perder de vista a la mujer elfa, la ejecutora de la criatura nocturna. Raudo me apresure a buscarla con la vista, no podía haber desaparecido sin más. -Oh no...- Dije en voz baja al localizarla, pues ahora estaba frente a otra criatura nocturna, que parecía aun mas peligroso que la vampiresa, parecía hipnotizada frente a la criatura. Inmediatamente sentí el impulso de ir a defenderla.

Mientras Adila contemplaba desde la atalaya, no sabia que hacer y eso la ponía nerviosa, cosa que demostraba moviéndose sin cesar, de un lado a otro, parecía aun mas activa que Sung'mahetu que ya es decir mucho. -Muchacha ¡Muchacha!- Exclamo el juguetón espíritu para llamar la atención de la joven, quien rompió por un momento su movimiento y miró al coyote. -¿Que?- Preguntó mientras escuchaba la desagradable voz de Utrek, haciendo que ella inmediatamente esbozara una mueca de disgusto al oírlo, pero decidió acercarse para ver que ocurría y lo que vio tampoco le agradaba claro, ver al payaso de Utrek pavonearse por vencer a una de esas criaturas, no estaba en sus intenciones realmente, pero Sung'mahetu la corrigió. -Olvídate de el, mira allí.- Lo que vio fue como los vampiros, se movían, seguramente se dirigían hacia algo o alguien, iban en mi dirección, hacia la dirección de aquella elfa. -Maldita sea. ¡Sejen cuidado, van hacia vosotros!- Gritó con fuerza Adila para advertirnos del peligro que se avecina.

El aviso de la cazadora me puso en alerta, pero ahora tenia otras preocupaciones precisamente. La elfa luchaba ahora en combate cuerpo a cuerpo con la criatura de la noche, algo que a mi concretamente no disfrutaba en ver, pues aunque los movimientos de ella eran gráciles y denotaban gran agilidad, tanto como destreza, su enemigo no parecía inmutarse por aquella delicada danza posiblemente mortal para cualquiera.
No podía arriesgarme a disparar una flecha, no con esta visibilidad y aun no podría invocar otro espíritu, no si quiero conservar mi cuerpo entero, seria demasiado arriesgado intentarlo, así pues solo tenía una opción y para mi desgracia no sería la lanza el arma escogida, la espada tomó su lugar.
El ser guiado por el ansia de sangre, parecía empezarse a cansar de esquivar una y otra vez el arma de la elfa, en cualquier momento la atacaría y viendo el panorama, ella no saldría bien parada. -¿Por que seré tan estúpido?- Me preguntaba a mi mismo, al tiempo que llegaba a la altura de este combate desigual y maldito sea mi mente, por llevarme a esta situación. Mis enseñanzas, mi educación, mi forma de ser, me obligaban a sentir la necesidad de protegerla de su adversario y así lo hice.
La criatura atacó con fiereza, utilizando sus garras para herir mortalmente a la noble y valiente joven, pero no tendría esa satisfacción, no en este momento. Mi espada se cruzó bloqueando así su mano de provocarle daños a ella. Su fuerza era tal, que aun utilizando toda la fuerza que mis brazos podían hacer, estos temblaban ante el poder de la criatura nocturna, que parecía sorprendido por mi intervención en esta contienda. -Aléjate.- Ordené a la habitante de los bosques, para que retrocediera y como si de un martillo se tratara, el vampiro me golpeó apartándome de su camino, tirándome nuevamente al suelo. De no ser por la nieve y el peto de cuero que oculto bajo mi ropa, posiblemente me habría roto alguna costilla. Podía sentir un fuerte dolor en el pecho, pero había logrado evitar que su ataque se centrara en la elfa. Ahora él tenía su atención puesta en mi, todo parecía ir de mal en peor. Más aun con la noticia de Adila.



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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Bediam el Dom Mar 22, 2015 6:52 pm

Al llegar al árbol pudo comprobar que el enano no estaba inconsciente. Youdar tenía los ojos vidriosos y empezaba a intentar levantarse apoyándose en el tronco, aunque aún parecía algo aturdido. La sangre le resbalaba por el rostro y le daba un aspecto enloquecido.

-¿Estás bien? –le preguntó el alquimista, intranquilo.

El enano asintió, sin mirarle. No parecía estar bien. Bediam apretó los dientes y cogió el frasco de Prisa de Eryth de su cinturón. No le gustaba esa poción: Kheme le había enseñado a prepararla y le había explicado sus efectos. Energías renovadas. Euforia y temeridad. Percepción disminuida del dolor. Era como valor embotellado… La sensación que producía era increíblemente placentera. Peligrosamente placentera, más bien: tomarla hacía que quisieses más y era un círculo muy difícil de romper. Había que administrarla con cuidado. Pero a aquel enano le hacía falta.

-Echa un trago –le sugirió con voz neutra-. Te sentará bien.

Youdar sacudió la cabeza y empujó a Bediam a un lado, rechazando su ayuda.

-Me encuentro bien, de verdad –gruñó mientras se separaba del árbol.

Pisó con aplomo y mantuvo el equilibrio sin problemas. El alquimista se sorprendió de lo duros que eran los enanos. Hacía un instante que se había empotrado contra un árbol y ya estaba dispuesto a pelear de nuevo. Guardó su frasco de Prisa de Eryth con cierto alivio. Solo poseía seis pociones, debía gastarlas con cuidado.

-Ahora hay que capturar vivo a ese monstruo, si queremos obtener algunas respuestas -masculló.

Bediam frunció el ceño. ¿Respuestas? Miró a su alrededor y comprobó como la esbelta mujer y el vampiro se miraban intensamente, sin moverse, muy cerca el uno del otro. Demasiado cerca, algo no iba bien. Un escalofrío le recorrió la espalda. El enano, sin pensárselo dos veces, echó a correr hacia ellos. El alquimista se quedó plantado junto al árbol.

-¡Espera Youdar! –le gritó- ¿Cuál es el plan?

El enano se giró, sin dejar de alejarse de él, aunque la gruesa nieve y su corta estatura hacían que le costase avanzar. Habría resultado cómico si no fuese por el tremendo valor que estaba demostrando.

-¿El plan? –exclamó Youdar- El plan es no morirnos, ¡es un Lord Vampiro!

¿…Lord Vampiro? Bediam dejó vagar la vista fuera del círculo de luz y vio a otras criaturas de la noche acercarse… pero no eran iguales al vampiro del centro.

-¡Espera, mierda! –le pidió Bediam al enano, mientras empezaba a correr tras él- ¿Vas a cargar de frente?

El alquimista recortó la distancia que los separaba con rapidez y agarró a Youdar del hombro.

-Kadín, Perik y Pelos están allí, no puedo dejar que les haga daño –murmuró el enano, mientras se detenía.

Parecía un poco enajenado, pero su mirada era fiera y decidida cuando miró a Bediam.

-Hay que capturarlo vivo –repitió-. Aquí pasa algo muy malo, y ese ser no nos ha atacado por accidente.

El instante de calma que le brindó el enano le permitió estructurar sus ideas. Aquel ser era distinto, eso estaba claro.

-¿Qué tiene de especial esa cosa? –inquirió Bediam.

Youdar sacudió la cabeza, turbado.

-Es mucho más poderoso –comentó, algo espeso-, no tiene las mismas debilidades...

-¿Le afecta el ajo? –le interrumpió Bediam, pues se le acababa de ocurrir una idea.

Youdar frunció el ceño, pensativo.

-No... –respondió, no muy convencido- Bueno, sí. Pero necesitaríamos que se expusiera durante mucho tiempo.

El alquimista asintió, animado. Podía funcionar.

-¿No llevarás un poco encima, verdad? –preguntó sin hacerse ilusiones.

-¡Inbare! –maldijo el enano en su lengua- Ni siquiera un poquito.

Bediam suspiró con resignación. A su interlocutor no se le pasó por alto su decepción y ató cabos con rapidez.

-¿Puedes hacer algo con ajo? –inquirió.

Bediam asintió como toda respuesta. El enano resopló, decidido.

-Vamos a la villa, allí seguro que tienen –sentenció- ¡Rápido!

Los dos empezaron a correr, dando un ligero rodeo, para evitar al Lord Vampiro.

-También necesitaré un saco o una tela gruesa –le comentó el alquimista al enano.

-¡Yo me encargo de eso, ve a por el ajo! –le gritó- ¡Corre!

Bediam, que había tenido que reducir el ritmo para mantenerse al paso del enano, salió zumbando en dirección a Darry’Gor. Había luces encendidas, seguramente a causas de los gritos de la batalla. Los pobres habitantes del poblado ya debían estar acostumbrados a los ataques de monstruos, así que solo les quedaba rezar una vez más para que fuesen los cazadores quienes salieran triunfantes, pues la alternativa no sería agradable.

-¡Alto! –rugió alguien.

El alquimista se detuvo instintivamente, inquieto. Un batallón de enanos le bloqueaba el paso. Bediam tragó saliva, consciente de lo oscuro que estaba y de lo fácil que sería confundir debido a la falta de luz su delgada complexión y su piel pálida con la de un vampiro.

-Soy un cazador –se apresuró a explicar-. Mi nombre es Bediam.

Y entonces reconoció a quien lideraba al grupo y quien le había dado el alto. Era Ranir. El alquimista palideció.

-Te equivocas de dirección, Bediam –replicó el enano-. ¿O es que estás huyendo?

Bediam abrió la boca para decir algo, pero Ranir escupió a la nieve con desprecio.

-Vámonos –ordenó.

Los enanos empezaron a avanzar. Uno le dio un golpe con el hombro que le hizo perder el equilibrio y cayó de espaldas sobre la nieve. Ranir pasó por su lado, pero se detuvo a su altura.

-Que tengas una larga vida –le dijo con tono venenoso.

Bediam apretó los dientes y aguantó el insulto con toda la entereza que encontró. Los enanos le dejaron solo en medio de la fría y oscura nieve. El alquimista se levantó, helado, y se sacudió la gruesa ropa que le había prestado Perik. Reanudó la carrera en cuanto pudo, tratando de pensar en Youdar y Perik en vez de en Ranir. Hay gente desagradable en todas partes y no se puede juzgar a todo un colectivo por una minoría tóxica y negativa.

Llegó por fin a Darry’Gor y empezó a aporrear la puerta de una casa iluminada.

-¡Necesito ajo! –gritó-. ¡Soy cazador, hay vampiros! ¡Necesito ajo!

No hubo respuesta. Bediam maldijo en voz baja y corrió hasta otra casa, repitiendo el proceso. El ruido de una ventana abriéndose  le sobresaltó. La buscó con desesperación y la localizó dos casas más allá.

-¡Ayuda! –exclamó mientras corría hacia allí- ¡Ajo!  

De la ventana emergió una cabeza, pero debido la luz que salía de la casa no pudo apreciar sus rasgos. Sacó una mano y dejó caer sobre la nieve tres gruesos ajos. Luego cerró de golpe.

Bediam recogió los ajos con presteza.

-Muchas gracias –murmuró a la ventana.

Su primer impulso fue salir corriendo, pero ahora tenía un momento de calma y lo aprovecharía. Rebuscó en su zurrón y sacó su daga y un mortero cerámico. Troceó los ajos sin miramientos y, cuando los tuvo todos, empezó a machacarlos sin piedad. El fuerte olor característico de los ajos le invadió las fosas nasales y se sintió reconfortado.

Una vez tuvo todo bien machacado, salió corriendo en dirección al campo de batalla. Llevaba ya un rato sin parar de correr y su corazón empezaba a resentirse, pero no se detuvo. El círculo de luz que sus granos de luz habían creado empezó a crecer ante él, mostrándole como un hombre había acudido en auxilio de la bella mujer. El Lord Vampiro trató de golpear a la guerrera, pero el hombre se interpuso y bloqueó el golpe, aunque acabó en el suelo.

Bediam exploró su alrededor buscando al enano. ¿Dónde se había metido? ¿No habría encontrado nada? ¿Le habría atacado un vampiro…?

-¡Bediam! ¡Tengo un saco! –bramó Youdar, emergiendo de entre las sombras.

El alquimista sintió un sincero alivio al ver aparecer al enano agitando un saco. Tampoco esta vez le pareció cómica la escena.

-¡Y yo ajo! –replicó Bediam, también chillando.

No fue una frase afortunada. Un vampiro vio el mortero lleno de ajo agitarse en la mano del alquimista y soltó un alarido terrible. Youdar alcanzó a Bediam y le tendió el saco. Luego se giró con fiereza y se preparó para combatir.

-De éste me encargo yo, tu sigue adelante –sentenció.

Bediam dudó. No quería dejar solo a Youdar. Sabía que era un cazador, pero un vampiro es un rival peligroso y no conviene combatirlos en solitario.

-¡MATA A ESE MONSTRUO! –bramó, al ver que el alquimista no se movía.

Bediam tragó saliva y asintió. Se alejó del enano en dirección al Lord Vampiro. Sujetó el saco con los dientes y extrajo de su cinturón el frasco de enlazante, un adhesivo líquido extremadamente potente. Tras una fracción de segundo de duda, abrió el saco con la mano que sujetaba el mortero y vertió todo el frasco. El líquido fluyó, perezoso, y se pegó a las paredes del saco. Se guardó el frasco, ahora vacío y agarró el saco con la mano. Espolvoreó con cuidado el ajo, tratando de que quedase uniformemente repartido. Con una mano hábil se guardó el mortero, aún pringoso, en el zurrón.

Ya estaba todo preparado. Ahora solo quedaba un pequeño detalle: ponerle el saco en la cabeza al poderoso monstruo inmortal. Tragó saliva. Una vez más, la escena no le pareció nada cómica.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Tyrael el Mar Mar 24, 2015 11:15 pm

La fuerza que contenían esos vampiros era increíble, casi inhumana; de hecho no era humana por ser almas que no consiguieron su descanso eterno. El vampiro calló con toda la fuerza de mi peso, pero, eso al parecer lo que le hizo fue molestarlo más debido a que me removió de su cuerpo evitando el ataque que quería hacerle. En el suelo pude ser testigo de como aquel hombre que estaba a  pocos metros de mi, el que yo le había asegurado que todo saldría bien, comenzaba una especie de metamorfosis en la cual pasaba en su estado físico donde su piel se transformaba en cuero grueso y peludo, sus pies crecían de forma rápida hasta ser unas patas similares a un perro, sus brazos y manos se engrosaban para transformase en las extremidades superiores de un canino, su cuello se encorvaba un poco y su boca se pronunciaba hasta parecerse a un hocico. Un lobo me parecía en lo que se había convertido, ahora sólo me tocaba esperar si era amistoso u hostil, pero, no había tiempo para miramientos.

Estaba en desventaja, no estaba herido pero si un poco aturdido al cambiarme de lugar bruscamente. Ahora las tornas cambiaban, el vampiro se empezaba a levantarse adaptándose a la intensa luz que emitían mis alas y yo aún estaba en el suelo con Justiciera empuñada. Como pude me levanté cuando el vampiro ya estaba cargando hacia mí, empuñé con más fuerza a Justiciera y la coloque paralelamente a él con la punta en su dirección para que cuando llegara a mi, hacer una leve estocada y que con el impulso de su carrera con mi cuerpo y mi espada, que pretendía ser una fuerza inamovible, chocara y se atravesara para acabar con su existencia. Por mi mente pasó rápidamente lo que me había dicho Badin, si se les cortaba sólo se regenerarían de forma rápida, fue entonces cuando comprendí que estaba en una mala situación y esperando lo peor, empuñé con más fuerza y cerré los ojos encomendándome a la Luz.

Sentí solamente dos roces de insectos en mi armadura, un crujido y un golpe seco. Las dos gotas de sangre que habían chocado con mi armadura reluciente en la parte del metal, era de la bestias que ahora manaba aquel líquido carmesí donde yacía en el suelo decapitado, al abrir los ojos vi como el vampiro había sido eliminado, pero, de ninguna forma podía haber sido yo el que acabó con el sufrimiento de aquella víctima, a menos que el vampiro se haya resbalado y caído en mi espada directamente en el cuello. Hombre, que poco lógica ¿no?. Aquel hombre que se había convertido en animal hacía unos minutos ahora estaba de pie al lado del cadáver de la criatura, con el hocico sangrante y el estómago manando plasma rojo. No había otra explicación, aquella "bestia" estaba del lado de los "buenos" o al menos me había salvado en ese momento.

Que la luz te proteja, amigo. Gracias. -Emití intentando obtener una respuesta afirmativa de lo que estaba pensando.

Giré la mirada un instante y vi como un cazador se acercaba al lugar de los hechos con una ballesta, lo único que se me pasó por la mente fue que estaba tras aquella bestia que no era un vampiro, pero si tenías las facciones correctas para ser alguien con quien no pelear en un alboroto como aquel, así que lo más "fácil" quizás era matarlo, pero antes de que reaccionara nuevamente, por mi mente se cruzó aquel momento cuando el perro me había salvado de aquella bestia "colmillos locos" así que tenía que hacer algo para ayudarle, no era justo que para salvarme se transformara y yo lo dejara que lo matasen.

Era aproximadamente la sexta vez que empuñaba a Justiciera con fuerza. Salí de la posición defensiva en la que estaba y corrí unos metros en dirección del humano que se aproximaba, atento a cualquier virote o flecha que lanzara por su propia defensa.

No dispares, es amigo y está con nosotros.-Dije en tono alto -No tienes que temer, la Luz nos protegerá.

Bajé la intensidad de la luminosidad de mis alas para que no se cegara con ellas, pero mi paso fue interrumpido cuando escuché un grito.

-Maldita sea. ¡Sejen cuidado, van hacia vosotros!-

Volteé hacia atrás y a los lados, buscando de donde venía aquel grito de alerta y pude divisar un poco borroso algunas figuras que estaban en una atalaya o torre de vigilancia cerca en el campamento. Luego de eso, recordé que el vampiro que había matado el labito no estaba solo, así que examiné el área para ver dónde estaban y pude ver algunos, no sabría decir si los mismos que acompañaban al ahora muerto o otros, salían corriendo con bastante velocidad dirigiéndose todos a una misma posición. Supuse que sería una concentración para reagrupar fuerzas. Con justiciera empuñada abandone mi caminata hacia el humano que había visto antes y comencé una carrera atrás de los vampiros.

Luego de un tiempo corriendo llegué donde dos enanos estaban con dos vampiros y más allá pude observar a otro vampiro, pero este no era como los demás. Denotaba miedo, expedía hambre, hacía que la sangre se me helara. Cerca, muy cerca diría yo, vio a una esbelta mujer, muy bella para andar por esos parajes, incluso pude intuir por sus ropajes que se trataba de alguien noble y de casta. Estaba blandiendo una espada, pero no estaba luchando en sí, estaba como hipnotizada recordando algo o a alguien. Luego vi como otro hombre se llevaba un golpe bastante considerable, pero, mis ojos y mi nariz se sintieron algo incómodas debido a un olor a ajo que impregnaba casi todo el ambiente.

Seguí con el olor hasta tratar de hallar la fuente y vi que manaba de un humano y un enano que tenían una especie de saco vacío, pero, no entendía como se relacionaban ellos dos, sin embargo el tiempo de pensar se me acababa, tenía que hacer algo para ayudar  a los dos enanos que estaban con los otros dos vampiros así que elevé nuevamente la luminosidad de mis alas hasta el máximo esperando hacer una incomodidad en los vampiros, luego, corrí hacia el vampiro que tenía más cerca y aprovechando que estuviera incomodado o incluso cegado por la luz, lancé una estocada directa al pecho esperando dar en algún órgano vital.


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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Youdar el Vie Mar 27, 2015 7:55 pm

-¡Oiga! Abra la maldita puerta- Youdar golpeaba la puerta de una de las casas de la villa. Se podía ver luz dentro, pero nadie abría. El enano se preguntaba a que jugaba aquella gente. Podía sentir que, de un momento a otro, se desplomaría por el tremendo golpe que se había llevado, y no pudo si no maldecir- ¡Inbare! ¡Oak´n za hoke leiar!- “¡Cuernos!, ¡Abre la puta puerta!”. No supo si fue al escucharle hablar en kazuka, o por temor a que derribara la casa a golpes, la puerta finalmente se abrió.
 
Un enano, entre acongojado y furioso, apareció en el umbral.
-¿Qué pasa a estas horas?- dijo como saludo.
-Un saco, necesito un saco- respondió Youdar, recobrando aliento, y sin paciencia.
-No tengo, adiós- y tras decir esto, el aldeano pretendió dejarle ahí, dándole con la puerta en las narices. Youdar no tenía tiempo para tonterías, y, antes de que cerrara, embistió hacia el hueco, derribando al enano en el proceso.
-¡SOLO NECESITO UN SACO!- dijo. Su aspecto debía ser realmente el de un demente, ensangrentado y pidiendo a voces algo tan poco valioso como un saco. Ante esa imagen, el enano que había abierto la puerta, se avergonzó a si mismo ante Karzún y ante su propia familia, diciendo, con voz temblorosa.
-Siby, hija, tráele un saco a este señor, rápido- en otra circunstancia, a Youdar le habría indignado que un padre enano enviara a su hija a tratar con un hombre que consideraba peligroso, pero, debido al dolor, ni siquiera se percató del cobarde detalle.
 
El cazador esperó unos segundos, y una niña le trajo un saco, esperaba que lo suficientemente grande como para servirle a Bediam. Le dio las gracias a la pequeña, y salió corriendo hacia la oscuridad, esperando encontrar pronto al joven.
 
-//-
 
-No dispares, es amigo y está con nosotros. No tienes que temer, la luz nos protegerá.
-¿Pero que clase de gilipolleces son esas?- dijo Lars al escuchar las palabras del arcángel. Después se quedó atónito al ver cómo éste se alejaba corriendo.
 
Las palabras, a veces, y pese al desprecio que acababa de hacerles el jovencísimo cazador, pueden tener más magia que los cetros o las varitas. Pueden sacar lo peor y lo mejor de una persona, y en ocasiones, como aquella, salvar una vida. De no ser por las palabras de Tyrael, Lars hubiera disparado sin pensar contra Alakaaid, con fatales consecuencias, en cambio, aquella pequeña distracción, fue suficiente para detenerle unos segundos, el tiempo necesario para que el licántropo abandonara su forma lupina.
 
Alakaaid vio como su herida se abría nuevamente y cayó al suelo. Su amigo Kilik se arrodilló a su lado, atendiéndole. Lars pensó que, pese a que aquel ser no fuera una amenaza, igualmente era una de sus típicas presas, y se negó a prestar ayuda. Aún así, Shan le había enseñado a tener algo de comprensión por sus propias víctimas, y pensó que a él no le gustaría que se encargara de un hombre-lobo en aquel estado.
 
Dejando atrás a los dos hombres, y ahora algo más tranquilo sabiendo que el hechicero se encargaba de Nedrivning, marchó a la batalla, dispuesto a servirle de ayuda a Shan y a Ravin.
 
-//-
 
Vanstiel disfrutaba viendo el temor reflejado en los ojos de la princesa elfa. Ahora sabía lo suficiente sobre ella, y su amenaza no había sido en vano. Ella le había arrebatado a Ruby, y él encontraría a la niña llamada Nadine. La atraparía, la llevaría hasta donde se encontrase Ithilwen y, frente a ella, la destruiría de todas las formas posibles antes de matarla. Después dejaría que aquella inmortal se marchara, para que viviera tantos años como fueran posibles.
 
Tan distraído estaba pensando en su venganza, que no vio venir una rápida estocada de su enemiga, la cual a punto estuvo de perforarle el corazón. Aquello, por supuesto, era inútil con un arma de metal, pero eso no significaba que no mereciese una respuesta a su justa medida. El Lord Vampiro lanzó su mano contra el rostro angelical de la muchacha, deseando destrozar su bonita cara, cuando una espada se cruzó en el camino de sus afiladas uñas.
 
El monstruo se volvió hacia quien había defendido a su presa, dispuesto a matar. Se lanzó contra él, con ganas de morderle, de saborear su sangre. Justo en ese momento comenzaron a llegar sus hijos, rodeándolo, y decidió que fueran estos quienes dieran muerte a tan indigno adversario.
 
Iba a volverse hacia su principal objetivo, la elfa, cuando notó como algo que olía profundamente a ajo le daba en el hombro. El vampiro dio un respingo retrocediendo, intentando alejarse de aquello, pero entonces notó como una jabalina era lanzada contra él con fuerza. El tiro erró, y Vanstiel se elevó, buscando alejarse de la zona de batalla. Grande fue su sorpresa al notar, en pleno cielo, como alguien cogía el saco con ajo que aún seguía en su hombro y se lo colocaba en la cabeza.
 
El Lord Vampiro notaba como si respirara fuego, y cayó al suelo desde una gran altura. Luchó por quitarse aquello de la cara, primero tirando, después arañándolo con sus garras, pero los pedazos de aquel saco, por mucho que se rompiesen, seguían pegados a su rostro. Agónico, enterró la cara en la nieve, buscando algo de alivio.
 
-//-
 
Youdar hacía frente al vampiro joven, haciendo uso de las pocas fuerzas que le quedaban tras su enfrentamiento con el Lord Vampiro. Su enemigo se movía rápido, y él tan solo tenía su espada para defenderse.
 
Las garras del chupasangre volaron hacia su cuello, siendo desviadas por una buena finta de Youdar, que las hizo chocar contra el cuero que lo protegía. Después buscaron atravesar su pecho, pero el enano consiguió colocar su espada en la trayectoria de las uñas enemigas, cortándole dos dedos. En aquel momento se dio cuenta de que, pese a que podría haber seguido aprovechándose del ímpetu del vampiro, sin su escudo y malherido no podría durar mucho, y debía jugárselo todo a una carta.
 
El vampiro se detuvo brevemente, quejándose de los miembros perdidos, y el enano se arrojó contra él, saltando hacia su pecho. Consiguió derribarle y, forcejeando, colocar su espada en trayectoria descendente hacia el cuello del enemigo.
 
El chupasangre, consciente de que sus manos podrían regenerarse, empujaba sin temor la hoja de hierro forjado. Youdar tenía a su favor la fuerza de los enanos, pero dudó a la hora de poner su mano izquierda en la punta de la hoja, para contrarrestar el esfuerzo del enemigo. Finalmente, vio la oportunidad cuando éste, confiado, pensó que una mano sería suficiente para aguantar al enano e intentó atravesarlo con la otra. Fue solo un instante, en el que Youdar puso todo su peso sobre ambas manos, ignorando la profunda herida que se le abrió en la palma de la mano izquierda, y cercenó la cabeza del vampiro.
 
-//-
 
Los cuatro vampiros que se encontraban protegiendo el cuerpo de su padre, quien, cual avestruz, hundía la cabeza en la nieve, intuían que aquello no acabaría bien. Habían visto a sus hermanos morir ante aquellos cazadores por separado, y ahora se enfrentaban a todos ellos juntos. Uno de ellos sangraba, pues la espada del cazador con alas brillantes le había atravesado el pecho, después de cegarle y no haber conseguido esquivarla.
 
Perik, Kadín, Utrek, Shan, Ravin, Lars, Ithilwen, Sejen, Bediam y Tyrael les tenían sitiados. Aquello no iba a acabar bien…
 
[OFF: ala, ahora si que en vuestro próximo turno os dejo que matéis a uno cada uno como os de la gana, sin contar como acción. Podéis contar con la ayuda de cualquiera de estos pnjs, procurando poneros de acuerdo para que el mismo pnj no esté en dos sitios al mismo tiempo]
 
-//-
 
Finalmente, la guardia enana llegó al lugar de la batalla. Allí encontró a los cazadores forcejeando con el Lord Vampiro, intentando someterle. Pese a que se encontraba débil, aún era perfectamente capaz de matar.
 
Perik, quien  instantes antes había apremiado a sus compañeros a atraparlo con vida, se vio rodando por la nieve, empujado por la fuerza de la criatura. Desde allí pudo apreciar un espectáculo ciertamente cómico, pues, sus compañeros, finalmente habían conseguido mantener al monstruo en el suelo, justo a tiempo para que la guardia enana echara sus pesados cuerpos, con armadura incluida, sobre el vampiro, aplastándole tanto a él como a los cazadores.
 
Consiguió llegar corriendo hasta la tienda que compartía con Bediam, de donde sacó unas cadenas de plata, bellas pese a su tosca forja, y corrió a ponerlas en torno al cuello del maligno ser.
 
-Ya no irá a ninguna parte- dijo, confiando en que la guardia dejara pronto de aplastar a Kadín y a los demás.
 
[OFF: no quería que la captura de Vanstiel la hiciera un pnj, así que os dejo que la narréis vosotros. Poneos de acuerdo, e intentad quedar bien epics todos. Locke, si en este turno puedes postear, también puedes ayudar a someter al Lord Vampiro]
 
-//-
 
Youdar se sentía mareado. Estaba tumbado sobre el montón de cenizas en el que se había convertido el vampiro, y ni siquiera escuchó el escándalo que se montaba a pocos pasos de él. Una “cariñosa” patada en el costado le hizo espabilarse un poco.
-Hola, dormilón, vamos, el mago nos ha pedido a nosotros y al asqueroso que llevemos al vampiro a la prisión. Ah mira, alguien quiere verte- Kadín sonreía, aunque el cansancio y algunos rasguños se podían apreciar en su rostro. Youdar notó como la cabeza de Pelos se restregaba contra su barba. Se sintió mucho mejor.
-Me niego-dijo fingiendo enfurruñarse- Ahora mismo utilizo toda mi mente en no desmayarme, ¿Cuánto crees que duraría en pie caminando junto a Utrek?
-Venga, levanta- Kadín le tendió la mano a Youdar, ayudándolo a incorporarse- Yo caminaré al lado de Utrek, tu ponte junto a Perik.
-Es el mayor sacrificio que ha hecho nadie por mi- dijo Youdar, sonriendo al igual que su hermano- ¿Y por que tenemos que llevarlo nosotros?, ¿Qué pasa con la guardia?
-Parece ser que unos orejas picudas se han divertido demasiado en la taberna.
-¿Elfos divirtiéndose? Nada bueno puede salir de ahí, y lo sabes. No envidio a esos guardias.
 
-//-
 
Lenxer estaba saturado. Había sanado con gran dificultad a Nedrivning, y después había hecho lo mismo con Alakaaid. Otros cazadores también pidieron su ayuda, y pudo brindársela. La mayoría desconfiaba al ver que su forma de sanar era clavar un cuchillo directamente en la herida, pero sus opciones eran pocas, así que, finalmente, dejaban actuar al hechicero. Aquel cuchillo era una de sus posesiones más preciadas, y, aunque consumía muchísimo sus fuerzas, era la mejor herramienta que conocía para sanar heridas.
 
Aun con todo su esfuerzo, no fueron pocos los cazadores fallecidos. La mayoría habían muerto antes de que se diera la voz de alarma, silenciosamente, y unos pocos lo hicieron durante la batalla. Tras regresar algo de paz al campamento, ocho eran los cadáveres que contaba el mago.
 
Mientras los cazadores apilaban a sus compañeros caídos, pudo ver como, en el camino del pueblo, justo tras el paso de la guardia a la que acababa de enviar a la taberna, un gran grupo de enanos marchaba “con la casa a cuestas”. Dando grandes zancadas, los alcanzó junto al rótulo de madera que anunciaba el nombre de Darry´Gor.
-¿Os marcháis, maese?- preguntó al enano que encabezaba al grupo.
-Si, Lenxer, nos vamos. Mira lo que les ha pasado a los “expertos” que trajo el thane.
-¿Podría pediros un favor?
-Siempre que no implique volver…
-No, tranquilos. Hay heridos entre los cazadores. Algunos están desorientados, y no creo que éste sea el mejor lugar para ellos ahora mismo. Sin embargo, en un par de días, puede que sean buenos guardianes para un grupo como el vuestro.
-Pues que se den prisa si quieren venir.
 
El hechicero no dio más opciones a los elegidos. Él les había salvado, él decidía, y así fue como Nedrivning, Kilik, Alakaaid y otros dos cazadores abandonaron Darry´Gor, en compañía de un grupo de enanos que huían de sus propias casas.
 
Al observar partir al licántropo y al antropomorfo, Lenxer tuvo claro que se había equivocado al elegirlos. Había malgastado dos de sus cartas en esos dos hombres, y el destino se lo había hecho ver.
 
[OFF: como habéis visto, Alakaaid y Nedrivning han sido expulsados de la partida]
 
-//-
 
Utrek había aguantado pacientemente a los tres enanos, cargando con ellos al Lord Vampiro. Él lo había agarrado de una pierna, el payaso de la otra, y el viejo y el tonto lo llevaban agarrado por los brazos. Lo dejaron en la celda que les indicaron los hombres de la Casa Comunal, sin quitarle la cadena del cuello ni los restos del saco con ajo de la cara. Después, embadurnaron los barrotes y paredes con salsa de ajo, que les trajo el cocinero del thane.
 
-Y ahora toca vuestro ritual, ¿no?- preguntó a los enanos de regreso al campamento.
-No es nuestro ritual, imbécil, es el ritual de todos los cazadores- respondió Perik enfadado.
-El mío no. Cuando muera, que se olviden de mi. Como si quieren joderse a mi cadáver.
-Nadie ha querido hacer eso estando vivo, dudo mucho que resultes mas agradable muerto- dijo, hábil, Kadín.
-Yo no estaría tan seguro…- el malhumor se reflejaba en el tono de Perik.
-Bah, que os den. De todas formas ya le he dicho a los míos que apilen a los muertos; a ellos les gusta vuestro numerito. Si me necesitáis, estaré disfrutando de mi propio ritual, remojándome el gaznate- dijo como despida Utrek, alejándose de ellos.
 
-//-
 
Prácticamente la totalidad del campamento se reunió en torno a los cuerpos sin vida amontonados. Algunas personas del pueblo también acudieron a presentar sus respetos, así como el thane Ingrod.
 
Perik, como el cazador más viejo del lugar, tuvo el honor de encender la pira funeraria, con la que despedían a sus compañeros caídos. Los tres enanos compartieron una mirada. Sabían lo que venía ahora, algo realmente triste, pero en cierto modo reconfortante, y ellos debían iniciarlo.
 
Fue Kadín quien comenzó a entonar el cántico, y después se le unieron los otros dos. Al rato, algunos cazadores les acompañaron en la canción. El cantar evocaba un viaje a unos salones dorados, los de Karzún, y una última gran aventura, simbolizando la muerte.


 
Al finalizar la canción, las llamas ya habían devorado los restos de los camaradas cazadores, y quienes cantaban sentían que les habían hecho el último gran favor que requiere todo el que ha luchado contra malos espíritus, que le permitan dejar atrás su cuerpo, dejándole avanzar hacia otra vida.
 
[OFF: Mivam, éste sería el momento en que tú llegas a Darry´Gor, como hablamos]
 
-//-
 
La mayoría de gente de Darry´Gor volvió a la cama. Ya debía ser una hora cercana al amanecer, pero necesitaban descansar. El thane Ingrod, antes de retirarse del campamento de los cazadores, les comunicó que esa misma tarde, sin más prórrogas, comenzaría la cacería. Él regresó a su hogar, donde tuvo que gestionar no pocos asuntos, aunque dejó con Lenxer cargara con los más pesados. Vampiros, elfos, cazadores… demasiado para él.
 
Tras despedirse de un extraño hombre en sus propias dependencias, Erin tocó a la puerta.
-Adelante- dijo Ingrod, a quien siempre le agradaba ver a la bella enana.
-Mi thane, la artista a quien estabais esperando acaba de llegar.
-Ah, que pase, que pase, llega justo a tiempo.
 
[OFF: por si pudieras unirte en este turno, Noegoé, el extraño hombre de quien se despedía, podrías ser tú. La artista, obviamente, es Malina]
 
-//-
 
La guardia enana al completo, el hechicero Lenxer y el thane Ingrod, se encargaron de inaugurar la cacería, aunque sin ningún tipo de discurso, simplemente hablando con los cazadores, y deseándoles suerte. Youdar, que aún no se sentía bien como para unirse ese día a la partida de caza, fue a hablar con Lenxer.
-Me gustaría quedarme e interrogar al Lord Vampiro- dijo intentando sonar respetuoso.
-Y a mi también, hombrecillo- dijo una desagradable voz a sus espaldas- Yo no voy a perder el tiempo buscando presas de mierda- Utrek parecía aún bebido, aunque se mantenía en pie con una firmeza digna de admirar.
-Por supuesto, amigos, yo mismo iba a intentar sonsacarle también. Creo que todo el que quiera debe tener oportunidad de probar suerte.
-Bien pensado, yo le interrogaré esta noche, cuando vuelva de la cacería- dijo Youdar, que, pese a lo dolorido que estaba, sabía que para su salud sería mucho peor una tarde entera con Utrek que una pelea con un oso.
 
-//-
 
Se organizaron dos equipos de caza. Sin Utrek para liderar a los suyos, éstos parecían “pollos sin cabeza”, y no sabían organizarse bien, así que no se quejaron cuando Perik organizó los grupos. El anciano puso a Kadín, quien, para ser enano, era bastante ágil y sigiloso, y a Youdar, al mando del equipo de rastreadores, junto a Ravin y Adila. Él mismo comandaría el equipo encargado de las presas que los otros pudieran señalarles, junto a Shan y Lars.
-Los demás haced lo que queráis, podéis ir por vuestra cuenta o uniros a uno de los dos equipos-
 
Tras terminar de conformar todo, el enano dio unas instrucciones más.
-Bien, Kadín, Youdar, vosotros iréis por delante, no más de cinco minutos adelantados a nuestra posición. Ravin es el mejor rastreando, y Adila la más rápida, así que ella vendrá a avisarnos cada poco tiempo, no quiero heroicidades ni estupideces.
-¡Que mandón eres, abuelito!- protestó la chica.
-¿Seguro que estarás bien, hermano?- preguntó Kadín a Youdar, algo alejados de oídos indiscretos.
-Mil veces mejor que con Utrek.
 

-//-



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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Malina el Sáb Mar 28, 2015 4:34 am

El bullicio de Loc Lac contrastaba de forma grotesca con el ostracismo de Malina, quien no se inmutaba en seguir los vaivenes del diálogo de los comerciantes y viajeros. Sin embargo, u cuerpo no podía decir lo mismo: inmersa en el tumulto de gente, sus pasos se dejaban guiar por las corrientes de movimiento del resto, sin aportar mucha resistencia; mal que mal, no tenía mucha idea de qué podría hacer hoy. “Desagradable calor”, pensaba con el ceño fruncido, disgustada por la excesiva actividad…De una ciudad que depende de ello; dicho la contradicción en la que se sostenía su incordia.

“Todo esto tendría más sentido si tuviera un trabajo. O un encargo” meditaba a medida que rebuscaba en los puestos. Al margen de la aristocracia mercantil, Malina, orgullosa de la ausencia de su apellido, poco a poco despejaba su mal genio. De ese modo, topó con una carta, a la que había prestado poca y nada de atención. Era de una caligrafía extraña, pero no menos delicada, aunque no dejaba de llamarle la atención lo pequeña del tamaño de la letra; recitó para sí el contenido, en plena calle, absorta:

"Estimada señorita Malina. Su fama como artista llegó a mis oídos hace tiempo, pero hasta ahora no había nada que encargarle digno de su talento. Por suerte, me complace ser el anfitrión de la mayor cacería de monstruos jamás llevada a cabo en Noreth, y me gustaría contar con sus pinceles para inmortalizarla. En el sobre se incluyen los datos sobre cómo llegar.
Firmado: thane Ingrod, gobernante de Darry´Gor"


Sin entender muy bien la magnitud de la palabra “estimada”, comprendió que por fin iba a tener una dirección su albedrío: y de una vez por todas dejar fluir toda su imaginación. Claro que ello no estaba exento de detalles…
-Cordillera de Daulin…- comentó, de cara a cara a un mercader que hace poco había instalado un puesto para vender productos - ¿Cómo es?
Extrañas interrogantes para una necesidad banal. Tal vez fue un impulso vanidoso, sonreía abstraída, sin razón aparente para quienes la observaban “fama como artista…” se decía para sí , mientras, a raíz de las indicaciones del comerciante, buscaba una hopalanda, lo más abrigada posible, y que llegue hasta las rodillas. Difería la joven del artilugio a buscar: algunos muy decorados, otros largos hasta el suelo, podría perderse entre tanta tela – Uhm, complicada situación – balbuceó, “¿no es más fácil ir a buscar uno a casa? No”, negaba en silencio, tomando la primera hopalanda que sostenía, “podría pedirle a alguna costurera que lo reduzca… Y le ponga más lana”. Sentenció.

Ya en su estudio, sintió la duda contraerse en su vientre, casi iracundo. Tenía la holapanda, su bolso y la carta listas, pero ¿cómo llegar? Difícil de saberlo. Pensaba cabizbaja, albergando incluso la probabilidad de que sea una broma pesada de él para reírse en su cara  “… Siempre como críos”, cerró los ojos y tragó saliva, despejando las dudas y alejando la nebulosa de su rostro. Aún conservaba el recuerdo de la tía Lucy y su osario,  “No hay vuelta atrás. Si me muriera, prefiero que deshacerme afuera que en ese ataúd compartido”, escudriñando entre las hojas la imagen de la tía cayendo al cajón. Inconscientemente, se llevó una mano al rostro, cubriendo la boca con evidente pánico.

“Sé que no les parecerá raro que deje esta misiva en la puerta. Ni mucho menos que no haya habido una cena de despedida. La situación es diametralmente distinta y he decidido, tomándome a mí misma como el punto principal de las decisiones de mi circular vida, tomar rumbo hacia Daulin. Para efectos prácticos, me veré ausente de mis labores en casa.”

La noción de despedirse era un ritual, un dejo de cariño dejaba para sus progenitores, y se deshacía de la inexplicable culpa que le infundía el verse mermada de sus labores en terreno conocido. Suspiró pesadamente e imbuida en la firme decisión de largarse, incluyó dentro de su equipaje improvisado un vestido más delicado “no voy a presentarme con botas y camisa”. Tomó a Azabache de las riendas y partieron raudos con las primeras luces de la mañana.

[***]

La idea principal era quedarse al margen de todo tipo de caravana que incluyera un número excesivo de gente, ¿qué tan difícil podía ser? Están las indicaciones para llegar.Incurrió en errar a partir de su orgullo. No fue hasta el final del día uno donde solicitó la ayuda de unos comerciantes ambulantes, que dirigían sus productos a un sitio cercano a donde quería ir. Le hicieron entender que el destino en sí era una descripción muy amplia; la única respuesta que obtuvieron fueron unos labios fruncidos, carcomiéndose la ignorancia. “No me queda más remedio”. Pidió, luego de mucho pensarlo, unírseles, hasta llegar a un lugar cercano a donde se le solicitaba. Y a cada paso que daba con el caballo, mayor eran las ganas de dar media vuelta y retirarse - …Pero el trabajo es trabajo…-  comentaba entrecortada, sintiendo el peso del cambio climático en sus manos, de un tierno tono rosáceo, casi rojizo.

No podríamos decir que Malina estuviera preocupada, tampoco desinteresada de lo que acontecía a su alrededor. Pero no sabía muy bien cómo afrontar el hecho de que el animal sufria con el frío, a pesar de optar por avanzar durante el día… Junto con ello, parecía que los días se hubiesen estancado en algún punto: todo el paisaje se volvía blanquecino. Cuando ya estaba a punto de tocar fondo, y dar rienda suelta a su reprimida ira, se percató que, el viento arrastraba un olor espeso - ¿Humo? –se extrañó, bajándose del caballo para distinguir el aroma con más precisión – Sí… Humo. ¿En medio de la nada humo?.. ¿Por qué insisto en preguntarte? – le dedicó una mirada cariñosa al caballo y avanzaron, esta vez el amo al lado del corcel, pero con el equipaje sobre su lomo.

[***]

No duró mucho la curiosidad: cuando se vieron en una ciudad, la primera bienvenida se la dio una espesa nube de humo, con un aroma indiscutido a pelo quemado, el cual aumentó más la incertidumbre. Se olió el cabello, como un acto reflejo, frunciendo el ceño en el intertanto, y oliendo el cabello de su caballo también - … parece humano. Pero los animales que conozco también tienen pelo – lejos de imbuirle una seguridad dicho pensamiento, abrumada comenzó a sentirse al acercarse, lenta, discreta, silenciosa - ¿carne?- y un vaho salió de su boca, apresada por un miedo desconocido, obligándole a tomarse la cintura con los brazos, contrayéndose al lado del animal. Jadeó sorprendida, “¿por qué, el olor se me hace tan conocido?” Dentro del abanico de posibilidades, surgió de pronto el recuerdo del osario; soltó las riendas y caminó a un paso ágil hacia más cerca: una congregación de hombrecillos estaban observando, entre cánticos, cómo el fuego consumía lo que sea que esté bajo las llamas. Sin lugar a dudas, se podían distinguir huesos, y un olor espeso a cabello quemado, casi nauseabundo. Lo que la llevó a alejarse rápidamente de allí; el viaje la había maltratado, y su aspecto, sumado a su ropa, no ofrecían el mejor panorama para aquello a lo que había sido llamada hasta aquí. No dejó de parecerle curioso el ritual, mas no podía prolongar la citación.

Ya a una distancia prudente del humo, Malina sacó la carta y buscó entre aquellos que se movían por las calles un rostro afable que pudiera indicarle quién era aquel que la requería. Procuró cuidar un poco más su presentación, por lo que se arregló el cabello, despejando el rostro, y con un tono que se inclinaba más a la diplomacia, comenzó a consultar. Más allá del saludo le era imposible seguir.

“A pesar de todo, no deja de tener su encanto”. Una abrumada Malina, junto a un manso Azabache se hallaban frente a una casa descomunal, en comparación al resto de las edificaciones. – Tocar la puerta… - se dijo hipnotizada por la peculiaridad del tamaño de los habitantes. No es que en su vida haya visto un enano, pero ya se temía a qué tipo de personaje iba a tener que retratar, así que empezó a calcular la cantidad de ingredientes que iba a requerir para la preparación de sus pinturas, con tal de obtener un resultado impecable. Con las manos cerca de la puerta, no alcanzó a tocar cunado una mujer le dio un saludo cordial.  Sin quedar atrás, Malina hizo una reverencia, y mostró la carta. Se sentía agotada, casi sin fuerzas, un argumento válido para no decir nada frente a al anfitriona, quien al parecer no demostró molestia ante su silencio.

Luego que le diera el paso hacia dentro, caminó en dirección desconocida, sin embargo, logró descifrar algunas palabras del diálogo. El tiempo volvió a transitar para la joven. Lo que llevó a pensar una sola cosa – Ah! Yo no debería haber venido…- “venido así, tan desprolija” se miró las ropas maltratadas por el camino y se ruborizó, perpleja por su descuido.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Ithilwen Erulaëriel el Mar Mar 31, 2015 1:05 am

-Aléjate- habló una voz en el preciso momento en que la bestia embestía una de sus garras sobre ella. No obedeció, tampoco impidió que el golpe diera en un blanco falso. Más que confusión, el temor y el desprecio tomaban realidad en su rostro contorsionado. La espada de alguien más se había interpuesto entre ella y la criatura inmortal. Él volteó su objeto de ira a otro punto, un humano que servía de señuelo en el momento justo para que la doncella de Erínimar se asiera al mango de Glïndolïn y con todas sus fuerzas desprendiera el metal de la carne pútrida del vampiro. El movimiento resultó bastante torpe, cayendo sentada sobre la nieve. La espesa oscuridad le impedía ver los rasgos de quién la había salvado pero sí la crueldad que de nuevo esgrimía la bestia sedienta de sangre. Consiente que a sus espaldas otro de aquellos vampiros se acercaba, clavó el báculo sobre la nieve y se puso en pie, con la respiración entrecortada en claros signos de fatiga.

Ithilwen estaba rodeaba. Al frente el Lord Vampiro volteaba su rostro triunfante hacia ella y atrás otro apretaba el paso para emboscarla. Castañeó los dientes, cerró los ojos y suplicó el favor de sus dioses una vez más, sintiendo el cansancio de quién invoca por segunda vez en tan poco tiempo la bendición de una fuerza superior capaz de hacer evaporar su propio cuerpo como madera en la hoguera. Se obligó a guardar la calma y llenarse de valor. “Un poco más… un poco más…”, decía entre cada suspiro de agotamiento. Pero no podía mentirse: la suerte no le sonreía.

Entonces, cuando el alma está a punto de dar ese paso hacia las tinieblas, sabiendo que tras ello no habrá marcha atrás, la imperecedera notó un extraño olor que a su adversario parecía asfixiar. Sonrió, reconociendo el condimento y abriendo sus ojos de repente, saliendo de su trance… La batalla se tornaba a su favor. Agradecida, guardó la espada y tomó el báculo con ambas manos, respirando hondo: ésa era SU arma y si la vida estaba en juego que mejor que apostarle a aquello que la hacía fuerte. Lo apostaba a su agilidad y precisión. Uno tras otro, círculos entre movimientos, rápidos, precisos, de engaño y poder: unos para despistar otros para atinar. El primero, entre la nariz y la boca, rompiendo su tabique, impidiéndole respirar; otro en el estómago, allí donde pulmones y vientre se separan por el diafragma, pues sabía que un dolor así era capaz de hacer perder fuerza a su oponente; finalmente, con el impulso de una vuelta el sonido seco de madera contra piel atinó en la nuca y luego en su sien, dejándolo en el piso con el báculo sobre su garganta a punto de desenfundar para ajusticiarle.

¡Plash! Retumbó con tal fuerza que sangre y hielo se mezclaron, cayendo sobre las vestiduras de la elfa como su rostro. La cabeza del vampiro había desaparecido y en su lugar una gran maza hacía presencia, empuñada por la criatura más singular de todas:

-Elfos… juegan demasiado con la comida… -escupió con una media sonrisa triunfal la voz conocida de la posadera, quien aún con su delantal también se quitaba del rostro la sangre del recién aplastado vampiro.

-Es bueno saber que vosotros no soléis jugar como nosotros…- respondió Ithilwen, claramente agitada por el combate y agradecida con la pequeña aliada de cara rechoncha, mejillas coloreadas y ojos saltones, hinchados de orgullo por su hazaña. –Os agradezco una vez más, Hobb…

-Te buscaba orejona…- aclaró la enana: -Vuestros elfos…

Tal vez fuera la gravedad con que las dijo o esa mirada trágica que atravesó a la pequeña kazuka, pero la elfa supuso lo peor y dando media vuelta sin esperar más salió corriendo, forcejeando con sus ropas y la nieve, en busca de la taberna. Algo había pasado. Al menos eso lo tenía claro por la mirada oscurecida de la enana, pero la gravedad de ello le era imposible imaginarla. ¿Había más vampiros? ¿Estarían heridos? ¿Había más allá de simples sangrientos inmortales? El solar le había advertido de situaciones oscuras en esos territorios. “¡Mi culpa… mi culpa!”, se recriminaba la princesa. Mientras corría lamentaba cada vez más el haber salido de la posada, exponiendo a los suyos. Y al llegar no supo si el alivio era menor al desencanto, pues la escena no podía ser más indigna: sus guerreros habían depuesto las armas y, con muestras de golpes y un fuerte olor a todo, comida, bebidas, y más, eran sacados a la fuerza por la guardia del lugar. Ithilwen no supo si sentir vergüenza o ganas de impartir regaños de decepción ante los suyos. ¡Los hijos de Erínimar sacados a patadas como humanos revoltosos o andrajosos kazukan con claras muestras de pleitos por bebida!

¡Aquello era inaceptable para un inmortal y más un solar!

La mirada de ella se encontró con la de él, Lüdriëlh, y aquello fue suficiente para que ésta diera por sentado su veredicto y éste bajara la cabeza y con humildad se dejara conducir junto a los suyos a las mazmorras de la Casa Comunal. La elfa acompañó la extraña procesión por el camino de nieve y piedra, y al llegar a la casa, encontró en el umbral al solar.

-Lo lamento- se disculpó con un ademán de saludo y respeto.

-Esto está más allá de mi poder, joven Señora-habló Lenxer con voz calma pero enfática. Observaba a la distancia y ella le siguió con la mirada: un grupo se retiraba de aquel lugar.–Pero… -dudó, como quién resuelve un acertijo personal.

-Estoy dispuesta a pagar lo que sea, abandonar estas tierras y echar por la borda todos los planes que impulsaron esta empresa, si los dejáis en libertad- contrarrestó Ithilwen con dejos de súplica.

Aquello pareció sorprender al elfo, pues en las conversaciones anteriores, poco o nada la había observado como en ese momento:

-Nunca imaginé vivir lo suficiente para llegar a ver a un Cuidador del Trono de Luz, y menos desde mi llegada a las montañas-explicó con lentitud, sonriendo y rascándose la barbilla como quién descubre un secreto: -Vuestra presencia acá no parece fortuita por ello no arriesgaré a que el impulso que la motiva caiga, Señora de los Solares, pero vuestros elfos deberán pagar las ofensas cometidas contra los señores de estas tierras, y de eso estoy seguro así como vos sabéis que es lo correcto.

-Lo entiendo- cortó pensativa como opacada por la verdad que el elfo acababa de desenmascarar: -Aun así no estoy dispuesta a partir sin mis súbditos y eso es algo que ahora estáis en capacidad de entender, mi Señor.

-Así es…Así es… Pero, para vuestra suerte y la de los dioses, ahora tenemos vacantes de cazadores- añadió y luego, sonriendo: -Puedo negociar la liberación de los vuestros después de los servicios que mi Lady ofrezca al thane de Darry’Gor.

-¿Los servicios?

La doncella de Erínimar arrugó el ceño y contrajo los labios con furia, en clara muestra de hostilidad.

-Mi Señora… ¡Bienvenida a la Cacería de la Buena Leña!- terminó Lenxer, dando un espaldarazo a la imperecedera sin dejar opacar su sonrisa.

--//--

Las lunas debían abrazar la nieve mientras ella desde la mazmorra oía los cantos lánguidos de los enanos a sus caídos.

“Así celebran ellos…”, se dijo con cierto tono lastimero, recordando la última celebración hecha en Erínimar a los fallecidos en las batallas del mundo antiguo. Mucho se había sacrificado en aquellos tiempos por mantener los límites seguros de la Ciudad Luz y ahora ella debía marchar para salvaguardar la seguridad de su compañía. Si tan solo se hubiesen sabido comportar…

-No hagáis esta locura, Ithilwen- recalcó Lüdriëlh tras los barrotes mientras ella dándole la espalda clavaba la mirada en la oscuridad de dónde provenían voces lejanas. El peligro del ataque había pasado sin embargo, los cantos de unos se alzaban junto con las palabras incomprensibles de otros al final del pasillo de aquel calabozo.

-No es vuestro el poder para decirme qué hacer- apuntó, calculando los riesgos: -Confiaré en que todo esto sucede por menesteres de los dioses y quieran ellos que no me equivoque.

-Pero, mi Señora…-contrarrestó Lüdriëlh.

-A callar, hijo de la casa Thündell. Ahora sólo espero que no agravéis vuestra estancia en este lugar. Escapad de acá si a la quinta mañana no he arribado y buscad a mi padre. Él sabrá qué hacer-emitió con voz firme sin mirarle. Calló y como sopesando lo que vendría volteó el rostro y le miró directamente con fiereza: -Y nada de esto ha de ser desobedecido.

-Sí mi Lady- contestaron los elfos mientras Lüdriëlh la observaba con el rostro lívido cundido de horror:-No Ithilwen… Por favor, no.

La elfa se retiró y, en medio de una noche silenciosa y tranquila, recorrió la senda de nuevo a la taberna. Al llegar Hobb se encontraba corriendo de esquina a esquina con una escoba y recogedor, limpiando los escombros de su establecimiento. La solar se disculpó de nuevo y entre ambas trataron de poner orden al lugar. Una mirando de reojo a la otra, pues aunque algo de confianza se había entablado, lo cierto es que los muchos años de conflicto entre ambas razas eran difíciles de sondear en una noche. Al final, Ithilwen le encargó las pertenencias de todos los suyos, aquellas que en las distintas habitaciones se habían quedado, pues ella no podría llevar todo consigo. En pago entregó gran parte de lo que llevaba en piedras preciosas y oro, pues los destrozos del lugar ascendían a lo impensable. En medio de todo, Hobb sintió pena por aquella dama de orejas puntudas, de carácter soberbio pero respetuosa en extremo, aunque eso sí aceptó con gusto el pago ofrecido. Al final la noche las encontró a cada una en su propia habitación. La imperecedera poco durmió entre pensamientos turbios, tan lejos quedaba su proyecto y su misión ahora por una cacería de poca monta. Recostada no se atrevió a dejar de lado la espada como tampoco el báculo, sus vestiduras de guerra aún salpicadas por la sangre demoniaca llenaban de hedor la recámara de madera.

--//--

A la mañana la solar despertó con presteza y se hizo a la capa y las bufandas que la protegían. Si alguien la observara no detallaría de ella sino sus ojos entre la capucha de piel y las pieles que le protegían el cuello como cubrían la boca. No pretendía llamar la atención y menos ahora que no contaba con la ayuda de los suyos.

Odiaba la idea de cazar pero si aquello le ayudara con la libertad de su gente…

Oró como lo hiciera siempre desde que tenía memoria; se encomendó a los oráculos y al sol, pues el camino que antes era nítido ahora se volvía difuso y con obstáculos desconocidos. Al salir de la taberna encontró que todos estaban reunidos y, aunque arribaba tarde a aquel lugar, no dudó en hacerse sentir cuando, las cabezas se repartían entre aquellos que avanzarían rastreando el camino y los que aniquilarían cuanta cosa les hiciera frente. Ella, conociéndose cómo nadie, no titubeó en mirar al solar y con una venía:

-Contad con mi báculo, una vez más-, adelantando a todos y ubicándose al lado de un enano de mirada huraña tan similar a la de su gato naranjado.
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Ithilwen Erulaëriel

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Re: Cacería de la Vieja Escuela

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