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Cacería de la Vieja Escuela

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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Sejen el Miér Abr 01, 2015 2:40 am

-Eres idiota Sejen, y lo sabes.- Me decía a mi mismo, nuevamente tirado en la nieve, siendo un dolor que oprimía mi pecho, estaba seguro de que no me habían roto nada, no obstante, eso no significa que no pudiera sentir como si me hubieran aplastado, yo era mas alto que el, tenia mejor físico que el y aun así no pude sobrepasar su fuerza, lo que había desembocado en un nuevo golpe, sin duda esto ya empezaba a ser una fea costumbre de este lugar. -¿Y ahora que vas a hacer listillo? Ya a centrado su atención en ti, pero te a apartado de su camino, como a un muñeco ¿y ahora que? Tienes frente a ti a un ser mas fuerte que tu, no puedes llamar a ninguno de tus espíritus a la lucha, Sung'mahetu esta defendiendo a Adila y llamar a los espíritus de los bosques no te ayudaran, no llegaran a tiempo.- Me decía a mi mismo, incorporándome nuevamente, espada en mano. Todo esto para proteger a alguien por puro instinto, inercia misma, sin conocerla, sin saber si realmente estaba bien o mal, si era lo que tenía que hacer, una estupidez se mire por donde se mire.

Su atención estaba centrada en mi, no parecía muy contento mi ahora adversario, pero le estaba consiguiendo unos segundos a la hermosa y aparente joven de los elfos. Cuando todo indicaba que este iba a ser el último embate contra la criatura, aparecieron los restantes. Más vampiros que venían en defensa de su en apariencia líder, más problemas. Aunque por suerte, Adila me había advertido de su llegada.
Adila mientras tanto observaba impotente desde la torre del vigía, no sabía que hacer y por ello daba vueltas observando, disparar era demasiado peligros, había demasiados aliados congregados en el mismo punto, como para arriesgarse al disparo ¿debería abandonar su posición de seguridad? ¿que tenia que hacer? -¿Que se supone que hagamos?- Preguntó la cazadora, esperando la respuesta del coyote que la estaba custodiando. -Debes quedarte qui, Sejen nos lo pidió.- Le respondió el coyote. -Confía en el.- La joven estaba que podría morderse las uñas, quedarse aquí quieta sin hacer nada ¿pero que podía hacer? -Se acabo.- Comentó harta ya de esperar, empezó a moverse de camino hacia las escaleras que le permitirían bajar y poder ir hasta la acción, pero Sung'mahetu le impidió el paso. -Sejen me ordeno mantenerte a salvo, no bajarás de esta torre, no hasta que haya pasado el peligro- Adila gesticulo una mueca de enfado apretando los dientes. -Ni siquiera se porque te hago caso, solo eres un coyote parlanchín.- El animal pareció molesto por su comentario y de hecho así fue, con lo que decidió asustar a la cazadora y de paso, marcharse ignorando los deseos del portador de espíritus, se lanzo hacía la cazadora corriendo y cuando choco contra ella se esfumo, literalmente, un humo como el vapor. Adila asustada se cayó al suelo, no entendía nada y ahora tenía mas preguntas para mi cuando todo esto acabara. -¿Pero que demonios?- Se preguntaba asustada.

De nuevo en pie, ahora con un nuevo enemigo, hubiera querido centrarme simplemente en el lord vampiro, pero no tendría dicha fortuna, tan solo una espada me defendería de mi atacante, había tenido la desgracia de comprobar que era poco útil realmente, preferiría estar armado con mi arco y a una distancia prudente, creo que cualquiera querría estar a una distancia prudente pensándolo mejor.
Pero por fin algo de fortuna, o al menos eso parecía, empece a escuchar gritos, aunque no sin antes sobresaltarme al ver que la criatura de la noche, tenia la capacidad de elevarse como si fuera un fantasma, pero era detenido. Le pusieron un saco de ajo en la cabeza, hasta aquí se podía oler y desde luego no parecía contento por ello. Mi ahora rival parecía retroceder, se acercaba a su líder suponía que para protegerlo.
Ahora la ventaja era nuestra, la mayoría de los cazadores estábamos aquí congregados.

Mientras esto sucedía, en la torre del vigía Adila aun estaba asustada por lo sucedido, nunca antes había visto a un coyote parlanchín y mucho menos, que este se desvaneciera como el humo, el forastero tendría que explicarle muchas, muchas cosas. Sus nervios aun no se calmaban, pues era una cazadora impulsiva, joven y le era imposible estarse quieta, así que una vez algo recuperada por el susto, se puso en pie y volvió a observar la situación desde la torre, su previa preocupación se desvaneció al ver a los vampiros rodeados por los los cazadores. -Menos mal.- Comentó ella en voz baja, mientras se llevaba la mano al pecho, al mismo tiempo el borrachuzo vigía roncó fuertemente y la joven se sobresalto un poco, en respuesta la propino una patada. -Tu a callar.- Ahora ya y viendo que la situación parecía estar bajo control, no creyó conveniente seguir en la torre, con lo cual bajo de esta y enfilo el camino hacia el grupo de cazadores, para ver como terminaba desde primera fila.

Las criaturas de la noche eran como animales, podía verlo e incluso sentirlo, estaban acorralados y cuando se acorrala a un animal este se vuelve todavía mas peligroso, tenía que tener cuidado, ya me había llevado muchos golpes en el día de hoy, no estaba dispuesto a llevarme otro, así que procedería con cautela.
Espada en mano, acorte distancia poco a poco entre la criatura y yo, sin perderle de vista ni un solo instante, pero como ya había predicho, las bestias acorraladas son mas peligrosas e impredecibles. El vampiro se abalanzó sobre mi, una acción descuidada pude calcular bien su trayectoria a pesar de su velocidad, me aparte haciéndome a un lado. Con ambas manos alce mi espada y cuando esta ya estaba por encima de mi cabeza, di un golpe vertical dirigido a su nuca. Cuando la hoja impacto, pude sentir su filo rompiendo el hueso y cercenando la carne, abriéndose paso, seccionando hueso y tejido en su camino, hasta que esta completo su camino y la cabeza de la criatura se desprendió de sus hombros, no era un corte limpio desde luego pero había sido suficientemente fuerte como para separar la cabeza del cuerpo. La sangre empezó a brotar mientras el cuerpo, se retorcía a causa de los espasmos nerviosos, la sangre teñía el blanco tapiz níveo de rojo. Mi respiración estaba acelerada, mi pulso era muy superior al ritmo normal, una mezcla de adrenalina y sentimientos, emoción, miedo, fascinación, satisfacción, no lo podría describir con exactitud, y mientras yo respiraba tratando de recuperar la compostura, y tranquilizar mi agitado corazón empece a escuchar varias pisadas, eran pesadas me indicaban que eran la guardia enana, ataviados con sus armaduras. -A buenas horas.- Comentaba para mis adentros, pues si ellos hubieran estado mas atentos, seguramente todo este incidente no habría ocurrido, no de esta forma.

-¡Tú! ¡Estúpido y sin cerebro!- Irrumpió una voz, una voz ya muy conocida por mi persona, Adila, maldigo el momento en que la conocí. -¡Vas a tener que contestar a muchas de mis preguntas!- Dijo ella poniéndose a mi lado, mientras Utrek y los tres enanos cargaban al vampiro, derrotado y ahora solo. Guarde mi espada mientras resoplaba cansado, para colmo Adila no me daba tregua. -Además eres un temerario ¿se puede saber que haces? ¿que te crees, una especie de espadachín legendario o algo? ¿sabes el rato que me has hecho pasar? Encima me dejas en esa torre, con ese coyote parlanchín, no te lo perdono, eres un irresponsable...- Y continuó y continuó como siempre, hablaba y hablaba, tan deprisa trataba de echarme la bronca que incluso se trababa con sus propias palabras. -Adila.- Dije interrumpiéndola. -Acabo de matar a esa criatura, me llevado varios golpes y lo único que me falta ahora, es escucharte vociferando, por favor, cállate un rato, solo un rato..- Estaba cansado, tenia ambas manos en las rodillas y estaba encorvado, mirando al suelo.

Tanto Adila como yo, cuando todo parecía haber terminado nos ofrecimos voluntarios para ayudar, apilamos cuerpos de las víctimas, mientras los cazadores y algunos ciudadanos se congregaban. Mi charla de antes con la cazadora, parecía que la hubiera calmado, ella había pasado del enfado a la tristeza, su habitual carácter hablador se había escondido ante la desgracia y el dolor.
Cuando todos los cuerpos fueron apilados, nos apartamos de la pira. Perik se acercaba portando una antorcha en la mano, el seria el encargado de prender el fuego, aquí las despedidas eran muy distintas a las de mi tribu, pero al mismo tiempo eran extrañamente semejantes, como podría descubrir.

Kadín empezó a entonar una canción, era grave, con un tono triste, las llamas se avivaron alzándose en la aparentemente eterna noche, era una imagen casi mágica, las llamas danzaban con el viento acompañadas de la melodía que el enano y aquellos que le siguieron comenzaron a cantar, Adila estaba entre los que cantaban.
No eran mi gente, no era mi poblado, pero aquel momento entro en mi corazón, y me hizo sentir como cuando presenciara el rito funerario de mi mentor, la tristeza afloro en mi, algunas lagrimas cayeron por mi rostro, surcando mis mejillas, humedeciendo mi piel, pero no aparte la mirada, no hasta que la canción había terminado, o tenía un descanso. Había escuchado esta canción y la repetía en mi cabeza, tratando de escudriñar su significado.
Con la canción finalizada, pude apartar un momento la vista de la pira funeraria, pase mi mano por la cara secando un poco mis lagrimas, entonces vi al enano que respondía al nombre de Youdar, se estaba restregando los ojos, bueno. Uno de ellos al menos, así que me acerqué a el, parecía entristecido, tanto como yo, no era mi intención molestarle pero, quería saber que significado tenia esta canción. -Una triste melodía.- Comenté iniciando la conversación, el enseguida hizo gala de la famosa rugosidad de los enanos, carraspeo un poco y agitó un poco su cabeza. -¿Que quieres?- Dijo el en respuesta. -No quería molestar. ¿Que significa la canción?- Le pregunte con cuidado de no ofenderle. -Habla de la ultima aventura de todo cazador, del viaje que todos hemos de realizar algún día, esperando llegar a los salones dorados de Karzún.- Tras esta respuesta volví a observar el fuego.

-Es una canción muy hermosa.- Comenté con cierta tristeza, al saber su significado y pese a que fuera una canción de despedida, su agradable melodía me resultaba plácida, pues había calado en mi corazón como si de uno de los cánticos de mi tribu se tratara. -Esperemos no tener que volver a entonarla hasta dentro de mucho tiempo, amigo.- Respondió así el enano. -Esperemos.- Dije con un tono esperanzado, aunque algo empañado por la tristeza.
Poco a poco los habitantes iban marchando, dejando el lugar, yo me quede observando las llamas, al menos por un buen rato más. -Espíritus, guiadlos a ellos en vuestro camino, para que alcancen dichos salones, que su estancia en este lugar, pese tanto como su partida en la noche. Espíritus guiadlos.- Esa fue mi despedida para las gentes que habian sucumbido en este lugar, no podría hacer mas, era mi forma mostrar mis respetos hacía esta gente. -Recuerda portador, que todo tiene un porque en esta vida, ya sea para bien o para mal.- Aunque no se materializo, la voz del lobo se hizo presente, tranquilizándome al saber que ciertamente los espíritus habían escuchado mi plegaría para con estas gentes.

Al día siguiente, se hicieron los grupos que partirían a la caza, no estaba interesado realmente en unirme a ellos, algo malvado moraba en la cordillera, algo fuera de la comprensión de la mayoría, un ente maligno, mi deber era encontrarlo y apaciguar a ese espíritu, Hanwi me había traído aquí seguramente por eso.
Todo estaba dispuesto para mi marcha. -Vayámonos de aquí, antes de que esa chica nos encuentre.- Comento Hanwi, quien esta vez si se había aparecido frente a mi. -Tranquilo Hanwi, pronto nos iremos de aquí y no volverás a verla.- Dije tratando de darle esperanzas. -¡Sejen!- El lobo espectral la miro molesto. -No nos libraremos nunca de ella, es una maldición.- Yo me lleve la mano a la cabeza ¿como podía tener tan mala suerte? -Vamos, están designando los grupos y tu vendrás conmigo. No te creas que e olvidado todo lo de anoche, me debes un montón de explicaciones, no te vas a librar de mi tan fácilmente, ni hablar. Esto me recuerda que una vez...- No, otra vez no.
Arrastrado por Adila, a quien era imposible decirle que no, no porque no lo entendiera sino porque no escuchaba, llegué hasta un punto de reunión. -¿Por que siempre a mi?- Me preguntaba, mientras Adila amablemente me presentaba de nuevo. -Sejen vendrá con nosotros. ¿Puede verdad? Solo miradlo, tiene pinta de ser un buen rastreador ¿que decís a eso, verdad que si? Seguro que nos hace bien, por que veréis, aunque es un tipo muy misterioso seguro que sabe bien lo que tiene que hacer, puede que sea bueno, sino simplemente le enseñare yo, porque sabéis yo se como enseñar a nuevos cazadores...- Y una vez más aquí estaba el famoso monólogo protagonizado por Adila.[/color]



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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Mivam el Miér Abr 01, 2015 3:56 pm

A Mivam :


Pensé que esto os interesaría

En la región de Darry ´Gor estamos a punto de comenzar la mayor batalla contra lo desconocido en toda nuestra era. Todo aquel que sabe como empuñar un arma se esta dirigiendo allí para participar en una cacería de monstruos, pues estos dominan estas tierras. Se requieren de vuestras habilidades para esta empresa, cuento con usted.

Os esperan grandes recompensas orco.

Thane Ingrod

A Mivam le costaba un poco leer la carta, hacía poco tiempo que había aprendido a leer en idioma común y no era un habíl lector. Se había despertado aquella mañana en el campamento junto a sus hermanos y había encontrado aquella carta sobre su pecho. Tras preguntar a los centinelas del campamento todos le respondieron que aquella noche no habían visto a nadie entrar ni que tampoco le habían dejado ninguna carta. Aquello era todo un enigma por lo que decidió encomendárselo al Dios que mueve las cosas. Tras varias horas de súplica pudo oír una voz en su interior que le dijo- Darry´ Gor... honores...sangre...batallas.- Aquellas palabras del Dios lo convencieron, viajaría hasta las lejanas tierras de Darry´Gor en busca de los honores que siempre había soñado y de la generosa recompensa a la que se hacía referencia en el la carta. Mivam se dirigió hacía el campamento del jefe de guerra Ashat el legendario guerrero que guiaba los pasos del clan porque para salir del poblado necesitaría su consentimiento

-Gran jefe Ashat, he recibido una misteriosa carta. Esta a punto de comenzar una gran cacería en el continente y necesitan la presencia de mi hacha. Los espíritus están alborotados, el gran Dios que mueve el mundo me ha hablado esta mañana, debo viajar a las lejanas tierras de Darry´Gor en busca de un honorable destino. Quisiera partir de inmediato.- Dijo Mivam mostrándo los colmillos al jefe en señal de fiereza y de respeto ente orcos.

El gran jefe de guerra Ashat decidió que Mivam partiría al día siguiente en uno de los barcos que tenían en las islas, pero no iría solo, le acompañarían dos grandes orcos para apoyarle en la misión. Nathar, un poderoso orco de gran habilidad con sus dos hachas aunque muy supersticioso, desconfiado (con los de otras razas), poco inteligente y muy grosero. Por otro lado, Jahmer, un orco enorme de carácter más cordial,  callado, pero cuando hablaba lo solía hacer para decir algo importante, además tenía unas cualidades innatas para rastrear presas.. Ambos orcos eran grandes guerreros y estaban deseando participar en la aventura debido a que Mivam les había grandes honores.

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Habían pasado ya varios días desde que partieron de la isla, el sol deslumbraba con fuerza aquella mañana y se podían ver algunas gaviotas por el cielo.

-¡Hermanos! Tierra a la vista-Profirió Jahmer desde la zona más alta del barco.

La verdad es que los barcos orcos no eran muy famosos por su velocidad, pero tampoco se hundían con facilidad y por ello desde hacía muchas generaciones siempre se habían construido igual. Como muchas otras cosas los orcos copiaron la idea de crear barcos de los humanos, los cuales siempre habían sido muy diestros en el arte de surcar los mares a bordo de aquellas construcciones de madera.


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Tras varios días de camino llegaron a un campamento, estaba al lado de  un poblado y según las indicaciones aquel era el lugar de la cacería. Los orcos pudieron observar una gran pira funeraria que iluminaba toda la zona, un olor a carne quemada inundaba el ambiente. Al acercarse los orcos pudieron oír una canción muy triste, algunos enanos los miraron con caras de desprecio. Al parecer hombres y enanos compartían la estancia en aquel campamento. Se notaba tensión en el ambiente, Mivam estuvo a punto de sacar su enorme hacha, pero en ese momento un orgulloso enano se les acercó, parecía respetuoso pero su noble rostro no parecía estar muy alegre ante la llegada de los orcos en ese momento.- Saludos orcos. Mi nombre es Thane Ingrod y estos son mis cazadores. Supongo que sois los orcos de las islas misteriosas. Por las barbas no se en que momento me convencieron para hacer esto… La cuestión es que tenemos bestias que cazar. ¿Puedo contar con vosotros?-Dijo el orgulloso enano que parecía estar luchando internamente para decir esas palabras- Saludos thane. Mi nombre es Mivam Durotar, estos son mis hermanos Nathar y Jahmer. Hemos venido a acabar con el mal que inunda tus tierras. Lucharemos a vuestro lado contra los enemigos de lo natural, así lo exige el Dios que mueve el mundo.-Finalizo el orco. Thane Ingrod se quedo un rato mirando a los orcos, parecía evaluar hasta que punto podía confiar en sus palabras-Bueno, si tantas ganas tenéis de cazar monstruos, estáis en el lugar indicado. Ahora os pido respeto a los caídos. Mañana ya habrá tiempo para cazar.-Finalizó el enano para posteriormente proseguir con sus cánticos. El ambiente parecía haberse calmado y la mayoría de miradas volvieron a fijarse en el ritual. Mivam jamás se imagino que el llamado hubiera sido hecho por un enano, de haberlo sabido seguramente no hubiera salido de su poblado con tan solo dos orcos, pero ahora no había nada que hacer al respecto, él Dios había obrado y habría que esperar al dia siguiente para saber que les depararía el futuro.

Mivam se percató de que el viaje había dejado sus piernas algo cansadas y que aunque sus compañeros no quisieran dar muestras de agotamiento el sabía que necesitaban descansar.- ¡Hermanos! Se acabó por hoy. Mañana honraremos al Dios que todo lo sabe y si así él lo desea nos reuniremos pronto con nuestros ancestros.-Proclamó Mivam en voz alta.

Mivam se dio cuenta de había un enano que iba acompañado por un gato, le pareció curioso y pensó que ese animal sería un estupendo aperitivo si se le daba la oportunidad.- -Saludos raquítico. Mi nombre es Mivam Durotar, vengo desde lejanas tierras en busca de honor y tesoros. Estos dos son Jahmer y Nathar, mis acompañantes te aconsejo que no los molestes mucho porque no son tan diplomáticos como yo. Debió de ser una gran batalla. Respeto a vuestros muertos, pero espero que seáis de mayor utilidad que ellos.- Vociferó el orco al enano del gato. –Mi nombre es Youdar, hijo de Yeidrax, y estos son Kadín , Perik y Pelos. Espero que los tuyos sepan dejar de lado su faceta poco diplomática, o la próxima vez tendremos que cantar ante vuestros cadáveres.-Dijo el enano. Mivam no acabo de entender muy bien las palabras del raquítico, pero decidió ser prudente por el momento, ya habría tiempo para segar esa vida, todo dependería de lo útil que fuera para sus planes. Mivam le dedicó un saludo al enano y se despidió para marcharse junto a sus compañeros a reposar del largo viaje.-Me comeré el corazón del gato-Pensó para sus adentros.

A la mañana siguiente se despertaron temprano. Parecía que están formando dos grupos distintos, unos irían delante con la función de rastrear y los demás irían detrás con el objetivo de eliminar. Los tres orcos decidieron formar juntos en el grupo de los eliminadores, porque aunque Jahmer fuera capaz de rastrear con eficacia decidieron no separarse, nadie sabe que podian estar ocultando aquellos raquiticos.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Noegoé el Jue Abr 02, 2015 9:25 pm

La campana de la puerta sonó con un leve timbre los suficiente como para que Noegoé lo oyera. La oscuridad y el aroma fuerte y pesado de aquella botica, que almacenaba cientos y cientos de tarros sin nombre en estanterías viejas, parecían crear una atmósfera viciada capaz de comerse los sonidos.

Noegoé, que andaba revolviendo entre los frascos de una balda pegada a suelo, se giró sin incorporarse para ver quien había hecho sonar la campana al entrar por la puerta.
Le bastó ver su ropa para saber que era alguien adinerado. Era una figura alta y estirada, lujosamente vestido y con una perilla de chivo recortada sobre una cara llena de arrugas.

-¡Tendero!- Le llamó exigentemente

Noegoé se levantó lentamente y se dirigió a él con la profesionalidad de un tendero.

-¿Puedo ayudarle señor?-Dijo pasivamente colocándose detrás del mostrador.

Durante varios segundos, aquel individuo viejo y adinerado se dedicó a merodear altivamente por el establecimiento criticando cuanto veía. Noegoé lo escuchaba reprimiendo las ganas de mandarlo por donde vino. Finalmente, se dignó a pedirle que le sirviera una medicina para que su nueva y joven esposa se quedase embarazada. Desgraciadamente no existía en esa botica ni en ninguna otra un remedio milagroso para la impotencia.

-Precisamente tengo lo que necesita- Dijo Noegoé, y sacó de debajo del mostrador un tarro al azar.-Es una solución tremendamente poderosa pero debe de usarla correctamente. 3 gotas durante la luna llena  nada más y le aseguró que tendrá un hijo fuerte, sano y perfecto. 50 monedas de plata.

-¡¡50 monedas de plata!! ¡¡Eso es un abuso!!- Dijo el hombre, que probablemente no tendría ningún problema en pagar 50 monedas de plata.

-Es lo que cuesta, ya le digo que es una solución poderosa. Pero si cree que puede encontrar algo mejor, le animo a que lo busque. No muy lejos de aquí una anciana hechicera le vendará algo por tres monedas.

El hombre rico le miró desafiante.

-Ojalá mi padre hubiera tenido esta oportunidad cuando yo nací- dijo acercándose a él con expresión triste en la cara- Habría pagado por ello no 50, sino 100 monedas.

El hombre lo miró con pena. Noegoé aprovechó ese momento de compasión para deslizar silenciosamente la mano y coger un pequeño estuche que el hombre llevaba enganchado en el pantalón.

-Le daré 30 monedas, es todo lo que llevo encima.

-Por la salud de su hijo, le aceptaré esas monedas, aunque yo con esto pierdo dinero.-Dijo Noegoé guardándose las monedas en su bolsillo. No le cabía duda de que la joven y nueva esposa de aquel hombre hallaría la manera de darle un hijo a aquel hombre con “medicina” o sin ella, aunque fuera de otro.

El auténtico tendero de la botica salió del almacén con la cara sudorosa segundos después de que el hombre saliera por la puerta.

-Lo siento Noe, por más que busco no encuentro esas raices...

-No importa, me llevaré todo esto- Dijo Noegoé, y le pagó con 5 de sus 30 monedas recién adquiridas, con las que cubría de sobra su compra.-Por las molestias.

Noegoé salió a la calle y estudió el estuche de piel que le había quitado al anciano adinerado desconcertado. No mentía cuando dijo que no llevaba más de 30 monedas. Dentro del estuche había un par de cartas, un pañuelo usado y varias plumas. Ni siquiera un abridor o un cuchillo de plata.

Observó una de las cartas con interés y la abrió:

"Estimado Conde Neizam Dreik, me honraría contar con vuestra presencia en la Gran Cacería de Darry´Gor, pues, sin duda, es algo que su excelencia no olvidará fácilmente. Atentamente: Thane Ingrod, gobernante de Darry´Gor"

Noegoé releyó la carta varías veces, jamás había asistido a una cacería y la idea le resultaba muy atractiva. Se guardó la carta en un bolsillo del interior de su chaqueta a buen recaudo. Lo de “Estimado Conde” le sonaba tan bien.


-//-


No era la primera vez que Noegoé se hacía pasar por otra persona, pero en esta ocasión había sido todo un reto, no por el sentido de ponerse en la piel de otro, sino por el sentido práctico:

Para pasarse por la piel de un Conde, Noegoé debía, por lo menos, vestir como un Conde. Noegoé se miró en el espejo opaco y desvaído de aquella posada.
Llevaba puesta su mejor ropa, un chaleco de terciopelo color burdeos que había comprado a alto precio y en su cuello una cadena de oro. Llevaba varios anillos de oro también en las manos (uno de ellos con una ostentosa piedra negra). Había comprado esto con todo su dinero y parte de dinero ajeno, pero esperaba poder amortizarlo de sobra con los ciervos que consiguiera en la cacería.
En su mano, llevaba la joya de su atuendo: un ostentoso bastón chapado en oro con joyas incrustadas. Había sido un “préstamo” de un buen amigo que trabajaba en la casa de un Señor rico y poderoso. Debería devolverlo antes de que notaran su ausencia y la vida de su amigo peligrara, y por ende la suya, pues este amigo tenía una familia muy numerosa y vengativa.

Giró el bastón fascinado, viendo como el sol arrancaba destellos de sus piedras preciosas que creaban reflejos de colores en movimiento según el giraba el bastón. Su antiguo cayado de madera reposaba en la pared olvidado.
Intentando apartar la mente del bastón de oro repasó por última vez su atuendo mientras miraba sus manos desnudas y maldijo.
La única prenda que le faltaba correteaba por la cama de aquella posada.
Habría querido llevar unos guantes de piel, pero todo su dinero y el de sus suministradores se había ido en la cadena de oro y los anillos. Así que compró un armiño con una preciosa y suave piel blanca y pensó que llevándole a un sastre directamente la materia prima le saldría más barato. Pero el sastre se había negado a trabajar con el animal vivo, y Noegoé no se creía capaz de despellejar a el animal con el único cuchillo que tenía, que era romo, sin machacarle y echar a perder la piel.

Noegoé se quitó la cadena y la ató alrededor del cuello y el abdomen del animal mientras se retorcía como una anguila mordiéndole los dedos.
Después se lo colocó sobre el cuello, la piel blanca del animal le daba un porte espectacular y disimulaba la malformación de su espalda. Ató el extremo de la cadena con un broche a su chaleco y decidió dejar su nuevo complemento ahí y rezar por sus orejas.

-//-

El viaje hasta Darry´gor fue lo suficientemente largo como para que Noegoé tuviera tiempo de pensar en detalles técnicos como el porqué no había ido acompañado con sus criados o para inventarse algunas anécdotas que le habían surgido en alguna de sus otras múltiples cacerías.

Fue recibido en una de las dependencias de una casa de madera y tres plantas, no era muy lujosa pero se notaba que era de las mejores de la zona. Pese a la gran capa de nieve que había en el exterior de la casa, Noegoé no pudo evitar darse cuenta de que contaba con una formidable mazmorra, cuyo interior, aparte de hediondo como toda mazmorra, estaría con toda probabilidad helado. Había adquirido la costumbre inconsciente de fijarse en esas cosas debido a su habilidad para acabar visitándolas.

Esperó en una habitación decorada con telas que intentaba aparentar lujo. Una enana de ojos brillantes le había pedido educadamente que esperase allí, el Thane no tardaría en recibirlo.
Luchó contra su instinto de rebuscar delicadamente por la habitación y adoptó como una estatua su pose más emblemática, recordando e intentando dar a su cara la expresión de superioridad y asco que tenía el auténtico Conde Drake. Estaba seguro de que la cara de chupar limones era algo que debía de ir adherida de alguna manera al título.

Mientras hacía esto, el Thane entró en la habitación. En un primer momento le miró con desconfianza, preguntándose quien sería aquel horrible hombre que estaba en sus dependencias. Noegoé hizo girar inconscientemente su bastón de oro, haciendo que destellase por la habitación.

-¿Y vos sois?- dijo el Thane entre hosco y educado

Habría sido el momento ideal para entregarle la carta, pero pensó que un Conde esperaría  ser reconocido.

-Conde Neizam Dreik- dijo altivo

-Oh.. Disculpad, no le había reconocido- dijo el enano.

-Descuide, no mucha gente lo hace, no me dejo ver mucho fuera de mis tierras- Dijo el Conde. El Thane le miró a la cara y entendió porqué.

-Nos honra tremendamente tenerle en Darry´gor, y contar con su ayuda como gran cazador nos será muy útil, su increíble habilidad es más que comentada, usted ya sabe lo que es el boca a boca..-el enano siguió alabando su maestría, resulta que hasta era famoso. Toda una suerte que el auténtico Conde viviese enclaustrado en su castillo por el miedo a la humillación de no tener descendencia por su problema de impotencia.

-Le ubicaremos en una de nuestras mejores habitaciones en este edificio pero aún no tenemos sitio para sus criados, no sabíamos cuantos iba a traer..

-No traje criados, un buen cazador que se mueve por el instinto ancestral que todo hombre lleva en su interior, independientemente de su fortuna, viaja solo y sin estorbo. Créame que mi fama me precede por un buen motivo.

El Thane le miró admirando lo que creía que eran sabías y expertas palabras.

-Será un auténtico honor contar con su presencia- empezó a repetirse el Thane- su experiencia nos será muy útil, sobre todo después de lo de esta noche, estamos teniendo muchas bajas...

Noegoé que no había cazado un ciervo en su vida (pero tenía la completa convicción de que se le debía de dar genial) se preguntó cuan bravos podrían ser los ciervos de esa zona.

-¿Bajas dice? ¿De cuántas estamos hablando?- Preguntó Noegoé.

-Ya llevamos ocho- Dijo el Thane apesadumbrado.

¡¿ocho bajas cazando ciervos?!¿¡pero qué hacía esa gente?!¿¡ cazaban a los animales saltando sobre ellos desde el caballo al galope?!
Noegoé se imagino la escena y le pareció graciosa.

-Con esto que me cuenta deben de tener los ciervos más salvajes de toda la región- dijo Noegoé.

De repente el Thane soltó un estruendosa carcajada que deribó en  un ataque de risa.

-¿Ciervos? Tiene un sentido del humor que no aparenta Señor Conde.

Noegoé esbozó una media sonrisa, no compartía el sentido del humor del enano. Quizás fuera algo corto como su estatura.

-¿Y alguna presa suculenta ya capturada?-Si usaban ese estilo de caza no podían tener muchas.

-Varias, si Señor. Y me enorgullezco de decirle que tenemos un pez gordo encerrado abajo. Vamos a interrogarlo más tarde, podrá estar presente si así lo desea.


¿interrogarlo? Noegoé empezó a sentir que se perdía algo.


-¿De qué se trata?-preguntó Noegoé

-Un vampiro, y no un vampiro cualquiera. Nada más ni nada menos que un Lord- dijo el Thane sonriente.

Noegoé empezó a sentirse mareado, ¿qué clase de cacería era aquella?

-Esta cacería de monstruos está siendo un éxito en general- dijo el enano respondiendo a la pregunta que no había formulado- Pero esos malditos no dejan de aparecer, y no sabemos cual es la fuente..

-Iré a prepararme de inmediato- dijo Noegoé. Su piel estaba blanca como el lomo del armiño que llevaba sobre los hombros pero el Thane no se percató de ello. Con está escueta despedida salió de la habitación rápidamente.

El Thane se quedó mirando como le dejaba solo en la habitación con la palabra en la boca y solo pudo interpretar eso de una forma: todo un ejemplo de profesionalidad.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Youdar el Sáb Abr 04, 2015 12:32 pm

Espero que esto funcione”, pensó Youdar al contemplar al grupo en el que iría aquel primer día de cacería. No tenía dudas sobre las elecciones de Perik, Ravin y Adila, y, por supuesto, tampoco sobre Kadín. De la elfa y Sejen sabía que habían hecho un buen papel en la reciente lucha, pero, ¿y los demás?
 
Porque no todos los hombres de Utrek estuvieron dispuestos a unirse a los grupos designados por el anciano enano. Muchos hicieron su propia partida de caza, y algunos cazadores que ni siquiera eran de los suyos se les unieron. Otros cuantos si que se adaptaron a los dos grupos hechos por Perik. Al menos, reflexionó Youdar, no serían unos aduladores, pues parecía que ellos no temían un posible castigo que pudiese tomar su jefe. Contaba con que, llegado el momento, estuviesen a la altura.
 
Las heridas tenían algo aturdido al carpintero, y aunque no le costaba mantener el ritmo de la partida, que ahora estaba liderada por Ravin, si que tenía serias dificultades para fijarse en seguir rastro alguno, o incluso en caminar cuidadosamente para ocultar el suyo propio.
 
-Hermano- Kadín apareció a su lado, y gracias a que lo hizo en aquel momento, pues Youdar sentía que se estaba quedando dormido mientras caminaba- ¿Te encuentras bien?
 
-Si... No… Perfectamente- aquella, lamentablemente, era una de las pocas cosas donde Youdar era tan orgulloso y testarudo como se presupone a un enano. Jamás le daba a una herida su justo reconocimiento. En combate era una virtud, claro, pero cuando se trataba de elegir con buen juicio, como cuando decidió no quedarse a interrogar a Vanstiel y unirse a la partida de caza, no parecía una cualidad muy virtuosa.
 
-Hmm- gruñó Kadín, al observar a su hermano. Estuvo a punto de decirle a Youdar que no se alejase mucho de él, pero no quería iniciar una discusión- ¿Qué opinas sobre esos tres orcos?
 
-No hay mucho que opinar. Son orcos. O bien están aquí por lo atractivo del evento, o han venido a…- el enano se vio interrumpido por su hermano menor.
-A saquear un pueblo kazukan en horas bajas. Puede que, cuando hayan visto la cantidad de hombres armados que hay aquí, se hayan inventado la escusa de que venían a la cacería.
-Puede ser… Me pregunto una cosa; por idiota que seas, ¿Cómo de desesperado puedes estar para invitar a unos orcos a tu propia región?
-¿Lo dices por Ingrod?
-Exacto, por él. O ese hombre es un genio y sabe ocultarlo, o realmente es estúpido. Espero que realmente tenga algo de seso, vamos a encontrarnos con cosas peores que un nido de vampiros.
 
-//-
 
El thane Ingrod salió de su cuarto, el cual solía usar como sala de recepciones durante aquellos días donde el resto de la Casa Comunal estaba tan llena de ajetreo, acompañado por Malina.
-Me gustaría, señorita, que, antes de que nos unamos ambos a la cacería, me acompañaseis a interrogar a nuestro prisionero. Sin duda alguna es un ser muy malvado, y podréis captar su esencia de primera mano, para plasmarla con gran fidelidad en vuestra obra. ¡Ah, señor conde!- gritó Ingrod, al ver como Noegoé salía del cuarto que le había asignado Erin- ¿Listo para el Lord Vampiro? Bien. Os presento a Malina, la artista encargada de inmortalizar el evento para la posteridad. Malina, este es el conde Neizam Dreik, mi invitado de honor, cuya fama de cazador se extiende a todos los rincones de Noreth.
 
Ingrod siguió caminando hacia las mazmorras, ignorando la reacción de sus dos acompañantes al conocerse. El thane, además, procuró no dirigir mucho la mirada a Dreik, pues, cada vez que lo veía, se llenaba de pena, pensando en lo crueles que podían ser los dioses al otorgar a tan noble caballero un rostro como aquel.
 
Comenzaron a descender las escaleras, desde el tercer piso, donde estaban los aposentos del thane y sus invitados, hasta las mazmorras, en el sótano. Cuando llegaron al primer piso, Ingrod pidió al conde y a Malina que se adelantaran, pues quería hablar con su jefe de la guardia.
 
-Palur, acercaos- llamó el thane al veterano guerrero. Éste se acercó, e hizo una leve reverencia, no por falta de respeto, si no por diligencia para llevar a cabo las órdenes de su señor con mayor presteza- ¿Dónde están los elfos?
-En “la nevera”, señor- aquel era el nombre que la guardia enana daba a las mazmorras, pues era uno de los sitios más fríos de Darry´Gor.
-No, no, nada de eso, Palur. La chica aceptó las condiciones de Lenxer, así que no podemos tratar así a… “nuestros invitados”. Tomad- rebuscó entre su abrigo, y le dio una llave al guardia- Llevadles a mi antiguo hogar. No es tan grande como la Casa Comunal, claro, pero será suficiente para que algunos guardias y tantos elfos estéis cómodos. Quiero que te encargues personalmente, confío en tu buen criterio. Al mínimo revuelo, se vuelven a la mazmorra.
-Comprendido, mi señor. Vamos a sacarlos de allí ahora mismo.
-Si, eso… mierda, ¡Malina, señor Conde, aguarden un segundo!- llamó Ingrod con urgencia a sus dos invitados de honor, pues no quería que una de sus primeras visiones de Darry´Gor fuera un grupo de elfos maniatados. Cuando la artista y el falso noble volvieron al lado de Ingrod, éste les dijo- Antes del desagradable, aunque emocionante, interrogatorio, vayamos a observar el salón de trofeos, muchos de ellos conseguidos por mi persona. De joven también participé en legendarias cacerías. Recuerdo aquella vez que, yo solo, maté con mis propias manos a un gigantesco troll…
 
-//-
 
-Y dime, abuelito, ¿Cómo acaba un elfo siendo la puta de unos enanos?- preguntó Utrek a Lenxer, mientras ambos, junto a Tyrael, se encaminaban hacia la Casa Comunal, dispuestos a sacar algunas respuestas a Vanstiel.
-Abogando por la paz entre todas las gentes de Noreth- contestó, sin inmutarse, el elfo, haciendo gala de una gran educación y paciencia.
-La paz no da de comer, anciano. La guerra si. Al débil le mata, y ya no tiene que pasar más hambre, y al fuerte le encumbra, y ya no tiene que pasar más hambre tampoco. En cambio, ¿qué hace la paz?
-La guerra como medio de vida es algo que nadie desea, por muchas que puedan ser sus virtudes, lo cual también es discutible- el tono de Lenxer comenzaba a ser de reprimenda.
-Entonces, cuando estemos frente al Lord Vampiro, tu prueba a sonsacarle con paz, que yo probaré con guerra- dijo Utrek sonriendo, sabiendo que iba a disfrutar aquello.
 
-//-
 
En El Asno Ventoso, Hobb hacía un recuento mental de sus pérdidas. Iba a necesitar sillas nuevas, dos mesas, y más de diez jarras. Las joyas de la elfa cubrían de sobra aquello, pero no iba a ser fácil encontrar a alguien en Darry´Gor que las cambiase por kulls. Si tenía que hacer un viaje a Bund´Felak, iba a maldecir a los orejas picudas de por vida.
 
La puerta de la posada se abrió, y un humano con la cara tatuada (¿o eran unas artísticas cicatrices?) entró. Debía ser otro cazador, que llegaba tarde a “la fiesta”.
-Está cerrado, señor- dijo Hobb, intentando sonar amable.
-Tan solo necesitaba algo de información- dijo el hombre. Su voz era muy grave, pero a un volumen tan bajo que la tabernera debió acercarse hasta estar casi a su lado.
-¿Qué desea saber?- de cerca, la enana pudo apreciar mejor al humano. Vestía un ajado pantalón de tela, unas sandalias (¿cómo podían no estar manchadas de nieve, y como no se congelaban los dedos?), y una cazadora de cuero abotonada. Algo le hacía creer a la tabernera que, bajo la chaqueta, aquel extraño llevaba el torso completamente descubierto.
-Veréis, señorita, soy un estudioso de la fauna de Noreth, y he oído que aquí hay un lodazal que la nieve nunca congela, y donde habita una extraña especie de mamífero. ¿Me podríais indicar el camino más corto hasta él?
 
Se tabernera, será tranquilo y ganarás dinero”, pensó la enana con ironía, preguntándole a Karzún porqué le tenían que tocar todos los locos de Noreth a ella. Dio las indicaciones al hombre, confiando en que abandonara cuanto antes su establecimiento, y previniéndole sobre los monstruos y seres sobrenaturales que allí moraban.
 
-No os preocupéis, amable tabernera, los monstruos no me supondrán ningún problema.
 
-//-
 
Vanstiel comenzaba a habituarse a las cadenas de plata y al ambiente saturado en esencia de ajo. En aquel lugar jamás tendría la fuerza necesaria para escapar él solo, pero ahora sentía que su mente volvía a ser la de siempre, y tenía una eternidad para idear una forma de ser liberado.
 
Vio como los enanos sacaban de allí al grupo de elfos, quienes habían ocupado la celda junto a la suya, y poco después seis personas se situaron frente a él, observándolo. Él también les miró detenidamente. Estaba el enano, de porte majestuoso, sin duda alguna él mandaba por allí. Al hechicero le había escuchado dar órdenes, y sabía que él no sería quien lo liberase. Y también había un humano cuyo sudor era casi peor que el ajo, cuya mirada de desprecio estaba más allá de toda duda. De esos tres no obtendría lo que él quería.
 
Después se fijó en los otros, la chica, el extraño hombre alado, y el feo bien vestido. Esos tres… si, uno de ellos debía ser el eslabón débil de la cadena. Ahora solo tenía que soportar lo suficiente como para averiguar cual, y después podría buscar a la pequeña divium. Aquella elfa iba a pagar por arrebatarle a Ruby.
 
-//-
 
-Brujo, ¿empiezas tú o empiezo yo?- dijo Utrek, dirigiéndose a Lenxer. Había ignorado por completo al resto, pues ni el thane ni los demás le importaban. Estaba claro que allí el que realmente controlaba todo era el mago.
-Empezad si lo deseáis, Utrek, con permiso del thane, claro está- el hechicero no parecía cómodo por la presencia de su señor allí. Para Utrek eso era bueno. La mazmorra parecía ser parte de los dominios del hechicero, y la presencia allí del enano no le agradaba, pues no gozaría de la libertad habitual. Tanto mejor para él, pues así le dejarían más tiempo con el vampiro, pese a que tuviese que ser observado.
 
El cazador entró en la celda, y sacó de su bota un afilado cuchillo de plata. Después extrajo de su chaqueta una petaca, y vertió su contenido sobre la hoja.
-Plata bañada con agua bendecida, esencia de ajo y sal marina- relató con desgana, aún sin mirar a Vanstiel a la cara, tan solo fijándose con gran meticulosidad en el cuchillo- Es una combinación perfecta. Prácticamente no hay criatura que resista el “Utrek triple”, como yo lo llamo.
-Ingenioso nombre- observó el vampiro- Noto el odio en tu mirada. Alguien murió a manos de los míos, ¿no es cierto? Alguien que te importaba mucho.
-Tienes razón- finalmente los ojos de Utrek se clavaron en los del Lord Vampiro- Así empecé a dedicarme a esto. Y, ¿sabes que? Se me da muy bien.
 
En un furioso movimiento, el cuchillo se clavó en el estómago de la criatura. Utrek comenzó a retorcerlo, girando su muñeca de un lado a otro. Y así continuó durante unos minutos que parecieron eternos, durante los cuales solo pudieron escucharse los incesantes alaridos de Vanstiel.
-¿No vais a preguntarle nada?- exclamó el thane.
-Nah, señor- contestó de un modo desagradable el cazador. Su mano estaba empapada en sangre, y continuaba destrozando al vampiro con su cuchillo- Ahora no diría una mierda. Estos bichos están acostumbrados al dolor, lo disfrutan. Primero hay que desangrarlo un poquito, que note la sed, que se sienta mortal- por primera vez desde su llegada a Darry´Gor, los ojos de Vanstiel adquirieron una expresión de verdadero temor, algo que no se le escapó a su interrogador- Así es como acabarás, ser monstruoso, si no respondes a cada pregunta que se te haga, muriendo de sed, y rodeado de cuellos que nunca llegarás a tocar.
 
Utrek sacó de golpe el cuchillo y, sin enfundarlo, salió de la celda. Dirigió una mirada a Lenxer, Tyrael y Noegoé.
-Todo vuestro- dijo. Y se quedó a contemplar el espectáculo, situándose muy cerca de Malina, a la que observó de un modo despreciable, con su vista perdiéndose tras la ropa de la chica.
 
-//-
 
-Abuelito- dijo Adila, que venía corriendo desde su grupo- Ravin ha localizado un rastro, siguiendo al norte. Aún no sabemos lo que es, porque yo iba en la retaguardia y no me he acercado a ver que clase de huellas son, si es que son huellas, claro. Ravin es muy bueno, lo mismo se trata de algún tipo de fluido de esos que sueltan los monstruos, o de un arom…
-Gracias, niña- repuso Perik, deseando cortar a la chica- Vuelve con tu grupo.
 
El anciano dirigió una mirada a los que iban con él, sobretodo a los orcos.
-Ha llegado el momento, espero que seáis tan fieros como parecéis. Tú, aguador- llamó el anciano a Locke- olvídate por un momento de tus funciones, lo mejor será que nos sigas de cerca- después el anciano se volvió hacia Bediam, de quien procuraba no alejarse mucho- Ten cuidado, chico, esto se puede poner feo antes de lo que imaginas.
 
Shan comenzó a caminar junto a él. Había dejado atrás a su ayudante, quien parecía no tener sus cinco sentidos puestos en la cacería, y se dedicaba más bien a intentar parecer importante ante la gente de Utrek que había en el grupo de Perik.
-Ese chico tuyo… ¿Dónde lo encontraste?- preguntó el enano, susurrando, pues no convenía alzar la voz cuando había seres sobrenaturales cerca.
-Le salvé de un licántropo, pero no a sus padres. No le quedaba nadie, así que vino conmigo- Shan también susurraba, pero no podía ocultar una gran pena en su voz.
-Lo siento…- el enano volvió la vista atrás, hacia Lars- Madurará. Todos lo acabamos haciendo.
-Si vivimos lo suficiente- sentenció el joven, tras lo cual, inmediatamente, añadió- Mira eso, debe ser sobre lo que nos avisó Adila.
 
El grupo se internó en un campamento. Se trataba de un conjunto de tiendas, de aspecto mugroso, que se había levantado en mitad de la espesura del bosque. Aquel lugar no tenía nada de especial, y Perik no entendía que podía llevar a alguien a hacer de él su casa, aunque fuera durante una noche.
-Aquí estás expuesto a un ataque por cualquier dirección. Incluso desde arriba te pueden atacar, con lo gruesas que son las ramas de estos árboles- observó Shan- ¿Por qué alguien se asentaría aquí?
-Creo que lo se- el enano estaba agachado frente a lo que, en plena noche, parecía un montón de leña- Los que vivían aquí creían que ellos eran la única amenaza en estos bosques nevados.
 
Shan se acercó, iluminando con su antorcha, y pudo comprobar qué era lo que Perik observaba. Allí, había un montón de huesos amontonados, pero no eran huesos humanos, ni de animales. Eran huesos de criaturas de la noche.
-Un wendigo, un cambiapieles y un metamórfico, al menos. No son criaturas que suelan agruparse las unas con las otras- analizó el enano.
-Hay algo… que he estado pensando desde que llegamos aquí- comenzó a decir Shan.
-Mejor me lo dices luego. Mira estas marcas…- Perik no era tan buen rastreador como los hijos de Yeidrax, pero sabía lo suficiente como para asustarse al ver aquellas extrañas señales en el suelo.
 
Siguieron avanzando por el campamento, con cautela. Se podían apreciar restos de sangre bañando todo, y en un momento dado, el enano le señaló algo a Bediam.
-Ahí tienes a la meiga, o lo que queda de ella- el cuerpo de la bruja tenía aspecto de ser el próximo banquete de los nuevos dueños del campamento, y mostraba marcas de colmillos a lo largo de sus delgaduchos brazos.
 
-¡Perik, cuidado!- advirtió Shan, y a tiempo el enano pudo escuchar un siseo cada vez más próximo. Finalmente supo a ciencia cierta qué clase de criatura se alimenta por igual de personas y de otras criaturas.
-¡Cerrad los ojos! ¡Se trata de basiliscos!- gritó Perik, intentando que todos sus compañeros lo escucharan.
 
A ciegas, comenzó la batalla. Uno de los chicos de Utrek, el que intentaba demostrarle a Lars poco antes que él era mucho más hombre que el aprendiz de Shan, estaba demasiado ocupado con sus anécdotas, y solo se puso alerta al ver como cuatro serpientes de tres metros de longitud entraban dispuestas a matar. No había prestado la atención a la advertencia de Perik, y se lanzó a atacar a la primera serpiente que vio. La adrenalina del combate fue el último sentimiento del seguidor de Utrek, pues en cuanto la serpiente fijó su mirada en los ojos del chico, éste se desvaneció en el bosque, muerto.
 
-//-
 
-He perdido al otro grupo- fue la primera vez que Adila no tenía nada más que decir. Youdar maldijo, preocupado por Perik, e instintivamente buscó a sus pies, para comprobar que Pelos estaba bien. El gato estaba allí, aunque en sus ojos podía intuir que la situación también le aterrorizaba.
-Ravin, ¿cómo va ese rastro?- dijo Youdar. Debía hacer caso a las cosas que su padre y Perik le habían enseñado, y mantener la cabeza fría.
-Estamos muy cerca- dijo el rastreador- Casi puedo sentir el hedor de ese hijo de puta, aunque no se lo que es.
-Sigamos, con mucha cautela- el grupo siguió a Ravin. Adila se mantuvo junto a ellos, sin tener ya motivos para alejarse. Después buscarían al otro grupo.
 
Acabaron llegando a un claro en el bosque, que se extendía alrededor de un gran lodazal, más grande que muchos lagos.
-El rastro llega hasta aquí- dijo Ravin. No hubo siquiera terminado de decir esto, cuando un extraño hombre apareció caminando de entre los árboles, caminando con gran parsimonia. Vestía tan solo unos pantalones de tela, y su cuerpo parecía cubierto de barro. En su rostro se apreciaban unas cicatrices, que Youdar identificó pronto como símbolos inotianos, el idioma de los genios. Esa criatura era un djinn de arcilla, un ilusionista que moldeaba el barro a su completo deseo.
 
-He tenido que darme mucha prisa para llegar antes que vosotros- dijo el genio- Casi me pierdo la gran cacería. Iba siendo hora de que nosotros, a los que llamáis monstruos, tomásemos la iniciativa- sin decir nada más, y sin detenerse en su paseo, el genio hizo un movimiento con su mano, y del lodazal salieron una veintena de extrañas criaturas.
 
Aquellos demonios de barro no parecían una amenaza. Medían un metro escaso, tenían dos patas de caballo, y un torso parecido al de un cerdo, carentes de brazos. Kadín decapitó a uno de un fiero ataque, pero aquel ser, en lugar de caer muerto, adoptó la forma del enano que le había atacado. En poco tiempo, la orilla del lodazal se tornó en confusión, pues había tres “Sejens”, tres “elfas” y otros tantos “Youdars” y “Adilas”, así como una pareja de “Kadíns” y otra de “Ravins”. Algunos de los hombres de Utrek también fueron copiados por los monstruos de arcilla. Las copias eran casi tan fuertes como los originales, y la batalla no pintaba fácil.
 
Cuando la veintena de criaturas hubo adoptado la forma de un cazador, él djinn volvió a hablar.
-Vosotros cuatro, dirigíos a atacar Darry´Gor. Llevaos compañía- cada uno de los cazadores que había sido copiado dos veces, vio como uno de sus clones huía rumbo a la ciudad, seguidos por seis demonios de barro más que invocó el djinn.
 
Las copias parecían saber identificar sin problemas quienes eran aliados y quienes no, y tenían la capacidad de imitar la voz, así que poco tardó en lodazal en convertirse en un escenario donde no se sabía quien era amigo o enemigo.
 
-//-



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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Mivam el Miér Abr 08, 2015 10:21 am

El grupo avanzaba con cuidado por los senderos de aquellos misteriosos bosques, cualquier movimiento entre la maleza podía significar un ataque y debían de estar alerta a todo. Mivam y sus compañeros caminaban por detrás del tal Perik.-¿Cuando matar?-Preguntaba Nathar debido a que todavía no habían encontrado ninguna presa.- El gran Dios lo revelara-Le contestaba Mivam para sacárselo del paso.

Una humana de aspecto joven que parecía bastante insegura se acercó al tal Perik y ambos intercambiaron unas palabras que los orcos no pudieron escuchar. Tras la conversación el anciano se dirigió al grupo y indicó que había llegado el momento de demostrar la fiereza.-Maldito viejo.-Pensó Mivam mientras se rascaba la cabeza.-Yo no fiarme de ellos, tened cuidado hermanos-Dijo Nathar tan desconfiado como de costumbre.

El grupo se adentró en lo que parecía un campamento en medio de la espesura del bosque. Uno de los humanos comentó que aquel lugar no era demasiado habitable.- Para nosotros esto es un lugar perfecto para descansar-Indico Mivam al grupo sintiendo orgullo por pertenecer a la gran raza orca. Los orcos y los enanos se dieron cuenta de que había una gran cantidad de huesos amontonados, sin embargo, los humanos necesitaban de sus antorchas para ver con claridad puesto que sus ojos no estaban tan acostumbrados a la oscuridad.

-Un wendigo, un cambiapieles y un metamórfico, al menos. No son criaturas que suelan agruparse las unas con las otras - analizó el anciano Perik. Mivam parecía animarse, al final iban a encontrar algo que cazar. Nathar tenía el aspecto de un niño que estaba a punto de recibir un juguete nuevo.-Matar pronto, pero cuidado con los enanos-Puntualizo Nathar en voz baja. Jahmer señalo un rastro que había en el suelo.-Serpientes... Grandes- Dijo Jazmer en pocas palabras.

Siguieron avanzando por el campamento. Se podía ver sangre por todas partes, aquello debía de haber sido una autentica carnicería. Un enano le señalo algo a uno de los humanos, el cuerpo de una bruja.-¡Una bruja! ¡Ataquemos ahora que no sabe que estamos aquí!-Proclamó Nathar a los cuatro vientos.-¡Idiota! Estamos de caza. Silencio- Le contestó Mivam con una voz aún más potente. Mivam se dio cuenta de que al contestar a su compañero había alzado la voz todavía más, su naturaleza orca le hacía un ser temperamental, había sido un error, pero no lo reconocería ante nadie. Los orcos no eran necesariamente seres muy sigilosos y sus chillidos podrían haber delatado la posición del grupo. Mivam pudo observar como algunos de los humanos los estaban mirando sorprendidos ante lo que acaba de pasar. Mivam agarró su hacha de guerra- ¿Algún problema cerdos? ¡Os pido una excusa para empezar a decapitar y a comer corazones!-Dijo mostrando sus poderosos colmillos. Aquellos humanos se estaban pasando de listos, el orco no estaba dispuesto a soportar burlas.

En ese momento, un grito y un extraño sonido se mezcló en el ambiente.-¡Cerrad los ojos! ¡Se trata de basiliscos!- gritó Perik, intentando que todos sus compañeros lo escucharan.

En ese momento Mivam sintió que algo enorme y con una fuerza descomunal lo golpeaba por la espalda. El orco salió volando unos tres metros cayendo sobre el cuerpo deteriorado de aquella extraña bruja. -Maldita sea, ese golpe no lo he visto venir- Pensó el orco. No se había hecho ningún daño debido a su fuerte constitución y a la armadura que portaba, pero se encontraba algo mareado debido a aquel ataque inesperado.Durante la caída había dejado caer su hacha, un error fatal para un guerrero. Al darse la vuelta, todavía en el suelo, pudo ver a cuatro serpientes enormes. Una de ellas prestó su atención en un hombre, cuando el enorme ser miró al muchacho este quedo muerto en el acto. Mivam se sorprendió al ver que la serpiente no había necesitado tocar al hombre para fulminarlo. -El raquítico debe de conocer a estos seres, no son serpientes normales. Tendré que tener los ojos cerrados el mayor tiempo posible.- Pensó Mivam recordando las palabras del enano. Se dio cuenta de que no tenía mucho tiempo, porque la serpiente que le había lanzado por los aires estaba cargando nuevamente hacía él. Rápidamente miró por los alrededores y vio una espada algo oxidada, pero que le serviría para algo.-¡Va hacía ti!- En medio de la confusión Mivam reconoció la voz de Jahmer que le alertaba del basilisco. El orco manteniendo la vista al suelo cogió un gran puñado de tierra con su mano derecha y se la lanzo al basilisco que se acercaba, esperando que fuera capaz de distraer al enorme bicho. Después, rodó por el suelo hacía la izquierda, agarró la espada oxidada con la mano derecha y todavía estando en el suelo le hizo un profundo corte en el lomo a la serpiente. La espada atravesó aproximadamente la mitad del lomo del animal hasta que se mello la hoja, la espada no daba para más, la dureza del animal y la fuerza del orco eran demasiado para esa rudimentaria arma. El orco pudo sentir que varios huesos del basilisco se rompían. El animal lanzó un profundo grito.

En ese momento apareció Jahmer por detrás de Mivam.- Vamos a terminar con esta basura-Dijo el orgulloso orco entregándole a Mivam su gran hacha de guerra. En ese momento una de las hachas de Nathar voló en dirección al lomo de la bestia que parecía estar bastante adolorida por el golpe anterior. Nathar, que portaba su otra hacha en la mano derecha, comenzó a correr en dirección al basilisco, pero con los ojos cerrados. Mivam y Jahmer le siguieron siendo conscientes de que un vistazo de más podría ser el fin para ellos. Mivam decidió no fijarse mucho en los demás compañeros solamente vio que los demás basiliscos parecían ocupados masacrando a los demás miembros de la partida.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Bediam el Miér Abr 08, 2015 7:49 pm

La escena que estaba ocurriendo en el círculo de luz no era alentadora: la bella mujer que plantaba cara al Lord Vampiro estaba en el suelo, abstraída. El hombre que había acudido en su ayuda estaba rodeado por los esbirros de éste. Aquello no iba a acabar bien.

Se sorprendió a si mismo pensando en escapar: su casa estaba muy lejos de allí, a muchos días de camino hacia el sur. Se podía considerar casi otro mundo y lo que le pasara a Darry’Gor poco importaba si con ninguno de sus cinco sentidos podía apreciarlo. ¿Tenía él realmente necesidad de conseguir pulmones de meiga? No, claro que no. Su plan era muy arriesgado y no parecía poder delegar en nadie. Pero él no era un cazador, no sabía cómo hacerlo.

Los ojos del monstruo y la mujer se encontraron. Los del vampiro transmitían maldad y victoria, mientras que los de la mujer solo transmitían impotencia y súplica. Y Bediam se dio cuenta de que nunca jamás, en toda su vida, se había visto ante una situación donde lo correcto fuese tan evidente.

Ya no dudó. Corrió hacia el vampiro con el saco extendido, apretando los dientes para combatir tanto el dolor de sus piernas como el miedo, y se abalanzó sobre él. La nieve absorbió parte del impulso que se había dado y tropezó un poco. Se agarró del hombro de la criatura para no caerse y éste trató de darse la vuelta, sobresaltado. Una jabalina silbó en el aire y el vampiro retrocedió hacia su posición, esquivándola. Bediam aprovechó la ocasión para sujetarse al cuello del vampiro con el otro brazo y a duras penas pudo mantenerse cogido cuando la criatura se elevó en el aire con un potente salto. El aire se le escapó de los pulmones, pero resistió. Solo entonces el Lord Vampiro fue plenamente consciente de que tenía un polizón, pero no tuvo tiempo de hacer nada: Bediam cogió el saco, soltó el brazo del ser y le colocó la trampa en la cabeza. Se oyó un chillido agónico bajo la tela y, tan rápidamente como habían ascendido, descendieron.

El golpe fue duro, aunque soportable. La nieve, que antes había decidido jugarle una mala pasada, optó ahora por resarcirle, permitiéndole conservar enteros sus huesos y frascos. El Lord Vampiro se revolvía con desesperación, tratando de librarse de su máscara sin éxito: agarraba el saco por un trozo y tiraba de él, pero apenas conseguía arrancar un pedazo de tela, deshilachándola y dificultando aún más desprenderse del resto. Bediam trató de rodar a un lado, pero el vampiro le alcanzó involuntariamente con un codazo frenético en la frente. Fue como si un caballo le hubiese dado una coz directamente en el cerebro. El mundo se volvió borroso y el alquimista dejó de entender que estaba pasando. El sonido se amortiguó. El frío desapareció. Un fuerte latido empezó a ocupar toda su mente y todo lo demás dejó de tener la más mínima importancia.

-¡Matadlos! –chilló el Lord Vampiro- ¡Matadlos!

Bediam miró a su alrededor y pudo ver como otra figura se acercaba a él. No lo reconoció. ¿Sería Ranir? ¿Venía a mofarse de él? Pero no, no era guardia enano. Era una figura cadavérica, con ojos inyectados en sangre y un gesto de profunda repugnancia. El alquimista se preguntó qué era lo que le daba tanto asco, pero no tuvo tiempo a decir nada, porque entonces lo reconoció como un vampiro y supuso que iba a matarlo. Su cabeza no hilaba bien y no se le ocurrió que hacer al respecto más que mirarlo embobado, confiando en que algo pasara.

Y algo pasó. Un hacha de guerra se hundió en el costado del ser cuando ya casi lo tenía encima. La fuerza del golpe lo lanzó contra el suelo, donde el monstruo empezó a revolverse, aún con el arma incrustada. Una bota aplastó su pecho y le obligó a tumbarse. El propietario de la bota liberó el hacha, la levantó sobre su cabeza como si estuviese hecha de paja en vez de acero y la descargó sobre el cuello de la criatura. El sonido de los huesos al partirse le pareció irreal, pero ello no impidió que la cabeza y el cuerpo del monstruo se separasen. Todo el proceso, desde que su apareció con el hacha hasta que el vampiro se convirtió en ceniza apenas duró un instante. La figura se giró hacia él con gesto serio.

-¿Perik? –jadeó Bediam.

El viejo cazador no dio ninguna muestra de haberle reconocido: avanzó hacia él, le agarró de una pierna y le arrastró un par de metros, alejándole del círculo de luz donde los cazadores enfrentaban al resto de los vampiros.

-No te muevas de aquí –le gruñó el enano, mientras se daba la vuelta y volvía a la batalla.

Bediam pudo verle cargar contra el Lord Vampiro.

-¡Hay que capturarlo vivo! –rugió, al ver como llegaban más cazadores.

El alquimista trató de enfocar la vista, pero notaba la cabeza embotada y lenta. Al final se resignó y se desplomó contra la nieve.
Mantuvo los ojos cerrados y se centró en respirar con calma. El frío le venía bien y le ayudó a, poco a poco, recuperar el control de su propia mente.

Pasado un rato empezó a sentir todo el cuerpo entumecido, duro y pesado. Fue consciente de que se estaba helando, de que se había ido empapando poco a poco y que, si no hacía algo al respecto, moriría congelado. A pesar de lo que pudiese parecer, era una buena señal: de nuevo su cuerpo se resentía y eso significaba que estaba luchando por sobrevivir. Con no poco esfuerzo, se incorporó, quedando sentado sobre la nieve. El círculo de luz destacaba como un oasis en el desierto. Un montón de enanos forcejeaban con el Lord Vampiro, que bramaba, colérico, tratando de resistirse a ser inmovilizado. Perik sujetaba una gruesa cadena en sus manos y se movía con agilidad alrededor del vampiro, tratando de encontrar una abertura… Qué finalmente encontró. El viejo enano se abalanzó sobre el monstruo y le pasó la cadena por el cuello. El ser soltó un alarido de dolor, como si el metal estuviese al rojo vivo y empezó a convulsionarse, pero ya no había escapatoria. Perik, ayudado por el resto, encadenaron a la criatura, sometiéndola finalmente.

Ya no quedaban vampiros en el círculo de luz. Todo había acabado. Bediam sonrió, aliviado. Se levantó como pudo y avanzó poco a poco hacia los cazadores, que resoplaban del esfuerzo.

-Hay que encerrarlo cuanto antes –gruñó uno de los guardias.

Los demás estuvieron de acuerdo y fueron cuatro los que cargaron a la criatura: Perik, Youdar, Kadín y el cazador desagradable cuyo nombre Bediam desconocía. La comitiva se alejó con paso ligero y el resto se dispersó. El cansancio y el frío apenas le dejaban mantenerse en pie, así que se tambaleó hasta la tienda del viejo enano y se derrumbó sobre su saco de dormir. No tardó ni un instante en caer profundamente dormido, pues era lo que el cuerpo le pedía a gritos.

Por desgracia, una vez más su descanso fue interrumpido bruscamente. Bediam no se sobresaltó esta vez, pues estaba demasiado desorientado y agotado para entender nada.

-¿…qué? –acertó a decir.

Perik le miraba con seriedad. Se había quitado la cota de malla, tenía el labio partido y parecía cansado.

-Levanta –le ordenó-. Hay que despedir a los muertos.

El alquimista parpadeó mientras se incorporaba. Su cuerpo protestó, pero la expresión del enano le hizo ver que no era momento para quejas.

-¿Muertos? –balbuceó.

No se había quitado la ropa mojada y ahora estaba empapado. Le parecía increíble que hubiese sido capaz de dormirse en ese estado.

-Cazadores que cayeron combatiendo –explicó Perik-. Lo menos que podemos hacer los que quedamos es agradecer su sacrificio y despedirlos como se merecen. Así que cámbiate y vamos.

Bediam dudó y miró al veterano cazador buscando comprensión.

-No tengo más prendas que éstas –confesó.

El enano resopló y meneó la cabeza.

-Pues entonces vámonos ya –gruñó.

El cazador y el alquimista salieron de la tienda. En cuanto el frío aire del exterior le tocó, un escalofrío azotó el cuerpo de Bediam.
Apretó los dientes y no le comentó nada al enano: Perik le estaba ayudando mucho, pero no podía estar apoyándose en él todo el tiempo, se suponía que habían ido allí a liberar a las pobres gentes de Darry’Gor del mal. No era una tarea fácil y si no iba a ser de ayuda, lo mejor sería que se fuese.

Ninguno de los dos dijo nada mientras caminaban sobre la nieve. Finalmente llegaron ante los cuerpos de los cazadores caídos. Estaban distribuidos en una gran pira funeraria, que el resto de cazadores habían hecho. Perik se acercó a Youdar y Kadín. Era un momento especial para ellos, y Bediam sintió que el viejo enano necesitaba estar con sus seres queridos, así que se alejó un par de pasos de ellos. Buscó con la mirada caras conocidas y reconoció al hombre que había luchado contra el Lord Vampiro, pero no a la bella mujer ni al cazador desagradable. Y también vio a Ranir, que le miraba con intensidad. El alquimista le aguantó la mirada con entereza un rato, a pesar de lo mal que se encontraba. Se sentía completamente fuera de lugar, rodeado de cazadores en un rito de despedida a otros cazadores. Él no era parte de ese mundo. Al final no pudo soportar los penetrantes ojos del enano y agachó la cabeza.

Perik dio un paso adelante con una antorcha y prendió la pira. Las llamas se fueron extendiendo, devorando y purificando la madera y los cuerpos. Kadín empezó a entonar un cántico y los otros dos enanos le siguieron. Hubo otros que se les unieron, pero no Bediam. Le hubiese gustado hacerlo, pero ni se sabía la letra ni se consideraba merecedor de hacerlo. Así que permaneció callado y cabizbajo durante toda la ceremonia. El calor que desprendía la hoguera le secó un poco la ropa y se preguntó si era un regalo de los cazadores caídos… o les estaba robando algo.

La canción acabó y los muertos se fueron a donde solo ellos pueden ir. Bediam se dio la vuelta y a paso ligero se fue a la tienda del enano, sin esperar ni hablar con nadie. A la mañana siguiente se iría, había sido un error dejarse llevar por aquella carta.
Llegó a la tienda tiritando y se quitó el peto de cuero que llevaba, dejándolo cuidadosamente al lado de la cama de Perik. Luego se quitó las prendas que éste le había dejado y las colocó junto al brasero, que aún conservaba parte de su calor, para acelerar su secado. También dejó junto al fuego su gastada túnica, quedándose solo con una fina camisa y unos pantalones que no se quitó por decoro, aunque también estaban húmedos. La cama también estaba empapada por haberse tumbado cubierto de nieve, así que le dio la vuelta al saco y se tumbó sobre la cara opuesta, que aunque no estaba completamente seca, no estaba tan mal. Tras comprobar que todos los frascos estaban en perfectas condiciones, dejó el cinturón justo al lado de su lecho.

Perik no tardó en llegar. Se quitó las botas y se sentó en su cama. Estaba muy serio. Se quedó mirando al alquimista, pero no dijo nada.

-¿Ha muerto alguien que conocieras? –preguntó Bediam para romper el hielo.

El viejo enano negó con la cabeza y permaneció mudo.

-¿Siempre hacéis ese funeral a los cazadores? –continuó el alquimista, tratando de espantar el silencio.

Perik asintió. Y eso fue todo lo que hizo.

-¿Qué vais a hacer con el Lord Vampiro? –preguntó el alquimista.

El cazador se encogió de hombros, aún en completo silencio. Bediam tragó saliva, confuso. ¿Había decidido Perik que ya no merecía la pena hablar con él? ¿Había actuado irresponsablemente y lo había decepcionado? Aquello no hacía más que confirmarle que aquel no era su sitio y que cuanto antes se fuera mejor.

-Perik –llamó una voz desde el exterior de la tienda.

El viejo enano no hizo ademán de moverse, y la cara de Youdar asomó por la entrada.

-El elfo ha dicho que esta misma tarde empieza la cacería –carraspeó.

Perik parpadeó y miró a su amigo. Resopló y volvió a ser él mismo.

-Por fin alguien con dos dedos de frente -masculló-. Pasa, Youdar.

El enano entró a pasos cortos. Llevaba la mano vendada y andaba encorvado, acentuando su corta estatura.

-¿Qué te ha pasado? –le preguntó el alquimista, alarmado.

Youdar se miró la mano un instante, pero se encogió de hombros.

-Un corte sin importancia –comentó-. Gajes del oficio, una herida de las que los cazadores coleccionamos.

Perik asintió, complacido.  

-Ese es el espíritu de la Buena Leña –gruñó-, no lamentarte del pasado y aceptar las heridas como una parte más de este trabajo. Quien espere cazar monstruos sin recibir heridas es un necio.

La Buena Leña. No era la primera vez que el viejo enano la nombraba, pero Bediam no sabía lo que era. Intuía que era una especie de organización a la que Perik pertenecía o había pertenecido, pero el cazador hablaba de ella como dando por sentado que los demás la conocían. Youdar sonrió por el cumplido y el alquimista no se atrevió a preguntar nada al respecto: no quería decepcionar a nadie.

El enano joven se giró hacia él y le miró con amabilidad.

-Bediam, ¿quién fue tu maestro? –le preguntó- Ese truco con el saco y el ajo fue muy inteligente.

Un sudor frío que nada tenía que ver con la temperatura que hacía le empezó a descender por la espalda. Youdar, igual que había hecho Perik, daba por sentado que era un cazador. Tras unos segundos en los que permaneció paralizado, se recompuso lo justo para responder.

-Kheme –murmuró. No era mentira, pero eso no le hacía sentir mejor.

El enano se rascó la barbilla, tratando de hacer memoria.

-Kheme... no me suena –comentó- ¿Es una de las chicas de Phalantas?

Bediam miró a Perik buscando ayuda. El enano no se percató del cruce de miradas.

-No la conoces –gruñó el viejo cazador con sequedad.

Youdar se encogió de hombros y miró al alquimista con intensidad, esperando que dijese algo más sobre ella.

-Me ha enseñado mucho –explicó Bediam, tratando de aparentar seguridad-. Sin ella, sería una persona distinta.

El joven cazador fue a decir algo más, pero Perik le hizo un gesto para que guardase silencio.

-Cuidado con bucear demasiado en el pasado de los demás, Youdar -le reprendió-. Las aguas más profundas siempre son las más oscuras.

El enano puso una mueca de disgusto.

-Solo quería.... bueno, da igual –musitó-. Gracias a ti por salvarnos de ese ser y gracias también a Kheme por enseñarte tan bien.
Bediam sonrió, cortés.

-Le haré llegar tu agradecimiento –dijo simplemente.

La conversación se quedó ahí congelada y Youdar fue consciente de la incomodidad que estaba generando.

-Intentad descansar –dijo a modo de despedida-. Luego nos vemos.

El enano salió de la tienda y todo quedó en silencio.

-Gracias por no decir nada –murmuró Bediam.

-No es algo que me corresponda a mí contar –contestó Perik-. Pero Youdar es de fiar y tiene el corazón más grande que yo haya visto. Confía en él.

El alquimista asintió, cabizbajo. El silencio volvió a apoderarse de la habitación. “Mañana me voy, Perik”. Eso es lo que quería decir. Las palabras le quemaban en la boca y luchaban por salir, pero una voz en su interior le decía que era la solución más cobarde.

-¿Así que te subiste encima de un Lord Vampiro y, en medio del aire, le pusiste un saco en la cabeza?–le preguntó el viejo cazador sin mirarlo.

Bediam asintió, sin saber cómo debía sentirse.

-Un saco lleno de pegamento y ajo –matizó.

Se echaron una larga mirada… Y entonces Perik rió. Se echó a reír con una risa potente y grave, que llenó toda la estancia. El alquimista no pudo evitar que una sonrisa aflorara en sus labios y la presión de su pecho desapareció.

-¡Los tienes bien puestos, chico! –rugió entre carcajadas.

Tanto se rió el enano que al final se le saltaron las lágrimas. Existen muchas pócimas que prometen curar el mal de espíritu, pero no existe nada mejor que reír para alejar la oscuridad del corazón. El momento se difuminó con tranquilidad y dejó al hombre y al enano con una sonrisa de oreja a oreja en los labios.

-Mi instinto me dijo que tú valías y no suele fallarme –le dijo el enano-. Se reconocer la madera buena cuando la veo.

Bediam asintió, alagado. Las palabras que había estado a punto de decir se disolvieron hasta convertirse en nada. Y por fin sintió suficiente cercanía con el enano como para preguntarle lo que ya llevaba horas callando.

-Perik… ¿Qué es la Buena Leña? –le preguntó directamente.

El enano no se puso tenso ni dejó de hablarle, como Bediam había temido. Lo único que hizo fue mirarle a los ojos y responderle.

-La Buena Leña es la voluntad de hacer de este mundo un lugar mejor –dijo-. Es una organización secreta que se dedica a la caza de demonios y monstruos por todo Noreth.

Bediam arqueó las cejas, sorprendido.

-¿Y por qué se llama “La Buena Leña”? –preguntó.

Perik sonrió con añoranza. Era evidente que aquello formaba parte de su vida tanto como sus brazos o su barba.

-Porque la formaron un pequeño grupo de carpinteros –le explicó-. Fue hace ya mucho tiempo, cuando yo no era más que un niño.

Bediam no dijo nada, pues la mente del enano ya no se encontraba dentro del campamento, sino muy lejos, en el pasado.

-Fue mi tío quien me convirtió en su aprendiz y me metió en el gremio –recordó-. Eran los buenos tiempos. Todos trabajábamos como carpinteros o leñadores, hasta que llegaba el momento de salir de cacería. Hace ya una eternidad de eso…

Perik sacudió la cabeza y volvió a mirar a Bediam. Había tristeza en sus ojos.

-No es fácil vivir tanto tiempo enfrentándose a la parte más podrida de este mundo –le confesó-. Si no fuese por Youdar y Kadín, haría tiempo que me habría vuelto loco.

Bediam sonrió. Y entonces fue consciente de que tenía una deuda enorme que aún no había saldado.

-Perik, gracias por salvarme la vida ahí fuera –le dijo-. Si no fuese por ti, mi cuerpo habría acabado en la pira con los demás.

El enano sonrió e hizo un ademán, restándole importancia.

-La Buena Leña trabaja en equipo, así que solo estaba haciendo mi trabajo –respondió-. No le des más vueltas.

El alquimista asintió y se le escapó un bostezo. Estaba agotado.

-Mañana va a ser un día duro –indicó Perik-. Será mejor que descansemos todo lo que podamos.

Bediam asintió y tras una mirada de complicidad, ambos se fueron a dormir.

-//-

Como ya era costumbre, una fuerte sacudida arrancó al alquimista de sus sueños. Era Perik, claro, que se había convertido por decisión propia en su despertador de Darry’Gor.

-Ves preparándote –le ordenó-. No tardaremos en salir.

Las dudas de la noche anterior habían desaparecido, así que se levantó con fuerzas renovadas. Recuperó su ropa, que estaba ya perfectamente seca gracias al calor del brasero. En un suspiro estaba preparado con su peto de cuero, sus botas rellenas de paja y su cinturón lleno de pociones. Su determinación no le pasó desapercibida al enano, que le palmeó la espalda con camaradería. Y, esta vez, la recibió con una sonrisa.

Salieron de la tienda en dirección al grueso de cazadores que se habían reunido en el centro del campamento, donde la noche anterior se había quemado la pira.

-Tú vendrás conmigo –le comunicó el viejo enano con fuerza-. Pisarás donde yo pise y harás lo que yo te diga.

Bediam asintió, consciente de que su vida podía depender de ello. Aún tenía mucho que aprender.

La organización de los cazadores era nula. Faltaba el cazador desagradable para liderar a los suyos y todos miraban alrededor buscando a alguien que llevase la voz cantante. Una vez más, fueron Perik y su veteranía quienes se encargaron de salvar la situación: con una serie de indicaciones secas y concretas organizó dos equipos, uno de exploración en el que irían los más rápidos y observadores, seguido por el grueso del grupo, que sería la fuerza de choque encargada de acabar con los monstruos que encontrasen. No todos estuvieron de acuerdo y se formaron otros equipos, pero hubo una gran mayoría que aceptó a Perik como el comandante de la expedición. El viejo enano decidió permanecer en retaguardia y también lo hizo el alquimista, por tanto.

Youdar y algunos otros formaron el grupo de exploradores, y desaparecieron en la maleza en cuanto estuvieron organizados. Su grupo tampoco tardó en salir, aunque llevaban un ritmo más relajado. Bediam se fijó en tres grandes orcos en los que no había reparado la noche anterior. Eran enormes masas de músculo, así que si no los había visto era porque acababan de llegar, pues destacaban como un forúnculo en el rostro de una joven. Perik también los miraba con dureza: la relación entre los enanos y los orcos distaba mucho de ser amigable.

-Abre mucho los ojos –le aconsejó el viejo cazador al alquimista en voz baja-. Uno nunca sabe de dónde puede llegar el peligro.

Continuaron la marcha en silencio, pues no querían delatar su posición ni obviar el sonido de una rama al romperse por culpa de una risotada. La tensión era palpable y no hizo más que aumentar cuando una mujer del grupo de exploradores, la que hablaba tanto, apareció entre la maleza. Se dirigió a Perik y le explicó, con bastante detalle, que habían localizado una pista más adelante, hacia el norte, pero que ella no había podido identificar que era.

-Gracias, niña -respondió Perik-. Vuelve con tu grupo.

El enano se giró y dio una serie de indicaciones para preparar a su comitiva, pues podía haber algo cerca. Le dedicó una miraba inquisitiva al alquimista, que se irguió todo lo que pudo para aparentar entereza.

-Ten cuidado, chico –le aconsejó-. Esto se puede poner feo antes de lo que imaginas.

Llegaron, tras caminar un rato con la mayor cautela de la que fueron capaces, a un destartalado campamento. Perik llevaba un rato hablando con un hombre de aspecto serio, y fueron ambos los que iniciaron la exploración del lugar. Lo que encontraron les dejó a todos helados: criaturas de la noche muertas, abiertas en canal, con miembros mutilados, por todas partes. Algo se les había adelantado, pero eso no pareció aliviar a nadie. El viejo enano llamó su atención y le señaló un cadáver en concreto.

-Ahí tienes a la meiga -murmuró con tono neutro-. O lo que queda de ella.

Bediam tragó saliva y trató de contener las náuseas. Dos de los orcos empezaron a discutir, pero el alquimista estaba absorto en la criatura, o lo que quedaba de su maltrecha carne. Tenía un aspecto desvalido y raquítico, y si no hubiese sido por la profunda maldad que transpiraba su cuerpo, aún muerto, el alquimista habría sentido pena por el destino de la meiga. Se acuclilló junto a ella y le palpó las costillas. A pesar de lo castigados que tenía los brazos, llenos de terribles dentelladas, el tórax estaba casi intacto, así que extraer los pulmones no iba a ser fácil ni agradable. Algo en una de las heridas destelló a la luz de su antorcha. Se acercó más y vio como una gruesa gota de un fluido opaco y negruzco supuraba de una de las dentelladas. Se fijó en el resto, y también en ellas había presencia de esa sustancia. No era sangre de la bruja, pues estaba sobre un charco de ella y no tenía el mismo color, así que era otra cosa.

No tuvo tiempo a llegar más lejos, pues un grito de alarma le sacó de sus pensamientos. Bediam se incorporó instintivamente y se llevó la mano al cinturón, mientras buscaba el peligro.

-¡Cerrad los ojos! -rugió Perik- ¡Se trata de basiliscos!

A Bediam se le heló la sangre. Los basiliscos eran las criaturas más terribles de todo Noreth. Los vampiros eran algo a tener en cuenta, claro, pero no eran nada comparado a las gigantescas serpientes de mirada y veneno mortal. Se oyó un fuerte golpe y un orco se precipitó contra el cuerpo de la meiga. El sonido de los huesos al hacerse añicos le produjo un escalofrío, pero tenía otras cosas por las que preocuparse. El orco se levantó, aturdido y furioso, y miró en la dirección por la que había venido. Bediam siguió su mirada y pudo ver cuatro enormes serpientes, de unos tres metros de longitud, reptando hacia ellos.

Un hombre salió a la carrera y eso fue lo último que vio el alquimista, que cerró los ojos con fuerza segundos antes de oír como el cuerpo del cazador se desplomaba.

-¡Agrupaos! –ordenó el enano- ¡Qué no os aíslen!

Un orco le gritó al otro que  una de las bestias se dirigía hacia él y lamentablemente estaban uno al lado del otro. Bediam entreabrió un ojo, desesperado y, mirando al suelo, reconoció las botas de Perik. Oyó un siseo cercano y corrió hacia el enano con todas sus fuerzas. Llegó hasta el viejo cazador, que a punto estuvo de cortarle en dos cuando llegó jadeando. Otros cazadores fueron llegando y se unieron a su grupo. Todos estaban desorientados y alterados.

-Espalda contra espalda –gruñó el enano-. Son basiliscos pigmeos, así que su veneno no es mortal. No los miréis a los ojos y esperad a mi señal para atacar todos juntos.

Dos de los basiliscos se arrastraron hasta el nutrido grupo, y empezaron a rodearlo, dando lentas y calculadas vueltas a su alrededor. Bediam tragó saliva, consciente de que en cualquier momento podían atacar.

-¿A qué esperan? –masculló alguien.

-Buscan una oportunidad para separarnos –explicó Perik con una serenidad que contrastaba con el nerviosismo de los demás-. Mostraos firmes o irán a por vosotros.

Las dos enormes serpientes siguieron girando con lentitud, analizando la situación. Durante un minuto entero, no pasó nada. Perik no paraba de murmurar que esperasen, que esperasen, que siguiesen esperando, que todos a su señal…

Y, de pronto, alguien tosió al lado del alquimista. Y todo lo que le siguió ocurrió en un instante. Las dos serpientes lanzaron un coletazo casi sincronizado. Dos cazadores y Bediam salieron despedidos por los aires debido al coletazo de una y que pasó con el resto no pudo saberlo.

-¡Al ataque! –rugió Perik.

Bediam sentía un fuerte escozor en las rodillas, pues el golpe le había arrastrado al menos medio metro por el suelo cuando había caído. Oyó los quejidos y maldiciones de los otros dos cazadores que habían caído con él.

-¿Estáis bien? –murmuró el alquimista.

Uno de los hombres abrió un ojo para mirarle, pero se puso pálido.

-¡Viene una! –bramó- ¡Nos va a matar!

Bediam se levantó y se llevó las manos al cinturón, tanteando los frascos. Lágrimas rojas. No, no era lo que necesitaba. Comecorazas. Tampoco. No tuvo tiempo de más: algo grande y rápido pasó como una exhalación por su lado y el sonido de huesos al romperse volvió a envolverle como ya había pasado demasiadas veces en las últimas horas. Abrió los ojos instintivamente, aterrado, y vio a uno de los dos cazadores en el suelo, con el cuello partido y un enorme cardenal que iba desde la sien hasta la barbilla. Un hilillo de sangre le salía de la boca. Estaba muerto.

-¡No, no, no, no, no! –gritó el otro, mientras empezaba a dar tajos ciegos con su espada, buscando la carne de la bestia.

Pero no fue al basilisco a quien acertó. Un golpe demasiado amplio hizo que la espada chocase contra el peto de Bediam, pero no pudo absorber del todo el golpe y lo atravesó. El frío metal se incrustó en la carne del alquimista y chocó contra una de sus costillas, que hizo un ruido poco alentador. El golpe le cortó la respiración y un dolor intenso y agudo le invadió todo el pecho. El cazador arrancó la espada para poder seguir atacando y el alquimista se desplomó del tirón. Eso le salvó la vida. El aire volvió a silbar y el cazador gimió de dolor. Bediam se colocó panza arriba, pues el pecho en contacto con el suelo le quemaba como si fuese metal al rojo vivo. Pudo ver, desde su posición, como el otro cazador se encontraba arrodillado, con ambas manos en un costado. Tenía la cara pálida y jadeaba, aterrado.

Un siseo fuerte. Y luego, un potente mordisco directo en la yugular. El hombre soltó un gemido ahogado y golpeó al basilisco en el hocico. A la bestia no le gustó y le liberó del ataque con un grojeo irritado. El cazador trató de recuperar su espada mientras se tapaba la herida con la otra, pero la sangre no dejaba de manar y sus movimientos se fueron ralentizando, mientras buscaba su arma aún a ciegas. La serpiente giraba a su alrededor, cautelosa tras el contraataque de su presa. Y Bediam supo que sería el siguiente. Perik no estaba allí, así que no podía confiar en que lo salvara nuevamente. Volvió a llevarse la mano al cinturón y siguió tanteando en busca de algo que pudiese ayudarlo. ¿Agua solar? No. Entonces tocó el siguiente frasco. Estaba helado al contacto. Sonrió. Frío líquido. Tal vez funcionara.

El cazador se desplomó a causa de la pérdida masiva de sangre y el basilisco se lanzó de nuevo sobre él, abriéndole nuevos agujeros de dentellada por todo el cuerpo. Un fluido oscuro y grumoso goteaba de los dientes del monstruo. Veneno de basilisco pigmeo. Era lo mismo que había en los brazos de la meiga, claro. Un potente compuesto anticicatrizante. Misterio resuelto. Ahora quedaba resolver el problema de salir vivo de aquella situación.

El basilisco perdió interés en el cazador en cuanto dejó de moverse y se giró hacia el alquimista. Bediam cerró los ojos, con el frasco de Frío líquido fuertemente cogido en su mano y se quedó todo lo quieto que pudo. Sintió como la bestia se arrastraba lentamente hacia él, sin prisa. Oyó como siseaba, sacando su lengua bífida para analizar la situación. El sonido se acercaba cada vez más. ¿A qué distancia podría atacar el basilisco? Si le atacaba con el barrido de cola desde algo menos de dos metros, pero seguía siendo un alcance temible. Si decidía morderle, tendría que acercarse más para poder apuntar bien. El sonido del pesado cuerpo del monstruo arrastrándose se fue acercando poco a poco, hasta que…

Un siseo a la distancia adecuada. Bediam abrió los ojos, pero miró hacia el suelo. El vientre del basilisco se encontraba a algo más de un metro de su posición. Estimó la altura de la cabeza en un instante y lanzó el contenido del frasco directamente a ese punto. Se oyó el sonido del líquido impactando contra la dura piel del monstruo, que soltó un ruido ahogado y asustado, mientras retrocedía. La serpiente empezó a lanzar dentelladas al aire mientras sisaba, dolorida. El frío líquido había acertado en el blanco, y Bediam se alegró de todo lo que había practicado para mejorar su puntería, pues no habría tenido una segunda oportunidad si hubiese fallado.

Una fina capa de hielo cubría el hocico y los ojos del basilisco, producida por el Frío líquido al evaporarse rápidamente, robándole el calor al animal y generando la capa de escarcha. Al no tener extremidades con los que librarse del hielo, el basilisco no podía oler ni ver y lanzaba coletazos y dentelladas al azar frenéticamente, tratando de alejar a posibles agresores.

Bediam volvió a desplomarse a causa del dolor. Por desgracia, esa iba a ser toda su aportación. Respirar le producía una angustia intensa y la sangre ya había empapado parte de su pecho. Se sentía débil y no le restaban fuerzas para acabar con la bestia. Una lástima que nadie más estuviese allí para ayudarles…

El basilisco empezó a restregar el hocico contra el suelo, tratando de desprenderse del hielo. No tardaría en conseguirlo. Y entonces todo habría acabado. Pensó en los dos cazadores muertos junto a él. En el orco que se había estrellado contra la meiga. Pensó en el thane y su hechicero. En el Lord Vampiro. En la bella mujer y el hombre que lo habían combatido. En Youdar y su gato.

Y en Perik. Pensó en él y aquello le dio fuerzas. Le había dicho que era buena madera. Bediam sonrió y se apoyó en los codos para tratar de incorporarse. Y entonces vio al viejo enano, observando al basilisco con cautela. No debía entender que es lo que hacía, pues no se atrevía a mover ficha. Era un cazador prudente y por eso había llegado vivo hasta su edad.

-¡Está cegado por ahora! –le gritó el alquimista- ¡Mátalo, deprisa!

Perik le miró y, tras una fracción de segundo, asintió y cargó contra la serpiente. Había confiado en él ciegamente y eso decía mucho de la opinión que el joven humano le merecía al veterano enano. Levantó su pesada hacha de guerra y la descargó sobre la cabeza del basilisco, buscando decapitarla.

Que mejor final que cortarle la cabeza a la serpiente.


Última edición por Bediam el Vie Abr 10, 2015 9:43 am, editado 1 vez
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Ithilwen Erulaëriel el Jue Abr 09, 2015 10:46 pm

A pesar de los golpes de la noche anterior, Ithilwen se sentía con ánimos para la empresa. Unos pasos más y el extraño grupo salió de los lugares conocidos en busca de lo que sea que se trajera entre manos la “Buena leña”. “Extraño nombre, no dice nada y deja todo a preguntar” , pensó la imperecedera. Si bien no era su misión, era la cuota a pagar por la insensatez de los suyos. Así que, encomendándose a los dioses, una vez más la dama de Erínimar tomaba el camino en solitario hacia lo desconocido. En el pasado ese tipo de decisiones le habían salido caras, pero aún como en ese entonces, el deber se imponía a la prudencia. Suspiraba con cierta desazón, abandonando de a pocos el paso vivo y colándose en la retaguardia de aquel pintoresco grupo. Aquellos pensamientos poco o nada le facilitaban el viaje, en cambio, sí que la llenaban de malestar contra los suyos. ¡Si su padre siquiera se enterara! Decidió no concentrarse más en ello y echar repasos esporádicos a los viajeros que la acompañaban. Se podría decir que eran la mayoría humanos y otros enanos. Una chica vivaz, humana, presuntuosa como impulsiva, atajaba conversación con uno y otro a ton y son; se conocían entre ellos y ese espíritu de camadería podría ser útil en el futuro. Aquello alentó a la longeva, quien de a pocos empezó a sentir empatía por aquella criatura parlanchina. Sin embargo, otro era el augurio que despertaban los enanos, siendo uno de ellos el que más le preocupaba.

Al comienzo, solo notó que se tambaleaba ligeramente, pero conforme avanzaban por aquellos parajes de piedra, selva y tierra, fue cada vez más notoria su condición de enfermo o quizás lisiado. Algo así no servía para nada… o al menos eso razonó Ithilwen, mientras observaba una y otra vez al pequeño kazuka. Incluso su mascota, un gato roñoso con los pelos alborotados de un color encendido que  hacía juego a su compañero, le miraba con cierta compasión y dejos de tristeza.

No serviría de mucho o, lo que es peor, se convertiría en un estorbo. Sin embargo, la solar conocía bien las historias acerca del pueblo enano y su tosquedad como terquedad eran sin duda tema de leyenda entre su gente. No tendría manera de convencer a nadie de que le dejaran, ni siquiera que se devolviera o… si quiera remediar su mal. La cara huraña y marcada de golpes, sin contar unas pronunciadas mejillas rosáceas –seguramente producto de la bebida-, vaticinaba más pleitos que soluciones.
Y en medio de aquellas premisas caminó la elfa hasta que entre sus pensamiento uno salió, cruzando entre dientes…

-…No servirá de mucho así como va- aclaró ella, mirando al objeto de su elucubración.

El enano, quien de por sí se sentía fastidiado con la presencia de la longeva, con aire calmo pero consiente que aquello venía con él acortó en un claro tono desenfadado como quedo: -¿Decíais algo?

-He dicho que no entiendo como un kazuka maltrecho como vos va con nosotros…- repitió en tono serio la de cabellos azabache sin despejar la mirada del camino. Su porte erguido y prepotente confirió a sus palabras la soberbia característica de los de su raza, craso error para juicio del orgullo de su interlocutor.

-Serán entonces mucho más útiles los elfos bien encerraditos en la villa, ¿no es así?

-No lo creo, Maese...-  contestó como si aquella treta antes de enfadarla, poco le importase: -Al menos ninguno de ellos iba arrastrando los pies como inválidos, si acaso de utilidad estáis hablando...  

-Fue algo muy útil para todos que destrozasen la taberna. Nadie los echó en falta mientras los vampiros nos atacaban- remató con tono irónico y triunfal el kazuka, sintiéndose pronto victorioso de aquel encuentro retórico.

-Aquello… Fue lamentable ese accidente- admitió Ithilwen finalmente, agachando la mirada con cierta tristeza: -pero eso no quita la verdad acerca de mi premisa: no sé de qué serviréis en el estado que os encontráis, Kazuka... - repuntó, volteando el rostro hacia el enano y alentando el paso para quedar a su lado.

-Un enano herido es diez veces mejor que cualquier elfo san...-

-Youdar...- reprendió su compañero, quién desde el otro lado había seguido el desenlace de aquella conversación con aire agotado.

Sin más, aquel llamado Youdar carraspeó y continuó: -Lo que quiero decir es que no seré una carga, señora- sentenció con gran educación.

La elfa sonrió, pero de aquello poco o nada se vio bajo las prendas que cubrían su rostro. Sacó el báculo con maestría y atajó al enano tambaleante por el enfrente. Retiró la bufanda como su capucha y ante la cara atónita de ambos guerreros, continuó:

-Y yo creo no haberme expresado bien, jóvenes Kazukan. Me ofrezco a remediar vuestro dolor...Maese Youdar, pues un miembro herido puede costarnos una victoria y vuestro gato parece tan preocupado como yo con eso- agregó con algo más de diplomacia.

-Eh... esto...oh... os estaría muy agradecido, dama... desconozco vuestro nombre, señora- tartamudeó con desconcierto el enano avergonzado, a lo que la elfa correspondió con un gesto de respeto, dejando su nombre en el aire e hincándose hacia el guerrero, inquirió sobre sus dolencias.

-No fue na... - comenzó Youdar con su característica voz profunda y ronca, pero en breve fue interrumpido por su compañero:

-Cargó de frente contra el Lord Vampiro. Así es él usando siempre la cabeza... Yo soy Kadín, dulce Ithilwen. Quedaos cerca de mí y no os pasará nada malo-  

“Kadín y Youdar”, repasó la solar para sí, seria e inquieta por detener a toda la comitiva con aquella charla. Entonces, como quién recuerda algo del pasado, la imperecedera abrió sus ojos celestes, y clavándolos en el kazuka del gato, anotó asombrada:

-¡Thënoriäth dës Mëerës! Entonces, fuisteis vos el enano que vi volar por los aires... Nada raro tiene que estéis como estáis. Habéis sido valiente, como estúpido… pero, ¿cómo podría juzgar vuestra hazaña si yo hice lo mismo pues como ese hay momentos en la vida en los que el deber se confunde con valentía o estupidez?- Miró al gato que pareció entender las palabras de la imperecedera y ésta correspondió con un gesto a media sonrisa entre la picardía y el buen humor. Si había de sanar a aquel enano más le valía mantener su espíritu tranquilo y optimista… pues así y sólo así operaba la energía de sus dioses. Clavó el báculo en la tierra, lo suficiente para que éste se sostuviera solo, y alargó sus manos blancas de visos brillantes tan característicos en los de su raza. A pocos centímetros del enano, paró pidiendo su permiso: -¿Importa si os tomo de las manos, Maese? -

Un Youdar de mejillas encendidas tartamudeó, aceptando el requerimiento, mientras su compañero retrocedía, haciéndose el que no reparaba en lo que allí pasaba. La elfa estudió con detenimiento las manos, raspadas por la caída, y con tono quedo y seriedad  continuó: -¿Qué es lo que os aflige? ¿Qué os duele? -

-La espalda, sobre todo. También tengo un golpe algo feo en la cabeza y, bueno, esto- y volteó sus  manos, evidenciando los fuertes golpes, siendo el de la izquierda una clara incisión profunda dejada por una espada.

Ithilwen arrugó el rostro. Al principio había notado solo la dificultad que el kazuka tenía para caminar, pero con la descripción de sus males, caía en cuenta que aquella tarea la dejaría a ella bastante debilitada. Sin embargo, nadie diría que la primogénita de Erínimar no cumplía su palabra, y antes prefería caer rendida de cansancio que incumplir al ofrecimiento que ya había otorgado de antemano.

Dejó que las manos del joven kazuka reposaran sobre las de ella y, cerrando sus ojos, pidió una vez más auxilio a Lümenirie (Luminaris), para llevar a cabo la sanación. Sus labios pálidos corrían en antiguos cantos en lenguas ya muertas. El culto a los dioses es aún más antiguo que la lengua de los imperecederos y sólo aquellos dedicados a la vida contemplativa podían alcanzar el estudio de estas artes. La longeva las había aprendido desde joven, cuando a los 100 años decidiera su vocación de sacerdotisa y encomendara sus votos a la fe de su pueblo. Nunca se había arrepentido de aquella decisión, aunque sí del hermetismo en el que su gente vivía en la espesura del bosque. A pesar de los reveces de su historia, los dioses le sonreían y fue así como de las manos de ella, las del guerrero se llenaron de vigor, una luz resplandeciente, pálida como la de las estrellas, las colmó entre los dedos mientras los cantos de la solar continuaban.

Por su parte, el enano se sintió mejor, hipnotizado por el canto aunque angustiado por la paulatina palidez que adquiría la doncella. Era entendido en las artes oscuras como también en su contraposición, las plegarias de los bendecidos, aquellas artes que vienen de la mano de los dioses. Sabía que los rezos de la elfa debían su naturaleza a algún encantamiento divino, pues en no menos que unos segundos su espalda dejó de doler y las heridas visibles sanaron, aunque el costo de aquella sanación corría en perlas de agua por la frente de la inmortal.

-Os agradezco el esfuerzo, Ithilwen. Me encuentro como si hubiese podido descansar tres días seguidos. Mi más sincera gratitud- interrumpió el kazuka al tiempo que la elfa salía de su trance y miraba la mano del pequeño guerrero, ya sana aunque cuarteada por las batallas.

-Ahora sí nos podréis otorgar una victoria sin sacrificarnos demasiado, ¿no es así? - agregó con un hilo de voz la solar, fatigada y pálida, tomando el báculo en sus manos y poniéndose en pie con cierto esfuerzo: -Ahora vuestro amigo está mejor-apuntaló con una sonrisa al gato de ojos curiosos como a Kadín.

Estaba rendida. Los músculos se sentían como gelatina apenas agarrados a sus huesos por el infinito poder de las fuerzas divinas. Más no había dolor, como tampoco arrepentimiento. Los pasos antes altivos ahora eran quedos y encorvados. “Espero no haber cometido una torpeza”, advirtió la imperecedera entre sus pensamientos.

-Je, Pelos también os lo agradece, dama Ithilwen- exclamó Youdar por respuesta, pero la doncella apenas volteando el rostro con dejos de haber comido algo, asintió ante las palabras, subió la bufanda y dispuso la capucha, y continuó el camino.

Luego de aquel percance, el camino se hizo fácil e incluso agradable, a pesar de las claras muestras de cansancio de la elfa. No había guardado su báculo, sino que lo usaba de apoyo y en ocasiones, mientras los enanos rastreaban el paso, simplemente se recostaba en él como si fuera una anciana. Le sorprendió notar entre la maleza formas que los acompañaban, figuras etéreas que como fuegos fatuos danzaban alrededor de los caminantes, sin ser muy claro a quién entre todos respondían. Seres puros en el  mundo material… ¡Jamás imaginó Ithilwen de la casa de los Erü que entre sus aliados iría un pastor de los espíritus! ¿Sería alguno de los kazuka o quizás uno de los humanos? No lo supo, ni tampoco lo advirtió en la mirada de cada uno de los miembros, pero ello le dio tranquilidad pues en la mentalidad de los elfos son bien vistos aquellos seres a los que los espíritus siguen. Sin los suyos, sin aliados naturales en medio de la nada, la imperecedera buscó en aquellas coincidencias los augurios de una senda correcta. También se sintió aliviada de ver que Youdar era un buen elemento: rastreador y conocedor de los caminos como del territorio circundante daba muestras de destreza y seguridad a quienes lideraban el grupo. Pero ella, alejada de todos, debilitada y algo descorazonada, apenas si intervenía en las discusiones; se mantenía siempre en la retaguardia, a la sombra de los demás.

Entonces, luego de deambular y de varios devenires de la humana, finalmente la angustia se hizo palpable en todos los cazadores. Incluso la elfa pudo sentir el aroma pútrido de un ser escurridizo, casi etéreo, que les seguía los pasos o se oponía a ser encontrado.

- Casi puedo sentir el hedor de ese hijo de puta, aunque no sé lo que es- aclaró por lo bajo uno de los rastreadores e Ithilwen sintió que la piel se le erizaba y los sentidos se despertaban, pues ella también podía advertir de esa otra presencia acechante.  

La elfa apretó el báculo a medida que el grupo avanzaba. Miraba hacia delante, para no perderles de vista y atrás, para atajar cualquier ataque que viniera desde las sombras. No estaba en la mejor forma posible, pero al menos había repuesto parte de sus fuerzas durante la caminata. Además, si algo habían de probar aquellas criaturas, habitantes de las tinieblas en aquel oscuro paraje, es que ante ellos no tenían a un elfo cualquiera, sino a Ithilwen Erülaëriel, y si algo tenía de importante es que su legado se extendía hasta las primeras raíces del Árbol de la vida.

Pero tan nobles títulos no eran suficientes para lo que aguardaba en el claro del bosque al cuál se aventuraban. Su oponente no tardó en ser presentado: Un djinn, de aspecto extraño, maestro del lodo que le rodeaba, hizo presencia y con sorna y fingida diplomacia, les dio la bienvenida al tiempo que, para sorpresa de todos, materializó de cada uno de los del grupo tres réplicas exactas.

La elfa se sintió desfallecer. Lo primero era saber si se golpeaba al original, ¿qué sucedía con la réplica? Pero no tuvo tiempo de averiguarlo pues sus alter-egos en breve la tuvieron cercada y en menos de lo que dispusiera, una armada con espada y báculo y las otras dos con báculo, clavaban sus miradas vacías en ella, la debilitada pero soberbia hija de Erínimar.

La solar arreció con todas sus fuerzas el báculo. Los sonidos de batalla se alzaron entre los suyos, pues ellos también hacían frente a la amenaza; ella por su lado atajó varios de los ataques, aunque para desventura de sus fuerzas aquellas replicas también dominaban sus armas a la maestría que tenía la imperecedera. Chasqueó los dientes y apretó el paso, corriendo a un lado y a otro, contrarrestando los ataques de sus adversarias, sin encontrar al menos un espacio en el que ella pudiera atacar.

El cansancio no tardó en llegar, pues la terquedad de su espíritu no alcanzaba para alimentar sus músculos. Y fue allí, cuando la desesperanza la embargaba pues tarde o temprano la vida se le iría en contra de esas mujeres tan parecidas a ella pero vacías en pureza o existencia, que encontró la solución a la encrucijada… y aun así las fuerzas le faltaban. Con todo el dolor de su orgullo y atentando a sus ancestros, gritó con el poco ánimo que le restaba:

-Auxilio… Auxilio…Youdar… Kadín… Pelos…

Sus réplicas sonrieron como si con aquel llamado tuvieran la certeza que el alma de aquella sería  devorada. Pero entonces la espada de Youdar entró en el círculo atajando el corte trasversal de una de las elfas y las otras respondieron la infamia del intruso con furia.

-Gracias…- balbuceó la de cabellos azabache y frente perlada mientras caía de rodillas y oraba entre dientes: -Un momento más… dadme solo un momento más…-  repitió intercalando aquellas palabras en lengua común con otras incomprensibles para el kazuka.

Entonces, una luz resplandeciente floreció de los cuerpos del grupo de cazadores. Si en antes estuvieron confusos con saber quiénes eran los originales, por la fuerza de los dioses y la fe de su doncella aquella capa, como un cristal invisible que los rodeaba, llenándolos de seguridad y alentando sus cuerpos, era la marca tangible de los originales ante sus ojos y los de sus aliados.

Ithilwen sonrió y al cerrar los ojos su peso calló sobre la hierba y junto a ella su báculo reluciente.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Sejen el Sáb Abr 11, 2015 12:07 am

-Hanwi contéstame a una cosa ¿que e hecho yo para merecer esto?- Si estaba hablando en el idioma de mi tribu, Adila desde bien empezado el día había tenido la cortesía de molestarme, no solo a mi sino que además el espíritu lupino, estaba ya tan harto de ella, que estoy seguro de que si no se lo impidiera se personaría para decirle de todo. -No lo se Sejen, no lo se, pero si no se calla pronto, no respondo de mis actos.- Y podía comprender de primera mano su frustración, yo la había sufrido durante estos últimos días, aún mas que Hanwi. Lo último había sido incluirnos en su grupo, nuevamente la cazadora me había ignorado completamente y ahora estaba enrolado, en una misión parece ser, acompañado de un tal Ravin, que por lo que le había escuchado hablar concretamente a la muchacha, era que es un buen rastreador, junto a el viajábamos, Youdar y su gato, Kadín quién hablaba con el dueño del felino, quien al parecer no daba signos de estar en plenas condiciones, como yo, que aun estaba algo dolorido, tal vez tuviera un moratón en la espalda o quizás en el pecho, no me impedía caminar o desplazarme, pero era ciertamente incómodo.

Hubiera podido escuchar la conversación entre Kadín y Youdar, de no ser por... -Bien tipo raro que hace conejos de madera, hora de empezar a largarlo todo. ¿Que era esa cosa que se apareció ante nosotros? Era un coyote de acuerdo ¿pero porque hablaba y quien se creía que era para decirme lo que tenía que hacer? Además quiero que sepas que es un maleducado, yo quería ir a ayudarte, pero el ''no, confía en el, Sejen estará bien, hazle caso, esto lo otro blablabla''- Dijo mofándose de lo que le hubiera dicho Sung'mahetu, yo no estuve durante esa conversación pero estoy seguro, de que el coyote no estuvo tan dispuesto a soportarla como lo estaba haciendo yo. -Para colmo, encima se me abalanza y se desvanece, así sin más. No se que clase de rollos vudús te traes entre manos amigo, pero ni se te ocurra volver a hacerme eso ¿sabes el momento que me has dado? Vale quizás es por el momento, no lo se, pero sabes, esto me hace recordar que cuando era niña...- Yo asustado me gire hacía ella. -Adila, basta.- Mientras le pedía que se callara indicándole con la mano también. -Habrá tiempo para explicarte ¿de acuerdo? Primero hay cosas que hacer.- Adila se cruzó de brazos y me miraba con enfado. -Tu y tus misterios chico, no se. Podrías hablar un poco ¿no te parece? Eres muy aburrido cuando quieres, pero tienes suerte, por raro que seas yo no me separare de ti, no te libraras de mi con solo ignorarme, no, no.- Con solo escuchar esto último, fue suficiente para que Hanwi se desvaneciera y me abandonara con Adila... otra vez. -Traidor...- Pensé para mi mismo, pero no lo culpo, yo haría lo mismo pudiendo hacerlo.

El grupo se detuvo, cuando Youdar fue atendido por la bella dama imperecedera, la elfa por la que estúpidamente me había arriesgado la noche anterior, de la cual no sabía nada, ni su nombre, ni de donde venía. Pero en el momento en que la atacaron, sentí la necesidad de protegerla y por ello hoy, me siento algo dolorido, pero no lo suficiente como para necesitar atención médica, tiempo que yo utilice para zafarme de Adila por supuesto, mientras ella estaba atenta a los cuidados del enano, yo me adelante, alejándome del grupo ¿estaba huyendo? Por supuesto, reto a cualquiera que pudiera juzgarme a pasarse cuatro o cinco días a su lado, a ver si la pueden soportar.
Me lleve las manos a la cabeza, pues esta me dolía horrores, no por golpe alguno, sino porque en esta aun podía escuchar claramente la voz de la cazadora, hablando sin cesar, al menos alejado un rato del grupo tendría un momento de paz y tranquilidad, unos minutos sin escuchar sus historias, su voz y sus monólogos.
Antes de partir, nos habían dado algunas provisiones, algo de carne seca estaba entre ese sustento, conocido comúnmente como cecina. Saque un pedazo, masticar me ayudaría a relajarme, estaba a punto de estallar, y la idea de volver junto al grupo era ahora una pesadilla mientras estuviera la cazadora rondando. -Santa paciencia...- Me dije a mi mismo con la comida entre los dientes. -La paciencia es una virtud, suele decir tu gente.- El fantasmagórico lupino se apareció frente a mi. -La que tu no tienes, quieres decir.- Hanwi me miró extrañado, ladeando la cabeza. Estaba sentado frente a mí y repuso. -Soy tu espíritu guía Sejen, y tu amigo. Eso no significa que tenga que soportarla.- Y tenía razón, si yo pudiera hacer lo que el, haría días que la hubiera abandonado a su suerte, o al menos unas horas, unos minutos, algo hasta poder hacer acopio de fuerzas para soportarla un rato mas.

Los minutos de descanso se sucedieron, Adila nuevamente me encontró. -Ajá, estás ahí. Vamos, que tenemos faena que hacer, como tu habías señalado. Ten presente que tengo una memoria portentosa, así que no trates de librarte de esa faena que tu mismo has mencionado, no te servirá de nada, los vagos no duran mucho en una cacería, deberías ya saberlo. Cuanto antes terminemos antes podre pedirle a thane mi recompensa ¿la recuerdas? Te dije que le pedirá quizás un gato, pero sabes. Ahora se me antoja algo mas grande, no se, tal vez un perro, o un lobo quizás.- Cuando dijo esto, Hanwi pareció molestarse con su comentario. -La verdad es que los perros lucen genial y son grandes mascotas, pero no se estoy indecisa. Tan solo ver al gato de Youdar me dan ganas de achucharlo...- Yo me llevé las manos a la cara, algo desesperado. -Volvamos con el grupo Adila ¿te parece?- Pero lo bueno de todo esto, si es que había algo bueno, es que ella pareciera no acordarse de lo sucedido en cuanto a mi de la noche anterior, ahora aparentaba que no le importaba lo sucedido con Sung'mahetu, parece ser que la joven cazadora vive el momento.

De vuelta con el grupo y ahora acompañado nuevamente de Adila, pude ver como Youdar ya se encontraba mejor. Ravin abrió la marcha de nuevo, seguido por tan pintoresco grupo, por un lado caminaban Kadín, Youdar y el gato orondo de nombre Pelos, por otro lado estaba yo, acosado por los monólogos de la impulsiva joven y como si de una estrella caminante se tratara, la imperecedera por la cual arriesgué mi vida, además de otros jóvenes cazadores designados a este grupo.
Ravin se detuvo. -Tu, parlanchina, deja de gimotear y balbucear, quiero que vayas donde Perik moviendo ese culo y le dices que hemos encontrado un rastro ¿entendiste o te hago un croquis?- Aunque sonara bastante desagradable, su voz no parecía la de una persona como lo podría ser el valiente Utrek, era como si tratara de hacer un chiste, no empleaba el tono de voz que emplearía una persona desagradable. -Cuenta conmigo Ravin, seré rápida como el viento, ágil como un gato, no tardaré, no os daréis cuenta ni de que me e marchado, estaré aquí en un periquete, como un ave en un ataque en picado, sigilosa como un lince y...- La cazadora fue interrumpida por todos al unisono -¡ADILA!- Entonces ella dio un pequeño respingo. -Si, si, ya, ya me voy, ya, me voy yendo.- En cuanto se fue sentí un ligero alivio, sobretodo en mis orejas.

-Sejen.- Me nombró el lupino llamando mi atención. -Ni un instante de descanso para mi.- Me decía a mi mismo. -Temo que un gran peligro te acecha portador, estate muy atento.- Viendo la situación y escuchando el tono de voz de mi compañero espectral, sabía que tarde o temprano la situación se tornaría peligrosa. Mientras el grupo debatía sobre el rastro que Ravin había encontrado, yo posé mi vista sobre la arboleda. Si Hanwi estaba en lo cierto, necesitaría ayuda, cuanto antes mejor. De mi garganta surgió un sonido que ni humano pareciera, como un árbol que intenta hablar, el reclamo para los espíritus de los bosques había sido convocado ¿cuando vendrían en mi ayuda? Ni yo pudiera decirlo, no en unas condiciones como estas, pero siendo esto la cordillera de Daulin que no esta desprovista de bosques, algún espíritu acudiría a mi llamada.

Cuando Adila regresara, no tendría buenas noticias, con pocas palabras, nos advirtió que había perdido al otro grupo, nada alentador desde luego.
Escuché a Youdar preguntar a Ravin sobre el rastro, este le respondió, con su particular forma de hablar, nuevamente se reanudó la marchar para encontrar al dueño de ese hedor nombrado anteriormente. Adila no se había separado de mi desde su regreso, pero estaba callada, signo de que estaba muy preocupada por el otro grupo y no la culpo, tal vez en el fueran amigos suyos, o quizás algún pariente, aunque ella es muy vivaz en todo lo que llevamos juntos ella nunca a comentado su situación, no se si tiene hermanos, ni familia ni amigos ni nada, tan solo se que es impulsiva y que cuando esta en su estado natural, habla por los codos.
Llegamos a un claro, Ravin dijo que el rastro aquí terminaba. -Algo no va bien.- Comentaba para mis adentros, cuando de pronto un cuerpo apareció, caminando tranquilamente entre los árboles, parecía un hombre, pero como si estuviera hecho de barro o tal vez lodo, este hablo de algo sobre los monstruos y la iniciativa no le presté mayor atención a su comentario, pero desde luego no era humano. -Cuidado portador.-

Tras la advertencia de Hanwi, aquel ser de barro o al menos en apariencia, movió la mano. Del loco empezaron a emerger grotescas criaturas. -Brujería.- Esto último lo mencioné en el idioma de mi aldea, porque fue como un acto reflejo, este ser y aparentemente nuevo enemigo, tenía poderes mágicos, quizás fuese una especie de espíritu maligno, ahora podía entender mejor porque el lobo me había guiado hasta aquí. Esta vez y en vista de que mi destreza con la espada, es poca, prepare mi arma predilecta. Mi lanza, utilizada por ambas manos, me daría distancia y no estaría tan cerca del peligro como blandiendo la hoja de acero.
Las criaturas eran pequeñas, yo calculaba que les sacaría mas o menos un metro de altura, pero aunque su apariencia no fuera tan fiera, si lo era su numero, pues nos superaban con creces en ese aspecto. Adila a mi lado preparo su arco y como con un acto reflejo disparo este. -¡No, espera!- Pero fue tarde, su flecha impacto en uno de los seres surgidos de barro, destrozándolo, pero al hacerlo este tomo la forma de Adila. -¿Que significa esto?- Preguntó algo asustada. -Mira allí.- Le ordené para que viera a Kadín frente a otro Kadín, varios de ellos concretamente. -Esos seres parecen copiarnos cuando los destruimos.- Muy observador desde luego, pero yo al menos me había dado cuenta antes que Adila. -¿Como sabremos a quien debemos atacar, son idénticos a nosotros.- Comenté para mi mismo, mientras el combate daba comienzo y debo decir, que no era un combate igual desde luego. Las copias parecían tan buenas luchando como nosotros, lo que hacía que todo se tornara mucho peor. -¿Que debo hacer?- Me preguntaba mientras bloqueaba ataques, evitando embates utilizando la lanza para mantener cierta distancia.

Y como si el sol bañara nuestras figuras, una luz empezó a destellar en nuestros cuerpos, ahora nos podíamos distinguir. -Esta sensación...- En ese momento vino a mi mente la imagen de un momento, que cambió mi vida, la imagen de un joven muchacho, danzando en el pico de una montaña, rodeado de luces que giran en torno a el, el momento en que me convertí en el portador de espíritus, podía sentir calidez en esta luz, brillando en la oscuridad, haciendo frente a las criaturas pero ¿quien la a convocado?
Tras detener un último ataque y hacer que mi adversario retrocediera, para que yo ganara algo de distancia, empecé a buscar al conjurador tan rápido como pude, tenía que se alguien de este grupo por la fuerza, no había opción de errar, entonces la vi y enseguida deduje quién a llamado esta luz, la mujer que había defendido la noche anterior, ella era la hechicera que había traído la luz, ahora estaba desfallecida, tendida en el suelo. -Oh no.- Tirada allí en el suelo, era una víctima fácil para los enemigos, estaba completamente desprotegida. -¡Sejen, espera!- Dijo Adila, pero no hice caso, nuevamente aquella sensación de tener que protegerla, había hecho presa de mi, tal vez la noche pasada ella hubiera podido enfrentarse a ellos, no lo se, lo que importaba era salvarla ahora. Esta vez y aun a riesgo de tener otro clon mió, di una patada a una de esas criaturas de lodo, para apartarlo de ella, inmediatamente me agache a su lado, tenía unos segundos para determinar si estaba viva, muerta o simplemente había sucumbido al cansancio. -Menos mal.- Me dije a mi mismo al ver que aun vivía, todavía respiraba, pero ahora, estaba en problemas ¿como podría defenderla frente a tantos adversarios?



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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Malina el Dom Abr 12, 2015 12:00 am

“Cálmate, no es nada del otro mundo”, la parsimoniosa conciencia de Malina iba apoderándose del pánico personal que le causaba su aspecto descuidado en la casa Comunal. Se sentía consignada ahí, como una estela nebulosa de lo que debería estar representando; en ese momento, odió con todas sus fuerzas los malditos protocolos. Relajó la postura, puesto que, la mujer que la recibió delató en su rostro, la sensación de incomodidad que la joven estaba proyectando. Rápidamente procedió a pedir las disculpas pertinentes – Mil perdones, por favor – inclinándose sutil – me gustaría, antes de presentarme con aquel que me ha llamado, cambiarme de ropa. No me parece correcto mostrarme en este aspecto tan… Deplorable – resumió su congoja en una sola frase; Diez palabras para acortar todo el descontento.

Como una comunicación sostenida por la mirada, la enana dirigió a la humana hacia una habitación, trayendo, de forma inmediata, una jarra con agua; al poco tiempo, cerró la puerta, dejando a la muchacha ahí, con el equipaje a su lado. El absurdo inanimado de su expresión, fue apagándose a medida que sentía los pasos alejarse: no soportaba sentirse sucia. De por sí era difícil no perder la cordura cuando debía ir a ver a sus padres: con esos modales más propios de los animales que de las personas. –De nada vale que viajen hasta el fin del mundo, si luego saludan con las manos grasosas – relataba histérica, mientras se remojaba el torso con ayuda de la jarra y de una tela suave, a modo de toalla humedecida.

Estaba con el torso desnudo, dejando que los bucles cubrieran parte de su busto, observó con sigilo los dormitorios: con un delicado gusto y sin olvidar los retazos rústicos, Malina apreció con singular cariño aquellos aspectos del lugar; casi como un acto previo para familiarizare con el ambiente de aquel que la había invitado. Al sentir el frío en el cuerpo ya desnudo, guardó la ropa de viaje en un lado, y sacó la otra, quitando las arrugas propias de quien viaja con poco recato hacia un sitio del que poco y nada sabía. Cuando ya tenía el cabello ordenado, unos pasos presurosos la llevaron a penar en  lo mucho que se había demorado en aparecer. Galante, mostrando un sutil toque masculino, al caminar apresurada, Malina apareció frente al Thane… Curioso espécimen el que tenía en frente; la última vez que vio a un enano no rebasaría el umbral de los cinco o seis años, cuando aún, por su estatura infantil, podía fácilmente ocultarse entre ellos. Cosa que su padre no le permitió. Y que ahora, más de veinte años después, agradeció en un susurro.  Con un semblante sereno y cándido, la mujer se presentó, haciendo una reverencia parcialmente interrumpida: se veía ajetreado, así que obvio por unos instantes el, ahora, amado protocolo y descendió, escuchando atenta lo que decía.

Se tomó la libertad de descender hasta el primer piso con la misma velocidad del Thane, usando pasos más largos, pero siempre con la premura de conservar bajo la tela la piel de sus piernas. Dentro del diálogo sostenido entre el hombre y el ostracismo de la mujer, ésta logró captar la palabra “cacería”; inmediatamente, la asoció con aquellos eventos donde se reunían en tropel los integrantes de los nobles, y, a caballo o a pie, daban caza a animales como venados o zorros. Quizás la velocidad con la bajaban las escaleras, provocó que el hombre acoplara ideas ininteligibles en su discurso, y sin embargo, estaba tan seguro de lo que hablaba, que a la chica no le quedaba más que asentir a lo que decía, sin dejar de la do las interrogantes que crecían desordenadas en sus sienes, “¿un ser malvado en las mazmorras? ¿Se refiere a un ladrón? ¿Un presidiario?” Qué complicado se vuelve entender las costumbres de una zona que ni siquiera puede considerársele “aledaña”. Frunció los labios para mantener oculta la ignominia. Hasta que apareció ante sus ojos el segundo personaje involucrado.

Con un dejo de incomodidad, Malina, sin dar a conocer una reacción en concreto, dejó que el hombre le presentar al ente que tenía delante de sus ojos; Los diversos medios de los que ha tenido que servirse para llegar hasta donde está, en su intrincada carrera por seguir su deseo le han recordado escenas tan distintas, que algunos ligeros rasgos de lo que de ellas recuerda, trazadas por pluma y carboncillo  más avezada que la suya a esa clase de estudios bastarían a bosquejar un curioso cuadro de costumbres. Pero de todas esas escenas, todos los eventos y reuniones, y sobre todo, de todas las personas que ha conocido ¿Cuándo se ha logrado ver a un humano tan… Malcarado? Indescriptible era la sorna que se agolpaba en sus labios, haciendo gala de un vocabulario más adecuado para un palurdo peón que el de una dama. Sin embargo, lejos del estupor causado por su indecorosa presencia, la presentación del Thane sobre aquella persona, despertó una inquietud ridícula en la joven, “¿y de qué rincones estaríamos hablando? Porque que yo recuerde, él no ha sido invitado a las cacerías de otoño ni de primavera” Engullía ávida de curiosidad sus cuestionamientos. Pero ella no era la indicada para hacer ver al hombre que, ella, en el fondo, no tenía la más remota idea de quién era este sujeto.

Comenzó a dudar de todo lo que le rodeaba: la distancia, los involucrados, la “cacería”, el supuesto prisionero que estaba en las mazmorras, ¿Qué clase de lugar es este? Por lapsos interrumpidos añoró la “normalidad” de los eventos en Loc Lac: era mucho más común tomar una nota o escuchar trabajos nadando de boca en boca ¡Y nunca eran tan extraños! Desconfiaba, y su estupor lentamente se apoderaba de su labia, sus hábitos. – Conde, un gusto volver a verle – una improvisada Malina hacía gala de su alcurnia en una reverencia, escondiendo con premura todos los descontentos entre los pliegos de su vestido.

[***]

Cansada de su desesperante monólogo, exprimía, Malina, los recursos para recurrir a su inagotable imaginación, para mantener, estoica, su cara neutral tan propia. Muy en el fondo, las palabras y diálogos que sostenían con ella, y el conde, le eran, por decirlo menos, fastidioso. Se sentía ahogada dentro de esa atmósfera ególatra y glacial; curiosa similitud con vario de los personajes que tuvo que retratar alguna vez, “un sentimiento compartido, esto del amor propio”, pensó desinteresada, aburrida. “¿Pero qué?” su estrafalario anfitrión les había dejado de lado, para ir a hablar con un hombrecillo, de las mismas características. Estaba confundida, agobiada, extrañada de tanto misterio compaginado en una mazmorra, alzó la mirada hacia quien tuviera más cerca; por fortuna o desgracia, el susodicho “conde” estaba junto a ella, y, aprovechando la soledad, le inquirió – Asumo que usted jamás ha posado sus pies en la casa Lewe. Así que evite la cordialidad conmigo. Sin embargo, no desespere: no me volveré un ser agreste ni mucho menos. Conserve las distancias y mi prudencia será mi respuesta – sin más, despojada ya de ese sentimiento despectivo, se alejó encaminándose al llamado del Thane.

Despacio, absorta, enfurecida y agobiada por un extraño olor a ajo, Malina comenzó a percatarse del frío que le acompañaba en el descenso; no estaba conforme con el actuar impropio del Thane por haberle dejado “abandonados”; no obstante, la aproximación de aquellos pasos hacia una celda, con una cantidad mayor de personas, el roce de los susurros que se aproximaban y  el crujir de cada uno de los movimientos ubicados en un punto oscurecido de la mazmorra, el sopor vertiginoso del incesante ruido, la languidez del cansancio, la misteriosa embriaguez de las horas, que pesan de una manera tan particular sobre el espíritu, comenzaron a influir en su imaginación, ya sobreexcitada extrañamente.

[***]

Se olvidó por completo del grupo de personas en que se veía infiltrada. Estaba despierto, hablaba y entablaba bromas como si fuera un evento pasajero. “¿Es este el prisionero del que se referían?” Malina estaba perpleja, confundida.  En algún momento del descenso, perdió el rumbo de la cordura y se sumió en un profundo, pero no menos estrafalario mundo aparte, ese en el que siempre se refugiaba cuando quería meditar las cosas a su manera. Como la mujer egoísta y resuelta que era, le observó detenidamente, sin referir palabra alguna al ser que se hallaba tras las rejas abarrotadas en ajo – Qué asqueroso olor – susurró para sí, cubriendo su nariz con la manga del vestido. En un modo despectivo, Malina trató de guardar la compostura, respecto a la figura y porte del prisionero, su aberrante imaginación que mantenía reprimida; pero las ideas iban poco a poco tomando esa forma extravagante de los ensueños de la mañana, historias sin principio ni fin, cuyos eslabones de oro se quiebran con un rayo de enojosa claridad y vuelven a soldarse apenas se corren las cortinas del lecho, o se disipara el olor del ajo, en este caso. La vista se le fatigaba de ver pasar, eterna, monótona y oscura, la línea de sangre que caía ininterrumpida, sobre el rostro del acusado que ya se alzaba, ya se deprimía, imitando el movimiento de las olas con sus quejas y dolores.

Qué clase de cacería es esta – comentó cerca del conde y de Utrek, el “carismático” cazador. No supo decir con palabras precisas la molestia que le provocaba tan horrendo espectáculo, lo que sí podía asegurar es que gradualmente se fueron embotando sus sentidos, hasta el punto que cuando un gran estremecimiento, una bocanada de aire frío y la voz del otrora hombre le anunciaron que estaba “preparado” para contestar, no supo explicarse cómo se encontraba tan pronto en el término de la primera parte del interrogatorio.

“Hubiera preferido ver un venado cercenado aquí que este escenario”, se decía a sí misma, embobada por el olor a sangre; el exquisito color rojo que caía al suelo, ensuciando las piedras frías; había cambiado por completo la decoración. Dio un vistazo fugaz a quien nuevamente tenía cerca… El ceño fruncido, mostraba la insulsa molestia que le causó ver los ojos de Utrek posado más allá de lo que la tela le permitía- ¿Dónde está el recato del hombre, al ver con esa mirada lasciva, a una mujer casada? – Una vez más se refugió en su condición de mujer atada al compromiso, evocando la notoria molestia que ello le causaba – desvíe la mirada. En este momento – ordenó sin recato. Sin importarle la presencia del Thane.
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Re: Cacería de la Vieja Escuela

Mensaje por Youdar el Dom Abr 12, 2015 2:30 pm

La situación no era alentadora para Shan. Luchaba a ciegas contra uno de los basiliscos, e intuía que nadie estaba de brazos cruzados como para acudir a auxiliarle. Hacía unos minutos se sentía algo más dichoso, pues pensaba que  sería una batalla de dos contra uno, pero el hombre alado había caído presa de un feo mordisco, no sin antes hacerle el gran favor de clavar a la serpiente al suelo de un lanzazo.

Si, al menos, supiese que Lars se encuentra bien”, pensó fugazmente, pero apartó esa preocupación por el momento; cuando se lucha contra un enemigo que puede matarte si fijas tu vista en él, privándote de ella, tus otros cuatro sentidos deben concentrarse únicamente en la batalla.

Su enemigo atacó una vez, y otra, y una tercera, sin descanso, pero sus dientes no consiguieron aferrarse a nada que no fuese el frío aire del bosque de Darry´Gor, ya que el fino oído del cazador le había puesto sobre aviso ante las embestidas del pigmeo. Tras la tercera dentellada errada, Shan se permitió echar un vistazo, y lo que vio no eran buenas noticias para él; el basilisco estaba buscando algo más que hacer que él se cansara de esquivarle, pues con cada embestida estaba más cerca de rasgar la piel de su cuerpo, librándose de la lanza que lo sujetaba.

Si a ti no te importa dañarte para vencer, a mi tampoco”, pensó el joven con determinación, y dejó que el cuarto ataque del basilisco le acertara de lleno. La espada se le cayó del fuerte impacto, pero su mano izquierda se aferraba con voluntad a una daga, que atravesó de lado a lado el plano cráneo de la serpiente.

Con algo de esfuerzo miró a su alrededor, sin abrir mucho los ojos, pero no localizó a Lars. Tiró del cuerpo inerte del basilisco, para desengancharlo de su piel, y se lo echó al hombro.
-Ya verás que cara pone Ravin cuando vea que va a poder hacerse ese cinturón nuevo que quería- le dijo al cadáver del reptil, como si fuese un compañero más. Se sentía débil, porque la mordida sangraba bastante, y pensó que quizá deliraba; aun así, se acercó tambaleándose hacia el herido divium- Gracias a ti puedo contarlo, amigo, pero ahora hay que tratar esa herida tuya.

El chico trató lo de coser lo mejor que pudo al alado, pero este seguía tremendamente débil, tanto que acabó perdiendo el sentido. Finalmente, hizo lo único que pensó que podía hacer, al menos hasta que él mismo pudiese sanarse, o consiguieran algo de ayuda. Envolvió el cuerpo de Locke en nieve, confiando en disminuir su riego sanguíneo, para que no se desangrara. “Espero que no lo mate la hipotermia”.

Shan ya no podía mucho más, y se arrastró por el suelo hasta un árbol cercano. Apoyó la espalda contra el grueso tronco, y desde allí pudo ver que las cosas parecían irles bien a los suyos. Una de las serpientes yacía inmóvil, aunque viva, y solo podía mover la cabeza, la cual estuvo a punto de perder por unos centímetros, pues un hacha iba volando justo a su encuentro. Un poco más allá, pudo ver como Perik decapitaba a otro basilisco, que tenía algo cubriéndole el cuerpo.

No tenía ni idea de donde estaba Lars, y no había conseguido llegar siquiera a despojarse de la chaqueta, para comenzar a trabajar en su herida, cuando notó que una daga le abría los ropajes sin vacilar. Era uno de los hombres de Utrek, y parecía saber bien lo que se hacía, pues en pocos segundos Shan sintió que trabajaba a fondo cosiéndole la mordedura. Tras él, Lars caminaba con el cuerpo del cuarto basilisco, que parecía haber muerto cosido a flechazos.
-No te muevas mucho- dijo el hombre de Utrek. “Chismes”, recordó Shan, “le llaman Chismes”- Hoy ya hemos muerto suficientes, vamos a ver si os salvamos a ti y al pajarito este. Después ya me llevaré yo la regañina del jefe.
-Seguro que solo te aburre con una charla sobre la fuerza y la debilidad- dijo el joven cazador, entre toses.
-Je, seguro que si, tu le conoces mejor que ninguno- hizo una pausa, y dirigió una mirada a Lars, quien estaba inmóvil, cabizbajo, y apretando con furia el cuerpo del basilisco- Hemos perdido a cinco hombres, Shan, y si no fuera por ese chico, yo también hubiese muerto. No se que le has enseñado, pero has hecho un buen trabajo- pero nada de esta última frase pudo ser escuchado por el joven cazador, que se desvaneció por la pérdida de sangre.

[OFF: La espada de Mivam rompió la columna de la serpiente, dejándola inmóvil completamente (en el siguiente turno puedes decir como terminas con ella), y el hacha de Nathar no dio en el blanco. Perik logró decapitar a su basilisco, gracias al paralizante de Bediam. Con su herida actual, justifico en este mismo post, más adelante, la salida de Locke de la partida]

-//-

El djinn estaba distraído completamente. No parecía fijarse en absoluto en la batalla que sus criaturas libraban, pues lo único que le importaba era dar la señal a sus compañeros. El fuego se desataría muy pronto sobre Darry´gor, y él sería quien provocara la primera chispa. Sus ojos le permitían ver cosas que estaban mucho más allá de su entorno más próximo, y ahora solo estaba pendiente de la batalla que a cientos de metros se libraba contra los basiliscos pigmeos.

Solo un poco más…”, decía mientras iban cayendo aquellas bestias. Había algo a lo que los llamados “monstruos” temían más que a cualquier cosa, y era precisamente a los pigmeos. Los humanos necesitaban fijar su vista en los ojos del enemigo para fallecer, pero para ellos era suficiente con que el basilisco los mirara, sin necesidad de que el monstruo viese al basilisco. “Ningún humano tiene de mascota un basilisco pigmeo; tenemos un traidor entre nosotros”, había dicho el anciano el día anterior. El djinn estaba de acuerdo, pero poco podría hacer el traidor cuando llegara el gran momento.

-Por fin- se dijo a si mismo, aunque lo hizo en voz alta, cuando sintió que la última serpiente fallecía- ¡Ha llegado el gran momento!

-//-

Youdar vio con pánico como una de sus copias iba directo hacia Kadín, que acababa de degollar hábilmente al falso Kadín. El enano menor no era tan fácil de copiar, pues no paraba de sonreír ni cuando combatía, así que a Youdar no le cabía duda de que fuera él quien había sobrevivido.

Echó a correr hacia el falso Youdar, “No me va a dar tiempo”, pensó, pues el demonio de barro ya había llegado casi a la altura de Kadín, y éste no parecía darse cuenta de que no se trataba de su auténtico hermano. “Malditas piernas cortas”, se maldijo Youdar, pero alguien le ganó en la frenética carrera. Pelos se lanzó con furia sobre la pierna del falso enano, justo a tiempo de que Kadín se diera cuenta de que el gato jamás atacaría así a Youdar. El sonriente hermano menor comenzó a luchar con fiereza, y Youdar se alegró de que no fuese realmente él quien cruzaba espadas con su hermano.
-¡Miau!- maulló Pelos con urgencia, cuando volvió al lado de Youdar. El enano se fijó en lo que el felino señalaba.
-¡Por encima de mi cadáver!- gritó indignado el cazador. Pudo ver como cuatro elfas luchaban, pero tres se centraban en atacar a la misma, y no le cupo duda alguna de que aquella era la auténtica Ithilwen. El enano no iba a dejar morir a quien le había sanado minutos atrás, no, eso no lo dirían de él.

Corrió hacia las elfas, notando cierto agotamiento por el frenesí de la batalla, pero a medio camino, de algún extraño modo, éste desapareció, acompañado por una brillante luz. El enano se sintió como si el combate no le extenuara en absoluto, y vio que aquella luz también envolvía a Pelos, así como a la auténtica Ithilwen, Sejen, Adila, Kadín, Ravin y los demás cazadores que les habían acompañado. No le cupo alguna duda de que era la bella elfa quien les había ayudado, y se sintió aún más en deuda con ella.

-Auxiliemosla, Pelos, ¡Kazukan ai´menu!- acompañó el enano su carga con su grito de guerra, y se lanzó con el escudo por delante contra dos de las frágiles copias, derribándolas al mismo tiempo. Las copias tenían la destreza característica de los elfos, pero parecían incapaces de imitar la magia de Ithilwen, y aquello daba ventaja al enano.

A su lado, pudo ver como Ithilwen se desmayaba totalmente, pero no fue necesario que retrocediera para auxiliarla, pues Sejen lo hizo por él, aunque al instante se estaba viendo las caras contra una de las copias de Ithilwen y una copia de si mismo.

El enano retrocedía ante los golpes de báculo y espada que recibía. Jamás había visto combatir de un modo similar, pareciendo más una compleja danza que una forma de ataque, y volvió a pensar en lo extraordinaria que debía ser aquella mujer con la que, estúpidamente, había discutido poco antes. Youdar acabó pensando que solo el entorno podría salvarle de aquel extraño baile de golpes, y se protegió tras un árbol. Las falsas damas lo rodearon, una por cada lado del tronco, pero aquello ya era otro mundo, pues todos los ataque no venían del mismo sitio, y el enano tenía lugar a contratacar.

Según sintió una de las espadas chocar contra su escudo, cargó contra la otra copia, antes de que esta soltara el golpe. Aquello funcionó, en parte, pues se llevó un golpe de báculo en una ceja, pero logró derribar a la falsa elfa, a la que reventó el pecho dejando caer con impulso su escudo contra él. Rodó alejándose de allí, y se incorporó a tiempo para evitar que la copia restante lo dejara en la nieve por siempre. Aquella luz seguía envolviéndolos, pero ya no parecía tener mayores efectos que distinguir a los unos de los otros, porque el enano se sentía algo cansado.

Esquivó con dificultad otra danza de espada y báculo, y, dejando caer su propia arma, logró asestar un puñetazo al mentón de la copia, enviándola directa al suelo. Iba a terminar el trabajo, cuando se pudo escuchar, por toda la zona de batalla.
-¡Ha llegado el gran momento!-

[OFF: El alcance del conjuro de Ithilwen, ya sabéis, te sientes menos cansado y te ilumina. Ithil estas KO. Sejen, en tu turno puedes narrar tu pelea contra Ithil 2 y Sejen 2]

-//-

El lodazal frente al cual se desarrollaba la pelea, se transformó en un gran geiser, pudiendo ser visto desde la distancia. Dos figuras lo observaban desde la entrada a una cueva de las montañas.
-Los basiliscos pigmeos han caído. Ananke- llamó la figura masculina a su compañera- Da la señal. Hoy será el fin de La Buena Leña y de Darry´gor.

[OFF: podéis ver la primera aparición de Ananke en el último post de Pequeña Amistad, mi partida solitaria de cuentos del pasado]

-//-

El djinn había sido devorado por el lodazal, y de él no había rastro. Al mismo tiempo, y según desapareció, todos los demonios de arcilla siguieron a sus compañeros, que mucho antes se habían dirigido a atacar Darry´gor. En un rápido recuento Youdar pudo ver que solo dos cazadores, a quienes no conocía, habían perdido la vida, un logro teniendo en cuenta que se enfrentaban a enemigos tan diestros como ellos mismos. Lamentaba tener que dejar allí sus cuerpos, pero ahora mismo no había tiempo para contemplaciones. Cargó en brazos a la inconsciente Ithilwen, y dio la orden de volver a Darry´gor; aquella gente les había confiado su seguridad, y ahora estaban en un gran peligro.

Ravin lideraba la marcha, pues parecía recordar al detalle cada paso que habían dado hacia el lodazal. Durante la frenética carrera, escucharon unas voces que les llamaban.
-¡Perik!- dijo Youdar al observar que el viejo enano era uno de los que les habían increpado. No tenía ni idea de cómo su grupo estado todo el tiempo en un lugar del camino, ni de cómo se habían perdido el rastro los unos de los otros, pero no le cabía duda de que aquello era cosa de los seres a los que pretendían dar caza. Cada vez tenía menos dudas, los monstruos estaban organizados.
-¡Vamos, vosotros seguid hacia Darry´gor, no hay tiempo que perder!-dijo el anciano- Youdar, quédate, te necesito- después observó a Ithilwen, y preguntó- ¿Está…?
-Solo desmayad…¿pero que haces?- dijo el enano, que se vio sorprendido por un extraño líquido que le lanzó Perik.
-Es solo agua bendecida… te he visto corriendo hacia Darry´gor hace un rato, y no sabía si el auténtico Youdar eras tú o el que he visto antes. Vamos, deja a la chica aquí, hemos tenido que improvisar una enfermería.

Sobre unas telas, procedentes de unas tiendas de campaña que había en aquel extraño campamento en mitad del camino, se encontraban los maltrechos, aunque vivos, cuerpos de Locke, Shan, Bediam y, ahora también, Ithilwen. Perik y Chismes se encargaban de sanarles, aunque el anciano tan solo podía darles de beber agua si la pedían, pues sus conocimientos sobre curación eran más bien escasos.
-Yayo, ¿Por qué no te unes a la batalla?- preguntó Youdar, lejos de los oídos de los heridos.
-No voy a abandonar a ese chico- dijo, señalando con un movimiento de cabeza a Bediam- Me salvó la vida. Además, tampoco me apetece dejar que mueran los otros- se llevó una mano al rostro, cubriéndoselo, procurando que no se le viera la desesperación, pues el anciano sabía, al igual que Youdar, que en esa cacería las únicas presas eran ellos- Anda, chico, hazme el favor, intenta cerrarle la herida al muchacho, a Bediam. Chismes tiene… bueno, cosas de curanderos, te las podrá prestar-
-Ahora mismo- dijo el enano. Rápidamente hizo un buen trabajo, cerrándole la herida al que él consideraba como cazador. Después le mojó la frente con algo de nieve derretida a Ithilwen, que a ratos parecía recuperar la consciencia.

-Bueno, enanos- dijo Chismes- yo he acabado aquí. Voy a volver a la villa, o Utrek me pateará por perderme la batall… ¿Qué hace aquel tipo?- Un hombre diminuto, que tan solo le llegaría a la barbilla a Youdar, y de una constitución extrañamente débil, se acercó hacia la pila de huesos de los monstruos devorados por los basiliscos. Comenzó a amontonarlos, junto al cuerpo de la meiga y otros seres que aun no habían sido despedazados. Nadie fue capaz de decir nada, y, por algún motivo, todos tenían muchísimo sueño.
-Ya veo, ya- dijo cuando terminó su tarea, observando a los sorprendidos cazadores- Aquí va a haber que hacer una criba…- el extraño chasqueó los dedos, y todos los que allí se encontraban se desvanecieron.

Unas horas después, Locke despertó en la cama de una posada, con sus heridas totalmente curadas, a kilómetros de Darry´gor, confundido, sin nadie que le explicara como había llegado allí desde tan lejano lugar.

Justo al mismo tiempo, Shan y Chismes también despertaron, aunque lo hicieron en el mismo lugar donde se encontraban cuando se desmayaron. El hombrecillo seguía allí, pero no había ni rastro de Youdar, Perik, Bediam e Ithilwen.
-El pájaro voló, éste no era lugar para él. Vosotros debéis contribuir a la batalla. Los demás van a divertirse conmigo- dijo con una gran sonrisa de oreja a oreja- Espero veros más adelante, vosotros parecéis guardar secretos muy interesantes, y mis compañeros son unos aburridos- Despues, chasqueó los dedos, y se esfumó, dejando confundidos a ambos hombres.

-//-

En dos celdas contiguas, en la cueva de las montañas, Youdar pudo observar como el diminuto ser le decía a alguien que se ocultaba entre sombras.
-Aquí los tienes, de momento solo he conseguido a estos cuatro- dijo con su chillona voz.
-Bastará por el momento. Que hable con ellos el anciano cuando llegue, ahora hay que dirigir el ataque- dijo la extraña figura.

El enano vio que compartía celda con Ithilwen, que comenzaba a despertarse, mientras que Perik lo hacía con Bediam. En aquel momento solo algo le produjo cierto alivio; Pelos se enroscaba junto a él, y parecía estar en perfecto estado, aunque asustado.
-Otra más de la que tendremos que salir juntos, compañero- le dijo al gato, intentando darle valor, al igual que a si mismo.
-Mew- maulló el tembloroso animal.

-//-

En la Casa Comunal, Utrek estaba agotado de aguantar los interrogatorios absurdos de los demás. Estaba claro que Vanstiel jugaba con ellos, y él no iba a conseguir nada del vampiro hasta que pudiese quedarse a solar con él, así que decidió darle ese mismo privilegio a todos los demás.
-¿Aquí no se come?- preguntó al thane. Éste, junto con Lenxer, fueron a ordenar algo para que llevaran al salón, y pronto se fueron haciendo turnos, pues el mago pareció deducir lo mismo que Utrek: nadie iba a sacarle nada a Vanstiel si no era a solas.

Poco después, mientras Utrek disfrutaba su cuarta comida y su enésima copa de licor, uno de los guardias llegó corriendo a la casa comunal.
-¡Los cazadores nos atacan!- dijo al thane- están atacando a todo el que va por la calle.
-¿Cómo es posible?- Ingrod estaba sorprendido, y miró a Lenxer y a Utrek buscando una explicación.
-Pueden ser cambiomorfos- dijo el hechicero.
-Y una mierda- Utrek estaba cansado de aquello, y casi agradecía la oportunidad de combatir, pues estaba harto del interrogatorio- ¿Algún enano nos ataca?
-Si- dijo el guardia, que recordaba haber visto a una copia de Youdar matar a una mujer en plena calle.
-Pues no son cambiomorfos, solo pueden copiar a humanos. Barbas- llamó con una falta de respeto totalmente intencionada al thane- ¿Cómo coño hacéis una puta ciudad sin murallas? Dile a todo tu pueblo que se reúna aquí, en esta casa, o que se encierre en un sótano o algo. Si son lo que creo que son, nunca vienen solos.

-//-

En la casa de Ian, Perik vio como el arcángel llegaba, pidiéndoles que se encerraran en el sótano.
-Será mejor que te quedes, Tyrael- se acercó al oído de este y dijo- si sales, el chico querrá ir contigo, y no creo que sobreviva.

[OFF: esto justifica la ausencia de Tyrael, dure lo que dure]

-//-

Kadín corría cuanto podía, intentando ser el primero en llegar a la villa, pues no quería descubrir que harían los tres orcos si ellos llegaban antes de que alguien pudiese organizar un poco la defensa. Logró llegar a la linde del bosque, pero les estaban esperando. Según salieron del bosque, uno de los demonios de arcilla, el que tenía la forma de Sejen, lanzó una antorcha a un reguero de aceite que habían vertido. El bosque estaba en llamas.



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