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Los espíritus guías

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Los espíritus guías

Mensaje por Sejen el Mar Mar 03, 2015 5:27 pm

~El portador de espíritus, primer encuentro; Sung’mahetu~

-Adiós, volveré algún día.- Era la voz de un muchacho, denotaba nostalgia y pero cierta felicidad, ataviado bajo su capa de piel de búfalo, el que ahora es conocido como el portador de espíritus estaba abandonando su aldea, Hanwi su espíritu guía quien tenía el aspecto de un lobo fantasmagórico, dijo ser su guía desde el momento en que se encontraron en el pico de la montaña.

-Dime Hanwi ¿por dónde debo ir?- El entusiasmo del chico era palpable, estaba inspirado con este viaje que ahora se presentaba ante sus ojos, el lobo miraba hacia los lados, como si sus ojos escudriñaran el horizonte, el pálido extranjero lo miro extrañado. -¿Y bien?- Pregunto impaciente el joven, pero el lobo parecía ignorarlo, como si no lo escuchara. Un suave viento se alzo mientras el lobo empezaba a desvanecerse con este, no habían empezado y Hanwi ya le había dejado a su suerte, o eso creía. -Dirígete al oeste, a través del bosque.- Su voz seria y serena, se escuchaba como en eco mientras se desvanecía como el humo arrastrado por la brisa. Sejen estaba confuso pero le hizo caso. Miró atrás una vez más para cerciorarse de que dejaría la aldea por mucho tiempo, más del que imaginaba, pues un joven de su edad cree que pronto se cumplirán sus designios pero, descubriría que no todo es tan fácil. Tomo una gran bocanada de aire y comenzó su aventura.
Sus primeros pasos lo guiaron a través de una extensa pradera, la hierba era verde y alta denotando que hacía poco habían sido los meses de lluvia. Sejen se preguntaba a sí mismo como estarían los cultivos de Lawatan, su madre.
Frente al extranjero se desplazaba una enorme manada de búfalos, bestias grandes y poderosas, corriendo por las amplias praderas antes de llegar al bosque que daba a las montañas. Sejen debería cruzar esta planicie de hierba antes de adentrarse en el bosque tal como le había dicho su espíritu. Era una visión sin igual, grandes praderas verdes, llenas de vida. Al fondo se distinguía una gran cascada que caía de la montaña.
Aunque el pálido extranjero desde luego, no era el más grande los que cruzaban la pradera en este momento, todos se apartaban, el instinto natural de la mayoría de los animales es evitar los peligros y las cosas extrañas, al menos en los grandes y poderosos búfalos. Sejen empezó a correr lleno de ánimos, por la visión que tenia de este lugar, además de la alegría por comenzar con tan buen pie su viaje.

Sejen se detuvo frente a la imagen de un frondoso bosque, el lugar donde debía adentrarse según las indicaciones de Hanwi, pero las mismas ganas que tenia de comenzar el viaje, las tenia para volver a su hogar. Estaba indeciso, mirando el bosque como si este fuera una puerta que atravesaría hasta otro mundo quizás, Hanwi volvió a aparecer, quedándose parado al lado del muchacho. -No debes seguir adelante si no quieres.- Comento sabio el lobo, mirando al joven. -No es que no quiera hacerlo… pero. Tengo miedo.- El espíritu le vio como era aun, un joven niño que acababa de dejar su hogar para cumplir un viaje de ensueño. -El miedo es natural. Pero nos hacemos más fuertes, cuando superamos nuestros temores.- La sabiduría del lobo era absoluta en los inexpertos oídos de Sejen, por un lado el lobo tenía razón, o se daba la vuelta y volvía a casa o continuaba su camino, era una decisión difícil desde luego, los recuerdos de sus padres y hermanos hacían que el muchacho quisiera darse media vuelta, pero su deseo de aventuras fue mayor, el deseo de hallar más espíritus como Hanwi. El extranjero miró al lobo y este sabia cual era la respuesta, asintió y ambos se adentraron en el bosque.

-Dime Hanwi ¿qué hago aquí exactamente?- Pregunto el hijo de Lawatan y Takehu, quería saber que acontecimientos le esperaban. -Tu viaje, no es un camino de flores y comodidades, joven Sejen. Antes que nada, debes encontrar a tus espíritus guía, pues ellos te ayudaran en tu aventura.- ¿Más espíritus? ¿Cómo Hanwi? Era extraño pero Sejen tuvo que preguntar. -¿A quién debo buscar?- La intriga le carcomía por dentro, quería saberlo. -Primero, deberás encontrar a Sung’mahetu, vive en estos bosques y te ayudara a encontrar a los demás, llegado el momento.-
El bosque era frondoso, apenas transitable para los inexpertos, Sejen estaba utilizando los métodos que le había enseñado su padre para desenvolverse en este tipo de terrenos, pero el clima no ayudaba demasiado, las fuertes lluvias que se había sucedido habían dejado el aire cargado de humedad, formando una densa niebla, tornando el que el bosque lejos de parecer una bella arboleda pareciese algo mágico y encantado. Las formas de los animales se difuminaban en esas nubes, pareciendo que todos los que allí vivieran parecieran espíritus atrapados en una oscuridad. -¿Cómo podre encontrarlo?- Preguntó Sejen pero no obtuvo respuesta, Hanwi se desvaneció entre la niebla. Era el cometido del extranjero o eso interpreto Sejen, así que no reprocho la marcha del espectral lupino, debía ser él quien encontrara al espíritu o en su defecto el espíritu a él.



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Re: Los espíritus guías

Mensaje por Sejen el Mar Mar 03, 2015 5:28 pm

El pálido extranjero, no sabía lo que tenía que hacer, hasta el momento todos los espíritus que había logrado ver, habían sido por y mediante el chamán, o la gran matriarca quien le mostro las luces que tocan la tierra, pero si quería encontrarlos no podía depender tan solo de la ayuda de Hanwi, quien ya le advirtió que el, solo sería un guía en su viaje y no quien completara dicha aventura.
Antes de que se diera cuenta, la noche cayó sin remedio, convirtiendo el fantasmagórico bosque en una imagen aterradora ante los ojos del extranjero, pues la poca luz que pasaba a través de las hojas hacia que las ramas más bajas, pareciesen manos que trataban de atraparlo y por un momento su convicción parecía torcerse, pero sacudió la cabeza. Se detuvo e hizo un fuego para poder ver que le rodeaba. Ahora con una luz, aquellas ramas ya no parecían tan espeluznantes y podría guiarse mejor. Sus experiencias como cazador le habían enseñado que, no se debe uno dormir en el bosque, no si no vas con una partida de caza para que te puedan ayudar, pues por la noche el bosque despierta y la mayoría de animales buscan comida, además Sejen sabía que por aquí había osos y lobos, lo que sería un problema si lo encontraran, con el fuego podría defenderse de ellos, además de verlos y manteniéndose despierto podría el mismo asustar a los animales más curiosos.


Sejen miraba hacia los lados continuamente, ruidos y formas se movían en la oscuridad, pero al alcanzar un claro donde un lago había de agua cristalina lo vio, en el centro mismo del agua, parecía el lobo que le había acompañado, pero no era Hanwi, era un coyote, parecido a un lobo pero más pequeño. Desde luego no era un animal ‘’vivo’’ ningún ser sobre la faz de este mundo, podría tener la capacidad de estar en pie sobre un lago, además su aspecto advertía que se trataba de un espíritu como el lobo guía. El coyote se volvió para ver al extranjero, quien se había quedado completamente atónito ante el encuentro, sin saber cómo reaccionar. -He oído hablar de ti, extranjero.- Dijo el animal, con una voz alegre y aunque estaba muy lejos de Sejen, este pudo escucharlo como si estuviera a su lado. Era extraño y no sabía cómo explicarlo, solo sabe que lo escucho.
Pero antes de que pudiera hacer nada, el pequeño coyote fantasmal rió para luego desaparecer, como lo hacía Hanwi. -¡Espera!- alcanzo a decir el extranjero, pero no sirvió de nada, pero tras haberlo visto se sentía renovado de fuerzas, con lo que decidió que estaría en este bosque durante un tiempo y este lugar cercano al lago era bueno para acampar. Es cierto que los animales vendrían aquí para beber agua, pero la primera lección que le dio su padre cuando iban de caza es que el agua es necesaria.

Por la mañana, con el sol bien alto alumbrando el bosque, Sejen comenzó la búsqueda del espíritu adentrándose cada vez más en las profundidades del bosque.
El extranjero anduvo por el bosque, día tras día pues llevaba ya una semana en el bosque, tratando de encontrar a Sung’mahetu, pero parecía algo imposible porque aunque lo había encontrado algunas veces en estos días, el esquivo coyote al verlo reía y volvía a desaparecer, era como perseguir un fantasma, pero esto era como un juego, Sejen recordaba jugar al escondite con Jakum y Natenya, sus hermanos. -Esto empieza a no tener ni pizca de gracia.- Murmuraba el extranjero, pensando que las cosas no le podían ir a peor, pero sí que podían. En una de las búsquedas del coyote, Sejen trataba de subir por una cuesta muy empinada, era difícil pero poco a poco y valiéndose de las raíces de los arboles, el extranjero había conseguido llegar a la mitad. -Va… vamos, ya casi estoy.- Decía con esfuerzo mientras se aferraba a una raíz sobresaliente, pero esta era más fina de lo que el pálido muchacho esperaba y se rompió, provocando que cayese pendiente abajo. Rodo y rodo golpeándose contra las raíces y algunas pequeñas rocas, suficientes para provocarle arañazos en brazos, piernas y espalda. Cuando paro de caer, Sejen se quedo tumbado mirando hacia el cielo, agotado y magullado. -Esto es muy duro Hanwi, no sé si realmente soy quien esperas que sea…- Se decía a sí mismo, mientras una risa impertinente aparecía de nuevo. Sung’mahetu estaba ahora más cerca de Sejen de lo que había estado en estos días. -Eres muy divertido.- Su voz era aguda, juguetona y alegre como la de un niño pequeño. Sejen rio por lo bajo. -¿Tu crees?- Le preguntó con cierta gracia. -Si, nadie había jugado tanto conmigo desde hacía mucho tiempo.- Sin duda Sung’mahetu era un niño, risueño, con ganas de jugar y de pasar el tiempo, siempre que encontraba el momento intentaba engañar a alguien para que jugar con él al escondite, o cualquier otro juego. -Sabes.- Dijo incorporándose aun algo dolorido. -Me encantaría que me acompañaras en mi viaje.- El coyote sonrió ante la propuesta, brinco y brinco alegre. -Pero debes prometer, que jugaras mas conmigo.- Sejen sonrió, viendo en el rostro de Sung’mahetu a su hermana, quien siempre le buscaba para jugar. -Está bien, te prometo que jugare contigo. ¿Qué tal una carrera hasta el lago?- El coyote acepto dicha carrera, aun sabiendo que él la ganaría.

Sejen descubrió como era en realidad Sung’mahetu durante los días venideros. Tenía el carácter de un niño pequeño, era incansable, inquieto y sobretodo muy juguetón, siempre tenía un ánimo digno de cualquier muchacho, a nada parecía darle importancia, pero poco a poco, se iba encariñando del portador de espíritus quien jugó con el tanto como le pidió, no importaba si estaba cansado, aquel humano trataba de seguirle allí donde fuera, hasta que un día, tras una última carrera en la que Sejen acabo exhausto el coyote se acerco y se tumbo sobre su regazo. -Sejen, será un honor… ser uno de tus espíritus.-
Fue así como el portador de espíritus, consiguió ganarse el afecto del juguetón Sung’mahetu, con quien entablaría una muy buena amistad, pues en él vio el niño que había sido en su pasado.



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Re: Los espíritus guías

Mensaje por Sejen el Sáb Mar 07, 2015 2:22 am

~Segundo encuentro: Tatanka.~

-¿Por qué me has hecho venir hasta aquí?- Le pregunto el portador a su lobo fantasmal, mientras contemplaba un gran paramo de piedras escarpadas, un valle formado de rocas donde ya nada vivía en este lugar. -Solo debes atravesar este lugar, mas allá encontraras una extensa llanura de hierba verde, debes dirigirte allí.- Sejen escuchaba atentamente, pero no estaba muy seguro, pues este lugar no le inspiraba confianza, era una visión aterradora sin duda. Se podían ver picos de rocas, los cuales parecían afilados como cuchillos. -¿Estás seguro de que, no hay otro camino Hanwi?- Pregunto el muchacho, pero sin obtener respuesta. -¿Hanwi?- Se preguntó de nuevo, pero al volverse el lobo ya no estaba, nuevamente estaba aplicando su modo de hacer las cosas, el guiaba a Sejen, pero debía ser el extranjero quien cumpliera su cometido. -Allá vamos.- Se dijo a sí mismo, mientras descendía al valle que después el bautizó como, el valle de los cuchillos, y bien hizo en llamarlo así pues nada más llegar se hizo un corte en el brazo con una de esas rocas afiladas. -¡Maldita sea!- No era un corte demasiado profundo, pero suficiente para saber que este lugar era peligroso y que no sería tan fácil moverse por aquí, no sin ir con cuidado.
Sejen se adentro en el valle, observando las paredes que crujían pareciendo que se fuera a desmoronar en cualquier momento, desde luego no era alentador, pero al otro lado existía la promesa de una llanura, eso era alentador para el extranjero, quien sin percatarse, mientras caminaba por el valle, se interno en una cueva formada por las mismas rocas, pero lo que allí encontró era algo increíble. En las paredes rocosas, encontró pinturas y dibujos de quizás una antigua tribu que viviese por estos lugares. Eran pinturas rupestres, grabadas en la roca hacía mucho tiempo.

El muchacho siguió internándose en esa cueva, fascinado por los dibujos que allí encontraba. Era algo único sin duda, o al menos así lo veía él, pero el que más le llamo la atención, fue un solo dibujo. -¿Qué es?- Se preguntó el joven, mientras pasaba la mano con muchísimo cuidado, estas pinturas eran muy parecidas a las que dibujaban en su aldea, pero nunca había visto una como esta de ahora. -Es Tatanka. El gran búfalo blanco.- Sejen seguía estupefacto ante la pintura, aunque Hanwi le hubiera hablado y él lo hubiese escuchado. Había oído hablar de Tatanka en su aldea, pero nunca la llego a verla en las pinturas de su aldea. -Te preguntas, porque nunca la viste en las pinturas de tu hogar.- Afirmo el lupino sin mostrar su forma todavía. -¿Por qué ella me es desconocida?- Se preguntaba. -Hace mucho tiempo, un poderoso chamán convoco a los espíritus terrenales, donde las luces tocan la tierra, trato de corromperlos. Tatanka fiel seguidora de la comunidad humana, fue la primera en sucumbir a las artes oscuras de su conjurador, tornándose en Tatanko, el gran búfalo negro lleno de ira, quien cargo contra las aldeas próximas provocando el miedo. Tatanko cargo, contra todo aquello que Tatanka representaba. La comunidad. Así pues, colérico el gran búfalo arremetió y contra las tribus. Tu antepasado, el abuelo del abuelo de tu padre Takehu, era un gran cazador y partió a enfrentar a la bestia. Se dice que su flecha acertó en el ojo de Tatanko y que cuando lo hizo, el búfalo huyo dejando con él una nube negra a su paso, tornando a ser nuevamente Tatanka. Ahora vive en paz corriendo por las llanuras, o así cuenta la historia.- Era una historia fascinante para Sejen, quien no la había escuchado antes. -¿Es ella? ¿A quién debo encontrar?- Pregunto el extranjero, volviendo su mirada hacia donde provenía la voz del lobo espectral. -Si.- Respondió el lobo, con una voz casi gutural mientras se desvanecía de nuevo.



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Re: Los espíritus guías

Mensaje por Sejen el Sáb Mar 07, 2015 2:23 am

El extranjero cruzo el valle de los cuchillos, tras dos días agotadores perdiéndose entre los ecos y rocas afiladas, incluso fue atacado por un león de montaña (Puma) que por allí residía, magullado y cansado, logro atravesar aquel inhóspito lugar, hasta que al fin la vio. Una extensa llanura de hierba verde, como las que recordaba de su aldea, era algo maravilloso, pero estaba muy lejos de su hogar.
Desde aquella colina pudo ver varias manadas, búfalos, ciervos, algún que otro carnívoro descendiendo desde la montaña, una imagen no desconocida para el extranjero, el cual empezó a bajar con la esperanza de encontrar pronto a Tatanka.
Ya en las llanuras, Sejen hizo lo que cualquiera haría tras dos días en las montañas. Darse un buen baño y relajarse. -Pareces muy relajado, portador de espíritus. ¿No te parece que deberías estar buscando algo?- Comentó el lobo espectral muy serio, casi como si pareciese enfadado, pero el muchacho estaba cansado y algo magullado, con lo que no quiso ni preocuparse por el posible enfado de Hanwi. -Debes tomártelo enserio Sejen.- El extranjero miro al lobo. -Ya lo hago, pero por un baño no va a pasar… ¡¿eh vosotros?!- Que oportunos, unos curiosos mapaches habían secuestrado la ropa del extranjero, quien trataba de alcanzarlos, para la negativa de Hanwi quien solo se rio por lo bajo de esta cómica escena. -¡Volved aquí!- Y tras dos horas persiguiendo a los escurridizos ladrones, Sejen logro recuperar sus ropas y tras ponérselas. -Malditas alimañas.- Comentó mientras se vestía. -Y que lo digas.- El extranjero se sobresalto de pronto, al escuchar una voz femenina. Al voltearse quedo alucinado, pues frente a él se encontraba el gran búfalo blanco que había visto en aquella pintura. -Esos bichejos. Son como una plaga, los encuentras por todas partes, es más el otro día, estaba tan tranquila, descansando bajo un árbol cuando uno de esos bichejos, empezó a hacer un ruido atroz, casi insoportable, le gruñí pero no pareció siquiera molestarse…- Y seguía hablando y hablando para sorpresa de Sejen, que se había quedado patidifuso frente a lo que efectivamente era un gran búfalo blanco parlante, el espíritu mencionado por Hanwi, su voz denotaba muchas cosas, la primera era que no le agradaban los animales, la segunda en que no tenía ninguna incomodidad en hablar con humanos, no con el extranjero desde luego, pero parecía tener un defecto, en media hora, Tatanka aun no había callado ni una sola vez, ni siquiera para tomar aire. -Tatanka.- El búfalo calló de inmediato al escuchar la voz de Hanwi. -Cuanto tiempo si verte, hermana.- Era la primera vez que Sejen veía al lobo espectral con ánimo de interferir entre él y su camino. -No te confundas muchacho, no solo los humanos sienten nostalgia.- Entonces, ambos espíritus comenzaron a hablar, bueno, más bien Tatanka habló y Hanwi escucho, mientras Sejen trataba de escuchar su conversación pero por mucho que se acercara, no lograba escuchar nada.

El aun hoy en día, no sabe porque tuvieron aquella conversación, el portador sigue sin saber que se dijeron ambos hermanos aquella vez, pero tras ello Tatanka decidió aceptar a Sejen como su portador, aunque este encuentro le supo a poco, nunca se quejaría de ello y conforme fue conociendo a la gran búfalo, pudo saber mucho mas de ella. Su carácter era muy amable, bastante amistosa al menos con él, pero nunca mostro agrado por otros animales desde luego, pero hablo a Sejen de que antiguamente, en su aldea, ella trataba de cuidar su comunidad, ayudando en su unión y el portador descubrió que Tatanka, era uno de los espíritus fundadores de su aldea.



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Re: Los espíritus guías

Mensaje por Sejen el Miér Mar 11, 2015 1:17 am

~Tercer encuentro: Sakehanska.~

-¿Dónde estamos Hanwi?- Preguntaba el extranjero a su compañero. -Los de tu especie, lo conocen como el pantano Swash, debes tener cuidado a partir de aquí Sejen. Debes adentrarte en el pantano para encontrar al tercero.- Pero la idea de entrar en este lugar no entusiasmaba a Sejen, solo con mirarlo desde fuera se apreciaba que este no era un lugar sano, el aire estaba cargado, los arboles estaban muertos por la humedad, a excepción de lo que comúnmente se denominarían malas hierbas, plantas parasitas que viven de otros.
El suelo era fangoso y las botas, se hundían en este provocando una horrenda sensación al caminar, pues sentías como si algo tratara de agarrarte, era espeluznante sin duda. Pero el extranjero, habiendo aprendido de encuentros pasados, decidió omitir todo esos detalles, pues hasta el momento Hanwi siempre le había guiado de una forma correcta, al menos para él y hasta el momento. El joven se adentro examinando atentamente sus alrededores, parecía que en cualquier momento podría saltar sobre el alguna criatura y eso en cierto modo, le hacía sentirse como la presa en una caza. Podía sentir como le miraban desde los arboles, las matas, incluso desde el fango parecían haber ojos que lo observaban esperando un momento de flaqueza.

Sejen, preocupado de su propio bienestar tomo su lanza con ambas manos, eso podría disuadir a los animales, o si eso no era suficiente podría abatirlo en si fuera necesario, aunque sabía que eso podría poner en peligro su viaje. No es fácil tratar con espíritus animales, cuando estas matando animales precisamente.
Su respiración era lenta y firme, manteniendo así el control de la adrenalina, de nada le valdría ahora sentir temor, o salirse de la situación por alguna subida de endorfinas o algo, sus pasos eran lentos y firmes, fijándose en todo momento donde ponía los pies y procurando no pisar nada sospechoso, bien sabido es que las serpientes suelen esconderse en lugares así, pisar una serpiente venenosa solo acarrearía problemas en este momento, o en el peor de los caso, propiciaría una muerte horrible al pálido extranjero. -¿Dónde me has metido Hanwi?- Se preguntaba a sí mismo, mientras miraba hacia los lados.
Un ruido, un momento, un golpe con la punta de la lanza y todo terminó, rápido como una centella, Sejen alzo la lanza y como se había imaginado, en la punta de esta se encontraba una serpiente y desde luego que era venenosa, su boca abierta mostrando los colmillos finos como agujas no daba lugar a equivocación. La respiración de Sejen era ahora más agitada, observaba algo atónito su captura, pues había golpeado por intuición más que por verla directamente. Al menos hoy comería algo de carne.

La noche descendió sobre el pantano, dándole un aspecto aun si cabe más aterrador. Los sonidos de los animales cambiaron, ahora no eran como en el día que era más silencioso, ranas era lo que más se podía oír, pero también se podían escuchar aves, murciélagos, se podía escuchar como los animales removían el barro bajo sus zarpas, como las ramas se mecían con el viento, como si todos los seres vivientes de la zona tuvieran en su punto de mira al extranjero, quien apresurado trataba de encender un fuego, el fuego ahuyenta a las bestias fácilmente, proporciona calor y cierta sensación de seguridad. Pero es difícil encender fuego en un lugar tan húmedo como un pantano. -Vamos, vamos.- Repetía mientras intentaba conseguir una chispa, un pequeño atisbo de luz que pudiera prender fuego al musgo seco que había recogido. El fuego se encendió. Sejen suspiraba aliviado por ello. -Por donde se supone que debería empezar a buscar…- Se preguntaba, mientras contemplaba a la serpiente cocinándose al fuego. -Esta vez ni siquiera me ha dicho que he de buscar. ¿Qué espíritu viviría en un lugar como este?- Se decía a sí mismo.
Aquella noche, el extranjero prácticamente no pego ojo desde luego, se mantuvo despierto para mantener el fuego encendido, para estar concentrado en todo momento. Dormir lo hubiera dejado expuesto a amenazas y alimañas.

Primero recorrió una enorme extensión del pantano, pero siempre sabiendo donde había dejado el campamento, ni siquiera beber agua era seguro en este lugar, no solo porque el agua está estancada, acumulando posibles enfermedades, sino por los animales que la habitan. En lugares como este es fácil la vida para los reptiles más grandes, no solo serpientes, sino también cocodrilos o caimanes, Sejen lo sabía y cada vez que llegaba a una extensión de agua para rehidratarse, se aseguraba de observar si había burbujas en la superficie y después, arrojaba algún objeto, una rama, o una piedra, los réptiles acuáticos se guían por las vibraciones del agua, su método de caza es la emboscada, cuando otro animal se acerca al agua a beber o otra cosa y este toca el liquido elemento, mueve el agua y las vibraciones advierten al réptil de una posible presa.
¡Un error! Sejen bajo la guardia, pero estuvo rápido al esquivar un ataque que hubiera podido ser letal, pues un hacha parecida a un tomahawk, hecha de hueso o piedra le paso justo por el lado, pero no sin algún éxito, pues hirió el brazo izquierdo del pálido extranjero quien gritó por el dolor, pero se tendría que preocupar de eso después. Era la primera vez que veía una criatura así. Caminaba como un hombre, sobre sus dos piernas, pero parecía un sapo, tenía los ojos saltones y verrugas en su cara. Era más alto que el extranjero, alrededor de los dos metros, tal vez más y desde lego que olía mal.



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Re: Los espíritus guías

Mensaje por Sejen el Miér Mar 11, 2015 1:18 am

Sejen esquivo un nuevo ataque, con su brazo herido no podría blandir la lanza desde luego, por lo que optó por correr y tratar de perderle de vista, pero el engendro le persiguió, tal vez el pálido extranjero había cometido un error, quizás lo pisó, quizás simplemente trataban de cazarlo, o simplemente esa criatura se dedicaba a asesinar a los humanos que viera, no era tiempo de preguntas, primero tendría que perderlo de vista, pero el correr no era suficiente. Aquella criatura era capaz de dar increíbles brincos, algo realmente fuera de la comprensión de Sejen, quien se veía ahora acosado por un mar de golpes, los cuales trataba de esquivar sin cesar.
De pronto llego su salvación, un árbol con las raíces altas, no importaba que pudiera esconderse, cualquier cosa era mejor que el arma del engendro. Dentro de aquel espacio tan reducido, Sejen se junto con su espalda al suelo tanto como pudo, tratando de estar fuera del alcance de la criatura, cuyo cuerpo no entraba a través de las raíces. Con dificultad y aprovechándose del suelo, el que ahora se le conoce como portador de espíritus alzo la lanza, tratando de amenazar a la criatura con ella, la cual trataba de arrancar las raíces para llegar hasta lo que había decidido que sería su presa. Ensangrentado, sucio y algo mareado, Sejen lanzo un ataque como pudo con su lanza, la cual se incrustó en el ojo de la criatura, la cual grito y se empezó a zarandear, sus alaridos fácilmente podrían escucharse a kilómetros, era horrendo. El extranjero miraba de reojo a través de las raíces, esperando visualizar como esa bestia se marchaba, pero cuando vio que esta se marchaba sus ojos empezaban a cerrarse. Apenas había dormido, la comida siempre es escasa en estos lugares, estaba herido, había perdido sangre y por si eso no fuera poco, estaba demasiado cansado como para evitarlo, con lo que se desmayó, pero antes de caer en la oscuridad, sus ojos atisbaron una luz dorada que venía hacia él. -¿Hanw…-

El muchacho empezó a parpadear, era molesto pues había luz, había calor. -¿Dónde…?- Dijo mientras se llevaba una mano a la cara. -¿Dónde estoy?- Se preguntó mientras trataba de incorporarse, sus ojos aun le hacían ver borroso, con lo que solo podía confiar en su olfato y oído, se podía escuchar el crujir de la madera al quemarse, también se podía oler un delicioso aroma, algo como una sopa. -Toma, te sentara bien.- Dijo una voz, de índole amable y buena, era dulce como el cantico de un ave, aunque las aves que había visto en este lugar, a Sejen no le parecían nada dulces desde luego. Tomo del cuenco que le ofrecieron, era algo de sabor amargo, prácticamente desagradable, pero al menos era bebida caliente, pero eso no evitaba que el extranjero pusiera cara de asco, pues lo que había olido desde luego no podía tener ese sabor, era como una medicina. -Gracias.- Dijo tras toser un poco. -No hay de que.- Cuando la observó, en un principio le recordó a la matriarca quien la había llevado a aquella mágica montaña, pero según su visión se fue volviendo normal, sus ojos se abrieron como platos. -Me alegra que estés mejor, cachorro.- Aquella voz amable y delicada, procedía ni más ni menos que de un oso. Sejen no sabía que decir, tan solo sentía un agradable sentimiento de nostalgia. -Tal vez no me recuerdes. Pero si te recuerdo, eres aquel muchacho que danzo sobre el pico de la montaña junto a nosotros.- Le era imposible incluso vocalizar algo, la mezcla entre su fascinación y su curiosidad por saber que hacia ella aquí, le impedían mantener una charla con aquel confirmado espíritu. -Vamos, acércate al fuego, estarás mejor.- Ni siquiera se cuestionó, asintió y se acerco hasta el lado de la osa, quien amable le ofreció para fumar de su pipa. Sejen acepto. -Gracias, otra vez.- Hablaba entrecortado, dando a entender que estaba muy nervioso, de hecho apenas podía dar una calada. Las manos le temblaban. -Tranquilo Sejen.- Aquella voz tan calmada, tan amable, hacia que Sejen casi se sintiera mal por estar a su lado. -Mi nombre es Sakehanska, te encontré herido en el pantano. Creo que te ataco una de esas criaturas. ¿Me equivoco?- El extranjero volvió a asentir con la cabeza. -Pero, gracias a tus cuidados, estoy bien y ya ni siquiera noto fiebre.- La osa sonrió asintiendo satisfecha.

-Escucha… no sé cómo agradecerte todo esto.- Comento el muchacho. -Ya te he dicho, que no es necesario. Aunque… hay algo que si te voy a recriminar.- Sejen la miró extrañado, cuando esta le aplico un golpe leve en la cabeza ‘’auch’’ dijo él. -Le hiciste mucho daño a esa criatura. Sé que solo tratabas de protegerte, por eso no te voy a sermonear.- El extranjero que, veía en ella una gran aura maternal ni siquiera, se atrevió a quejarse por el golpe. -Necesito tu ayuda, portador de espíritus.- El muchacho se extrañó mucho al oír esto, pues no esperaba tal cosa, pero prefirió escuchar atentamente. -Mi hermano Matoska, está en grave peligro. Ya no me escucha y creo, que un malvado chamán le haya corrompido. Sejen, tienes que ayudarle, yo no podré convencerle sin la ayuda de un conjurador.- Su voz estaba muy apenada, realmente necesitaba la ayuda del muchacho. -Yo, haré lo que pueda… al menos podre agradecerte tus cuidados de esta forma.- El forastero, ahora ya revitalizado, se puso en pie, tal vez Sakehanska fuera el espíritu que tenía que encontrar en este lugar, pero Sejen se vio incapaz de pedirle que le acompañara, porque de hacerlo ella encontraría muerte infligida por el propio portador. -No, muchacho. No debes marcharte aun. No has cumplido la tarea que te encomendó el lobo.- Sejen se detuvo al escucharla. -Jamás podría pedirte que vinieras conmigo. No quiero que termines odiándome…- Le respondió, bien es cierto que el muchacho sentía una verdadera pasión por la caza, suficiente para que alguien tan bueno y amable, como lo parecía ella terminara por odiarle. -Pero ayudare a tu hermano en cuanto lo vea.- Sus palabras casi parecían una promesa. -Aguarda ahí. Te guste o no jovencito, se trata de mi hermano. Iré contigo, al menos hasta que salvemos a Matoska.- Sus palabras, aunque rezumaban un extraño cariño, resultaron ser absolutas, ella dijo que así seria y de hecho así fue, poco pudo recriminarle el extranjero.
Curioso sin duda, pero este fue el primer encuentro y el ultimo que tendrían Sejen y la gran osa, ahora ambos viajan juntos y han hecho grandes lazos de amistad entre sí.



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Re: Los espíritus guías

Mensaje por Sejen el Sáb Mar 14, 2015 1:25 am

~El cuarto encuentro: Wanbli~

-¿A dónde me has traído esta vez, Hanwi?- Se preguntaba Sejen, quien alzaba la vista, sin atisbar el final de esta pared rocosa. Se encontraban frente a una montaña, cuyo pico no se veía desde aquí abajo. -Al encuentro del cuarto espíritu, el más anciano de todos mis hermanos. Wanbli.- Esta vez no tuvo reparo en decirle que buscaba, no como con Sakehanska, directamente se lo dijo. -Déjame adivinar, está allí arriba ¿verdad?- Dijo apenado el joven, mientras observaba la pared. -Asi es. Debes escalar hasta el saliente de la cueva, dentro hallaras tu destino.- Sin estar demasiado convencido el muchacho, se dispuso a empezar a trepar. -Sejen, debes dejar tus armas aquí. Allí dónde vas ahora, no las necesitas.- Su voz era serena y su orden absoluta. El portador de espíritus no dudo, simplemente las dejo en el suelo al pie de la pared. -Alguien podría robarlas ¿sabes?- Trato de sonar jocoso, pero Hanwi no le veía la gracia, de hecho no parecía contento. -Puedes hacerte nuevas armas.- Sejen suspiró y con cuidado, empezó a trepar la pared de la montaña. -Buena suerte muchacho.-
Esto era aterrador a la par que emocionante, el extranjero tenia inmensas ganas de conocer a Wanbli, pero le hecho de tener que escalar una montaña para encontrarlo, no era alentador sin duda, mil cosas podían ocurrirle, resbalar y caer, un viento demasiado fuerte, una tormenta. Muchos factores podrían alterar su ascenso, además el no saber donde exactamente se encontraba la cueva era todavía un inconveniente, quizás ni siquiera estuviera trepando por la parte correcta, podría estar en la cara oeste de la montaña, o en la parte norte, según se lo pensaba, Sejen llego a la conclusión de que esta era una muy mala idea, si bien sabia trepar hasta este momento, no se había enfrentado a una altura así, pero ahora trepar arboles de ocho o diez metros parecía un juego normal y corriente en comparación.

Estaba cansado, su cuerpo se sentía cada metro que subía mas pesado, su respiración era agitada y la simple impresión de poderse caer, hacia que Sejen pegara su cuerpo a la pared tanto como podía, tenía que encontrar cuanto antes un saliente, fuera como fuera debía encontrar un lugar donde reposar cuanto antes, pues no podía pasarse el día entero trepando, nadie podría hacerlo y el portador es consciente de ello.
Tras hora y media de escalada sin descanso, al final Sejen encontró lo más parecido a un saliente, era escueto pero al menos cabía sentado, tenía que descansar. Su respiración estaba agitada, le era casi imposible respirar por la nariz, el cansancio se ocupó de ello, sus brazos se sentían agarrotados y pesados, le dolían las manos, en las cuales podía sentir que las tenía llenas de arañazos pequeños, escocían y era molesto. -¿Cómo podré llegar allí arriba?- Se preguntaba decaído y cansado. Ni siquiera le parecía estar alto, en comparación al o que todavía le quedaba. -Ojala Hanwi pudiera ayudarme.- Pensó, pues empezaba a creer que no podría hacerlo solo y desde luego parecía una tarea titánica.

Descansado, empezó a trepar de nuevo por la montaña, con calma y asegurándose de colocar bien ambas manos y pies, valiéndose de las rocas que sobresalían de la pared, si aquí había un espíritu como le había dicho Hanwi, tenía que encontrarlo. Pero quizás pudiera ser un gran costo si se equivocaba en algo, tan simple como colocar bien un pie.
Sentía miedo y estaba confuso, la impresión del vacío debajo de él, el saber que al caer moriría, quizás esto solo formara parte de un plan del espíritu, tal vez una prueba de fuego, quien sabe, nadie podía adivinar los propósitos del lobo fantasmal. -No decaigas Sejen.- Aun sin estar presente, la voz de Hanwi la pudo escuchar como si estuviera a su lado. -No puedo hacerlo yo solo Hanwi. Es imposible.- Decía entrecortado por el cansancio y el esfuerzo. -Recuerda portador, tú nunca viajas solo.- Era algo difícil de creer, pues no puede ver a nadie a su alrededor, solo una oscura voz que le habla, como si todo estuviera en su mente. -Eso es fácil de decir.- Sin duda no se le notaba con ganas, hasta ahora, solo por conocer a los espíritus, le habían robado, magullado y una criatura horrible casi le da caza y en todas esas ocasiones lo había sufrido en solitario, con lo que era más difícil de creer que aquí había alguien. Sabiendo esto Hanwi se apareció junto a Sejen, puesto en pie como si sus patas pudieran adherirse a la superficie rocosa. -Mírame Sejen.- Ordeno seriamente, el muchacho tenía los ojos cerrados fuertemente, para evitar mirar el abismo que le separaba del suelo. Estaba con la mejilla pegada a la pared. -Confía en mí. Abre los ojos.- Repitió con seriedad Hanwi. Entonces el pálido extranjero, empezó a abrir los ojos lentamente. -Yo siempre estaré a tu lado. Nunca estarás solo, como nunca lo has estado hasta ahora.- Sejen vio tras Hanwi, como si los rostros de los espíritus que ahora le acompañan se apareciera tras el lobo. El nunca estaba solo, tal vez físicamente y a primera vista podía parecerlo, pero sus amigos, sus espíritus guía jamás lo abandonarían. -Sabes lo que tienes que hacer.- Sejen asintió y como si sus fuerzas fueran renovadas, comenzó a escalar de nuevo.

Tres fueron los días, tres días antes de encontrar lo que pensó que era aquella cueva que él había mencionado el lobo. -Es aquí… adelante.- Sejen trago saliva. Estaba cansado, su corazón palpitaba agitado ahora de emoción y temor por no saber que podía encontrarse dentro. ¿Cómo sería Wanbli? ¿Le estaría esperando allí dentro? Preguntas que debían ser resueltas, solo un camino frente a él, o bajar la montaña la cual había escalado, si ahora se volvía, todo el esfuerzo hubiera sido en vano.  
El pálido extranjero se agacho al ver un palo, posiblemente fuera su única defensa ahí dentro, pero Hanwi puso la pata encima, para evitar que tomara arma alguna. -No te será necesario portar armas, Sejen. Confía en mi.- El portador de espíritus hizo caso, dejo el palo y se adentro en la cueva, no sin antes mirar nuevamente al lobo fantasmal, quien asintió convencido y se desvaneció como el humo llevado por el viento.
La cueva era oscura como la noche, la luz apenas se adentraba más de diez metros en ella y pronto, el pálido extranjero se vio envuelto en las sombras. Sus ojos estaba abiertos totalmente, como dirían casi saliendo de sus orbitas, tratando inconscientemente de atrapar algo de luz que les permitiese ver, su mano derecha estaba siempre tocando pared, esto era peligroso, podría perderse, o tomar un camino que no era, pues la limitada visión que se le ofrecía en la oscuridad no daba lugar a mucho, era una sensación agobiante, no poder verte siquiera los pies mientras caminas, dependiendo únicamente del oído y el tacto.

De pronto Sejen resbaló, cayendo por una especie de tobogán hecho de rocas, pero eran lisas, suaves, la humedad las cubría y tenían una fina capa de musgo, eso y la ropa evitaron que el aventurero se hiciera arañazos y cortes en la espalda, algo que agradecería, lo que no pudo evitar es darse un buen golpe cuando esta rampa termino, al no controlar el descenso debido también a la impresión causada por el momento, se dio un fuerte golpe en el hombro izquierdo el cual se dislocó, no tanto como para haberse roto un hueso, pero lo suficiente como para saber que será doloroso.



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Re: Los espíritus guías

Mensaje por Sejen el Sáb Mar 14, 2015 1:27 am

Un estruendoso grito surgió de las fauces de Sejen, pues se tuvo que colocar de nuevo el hombro en su sitio, además de asegurarse que podía utilizar su brazo sin problemas, con la mano se iba palpando el hombro, aun dolorido. -¿Quién va?- Una voz altiva, como la de un noble hizo presencia en el lugar, todavía demasiado oscuro para que el joven pudiera saber de dónde venía exactamente. -¿Quién se atreve a perturbar de mi letargo?- Sejen miraba hacia los lados, incluso girando sobre sí mismo, pues esa misma voz ahora se podía escuchar por todo el lugar en eco. -No deseo molestarte, por favor. Muéstrate.- Dijo el portador de espíritus, quien caminaba mirando a los alrededores tratando de encontrar quien producía la voz. -¿Cómo se que cazador no sois, y la muerte me aguarda al veros?- Sejen no entendía por qué hablaba de esa forma, nadie le había hablado así excepto cuando en algún camino había parado a una caravana para pedir indicaciones. -No quiero cazarte. Ni siquiera voy armado.- De pronto una tenue luz apareció, era una luz muy débil como de una vela, suficiente para que Sejen pudiera ver algo, unos grandes ojos amarillos le observaban desde lo alto, solo por ver donde estaban esos ojos, el portador podría haber afirmado que se trataba de una criatura que superaba los seis metros de altura. El pavor hizo encoger su corazón. -No deseo hacerte ningún daño, debes creerme.- Aquella voz volvió a escucharse, con un sonido de pensamiento, ‘’hmm’ si es que existía palabra así. -No siento mentira en tus palabras, pero fiarme no debo, otros dijeron lo mismo y solo dolor hallé en sus palabras.- Sejen alzó las manos, tal vez la criatura podía verle, tal vez no pero si lo hacía, vería que sus intenciones no eran hacerle daño desde luego. -Una oportunidad tenéis de verme, desaprovecharla sería insensato muchacho.- Su voz altiva, pareciera que siempre rimara y que hablara como un filosofo.

La cueva empezó a iluminarse, el portador pudo ver de qué se trataba, la figura que se presentaba ante él era la de una gran águila, parecía que llevaba tanto tiempo aquí que se lo veía desgastado y tenía telarañas que estaban unidas desde la pared hasta su plumaje. -Y bien. Presentarte debes, mi paciencia no has de agotar.- Comento la anciana criatura, mientras acercaba su enorme cabeza hasta Sejen, posando su mirada en sus ojos. -Mi nombre es Sejen, sigo los caminos que el lobo Hanwi me indica.- Nuevamente aquel sonido, parecía que había despertado su curiosidad. -Se quién eres, para mí no es misterio, ni tu ni el lobo que tus pasos guía.- Su voz denotaba cierta arrogancia, pero el extranjero se guardaría muy mucho de ofenderle. -Entonces. ¿Sabes pues porque estoy aquí?- El ave se irguió y continuo. -Lo sé y no debes dudar de ello. Solo dime ¿dispuesto a mis condiciones te sientes?- Para el pálido muchacho era difícil comprender que estaba diciendo, pero no se iba a amedrentar ahora. -Si… supongo que si… o eso creo.- El águila giro la cabeza ladeándola hacia la derecha. -¿Supones o crees? Misma definición no tiene, seguridad dice una, desconocimiento la otra, elegir solo una puedes.- Esto empezaba a ser quizás molesto, pero con todo lo vivido, no era momento de discutir. -Creo que si.- Respondió seguro el humano. -Enfado siento pero, no noto tus ganas de herirme. Empecemos pues, deberás ser rápido, no tengo paciencia para enseñaros.- ¿De qué demonios hablaba? Se preguntaba el portador, aunque pronto lo descubriría. -Y bien, mi turno es, atento debes estar o puede que pierdas antes de comenzar. ¿Qué tiene raíces que no se ven? Más alto que un árbol es. Sube y sube más, pero sin embargo. No crece jamás.- El portador no entendía a que venía esta adivinanza, así de golpe y porrazo, pero ya le había advertido el águila que no tenia paciencia. -Una montaña.- El acertijo era bastante fácil, pero el desconcertado Sejen pregunto. -No lo entiendo ¿Por qué jugamos a las adivinanzas?- Su pregunta fue seria y algo contundente quizás, algo que al ave no pareció agradarle. -¿Ese es tu acertijo? Muy avispado no pareces, por favor formula tu acertijo o da como concluido tu parte en el juego y marcha.- Desde luego era algo incomprensible, pero Sejen le pidió calma y le pidió volver a reformular para decirle un acertijo.

-¿Y bien? Mi paciencia se empieza a agotar.- Sejen pidió que esperase un segundo. -Vale, a ver qué tal. ¿Cuándo una puerta, no es una puerta?- Era un acertijo simple y probablemente fácil, pero tenía que hacer su pregunta y el eligió este acertijo, que si bien no acertado, fue el primero que se le ocurrió. -Fácil, cuando esta entreabierta.- Su respuesta no se hizo esperar sin duda. -Mi turno pues, atento debes escuchar, así que pon atención. Un ojo en la cara azul, vio un ojo en la cara verde. ‘’Ese ojo es como este ojo’’ dijo el ojo primero, ‘’pero en lugares bajos y no en lugares altos’’- Esto era difícil, Sejen no era precisamente la persona más elocuente del mundo, y los juegos de acertijos nunca fueron su fuerte, realmente, estos juegos le gustaban a Jakum y por ello el portador sabia respuesta de algunos, como el formulado ahora. -Es el sol sobre las flores.- Respondió, pero el pájaro ladeo la cabeza. -Correcto, pero no has dicho que flores son…- Sejen se quedo parado con la boca abierta, estaba convencido de que su respuesta había sido correcta, hasta que recordó finalmente la respuesta completa. -¿Margaritas?- Aunque era más bien una pregunta, el águila la dio por válida, ahora era el turno del muchacho quien caminaba dando vueltas, tratando de pensar en un nuevo acertijo. -A ver este. Una caja sin llave, tapa o bisagras, pero dentro un tesoro dorado aguarda.- El águila no tardo en responder ni un segundo. -Son huevos.- Este último no le había hecho gracia y ahora el portador entendía porque, fue una mala elección desde luego. -Macabro tu acertijo ha sido, pero valido me temo. Aun así si es lo que quieres, macabros serán los que te diga.-

Sejen trato de quejarse, explicando que es un acertijo común entre las personas, pero el águila no quiso atenderle. -Silencio.- Comento el ave para después carraspear aclarándose la voz. -No puedes verla ni sentirla y ocupa todo hueco. No puedes olerla ni oírla. Está detrás de los astros y al pié de las colinas. Llega primero y se queda; Mala risas y acaba vidas.- El muchacho empezó a caminar dubitativo de nuevo, sin saber bien que responder, mientras el animal no le perdía de vista y cada vez que podía, le apresuraba para conseguir la respuesta. -Dame un momento por favor.- El joven chasqueaba los dedos, como si tuviera la respuesta en la punta de la lengua, pero al final respondió nuevamente sin estar seguro de la respuesta. -Puede ser… ¿La oscuridad?- El águila respondió confirmando su respuesta, dándola como correcta, ahora era nuevamente el turno del portador quien ya había pensado su siguiente acertijo. -Sin voz canta, sin alas vuela, sin dientes mastica y sin boca habla.- El animal murmuro, parecía pensativo, quizás Sejen había logrado un acertijo del que no conocía respuesta. Pero nuevamente falló. -El viento naturalmente.- Al joven muchacho empezaba a cansarle este juego, algo que el águila intuyó. -No te preocupes. Solo este y ya, si tu ganas contigo marcho si yo gano tu marchas y jamás regresas aquí.- El portador de espíritus asintió. -Bien. Devora todas las cosas. Aves, bestias, plantas y flores. Roe el hierro, muerde el hacer y pulveriza la peña compacta; Mata reyes, arruina ciudades y derriba altas montañas.- Como había dicho, ahora los acertijos eran tétricos sin duda, al menos los procedentes del espíritu. Sejen se llevo las manos a la cara, pues no sabía la respuesta, murmuraba y murmuraba posibles respuestas, pero si se equivocaba tendría que marcharse sin cumplir el cometido que Hanwi le había encomendado, frustrante sin duda. La respuesta empezó a hacerse esperar. -Vamos muchacho, mi paciencia no dura eternamente.- Espetó el anciano. Como si de una revelación se tratara, aunque no demasiado convencido el portador de espíritus respondió. -Es… el tiempo ¿verdad?- Enfadado el águila indicó que era correcto, no parecía gustarle perder, o estar en la cuerda floja. -Bien entonces, último acertijo, no debes impacientarme más.- Sejen pensó y pensó tan rápido como podía, se llevo la mano a la barbilla y empezó a acariciar su mentón, tratando de decir un acertijo que él no pudiera saber, entonces mirando bien al espíritu, de arriba abajo, se le ocurrió o bien una genialidad o bien una tontería como acertijo, un acertijo que le había hecho alguna vez su hermano Jakum. -Treinta caballos blancos, en una sierra colorada. Primero mordisquean, después machacan y después descansan.-

-¡Já! Que fácil.- Dijo el ave, quien parecía incluso que sonreía. -Es… es… em… es…- Sejen lo miro con extraño, hasta ahora le había sido fácil responder correctamente todos los acertijos del muchacho, pero este sin duda, era de los más fáciles, al menos para él, no obstante no parecía nada fácil para el águila. -¿Y bien?- El animal era ahora el que se paseaba dubitativo, sin saber que decir, media hora tuvo que esperar el joven hasta que el animal diese una respuesta. -Una manada de lobos.- Decia convencido, pero ni siquiera se acercaba a la respuesta, obviamente el muchacho la dio como incorrecta, venciendo así en el juego. Suspiró y se sentó en el suelo. -¿Y bien, entonces cual es pues la respuesta indicada?- Preguntó curioso el espíritu. -Los dientes.- Su respuesta denotaba cansancio desde luego, el animal rió por lo bajo ahora que conocía la respuesta de este, realmente era un acertijo muy fácil, la única razón por la que uso este acertijo, es porque las águilas no tienen dientes, solo por eso. Pero fue suficiente para derrotar a Wanbli en su juego de acertijos y así, como había prometido el espíritu acompañarle ahora en sus viajes.



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Re: Los espíritus guías

Mensaje por Sejen el Dom Mar 15, 2015 11:32 pm

~Quinto encuentro; Matoska, el gran oso polar~

Unos rápidos pasos se hunden en la nieve, se escuchan con prisa, apurados mas bien, como si de una carrera se tratara, una carrera para la supervivencia. Una esbelta figura de ropas oscuras resalta sobre la inmensidad nívea, tras ella una enorme figura úrsida, galope tendido tras lo que parece haber denominado como su presa. Si se viera desde otro punto de vista, uno lo interpretaría como que un hombre de casi dos metros, está siendo perseguido por un oso polar hambriento. Nada más lejos de la realidad.
El hombre, corrió hasta que encontró una pequeña cueva en el hielo, sin pensar se deslizo dentro, mientras el animal quedaba sin poder atrapar su presa. Ese hombre no era otro que Sejen, el portador de espíritus quien acababa de hacer una carrera por su vida. ¿Cómo había llegado hasta aquí? Todo se remonta a varios meses atrás.

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Una ciudad costera, de nombre impronunciable para el pálido extranjero, hasta aquí había tenido que venir, en busca de un barco que lo llevara hasta el norte, donde habitaba el próximo espíritu. -Debes tomar una embarcación, con ella debes ir al norte, donde los páramos son de fría nieve y el agua es hielo, allí deberás encontrar a Matoska, el gran oso polar, el último de tus espíritus guía antes de proseguir tu viaje.- Sejen ya había escuchado ese nombre, no le era desconocido. Sakehanska, la osa que lo cuido cuando lo hirieron en el pantano era la hermana directa de ese espíritu y había advertido al muchacho sobre lo que sospechaba le ocurrió, no sería un paseo, ni fácil, pero se sentía en deuda con ella y quería ayudarla. -Una vez llegue allí… ¿Cómo… cómo lo encontraré?- Le pregunto el muchacho al lobo. -Mucho me temo, que será él quien venga en tu busca. De un modo u otro.- El joven no entendió este último comentario, pero menos daba una piedra como solía decirse.
Vendió algunas figuras talladas en aquella ciudad, o pueblo costero, el no sabría discernir demasiado bien por el momento cuando un pueblo pasaba a ser ciudad y viceversa, pero si sabía que en estos lugares, lo que prima es el dinero y si no tienes dinero, pocos están dispuestos a ayudarte, este era un mundo prácticamente desconocido. Quizás si no se hubiera extraviado aquella noche, si sus verdaderos padres no le hubieran perdido, ahora podría ser como esta gente, dependientes de un objeto sin valor real, de algo hecho de metal a lo que le dan un valor basado en números y demás cosas, una estupidez sin duda, al menos para él, pero, no es él quien debe juzgar a los demás.

Ahora ya con algunas monedas en el bolsillo, el extranjero buscaba a alguien, a quien comprar su barco, o que le llevara hasta los glaciares, resulto que nadie le iba a vender su embarcación al extranjero, no con el poco dinero que tenia, pero sí que encontró a alguien dispuesto a llevarle, una mujer de larga cabellera dorada, vestida con pieles de animal. Los habitantes del lugar, la conocían como la salvaje, alguien extranjero de aspecto fiero. Esa definición no agradaba al muchacho, aunque no quiso pararse a discutir.
Tanto la ‘’salvaje’’ como Sejen llegaron a un acuerdo, ella le llevaría hasta los glaciares y le daría provisiones a cambio de todas las monedas que portaba. Aceptó el trato cabe decir, aunque pudiera ser una estafa, el no sabe ni quiere saber el precio de las cosas.
El viaje fue prácticamente un calvario, la mujer resultaba completamente autoritaria y mandona, de hecho cuidaba el mas el barco que su propia dueña, quien dedicaba su tiempo a beber y a incomodar al joven, ese fue el viaje de Sejen por mar, arto desagradable sin duda.
El frío indicaba la llegada a los glaciares, el muchacho se preguntaba si de verdad alguien viviría por allí, incluso se preguntaba si allí encontraría al gran oso, pero eran designios de los espíritus y debían ser cumplidos.

Al desembarcar en tierra, Sejen pregunto a la mujer donde estaba el asentamiento más cercano, ella le indico y el joven marchó.
Su encuentro con los humanos fue meramente casual, pues los encontró en la nieve vestidos de pieles de animales, dijeron ser esquimales. Sejen les pregunto acerca del gran oso y ellos le respondieron con leyendas y folclores, sobre una bestia que atacaba a quienes se aventuraban a entrar en sus dominios, de una especie de demonio blanco. Sejen no escuchó sus mitos y leyendas, ni quiso hacer caso de sus consejos de no adentrarse en los dominios de la bestia y partió al blanco abismo en busca de Matsoska.



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Re: Los espíritus guías

Mensaje por Sejen el Dom Mar 15, 2015 11:34 pm

Ahora en la cueva, oculto de la bestia que le perseguía, el muchacho aguardaba a que el oso que le daba caza desistiera en su intento de acabar con su vida. Pero había algo extraño en este oso, Sejen había cazado osos antes, pero ninguno se mostro nunca tan agresivo ni abierto a atacar a los humanos, por lo general o huían o eran curiosos, pero no eran violentos por naturaleza ¿Por qué este le atacaba? La pluma de ave en su oreja confirmaba que se trataba de Matoska, pero estaba colérico, enfurecido y con sed de sangre. Las palabras de Sakehanska no podían escapar de la memoria de Sejen, alguien manipulaba al oso, tras tanto tiempo aun recordaba la promesa que le hiciera en su día a la osa. -Hanwi necesitaré de tu ayuda en esto.- Se decía a si mismo agotado por la carrera, mientras el lobo hacia acto de presencia. -¿Cómo debo ayudarle? Lo desconozco completamente.- El lobo entrecerró los ojos, antes de responder. -Debes hacer memoria… recuerda ¿Qué te digo Sakehanska?- Le pregunto el lobo, quien sabia la respuesta por supuesto. -Que alguien lo manipulaba… lo recuerdo bien. Es solo… que no sé dónde buscar, todo aquí es igual que a cincuenta metros, nieve y mas nieve. Y el que intuyo que es Matoska, no parece dispuesto a ayudarme a encontrarlo desde luego.- Hanwi se sentó a su lado. -Debes encontrar la forma de pasar, sino tu camino se detendrá en este lugar.- Le respondió el lobo. -Quien sea que lo esté corrompiendo, no puede estar muy lejos.- El muchacho asintió, mientras empezaba a pensar como sortear al oso, para abrirse paso hasta el conjurador. El problema es que esto tenía que hacerlo solo, sin la ayuda de los demás espíritus, de seguro ninguno estaba dispuesto a luchar contra el oso, ni por voluntad propia ni por obligación, el era su hermano y su amigo.

El extranjero dejo de escuchar los gruñidos del oso, quien parecía haberse retirado por el momento. -En cuanto salgas de aquí el vendrá a por ti de nuevo.- El joven preparo el arco, mientras buscaba en su bolsa algo que le pudiera servir, cualquier cosa que pudiera distraer el oso por un momento, pero en su bolsa solo había comida y dudaba que un arenque distrajera al oso de su ataque. Entonces tuvo una idea, probablemente el oso estuviese sobre él, encima de la capa de hielo, con lo que empezó a sacar madera su yesca y el pedernal. -Que vas a hacer.- Un paso confirmo la sospecha del joven. -El está sobre nosotros, si consigo que el hielo ceda, caerá aquí dentro y tendré un momento para moverme, antes de que reanude su cacería.- Entonces y tan pronto como pudo hizo fuego, pegando este a la pared, procurando que cuando se empezara a derretir este no mojara la hoguera y la apagara. -No funcionara Sejen, el hielo es demasiado compacto, no conseguirás derretirlo.- Tal vez tuviera razón, pero había que intentarlo. Sejen desenfundo la espada que portaba, con ella empezó a golpear el hielo, una y otra y otra vez, pero lo hacía por un buen motivo, el calor y los golpes, seguro tendrían algún efecto sobre el agua congelada tarde o temprano. -Continua.- Le apremió el lobo, hasta que un crujido se escucho, seguido de otro y posteriormente otro. -Corre Sejen, corre.- Dijo el lobo mientras se desvanecía para que el muchacho, se moviera antes de que el lugar se viniera abajo. Así lo hizo. Tomó rápidamente sus cosas y salió de la cueva mientras esta empezaba a derrumbarse bajo las patas del animal, quien rugía encolerizado.  

No tenía tiempo para ver si había funcionado, tenía que empezar a moverse antes de que el animal se liberase de la trampa de hielo. Sejen empezó a correr arco y flecha en mano, alejándose del animal tanto como pudiera, pero mientras hacía esto, miraba alrededor, buscando algún indicio, buscando aquel chamán que había corrompido al oso obligándole a ser violento.
Se detuvo un momento, al ver como una sombra en la nieve, alguien se estaba moviendo además de el mismo. -Ya te vi.- Pensó mientras el oso, quien se había escapado ya galopaba hacia el portador de espíritus. La figura que vislumbro vestía de blanco y por eso era tan difícil hallarla en la nieve, pero sus movimientos para alejarse del peligro le delataron. Sejen tenso la cuerda apuntando al objetivo, olvidando completamente al oso que se le venía encima y entonces, disparó. La flecha surco el aire, produciendo un extraño silbido y afortunada impactó en el cuerpo que buscaba, justo en el pecho, derribándolo. En ese mismo momento el oso que estaba ya por atrapar al portador de espíritus destelló de luz. [colo=orange]-¿Qué me ha…?-[/color] Pregunto con una voz ronca, mientras miraba hacia el extranjero, el cual vio acompañado por el lobo Hanwi y no muy lejos de este, los demás espíritus que lo acompañaban. Sug’mahetu estaba a la izquierda, recostado sobre la pierna del portador, Tatanka a la derecha mirando hacia el frente. Wanbli posado en el hombro derecho, mirando directamente a Matoska. -Hermana…- Sakehanska apareció sentada frente a él. -Al fin… soy…- La osa lo abrazo con cuanto cariño pudiera darle y a la oreja le dijo, que era libre. -Gracias.- Le dijo el úrsido antes de desvanecerse, mientras el extranjero recobraba el aliento. -Has hecho bien portador… has hecho bien.-

No sería sino hasta antes de su marcha, cuando el oso se volvería a aparecer en frente del extranjero, con nuevo semblante y de apacible carácter. Le exigió llevarle como su protector hasta que saldara su deuda, Sejen le advirtió que tal tarea podría llevarle años de su vida y que nada le ataba a saldar esa deuda, que no quería que viniese por conveniencia con él, pero el oso, terco como su hermana partió en viaje con el extranjero, sin importar lo que este pudiera reprochar. Fue desde este entonces, que se le empezó a conocer como el portador de espíritus, un hombre guiado por las luces que en la montaña vio y que ahora le muestran su camino.



Hanwi
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Re: Los espíritus guías

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