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El camino del orco(Solitaria) (1)

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El camino del orco(Solitaria) (1)

Mensaje por Mivam el Mar Mar 17, 2015 6:15 pm

1. El barco de los orcos era más bien una construcción bastante rudimentaria. Parecía casi un milagro que todos hubieran llegado sanos y salvos de las islas misteriosas hasta las costas del continente. Sin duda, solamente aquello ya sería una importante hazaña que contar cuando regresara al poblado. Aquella playa parecía tranquila aunque el pasaje en nada se parecía a lo que Mivam estaba acostumbrado en su caliente isla. En aquel lugar la temperatura era bastante baja, pero el joven orco casi ni lo notaba.

Mivam y aquella expedición de unos 40 orcos habían viajado desde las islas misteriosas hasta las tierras de Thargund para adentrarse en las cordilleras de Daulin. Aquel largo viaje comenzó el mismo día en que un grupo de mensajeros orcos de un clan aliado llegaron a la isla. Estos estuvieron largo rato hablando con el jefe de guerra Ashat. Nadie sabía demasiado bien de lo que se había hablado, pero tras la conversación, el jefe de guerra, convoco al grupo para partir inmediatamente. Normalmente en la sociedad de los orcos los clanes estaban aislados los unos de los otros, solamente en contadas ocasiones el jefe de un clan mandaba a emisarios a parlamentar con otro líder. Aquello indicaba que la situación debía de ser desesperada, porque normalmente un clan tan poderoso y orgulloso como el de los lanzas negras no pediría ayuda. Los lanzas negras eran unos orcos un tanto especiales, por ellos corría la sangre de los orcos más antiguos. Se decía que eran más grandes y más resistentes que el resto. Sin duda eran un clan al que cabía ayudar. Mivam sentía respetó hacía ellos y estaba dispuesto a viajar en su ayuda.

Aquella era la primera vez que Mivam entraba en el continente. La excitación del orco se podía notar en su rostro. Desde pequeño, siempre había soñado en emprender grandes hazañas junto a sus compatriotas. Tantos días de entrenamiento en las islas desconocidas había logrado preparar al joven orco para las batallas que estaban a punto de suceder, aunque en la guerra no todo es preparación. Mivam también estaba muy interesado en la fauna del continente. A él siempre le habían gustado mucho los animales y siempre había querido una fiel mascota que le ayudara en la lucha. En su isla el mayor peligro después de ellos mismos eran los feroces huargos, aunque Mivam todavía no tenía la pericia para entrenar a alguno. Aunque llevaba la piel de un huargo albino en la espalda el hecho de amaestrar para el combate a una de esas bestias estaba a otro nivel todavía. Por el momento Mivam había podido "educar" a algunas aves autóctonas de su isla pero no había probado con animales de gran tamaño. Siempre se decía así mismo que en un futuro si el gran Dios del cielo se lo permitía, algún día, sería propietario de una gran jauría de huargos.

-Los cielos tienen buena cara hermano-Le dijo Mivam a Jahmer un orco de gran tamaño y muy musculoso. Jahmer era el típico orco sin nada fuera de lo común.  Mivam tenía una función muy importante en aquella incursión debido a que era el único que tenía conocimientos básicos de la magia y además la posibilidad de conjurar hechizos ígneos.

En el poblado de Mivam había varios orcos que hacían la función de chaman. Los orcos tenían fama de buenos hechiceros a la hora de convocar a los elementos, pero no se distinguían mucho por poder utilizar ningún otro tipo de magia, consideraban que las demás ramas de la magia estaban invadidas por los poderes oscuros. Quizas el vínculo que los orcos tenían con la naturaleza les hacía ser muy desconfiados a todo lo que fuera creado con métodos más artificiales o oscuros. Mivam había oído hablar acerca de hechiceros del continente que jugaban con poderes otorgados por los mismos seres putrefactos a los que adoraban. Estos hechiceros eran capaces de hacer retorcer ligamentos, convocar demonios y incluso jugar con la misma esencia de la vida. Eran artes totalmente repugnantes para un orco y nadie debería jugar con esos poderes profanos. Sin duda el mundo se estaba empezando a consumir debido a esas extrañas habilidades. Los ejércitos del mal ganaban cada vez más fuerza y Noreth parecía estar controlada por las tinieblas. ¿Cuanto tardaría el gran Dios en hacer algo al respecto? Mivam sabía que lo mejor que podía hacer por cambiar algo era orar, pero su naturaleza de orco le obligaba en innumerables ocasiones a tomar cartas en el asunto.

Jahmer miró a Mivam con el respeto que este se merecía- Tu siempre estar pendiente de eso- Por lo visto Jahmer no era un orco muy observador y en nada parecía importarle las opiniones de Mivam en respecto a la meteorología. Era solo uno de esos orcos que vivía para la guerra.

Mivam se sentía importante dentro del clan, eso le gustaba, le hacía sentirse valorado y más respetado. Por fortuna, había crecido con un buen físico y el gran Dios que en todas partes está, le había otorgado poderes mágicos. Para un orco ser fuerte y grande era muy importante, por ese mismo motivo los chamanes no solían ser líderes del clan. Porque dejaban un poco de lado el aspecto físico para centrarse en el terreno espiritual, pero en el caso de Mivam esto no había sido así, había centrado parte de su entrenamiento en el dominio de su poderosa hacha, con ella podía destrozar a sus enemigos con una fuerza increíble. En cuanto a fuerza se refería, el estaba en la media natural para su edad.


Última edición por Mivam el Jue Abr 23, 2015 6:48 pm, editado 9 veces
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Mensaje por Mivam el Vie Mar 20, 2015 11:56 pm

Tras dos días de camino, el jefe de la expedición llamado Edgur de constitución delgada y especialista en armas arrojadizas, decidió parar a descansar, puesto que llevaban dos días sin dormir. Rápidamente varios orcos comenzaron a talar leña, otros se adentraron en un bosque cercano para cazar. Mivam como era el hechicero del grupo tenía derecho a sentarse a esperar por lo que se sentó a charlar un rato con sus compañeros del clan.

La forma de organizarse de los orcos era bastante rudimentaria. Aunque todos hubieran nacido para la guerra dentro del campamento y del clan cada uno tenía una función predeterminada. Normalmente los que eran dados a utilizar el hacha se dedicaban a talar la leña para hacer el fuego. Los que se les daba mejor las labores de rastreo o de persecución se dedicaban a cazar a los animales salvajes. Normalmente los cazadores eran los orcos más experimentados y que ya tenían una reputación de buenos cazadores dentro del clan. El propio Mivam había intentado ser cazador, pero finalmente no fue seleccionado debido a su condición de hechicero. Los hechiceros así como los mejores guerreros y el jefe deben de dedicarse a permanecer en el centro del puesto esperando a que los demás traigan la leña y la comida. A Mivam ni tan si quiera se le pasaba por la cabeza el hecho de que el mismo podía hacer el fuego. La tradición de los leñadores era muy antigua y las tradiciones dentro de los orcos eran la ley. Tan solo sino hubiera otra manera de encender un fuego Mivam encendería el fuego personalmente. Al ser un grupo tan extenso los orcos se organizaban de esa manera, eran tradiciones que ninguno se pondría a discutir.

Mivam permanecía sentado en el campamento junto a los orcos más importantes del grupo. Edgur el líder de la expedición, era grande y musculoso, con una gran puntería y muy diestro a la hora de manejar las hachas arrojadizas. Por otro lado, Jahmer, un orco bastante tonto incluso para los mismos orcos, su utilidad radicaba en su gran fiereza a la hora de combatir y que tenía una gran fuerza. Nathar, un orco de aspecto débil comparado con los demás orcos, aunque tenía una inteligencia asombrosa y era como una especie de estratega dentro de aquel grupo. En cuanto al tono de piel todos los orcos que había en la tribu eran de color verde. Mivam era el único orco de la tribu que tenía un color marrón. Las antiguas leyendas de los orcos decían que los orcos de color marrón estaban destinados a grandes acciones. Sin embargo, algunos objetaban que el color se debía a un pacto con demonios. Mivam no sabía el porque había nacido diferente pero el detestaba a los demonios y no quería tener nada que ver con ellos. Como orco había declarado la guerra a los dioses maléficos del mundo y de ninguna manera estaría dispuesto a hacer un pacto con aquellos repugnantes seres, ni siquiera para conseguir más poder.

Edgur parecía pensativo-Este viaje ser estúpido!. Ni siquiera nos han dicho porque tenemos que ir hacía las cordilleras- dijo con voz potente.

Jahmer se lo quedo mirando con cara de pocos amigos- No debes criticar las ordenes del Jefe. Su palabra es ley-

Edgur le dedicó una sonrisa mostrando sus dientes podridos- ¿Ashat? Tú no deberías fingir que tenemos un jefe de guerra normal.Es un cobarde. El nos obligo al exilio, incluso a los más jóvenes del clan. En ese maldita isla no hay honores para nosotros- dijo Edgur con tono firme.

En ese momento Jahmer cogió su poderosa cimitarra hecha de huesos y la blandió hacía Edgur. Pero Edgur que debido a la provocación ya esperaba esta reacción se anticipo al movimiento avanzándose y bloqueando el arma con sus brazos antes de que cogiera velocidad. Seguidamente le dio un puñetazo en la cara a Jahmer. Jahmer cayó de bruces al suelo. Se levanto y al ver que su oponente no tenía arma decidió que sería una deshonra luchar él con la suya.

-Será un placer combatir contigo - Dijo con los ojos rojos de ira. Acto seguido cargó contra su compañero.

Pero Edgur no parecía amedrentado por el tamaño del orco. La cobardía en la sociedad orca no debía de existir y ellos no se dejaban llevar mucho por sus sentimientos una vez habían entrado en rabia cosa que les solía ocurrir cuando estaban en el campo de batalla. Haciendo honor al titulo de líder de la expedición Edgur, se enfrentaría a su oponente el cual lo superaba en peso y estatura. Fue tan fuerte el sonido del choque que la propia hierba de los alrededores se vio afectada. El sonido del golpe se pudo escuchar en la distancia y de seguro aquello atraería pronto a más espectadores. Los puñetazos eran tan fuertes que parecían capaces de romper sus armaduras y un golpe de Jahmer fue capaz de abollar la coraza de Edgur el cual se quedo sin respiración unos instantes

-Venid compañeros. Los jefes están luchando-Dijo uno de los orcos que había vuelto del bosque tras coger un venado enorme. Enseguida una gran cantidad de orcos se organizo por los alrededores pero dejando el suficiente espacio a los luchadores para que ofrecieran su espectáculo. No todos los días se veía a dos de los jefes en una disputa.

Para Mivam aquella pelea era igual d interesante que para los demás orcos. La sangre orca corría por sus venas por lo que se levantó decidido a observar aquel combate desde un poco más de distancia.

La pelea parecía ponerse interesante. El intercambio de golpes parecía ir a más. Edgur era más rápido  por cada dos golpes que el daba Jahmer solo alcanzaba a golpear una vez. Aunque cabía resaltar que los golpes del oso eran mucho más fuertes que los del jefe de la expedición. La pelea no parecía decantarse por ninguna de las dos partes y parecía que aquellos dos orcos iban a matarse el uno del otro.

-Dios. Estos idiotas. Ambos son muy importantes para esta misión. No puedo permitir que desperdicien sus vidas de esta manera.-Pensó Mivam.


Última edición por Mivam el Jue Abr 23, 2015 7:35 pm, editado 2 veces
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Mensaje por Mivam el Sáb Mar 21, 2015 2:42 pm

El hechicero pidió ayuda a sus dioses al tiempo que manipulaba los vientos de la magia y en ese momento fue caz de canalizar desde su mano derecha una pequeña llamarada de fuego. La llamarada fue dirigida hacía los dos orcos para intentar que cesaran en sus intentos de acabar el uno con el otro. Jahmer recibió la llamarada en uno de sus brazos por lo que profirió un fuerte chillido de rabia. Al darse la vuelta pudo ver como era Mivam el que le había atacado. Los ojos de Mivam estaban inyectados en sangre

-Nuestros enemigos se hacen cada vez más fuertes. Ahora debemos cumplir una misión. En nombre del clan debemos permanecer unidos. Ya habrá tiempo para arreglar viejas rencillas cuando acabemos esta misión. El Dios del mundo no quiere peleas entre hermanos cuando el equilibrio esta en peligro. Insensatos!-Proclamo Mivam de manera profética.

Las palabras de Mivam tenían mucho peso en los demás orcos. Se trataba del único chamán que había actualmente en el grupo y por todos era sabido que mantenía conversaciones con el gran Dios que todo lo mueve. Difícilmente alguno de aquellos orcos se atrevería a contradecirle.

Ambos orcos dejaron de luchar avergonzados. Sin duda las palabras de Mivam habían calado fuertemente en los dos orcos. El fuego había sido al parecer solo para llamar la atención de los allí presentes. Mivam sabía que aquello había servido para reforzar sus palabras y que gracias a ello había podido convencer a esos dos brutos. Edghur parecía haber salido más herido de la pelea. Sin duda enfrentarse a un orco tan colosal como Jahmer en una pelea cuerpo a cuerpo no era una idea muy buena, aunque por acciones temerarias como esa eran conocidos los orcos. A pesar de las circunstancias siempre eran capaces de luchar hasta el final.

Has luchado bien Edghur-Dijó el poderoso orco al tiempo que se limpiaba la sangre de la cara que la tenia completamente manchada debido a fuerte puñetazo que había recibido en la nariz.

Edghur se limito a mirarlo con furia y asentir con la cabeza. Un gesto que significaba respeto en la sociedad orca. Aunque sin duda Edghur se sentía mal porque sentía que habría perdido el combate de no ser por la intervención de Mivam

-Debo intentar que el grupo no pierda la calma-Pensó Mivam.

La raza orca necesitaba la guerra para vivir y el hecho de haber estado tanto tiempo sin una batalla que mereciera la pena había convertido al grupo en una banda de orcos muy inestables. Sin duda, aquellos orcos necesitaban algún reto pronto. Incluso Mivam que era un orco relativamente tranquilo estaba comenzando a impacientarse.

Aunque pareciera algo totalmente fuera de lo común el clan de Mivam estaba divido en dos partes. Por un lado, los guerreros más viejos y experimentados, que la mayoría favorecían al jefe de guerra Ashat y estuvieron de acuerdo en su día en que exiliarse del viejo continente era lo mejor que podían hacer. Habían perdido a muchos de los suyos en la guerra y creían que lo mejor que podían hacer era apartarse durante un tiempo para regresar con más fuerza al continente, pero parecía que el momento no iba a llegar jamás o que posiblemente ellos no querían que llegara nunca. Por otro lado, estaban los guerreros más jóvenes entre los cuales se contaba Mivam, pensaban que el momento había llegado, la sangre orca corría por sus venas y el ansia de batallas los corroía desde la punta de los pies hasta la cabeza. Aquella situación no tardaría en explotar pero por el momento deberían de cumplir aquella misión.

La realidad era que el clan había crecido mucho, cualquiera que hubiera sabido contar hubiera alcanzado el número de casi trescientos orcos. Al estar los orcos en las islas misteriosos muy pocos eran los que morían y aquello había hecho aumentar el tamaño del grupo en gran medida hasta rebasar ampliamente el tamaño habitual. La mayoría de orcos que había en el clan actualmente eran jóvenes. Aunque los guerreros más poderosos eran los veteranos había que mencionar que muchos de los jóvenes habían nacido con grandes habilidades de magia. Uno de ellos, era Mivam que era capaz de controlar las corrientes de magia en su vertiente ígnea. Desde pequeño, había sido adiestrado por el chaman de la tribu el gran Mighar el segundo al mando de la tribu. Mighar, era un chaman que controlaba la magia del aire. Las enseñanzas de este, habían logrado que Mivam se convirtiera en un orco con una inteligencia superior al resto. Había entrenado a Mivam para adquirir una gran capacidad de concentración y para que pudiera convocar a la magia con soltura. Mighar no estaba a favor del jefe de guerra Ashat pero nunca hablo mal de él delante de Mivam seguramente porque al ser el chaman de la tribu no quería causar problemas internos.

En ese momento Edgur el líder de la expedición decidió que el merecido descanso ya había llegado a su fin. La tropa de unos cuarenta orcos se levanto rápidamente y comenzaron a marcar el paso hacía la cordillera de Daulin

Tras varios días de camino la tropa llego a un valle en el cual parecía haber una especie de poblado humano.

- Humanos... Llego el momento de saquear hermanos.-Dijo Edgur. Aquella idea parecía encantarles a toda la tropa de orcos, estaban alegres ante la perspectiva de un derramamiento de sangre tan inminente.Mivam ya conocía las tribus de los humanos, se creían muy inteligentes y superiores aunque a la hora de luchar no eran muy diestros por lo que la mayoría se inventaba trucos y trampas que utilizaban con soltura.


Última edición por Mivam el Vie Abr 24, 2015 7:16 pm, editado 2 veces
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Mensaje por Mivam el Sáb Mar 21, 2015 8:15 pm

Mivam ya corría con el hacha en las manos. Era una enorme montaña de músculos que cargaba contra el poblado. Pocos cosas había en el mundo de Noreth más terribles que una carga orca. La realidad era que aquellos humanos no eran guerreros y no parecían preparados para resistir un envite orco de esa magnitud.

Mivam había oído hablar con anterioridad de los humanos. Eran la raza más común en noreth. Tenían fama de ser criaturas arrogantes que se creía la única raza capaz de imponer un orden en Noreth. Existia una gran rivalidad entre orcos y humanos, debido sobretodo al carácter agresivo de los pieles verdes y a que los humanos se creían la mejor raza de todas. Aquellos iban a ser los primeros humanos que caerían sobre el hacha de Mivam y el orco descendía sonriente por la ladera. Aquello iba a ser una gran experiencia para él. Sin duda el continente de Noreth era algo mucho más interesante que su isla. Se dio cuenta de que había sido una gran idea embarcarse en aquella empresa. ¿Qué sorpresa le depararía aquel poblado?

La villa estaba situada en el centro de la cuenca del valle. Al norte del poblado había una montaña bastante alta que parecía dar sombra al pueblo. El pueblo estaba formado por casas regulares. Parecían la típica construcción de los humanos a base de paja y piedras. A parte de las casas el poblado tenia una especie de templo de adoración, una plaza y una enorme casa que parecía una torre un poco a las afueras del poblado. Un pequeño riachuelo parecía abastecer de agua a sus habitantes.

Mientras los orcos descendían por el valle, los humanos hacían vida normal, desconocedores de lo que le venía encima. Los niños jugaban en la plaza del mercado con espadas y escudos de madera, Las madres en sus casas enseñaban a sus hijas a coser y a cuidar del hogar. Las tradiciones humanas siempre habían sido muy singulares, los hombres crecían más fuertes que sus congéneres femeninas, desde pequeños ya se les instruía en las artes del combate. Por otro lado, las niñas solo parecían servir para cuidar los hogares mientras los hombres luchaban o trabajaban. Muy pronto la idea de aquellos humanos de construir un poblado en las peligrosas cordilleras Daulin les iba a salir muy cara.

-Que es eso papa-Dijo un niño humano de unos 7 años de edad señalando hacía las alturas del valle.

El padre guio su vista por donde le señalaban su hijo. Un grupo de orcos parecía acercarse al poblado a gran velocidad. El hombre corrió rápidamente para tocar la campana de la aldea.

-Nos atacan los orcos! Corred a la fortaleza-Chillaba el hombre al mismo tiempo que tocaba la campana alertando al pueblo para que se prepararan.

Los orcos ya podían ver como los humanos del poblado se preparaban para recibirlos. Un grupo reducido de humanos estaba listo para soportar la envestida. Algunos corrían hacía dentro de sus casas cogiendo cuchillos de gran tamaño. Otros que parecían ser granjeros sacaron sus palas y rastrillos. Todo parecía indicar que no había ningún guerrero en el poblado. En cambió, algunos humanos ,sobretodo mujeres y niños están corriendo a esconderse detrás de una pequeña montaña. Lo que los orcos no sabían es que detrás de esta montaña había una fortaleza pequeña y en ella se encontraban guerreros curtidos en el combate que de seguro pondrían en problemas a los orcos.

Transcurría la mañana tranquila, la fortaleza estaba como de costumbre, cuando de repente varias mujeres cargando a sus hijos pequeños entraron en la fortificación chillando y pidiendo socorro. El capitán de la guardia thonomir se levanto de sus aposentos sobresaltado por el ruido y salió al balcón.-Que esta sucediendo?-Dijo alzando la voz por encima del llanto de las mujeres. En ese momento callaron todas hasta que la más decidida hablo-Señor una banda de orcos esta descendiendo por el valle se disponen a atacar el poblado. Por favor se lo ruego ayudadnos!-Grito la mujer sobresaltada sabiendo que su marido estaba en el poblado dispuesto a defender el poblado de esa banda de asquerosos orcos.

Las gentes del poblado entraban a gran cantidad en la fortaleza. Ahora ya no eran solamente mujeres con sus hijos recién nacidos. También había jóvenes, niñas de temprana edad y incluso algún hombre cobarde o lo suficientemente sensato como para no quedarse en el poblado a combatir a los orcos.

Thonomir era un hombre fuerte y astuto por ello sabía lo que hacer-Rápido muchachos coged las armas nos espera una batalla en el poblado. El capitán era consciente de que la perdida de esos aldeanos haría que los que habitaban en la fortaleza tuvieran que sudar un poco más para sobrevivir en aquellas tierras tan alejadas de la civilización. Tras unos minutos el capitán ligo su espada a su cinto y cogió sus armas de fuego. El capitán había peleado anteriormente contra los orcos en su juventud. Sabía lo poderosas que podían ser estas criaturas pero sus hombres eran fuertes,  estaban adiestrados para aquello y más. Unos cincuenta humanos bien armados para el combate salieron a paso ligero hacía el poblado. El capitán era el primero de ellos.


Última edición por Mivam el Sáb Abr 25, 2015 5:20 pm, editado 3 veces
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Mensaje por Mivam el Sáb Mar 21, 2015 8:22 pm

Cuando los orcos entraron al poblado la locura los empezó a poseer. En todas partes podían verse escenas de enorme violencia. Un orco partiendo casi en dos con un hacha a una mujer humana que había decidido quedarse con su marido, un hombre acuchillaba en la espalda a un orco que se daba la vuelta y observando al humano con el rostro alegre lo traspasaba con su cimitarra-Estúpida pulga! Soy un guerrero!!!- Decía el orco mientras continuaba riendo alegre de haber entrado en batalla.

En ese momento un grupo de tres hombres se acercaban corriendo a Mivam con rastrillos. El orco decidió divertirse un rato. Convoco los vientos de la magia y una ráfaga de fuego se creo enfrente suyo. Los humanos tuvieron que retroceder con quemaduras y al parecer el polvo se les metió en los ojos. Aprovechando el momento de distracción Mivam hizó su particular matanza con aquellos tres granjeros.

Aquellos humanos no estaban preparados para el combate y mucho menos para enfrentarse a los poderosos orcos. Fueron cayendo fácilmente ante la agresividad y la crueldad de los orcos.

Cuando los orcos terminaron de masacrar a los endebles humanos, se escucho una trompeta a lo lejos. Parecía un sonido típico de guerra de los humanos por lo que muchos de los orcos se interesaron enseguida. En ese momento, aparecieron un grupo de humanos y algunos enanos ataviados con armaduras,espadas, mazas y hachas. El primero de todos era un hombre con una corpulencia increíble. No parecía humano. -De seguro que han salido de esa montaña de ahí detrás por eso no los hemos visto desde la altura del valle. Debían de tener especie de campamento por allí detrás-Pensó Mivam emocionado por la pelea que estaba a punto de suceder.

-Malditos orcos. Habéis masacrado mi poblado! Pagareis por vuestra insolencia! A Prenderles- Dijo con una voz que denotaba odio en cada palabra. En ese momento el grupo de humanos y enanos que era algo mayor que el de los orcos comenzó a cargar directamente hacía los orcos.

El jefe de la expedición Edgur agarro sus hachas arrojadizas.-Hermanos! Parece que estos cerdos humanos van a plantar algo de batalla finalmente. A por ellos !!!- Grito al mismo tiempo que comenzaba a cargar contra el numeroso grupo de humanos enanos que había convocado aquel capitán. En el momento todos los orcos les siguieron con sus armas en la mano.

En aquel momento la mayoría de orcos habían entrado en el trance de la batalla, un estado hipnótico para ello en el cual no existía nada más que la guerra, destrozar al enemigo era su única diversión.

La batalla se iba a llevar a cabo en la plaza del poblado y ambas cargas se veían mu poderosas. Por un lado los humanos que corrían en disciplina y por el otro los orcos que no tenían ningún tipo de organización reconocible por el momento. Mivam era uno de los pocos orcos que aún no había entrado en aquel trance de guerra, siempre había sido un orco relativamente tranquilo y lo estaba demostrando, otros de sus camaradas se habían convertido en auténticos bersekers en aquel momento.

Los primeros choques a estaban teniendo lugar. Uno de los orcos se abría paso entre las filas de hombres a empujones e intentando rebanar alguna cabeza por su camino, los hombres conseguían apuñalarle en los costados pero haría falta más que eso antes de tirarlo al suelo. Otro de los orcos le mordía la cabeza a uno de los humanos ,sin darse cuenta de que un hombre estaba apunto de darle un martillazo en la desde atrás. Por otra parte,Mivam había seguido la carga un poco desde atrás debido a que no había sido de los primeros en cargar. En aquel momento, el joven orco se encontraba luchando contra un humano bastante corpulento aunque ni por asombro tanto como él.

Aquel hombre tenia un mandoble que agitaba con soltura. Cada golpe de su arma era detenido por el hacha de Mivam aunque la destreza del espadachín no le dejaba tiempo al joven orco para contratacar-Te pisotearé-Indico Mivam al humano. El humano parecía cómodo durante la pelea. Mivam decidió sorprender la humano propinándole un puñetazo en la cara justo después de parar uno de los golpes del mandoble. El casco del guerrero salió volando fuertemente.-Al fin veo tu rostro cobarde! Hoy me comeré lo que quede de él-Dijo el orco haciendo honor al extenso vocabulario de los orcos. La pelea empezaba a ponerse más reñida. El humano apenas conseguía rozar la armadura de Mivam y la fuerza del orco estaba empezando a imponerse a la técnica del humano. Finalmente Mivam pudo empezar a contraatacar con su gran hacha y en un hachazo en horizontal de derecha a izquierda logro sobrepasar las defensas del humano. La armadura del humano se desmonto por la fuerza del golpe y el hombre cayó al suelo adolorido y confundido. Aquel era el momento para acabarlo. Mivam alzó su hacha para posteriormente dar un hachazo en vertical segando la vida del hombre.-hahahahahaa! Quiero más -dijo el orco.


Última edición por Mivam el Sáb Abr 25, 2015 5:27 pm, editado 2 veces
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Mensaje por Mivam el Dom Mar 22, 2015 7:04 am

La batalla no parecía decantarse hacía ninguno de los dos bandos, los orcos era más agresivos, pero eso los hacía descuidados en defensa y los humanos tenían muy clara esta debilidad. Justo a la derecha de Mivam un grupo de dos humanos conseguía tumbar a un gran orco llamado Uthal, que intentaba quitarse al grupo de encima hasta que uno de ellos le clavo una espada en la cabeza. Los enanos estaban causando mayores estragos que los humanos en los orcos. Mivam había oído hablar acerca de la fortaleza de aquellos pequeños seres, aunque su tamaño fuera muy inferior al de los orcos tenían una fuerza y una resistencia portentosa, eran muy musculosos y lo que no tenían en altura lo tenían de ancho. Al lado de Mivam un enano se encontraba luchando contra dos pieles verdes a la par. Era capaz de blandir una enorme maza a una velocidad increíble. Mivam decidió ayudarles puesto que no tenía demasiado claro que aquellos dos orcos juntos fueran capaces de acabar con ese portentoso enano. Mivam apareció por uno de los costados del enano blandiendo su hacha para darle un fuerte corte en horizontal capaz de cortarlo por la mitad. El enano pudo predecir el impacto y rodó hacía su derecha y con precisión golpeo la pierna de un orco. Un fuerte chasquido denotó que el golpe había logrado partir algún hueso del orco. Aquello había sido todo una hazaña, no solo había conseguido esquivar el ataque de Mivam sino que también había logrado herir a uno de los orcos. El enano sonreía maliciosamente, consciente de que lo que acababa de hacer.

-¿Os vais a quedar ahí mirándome o queréis morir?- Dijo el enano desafiante.

La proposición fue suficiente para que Mivam y el otro orco comenzaran el ataque. El orco lanzó un chillido de rabia al tiempo que le lanzaba una hacha arrojadiza. Mivam, blandio su hacha para realizar un corte horizontal hacía el enano. El hacha fue desviada por la maza del enano pero el golpe de Mivam impacto en uno de los brazos del enano. Parecía que su enemigo estaba acabado, pero justo cuando Mivam estaba a punto de acabar con él, un repentino punzón hirió la espalda del joven orco. Al darse la vuelta pudo ver que se notaba de un humano que le había acuchillado en la espalda.

-arhhhhhh- Clamó Mivam del dolor. Los ojos de Mivam se llenaron de la antigua rabia de los orcos , golpeo al humano con el pomo de su hacha haciendo que sus dientes salieran despedidos de su boca. Posteriormente, ejecuto un corte fino para cortar una de las piernas del humano. El hombre parecía no aceptar la realidad, su pierna cercenada le provocaba una visión espantosa y parecía entrar en un ataque de pánico. En ese momento, el enano herido había acabado con el otro orco. Ahora ambos estaban lastimados, pero Mivam sabía que el contaba con algo que el enano desconocía. Utilizando unas palabras en su mente y convocando los poderosos vientos de la magia Mivam fue capaz de canalizar una llama a través de su mano derecha para posteriormente quemar a su enemigo en la cara. El pelo del enano comenzó a arder. Al principio, no se daba cuenta de su situación y atacó a Mivam con su maza, pero tras varios segundos de intercambio de golpes el enano cayo al suelo con la cabeza ardiendo.

Mivam pudo ver al que parecía ser el jefe de los humanos luchando contra Edgur. Edgur había sido herido varias veces en el costado y no estaba en sus mejores momentos, sangraba por todas partes mientras que su rival parecía estar ileso.Mivam ya había visto ese tipo de situaciones con anterioridad por lo que decidió que tenía que hacer algo para evitar la muerte del líder de la expedición.


Thonomir se sentía poderoso, estaba luchando contra el que parecía el jefe de aquellos orcos y lo estaba ridiculizando. Aquellas compras que había hecho últimamente estaban resultando un éxito. Al principio no había creído aquello de que unos simples objetos pudieran otorgarle poderes,pero por lo visto, aquello funcionaba.-Sin duda debo adquirir más anillos de Elvin-pensó contento Thonomir. El capitán saco uno de sus mosquetes y apuntó a la cabeza del orco directamente que ya parecía preparado para aceptar su destino. Los ojos del orco estaban inyectados en sangre y la bestia de su interior no parecía sentir ningún miedo a lo que estaba apunto de suceder.

Justo en el momento en el que el capitán thonomir estaba apunto de apretar el gatillo un fuerte calor le abraso el brazo por lo que tuvo que soltar el arma con rapidez. Mivam había conjurado los vientos de la magia creando una pequeña llamarada que había quemado el brazo del humano casándole fuertes quemaduras.-Hoy tu vas a morir aquí-Le dijo Mivam con convicción. En ese momento, Edgur agarró una de sus hachas arrojadizas y se la lanzó directamente a la cabeza del humano. El hacha impacto con tremenda fuerza el la nuca del humano incrustándose y destrozándolo todo a su paso. Los últimos pensamientos del humano fueron-Malditos orcos!-.


Última edición por Mivam el Sáb Abr 25, 2015 5:50 pm, editado 2 veces
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Mensaje por Mivam el Dom Mar 22, 2015 4:41 pm

El resto de humanos que quedaban no se detuvieron ante la muerte de su líder, sabían que ante un grupo de rabiosos orcos la rendición no era una opción. Poco a poco, todos los hombres fueron muriendo y los orcos ganaron la batalla.

Los pieles verde habían perdido aproximadamente a la mitad de sus fuerzas, por lo que la batalla no había sentado muy bien a la incursión. Aunque los orcos no lloraban a sus muertos porque para ellos habían muerto en combate y eso era un gran honor. Sin duda, parecía que para ellos la misión se complicaba y seguramente hubiera sido mejor para la causa no entrar en una batalla como aquella.

Mivam había quedado exausto, nunca antes había utilizado la magia tan seguido y aquello le había pasado factura, su cuerpo no estaba preparado para canalizar tanta magia en tan poco tiempo y no sería prudente volver a utilizar la magia en un tiempo.

En ese momento Mivam y uno de los orcos llamado Natha entraron a lo que parecía una enorme mansión que se encontraba un poco alejada del resto de las casas. Aquel lugar estaba decorado con gran multitud de cuadros. Al parecer, aquella era la casa en donde vivía el capitán de los humanos porque aparecía retratado en la mayoría de cuadros. Cuando Mivam entro en una de las habitaciones se sorprendió al ver que estaba llena de armas y de cajas que parecían esconder muchos kulls. Había encontrado una pequeña fortuna que de seguro serviría como presente para el clan de las lanzas oscuras a la hora de entrar en las cordilleras de Daulin. Mivam sonrió sabia que tenia derecho a quedarse con algo de lo que por allí había. Mivam, pudo ver una especie de hoja enrollada. Le llamo la atención el color púrpura del manuscrito. Entonces lo desenrollo, estaba escrito en idioma común.

El manuscrito decía-  Mi querido Thonomir agradezco que apoyes mi causa con tan abundantes donaciones. Por ello te envió otra de mis nuevas creaciones, creo será de tu agrado. Este anillo es capaz de augmentar la agilidad de su portador y esta fabricado con acero de nuestras herrerías enanas.- Aquellas palabras comenzaron a resonar en la mente de Mivam de una manera agresiva. Era como si algo le estuviera hablando a la mente y no le dejara pensar con claridad. Mivam decidió quedarse con aquel anillo.

En ese momento Nathar entro en él cuarto- Gloria a Dios. Que gran cantidad de armas. Me quedaré con esta enorme maza-Dijo al tiempo que cogía una poderosa maza de un tamaño descomunal para haber pertenecido a cualquier humano. La verdad era que aunque Nathar no fuera un orco de gran tamaño, estaba obsesionado con enmascarar estp portando armas que normalmente llevarían orcos más poderosos. A Mivam le causaba gracía esu hermano Natha.

Quiza esa arma ser muy grande para ti. Yo no necesito nada de estos sucios humanos- mentí mientras me guardaba el pergamino y el anillo en un bolsillo de su cinturón.

Las aventuras de Mivam no hacían más que comenzar. Lo próximo sería llegar a las cordilleras Daulin para hablar con los lanzas negras y con su poderoso jefe de guerra. Los lanzas negras no tenían mucha fama de hospitalarios ojala el botín conseguido en el pueblo de los humanos sirviera para contentarlos después de todo habían sido ellos los que les estaban haciendo venir desde las islas misteriosa.

-Ese humano era mucho más fuerte que los demás. ¿ que habrá hecho para llegar a tener esa fuerza? Parecía que mis golpes no le afectaban.-Le dijo Edgur preocupado. Sin duda aquel enfrentamiento había hecho efecto en él, jamás habría esperado que un humano le ofreciera tanta resistencia.

Mivam sabía perfectamente que era lo que había hecho que ese humano hubiera adquirido esa fuerza. De seguro que había utilizado alguna extraña arte para ello. Quien sabe cuantos anillos llevaba el hombre encima. De haberlo sabido antes Mivam se hubiera hecho con el cuerpo antes de que los orcos lo destrozaran y se lo comieran.

-Debo darte las gracias hermano. Un honor combatir a tu lado-Dijo el orgulloso orco al tiempo que se golpeaba el pecho.  El hecho de que un orco como Edgur estuviera mostrará agradecimiento hacía Mivam significaba mucho. Era como establecer un vinculo de honor entre los dos. Una tradición milenario. Aquello significaba que los dos orcos tendrían un lazo aún más fuerte que el de pertenecer al mismo clan.

-Acepto tu agradecimiento hermano. Y te doy las gracias a ti también por haber luchado con esa fuerza. ¡El Dios nos proteje!-Proclamo Mivam en un estruendo de sus cuerdas vocales y al mismo tiempo que levantaba los brazos al cielo en señal de agradecimiento al gran Dios que movía las cosas.

Mivam podía observar en el aspecto de Edgur que no había salido muy bien de aquel combate. Para empezar uno de sus enormes  poderosos colmillos estaba dañado. Los dientes de los orcos crecen con rapidez pero de la manera en que se le había partido de seguro que por lo menos tardaría unos meses.

Mientras Mivam caminaba se dio cuenta de que se sentía bien. Como si la magia fluyera a través de él. De hecho desde el momento en que se puso el anillo el ungüento se había sentido poderoso y reconfortado. Tenía la sensación de que ahora era más liviano que antes.

Tras otro día más de camino el grupo decidió que ya era hora de descansar. Enseguida cada miembro de la expedición fue a hacer su función. Todavía eran suficientes como para que Mivam no tuviera que participara a la hora de apoyar a sus camaradas en la caza o en la tala de arboles. Tras una hora de espera dos de sus hermanos volvían con la caza del día a la espalda. Cuatro cerdos enormes que de seguro sería un buen tentempié para los veinte orcos que quedaban.

El grupo de orcos comió muy bien aquel día. Eran unas energías que necesitarían para los transcursos venideros.


Última edición por Mivam el Sáb Abr 25, 2015 6:02 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Mivam el Lun Mar 23, 2015 6:06 pm

Tras varios días de camino el grupo de orcos caminaba con soltura por las cordilleras Daulin. Ya habían dejado atrás la gran ciudad de los enanos de Bund´Felak. Mivam no había visto jamás unas construcciones tan avanzadas y aquella obra le parecía que había sido creada por alguna especie de genio. Sin duda, la fama de los enanos de grandes diseñadores existía por alguna razón. A su paso por las cordilleras también habían tenido que cruzar grandes montañas nevadas de un tamaño inmenso. Aquel paisaje era realmente hermoso. Mivam estaba emocionado, era increíble la cantidad de cosas que había por explorar en el continente, su isla se le quedaba cada vez más pequeña.

Finalmente el grupo de orcos consiguió llegar a el poblado de los lanzas negras sin problema alguno. Se trataba del típico poblado orco. Una enorme empaladiza de grandes estacas de madera era lo que protegía las casas de los orcos. Se trataba de enormes arboles enterrados en una fosa que ofrecían una imagen defensiva muy buena. Uno de los centinelas de la base parecía que se sorprendía al ver el grupo de orcos llegar. Dentro del poblado había una enorme plaza que los orcos utilizaban para entrenar sus habilidades en combate. Una gran variedad de orcos estaban entrenando en aquellos momentos, afilando sus habilidades para el combate para ser cada vez más letales.

Tal'tuk el centinela orco se encontraba como de costumbre vigilando en una de las torres orcas cuando de repente pudo ver a un grupo de orcos. Unos veinte individuos. Se estaban acercando a la ciudadela. Debían de ser la ayuda que el gran jefe de guerra había solicitado. Tal'tuk corrió rápidamente a informar al jefe.

El jefe de guerra era un portento de orco. Seguramente fuera uno de los orcos más grandes  fuertes que había en ese momento sobre Noreth. Su nombre era Urgoth, cazador de sierpes. Le fue otorgado el titulo debido al gran numero de sierpes gigantes con las que ha acabado. Sus dientes eran tan grandes,  tan afilados que parecían la cornamenta de un toro. Sus brazos eran igual de anchos que muchos orcos. Y su tamaño llegaba con facilidad a los 4 metros. En su mano derecha portaba un arma rúnica de gran valor, la legendaria hacha del tormento. Por el, corría la misteriosa sangre orca de los Undarak - Tak. Cuentan las leyendas que esta estirpe era la más poderosa entre los orcos. Eran más grandes y más resistentes que un orco normal, sus pieles eran de color rojizo y pasaban todo el día preparándose para la guerra. Además eran capaces de adaptar-se a casi cualquier situación así como utilizar armamentos poco convencionales.

A su lado se encontraba el líder espiritual de la tribu. Se trataba de Thrall canción de viento. Como todos los Undarak - Tak sobrepasaba los 3 metros con facilidad y su cuerpo era más musculoso incluso que un orco corriente aunque comparado al gran Urgoth parecía un simple gatito. Era en sus ojos donde se podía comprobar su autentico peligro. Dos grandes esferas de fuego puro le centelleaban en las órbitas, dos grandes ojos capaces de visualizar más allá de la propia vista. Sus poderes eran conocidos por todos los orcos. Se decía que era capaz de convocar tornados capaces de borrar ciudades enteras en cuestión de minutos. Pocos habían sido los que se habían enfrentado a él  habían vivido el suficiente tiempo como para contarlo.

-Mi señor Urgoth, cazador de sierpes. Parece que ha llegado la ayuda de las islas misteriosas. Deben de haber sufrido algún tipo de percance porque solo parece haber unos veinte guerreros entre ellos.¿ Les abro la puerta?-Dijo con reverencia el centinela.

-Muy bien guerrero. Ya iba siendo hora que el clan de las islas desconocidas ayudara a sus hermanos de la cordillera de Daulin. Mucho tiempo han estado apartados de la acción del continente. Finalmente podrán demostrar de que pasta están hechos.-Dijo el poderoso orco mientras se acicalaba las trenzas de la cabeza.

-Ábreles la puerta. Nos serán de gran ayuda-Dijo el vidente Thrall.


Mientras tanto el grupo de Mivam esperaba a las afueras del poblado. Habían pasado un buen rato chillando para que les abrieran la puerta de una vez. Mivam empezaba a impacientare. De repente las puertas del poblado se abrieron. Un gran numero de orcos armados hasta los dientes los recibió. Uno de ellos se adelanto a los demás  y les indicó que debían pasar para conversar con el gran Jefe Urgoth. Mivam ya había oído hablar del jefe Urgoth las noticias de sus grandes peleas y conquistas estaban repletas de aventuras impresionantes. Aquellos orcos eran todos del color de Mivam pero parecían ser todos de un tamaño muy superior a la media. Jahmer parecía pequeño al lado de ellos. Sus armaduras estaban repletas de extrañas inscripciones y se podía ver en ellas el gran número de batallas que habían tenido que resistir.

Al llegar al salón del gran Urgoth el grupo pudo comprobar el colosal tamaño del orco. La mayoría se quedaron sorprendidos.

-Bienvenidos! Estoy muy contento de que hayáis venido con tanta celeridad. Para mi es un honor poder recibiros en esta mi casa. Primero comeremos tranquilamente debéis de estar agotados .Luego ya habrá tiempo de hablar sobre nuestros problemas- Al gran orco Urgoth le gustaba que le escucharan. No dio al grupo la oportunidad de presentarse y enseguida salieron de las puertas muchas mujeres orcas que portaban grandes platos de comida, cerdos, corderos y aves. Algunos de ellos se encontraban en descomposición tal y como le gustaban a Mivam.


Última edición por Mivam el Lun Abr 27, 2015 12:48 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Mivam el Mar Mar 24, 2015 6:50 pm

Mivam agarro una de esas enormes patas de cerdo que sus anfitriones habían dejado sobre la mesa, era una comida deliciosa, había sido aderezada correctamente y luego lo habían dejado pudrirse el tiempo suficiente para que le salieran unos jugosos gusanos de un sabor picante. Aquella cena estaba bastante bien. Para beber habían traído un lico de un sabor dulzón capaz de emborrachar incluso a un orco del tamaño de Urgoth. Los demás orcos, parecían estar disfrutando de aquel momento de descanso. Los orcos devoraban la comida con ansia. Aquello era lo mejor que habían comido desde hace tiempo.

Los platos rápidamente acabaron completamente vacíos. De lo que habían sido grandes cantidades de cordero, cerdo y demás delicias ahora ya no quedaban ni migajas. Tras un fuerte eructo que señalaba el final de la comida, Urgoth comenzó a explicar la situación del poblado. Al parecer aquellos parajes se estaban poniendo cada vez más peligrosos. Una especie de alimañas con forma de serpiente pero armados como humanos estaban atacando el poblado desde hace más de un mes. Al principio comenzaron atacando a los orcos que estaban de caza. Poco ha poco fueron cogiendo confianza hasta el punto de realizar ataques rápidos y coordinados al poblado para acto seguido desaparecer. Aquellas criaturas parecían estar controladas por una inteligencia superior a la corriente. Al parecer aquello había empezado desde la llegada de una gran serpiente voladora llamada Skarner, la venenosa. Skarner era uno de aquellos males antiguos que azotaban Noreth . La serpiente alada había aparecido para vengarse de Urgoth el cual siempre había tenido fama de torturador de aquella antigua estirpe de serpientes.

-Yo ser consciente de como actúan este tipo de criaturas. Si el gran Urgoth sale del poblado para ir a la montaña maldita a darle caza a ese monstruo aparecerá en el poblado con todas sus fuerzas.Los de su raza, planifican las cosas con detenimiento. Pero jefe Urgoth ser muy listo y por eso pedir ayuda a vosotros. Grandes aliados de nuestro antiguo líder. Con ayuda de dos de mis mejores orcos miqu’el y radi’lla .Ser grandes exploradores además de grandes guerreros. Me han seguido en multitud de batallas. Deberéis viajar hasta la montaña maldita y traerme la cabeza de la gran serpiente. Solo de esa manera cesarán los ataques de los hombres lagarto.-Dijo el poderoso jefe de guerra

Aquella historia les resultaba atractiva a los visitantes, por su rostro se podía notar que todos estaban deseosos de poner a prueba sus habilidades que por tanto tiempo habían estado ensombrecidas debido a la enorme paz que se respiraba en su isla. Mivam pensó que sus hechizos ígneos les irían muy bien a la hora de acabar con esa gran serpiente aunque de sobras sabia que no serían suficientes. Necesitaría la ayuda de todos sus hombres. Morir peleando con una gran serpiente era un  buen destino para el grupo de orcos. Pase lo que pase sería héroes.

Entonces Urgoth les explico que deberían partir por la mañana en busca de la colosal serpiente. A su salida se les entregaría a cada uno una enorme ballesta cuyas flechas eran capaces de perforar las duras escamas del réptil. Muchos de los orcos eran reacios debido a que los orco no son muy dados a utilizar nuevos armamentos. Mivam que era un poco más abierto de mente tuvo que convencerles poniendo especial énfasis en que necesitarían aquella arma que al parecer era de uso sencillo.

Los gallos comenzaron a cantar. Poco a poco, la mayoría de orcos comenzaron a levantarse. Había llegado la hora de que los vigilantes nocturnos pudieran dormir. El grupo de Mivam se organizo. Todos agarraron una ballesta. Mivam pudo observar de que se trataba de una arma un tanto pesada pero que era muy fácil de usar. Los exploradores radilla y Miqol les instruyeron rápidamente en su forma de empleo y les hicieron saber que se trataba de un arma que normalmente empleaban los humanos y que ellos habían sabido adaptar al estilo de arma que se espera de los orcos.

La vista del poblado orco hacía tiempo que ya había desaparecido. A Mivam ballesta no le suponía ningún peso en exceso, hacía ya tiempo que se había acostumbrado a las largas marchas como aquella y incluso llevando más peso. Lo único que no taba un poco cargados eran los pies. Tantos días caminando estaban resultando en molestos callos que le dolían al andar. Al llegar a las islas misteriosas se os curaría  pero por el momento debía de concentrarse en matar aquella sierpe. Por si fuera poco aquellas grandes montañas parecían no tener fin. La nieve cubría los picos más altos y curiosamente no se veía ningún pájaro por la zona seguramente aquella sería una señal de que la sierpe gigante andaba por ahí.

Una gran figura se alzó en una de las montañas cercana-Arhgggg-Clamó. Aquel sonido corrió por el aire como una ola por el mar, capaz de penetrar en los huesos de hasta el más valiente. Los orcos rugieron en respuesta pero ni por asombro el barullo de todos juntos se pudo comparar al de la sierpe gigante. Desde la distancia Mivam podía mirar un animal gigantesco que alzaba el vuelo. Aquel animal de leyenda parecía tener un luz propia y daba la impresión de que había salido a inspeccionar los alrededores. Los orcos inconscientes continuaban armando escandalo facilitando la labor de la sierpe.-Ven aquí y muere!-Grito Mivam con fiereza a la bestia. En ese momento la cabeza de la serpiente dio un giro espectacular. Por fin había detectado al grupo. Siseó desde la distancia y comenzó a batir las alas en dirección a los orcos.
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Re: El camino del orco(Solitaria) (1)

Mensaje por Mivam el Mar Abr 28, 2015 11:40 am

La gran serpiente Skarner estaba furiosa aquella mañana, sus escamosos dioses le habían dado malas noticias, al parecer, un grupo de orcos se estaba acercando a sus montañas para darle caza, que insulto, como se atrevían aquellos dioses que le habían dado la vida y que la habían engendrado para ser una de las mayores mentes de Noreth a insinuar que unos pieles verdes serían capaces de matar a un ser tan ancestral. Durante años Skarner había atormentado a los poblados orcos circundantes a su montaña, había acabado con la mayoría y sus valiosos hijos hacían desde hace mucho tiempo una maravillosa labor a la hora de dificultar la vida de los pieles verdes. Skarner disfrutaba viendo sufrir a los poblados, primero empezaba con ataques aislados sin importancia, poco a poco, las incursiones de sus escamosos hijos aumentaban hasta el punto de dejar sin abastecimiento a los poblados. Normalmente Skarner no solía intervenir directamente con los poblados orcos pues pensaba que estos no merecían la pena. Una mente tan calculadora como la suya era capaz de ingeniar los planes más elaborados y por eso disfrutaba haciendo sufrir a sus enemigos antes de acabarlos.

Los orcos miraban a la poderosa serpiente que rabia. Sus alas membranosas parecían las de un murciélago y su tamaño era portentoso, más grande que una casa.

-¡Preparad las ballestas guerreros!-Vociferó el orco Radills. Todas las armas se tensaron. La enorme serpiente comenzó a descender sobre el grupo y cuando estuvo a una distancia aceptable, saltaron una gran cantidad de flechas hacía ella, pero la serpiente parecía haberse dado cuenta de la intención de los orcos y en ese momento viró hacía la derecha con una elegancia inusitada.

-Maldita serpiente… Es muy inteligente-Pensó Mivam mientras canalizaba toda la energía que podía en su interior. Sabía que sus hechizos serían capaces de producirle algún daño a ese ser y que tendría que utilizar todas sus fuerzas para conseguir algún efecto.

En ese momento la serpiente batío sus alas a escasos metros de los orcos y un fuerte vendaval empujó a los orcos hacía atrás. A partir de ese momento, la muerte y la destrucción se sembraron en el campo de batalla. Las toscas armaduras de los orcos parecían de gelatina ante los poderosos dientes de la serpiente que parecía estar controlada por un demonio de destrucción. La serpiente luchaba con coletazos, mordeduras, con sus propias alas y incluso escupía una especie de veneno verdoso que cegaba a los orcos.

-Esto es lo que pasa cuando simples criaturas perecederas se enfrentan a un antiguo poder. ¿Porque los dioses habían dicho que ese grupo le causaría problemas?-Pensó la intrincada mente de la serpiente mientras hacía volar a uno de los orcos con sus fauces.

En ese momento, la serpiente notó las corrientes de la magia, al parecer había un hechicero entre esos orcos, fue demasiado tarde, una gran llamarada se había propagado hacía la cabeza de la gran sierpe que chillaba de dolor ante un ataque inesperado de esas características.

Mivam se sentía exhausto, había empleado en ese ataque casi todo su poder porque sabía que de haber utilizado menos la llamarada no habría dañado a la bestia que en ese momento chillaba de dolor y se revolcaba contra el suelo para intentar apagar las llamas. Sabiendo que aquel era el momento de atacar Edgur fue corriendo hacía la serpiente con una hacha muy pesada, su intención era propinarle a la serpiente un golpe mortal en la cabeza. La gran serpiente reacciono a tiempo y esquivo el golpe con elegancia. Edgur hizo todo lo que pudo, al fallar su ataque inicial intentó herir a la serpiente en un costado, pero aquel ser era demasiado para el orco, incrustó sus dientes en la carne del orco y lo traspasó como si de un queso de vaca se tratará. En ese momento Skarner cruzó una mirada con Mivam, parecía que ambos estuvieran mirando más allá de la carne, estaban mirando la esencia misma que corría por sus cuerpos.

-Tu vida acaba aquí orco-Dijo la serpiente al tiempo que se abalanzaba sobre el orco. En ese momento una fuerte luz cegadora apareció y Mivam solo notó como los ojos se le cerraban, había perdido el conocimiento.

Varias horas después el orco despertaba sobre una cama blanca. Todo su cuerpo estaba recubierto de vendajes y tenía la sensación de haber caminado durante días.

¿Dónde estoy?¿Dónde esta Skarner?-Pensó el orco confundido y algo frustrado por la perdida de sus compañeros.

-Soy tu Dios y ahora debes escuchar mis mandatos.-Dijo una voz de un poder incalculable.
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Re: El camino del orco(Solitaria) (1)

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