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Mensaje por Rouge el Vie Abr 03, 2015 6:39 pm

Podía oír el silbido del viento y sentir su roce como una gentil caricia sobre la piel de su rostro. Un pequeño tropiezo y una amplia sonrisa.

—Oh, ¿Es que acaso no ve por donde camina? Creí que conmigo bastaba.
—No te atrevas a burlarte, Cazadora. Ya es bastante complicado seguirte el ritmo evitando a la vez, pisar aquella cola desagradable.


Ella se detuvo ante él, quien permanecía postrado en el suelo y miraba su pie como si esperase a que le hablase y contase una broma. Su piel era morena, su cabello, largo y recogido en una oscura trenza que descendía hasta el final de su espalda. Mostraba perforaciones como adornos en distintas zonas del cuerpo y un tatuaje tribal rodeaba su cuello desde el costado con líneas gruesas, fuertes y orgullosas, posiblemente hechas con la ayuda de una hojilla y carbón. No llevaba camisa alguna sino un rudimentario pantalón de pieles. A él aquello le bastaba.

Pero todos éstos detalles no significaban nada para la hembra demonio que le sujetó del brazo y tiró con fuerza hasta obligarlo a levantar. Para ella tan sólo era una figura alta, que desprendía un asqueroso hedor a humano y hierbas de las que se utilizan para fabricar venenos. Le llamó la atención pues sus movimientos eran ágiles, veloces como los propios. Nunca daba un paso de más ni uno de menos ni tampoco mostraba sufrir algún tipo de cansancio luego del ejercicio.

Después de unos segundos más de burlas y odiosas respuestas ambos prosiguieron la marcha como si nada. Los árboles les cedían el paso con velocidad, en ocasiones siendo no más que una mancha borrosa a los lados del camino. Y se le ha llamado camino, pero en realidad distaba mucho de serlo. Saltaban por encima de rocas y troncos caídos y corrían a través de la inclemente maleza como si fuesen fugitivos. Dos lunas ya se contaban desde el momento en que se habían conocido en el exterior de una taberna para hablar de negocios. Una pequeña caravana de comerciantes sería su víctima.

Al momento de caer la noche, la singular pareja rodeaba con satisfacción al grupo de seis vendedores ambulantes, que acampaba para recuperar energías y dormir al menos un par de horas completas. El profundo silencio que los envolvía tan sólo se cortaba de pronto por algún rumor bajo de preocupadas voces y tímidas risas. Uno que otro acceso de tos y luego más silencio. Incluso las hojas de los árboles imitaban el sigilo de los cazadores. Todos entraron a sus respectivos carromatos. Estúpidos e inútiles, el vigía fue el primero en morir de una certera puñalada.

Dazel templaba su arco y la roja iniciaba su danza.

Un roce y unos golpes de nudillos en la madera. Lo suficientemente fuertes como para ser oídos en el interior y tan leves como para que los demás los ignorasen. Fueron golpes rápidos, preocupados y temerosos, como los de quien ha regresado luego de encontrar una bestia en el bosque. La puerta se abrió y una flecha cruzó la garganta del pobre hombre. La sorpresa no se borró de su rostro ni siquiera cuando tocó el suelo, rígido. Uno a uno caen.

—Disculpe señor, ¿Podría ayudar a una pobre ciega? Creo que se ha hecho tarde y necesito cobijo entre sus brazos.

Bajo la luz de la luna y cubierta con la capucha, aquel vendedor no supo lo que era sino hasta que una sombra se arrojó por encima de él desde el techo de su carro y le clavó un puñal fríamente. En la espalda, entre los pulmones y luego al corazón. No habría podido gritar siquiera.

El próximo cayó como mosca cuando aparecieron ante él un par de pechos de demonio. La dueña de los mismos se le había acercado y en medio de un pasional abrazo dentro del carro, una daga atrevida se deslizó hasta su nuca y besó hasta sus ligamentos.

Los últimos dos creyeron haber escuchado alboroto y al salir, contemplaron con horror los cuerpos de sus amigos. El más fornido sostuvo en alto una espada ropera que, por no tener experiencia real con ella, no le sirvió de mucho, por no decir de nada. Una breve e injusta lucha de dos contra uno y el pobre cretino se unía a sus camaradas en la eterna fiesta. El segundo corrió y los cazadores no se molestaron en seguirlo. Ya tenían lo que querían.

Registraron hasta el último rincón de los carros y llenaron sacos enteros de feliz botín tintineante. El humano se quedó también con ciertos artefactos y productos pero para la demonio aquello no era más que basura. Tampoco le interesaban los trueques. Ya tenía suficiente oro como para pasar una buena noche y aquello era lo que importaba.

(...)

Los tragos iban y venían. Las jarras llenas eran deslizadas con maestría por encima de la pulida madera de la barra y al golpear vacías contra aquella producían un sonido claro y fuerte. Las voces se elevaban como nubes por encima de las cabezas y la atmósfera en general era movida. Apestaba a humano, a sudor, a ron y cerveza. Mozas iban y venían y se sentaban con descaro sobre los muslos de los borrachos, esperando una mejor propina o una buena e íntima distracción.

Pero al abrirse la pesada puerta de madera vieja y chirriante fue como detener el tiempo. Todo sonido cesó y la alegría se escapó como el aire de un globo pinchado. Sin dejarse intimidar por aquello, diez garras rozaron el suelo y pisaron con fuerza y notoriedad. La capa ondeaba más de lo normal por el efecto de una cola balanceante. Una sonrisa con fieros colmillos se ensanchaba hasta dejar ver las dos blancas hileras casi por completo. Rouge había regresado de su cacería y finas gotas de fresca sangre recorrían algunas zonas de su vestimenta.

—Eh todos, ¿Por qué se han detenido? ¿Son estúpidos acaso? Ah cierto, se trata de humanos, casi lo olvidaba. La cerveza cubre el hedor a bestias, casi me engañan.

Aquella indiscreción hizo levantar a algunos de los presentes. Aquellos lo suficientemente grandes como para partirle la cabeza a la necia de una palmada. Pero la sonrisa de la demonio no cambió en lo más mínimo y, con soltura, se acercó hasta la barra. Dejó caer en ella un pesado saco a rebosar de kulls de oro, cuyo contenido se derramó y se esparció hasta por las rendijas más lejanas del suelo.

—Hoy, soy su reina.

Fue como abrir un grifo. El torrente de gritos y exclamaciones de júbilo estuvieron lo suficientemente cerca de su límite auditivo como para hacerla marear. Acercó una silla rápidamente y se sentó como si nada hubiese sucedido. Estaba de buen humor y algo de griterío no era algo que no pudiese soportar.

—Ah, los humanos. Tanto los odio y tan fáciles son de dominar. Un poco de dinero, unas cuantas rondas regaladas y se rinden ante mis pies como fieles esclavos. ¿Hay acaso alguna satisfacción más grande?— pensaba mientras meneaba el contenido de su copa en un gesto despreocupado. Tenía otra gran idea. Ésa vez habló con voz fuerte y clara para que todos le oyeran aún por encima del bullicio.

—Queridos míos, 10 kulls de oro a quien se incline a besar el trecho de tablones por el que he andado hasta sentarme aquí. ¡Anda, rápido! Estaré contando y si llego a cinco y aún nadie llega hasta mis pies, nadie tendrá el dinero. Uno, dos...

Al principio dudaron pero luego unos tres brutos se inclinaron a cumplir con el reto con tanto ahínco que la demonio no pudo evitar reír a carcajadas al apenas escuchar sus movimientos.

—¡Excelente, excelente! Se lo han ganado.

Tomó un puñado de monedas, las contó palpándolas con la rapidez de la experiencia y luego las extendió, no sin algo de torpeza por no poder ubicarlas rápido, hasta las estiradas palmas de aquellos hombres. A su alrededor, algunos aplaudían mientras el resto reía.

—¿Habrá entre ustedes algún músico? Mis oídos me suplican un poco de cariño hacia ellos, no sólo burdas voces de campesinos.

Pronto oyó los acordes de un laúd bastante desentonado y sonrió aún más, si es que aquello era posible. Al terminar la irregular canción exigió que se acercara a ella el terrible artista. Pasó sus manos con cuidado por el rostro, el cuello, los hombros y el pecho. Tanteaba, veía a través del tacto.

—Me agradas, muchacho. ¿Qué precio le pondrías al resto de la velada?
El resto señores, no hace falta explicarlo.


Sólo me buscan aquellos verdaderamente desesperados.




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¿Gustas de un trago? ¡Que el muerto pague! Empty Re: ¿Gustas de un trago? ¡Que el muerto pague!

Mensaje por Turbulencia el Vie Abr 03, 2015 10:20 pm

Excelente.... :ebe Os procedo a dar color
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