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Encuentro discordante [Privado Malina y Janna]

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Encuentro discordante [Privado Malina y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Dom Abr 05, 2015 5:08 am

Mi viaje por Noreth me llevó hasta la legendaria ciudad Esmeralda. El camino de piedras doradas me fue llevando hacia un muro enorme de un verde brillante que casi reflejaba la luz del sol. Había oído historias entre los comerciantes acerca de esta ciudad, de lo hermética que era su Reina, y de lo mágica que ésta parecía.

Me detuve ante el arco de entrada a la ciudad, contemplando su grandeza, su delicado brillo, y el material verdoso del que estaba hecha toda la ciudad. Un reflejo verde bañaba mi piel y mi cabello, haciéndome parecer algún tipo de sirena con el aspecto que me confería aquella luminiscencia tan extraña y mágica.

Había una brisa cálida que rodeaba la ciudad, como si fuera un remolino suave que lo cubriera de otros vientos del exterior. Mi cabello acariciaba la piel de mi hombro, y mi vestido se pegaba a mi pierna izquierda, mientras que la derecha se veía lejos del roce de la tela del faldón.

Posé mi bota delicadamente en una de las baldosas brillantes, y en el momento en el que pasé el umbral del arco, noté calidez en mi piel y en mi cabello. Como si toda la ciudad estuviera bañada en un hechizo mágico meteorológico.

Avancé por la calle principal que llevaba hacia la fortaleza de la ciudad, y estaba rodeada de muchos edificios verdes. Comerciantes,  y entretenimiento callejero se asociaron en una gran plaza que había frente a las murallas de palacio.

Me paseé delante de los puestos, observando a la gente que había detrás de las mesas llenas de mercancía aparentemente valiosa y rara de ver.

Los comerciantes me observaban con ojos brillantes, esperando que comprase algún objeto, pero por el momento estaba satisfecha con mis pertenencias, así que pasé de largo aquellas miradas interesadas.

La gente de la zona era muy diferente a mí. Había gente de pequeño tamaño, pero también había personas con lasgas orejas, y de distintos tonos de piel. Ningún demonio a la vista, parece ser...

Me adentré hacia una zona de la plaza en la que había dos tabernas, una junto a la otra, seguramente compitiendo por los mejores clientes.

Una de las dos tabernas tenía una pequeña terraza vallada con sillas y mesas fabricadas en hierro forjado, con el tablero esmeralda, y de una cargada decoración barroca en las patas de hierro. Aquella terraza estaba un poco vacía, pero era un sitio ideal para poder observar los alrededores, pues ahora mismo no tenía mucho que hacer, y quería simplemente observar. Subí a la terraza, y tomé asiento cómodamente en el asiento, observando el panorama, mientras esperaba que acudiera alguna camarera o camarero a preguntar por mi comanda.

Una moza bajita, de piel tostada, cabellos rubios y ojos verdes, que vestía un delantal naranja, se presentó ante mí. La moza desde luego iba bien despachada en cuanto a generosidad materna, sin duda. La muchacha se acercó a mí y me miró con curiosidad. Su voz, bastante más fuerte de lo que pudiera parecer a simple vista, se alzó desde su garganta.
¿Qué deseais tomar, señorita?

Me incliné hacia la muchacha, ladeando la cabeza mientras una sonrisa se ensanchaba en mis labios, a la vez que juntaba las manos con los dedos entrelazados. Observé a la muchacha por unos segundos, que parecieron largos minutos, de abajo a arriba, y sonreí para mí.

Desearía vuestra compañía quizás, pero como dudo que pueda gozar de dicho privilegio... ¿Qué tal algún zumo de frutas locales? Lo que sea

La muchacha notó sus mejillas tomar un color rojizo, pero se mantuvo firme, e hizo como que no ocurría nada. Asintió con energía y pasó por mi lado, respondiendo con sencillez
-Ahora mismo, señorita


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Re: Encuentro discordante [Privado Malina y Janna]

Mensaje por Malina el Lun Abr 06, 2015 6:20 pm

El descenso de aquella cordillera hacia alguna urbe más “humana” tenía consternada a Malina: lejos de imbuirle una sensación de emoción apremiante, la frialdad del ambiente más los eventos descritos, habían logrado deprimir a la joven profundamente. Cabalgaba abstraída, en todo el tiempo que duró su camino hacia Loc Lac, no hizo más que pensar en repetir, suavizadas, las escenas del interrogatorio. Dijérase que sufrió una suerte de empatía bastarda para con el interrogado. Mas no fue así. Era tal la sensación que, embobada, instaba al corcel a subir la velocidad más y más, como quien huyera de los peores terrores diurnos.

Como una estela negruzca, bajó a suelo más apacible y el sol, con pestañeos dorados le despertó el sentido común acaecido en la cordillera. Aprovechando la soledad del paraje, bajó del caballo, con sus ropas de trabajo y dio un gran bostezo a la par que estiraba los brazos hacia lo alto, deslizando hasta la última fibra de sus dedos hacia arriba. La decisión estaba clara: iba a regresar a casa sea como sea. Y sin embargo, la premisa nuevamente era azotada por la incertidumbre: a lo lejos, un coche señorial avanzaba a paso cauteloso. No sería nada fuera de lo normal, si no fuera porque, quien iba dentro del medio de transporte le resultó tremendamente familiar, “¿¡Hu- Hubert!?” se dijo para sus adentros, varios metros más atrás. Era de esperarse claro que los corceles que lo acarreaban tampoco fueran de los corrientes: el esposo de Malina tuvo un gusto demencial y exquisito por los pura sangre. Asunto que volvía loca a la chica. Sin más ni menos, decidió, envuelta en un manto de indiscreción al carro y sus invitados, tomando por ventaja el camino: maltrecho y lleno de matorrales.

Mientras iba fiel cual sombra, Malina no dejaba de llamarle la atención la ausencia de guardias alrededor, ¿tan osado se había vuelto el susodicho? ¿O es que iba a un lugar seguro y confiable? “otro negocio quizás”, pensó confusa; tomando en cuenta los años de “casados, Malina conocía al revés y al derecho a quien ostentaba el cargo de “su esposo”. A pesar de la ausencia de anillo o algún artilugio que aclarara su situación marital, Malina optó, apoyada por Hubert de no decir nada al respecto: vivir la vida unidos por un contrato, pero físicamente lo suficientemente lejos como para no toparse nariz con nariz.
No hizo más, durante el viaje que permanecer callada, y seguirle, su conducta era igual a como si ella permaneciera dentro del mismo espacio que Hubert. Y aquella vigilancia detuvo su trayectoria hasta ciudad Esmeralda. Malina estaba embobada; no avanzó más, y dejó que el carro se perdiera: ahora era más importante esta extraña ciudad de color verde. Se bajó de Azabache para contemplar con mayor detalle el delicado color de la urbe: el ambiente se había apoderado de ella. Al parecer la sensación de grandeza fue tal, que no se percató que el cochero del carruaje, depositó su mano sobre su hombro, y le espetó, delicadamente:

- Si está aquí para decirle algo al Amo Hubert, dígamelo.
- No tengo nada que decir – comentó molesta, quitando la mano del ajeno.

Como si hubiera cometido la peor de las ofensas, el hombre se retiró, dejando nuevamente a Malina sola. “sola, como debió ser desde el principio”, suspiró furibunda, dando paso firme hacia la ciudad, dejando atrás el arco, y el carruaje, detenido en la entrada, esta vez, sin pasajeros.

Al dar el primer paso, la brisa cálida de la ciudad disiparon toda sensación de confusión de Malina, incluso el caballo parecía más relajado, quien, sostenido por las riendas, movía las crines gustoso – debes estar hambriento- comentó la chica, buscando algún sitio donde albergar, nuevamente. La seguidilla de puestos ofreciendo productos, confeccionados a base de la piedra preciosa verde, eran múltiples, y ella observaba sin mostrar interés.

Por un instante, sintió una sensación pesada. Dio la vuelta buscando el origen de aquella sensación, y el mismo cochero de hace un rato, extendiendo su mano, le ofreció llevar al caballo hacia un establo:

- Por qué tienes que llevarlo tú
- Son órdenes del amo
- ¿Y dónde está el “amo”? No vendría mal que venga a explicarle a su esposa sus conductas.
- Insisto, son órdenes del amo – y cual espectro, guardó silencio, llevándose al caballo hacia una fuente de agua cristalina y fresca.

Mali, sostuvo la sien entre sus dedos, ofuscada, ¿cuál era la intención de este sujeto? Rozaba de forma directa la ira de la mujer, quien no le quitó la vista de encima al cochero.

- Hubert no está – respondí segura
- El amo está en su escritorio, acompañado de muchísimos papeles y asuntos que atender. – se lo imaginó con el ceño fruncido moviendo las hojas sin un orden en particular.
- Me alegro tenga la cabeza ocupada – contestó, sin ganas de hacerse entender con el peón, quien, confuso, solo guardó silencio, avergonzado
- Dispense mi forma de hablar
- Disculpado quedas- acto seguido, Malina, tomando al peón como de su propiedad, le dijo – dónde hay un sitio para hospedarse. Necesito cambiarme – y ciertamente, la raíz de las dudas del empleado radicaban allí, ¿qué hacía la esposa del amo vestida con esos “andrajos”? Diligente y apremiado por la confusión y el miedo, le dirigió cerca de una taberna

- A juzgar por sus gustos, y porque el amo lo amerita…
- El amo no va a saber nada de esto – sonrió cómplice, pero elevando la brecha social entre ambos, al usar un dialecto y tonos más delicados, provocando estupor en el pobre hombre.
- Aquí estará cómoda, señora – indicando aquel sitio con sillas de hierro forjado, pequeña y vacía.
- Muy amable- despidiéndose con una pequeña reverencia. Tomó su equipaje y antes de desaparecer por aquella puerta, le ordenó – devuélveme el caballo a este sitio. Y dile a Hubert que corra con los gastos. Su esposa no desembolsará ni la más escuálida de las monedas.

Después del curioso impasse, Malina, mucho más compuesta visualmente, llegaba a la terraza con un traje que le hacía justicia a su posición. Silenciosa y molesta, tomó asiento y esperó a la llegada de algún camarero que vaya a por su pedido; una chica se adelantó desesperadamente hacia ella, estirando su mano torpemente a modo de saludo. Volví la cabeza negativamente hacia ella, y pudo comprobar cómo sus facciones estaban parcialmente embobadas, delatada por sus mejillas rosas - ¿Qué te sucede, tienes fiebre? – preguntó confusa, posando su mano sobre la frente de la camarera. Quizás aquel acto reflejo ayudó a que la chica, retomara la compostura y de inmediato tomara conciencia de lo que hacía, mas Malina no dejó pasar por alto s extraño comportamiento, y luego de que se retirase con el pedido (una taza de té negro), se dedicó a escudriñar su rostro, buscando una razón a ello. Mientras esperaba la llegada del caballo.

De pronto se sintió de manos atadas: Ciudad Esmeralda era hermosa. Pero lo hubiera sido mucho más sin la presencia de él aquí. ¿Qué podría desconcentrar sus complejos pensamientos? Ni ella lo sabía.
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Re: Encuentro discordante [Privado Malina y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Mar Abr 07, 2015 1:41 pm

Mientras esperaba a que la camarera volviera con algo de mi gusto, las circunstancias me permitieron asistir una extraña escena entre lo que parecía un criado, y una muchacha de ropajes algo dañados y ensuciados, como rozados con la maleza del campo, aunque por el aspecto que tenía su vestido, su ropa no debió ser barata en su momento. La muchacha se internó en la taberna con algo entre las manos, y desapareció tras sus puertas de madera de doble hoja.

La camarera regresó con un líquido naranja  brillante semitransparente, vertido en una elegante copa de vidrio con decoraciones en verde en forma de flor sobre su base. Depositó la copa sobre la mesa frente a mí con delicadeza.

- Aquí tiene, señorita. Un zumo de zanahoria con mango

Me reincorporé en el asiento y apoyando mi mejilla sobre mi palma de la mano abierta, cuyo codo posé sobre la mesa, le esbocé una sonrisa que se perdía entre halagüeña y placer visual, mientras escudriñaba sus iris verdes con  atención.

Muchas gracias, buena moza

La camarera se retiró con rapidez, y pude ver cuando se daba la vuelta de que el color rosado volvió a sus mejillas con más fuerza que antes. ¿Por qué sería?
En ese momento, pude ver cómo la muchacha de antes, venía a esta misma terraza donde yo me encontraba. Una muchacha de cabellos violáceos como los de una flor, que se extendían como una cortina sobre su espalda con ligeras ondulaciones sobre sus puntas. Ahora que se acercaba hacia aquí pude observar que poseía una mirada clara, aunque sin distinguir bien el color, por efecto de las sombras y luces que bañaban la ciudad. Casi todo tenía ligeros reflejos verdes, por culpa de la construcción de la ciudad en sí.

¿Quizás por eso preponderaban los ojos verdes aquí? Era extraño. No sólo la ciudad, sino todo. Todo parecía querer estar hecho en piedra verde brillante.

Los ropajes de la muchacha eran mucho más elegantes que los previos, impolutos, y de adornos que sin lugar a dudas, no eran típicos de la clase baja. Esa mujer debía tener algunos dineros bajo la manga, aunque justamente antes no hiciera gala de ello.

Le di un sorbo a la copa tras tomarla entre mis dedos con delicadeza, y la posé sobre la mesa.
No tenía nada mejor que hacer que mirar a la gente que me rodeaba. Aunque bien mirado, en realidad, era de lo mejor que se podía hacer siempre. A veces la vista podía ser fascinante y maravillosa, y no precisamente por los objetos inanimados. ¿Qué mejor muestra de belleza que la de un cuerpo femenino armonioso?

Me quedé observando con la mirada perdida  y plácida, viendo cómo la muchacha tomaba asiento, y al pasar la camarera a su lado, le posó la mano sobre la frente. Torcí la cabeza a un lado con curiosidad ¿por qué estaría haciendo eso? Sin duda, era una muchacha curiosa e interesante.

Cuando se marchó la tabernera, nos quedamos a solas en la terraza, aunque ésta tenía la mirada perdida en el vacío en dirección a la camarera.

Le di otro sorbo a la copa, tal largo que casi agoto el contenido de la copa, y tomé mi bolsa de monedas de mi escote. Saqué una moneda de plata, que sostuve entre mis dedos, observando el rostro que coronaba la moneda en una de sus caras. Devolví la bolsa a su lugar correspondiente, y dejé cambiar de dedos la moneda sobre el reverso de mi mano. Entonces, en uno de esos cambios de lugar, dejé caer la moneda “accidentalmente”, que cayó al suelo, y rodando como una pequeña rueda, fue acercándose hasta chocar con los pies de la muchacha de cabellos malva.
Me tomé lo que quedaba de zumo, y me levanté con energía de mi silla, acercándome con paso lento hasta la muchacha, hasta quedarme frente a ella por unos segundos, observándole con atención. Durante medio segundo pude ver el color rosado de sus ojos destellar con intensidad, y tras eso, me incliné levemente hacia delante, apoyando los  brazos sobre la mesa.

Oh, disculpa que os moleste, señorita. ¿Podríais alcanzarme la moneda, si no os importa?

Repuse dedicándole observando fijamente sus ojos, mientras ensanchaba una sonrisa en mis labios, que mostraban levemente mis dientes.


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Re: Encuentro discordante [Privado Malina y Janna]

Mensaje por Malina el Sáb Abr 11, 2015 7:39 am

Como si el instinto reprimido aflorara, Malina, una vez libre de la mirada inquisidora del siervo se sumió en una profunda curiosidad; el rostro sonrojado de la camarera, sumado a la ausencia de clientes, el intenso verdor de la ciudad, le hacían pensar que estaba en una dimensión aparte, casi como si se tratara de una zona onírica. Había meditado, sin pretenderlo, también en la mirada del hombre que resguardaba a su caballo: el temeroso respeto hacia todo lo que le pertenecía le provocaba estupor, no pudo menos traerle a la mente los recuerdos de las irreverentes limpiezas, los temibles y frecuentes arreglos de su madre, mientras vivió con ellos. Suspiró sin quererlo pesadamente, casi furibunda – Ah. Tiempos aquellos – sentenció antes de volver a mirar a su alrededor: prácticamente nadie había acercado sus narices hacia aquella terraza… A excepción de la mujer que se hallaba al otro extremo de la misma.

Viérase en su rostro, la imagen vivida de la curiosidad: transportada de súbito a la mesa, la misma camarera de mirada desorbitada y de cara sonrojada, traía en sus manos, una copa delicadamente decorada. Pero no era el brebaje lo que llamó la atención de la joven, sino quien lo había pedido; el exuberante cabello rojo, sumado a su vestimenta, despertó una sensación abrumadora en la joven; los colores se le subieron al rostro. Si se le hubiera pedido describir el color del mismo, diría que, tuvo la premisa de describirse en tonos azulados, luego rojizos, para luego pasar a verdes: Malina tenía la efímera, pero discordante costumbre de describir sus sentimientos y emociones a través de los colores y los trazos. Estupefacta en todo su esplendor, no pudo contener su sorpresa; con una conducta tan libre, la primera palabra que se le agolpó en la boca fueron los celos, unos extraños celos. Rápidamente desvió la mirada sobre aquella mujer, y procedió a beber su brebaje, mucho más oscuro que el de aquella, pero no menos reconfortante.

Una curiosa desolación se apoderó del cuerpo de Malina; cuando deja una ciudad por otra es común, pero particularmente hoy era mayor la intensidad con la que la obligaba a reposar sus manos sobre la mesa, pensando, detenida y meditabunda, casi de manera obsesiva, que todos los grandes centros de población se parecen, apenas se percibe el aislamiento en que las personas se encuentran, antojándose, al ver la identidad de los edificios, los trajes y las costumbres, que al volver la primera esquina van a hallar la casa a que concurrían, las personas que estimaban, las gentes a quienes tenían costumbre de ver y hallar de continuo, ¿Sucedería lo mismo hoy? La inexistente Lewe sintió un antojo extraño por reconocer a Hubert entre la multitud verdosa que poco a poco comenzaba a moverse. “Como si de pronto se volviera mi cable a tierra”, recordaba, celosa de su masculina libertad. En eso, era interrumpida sin poder evitarlo por la mujer “rojiza”, como decidió bautizarla. Sus movimientos, su forma de observar. Todo en ella. Reconoció indiscretamente, que estaba celosa de su persona y sus generosas proporciones. “¡Tan notable es el contraste de cuanto se ofrece a mis ojos; tan vagos y perdidos quedan al confundirse entre la multitud de nuevas ideas y sensaciones los recuerdos de las cosas más recientes!”

De pronto, la más simple de las acciones, regresó a Malina a la situación en sí: con la taza tibia, miró para abajo observando cómo el trayecto de una moneda de plata se acababa estrepitosamente junto a su pie. Esbozó una mirada confusa, arqueando una ceja, mientras escuchaba los pasos lentos de quien, por accidente, dejó caer dicho elemento: novedad se podía leer en las orbes rosáceas de Malina al escuchar la voz de quien, se bebió el zumo con inigualable delicadeza. Y velocidad. Accediendo a su petición, sin pronunciar una palabra, asintió, con una leve sonrisa, y se levantó de la silla, descendiendo en forma vertical, hasta alcanzar la dichosa moneda, no obstante, como si ambas hubieran hecho un acuerdo más allá de lo verbal, ambas miradas fueron difícil de separar. El tiempo parecía estorbar entre ambas, y sin embargo, el brebaje de la muchacha, cada vez más frio, delataba lo rápido que transcurría los minutos. Ahora que la tenía más cerca, la última frase le seguía repicando en los oídos, como el tintineo de una campanilla, anunciando la llegada de alguien. Extendió su mano, con la moneda en ella, acercándola a la ajena, reconociendo entre el escote la bola con más monedas. Pero, a juicio de su ignominia, sintió menester obviar comentarios impropios y “comunes” ¿cómo podría saber la chica, si en realidad, le habían robado el bolso, y no tenía otro sitio para guardar su dinero más que allí? Dentro de lo complejo, e irrisorio que pudiera resultar, para Malina, esas probabilidades existían: había escuchado tantas veces historias de ese tipo, que no le parecía estrafalario ni grosero – Aquí tiene – dijo, tomando la moneda entre sus dedos. Volvió a sentarse, quitando la mirada de ella y regresando a su inamovible silencio, no obstante, sabía que su abstracción no iba a ser duradera. Creyera o no en las coincidencias, el vorágine de sensaciones que emitió la mujer en ella, no podían quedar desapercibidas ni desatendidas. No ahora.
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Re: Encuentro discordante [Privado Malina y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Lun Abr 13, 2015 12:25 pm

La elegante muchacha que se encontraba frente a mí se levantó de la silla con parsimonía, para descender hacia el suelo. Mi mirada se mantuvo en sus ojos, que se encontraban ahora mismo intentando buscar la moneda, pero no pudo evitar, para hacer un análisis más profundo, descender lentamente. Su anatomía parecía bastante fina y delicada.

Sus brazos, largos y con aspecto de no haber hecho ningún trabajo físico, poseían dedos finos y alargados, casi como si de las manos de una niña se tratara. Pero por contra, el resto de su aspecto difería en su totalidad con esta apariencia. Parecía una mujer de aspecto maduro, o al menos así quedaba expresado en su tenaz mirada que me mantuvo cuando se levantó del suelo, con la moneda de plata entre los dedos de su delicada mano.

Acerqué mi mano derecha hacia ella, y la deposité con sosiego sobre la moneda que mantenía aún sobre su mano, dejando caer así las yemas de los dedos sobre la suave piel de su muñeca. Mantuve mi mano y mi mirada por lo que parecieron pocos segundos. Una exhalación lenta y suave escapó fugaz de entre mis labios rosados, que se mantuvieron juntos a excepción de una pequeña separación en el centro.

Finalmente, sin desearlo realmente, tomé la moneda entre mi índice y pulgar, y levanté la mano suavemente, hasta que encerré la moneda entre mis dedos, con el puño cerrado, como si estuviera teniendo presa aquella pieza de metal en una cárcel de huesos y carne. Mi mirada permanecía fijada en Malina, quien me correspondía con una mirada de igual o incluso mayor intensidad. Entonces sus palabras me sacaron del hechizo, y tomó asiento nuevamente en la silla.

Guardé la moneda en su bolsa con delicadeza, abriendo su boca con dos dedos, y volviéndola a cerrar tirando de los cordeles.

En aquel momento me tomé la libertad de tomar asiento frente a ella, y descendí los codos hasta el tablero de esmeralda, mientras que los dedos de mi mano quedaron entrelazados haciendo de soporte para mi barbilla, que se quedó fijada sobre este improvisado soporte orgánico. Mi cambio de visión abarcaba varias cosas en este momento, pero mi atención quedaba fijada en la figura de la muchacha que tenía frente a mí.

- Muchas gracias, buena mujer. Espero que no os importe que me siente frente a vos, ni la intromisión de hacer preguntas que quizás no me conciernan en absoluto, pero no puedo evitar preguntarme ¿Qué hace una mujer de vuestro calibre en una ciudad misteriosa, sola, sin compañía aparente de ninguna clase?-
Pregunté mientras ladeaba levemente mi cabeza, mirándole con una intensa curiosidad, ampliamente mostrada a través de mi mirada. Levanté la barbilla de encima de mis manos, y deslizando la palma de la mano sobre la mesa, hice el amago de acercarla hacia ella, pero la detuve en el centro,  para luego traerla de vuelta hacia mí, haciendo unos trazos imaginarios circulares sobre el tablero.

- Quiero decir... No es habitual encontrar a mujeres así como vos, sola- Añadí con detenimiento. Mis labios se ensancharon y curvaron hacia arriba, creando un gesto sonriente sobre mi rostro, que parecía afable y armoniosa. Hinché mi pecho, aspirando aire del ambiente, y con ello, la fragancia de la muchacha que tenía ante mí.

Poseía un aroma delicado, y tenue, como la esencia de una rosa que llevaba varios días florecida y abierta al mundo, para que pueda ser contemplada y polinizada por los insectos. Y eso es lo que veía en ella, un capullo que recientemente habría florecido para mostrarse en todo su esplendor. Decir que aquí estaba, que ella había venido para quedarse.

Sin embargo, en su mirada inicial, aparentemente sumida en pensamientos profundos y lejanos de este plano, dio a mostrar el pequeño indicio de su posesión de espinas. No las conocería ahora, pero siempre se había dicho que todas las rosas tienen sus espinas, algo necesario para proteger su extrema, delicada y única belleza que poseían.


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Re: Encuentro discordante [Privado Malina y Janna]

Mensaje por Malina el Miér Abr 22, 2015 7:51 pm

A medida que la palabra avanzaba de la boca de la mujer de cabellos rojizos, Malina se sentía absorbida por ese tono tan armonioso de los mismos. Ella misma era una alegoría a la libertad: su acento cosmopolita y su conducta tan ligera, desaparecían en ella los rasgos característicos de las personas que había avistado, conocido, estrechado lazos. Ni la sombra de Hobb, ni mucho menos de las criadas o criados. Sus costumbres, supuso, se le harían memorables, su traje, pintoresco y su conducta quizás chocante. Casi como un desafío a su ostracismo.

A la inflexible línea recta de la pulcritud de Malina se le acercaba paralela y desafiante la de esta mujer, quien con seguridad tomó la moneda, posando así su muñeca contra las yemas ajenas, “es suave, y al acto tibia”, musitó para sí sin tapujos. Para su extrañeza, se le hizo aquel instante perenne, descubriéndose un deseo prístino de mantenerse ahí. “Pero qué diablos…” Se reprochó, alejando la mano, quebrando el silencio con sus mismas palabras. “¿Uh?” perpleja, observó el lugar donde guardaba la dichosa moneda, abriendo sutilmente la boca por la impresión - ¿No le estorba? – consultó ateniéndose a una curiosidad natural indicando el lugar donde se hallaban los tirantes de la bolsa.

Rápidamente la mujer tomó asiento en la misma mesa, esta vez frente a ella. No al lado, como lo haría Hubert, ni atrás como se posicionan los criados. Adelante, como quien entabla una charla con un amigo de la familia, o un amigo personal. Tragó saliva, patidifusa; la incomodidad no era patente, mas si la confusión. Junto con ello la posición que tomó no le ayudó mucho a salir de la estupefacción: sostenida por sus brazos y apoyando el mentón sobre las manos, la observaba, relajada, como quien mira una pieza de museo, o un adorno de la mesa. La interrupción a su devenir de pensamiento llegó de manos de la voz de la mujer, quien tomaba la palabra en esta peculiar conversación. Regresó así a tierra, tomando la taza y usando ambas manos para abrazar al objeto. Con una mirada cándida, respondió – Tiene razón. No le conciernen en absoluto. Pero tampoco veo razón para dejarle con la pregunta en la boca. Mal que mal, solo estamos las dos aquí – divisando a lo lejos al peón, quien traía al regio corcel, mucho más repuesto – Vine de paseo – apelando con soltura a la presencia de su esposo por esos lares – Hubert es… Un hombre ocupado, así que me he dado la libertad de caminar sin su compañía por aquí, hasta que me he topado con usted – En ese momento, el peso de la mentira imbuida comenzó a molestarle, reduciendo la sonrisa, al ver al hombre tan cerca de la terraza – ya han traído a mi caballo – repuso, seria, vigilando la forma en que lo acarreaba hasta la terraza, dejándolo cerca del amo. 

Con una inclinación de cabeza, le dio la oportunidad de retirare, desviando su mirada y regresando a la de ella, detenidamente contempló el trayecto de su mano, deteniéndose en seco, soltando una sonrisa fugaz, quedando, esta vez fija en la mesa verde – Compañía es un término muy ambiguo. Los animales también pueden ser buena compañía, solo mire aquel corcel – haciendo una señal para que le mire- siempre va conmigo donde sea que vaya…

A medida que hablaba, la falsedad dicha anteriormente se tornó verídica: Malina sintió que hizo lo correcto al inmiscuirá Hubert dentro del diálogo. Mal que mal, la misma mujer fue quien indicó aquella palabra que le causaba una variedad de sensaciones: sola. Aunque su sonrisa era cautivante, no era propio de Lewe desprender su confianza de buenas a primera, ¿qué le hacía pensar eso? Nuevamente esa voz inquieta llamada “instinto”. Si fuera por ella, el brebaje que pidió lo bebería aún tibio, pero con el tiempo y la nueva compañía que se le había sumado, sin pensar, se estaba entibiando. Quedando una sensación más gélida en sus manos.

Sería correspondiente, por mi parte – inquirió la mujer – hacerle las mismas preguntas, ¿qué hace una señorita como usted en una ciudad como esta? Al igual que yo, viene "sola" – siguió a u interrogante una vaporosa sonrisa depositando un poco de té en sus labios, cerrando sus ojos al deleitarse por el sabor - … Sabe bien. Pero veo que ya se ha acabado su zumo – comentó - ¿gustaría acompañarme con otro? ¿ o ya se le ha acabado la sed?.

Le hacía gracia la ciudad verde, con su amplia gama de tonos, los que contrastaban, opacándose por el rojo de la que ahora era su compañera de té. A lo que, de inmediato le asaltó una duda- ¿cuál es su nombre?  - sonriendo de soslayo – a juzgar por su aspecto, usted, de aquí, no es – infirió a modo de broma, para aligerar el ambiente.-
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Re: Encuentro discordante [Privado Malina y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Jue Abr 23, 2015 5:47 pm

Al ver su reacción ante mi lugar para guardar mis dineros reí para mí misma, sin poder evitar tan siquiera que la sensación de la risa invadiera mi cuerpo, y tiñera de un tono carmesí mis mejillas y mi piel, por el aumento de presión sanguínea.
En cuanto mis músculos hicieron el amago de calmarse, ya una vez sentada frente a ella, mantuve mis labios ensanchados mientras mis ojos derivaban un destello y una mirada que denotaban mi particular percepción de las cosas, alegre y motivada.
¿Por qué lo habría? Para nada. Además, es el sitio más seguro que hay en el caso de las mujeres para guardarse las cosas importantes. Abundan los ladrones, por desgracia, pero no se atreverían a meter su sucia mano entre mis “amigas”, si saben lo que les conviene.
Tras la declaración, guardé silencio, para escuchar lo que fuera a decir. Y parece que no se tomó nada mal mi intromisión. Al contrario, parecía resultarle agradable, aunque su tono se fue secando paulatinamente, a medida que avanzaba, decayendo finalmente en cuanto mencionó el caballo.

Me giré para ver a qué clase de animal se refería, y me quedé estupefacta observando al magnífico corcel de color chocolate que hacía gala de su preciosa estampa mientras pasaba a nuestro lado. Nunca había tenido un caballo, y eso siempre me magnificaba.

Pero volví la cabeza hacia ella, observándole con atención. Su repentina seriedad… ¿se debería a que ese tal Hubbert se trataba de su esposo, de su padre, quizás de un hermano imperativo? ¿A qué clase de vida social estaría sometida esta muchacha?

Ciertamente, aunque los caballos, por desgracia, no poseen la habilidad de conversar, ni de otras formas de relaciones humanas

Así que ahora yo era la interrogada aquí. No pude sino cruzar mis brazos sobre mi estómago, recostándome en mi asiento mientras mi mirada reposaba con calma sobre su figura, su rostro, y su delicada sonrisa digna de una señorita. Seguramente eso sería, una señorita de alta alcurnia, ahora que lo pensaba. Pero seguía sin indicarme quién sería ese hombre de extraño nombre.

 Me encantaría seguir acompañando a tan agradable mujer en una conversación digna de su cultura como la que estamos teniendo ahora. Hmm, a ver qué tienen ahora para mí

Tras mis palabras, pensaba en el sabor del zumo que había ingerido hacía escasos minutos, y no pude sino relamer mis labios, pensando en el deleite del paladar que había sido para mí.
La moza camarera estaba al otro lado de la ventana del local, mirando de cuando en cuando hacia aquí, seguramente para controlar que no nos faltara nada. Y mi mirada se cruzó con la suya, que se mantuvo con una cierta seriedad, hasta que rompió en el nerviosismo.  Levanté una mano lentamente desde mi estómago e hice un ademán de que se acercara, moviendo los dedos de la mano, con la palma hacia arriba, abriéndolos y cerrándolos.

La muchacha pareció entenderlo bien, y salió por la puerta con presteza, y un aparente nerviosismo, deteniéndose junto a nuestra mesa, esperando con sumisión que le diéramos algún recado.

Tráeme algo parecido al zumo anterior, que sea con materiales propios de aquí, y que sea otro diferente, si gustáis

La moza asintió en silencio y se marchó con presteza de nuestra vista.

Me volví nuevamente hacia la muchacha, que aún permanecía en el anonimato, y volví a inclinarme hacia delante, dejando apoyarse los brazos sobre la mesa, paralelos a mi pecho, y con las palmas hacia abajo.

Pues veréis. Soy una persona que gusta mucho de viajar, conocer el mundo, e ir de un sitio a otro, conociendo a sus gentes, costumbres, lugares concretos y demases. Vengo de lejanas tierras del Este, y quise acercarme por aquí a conocer tan famosa ciudad. Y desde luego, superó mis expectativas.

Repuse sonriendo, pero no miraba la ciudad. Le miraba a ella, miraba hacia el interior de su ser a través de sus ojos rosados.

Así que, sí, tenéis razón. No soy de aquí, jejeje.

Me incliné hacia delante,  apoyándome de nuevo sobre los codos, con lo cual, mi espalda se echó hacia delante, y mi rostro quedó bastante más cerca del suyo ahora. Era un gesto que denotaba un fuerte interés, porque le observaba de cerca, con un semblante de deleite y gozo.
Mi padre me llama Tanya. La gente que me desconoce me llaman “la pelirroja”. Pero vos podéis llamarme Janna, que es mi verdadero nombre

Por ahora mejor guardarme que algunos tenían la desfachatez de llamarme cortesana, aunque mejor que otros sinónimos, sin duda.
¿Podría tener el placer de saber vuestro nombre, como yo os he dado? Me encantaría conocer el nombre de tan agradable y bella señorita

Repuse ensanchando una sonrisa, observándole la mitad superior de su figura, la que podía observar desde mi posición. Se notaba una muchacha esbelta y delgada, pero no estaba falta de encantos y figura femenina, para nada. Desde luego, una muchacha muy atractiva, sin duda. Y cuanto más me daba cuenta de ello, más me atraía mantenerme allí con ella. Aunque a primera vista pareciera que se guardara sus verdaderos sentimientos, empezaba a expresarse bastante bien.


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Re: Encuentro discordante [Privado Malina y Janna]

Mensaje por Malina el Jue Mayo 14, 2015 5:40 pm

Malina paseaba la mirada en la mujer que tenía en frente: provista de un inusual descaro, estiró la mano y deslizó los dedos en la cuerda de la bolsa de monedas, apretándolo un poco más – ciertamente, y de buenas a primera, no tengo los atributos de los que usted hace gala – dijo, acompañando la declaración con  una sonrisa – Debo declarar que tratarlas como “amigas”, no es algo que haya oído vez alguna. En sí, Lewe comenzó a perfilar en la mujer, sin quererlo ni proponerlo, una irremediable sensación de libertad: por la forma en que se movía y se ufanaba de su cuerpo,  la tensión desprovista del peso social…Una meditación imperecedera que se alojó pesadamente en los labios. El sol brillaba, pero aún no había empezado a calentar. Notó que, mientas más cerca estaba de terminar el café, la tensión iba cediendo, y a la vez se perfilaba completa, sobre los restos del brebaje que quedaban en la taza, observándose por secciones: vio cómo la tenaza bajo la cual la había tenido el “honor” de crecer iba perdiendo fuerza. Miró a Tanya.

Y he ahí que otra interrogante nació, al ver la fascinación dibujada en su rostro - ¿nunca ha tenido el privilegio de montar un caballo? – preguntó, con disimulada curiosidad. Difícilmente podía discernir a qué círculo social podría pertenecer la dama. Con la información aportada, el primer perfil que se le vino a la cabeza fue la de ser hija de comerciantes ambulantes, un rubro nada despreciable, y de hecho, mucho más emocionante de lo que aparentaba. Pero no calzaba con la declaración primera. Un suspiro profundo surgió de la boca de Lewe, quien, acomodó los codos en la mesa, apoyando su mentón sobre su mano, dejando , con la otra, la taza vacía, esperando a que la camarera, traiga más de ese brebaje – igual que éste – le sugirió , una vez la vio cerca, siguiendo las órdenes de la pelirroja.

La mujer carraspeó un poco y miró al cielo tratando de controlar el pomposo apelativo. Se apretó las manos. El traje le molestaba de forma inusual, “aún debo tener la cintura desarmada”, pensó para sí con calma, y se aflojó el cuello en busca de más aire. Se sentía como si estuviera asfixiándose – Malina. Ese es mi apelativo – sonrió, segura de su presentación. Por alguna extraña razón, no obstante, la misma seguridad con la que hacía gala en su presentación, se había visto mermado por la pelirroja, ¿por qué? Inexplicable, por decirlo menos – no hay mucho que decir de mí, para ser sinceros – comenzó a recitar – suelo viajar bastante, a veces sola, a veces acompañada…-ladeó la cabeza, sin saber con claridad qué decir – acostumbro pintar – su escasa fe en las palabras había comenzado a aflorar: paulatinamente se le iba apagando la voz, dedicándose solo a observar, deleitándose con ello - ¿y usted?
 


off:
Lamento que la respuesta sea tan mala Sad pero no quería seguir estancando el tema así sin más :C
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Re: Encuentro discordante [Privado Malina y Janna]

Mensaje por Janna Tanya el Dom Mayo 24, 2015 4:35 pm

No pude evitar soltar una pequeña carcajada ante su declaración. Quizás fuera verdad que no tuviera mis atributos, evidentemente, pues eran míos. Pero ella era poseedora de otros atributos nada desdeñables, y no solamente hacía referencia a los pechos en esto. Quizás ella no era consciente de eso. Y lo de tratarlas de amigas, me pareció aún más gracioso la forma que tuvo de responder a ello.

Me di cuenta de que a medida que se sucedían los segundos, la muchacha frente a mí se notaba más relajada, y acostumbrada a mi persona. ¿O quizás era por otra razón? Desde luego, sus músculos estaban mucho menos tensos, y se notaba menos preocupada por lo que fuera que antes le traspasaba la mente, hasta que apareció súbitamente la curiosidad en su tez.
En el blanco. A lo mejor era más fácil de leerme de lo que yo pensaba. El tener un caballo no debía de ser “cualquier cosa”. Es probable que esta mujer fuera de “buena cuna”, dadas sus formas, sus ropajes, y su tranquilidad con los gastos.

Pero en cuanto le llamé “señorita”, se puso tensa y apartó la mirada. ¿Quizás no le gustaba que le llamara así. Sus manos se juntaron, y bajó el cuello de su vestido, otorgando así mayor visión de su nívea piel. ¿Por qué?¿Tan mal le sentó que yo le llamara de aquel modo? Suponía que debía disculparme, o preguntarle al menos.

Y poco a poco, sus palabras se fueron apagando, como el gorjeo de los pájaros en las profundidades del bosque.

Bonito nombre. Malina, me gusta cómo suena.

Repuse apoyando mi mejilla sobre la palma de una mano, mientras mi voz se iba volviendo melosa y más pausada.

Viajar... Pintar… Me gustan ambas cosas, aunque yo no sé pintar, pero estaría muy interesante aprender.

Elevé la mirada hacia sus ojos nuevamente, y se me ensanchó una sonrisa relajada, mientras el brillo de mis pupilas se reflejaba en otra dirección a medida que mis pupilas se dilataban.

Hmm… Yo suelo ir de lugar en lugar, viajando, conociendo gente y lugares preciosos. Aprendo sobre el mundo, e intento conocerme un poco más a mí misma también.

Ahora estaba dudando entre preguntarle sobre su tensión, o dejarlo correr. Quizás no se sentiría cómoda respondiendo a una pregunta así. Al menos por ahora. Pero me la guardaría para un futuro próximo. Qué menos.

Inspiré suavemente el aire, que retuve entre mis carnosos labios rojizos, y expulsé suavemente entre ellos, como una brisa susurrante que trata de abrirse paso entre los huecos entre ramas de los árboles, cargado de una pregunta que me inquietaba conocer la respuesta

Hmm… Malina… Tengo una pregunta que me gustaría hacerte.

Volví a erguir la cabeza, y apoyé una palma de la mano sobre la otra, mientras apoyaba los codos sobre la mesa. Mi mirada seguía fijada en sus ojos.

¿Podría… quizás, ser un modelo para ti? Me gustaría saber cómo eres pintando, y cómo podrías plasmar mi ser en un cuadro. Y para mí sería un honor

Rápidamente, después de una corta pausa, agregué
No tiene por qué ser pronto, y no tienes por qué hacerlo. Sólo era una pregunta por curiosidad


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Re: Encuentro discordante [Privado Malina y Janna]

Mensaje por Malina el Vie Jun 19, 2015 5:46 am

Malina no recordaba de cuándo había estado tan nerviosa como ahora. Y era un pavor sin aparente causa, lo cual, le imbuía un halo trémulo, poco a poco las palabras valerosas comenzaban a perder todo tipo de validez. Dejando así una Malina prístina, casi sin pulir. La parte más pesada para la joven era, sin duda, tratar de ser condescendiente con el resto: buscar la forma de darse a entender a partir de las palabras, arte magníficamente empleado por su familia… Y luego se saltaba su persona.

Se sintió avergonzada por la dama, ¿por qué? Ni la menor idea tenía de ello, su labia retumbaba más que la propia en sus labios, y ello le provocaba estupor, casi pesadumbre. Se estremeció y movió sus hombros, como si de frío se tratase- Debe ser que, en Loc Lac ese tipo de expresiones suenan más fuera de casa – volvió a justificarse; se apoderó de la palabra “amigas” y volvió, por instinto, a mirarse las suyas: no, ni en el mejor de los casos llegaría siquiera a ser la comparación fidedigna. Tal vez la forma miniatura de las suyas sumado a su carácter casi infantil le ayudaron a aminorarse frente a ella. Sacudió, de pronto la turbia tristeza, el tiempo se le hacía arena en las manos y aunque no tuviera nada que hacer, su cuerpo le imploraba pernoctar, tal vez unos minutos, o un día completo, todo en función de sus deseos.

¿Cómo, te gusta mi nombre? – refutó sonrojada – Gracias, supongo. Aunque signifique “frambuesa”- completó la respuesta, moviendo las manos. Siguió escuchando a la pelirroja, ahora con interés, la adulación fue beneficiosa para tomar confianza, o al menos apaciguar los muros que la separaban. En el linde de la confianza, cuando decidió abrirse un poco más, sintió el porqué de su ostracismo. Abrió los ojos de par en par, acomodándose en la silla, frente a la pelirroja – En cierta forma, te envidio – platicó, con soltura de cuerpo – me pides algo que mucha gente me solicita sin nada más que una sugerencia, ello es algo que siempre quise oír – su labia se había distendido, como si en su interior una relajante melodía hiciera mella a todos sus tormentos – viajar y pintar, es la primera vez que encuentro a alguien con gustos parecidos a los míos – y sonrió, con dulzura – imagínese lo que es para mí escuchar a alguien que quiere aprender – en lo último no mentía: a pesar de tener un trayectoria menor a otros artistas, Malina, acostumbrada a que la soliciten en las residencias más grandes, nunca había oído a alguien expresar semejante necesidad. Así fue como la imagen extraña de Janna, se le hizo lozana a sus orbes, pasando de una hostilidad a un relajo inusual.

Su sonrisa se le hizo agradable y sus inquietudes cercanas. Pecaba a veces, de confiar muy rápido, pero ¿qué daño podía hacer? Al parecer ninguno. Era entretenido, una delicia tener una velada sin Hubbert a su lado, susurrando quien traía problemas y quién no. Ella no parecía encajar con nada que le pareciera voraz, atreviéndose a sostener su rostro entre sus manos, con una amplia sonrisa - ¿una pregunta? – inquirió con una curiosidad reluciente, también fijando la mirada en ella.

No se esperaba una pregunta de dicho calibre - ¿una modelo? – reflexionó a viva voz. Dentro de su cabeza pasaron un millón de imágenes, tantos recuerdos fugaces, en los cuales se remarcaba una sola cosa: no había retratado a una mujer. Al parecer, todo el tiempo invertido e retratar gente solo se lo había concedido al sexo opuesto ¿a razón de qué? Ni idea tenía. La joven quedó seria por un momento, perdida en sus objeciones personales, regresando de golpe a la realidad, cuando dio una segunda sugerencia – No, no es algo negativo, al contrario. Sucede que yo… No sé qué podría resultar pintando a una mujer: generalmente me llaman a pintar a hombres, ancianos, pálidos y canosos – la retahíla de adjetivos salían de su boca disparados, por los nervios de la sugerencia ¿A razón de qué le prestaba tanta importancia? La novedad crecía y crecía y con eso, las expectativas de Lewe, lejanas a todo tipo de idea prístina, sino más bien, cercanas a una concepción práctica: aprender.

No niego que sea una sugerencia abrupta. Me ha dejado sin palabras para responder correctamente – se excusó, carraspeando – lo de pronto… Tiene un límite“Hubbert querrá posiblemente que me vaya con él a Loc Lac o a casa”- y me gusta conversar con las personas… Que, retrato… El porqué, para qué y cómo – hizo una pausa torpe, tomando aire, sonrojada- a veces quieren los cuadros para adornar las chimeneas de sus casas y así mantenerse vigentes durante eones. Otros, lo hacen con fines lúdicos, guardando una imagen para los más cercanos ¿ Para qué desea usted un retrato? – preguntó con premura la pelirrosa, intrigada – por ello los entrevisto, y paso al menos, medio día con ellos – sentenció ruborizada. “Más parece una caprichosa orden, que un protocolo pensó, atribulada por su idea – Si lo desea así, puede ceñirse a lo que le digo, o puede tomarse su tiempo…


Última edición por Malina el Lun Jun 29, 2015 4:05 am, editado 1 vez
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Re: Encuentro discordante [Privado Malina y Janna]

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