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El principio del verano. H8SDUFN
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El principio del verano.

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Mensaje por Thorin el Lun Abr 06, 2015 1:48 am

Ultimo día de la primavera, pronto el frío de la primavera se marcharía y la mar sería apta para comenzar el saqueo estival, un momento harto esperado por todos en los glaciares, este era el momento del año en que los guerreros de las aldeas, marchaban al sur o incluso a luchar contra otros vikhars, con el fin de abastecerse de ciertas cosas; Tales como esclavos, armas y joyas, puede parecer algo barbarico y sin duda, los ajenos a los glaciares lo entenderán así, pero no así lo entienden sus habitantes, quien en su mayoría viven del comercio de lo que saquean durante el verano.
Pronto los drakkar estarían listos para zarpar del fiordo, pero antes, aquellos que fueran a zarpar serian llamados a la capital de la región, allí el jefe les daría las directivas sobre a donde deberían ir este año para los saqueos, yo mientras despertaba en el lecho con mi mujer, quien ya estaba despierta desde hacia un rato, solo que ella no me quería despertar.
Mis ojos se abrieron lentamente, estaba cansado, el día anterior había sido un largo día con los animales, pero me reconfortaba saber que ese esfuerzo, me proporcionaba comida tanto a mi como a mi familia, los cuales no eramos precisamente pocos. -Buenos días.- Me saludo ella mientras yo me incorporaba, llevándome la mano derecha a la cabeza. -¿Sabes que día es hoy cierto?- Yo asentí sin responderla con palabras, aun estaba algo dormido y realmente la pereza ahora era presa de mi, de hecho, de no ser porque mi esposa lo evitó me hubiese vuelto a dormir, pero ella me hizo despertar y aunque no estaba de muy buen humor por ello, pero bueno a veces simplemente, hay que despertarse.

Primero estaba el desayuno, un poco de salmón y carne de las ultimas cacerías del invierno, nuestro esclavo nos sirvió. Artheden en concreto era quien nos sirvió, era un esclavo si, pero de alguna manera y con el paso del tiempo, yo mismo había llegado a considerarlo un camarada, pues aun sabiendo de su condición el nunca me despreció, quizás debido a que en su momento mostrara cierta bondad con el.
La mesa estaba servida, yo mismo invite al esclavo a acompañarnos en este desayuno, algo que a mi esposa Britta nunca le gusto, pero bueno, es mi casa y son mis normas, en el desayuno nos acompañaba mi padre, Harald, un valiente guerrero que nunca tuvo la fortuna de hallar la muerte en batalla, creyéndose que estaba maldito, ahora ya era mayor para que nadie lo aceptara en su tripulación para los saqueos estivales, apenas podía sostener una espada para luchar, eso lo mantenía apartado de las incursiones, algo de lo que en realidad no sabía bien si estar agradecido o no. Con la comida ya en la mesa, mire a los alrededores, aquí faltaba algo. Me volví hacia mi mujer. -¿Donde están los críos?- Si, en este desayuno faltaba todavía parte de mi familia, concretamente tres de ellos, mis tres pequeños y grandes logros, a quienes amaba con locura. -Hace una hora que se fueron. Me dijeron que iba a ver Olaf.- Para nosotros, Olaf era algo así como el pescador habitual del pueblo, siempre que podía pescaba y luego lo vendía pero también lo conocíamos, como una especie de cuenta cuentos, alguien que siempre tiene historias para entretener a los niños. Yo me molesté un poco al escuchar esto, puesto que se designaba el destino para las incursiones del verano, y eso no me seria un problema, de no ser porque mi hijo me acompañaría a la casa comunal del jefe, ya tenia edad para visitar la capital y juramentar ante el jefe, esa era mi intención para con el en el día de hoy, además esto me haría pasar un tiempo a solas con el antes de la partida.

-Artheden ve a buscarlos.- Le ordené pero, no era una orden con un tono de voz molesto, simplemente una petición, si yo fuera una persona educada se lo habría pedido por favor, pero bueno. Tras unos cuantos años viviendo aquí, mi esclavo ya sabía de sobra como era yo. Se levantó de la mesa y salió por la puerta a buscarlos, mientras yo tomaba mi desayuno acompañado por un poco de hidromiel casera, esta la hacia mi padre, ser tan mayor tiene sus ventajas. -¿Donde crees que iréis esta año?- Pregunto Britta mientras tomaba un trago y un buen pedazo del salmón. -No tengo ni idea, te lo diré en mi regreso. Si me acuerdo claro.- Le dije en respuesta, aunque no fue una pronunciación limpia pues aun tenia comida en la boca. -Seguramente, volveréis a marchar al oeste, el ultimo año nos fue bien por allí.- Dijo mi padre, uniéndose así a la conversación. -Es posible, pero Ingvarr ya tiene edad para ir a la capital, lo llevare conmigo.- Britta no estaba demasiado contenta con la idea, pero eso a mi me daba igual. Ella sabia que en la capital, lo que podría considerarse nuestra ciudad estado, el niño bebería y probablemente conocería una mujer. -¿Y que hará en la capital? No es mas que un niño, jurara su lealtad ¿y después que?- Amor de madre penes yo mientras la escuchaba. -Ambos eramos críos cuando nos conocimos Britta, tiene la edad. Además ya puede empuñar un arma, cuando sea un poco mas fuerte vendrá con nosotros durante los saqueos estivales.- Eso sería la gota que colmo el vaso, si algún defecto tenía mi esposa es un lado extremadamente protector con sus hijos, nunca los vería lo suficientemente mayores para nada. Ella gritaba y gritaba, como siempre que surgían temas de estos. -¡¿Y que vas a hacer. Mantenerlos aquí encerrados hasta se te antoje?! ¡son niños! No tus mascotas.- Realmente no la soportaba cuando hacia esto y antes de que Britta pudiera responderme, y antes de que ella me propinara una segura bofetada, Artheden regresó a casa acompañado de mis tres hijos.

-Ya estamos de vuelta.- Dijo Artheden entrando por la puerta, acompañado por mis hijos, tres en total un varón y dos niñas, Helga y Sjöfn, los tres tenían el mismo color de mi cabello, aunque tan solo Sjöfn había heredado mis ojos, en cuanto a carácter Ingvarr era el que mas se parecía a mi y extrañamente, Helga no se parecía ni a mi ni a Britta en el carácter o la forma de actuar. En cuanto entraron por la puerta yo me puse en pie, saludándolos y recibiéndolos con los brazos abiertos. Ellos me abrazaron y me tiraron al suelo, hoy era un día especial para todos, Ingvarr vendría conmigo a la capital y también coincidía con el aniversario de Helga, ella cumplía hoy catorce años, siendo ella la mayor de los tres, Ingvarr estaba en medio de sus hermanas, no era ni el pequeño ni el grande tenia trece años y por último la pequeña Sjöfn, de ocho años. -Padre, Olaf nos a contado un montón de cosas.- ¿Ah si? Respondería yo con alegría mientras me ponía de nuevo en pie. -Dice que el verano pasado, tuvisteis la desgracia de encontraros con un kraken ¿es verdad?- Pregunto el muchacho con inocencia, a los críos les encanta escuchar historias imposibles o fantásticas. -Hijo, no te tomes todo lo que dice Olaf enserio, esta loco.- Pretendía ser una mofa, un chiste, al niño pareció hacerle gracia. Olaf era un buen amigo mio y un camarada, pero siempre exageraba sus historias y por eso los niños lo buscaban para que les contara como fueron las cosas durante las incursiones estivales, y este siempre tendía a exagerarlas.
Me agache para estar a la altura de mi hijo, si algo había heredado este era mi altura desde luego, era tan alto como yo a su edad. -¿Preparado para ir a la capital?- Ingvarr asintió mientras yo me ponía en pie. -¿Tu nos acompañas abuelo?- Mi padre nos miro y en primera instancia se negó un poco. -Vamos. Estás viejo para luchar, no para beber y festejar.- Nuevamente Harald se repuso a venir, desde hacia años no asistía a estas reuniones, y podía entender porque no lo hacía, simplemente porque nadie querría llevarle a los saqueos. -Artheden, prepara los caballos.- El esclavo asintió y abandono la casa, para cumplir con mis deseos yo mientras aprovecharía el tiempo en pasarlo con mi hijo e hijas.

Yo jugaba en el terreno, corriendo tras mis hijos, una especie de juego de atrapar, había risas y felicidad sin duda, Sjöfn que era la mas pequeña apenas se apartaba de mi y yo la cargaba en mis brazos, mientras perseguíamos a Helga. Nuestros perros, la manada de Elkhounds corrían alrededor de nosotros, ladrando y uniéndose a este juego, una imagen idílica sin duda.
Los cascos de varios caballos interrumpieron el momento, Artheden se acercaba junto con dos equinos, Hestur, mi caballo y su pareja Sica, la yegua que transportaría a mi hijo hasta la reunión. -¿Listo Ingvarr?- El asintió y fue corriendo para casa para recoger sus cosas. Helga lo siguió aunque ella se quedaría y Sjöfn seria mas difícil, ella estaba ahora sobre mis hombros y no parecía querer bajar. -Al suelo pequeña, papa debe marcharse ahora.- No lucia contenta desde luego, la inste a seguir a su hermana a la casa y ella obedeció. Britta había salido y se coloco al lado de Ingvarr. -No tienes que ir si no quieres.- Y ahí estaba nuevamente, pero me ahorre el hacer algún comentario. -Ingvarr, vámonos.- El se despidió de su madre, mientras Artheden le ayudaba a montar al caballo. -Adiós mamá.- Entonces exclamo un ''hay'' y la yegua empezó a moverse. -Estaremos de vuelta en unos días, no te preocupes. Cuida bien de las niñas. Artheden prepara mis armas para cuando vuelva, afilalas y dales una puesta a punto.- El esclavo asintió a mi orden. -Así sera, no te preocupes.- Y partí junto a mi hijo de camino a la capital.
Al viaje se nos unieron algunas personas, entre ellas Olaf, de nuestro pueblo la verdad es que fuimos unos cinco, contando a mi hijo entre ellos claro, algunos no marchaban a la capital, simplemente esperaban al regreso de los que íbamos para que les informáramos de a donde iríamos este verano.

Seria bien entrada la noche, cuando llegáramos a la capital, aunque nosotros la conocíamos como nuestra ciudad estado, no tenia el tamaño de una ciudad, apenas tendría unos ciento cincuenta habitantes, pero en comparación a los poblados repartidos por la región, era una enorme cantidad de habitantes, por ejemplo, de donde yo venia la población no superaba los sesenta lugareños, con lo cual, que en un lugar vivieran ciento cincuenta o doscientas personas, ya lo podíamos considerar como una ciudad, pero si que somos conscientes de que en otros lugares hay ciudades gigantescas, llenas de gente, superando los millares algo incomodo la verdad o al menos desde mi punto de vista.
Ingvarr miraba alrededor, era la primera vez que veía este lugar, había gente moviéndose en todas direcciones, siempre había alguien haciendo algo, también vio varios guerreros, guerreros con un porte parecido al mio o al de Olaf, algunos portaban enormes barbas, ataviadas con algunos adornos de metal, otros la llevaban hecha con trenzas, algunos como yo, la llevaban recortada. -Mira allí hijo.- Entonces sus ojos vieron por primera vez, el gran salón de los escudos, donde se festejaban las victorias y el jefe organizaba las reuniones para decidir donde se marcharían este verano.

Mientras el chico se quedaba embobado mirando la casa, yo y los demás guerreros de la aldea desmontábamos. -Ingvarr.- Dije para llamar su atención, el desmontó aunque yo lo ayude un poco y nos dirigimos hacia la gran sala, o comúnmente llamada salón de escudos, era un lugar aparentemente solo para festejar, pero no era así, también era la casa del jefe y también era el lugar donde se juramentaba lealtad, así como también el mayor lugar de reunión de los pueblos y aldeas cercanas.
Nuestro jefe, recibía el nombre de Einar, hoy mi hijo juraría lealtad hacia el, pero la verdad, es que tanto yo como Einar no es que precisamente nos entenderíamos, ni siquiera nos llevábamos bien, pero yo no iba a dejar de venir a las reuniones y ver a mis viejos camaradas por alguien a quien considere un imbécil.
Una vez dentro, mi hijo pudo sentir el bullicio de la gente, había muchas personas, hombres, mujeres, incluso muchachos y muchachas de su edad. -Anda, ve a divertirte.- Le dije dándole una palmada en la espalda. -Y si bebes, trata de no vomitar sobre la comida al menos.- Dicho esto Ingvarr se fue de mi lado, para ir a investigar el mismo el lugar, mientras yo lo seguía con una sonrisa en el rostro. -Vaya, vaya.- Irrumpió una voz al tiempo que mi sonrisa se esfumaba. -No te esperaba tan pronto Thorin.- Einar se había personado y estaba a mi lado. Era un poco mas bajo que yo, mediría un metro noventa mas o menos. -Einar.- Lo nombre saludándolo.

Olaf me dio un golpe en la espalda, mientras reía. -Esto esta repleto de putas Thorin, así seguro que hasta tu hijo puede echar un polvo.- La tensión momentánea se esfumó con su aparición, supongo que podría estarle agradecido. Einar viendo que no pintaba nada en esta conversación, se marchó para seguir recibiendo invitados. Mi camarada me ofreció un cuerno lleno de hidromiel, hoy como cada año se celebraría la llegada del verano en este salón, comeríamos y beberíamos, y mañana se decidiría donde vamos este año y los jóvenes jurarían su lealtad a nuestro jefe.
No existía un sistema de organización, mas allá de que algunos ya nos conocíamos de antes y nos sentábamos unos al lado de otros, mientras hermosas mujeres nos servían bebida, mi hijo estaba sentado a mi lado izquierdo, Olaf en el derecho, en frente varios camaradas más, tres procedentes de mi pueblo natal, en la mesa había suculentos manjares, sopas, carne asada de reno, de oso, cabra y cerdo, manjar de los dioses para nosotros.

Risas y alcohol ¿que mas se podría pedir? Según avanzaba la noche, el alcohol hacía efecto, Olaf que era un aguerrido bebedor casi no podia ni hablar. -Venn... ''hip'' acá mossszzzzza... qe ''hip'' ereessss la mash bonita del salón.- Los demás reíamos al verlo, pues estaba tan borracho, y su voz estaba tan malgastada, que era cómico. -¡Olaf que es un hombre!- Le dije. -¿QUie?- Respondió como si no me hubiese oído. -Que intentas follarte a un hombre, míralo. Si tiene barba.- Olaf se volvió para ver a su amada. -Dishculpe señoririiiita ''hip''- Y una nueva carcajada del grupo entero siguió a sus palabras, pero había una risa que no escuche, mi hijo. Era la primera vez que se emborrachaba y no tenía buena cara la verdad, pero es normal, mi primer festejo tampoco fue el mejor día de mi vida, la primera vez siempre resulta algo desagradable, aun mas cuando Ingvarr se volvió y vomito en el suelo. -Bueno, se acabo la fiesta para ti.- Le dije con algo de dificultad, fruto de la embriaguez. Una de las mujeres se acerco cuando le hice una señal con el brazo, puede parecer un mundo de hombres, pero creerme si os digo que las mujeres no solo sirven bebida en estas fiestas. -Llévate a mi hijo, a bebido bastante por hoy.- También debo especificar que las mujeres que sirven, suelen ser esclavas, las mujeres libres de nuestro pueblo que están aquí, se encuentran festejando y bebiendo con los hombres.
La esclava asintió y tomo a mi hijo por los brazos ayudándolo a ponerse en pie. -Ya veras que mañana estas mejor. Recuerda estas palabras hijo mio, las resacas solo son para aquellos que dejan de beber.- La noche siguió con este ritmo y el festejo se alargo bastante. La mañana siguiente, todo el pueblo permaneció en silencio, todos dormían y descansaban del festejo estival, habría otro al regreso de los saqueos, pero para eso, debe terminar el verano.

Al mediodía, nos despertamos todos, o casi todos, Olaf no lo hizo, había bebido tanto la noche anterior que ni siquiera sabía donde estaba, pero el siempre regresa. Nuevamente los representantes de la región así como algunos guerreros estábamos nuevamente en el gran salón, esta vez con un ambiente muchísimo mas serio, primero los jóvenes juramentarían su lealtad al jefe, después este decidiría el destino de este verano.
El juramento se hizo como siempre, nada que destacar, los jóvenes se presentaban ante el jefe y juraban lealtad hacia su persona, después la mujer del líder besaba su frente y después sus labios, ahora ya eran hombres libres y eran considerados hombres. Mi hija Helga hizo su juramento el año anterior y precisamente fue esta la razón de el odio mutuo entre Einar y yo, como padre estoy en mi derecho de decidir con quien se casara mi hija, el jefe no lo vió así pues la quería para su propio hijo, algo a lo que yo me negué y desde ese día nuestra relación paso a ser poco amistosa.

La reunión se empezó, justo cuando se termino el ritual de juramento de los jóvenes, yo me mantenía con los brazos cruzados, desde mi pueblo saldría uno de los barcos que partirían a los saqueos estivales, con lo que tan solo necesitaba tripulación y un destino. Olaf estaba detrás de mi, aunque si partíamos en un principio en la dirección que nos decía el jefe, lo normal es que nos desviáramos, por propia voluntad todo sea dicho, porque si que es cierto que los últimos veranos, sus directrices no es que nos hallan traído precisamente las mayores riquezas, siempre rascando migajas. -Este año marcharemos al oeste.- Hubo algunas quejas, era el mismo destino que los años anteriores, productivos, siempre sacábamos algo, pero nada reseñable la verdad. -¿Y si marcháramos al sur?- Sugerí como siempre, aunque no se me escuchara. El jefe quizás por el rencor que mostraba por mi, tal vez no lo viese mi sugerencia de forma objetiva y nuevamente reafirmo el ir al oeste, sin opción de debate. Un animal de costumbres podríamos decir.    

Fuera ya del gran salón, yo estaba preparando mi caballo para volver a casa, junto con mi hijo, quien subido a un taburete, preparaba a la yegua. -Aprendes rápido.- Ingvarr sonrió y agradeció mi comentario, Olaf también se personó tras nosotros, el partiría con nosotros. -¿Porque no te quedas un día mas? Seguro que el jefe todavía prepara algún festejo antes de los saqueos.- El vikhar sonrió. -Creo que ayer festeje como para celebrar, cuatro comienzos del verano.- Respondió jocoso, mientras preparaba el también a su caballo. -Además no te librarás tan fácilmente de mi hijo de Harald.- Yo sonreí negando con la cabeza. Todo estaba ya dispuesto para nuestro regreso al pueblo desde donde partiríamos con mi drakkar.

Como una repetición del primer viaje, nuestro regreso se dio por finalizado entrada ya la noche, y antes de que cada uno marchara a su hogar. -Bueno Olaf. Mañana nos vemos, que va a haber bastante trabajo.- El vikhar asintió para después marcharse a su casa, nosotros hicimos lo mismo y volvimos a la casa Harald, nuestro hogar.
Hestur y Sica fueron llevados al establo y entonces, fuimos a casa. Al entrar por la puerta estaba todo a oscuras, con lo que presuponíamos que ya estaban todos dormidos. -¿Padre?- La voz de Helga rompió el silencio de nuestra llegada, Ingvarr se asustó pues no esperaba este recibimiento, yo en cambio pude aguantar el sobresalto. -¿Que haces despierta?- Ella me abrazo. De todos mis hijos ella era la mas apegada a mi persona, siempre preocupada, siempre buscando estar conmigo, como el año pasado la idea de que yo marchara por un tiempo de casa no la complacía en lo absoluto. -Ve a dormir Ingvarr.- El muchacho no me rebatió se marcho para ir a dormir, dejándome a solas con su hermana. Yo me senté en la mesa y antes de que dijese nada, Helga se abrazó a mi. -¿De verdad tienes que marcharte?- Mi mano derecha se poso en su cabeza, acariciándole el cabello. -Ya sabes que si pequeña, pero no debes preocuparte.- Le dije para que se sintiera mas relajada. -No importa cuan lejos marche Helga, siempre cuidare de ti.- Ella sonrió y me quede un rato con ella, hasta que el sueño hizo presa y se durmió sobre mi. Algo cansado suspiré y cargue con ella para llevarla a la cama, la arropé e instintivamente recordaba cuando era pequeña y me pedía que buscara trolls bajo su cama, para que no se llevaran sus cosas. -Buenas noches pequeña.- Entonces me marche a mi cama, yo también necesitaba dormir y los parpados apenas mantenían mis ojos abiertos.

Al día siguiente empezaron ya los verdaderos preparativos, había que poner el barco a punto para zarpar en cualquier momento, también cargar las provisiones así como yo debía seleccionar a quienes venían conmigo en este viaje, un máximo de veinte y cinco, claro esta con sus armas, de momento uno de los integrantes estaba ya mas que confirmado, Olaf, el resto vendrían a pedirme venir conmigo en el barco durante el día o el mismo Olaf los reclutaría, yo tenía que ocupar mi día en preparar el drakkar junto con mi padre, era un trabajo duro, pues todo era hecho a ojo y con un hacha como herramienta. Ni martillos, ni sierras, si de verdad quieres un artesano, no encontraras un artesano mejor que un astillero vikhar de los glaciares.

Al día siguiente, ya todo estaba listo para nuestra marcha, eramos un total de veinte guerreros los que partiríamos de este pueblo, entre ellos Olaf por supuesto, era el momento de la despedida, el momento mas duro antes de iniciar nuestro viaje hacia nuevas tierras que saquear. Todos decían adiós a sus familias y amigos que se quedaban en tierra, yo me abrazaba a mis hijos, mi mujer como siempre fría y distante, enfadada esta vez por haberme llevado a Ingvarr a la capital como hiciera el año anterior con Helga, pero bueno, ya se le pasaría el berrinche. -Tranquilos, que volveré. Siempre regreso.- Les dije para tranquilizarlos, aunque solo Helga lloraba y Sjöfn se unía a ella, por ser la mas pequeña, pero estaba seguro que cuando fuera mayor sería muy valiente. -Thorin. Es la hora.- Mis hijos dejaron de abrazarme y se fueron junto con su madre, entonces me planté frente a mi padre. -No se te ocurra ni...- Antes de que terminara de decir nada le dije. -Vamos viejo, un abrazo no te va a matar.- Y lo abracé, el resoplaba como enfadado. -Vamos, suéltame. Lárgate ya de una vez.- Yo me reí mientras lo soltaba. -Te quedas al mando, cuida bien de la familia viejo.- El enfurruñado en apariencia se marcho para estar junto a la familia. -Artheden.- Entonces el me entrego mi espada hielo. -Cuida de ellos. Hazlo por mí.- Y aunque era una orden denotaba cierta confianza en el esclavo, el asintió. -¡Fálki!- Exclamé y tras eso un silbido. La obediente ave voló hasta posarse en mi hombro. -¡Todos listos Thorin!- Y así el barco tras soltar los amarres, empezó a moverse transportándonos así a una nueva aventura.[/color]
Thorin
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El principio del verano. Empty Re: El principio del verano.

Mensaje por Mister Orange el Lun Abr 06, 2015 11:20 pm

Como mi compañera pidió. Hijra aceptado y procedo a  entregar exp/diamantes y color.
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