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Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Mivam el Jue Abr 23, 2015 5:28 pm

El orco pudo observar como una especie de ser humanoide se acercaba a él. Se trataba de un ser diminuto de apariencia insignificante, aunque no se podía juzgar un frasco por su tamaño, sino por su interior. Unas alas salían de su espalda demostrando que no era ningún humano. Mivam no había oído hablar de aquel tipo de raza nunca y tampoco le importaba demasiado-Que criatura más ridícula. Apenas alza un metro del suelo. Debe de ser una nueva aberración de estos humanos…-Pensó Mivam mirando a aquella criatura desde lo alto. Al orco le llamó la atención una especie de cicatrices que tenía la criatura en las mejillas, eran muy pequeñas, parecían hechas por un animal igual de ridículo que él.

Bienvenidos pues seáis a mi humilde morada. Deduzco que venís buscando información importante sobre vuestras cosas. Pasad, por favor, incluso los que no habéis dicho vuestro nombre.- Repuso el hombre de la casa. Mivam se dio la vuelta y pudo ver que se habían reunido una gran cantidad de seres, aquello parecía muy extraño. ¿Dónde se había metido? El orco parecía algo incomodo, no le gustaban las sorpresas y aquello parecía ser algún tipo de trampa.- Tú me reconfortas amado Dios- Recitó Mivam en su mente dirigiéndose al grande que todo lo ve y todo lo mueve.

Al entrar en aquella casa Mivam se dio cuenta de que allí nada era lo que parecía, lo que parecía pequeño, era realmente grande. Antes de entrar habría jurado que no su enorme cuerpo tendría que estar encorvado en aquella casa, pero una vez dentro se dio cuenta de que estaba equivocado.

El humano portaba una especie de mascota y parecía estar bastante tranquilo, algo muy extraño teniendo en cuenta la clase de seres que habían entrado en su morada.

¡Soy Kez!-Dijo el ser humanoide con cicatrices en las mejillas. Aquel ser parecía estúpidamente contento de estar en aquel lugar. ¿Que clase de idiota entra en una casa ajena con esa actitud? Sin duda, era una criatura fuera de lo común. Mivam se sentía un poco enfadado debido al comportamiento de aquella criatura.

-Yo oler que tú ser un cobarde. Tengo ganas de comenzar a matar para ver como huyes-Le dijo Mivam al palomo mientras acariciaba con tranquilidad una de sus hachas.-Dijo el orco en tono de burla. La reacción del palomo no le importó. El orco sabía que era perfectamente capaz de aplastar a ese ser sin ningún problema.

En cuanto todos hubieron entrado en la casa la puerta se cerró. De repente, aparecieron sillones rojizos de aspecto bastante cómodo. Aquello era cosa de la magia por lo que Mivam fue capaz de deducir que aquel hombre era una especie de hechicero.

- Deduzco que en realidad queréis saber algo muy concreto, todos vosotros. Mi nombre es Tristán, y os agradecería al resto que os presentarais también. ¿Queréis saber más sobre la Isla del Destino, no es así?-Dijo el hechicero tranquilamente al tiempo que los examinaba con la mirada. Sus ojos parecían ser capaces de ver más que la simple carne-¿Que clase de magia estará utilizando?-Penso Mivam.

¿Y qué queréis saber? Podéis preguntarme, de hecho… Es el único momento en el cuál tendréis a alguien para poder contestar vuestras más prontas dudas con presteza- Repuso el hechicero. El hombre parecía estar deseando contarles información. Mivam no entendía porque no hablaba sin más…

-Escucha hechicero. He venido para satisfacer los deseos del Dios que todo lo mueve. Llévame hasta la isla para agradar su voluntad. Puede que los humanos tengáis miedo de lo que allí ocurre, pero yo me enfrentaré a ello sin vacilar-Dijo Mivam deseando que todo aquel teatro acabará para comenzar con la matanza. Mivam tenía fama de ser un orco bastante tranquilo comparado con los demás de su raza, pero no tampoco era muy bueno relacionándose con las demás razas.

Los demás también estaban ofreciendo sus preguntas. Parecía que aquello tenía para rato, por suerte, el orco había comido justo unos minutos antes de entrar en la casa. El orco se puso a meditar sobre el resto de seres que habían entrado en la morada del hechicero. ¿Era aquel el momento de empezar a matar?
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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Nalhban el Vie Abr 24, 2015 2:16 am

"Observad el árbol, no importa que crezca sobre una roca, siempre seguirá el curso de su naturaleza, ser fuerte y no doblegarse ante nadie."
 
Ixiyal, Brujo Goblin.
 
Los designios parecían borrosos, el brujo lo sabía, conocía aquel sentimiento de ir a la deriva y aun mas estar lejos de su hogar, de la jungla y los imponentes arboles. Los que le rodeaban no le eran familiares, sus rostros, sus razas, incluso los espíritus que les rodeaban eran ajenos al conocimiento que su padre le había otorgado. Pero eso no le bloqueaba el camino, su padre había sido muy claro y aunque únicamente había vuelto a oír su voz en sueños y visiones, era la guía que necesitaba, por sobre mapas y astros.
 
Entre  todos los seres que le rodeaban, ninguno era como el brujo, pero sentía los flujos de la magia, mas no sabía quién era el portador de aquella esencia, del mana que rodeaba el ambiente, mas si podía sentir el aroma de la corrupción y como los espíritus parecían ser atados a aquel poder, no por voluntad propia como los otros, si no por imposición, como un castigo por morir o dejarse vencer.
 
El goblinoide estaba enfrascado en sus propios pensamientos, cuando la puerta se abrió, de esta surgió un humano, los reconocía, eran abundantes, aunque aun se extrañaba que en todo el tiempo que había viajado, no se hubiera encontrado con otro hermano goblin. El humano hablo, una voz pausada pero solemne, como un viejo guía, que enseña a los más jóvenes e inexpertos.  Era verdad, por sus palabras no había pronunciado su nombre, no era que realmente importaba, el debía de seguir los caminos que le guiaban los que permanecían desde el inicio de aquel mundo. Uno a uno entraron a ese lugar, como engullidos por ese sitio, pero para el brujo, entrar a esa edificación, le era tan extraño, como un pez que ve por primera vez el desierto.
 
Tras pasar la puerta, el sitio era similar a los viejos salones del Jefe de tribu, aunque mucho más limpio y pulcro, faltaba el aroma de la madera quemándose o de las plantas que formaban el lugar. El hombre avanzaba, el humano ahora llevaba un ave sobre su hombro, desconocía la raza de esta, pero su porte no auguraba nada bueno para el brujo. ¿Quizás alguna de las bestias que había mencionado su padre antaño y había sido olvidada?, era posible. Cuando el lugar cambio de forma, de color y de apariencia, el brujo retrocedió un par de pasos, colocando su mano sobre el suelo, esperando que aquello no fuera el estomago de una bestia oculta. Pero solo sintió madera y las voces apagadas de los arboles que habían sido en el pasado.
 
El humano ofreció asiento, jamás había visto aquellos sitios, algunos tomaron asiento, los humanos primero, como si eso no fuera para nada diferente a lo que siempre hacían. Por su parte, otros no lo hicieron y el brujo, tomando asiento en el propio piso, donde se sentía mas cómodo, retiro la máscara de su rostro. La luz era agradable, los ojos no ardían y la máscara era pesada. Dejando ver su rostro y ojos rojos, las facciones elficas se mostraron, mas para el brujo, lo elfico no era su naturaleza. Uno a uno dejaron escuchar su nombre, algunos con felicidad y casi algarabía, otros con mas solemnidad, como queriendo ocultar su pasado o su legado.  Más de uno hizo un comentario diferente, dirigido hacia aquel joven con alas, pero el brujo no lo haría, únicamente deseaba seguir el camino que se le había mostrado.
 
-Mi nombre es Nalhban, hijo de Ixiyal, Gran Brujo de los Goblin de Uzuri- Su padre siempre le había recordado que tenía un legado, y que no era vergonzoso decir de dónde provenía, porque era un honor vivir entre los espíritus y los antiguos arboles. Quizás el viejo goblin era diferente a sus hermanos, pero había sido un gran padre para Nalhban,  y lo único que había conocido como una verdadera familia. –Ya han preguntado el cómo llegar y que se encontrara ahí, que mataran o incluso que nos deparara. Únicamente preguntare, ¿Qué es lo que realmente busca con guiarnos a ese lugar?- La pregunta era extraña y más de uno quedo perplejo… ¿Qué era lo que el humano deseaba de ellos?, no era un simple guía, no era tampoco un hombre de puro corazón, algo le rodeaba, como una bestia que engullía cadáveres y devoraba almas. Nadie daba nada gratis y aquellos que lo hacían, de seguro esperaban algo que no se podía mencionar. Ese humano, ese hombre, no compartiría sus conocimientos gratuitamente y aun menos cobrando simples trozos de oro o gemas.
 

El brujo aguardo, espero  pacientemente, observando a los que le rodeaban, sus facciones, su raza, vio al guerrero, ¿le guiaba un espíritu? , era posible, pero en su alma solo veía sangre y nada más, otros parecían confusos, incluso dudosos de su propia existencia, otros no conocían la verdad y solamente seguían su visión del mundo, uno inocente o quizás teñido de una locura natural.  Fuera como fuera, el brujo debía de seguir su camino, fuera con aquel grupo o en solitario, cumpliría su cometido, por que así lo había dicho su padre.
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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Rouge el Vie Abr 24, 2015 3:29 pm

Desde su posición allí sentada no era gran cosa lo que se podía percibir. A duras penas supo que había más de un humano entre el grupo que se reunía en el exterior de la casa y, a pesar de lo fuertes que eran algunas escencias, no tenía idea de a cual tipo de ser atribuírselos. Una mezcla de animales y hierbas que la confundían; que anteriormente había conocido por separado, uniéndose ahora en algo desagradable para una nariz tan fina.

—Bah.

Chasqueó la lengua nuevamente, como si se tratase de un hechizo que mandaba todo a la mierda  inmediatamente. Se levantó de un salto. No podían ser más de diez personas. Ocho a lo sumo. Había estado atenta a los pasos y a cualquier sonido que pudiese delatarlos con el fin de conocer cuántos rivales tendría. Ni bien se había enderezado la capa cuando sintió a alguien acercarse un poco a su posición. Aparentemente otro humano.

Había estado preparada para hablar, para decir algún comentario ingenioso en caso de que aquel se le acercara demasiado, más no fue ésa la situación. Éste tan sólo se quedó próxima a la esquina, quieta y lo suficientemente cerca como para poder reconocer el olor a mujer humana. Se dirigía hacia ella y el resto con total naturalidad justo cuando el dueño de la vivienda hablaba nuevamente.

Bienvenidos pues seais a mi humilde morada. Deduzco que venís buscando información importante sobre vuestras cosas. Pasad, por favor, incluso los que no habéis dicho vuestro nombre.

Bien, aquello le hizo sonreír nuevamente. Claro que buscaba información, y de la importante. Su compañero de negras plumas graznó suavemente. Rouge negó con la cabeza y aquello bastó para que el animal emprendiese el vuelo a través de la ciudad. No le permitiría entrar a aquel lugar, no cuando había escuchado otra ave aleteando por allí. Un enfrentamiento podría ser fastidioso y acabaría por distraer a todos. Cuervo era un tozudo, mucho más que la demonio.

La cazadora no entró de inmediato, se acercó a la entrada e ignoró si alguien se había fijado en ella por casualidad. Oyó a uno de los individuos entrar impulsivamente y vociferar su nombre. Un idiota, posiblemente. Se aseguró de tener bien colocada la capucha y tras largar un suspiro casi inaudible, pasó.

Dado que la sala se había ampliado antes de que la pelirroja posara sus garras sobre el piso de madera, aquello no llegó a sorprenderla, ni siquiera se enteró. Mas sí le recorrió la espalda un escalofrío breve el sentir la puerta cerrarse de golpe tras ella.

—¿Qué ha sido eso? Casi me pisa la cola.

Mientras lo pensaba, alzó aquella extremidad y se enroscó alrededor de su cintura. Por el momento no la necesitaba; dudaba que debiese dar más de dos pasos en aquel sitio y mientras más segura, mejor. Pero otro acontecimiento casi la hizo enojar. Otro paso en el interior de aquella horrible casa y de pronto varios objetos de considerable tamaño aparecieron. Por lo repentino, casi los tropieza. Soltó un gruñido bastante audible y le costó no hacer una mueca de desagrado. Tocó uno de ellos con disimulo, como si tan sólo se apoyase. ¿Terciopelo?. Maldita sea, unos pocos muebles se habían burlado de ella. Era la casa de un hechicero ¿Qué esperaba? ¿Que no hubiese nada mágico?

De ser humana, habría enrojecido.

Deduzco que en realidad queréis saber algo muy concreto, todos vosotros. Mi nombre es Tristán, y os agradecería al resto que os presentarais también. ¿Quereis saber más sobre la Isla del Destino, no es así?

Algunos se sentaron en los asientos. El leve rechinar de las tablas le dijo que alguien hizo lo propio en el piso. Ella permaneció de pie junto a la puerta. No tenía ninguna intención de acercarse más que eso, por si de pronto aparecían más cosas que la hastiasen. Trató de volver a su buen humor original pensando en las maravillas que podría haber en la isla y lo consiguió.

Uno a uno se presentaban, ella no iba a ser la excepción. Con una amplia sonrisa en el rostro pronunció quién era, empapando cada sílaba con el mayor de los orgullos, acompañadas de un leve siseo que se hizo presente al relamerse los labios con aquella lengua bífida.

—Mi nombre es un secreto. Soy hija de nadie, Gran Cazadora de los Sagrados Bosques de Nolesimporta. Pueden dirigirse a mi como Rouge, como Roja o Cazadora. Tomen aquel que más les guste y el resto me lo devuelven, igual me da.

En cuanto a la pregunta, cada una de las formuladas le interesaba tanto o más que las otras, por lo que aguardaría por las respuestas. Allí en un espacio más cerrado, cada olor llegó hasta ella con mayor facilidad. El olor de aquel idiota que chilló su nombre y el de aquel que reposaba sobre el suelo eran los que más sobresalían. Aparentemente cargaban con muchas cosas que a la cazadora le parecían sumamente interesantes. ¿Venenos? ¿Pócimas? ¿Armas? ¿Qué era todo aquello, dulce y amargo, ácido y seco, que llegaba hasta su nariz? ¿Y algo animal? Eh, que no se debía distraer, tenía una pregunta que formular.

—A mi sólo me interesa saber una cosa... ¿Vale la pena ir hasta allá?


Sólo me buscan aquellos verdaderamente desesperados.




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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Veronika el Vie Abr 24, 2015 5:25 pm

Observando aquel hombre ataviado con túnicas y ropajes extraños, pude ver una hermosa ave deslizarse sobre el aire y posarse sobre el hombro del hechicero.
Qué bello animal. ¿Y estas magníficas aves no se supone que son salvajes? Es curioso que se haya encariñado con el hechicero

Por un momento, pensé en el hechicero como muchacho, pero había algunos extraños signos de que no era tan joven como aparentaba. Era muy extraño, pero ¿quién era yo para juzgarle?

Aquel hombre de profunda mirada pronunció unas palabras, instándonos a todos a que entráramos a su morada, y los presentes, cual ganado de ovejas, le siguieron pacientes y tranquilos.

Me mantuve esperando a que el resto entrara en la aparentemente pequeñita casa, hasta que entró el gigante, tras el cual entré yo con calma, mientras oía los chillidos eufóricos de un jovencito al entrar allí, dando su nombre a conocer. No creía que fuera la mejor forma de actuar en este caso. ¿Quizás el chaval no sabía dónde se estaba metiendo? Además, el gigante pareció responder con sarna. Agarré la empuñadura de una de mis dos espadas, que llevaba al cinturón, preparada para, en el caso necesario, impedirle al gigante hacer algo de lo que pueda arrepentirse. Pero pareció que ignoró al chico, y entonces relajé mi mano sobre la empuñadura.

Entré al interior de la casa, y nos vimos en una habitación circular enorme, iluminada por... ¿qué estaría iluminando la casa? No había nada, ni luces, ni ventanas, y eso me provocaba un nerviosismo extraño. Nunca antes había estado en un sitio así. Pero entonces oí la puerta cerrarse a mi espalda, y me di la vuelta con presteza, asustada, viendo al ser encapuchado dar un respingo sorprendido  al oír dicho portazo. ¿Qué clase de magia era ésta?

Me di la vuelta para ver al interior de la casa, que parecía bastante pequeñita. Pero entonces, instantáneamente la sala se hizo enorme, y surgieron unos sillones de la nada. Me quedé absolutamente perpleja. ¿Cómo podía hacer todo esto? Era algo fascinante para mí.

El variopinto grupo se acomodó en los sillones, a excepción del ser encapuchado y el hombre escaso de ropa, con  la primera pareciendo tropezarse con uno de los sillones. ¿Quizás la capucha no le dejaba ver bien? Tampoco era de mi incumbencia meterme en los asuntos ajenos.  En cuanto el hombre pidió los nombres de los que allí estábamos, todos se hubieron presentado finalmente.

Me quedé de pie, junto a la ahora sí, la encapuchada, Rouge se hacía llamar.

Buenos días, honorable señor. Me llamo Veronika Vozconovich, y he venido aquí porque quiero poder ir hacia la Isla, por devenires del destino , como parece que aquí todos deseamos. Mi pregunta no es para nada repetida con las anteriores, pues no es necesario hacerse oír varias veces de ellas. Pero sí una muy concreta ¿Habrá peligros allí, algo que pueda atentar contra nuestras vidas? Es lo único que realmente me escama

Repuse escrutando el rostro de Tristán. Luego me paseé a observar a mis potenciales acompañantes. El gigantón, Mivam, se mantuvo de pie, y parecía nervioso por comenzar el viaje. Tenía pinta de un hombre sanguinario., con lo cual, habría que tener cuidado. Mejor era no enfadarle y ganarse su apoyo que provocar una disputa que ocasionara una revuelta entre nosotros. Malina, la señorita de cabellos violáceos, en cuyo hombro se posó el búho de Tristán. Parecía tranquila y risueña, ajena a todo lo que pudiera ocurrir de ahora en adelante. Kez, el niño, el jovencito con alas. Aparentemente impulsivo. Rouge la encapuchada, y Nalhban, el hombre de extraña piel y ropajes escasos. ¿Un goblin?

Sin duda alguna, éste era un variopinto grupo. Esperaba que lo que nos deparara de ahora en adelante no fuera nada peligroso.


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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Janna Tanya el Dom Abr 26, 2015 12:46 pm

Todo el mundo fue entrando y presentándose aquellos que aún no lo habían hecho. Era curioso que al final accedieran todos a hacerlo. Pero desde luego podría ayudarles a unirse un poco, porque lo necesitarían.  Ellos no eran conscientes de lo que habría allí en la Isla.

Las preguntas volaron de aquí allá, y para la sorpresa de Tristán el hechicero, hasta los que parecieron más tímidos formularon una pregunta. El hechicero cerró los ojos y respiró lenta y acompasadamente.
Por otra parte, la muchacha de cabellos violáceos pareció halagar a Tristán, y éste sonrió para sí, dedicándole una mirada relajada .
Gracias, señorita. Me alegra que le guste mi nombre

Entonces tras meditar unos segundos lo que todos dijeron, fui respondiendo, paso por paso, las preguntas de los presentes, girándose en primer lugar hacia Kez.

Bien, iré respondiendo una a una. En primer lugar, me habéis preguntado cómo se llega allí. Bien, es sencillo. Cada día, hay una embarcación no muy grande, comandada por un hombre tuerto, que sale del puerto de Tirian y recorre todas las islas del archipiélago. Hace 2 viajes al día en cada sentido. El primero saldrá en un par de horas

Luego se rascó la nuca con los dedos y se giró lentamente hacia Malina, que aún tenía al hermoso búho sobre sus hombros. Tristán hizo un apagado ruido con la lengua, y el búho retomó el vuelo, posándose en el sillón donde Tristán se encontraba sentado.

Hmm… Es curioso, Malina, que hagas esa pregunta. Supongo que habrás oído las leyendas que acontecen alrededor de la isla. Pues bien, de no ser así, te haré un breve resumen. Se dice que allí en la Isla del Destino, hay un ingente tesoro, que se encuentra en lo más profundo de la Isla. Sin embargo, atraídos por esta idea, muchos jóvenes aventureros, la mayor parte sin gran experiencia, fueron allí a probar suerte…Suerte que les devolvió el favor dejándoles dementes para siempre. Aun con esto, te puedo decir que no es sólo eso lo que hay allí. Historias de espíritus, objetos de un inmenso poder mágico, o incluso, conocimiento prohibido, son algunas de las cosas que se cuenta que hay allí.

Tristán hizo una pausa, tras tan largo monólogo, y respiró hondo.
Espero que esta respuesta sea suficiente para ti.

Tristán dedicó entonces una mirada relajada a Mivam.

Creo que con lo dicho anteriormente, tu pregunta queda respondida

Se tomó unos segundos para volverse a mirar hacia Nalhban, a quien observó con interés. Esa pregunta era muy peculiar, y desde luego no tenía prevista una cosa así.
Hmm… Interesante pregunta.  Verás, si os guío en la forma de llegar a la Isla, podréis cumplir vuestros objetivos de la forma menos peligrosa posible. Quizás suene totalmente demente la idea de que os ayude sin esperar nada a cambio, pero así es. No necesito nada, vivo feliz con todo lo que tengo.

Rouge también había sido respondida con lo que había dicho, pero merecía una respuesta más elaborada.

Todo depende, joven muchacha. ¿Para ti merece la pena arriesgarse por conseguir tan tamañas riquezas, tales objetos mágicos o incluso, conocimiento prohibido?¿Vale la pena el riesgo a caer en la demencia, en el peor de los casos? Eso lo dejo a tu elección

Finalmente se volvió a la paladina y se presionó la nariz con  dos dedos, meditando bien acerca de su respuesta. Quizá la más puntiaguda de expresar.

Sí, hay peligros. Se dice que hay unos espíritus malvados, anteriores al conocimiento del tesoro de la isla, que atormentan a los incautos, engatusan y engañan, hasta hacerse con el alma de aquellos que osen entrar en la isla. Otros hablan de unos seres extraños con conocimientos de todo, pero no sé más de ellos. Se dice también que hay piratas, aunque de esto debo creer que se trata de un rumor. Peligros hay, pero si vais juntos, mi cabeza me dice que podréis intentar superarlos.

El hechicero se levantó de su asiento y se paseó por la sala, alrededor de los sillones, pasando junto a Rouge y Veronika, que eran las que estaban de pie.

Bien, si no teneis más preguntas, os recomendaría partir. Aunque si queréis preguntar algo, hablad o callad para siempre.  Ahora bien, escuchadme. Cuando lleguéis a la isla, llegareis a una playa. Toda la isla es un gran jungla espesa, excepto en el centro, donde hay una cueva. Id allí, a dicha cueva. Es todo lo que puedo deciros. Espero, de corazón, que os salga bien ésta aventura

Repuso Tristán, deteniéndose junto a las dos muchachas, metiendo las manos dentro de la manga del brazo contrario, en una postura relajada y pensativa.


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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Nalhban el Mar Mayo 05, 2015 6:25 pm

Hijo mío, observa la serpiente, su veneno puede matar, pero también curar. No todo en este mundo tiene un solo rostro.


Ixiyal, Gran Brujo Goblin.
 
La paciencia era algo que su padre le había inculcado, durante largo tiempo al joven brujo. Si bien en un inicio era difícil, con largas noches buscando  afanosamente una hierba o esperando que un animal cayera en la trampa, el aspirante de brujo, había logrado cumplir las metas que su padre le había impuesto. Ahora, debía de esperar, cada una de las respuestas parecía guardar otro significado y si bien algunos se lanzaban de cabeza por sus respuestas, por simples que fueran, otros meditaban su pregunta, al ser solo una. Tras varios minutos, todo fue contestado, mas otra inquietante surgió. Quizás muchos ya habían pensado en esa cuestión y nadie había lanzado la pregunta oportunamente. Nalhban suspiro y mirando al humano, le pregunto.
 
-¿Cuánto tiempo disponemos para el próximo barco?- Simple pregunta, pero que encerraba mucho mas. Dependiendo del tiempo, se podían hacer muchas o pocas cosas, quizás deberían de salir apresuradamente, para no desperdiciar tiempo o deberían de aguardar hasta que las velas se presentaran. También significaba la oportunidad de conseguir materiales, medicinas y alimentos, ya que de seguro, no sería un viaje de pocas horas y el brujo no conocía aquella zona y lo que pudiera obtener de la naturaleza.
 
El hombre le observo y sonrió, parece que alguien había hecho una pregunta graciosa para el, aunque para el brujo, nada de eso tenía importancia. –Dentro de dos horas saldrá de puerto- Esas fueron sus simples respuestas. Dos horas, tiempo suficiente como para obtener lo necesario. Tras varios minutos, los presentes se marcharon, algunos en grupo, otros en solitario, Nalhban se coloco su máscara, el sol quemaba sus ojos y ardían como siempre. Recordaba que su padre, cuando él era pequeño, le decía que todo tenía dos caras y que si los espíritus le habían dado unos ojos débiles, le habían dado otro favor. Aquel favor aun no se rebelaba, pero las palabras de su padre siempre le daban fuerzas, a pesar de las dificultades.
 
Las ciudades humanas eran extrañas para el brujo, sus casas y edificios de dura y muerta piedra. La carencia de arboles en su interior y de cómo todos parecían atareados en nada más que lo material y físico. Era un lugar totalmente contrario a  su aldea, donde cada día se basaba en subsistir, donde cada día había un nuevo peligro y a la vez había paz y cierta felicidad. Sin darse cuenta, el brujo comenzó a caminar, a pesar de las miradas que le enviaban algunos lugareños y los comentarios que podrían hacerse ante su apariencia, claramente contraria al lugar. Fue cuando llego al mercado, quizás uno de los tantos que habían ene se lugar, pero el único que había encontrado el brujo. Animales vivos, telas, herramientas, verduras y frutas, carnes y objetos lejanos, todo se vendía. Entre los puestos, totalmente al aire libre, había gente curiosa también, quizás entre ellos no sería mirado tan extraño. Paso a paso, avanzo en ese lugar, observando lo que había. No había nada que él pudiera usar directamente en la mayoría del lugar, aunque si termino haciendo un trueque, entre algunos vendedores. Siempre llevaba ciertas piedras, que para él no eran útiles, pero que había aprendido que a los humanos y otros seres, les volvían locos y dejaban aflorar su codicia y avaricia. Un zurrón de cuero, cecina seca, queso y algunas frutas, un par de hongos comestibles y una soga corta, no más allá de tres metros. Eso era lo necesario, pero no se olvido de comprar una cantimplora, bastante grande, pero no ridícula y dos cosas primordiales, dos antorchas, ya impregnadas con una sustancia negra y tanto yesca como pedernal para encenderlas.
 
Tras despedirse del vendedor, que claramente parecía feliz con el intercambio, el brujo fue atraído por un lugar donde constantemente se escuchaban golpes, entrando al pequeño lugar, reconoció ese lugar como una herrería, aunque nada similar a lo que él conocía. El hombre que trabajaba era bastante grandes, como dos barras de hierro sus brazos levantaban un martillo, golpeando un trozo de acero al rojo vivo.  Nalhban hablo y tras tratar un precio, su daga fue afilada, no sin quejas del hombre, objetando el mal trabajo de esa herramienta y de que tarde o temprano se rompería. Mas el brujo tenía consciencia de ello. Se negó a afilar esa espada en su cinto, no tocarían la reliquia de su pueblo.
 
Tras marcharse, el brujo recorrió una vez más el mercado, en camino hacia los muelles, comprando algunas hierbas comestibles y otras para curar y sanar. Los humanos eran extraños, ya que las hierbas que conocían parecían tener poderes asombrosos, cosa que era mentira y trataban como basura, la que realmente curaba y sanaba.
 

Tras llegar al muelle, espero, tomando una de las hierbas de su bolso, una de hojas verde claro y algunos bulbos de flores, llevándoselo a la boca y masticándolos, esta hierba servía para evitar marearse en la embarcación, ya que fácilmente sucedía a cualquiera y el prefería evitar ello.
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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Veronika el Miér Mayo 06, 2015 4:52 pm

Así pues, parece que el anciano fue respondiendo a todos y cada uno de los que allí estuvimos, de forma categórica y concisa, sin dar lugar a ningún tipo de duda que quedara albergada en nuestro ser más profundo.
Así que a una cueva... Bien

Observando a mi alrededor, mi mirada chocó especialmente con la muchacha de cabellos violáceos y el chico con alas. A decir verdad, eran los que aparentaban ser más inofensivoss de los que aquí estábamos, y en cierto modo, me preocupaban. Me preocupaba que alguno de ellos pudiera correr peligro, porque el resto parecía saber defenderse. Incluso la encapuchada, aunque claro, era un prejuicio sin fundamento alguno.

Pero antes de siquiera pensar en acompañarlos, debía ir en busca de abastecerme de víveres y de pequeñas cosas útiles. Sin embargo, antes de nada procedía el despedirse de este amable señor... ¿joven? No sabría bien cómo apelarle.

Me aparté del sillón con un paso lateral, provocando un característico roce metálico en las grebas de cota de malla, y enfoqué mi mirada hacia el hechicero, dedicándole una sonrisa concisa y recatada, para inclinarme hacia delante, con una reverencia formal. Entonces me puse firme y golpeé con firmeza sobre mi pecho cubierto de metal, con el puño cerrado, sobre el cual residía el símbolo del sol.

- Muchas gracias, señor, por su ayuda. Si me disculpais, me retiraré en busca de abastecerme para poder partir con presteza. Nuevamente, le agradezco su atención, señor. Buenos días

Repuse, mirando también a mis posibles compañeros de viaje, con seguridad. Di media vuelta sobre mí misma y marché hacia la puerta.

Estaré en el puerto en una hora y media. Espero veros allí

Añadí, abandonando mi voz en la sala, que se hizo eco de sí misma hasta el oído de los muchachos y muchachas que allí estaban.Entonces abrí la puerta, sujetando del picaporte con la mano agarrada firmemente, y la cerré con velocidad.

Por fin sola de nuevo.  Para bien o para mal. Ahora debía ocuparme de mis quehaceres, y así reencontrarme más tarde con mis compañeros de voz, de silencios y de posibles vivencias intensas.

Mi paseo por el mercado junto al fiel Jack fue rápido y sin muchas paradas, ya que tenía muy claro lo que buscaba.

Pude encontrar medio kilogramo de fruta fresca variada, 1 kg de pescado en salazón, y también me pude apropiar de 2 litros de agua. En principio eso era todo en cuanto a víveres, pues si íbamos a una selva, debería haber alimentos allí, y no podía cargar con más comida, sin lastrarnos.

En el paseo junto a Jack, pasamos junto a un templo fabricado en mármol, cuyo interior estaba sumido en las sombras. Nos detuvimos allí, frente al enorme arco que separaba el interior del exterior del templo, y me volví con un pequeño giro hacia mi acompañante, mi querido carga herramientas.

Voy a entrar yo sola ¿De acuerdo? Vigila aquí, y mantén a la fauna tranquila mientras voy dentro


Jack simplemente asintió en silencio, tras lo cual, se apartó a un lado del arco, agarrando de las riendas del asno y del caballo, que le siguieron mansos allá a donde fuera.

Entré en el interior, y me sumí en un mundo de tinieblas y sombras, que sólo quedó iluminado  por un tenue rayo de sol que penetraba por el centro de la sala, iluminando un altar, sobre el cual había una pequeña mesa de mármol, y una especie de tiara puesta encima de un cojín.

Me acerqué con lento paso hacia allá, y cuando estuve frente a la tiara, la observé con atencion. Deseaba probármela, pero no era correcto, así que debía resistirme a hacerlo. Porque no me pertenecía ni tenía permiso de nadie para hacerlo. Entonces oía unos roces extraños en el suelo, y una mano fría y arrugada se posó en mi hombro, y di un respingo. Fui a darme la vuelta, para ver al usurpador de mi tranquilidad, y probablemente, darle una torta en la cara, pero cuando alcé la mano mientras me daba la vuelta, la detuve antes de dejarla caer al ver que se trataba de un anciano sacerdote, con la vestimenta propia del templo.

Uh.. Hola. Perdonadme, me habeis dado un susto horrible. Pensé que sería alguien con malas intenciones.

El anciano negó con la cabeza y se puso a mi lado, observando la tiara, mientras dejaba caer las manos detrás de su túnica blanca, apoyadas en el final de su espalda. La larga túnica rozaba el suelo, y estaba decorada con puntitos amarillos, además de llevar una especie de bufanda azul alrededor de su cuello.

Señorita, tenga cuidado con esa tiara. No se debe tocar, porque es para un futuro príncipe de esta ciudad. En realidad, perteneció a una dinastía famosa por la localidad, pero acabó siendo donada al templo, con la condición de devolverla si teníamos alguna princesa o príncipe


Evoqué una mirada hacia la tiara que se fue tornando a curiosidad a medida que escuchaba su interesante relato. Sin embargo, estaba claro que yo no era esa princesa, así que me volví hacia el anciano, y me quedé erguida, fijando mis ojos en su mirada del color del bosque.

Aquel hombre de avanzada edad se giró hacia mí y arrugó su rostro para dedicarme una tenue sonrisa.

No era eso aun así por lo que venía, señor. Quería preguntaros si conocéis alguna forma de soportar a los espíritus malignos, pues allá donde voy es posible que me encuentre alguno, y debo de saber cómo aguantar contra sus acciones.

El anciano alzó su mano por encima de su cabeza, mientras me miraba a los ojos, desde un ángulo bajo, y la apoyó en mi hombro.

- Jejeje… Eso querida, ya lo poseéis. La mejor forma de luchar contra los espíritus malignos es con gran voluntad, y la moral alta. Y si no me equivoco, sois discípula del Sol, ¿verdad? Aprovechad eso en vuestro favor.

No pude evitar que sobre mis labios se dibujara una sonrisa que se curvaba hacia mis ojos, provocando una pequeña arruga alrededor de ellos, y dos hoyuelos, uno a cada lado de la comisura. Entonces acerqué mi mano a su hombro y le di un suave apretón, pero firme, con la mano enguantada.

Oh… Teneis razón. Muchas gracias por su apoyo y su ayuda. Me he de ir. Quizás vuelva por aquí algún día

Me retiré dos pasos de él, caminando hacia atrás, y con el puño cerrado, me toqué con fuerza el peto de cota de malla sobre mi pecho izquierdo, inclinando la cabeza, tras lo cual, me di la vuelta y me marché con paso rápido.

------------------------------------

Mi camino por la ciudad me llevó al muelle finalmente, junto al fiel escudero, que acompañaba a su señora con diligencia.
Las bestias habían sido internadas en un establo, y Jack se mantendría con ellos mientras yo estuviera fuera. No podía dejar que se arriesgara a pelear contra algo muy peligroso.

Yo por mi parte, llevaba puesto la cota de malla completa, junto con las grebas, los guanteletes, y el yelmo. Además llevaba mis dos espadas cortas colgadas de la cintura, el escudo pavés a mi espalda, y un morral, propiedad de Jack, donde llevaba lo comprado en el mercado, que se encontraba debajo de mi escudo.

Allí estaba sentado el hombre de extraños ropajes y piel de un color curioso, sentado observando las aguas mecerse como si la Madre Tierra balancease a su hijo, el océano.

Tomé la decisión de tomar asiento junto al hombrecillo, observando el mar en silencio, esperando al resto de nuestros compañeros.


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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Malina el Jue Mayo 14, 2015 9:42 pm

Malina asintió - Sí, me es una respuesta suficiente – dijo, observando el majestuoso vuelo del ave hacia Tristán. Escuchó con buen agrado las respuestas hacia los otros integrantes, meditando con lentitud el contenido de las mismas. Cuando salía de la habitación, con su desesperante calma, vio con el rabillo del ojo que un “hombre”, había considerado consultar cuánto tiempo había para llegar a la embarcación. “Con dos horas se pueden hacer muchas cosas”, disponiéndose así, a levantarse y salir.
 
Dejó a los presentes, dirigiéndose hacia su caballo y llevándolo por las riendas. No quería dejarlo solo, de modo que buscó una posada que le inspirase confianza. La ciudad tenía un tinte asfixiante: Lewe respiraba agitada, sosteniéndose el pecho cada cierto tiempo para acompasar el ritmo. Una vez, divisó un sitio donde pudiera albergar a Azabache, dispuso todo su temple, no sin antes detenerse a recobrar el aliento.
 
 Al cabo de un rato de búsqueda, encontró al dueño. Con sumo cuidado, depositó las riendas de su animal en la mano contraria, haciendo equilibrios con el prolijo discurso sobre los cuidados del mismo. Cuando finalizó y entregó unas cuantas monedas al hombre, comprobó que no estaba del todo sola, así que se dio la vuelta, contemplando, a su izquierda, que el efusivo jovenzuelo, de nombre “Kez”, la observaba pasmado. Se preguntaba cuánto tiempo hacía que le secundaba los pasos, y si habría oído todo. Los ojos verdes, el cabello desaliñado, las marcas de su cara y el aspecto juvenil no tardaron en llamarle la atención. Tenía ¿alas? y por la forma de vestir, posiblemente, en el camino, había perdido gran parte del color y la nitidez de sus ropajes. De repente, la puerta de la caballeriza se cerró, dejando al caballo dentro, cómodo, como lo pudo corroborar su ama, luego de mirar, disimuladamente.
 
 Al cabo de unos minutos, recordó las palabras del “hombre” que había insinuado devorarle, estaba a su lado, y ciertamente, por su aspecto y aroma, era inolvidable – Ah, tu eres aquel que se presentó como “Kez”. Se acercó despacio y comenzó a hablarle - ¿Te has perdido? Pensé irías a buscar provisiones. El aspecto de “joven perdido”, le caía como anillo al dedo. A juzgar por la forma casi errática de actuar, Malina, vislumbró la posibilidad de que no conociera en absoluto la ciudad, o de que incluso, no llevara dinero – si quieres, puedes venir conmigo. Aunque no veo necesidad de decírtelo con tanta propiedad: ya lo estabas haciendo, ¿no es así? – consultó, solo por asegurarse. Ya sin preocuparse del corcel, Malina continuó el recorrido, ahora con compañía: había caras alegres, otras neutrales, sostenidas por el devenir de voces del mercado, dependiendo de si había comprado o no, sus tonos variaban entre el agradecimiento o el sutil enojo. Además, había comentarios aquí y allá.
 
La mujer suspiró pesadamente, pensando qué debería tomar como objeto menester: en ese bolso no cabían tantos artilugios, y estar dentro de una cueva, con un grupo tan diverso, no era el mejor panorama. Tal vez, pecaba de despreocupada, pero no tomó en consideración la cantidad de peligros que pudiese tener en frente -  Oh cierto, alguien dijo que en una hora y media estuviésemos allí – cedió ante el recuerdo de la sugerencia de uno de los invitados, tomando ello como consideración primera. Mientras buscaba, no le fueron indiferentes los adjetivos con los que se referían al compañero de viaje, “Guapo”, “mono”, eran los títulos que repartían sin mucha delicadeza.  De reojo, escogió un puesto, variopinto, donde comenzó a seleccionar frutas, agua y una botella de regaliz concentrada. Respiró hondo y evocó: sí, había oído hablar de la Isla del Destino, pero en ocasiones efímeras, y todas para justificar la ausencia de un pariente joven, que tenía ansias de un poco más prestigio y apellido. Movió la boca haciendo una mueca, denotando su confusión. Llevaba el pelo largo y suelto hasta formar grandes rizos con las puntas hacia fuera - ¿Me ayudarías a llevar esto? – Consultó de pronto a Kez, quien se veía curioso por el cargamento – es solo un poco de agua. El regaliz es para mí, ayuda a relajarme- “y de paso para ti, por si acaso”. Nuevamente, dejó unas monedas a cambio de lo comprado y se encaminaron al muelle.
 

De camino al muelle, vio a dos integrantes del grupo, uno de ellos acompañado también. Redujo el ritmo de sus pasos, hasta quedar tras ellos, sintiendo cómo le abrumaba de a poco la incertidumbre, obligándose a cerrar los ojos. Recordaba muy claramente las respuestas de Tristán, a la vez que retumbaban los relatos, la suciedad, los olores, las personas que iban y venían sin que alguien estuviera allí para responder sus inquietudes de pequeña. “Hubert, probablemente haya escuchado de esa isla”, Hubert, al que odiaba. Aunque no fuera esta la ocasión, la sensación de tenerle en la cabeza le daba bríos para no perder la compostura, arraigando sus emociones a lo más profundo, para situar su criterio y sentido común adelante, en pie para entender lo que fuese a suceder.
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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Keznaryan el Sáb Mayo 16, 2015 12:21 am

Descaradamente observé a cada uno de los presentes mientras se presentaban y exponían sus cuestiones. La chica que estaba a mi izquierda se hizo llamar Malina y parecía ser inofensiva a simple vista. Tenía un cabello precioso que me dejaba embelesado. El extraño enmascarado, que entonces mostraba su rostro de ojos rojizos y orejas enormes, aunque no tanto como las mías, se hizo llamar Nalhban. El hecho de que no mostrase su rostro al principio y dijese ser de una raza que desconocía, sumado a su pertenencia de armas cortantes, no me daba mucha confianza en él. La figura encapuchada que venía de los Bosques de Nolesimporta, lugar del que no había oído hablar en mi vida, se hizo llamar de muchas formas. ¿Rouge, Roja, Cazadora? No podía fiarme de alguien que todavía no había mostrado su faz; Ülak solía decirme que eran malas personas buscando hacer daño. El gigantón no dijo su nombre esta vez, pero en la entrada llegué justo a tiempo para escucharle decir “Mivam”. Mientras entraba, me dirigió unas palabras ante las que tuve que contener la risa con todas mis fuerzas por lo bobas que me sonaron. Seguro que en mi rostro pudo apreciarse aquello, aunque él no hizo nada al respecto. Su manera de hablar le delataba: tendría mucha fuerza, pero me parecía bastante tonto. Quizás con un poco de ingenio podría usarle para mi beneficio; los piropos solían poner a los orgullosos del lado de quien los recitaba. Y por último estaba Veronika, a la que pude ver echar mano a sus armas cuando el sujeto anterior me lanzó aquella especie de amenaza. Era robusta, se le veía cargada de armamento y aquella acción me hizo pensar que, aunque siendo precavido, tal vez en algún punto podría tratar de conseguir su protección.

El majara respondió todas las preguntas una a una y nos invitó a salir cuando acabó. Me quedé sentando reflexionando sobre los datos que acabábamos de recibir. En primer lugar, Inmundo no había nombrado nada sobre la existencia de conocimiento prohibido en esa isla. Con eso, sin duda, podría hacer mejores armas y más crueles contra los gatos que lo que aprendería de los nidos de goma de Juliana; puede incluso, que matase dos gatos de un bombazo y también descubriese como hacerlos con aquel nuevo saber…En caso de conseguirlo. La idea de quedar demente no me asustaba, pero necesitaría conseguir protección o alguien que sirviese de carnada para poder huir de esos espíritus y los peligros que se nombraron en caso de necesitarlo. Además, debería ser cauteloso con aquellos que también iban en busca del tesoro. Pero la incógnita más cercana era, sin duda, la de qué podía querer el tuerto a cambio de aquel viaje. Nunca había tratado con uno, ni había montado en barco antes…

Las palabras de Veronika me sacaron de mi ensimismamiento. Era una invitación para ver a los presentes dentro de hora y media. – ¿Querrá formar alianza? – De ser así, me facilitaría las cosas, pues al menos ya tendría posible protección.
Salí de la casa a tiempo para ver a Malina caminando junto a un caballo. Tal vez de ella pudiera obtener la información que necesitaba. No sólo aquel búho confiaba en ella, también ese cuadrúpedo… ¿Significaba eso que yo también podía hacerlo? – No… Necesito saber más. –  Pensé, y me propuse seguirla a cierta distancia. Tras un rato en el que parecía buscar a algo o alguien, se detuvo a hablar con un hombre. Pude oír toda la conversación, que me libró de cualquier duda: aquella chica era una clara amiga de los animales. Así pues, si éstos estaban tan tranquilos a su lado, yo no tenía nada que temer.

Estaba anonadado mirándola cuando se giró, quedando de cara a mí. Por ser la primera vez que la tenía de frente y tan de cerca, me fijé en cosas que antes no pude: Era algo más alta que yo, no sólo su cabellera tenía un color llamativo, también sus ojos, y su rostro me era bastante atractivo por algún motivo. Me habló, indicándome ser conocedora de mi nombre, y comenzó a acercarse, mientras me preguntaba – ¿Te has perdido? Pensé irías a buscar provisiones – En mi estómago se formó un nudo. Era la primera vez que me pasaba eso hablando con alguien; podía notarme incluso temblar un poco. Estaba realmente nervioso, pero no entendía por qué, sólo estaba hablando con una humana. Traté de darle respuesta, pero lo único que salió de mis labios fue un corto balbuceo acompañado por una gesticulación torpe de mi parte – Yo… Tú… Tuerto… ¿Trueque? – No sabía qué pensaba de mi actuación, pero continuó hablando y eso me alivió – si quieres, puedes venir conmigo. Aunque no veo necesidad de decírtelo con tanta propiedad: ya lo estabas haciendo, ¿no es así? – Al fin pude articular frases completas y le expuse mi situación, a lo que ella reaccionó explicándome qué eran y para qué servían realmente los kulls y ofreciéndome el pago del viaje. Ya tenía menos de que preocuparme: disponía de como llegar y… – ¿Debería usarla como cebo en caso de necesidad? Realmente… Siento que no quiero que le ocurra nada, parece buena persona…

Con esa nueva compañera a mi lado liderando el recorrido, paseamos por multitud de lo que resultaron ser puestos a los que la gente recurría a comerciar. En algún momento me recomendó no alterarme demasiado para evitar problemas. Aunque eso no era tan difícil teniéndole cerca: su mera presencia me tranquilizaba, quizás por su personalidad; pero seguía teniendo el nudo en el estómago y me hacía sentir muy nervioso, como si estuviese a punto de descubrir un explosivo nuevo. Todas esas nuevas distracciones y conocimientos me tenían realmente excitado, pero la concentración por no molestar a Malina me contenía. Era por algo que solía ocurrirme en las casas de los ermitaños, pues si les resultaba fastidioso no dudaban en echarme fuera; no quería que eso pasase esta vez. Agradecía todo lo que estaba pasando alrededor, pues de no ser por ello, aún seguiría observándola. Durante el trayecto, hizo mención al comentario de Veronika y compró algunas cosas, entre las que había algo que no conocía: regaliz, que decía relajarle. Accedí a llevar algunas de ellas, procurando no sobrepasar mis límites, y buscamos el muelle mientras me sumía en mis pensamientos sobre lo estúpido que me parecía cambiar productos por esas monedas. La gente fuera del bosque era extravagante, pero eso solo lo hacía más interesante.

Una vez allí pude observar que ya un par de los aventureros habían llegado antes que nosotros. Malina estaba con los ojos cerrados, quizás pensando, y yo no pude hacer otra cosa que comenzar a acicalarme con mi peine. Quizás me estaba arriesgando demasiado, pero procedí a tratar de contarle a la mujer mis impresiones e ideas sobre los otros que habían estado en la casa, pues sentía que entre dos serían más fáciles de realizar si le agradaban.
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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Janna Tanya el Dom Jun 14, 2015 1:04 am

Mientras los demás estaban más pendientes del resto que del muelle en sí mismo, un desliz de aguas se acercaba en silencio hacia el muelle, lento pero constante. En la lejanía se podía observar una barcaza de un tamaño considerable, impulsada a remos, con una pequeña vela. En la proa había un hombre con un parche en el ojo, bajo el cual se veía que acababan los trazos de una enorme cicatriz que cruzaba su ojo dañado. También llevaba un único ala negra de plumas a la espalda, y vestía una túnica de tonos chocolate, y sus cabellos caoba se dejaban caer sobre el parche con timidez.
Un grupo de gente desembarcó del interior de la nave, y pasaron junto a los 4 aventureros que estaban sentados en el muelle, esperando a que todo se despejase para poder embarcar ellos.

El hombre tuerto desembarcó el último, aunque aún quedaban hombres dentro de la barcaza, con sus torsos desnudos, fibrosos por el ejercicio, y sudorosos, hablando entre sí.
Nuestros aventureros entraron en la embarcación, no sin antes pagar al hombre tuerto el viaje, que tenía una mirada bastante severa en ellos cuatro. ¿Una paladina, un enano emplumado, una princesita y un elfo?¿Habráse visto?

Quedaban apenas 5 minutos para embarcar, cuando entonces, una figura ataviada de capa roja ondulante como el viento se acercó rauda hasta la barcaza y de un salto arribó a su cubierta.

OFF Turno saltado. La única penalización será que vas sin preparación porque llegabas tarde. Sin comida, ni agua, ni útiles de ese tipo.

ON


La isla del destino. Una isla que se encuentra en un paradisíaco archipiélago. No excesivamente grande, la isla dispone de una enorme playa de arena blanca, que la rodea por completo, sin acantilados ni nada que dificulte la navegación por la zona. En el interior de la isla se puede observar una espesa jungla, llena de palmeras repletas de cocos y plátanos, principalmente, aunque en el interior se podían observar árboles mucho más grandes e imponentes.

Atraídos por las leyendas que rodeaban esta misteriosa isla, os visteis atraídos hacia aquí. La promesa de tesoros inimaginables, poder, conocimiento, quién sabe, os atrajo hasta aquí. Esperabais poder encontrar algo útil para vosotros, o quién sabe qué, pero desde luego los mitos que rodeaban la zona no eran cualesquiera.


Os encontrabais en la pequeña embarcación a remos llevada por 16 hombres, probablemente esclavos. El dueño de aquella embarcación, el hombre tuerto, estaba en la popa, observando a sus esclavos remar con fuerza. En la embarcación, además de los esclavos, el dueño, y nuestros protagonistas, se encontraban también otras personas, aventureros, familias e incluso adolescentes, pues esta barca no sólo iba a la Isla de la Sombra, como la conocían los lugareños.

Tras unos minutos, la barca arribó a la playa de la isla, y el dueño apremió con su potente voz para que los pasajeros que allí bajaban lo hicieran de inmediato.

¡Hemos llegado! ¡Los que viajarais aquí, bajad ahora mismo! Tengo una ruta que cubrir, y no tengo todo el día

Una vez descendisteis de la barca, la pequeña nave pasajera se alejó de la costa, dejandoos solos en la playa.
Ante vuestros ojos se extendía una espesa selva tropical, que os separaba de la cueva del centro de la isla. La playa se extendía hacia ambos lados, y por la curva que hacía se podía apreciar que la isla no era demasiado grande. Pero vuestro destino estaba hacia el frente.

OFF Ya sois libres de ir hacia donde debeis, o no. Os iré encauzando en caso contrario


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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

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