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Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Zahka el Lun Jun 22, 2015 1:49 am

OFFROL:
La muerte de Keznar es voluntaria por mi parte. El post está aceptado por el master.
Zahka pasará a ocupar su puesto en la partida.

NOTA: A pesar de que lo escribiré normal (no sé si en todas las situaciones), Zahka, hablando por él mismo y no por sus muñecos, lo hará con su dialecto, el al-andalú. Para más información, leed las habilidades menores en la ficha. Sus muñecos usarán el idioma común.

Todos parecían enfrascados en sus cosas, demasiado ocupados para prestar atención al bufón oculto bajo la capucha. Con la mirada, alejado del resto, recorrió a los presentes: un grupo muy variopinto, uno al que había visto salir de la casa del hechicero a la que no pudo llegar a tiempo. Necesitaba información sobre la isla, pero solo se le ocurría una manera de conseguirla…
Un joven divium, uno que parecía perdido contemplando a una humana de cabellos de un color pintoresco, se había quedado bastante atrás mientras el resto se acercaba al tuerto que comenzó a cobrar a todos los viajeros. En un visto y no visto, Zahka le taponó la boca con uno de sus muñecos y lo arrastró tras unas cajas en uno de los pequeños callejones del muelle, mientras le amenazaba con atravesarle la espalda con una de sus dagas.
- Si gritas, te rajo – Le amenazó el demonio con la daga en la garganta del chico alado, que se postraba ante él cuán renacuajo aterrorizado. Le sacó la marioneta de la boca y le miró a los ojos; ojos que solo veían un azul espectral en el lugar de los del mestizo por la máscara que llevaba puesta. – Todo lo que sepas de la isla, ahora, ya – Le ordenó, mientras le partía uno de los dedos de la mano al ver que su víctima no soltaba palabra por el miedo, a la vez que silenciaba su grito con la pelota de tela. No podía permitirse perder más tiempo, por lo que debía recurrir a las técnicas de persuasión más rápidas que conocía. Cierto era que disfrutaba con ellas, pero eso era un beneficio colateral; como él lo llamaba. Sin embargo, no hizo falta más que el primer dedo para que cantase como un gallo. – Qué gracioso es ver una paloma cagarse como una gallina y cantar como un gallo. Esperemos que sirvas para caldo – Se burló el arlequín antes de rajarle la garganta. Tomó un par de filetes de carne de sus muslos y los envolvió en un trozo de tela que le arrancó de la camisa blanca que llevaba. Buscó rápidamente en sus cosas, recogiendo el meprendo, pues le pareció algo curioso, agua y una botella de lo que parecía regaliz. Con prisas, echó a correr, a tiempo para llegar antes de que el último pasajero pagase al tuerto. Le dio las monedas sin más, sin dirigir una palabra, y subió a la barcaza.

A bordo, trató de no llamar mucho la atención. Buscó quedar apartado de los demás, analizando las cosas que había robado del cadáver. – ¿Y esto se come? – Pensó, al ver con más detenimiento el regaliz, tratando de dejarlo a un lado en el suelo y de irse de esa zona como si no hubiera pasado nada. Quería jugar con el meprendo, al que llamó mechero, pues acababa de descubrir cómo hacerlo funcionar y le fascinaba la facilidad con que saltaban chispas al activarlo. Desde luego, era algo divertido y útil, pero ante todo lo primero, pues se enfrascó en sonreír bajo la capucha mientras una y otra vez pasaba el pulgar por aquel instrumento. Pocas cosas podrían interrumpir su ensimismamiento.

-/ /-

- La Isla de la Sombra… ¿Así que aquí es dónde voy a conseguir aún más control sobre las mismas? – pensó el arlequín, mientras observaba la tierra a la que se avecinaban. En su vida de pirata había visto multitud de lugares de la misma categoría, por lo que no se sorprendió al encontrarse ante tal paisaje.

A su debido tiempo desembarcó, siguiendo las órdenes del capitán. Con los pies en la arena, echó un vistazo a su alrededor: ¿dos piezas de ganado? – se dijo al ver a las dos humanas - ¿o tres? – prosiguió al ver a un tipo enmascarado - ¿serán cuatro? – acabó, dirigiendo su mirada a la última entidad presente. Los humanos eran abundantes, buenas piezas de carne con que alimentarse o divertirse, pero también de las que obtener algún beneficio llegado el momento.
Se desprendió de la tela que cubría su verdadera identidad, guardándola en el morral. Si la información del hombre pájaro era cierta, no disponía de antorchas ni ninguna fuente de luz con la que guiarse en una cueva. Tenía agua y un par de filetes de carne sin sazonar, por lo que tampoco durarían más de un día sin estropearse. Su supervivencia en tierra estaba limitada a lo más básico, por tanto, de algún modo, dependía de aquellos cuatro para lograr su cometido. Nada le aseguraba que pudiese traicionarlos en algún momento, pues ni él mismo lograba controlarse a veces, pero la ocasión merecía el intento. Sacó a Derecho, su muñeco con sombrero, y se lo equipó en la diestra.

- ¡Venga, zoquete, habla con ellos! – le impuso aquella marioneta con voz potente, a lo que Zahka respondió asintiendo, acercándose sin mucho más tacto al grupo.

- Zahka al frente, adalid de Krik y Krak, dos espíritus repelentes, con Pim y Pam, – señaló a su dagas en un breve gesto, mientras hacía una leve reverencia – al servicio de los presentes. – mintió, con total naturalidad y descaro, como si se tratase de un mero espectáculo, esperando alguna respuesta por parte de su público. Ya conocía el trato a los de su calaña en situaciones normales, pero nunca estaba de más probar.


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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Malina el Lun Jun 29, 2015 4:01 am

No he olvidado la canción de aquellos siniestros años, hambre del alma, la
canción del alma hambrienta. Pero tampoco he olvidado el jubiloso canto hondo
cuyas palabras evocamos cuando nos entregamos a la tarea de la restauración
del alma.


Tiempo, lisonjero y devastador, que se le agolpaba en las sienes y en la funesta expresión de su rostro. Las olas en su parsimonia no lograban atosigar el cúmulo de dudas de Malina ¿Habría sido menester hacer esta travesía?¿No fue suficiente el escarmiento en la Cordillera? ¿Para qué más? Los siguientes minutos los pasó en trance, a pesar de que, a su lado ya tenía una suerte de “compañero de viaje”, cuyo confuso silencio era el mejor atributo que pudo tener de su parte. Intoxicada por el vaivén de las olas el olor a sal, una barcaza se dispuso de pronto a acercarse al muelle: de amplia ruta, como juzgó por el estado físico de los tripulantes y por el pintoresco aspecto del capitán, Malina, supo, de golpe, que, una vez más, este viaje no iba a ser de los sutiles, de esos donde el descubrimiento del yo interior, no iba a salir a pausas, sino, brusco y grotesco, como el caudal de un río. Tal vez se absorbió tanto en aquella prístina idea que perdió contacto con todos los otros, bajando la guardia y dejándose juzgar por la terrible mirada del capitán, con cuyo único ojo le dio a entender que invitados como ellos, muy pocos. Y en verdad lo entendía: bastaba pasearse con los ojos abiertos para comprobar que la Humanidad, o mejor dicho “su humanidad” se dividía en dos categorías de individuos cuyos vestidos, rostro, cuerpo, sonrisa, porte, intereses, ocupaciones son manifiestamente diferentes. Acaso tales diferencias sean superficiales; tal vez estén destinadas a desaparecer. Lo que sí es seguro es que, por el momento, existen con deslumbrante evidencia. Ellos eran su deslumbrante diferencia.

Uno por uno fueron subiendo a la embarcación, entregando una suma de kulls pertinentes. Ahí las diferencias se deshicieron, o en la mirada del capitán al ver a Malina desenvolviendo dicha cantidad sin premura, se dibujó la codicia en el orbe disponible.- ¿Kezna…?- estaba consultando por el joven, cuando de pronto, sin más ya no estaba. Ni su frasco de regaliz. La triste realidad era que, sin el dichoso frasco, en cualquier momento, la pelirrosa se vería atrapada por los nervios y la desesperación, de verse fuera de tierra, con un tropel de desconocidos a su lado. Ni Azabache podría, a base de galopes torpes, salvaguardar su delicada cordura, suficientemente golpeada, junto con sus costillas, por enanos cordilleranos. “Hubiera preferido otro ataque de soroche” refutó quejumbrosa para sus adentros, haciendo una mueca de indiferencia para con el resto, encerrándose en un universo propio. La categoría de “ausencia” era tan original, como la conciencia misma. Deslizaba su mirada inquieta por los recovecos del barco, dejando los menesteres obtenidos en el suelo, a su lado, cruzando los brazos, buscando una sórdida comodidad. Una altanería barata que le proporcionase un poco de seguridad. Dudaba si preguntar a aquel, que se había presentado como Nahlban, por el ser alado que le acompañaba, y llevaba su preciado regaliz, la timidez le carcomía las palabras y el pesar se depositaba en sus sonrojadas mejillas. Suspiró con profundo pesar ¡Qué complejo era todo para una simple humana! Así que echó a andar, con pasos cortos y precavidos, la única escena disponible: durante unos minutos, el azul del mar fue su musa y su desliz para abordar la sensación de confusión.

Del otro lado de la barcaza, observando ahora con estupor las pequeñas olas que formaban la estela del barco, Malina se agachó, apoyando el mentón en la madera, para tratar de rozar el agua, el frío desvirtuaba su ansiedad. Cuando por un movimiento instintivo, casi como la loba que advierte acecho, giró brusca la cabeza: en una esquina, abandonada de toda luz y miradas, su delicado frasco, esperando ser recogido por sus manos. Fue tal la admiración que, se incorporó y corrió a tomarlo, sin medirse.- ¡Oye tú, más cuidado! – gritó uno de los remeros, quien, por un trozo roído de madera, le advertía de su esquivo intento por ser sutil. Tragó saliva, avergonzada: no llevaba vestido, aunque eso fuera lo de menos, refirióse la joven a la sensación de completa vigilancia que sentía en el barco, el pesar de sus movimientos poco aptos para el mar ¿Tan poco común era viajar hacia dicha Isla? Nuevamente, la severa mirada del capitán le dio la respuesta. Afortunadamente, solos no iban. El consuelo de ver a tanta gente reunida en el mismo barco, trasladados por los mismo esclavos y con el mismo fin, surtieron efectos emotivos fuertes en Lewe, quien solo quería echarse a llorar de felicidad.

[***]

La idea de las blancas arenas, los imponentes árboles, el frondoso bosque tropical… Embriagador a la par que temerario, ya comenzaban a descender los pasajeros. Y sin más, Malina, junto a los otros, Malina quien no dejaba de pensar en la desdicha del extraño ser, más pequeño que ella ¿dónde se habría ido? ¿Habría echado a “volar”? El sonsonete de aquella idea reveló una risa nerviosa. – Isla de la Sombra, Isla del destino – murmuraba mezclándose entre la gente, perdiendo el paso de aquellos que se habían subido con ella, para desdicha o buenaventura. Sus rostros se habían coludido en un mar de cabellos oscuros, facciones juveniles y familias completas, a pesar de que, eran identificables, a los ojos de la mujer, perdían toda pintoresca diferencia, gracias al calor, la conmoción y el bramar del capitán. Dejó, así, deslizar una pausa grave, a modo de ovación silenciosa, confundida por la adicta soledad. Se acarició el ceño fruncido, para buscar más claridad en sus ideas, y en cómo funcionar, ahora que Azabache no estaba a su lado, y tenía en frente el otrora desafío, la Isla. No contenta con ello, el desafío de “relacionarse” con los demás era tan amplia como la última: su carente fe en el resto, su atroz percepción de los otros; si continuaba así, por dictamen propio, Malina estaba condenada a la desconfianza eterna, y a observar la vida a través de lo que pintaba y cómo pintaba. Y claro, a través de Hubert, quien ya había sufrido la fricción de sus primeros cambios.

Con el último grito propiciado por el capitán, el barco comenzó a desligarse de ese cúmulo de arena y árboles. Todos estaban observando qué tan rápido la vela tomaba impulso para llevar la barcaza a tierra firme, mientras Lewe se deleitaba pensando cuánto tiempo le tomaría al capitán seguir con dicho tono de voz imperante en alta mar. “¡Venga, zoquete, habla con ellos!” Una voz, estrafalaria sacó a Malina de su ensimismamiento, sus pensamientos básicos, poco aptos a una salida tan prolongada le jugaban en contra, y que para colmo, al darse vuelta, una suerte de payaso estuviera a escasos metros de ellos, no fue por menos, desdichado. - ¿Con quienes quiere hablar? – preguntó, con un dejo de duda. Sin tapujos, el susodicho habló con la vehemencia de los bufones, de esos mismos que llegaban a casa de los nobles a entretener a la muchedumbre con cuentos cortos y tramas absurdas. Alzó una ceja, “pero que yo recuerde, los arlequines no llevan dagas”, bajó los hombros con confusión, poseída por el cúmulo de situaciones: desaparece el joven alado y aparece un payaso, hablando de servir a los presentes, “¿y qué clase de espectáculo podría montar este lunático?” pensó con un dejo de ira en sus labios, frunciendo los mismos. Lo más seguro que le indicaba hacer el sentido común era posicionarse y acoplarse a alguien que sepa usar armas, una suerte de escolta. Suspiró pesarosa: una vez más tendría que aprender a recurrir a la labia. “Tú ya eres repelente”, mosqueó entre sus dientes, cual venenosa sierpe a punto de sentirse en peligro.
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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Veronika el Mar Jul 07, 2015 1:20 am

Tanto la muchacha de impolutos ropajes como el muchacho con alas llegaron detrás de nosotros dos, pero se sumieron en sus propias compañías, así que me dediqué a otear el horizonte, en busca de la embarcación.
No tuvo que transcurrir mucho tiempo antes de que una barcaza de importante tamaño arribara al muelle con presteza. Una gran cuantía de pasajeros desembarcó, mientras yo me ponía en pie, dejando paso a los transeúntes para poder marcharse, o acercarse para tomar sitio en el navío.
Me volví para observar la ciudad que ahora iba a dejar atrás, lejos del alcance de nuestra vista, para poner rumbo a la Isla del destino. ¿Qué nos depararía allí?¿Habría alguna clase de ser malintencionado?¿O tal vez todo eran habladurías? En cualquier caso, debía rescatar a aquellos perdidos muchachos, que seguramente andarían amedrentados por la situación de no poder volver a casa.
Pagué al dueño y capitán de la barcaza, sin titubeos, y alcé la pierna para ponerme sobre su superficie, y me fui hacia la proa del barco, buscando ver el horizonte que perseguiríamos, y siempre se alejaría. Y poco después, nos empezamos a alejar del puerto, más y más hasta que al final fue solo una brizna pequeña sobre las aguas, que se decoloraba a medida que nos alejábamos.

La embarcación navegaba tan suavemente que parecía deslizarse sobre las aguas como una piedra sobre el hielo, sin nada que le frene, y con la mar totalmente calma. Sólo reconocía las caras de las personas que me acompañaron hasta la casa del mago, aunque faltaban dos, que me pareciera en aquel momento al menos.

Pero todo fue confirmado en cuanto descendimos de la barcaza, casi a patadas, y nos dejamos caer sobre las arenas de la playa. Sólo estábamos un bufón, la mujer de buen vestir, el hombre semidesnudo y yo. ¿Qué habría pasado con el chico pájaro?

El bufón habló a través de su marioneta de forma tosca. Y nos mostró también dos peligrosas dagas. No me hacía muy feliz ver a un desconocido con nosotros que portara dagas, y no pareciera muy cuerdo.

Yo lo tenía claro. Habíamos de internarnos en la espesura de la selva, así que me volví hacia mis acompañantes y señalé hacia la selva con mi mano izquierda, extendiendo el dedo índice con rectitud.

Muy bien. Tal y como nos fue dicho, debemos internarnos en la isla. Os recomendaría no separarnos, pero si alguno está en el ferviente deseo de hacerlo, no se lo voy a impedir. ¿Quién está conmigo?


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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Janna Tanya el Dom Oct 25, 2015 3:39 am

OFF


Vale, esta partida se detuvo por varios motivos. Vamos a intentar reanudarla desde este punto, que todavía es posible tomar, y reabriré los cupos.


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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Nalhban el Sáb Oct 31, 2015 8:44 pm

“Escucha hijo mío, no importa que espíritu sea, todos merecen descansar, desde el asesino hasta el recién nacido.
 
Ixiyal, Sabio Goblin.
 
 El sabor de los tubérculos y las hierbas era amargo, pero estaba acostumbrado a aquel sabor, conocía que estas plantas le ayudarían a  internarse a lo desconocido y no era que el navegar le fuera completamente ajeno. Ya en otras ocasiones había surcado uno o dos ríos con otros goblins, en cacerías o búsquedas de hierbas o animales… pero aquello era diferente, un rio era algo más seguro, ya que podían verse las orillas y saber hacia dónde nadar, aquello era el mar, un lugar que era difícil de comprender.
 
El jugo y néctar de las hojas, se mesclaba con la propia saliva y baja por la garganta, dejando un rastro de amargura que fácilmente haría arrugar le rostro a cualquiera y no era que el goblinoide no lo hiciera, si no que al estar su máscara sobre esta, no podía verse su semblante torcido. Pronto comenzaron a llegar los demás integrantes, más de uno había obtenido provisiones, al igual que el brujo, que mantenía bien guardadas en su morral. A pesar de haber visto a todos en la reunión, nuevos individuos aguardaban, cosa que no preocupo demasiado a este, que esperaba el navío o barca que les llevara.
 
Poco a poco esta apareció, las velas eran pequeñas y no parecía ser muy grande, cosa que cambio al acercarse y dejar ver que realmente, las velas eran lo de menos, ya que se impulsaba por muchos remos, cuando atraco en el pequeño muelle, comenzaron a  descender algunas personas, mientras que un hombre marcado por la vejez y la edad, aguardaba con rostro huraño y demacrado por la sal.
 
De los que irían en esa exploración, varios pagaron, y el de piel oscura, no fue la excepción, pero a pesar de haber comido sus hierbas y tubérculos, prefirió tomar asiento, con su espalda apoyada en algún lugar fijo. Se pudo ver a los hombres que remaban, sus músculos, sus cicatrices, no eran hombres libres o quizás sí, eran diferentes a los goblin, tanto en su apariencia como en su mentalidad. No había mucho que mencionar del viaje, más que fue más corto de lo que el brujo pensaba o hubiera imaginado. Si bien en un inicio creyó que el viaje lo harían solos, se equivoco, al ver que la barca no era de uso exclusivo, si no que el viejo “capitán”, simplemente tenía una ruta que seguir, algo raro, ya que no pensaba que muchos fueran a esa isla por voluntad propia. Mas Nalhban tenía una misión, y si bien cualquiera pensaría que era una locura creer en un sueño, pero para quien creía en espíritus y trataba de ser guiado por estos, era algo muy importante.
 
El viaje termino, cuando el viejo capitán les hecho del navío, su alegato era el tiempo, pero en su tono de voz se escuchaba mas nerviosismos y a la vez temor que otra cosa. De la misma manera, pudo ver varios de los ojos y miradas de los que no bajarían, podía ver desconcierto y quizás algo de temor por estar ahí. La isla, no parecía ser peligrosa, pero como una bestia dormida, pronto podría despertar y devorar todo a su paso.
 
Apoyando una de sus rodillas en la oscura arena, el brujo alzo una plegaria, no por llegar a salvo tras el viaje, si no por el hecho de pedir la protección de los espíritus, con cada nueva interacción con el mundo. Con voz tranquila, hablo, no le importaba si alguien escuchaba o si le miraran de forma extraña, aquello no era de importancia o relevancia.
 
-Danos tu fuerza padre sol, danos tu protección madre tierra, que los espíritus que nos precedieron acompañen nuestros pasos y guíen nuestras manos. Espíritu del océano, danos tu sabiduría y permítenos cumplir con lo que nos hemos propuesto-
 
Fueran simples palabras de un loco, de un creyente o fanático, eran simples palabras, para quienes no creían en ellas, era una pérdida  de tiempo, pero para quienes realmente las creían, podía ser la tranquilidad de sus espíritus y la voluntad en sus brazos y piernas. Tras recitar aquellas simples palabras, el brujo se levanto, con fuerzas y energías, presto a seguir con lo trazado y cumplir con lo pedido. Una de las mujeres humanas hablo, el  brujo únicamente miro hacia  la costa, recordaba su sueño, recordaba hacia donde debían de moverse, pero… ¿su misión sería diferente a la que tenían los demás? A él no le importaba el oro o las gemas, la fama o el poder, únicamente tenía planeado cumplir con lo que pedía su madre y aun cuando había sido solo en sueños, parecía que se lo hubiera dicho en persona, algo que no podía negar ni rechazar.
 

Mientras apuntaba hacia una dirección, el goblinoide hablo, para que cualquiera que deseara, le escuchara. –Siguiendo la costa, las rocas son lamidas con furia, pero un camino se eleva, entre arboles y viento, mas allá, tras caminar mucho, se alza una aguja de roca, como un testigo de lo que aconteció en este lugar. Me dirigiré hacia allí, ya que ese lugar me fue mostrado en sueños… no conozco sus motivos, no conozco sus deseos, pero me llaman de ese lugar y aunque separemos nuestros caminos, pido que sean protegidos por madre tierra y padre sol, mientras estén pisando esta y bajo su mirada.-
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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Skabba el Vie Nov 06, 2015 3:51 pm

Skabba se arrebujó entre sus ropas, no era un día especialmente frío, pero el viento del puerto lograba helarle la piel. No era la única que esperaba allí la llegada del barco y lo cierto es que había algunas personas de lo más variopintas, mientras que otras podrían encajar en la media. Todas ellas tendrían sin duda sus razones para subir a aquel barco. En su caso, había pensado en un principio que allí podría hallar realemte su propio futuro. Después, que quizás así podría empezar a encajar en la extraña sociedad de aventureros. Finalmente, estaría bien poner en práctica todas las habilidades que Vossnik había logrado inculcarle con los años.

El barco se acercó suavemente empujado por la fuerza de los remeros y una vez había atracado apareció el capitán. Un hombre que le resultó bastante desagradable y al que pelirroja pagó de mala gana el peaje, con ánimo de no hacer ningún alboroto. Subió sobre las tablas del barco buscando un lugar donde acomodarse. Poco a poco, fueron dejando atrás el lugar hasta que solo fue visible en sus recuerdos.

Viajaron durante poco tiempo, aunque a Skabba, nerviosa por estar en mar abierto, se le hizo algo más largo. Miraba a su alrededor con tranquilidad y se aseguró de que sus armas estaban a mano, pero sin que llamaran demasiado la atención. Lo cierto es que sus intentos por entremezclarse o por conocer a alguien solían ser infructuosos, pues no confiaba en nadie y no podía evitar ver sombras donde quizás no las hubiera. Finalmente llegaron hasta la isla, aunque tan solo unos segundo después se dio cuenta de que el resto ya habían desembarcado.

Paso. Paso. Paso. Zancada. Salto.

Miró a su alrededor con ojos curiosos y semblante pálido, observando al resto de personas que ya habían desembarcado. Dos de ellas habían tomado ya la iniciativa señalando en direcciones opuestas, no quería apresurarse para elegir una de las dos. Sin duda la mujer parecía una buena guía y protección -sin duda la opción más lógica a seguir. -, sin embargo, las palabras del enmascarado habían llamado fuertemente su atención y su curiosidad, quizás porque ella misma no creía en espíritus, porque nunca había visto ninguno o simplemente veía su propia rareza reflejada en aquel ser de piel oscura.

Finalmente, aunque con dudas, se decidió a seguir a la paladina -que se ofrecía hacer grupo entre todos- y posicionarse cerca de esta. El mismo aspecto que había llamado su atención, era también el que más la hacía desconfiar. Además, quería ver como se las arreglaban los humanos y formar parte de ellos.

La pelirroja se agachó, pegando las rodillas al pecho y toqueteando la fina arenilla. Castañeó los dientes con alegría y movió la naricilla como queriendo olfatear el aire. Se dió cuenta entonces de que no se había presentado. Había cogido por costumbre mentir sobre su nombre, esta vez no lo hizo.

Se irguió de nuevo. -Me llamo Skabba. -Aunque no estaba segura de que alguien le hubiera prestado atención.
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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Vossnik el Vie Nov 06, 2015 8:00 pm

La pequeña rata que mordisqueaba una manzana que rodaba por el suelo de la bodega le dirigió una mirada al rátido, como si le vigilara para que no le quitase su botín.

Vossnik suspiró mientras intentaba dormir sin éxito, tumbado sobre unos sacos con los que había improvisado una cama. El olor a salitre invadía su agudo olfato hasta el punto de que empezó a aborrecerlo, frotándose repetidamente la nariz como si eso fuese a librarle de él. La oscuridad no le molestaba, y el sonido de la madera crujiendo al ritmo que el navío se mecía con las aguas orquestaría para él una perfecta canción de cuna si no fuera por el enjambre de pensamientos que le mantenían en vela.

Había hablado con contactos de confianza para localizar a Skabba. Al parecer, un contrabandista con el que ambos mantenían contacto la había visto como pasajera de un barco en dirección a la Isla del Destino. ¿Qué era la Isla del Destino? El contrabandista respondió su pregunta y, a medida que lo hacía, más horror se reflejaba en el rostro del roedor. De entre todos los lugares, ¿por qué se le ocurría ir a uno como ese a la pelirroja?

Trató de tomar el mismo barco, pero solo salía uno cada dos días y ya lo había perdido. Eso no le detuvo, pues aquél contrabandista le debía cierto favor que Vossnik se cobró ese mismo día, pidiéndole que le llevara a la isla. Entre contrabandistas y asesinos no era costumbre negar una deuda, pues convenía una buena relación entre profesionales de la que ambas partes se beneficiaban enormemente.

Por esa razón estaba ahí, en las bodegas del Mirlo Blanco. No confiaba en la tripulación como para dormir en los barracones, y ellos no se opusieron a que la rata que olía peor que ellos se llevara sus pulgas a otro lado.

Antes del amanecer, una voz se escuchó en cubierta:

-¡Tierra a la vista!

El rátido se apresuró a recoger sus pertenencias y vestir de nuevo su capa, saliendo disparado a la cubierta. El aire salino le recibió junto a los primeros rayos de sol, así como la risa del capitán contrabandista.

-¡Tranquilo, mi dentudo amigo!-el hombre se situó junto a Vossnik, quien asomaba por la baranda para ver la isla en el horizonte, aún lejana.- Llegaremos al mediodía, pero no pararemos ahí. Cuentan que la isla está maldita, y no quiero que la tripulación se ponga nerviosa.

-¿Mediodía?-el rátido miró de nuevo al horizonte, resignado y preocupado.- Tengo buen oído, Gridberg, y te escuché fardar de que tu nave era la más rápida de éstas aguas.

-¡Y lo es!-replicó el marinero.- Siempre que el viento esté a favor.

No quedaba más remedio que esperar, pero no por ello Vossnik estuvo menos tenso. No se separó de la baranda más que para subir al puesto del vigía y tratar de distinguir algo en la isla distante. Para el mediodía, tal y como el contrabandista aseguró, la nave ya estaba próxima a una de sus playas.

No iban a darle una barca para él solo, ni pensaban acercarse más a la isla de lo necesario. Sin más opción, el roedor saltó por la borda. Se sumergió en la tibia agua, nadando con rapidez gracias a sus dedos semi-palmeados, manteniendo la cabeza sobre la superficie. Aquél era el primer “baño” desde hace meses, quizás años.

Una vez en la orilla, sacudió su empapado pelaje y se puso en marcha. Aquella no era la orilla donde los navíos desembarcaban, pero según le aseguró el contrabandista estaría a tan solo un par de horas de camino. Una vez allí, sería sencillo encontrar un rastro… o eso esperaba.


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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

Mensaje por Malina el Jue Dic 08, 2016 5:17 pm

“Mi espíritu, tú me mueves con agilidad,
Y, como un buen nadador que desfallece en la onda,
Tú surcas alegremente la inmensidad profunda,
Con una indecible y máscula voluptuosidad”
Elevación, las flores del mal, Charles Baudelaire.


El mundo cuenta con un lado oculto, una cara sobrenatural que nos susurra, que se intuye, pero que muy pocos perciben. La inmensa mayoría de las personas no es consciente de ese lado paranormal... Ni de sus riesgos.

A veces la gente se topa con esos peligros y desespera, se atemoriza, y no sabe qué hacer ni a quién recurrir. Malina era consciente de que era tan ciega como los marineros novatos de aquella fragata improvisada. Y que estaba en plena desventaja en relación a sus “compañeros de viaje”, a aquellos que iban detrás de la misma intención que ella: explorar y descubrir. Al posar sus pies sobre el arenoso suelo, un cosquilleo le acarició la espalda: la misma sensación vaga de libertad, de naturaleza, la misma que le había embebido en la Cordillera de Daulin. Sin embargo, del aire cordillerano y del pretérito soroche que hubo padecido en aquellas tierras, un aire húmedo danzaba por su cabello rosáceo y se le pegaba en los pliegues de la blusa color caqui. De cierta forma, esta era una de las múltiples formas que tomaban sus deseos más prístinos de autonomía y libertad ¿Qué podía esperar de esta travesía?
Todos ansiamos conocer nuestro destino, el sentido de nuestras vidas. Malina creyó haber encontrado la suya. El objetivo que perseguía su obra y su vida. Y lo cumpliría, o no podría considerar justificada su propia existencia.

Una vez el calor de la arena traspasó los helados pies de la humana, Malina decidió mirar a sus compañeros de viaje: Desgraciadamente, los supuestos aventureros eran, en realidad, un montón de ilusiones producidas por el calor. Volvía a carraspear, asustada de sus percepciones y repetía sus impresiones para sí misma. Conmovida por lo sucedido, trató de enlazar la secuencia de eventos vividos antes de subirse a la fragata ilegal: podía testificar que había conversado con uno, acariciado sutilmente su diáfana piel, había pensado e interactuado con ellos ¿Dónde estaban sus figuras? ¿La abdujo la arena? ¿Fueron producto de su febril cabeza? Antes de caer en crisis se detuvo en mitad de la paradisíaca imagen y la observó: aquella de nombre Verónica que sí parecía real. A la claridad del sol, pudo distinguir por completo su figura. Era muy esbelta, estaba admirablemente formada; Tenía las facciones menudas, la tez muy blanca y unos ojos que ofrecían una expresión agradable. Para su desgracia, caminaba a paso firme, internándose en la espesura de la selva, decidida a buscar el origen del rumor que también la había arrastrado hasta aquí.
Producto del cambio de temperatura, la deshidratación y multitud de malestares propios de alguien que no está acostumbrado a viajar por el mar, Malina cerró los ojos, confundida aún por la desaparición de los otros tripulantes y, antes de cinco minutos, creyó ver alzarse a plena luz, una multitud de figuras blancas, cual lívidos espectros. Lejos de confirmar su supuesta actividad paranormal, Lewe corrió posesa del miedo tras Verónica, decidida a no quedarse sola en este sitio.

-Sé que no soy la mejor para este puesto. Soy alguien con nula capacidad para pelear, pero, por favor, déjame quedarme a tu lado. – Lejos de parecer una orden, la súplica de la joven era sincera. Se desvivía entre la curiosidad de saber a qué se atrevían a venir, y el miedo de que, de la misma forma en que los otros se habían esfumado, culminase sus días como eso: un espectro blanco que se difuminaba en el aire.
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Malina

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Re: Partida: La isla del destino [Mivam, Nalhban, Malina,Rouge, Keznaryan, Veronika]

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