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[Evento: El primer paso de un guerrero] La noche de Hogueras.

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[Evento: El primer paso de un guerrero] La noche de Hogueras.

Mensaje por Jazz el Jue Abr 16, 2015 7:30 pm

Si hay algo que añoro de mi pasado, esa es la noche de Hogueras que solía pasar junto a mi familia. Nos sentábamos todos junto al fuego como hermanos, relatándonos historias nuevas que nos habíamos inventado o que habíamos aprendido durante el viaje sin que los otros lo supieran. La voz de Laila era la mejor entre las féminas, cantaba tan bien que a día de hoy todavía no me la puedo sacar de la cabeza... tristemente es lo único, pues se me escapan sus rasgos o su olor, o el calor de su abrazo cuando me daba un beso antes de dormir. Los niños nos sentábamos en esa noche, a observar como los mayores cantaban y relataban, muchas veces rojos por el vaso de vino que nos dejaban tomar. Aquella vida si que era vida; no existíamos por supervivencia, sino que vivíamos en la carretera con todas sus dificultades, pero sin jamás perder el sur de nuestras almas. Recuerdo como bailaba Jorst, nuestro curtidor; parecía que sus caderas y pies almacenaban la energía de mil espíritus, era un ''mago'' de la interpretación musical.


El bardo sonreía con cariño, posando otra vez los labios en la boquilla de su petaca. Dio un trago largo, sintiendo al whisky desfogarse en su garganta; ardía como los mil demonios, pero aun así le gustaba. Se encontraba hoy mismo en una noche de Hogueras, acogido por la caravana de unos Shike ''Sonrisa blanca'' (especialistas en los espectáculos de malabarismos y trucos de falsa magia). Todos le escuchaban con atención, embelesados por sus palabras y las ocasionales notas de nostalgia que le sonsacaba a su laúd entre caricias.

- Cuéntanos más, Ojos de luna - le imperó al bardo uno de los pequeños, tirando de su pantalón. 

Jazz sonrió, divertido al escuchar de el niño el nombre con el que se conocía a las caravanas de bardos y dramaturgos itinerantes. Se les llamaba así porque se decía de ellos que poseían algo especial en la mirada que los diferenciaba de las demás gentes - Con ello voy, pequeño - contestó con suavidad, apoyando la mano cariñósamente sobre la cabeza del niño.

Como iba diciendo, esos son los tiempos que más añoro de mi familia; pero sin duda, la mejor noche de Hogueras sucedió cuando yo aún estaba viviendo mi octava primavera. Esa noche, recuerdo, tuvimos un invitado de lo más especial: Un bardo que había estado viajando en solitario por toda Noreth, buscando recopilar todas las canciones de Ikrakhjoss, el Gran Bardo (O el Gran Blasfemo, como los ascetas prefieren llamarlo) - las risas se sucedieron en torno a la hoguera donde Jazz contaba su historias, siendo que este había acompañado el apelativo con el gesto místico de juntar las manos - Su nombre era Irshan y yo no sabía que, unos años más tarde, el se convertiría en mi maestro. Si lo escuchaseis tocar comprenderíais de lo que hablo; el vivía la música de una forma que admiro, la magia fluía por sus cuerdas incluso tocando el acorde más sencillo, embargaba el alma con la calidez de su sonido. Durante el transcurso de todas sus canciones recuerdo haber llorado, reído y soñado con mundos alternos al nuestro. No sé hasta que punto las canciones del Gran Bardo sean autobiográficas, pero os aseguro que, de existir, algún día este humilde trovador caminará por las calles de la Ciudad de las Tres Lunas.


Se paseó por todo el repertorio que conocía del Gran Bardo, incluso nos contó que las había ordenado cronológicamente (Y, de hecho, cierta coherencia tenían entre ellas si prestabas atención). Creo que el momento en el que decidí plenamente el decantarme por la música y no la dramaturgia, fue cuando escuché la de ''No llores, Anariel'', que se cuenta fue la última composición de Ikrakhjoss. Esta en concreto conseguía llenarte el corazón de esperanza y tristeza al mismo tiempo, recuerdo haber sentido como se me despedazaba el alma en mil pedazos al mismo tiempo que veía ante mi claro todo lo bonito que tenía por ofrecer la vida. Casi sentí en mis pulmones el aire de los millones de lugares de Noreth, el sabor de todas las comidas, el tacto de mil años de hierba fresca acariciándome los dedos... - El bardo se llevó la marca de Ikrakhjoss a los labios y la besó con adoración, para luego volver a su relato - no tengo vidas suficientes para agredecerle a mi Maestro el haberme mostrado el camino que tengo a mis pies.


Cuando terminó, el silencio se hizo en torno a la hoguera; una hoguera que usualmente estaba rodeada de risas y canciones, de bromas y alcohol, de mujeres y hombres danzando por la alegría de la vida, con razón. No sé cuanto tiempo permanecimos callados, tal vez minutos, puede que horas... Solo puedo hablar por mi, de hecho, pero os prometo que me sentí como su hubiese aprendido una vida entera durante lo que Irshan cantó.


-¿Por qué no nos las cantas?- volvió a intervenir el niño, que se había quedado mirando al bardo todo el tiempo durante el que había estado hablando. 


Jazz sonrió con cierta tristeza, sonrisa que acompañó a su respuesta - Encantado que lo haría, pero aún no me siento digno de interpretar al Gran Bardo. Mi sonido aún no es suficiente, mi Maestro ya en su tiempo lo hizo a regañadientes y me superaba a lo que soy ahora con creces. - plantó un beso en la frente del niño - Pero te prometo que me esforzaré en alcanzarlo y, si nos encontramos dentro de unos años, os regalaré lo mismo que en su momento se me regaló. - todos asintieron, ahora divertidos con el gesto de ofuscación del niño, que obviamente no se quería contentar con tal explicación. Rápidamente se dispuso a finalizar la historia, acallando así las ganas del pequeño de escuchar su canción.


Esto que os cuento ahora no recuerdo si es producto de la imaginación cándida de mi yo niño, o algo que realmente pasó, pero os lo cuento porque estamos entre amigos y confío en que gustaréis de oírlo. El tiempo, tal y como os estaba comentando, parecía haberse detenido... y no tardé en darme cuenta de que tal que así era. Mi maestro se levantó, mientras todos continuaban mirando al sitio donde él estaba sentado; confundido no me moví, pero vi como el se acercaba hasta mi y dejaba colgando ante mis ojos este colgante que tengo aquí. -Enseñó el colgante, dejándolo colgar a la vista de todos sujetando la cadena con el pulgar- Me dijo ''Mordekaiser te ha visto, muchacho, dentro de unos años volveré y decidirás si quieres partir'' y, tras volver a su posición, todo volvió a seguir. Nada parecía haber pasado; el seguía como si tal cosa, recibiendo humildemente los halagos que los adultos y niños le dedicaban, mientras yo (Pobre de mi) elucubraba para mis adentros, en busca de una respuesta lo que acababa de suceder.


Irshan partió al alba, escuchándole yo decir a mis padres ''Su hijo es una gran promesa''; se lo tomaron enigmáticamente, pues yo no había mostrado ninguna de mis destrezas. Tal y como dijo, volvió años más tarde, y yo partí.


El bardo se desperezó, tras finalizar su relato, mientras el resto se tomaba un tiempo para asimilarlo - Gracias por la historia, Ojos de luna - comenzaron a decir todos, con una sonrisa de oreja a oreja, utilizando el mismo apelativo al que había acudido el niño antaño. Jazz les sonrió de igual manera, retribuyéndoles con humildad su agradecimiento por el sitio en el fuego que le habían prestado.
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