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Cuentos de Noreth
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[Evento: El primer paso de un guerrero] Cicatrices

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[Evento: El primer paso de un guerrero] Cicatrices

Mensaje por Thorin el Dom Abr 19, 2015 3:38 am

Era una noche fría, como lo acostumbraban a ser las noches, del largo invierno de los glaciares, apenas había llegado oficialmente la noche en otros lugares del mundo, que aquí era ya tan oscuro como el mas profundo de los abismos, y mas frío que cualquier lugar que yo conozca, pero no todo es malo, pues desde fuera de mi casa, se podían escuchar risas y correteos, pisadas que hacían resonar el suelo cubierto de madera, para aislarnos del húmedo suelo, si alguien nos observara, lo único que hallaría es la tarde idílica de una familia bien avenida, de aspecto humilde, un hombre mayor, sentado en una silla, con una barba nívea que gritaba. -¡No corráis tanto, que seguro acabáis por romperme algo!- Su voz era ronca y demostraba su veteranía desde luego.
Un niño, de cabellos rubios corría, riendo y escondiéndose tras la mesa, cubriéndose tras su abuelo. -¡Ya te tengo pequeño!- Dije yo, cuando casi atrapaba a mi hijo Ingvarr, quien no podía esconderse tras mi padre. Cuando lo atrape lo levante con mi brazo derecho, como si fuera un juguete, mientras reía. -¡Ahora Helga ahora!- Exclamó el niño, mientras mi hija mayor, cuyo pelo era más largo que el de su madre, del mismo color que el mio, se aferraba a mi pierna. -Ya te tengo.- Dijo ella juguetona. -¿Ah si? No podéis detener al poderoso Thorin, hijo de Harald.- Con mi brazo izquierdo rodee la cintura de Helga y la alcé como hice antes con Ingvarr. -¿Y ahora que?- Pregunté con una sonrisa en la cara, mientras ambos reían. -¡Al ataque!- Otra voz de niña, esta vez era mi hija mas pequeña Sjöfn, con el mismo cabello que yo, un poco mas corto que el de su hermana mayor, recogido en unas trenzas que le había hecho su madre para el día de hoy.

En cuanto ella me embistió, me tire al suelo, asegurándome de no hacer daño a los niños que tenia sujetos. -¡Oh no, estoy perdido!- Dije juguetón, mientras ellos se lanzaban sobre mi y yo los abrazaba, riendo. -¡Ríndete!- Decía Helga, mientras Ingvarr y Sjöfn me hacían cosquillas para que los soltara. -¡Jamás, un verdadero hijo de Harald nunca se rinde!- Grité aunque con dificultad, por las risas que me producían con sus cosquillas. -Venga, levantaros del suelo que vais a coger frío, Ingvarr, Sjöfn soltad a vuestro padre.- Comentó Britta interrumpiendo el juego, los niños se quejaron obviamente. -Venga niños, ir a comer algo.- Ellos me soltaron, siendo Helga la última en marcharse de mi lado, para ir con su madre a que esta les diese algo para cenar, yo me levanté riéndome por lo bajo, feliz de haber pasado un rato con ellos.

Tras una buena cena basada en pescado, verduras y un poco de carne, todos nos sentimos somnolientos, el primero en marcharse a dormir fue mi padre, Harald, la edad cada año hacía mas mella en el y con eso, menos posibilidades tenia de partir a los saqueos estivales, algo que lo ha mantenido algo deprimido por bastante tiempo, aunque con tres nietos, es imposible no sentir felicidad en algún momento. -Puedes irte a dormir Artheden.- Le dije al esclavo, informándole de que su jornada de trabajo se daba por concluida por el día de hoy.
Artheden era mi esclavo, era un muchacho mas joven que yo. Terminó siendo mi esclavo por una serie de circunstancias, que ya pertenecen al pasado. -Niños a dormir.- Nuevamente se quejaron por la petición de su madre. -Ni oh, ni nada tenéis que dormir de vez en cuando ¿no os parece?- Los tres me miraron apenados. -Eso no va hacer efecto esta vez. Hacedle caso a vuestra madre.- Les dije, con un tono serio, pero ellos seguían mirándome como si fuera a matar a un cordero. -¿Vienes a la cama Thorin?- Interrumpió Britta mi esposa. -Ahora iré, déjame que acueste a los críos.- Ella al escucharme ya sabía que me tomaría mi tiempo, con lo que esperarme sería algo estúpido.

Los niños estaban ya todos en sus camas, dormían todos en la misma habitación, en dos camas. Sjöfn y Helga dormían juntas y Ingvarr tenia su propia cama, aunque era mas pequeña que la de sus hermanas. -Bueno pequeños. Ahora si, dormid y descansad.- Comente con suavidad, mientras arropaba a las dos hermanas con una piel. -Padre...- Dijo la mayor, llamando mi atención. -Cuéntanos una historia.- Dijo ella ilusionada, a lo que Sjöfn siguió. -Si, si, una historia, cuéntanos una historia.- La mas pequeña parecía muy ilusionada. -¿Una historia? Veamos... ¿os e hablado, de cuando atracamos el drakkar en...?- Unánimemente respondieron que si. -¿Y de cuando Olaf y yo nos caímos en...?- Nuevamente un absoluto si, la verdad es que pocas historias me quedaban ya por contarles. -¿Porque no nos cuentas, como te hiciste las cicatrices?- Pregunto Ingvarr, mientras yo me llevaba la mano a la cara, para palpar las cicatrices que surcan mi rostro. -¿Estas cicatrices?- Ellos asintieron, la verdad es que yo por lo que es ahora, ni siquiera recuerdo a veces que tengo cicatrices en el rostro, ya que llevo muchos años con ellas y ya pues simplemente, se que están ahí y no les doy mayor importancia. -Bueno... porque no.- Ellos de estar estirados y tapados, pasaron a estar sentados prestando atención, eso si sin separarse de las pieles, yo me senté para acomodarme un poco en el espacio que había entre las dos camas. -Todo empezó cuando yo tan solo tenía ocho años...-

[.......]

Es un invierno había sido atroz, más frío que el que Harald ahora pudiera recordar, el frío se había llevado a la madre de su hijo Thorin, y cada vez parecía ir a peor, pero este invierno esta a punto de dar paso a la primavera, no faltaba mucho para el solsticio que diera paso a una un poco más cálida primavera y Harald lo sabía, con lo que fue fuerte para que su hijo sobreviviera a estas duras condiciones.
La primavera llego tardía, pero su llegada anunciaba un nuevo comienzo para Thorin, su padre le enseñaría durante estos meses a cazar, para poder subsistir a estos duros inviernos, para que algún día fuese el, quien hiciera vivir a la familia. Así era Harald, un hombre de honor, un padre responsable que siempre mira por el bienestar de los suyos. -Escúchame atentamente Thorin, esto es importante.- Le decía al niño tomándolo por los hombros, para que centrara su atención en el. -Llegara el día, en que seas tu quien alimente a la familia, debes tener presente de donde vienes y quien eres, tu familia es lo primero.- Siempre decía el a su hijo, para inculcarle sus conocimientos. Fue a la mañana siguiente, que tanto padre como hijo prepararon sus cosas, para salir a cazar, aprovechando la llegada de esta fría primavera, pues los animales habían salido ya de su escondrijo y ahora, era el momento de cazarlos.

Thorin estaba emocionado, nunca antes había estado en una cacería con su padre y de seguro este le instruiría bien. Estaban acompañados por un total de seis perros, Elkhound, perros típicos de esta tierra, enseñados para el rastreo y la caza, muy útiles, pues aunque es fácil seguir pisadas en la nieve, los olores no son sencillos de seguir, no cuando la mayoría de los animales viven en bosques de abetos, cuyo aroma característico enturbia los sentidos. Esto era mucho mas duro de lo que Thorin hubiera imaginado, las largas caminatas, los rastros falsos, que hacían que el niño se emocionara pero decayera al momento, al saber que su rastro era equivocado y no era fiable.
Pasaron tres días rodeados de árboles, sin señal alguna de animales salvajes a los que dar caza, la cara del niño no era precisamente de alegría, pero Harald siempre lograba animarle. -Anímate hijo mio, si fuese fácil perdería la esencia de la caza, para eso nos habríamos quedado en la aldea, criando cerdos ¿no crees?- Su comentario era jocoso, pero era cierto, hubieran podido prescindir de esta cacería de fantasmas, o así creía el muchacho, pero la verdad era muy distante, con el frío que aun perduraba en el ambiente, los animales domésticos, probablemente muriesen de frío y eso es contraproducente, pues aunque puedan alimentarse por un tiempo, esa fuente de alimentos se agotaría y por ello, tenían que salir de caza de vez en cuando. Ya cuando la primavera hubiese avanzado y los animales pudieran pastar, podría aparcarse esta necesaria persecución.
-Durmamos un poco hijo mio, mañana sera un día duro. Pero ya verás como Odin nos ayuda. Duerme.- Odin no le era desconocido a Thorin, era su deidad, el ser todopoderoso, que desde pequeño le han enseñado a reverenciar, si de verdad existe un dios, ese es Odin, quien luchó contra los Jötunn, convirtiéndose en el rey de Asgard.
Esa noche, el niño tan solo pudo soñar, con cazar algo, aunque fuera una ardilla, aunque las historias que había escuchado de hombres, que se enfrentan a osos con las manos desnudas, sin duda le eran historias fascinante.

Un aullido matinal, despertó al pequeño de cerúlea mirada, sobresaltándolo, pues nunca antes había podido escuchar un aullido de lobo tan alto y claro. Su padre ya llevaba bastante tiempo despierto, de hecho le había preparado algo para desayunar al pequeño, pero como el día anterior, solo era un trozo de pescado hervido en agua, una especie de sopa, no le entusiasmaba, pero una sopa lo mantendría caliente y le daría fuerzas para soportar la jornada de camino, que tenía por delante. -Vamos hijo, un largo camino nos espera, recoge tus cosas.- El pequeño asintió y así lo hizo, recogió el cuchillo que le había dado su padre, su diminuto arco y sus flechas, el solo podría cazar animales pequeños durante esta jornada de caza, pero según Harald, tenía que empezar a experimentar estas cosas, para cuando tuviera que hacerlo el.
El camino, antes llano, se torno pendiente y rasposo, los troncos de los árboles congelados, eran como pequeñas cuchillas que arañaban la piel de Thorin cuando se movía entre estos. -Maldita sea.- Maldecía el pequeño, aunque a su padre le hacía gracia que empleara maldiciones siendo tan joven. -No es para tanto.- Dijo su padre, mientras uno de los Elkhound ladraba. -Prepara el arco Thorin. Mira allí.- Le dijo señalando con el dedo, a una pequeña ardilla. El pequeño, entusiasmado tomo su arco y lo preparo, para disparar su primera flecha. -¿Lo tienes?- Y en cuanto el niño asintió. -Bien. Ahora.- El chico obedeció, disparando su flecha, aunque para su desgracia erró y la flecha se perdió entre las ramas del árbol, su padre reía pero a el no le hacía gracia y pateaba la nieve. -Calma pequeño. Tendrás más oportunidades ya lo veras.- Le comentaba para animarlo, aunque no le reconfortara en lo absoluto.

Llego la tarde y ninguno, se había podido cobrar una pieza todavía, era frustrante para el niño, aunque Harald, en toda su experiencia, sabía que una cacería no se limita a unos simples días, a menos que se tenga mucha suerte, además esto fortalecería mucho a su hijo, ya que estaba cazando realmente en las peores condiciones. Pero por fin algo de suerte, los perros detectaron otro rastro y padre e hijo lo siguieron sin dudar. Fueron llevados hasta una manada de renos. -Mira padre, están allí.- El vikhar adulto se agachó al lado de su hijo. -Bien hecho hijo mío.- Halagándolo, como si hubiera sido el quien los había encontrado, el muchacho lo necesitaba y esas palabras le hicieron esbozar una sonrisa. Harald preparó su arco, mientras nombraba a unos cuantos perros, estos obedecieron sus ordenes y corrieron desde detrás de la manada, para acercarlos al cazador. La manada se movió al unísono y los cazadores tenían sus arcos preparados y dispararon ambos, aunque tan solo la del padre fue un tiro certero y letal, mientras que el del pequeño fue a parar a uno de los duros cuernos de estos animales, con lo cual otro tiro errado. -Vamos Thorin.- Y el hombre salió de su escondrijo corriendo para ir a ver su presa, rematarla si fuera necesario claro, así como también recuperar su flecha.

Thorin estaba enfadado consigo mismo, de hecho se quedo un momento quieto viendo como su padre, iba a cobrarse su presa.
Algo lo sobresaltó, escucho como se quebraban unas ramas tras de si, como también escuchaba los ladridos delos elkhounds. Una respiración animal, agitada y de índole molesta. Un aliento que olía fatal y el muchacho no tuvo otra opción que darse la vuelta, para ver que era. -¡Padre!- Gritó asustado con todas sus fuerzas, mientras a ese grito lo acompañó un sonoro rugido de una bestia portentosa, un oso pardo, de color negro, famélico, deseoso de devorar algo para recuperar el peso que había perdido durante su hivernación. -¿Thorin...?- Dijo Harald preocupado, buscando a su hijo. Su corazón dió un vuelco al ver su situación, su pequeño estaba cara a cara con un oso. -¡Thorin!- Sin pensarlo, abandonó a la presa y fue corriendo a socorrer a su pequeño, no importaba lo que le pasara al reno, no importaban los elkhounds y no importaba siquiera el mismo, su único instinto ahora era salvar a su hijo, y corría como si galopara sobre Sleipnir, pues nadie es más rápido, que un padre que intenta proteger a su pequeño.

El niño aterrado, hizo lo que no debía hacer. Salir corriendo y en dirección contraria de su padre, pensando que corriendo entre los árboles podría despistar al animal, el cual lo persiguió sin vacilar, pues la elección de su comida estaba entre un niño fácil de matar y un hombre armado, cualquier animal escoge siempre al miembro más débil para devorarlo. Thorin corrió y corrió aunque sus pies se hundieran, en la fina nieve que aun quedaba, esta no era suficientemente profunda para que se tropezara con ella y zigzagueaba entre los árboles, tratando de evitar al animal, que con su tamaño no podía esquivarlos igual que el niño, pero eso no significa que el pequeño ganase terreno, pues cuatro de sus zancadas suponían tan solo una para el oso. -¡Papá. Papá ayúdame!- Gritaba el joven vikhar, implorando que su padre llegara a socorrerlo, pero Harald corría y corría tras ellos, tratando de alcanzar al voraz úrsido que había puesto su ojo en el pequeño.
Thorin se tuvo que frenar en seco, al llegar a lo que parecía ser una buena caída, desde aquí se podía ver una cascada, fruto del deshielo de la primavera, agua que caía pura de los manantiales, pero eso era lo de menos, ahora el niño estaba acorralado y la bestia lo sabía, pues había dejado ya de correr, ahora se acercaba lentamente hacía el chico. Moviendo su cabeza de derecha a izquierda, husmeando el ambiente, el pequeño desenvaino su única defensa, el cuchillo que su padre le había dado.

-¡Thorin!- Gritaba Harald, a quien se escuchaba aun demasiado lejano, el joven vikhar gritaba implorando la ayuda de su padre, que se diera prisa, mientras lagrimas caían por sus mejillas, pues la idea de ser devorado por un oso, no hacía más que agravar la situación. -¡Date prisa pro favor!- Gritó el niño, mientras el animal ya estaba muy cerca de el y se irguió sobre sus patas traseras, cuando Thorin le amenazo con el cuchillo. Ahora el úrsido era mucho mas intimidante, rugía y caminaba a dos patas. -¡Aguanta hijo!- Harald al fin llegó, pero no veía a su hijo que estaba siendo tapado por el oso, pero no se lo pensó demasiado, preparo nuevamente el arco y empezó a disparar contra el animal, dándole justo entre los hombros, no importaba donde le diera, tan solo quería que se apartara de su hijo, una tras otra, las flechas volaron hacía la espalda del animal, pero cuando este se revolvió para darse la vuelta, golpeo de refilón a Thorin, rozándole el rostro con sus garras, el animal rugió una vez más pero Harald no retrocedió, se quedo frente a el ahora empuñando su espada.

El animal, herido que no estúpido se marchó, este intento de caza ya le había costado muchos dolores de espalda y a Harald no pareció importarle en lo absoluto, que el animal desistiera de la caza, de hecho lo ignoró pues en cuanto este se fue, el vikhar fue corriendo a socorrer a su hijo, esperando que su suerte, no fuera la misma que la de su madre. -Vamos hijo mio, aguanta. Todo esta bien.- Aunque duro e instruido en una cultura, cuya sociedad gira en torno a la muerte, la idea de perder a un hijo, es algo insoportable para un padre, por mucho que la muerte sea su destino. La cara del niño estaba llena de sangre, su padre trataba por todos los medios de limpiarla e impedir que se asfixiara con ella. El estaba inconsciente, seguramente a causa del golpe, pues aun rozándote un oso como ese, podría romper huesos o más, suerte tuvo aquel pequeño de solo llevarse la parte de las garras, pues si le hubiera dado con la pata, le habría producido una contusión letal. -Te pondrás bien.- Decía entre lágrimas.

Días después el pequeño despertó en una confortable cama, se sentía como en una nube, pero había algo más que sentía, tenía hambre, mucha hambre, pero su apetito tenía que posponerse, pues vio a su padre dormido con la cabeza puesta en su cama, arrodillado. A su lado podía ver ropas, llenas de sangre y como si estas le revelaran algo importante, pudo sentir un fuerte escozor en su rostro. Se llevo la mano derecha a la cara y se sobresalto al notar las dolorosas heridas. -Thorin... has despertado.- Dijo Harald mientras lo abrazaba efusivamente, con todo el amor que un padre vikhar pudiera profesar. -Padre... yo.- Ahora el niño recordaba todo lo sucedido, si hubiera ido en dirección a su padre, este no habría sufrido tanto y quería disculparse. -No digas nada pequeño. Todo esta bien. Ahora esta bien.- Harald comprendía que su hijo en un momento de pánico, no pensó las cosas y salió corriendo por instinto, aun era un niño y tenía muchas cosas que aprender.

[.......]

-Fué así como me hice estas cicatrices. Entenderé que no me creáis.- Dije frotando mis manos, pero un sonoro ronquido de Ingvarr me hacía saber, que al menos el no había escuchado por completo la historia, y que seguramente mi hija Sjöfn tampoco, pués siendo la mas pequeña, lo normal es que fuese la primera en dormirse. -Yo si te creo padre.- Respondió Helga en voz baja, yo sonreí al escucharla. -Me alegro pequeña. Ahora a dormir.- Ella se colocó en la cama, acomodándose como podía pues su hermana pequeña, estaba toda estirada, brazos y piernas ocupaban el sitio de su hermana mayor, yo la moví con cuidado de no despertarla y la tape bien para que no cogiera frío. -Buenas noches pequeñas.- Dije con ternura y entonces, les besé la frente a mis tres hijos, empezando por Ingvarr, seguido de la pequeña Sjöfn y por último Helga, quien me detuvo antes de que los dejara dormir ya tranquilos. -Padre ¿al final que fue de aquel oso?- Preguntó curiosa. -Ya os e contado una historia, ahora a dormir.- Ella me obedeció y cerró los ojos esbozando una sonrisa. -Buenas noches hijos míos.-

~Feliz día del niño~
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Thorin

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