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El juego de la Dama.

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El juego de la Dama.

Mensaje por Jazz el Lun Abr 20, 2015 3:01 am

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Última edición por Jazz el Dom Mayo 03, 2015 7:06 am, editado 1 vez
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Re: El juego de la Dama.

Mensaje por Keznaryan el Mar Abr 21, 2015 5:22 am

Pertenencias bélicas:
12 bombas flamígeras y 5 de pólvora destellante

Hacía poco que el sol había hecho su entrada triunfal y ya los destellos mañaneros se reflejaban en mis gafas. Esto no me impedía ver con claridad el pueblo que se encontraba ante mí, aquel pueblo que por las historias que oí de Inmundo sabía que se llamaba Rïk Sibál.


El ambiente estaba muy animado: muchos grupos se movían por las calles, otros individuos se apelotonaban en los bordes del bosque practicando su puntería… ¿Y por qué? Todo por la sangre de la Dama del claro. La inmortalidad parecía atraer a muchos más de los que me imaginaba, ¿pero para qué la querrían? No iba a pararme a preguntárselo a todos, de hecho no se lo preguntaría ninguno. Necesitaba obtener información y yo tenía clara mi motivación: esa longevidad me permitiría encontrar el método perfecto para aniquilar a todos los gatos y conseguir que las aves fuesen quienes persiguiesen a los felinos sin temer por el tiempo.

Esquivé las zonas plagadas de arqueros para evitar ser confundido con alguna presa y aterricé para entrar al poblado.

Las conversaciones por las calles eran muy numerosas pero todas referentes a lo mismo. La Dama estaba en boca de todos y compartían información que variaba de unos a otros. ¿Cómo iba a fiarme de una información tan dispar? Necesitaba encontrar a alguien del lugar que pudiese ofrecérmela con seguridad y entre tanto parloteo pude oír como hablaban sobre una alquimista de la zona. ¡Alguien de mi categoría!

Pregunté a un par de lugareñas sobre aquella fémina y tras algunas risas sobre el aspecto que me daban aquellas gafas y mi tamaño, me dieron a conocer la ubicación de su tienda y nombre: Alaysha.

Sin perder el tiempo, pues apenas quedaban dos días para el inicio de las Tres Lunas y aún no conocía nada del paradero de aquella figura tan enigmática, me dirigí hacia la tienda de esa mujer.

Entré y me encontré de frente con una humana que me produjo una sensación hasta entonces desconocida para mí. Una ola de calor arremetía contra mi interior, no podía apartar la mirada de ella y el corazón me bombeaba demasiado rápido a pesar de no haber hecho ningún esfuerzo físico en esos momentos ni estar asustado…

Su cabellera era negra y tenía un cuerpo bien moldeado. A través de los cristales de mis gafas podía admirar unos maravillosos ojos marrones. Sin duda aquel era un maravilloso espécimen de humana. Nunca había pensado que pudieran guardar semejante belleza y aún menos que me viese atraído por una.

Una vez cerrada la puerta inicié la conversación por la que había ido:

- ¡Hola! – Saludé, con mi usual entusiasmo.

- ¿Qué quieres pajarito? – Preguntó directamente.

- Hacer unas preguntas sobre la Dama.

- Desembucha – Repuso sin más.

Al igual que a mí, parecía que a ella le gustaba ir sin rodeos.

La primera pregunta era sencilla puesto que aún no sabía qué perseguía.

- ¿Qué clase de criatura es?

- Es un antiguo espíritu del bosque que ha estado cuidándolo durante años y a los seres vivos que residen en él.

Mientras me respondía, puso sobre el mostrador una jaula de la que sacó una ardilla. Con ambas manos la obligó a estirarse boca abajo sobre la madera, la mantuvo en esa posición con una de sus manos mientras que con la otra hacía uso de un cuchillo, separando al animal de su cola. Su cara permaneció impasible durante el proceso, al contrario que la mía, que por un momento creí sentir el tacto del suelo bajo mi barbilla al ver como se regeneraba el rabo de aquel roedor.

Me espabilé y fui con la siguiente pregunta, tan básica como la primera, al menos para una mente de alquimista como la mía.

- ¿Cómo se hace uso de su sangre?

Aquella hermosura soltó una risita y acto seguido contestó:

- Chico listo, normalmente no suelen preguntar eso. Basta con ingerirla.

- Pensaba que sería más complicado.

- Las cosas poderosas suelen ser bastante sencillas, lo que tiende a ser complicado siempre son los hechizos de magos insignificantes, con toda su parafernalia, sus palabritas de poder y sus bolas de fuego que acaban por estallarles en la cara – dijo, y tras eso se rio con un tono burlón y arrogante.

Me divertía la actitud que usaba para referirse a esos magos y a su vez me dio una información que no venía buscando, algo muy útil para la alquimia: "Lo poderoso suele ser sencillo", tal y como mis explosivos.

Conocía algo sobre los espíritus pues por Silvide a veces podía verse algunos, sin embargo no tenía ni idea como sería aquel. Seguí preguntando:

- ¿Es peligrosa la Dama contra cualquiera o accedería a darme amablemente su sangre por voluntad propia si actúo pacíficamente?

- Ella no es peligrosa pero tampoco accedería a darte su sangre así porque sí.

- ¿Y se conoce alguna forma que haga que cambie de opinión?

- Los espíritus hacen lo que les apetece cuando les viene en gana.

- Supongo que necesitaré tener suerte entonces.


Y entonces recordé quizás la pregunta más importante de todas:

- ¿Se conoce al menos a qué hora y donde aparecerá?

- Al caer la noche, en un claro en En’Ost norte. En realidad no se encuentra a muchos kilómetros de aquí, simplemente sigue a los cazadores, algunos de ellos ya saben el camino.


Y tras eso, le lancé una sonrisa de agradecimiento.

Cuando salía de la tienda, me dijo una última cosa usando un tono enigmático.

- Pásate por mi tienda si vuelves con vida.
 
¿Si volvía con vida? ¿A qué se refería? Acababa de decirme que la Dama no era peligrosa… ¿Tratarían hacerme daño los cazadores? ¡No podía confiar en nadie!

Sin duda había alquimia entre nosotros y me había dado una advertencia muy importante: ¡Jamás confíes en tu adversario!
 

Sin nada más que hacer en ese pueblo salí al bosque en búsqueda de insectos de los que alimentarme. Tuve la suerte de encontrar a un grupo de cazadores cuyas flechas cruzaban la diana a la que tiraban de lado a lado, sin rozarla…

- ¿Qué ha sido ese ruido?

- Da igual, seguramente sea un pájaro.

- Eh, quizás deberíamos partir ya al claro, sólo quedan dos días…


(…)


Y los seguí manteniendo la distancia, con cautela.
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Re: El juego de la Dama.

Mensaje por Lorgar Vel'Khan el Miér Abr 22, 2015 1:22 am

Estaba lavándome la cara cerca de un riachuelo adyacente a una ciudad que no conocía muy bien, el sol era resplandeciente como me agradaba y el agua fría era un buen método para despertarme. No podía sentir los primeros rayos de luz del ocaso porque me despertaba de un gran salto, como un felino saltando sobre un depredador. Con mi cabello aún húmedo me acerque para comenzar a vestirme y colocarme mi armadura. Ya me había acostumbrado a dormir con la parte inferior, por lo que me resultaba mucho más agradable pasar la noche de esta forma, igual, antes de partir o recoger mi campamento solía colocarme el resto. Nunca se sabe de los peligros que acechan a la vuelta de la esquina, los sonidos del bosque inundaban la zona. Pájaros cantando, la brisa acariciando las hojas de los árboles y la corriente chocando con las piedras, todos esos componentes formaban un conjunto de ruidos similar a los instrumentos tocados en los más finos palacios de todos los reinos. Tras terminar mi rutina diaria, tome mis dagas para colocarlas en mi cinturón para luego de eso poner el carcaj en la montura de mi caballo, el arco a diferencia de las municiones lo llevaba en la espalda, de esa forma podía decidir cuándo usarlo para dar un disparo a un objetivo. Patee algo de tierra para apagar la fogata que había dejado durante la noche, de esta forma mantenía alejadas a las bestias y debido a que no me desperté con el cuello rebanado, imagine que no hubo ningún peligro cercano. Todo estaba propicio para mi partida, di un fuerte silbido para llamar a Agatha, quien grácilmente estaba recorriendo el bosque, quien sabe que buscaría aquella dulce ave entre tanta naturaleza. Durante los pocos días que llevaba en este lugar, varias veces escuche una gran cantidad de ruido y personas caminando por las cercanías, solo para sentirme un poco seguro, moví la capucha la cual como siempre tapaba mis orejas, además de eso, el cuello de mi chaqueta tapaba un poco mi boca, evitando así que mi rostro resaltara demasiado. Decidí que era un buen momento para ir a revisar aquella ciudad, sonaba como un lugar placentero de visitar… Bueno, eso imaginaba, cuando tantas razas diferentes se reunían debía de ocurrir un evento especial, como aquellos festivales o fiestas que celebraban los humanos por sus dioses.

Iba por el camino principal, ingresando distraído por el movimiento alrededor de la entrada cuando quede sorprendido por el tipo de visitantes que atraía aquel pueblo. Había mercenarios, cazadores y montaraces. Humanos, elfos y creo que algunos antropomorfos… Hasta para mí era inusual ¿Desde cuándo todos eran amigos? Quizás este lugar era diferente, no estaba al tanto de cada concentración o asentamiento dispuesto, sin contar que era la primera vez que mis viajes me traían hasta este lugar. Aun sobre la espalda de mi corcel, decidí averiguar más al respecto de este suceso singular. Pude ver una especie de iglesia con una estatua de esa diosa que los humanos adoraban, su nombre Lumianaris ¿o era Lumaris? En fin, era similar a la deidad que se aclamaba en Dhuneden como hija del primigenio, del que era nada y fue origen de todo. Aprendí a lo largo del tiempo que los sacerdotes eran buenas fuentes de información, la mayoría tenía votos estrictos que les impedían mentir o asociarse con el mal, agradecía esto. No siempre podías encontrar hombres honestos donde el dinero abundaba. Como método de respeto, me baje de Sombra Silente para caer sobre mis piernas. Caminando tranquilamente, me acerque para hacer una pequeña reverencia. Por un segundo pensé en hablar en élfico, pero luego recordé que mi lengua no era la normal. Usando entonces aquel que se denominaba “común”… Aclare mi garganta para expresarme de manera clara. - Saludos sacerdote... - El hombre se giró para recibirme de manera gentil con una sonrisa en el rostro. - ¿Has venido por la bendición de Luminaris, hijo mío? Mi diosa no toma en cuenta raza u origen, todos son bienvenidos... - Ah, ese era el nombre, Luminaris, pero en mi pueblo le llamábamos de otra forma - ¿Lümenïrïe? Admito que yo dispongo mi fe en Äntha... Pero acepto su amabilidad... - Me incline, para hacer que el mismo dispusiera sus manos sobre mi e hiciera todo aquello que era necesario para el momento. - Como servidor de Luminaris, yo pongo sobre ti una bendición, que ella ilumine tu camino y te guié a tu destino, muchacho... - Mi mente estuvo distraída mientras hacía aquella extraña tradición, al percibir que termino, me levante para hacerle mi pregunta. - Debo preguntar algo... - Preocupado, como si uno de sus niños o familiar cercano estuviera en peligro, hizo salir a relucir su preocupación. - ¿Sucede algo? ¿Deseas que bendiga algún objeto? - Sonreí para hacerle sentir más tranquilo. - No... Algo me incomoda, hace mucho he escuchado de la "Gran Caza" pero no entiendo a que se refieren... - La palabra había resonado en mi cabeza desde que llegue, era muy común, o al menos era el tema de conversación reciente, en la boca de todos estaba aquel deporte, supongo. Moviendo su cabeza de lado a lado, el sacerdote me expreso su respuesta. - Ah, si, siempre vienen por eso. Buscan a la mujer que se dice reside en el claro... - Con un tono de voz bromista le di una respuesta corta y veloz. - ¿Tan atractiva es? - Tuvo que contener una carcajada, para mantener el aire serio a su alrededor, además de esto acepto una ofrenda de una mujer que se acercó a entregarlo una especie de inciensos y flores. - No, no, el motivo es diferente caminante de los bosques... Dicen que su sangre hace inmortal a quien la consiga... - Eso… No parecía correcto desde mi punto de vista. Esa mujer debía de ser alguna clase de Ninfa o ser con magia, puede que fuera inmortal y el mito de su sangre fuera creado por alguien. A veces al abrir la gallina de los huevos de oro, te das cuenta que solo hay tripas y otros órganos, nada agradable. Puede que se mas propio mantenerla con vida, si mantiene el balance del bosque no es aceptable que perturben el mismo. - ¿Que opina un sacerdote del sacrificio de un ser para prolongar la vida de uno mismo? - Se quedó unos segundos en silencio, para luego de una pequeña reflexión darme una respuesta en un tono serio. - No puedo decir que este a favor, pero admito que el comercio siempre ha ayudado al pueblo... - Vale, el oro hacía que todo estuviera bien y el sacerdote no podía negarlo, entonces… - Si alguien se interpusiera... - Pregunte de manera confabuladora, seguro entendería a que me refería, no podía negar que sentía una gran curiosidad sobre esto. Con una sonrisa en el rostro, consciente de mi insinuación me dio un consejo que aceptaba de buena manera. - No te lo recomiendo hijo mío, hay muchos hombres veteranos y astutos reunidos aquí... - Me acomode mi bufanda para luego retirar mi capucha, de alguna forma quería que viera mi rostro. Sonriente le otorgue la razón. - Es un buen consejo, pero nadie se tomará a mal si fisgoneo un rato a ver qué sucede ¿Verdad? - Marchándose al interior de la iglesia me dio una última sugerencia. - Quizás... Pero espero no te entrometas o causes líos a otros... - Hice una reverencia en señal de respeto, mientras estaba inclinado me despedí. - Prometo ser precavido, gracias por la información Sacerdote... - Me di media vuelta para caminar lentamente a mi montura, pude escuchar las palabras que pronuncio con algo de esperanza. - Que Luminaris te proteja en lo que hagas... - Una sonrisa se dibujó en mi rostro.

Primero, para la incursión en el bosque necesitaría nuevos materiales. No iba a ser el único, y necesitaba asumir que no iba a ser el más habilidoso. Recientemente había asesinado a unos lobos, y tenía la piel de uno en la espalda de Sombra Silente, podría venderla y financiar un poco esta incursión. Busque en las cercanías, una tienda en particular. Vi una que se ajustaba a mis necesidades, en el cartel se exponía de manera clara y fija “Sastrería”. Eso era perfecto, me acerque a ella con lentitud, bajando de mi caballo cargando la piel de esa presa. Abrí la puerta para saludar a la mujer que atendía el lugar. Con unas cuantas palabras, llegue a un precio ajustable por la piel, además aproveche para comprar dos rollos de hilo de Nylon, era resistente pero serviría para lo que tenía en mente, compre igual unos pañuelos de un material algo rugoso. Salí para seguir caminando llevando de la mano al caballo, me acerque a un herrero que trabaja fuera de su taller de manera ruidosa con martillo en mano, el fuego de la fragua resonaba con grandes chispas, mientras que el calor en el lugar aumentaba. Explique la naturaleza de mi compra, a la cual aquel humano barbudo y viejo accedió de manera inmediata, parecía tener una serie de abrojos pequeños, lo suficiente como para transportarlos en una bolsa pero igual grandes como para causar un impedimento si eran pisados por una persona. Lo último era encontrar unas esferas de cristal, un orfebre parecía tener unas que se ajustaban a mi gusto por lo cual las compre. Teniendo todo lo necesario, me moví al bosque, un grupo reducido de cazadores se internó en el mismo, supuse que deseaban tener puntos de ventaja, no estaba seguro de eso pero preferí dejar a Sombra Silente en un establo cercano, le di unas monedas de oro al cuidador para mantenerlo contento mientras regresaba de mi viaje sin olvidarme de tomar el carcaj y llevarlo en mi espalda.

El bosque… Ah, qué bueno era sentir ese aire fresco y húmedo, a penas puse un pie en el mis sentidos se dispararon. No era el único en este lugar y no tendría mucho tiempo, según los comentarios, todo empezaría dentro de dos días. Dos días… No necesitaba más, bastaría para arreglármelas con eso. Quería obtener un vistazo de primera de esa “Dama”, si era una presa no comprendía como nadie logro derribarla antes, eso era lo más extraño. ¿Tal vez era un verdadero espíritu del bosque? ¿Un druida? Eso sería sorprendente de ver, mis pies eran ligeros. Mis pasos eran silenciosos y por ahora no me había encontrado con nadie. A unos 150 metros de la ciudad, decidí colocar la primera de mis trampas. Me giré de un lado a otro para darme cuenta que nadie estaba cerca. Saque de mi bolsa una de esas esferas de cristal para envolverlo con un pañuelo, usando el rollo de hilo ate el pedazo de tela, me acerque para tomar una piedra para moverla de lugar, esta era lo suficientemente grande como para captar mi atención. Usando el hilo, eleve la esfera sobre la piedra a una gran altura, además de ocultar el mismo. Luego diseñe un dispositivo, de tal manera que si alguien pisara el hilo o se tropezará en el suelo donde estaba, haría caer su contra peso. El ruido que produciría sería mínimo, pero no sería problema con el oído de un elfo. Esto serviría como señal permitiéndome saber si algún otro grupo se acercaba a la zona. Muchos no se moverían tan temprano, lo que me daría una buena ventaja, en el primer día me bastaría para colocar todas estas alarmas en puntos clave. Si empezaban tarde, seguro avanzarían por los atajos más cortos y aquel ruido ayudaría a romper la “mentalidad” de cazador. Era muy sencillo avanzar siendo consciente que nada te está persiguiendo, por otro lado, estas trampas llamativas pero inofensivas serían ideales para provocar una reacción en ellos. Al menos les haría tener un paso más lento, después de todo, pensarían que hay trampas dispuestas para capturarles. Los abrojos los conservaría por si sentía que alguien me estaba siguiendo, aprovecharía la oscuridad de la noche para dejarle una sorpresa nociva. El daño era mínimo, sin embargo la molestia haría que se detuvieran. Podría aprovechar también el tiempo para recorrer el bosque y acostumbrarme al mismo, necesitaba obtener una mejor ventaja con respecto a la disposición de los arboles u otras plantas de interés. Mientras avanzaba, me encontré con uno de los árboles, sacando mi daga hice una marca en la parte baja. Coloque el número 1 en lenguaje élfico, dificultando su lectura. Con un plan establecido… Decidí continuar caminando sigilosamente por el lugar, evitaría ser visto y no daría un paso u haría algo si no me sentía seguro de que nadie estaba cerca. Durante la noche, buscaría algún lugar donde dormir, preferiblemente sobre las ramas. Con dos días por delante, no tendría tiempo para relajarme, aunque por qué negarlo. Realmente disfrutaba esto…

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Re: El juego de la Dama.

Mensaje por Alanna el Miér Abr 22, 2015 10:07 am

La joven observaba el lugar escondida entre las sombras, había llegado allí hacía un par de días y aun no tenía idea alguna de todo lo que allí sucedía, iba cubierta con una capa que había adquirido hacía poco y llevaba la capucha puesta para observar con calma.Gente de todos los lugares, regiones, razas y clases se habían reunido allí en pos de algo. Las tabernas revosaban de vida, sin una sola habitación libre, las tiendas quedaban sin existencias por las compras de los buscadores, los mercaderes acudían en tropel para aprovisionar a los que allí se reunían y, de paso, ganar unas cuantas monedas. Había quien se apelotonaba frente a las tiendas, otros, ya armados, corrían a recibir la bendición del sacerdote, que, frente a la iglesia, daba su consentimiento a la partida.

La chica salió de las sombras quitandose la capucha, interesada en lo que la rodeaba. Casi todo allí eran hombres que parecían muy seguros de su fuerza física, algunas mujeres corrína de un lado para otro, preparando sus lanzas, otras despedían a los maridos que partirían pronto. Curiosa, empezó a andar por la zona. Tal vez aprovechase para hacer alguna compra, Se acercó a una tienda de arquería y adquirió ocho flechas con punta de plata y, en otro tenderete, una cuerda de dos metros, regateando logró un buen precio y las metió en su carcaj, que rebosaba y pesaba bastante, la cuerda la enganchó en su cinto y decidió pedir información.

Todo estaba tan lleno, parecían todos tan... fríos,  que tras un tiempo de meditación, decidió acercarse al sacerdote, que, en ese momento, parecía menos ocupado.

- Disculpe que me entrometa Padre. ¿Podría decirme a que ha venido aquí toda esta gente?- preguntó con educación la chica
- No me diga que ha venido sin saber que sucede, jovencita, mal encaminada va en ese caso.- respondió el sacerdote sorprendido
- ¿Por qué lo dice?
- Aquí la gente viene en busca de sueños, milagros y curas. Van a dar caza a una dama mísitica.- explicó señalando a la multitud que se reunía bajo la vista de la iglesia
- Y... ¿por qué?
- ¿Cómo que por qué?- rió el hombre, divertido- La dama del claro da la inmortalidad chiquilla, aunque no creo que eso le interese mucho a una elfa de aspecto tan joven.
- Más de lo que usted puede creer padre.- respondió ella con sonrisa triste- ¿Dónde se supone que puedo encontrar a la dama?
- Cuando aparece, se mueve por todo el bosque, pero su sitio favorito es un claro enorme que se encuentra en En'Ost norte, a unos kilómetros de viaje de aquí.- explicó el hombre
- ¿Es peligrosa?
- La Dama no es peligrosa, sino poderosa; más peligrosos son los cazadores que van tras ella.- respondió con una sonrisa amable
- ¿Y cómo logro la inmortalidad?
- Pues... para conseguir la inmortalidad debes ingerir su sangre, según cuentan.
- ¿Su sangre? Pero no es necesario matarla, ¿no?
- Era de esperar de un elfo, que no quisiera matar a la dama.- rió con suavidad- Como bien dices, no, no es necesario matarla, aunque dudo que quiera darte su sangre porque si, tiene un caracter algo diferente.- sonrió divertido
- ¿Hay algun modo de atraparla?
- Niña, ¿te crees que si supiese un modo de atraparla estaría aquí? Ya habría conseguido su sangre y la habría vendido.- bromeó el hombre
- Me despido, Padre, siento haberlo molestado, gracias por la información.- se despidió la joven bajando la cabeza
- Suerte chiquilla, y, si te decides a participar en la Gran Caza, que tu dios te proteja.- dijó haciendo la señal de bendición frente a la joven
- Gracias Padre- le respondió ella con una sonrisa antes de bajar las escaleras .

Emepezó a moverse más cerca del bosque, quería ser de las primeras en entrar, no pretendía matar a la joven, pero si le gustaría conocerla, que le hablase del bosque, pues aun siendo elfa y conociendo las espesuras, los ojos de la dama debían haber visto mucho más que los suyos, y, si por fortuna, conseguía unas gotas de su sangre, mejor, pero no las usaría en ella, las reservaría para alguien que realmente se mereciese poder alargar su vida.
Mientras andaba, se preguntó qué había querido decir el padre con que el caracter de la dama era... peculiar, tal vez eran los años en soledad los que la habían vuelto algo loca, sintió lastima por la dama. Todos allí, buscando su propio beneficio, pensando en lograr sus actos egoistas, pero ¿y ella? ¿y si la mujer solo se sentía sola? Tal vez solo neesitase un amigo, alguien con quien hablar, no parecía que ser inmortal fuese algo tan bueno. Dio un pequeño suspiro agitando la cabeza, intentaría, por todos los medios, no herir a la dama, incluso la protegería si tenía la oportunidad, su objetivo había cambiado, simplemente quería hablar con ella, conocer sus penas, despúes de tanto tiempo en soledad, en ese bosque tan profundo... Simplemente quería conocer sus andanzas, esperaba poder encontrarla a solas en algún momento.
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Re: El juego de la Dama.

Mensaje por Jazz el Vie Abr 24, 2015 2:44 am

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Última edición por Jazz el Dom Mayo 03, 2015 7:08 am, editado 2 veces
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Re: El juego de la Dama.

Mensaje por Keznaryan el Sáb Abr 25, 2015 6:41 am

Allí, entre las ramas de los árboles se apareció la Dama. Los burdos a los que seguía alzaron sus flechas en vano pues éstas pasaban más cerca de los troncos contiguos que de la espíritu. La emoción incautaba mi cabeza y antes de que mis impulsos me llevasen a hablar fui interrumpido por la voz de aquella que seguía sin ser herida. Nos dio la bienvenida y todo se tornó oscuro. Caballos, amarillo, césped, rojo, gatos, tuercas, combinaciones de colores como nunca antes percibí y miles de imágenes dispares acometían contra mí mientras oía murmullos incomprensibles. Poco a poco toda esa nube de confusión cesaba y volvía en mí.

Inhalé una fragancia que se hizo pesada en mis adentros mas no desagradable. Escuchaba gemidos, pequeños gritos como nunca antes había oído y poco a poco fui abriendo los ojos para encontrarme, al igual que otros cazadores a mi alrededor, en una sala de tonos cálidos, acompañados por un variopinto grupo de seres sin ropa…
Me sentía más ligero por la falta de pertenencias mientras todos nos incorporabamos para observar como aquellos de todas las formas y alternos géneros, varón y mujer, jugaban entre ellos. Arropados por cojines, unos hacían uso de plumas y acariciaban a otros con ellas, algunos distintos usaban sus propias manos masajeando toda la plenitud de sus acompañantes, que gemían y mordían y arañaban…
Y yo, mientras los otros que llegaron conmigo se sumían en el mismo juego que los que nos esperaban al llegar y se desvanecían uno a uno, apretaba mis puños contra mis sienes. La desilusión que sentía rompía el ambiente que en un principio fue relajante. Aquellas féminas, aquellas que carecían de ropajes también lo hacían de nidos de goma. Había vivido engañado durante todo ese tiempo y estaba desolado. Me sentía vacío y frustrado, perdido y encontrado… Bajo las prendas, aquellas que no eran varones no guardaban otra cosa sino pechos, unos enormes y otros no tanto, con pezones similares a las mamas de muchos mamíferos; pezones de todas las formas y colores que algunos de los que se hallaban por la manta de cojines no dudaban en lamer.

Había vivido engañado todo ese tiempo, ¿pero por qué? ¿Por quién? ¿Eran aquellas mujeres culpables por nunca haberme revelado la verdad? ¿Era culpa mía por darlo por sabido? ¿El resto del mundo no quería mostrarme la verdad? ¿Eran así de malos? ¿Podía extenderse esto al resto de cosas que sabía? ¿Era el mundo realmente como yo lo conocía o tenía, al igual que pasó con lo que estaba viendo, una idea equivocada de las cosas? ¿Qué podía hacer ahora? ¿Era yo un ignorante o me habían convertido en uno con el paso de los años a conciencia? ¿Ülak, ser despreciable, fuiste tú quien no me dejo conocer el mundo tal y como era por tus propios intereses? ¿Ülak, vil criatura, que significados tenían las palabras que me enseñaste? ¿Ülak, repugnante anciano, qué significaba ser un niño en verdad? ¿Ülak, maldito humano, quién era yo en realidad?

Tantas preguntas y más abarcaban mis pensamientos mientras algo que viví en su día resurgía, aquel día en que perdí a Kara frente aquel sucio gato. El odio, la desesperación y otros que nacían por primera vez trataban de causar estragos mientras dos individuos, una fémina y un varón, se acercaban a mí preguntándome sobre mis preferencias hacia ellos.
Instintivamente, como si de un crío me tratase, me arrojé a los brazos de la mujer pasando por alto la mano que me tendía. Y así, yacíamos en el suelo, mi cabeza reposaba entre sus recién conocidos senos y sus manos tocaban dulces melodías con el arpa que era mi piel. Mis pensamientos se evaporaban mientras un placer que nunca hube conocido calentaba mis entrañas. Amor, amor maternal de una madre que nunca tuve. Sus besos en mi frente me otorgaban tranquilidad, me aclaraban las ideas… Tendría que buscarme a mí mismo y redescubrir el mundo…

Y Ülak abandonaba mi cabeza, y las lágrimas dejaban mi cara, y las preocupaciones se extinguían, y mis manos se deslizaban por las curvas de aquella que me peinaba, y mi cabeza con espasmos se rozaba con su pecho, y un intenso placer, placer de amor de madre, salía por mi boca como un profundo suspiro mientras me fundía con aquella, desapareciendo de la sala, conociendo el amor que una mujer podía dar, deseando que no acabase, ansiando el día en que pudiese volver a sentirme de esa manera, con una nueva idea de los hombres y las mujeres, una nueva idea de mí mismo y el mundo que me llamaba, que me esperaba…
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Re: El juego de la Dama.

Mensaje por Lorgar Vel'Khan el Jue Abr 30, 2015 3:00 am

Desperté en el medio del bosque con mi corazón acelerado y mi rostro sudado. No entendía que sucedió, pero… Realmente parecía que tuve una mala noche. Por algún extraño motivo comencé a palpar mi cuerpo, quizás algo me mordió o puede que haya comido algo que no me hizo bien. Quizás simplemente fuera estrés saliendo en forma de tensión. Era de noche, así que quizás realmente me desperté en medio de mi sueño… Tal vez me caí del árbol, por eso estaba tan ansioso, creo que era la explicación más razonable. Me levante con el orgullo un tanto herido, revise que tuviera mi carcaj con sus flechas, además de mis dagas, sin contar otro tipo de aditamentos que me permitirían tener algo de ventaja. No estaba seguro de cuánto tiempo había pasado, pero a lo lejos podía ver algunas luces moviéndose. Puede que fueran los cazadores, si era así, significaba que… Moví mi rostro para ver al cielo, quedándome perplejo por la gran cantidad de estrellas, sin contar esa extraña alineación lunar. Hoy era el día… ¿Qué no faltaba un día más cuando me dormí? No, quizás me lo estoy imaginando. Moví mi cuello de un lado a otro estirándome, esta extraña ansiedad seguía colándose hasta mis huesos.

Una dulce voz comenzó a resonar en el bosque, sin dudarlo desenfunde mis dagas para intentar reconocer de dónde provenía la misma. Como si fuera poco creíble, una dama apareció frente a mí. Era… Incómodamente atractiva, sin contar que comenzó a balbucear algunas cosas que no podía comprender. Pero por alguna extraña razón, mis manos lentamente bajaron las armas para escucharle con más atención, poco a poco toda esa ansiedad y dudas desaparecían, concentrándome en lo que tenía frente a mí, un misterio del cual deseaba una respuesta. Antes de ser capaz de preguntarle cualquier cosa. Una marcha de ruidos, sonidos e imágenes pasaron por mi mente. Un desgarrador grito hizo anuncio de mi reacción. Esto era demasiado, poco a poco, intentaba resistirme pero al final no sirvió de nada, y creo que eso me gusto por un extraño motivo. Mi cabeza estaba pesada mientras que ahora todo parecía estar en orden, sentía el suelo duro donde me encontraba pero al poner mis manos sobre el mismo pude darme cuenta que esto no era el bosque. ¿Cómo llegue aquí? Me intenté reincorporar con algo de dificultad, mirando de lado a lado a ver si reconocía mi entorno, pero solo era un lugar común entre lo que cabía la palabra. Me incorpore con algo de dificultad, tardando algo en no caer sobre mi propio trasero. Giré mi rostro de un lado a otro para solo encontrarme con unas extrañas esferas flotantes sin contar que alguien tocaba música realmente hermosa, pero… ¿Por qué? Con movimientos discretos busque mis armas pero no tenía ninguna cerca. Ni mi arco, ni mis dagas, ni mis venenos… Me sentiría más seguro hasta con una flecha para apuñalar a alguien…

Aun pensando en cómo salir de esta situación, dado a la ausencia de ventanas o puertas pude determinar que no llegue de manera “común”. ¿Habría un compartimiento secreto escondido? Tal vez una puerta para contrabando, sí, eso era lógico… Al ir razonando conmigo mismo para tratar de obtener una respuesta lógica, aquel peculiar grupo de artistas anuncio que la próxima pieza era completamente dedicada a los mortales. Ya veo, si nosotros somos mortales significa que ellos eran… ¿No muertos? A mí alrededor todos comenzaban a bailar, unos con destreza y otros sin tanta gracilidad. Con la vista puesta en esas esferas de luz, pensé que no lucían como los zombies de las historias de terror que el borracho solía contarme. No creo que quisieran arrancarme la carne u otro tipo de acción hostil. Una pequeña luz se acercó con lentitud, no podía negar que su movimiento me parecía un tanto jocoso, después de todo no tenía alas y su bamboleo era cuanto menos… Alegre, si, así me sentía. Alegre. Tal vez era la música, a la cual esa cosa me invito bailar. Pronto me di cuenta que era el único presente y que mientras más pasaba el tiempo, aquella sonata sonaba aún mejor a mis oídos. Era como si cada nota, cada cambio en el ritmo, el tono y el tempo de las mismas estuviese hecho únicamente para mis oídos. Esas cosas flotadoras estaban aún presentes, no sé si reirían por mi escazas destrezas de baile, pero debo admitir que si los otros se fueron yo… Les seguiría, así tal vez pudiera obtener respuestas. Oh, sin contar que esta hermosa tonada era solo para este elfo ¿Cómo no expresar mi alegría a tan dulce dedicatoria?

Dando una fuerte exhalada para intentar relajarme, para luego bajar mi capucha tratando de no pensar tanto en cómo moverme, deje que poco a poco mis pies se movieran. Decir que era un pésimo bailarín era igual a comparar las destrezas de vuelo de un águila con la de un gusano. Mi habilidad era nula, y tenía que decir que seguro debía  tener una especie de balance negativo para aumentarla. Mi pie derecho se movió  atrás del izquierdo para luego hacerlo en una sucesión más rápida, una vez en la taberna vi como un tipo lo hacía pero en la práctica era complicado, bastante complicado. Hice intentos para no caerme, pero poco a poco la fluidez aumentaba, para luego ir aumentando la fuerza de mis pisadas, ganando confianza con cada una y combinándola con palmas para aumentar el sonido. Poco a poco lograba expresar como me hacía sentir la música, alegre pero desafiante y calmado pero encendido, esto… Era una nueva experiencia, pero no puedo negar que fuera desagradable…

Off-Danza:
Quería conseguir un gif, pero no pude. Mas o menos lo que Vreemd intenta es una especie de danza irlandesa, ya que la música le hace sentir alegre pero a la vez extremadamente activo.

Lorgar Vel'Khan

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Re: El juego de la Dama.

Mensaje por Alanna el Jue Abr 30, 2015 3:09 pm

Alanna, confusa, miró  su alrededor, ¿Cómo habñia acabado en ese sitio? las golosinas hablaban., los adultos se comportaban como niños y todo tenía un extraño ambiente de felicidad, demasiada. Las estanterías del lugar rebosaban, el suelo era mullido, como un colchón en el que podías saltar, y los colores, alegres y frescos, llegaban a marear, el aroma, muy dulce, no embotaba los sentidos. La chica, mirando incredula lo que la rodeaba, se acercó a un hombre que parecía feliz, mientras reía mirandose los pies. ¿Qué era todo eso? Se mordió el labio, inquieta, era la única del lugar que parecía segui cuerda, pero no parecía ser un sitio peligroso, ¿lo sería? Las golsinas eran una enorme tentación, pero tenía sus reservas, sobretodo porque no tenía allí sus armas.

Una pequeña chuchería se le acercó flotando, primero le golpeó la mejilla, eso logró que la chica sonriese un poco, era adorable, la sostuvo entre sus finas manos y la acarició con un dedo, era una cosita pequeña, esponjosa y de aroma a fresa, parecía una nuve blanca que habían bajado del cielo y convertido en comida.

- No temas, solo es la preparación de vuestros sentidos para las fiestas - dijo sonriente entre risas un dulce de golondrina había cerca - Disfruta

"¿Fiesta?" se preguntó la chica, escuchando la voz aguda e infantil de las chucherías había empezado a sonreir, así que una fiesta bueno, si solo tomaba uno,no podía ser tan malo, aunque era graciosa la forma en la que, de algún modo, habia llegado ahí, tomó aire y, resignandose, mordió la pequeña nube. El sabor dulce inundó su boca, era una mezcla suave de fresa y miel. Cuando se la terminó, se le había olvidado todo. Sonreía de oreja a oreja y le brillaban las mejillas, estaba feliz, feliz sin sentido.

Comenzó a correr con todas sus fuerzas, riendo sin cesar, no le importaba caerse, romperse la ropa o ensuciarse, no le importaba hacerse un raspón en la pierna. Al tropezar con un hombre se calló a suelo de bruces, pero, no se hizo daño, el suelo era tan blando, comenzó a rodar, riendo feliz, ¿había reido así alguna vez? la chica juraría que no, no desde hacía más de un siglo, literalmente, se sentía tan libre, era agradable esa inocencia, era purificadora, dulce e infantil. Ojala pudiera sentirse así siempre, esa euforia, esa sensación de no tener deberes ni obligaciones, de no tener que preocuparse por el que pasará. Empezó a saltar en la mullida superficie aun riendo Tenía ansias de explorar, de aprender de conocer mundos, su imaginación, disparada, imaginaba una y otra vez, cosas que era imposible que existieran, unicornios rosa, dragones que lanzaran flores, risas que tirasen pétalos, palabras que se convirtieran en joyas, sapos que volaran, reyes plebeyos, y aventuras interminables.

Poco a poco, el efecto de las golosinas iba cesando, su risa se apagaba, sus ojos perdían luz, la inocencia daba paso a la madurez, y sus piernas, que momentos antes la sostenían en saltos, se doblaron sobre el suelo, los demás cazadores que habían ido allí estaban más alejados, y tras toda esa euforia, la chica comenzó a sentir un pequeño hueco en el corazón, ¿ Cuando había perdido toda esa alegría y curiosidad por el mundo, posiblemente la experiencia y la edad, se las habían arrebatado poco a poco, finjía ser inocente, si, pero hacía mucho que no lo era ya. La chica se secó una lágrima, triste porque sabía que jamás recuperaría lo perdido, pero al mismo tiempo, se sentía feliz, y agradecía, a quien hubiera sido, que le hubiese permitido, durante unos momentos, volver a ser una niña, era algo que realmente le había hecho bien, y añoraría poder volver a sentirse así.
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Re: El juego de la Dama.

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