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El Negociante de las Sombras

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El Negociante de las Sombras

Mensaje por Lorgar Vel'Khan el Jue Abr 23, 2015 8:25 pm

¡Otra ronda! Grito fuertemente un hombre en aquella taberna, los ánimos estaban bien encendidos y más de uno estaba alegre de tener con que mojarse el gaznate, el licor era bueno mucho cuando otro lo pagaba. Por algún extraño motivo, un hombre alto y con vestimenta un tanto elegante llego al bar invitando tragos a los presentes. Había pasado todo el día en eso, por lo cual no tardó en llenarse el establecimiento. Muchos no podían comprender el cómo seguían saliendo monedas de su bolsa para ir pagando cada vez, siendo más cara que la anterior. Aun con esa muestra de “amabilidad” el desconocido estaba sentado en una esquina solo, comiendo con total normalidad. Tenía un filete y algo de guarnición, sus modales eran dignos de la mesa de cualquier noble además de que aparentaba cierto aire diferente a los demás clientes frecuentes del lugar. Usaba un pañuelo para limpiar su boca cuando la misma se ensuciaba, su espalda estaba recta y su mirada detenida fijamente en el plato. Lo inusual es que esta no era la primera vez que ocurría algo como esto. Había rumores, rumores que siempre eran opacados por el aire de celebración y alcohol. En estas ocasiones, se tenían charlas, discusiones e incluso se sellaban tratos oscuros bajo la mismísima nariz de todos los presentes. La distracción era una manera eficaz con la cual planear una operación, todos estaban demasiado alegres como para detenerse a observar como ese hombre entrevistaba a aquellos que venían a verle. Algunos mercenarios se mezclaban entre la multitud, pasando desapercibidos por la cantidad de gente en el lugar. Al ver la vestimenta de aquel sujeto y además ese collar con una calavera de oro, de brillantes ojos sabían de quien se trataba.

El Negociante tenía diversos agentes, muchos tenían razas distintas e inclusos motivos diferentes por los cual seguirle. Pero a todos los que portaban la calavera de oro se les conocía por un apodo. “Los Diplomáticos” hombres que representaban los intereses de aquel mercader oscuro a donde sea que fueran, sin importar que sucediera, ellos estaban al tanto de los deseos de su maestro y tenían la habilidad intelectual, burocrática e incluso influencia para hacerlas cumplir. Pocos exhibían aquella ostentosa pieza de joyería, pero en esta ocasión especial las palabras eran claras. Que corra el rumor, que vengan a ti y decide si valen la pena. En caso contrario, bueno… No interesaba tener cabos sueltos. Hoy en día las personas podían desaparecer de un momento a otro, e incluso podían ser devorados por bestias de camino a otra ciudad. Las casualidades existían por este mismo tipo de situaciones, donde sabes que alguien puede abrir la boca y es mejor que la mantenga cerrada. Muchos de los Diplomáticos no estaban a gusto con matar a los contactos, por eso simplemente lo rechazaban a primera vista y si los mismos se ponían muy insistentes, bueno, intentaron salvar sus patéticas vidas. Ellos nunca lo comprenderían y de hecho se marchan de este mundo sin saber la buena voluntad a la que le dieron la espalda. Pero una moneda siempre tiene dos caras. Aquellos enviados de buenas ropas y ostentosas joyas eran más que una parte de los movimientos. Existían seres como demonios u otras bestias que normalmente son repudiados dentro de las murallas de la ciudad imperial, muchas veces no pueden obtener acceso por ser… Diferentes. Pero las diferencias son lo que le dan color a este patético mundo, por eso mismo, mientras los Diplomáticos marchan por las calles casi con libre impunidad, los Marginados se mueven debajo de ella. Son vagabundos, mendigos, ladrones y la peor escoria que se encuentra en toda ciudad. Pero ¿Cuál es su función?

El contrabando va y viene en todas partes, por lo que debe afirmarse que así de fácil como puedes meter una caja llena de armas por debajo de la nariz de la autoridad, puedes meter a una persona a través de las mismas rutas. Las cloacas eran un sitio asqueroso, la nariz se exaltaba con tal putrefacta mezcla de olores y eso era un halago. Aun así, a veces había tanto movimiento como en la parte superior de la ciudad. Hay mercaderes que venden objetos poco comunes, hay ladrones que buscan a un perista y como olvidar todas las pandillas que hacen negocios acá bajo. No era improbable conocer a alguien con influencia por estos lugares, a pesar de que todos estaban dispuestos a matar o morir por una moneda de oro más, existía una zona a la cual nadie accedía a menos que estuviera dispuesto a buscar  serios problemas. La entrada era vigilada por dos imponentes orcos, armados con espadas y cubiertos de cicatrices. No se movían de su lugar, no hablaban pero siempre estaban escuchando. Bastaba una palabra de cualquier hombre de adentro, y ellos mismos te sacarían en pedazos del lugar. Las reglas eran igual a las del mundo superior. No robes, no mates y no busques problemas. Algo demasiado fino para una cuna de ladrones, pero después de todo era mejor comportarse dentro de su territorio.

Al cruzar la entrada patrullada por aquellos imponentes seres, podías ingresar a una taberna subterránea. El lugar olía mucho mejor que la parte exterior, pero aun así podía notarse la repudiada peste filtrándose entre las rejillas del lugar. La selección de bebidas era sorprendentemente variada, sin contar que las jarras estaban limpias, muchos hombres de apariencia malvada se sentaban para beber y discutir, pero si realmente querías un trabajo verdadero tenías que hablar con el dueño… Mejor dicho, el encargado del lugar. Su cabello era largo y blanco, con la luz de las velas parecía tener un tono plateado impropio de los humanos. A pesar de ser un hombre mayor y tener algunas arrugas, su cuerpo parecía sólido como el de un hombre que ha luchado muchas batallas, sobreviviendo para contarlas. En su cinturón lleva una espada, mientras que en su cuello se ve un peculiar collar con una calavera de oro. Todos a menudo aprenden lo mismo, las coincidencias no existen. El bajo mundo y el que está por encima se mueven a veces por hilos que somos incapaces de comprender o ver, pero la promesa de recompensas son atractivas aun comparándolas con los riesgos propios de dicha profesión. Ya quedaba de parte con quien deseaban tratar los nuevos invitados, si podían darse el lujo de entrar por la ciudad sin llamar la atención podían visitar a un Diplomático que estuviese reclutando de no poder cumplir lo primero, bueno, siempre hay un vaso de alcohol esperando en las cloacas junto a una oferta de trabajo interesante. La decisión que tomarán sería indiferente, porque el destino parece ser el mismo. Hace muy poco un hombre le compró el medallón al jefe de estos respetables y admirables hombres, dicha pieza de joyería fue extraída de unas ruinas hace unas pocas décadas, emanando una aura oscura e inquietante. El líder de un pueblo decidió adquirir dicha pieza, como medio para obtener conocimientos sobre sus estudios rúnicos. Prometió pagar con 2 arcas repletas de oro, pero esta parte parece que quedo en el olvido… Un buen hombre debe recordar no romper su palabra, menos cuando se trata de alguien como El Negociante…

Lorgar Vel'Khan

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Re: El Negociante de las Sombras

Mensaje por Suz el Vie Abr 24, 2015 12:05 pm

Ya llevaba tres horas allí, y había conseguido fundirme con las sombras de la esquina. No era difícil, porque el lugar no tenía mucha iluminación. Pensé que quizás unas ventanitas que dejaran pasar la luz estarían bien, claro que la taberna estaba en las alcantarillas, así que solo podría pasar la peste que había fuera. Na, lo de las ventanas no era buena idea, pero claro, estaba un poco borracha así que no pensaba bien.

Frente a la mesita de madera había cinco jarras de cerveza vacías. Antes estaban llenas, pero me las había bebido a lo largo de estas tres horas, dejándome el dinero que me había dado el perista por una joya que robé, y que no era una joya, era una baratija. Como no sabía si el perista me había engañado o no, pues se la vendí, y luego se la robé otra vez. Ahora jugaba con ella en mi bolsillo. Volvería a venderla más adelante, pero a otro perista, y así conseguíría una segunda opinión sobre su valor. En el peor de los casos volverían a darme cuatro perras.

O también podría... no sé... meterme en algo más divertido. El mareo de la cerveza se me estaba pasando, pero a veces el alcohol me hace más valiente. O imprudente. No sé. Vi al tipo del cabello blanco, mayor pero fortachón, con aquel colgante tan divertido, y me dije... bueeno... ¿por qué no?. Había escuchado el asunto ese de que alguien le debe no sé qué objeto al Negociante, y que no se lo quiere dar, y que él busca a alguien que lo recupere. O algo así.

Lo malo de fundirse con las esquinas es que luego hay que desfundirse, y cuando estás medio acostada, medio dormida, medio borracha, disfrutando el hecho de que nadie sabe que estás ahí entre la oscuridad, pues luego cuesta ponerse en marcha. Especialmente si una en su estado normal ya tiene que ir cargando con dos gelatinosas montañas. Tras unos cuantos intentos y tras descartar el pedirle una espátula al camarero para despegarme del sillón esquinero, pues conseguí levantarme.

Mientras terminaba de recuperar la sobriedad, me paseé por la taberna ganándome algunas miradas, hasta sentarme frente al "Diplomático". Cuando me miró, le sonreí y le dije, "He venido por un trago". Mierda. "Trato. Uno que sólo él puede cumplir". Y luego le sonreí mientras me encogía de hombros. Acababa de desemborracharme, tenía que entender el lapsus. Y por si no lo entendía, llevé disimuladamente mi mano a mi pierna, acariciando la empuñadura de Rosa, mi daga curva. Solo por si acaso.
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Re: El Negociante de las Sombras

Mensaje por Kineas Blar el Mar Abr 28, 2015 8:01 am

El viaje ha sido largo, pero confiaba en que fuera a valer la pena, en mis pensamientos todavía rondaba aquella idea del misterioso personaje, no conocía mucho mejor dicho nada, nunca había escuchado su “nombre”, quizá, debido a que mis conocimientos del bajo mundo eran limitados, casi nulos, siempre he tratado de mantenerme al margen de ese tipo de cosas, pero la oferta que se me presento ha sido muy llamativa para dejarla pasar o al menos para darle una oportunidad. Ahora me encuentro en Thonomer, cerca de la ciudad donde me han prometido encontrar a este misterioso personaje; Viajar a pie siempre me toma tiempo pero es mejor que montar una de esas horripilantes criaturas llamadas caballos, seguro los dioses cometieron un error al crearlas, pero debo admitir que reducen el tiempo de viaje de manera significante además de que puedes usarlas para cargar tu equipo… en algún futuro tratare de combatir esta fobia mía.

Bajo el son de una tonada alegre que me encontraba silbando entro a la ciudad, una ciudad que no llamaba mucho la atención, se podría decir que es “normal”, si acaso existe algo en este mundo que sea “normal”. Le pase los ojos a la ciudad varias veces buscando una taberna, tuvo que repetir la moción varias veces para que al fin mire a alguien salir de un establecimiento con una jarra, posiblemente robada. Con paso firme y rápido me dirigí a la taberna.

Abrir la puerta tratando de no hacer mucho ruido, una sonrisa se dibujó en mi rostro al descubrir que la taberna se encontraba a toda capacidad, así que mi intento de entrar sin llamar la atención fue en vano. Me quito el caso y me lo coloco bajo el brazo derecho, a veces me pregunto por qué tenía que viajar a todos lados con esta maldita cosa, pero siempre es bueno tener protección en la cabeza, nunca se sabe cuándo te pueden tirar una flecha; Con una sonrisa gentil me dirigí a la barra, pero el encargado o encargada, realmente no podía distinguir con la cantidad de personas que había, ¿acaso estaban regalando cerveza?
¡Otra ronda!- ah, parece que sí, alguien está pagando las rondas, si no fuera porque estoy en “servicio” me les uniría en la celebración.

Pase la mirada rápidamente buscando a alguien que llevara una collar con calavera de oro, y mis ojos se plantaron en un sujeto que comía solo en una mesa en la esquina, desde esta distancia no podía ver que estaba comiendo, pero su collar resaltaba lo suficiente. Abriéndome paso entre los clientes empecé a caminar hacia él y sin saludar me senté en su mesa, tal vez fui un poco brusco, pero el sujeto se encontraba comiendo y no lo quería molestar mientras masticaba su apetitosa pedazo de carne.
Coloque mi casco sobre la mesa y deje descansar mi brazo en el costado, trate de encontrar su mirada pero se encontraba muy ocupado con su comida.
He venido por un trato, uno que solo él puede cumplir...- fueron mis primeras palabras, y las ultimas que diré mientras espero su respuesta
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Re: El Negociante de las Sombras

Mensaje por Lorgar Vel'Khan el Sáb Mayo 02, 2015 7:55 am

Suz


Todos los hombres o mujeres que se encontraron con su contacto recibieron un encargo o una daga. A pesar de que existían asuntos con prioridades menores, los nuevos mercenarios de apariencia curtida o reputación sobresaliente fueron designados a cumplir con tareas más complejas, por mucho adecuadas a sus destrezas. Con un suspiro harto de tener su culo sentado en ese sucio agujero por un tiempo más largo de lo necesario, ese Diplomático decidió seguir esperando. El trabajo del collar era algo que su señor quería resolver de inmediato, pero era consciente de que no podías enviar a un fino guerrero, unos cuales solían cobrar bastante caro a retirar una baratija de un hombre terco. Aun así, pudo ver a una mujer que no era igual a la del montón, se pasó un rato bebiendo. No era consciente del tiempo que paso, pero para era sencillo destacar aquella dama incluso en entre una multitud tan airada. Tras un breve lapso de tiempo el Diplomático presente en aquella taberna del norte no comprendía muy bien que reacción tener, mucho menos que expresión poner. Frente a él se encontraba una dama con un cuerpo que rozaba los pensamientos hedonistas y pervertidos de un verdadero adorador de Lluuhgua. El notó su movimiento “sutil” para buscar la daga en su cinturón, pero no hizo nada al respecto. Si hacia un alboroto aquí dentro la cantidad de atención recibida sería demasiado molesta además de que los sobornos y otros servicios especiales para desaparecer un cuerpo recientemente estaban probando ser difíciles de obtener con suficiente premura. Con un vistazo pudo analizar su contextura. Era fuerte, además iba armada, puede que tener ese par tan inmenso sería una forma de entrenamiento. Aquel collar estaba en las manos de un hombre común, y los otros trabajos que se le habían asignado a repartir eran para personas con un aire más intimidante… Metió su mano en su bolsillo para sacar una moneda de oro con una calavera grabada en la misma.

La hizo girar en la mesa algo que produjo un sonido peculiar, fruto del metal chocando con la madera antigua. Luego la aplasto con su mano, deteniéndola. La movió al alcance de aquella mujer para retirar su mano dejando al descubierto la misma. Era un peculiar objeto, estaba hecha de oro y a pesar de ser delgada, la excelente ornamentación diseñada para producir los símbolos tribales además de esa peculiar calavera aumentaba su valor a un nivel diferente de cualquier otro tipo de joya. Pero… ¿Cuál era su propósito? El hombre con un tono calmado y una expresión seria, le dirigió la palabra a la dama. - Toma la moneda. No la pierdas. No la gastes. La necesitarás. 45 Km de Thonomer en dirección Sur Este. Dos días. Sabremos si irás o sino lo haces. Tomaremos esa moneda de tu cadáver en caso de que no cumplas. - Ese fue el final de sus palabras, y a juzgar por su rostro, no tenía mucho más que decir. Ya había dado la información necesaria, pero no dijo nada sobre el trabajo, aunque eso era lo de menos. Siempre que hubiera algo de recompensa, cualquier esfuerzo era válido.

Kineas


Que aburrimiento… Más de medio día sentado en la taberna y nada de suerte, aún tenía suficiente oro como para emborrachar a todo el regimiento de la ciudad si fuera necesario, pero le preocupaba no haber reclutado ni si quiera a una sola persona en lo que llevaba cumpliendo dicha tarea. La reputación entre los miembros de su “casta” era algo muy importante, después de todo, quien proveyera los mejores mercenarios, obtuviera el último chisme para chantajear a un rival o descubriera una pieza de información invaluable sería grandemente favorecido. Cerró los ojos para dar un fuerte suspiro… No quería que su cabeza terminara en una pica, además de que ya había perdido un par de dedos desde la última vez que tuvo que encontrarse en persona con su jefe. Un escalofrió recorrió su espalda, con una fuerza suficiente como para casi quitarle el apetito, como si no tuviera suficientes problemas tratando de sostener una jarra con tan solo tres dedos. Necesitaba un cambio de suerte, los borrachos que se le acercaron resultaron ser una verdadera molestia y tuvo que hacer que se deshicieran de ellos lo más pronto posible, no sabía si los mataron o solo les dieron una paliza, eso poco importaba. Lo único que cruzaba su cabeza ahora mismo, era a quien enviaría a la misión encomendada. Las otras podían esperar, por un extraño motivo, él tenía bastante interés en hacer cumplir esto… Pero no era algo por lo cual molestaría a sus propios agentes…

Alguien aparto la silla frente a él, para después decir las palabras designadas para su trabajo. Una sonrisa un tanto perturbadora se dibujó en su rostro, ese sujeto parecía ser fuerte y además tenía una armadura, si… Sí, eso significaba que no tendría que ser castigado por no obtener a nadie. Sin dudarlo metió su mano derecha para buscar algo en su bolsillo. Tras un momento, acercó la misma a un punto donde aquel soldado podría verla con claridad. Hizo un pequeño juego de dedos, para moverla entre su dedo índice y medio acercándola a su pulgar. La puso a un lado de su plato, y ahí podía ver con claridad la moneda. Era un peculiar objeto, estaba hecha de oro y a pesar de ser delgada, la excelente ornamentación diseñada para producir los símbolos tribales además de esa peculiar calavera aumentaba su valor a un nivel diferente de cualquier otro tipo de joya. Pero… ¿Cuál era su propósito? El animado hombre, comenzó a hablar en un tono quizás un tanto chillón, fruto de que realmente se sentía alegre de ver al recién llegado. -Vaya, vaya, tu si te ves como un tipo rudo… Conserva la moneda, no la gastes ni en putas o en bebida. Sería una mala inversión. Mantenla cerca. La necesitarás. Quiero que vayas a 45 km al sureste de aquí, dentro de 2 días. Será mejor que te presentes… Si no lo haces, él lo sabrá, créeme… Él siempre lo sabe… - Por primera vez deshaciéndose de esa peculiar sonrisa, con una mirada lúgubre el sujeto le mostro su mano izquierda, la cual ahora solo contaba con tres dedos luego de perder el meñique y el anular. Luego de eso, aquel diplomático se centró en terminar su almuerzo con una sonrisa de oreja a oreja perturbadora para cualquiera presente, era obvio que las razones para sentir felicidad variaban bastante de un lado a otro.

General

Al Sur Este de Thonomer se encontraba una pequeña aldea conocida como Shargol, casi ocupaba unos 300 metros de edificios, siendo su gran monasterio el más grande y apartado. Sus rutas comerciales eran importantes, además de que contaba con un pequeño santuario destinado a dar bendiciones a los viajeros cansados u otro tipo de visitantes. El centro estaba distribuido con un pequeño grupo de casas, además de esto tenían unos cuantos sembradíos de diferentes plantas con las cuales se mantenían abastecidos durante un buen tiempo. En total, tras una breve inspección llevado a cabo por las autoridades cercanas, se sabía que contaban con un total de 100 personas, unas 40 familias y con suficientes cabezas de ganado como para mantenerlos durante un tiempo. Las fuerzas militares dispuestas eran mínimas, contando con tan solo unos 15 soldados. Pero después de todo, este lugar era casi idílico. No existían crímenes y casi todas las muertes eran de causas naturales. Por encontrarse en una llanura, las bestias de los bosques no se acercaban, si necesitaban agua contaban con pozos y de secarse los mismos, a una distancia cercana había un río que fluía con gran fuerza. Las cosechas eran siempre abundantes y el clima era normalmente agradable tanto como para las personas como para los animales de granja. Todo parecía ser algo digno de un libro de hadas.

El día comenzó como siempre lo hacía… Los niños jugando por las calles y todo el mundo preparándose para cumplir su horario. El martillo del herrero resonaba por toda la calle, sin contar todos los hombres que se movían para comenzar a cumplir sus trabajos. Algunas mujeres estaban afuera conversando con gran tranquilidad, no importaba por donde lo vieras, era un sitio como cualquier otro. Solo que alguien ahí dentro cometió el error de hacer una promesa que no cumpliría. Y el destino tiene una forma muy particular de cobrar las deudas después de todo. La mejor forma para llegar desde Thonomer era una ruta rústica que iba directo hasta la aldea, en un punto se convertía en una colina desde la cual podías observar con facilidad todo el lugar. En ese pequeño punto, una pequeña niña observaba con mucha atención lo que sucedía… Sintiéndose completamente asqueada… Esa carcaza de felicidad y alegría le repugnaban, esas sucias personas eran todas iguales. Lo aprendió de la peor forma, conservando aun las cicatrices de esa dura lección. No se acostumbraba a estar libre, aun ahora solía mover su mano a lo largo de su cuello como intentará arreglar el collar que llevaba en antaño. Su jaula estaba bien… Era pequeña, oscura y húmeda como su viejo hogar. Eso de tener hierba entre sus dedos o el sol calentando su piel le incomodaba. Aun ahora se refugiaba con una capucha que ocultaba su cabello pelirrojo. Un suspiro hizo transmitir su ansiedad… El tiempo pasaba demasiado lento cuando te tocaba esperar.

El Negociante ciertamente disponía de buenos agentes, pero la mayoría solía llegar tarde. No podía reclamar al respecto, después de todo este no era su trabajo, era el de esos nuevos chicos. Pero aun así, tener que ser su niñera no era para nada agradable. Sin embargo si el mismo en persona lo pedía, ella fielmente cumpliría. Era lo menos que podía hacer por quien la libero de sus cadenas… Esperaba que aquellos sujetos trajeran cosas que le pudieran divertir, sin contar que tuvieran un estomago fuerte. Ahora apenas podía contenerse, y relamiendo sus labios solo podía imaginar que sucedería después. Oh, solo eso bastaba para llenarla con suficiente alegría como una que antes nunca conoció.
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Re: El Negociante de las Sombras

Mensaje por Suz el Lun Mayo 04, 2015 2:24 pm

Parece que tuve suerte. El Diplomático me despidió amablemente, dándome una moneda de oro y una amenaza de muerte. Bueno, no había sido mi peor negocio. Sonreí divertida y me marché estudiando mi moneda, al menos no me había atacado todavía.

Disfruté el viaje hasta Shargol. Es algo que me pasa siempre que me apalanco por un tiempo, una se cansa un poco del ron y los refrescos y los cojines y las camas con dosel. Y luego, cuando vuelve al ancho mundo, pues oye, como que todo brilla más.

Me cuesta caminar, así que conseguí que me llevara un señor campesino que se dirigía hacia allí con un cargamento de hortalizas para venderlas. Iba en un carromato viejo y ruidoso y lleno de nabos, pero cualquier cosa es mejor que caminar. Estuve charlando con él, recostada sobre el carromato, casi todo el camino. Cuando llegué a la aldea se me declaró y todo eso, pero no le di mucho tiempo para molestarme; me bajé y empecé a recorrer la aldea en busca de quien fuera que me estuviera esperando allí.

Era una aldea tranquila y amable, llena de campos de cultivo y sin demasiada vigilancia. Cuando me encontré con aquella niña pelirroja ya me había comido tres naranjas de frutales poco vigilados, y por diversión había atraído las miradas de un grupo de labradores, que luego recibieron una bofetada de sus mujeres.

La niña peliroja no parecía nada divertida, y pegaba en aquella aldea tanto como una cabra en un baile de sociedad. Estaba sobre una colina, (odio subir cuestas), así que llegué hasta ella y la miré bien. Tenía cicatrices, y una mueca en la cara que mustiaba las flores y agriaba la leche. Para compensar, yo le sonreí alegre. "Hola, me llamo Suz. Y creo que te estoy buscando. Mira, tengo una moneda", dije mostrándosela solo durante un momento, antes de devolverá a la seguridad de mi bolsillo. "¿Se te ocurre algo que pueda hacer con ella?".
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Re: El Negociante de las Sombras

Mensaje por Kineas Blar el Lun Mayo 11, 2015 3:49 am

El frio aire me pego directo en la cara cuando abrí la puerta para salir de la taberna, en mi mano derecha todavía llevaba la extraña moneda que el sujeto sonriente me dio, la mire una vez más, le pase el pulgar sobre la superficie varias veces, un extraño artilugio…pero he visto a mercaderes vendiendo artículos más extraños.
Bah… espero que no me haya unido a un culto sin saberlo…-  Metí la moneda en el bolsillo, lo mejor era no tener esa moneda muy a la vista.- 45 km al suroeste dijo…. Bueno… a caminar se ha dicho.

El viaje fue cansado pero siempre he disfrutado dormir bajo las estrellas, la seguridad no era un problema, los bandidos me encontraban intimidante o tal vez no valiera el riesgo de enfrentarse a mí por lo poco que llevo encima. Unos comerciantes me acompañaron en las últimas dos horas que me faltaban para llegar al pueblo, aproveche para sacar un poquito más de información del lugar, los comerciantes lo describieron como un pueblito tranquilo con casi nula presencia militar, mencionaron que el crimen es inexistente Shargol.
Te puedo poner en contacto con un conocido que te puede vender un terreno si estas interesado- la idea no sonaba nada mal, pero lamentablemente no tengo la moneda para comprar un terreno, pero posiblemente en un futuro.
Otra vez será- le conteste sonriendo – por el momento hay que concentrarnos en llegar a Shargol.
En algún momento el camino se tornó un poco más difícil de caminar, me quite el casco para tener una mejor visibilidad del terreno, resulto que estábamos en una colina, desde aquí se puede apreciar la aldea en su totalidad, los mercaderes no mentían, es una bonita aldea. Pero dos figuras resaltaban, por el tamaño pude distinguir que era un niño o niña y una mujer adulta, con un busto bastante grande, por suerte los sacerdotes me enseñaron a controlar los impulsos sexuales, suerte no tuvieron con la bebida.

Buenas… - El sujeto del medallón nunca menciono con quien encontrarme, pero estos dos personajes parecen los bastante excéntricos para probar mi suerte. – Hace dos días recibí esta moneda de un sujeto en una taberna. – dije sacando la moneda de mi bolsillo, colocándola en mi mano de manera en que las dos personas pudieran verla con claridad. – ¿Alguien de ustedes tiene alguna idea de que es esta extraña moneda?
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Re: El Negociante de las Sombras

Mensaje por Rouge el Lun Mayo 11, 2015 7:34 pm

—Pero qué puto asco.

El olor de aquel sitio no tenía nada que envidiarle a los dominios del Señor de la Inmundicia, allí en el Foso Negro. Llegar hasta la mesa que ahora ocupaba había sido, muy probablemente, el peor suplicio de su vida como invidente. Un laberinto de cloacas que recorría toda la ciudad como complicadas telarañas que subían y bajaban, daban vueltas y las más antiguas se perdían en la profunda oscuridad. Ni las ratas habrían querido descender más en aquel mundo de desechos.

Un olfato sensible era la peor compañía en un sitio con aquellas características. A pesar de ello, Rouge había decidido bajar y comprobar los rumores por sí misma. Rumores acerca de una oferta de trabajo que, si bien no era de su agrado estar bajo el mando de otros, le caería bien para volver a llenar de oro su bolsa. Al principio había apoyado un pañuelo sobre su nariz y boca para mitigar el hedor, más luego aquel terminó por impregnarse y lo desechó. Menos mal se le había ocurrido guardar la capa en su bolso, quitarle el “aroma” del lugar habría sido complicado. Aguantar la respiración de tanto en tanto tuvo que ser su opción.

A la izquierda, a la derecha, derecha otra vez. Pasillos interminables. Se guiaba por el oído, se movía hacia donde podía percibir un eco de voces lejanas, apagadas. Corría, saltaba las zonas que habían terminado por colapsar y convertirse en montones de piedra y metales junto a los ríos de… mierda.

Por ello, llegar al bar había sido como morir y llegar al jodido cielo que las religiones solían prometer. Estar recostada en una silla con una cerveza en su mano era una especie de premio de consolación. La verdadera razón de haber llegado hasta allí no era sencillamente el chocar de las copas contra la madera. No. Ella había ido por negocios y ahora esperaba por su objetivo. Llevaba al menos una hora escuchando las conversaciones de la barra. Todas comunes, todas simples y vanas, borrachos exhibiendo sus dotes de estupideces. Nada que le permitiese saber si realmente se estaba llevando a cabo una especie de reclutamiento.

—He venido por un trato, uno que sólo él puede cumplir.

Bingo. Ya lo tenía. Se relamió los labios con ansiedad y su cola, inquieta, se balanceaba algo más rápidamente. Sólo tenía que seguir escuchando. Dio el último trago a su cerveza y el tan familiar sabor amargo se quedó en su boca. Luego de una breve conversación en la que el hombre solicitando el trabajo fue rápidamente rechazado, Rouge se levantó de su mesa sin una pizca de disimulo. Se acercó al encargado y exhibió una de sus más brillantes sonrisas, si es que se les podía llamar de esa forma. Recitó la recién aprendida frase y se dio pie a una breve y poco informativa conversación que le dejó con una moneda paseando entre sus garras. Lo había logrado.

(…)

Ardía de curiosidad. 45km en dos días no sería nada para una viajera como ella. Y tal era su ansiedad de conocer qué le esperaba que hubiera podido recorrer el doble, el triple, en un día, en dos horas, lo que hiciese falta. Bien, aquello había sido una maravillosa exageración pero, sinceramente, nada importaba para un demonio tan caprichoso.
La Cazadora estaba de vuelta al trabajo. Ya apartada de la ciudad y sus malditas cloacas, dedicó una buena fracción de su tiempo en airear sus prendas de vestir entre la maleza. Cargar con un hedor así era contraproducente para alguien que se guía con el sentido del olfato. Sin mencionar que le había causado ocasionales mareos y sensaciones de aturdimiento mientras se encontraba bajo la superficie. Maldecía una y otra vez el haberse vuelto tan delicada.

Se llenó el estómago con un ciervo y descansó en la sombra de un pino antes de embarcarse a lo que posiblemente sería un pesado trecho y una larga jornada. Palpaba la moneda y reproducía los surcos en su imaginación, descifrando la imagen que contenía y pintándola de variados colores. Lo bueno de no ver era que todo solía tener la apariencia que le viniese en gana.

Al levantarse, lo primero que hizo fue moverse a alguna taberna de las afueras para, como ya era usual, encontrar un compañero de camino. Necesitaba un guía. Algo de oro y la llevarían al fin del mundo rápidamente. Lo complicado sería conseguir alguien capaz de seguirle el ritmo al demonio (Y que quisiese rodearse de alguno). Claro que tendría que mentir un tanto sobre su especie y el contexto, como siempre. Lástima que hacía muchas lunas ya que no se encontraba con Dazel.

(…)

—Hemos llegado. Completa mi paga.

La rubia le miraba con un odio tan intenso que, a pesar de no verla, Rouge lo sentía clavado en su frente. La pelirroja sonrió de satisfacción y contó varias monedas de su saquito mientras el caballo de la Hörige le olfateaba las manos.

-Aquí tienes, bestia. Cuidado a la vuelta.

Reía, había encontrado una gran y estúpida diversión en burlarse de la pseudo liebre durante todo el camino. Le extendió el dinero y aquella se lo arrebató como si la mano del demonio estuviese hecha de algún metal al rojo vivo. Al instante se giró y Rouge pudo oír los cascos alejándose. Notó los diversos sonidos de voces y trabajo honesto de campesinos. Risa de niños, un buen ambiente.

—Ahhh un sitio hermoso, al parecer. Feliz e inocente… ¿Querrán que lo queme por entero?

Y entonces cayó en cuenta. No sabía a donde tenía que llegar y entregar la moneda. Y al darse a la completa idea de esto rió como si hubiese oído el mejor chiste de su vida. Entonces lo menos que pudo hacer fue asegurarse firmemente la capucha y echar a andar hacia el pueblo. Sosteniendo aquel pequeño metal circular y jugando a lanzarlo al aire y atraparlo, siguiendo el ritmo de sus pisadas. Sin tenerlo completamente claro, se dirigía hacia una cierta colina…

Qué extraño que Cuervo no le había seguido en ésta ocasión. ¿Le habría molestado el olor a cloaca del principio o simplemente el instinto le advirtió de un mal viaje? Ni lo sabía ni le importaba.


Sólo me buscan aquellos verdaderamente desesperados.




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Re: El Negociante de las Sombras

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