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Cuentos de Noreth
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[Evento: el primer paso de un guerrero] Pequeño enano, pequeño gato

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[Evento: el primer paso de un guerrero] Pequeño enano, pequeño gato

Mensaje por Youdar el Vie Abr 24, 2015 1:20 am

-Cuida de tu hermano- fue todo lo que el enano Yeidrax le dijo con total frialdad a su hijo mayor cuando éste subió por primera vez a un barco. La familia entera debía viajar a los Montes Keybak, lejos de Baruk´Grund, y el patriarca había decidido que ya era hora de que sus hijos, de ocho y dos años, conocieran la mar, pues no esperaba que tuvieran otra dedicación que no fuera la misma que la suya, armador de navíos. El pequeño Youdar estaba atemorizado; estaba acostumbrado a ver los barcos desde su casa, en el puerto, e incluso, con mucho cuidado en que su padre no le viera, había acariciado la madera de estos, pero montar en uno, en uno que además zarparía en poco tiempo, era algo muy distinto. Mientras había ido subiendo por la rampa se había sentido contento y emocionado, pero, al llegar a bordo, el temor del mar lo había dominado, y aquella corta sentencia de su padre tan solo lo había cargado con una gran responsabilidad, una que el niño no sabía si sería capaz de cargar sobre sus hombros.

Melana, la madre del pequeño, notó la reacción de su hijo y, deteniendo su avance sobre la cubierta, le dirigió al niño una mirada llena de cariño –
No estés triste, Youd- su madre parecía saber exactamente lo que pasaba por la cabeza del pequeño, pues no era el temor ni la emoción del viaje lo que lo apesadumbraba- Tu padre se pone así cada vez que sube a un barco, le recuerda a vuestro tío Ijizar, que perdió la vida en alta mar.
-Yo no voy a dejar que a Kadín le pase lo mismo que al tío, madre- dijo el pequeño, intentando dotar a su infantil voz de determinación. Había crecido viendo a su madre siempre triste y preocupada, y, aunque ella siempre parecía saber lo que pasaba por su mente, el niño sacaba un valor que desconocía tener intentando que Melana no se preocupara por él.
-Tienes una tarea difícil, mi dulce guerrero- Melana sonreía, tal vez fuera la primera vez en mucho tiempo que algo le hacía gracia realmente- Mira lo pequeño que es tu hermano, y su único empeño es meterse en líos… ¿ves?- la enana señalaba hacia la borda del barco, por la que el pequeño Kadín, de tan solo dos años, intentaba por cualquier medio auparse- ¡Kadín! Anda, Youd, ve con tu hermano al castillo de popa, ¿sabes donde es?
-¡Por supuesto!- dijo el niño, ofendido por la duda de su madre- Conozco todas las partes de un barco, madre, todas ellas. ¿Cómo si no iba a lograr ser el mejor armador de todo Noreth?
-Oh, es cierto, lo olvidaba- lo había conseguido, como siempre saben hacer las madres. El niño ya no estaba asustado. Todo el temor por su primer viaje en barco e incluso el nerviosismo por las duras palabras de Yeidrax ya no importaban. Ya no era Youdar, el niñito asustado, era Youdar, el futuro gran capitán de navío, conocido en toda Noreth, y ese Youdar no podía sentir temor por algo tan simple como estar a bordo de una nave.

Melana se quedó observando desde la baranda del barco como Youdar cogía cuidadosamente por los hombros a Kadín y, con la misma sonrisa con la que ella lo había tratado, su hijo mayor trataba al bebé, llevándoselo de la mano hacia el camarote el castillo de proa. Kadín aún andaba con dificultad, pero su hermano era cuidadoso, y no dejaba que éste fuese a parar al suelo.
-¿Estas contento, Kadi?- preguntó Youdar a su hermanito mientras abría la puerta del camarote del capitán, aquel que ocuparía la familia de los cuatro enanos.
-Chi- afirmó el bebé- Teno chueño- añadió cuando Youdar cerró la puerta, quedando a oscuras en el camarote.
-Pero vamos a zarpar pronto, ¿no quieres verlo?- habiendo quedado los miedos atrás, el entusiasmo desbordaba al pequeño enano, y deseaba poder compartirlo con su hermanito, al que adoraba. Jamás había culpado al bebé del frío modo en que Yeidrax lo había tratado desde que él nació, pues, incluso con lo pequeño que era, el enano siempre se había visto a si mismo como responsable de toda su familia, y entendía que su padre temiera que Youdar fracasara protegiendo a Kadín, tal y como Yeidrax fracasó protegiendo al tío Ijizar.
-Chi, queo velo- el bebé comenzó a caminar de nuevo hacia la puerta por la que querían entrar, pero, a mitad de camino, se desvió, yendo a parar a uno de los camastros del camarote- Siesta- y antes de siquiera apoyar la cabeza en la almohada, el pequeñísimo enano ya estaba dormido.
-¡Hay que ver, eh, Kadi!- susurró el hermano mayor, procurando no molestar a Kadín- Ya verás zarpar en otra ocasión- el enano echó por encima de su hermano una manta de lana que cogió de otro de los camastros, el que sería el suyo, y salió muy despacio del castillo de popa, pues él no quería perderse la imagen de Baruk´Grund alejándose cada vez más, algo que había soñado con ver desde que fue consciente de que lo que era el mar.

Youdar comenzó a andar por la cubierta, muy despacio, pues no quería que su padre tuviese una nueva razón para hablarle de ese modo tan frío, pero, a los pocos pasos, pudo escuchar el rugir del viento sobre las velas, que estaban siendo desplegadas, y, no pudiendo contenerse más, salió corriendo hacia la baranda de popa. El pequeño enano sintió una sensación que le hacía pensar que su estómago se había ido de viaje fuera de su cuerpo, y la alegría y la emoción de ver un pequeño sueño cumplirse lo llenaban. Estaba navegando, después de tantos años esperando, navegaba, iba en un barco, y este se movía, y allí, cada vez más pequeña, Baruk´Grund le deseaba un viaje lleno de emociones e historias dignas de ser contadas.
-¿Y tu hermano?- la voz de Yeidrax sacó al joven enano de su ensimismamiento- ¿No te dije que lo cuidaras?
-Está durmiendo- todo su entusiasmo anterior se evaporó en un momento cuando vio el modo en que lo miraba su padre.
-Este barco ha combatido en varios ocasiones con demonios, Youdar. Entiéndelo, por mucho que purgues del mal un barco, una vez éste ha entrado en él, no saldrá jamás. ¿Lo has entendido?
-Si- realmente lo había entendido, y ahora sentía miedo. Miedo por la forma en que lo miraba su padre, y miedo por lo que pudiera sucederle a su hermanito.
-Ve con tu hermano, no lo dejes solo. Ya eres suficientemente mayor como para entender lo peligroso que es el mar- se podía notar cierto tono de cariño en la voz de Yeidrax. El padre de Youdar estaba asustado, si, y eso lo volvía distante y frío con el pequeño, pero ahora no le hablaba de ese mal modo que había usado antes. En su voz se marcaba un tono similar al que un maestro usaría con su alumno y, tal vez por eso, Youdar, pese al gran respeto que le imponía la figura de su padre, se permitió responder a su orden.
-Pues a mi me gusta el mar, padre- el niño llevaba toda su vida viendo el vasto océano cada día, y siempre lo había contemplado con fascinación, no iba a rendirse tan fácilmente, ahora que por fin le habían permitido surcarlo.
-Youdar- Yeidrax se detuvo, se llevó una mano al mentón y, tras reflexionar unos segundos, se arrodilló para situar su cara a la altura de la de su hijo- El mar ejerce una gran fascinación sobre todos, hijo. Yo también lo amo, pues vivo de él, pero se que puede arrebatarte todo en un segundo, y que su fondo es oscuro y alberga horrores. ¿Debes amarlo? Con toda tu alma, si así lo sientes. ¿Debes temerlo? Solo dentro de lo que impone la lógica, y nosotros dos no tenemos mucho de eso, que para algo somos igual de testarudos. ¿Debes respetarlo? Siempre- el enano volvió a detenerse, y miró fijamente a su hijo a los ojos, repitiendo la misma pregunta que le había hecho segundos atrás- ¿Lo has entendido?- el joven enano, mudo ante la franqueza de las palabras de su padre, aunque más enmudecido aún con la inusual ternura con la que le había hablado, asintió con la cabeza, luchando por no derramar ni una lágrima- Y ahora, ve con tu hermano.

El pequeño Youdar obedeció ciegamente a su padre, pues no había quedado duda alguna sobre lo peligroso que podía ser aquel lugar. Corrió hacia el camarote donde había dejado a Kadín, pisando fuertemente sobre la cubierta, ignorando a su madre cuando le preguntó que le ocurría al verle pasar tan apurado. Abrió la puerta de un tirón, pero sus peores temores se habían hecho realidad. No se veía al pequeño bebé por ningún lado.

El niño estaba atemorizado, ¿qué había sido de su hermanito? Él lo había dejado solo, y ahora no estaba por ningún lugar, y él era su responsabilidad, suya y de nadie más. Se odiaba a si mismo, ¿cómo había sido tan estúpido y, sobre todo, cómo había sido tan egoísta? ¿Era más importante para él ver zarpar el barco que la seguridad de su hermano?

Youdar recorrió el barco entero, por todas partes, sin decir nada a nadie, totalmente sobrecogido, desesperado cada vez que buscaba en un nuevo lugar y no encontraba ni rastro de Kadín. Sintió que debía decírselo a su madre, que ella podría arreglarlo, pero no debía hacerlo, no. Era su responsabilidad, suya y de nadie más. Hundido, totalmente dispuesto a aceptar cualquier castigo que le dieran, volvió a su camarote. Se sintió cobarde al no ir en busca de su padre, enfrentándose a lo sucedido como todo un hombre, pero era incapaz, porque el castigo no importaba, solo importaba Kadín, y estaba demasiado triste como para soportar ahora las palabras de su padre. Se sentó al borde del camastro donde había visto por última vez a su hermano, y se pudo a llorar como el niño que era.
-Youdi- algo le hablaba, agarrándole la pernera del pantalón- ¿Qué pacha, tate?
-¡Kadi!- el bebé, buscando la oscuridad, tan solo se había ido a dormir bajo el camastro, quedando tapado por las mantas. Youdar , llorando sin parar, se arrojó al suelo, y abrazó a su hermano, quien, sin ser consciente de lo que había pasado, también se puso a llorar a lágrima viva, solo por ver como lloraba su hermano.

Así fue como Melana encontró a sus dos hijos minutos después, cuando fue a buscarlos. No supo que fue lo que pasó, pero debió entender lo suficiente, pues dijo algo que jamás se le olvidaría a Youdar.
-Otros pueden ser mejores en muchas cosas, Youd, pero tú eres el mejor en lo único que yo deseo que lo seas. Eres el mejor cuidando de los demás.

FELIZ DÍA DEL NIÑO

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¡Bonus – Día del niño gatuno!

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El gatito naranja estaba empapado. Se encontraba en una cubeta en mitad de la calle, junto a su ama, y llovía abundantemente. Sus tres hermanos se habían ido con humanos que los habían alzado, manoseado, observado y, tras darle unas monedas a su ama, llevado consigo. Eso había sido hacía tres días, y el pequeño gato se sentía muy solo. Tenía menos de una semana de vida, y en ella le habían separado primero de su madre, cuyo destino era desconocido, y después de sus hermanos, que se habían alejado de él, en brazos de unos humanos desconocidos.

-Oh, mira, mamá. Qué bonito es, ¿puedo quedarmelo?- dijo una niña que pasaba por delante de la cubeta.
-Niña- dijo la ama del gato- Este gato no es para ti, lárgate.
-Miu- maulló el gato, confuso y, sin saber exactamente el motivo, también triste. Su mente no entendía porque le dolía ver marchar a aquella niña desconocida.
-Lo siento, Pelos- ¿Pelos? Su ama nunca lo había llamado así, ¿Por qué lo hacía ahora?- Vas a pasar unos años muy malos, pequeño, pero es lo que debe suceder. Solo así encontrarás a tu verdadero amo, y juntos haréis grandes cosas. Es vuestro destino, o, al menos, el destino que yo espero- el felino no entendía todas las palabras de la mujer, pero si entendía el terror que le infundían.

-¿Sabe cazar?- preguntó un humano que olía bastante mal, al detenerse junto a la cubeta.
-Es un excelente cazador, sin duda, y será un guerrero fiero, y el más fiel de los compañeros- la voz de su ama se quebraba al hablar, y el gato vio una lágrima correr por su rostro.
-Lo que usted diga, señora, ¿Cuánto cuesta?- el hombre parecía tener prisa, y no le agradaba que la mujer le contara más de lo que necesitaba saber.
-Nada, señor. Puede llevárselo, un regalo de Ananke, su servidora- su ama se señaló a si misma. El humano agarró al pequeño gato, que intentó volver con la mujer, pero no pudo, no tenía fuerza para soltarse de la mano de aquel hombre. Lo último que vio de su ama, fue otra lágrima recorrer su rostro, y su mirada húmeda cuando se despidió de él, musitando- Lo siento.

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NUNCA OLVIDÉIS AL NIÑO QUE LLEVÁIS DENTRO



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