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“Evento El primer paso de un guerrero": La primera prueba del orco

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“Evento El primer paso de un guerrero": La primera prueba del orco

Mensaje por Mivam el Vie Abr 24, 2015 1:37 pm

El primer pasó para un guerrero:

EXPLICACIÓN:
Off: Historia de como Mivam se convierte de niño a joven. Primer encuentro con el lobo blanco que luego dará caza. Introducción a la historia de la bruja de la isla.


-Ha llegado el momento de dejar de ser niño-Dijo con voz potente el líder del clan. La vida de los orcos esta llena de rituales, superar la niñez y convertirse en un joven orco, solo era uno más. Aquel día le tocaba el turno a Mivam, hacía pocos días, había cumplido la tierna edad de diez años. Mivam se encontraba orgulloso escuchando las palabras del líder, hacía tiempo que estaba esperando ese momento y no decepcionaría a nadie. Por su sangre corría el orgullo y el honor de la más digna de las razas y siempre le pedía al gran Dios del cielo que lo apoyara en todos sus caminos

-Durante diez días, deberás demostrar que puedes sobrevivir por tu propia cuenta en la selva. Un día por cada año que tienes. Debes tener cuidado con las manadas de huargos y con la bruja de la isla. Se valiente, niño. Ve y cumple tu primera misión como miembro de la tribu.-Finalizo Ashat. Sus palabras eran solemnes y las pronunciaba lentamente, pero con fuerza. Los demás ancianos del clan asentían ante las palabras del jefe.

Mivam fue hasta la tienda de su familia, cogió dos cuchillos de caza, unas rocas afiladas y un cuerno que debería de hacer sonar una vez pasados los diez días. Su madre lo despidió con un fuerte abrazo, pero su padre no le dijo nada, Mivam era algo insignificante hasta que consiguiera pasar la prueba y demostrar que tenía madera de guerrero.

Todo estaba preparado ya. El chamán de la tribu le vendo los ojos y dos de los guerreros del jefe le llevaron hasta la selva más profunda. El camino le resultó bastante pesado, no estaba acostumbrado a moverse con los ojos tapados aunque se encomendó al gran Dios que todo lo mueve.

Mivam se quitó la venda. Enseguida, pudo ver que estaba rodeado de vegetación. Sonidos de animales se oían por los alrededores, aquel era el ruido de la jungla. Debía de conseguir orientarse, después de todo se encontraba en su isla y no debería de tener problemas en reconocer el terreno si se subía a un arbol. Rápidamente se subió a uno de los arboles que parecía el más grande. Desde la copa del árbol pudo ver que se encontraba prácticamente en el centro de la selva y que llegar a un lugar seguro le llevaría varios días. Era imperante hacer un campamento y conseguir un fuego, quien sabe si por aquella zona transitaba alguna manada de huargos y lo único que los podría alejar era el fuego.

Cuando se hizo de noche, Mivam había conseguido un buen fuego en una zona despejada de vegetación. El orco tuvo bastante fortuna por encontrar ese sitio, así tendría tiempo de ver el peligro antes de que se acercará.-Gracias Dios. En paz me acuesto y en paz me levantó,porque solo tú me haces dormir confiado-Recitó Mivam pidiendo a su Dios que nada le pasará mientras dormía. Tras finalizar la oración, el ambiente se volvió más liviano, parecía que el Dios que todo lo mueve, había escuchado su oración. La noche paso rápida y ninguna criatura molestó al niño. Al levantarse Mivam se dio cuenta de que el fuego se había apagado y que las tripas le rugían, de niños, los orcos no podían aguantar tanto sin comer como los adultos, sino cazaba algo pronto, estaría en graves problemas.

Decidió ir a explorar por la selva en busca de agua y de algo para comer.  La selva no perdona los errores y cualquier paso en falso le podría costar caro.Mivam era consciente del tipo de criaturas que habitaban en aquella zona, pero no tenía ningún miedo puesto que no le habían criado para sentirse inferior a aquellas bestias, sin embargo, había aprendido a tener cierto respeto hacía ellas. Un sonido se escucho entre la maleza, se trataba de unas pisadas bastante pesadas, salió de un arbusto un cerdo rosado que parecía haber sido enviado por el mismo Dios. Mivam sacó su cuchillo de caza y se lanzó al cuello del animal, sin pensárselo dos veces. La criatura chillaba sin para y intentaba luchar contra el orco, pero las cuchilladas del orco acabarían por desgastarlo. Finalmente el cerdo cayó al suelo, había perdido mucha sangre. No fue una cacería perfecta porque los chillidos habrían alertado incluso a un sordo, pero al menos había conseguido algo de comer.

Cuando el cielo comenzaba a caer, encontró un lago de agua estancada, no parecía un agua demasiado potable para la mayoría de seres, pero para un orco no supondría ningún problema, los estómagos de los orcos estaban preparados para asimilar casi cualquier cosa y esas aguas no eran una excepción.

Cuando se hizo de noche el orco recitó nuevamente su oración para dormir. Aquella noche se oyeron ruidos de mujer por los alrededores, se trataba de la bruja de la isla, una mujer humana que había sido vista varias veces vagando por la isla en busca de almas inocentes para llevarse a la otra vida. Muchos habían sido los orcos que habían desaparecido en los últimos tiempos y se decía que la bruja tenía un poder sobrenatural capaz de hacer temblar la isla entera. Mivam esperaba no cruzarse con ella, sabía que no estaría a la altura de su poder.

A la mañana siguiente el orco fue a beber agua como en el día anterior para reponer fuerzas. Luego desenterró la parte del cerdo que había sobrado del día anterior y se comió otra parte. Fueron pasando los días y el orco se fue acostumbrando a la soledad que le ofrecía la jungla.

Lo más interesante ocurrió al noveno día en el que mientras caminaba por la selva, se encontró un gran huargo blanco. El lobo se lo quedo mirando expectante, parecía que ninguno de los dos se había esperado ese encuentro. Mivam agarró su cuchillo, dispuesto a luchar por su vida y consciente de que seguramente ese sería uno de sus últimos momentos, pero el huargo no parecía estar dispuesto a atacarle. El huargo se acercó al orco y se lo quedo mirando desde escasos centímetros de distancia. Mivam podía notar la respiración de aquel noble animal. Tras este encuentro el huargo blanco volvió por donde había venido y no apareció más. Mivam se dio cuenta de que el espíritu de aquel lobo había quedado ligado permanentemente ligado al suyo. De seguro, algún día, se volverían a encontrar.

Cuando llego el décimo día, hizo sonar el cuerno, sus compañeros no tardarían en llegar y lo llevarían al poblado en donde lo recibirían con los brazos abiertos. A Mivam se le venía a la cabeza la imagen de su padre dándole la enhorabuena, por fin sería reconocido por algo en el poblado…
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