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Mensaje por Suz el Vie Abr 24, 2015 2:14 pm

Había pasado todo un año desde mi fuga de Jyurgan.

Pensé en ello mientras permanecía sentada sobre la proa del barco y viendo la espuma de las olas saltar a cubierta. Tenía que alejarme de aquellas tierras. Alejarme de los drow. Y la mejor opción era un archipiélago verde y azul, un paraíso de vacaciones, y un... pirata.

Se llamaba Barbazul. Tenía barba. Y era azul. A parte de eso no era muy espectacular; me sacaba una cabeza, pero yo no soy muy alta, y tenía el cabello tan azul como la barba, largo y normalmente ceñido con una coleta. Era joven, unos veintipocos, aunque nunca me dijo su edad real, y tenía esos pómulos afilados, esa delgadez y esas orejas algo picudas que tienen los medio elfos. Su musculatura no era muy pesada, pero no tenía ni un gramo de grasa en el cuerpo, así que se dibujaba bajo su piel como un mapa. Y era tan sigiloso como yo, y así como un millón de veces más rápido, excepto para lo que interesaba.

Ah, sí, y tenía una pata de palo. Y un loro. Lo de la pata de palo le daba un poco de morbo, en realidad. Se la había hecho él, después de colarse durante tres años en una universidad de medicina. Allí había aprendido todo lo que se podía saber sobre prótesis así que su pata de palo era una mezcla entre pata de silla y complejo montón de muelles y cuchillas escondidas para luchar. Con ella corría más que cualquier otro pirata del barco, y podía alcanzar los barcos enemigos con un salto de aire comprimido.

Lo de que tuviera el pelo largo estaba bien, porque así sabía también de peluquería. A mí me hacía unas trenzas increíbles, con el pelazo que tenía conseguía que me llegaran hasta más abajo del trasero. Eso casi me costó la vida en un abordaje, en el que un soldado me agarró de la coleta y me tiró al suelo, donde soy tan ágil como una croqueta singularmente torpe. En una de mis idas de pinza, después del incidente, me corté el pelo súper corto. Y aún lo llevo así. Es uno de los muchos cambios que se han producido en este largo año.

Pero no cambié solo por fuera, también lo hice por dentro. Ocho meses de abordar navíos, hacer campamentos en islas desiertas, reirte de chistes groseros con los piratas y acostarte a diario con el capitán, (a veces dos o tres veces al día, hay mucho tiempo muerto cuando buscas barcos mercantes), pues para mí fueron como ocho meses de resort. Me libré de aquella nube negra que me perseguía desde mi esclavitud entre los elfos oscuros, y mi humor se volvió menos cínico. Aunque no mucho. Ya sabéis.

También fue gracias a Barbazul que conseguí mi nueva indumentaria. No sé si sabéis que para abordar un barco hace falta colgarse de una cuerda y mantenerse en equilibrio hasta el barco de al lado. Eso con los dos barcos balanceándose, flechas volando por el aire, velas convertidas en incendios flotantes y un viento tremendo. Es difícil hacerlo cuando tu pecho pesa casi tanto una misma, pero yo conseguía mantener el tipo gracias a mi entrenamiento drow como asesina.

"Mantener el tipo" significa que no terminaba cayendo al agua o aterrizando sobre el otro barco de cabeza. Normalmente. Alguna vez sí lo hice, así que el bueno de Barbie, (se llamaba Barbazul, pero yo le puse ese nombre, no sé porqué me decía que sonaba femenino), me construyó mi nuevo traje. Está hecho con piel de ballena roja, un tejido la mar de elástico, pero además grueso y duro como el cuero, que me contiene como si fuera una morcilla y me protege de contactos no deseados, (Barbie conocía los... problemas de mi busto). También lo reforzó con protecciones y refuerzos para mis piernas, que me permiten correr más veloz. Los planos para elaborar mi traje fueron mi regalo de cumpleaños, el día que nos separamos.

Fue una separación de mutuo acuerdo. Por aburrimiento. Pasa como con las vacaciones; demasiado tiempo termina cansando, y yo soy una chica bastante inquieta. (Algunos dirían que estoy como una cabra, pero qué va). Total, que me cansé de los viajes en el mar, del balanceo del barco, de la espera entre pirateo y pirateo, y de mi capitán en la cama. Y él se enfadó un poco porque me tirara al resto de la tripulación, quién sabe porqué. Total, que discutimos, y me dejó en las costas de Thonomer, dispuesta a todas las aventuras del mundo.

Pasado su enfado nos despedimos con un beso apasionado, y me dirigí a la ciudad más cercana. Así fue como llegué a trabajar para el Negociante de las Sombras.
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Suz

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